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29.7.26

La situación ucraniana se está deteriorando bastante rápido. En primer lugar, está bastante claro que en el campo de batalla el frente ucraniano está empezando a ceder... los rusos están avanzando de manera constante día tras día... muy pronto controlarán todo el Donbás... En Occidente se presta mucha atención a los ataques con drones contra Rusia, que no causan daños serios ni afectan el resultado de la guerra. Pero la campaña aérea rusa contra Ucrania sí está causando daños realmente graves y, lo más importante, ha cerrado el puerto de Odesa, por lo que Ucrania es ahora un país sin salida al mar. No puede recibir bienes importados ni armamento importado a través del Mar Negro... De hecho, Rusia va a ganar la guerra... la única pregunta interesante en este momento es, ¿cómo se ve la victoria para los rusos? El problema al que se enfrenta Putin es que esta guerra ha durado más que la Primera Guerra Mundial y los rusos, y esto incluye a todos los rusos, tanto la población general como la élite, están muy enojados con Putin por no haber ganado esta guerra más rápidamente. Así que la presión está sobre Putin para poner fin a esta guerra y para lograrlo ha intensificado la campaña de bombardeos... probablemente usará tropas adicionales para avanzar más rápido y conquistar más territorio ucraniano. La otra pregunta es, ¿cuántos territorios terminarán conquistando los rusos? (John Mearsheimer)

"(...) Permítame cambiar de tema, profesor Mearsheimer. Los medios en Occidente parecen haber dejado de repetir que Rusia está perdiendo su operación militar y que Ucrania la está ganando. ¿Tiene usted una idea de cómo están las cosas hoy en día? 

Creo que la situación ucraniana se está deteriorando bastante rápido. En primer lugar, está bastante claro que en el campo de batalla el frente ucraniano está empezando a ceder. La línea del frente en el este está empezando a ceder y los rusos están avanzando de manera constante día tras día. No cabe duda de que los rusos no están avanzando rápidamente, pero sí están progresando y muy pronto controlarán todo el Donbás. 

Y luego está el tema de la guerra aérea. ¿Sabe? En Occidente se presta mucha atención a estos ataques con drones contra Rusia, que no causan daños serios ni afectan el resultado de la guerra de manera significativa. Pero si observa la campaña aérea rusa contra Ucrania, está causando daños realmente graves y, lo más importante, ha cerrado el puerto de Odesa, por lo que Ucrania es ahora básicamente un país sin salida al mar. No puede recibir bienes importados ni armamento importado a través del Mar Negro.

 Odesa está cerrada y otros puertos ucranianos en el Mar Negro también están cerrados. Así que hay un serio bloqueo ruso de los puertos ucranianos en el Mar Negro y esto está teniendo consecuencias desastrosas, no solo para la economía, sino también para el esfuerzo bélico. Los ucranianos están a la defensiva y ha quedado claro que ya no se puede argumentar que Ucrania haya cambiado el rumbo o esté logrando ganar la guerra en este momento. De hecho, ahora Rusia está avanzando y va a ganar la guerra. 

Y la única pregunta interesante en este momento es, ¿cómo se ve la victoria para los rusos? Uno de los sitios web informó que el presidente Putin ha convocado a 500,000 reservistas.

 Eso es una enorme afluencia de personal al ejército ruso, ¿no es así? 

Oh, por supuesto, no hay duda de eso. Quiero decir, ¿sabes que desde que comenzó el conflicto, los rusos no lo han llamado una guerra, lo han llamado una operación militar especial? ¿Cierto? Está bastante claro que a medida que los ucranianos, y no solo los ucranianos, también los europeos y los estadounidenses, y esto incluye al presidente Trump en los últimos meses, han aumentado la presión sobre Rusia, los rusos han respondido. 

El problema al que se enfrenta Putin es que esta guerra ha durado más que la Primera Guerra Mundial y los rusos, y esto incluye a todos los rusos, tanto la población general como la élite, están muy enojados con Putin por no haber ganado esta guerra más rápidamente. Así que la presión está sobre Putin para poner fin a esta guerra y para lograrlo ha intensificado la campaña de bombardeos. Como acabo de mencionar, básicamente ha quitado el puerto de Odesa del control de los ucranianos y además hay evidencia de que está aumentando el número de tropas. 

Y si ese es el caso, probablemente usará esas tropas adicionales para avanzar más rápido y conquistar más territorio ucraniano. Y creo que en este momento la única pregunta interesante es, ¿cuántos territorios terminarán conquistando los rusos? 

Vaya, profesor Mearsheimer, un placer, mi querido amigo. Gracias por todo su análisis, como siempre. Igualmente, juez. Buena semana. Hasta la próxima. Así será. Todo lo mejor." 

(Entrevista a John Mearsheimer, Juez Napolitano, You Tube)

1.7.26

En abril Rusia registró 100 muertos y 600 heridos civiles en su retaguardia (el mismo mes, según la ONU Ucrania tuvo 300 muertos y 1300 heridos civiles). Esas víctimas rusas, tan inocentes como las ucranianas, suelen ser ignoradas en el informe occidental de la guerra pero los telediarios rusos abren su informe con ellas... En consecuencia, la opinión pública rusa, que en general no es en absoluto belicista, sí que reclama a sus autoridades una protección efectiva... Así que el Kremlin está siendo presionado por la situación a que de una respuesta contundente. Pero no puede ignorar que esos ataques están diseñados precisamente para eso: para que una respuesta contra algún país europeo confirme la leyenda de la “amenaza rusa”, e implique a Estados Unidos directamente, invocando el artículo 5 de la Otan que prevé respuesta conjunta contra el ataque a alguno de sus miembros... desde luego sí serviría para justificar el actual rearme alemán y europeo en general, así como su profecía de una guerra contra Rusia para dentro de dos o tres años... No creo que, por pequeño que sea el riesgo de una respuesta conjunta de la Otan, Putin vaya a caer en esa trampa... Seguramente considerará si esos ataques cambian o no la situación militar operativa de fondo... pues mientras tanto, el ejército ruso mantiene su lento y constante avance... de momento, contención y paciencia ante una situación que se está crispando... Otra cosa sería si en, digamos, un año, no hubiera desmoronamiento/capitulación ucraniana y los ataques de la OTAN vía Ucrania fueran a mucho más... Se ha apuntado muchas veces lo peligroso que es todo esto, lo fácilmente que se puede ir de las manos, especialmente en el Báltico, en Kaliningrado y en el Mar Negro, y la insensatez que supone atacar instalaciones estratégicas rusas vinculadas a la disuasión nuclear. Todo esto es escalofriante (Rafael Poch)

 "En la última reunión del G-7 en Evian, a mediados de junio, los europeos lograron de nuevo a atraerse a Trump a su causa, concretando más apoyo a Ucrania. Los ataques en la retaguardia rusa con drones y misiles de largo alcance, contra Moscú y Peterburgo y contra infraestructuras energéticas no cambian gran cosa en la realidad militar operativa pero no pueden ser subestimados. Esos ataques no es que sean bendecidos por Estados Unidos y la UE: es que son manejados por ellos; desde sus satélites, su datos de inteligencia, su información y sus armas. El famoso “espíritu de Anchorage”, la reunión de Alaska entre Trump y Putin de agosto del año pasado que tanto irritó a los europeos, ha pasado a mejor vida. Esos ataques colocan a los dirigentes rusos en una situación complicada.

En abril Rusia registró 100 muertos y 600 heridos civiles en su retaguardia (el mismo mes, según la ONU Ucrania tuvo 300 muertos y 1300 heridos civiles). Esas víctimas rusas, tan inocentes como las ucranianas, suelen ser ignoradas en el informe occidental de la guerra pero los telediarios rusos abren su informe con ellas. La vida en las regiones fronterizas con Ucrania, así como en Crimea, empieza a ser complicada para mucha gente. En consecuencia, la opinión pública rusa, que en general no es en absoluto belicista, sí que reclama a sus autoridades una protección efectiva. Y entre los generales y comentaristas de la tele hay una presión e incluso a veces sugerencias de la debilidad de Putin, naturalmente sin nombrarlo… Así que el Kremlin por un lado está siendo presionado por la situación a que de una respuesta contundente. Pero por el otro no puede ignorar que esos ataques están diseñados precisamente para eso: para confirmar con una respuesta contra algún país europeo la leyenda de la “amenaza rusa” e incentivar con ella a Estados Unidos a implicarse directamente invocando el artículo V de la Otan que prevé respuesta conjunta contra el ataque a alguno de sus miembros.

No está claro que, si se llegara a tal situación, ese artículo se aplicara realmente, pero desde luego sí serviría para justificar el actual rearme alemán y europeo en general, así como su profecía de una guerra contra Rusia para dentro de dos o tres años…. Ese, me parece que es el dilema.

En Moscú hay gran irritación hacia el errático Trump, pero Putin es prudente. No creo que, por pequeño que sea el riesgo de una respuesta conjunta de la Otan, Putin vaya a caer en esa trampa. Seguramente se pregunta, ¿qué es mas arriesgado, responder a la Otan o no hacer nada y que los rusos se sientan desprotegidos en su hasta ahora tranquila retaguardia con escasez de gasolina? Seguramente considerará si esos ataques cambian o no la situación militar operativa de fondo. También considerará que el trío europeo (Macrón, Merz, Starmer) carece de perspectiva, porque todos están con un nivel de apoyo extremadamente bajo (lo último de Merz ronda el 13%), a Macrón se le acaba el plazo y el laborismo británico tres cuartos de lo mismo, así que merece la pena no precipitarse y ver cual es el relevo de esos personajes.

Y mientras tanto el ejército ruso mantiene su lento y constante avance – hay una clara voluntad de economizar bajas porque el precio de la carne humana en Moscú ha subido claramente en las últimas décadas – mientras que los informes que llegan del lado ucraniano son extremadamente alarmantes, sin que se pueda excluir un desmoronamiento del frente. Si todo eso es así y Putin y sus generales creen que están ganando – como lo cree la CIA y el Pentágono – entonces lo correcto es armarse de paciencia y no perder los ánimos. La “victoria” rusa, independientemente de lo que eso signifique, pasa por la paciencia.

Saliendo al paso de las dificultades de aprovisionamiento de gasolina que los rusos sufren en los últimos días por causa de los ataques ucranianos, Putin se mostró confiado y desafiante el domingo: “Dada su catastrófica escasez de personal, las fuerzas armadas ucranianas parecen creer que esto podría ser su salvación. Pero salvar al régimen de Kiev no forma parte de nuestros planes”. Al mismo tiempo, mientras en las tiendas se agotan los stocks de bidones para acumular gasolina (eso podría pasar pronto aquí por la obturación de Ormuz), el Presidente habla sin parar en los medios de comunicación, cuyos informativos abren siempre con diez o quince minutos de Putin, aquí, Putin allá, Putin esto y Putin lo otro. No creo que eso transmita confianza a los rusos, sino más bien, la simple reflexión “qué hable menos y que haga algo contra todos estos drones que comienzan a fastidiarnos la vida”. Así que, de momento, contención y paciencia ante una situación que se está crispando.

Otra cosa sería si en, digamos, un año, no hubiera desmoronamiento/capitulación ucraniana y los ataques de la OTAN vía Ucrania fueran a mucho más. La lógica del conflicto podría hacer entonces inevitable alguna respuesta rusa contra países de la UE para «poner a Europa en su sitio», mientras el potencial militar europeo siga siendo modesto y el apoyo de EE.UU ambiguo. Con esa reserva a medio y largo plazo, la impresión es que la respuesta se centra en Ucrania. Rusia no ha usado ni de lejos todo su potencial militar para evitar confrontación con la OTAN, pero cuanto mas aprieten los europeos, mas sufrirá Ucrania y la población civil ucraniana.

Desde la nota del Ministerio de exteriores ruso del 25 de mayo, anunciando “golpes sistémicos” contra Kíev, “incluso los lugares específicos de diseño, fabricación, programación y preparación para el uso de drones que el régimen utiliza con la asistencia de profesionales de la OTAN, responsables por suministrar los componentes, entregar datos de información y establecer los blancos”, entre ellos “los centros de toma de decisiones y puestos de mando”, – lo que determina una advertencia “a los ciudadanos extranjeros, incluso al personal de las misiones diplomáticas y representaciones de las organizaciones internacionales, que es necesario abandonar la ciudad lo antes posible”- esa respuesta dirigida contra Ucrania ya está siendo realidad. Están anunciando claramente que los ucranianos, las ciudades ucranianas casi completamente intactas, van a sufrir mucho más ahora…

Se ha apuntado muchas veces lo peligroso que es todo esto, lo fácilmente que se puede ir de las manos, especialmente en el Báltico, en Kaliningrado y en el Mar Negro, y la insensatez que supone atacar instalaciones estratégicas rusas vinculadas a la disuasión nuclear, como se ha hecho en repetidas ocasiones bajo patronazgo británico y estadounidense. Todo esto es escalofriante. Por mucho menos, en los años ochenta se produjo en Europa Occidental la gran movilización contra el despliegue de los euromisiles. Hoy no hay nada de eso a la vista, aunque es verdad, como ha apuntado Manolo Monereo, que el gasto en rearme que se va a realizar en menoscabo del gasto social plantea un desafío tan descarado y abierto a la mayoría social, que el humor de la hasta ahora adormecida opinión pública europea está abierto a todos los imprevistos. Confiemos en ello. (...)"

 (

25.5.26

Punto de vista ruso sobre como ganar la próxima guerra mundial (nuclear): Desde mediados de la década de 1950, Occidente ha sufrido una derrota militar tras otra. La liberación nacional de la humanidad ha comenzado, junto con la nacionalización de los recursos acaparados por los países occidentales y sus corporaciones... El equilibrio de poder global ha empezado a inclinarse a favor de los países no occidentales... Nuestro principal error fue el subutilización del arma más importante de nuestro arsenal, por la que pagamos con desnutrición e incluso hambruna en las décadas de 1940 y 1950: la disuasión nuclear... En 2023 y 2024, intensificamos la disuasión nuclear, enviando diversas señales técnico-militares y modernizando nuestra doctrina de armas nucleares. Los estadounidenses, que bajo ninguna circunstancia pretendían luchar por Europa, especialmente cuando era posible escalar al nivel nuclear (y, por lo tanto, extender el conflicto a Estados Unidos), comenzaron a retirarse del conflicto directo... La guerra mundial tiene actualmente dos focos principales que convergen: Europa (en torno a Ucrania) y Oriente Medio (el intento de Estados Unidos y su aliado menor, Israel, de desestabilizar toda la región). A continuación, se sitúa el sur de Asia. Venezuela ya ha sido aplastada y Cuba está sufriendo un nuevo golpe... Una conclusión victoriosa del conflicto actual en Ucrania, y mucho menos evitar que se convierta en una guerra termonuclear global, es imposible sin un fortalecimiento significativo de la política de disuasión nuclear... Conviene redefinir las prioridades de los objetivos de los ataques preventivos: primero los no nucleares, luego los nucleares (si fuera absolutamente necesario). Entre los primeros se encuentran no solo los centros de comunicación y mando, sino también, y de manera crucial, las concentraciones de élite, especialmente en Europa. Esto les arrebatará su sensación de impunidad... el uso de armas nucleares es un pecado grave. Pero, de hecho, abstenerse de usarlas también lo es, pues conduce a la expansión y profundización de la guerra mundial iniciada por Occidente (Serguéi Karaganov, Presidente Honorario del Consejo de Relaciones Internacionales y Defensa de Rusia)

" El vertiginoso flujo de acontecimientos, que se superponen y se anulan mutuamente, resulta confuso y dificulta la comprensión de la esencia de lo que está sucediendo. Intentaré interpretar el curso de la historia basándome en mi experiencia y conocimientos, así como en el hecho de que, en los últimos 35 años, nunca he cometido un error significativo en mis evaluaciones y pronósticos. A veces he llegado tarde, pero, en la mayoría de los casos, me he adelantado a la comunidad de expertos por varios años, incluso décadas.

Ha comenzado una guerra mundial en toda regla . Sus raíces se remontan a 1917, cuando la Unión Soviética se independizó del sistema capitalista. Primero, los invasores nos atacaron, luego la Alemania nazi (y casi toda Europa) nos volvieron a atacar pero,  esta vez fueron derrotada dos. La segunda fase comenzó en la década de 1950, cuando los pueblos de la URSS, a costa de enormes privaciones, en su lucha por garantizar su soberanía y seguridad, crearon una bomba nuclear y lograron la paridad nuclear con Estados Unidos. 

Al hacerlo, sin darnos cuenta en aquel momento, socavamos los cimientos de cinco siglos de dominio ideológico europeo/occidental, que les no había permitido saquear al resto del mundo y reprimir a las civilizaciones más avanzadas. Estos cimientos eran la superioridad militar, sobre la cual se basaba el sistema de explotación de toda la humanidad.

Desde mediados de la década de 1950, Occidente ha sufrido una derrota militar tras otra. La liberación nacional de la humanidad ha comenzado, junto con la nacionalización de los recursos acaparados por los países occidentales y sus corporaciones. El equilibrio de poder global ha empezado a inclinarse a favor de los países no occidentales.

Estados Unidos intentó vengarse por primera vez bajo el mandato de Reagan: un rápido aumento del gasto militar con la esperanza de restaurar su superioridad, el lanzamiento del mito de la «Guerra de las Galaxias» y una intervención en la minúscula e indefensa Granada para demostrar que los estadounidenses aún podían ganar.

Y aquí Occidente tuvo suerte. Por razones internas —el debilitamiento de su núcleo ideológico y la negativa a reformar una economía nacional cada vez más ineficiente— la Unión Soviética colapsó . El sistema capitalista global, en crisis, recibió una inyección masiva de adrenalina y glucosa: una multitud de consumidores hambrientos y mano de obra barata.

Parecía como si la historia hubiera dado un giro inesperado. La euforia se apoderó del país, pero no duró mucho. Occidente, embriagado por la victoria, cometió varios errores geoestratégicos garrafales, y entonces Rusia comenzó a recuperarse, principalmente gracias a su poderío militar.

Los orígenes inmediatos de la actual guerra mundial surgieron a finales de la década de 2000. Ya bajo la administración Obama, se proclamó la política de «Estados Unidos Primero » —un resurgimiento del poder estadounidense—, el gasto militar comenzó a aumentar y estalló una ola de propaganda antirrusa. Moscú intentó frenar el renovado intento de venganza de Occidente reclamando Crimea, lo que provocó histeria en Occidente. 

Pero no supimos aprovechar este éxito. Persistían las esperanzas de una «negociación», nos aferrábamos al «proceso de Minsk» y no queríamos que el ejército y la población se entrenaran para la guerra con Rusia en territorio ucraniano. Llegaron nuevas oleadas de sanciones y la guerra económica comenzó durante el primer mandato de Trump. Todos estábamos a la espera de que algo sucediera. Entonces, la COVID nos distrajo, probablemente un frente en la guerra que había comenzado, pero que se volvió contra el propio Occidente.

Demoramos nuestra respuesta a los intentos de venganza. Cuando finalmente comenzamos en 2022, cometimos varios errores. Entre ellos, subestimamos las intenciones de Occidente de aplastar a Rusia como causante de su fracaso histórico, para luego centrar su atención en China y reprimir nuevamente a la mayoría mundial (el Tercer Mundo, el Sur Global) liberada por la URSS y Rusia. 

Subestimamos la disposición del régimen de Kiev para la guerra y el grado de autoengaño de la población ucraniana. Confiábamos en que «nuestro pueblo» estuviera allí , aunque su número al oeste del Dniéper era reducido y menguante. 

Otro error fue que comenzamos a luchar contra el régimen de Kiev sin reconocer que el principal adversario y fuente de amenaza era Occidente en su conjunto, especialmente las élites europeas, que buscaban desviar la atención de sus propios fracasos y, idealmente, recuperar las derrotas históricas del siglo XX, sobre todo la derrota de la inmensa mayoría de los europeos que se alzaron contra la URSS bajo la bandera de Hitler. 

Nuestro principal error fue el subutilización del arma más importante de nuestro arsenal, por la que pagamos con desnutrición e incluso hambruna en las décadas de 1940 y 1950: la disuasión nuclear .

Nos vimos envueltos en un conflicto denominado «operación militar especial», aceptando esencialmente las reglas impuestas: una guerra de desgaste, pero dada la superioridad económica y demográfica del enemigo. La guerra adquirió un carácter de trinchera, adaptado a las tecnologías del siglo XXI

En 2023 y 2024, intensificamos la disuasión nuclear, enviando diversas señales técnico-militares y modernizando nuestra doctrina de armas nucleares. Los estadounidenses, que bajo ninguna circunstancia pretendían luchar por Europa, especialmente cuando era posible escalar al nivel nuclear (y, por lo tanto, extender el conflicto a Estados Unidos), comenzaron a retirarse del conflicto directo incluso bajo la administración de Biden, continuando su beneficio de la guerra y perjudicando a los europeos en el proceso. Trump, mientras se lamentaba por la necesidad de la paz, continuó con esta línea, calentándose las manos lejos de la guerra pero evitando el riesgo de una confrontación directa con Rusia.

La guerra mundial tiene actualmente dos focos principales que convergen: Europa (en torno a Ucrania) y Oriente Medio (el intento de Estados Unidos y su aliado menor, Israel, de desestabilizar toda la región). A continuación, se sitúa el sur de Asia. Venezuela ya ha sido aplastada y Cuba está sufriendo un nuevo golpe.

Se necesita una nueva política.

En primer lugar , hay que entender que las profundas contradicciones del sistema económico global actual, que socavan la esencia misma de la humanidad, amenazan con su destrucción. Y continuar con nuestra actual política ambigua en Ucrania, que amenaza con agotar al país, podría debilitar la fuerza y el espíritu resurgentes de Rusia.

Segundo . En el ámbito político-militar, podemos hablar de una tregua y del «espíritu de Alaska». Pero también debemos comprender la esencia de lo que está sucediendo y que la paz y el desarrollo a largo plazo para nuestro país, así como para toda la humanidad, son imposibles sin detener el intento de venganza político-militar de Occidente, con Europa nuevamente a la cabeza. 

Para evitar esta venganza, debemos destruir el régimen de Kiev y liberar los territorios del sur y del este del cuasiestado de «Ucrania»,cruciales para la seguridad de Rusia . Nuestros valientes soldados y comandantes de campo pueden y deben continuar la ofensiva. Pero debemos comprender que una guerra mundial no se puede ganar con la guerra de trincheras modernizada. Podríamos perder, o al menos perder, cientos de miles más de nuestros mejores hombres, esenciales para la lucha y la victoria en el próximo período histórico, extremadamente peligroso y difícil —incluso sin el conflicto ucraniano—.

Tercero . Una conclusión victoriosa del conflicto actual en Ucrania, y mucho menos evitar que se convierta en una guerra termonuclear global, es imposible sin un fortalecimiento significativo de la política de disuasión nuclear. Para lograrlo, debemos dejar de hablar de «limitación de armamentos» y resolver la cuestión de un nuevo START

Sin embargo, los acuerdos sobre la gestión conjunta de la disuasión nuclear y la estabilidad estratégica son útiles e incluso necesarios. Debemos intensificar el desarrollo de misiles de alcance medio y estratégico, así como de otros sistemas de lanzamiento, para disuadir a Occidente de intentar recuperar su superioridad. Los adversarios deben comprender que la superioridad y la impunidad son inalcanzables.

Las armas nucleares, en cantidades óptimas y con la doctrina adecuada, imposibilitan la superioridad no nuclear y ahorran recursos a las fuerzas armadas. Nuestros sistemas de lanzamiento hipersónicos Burevestnik, Oreshnik y otros deberían convencer al enemigo de ello.Es necesario formar a una nueva generación para que los estadounidenses sepan de antemano que sus sueños de recuperar la superioridad y la capacidad de imponer su voluntad por la fuerza son poco realistas.

El aumento acelerado de la flexibilidad nuclear pretende recordar a todos que es imposible derrotar a una gran potencia nuclear mediante una carrera armamentística no nuclear o una guerra convencional. Esto, por supuesto, siempre y cuando evitemos el insensato y masivo rearme nuclear que llevaron a cabo la URSS y Estados Unidos en la década de 1960. Fue una acción sin sentido, costosa y peligrosa. Simplemente necesitamos hacerles saber a los adversarios potenciales que una carrera armamentística es inútil e incluso suicida para ellos. Este es un tema que merece ser entablado a dialogar, al menos, con los estadounidenses.

Al mismo tiempo, para frenar a un Washington que ha perdido el control, conviene modificar la doctrina sobre el uso de armas nucleares y otros tipos de armamento —si Estados Unidos y Occidente persisten en su actual rumbo hacia una guerra mundial— para incluir una disposición que contemple la capacidad real de atacar activos estadounidenses y europeos en el extranjero, incluso en países amigos. Deberían deshacerse de estos activos. Para lograrlo, debemos seguir desarrollando la flexibilidad de nuestro potencial militar. Estados Unidos y Occidente dependen mucho más que nosotros de sus activos, bases y cuellos de botella logísticos y de comunicaciones en el extranjero. El enemigo debe percibir su vulnerabilidad y saber que somos conscientes de ella.

Vale la pena aprender de la experiencia de Irán al defenderse de la actual agresión estadounidense-israelí. Teherán comenzó a atacar las vulnerabilidades de su adversario, quien lo percibió y comenzó a replegarse. Los cambios en la doctrina y la postura militar hacia una mayor preparación y capacidad para ataques asimétricos fortalecerán la disuasión y tendrán un efecto civilizador en un adversario que se precipita o está a punto de lanzarse a aventuras temerarias, o que simplemente ha perdido la cabeza.

Conviene redefinir las prioridades de los objetivos de los ataques preventivos: primero los no nucleares, luego los nucleares (si fuera absolutamente necesario). Entre los primeros se encuentran no solo los centros de comunicación y mando, sino también, y de manera crucial, las concentraciones de élite, especialmente en Europa. Esto les arrebatará su sensación de impunidad . Deben saber que si continúan la guerra contra Rusia o deciden intensificar el conflicto vertical u horizontalmente, ellos y sus seres queridos serán objeto de ataques devastadores. 

Para aumentar la eficacia de esta disuasión, es necesario intensificar el trabajo en el desarrollo de municiones convencionales y nucleares capaces de penetrar a mayor profundidad y probarlas. La élite, especialmente en Europa, debe saber que no puede esconderse en búnkeres ni en islas. La reciente publicación por parte de nuestro Ministerio de Defensa de una lista de empresas europeas que producen armas para el régimen de Kiev es un pequeño paso en la dirección correcta.

Ahora esta élite finge tenernos miedo . En realidad, no lo tienen, e insisten constantemente en que Rusia jamás los castigará con armas nucleares. Necesitamos infundirles un temor visceral. Quizás entonces retrocedan, o sus amos en los «estados profundos» los expulsen. Quizás las sociedades también se rebelen. 

Aumentar la credibilidad de la amenaza de las armas nucleares es también necesario para despertar a estas sociedades de su «parasitismo estratégico»: la certeza de que la guerra no ocurrirá, de que «todo estará bien». Necesitamos devolverles el instinto de supervivencia a los pueblos que han olvidado la guerra y los crímenes de sus países en siglos pasados.

Es evidente que tal política es absolutamente necesaria con respecto a Alemania . Un país que desató dos guerras mundiales y es culpable de genocidio no tiene derecho a poseer «el ejército más poderoso de Europa», y mucho menos armas de destrucción masiva. Si las adquiriera, los ciudadanos alemanes deben comprender que su patria sería destruida, para que jamás más una amenaza a la paz emanara de suelo alemán.

Cuarto . Para que la amenaza sea más creíble, deben introducirse varios cambios en la doctrina de armas nucleares. Debe estipular que, en caso de agresión (o agresión continuada) por parte de un país o grupo de países con mayor potencial económico, demográfico y tecnológico que el nuestro, el mando militar ruso no solo tiene el derecho, sino la obligación de usar armas nucleares. 

Esto debería comenzar, naturalmente, con una serie de ensayos nucleares (no está claro por qué esperamos a que los estadounidenses empiecen; ¿acaso intentan complacerlos de nuevo?). A esto le seguirían ataques con municiones convencionales contra centros logísticos, puestos de mando y objetivos simbólicos. Si no cesan o no toman represalias, se llevaría a cabo una serie de ataques nucleares conjuntos.

Confiar en la disuasión nuclear es esencial para bloquear el camino hacia la guerra con drones . La respuesta debe ser devastadora. Si, por ejemplo, se reanudan los ataques con misiles o drones desde Ucrania y países vecinos tras posibles acuerdos de paz o incluso una capitulación, quienes están detrás de los operadores de drones deben saber que la represalia —incluso nuclear— los alcanzará. Entonces, ellos mismos comenzarán a perseguir a los posibles provocadores.

Quinto . Además de las medidas técnico-militares y los cambios doctrinales, para aumentar cualitativamente la credibilidad de nuestra amenaza, deberíamos proponer al Comandante Supremo en Jefe que designe de inmediato a un comandante para el teatro de operaciones europeo. 

Este puesto debería ser ocupado por un general con experiencia en combate, con la autoridad y la responsabilidad de usar armas nucleares si fuera necesario. Esta persona (y su estado mayor, que debería estar integrado principalmente por oficiales que hayan servido en la guerra) debe estar preparada para tal escenario.

Sexto . Ya es hora de abandonar la tesis absurda, que beneficia principalmente a los estadounidenses, de que no puede haber vencedores en una guerra nuclear y que, si se usan armas nucleares, se producirá una escalada inevitable hacia una guerra termonuclear global. 

Estas proposiciones contradicen la lógica básica y los planes militares específicos. Repito: ¡Dios no lo quiera que se usen armas nucleares! Morirán personas inocentes y el mito que salvó a la humanidad —que cualquier uso de estas armas conducirá al Armagedón universal— se derrumbará. Pero en una guerra nuclear, especialmente en una Europa superpoblada y moralmente débil, es posible ganar. Incluso fácilmente. Pero, insisto, ¡Dios no lo quiera!

Repito: el uso de armas nucleares es un pecado grave. Pero, de hecho, abstenerse de usarlas también lo es, pues conduce a la expansión y profundización de la guerra mundial iniciada por Occidente. Si no se controla, inevitablemente terminará en la destrucción de la humanidad y, por consiguiente, en el agotamiento y la ruina de nuestro país. ¿Y por qué necesitamos un mundo sin Rusia?

Esta pregunta, planteada por Vladimir Putin, sigue siendo de gran relevancia.

Séptimo . Junto con la imperiosa necesidad de modernizar las fuerzas nucleares, especialmente la doctrina de su uso, deben adoptarse con urgencia varias medidas paralelas. Junto con China, ayudar a Irán a resistir y prevalecer. Invitación a los países de Oriente Medio, incluso a Israel, cuya legitimidad ha sido socavada, a acelerar el progreso hacia la creación de un sistema de seguridad regional con garantías de Rusia, China y, posiblemente, India. Estas grandes potencias, a diferencia de Estados Unidos y sus aliados, tienen un interés directo en la estabilidad de la región.

Octavo . Finalmente, ante el grave peligro de las próximas décadas de guerra y los intentos occidentales de venganza, conviene considerar una alianza defensiva temporal (diez años, con posible prórroga) con China. Esto sería útil para disuadir a los revanchistas y evitar que la hermana China sienta la necesidad de alcanzar la paridad nuclear estratégica con Estados Unidos y Rusia. 

Un potencial nuclear igual al nuestro, sumado a la superioridad de China en otras áreas de poder combinado (economía, demografía), podría generar temores y sospechas entre los futuros líderes rusos. Ni el pueblo ruso ni el chino necesitan esto.

Naturalmente, aún quedan muchas medidas por considerar e implementar para prevenir la propagación de una nueva guerra mundial y su escalada hasta convertirse en un conflicto termonuclear global. Sin embargo, las medidas mencionadas anteriormente probablemente sean suficientes para detener la guerra que está devastando nuestro país y, sobre todo, la deriva hacia una catástrofe mundial. Esta es una tarea urgente de trascendencia histórica global. Si no la resolvemos, nuestros descendientes (si es que quedan) y Dios no nos perdonarán nuestra pereza intelectual y cobardía.

Si bien debemos prevenir el revanchismo occidental y la escalada de una guerra mundial hacia una catástrofe universal, no debemos olvidar abordar los problemas de fondo que subyacen a la actual crisis, la más aguda del sistema mundial en la historia de la humanidad. 

Estos incluyen el agotamiento del modelo económico capitalista moderno y la amenaza que representa, junto con la informatización generalizada y otras características de la civilización moderna, para la supervivencia del Homo sapiens . Pero hablaremos de ello con más detalle en otros artículos."

(Sergey Karaganov, Presidente Honorario del Presidium del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia. Observatorio de la crisis, 17/05/26)

23.5.26

Conflicto con Rusia: ¿Hacia una guerra en toda Europa? Putin considera que los países europeos representan una amenaza mayor que Estados Unidos... Esta postura está ganando terreno en los círculos políticos rusos... mientras, Berlín está reforzando su cooperación militar con Kiev, convirtiéndose cada vez más en un aliado en el conflicto con Rusia... Alemania se convirtió en el principal financiador de Ucrania... a mediados de abril, el gobierno alemán estableció por primera vez una alianza estratégica con el sector de defensa de un país en guerra ... La producción conjunta de armas por parte de Alemania y Ucrania supone una amenaza existencial para Rusia... Los efectos ya son visibles en el creciente número de ataques llevados a cabo en lo profundo del territorio ruso... Los drones que atacaron los puertos de Primorsk y Ust-Luga cruzaron el espacio aéreo de varios estados bálticos. El asesor presidencial Nikolai Patrushev subrayó que se trata de una participación directa de los países de la OTAN en los ataques contra territorio ruso... Para completar el panorama de la hostilidad europea hacia Moscú, cabe mencionar la propuesta de Francia de extender su capacidad de disuasión nuclear a otros aliados europeos... El aparente distanciamiento de Estados Unidos de Europa ha convencido a muchos en Moscú de que EE. UU. no arriesgaría un conflicto nuclear con Rusia para acudir en ayuda de los europeos... Y recurrir a ataques convencionales o incluso nucleares en suelo europeo es, en opinión de muchos, la única manera de disuadir a los europeos de seguir utilizando Ucrania como arma contra Rusia. La intransigencia de las capitales europeas y su carrera armamentista fomentan la difusión de estas ideas en Moscú y aumentan el riesgo de un conflicto convencional o incluso nuclear en el viejo continente (Roberto Iannuzzi)

 "El rearme alemán, las tensiones en los países bálticos y un cambio en el equilibrio de poder en Moscú podrían extender la guerra en el viejo continente más allá de las fronteras ucranianas y conducir a una escalada nuclear.

En los últimos días, los medios de comunicación occidentales han llamado la atención sobre una declaración realizada por el presidente ruso Vladimir Putin durante las celebraciones por la victoria sobre el nazismo el 9 de mayo, según la cual el conflicto ucraniano estaba llegando a su fin.

La frase bastante vaga —“Creo que el asunto está a punto de concluirse, pero es un asunto muy serio”— pronunciada tras unas declaraciones muy duras contra los intentos occidentales de sabotear cualquier negociación ruso-ucraniana, no debería llevar a conclusiones precipitadas.

Putin mencionó los orígenes del conflicto, la expansión de la OTAN desafiando los acuerdos y reiteró cómo, desde el punto de vista ruso, los líderes occidentales han utilizado a Ucrania como ariete en su conflicto destinado a debilitar y desestabilizar a Rusia.

Recordó que los europeos sabotearon las negociaciones entre Moscú y Kiev en abril de 2022, y reveló que en aquella ocasión el presidente francés Emmanuel Macron lo había engañado para que retirara las tropas rusas de Kiev con el pretexto de que los ucranianos no podían firmar un acuerdo ni con una pistola apuntándoles a la cabeza.

En todo caso, las declaraciones del presidente ruso sugieren que, con razón o sin ella, actualmente considera que los países europeos representan una amenaza mayor que Estados Unidos.

Esta postura, lejos de pertenecer exclusivamente a Putin, está ganando terreno en los círculos políticos rusos.

Durante cuatro años de conflicto, el bando occidental rompió tabúes nunca antes violados durante la Guerra Fría. Los países de la OTAN proporcionaron a Kiev inteligencia y misiles para atacar territorio ruso.

En agosto de 2024, apoyaron la invasión ucraniana del óblast ruso de Kursk con armas y apoyo logístico. Y en los últimos dos años, han ayudado a Kiev a atacar elementos clave de la disuasión nuclear rusa.

A lo largo de todo el conflicto, los europeos mantuvieron una línea de hostilidad inquebrantable hacia Moscú.

Según este razonamiento, Rusia representaría una grave amenaza para todo el continente, lo que requeriría un rearme europeo. Al mismo tiempo, estaría debilitada en Ucrania y a nivel interno, por lo que debería debilitarse aún más.

Esta contradicción revela, en realidad, la voluntad implacable de continuar el conflicto con Rusia, ya sea defendiéndose de ella o atacándola.

Aunque recientemente ha quedado eclipsada por el conflicto en el Golfo Pérsico, la confrontación entre la OTAN y Rusia en Ucrania (y cada vez más en Europa) sigue aumentando en peligro.

Paralelas

Respecto a los riesgos de escalada en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el conocido politólogo estadounidense Robert Pape escribió :

El principal error en muchos debates sobre Irán es suponer que la escalada se producirá de forma repentina y drástica. Históricamente, los grandes conflictos no suelen desarrollarse de esta manera.

[…] La cuestión estratégica no es si Washington está planeando actualmente una operación terrestre de gran envergadura. La cuestión estratégica es si la estrategia actual puede alcanzar sus objetivos sin generar presión para que se asuman compromisos mayores en el futuro.

Históricamente, es precisamente aquí donde las campañas coercitivas se vuelven peligrosas. Cuando las estrategias punitivas no logran la capitulación política, los líderes rara vez interpretan el fracaso como prueba de que la estrategia en sí sea defectuosa. Lo más común es que concluyan que el castigo aplicado fue insuficiente. Esto genera presión para asumir nuevos compromisos destinados a preservar la estrategia original.

Una teoría similar se aplica perfectamente al conflicto ucraniano. Esta lógica ha llevado a los países de la OTAN a suministrar armamento cada vez más sofisticado a Ucrania y a involucrarse cada vez más directamente en el conflicto.

 La nueva base trasera de Kiev es Berlín.

Recientemente hemos presenciado un nuevo salto cualitativo. Durante años, Alemania ha adoptado una política relativamente cautelosa hacia el conflicto ucraniano, con el objetivo de evitar verse arrastrada a la guerra.

Todo esto está cambiando. Berlín está reforzando su cooperación militar con Kiev, convirtiéndose cada vez más en un aliado en el conflicto con Rusia.

Tras la retirada estadounidense, Alemania se convirtió durante mucho tiempo en el principal financiador de Ucrania. Sin embargo, a mediados de abril, el gobierno alemán estableció por primera vez una alianza estratégica con el sector de defensa de un país en guerra.

El acuerdo allana el camino para la coproducción de sistemas de armas, drones con alcances de hasta 1.500 km y misiles de largo alcance, junto con Kiev. El gobierno alemán ha puesto fin al debate interno de los últimos años sobre el suministro de armamento alemán a Ucrania para atacar objetivos en territorio ruso.

Como escribió la exdiputada alemana Sevim Dagdelen , con la integración de las industrias bélicas de Berlín y Kiev, estamos presenciando el nacimiento de un complejo militar-industrial germano-ucraniano bajo la hegemonía de Berlín.

A esto se suma la intención declarada del canciller alemán Friedrich Merz de repatriar a los ucranianos en edad militar que residen en Alemania.

La producción conjunta de armas por parte de Alemania y Ucrania, escribe Dagdelen, supone una amenaza existencial para Rusia. La guerra contra Moscú se libra con dinero y armamento alemanes, e incluso con soldados alemanes, aunque ucranianos.

Para escapar de la crisis económica, un número creciente de empresas alemanas se están reconvirtiendo a la producción bélica. Una de las ventajas de esta reconversión es evitar la competencia de las empresas chinas, a las que se les prohíbe participar en los contratos de defensa del gobierno alemán.

Otro aspecto que no debe pasarse por alto es que un número creciente de familias se está volviendo económicamente dependiente del rearme del país.

Ataques europeos en territorio ruso

Los efectos de la integración entre la industria militar ucraniana y la de otros países europeos, además de Alemania, particularmente en la producción de drones, ya son visibles en el creciente número de ataques llevados a cabo en lo profundo del territorio ruso en los últimos meses.

Según Reuters, en marzo, alrededor del 40% de la capacidad de exportación de petróleo de Rusia quedó destruida por los ataques con drones ucranianos contra tres importantes terminales en la costa occidental de Rusia: Novorossiysk en el Mar Negro, y Primorsk y Ust-Luga en el Báltico.

A principios de abril, los ataques ucranianos también habían dañado o destruido alrededor del 20 por ciento de la capacidad de refinación de Rusia, según una estimación del New York Times.

A pesar de la reducción de las exportaciones, Rusia ha visto aumentar sus ingresos petroleros debido al alza de los precios del crudo provocada por el cierre del estrecho de Ormuz. Sin embargo, los daños sufridos siguen siendo considerables.

A mediados de abril, el Ministerio de Defensa ruso publicó los nombres y direcciones de las empresas europeas (incluidas algunas italianas) involucradas en la producción de drones ucranianos, declarando que «los ciudadanos europeos deben comprender claramente las verdaderas razones de las amenazas a su seguridad y conocer las direcciones y ubicaciones de las empresas ‘ucranianas’ y ‘mixtas’ que producen vehículos aéreos no tripulados (VANT) y componentes para Ucrania en el territorio de sus países».

 El polvorín báltico

Los drones que atacaron los puertos de Primorsk y Ust-Luga cruzaron el espacio aéreo de varios estados bálticos. Moscú advirtió a los gobiernos de Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia que, al permitir el uso de su espacio aéreo por drones ucranianos, se estaban convirtiendo en cómplices de ataques contra Rusia.

El asesor presidencial Nikolai Patrushev subrayó que se trata de una participación directa de los países de la OTAN en los ataques contra territorio ruso.

El riesgo de que estalle un conflicto entre la OTAN y Moscú en los países bálticos ha aumentado con el reciente anuncio de la creación de una fuerza naval conjunta, denominada «Iniciativa de las Armadas del Norte», integrada por Gran Bretaña, Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Estonia, Letonia, Lituania y los Países Bajos.

Esta fuerza parece tener el objetivo explícito de contener a Rusia entre el Ártico y el Báltico, posiblemente obstaculizando el tráfico comercial de Moscú, y en particular su denominada «flota en la sombra». Provocaciones como el abordaje de buques rusos, o incluso un bloqueo naval, constituirían un claro casus belli.

A esto se suma la militarización de Finlandia, que recientemente se unió a la OTAN, y las operaciones de espionaje y vigilancia aérea que se llevan a cabo desde su territorio contra Moscú, factores que están transformando al país escandinavo en una nueva amenaza para Rusia.

El conflicto es global

Para completar el panorama de la hostilidad europea hacia Moscú, cabe mencionar la propuesta de Francia de extender su capacidad de disuasión nuclear a otros aliados europeos, y el apasionado llamamiento a defender a Ucrania «con la misma determinación inquebrantable» mostrada por Occidente después del 11-S, realizado por el rey Carlos de Inglaterra ante el Congreso estadounidense.

Para Moscú, en cambio, las amenazas no se limitan al frente europeo. También existe el intento estadounidense de socavar la frontera sur de Rusia penetrando en el Cáucaso y Asia Central , en una especie de maniobra de cerco.

Muchos en Moscú consideran el ataque contra Irán como una nueva escalada horizontal del conflicto contra países ajenos al bloque occidental, junto con el secuestro del presidente venezolano Maduro y el asedio a Cuba.

Puesta de sol del “Spirit of Anchorage”

A la luz de lo que se ha dicho hasta ahora, el ambiente en Moscú está cambiando.

Tras la reunión del verano pasado entre Putin y el presidente estadounidense Donald Trump en Anchorage, la cúpula rusa pareció dividida durante mucho tiempo entre quienes apoyaban el diálogo con Washington, encabezados por el negociador y representante especial de Putin, Kirill Dmitriev, y los defensores de una postura menos conciliadora, entre los que se encontraban el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y la cúpula militar.

Nueve meses después de aquella reunión, el «espíritu de Anchorage», invocado durante mucho tiempo por Dmitriev, el portavoz del Kremlin Dmitry Peskov y otros, parece haber perdido su atractivo.

Los esfuerzos de Dmitriev por alcanzar un «gran acuerdo» con la administración Trump, centrado en un enfoque utilitario y orientado a los negocios, no han dado fruto. Washington continúa enviando armas y proporcionando inteligencia a Ucrania.

El regreso del enemigo alemán

Si bien las esperanzas de alcanzar un acuerdo con la Casa Blanca se desvanecen, es Europa, y Alemania en particular, la que se perfila cada vez más como una amenaza a los ojos de los políticos y estrategas de Moscú.

El Día de la Victoria, 9 de mayo, Dmitry Trenin (Presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales) reiteró que Europa es el principal adversario de Rusia.

Por su parte, Dmitry Medvedev (vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa) y Fyodor Lukyanov (director de investigación del Club Valdai) centraron su atención en el peligro que supone el rearme de una Alemania revanchista .

El ministro de Defensa, Andrey Belousov, dejó claro que Occidente en su conjunto representa una amenaza para Rusia y la estabilidad global: «Para mantener su dominio mundial, Estados Unidos y Occidente, en conjunto, están destruyendo los cimientos de la arquitectura de seguridad global. Su postura agresiva exacerba las divisiones geopolíticas y socava la estabilidad estratégica y los acuerdos de paz fundamentales».

Lavrov expresó conceptos similares, afirmando ya en marzo , en relación con los acontecimientos en América Latina y Oriente Medio, que “algunos expertos, incluidos los de Rusia que estudian la historia de las relaciones internacionales, ya han comenzado a describir y definir estos acontecimientos como la Tercera Guerra Mundial”.

Restablecer la disuasión

Entre los enfoques más radicales, destaca el de Serguéi Karaganov. Es un politólogo veterano, exasesor de Gorbachov y Yeltsin, y actualmente uno de los asesores de Putin. Desde el inicio del conflicto, Karaganov ha defendido la posibilidad de utilizar armas nucleares en Europa.

La tesis de Karaganov es que las élites europeas están completamente desacreditadas y carecen de legitimidad para mantenerse en el poder. Sobre todo, son incapaces de alcanzar una solución de compromiso con Rusia.

Hay que detenerlos por la fuerza de las armas para evitar la propagación del conflicto en Europa. En primer lugar, atacando objetivos militares estratégicos y de gran simbolismo en territorio europeo con armas convencionales.

Según Karaganov, si esto no fuera suficiente para «persuadir» a las élites europeas a llegar a un acuerdo con Rusia, sería necesario recurrir a un ataque nuclear «demostrativo» o incluso a uno dirigido a eliminar a las propias élites europeas.

Ideas similares, que al inicio del conflicto eran mayoritarias, están ganando terreno gradualmente tanto en los círculos militares como políticos rusos. Al mismo tiempo, aumenta la presión sobre Putin para que cambie de estrategia.

El aparente distanciamiento de Estados Unidos de Europa ha convencido a muchos en Moscú de que EE. UU. no arriesgaría un conflicto nuclear con Rusia para acudir en ayuda de los europeos.

Y recurrir a ataques convencionales o incluso nucleares en suelo europeo es, en opinión de muchos, la única manera de disuadir a los europeos de seguir utilizando Ucrania como arma contra Rusia.

La intransigencia de las capitales europeas y su carrera armamentista fomentan la difusión de estas ideas en Moscú y aumentan el riesgo de un conflicto convencional o incluso nuclear en el viejo continente." 

(Roberto Iannuzzi,  Observatorio de la crisis, 23/05/26)

22.5.26

Glenn Diesen, Un. Sureste Noruega: "Sostengo que los Estados europeos se han convertido en objetivos legítimos al participar en los ataques contra Rusia. Las reacciones emocionales y, a menudo, histéricas que provoca este argumento revelan el alcance de la radicalización que envuelve a Europa"... Los líderes europeos hablan abiertamente de la necesidad de llevar la guerra al territorio ruso y de destruir las refinerías rusas, al tiempo que amplían rápidamente la producción de armas de largo alcance para respaldar este objetivo... por lo tanto, es difícil negar que los Estados europeos están directamente involucrados en acciones militares contra Rusia... Al atacar a las fuerzas rusas en Ucrania, los Estados europeos se vieron envueltos en el conflicto; al atacar dentro de la propia Rusia, están profundizando aún más esa implicación y haciendo inevitable una represalia rusa. El derecho de Ucrania a la autodefensa no tiene nada que ver con el debate sobre la participación europea... Todo el mundo siente empatía por la espantosa situación en Ucrania y desea apoyar a quienes sufren, y los líderes europeos se han arrogado el derecho de monopolizar lo que implica una postura «proucraniana»: luchar hasta el último ucraniano... Sostengo que los europeos se han radicalizado porque ahora parece existir la creencia generalizada de que reconocer la realidad de la implicación europea es una traición. En su mente, la realidad es una construcción social... «A quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco»

"Sostengo que los Estados europeos se han convertido en objetivos legítimos al participar en los ataques contra Rusia. Las reacciones emocionales y, a menudo, histéricas que provoca este argumento revelan el alcance de la radicalización que envuelve a Europa.

La mayoría de los países evitan enviar armas a Estados en guerra precisamente porque hacerlo les expone al riesgo de convertirse en participantes en el conflicto. Muchos líderes occidentales, desde Boris Johnson hasta Marco Rubio, reconocen que se trata de una guerra por poder. Los Estados europeos proporcionan armas, inteligencia, selección de objetivos, planificación y contratistas. Los líderes europeos hablan abiertamente de la necesidad de llevar la guerra al territorio ruso y de destruir las refinerías rusas, al tiempo que amplían rápidamente la producción de armas de largo alcance para respaldar este objetivo. Ahora también se están lanzando ataques desde el territorio de los Estados bálticos. Por lo tanto, es difícil negar que los Estados europeos están directamente involucrados en acciones militares contra Rusia. A medida que esta implicación se intensifica, Rusia se ve sometida a una presión cada vez mayor para tomar represalias y restablecer su capacidad de disuasión. Todo esto debería ser de sentido común, pero en Europa, reconocer la marcha hacia la guerra se considera una observación controvertida. ¿Por qué?

Las respuestas que recibo rara vez abordan este argumento directamente. En su lugar, se centran en la invasión de Ucrania por parte de Rusia y en los crímenes de guerra. Independientemente de la opinión que se tenga sobre esas cuestiones, estas no alteran la cuestión de la participación occidental en los ataques contra Rusia. El argumento implícito parece ser que Rusia es excepcionalmente malvada y, por lo tanto, Occidente está justificado para atacar a Rusia, mientras que a Rusia no se le permite responder. La mayoría de la gente reconocería que si Rusia hubiera lanzado misiles contra Washington o Londres en respuesta a la invasión de Irak, se habría entendido como un ataque ruso con consecuencias impredecibles. Al atacar a las fuerzas rusas en Ucrania, los Estados europeos se vieron envueltos en el conflicto; al atacar dentro de la propia Rusia, están profundizando aún más esa implicación y haciendo inevitable una represalia rusa. El derecho de Ucrania a la autodefensa no tiene nada que ver con el debate sobre la participación europea. Hubo un tiempo en que el presidente Biden argumentó que enviar F-16 a Ucrania significaba la Tercera Guerra Mundial; hoy en día, este argumento sería calumniado y censurado en Europa como «propaganda rusa». El instinto de autoconservación ha desaparecido.

Sostengo que los europeos se han radicalizado porque ahora parece existir la creencia generalizada de que reconocer la realidad de la implicación europea es una traición. En su mente, la realidad es una construcción social. Advertir de que Europa podría encaminarse hacia una guerra directa con Rusia se condena como una forma de «legitimar» la represalia rusa y se descarta como una postura «prorrusa». El predominio del constructivismo y el énfasis en los «actos de habla» han llevado a la creencia de que incluso utilizar el análisis realista y debatir sobre intereses nacionales contrapuestos implica legitimar la realpolitik y, por lo tanto, construir socialmente una realidad más peligrosa. Los actos de habla se refieren al uso del lenguaje como fuente de poder para construir realidades políticas e influir en los resultados. Todo se interpreta como declaraciones normativas sobre lo que uno apoya o desea que sea el funcionamiento del mundo, en lugar de reconocer una realidad objetiva del mundo. Si uno no participa en este autoengaño suicida, se le acusará de haberse puesto del lado de Rusia. Si esta mentalidad radicalizada hubiera prevalecido durante la Guerra Fría, nunca habríamos sobrevivido.

Los académicos en Europa se ven obligados a asumir el papel de activistas. Es imposible analizar los conflictos sin que se le exija condenar a Hamás, Irán, Rusia y el «otro» para demostrar que se ha puesto de nuestro lado. Esta es la prueba de fuego ideológica para determinar si se le permite participar en el debate o si debe ser expulsado de la sociedad civilizada. El papel de los académicos es analítico, no moralista. El objetivo es explicar las motivaciones, la distribución del poder y el comportamiento estratégico. Un análisis objetivo nos permite buscar la mejor política para maximizar nuestra seguridad. La exigencia de ajustarse a la postura moral «correcta» y a los actos de habla aprobados por la UE implica la participación obligatoria en el esloganismo emocional e histérico. Cuando la premisa de cualquier debate es que nos encontramos en una lucha entre el bien y el mal, entonces la seguridad solo puede significar victoria o disuasión. La guerra crea paz, la diplomacia es apaciguamiento, y los europeos celebran la ignorancia al criminalizar la capacidad de reconocer las preocupaciones de seguridad de la otra parte.

En Europa, también se considera «propaganda rusa» argumentar que el expansionismo de la OTAN provocó la guerra de Ucrania. Las abrumadoras pruebas que lo respaldan son irrelevantes y bajo ninguna circunstancia se debatirán, ya que se considera un argumento inmoral que legitima la invasión de Rusia. Nuestros líderes políticos enmarcan todas sus políticas como «proucranianas»: el derrocamiento de Yanukóvich, el armamento de las milicias de extrema derecha, el sabotaje del acuerdo de paz de Minsk, el ignorar las preocupaciones de seguridad de Rusia, el apoyo a la militarización, el boicot a la diplomacia, etc. ¿Qué hace que esto sea «proucraniano»? ¿Acaso algo de esto ha beneficiado a Ucrania? Estas preguntas no pueden plantearse porque se consideran «prorrusas». Todo el mundo siente empatía por la espantosa situación en Ucrania y desea apoyar a quienes sufren, y los líderes europeos se han arrogado el derecho de monopolizar lo que implica una postura «proucraniana»: luchar hasta el último ucraniano.

Del mismo modo, las advertencias sobre la marcha de Europa hacia la guerra con la mayor potencia nuclear del mundo al participar en los ataques se consideran esfuerzos traicioneros para reducir la confianza, la legitimidad y el apoyo a los esfuerzos bélicos de la OTAN a instancias de Rusia. «A quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco»." 

(Glenn Diesen , blog, 20/05/26, traducción Salvador López Arnal 

18.5.26

Este año la guerra podría extenderse en Europa... Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos, especialmente los alemanes, pero en Europa no hay conciencia de ello... Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas pues señalan claramente que la guerra de la OTAN contra Rusia por Ucrania podría extenderse este año e implicar directamente a los europeos... todas las “lineas rojas” que Rusia formuló en materia de ampliación de la OTAN fueron ignoradas una tras otra... Se llegó a la instalación de baterías antimisiles en Polonia y Rumanía “contra Irán”, baterías que podían cargarse con misiles nucleares capaces de anular la disuasión nuclear rusa... El conflicto de Ucrania ha traspasado todas las líneas rojas... Se han atacado recursos estratégicos de la disuasión nuclear rusa... Se ha atacado una residencia del Presidente Putin en Nóvgorod, lo que trae ecos del asesinato de Jamenei en Irán... todo esto se hace con armas, información de inteligencia, satélites, etc., de Estados Unidos... Desde hace varios meses hay una fuerte presión en Moscú para que el Kremlin ataque, especialmente a Alemania, antes de que sea demasiado tarde... no se trata de “invadir” territorio de la UE, sino de pararle los pies al actual belicismo europeo con una acción militar preventiva... ¿por qué los periodistas occidentales en Moscú no informan sobre esto? La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría (Rafael Poch)

"Hace ocho meses dijimos que Europa no podía seguir ignorando las advertencias rusas.Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas – Rafael Poch de Feliu . Ahora esas advertencias se están haciendo mucho más agudas. Señalan claramente que la guerra de la OTAN contra Rusia por Ucrania podría extenderse este año e implicar directamente a los europeos, especialmente a los alemanes. Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos. ¿Se confirma entonces la histeria de la “amenaza rusa” que la Unión Europea proclama? Obviamente es así como lo interpretan y lo interpretarán los memos con piñón fijo de Berlín, Bruselas, Londres y París, así como su lamentable ejército de propagandistas que nos están llevando de la oreja a una guerra.

La “amenaza rusa” no es más que un recurso para conjurar la propia desintegración de la Unión Europea y justificar el rearme. Cuando muchas cosas se están resquebrajando, la amenaza exterior de ese maligno enemigo es importante como elemento de cohesión de un club europeo cada vez más desestructurado internamente y mas irrelevante en el mundo. Eso está claro. Pero para lo que aquí nos importa la “amenaza rusa” también es otra cosa: una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización.

Puedes meterle el dedo en el ojo a tu perro o a tu gato y anunciar al mismo tiempo que te va a pegar un mordisco o un zarpazo, con la seguridad de que al final eso es precisamente lo que te ocurrirá.

Es lo que pasó con la desastrosa invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022, que el establishment occidental siempre acompaña del adjetivo “unprovoked”, “no provocada” – significativamente ausente, dicho sea de paso, de la guerra contra Irán. Hoy la gente informada y no cegada por la demonización de lo ruso, ya sabe que en 2022 Moscú llevaba mas de treinta años reclamando aquella “arquitectura de seguridad colectiva europea” que se prometió a la URSS de Gorbachov. Sabe que todas las “lineas rojas” que Rusia formuló en materia de ampliación de la OTAN fueron ignoradas una tras otra. Quienes vivimos aquello en primera linea – e informamos sobre ello de la forma más clara y directa posible teniendo en cuenta la corrupción estructural de nuestros medios – recordamos la boba sonrisa del Secretario General de la OTAN, Javier Solana, diciendo en Moscú que la oposición rusa a la ampliación carecía de sentido “porque la guerra fría se acabó” y “ya no somos enemigos”. Los generalotes rusos (y no solo ellos, también muchos expertos y estrategas occidentales de primera fila ) se regían por algo mucho más real y concreto. Se trata de aquella máxima del Canciller Bismarck según la cual “lo que importa no son las intenciones, sino las capacidades”. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, pues que si tienes a un tipo que te está apuntando con un revolver y que al mismo tiempo te está diciendo que no tiene la menor intención de dispararte, lo que cuenta es el revólver que te apunta y no lo que el tipo dice. Así de elemental.

Primero fue Europa Central, luego Europa Oriental, el Báltico y el Mar Negro. Entretanto hubo una guerra para inducir la disolución de la anomalía yugoslava y comprobar la necesidad de la OTAN con una “guerra humanitaria”. Se llegó a la instalación de baterías antimisiles en Polonia y Rumanía “contra Irán” (que no disponía de tal capacidad), baterías que podían cargarse con misiles nucleares capaces de anular la disuasión nuclear rusa, y así se llegó a la invitación de que Ucrania ingresase en el bloque militar contra Rusia (2008), lo que la mayoría de los ucranianos rechazaban. Siguió el cambio de régimen en Kíev, una mezcla de revuelta etnonacionalista de una parte de los ucranianos y de golpe de estado, ambos inducidos por Occidente. Siguió la respuesta de consolación rusa de la ilegal anexión de Crimea, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población afectada. Hubo una revuelta popular contra el nuevo gobierno prooccidental de Kiev en el este y el sur de Ucrania que careció de apoyo significativo de Moscú, por lo menos en los primeros tres o cuatro meses y que fue respondida con la utilización del ejército ucraniano bajo la forma de “operación antiterrorista”. Desde entonces y hasta la “no provocada” invasión rusa hubo incumplimiento de acuerdos, mala fe occidental (reconocida años después por el presidente de Francia y la Canciller de Alemania) y una masiva financiación y preparación militar de la OTAN a Ucrania, con gran papel de la CIA, de su homólogo británico MI-6 que apuntaba claramente a una intervención militar contra el rebelde Donbas, ahora si con presencia militar rusa significativa, y a una reconquista militar de Crimea, documentada en acuerdos bilaterales de Kíev con Estados Unidos. Solo entonces Rusia invadió.

Ahora ocurre exactamente lo mismo.

Todo el mundo reconoce que Rusia no solo lucha en 2026 contra Ucrania, sino también, y sobre todo, contra la OTAN. Aunque ha transferido a los europeos el grueso de la carga y “negocie” con el Kremlin (también “negociaba” con Irán), Estados Unidos sigue siendo un país beligerante y decisivo en esa guerra contra Rusia. El conflicto ha traspasado todas las líneas rojas de lo que durante la guerra fría se habría considerado un peligro extremo. Recordemos como el Presidente Biden decía en marzo de 2022 que no se podía suministrar tanques y aviones a Ucrania “porque eso desencadenaría la Tercera Guerra Mundial”. Bueno, ya se ha hecho mucho más que eso:

-Se han atacado recursos estratégicos de la disuasión nuclear rusa: radares de alerta temprana, bases de bombarderos estratégicos.

-Se ha atacado una residencia del Presidente Putin en Nóvgorod, lo que trae ecos del asesinato de Jamenei en Irán, encubierto por los mismos fulleros, Witkof y Kushner, que negocian con el Kremlin. Desconfiar de tal negociación es puro sentido común.

-Se ha invadido territorio ruso en la región de Kursk.

-Generales de Estados Unidos con mando en la OTAN se han jactado de que disponen de capacidad para tomar el enclave ruso de Kaliningrado desde tierra en un tiempo récord. (General Christopher Donahue, comandante del Ejército de EE.UU. en Europa y África y de las fuerzas terrestres de la OTAN el pasado julio).

-Hay un goteo semanal de víctimas civiles rusas, de las que en Occidente apenas se informa, a diferencia de las ucranianas sin duda mucho más numerosas.

-Hay atentados personales en ciudades rusas contra generales en sus domicilios, con coches bomba (cuatro de ellos muertos), periodistas y diputados (por lo menos cuatro o cinco) e indiscriminados contra objetivos civiles (dos trenes, objetivos en ciudades lejos del frente, etc.)

-En el mar ha habido atentados contra cargueros rusos y se les acosa con frecuencia.

-Y todo esto se hace con armas, información de inteligencia, satélites, etc., de Estados Unidos, Inglaterra, la CIA (algo reconocido por el The New York Times, entre otros), el MI-6, etc.

En 2026 Europa ya está en pie de guerra contra Rusia, con una Alemania demente en primer lugar que está demostrando no haber entendido nada de su propia historia Alemania vuelve a las andadas – Rafael Poch de Feliu.

Oficialmente Berlín quiere transformar el Bundeswehr en «el ejército convencional más fuerte de Europa» para 2035, y en una fuerza «tecnológicamente superior» para 2039. (Atención a esto: a cien años del inicio alemán de la Segunda Guerra Mundial en Europa).

El documento oficial alemán sobre estrategia militar divulgado el 22 de abril declara que Rusia es «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea. La semana pasada el ministro alemán de defensa, Pistorius, confirmó en Kíev, seis proyectos conjuntos de armamento que “son solo el principio”. En abril, Zelensky y el canciller Merz firmaron en Berlín la «Declaración sobre asociación estratégica entre Alemania y Ucrania» que contempla la producción conjunta de drones de largo alcance en Alemania. La producción de armas para Ucrania ya es una realidad paneuropea; Alemania, Inglaterra, Dinamarca… Hasta la España de Sánchez ha firmado alguna cosa en esa materia con Ucrania.

En este contexto, la guerra de drones ha supuesto un revés para Rusia. Si hace unos meses parecía que lo que queda del Donbas controlado por Kíev caería en sus manos en unos pocos meses, los drones han detenido el lento avance. No es el primer revés temporal que sufre el ejército ruso en esta guerra, ni tampoco la primera vez que tomando sus deseos por realidad muchos vuelven a dar por hecha la “derrota” de Rusia. Pero lo que aquí importa es otra cosa: que la suma de todo esto está calentando los ánimos en Rusia.

Desde hace varios meses hay una fuerte presión en Moscú para que el Kremlin pase a lo que se llama una “disuasión activa”, es decir para que ataque, especialmente a Alemania, antes de que sea demasiado tarde. Se está diciendo lo mismo que Putin dijo en su discurso de aquel febrero de 2022 al anunciar la invasión de Ucrania a los rusos: “si no los detenemos ahora, la situación será peor dentro de unos años”. Pero ahora se trata de los europeos. Igual que antes de la invasión, también ahora se amenaza con “medidas técnico-militares” (esa fue la fórmula que se empleaba en vísperas de la invasión). “Los que participan en el ataque contra nosotros serán objetivo militar”, se dice. El ministerio de Defensa ruso ha publicado una lista de instalaciones industriales alemanas y europeas que participan en la guerra contra Rusia fabricando recursos de largo alcance. Hay que aclarar que no se trata de “invadir” territorio de la UE, sino de pararle los pies al actual belicismo europeo con una acción militar preventiva. Se puede estar de acuerdo o no, pero lo que no se puede es ignorar la realidad de esa peligrosa advertencia.

Los términos de las advertencias rusas de ahora son inequívocos. Hasta en la televisión rusa se reprocha a Putin falta de decisión, de momento sin nombrarlo (Eso es nuevo). Igual que hace cuatro años, esas advertencias son ignoradas hoy. Veamos algunos ejemplos recientes:

Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad nacional, el 6 de mayo: “solo un miedo bestial a sufrir daños inaceptables impedirá que Alemania y la Europa Unida lancen otro ataque contra Rusia”. (Naturalmente con lo de “otro ataque” se refiere al de junio de 1941 de la Alemania nazi).

Sergei Lavrov, ministro de asuntos exteriores: «Se nos ha declarado abiertamente la guerra. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más».

Sergei Karaganov, Presidente honorifico del principal think tank del Kremlin, el 10 de mayo: “Un país que desencadenó dos guerras mundiales y se ha hecho culpable de genocidio no tiene derecho a tener el «ejército más fuerte de Europa» y mucho menos a poseer armas de destrucción masiva. Si aspirara a ello, los ciudadanos alemanes deberían comprender que su patria sería destruida para que nunca más surja una amenaza para la paz desde suelo alemán” (…) “Pronto estaremos en condiciones de lanzarles un ultimátum si siguen comportándose de esta manera”. (Esto hay que cotejarlo con la declaración de Putin ante la prensa rusa del mismo día en la que el Presidente dijo que “la guerra en Ucrania está entrando en su fase final”, lo que junto a los informes sobre una próxima “ofensiva de verano” rusa puede interpretarse de diversas maneras).

Karaganov, que el año pasado ya consiguió endurecer la doctrina nuclear rusa, propone ahora lo siguiente: (Y atención a esto):

“Primero atacar con armas convencionales instalaciones clave de países europeos que participan en la guerra contra Rusia. Si no reaccionan, atacar luego con armas nucleares”. Si no funciona, «algún país europeo tendrá que desaparecer».«Cuando hace tres años dije estas cosas, era una minoría”, dice Karaganov, ahora ya es la voz de la mayoría entre los militares y en la sociedad». Sergey Karaganov: How Russia Will Win the New World War


Este intelectual orgánico del Kremlin, que no es su voz pero es influyente, propone enmendar la doctrina nuclear de nuevo, primero contemplando el uso de armas nucleares si un grupo de países más fuertes en lo económico y tecnológico atacan a Rusia con armas convencionales. Y segundo, y lo más sorprendente, que Putin delegue el poder de uso del arma nuclear al general responsable del frente occidental europeo, lo que contiene una velada insinuación de incapacidad o flojera presidencial.

Como dice el analista alemán Alexander Neu ¿Putin bajo presión? – Rafael Poch de Feliu , al principio se trataba de las peticiones de unos pocos expertos. Ahora parece que hay presión por parte de la sociedad rusa y del aparato de seguridad para “que se haga algo contra Europa». En otras palabras: Putin se ve presionado a actuar, y a hacerlo muy pronto. La guerra podría extenderse al resto de Europa ya en 2026. Y Alemania se considera ahora el enemigo número uno de Rusia. Lo que uno se pregunta es ¿por qué los periodistas occidentales en Moscú no informan sobre esto?

A quienes dicen que después de todo también Rusia hace cosas terribles en Ucrania – lo que es completamente cierto – y que Ucrania tiene derecho a defenderse (y por cierto, en el Donbas también hay una Ucrania rusófila con derecho a defenderse) hay que explicarles que en el mundo real de la dialéctica entre potencias lo que importa es que una superpotencia nuclear está siendo desafiada por sus adversarios europeos y americanos a través de Ucrania con la pretensión de inflingirle una “derrota estratégica”. ¿Han perdido la razón? ¿Es que no entienden que cuanto más éxito tengan en ese propósito, más peligrosa se hará la situación?

Lo que hay que preguntarse, como dice Neu, es si los dirigentes de la mayor potencia nuclear del mundo aceptarían una derrota en el terreno militar convencional, con las exigencias de los europeos que se desprenden de ello, es decir si se resignarían a la pérdida de su estatus de gran potencia y a la posible desintegración de la Federación Rusa, sin recurrir a un ataque nuclear para evitarla.

La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello."

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28.4.26

Valoración del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, de la lucha en las relaciones internacionales: La política colectiva de Occidente supone la principal amenaza para la paz y la seguridad internacionales... su objetivo estratégico sigue siendo dominar por cualquier medio... para preservar su hegemonía y alcanzar estos objetivos impropios, se recurre a sanciones ilegales, al saqueo, al robo de activos soberanos de otros países, al chantaje, a las amenazas y al uso de la fuerza militar, como vimos en Venezuela y ahora en Irán... la agresión no provocada de estadounidenses e israelíes contra Irán se está desestabilizando ahora a escala mundial y todos los países están evaluando sus perspectivas de desarrollo económico, fuentes de suministro energético, etc. La prolongación del conflicto tendrá repercusiones sumamente negativas para la mayor parte de la humanidad... tras la desintegración de la Unión Soviética, las perspectivas de coexistencia e incluso de cooperación con Occidente parecían bastante realistas. Todo ello ha pasado ahora a ser cosa del pasado... Se nos ha declarado abiertamente la guerra. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza... Algunas personas bastante francas, creo que del Estado Mayor belga, declararon públicamente que se estaban preparando para la guerra con Rusia y que Ucrania les estaba ayudando a ganar tiempo... no podrían haberlo dejado más claro... A pesar de las difíciles circunstancias, seguiremos aplicando nuestra política exterior y defendiendo nuestros intereses nacionales vitales... Entre nuestras prioridades se encuentra la promoción de asociaciones equitativas y mutuamente beneficiosas con todos aquellos dispuestos a cooperar en pie de igualdad, basadas en los principios universalmente reconocidos de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional en general... Un ejemplo contrastante lo ofrecen nuestros colegas estadounidenses, y su política de hacerse con el control de casi todo el sector energético mundial

"Palabras de apertura del ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, en una reunión con dirigentes de organizaciones sin ánimo de lucro, Moscú, 24 de abril de 2026.

 Buenas tardes

Me alegro de volver a verles.

Nos reunimos en este formato cada año. Soy consciente de que las organizaciones a las que ustedes representan y las divisiones de nuestro Ministerio, los directores de departamento y su personal, así como los viceministros que supervisan áreas específicas, mantienen contactos e intercambian información.

Como es habitual en los eventos anuales, nos centraremos en un debate franco e interactivo sobre cuestiones internacionales que todos conocen y que afectan a sus importantes y valiosas actividades.

Si no tienen inconveniente, diré unas palabras sobre nuestra valoración de los acontecimientos internacionales más recientes, y a continuación daremos inicio al debate interactivo.

El presidente Putin ha subrayado en repetidas ocasiones que el mundo ha entrado en una era de cambios sin precedentes. El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, ha expresado públicamente valoraciones similares. Como ha señalado el presidente Putin, en estas circunstancias turbulentas, Rusia, debido a su historia, geografía e identidad civilizatoria, está desempeñando un papel central en estos procesos.

Como dicen nuestros amigos chinos, una crisis es una interacción entre el peligro y las grandes oportunidades. Así es el mundo. Estos períodos se han producido muchas veces a lo largo de la historia.

La política colectiva de Occidente supone la principal amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Seguimos llamándola «colectiva», aunque la parte colectiva se ve ahora desgarrada por desacuerdos. Sin embargo, su objetivo estratégico, de ello no tenemos ninguna duda, sigue siendo el mismo: dominar por cualquier medio, dominar y seguir dominando, y preservar su hegemonía durante el mayor tiempo posible, al tiempo que se frena el crecimiento de nuevos centros globales y competidores en los países de la Mayoría Mundial de Asia, África y América Latina.

Cada día observamos, de hecho, se nos muestra en tiempo real que, para preservar su hegemonía y alcanzar estos objetivos impropios, se recurre a sanciones ilegales, al saqueo, al robo de activos soberanos de otros países, al chantaje, a las amenazas y, por supuesto, al uso de la fuerza militar, como vimos en Venezuela y ahora en Irán —todo ello en flagrante violación del derecho internacional.

La valoración de que la agresión no provocada de estadounidenses e israelíes contra Irán ha desestabilizado gravemente la situación en Oriente Medio ni siquiera llega a describirla, ya que la situación se está desestabilizando ahora a escala mundial y todos los países están evaluando sus perspectivas de desarrollo económico, fuentes de suministro energético, etc. La prolongación del conflicto (que, al parecer, está lejos de haber terminado) tendrá repercusiones sumamente negativas para toda la comunidad internacional, para la situación económica de la mayor parte de la humanidad y para la seguridad mundial.

Todo ello no se está desarrollando en el vacío. La expansión de Occidente, que se remonta a décadas, hacia el continente euroasiático, principalmente hacia las regiones en las que Rusia ha tenido históricamente una fuerte influencia e intereses tradicionales legítimos, constituye otro factor importante de desestabilización global.

Este empuje persistente, que en los últimos años se ha manifestado abiertamente en el lema de infligir una derrota estratégica a Rusia, refleja una estrategia de larga data, de hecho, como ahora resulta, de siglos de antigüedad. En un momento de nuestra historia, tras la creación de la ONU y la OSCE, y tras la desintegración de la Unión Soviética, las perspectivas de coexistencia e incluso de cooperación con Occidente parecían bastante realistas. Todo ello ha pasado ahora a ser cosa del pasado.

Se nos ha declarado abiertamente la guerra. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más. Se está aprovechando abiertamente al régimen de Kiev y al Estado ucraniano como ariete geopolítico. Algunas personas bastante francas, creo que del Estado Mayor belga, declararon públicamente que se estaban preparando para la guerra con Rusia y que Ucrania les estaba ayudando a ganar tiempo. Como se suele decir, no podrían haberlo dejado más claro.

Para justificar su política, Occidente —sobre todo la burocracia internacional de Bruselas (tanto la UE como la OTAN, que cada vez se están fusionando más), así como Berlín, París y, por supuesto, Londres— está intentando demonizar todo lo ruso y habla abiertamente de prepararse para la guerra con nosotros en un futuro previsible. El jefe de Defensa de las Fuerzas Armadas belgas, Frederik Vansina, declaró que aún les quedan varios años por delante y que Ucrania les está ganando tiempo. La misma línea de pensamiento se traslució en una declaración del canciller alemán Friedrich Merz cuando describió el ataque de Israel a Irán y, en general, todo lo que Israel está haciendo como si los israelíes estuvieran haciendo el trabajo sucio por ellos al luchar contra Hamás, Hezbolá y otras organizaciones «terroristas», haciendo caso omiso de la historia de su surgimiento. Esa historia está directamente vinculada a la negativa rotunda a aplicar la decisión de la ONU sobre la creación de un Estado palestino.

A pesar de las difíciles circunstancias, seguiremos aplicando nuestra política exterior y defendiendo nuestros intereses nacionales vitales, creando el entorno externo más favorable para el desarrollo sostenible de nuestro país como Estado soberano multiétnico y reforzando nuestra soberanía en todos los ámbitos. Se trata de una cita casi literal del Concepto de Política Exterior, que fue actualizado y aprobado por el presidente de Rusia en 2023. Sigue vigente y mantiene su vigencia en la actualidad.

Entre nuestras prioridades se encuentra la promoción de asociaciones equitativas y mutuamente beneficiosas con todos aquellos dispuestos a cooperar en pie de igualdad, basadas en los principios universalmente reconocidos de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional en general, y en la búsqueda de un equilibrio justo de intereses con el fin de alcanzar los objetivos de desarrollo interno y fortalecer nuestra soberanía. Un ejemplo contrastante lo ofrecen nuestros colegas estadounidenses, que promueven sus intereses nacionales tal y como ellos los entienden, y los entienden como su dominio, lo que actualmente se refleja en su política de hacerse con el control de casi todo el sector energético mundial. Lo observamos cada día.

La lógica de los estadounidenses en sus relaciones con la mayoría de los países (no he oído a nadie decir esto en el diálogo con nosotros, y espero no hacerlo nunca) es que si no hace lo que yo le digo, le castigaré. En otras palabras, no prometo nada, pero usted debe darme lo que quiero; y si no lo hace, le castigaré. Esto no es un equilibrio de intereses, y desde luego no es una conversación honesta.

Nuestra política de defensa de la justicia y nuestro rechazo rotundo a sustituir el derecho internacional por tal arbitrariedad son bien comprendidos por la mayoría de nuestros socios del Sur Global, que también están interesados en fortalecer su soberanía y en lograr unas relaciones internacionales más equitativas, pero que no siempre pueden decirlo abiertamente debido a que se les ha amenazado con «castigo» si contradicen a sus socios de mayor rango.

Por un lado, esto simplifica la situación. Queda claro quién es quién. Muchos de nuestros analistas políticos señalan que el presidente Trump es franco acerca de sus planes; nunca engaña a nadie. Puede que cambie de opinión con frecuencia y rapidez dependiendo de la situación, pero no disfraza sus planes, bastante duros, con adornos retóricos que desvían el debate.

En esta lucha (las relaciones internacionales son siempre una lucha) por la justicia, por el estatus y la reputación de un país que lleva a cabo sus asuntos con honestidad, tenemos la intención de seguir confiando en nuestras instituciones públicas y organizaciones sin ánimo de lucro. De hecho, ustedes están realizando una contribución considerable y útil a la implementación de la política exterior esbozada por el presidente Putin.

Me gustaría señalar en particular que ustedes representan a una minoría en términos numéricos, en cuanto a representación en la arena internacional en diversas entidades de la ONU, la OSCE y otras, incluso si consideramos únicamente a Occidente y excluimos los movimientos sociales del Sur Global. Podemos debatir esto más tarde hoy. Por supuesto, las organizaciones occidentales y prooccidentales superan ampliamente en número a las aquí representadas y a sus colegas de otros países que comparten enfoques similares.

Pero seguimos creyendo que la fuerza reside en la verdad. Eso ya se ha dicho, y esas palabras nunca cambiarán. Y aquellos que imponen su «verdad» por la fuerza están históricamente destinados al olvido. También valoramos el hecho de que, en sus contactos internacionales en el extranjero y cuando reciben aquí a sus colegas, suelen mantener conversaciones basadas en la confianza con sus socios internacionales. Esto también ayuda, incluso en el caso de los países (nos gustaría dejar de utilizar el término «países hostiles») cuyos gobiernos aplican actualmente políticas hostiles hacia Rusia.

Este diálogo basado en la confianza y el mantenimiento de un ambiente de confidencialidad, destinado a fortalecer el entendimiento mutuo y a desarrollar el diálogo intercivilizacional e intercultural a nivel de las sociedades civiles, resulta sumamente útil. Su importancia va en aumento dadas las circunstancias.

Las realidades geopolíticas actuales son tales que la diplomacia pública se está desarrollando cada vez más tanto en aquellos países de Asia, Oriente Medio, África y América Latina donde ya existía, como en aquellos países donde tradicionalmente no ha desempeñado un papel en la política exterior.

A través de nuestra labor interestatal también se están creando las condiciones que permiten la ampliación de los contactos entre la sociedad civil y las organizaciones sin ánimo de lucro. Me refiero al BRICS, al Foro Rusia-África, que se celebra periódicamente, a la OCS y a la CEI. En todas estas entidades se fomenta el diálogo paralelo de segunda vía entre representantes de la sociedad civil. Haremos todo lo posible por fortalecer el diálogo con su participación, tanto en estas plataformas multilaterales como en otros foros. Los departamentos especializados del Ministerio de Asuntos Exteriores, que supervisan la OCS, el BRICS y el espacio postsoviético, están siempre a su disposición.

Me gustaría destacar especialmente la dimensión africana. En los últimos años, las relaciones con nuestros socios africanos han avanzado a pasos agigantados en todos los ámbitos.

He mencionado anteriormente a sus colegas de los países occidentales. Muchos de ellos no aceptan la rusofobia, simpatizan con Rusia, aman la lengua, la cultura y la literatura rusas, y comparten los valores espirituales y morales que caracterizan a nuestra sociedad multinacional. También he mencionado organizaciones como la ONU y la OSCE, que operan a través de comités y grupos específicos para promover la cooperación con la sociedad civil. Nos complacería que más participantes se unieran a las organizaciones aquí representadas que ya cuentan con dicha experiencia.

La dimensión de la sociedad civil en la agenda del G20 también es digna de mención. Representa la muestra más representativa del mundo actual, donde los países occidentales del G7 y sus aliados —Japón y Corea del Sur (diez países en total)— están representados en igualdad de condiciones junto al segundo Grupo de los Diez, formado por los países BRICS y nuestros socios de diálogo en este formato. Esto abre perspectivas prometedoras para iniciar un diálogo directo entre los representantes de la mayoría mundial y la minoría occidental.

Ucrania es un tema que interesa a todos y es actualmente objeto de una confrontación directa entre nosotros y Europa. Los estadounidenses, por supuesto, están interesados principalmente en promover sus propios intereses, pero son los únicos —ya lo señalé antes— que han reconocido públicamente la existencia de las causas subyacentes de este conflicto. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha argumentado en repetidas ocasiones que Ucrania debería olvidarse de la OTAN, que fue una de las principales causas subyacentes del conflicto, cuando Ucrania fue preparada, a través de una serie de acontecimientos del Maidán, golpes de Estado y elecciones canceladas (en 2004), para que su territorio fuera utilizado para el despliegue de amenazas militares modernas de alta tecnología para la seguridad de nuestro país directamente en nuestras fronteras.

Al mismo tiempo, los estadounidenses afirman que están dispuestos a tener en cuenta la realidad sobre el terreno tal y como se presenta ahora, tras los referéndums. No se me ocurre nadie más que haya manifestado su disposición a reconocer los resultados de los referéndums y las consecuencias territoriales derivadas de ellos. Incluso apoyan la idea de que todo el Donbás —las regiones de Donetsk y Lugansk (ya nadie piensa siquiera en disputar el estatus de Crimea)— deba ser reconocido como parte de la Federación Rusa, tal y como estipula nuestra Constitución.

Occidente se encuentra en plena histeria. Zelensky afirma que no abandonará la región de Donetsk, lo cual forma parte de sus garantías de seguridad. En otras palabras, considera que la guerra forma parte de las garantías de seguridad. Occidente le está diciendo que la prioridad ahora es detener las hostilidades —simplemente congelar la situación tal y como está y proporcionar a Ucrania garantías de seguridad, incluyendo, tal y como sueñan franceses y británicos, el despliegue de algunas fuerzas multinacionales de estabilización. Esto significa una cosa: quieren proporcionar garantías de seguridad al régimen nazi.

Zelensky viajó recientemente a Chipre y se reunió con representantes de la UE para discutir las garantías de su permanencia en el poder y la de su camarilla, al tiempo que se mantiene todo aquello que se ha convertido en otra causa subyacente clave de la situación actual, a saber, la guerra desatada y la erradicación legislativa de todo lo asociado con Rusia: la lengua rusa en la educación, los medios de comunicación y la cultura, y la destrucción de la ortodoxia canónica. Esto también forma parte de la agresión civilizacional de Occidente contra la Federación Rusa, porque planearon y comenzaron a crear amenazas civilizacionales en nuestras fronteras estatales de aquel entonces, en el centro mismo del mundo ruso.

El mismo tipo de agresión civilizacional se manifestó al alentar al régimen de Zelensky a eliminar todo lo ruso y a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. Esto también forma parte de la agresión contra nosotros, contra Rusia como civilización. Así es como Occidente está aprovechando el régimen nazi en Ucrania. Cuando se nos dice que deberíamos resolver de alguna manera la cuestión del Donbás, y que tal vez convenzan a Zelensky para que haga concesiones o, tal vez, Rusia haga concesiones y todo vaya bien. Nada irá bien. Occidente ha declarado abiertamente que estaba desarrollando garantías de seguridad para un régimen que se considera una amenaza a largo plazo para nuestro país y que se utilizará, entre otras cosas, para nuevas aventuras militares. Han declarado que todo esto comenzará en el periodo 2029-2030.

Por eso valoramos el hecho de que Estados Unidos, a pesar de los detalles de sus acciones, esté adoptando una postura de exponer públicamente las causas subyacentes (en una aproximación a su comprensión real) y —lo que es más importante— de tomar medidas concretas: no a la expansión de la OTAN y el cumplimiento de los acuerdos alcanzados durante la cumbre de Alaska. Pronto conmemoraremos el primer aniversario de la reunión de Anchorage. Durante este periodo, los europeos —hay que reconocer su audacia— y Zelensky han hecho mucho por desviar a los estadounidenses del rumbo que habíamos adoptado y por continuar con sus juegos destinados a destruir a un competidor geopolítico.

La lengua rusa no puede ser destruida. Lo observamos también en Ucrania. Cuanto más se prohíbe, más se habla de ella, incluso entre los representantes del régimen de Zelensky durante las reuniones. Se sienten más cómodos hablando ruso que ucraniano, idioma que muchos de ellos comenzaron a estudiar al entrar en la política.

En este contexto, me gustaría destacar la creación de una Organización Internacional para la Lengua Rusa por iniciativa del presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev. El mes pasado celebramos la primera conferencia ministerial de la IORL y esbozamos los planes para la fase inicial de esta nueva y prometedora organización. Contamos con su contribución para organizar eventos conjuntos y desarrollar proyectos comunes.

Al mismo tiempo, al igual que hicimos en años anteriores, colaboraremos con nuestras organizaciones sin ánimo de lucro para intensificar los esfuerzos destinados a contrarrestar la agresión histórica (parte de la agresión civilizacional más amplia contra Rusia), frustrar los intentos de reescribir la historia de la Gran Guerra Patriótica y la Segunda Guerra Mundial, y revisar los resultados internacionalmente reconocidos de nuestra Gran Victoria.

Este año, el 19 de abril, por decreto del presidente de Rusia, se celebró por primera vez el Día de Conmemoración de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético: el genocidio de todos los pueblos de la URSS cometido por los nazis durante la Gran Guerra Patria. Creemos que esta fecha nos proporciona a nosotros y a nuestros amigos de las organizaciones sociales sin ánimo de lucro un impulso adicional para perseguir la justicia de forma constante. También buscaremos, incluso en los foros internacionales, el reconocimiento de los crímenes contra el pueblo soviético de todos los orígenes étnicos como genocidio. A este respecto, es difícil sobreestimar el papel de las organizaciones patrióticas sin ánimo de lucro, que promueven la información objetiva y llevan a cabo proyectos destinados a preservar y perpetuar la memoria tanto en nuestra propia nación como en las naciones de Europa que liberamos.

Me gustaría concluir reiterando nuestro compromiso de continuar la cooperación con las organizaciones sin ánimo de lucro en todos los ámbitos. Hemos apoyado la iniciativa de Rossotrudnichestvo y de la Asociación Rusa para la Cooperación Internacional de establecer el Día de la Diplomacia Popular en Rusia el 5 de abril. Se trata de un acontecimiento trascendental que, sin duda, se convertirá en un nuevo punto de referencia para consolidar nuestros esfuerzos y reforzar la diplomacia pública. Reconocemos el importante papel que ustedes desempeñan en la promoción de los intereses históricos y legítimos de nuestro Estado y en la aplicación de la política exterior esbozada por el presidente de Rusia." 

(Sergey Lavrov, The Ministry of Foreing Affairs of The Russian Federation, 24/04/26, traducción DEEPL)