"Lejos parecen los tiempos en los que un presidente autonómico
madrileño se dedicaba simplemente a gobernar su comunidad, bien sin
aspiraciones monclovitas, bien sin dedicarse a esos chanchullos que te
conducen a salir esposado de la urbanización residencial acompañado de
la Guardia Civil.
Isabel Díaz Ayuso, que de momento pertenece al primer
grupo, no ha nombrado vicepresidente en su nuevo gabinete, algo que le
haría falta asumiendo que su labor, en los dos próximos años, va a
consistir en preparar su asalto a la política nacional. En su toma de
posesión, este pasado sábado, la presidenta madrileña sentenció que
"Madrid, España y monarquía son inseparables" pretendiendo cerrar así la
polémica respecto a sus palabras tras la manifestación de Colón donde
acusó al Gobierno central de hacer cómplice al Rey de los indultos.
A pesar de que Pablo Casado, ese señor que sonríe con los
ojos tristes, tuvo que salir escopetado a corregirla al día siguiente,
"no hay más cómplices que ellos [el Gobierno]", asegurando que Felipe VI
cumplía su papel "de forma impecable", Ayuso no sólo no frenó en sus
intenciones, sino que se ratificó realizando unas nuevas declaraciones
el martes donde aseguró que Sánchez había tendido "una trampa" al Rey:
"Me sigue pareciendo el mismo sonrojo, bochorno y humillación que el Rey
de España tenga que firmarlo, luego no he rectificado absolutamente
nada, he utilizado otras palabras [..] Casado piensa lo mismo que yo.
Pensamos exactamente lo mismo. Y pensamos que es una humillación y una
vergüenza que el Gobierno y los independentistas se ríen de todos los
españoles".
Ayuso, ella misma, su equipo, la rama trumpista en la derecha española que representa, nunca hablan en balde.
(...) la insistencia de la propia Ayuso en no desdecirse lo que nos indica es
que detrás de las palabras más que un patinazo lo que había era una
intención. ¿Pero cuál?
La primera y más obvia era atacar al Gobierno acusándolo de querer dañar a Felipe VI, (...)
La segunda intención de estas declaraciones, especialmente tras su ratificación, era dañar a Casado (...)
Pero hay una tercera lectura, opacada, paralela y compatible con las
otras dos: Ayuso quería poner al Rey en una posición incómoda. (...)
La insistencia de Ayuso pudo deberse a un intento desacomplejado por
sacar rédito del conflicto con los indultos o, paralelamente, a algo
similar a lo sucedido en 2005: dejar al Rey marcado delante de una
derecha social cada vez más echada al monte. (...)
¿Se nos ha vuelto Ayuso republicana de repente?¿Qué pretende el sector
trumpista de la derecha española al dejar al Rey en una posición
problemática?
(...) Diez años después de la promulgación constitucional nadie tenía tiempo
ni ganas de cuestionar al Rey, al igual que el Rey carecía del más
mínimo interés por inmiscuirse en la vida política del país.
Sin embargo, un muy minoritario sector de la población, en aquel
entonces silencioso y durmiente, pero con sus privilegios a salvo,
seguía considerando al Rey un traidor. Sus cachorros aún siguieron
cantando un tiempo aquello de "Juan Carlos, Sofía, la horca está vacía".
Se trataba de la ultraderecha, que mientras ganaba dinero a espuertas
esperaba su oportunidad. (...)
La derecha, para llegar a la Moncloa tuvo que deshacerse de su ADN
franquista para que el país les tuviera en cuenta. Con la ocasión de las
generales de 1993, Aznar giró el timón hacia una latitud que dejó a
muchos sorprendidos, reivindicando su "vocación profundamente azañista",
en referencia al presidente de la II República. (...)
Doce de marzo de 2000, José María Aznar sale al balcón de Génova a
celebrar la que por fin es una victoria inapelable en unas elecciones
generales. Su mayoría absoluta es recibida por sus simpatizantes con
gritos de "torero, torero" y cánticos de "que viva España". (...)
Con la llegada del nuevo siglo, Aznar se encuentra con una realidad
que no comprende. A pesar de su mayoría absoluta, la calle, a cada una
de sus medidas, contesta de manera contundente. Primero la nueva ley
universitaria, después la huelga general de 2002, seguido por un oscuro
2003 donde, a parte del Prestige, Aznar se embarca en su aventura
imperial en Irak a cambio de poner las piernas sobre una mesa junto a
Bush. Cuanto mayor es la respuesta en la calle más se crece el
presidente, que empieza a mostrar ya unos signos claros de endiosamiento
cuando juega durante meses con la prensa al ratón y el gato en lo que
será la designación de su sucesor.
Es aquí cuando las mentes de la derecha se dan cuenta de que, por
mucha victoria electoral que consigan, si el sentido común del país
sigue siendo progresista, no habrá manera de introducir los cambios que
se desean en la siguiente legislatura: FAES meets Gramsci.(...)
¿Y el Rey? Mientras que con Felipe González ha mantenido unas excelentes
relaciones, en lo político y lo personal, con Aznar es público y
notorio que la relación es manifiestamente mejorable. (...)
La boda de Ana Aznar, la hija del presidente, celebrada en septiembre
de 2002, se recuerda hoy por la asistencia de la cúpula de la Gürtel,
pero en su momento despertó también las suspicacias de la Casa Real. En
primer lugar porque el lugar de celebración, el monasterio del Escorial,
es donde se encuentra la Cripta Real, donde reposan los restos de
decenas de Austrias y Borbones. La boda, a la que asistieron Juan Carlos
y Sofía, se trataba de un acto privado, pero tomó una extraña
relevancia pública que hacía muy difícil no compararla con las de las
Infantas. Más de 1100 invitados y una retransmisión líder de audiencia
en Telecinco. No fueron pocos los que sacaron la conclusión de que los
Aznar querían, con aquella demostración de fuerza, postularse como la
primera familia del país.
Todo, sin embargo, se tuerce con la victoria de Zapatero en 2004,
tras la procaz y desastrosa gestión informativa del Gobierno popular en
los atentados del 11M. Este es el punto de quiebra donde Aznar pasa de
la vanidad a la amargura, donde la derecha en España apuesta por las
teorías de la conspiración para explicar su derrota.
Es el momento donde
se deja libre a una ultraderecha marginal hasta aquel entonces, que
volverá a reencontrarse en la calle espoleada por el TDT Party y los
radio-predicadores. Una década donde Mariano Rajoy es acosado por
Esperanza Aguirre y Federico Jiménez Losantos, que la emprende incluso
contra el Rey, a quien considera proclive a los socialistas, pidiendo la
abdicación en su hijo Felipe.
En octubre de 2007 se produce la conocida comida donde Juan Carlos
expresa su preocupación por el ambiente de crispación en el que se va a
celebrar la Fiesta Nacional. Esperanza Aguirre, sentada en aquella mesa,
recoge el guante. Lejos de amilanarse, la condesa consorte de Bornos
apoya a su amigo locutor: "No sé si os va a gustar lo que voy a
plantear, pero creo que se debe dar un trato humano a Jiménez Losantos".
El Rey se indigna con la presidenta madrileña, "es a mí a quien tiene
que dar un trato humano. ¿Pero esto qué es? Es intolerable. Le he dicho a
Rouco Varela que recen menos por mí y la monarquía y se ocupen más de
la Conferencia Episcopal que controla a la Cope".
La escisión que cristalizará en Vox a finales de 2013 hunde sus
raíces en todos estos acontecimientos, que abren una nueva vía para que
las ideas ultras puedan ser aceptadas de nuevo entre los líderes y el
electorado del PP (...)
A finales de julio de 2018, en el XIX congreso del Partido Popular se
da el último episodio que abre definitivamente a los ultras las puertas
de la política española.
Mariano Rajoy da la espantada tras su humillante moción de censura,
dejando en el aire una victoria de Soraya Saenz de Santamaría que todo
el mundo daba por hecha. La inquina personal de Cospedal hacia la que
fue la mujer más poderosa de España le lleva a presentarse, lo que abre
una puerta para Pablo Casado, a la sombra de Aznar y de Aguirre, para
ganar la presidencia del Partido Popular.
(...) se abren oportunidades para que gente como Isabel Díaz Ayuso se convierta en la diva del trumpismo a la española.
Ayuso, presidenta de la I República Nacional Española.
No se alarmen, la posibilidad de que esto suceda es muy remota, casi
tanto como que dos aviones sean estrellados contra las Torres Gemelas,
inaugurando el siglo XXI, o que una enfermedad de origen desconocido con
epicentro en Wuhan, China, ponga el mundo patas arriba. (...)
La intención de este artículo es, en primer lugar, señalar que el mal
gesto de Ayuso con Felipe VI no es una excepción, sino más bien un
capítulo más en una larga cadena de desencuentros de la monarquía con
esa familia política acaudillada por Aznar. (...)
El Rey, no obstante, es una figura en un serio peligro estratégico. No
cuenta con las simpatías de la izquierda, es acaparado por la derecha y
los ultras y tiene tan sólo en el PSOE su único valedor. (...)
Con la marcha de Juan Carlos a Abu Dabi, fueron precisamente los
socialistas los que buscaron no tanto una salida para el emérito, sino
sobre todo una oportunidad para el actual regente, que tras los
múltiples casos de corrupción y el escándalo de las cuentas en Suiza, se
enfrentaba a un momento complicado. Lejos de entender la jugada, el PP,
Vox y sus resortes mediáticos, lanzaron la idea de que se trataba de
una maniobra de carácter republicanista de Pedro Sánchez. (...)
Este episodio define muy bien la esquizofrenia a la que se ve
sometida la institución monárquica, donde sus valedores más histéricos
son precisamente los que la sitúan siempre en la posición más incómoda.
Para que Felipe VI sobreviva políticamente necesita encontrar un punto
similar al que encontró su padre en las décadas de los años ochenta y
noventa. Estabilidad y negocio, sonrisas y tratos comerciales,
representación internacional y un aburrido mensaje en Nochebuena. Un Rey
debe vivir pocos momentos históricos si no quiere convertirse él mismo
en historia. Felipe VI ya tuvo su 23F con el independentismo catalán,
uno del que no salió tan bien parado como su antecesor.
Pero, si la derecha es tan presuntamente monárquica, ¿por qué no
apuesta por la estabilización del país tras la década convulsa y espera
su turno pacientemente?¿Por qué Ayuso lanza sus dardos contra Felipe VI?
Todo se remonta, como hemos visto, a la amargura de Aznar, año 2004.
Desde ese momento, la derecha institucional quedó al mando de un Rajoy que dió tantos bandazos como el propio Casado (...) pero que procuró no saltar determinadas líneas rojas de Estado.
Sin embargo, la rama aznarista siguió un camino diferente, el de preparar una restauración reaccionaria en España.
Todo el acoso al Gobierno de Zapatero valió al aznarismo para iniciar
la narrativa de que España se había apartado de lo que ellos
consideraban la justa línea constitucional, una que por tanto había que
restituir.
Aunque hoy ya no se recuerda, las dos legislaturas de 2004 a 2011 estuvieron marcadas por una notable crispación. (...)
Se consiguió trasladar la idea a una parte de la población de que algo oscuro e ilegítimo ocurría en el Gobierno de este país.
Determinados mecanismos ideológicos, como el regreso del nacionalismo
español excluyente o la prerrogativa de no respetar los resultados
electorales, eran impensables antes de 2004, necesitando década y media
para instalarse en el imaginario colectivo. Una vez alcanzado este punto
es muy difícil un regreso a la normalidad, sobre todo con un líder
débil y errático como Casado. No se trata ya de que Aznar haya pasado de
reivindicar a Azaña a hacerlo con Lerroux, sino de que la derecha
social del propio país ha cambiado.
Maleducada durante años por autores
revisionistas, medios radicales y unos medios conservadores que no han
tenido reparos en unirse a esta espiral reaccionaria: cuanto mayor es su
derechismo, mayores son sus audiencias. ¿Qué posibilidades tendría hoy
una figura como Soraya Sáenz de Santamaría de encabezar la derecha
española cuando sus jóvenes se identifican más con la bandera de Gadsden
que con la enseña europea?
Alcanzando nuestro presente cabe lanzar la cuestión de fondo que ha
impulsado toda esta historia: ¿por qué la derecha va a detenerse aquí? (...)
La derecha que representa Ayuso y Vox, más allá, una que se nos ha
revelado en este último año bien presente en la judicatura, el ejército,
la policía y los medios de comunicación, no se va a conformar sólo con
"expulsar" a Sánchez de la Moncloa. Llegado el caso de una victoria
electoral, se verán con la fuerza de iniciar algún tipo de proceso
constituyente para lograr una involución democrática en España. Uno que
deberá contar con la aquiescencia del propio monarca, que se verá en la
tesitura de "si no estás con nosotros, estás contra nosotros". (...)
El objetivo último será encontrar algún tipo de autoritarismo de barniz
democrático, sancionado legalmente, que impida a la izquierda volver a
llegar al Gobierno, que restrinja los derechos de asociación y de
manifestación, que ahogue los derechos laborales y a los sindicatos y
que, a lo sumo, tolere a un PSOE disminuido y comandado por sus sectores
conservadores, de manera análoga a lo sucedido con la dictadura de
Primo de Rivera a partir de 1923.
La narrativa, por supuesto, no será
esta, sino la necesidad de volver a recuperar la vitalidad de España,
mancillada por años de "caos, despilfarro y corrupción". Cuando Abascal,
en sede parlamentaria, amenaza con llevar a la cárcel a Sánchez e
Iglesias no está sólo sacando su lado más pendenciero, sino trazando una
profecía autocumplida: el primer paso para que algo suceda es sembrarlo
como posibilidad en la opinión pública.
Mecanismo similar al de las declaraciones de Ayuso sobre Felipe VI,
dejándole como víctima de una trampa, pero de una manera retorcida,
también como traidor. Estas palabras son una hipoteca narrativa que esta
derecha firma sobre el Rey: cuidado, parecen decirle, en un futuro
cercano tendrás que elegir y la firma de estos indultos puede pesar
sobre tu legitimidad.
Esto es, plantar la semilla aún careciendo de la
propiedad del terreno, del agua e incluso del sol, pero plantarla a
pesar de todo, por si las condiciones son favorables asegurarte la
sombra favorable de ese árbol. Quizá, llegado el momento, necesites al
Rey de tu parte. Quizá necesites a un monarca diferente o, incluso, la
idea de una república reaccionaria. La mejor manera de tener a alguien a
tu lado no es cubrirle de elogios, la forma más efectiva siempre es
conjugar el elogio público con la amenaza velada. (...)
Lo más probable es que lo descrito en este artículo nunca llegue a suceder. Lo poco probable no significa lo imposible." (Daniel Bernabé, Público, 21/06/21)