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28.7.24

La derecha antisistema, contra Felipe VI... La ultraderecha acabará haciendo que hasta la izquierda republicana parezca garante del orden monárquico... que alguien considere —desde las filas de la derecha— que el monarca debía hacer algo para impedir la ley de amnistía es la derivada última de un clima inducido de gravedad y deslegitimación institucionalEl republicanismo ultra es hoy más peligroso para la permanencia de la monarquía que los partidos independentistas o el tándem Sumar-Podemos

 "La ultraderecha acabará haciendo que hasta la izquierda republicana parezca garante del orden monárquico. A algunas voces, como Alvise Pérez y demás afines a su ideología, no les sentó bien que Felipe VI cumpla su función de sancionar la ley de amnistía al procés. La Corona se ha vuelto así incómoda para quienes quizás la sentían suya. Se demuestra que los antisistema no están hoy en esa izquierda que llegó a hablar de “régimen del 78″, sino del lado de la derecha de corte republicano.

Basta observar la evolución de los llamados “enemigos de España”, independentistas y Podemos, para ver que no suponen ya ninguna amenaza al orden constitucional. Los primeros, que venían de montar un referéndum ilegal, hacen hoy llamamientos a que la Justicia española les aplique la amnistía. Los segundos, que impugnaban la Transición, se volvieron establishment con su entrada al Gobierno. En definitiva, hasta los socios de Pedro Sánchez más combativos con el statu quo se han ido dando cuenta de que, frente al auge de las pulsiones reaccionarias, mantener lo que hay supone en estos momentos la mayor salvaguarda de nuestros derechos y libertades. Lo asumió Pablo Iglesias, en relación con la Constitución en 2019. “Con todos sus defectos y con todos sus límites, contiene una serie de artículos que son la mejor vacuna y el mejor cinturón de seguridad para proteger a las mayorías sociales del auge de la extrema derecha”, afirmó; eran los tiempos en que incluso recitaba el texto constitucional.

La Constitución de 1978 se está resignificando, aunque sea por vía pragmática, entre sus hasta ahora detractores dentro del bloque de izquierdas y plurinacional. Y con ella, curiosamente, también lo hace la Corona. En esta turbulenta y presente España de tentaciones reaccionarias entre algunos, el mero hecho de que el monarca cumpla con la neutralidad y el papel que le otorga la Constitución da sentido a la existencia de dicha institución en democracia. Lo contrario, habría incurrido en una acción de parte: oponerse a las decisiones de los poderes emanados del Parlamento y del Ejecutivo de Sánchez.

Sin embargo, que alguien considere —desde las filas de la derecha— que el monarca debía hacer algo para impedir la ley de amnistía es la derivada última de un clima inducido de gravedad y deslegitimación institucional. Alberto Núñez Feijóo lo ha podido notar esta semana: la ultraderecha seguirá viendo como una derrota la renovación del Poder Judicial porque ninguna institución del Estado les acabará pareciendo suficiente si no sirve de moneda de cambio para pagar sus fobias contra la izquierda o la política territorial de Sánchez.

Aunque los climas de opinión en la propia ultraderecha no son todos iguales. De un lado, se aprecian las facciones más antisistema, que esperaban un “gesto” del monarca y se han dedicado a descalificarlo, por ejemplo, en manifestaciones como la de Ferraz. Del otro, están los que saben que el problema no es el Rey, porque este no decide qué firmar: culpan de forma realista al PP y Vox, que no sumaron suficiente en las urnas como para haber impedido una mayoría de la izquierda y sus socios.

A la postre, la derecha republicana es hoy más peligrosa para la permanencia de la monarquía que partidos independentistas como ERC, Junts, Bildu o el tándem Sumar-Podemos. Primero, porque de estos ya se espera que sean antimonárquicos, a diferencia de la derecha patriotera. Segundo, porque las afrentas del independentismo van de capa caída: cuando el Rey visita Barcelona ya no se encuentra la misma afluencia de afines a la ruptura increpándole que en 2017. Por su parte, la “república plurinacional” de Podemos se ha vuelto un constructo populista, folclórico, vendiendo a los ciudadanos que con otra jefatura de Estado se solucionarán sus problemas sociales y económicos, cuando nada tiene que ver lo uno con lo otro. El mismo PSOE se mantiene como pilar de la institución frente a sus socios plurinacionales, tanto en la oposición como en el Gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba contribuyó a que el Grupo Socialista apoyara la transición monárquica entre el rey Juan Carlos I y Felipe VI. Es Sánchez quien estaba en La Moncloa cuando el monarca emérito se marchó de España, pero el presidente nada notificó a Unidas Podemos, en un gesto de discreción institucional. En cambio, la ultraderecha ha podido asistir a la normalización de exabruptos emitidos desde el centroderecha sobre la función de la Corona: Isabel Díaz Ayuso fue la primera en sugerir eso de que cómo iban a involucrar al Rey en la firma de los indultos, usando su amplio altavoz.

Con todo, la izquierda a la izquierda del PSOE acusa el coste electoral de su entrada de lleno al sistema, al no ser una fuerza realista de choque como en 2015. La ultraderecha ha conseguido así parte de su objetivo sistémico último: que el statu quo sea percibido como el mejor escenario por parte de las fuerzas de progreso, tal que conservar se vuelva lo más revolucionario en la actualidad. Aunque de tanto discurso reaccionario, algunos han acabado por romper la baraja, poniendo en jaque hasta la figura misma del monarca Felipe VI. Menuda paradoja: la derecha republicana y antisistema es casi el único cuestionamiento verdadero que recibe la Corona en España hoy. Por pocos que sumen, ya es alarmante que provengan de ese espacio."                    (Estefanía Molina , El País, 28/06/24)

30.1.24

Letizia está triste, y con razón... El chantaje regio y la tensión dinástica que vive ahora mismo la Casa Real la ha elegido como proxy, como objetivo, aireando su privacidad, hurgando en su intimidad y dejando circular rumores y abyectas informaciones sobre su vida y también la de sus hijas y hermanas (ellas, siempre ellas). Estas han sido tan innobles que han despertado la solidaridad de muchas mujeres... De los suyos, ni mu, de momento... sería inocente pensar que los tuits de Jaime del Burgo son una campaña espontánea de este esperpento, o que Peñafiel en su infinita misoginia está actuando solo y enajenado... Ante esto, surgen varias preguntas: ¿Qué posicionamiento debería tener una feminista ante estos ataques? ¿Y el republicanismo de izquierdas? Cuando son la extrema derecha y el sistema Bribón-putero en el exilio los que articulan una vendetta misógina para llevarse por delante a una mujer en su real cruzada, ¿dónde nos colocamos nosotras? (Irene Zugasti)

 "(...) Según Pilar Eyre, que de estas cosas sabe un rato y las explica con mucha retranca, Letizia está triste, y con razón. El chantaje regio y la tensión dinástica que vive ahora mismo la Casa Real la ha elegido como proxy, como objetivo, aireando su privacidad, hurgando en su intimidad y dejando circular rumores y abyectas informaciones sobre su vida y también la de sus hijas y hermanas (ellas, siempre ellas). Estas han sido tan innobles que han despertado la solidaridad de muchas mujeres, curiosamente y como apuntaba la propia Eyre, mujeres que suelen acompañar su sororidad de un “yo no soy monárquica, pero”. De los suyos, ni mu, de momento. 

Yo no sé si la reina está triste o todo esto le importa un carajo, –como le dijo a su compiyogui, “todo lo demás, merde”–, pero sería inocente pensar que los tuits de Jaime del Burgo son una campaña espontánea de este esperpento, o que Peñafiel en su infinita misoginia está actuando solo y enajenado. El primero carga tras de sí una grimosa genealogía –su abuelo, en el requeté, tiene en su haber la mayor matanza de republicanos y republicanas de Navarra, y desde ahí, todo han sido éxitos y buenos cargos en la familia– y el segundo suma a su tradicionalismo monárquico y sus labores de real lacayo un odio genuino contra Letizia en su condición de plebeya que le ha llevado a retratarla con un amargor que raya la envidia y en el que ha vomitado todos los clichés machistas sobre perfidia de las mujeres poderosas. 

Este “emérito rencor” como lo ha definido, magistral, Maruja Torres, sacude ahora mismo Casa Real, y hoy existen de facto, no una sino dos Cortes –el colmo para las republicanas, amigas–: la de Zarzuela, y la de Abu Dabi. De ambas comen muchas, muchas bocas, y casi ninguna lleva corona. El último movimiento ha sido el cese de Jaime Alfonsín, que pasa a consejero privado, y la entrada en la jefatura de la institución de Camilo Vilariño, diplomático, militar reservista, gabinetero del bipartidismo en el noble arte de la política exterior española: Dastis, Laya, Borrell, por si a alguien le quedaban dudas de que en las relaciones exteriores, tanto montan, montan tanto. Todo un full pack del Régimen del 78 con el reto de bregar con la actual crisis como hacen con todo en Casa Real, llámalo discreción y sigilo, llámalo opacidad, ocultamiento, cloaca. 

Ante esto, surgen varias preguntas: ¿Qué posicionamiento debería tener una feminista ante estos ataques? ¿Y el republicanismo de izquierdas? Cuando son la extrema derecha y el sistema Bribón-putero en el exilio los que articulan una vendetta misógina para llevarse por delante a una mujer en su real cruzada, ¿dónde nos colocamos nosotras? (...)"       (Irene Zugasti , CTXT,  22/01/24)

23.1.24

Objetivo: domar al Rey... los que mandan quieren más poder y están dispuesto a conseguirlo cueste lo que cueste... Las derechas, aquí y en todas partes, quieren más poder, mayor libertad para sus negocios y, sobre todo, usar a fondo el Estado para cambiar a la sociedad y fortalecer su poder de clase. Es el modelo Madrid... Lo que hay detrás, a mi juicio, de esta ofensiva mediática en las redes es erosionar al Rey para embridarlo, domarlo, debilitarlo para que juegue un papel central en la restauración y el cambio de régimen en país (Manolo Monereo)

 "Estas cosas siempre me interesaron poco; más bien, nada. Las cuitas amatorias de los Borbones son hereditarias, como la Corona. Esta vez es distinto. Llevamos meses viviendo en dos mundos enfrentados y paralelos. El primero, el oficial: entronización de la heredera, cantos, loas y alabanzas mil a la monarquía y a los ejemplares reyes. Nos hemos enterado de todo lo que hace la princesa Leonor hasta el mínimo detalle y, faltaba más, de sus posibles pretendientes. La prensa oficiosa del corazón nos llenó de titulares rimbombantes. La clase política y la prensa seria acompañó con entusiasmo la operación. Estabilidad, continuidad e institución reforzada.

Había, sin embargo, otro mundo que tomaba las redes, que hablaba de escándalos amorosos que tenían como referente principal a la reina Leticia, a la plebeya esposa del Rey Felipe VI. Ana Pardo de Vera nos avisó de un libro que iba a salir pronto de Jaime Peñafiel donde se daban datos de diversas y recurrentes infidelidades de la reina. Aparecía un personaje singular: Jaime Ignacio del Burgo como actor y delator de unas actividades que dejarían a Don Juan atónito y apesadumbrado, un español de bien nunca hablaría en público de su amante y menos si esta está casada. Todo es decadencia y deshonor.

Sigamos. Estos dos mundos entraron en conflicto. Uno siguió con su estrategia como si nada pasara; eso sí, los grandes medios (los serios y los del corazón) hicieron todo lo posible por ocultar lo que se movía en las redes y apoyar a una monarquía acosada y acusada. El otro, el paralelo, a lo suyo. Hablando cada vez más alto y fuerte de las infidelidades y dando supuestas informaciones que tenían siempre a Don Jaime como delator e intérprete principal. Como diría el castizo: los Borbones son así y hay que asumirlos tal como son. El Rey emérito nos ha dado lecciones muy precisas de un estilo de ejercer la jefatura del Estado y, sobre todo, de la infinita capacidad de los medios y de la clase política para camuflarlo y marginar a los que se atrevieron a cuestionarlo.

Hay muchas hipótesis. Un rey destronado, apartado vergonzosamente del país dispuesto a saldar cuentas con una nuera ingrata y usurpadora; un periodista palaciego despechado; un amante vengativo con afanes de notoriedad. Todo parece posible; sin embargo, creo que hay algo más que tiene que ver con la coyuntura política, más precisamente con la crisis de Régimen presente, con mayor o menor fuerza, desde la crisis del año 9 de este siglo. Lo que ha cambiado, adelanto, es que esta, la crisis política, tenía como causa y efecto un impulso plebeyo, democrático y que ahora está claramente marcada por la revuelta de las elites; los que mandan quieren más poder y están dispuesto a conseguirlo cueste lo que cueste.

El papel del Rey es muy importante para una estrategia restauradora. En el imaginario reconstruido por las derechas unificadas Dios, Patria, Rey se ha ido organizando en torno a una versión singular de la Constitución del 78 consistente en apropiarse de ella y, a la vez, desnaturalizarla. No están de acuerdo con elementos sustanciales de la misma, pero la defienden con fiereza para convertirla en un símbolo cada vez más desconectado de una realidad que debería ordenar y dirigir; mientras, se va consolidando una «constitución material» a la medida de los poderes reales y de su (creciente) influencia en los aparatos e instituciones del Estado.

Se trata, en definitiva, de fortalecer y de privilegiar el núcleo duro del texto constitucional, a saber, el «principio monárquico». No es solo teoría. Esto se hizo visible en el discurso del Rey del 3 de octubre del 2017. Ahí terminó algo y empezó otra cosa. Terminó el ciclo de la renovación democrática y comenzó el proceso de restauración aún inacabado. Felipe VI llamó a las fuerzas vivas, a los que tienen los resortes del poder, a los sujetos básicos y fue escuchado; fue entendido y seguido; más allá y más acá del Gobierno de Rajoy, más allá de las derechas existentes y comprendido por una parte significativa del PSOE. La autonomización y el activismo de los aparatos e instituciones del Estado se hizo muy visible. La batalla sigue abierta hasta hoy.

Ahora las derechas están a la ofensiva. Digirieron mal la derrota electoral y se preparan para una guerra de desgate. El gobierno tiene demasiados frentes abiertos, no gestiona bien los conflictos y sigue sin un proyecto de país visible, capaz de ser compartido y de suscitar compromiso. Lo suyo es seguir, mantenerse, haciendo del miedo a la derecha el eje de la cohesión de su gobierno y de instrumento de vertebración de su contradictoria mayoría. Sánchez sigue el consejo de Andreotti: lo que desgasta es la oposición.

Las derechas, aquí y en todas partes, quieren más poder, mayor libertad para sus negocios y, sobre todo, usar a fondo el Estado para cambiar a la sociedad y fortalecer su poder de clase. Es el modelo Madrid. El miedo cambia de bando y está donde siempre, en las clases subalternas, a las que hay que acostumbrarlas a venderse en las condiciones fijadas por el capital y poner fin de una vez por todas a la cultura de los derechos sindicales y sociales; para eso hace falta una derrota política, cultural estratégica. La condición previa: liquidar el poder social y sindical de las clases trabajadoras, romper los vínculos con los territorios, dividir y diluir lo que queda de la autonomía política de los sectores obreros más conscientes.

Lo que hay detrás, a mi juicio, de esta ofensiva mediática en las redes es erosionar al Rey para embridarlo, domarlo, debilitarlo para que juegue un papel central en la restauración y el cambio de régimen en país. Convertirlo es custodio y defensor de la Constitución, en su intérprete supremo. La transición: una democracia militante que limite el pluralismo político y que excluya a los extremos de la vida pública. No hay que engañarse demasiado, el verdadero objetivo es el de siempre: poner fin al siglo de la revolución, desintegrar a los trabajadores como sujeto político y norteamericanizar la vida pública. Todo está ya muy avanzado. Georgia Meloni representa como nadie esta Europa subordinada y sin proyecto."             (Manolo Monereo , El Viejo Topo, 23/01/24)

13.12.23

Editorial de CTXT: ¿Chantaje a la Casa Real? Que Jaime del Burgo haya elegido el momento de la investidura de Pedro Sánchez para contar que mantuvo una relación adúltera con la reina no es casual. Los mensajes en X iban dirigidos a la Casa Real y al presidente Sánchez y, en uno de ellos, explicaba que su motivación para actuar de este modo era su disgusto por la formación de un Gobierno con apoyo de Bildu, que Del Burgo asimila a ETA sin más. A su juicio, resulta intolerable que Felipe VI haya consentido la formación de un Gobierno de esta naturaleza... Se mezcla, pues, un posible intento de chantaje o desestabilización de la monarquía y del gobierno desde la extrema derecha, con la difusión de supuestas historias privadas o de bulos que afectan a la imagen y la reputación de la reina y la familia real... Claramente, ha intentado chantajear, o al menos coaccionar, a la monarquía y debilitar al nuevo Gobierno. Y esto no es un asunto privado, sino un problema político. Por un lado, confirma el desprecio de la extrema derecha por las instituciones y por la Constitución. Por otro, coloca al jefe del Estado en una situación de riesgo y vulnerabilidad, puesto que no es descartable que el excuñado de la reina tuviera acceso a informaciones, diálogos o imágenes que puedan poner en peores aprietos a la institución. Por eso no resulta convincente que los medios miren hacia otro lado, ni tiene sentido alegar que se trata de un simple bulo o de un asunto estrictamente privado... no se trata de confirmar o desmentir la presunta relación adúltera de la reina, sino para saber si la jefatura del Estado ha corrido o corre todavía riesgo de ser chantajeada... No importa nada saber si Del Burgo ha sido un “entrañable amigo” o un amante de Letizia. La reina tiene derecho a que nadie airee su intimidad en público: sea verdad o mentira, es un delito. Ella es el eslabón más débil, como mujer, y por eso Peñafiel y Del Burgo la atacan a ella... Desde CTXT creemos que la Casa Real debe aclarar este aparente intento de chantajear, desestabilizar o coaccionar al jefe del Estado y a otras instituciones

 "Media España anda comentando en redes sociales y conversaciones privadas los mensajes que ha puesto (y luego borrado) Jaime del Burgo en la red social X, dando detalles e imágenes de la supuesta relación amorosa que mantuvo con Letizia Ortiz antes y después de que esta se casara con el actual rey de España, Felipe VI. El asunto puede parecer mero chismorreo y sospechamos que ese es el pretexto que están utilizando la mayoría de medios españoles para no mencionarlo, a pesar de que ha recibido amplia cobertura en otros países. ¿Debe CTXT seguir al resto de medios y pasar por alto la historia sobre las supuestas infidelidades de la reina con el que fue concuñado del rey? ¿Realmente callan los demás porque consideran que el tema no tiene relevancia, o hay otros motivos para no darse por enterados? (...)

Todo en este asunto resulta turbio. Quien lanza la noticia sobre la relación es el periodista Jaime Peñafiel, cuyo desprecio por Letizia Ortiz es bien conocido. El cortesano octogenario afirma en su nuevo libro, Letizia y yo, que Jaime del Burgo fue novio de Ortiz entre 2002 y 2004; que, después de que esta se casara con Felipe VI ambos fueron “amigos y confidentes”, y que, entre 2012 y 2016, después de que la reina presentara a su exnovio a su hermana Telma, fueron cuñados y, según añade luego el propio Del Burgo, también amantes.

 Jaime del Burgo es hijo de Jaime Ignacio del Burgo, un conocido político navarro, que fue presidente de la Comunidad foral, y dirigente primero de la Unión de Centro Democrático y más tarde del Partido Popular. Que haya elegido el momento de la investidura de Pedro Sánchez para contar que mantuvo una relación adúltera con la reina no es casual. Los mensajes en X iban dirigidos a la Casa Real y al presidente Sánchez y, en uno de ellos, explicaba que su motivación para actuar de este modo era su disgusto por la formación de un Gobierno con apoyo de Bildu, que Del Burgo asimila a ETA sin más. A su juicio, resulta intolerable que Felipe VI haya consentido la formación de un Gobierno de esta naturaleza. 

El silencio atronador que la prensa española mantuvo sobre las andanzas sexuales, económicas y fiscales del anterior rey fue una página de vergüenza para los medios y la democracia española. El jefe del Estado fue chantajeable durante muchos años, y de hecho hoy sabemos que fue chantajeado por Bárbara Rey y demandado ante los tribunales por Corinna Larsen, y que los servicios secretos movieron agentes, fondos reservados e influencias para proteger al exmonarca. (...)

 Los medios que callaron entonces tienen ahora el deber y el derecho de inquirir a la Casa Real sobre los tuits de Del Burgo. 

 No para confirmar o desmentir la presunta relación adúltera de la reina, sino para saber si la jefatura del Estado ha corrido o corre todavía riesgo de ser chantajeada. (...)

No importa nada saber si Del Burgo ha sido un “entrañable amigo” o un amante de Letizia. La reina tiene derecho a que nadie airee su intimidad en público: sea verdad o mentira, es un delito. Ella es el eslabón más débil, como mujer, y por eso Peñafiel y Del Burgo la atacan a ella. Sorprende por cierto que la Fiscalía no actúe contra quienes intentan vejar o difamar a la reina y a su familia desde la extrema derecha, mientras se aplica toda la fuerza de la ley contra un rapero o una revista satírica por contar hechos irrefutables. 

(...) una democracia saludable debe ser capaz de debatir en público sobre las debilidades y los riesgos que supone mantener lejos del escrutinio público a la jefatura del Estado."                  (Editorial de CTXT, 10/12/23)

31.5.22

Recordando al emérito: Daniel Bernabé lo retrata perfectamente, o sea... Juan Carlos, y el difícil arte de ser un sinvergüenza a lo Julio Iglesias... la monarquía es una ficción conveniente cuya última naturaleza es aportar estabilidad. Cuando deja de hacerlo esa confianza se difumina y el rey cae... Le pasó a Juan Carlos I, cuando se le fue de las manos su equilibrio entre el truhán y el señor. Bien, pero ¿qué pensará el truhán-señor de nosotros? Dirá, que sí, que estoy fuera de control, pero, ¿y los demás? Y el primo de Almeida, y el hermano de Ayuso, y los miles y miles de comisionistas... y qué de Pujol, ¡Pujol! El que quiso instaurar un caciquismo hereditario y a quien siguen llamando 'honorable'... a ellos nadie los insulta, ¿por qué a mí sí? ¿Y el oligarca que os llamó 'todos tontos'? Es evidente la desproporción de la respuesta ante el escándalo de un viejo verde senil y comisionista, pero ya sin poder... y el silencio ante los comisionistas con poder, con mucho poder, como un tal eme punto Rajoy, el de los sobres

 "El último comunicado de Casa Real pone de relieve que una de las facetas más creativas en la comunicación política es la adecuación de un mensaje para transformar sucesos negativos en favorables. Dicho sin tantos rodeos: utilizar el “cariño, no es lo que parece” cuando te pillan con los pantalones por los tobillos. 

Dependiendo del tamaño del estropicio y de la capacidad para encontrar eufemismos, fabular y directamente mentir, estas maniobras pueden resultar exitosas y conseguir que el protagonista salga indemne o fracasar y acabar por rematarle, sobre todo si se percibe que el escaqueo es monumental. Al sinvergüenza le interesa, por lo general, no parecer un sinvergüenza, salvo que precisamente su fama dependa de ello. (...)

Hace unas semanas apareció Hey! Julio Iglesias y la conquista de América, un profuso pero entretenido ensayo escrito por el músico Hans Laguna que profundiza en la etapa más decisiva y apasionante del divo madrileño de la canción ligera. (...)

De cómo Julio acabó convirtiéndose para el norteamericano medio en aquel hombre al que ellos aspiraban a parecerse y ellas querían tener al lado, aunque fuera por una noche. Más allá, cómo la persona detrás del icono manejaba la percepción que se tenía de él y cómo era consciente de que no siendo más atractivo que el camarero que les servía —la declaración se la hizo a su manager en un restaurante—, pagar el rolls royce dependía de que todo el mundo pensara que sí lo era.

Hey! se disfruta aún no interesándote en absoluto ni la figura de Julio Iglesias ni su música, entre otras cosas porque es fácil encontrar otros simpáticos sinvergüenzas que han utilizado métodos similares para construir en torno a ellos un aura similar. ¿En quién estamos pensando? Pues ni más ni menos que en el señor que estos días se ha dado una vuelta por Galicia, ha asistido a las regatas y ha soltado desde un coche el ya antológico “explicaciones, ¿de qué?” seguido de una carcajada más propia de un estafador que de todo un rey emérito. Lo que Juan Carlos Borbón parece no entender, más allá de la troupe que le rodea, es que la España de 2022 no es la Miami de los años ochenta. 

 Si el anterior Rey tuvo una virtud fue la de representar para los españoles a un personaje ambivalente pero querido. Por un lado, el Juan Carlos ochentero contó con el crédito de haber detenido el Golpe de Estado (...)

Este golpe asentó a Juan Carlos en el trono, pero lo que le mantuvo con altos índices de popularidad hasta casi el final de su reinado fue su papel de alejamiento de la política partidaria, dotándolo de un aura de hombre cercano al pueblo pero alejado del poder, la ya épica y hoy ridícula campechanía.

La leyenda reza que en España hubo un momento en que todo el mundo era juancarlista. Los ciudadanos de derechas eran monárquicos por naturaleza mientras que los progresistas se sentían atraídos por la imagen de modernidad y desenfado que aquel monarca descamisado ofrecía: igual te inauguraba unas olimpiadas que le tiraba fichas a Lady Di en Marivent.

 Intuimos que alguna mente despierta aprovechó el espíritu de aquellos años para construir la imagen del rey con herramientas muy parecidas a las que Julio Iglesias utilizó para su triunfo americano. Cada rumor en torno a las amantes y correrías reales no hacía mella en su popularidad, sino que la engrandecía. Si no me creen echen un ojo a la publicidad de fragancias masculinas de aquellos años y lo entenderán.

Sin embargo, lo que en un momento es virtud en otro se torna rémora y descrédito.(...)

 El resto de las generaciones precedentes fuimos esas que, mientras intentábamos sacar la cabeza del agua entre dos duras crisis, pasamos del “Lo siento mucho, me he equivocado, esto no volverá a ocurrir” a la renuncia a la herencia de marzo de 2020. Es decir, que lo que para nuestros padres fue un desengaño, para nosotros fue, directamente, una burla en unos años extremadamente difíciles. La ofensiva reaccionaria que soportamos parece querer cobrarse venganza por esta última década, decidiendo que la mejor manera de ayudar a Felipe VI es instrumentalizarlo, algo que tampoco parece haber disgustado al actual jefe del Estado.

 De esta manera su majestad no cuenta con la mayor virtud de su padre, la de poder interpretar a una figura cercana a la sensibilidad progresista del país, habiéndose convertido en un protagonista de parte, algo sumamente peligroso para una monarquía. (...)

A Felipe VI, que una vez sonrió mientras Almodóvar le cantaba el cumpleaños feliz, Vox y el PP le han hecho un traje gritando su nombre enardecidos desde la tribuna del Congreso.

Un rey no lleva corona por la gracia de Dios, por la sangre real, por ninguna constitución, ni mucho menos por la voluntad popular. Un rey lleva la corona porque es funcional a las necesidades de determinados poderes, los señores feudales otrora, los que manejan la economía hoy. Les vale como arbitrio, como representación e incluso como parapeto. Una ficción conveniente cuya última naturaleza es aportar estabilidad. Cuando deja de hacerlo esa confianza se difumina y el rey cae.

 Le pasó a Alfonso XIII, cuando su cercanía con la dictadura de Primo de Rivera le incapacitó para sobrevivir al cambio de régimen. Le pasó a Juan Carlos I, cuando se le fue de las manos su equilibrio entre el truhán y el señor. Le puede pasar a Felipe VI, por razones más parecidas a las de su bisabuelo que a las de su padre. Mientras, los que no tenemos trono, linaje, ni corona, seguiremos cantando aquello de La vida sigue igual."                 (Daniel Bernabé , InfoLibre, 24 de mayo de 2022)

27.12.21

Por primera vez, la derecha-derecha repudia al monarca... Vox Populi: "El discurso más sanchista de Felipe VI... pidió veladamente al PP consenso, defendió la pujanza de la recuperación económica y acabó reclamando una economía "digital, verde y más inclusiva"... el espíritu de Su Sanchidad ha impregnado permanentemente el texto del Monarca... Felipe VI se mimetiza con la retórica de Sánchez por Navidad"... Supongo que después de los insultos a los sanitarios de Ayuso, la Monarquía huye como de la peste, de verse asociada a la imagen cruel ayusina-pepera, y busca envolverse en la bandera del estado del bienestar... la derecha pierde dos símbolos en poco tiempo: el Papa (arrebatado por Yolanda Diaz), y la monarquía (espantada por Ayuso). Así que a la izquierda sólo le resta recuperar la bandera para todos... cousas veredes

 "Sintonía entre La Moncloa y La Zarzuela. Felipe VI se mimetizó con los mensajes del presidente Pedro Sánchez en su discurso de esta Nochebuena del 2021. 

El Rey expresó su "satisfacción" con el proceso de vacunación en España y reclamó a las instituciones y la clase política en general "entendimiento", "colaboración" y "consenso" para garantizar "una mayor estabilidad". El posible regreso a España de su padre Juan Carlos I no ha aparecido ni por alusiones.

 Felipe VI hizo suyos los principales ejes de la acción de Gobierno. Al menos, los del PSOE. Porque se puede entender como una diferencia sustancial con el socio minoritario de la coalición, Unidas Podemos, su defensa a ultranza de la Constitución. (...)

La parte central de su intervención se centró en la economía. Felipe VI no se movió un ápice de la línea que marca el Gobierno. El Rey puso en valor que la "economía ha vuelto a crecer y a recuperar la gran mayoría de puestos de trabajo que se habían visto temporalmente suspendidos".

Y como única concesión a esos organismos nacionales e internacionales que uno tras otro cuestionan la robustez de la recuperación española, reconoció que "existe preocupación en muchos hogares por la subida de los precios, el coste de la energía por las dificultades para encontrar un empleo estable, especialmente para los jóvenes". (...)

El Rey cerró el discurso del 2021, de algo menos de doce minutos y medio, poniendo en valor la Constitución frente a los que la cuestionan. Y, de nuevo, recordando el trabajo de los sanitarios en estos tiempos de pandemia. Como es habitual ya bajo su reinado, deseó una Feliz Navidad en las lenguas cooficiales del Estado."              (Jorge Sáinz, Vox Populi, 24/12/21)


"El discurso más sanchista de Felipe VI. El Rey, que silenció cualquier referencia a la situación de su padre, pidió veladamente al PP consenso, defendió la pujanza de la recuperación económica y acabó reclamando una economía "digital, verde y más inclusiva".

 El Rey Felipe VI ha pronunciado esta Nochebuena su discurso más sanchista. A lo largo de 12 minutos y 28 segundos y 1.544 palabras, el espíritu de Su Sanchidad ha impregnado permanentemente el texto del Monarca que, además de no dedicar -ni directa ni veladamente- una sola frase a la situación de su padre en Abu Dabi, ha acabado por desglosar el mantra que repite el presidente del Gobierno todo este año.

 A saber: vacunación frente a la Covid; fuerte recuperación económica de España pese a los recortes permanentes de las previsiones de todos los organismos públicos y privados, internacionales y nacionales, y , finalmente, confianza plena en el maná de los fondos europeos para conseguir una economía "más digital, más verde y más inclusiva".

 Que el discurso de Nochebuena del Rey es supervisado por el Ejecutivo es algo sabido. Pero este año ha sido el primero en el que sus palabras podrían ser suscritas, de inicio a fin, por el inquilino de Moncloa en una de sus jaculatorias televisadas disfrazadas de comparecencia institucional sin preguntas.

Tras el mensaje inicial a los habitantes de La Palma por la tragedia del volcán -lo de la llegada y el importe de las ayudas daría para mucho-, el Rey Felipe ha pasado a la pandemia y a defender "el proceso de vacunación en nuestro país del que podemos sentirnos especialmente satisfechos".

Probablemente, muchos de los que le escuchaban, cenando en soledad porque han sido obligados a confinarse por el estallido de contagios, no compartan esa complacencia ante la nefasta gestión de esta sexta ola a la que se ha llegado con 17 ordenamientos diferentes -no existe la ley de Pandemias que prometió el Gobierno hace más de un año- y con una única medida estrella que rechazan los expertos: la vuelta a la obligatoriedad de la mascarilla en exteriores.

 A la crisis económica, el Rey le ha dedicado un párrafo. Uno solo. Y en él, Sánchez ha vuelto a ejercer de ventrílocuo. "Nuestra economía ha vuelto a crecer y a recuperar la gran mayoría de los puestos de trabajo que se habían visto temporalmente suspendidos; y la cifra de ocupados evoluciona a un ritmo realmente positivo". Ni Yolanda Díaz lo hubiera dicho mejor...

A las consecuencias de esa crisis, Don Felipe le ha dedicado cuatro líneas, donde entran "la preocupación en muchos hogares por la subida de los precios" y las cinco palabras -contadas- con las que en el discurso se ha ventilado "el coste de la energía" que esta Nochebuena volvía a superar los 300 euros el megavatio...

Tras pasar de puntillas por la crisis, Don Felipe ha navegado entre "valores", "igualdad", "transformación" hasta llegar a la política y mandar un mensaje de la importancia del "entendimiento y la colaboración" y de que "las diferencias de opinión no deben impedir consensos que garanticen una mayor estabilidad" y que, no sé a ustedes, pero recuerda mucho la apelación constante al principal partido de la oposición a Sánchez a que pacte de una vez la reforma del CGPJ...

Don Felipe, en la parte más borbónicamente reconocible de su discurso, ha defendido la Constitución con la que "nos integramos plenamente en las modernas democracias occidentales y cuyo espíritu nos convoca a la unidad frente a la división, al diálogo y no al enfrentamiento, al respeto frente al rencor, al espíritu integrador frente a la exclusión". Esperemos que esto no moleste a los rufianes y echeniques de turno...

 Por si acaso, ha terminado su intervención con otro de los pilares básicos del ideario sanchista: el maná de los fondos UE como remedio a todos los males de España y convertir nuestra economía "cada vez más verde, más digital y más inclusiva". Unos fondos UE cuya llegada a las empresas no acaba de producirse.

En definitiva, cinco palabras para el tarifazo, cuatro líneas para la crisis económica, ni una sola sobre su padre. A cambio, confianza total en la recuperación económica pese a lo que digan las previsiones, orgullo por la recuperación del empleo y presumir de la vacunación para afrontar una pandemia que ha dejado en casa, solos, a muchos españoles viendo el discurso más sanchista de Felipe VI. Hubo otros mejores, como el del 3-O. Pero eran otros tiempos..."                    (Alberto Pérez Giménez, Vox Populi, 24/12/21)

13.10.21

Despúes de todo lo del emérito... ¿de verdad, este empate es la bandera en que se quiere envolver la izquierda? ¿De verdad cree que esta discusión le interesa a los electores? Más gasolina para Vox: 'Un 39,4% de los españoles votaría por la república en un referéndum frente a un 31% que apoyaría la monarquía. Los indecisos podrían decantar la balanza hacia uno u otro lado'... en fin...

 "Han pasado más de seis años desde que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) introdujo en sus estudios la última valoración ciudadana sobre la monarquía. En octubre del pasado año, la Plataforma de Medios Independientes (PMI) encargó al Instituto 40dB una encuesta para conocer el estado de la cuestión, en un momento en el que la institución monárquica pasaba por momentos convulsos. 

Hoy, esa situación continúa, y por eso se ha realizado una segunda entrega de la denominada Encuesta sobre la Monarquía, un estudio financiado gracias a las aportaciones de 1.965 mecenas.

La imagen es muy parecida a la de hace un año, y recoge que la institución continúa en fase de erosión y que el consenso sobre el que se sostiene la monarquía en la teoría contrasta con la enorme división que existe entre la ciudadanía acerca de esta cuestión.

Este estudio recoge que, si se celebrase un referéndum sobre la forma de Estado, la opción de la república sería mayoritaria a la de la monarquía en un contexto donde los indecisos podrían decantar la balanza hacia uno u otro lado. En concreto, un 39,4% de los encuestados apoyarían la opción republicana frente a un 31% que respaldarían a la monarquía.

Casi un 30% de los ciudadanos que han participado en el estudio se sitúa entre los "no alineados", es decir, aquellas personas que no saben qué votarían, que no irían a votar o que votarían en blanco. 

También se pregunta en la encuesta sobre la necesidad de celebrar un referéndum para elegir la forma de Estado. Baja la cifra de encuestados que creen que sería necesario celebrar un referéndum entre monarquía o república, aunque sigue siendo mayoritaria. En 2020, en la primera encuesta de la PMI, hasta un 47,8% apostaban por la celebración de una consulta sobre la forma de Estado; en la encuesta de este año esta cifra se sitúa en el 43,8%.

El porcentaje de encuestados que defienden que no es necesario celebrar un referéndum se mantiene intacto respecto al pasado año, con un 36,1%. Los indecisos han crecido 4 puntos (que coinciden con los que pierde la opción favorable al referéndum) pasando del 16,1% en la anterior encuesta al 20,1% en este estudio.

Más allá de un eventual referéndum, el informe recoge la percepción de la ciudadanía sobre la institución monárquica y su confianza en la misma. La Corona suspende en este aspecto y el nivel de confianza ciudadano se sitúa en un 4,1 sobre 10, por detrás de las Fuerzas Armadas (6), del Poder Judicial (4,8) y de los medios de comunicación (4,5), aunque sigue siendo más "confiable" que instituciones como el Parlamento, los sindicatos o la Iglesia Católica. (...)"              (Alexis Romero, Público, 12/10/21)

22.6.21

Daniel Bernabé: ¿Qué pretende el sector trumpista de la derecha española al dejar al Rey en una posición problemática? Todo se remonta a la amargura de Aznar del 2004. El mal gesto de Ayuso con Felipe VI no es una excepción, sino un capítulo más en una larga cadena de desencuentros de la monarquía con el PP de Aznar... Llegado el caso de una victoria electoral exigirán que el Rey acepte una involución democrática que impida la vuelta de la izquierda... y si no acepta, pues... Ayuso, presidenta de la I República Nacional Española

 "Lejos parecen los tiempos en los que un presidente autonómico madrileño se dedicaba simplemente a gobernar su comunidad, bien sin aspiraciones monclovitas, bien sin dedicarse a esos chanchullos que te conducen a salir esposado de la urbanización residencial acompañado de la Guardia Civil.

 Isabel Díaz Ayuso, que de momento pertenece al primer grupo, no ha nombrado vicepresidente en su nuevo gabinete, algo que le haría falta asumiendo que su labor, en los dos próximos años, va a consistir en preparar su asalto a la política nacional. En su toma de posesión, este pasado sábado, la presidenta madrileña sentenció que "Madrid, España y monarquía son inseparables" pretendiendo cerrar así la polémica respecto a sus palabras tras la manifestación de Colón donde acusó al Gobierno central de hacer cómplice al Rey de los indultos.

A pesar de que Pablo Casado, ese señor que sonríe con los ojos tristes, tuvo que salir escopetado a corregirla al día siguiente, "no hay más cómplices que ellos [el Gobierno]", asegurando que Felipe VI cumplía su papel "de forma impecable", Ayuso no sólo no frenó en sus intenciones, sino que se ratificó realizando unas nuevas declaraciones el martes donde aseguró que Sánchez había tendido "una trampa" al Rey: 

"Me sigue pareciendo el mismo sonrojo, bochorno y humillación que el Rey de España tenga que firmarlo, luego no he rectificado absolutamente nada, he utilizado otras palabras [..] Casado piensa lo mismo que yo. Pensamos exactamente lo mismo. Y pensamos que es una humillación y una vergüenza que el Gobierno y los independentistas se ríen de todos los españoles".

Ayuso, ella misma, su equipo, la rama trumpista en la derecha española que representa, nunca hablan en balde. 

(...) la insistencia de la propia Ayuso en no desdecirse lo que nos indica es que detrás de las palabras más que un patinazo lo que había era una intención. ¿Pero cuál?

La primera y más obvia era atacar al Gobierno acusándolo de querer dañar a Felipe VI, (...)

La segunda intención de estas declaraciones, especialmente tras su ratificación, era dañar a Casado (...)

Pero hay una tercera lectura, opacada, paralela y compatible con las otras dos: Ayuso quería poner al Rey en una posición incómoda. (...)

La insistencia de Ayuso pudo deberse a un intento desacomplejado por sacar rédito del conflicto con los indultos o, paralelamente, a algo similar a lo sucedido en 2005: dejar al Rey marcado delante de una derecha social cada vez más echada al monte. (...)

¿Se nos ha vuelto Ayuso republicana de repente?¿Qué pretende el sector trumpista de la derecha española al dejar al Rey en una posición problemática?

 (...) Diez años después de la promulgación constitucional nadie tenía tiempo ni ganas de cuestionar al Rey, al igual que  el Rey carecía del más mínimo interés por inmiscuirse en la vida política del país.

Sin embargo, un muy minoritario sector de la población, en aquel entonces silencioso y durmiente, pero con sus privilegios a salvo, seguía considerando al Rey un traidor. Sus cachorros aún siguieron cantando un tiempo aquello de "Juan Carlos, Sofía, la horca está vacía". Se trataba de la ultraderecha, que mientras ganaba dinero a espuertas esperaba su oportunidad. (...)

La derecha, para llegar a la Moncloa tuvo que deshacerse de su ADN franquista para que el país les tuviera en cuenta. Con la ocasión de las generales de 1993, Aznar giró el timón hacia una latitud que dejó a muchos sorprendidos, reivindicando su "vocación profundamente azañista", en referencia al presidente de la II República. (...)

Doce de marzo de 2000, José María Aznar sale al balcón de Génova a celebrar la que por fin es una victoria inapelable en unas elecciones generales. Su mayoría absoluta es recibida por sus simpatizantes con gritos de "torero, torero" y cánticos de "que viva España". (...)

Con la llegada del nuevo siglo, Aznar se encuentra con una realidad que no comprende. A pesar de su mayoría absoluta, la calle, a cada una de sus medidas, contesta de manera contundente. Primero la nueva ley universitaria, después la huelga general de 2002, seguido por un oscuro 2003 donde, a parte del Prestige, Aznar se embarca en su aventura imperial en Irak a cambio de poner las piernas sobre una mesa junto a Bush. Cuanto mayor es la respuesta en la calle más se crece el presidente, que empieza a mostrar ya unos signos claros de endiosamiento cuando juega durante meses con la prensa al ratón y el gato en lo que será la designación de su sucesor.

Es aquí cuando las mentes de la derecha se dan cuenta de que, por mucha victoria electoral que consigan, si el sentido común del país sigue siendo progresista, no habrá manera de introducir los cambios que se desean en la siguiente legislatura: FAES meets Gramsci.(...)

 ¿Y el Rey? Mientras que con Felipe González ha mantenido unas excelentes relaciones, en lo político y lo personal, con Aznar es público y notorio que la relación es manifiestamente mejorable. (...)

La boda de Ana Aznar, la hija del presidente, celebrada en septiembre de 2002, se recuerda hoy por la asistencia de la cúpula de la Gürtel, pero en su momento despertó también las suspicacias de la Casa Real. En primer lugar porque el lugar de celebración, el monasterio del Escorial, es donde se encuentra la Cripta Real, donde reposan los restos de decenas de Austrias y Borbones. La boda, a la que asistieron Juan Carlos y Sofía, se trataba de un acto privado, pero tomó una extraña relevancia pública que hacía muy difícil no compararla con las de las Infantas. Más de 1100 invitados y una retransmisión líder de audiencia en Telecinco. No fueron pocos los que sacaron la conclusión de que los Aznar querían, con aquella demostración de fuerza, postularse como la primera familia del país.

Todo, sin embargo, se tuerce con la victoria de Zapatero en 2004, tras la procaz y desastrosa gestión informativa del Gobierno popular en los atentados del 11M. Este es el punto de quiebra donde Aznar pasa de la vanidad a la amargura, donde la derecha en España apuesta por las teorías de la conspiración para explicar su derrota.

 Es el momento donde se deja libre a una ultraderecha marginal hasta aquel entonces, que volverá a reencontrarse en la calle espoleada por el TDT Party y los radio-predicadores. Una década donde Mariano Rajoy es acosado por Esperanza Aguirre y Federico Jiménez Losantos, que la emprende incluso contra el Rey, a quien considera proclive a los socialistas, pidiendo la abdicación en su hijo Felipe.

En octubre de 2007 se produce la conocida comida donde Juan Carlos expresa su preocupación por el ambiente de crispación en el que se va a celebrar la Fiesta Nacional. Esperanza Aguirre, sentada en aquella mesa, recoge el guante. Lejos de amilanarse, la condesa consorte de Bornos apoya a su amigo locutor: "No sé si os va a gustar lo que voy a plantear, pero creo que se debe dar un trato humano a Jiménez Losantos". El Rey se indigna con la presidenta madrileña, "es a mí a quien tiene que dar un trato humano. ¿Pero esto qué es? Es intolerable. Le he dicho a Rouco Varela que recen menos por mí y la monarquía y se ocupen más de la Conferencia Episcopal que controla a la Cope".

La escisión que cristalizará en Vox a finales de 2013 hunde sus raíces en todos estos acontecimientos, que abren una nueva vía para que las ideas ultras puedan ser aceptadas de nuevo entre los líderes y el electorado del PP (...)

A finales de julio de 2018, en el XIX congreso del Partido Popular se da el último episodio que abre definitivamente a los ultras las puertas de la política española. Mariano Rajoy da la espantada tras su humillante moción de censura, dejando en el aire una victoria de Soraya Saenz de Santamaría que todo el mundo daba por hecha. La inquina personal de Cospedal hacia la que fue la mujer más poderosa de España le lleva a presentarse, lo que abre una puerta para Pablo Casado, a la sombra de Aznar y de Aguirre, para ganar la presidencia del Partido Popular. 

(...)  se abren oportunidades para que gente como Isabel Díaz Ayuso se convierta en la diva del trumpismo a la española.

Ayuso, presidenta de la I República Nacional Española.
No se alarmen, la posibilidad de que esto suceda es muy remota, casi tanto como que dos aviones sean estrellados contra las Torres Gemelas, inaugurando el siglo XXI, o que una enfermedad de origen desconocido con epicentro en Wuhan, China, ponga el mundo patas arriba. (...)

 La intención de este artículo es, en primer lugar, señalar que el mal gesto de Ayuso con Felipe VI no es una excepción, sino más bien un capítulo más en una larga cadena de desencuentros de la monarquía con esa familia política acaudillada por Aznar. (...)

El Rey, no obstante, es una figura en un serio peligro estratégico. No cuenta con las simpatías de la izquierda, es acaparado por la derecha y los ultras y tiene tan sólo en el PSOE su único valedor. (...)

Con la marcha de Juan Carlos a Abu Dabi, fueron precisamente los socialistas los que buscaron no tanto una salida para el emérito, sino sobre todo una oportunidad para el actual regente, que tras los múltiples casos de corrupción y el escándalo de las cuentas en Suiza, se enfrentaba a un momento complicado. Lejos de entender la jugada, el PP, Vox y sus resortes mediáticos, lanzaron la idea de que se trataba de una maniobra de carácter republicanista de Pedro Sánchez. (...)

Este episodio define muy bien la esquizofrenia a la que se ve sometida la institución monárquica, donde sus valedores más histéricos son precisamente los que la sitúan siempre en la posición más incómoda. Para que Felipe VI sobreviva políticamente necesita encontrar un punto similar al que encontró su padre en las décadas de los años ochenta y noventa. Estabilidad y negocio, sonrisas y tratos comerciales, representación internacional y un aburrido mensaje en Nochebuena. Un Rey debe vivir pocos momentos históricos si no quiere convertirse él mismo en historia. Felipe VI ya tuvo su 23F con el independentismo catalán, uno del que no salió tan bien parado como su antecesor.

Pero, si la derecha es tan presuntamente monárquica, ¿por qué no apuesta por la estabilización del país tras la década convulsa y espera su turno pacientemente?¿Por qué Ayuso lanza sus dardos contra Felipe VI? Todo se remonta, como hemos visto, a la amargura de Aznar, año 2004.

 Desde ese momento, la derecha institucional quedó al mando de un Rajoy que dió tantos bandazos como el propio Casado (...) pero que procuró no saltar determinadas líneas rojas de Estado.

 Sin embargo, la rama aznarista siguió un camino diferente, el de preparar una restauración reaccionaria en España. Todo el acoso al Gobierno de Zapatero valió al aznarismo para iniciar la narrativa de que España se había apartado de lo que ellos consideraban la justa línea constitucional, una que por tanto había que restituir.

Aunque hoy ya no se recuerda, las dos legislaturas de 2004 a 2011 estuvieron marcadas por una notable crispación. (...)

Se consiguió trasladar la idea a una parte de la población de que algo oscuro e ilegítimo ocurría en el Gobierno de este país.

Determinados mecanismos ideológicos, como el regreso del nacionalismo español excluyente o la prerrogativa de no respetar los resultados electorales, eran impensables antes de 2004, necesitando década y media para instalarse en el imaginario colectivo. Una vez alcanzado este punto es muy difícil un regreso a la normalidad, sobre todo con un líder débil y errático como Casado. No se trata ya de que Aznar haya pasado de reivindicar a Azaña a hacerlo con Lerroux, sino de que la derecha social del propio país ha cambiado. 

Maleducada durante años por autores revisionistas, medios radicales y unos medios conservadores que no han tenido reparos en unirse a esta espiral reaccionaria: cuanto mayor es su derechismo, mayores son sus audiencias. ¿Qué posibilidades tendría hoy una figura como Soraya Sáenz de Santamaría de encabezar la derecha española cuando sus jóvenes se identifican más con la bandera de Gadsden que con la enseña europea?

Alcanzando nuestro presente cabe lanzar la cuestión de fondo que ha impulsado toda esta historia: ¿por qué la derecha va a detenerse aquí? (...)

La derecha que representa Ayuso y Vox, más allá, una que se nos ha revelado en este último año bien presente en la judicatura, el ejército, la policía y los medios de comunicación, no se va a conformar sólo con "expulsar" a Sánchez de la Moncloa. Llegado el caso de una victoria electoral, se verán con la fuerza de iniciar algún tipo de proceso constituyente para lograr una involución democrática en España. Uno que deberá contar con la aquiescencia del propio monarca, que se verá en la tesitura de "si no estás con nosotros, estás contra nosotros". (...)

El objetivo último será encontrar algún tipo de autoritarismo de barniz democrático, sancionado legalmente, que impida a la izquierda volver a llegar al Gobierno, que restrinja los derechos de asociación y de manifestación, que ahogue los derechos laborales y a los sindicatos y que, a lo sumo, tolere a un PSOE disminuido y comandado por sus sectores conservadores, de manera análoga a lo sucedido con la dictadura de Primo de Rivera a partir de 1923. 

La narrativa, por supuesto, no será esta, sino la necesidad de volver a recuperar la vitalidad de España, mancillada por años de "caos, despilfarro y corrupción". Cuando Abascal, en sede parlamentaria, amenaza con llevar a la cárcel a Sánchez e Iglesias no está sólo sacando su lado más pendenciero, sino trazando una profecía autocumplida: el primer paso para que algo suceda es sembrarlo como posibilidad en la opinión pública.

 Mecanismo similar al de las declaraciones de Ayuso sobre Felipe VI, dejándole como víctima de una trampa, pero de una manera retorcida, también como traidor. Estas palabras son una hipoteca narrativa que esta derecha firma sobre el Rey: cuidado, parecen decirle, en un futuro cercano tendrás que elegir y la firma de estos indultos puede pesar sobre tu legitimidad. 

Esto es, plantar la semilla aún careciendo de la propiedad del terreno, del agua e incluso del sol, pero plantarla a pesar de todo, por si las condiciones son favorables asegurarte la sombra favorable de ese árbol. Quizá, llegado el momento, necesites al Rey de tu parte. Quizá necesites a un monarca diferente o, incluso, la idea de una república reaccionaria. La mejor manera de tener a alguien a tu lado no es cubrirle de elogios, la forma más efectiva siempre es conjugar el elogio público con la amenaza velada. (...)

Lo más probable es que lo descrito en este artículo nunca llegue a suceder. Lo poco probable no significa lo imposible."                 (Daniel Bernabé, Público, 21/06/21)

18.6.21

Vuelve la derecha... la republicana, la de ¡Aznar presidente de la República! Para que se puedan abolir el aborto, la izquierda y los indultos (no los de la Gürtel)... cuando Felipe VI los firme, una parte de la derecha no se lo perdonará... ese trasfondo antimonárquico que flotó en Colón es lo que Ayuso quiere capitalizar

 "Las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso el domingo en Colón no fueron un error, una metedura de pata involuntaria. 

Para nada cometió un desliz cuando puso a Felipe VI en un grave compromiso al lanzar la pregunta sobre cuál sería su papel y si firmaría o no unos indultos que, involuntariamente, le harían “cómplice” de esa felonía. Ayer la presidenta madrileña reiteró su posición, negó cualquier atisbo de rectificación y, enmendando las declaraciones de Pablo Casado del lunes, afirmó que el presidente del PP opinaba exactamente  lo mismo que ella.

 Lo cierto es que en la manifestación había muchas pancartas pidiendo la dimisión de Pedro Sánchez o con todo tipo de improperios hacía él, pero también otras que reclamaban al jefe del Estado que no atendiera sus obligaciones constitucionales (“Majestad, no firme”), aunque ningún medio de comunicación quiso darlas en portada. 

Este tipo de apelaciones al rey no son algo nuevo. Hay una parte de la derecha sobre todo madrileña que querría una monarquía más intervencionista, menos neutral con el marco constitucional, y que estuviera dispuesta a plantarse ante cuestiones que considera capitales. Ya pasó en 2005 cuando las Cortes aprobaron la ley de matrimonios homosexuales y la Conferencia Episcopal no solo organizó la protesta en la calle, en alianza con el PP, sino que su portavoz, monseñor Martínez Camino, pidió públicamente a Juan Carlos I que hiciera como el rey Balduino de Bélgica, que en 1990 prefirió abdicar unas horas para no tener que sancionar la ley del aborto. 

Al año siguiente también se alzaron algunas voces para que no firmase el nuevo Estatuto de Cataluña, un disparate que había que parar a cualquier precio, consideraban. Por esas fechas, el influyente periodista Federico Jiménez Losantos, entonces locutor en la emisora episcopal de la COPE, llegó a pedir la abdicación del rey por su supuesta pasividad ante la elaboración de los nuevos estatutos o frente al llamado “proceso de paz” con la banda terrorista ETA que impulsaba el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. (...)

ha habido desde la Transición una hostilidad antimonárquica en sectores de la derecha, sobre todo de la más extrema. Por un lado, en aquella parte, afortunadamente muy residual y minoritaria, que no perdona la “traición” de la Corona al franquismo, y de ahí los reiterados intentos por implicar a Juan Carlos en el golpe del Estado del 23F, con el fin de descreditarlo, con unos argumentos que años después han comprado los detractores del “régimen del 78”.

 Pero también hay otra parte, que para nada se identifica con la dictadura, que piensa que un presidente de la República con mando, o sea, una figura presidencialista, podría poner freno a los excesos de la izquierda en el Gobierno, sobre todo si el PSOE llega al poder gracias a “alianzas Frankenstein”, como le ocurre ahora a Pedro Sánchez. 

Recordemos cuando José María Aznar decidió no volverse a presentar se especuló mucho que su objetivo era prepararse para ser presidente republicano en caso de hundimiento monárquico, en un momento que ya empezaban a aparecer algunos escándalos en la vida privada del rey emérito.

Las declaraciones de Díaz Ayuso, reiteradas en cuanto al objetivo de poner a Felipe VI en el foco de la polémica, recogen un clima de indignación en la derecha, sobre todo madrileña y madrileñizante, incrédula ante el hecho que el jefe del Estado tenga la obligación de firmar esa medida de gracia hacia los presos del procés. Les gustaría creer que no es inevitable o que, como mínimo, el rey podría, que en realidad debería, pronunciarse en contra para que quedase claro la traición que Sánchez está cometiendo. 

Cuando nada de eso suceda y el rey cumpla, como jefe de Estado de una monarquía parlamentaria, con sus deberes constitucionales, hay una parte de la derecha que no se lo perdonará. Y ese trasfondo antimonárquico que flotó en Colón es lo que la hábil Ayuso quiso capitalizar porque al populismo, de izquierdas o de derechas, le importa muy poco instrumentalizar las instituciones."       (Joaquim Coll, Crónica Global, 16/016/21)

23.3.21

Juan Carlos, y algunas personas de su alrededor, han perdido el contacto con la realidad... Eso es lo que le permitía creer que podría empezar una nueva vida con Corinna Larsen, que puede recibir impunemente una donación de 100 millones y ocultársela al fisco. Y eso se debe a la enfermedad del poder, y a un problema de deterioro cognitivo

 "(...) Hablemos de su libro. ¿Es Juan Carlos I un lastre para Felipe VI?

Sí, pero no porque lo diga yo, sino porque se lo ha ganado a pulso. Si él no hubiera hecho lo que hizo, si su conducta no hubiera sido tan miserable, no lo sería. Él es el gran adversario de su hijo.

¿Ha dicho “miserable”?

Sí. La conducta de Juan Carlos ha sido miserable, no su persona.

Pero ustedes —los medios— lo protegieron durante décadas.

No estoy de acuerdo. Eso es una socialización de la culpa, y la culpa es solo suya. Otra cosa es la eficiencia del sistema. Puede ser que se haya producido un consenso permisivo, pero fue un consenso de agradecimiento que él manipuló. Nos traicionó. El sistema le dio inmunidad, y él la ha querido convertir en impunidad. La responsabilidad es suya. No convirtamos la crisis de rectitud de un Rey en una crisis sistémica.

Le noto muy cabreado.

Lo estoy, porque creo que hay una tendencia de un monarquismo pleistocénico que trata de diluir las responsabilidades de Juan Carlos en la ineficiencia del sistema. Y no. El que se fue a Botsuana fue él. El que hizo ingeniería jurídica para ocultar al fisco determinadas cantidades fue él. El que aceptó transferencias opacas fue él.

 No es el sistema, no somos tú y yo, no es el director de EL PAÍS, ABC o El Mundo. Es él. Estoy muy decepcionado. No solo personal, sino generacionalmente: es una enorme decepción para quienes vivíamos con entusiasmo, en lugares muy difíciles, como yo mismo en el País Vasco, la transición de la dictadura a la democracia.

¿Cuánto daño le hacen a Felipe VI los ‘viva’ no solicitados?

Igual que si le abrazase un oso. El abrazo del oso siempre es homicida. La Monarquía no necesita entusiasmo, sino normalidad institucional y que se la perciba transversalmente como una institución absolutamente de todos.

¿Tiene sentido que el trono se herede en el siglo XXI?

Eso se lo tenemos que preguntar a los españoles, pero también a los suecos, los británicos, los japoneses, los daneses... Las monarquías parlamentarias son la forma de Estado de los países con mayor calidad democrática de Occidente. Ahora bien, por eso su titular se tiene que ganar cada día la legitimidad de su función. Cuando se salen del carril de la normalidad y caen en debilidades muestran una gran fragilidad.

Pero los reyes son humanos.

Lo son, pero nacen en una condición. Si no están dispuestos a afrontar esas dificultades que se den de baja, que es lo que creo que deben de hacer las dos infantas de España que se han saltado el turno de vacunación: darse de baja de la Corona y desaparecer del orden sucesorio.

¿Cree que Juan Carlos ha perdido el contacto con la realidad?

El contacto con la realidad lo lleva perdido hace mucho tiempo. Él, y algunas personas de su alrededor, le han creado una realidad virtual. Eso es lo que le permitía creer que podría empezar una nueva vida con Corinna Larsen, que puede recibir impunemente una donación de 100 millones y ocultársela al fisco... Tiene una mala relación con la realidad. Y eso se debe a la enfermedad del poder, suficientemente descrita, y a lo que yo creo firmemente que es un problema de deterioro cognitivo.

¿Aguantaría hoy la Corona un divorcio de los actuales Reyes?

Debería. La reina Letizia es la primera que no procede de la alta aristocracia ni de las casas reales. Puede haber un fracaso matrimonial. Es más, creo poder afirmar que un divorcio está previsto en sus capitulaciones matrimoniales. Por lo tanto, sí. ¿Cómo podemos pensar, en el siglo XXI, que doña Letizia pudiera tener el mismo comportamiento que doña Sofía? No tiene ningún sentido

¿La reina Sofía es una santa?

Ni una santa ni una profesional. Es una persona que se rindió en su momento y, cuando te rindes una vez, ya no hay batalla que ganes.

Dele un consejo a Felipe VI.

Que, en su momento, cuente. Cuando se den las condiciones para hacer un relato convincente y sincero que le permita además abrirse y mostrarse a la sociedad española tal y como es. Felipe VI es un hombre sobre todo digno.

Isabel de Inglaterra superó su annus horribilis. ¿Felipe VI saldrá airoso del suyo?

Si el tema de don Juan Carlos se cierra por el ministerio fiscal sin una querella criminal, él se instala fuera de España en un lugar razonable, porque Abu Dabi no lo es, y está callado, digamos que eso no se va a resolver, quedará en la Historia, pero no provocará más daño. Si a eso añadimos que las hermanas del Rey, las dos, por distintos motivos, renuncian, mejor que mejor. Y si el Rey mantiene el rumbo de Rey constitucional, coordinando bien su margen de autonomía con su relación con el Gobierno y las instituciones del Estado y hace una vida ejemplar como la que está haciendo, creo que Leonor tendrá posibilidades.

¿Reinará la princesa de Asturias?

Creo que sí, al margen de lo que cada uno pueda desear. No veo las condiciones para un proceso constituyente, para tumbar la Constitución del 78, hacer una nueva y volver a una república con las dos experiencias que tenemos el siglo XIX y en el XX.  (...)"               

 (Entrevista a José Antonio Zarzalejos, Luz sánchez-Mellado, El País, 21/03/21)

8.3.21

Antonio Maestre: Tiene que ser un complot. No se entiende de otra manera la campaña contra el reinado de Felipe VI de sus propios familiares

 "(...) Tiene que ser un complot. No se entiende de otra manera la campaña contra el reinado de Felipe VI de sus propios familiares. "Se nos ofreció y accedimos", las palabras de las infantas podrían adornar las flores de lis doradas sobre fondo azul del escudo de los borbones como muestra de los privilegios reales.(...)

 Hay precedentes en la familia de conjuras contra los reyes de los propios cosanguíneos. Los borbones nunca se han querido demasiado entre sí, importa la sangre, pero más la corona y el poder. Hijos conspirando contra padres y líos entre hermanos son casi un tópico histórico entre la familia del rey. (...)

De todos es conocido que la relación entre las infantas y su hermano está deteriorada desde hace tiempo, nunca es tarde para pasarle la cuenta de los daños causados. Es más posible que se hayan vacunado porque en su burbuja de privilegios algo así es normal, pero no desdeñemos que les importe tan poco el reinado de su hermano como para que le hagan daño adrede con sus actitudes. El comportamiento del emérito y las infantas pone un clavo más en el ataúd de la monarquía. (...)

 Pero sigue siendo el vasallaje hasta el paroxismo de los que se creen que defienden la monarquía el que más daño hace a la institución. Los protagonistas principales del ridículo de esta semana en la defensa de Felipe VI tienen representación en los dos grandes partidos. El alcalde de Madrid intentó quitar hierro al asunto diciendo que las infantas no habían quitado la vacuna a ningún español. 

Miquel Iceta diciendo que se queda con el hecho de que los reyes y las infantas no se habían vacunado. Sería noticia, ministro, que las infantas se hubieran vacunado porque no hay vacuna para los menores de 18 años. Pero la mejor, la más genuflexa y ridícula, ha sido la ministra de Sanidad diciendo que Felipe VI es ejemplar porque esperará su turno como el resto de españoles.

No se dan cuenta de que hacen poco bien a lo que pretenden defender con discursos tan arrastrados. El complot contra Felipe VI está en marcha, pero como casi todos los que afectan a la monarquía en la historia de España no viene de los adversarios de la institución, sino de aquellos que envidian, adoran y protegen el trono."                  (Antonio Maestre, blog, 04/03/21)

30.12.20

Barómetro de la Sexta: La monarquía repunta frente a la república y su apoyo sube 20 puntos en tres meses en caso de referéndum... ¿Por qué? Por puro cabreo... cuando la gente ve a la izquierda perderse en temas secundarios, en plena devastación pandémica, cogen un rebote de cuidado... he aquí una muestra

 "El apoyo a la monarquía constitucional ha subido veinte puntos en tres meses, en caso de realizarse un referéndum. Así lo arroja el barómetro de laSexta, que constata un desplome de 13,5 puntos porcentuales de quienes en septiembre optaban por la República.

Así, en caso de votar la forma de Estado, el 54,3% de los españoles apoyaría la monarquía constitucional, frente al 34,3% que lo hacía en septiembre. El apoyo a la república caería al 30,3% desde el 43,8% registrado en el mismo mes.

Por partidos, los más fervientes monárquicos serían los de Vox, con un apoyo del 95,6% de sus electores. Lo seguiría el PP con el 94,2% de sus votantes y CS, con el 74,1%.

Los votantes de Unidas Podemos optarían mayoritariamente por la República: el 88,7%. Y entre los socialistas, el apoyo a la República (44,7%) supera claramente al de la monarquía constitucional (36,1%).

Por edad, los más jóvenes (de 18 a 35 años) apoyarían mayoritariamente la monarquía en un 48,1%. Los de 36 a 54 años validarían el actual sistema con un 55,4% y los mayores (de 55 a 75 años) lo aprobarían con un 58,1%.

Por género, ambos estarían a la par: el 55,3 % de los varones y un 53,3% de las mujeres apoyarían la monarquía.

 Los españoles no ven necesario un referéndum

Esto en caso de darse un referéndum, porque el 67,1% de los encuestados en el barómetro de laSexta no cree que sea necesario. Solo los votantes de Unidas Podemos lo apoyan mayoritariamente, el 88,7% de los preguntados.  (...)

La monarquía aprueba pese a los escándalos

Los españoles aprueban, ajustadamente, a la monarquía: obtiene un 5,03 de nota media, frente al 3,56 que obtiene la república. (...)

La muestra del barómetro, elaborado por el Instituto Invymark para laSexta, es de 1.200 encuestas."              (laSexta.com, 23/12/20)

15.12.20

Carlos Elordi: El Gobierno tiene que dar un golpe de timón. No es tiempo de contemplaciones. La crisis de la jefatura del Estado es un hecho incontrovertible. Debe dejar caer a Juan Carlos I anulando las redes de protección que en torno a él ha venido tejiendo. Y explicitar, PSOE y UP, de la manera mas contundente posible que abandonan un debate sobre temas de orden secundario que en estos momentos está fuera de lugar y que sólo sirve para alimentar la mentira de la prensa de derechas...


"La situación política no puede seguir degradándose. Y menos al ritmo al que lo está haciendo en las últimas semanas. Porque de lo contrario, se camina hacia el descontrol y puede que al desastre.

El Gobierno tiene que dar un golpe de timón. Porque es el único que tiene los instrumentos para intentar cambiar las cosas, aunque a veces no lo parezca. No es tiempo de contemplaciones o de apaños y menos de discusiones bizantinas en los tiempos que corren. Los riesgos son demasiado grandes para seguir haciendo lo mismo.

La crisis de la jefatura del Estado es un hecho incontrovertible. Y quien diga lo contrario no se entera. O no quiere enterarse. Los delitos de Juan Carlos I van a arrastrar inevitablemente a su hijo a menos que se cambie radicalmente la manera en que se está intentando protegerle.

Si a estas alturas de nada vale recordar que el emérito fue un personaje fundamental de la Transición -empieza a sonar hasta ridículo-, tampoco sirve ya insistir en que Felipe VI se ha separado de su padre, que incluso le ha castigado retirándole la asignación. Porque el escándalo ha ido demasiado lejos como para que sirvan esos paños calientes. Porque insistir en esa excusa podría hasta terminar implicando al hijo en las tropelías de su padre. La gente no está para ejercicios de comprensión benevolente.

Parece que el Gobierno ha frenado la inspección fiscal hasta que el abogado del emérito ha presentado la declaración complementaria a Hacienda. Y que antes instrumentó su salida de España para quitarle problemas. Ahora tiene que abandonar esa línea política y dejar caer a Juan Carlos I. Diciéndolo claramente y anulando todas las redes de protección que en torno a él ha venido tejiendo. Puede que sea una salida peligrosa porque la derecha se lanzará al cuello de Pedro Sánchez. Pero no hay más remedio que emprenderla sin ambages si se quiere evitar que la situación empeore.

Y tiene que hacer algo más. Dejarse de medias palabras y decir abiertamente que, en estos momentos, como en los últimos 40 años, la monarquía es la forma de estado que más conviene a esta España tan convulsa y dividida. Y que la república, por mucho más democrática que sea la idea, sólo serviría, al menos en un horizonte previsible, para provocar un caos bastante mayor del que actualmente se vive.

Hablar así de claro, para que lo entienda todo el mundo, seguramente provocará reacciones negativas muy fuertes en el seno de la izquierda y de algunos nacionalismos. Pero hay que correr ese riesgo, convencido de que tiene fuerza para salir airoso de esa prueba.

De esa manera, el Gobierno demostrará que quiere mandar cueste lo que cueste, algo que a veces no ha estado del todo claro en los últimos tiempos, cuando ha dado la impresión de que lo que ha querido es salir del paso sin mojarse demasiado. Y, claro está, para ello es también preciso que los dos socios de la coalición, el PSOE y UP, expliciten sin ambages y de la manera mas contundente posible que están juntos en el empeño, abandonando durante un tiempo, el que haga falta, un debate interno sobre temas de orden secundario que en estos momentos está fuera de lugar y que sólo sirve para alimentar la demagogia y la mentira de la prensa de derechas.

Esta nueva firmeza ha de apoyarse en una mayoría parlamentaria que a veces parece que no vale para mucho, cuando sigue siendo un dato fundamental de la situación política. Con esos mimbres no sólo se habrá de hacer frente a la crisis institucional que ha provocado Juan Carlos I, sino también a la ofensiva desbocada que está protagonizando la derecha. Tanto Vox como el PP.

Ambos, a veces compitiendo, otras apoyándose -¿en qué ha quedado la vocación centrista que decía tener Pablo Casado?- únicamente pretenden desestabilizar la situación. Cuanto más mejor. Vox, porque ha nacido con ese propósito. El PP porque parece que ha decidido que ese es su único camino posible. Porque es incapaz de cualquier otra cosa. La hipótesis de que dentro del partido hay gente que piensa de otra manera es cada vez más inconsistente. Porque su silencio los anula y porque cuando hablan dicen las mismas barbaridades y mentiras que sus líderes.

Ni el PP ni Vox van a parar en esa ofensiva. Los unos seguirán negándose a pactar la renovación del poder judicial y apoyar cualquier iniciativa que según Casado sirva para reforzar a la izquierda. Vox, después de haber lanzado a los militares franquistas a la palestra, debe de estar preparando algún nuevo número.

Hay quien ha dicho que la situación recuerda a la de los años 30. No es verdad. Porque la calle está desmovilizada y entonces ardía. Porque en ese tiempo tanto la derecha como la izquierda estaba armada y disparaba. Pero hay un punto de coincidencia: el de que ha vuelto a surgir, tras más de 40 años de silencio, la realidad de las dos Españas, enfrentadas e irreconciliables. Ese espanto es fundamentalmente mérito de esta derecha, mediocre e inepta, pero dispuesta a todo.

No es el mejor momento para que el Gobierno revierta esa dinámica. La angustia y el desconcierto, cuando no la irritación, que provocan la pandemia y la crisis económica afectan demasiado al estado de ánimo de la población como para que se pueda pensar que los clásicos llamamientos a la cordura puedan dar grandes resultados. Tal vez ese tipo de intentos deberían venir después de una ofensiva decidida contra la demagogia de la derecha y también, y de manera preferente, contra los desmanes de los medios de comunicación que están con ella. Sin medias tintas, sin temores, con disposición a arriesgar contrataques que pueden ser muy fuertes."                        (Carlos Elordi, eldiario.es, 10/12/20)

28.10.20

Pascual Serrano: No es la monarquía, estúpidos. No es la monarquía. El candado que atenaza a España es la partitocracia... Una de las características de la partitocracia ochentera, que aún nos gobierna, es la institucionalización de los partidos como entes depredadores... Es la partitocracia, estúpidos. Es la partitocracia...

 "(...) Pero ni hay ningún candado constitucional, ni la Constitución Española del 78 es –como no se cansan de repetir algunos– una herencia del franquismo. El candado que atenaza a España es la partitocracia. Esta se consolidó a principios de los años 80, tras el fracaso de la LOAPA, con un pacto de reparto de poderes entre PP y PSOE y los partidos nacionalistas de la época, CiU y PNV. A la monarquía juancarlista no le quedó más que sancionar ese pacto. 

Una de las características de la partitocracia ochentera, que aún nos gobierna, es precisamente la institucionalización de los partidos como entes depredadores, cuyo objetivo principal es mantenerse, instalarse y perpetuarse en el poder. Por eso, toda la maquinaria interna, externa y social (medios de comunicación propios y públicos, entramados de empresas e instituciones, asociaciones, fundaciones, ONGs, etc.) de los partidos trabaja para ello. Por ello solo medran los ambiciosos y los ególatras. 

Las oligarquías patrias, tan contentas durante cuarenta años con los repartos de prebendas que convirtieron a la corrupción en el blasón de la política en España y su Estado de las Autonomías, ha pretendido, en los últimos años, una sustitución de los partidos que abanderaban en el ámbito estatal esa partitocracia. Podemos debía sustituir al PSOE tras deglutir a IU, y Ciudadanos “sorpassar” al PP

Es evidente que la operación salió mal y nos encontramos en una situación enquistada y endiablada de imposible solución. Aunque el sistema electoral español tiende a la configuración de un bipartidismo imperfecto, la ruptura del pacto que ha supuesto la huida hacia delante de los nacionalismos (principalmente del catalán, con el proceso independentista), junto a la fragmentación de la derecha con la aparición de Vox, han llevado a la configuración del “Gobierno Frankenstein” (PSOE + UP + secesionistas)

Las oligarquías patrias, tan beneficiadas durante tantos años de la corrupción y de vivir a costa del erario público, con toda suerte de privatizaciones de servicios públicos y de beneficiarse de la gestión de las grandes infraestructuras (a la par que recibieron millones de euros para sanear la podrida banca española y dilapidar, regalándoles, las cajas de ahorro), hoy están noqueadas a pesar de intentar un tímido amago de amenaza con la deslocalización de empresas de Cataluña. 

La ciudadanía, el pueblo español, el demos, los depositarios de la soberanía, permanecen secuestrados por los sortilegios de la Transición mal digerida por la izquierda… y por la derecha. Ciudadanía que tampoco parece haber entendido el problema y continúa enquistada en un guerra-civilismo desfasado. Mientras la derecha se enroca en el patrioterismo o nacional-españolismo, la izquierda reabre la frustración por no haber sido capaz en su momento de forzar la ruptura. Mientras en Europa los partidos aparecen y desaparecen por una ciudadanía más crítica (no siempre acertada, pero crítica), en España el maniqueísmo guerra-civilista parece abocarnos a una repetición esquemática de resultados, sin importar mucho cuál es el partido que se lleva finalmente la marmota al agua.

La mixtificación de la II República como un estado federal –algo totalmente falso y contrario a la historia– encuentra su clímax en la reclamación de una “república plurinacional” en la que lo federal quedaría ya diluido en la supuesta “soberanía originaria” de los territorios que la constituyen, como si la construcción histórica de España como Nación Política, como Estado-Nación, fuera un invento franquista o borbónico: como si acabáramos de salir del periodo visigodo de nuestra historia. El ahistoricismo campa entre los relatos políticos a diestra y siniestra. (...)

Proyecto de taifas

No hay proyecto republicano para España. Puede que haya un proyecto de taifas, nominalmente republicanas, pero que, en realidad, serían más bien sistemas totalitarios, tal como pudo verse con las ilegales “Leyes de Desconexión” que el nacional-secesionismo pretendió imponer para Cataluña en septiembre y octubre de 2017. Al menos, eso es lo que puede colegirse de las continuas concesiones al secesionismo, como, por ejemplo, la rebaja al 50% de los contenidos educativos que marca el Gobierno Central en las Autonomías con competencias en Enseñanza (aparte de haber hecho dejación de su función supervisora e inspectora hasta la fecha, dejación que se supone mantendrá en adelante). 

Una República sin norte, hoy, en España, es el final de España como Estado-Nación y una garantía de crisis y pobreza para las clases trabajadoras, además de una involución democrática. Sería el resultado de mezclar la “república identitaria catalana” con el “cantonalismo o “derechoadecidir” podemita. Ese “republicanismo revanchista” no tiene acogida entre una ciudadanía que pretende mejorar en igualdad y justicia social. Aspirar a una nueva República en España ha de ser una aspiración que implique mucho más que el simple cambio en la forma de la Jefatura de Estado, más, mucho más.

La monarquía parlamentaría española no difiere en lo democrático de otras monarquías o repúblicas europeas. Las funciones del Jefe del Estado son representativas (exceptuando Francia, donde el presidente de la República tiene mucho de monarca “absolutista”), sin capacidad ejecutiva, parlamentaria ni judicial. (Art.3 C.E.:”Los actos del Rey serán refrendados por el presidente del Gobierno”.). Esto quedó patente cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, vetó la presencia del Rey Felipe en Barcelona. Pretender, pues, que los males de España son culpa de una monarquía heredera del franquismo, suena, cuanto menos, a boutade y representa un auténtico insulto hacia todos los luchadores de la izquierda democrática y antifranquista que participaron en el diseño de aquella Transición.

No digo yo que la Transición no pueda ser revisada, pero de ahí a manifestar que la España actual es franquista y, sobre todo, hacerlo desde el poder del Estado, no suena ya a broma, sino a estafa. Que la derecha españolista y la catalanista privatizaron la sanidad en Madrid y Cataluña es obvio, pero es evidente que en los periodos de gobierno de izquierda no parecen haber hecho mucho por revertirlo, ni desde las autonomías ni desde el Gobierno Central.

Es más cómodo para los líderes de la izquierda apuntar contra la monarquía que asumir su responsabilidad en la crisis del Estado. No quiere esto decir que la monarquía juancarlista no sea corresponsable de la institucionalización de la corrupción y de las prácticas partitocráticas, no, pero no más que la partitocracia. Eliminar la inviolabilidad del Rey parece razonable y necesario. Pero si solo nos quedamos ahí, seguiremos con el problema encima de la mesa. Romper la partitocracia exige algo más que algunos cambios en la Constitución: 

Democratizar los partidos no es instaurar un sistema de primarias que, en sí mismo, endiosa a los vencedores. El cambio del sistema electoral hacia una circunscripción única parece indispensable, pero otra cosa es que los actuales partidos estén dispuestos, como lo estuvieron durante la Transición, a transigir y a renunciar a privilegios. Recentralizar las competencias de Sanidad, Educación y Justicia es imprescindible, pero la dependencia del sistema partitocrático de los votos de los nacionalistas lo hace inviable. Es necesario acabar con los privilegios de los políticos: ni jubilaciones doradas, ni salarios estratosféricos; una ley orgánica de remuneraciones de cargos electos que imponga franjas salariales según responsabilidades haría bien a la confianza en los políticos… Pero entrar en esos debates no parece interesar a nuestra clase política.

Es la partitocracia, estúpidos. Es la partitocracia.

Torrejón el Rubio. Monfragüe. Cáceres. Viernes, 23 de octubre de 2020. "                      (Pascual Serrano, crónica Popular, 25/10/20)