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15.9.23

Quince años del estallido de la gran crisis financiera de la que los banqueros salieron impunes... la Gran Recesión desnudó la vulnerabilidad de los Estados y sus economías ante la insostenible y creciente magnitud de unos gigantes financieros que ignoraron todos los riesgos... Goldman Sachs cerró un costoso acuerdo de 550 millones de dólares con la SEC para evitar que ningún otro de sus ejecutivos pasara por el banquillo... Citigroup pagó 590 millones para evitar imputaciones penales a sus directivos... Bernanke y Greenspan salieron indemnes, como los secretarios del Tesoro John Snow (2002-2006) y Henry Paulson (2006-2009) y la práctica totalidad del resto de los gestores de los principales bancos involucrados en el desaguisado en cambio, las consecuencias fueron tremendas para amplias capas de las clases medias y bajas de occidente que fueron perdiendo sus viviendas y/o viendo cómo se volatilizaban sus ahorros

 "De rositas" o "de balde", es decir, "sin coste alguno", sería, quizás, una de las expresiones que mejor defina el segundo capítulo de la crisis bancaria desatada en 2008 en EEUU y que, con la quiebra de Lehman Brothers como emblemático momento fundacional, desató una cascada de crisis de ámbito planetario al socaire de las hipotecas subprime.

El segundo capítulo tras la crisis fue el de las consecuencias, tremendas para amplias capas de las clases medias y bajas de occidente que fueron perdiendo sus viviendas y/o viendo cómo se volatilizaban sus ahorros pero no tanto para los responsables de los bancos y entidades financieras que desataron el crash.

Ni tampoco para los responsables de los gobiernos y organismos de regulación, especialmente la Secretaría del Tesoro y la Reserva Federal de EEUU, que o no lo vieron venir o no entendieron lo que venía. La tercera opción es que no quisieron entenderlo, quizás por temor a la magnitud del desaguisado que debían afrontar.

Solo un ejecutivo de primera línea, aunque tampoco tanto, sufrió algún tipo de sanción como consecuencia de esas crisis bancarias: la jueza federal del Distrito de Manhattan, Katherine Forrest, impuso a Fabrice Tourre una multa de 650.000 dólares por engañar a inversores para colocarles hipotecas subprime.

"No ha mostrado ningún remordimiento ni arrepentimiento", concluyó la magistrada, que le impidió cobrar el bono de 175.000 dólares que debía pagarle en concepto de objetivos el banco, al que le prohibió hacerse cargo de la multa de su ejecutivo.

Poco antes, el banco para el que trabajaba, Goldman Sachs, cerraba un costoso acuerdo de 550 millones de dólares con la SEC, la CNMV estadounidense, para evitar que ningún otro de sus ejecutivos pasara por el banquillo.

Una bola de nieve de productos financieros tóxicos

¿En qué consistió la crisis de las hipotecas subprime o infranormales? Bancos y entidades de crédito comenzaron a vender a otras las hipotecas que de manera masiva iban colocando a clientes de baja solvencia, lo que dotaba de salida a esos créditos de una toxicidad (en la jerga bancaria) genérica.

El riesgo de impago, además, se fue incrementando con la vertiginosa subida de los tipos de interés, que pasaron del 1% al 5,25% entre junio de 2004 y de 2006, y con la devaluación del precio de la vivienda, que cayó casi veinte puntos entre junio de 2006 y septiembre de 2008.

Aunque pueda resultar chocante, el truco no estaba tanto en la contratación de hipotecas subprime como en su venta, la venta de esas deudas en remesas, a otras entidades financieras: el negocio tenía como promotores a unos bancos, que al colocarlas dejaban de ser acreedores de los hipotecados de baja capacidad financiera, y como clientes principales a otros, que pasaban a situarse como prestadores ya ingresar esas rentas.

Los primeros obtenían ingresos con la venta de esas deudas que ellos mismos habían generado a morosos de baja capacidad financiera mientras los segundos jugaban con la expectativa de ganar dinero cobrando las cuotas a las familias empeñadas, quienes, como sus casas, no dejaban de ser un componente del producto con el que en realidad se mercadeaba.

Sin embargo, el negocio, que llegó a alcanzar un volumen de 320.000 millones de dólares, acabó gripándose cuando, al empezar a no poder hacer frente a sus pagos los hipotecados, el trasiego de las subprime dejó de ser una vía de negocio para los vendedores y una de ingresos para los compradores, a lo que se sumaron un inmediato contagio a las hipotecas comerciales y el resto del cartapacio de productos financieros y, como ocurriría poco después en España, una incipiente 'indigestión de ladrillo' paralela a una crisis habitacional por los desahucios.

La Reserva Federal, el Tesoro y Lehman Brothers

La bola fue creciendo mientras Alan Greenspan (2006-2014) y Ben Bernanke (1987-2006) dirigían la Reserva Federal en una actuación a caballo entre la ignorancia y la inoperancia que acabó estallando en septiembre de 2008.

Esa explosión, que acabaría teniendo entidad sistémica y ámbito planetario, se produjo sin que la quiebra del gigante del negocio subprime, New Century Financial, en abril de 2007 y de otras treinta firmas del ramo hubieran activado las alarmas, algo que tampoco ocurrió con el 'crash', a principios de 2008, de las compañías paragubernamentales Fannie Mae y Freddie Mac, que dejaron un agujero de casi 15.000 millones de euros.

Bernanke y Greenspan salieron indemnes, como los secretarios del Tesoro John Snow (2002-2006) y Henry Paulson (2006-2009) y la práctica totalidad del resto de los gestores de los principales bancos involucrados en el desaguisado, algo que plantea una duda: ¿nadie, ni en los bancos y empresas ni en la Administración de Gerorge Bush junior, lo vio venir? ¿de verdad?

Richard Fuld, primer ejecutivo de Lehman Brothers, uno de los primeros bancos estadounidenses en meterse en el negocio de las subprime, lo que reportó 164 millones en bonus a sus cinco principales ejecutivos entre 2004 y 2007, fue uno de los protagonistas destacados del entuerto, que no tuvo consecuencias para él.

Llegó a ser investigado por la quiebra, que dejó un agujero de 638.000 millones de dólares, pero la causa penal no tuvo consecuencias para él. Aunque no las tenía todas consigo, ya que a finales de 2008 le vendió a su esposa por cien dólares su mansión de Florida, que cuatro años antes le había costado casi catorce millones. En marzo de 2009 estaba colocado en la financiera Matrix.

La caída en bloque de la supuesta flor y nata de las finanzas

Tampoco recibió ningún tipo de sanción Joseph Cassano, el director ejecutivo de la aseguradora AIG, que basó una parte importante de su negocio en la venta de pólizas contra el impago de hipotecas subprime.

La compañía requirió un préstamo estatal de 85.000 millones de dólares que la Reserva Federal formalizó la víspera de la quiebra de Lehman.
Lloyd Blankfein, consejero delegado de Goldman Sahchs, cobró en 2007 un bono de cerca de setenta millones de dólares por las ganancias que su gestión le había reportado al grupo inversor, que ese año ganó 11.600 millones limpios tras alcanzar unos ingresos de 45.900.

Sin embargo, no todo resultó ser juego limpio: una investigación del Senado de EEUU concluyó que el banco, que aceptó una multa de 500 millones de la SEC para evitar una causa penal, había engañado a sus clientes al colocarles productos financieros vinculados a las hipotecas basura.

Años más tarde, el banco, cuya cabeza visible en Europa era en aquella época Luis de Guindos, actual vicepresidente del BCE (Banco Central Europeo) y exministro de Economía español, asumiría otra factura de más de 5.000: 875 para cerrar las acusaciones de varias agencias federales, más una multa 2.385 y 1.800 más para indemizar a las víctimas.

Citigroup pagó 590 millones para evitar imputaciones penales a sus directivos tras la demanda de un grupo de accionistas que les acusaban de haberles provocado pérdidas al engañarles sobre la consistencia del negocio subprime, algo que a JP Morgan le costaría otros 156 millones.

La crisis también se llegó por delante al banco de inversiones Bearn Stears, que tuvo que ser rescatado por Jp Morgan con cargo a la Reserva Federal mientras su consejero delegado, James Cayne, se dedicaba, según él mismo decía, a jugar a las cartas en Detroit, una actitud que tampoco tuvo consecuencias penales.

Por último, Stan O'Neal fue sustituido por John Thain al frente de Merril Lynch, que tras registrar elevados beneficios en 2006 acabó siendo comprado, también el 15 de septiembre de 2009, por Bank of America, que pagó por sus acciones 44.000 millones de dólares, la mitad de lo que valía un año antes.

Una única ejecutiva, y solo unos meses, en 158 años

Lehman fue el emblema de una forma de hacer negocios en la que no parecían importar las inyecciones de toxicidad en el sistema, con una componente de trapaza enmascarada de competencia y con unos ejecutivos que, vistos los desenlaces, parecían desconocer el medio en el que se movían o carecer de escrúpulos para reorientarlo vistos los beneficios personales que obtenían.

O, quizás, lo que predominaba era una sensación de impunidad derivada de la convicción de que las esferas políticas, y con ellas las administraciones que gobiernan, iban a salir al rescate de esas entidades financieras para evitar las consecuencias sociales y económicas de cualquier eventual percance.

Imágenes como la de Joe Gregory, presidente del banco y director de operaciones de Lehman, moviéndose en helicóptero entre su casa y la oficina, ayudan a hacerse una idea del nivel de los protagonistas.

En el caso de Lehman, a esos ejecutivos les sobró cuajo para dejar sola a su directora financiera, Erin Callan, en la presentación de los resultados del primer trimestre de 2008, los primeros negativos en más de trece años, cuando apenas llevaba unas semanas en el puesto tras el despido de su antecesor.

También resulta revelador que Callan fuera la primera y única mujer que en los 158 años de existencia de la entidad financiera, fundada en 1850 en Montgomery (Alabama), formó parte del cuadro de altos ejecutivos de Lehman.

Resolver un problema alumbrando un riesgo mayor

La caída de Lehman Brothers, nacionalizado y vendido por segmentos de negocio, sí supuso, en cualquier caso, un cambio en la manera en la que los Estados enfrentaban las crisis bancarias desde el primer tercio del siglo pasado, cuando las opciones eran la intervención o rescate con fondos públicos de los bancos en apuros o la habilitación de facilidades de compra, es decir, al inyección de dinero público, a otra entidad que se hiciera cargo de la renqueante.

El cambio de posición no deja de responder a la constatación de una realidad: los Estados carecen de capacidad económica para hacerse cargo de quiebras de la magnitud que supone la de cualquier entidad sistémica, aunque no está claro que la aparente solución, que es la de crear bancos todavía mayores, lo sea en realidad para ese problema.

"Ha habido cambios en la forma de intervenir, que ahora es más homogénea. Siempre había existido una polémica, al margen de la protección de los depósitos, sobre quién debía soportar la responsabilidad a la hora de rescatar a un banco", explica Antonio Luis Gallardo, responsable de Estudios de Asufín (Asociación de Usuarios Financieros).

Ahora, como ya ocurrió con la crisis de Banco Popular, está claro, aunque no lo estuvo tanto durante la reconversión de sistema financiero español a lo largo de la pasada década, que el saneamiento empieza por la amortización de los instrumentos de capital por este orden: reservas, acciones, AT1 y AT2 (bolsas de solvencia de las que el BCE obliga a disponer), deuda subordinada, deuda senior y acreedores ordinarios, lo que incluye el excedente de los depósitos por encima de los 100.000 euros por cabeza que protege el FGD (Fondo de Garantía de Depósitos).

Lo que tampoco está tan claro es que haya mejorado la tradicionalmente liviana supervisión del sistema financiero, ni en EEUU, vistos los episodios de Silicon Valley Bank y de Signature, ni tampoco en Europa, donde de manera casi inmediata se encendieron las alarmas sobre Credit Suisse, rápidamente engullido por UBS, y sobre otras entidades alemanas e italianas."                 (Eduardo Bayona , Público, 14/09/23)

17.11.22

Michael Roberts: Las principales economías se desaceleran rápidamente tras el subidón poscovid de la recuperación de 2021. Se encaminan actualmente hacía un nuevo desplome en 2023, provocado por el descenso de la rentabilidad (los márgenes de beneficio insólitos de 2021 están en caída libre). Esto frenará el aumento de la inversión. Al mismo tiempo, los cuellos de botella en la cadena de suministros global siguen siendo más importantes que antes de la pandemia. Esto significa que la inflación, que comenzó después de 2020 y se vio acelerada por la invasión rusa de Ucrania y las sanciones de los países occidentales, no se aproximará a los niveles precovid durante un tiempo, o tal vez nunca... la Larga Depresión se caracterizó por un bajo incremento de la inversión y la productividad y por el estancamiento de los salarios reales de la mayoría de la población. Únicamente los muy ricos han salido ganando (enormemente) con las alzas especulativas de los activos financieros y de los bienes inmuebles, que han sustituido a la inversión productiva. Pero esas burbujas empiezan ahora a estallar, y la caída durante la pandemia ha dañado irreversiblemente a las grandes economías... así que con las subidas de los tipos de interés, muchas economías subdesarrolladas emergentes ya tienen apuros financieros y se encaminan a la suspensión de pagos... los Estados más poderosos y las políticas de sus bancos centrales tendrán un impacto devastador en la clase trabajadora y las naciones oprimidas. Esto suena a guerra de clases y a imperialismo de otros tiempos... A corto plazo hemos de luchar contra el aumento del coste de la vida. Hemos de apoyar las batallas de los sindicatos, los únicos defensores de los y las trabajadoras en el lugar de trabajo. Hemos de luchar por un salario para vivir dignamente y por aumentos salariales iguales a las tasas de inflación a fin de mantener como mínimo los salarios reales. Hemos de oponernos a todos los aumentos de los tipos de interés y otras medidas encaminadas a recortar el gasto presupuestario en servicios y bienestar y/o todo aumento de los impuestos para la mayoría

 "(...) Ashley Smith, redactor de Spectre, entrevista a Michael Roberts sobre el desplome mundial, las explicaciones oficiales y marxistas del mismo y lo que debería reivindicar y propugnar la izquierda en la actualidad.

Ashley Smith – En los grandes medios de comunicación proliferan artículos sobre la inflación, el estancamiento de la economía y el peligro de una recesión mundial. ¿En que situación se halla la economía mundial, desde los países capitalistas avanzados hasta los países en desarrollo o subdesarrollados?

Michael Roberts – Las principales economías se desaceleran rápidamente tras el subidón poscovid de la recuperación de 2021. Se encaminan actualmente hacía un nuevo desplome en 2023, provocado por el descenso de la rentabilidad (los márgenes de beneficio insólitos de 2021 están en caída libre). Esto frenará el aumento de la inversión. Al mismo tiempo, los cuellos de botella en la cadena de suministros global siguen siendo más importantes que antes de la pandemia. Esto significa que la inflación, que comenzó después de 2020 y se vio acelerada por la invasión rusa de Ucrania y las sanciones de los países occidentales, no se aproximará a los niveles precovid durante un tiempo, o tal vez nunca.

Los bancos centrales, en su intento de controlar la elevada inflación elevando los tipos de interés y reduciendo la oferta monetaria, están provocando el colapso de los precios de los inmuebles, incrementando los costes del servicio de la deuda empresarial y pública y de este modo inducirán la caída de la inversión. El dólar fuerte propaga este daño colateral al resto del mundo, en particular a las economías pobres subdesarrolladas el llamado Sur global, que ahora se enfrentan al aumento del coste de la deuda en dólares, la caída de los ingresos y el colapso de las monedas.

Ashley Smith – Adam Tooze ha escrito recientemente un editorial en The New York Times en que describe muy bien la crisis del capitalismo mundial. Pearo parece que no sabe muy bien cómo explicarla. ¿Cuál es la causa de la estanflación actual? ¿Es meramente el resultado de la pandemia de covid y de la disrupción de las cadenas de suministro o se trata de algo más profundo?

 Michael Roberts – Esto es crucial. No basta saber cómo se ha desarrollado una crisis de la producción capitalista, sino sobre todo por qué. De lo contrario no podremos prever lo que va a ocurrir y si hay otra crisis que está emergiendo. El modo de producción capitalista es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas necesarias para satisfacer las necesidades de miles de millones de personas en este planeta, y también comienza a destruir el ecosistema del propio planeta.

El aumento de la inversión en mejores tecnologías, servicios públicos y bienes y servicios básicos ha ido frenándose durante décadas. De hecho, desde la crisis financiera mundial las principales economías han estado sumidas en lo que he llamado la Larga Depresión, caracterizada por un bajo incremento de la inversión y la productividad y por el estancamiento de los salarios reales de la mayoría de la población. Únicamente los muy ricos han salido ganando (enormemente) con las alzas especulativas de los activos financieros y de los bienes inmuebles, que han sustituido a la inversión productiva.

Sin embargo, esas burbujas empiezan ahora a estallar. La caída durante la pandemia ha dañado irreversiblemente a las grandes economías: el crecimiento tendencial desde la covid es menor que antes de la pandemia, cuando la década anterior a esta ya conoció un crecimiento más lento que el periodo anterior a la crisis financiera. Existe lo que los economistas llaman histéresis en las principales economías, o si quieres, una covid económica prolongada.

 La breve recuperación económica de 2021 se desvanece rápidamente y las economías vuelven a caer, cosa que habría ocurrido en 2020 si no hubiera intervenido la pandemia. Solo que esta vez la recuperación ha venido acompañada de la aceleración de la inflación hasta cotas que no se veían desde hace 40 años. Así, tan solo una fuerte caída frenará y reducirá las tasas de inflación. Los bancos centrales parecen decididos a aplicar la terapia de choque, a base de una política monetaria restrictiva, para lograrlo. (...)

Ashley Smith – Una de las cosas que dice Tooze es que las subidas descoordinadas de los tipos de interés ponen el mundo en riesgo de una fuerte recesión. ¿Hasta qué punto existe este peligro? ¿Y podría una política monetaria más coordinada evitarlo? ¿Es siquiera posible esa coordinación?

Michael Roberts – ¿Subidas descoordinadas? Así que ¿si se coordinaran todo iría bien? Pienso que no. El alza mundial de los tipos de interés, impulsada por la caída de los precios de los bonos y las intervenciones de los bancos centrales, ya es en cierto modo un proceder coordinado, ya que cada país ha de seguir al otro o ver cómo se derrumba su propia moneda nacional.

La coordinación de la política monetaria no evitaría una recesión a menos que detuviera y revirtiera esas subidas. El llamado Acuerdo Plaza de 1985, en que se pactó reducir la fortaleza del dólar, apenas repercutió en el crecimiento económico de las principales economías. Y actualmente no es probable que se llegue a un acuerdo como aquel. Si tuviera que haber coordinación, debería englobar un plan de inversiones mundial, el control climático y la reducción de la pobreza. Y no hay ninguna posibilidad de que esto se haga.

 Ashley Smith – ¿Cómo afectan las subidas de los tipos de interés a las diferentes partes de la economía mundial? ¿Qué efectos tienen en los países capitalistas avanzados? ¿Qué impacto tendrán en el Sur global, especialmente en los países más endeudados? ¿Volveremos a ver crisis masivas de deudas soberanas?

Michael Roberts – Muchas economías subdesarrolladas emergentes ya tienen apuros financieros y se encaminan a la suspensión de pagos (Sri Lanka, Zambia, Pakistán). El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el año que viene tendrá que amortizar muchos más créditos suyos, endeudando todavía más a muchos pobres y sometiéndolos a la disciplina fiscal del FMI. Esto solo puede implicar más austeridad para esos países. Pero esta situación también afectará probablemente a economías avanzadas a medida que los Estados recorten el gasto poscovid y traten de reducir los crecientes niveles de endeudamiento, tanto privado como público.

Ashley Smith – Has afirmado que nos hallamos en una depresión mundial prolongada, caracterizada por recesiones y débiles recuperaciones. Uno de los motivos radica en que los Estados han apuntalado grandes empresas que no son competitivas, las llamadas zombis, con bajos tipos de interés y rescates. A finales de la década de 1970, las fuertes subidas de tipos de interés decretadas por Paul Volcker permitieron finalmente controlar la inflación y marcaron el comienzo del prolongado auge neoliberal, pero a cambio de grandes quiebras, mucho desempleo y una crisis masiva de la deuda en todo el Sur global. ¿Podrían los bancos centrales hacer lo mismo y abrir una nueva ronda de crecimiento capitalista mediante la llamada destrucción creativa ?

Michael Roberts – La destrucción creativa o terapia de choque al estilo de la de Volcker a finales de la década de 1970 se evitó en el crash financiero mundial de 2008. En efecto, el entonces presidente de la Reserva Federal, Bernanke, adoptó la política opuesta, ampliando la oferta monetaria y el crédito al sector capitalista para rescatarlo (acaba de ser galardonado con un llamado premio Nobel por ello).

Después, las compañías recibieron una alimentación dosificada a base de créditos con un interés próximo a cero junto con una inflación baja para permitirles crecer, pero crecer muy lentamente. Una larga depresión sustituyó a la destrucción creativa. En 2019 estaba anunciada una nueva recesión. Ahora, en 2022, no se han previsto inyecciones crediticias, sino todo lo contrario, debido a la elevada tasa de inflación. En su lugar, los bancos centrales tratan de aplicar la terapia de choque  a la inflación. (...)

Ashley Smith – Finalmente, los Estados más poderosos y las políticas de sus bancos centrales tendrán un impacto devastador en la clase trabajadora y las naciones oprimidas. Esto suena a guerra de clases y a imperialismo de otros tiempos. ¿Que deberían exigir ahora los movimientos obreros y las naciones oprimidas? ¿Qué debería propugnar la izquierda a corto y a largo plazo?

Michael Roberts – A corto plazo hemos de luchar contra el aumento del coste de la vida. Hemos de apoyar las batallas de los sindicatos, los únicos defensores de los y las trabajadoras en el lugar de trabajo. Hemos de luchar por un salario para vivir dignamente y por aumentos salariales iguales a las tasas de inflación a fin de mantener como mínimo los salarios reales. Hemos de oponernos a todos los aumentos de los tipos de interés y otras medidas encaminadas a recortar el gasto presupuestario en servicios y bienestar y/o  todo aumento de los impuestos para la mayoría.

La inflación se puede controlar y reducir si asumimos el control del sector bancario y sectores estratégicos de la economía. Es preciso sustituir el mercado de la energía etc. por la planificación estatal democrática para cubrir las necesidades sociales e invertir en tecnología y puestos de trabajo idóneos.

Hay que poner fin a las guerras destructivas que hemos visto en el siglo XXI en Irak, Afganistán, Ucrania, África subsahariana y las que tal vez surjan en Asia Central. No solo comportan la pérdida de la vida y la base de sustento de cientos de millones de personas, sino que también suponen un despilfarro masivo de recursos y un golpe devastador para el medio ambiente.

O sea: no a la rebaja del nivel de vida; no al recorte del gasto público que beneficia a la gente; no más guerras; por una economía mundial planificada de propiedad pública y controlada democráticamente por las instituciones del pueblo y no por multimillonarios codiciosos y el mercado capitalista."            

( , Entrevista a Michael Roberts, Viento Sur,  03/11/22; fuente: Spectre)

28.7.22

La crisis energética ha recuperado irónicamente los discursos de esos días de 2012, en los que los países de Centroeuropa llamaban despectivamente cerdos (PIGS) a los mediterráneos por las iniciales: Portugal, Italia, Greece y Spain... Han vivido por encima de sus posibilidades, se decía. Se echan la siesta y beben vino mientras nosotros trabajamos. Los cerdos tendrán que volar (o sea, emigrar)... Portugal, España o Italia ahora piden mecanismos de control para que los irresponsables alemanes no gasten más calefacción de la necesaria. es que no han sido previsores. Han vivido por encima de sus posibilidades. Tendrán que desmontar su industria, como nos obligaron para entrar en la CEE... El 21 de marzo de 2009, la Unión Europea decidió la movilización de 50.000 millones para las economías del Este. De nuevo, sin intervención, ni mecanismos de control. Hubo ajustes, pero no hubo un shock. Los países del Sur podrían haber vetado esta partida o haber exigido algo a cambio a los países ahorradores. No sucedió así. En 19 días, la UE había tomado una decisión. Grecia no tendría la misma suerte

 "(...) La crisis energética ha recuperado irónicamente los discursos de esos días de 2012, en los que los países de Centroeuropa llamaban despectivamente cerdos (PIGS) a los mediterráneos por las iniciales: Portugal, Italia, Greece y Spain. Los lugares comunes sobre las costumbres sirvieron para someter a esos países a shocks económicos que se veían como correctivos razonables tras el frívolo dispendio anterior. Los países de Centroeuropa se autodenominaron frugales. Han vivido por encima de sus posibilidades, se decía. Se echan la siesta y beben vino mientras nosotros trabajamos. Los cerdos tendrán que volar, titulaba un reportaje que invitaba a los titulados españoles a emigrar.

 Pero la Tierra es redonda y toda piedra que lanzas hacia otra persona acaba dando la vuelta al planeta y golpeándote en la nunca tarde o temprano. La piedra se llama gas. Portugal, España o Italia están más resguardados que los frugales y esas portadas vuelven para, irónicamente o no, pedir mecanismos de control para que los irresponsables alemanes no gasten más calefacción de la necesaria. No han sido previsores, se dice. Han vivido por encima de sus posibilidades. Tendrán que desmontar su industria, como nos obligaron para entrar en la CEE. Más allá de la ironía, es interesante volver sobre esos años para entender lo que sucedió: el sacrificio deliberado del Sur.

La desaparición del dinero

Los primeros reportajes sobre la crisis subprime estadounidense llegaron durante el verano de 2007 y se referían a las entidades especializadas en la concesión de hipotecas. El tsunami tardó un año en formarse y afectar a todo el sistema financiero anglosajón a través de los productos derivados. Este proceso ha sido explicado muchas veces y lo único interesante es señalar que no fue producto del capitalismo porque ese modelo ha evolucionado al neoliberalismo, donde la producción es un elemento secundario. La industria financiera global, que emplea el sistema de cártel, se basa en la producción de capital, llamada creación de valor, y no es enemiga de lo público, como el liberalismo, porque necesita de sus recursos para mutualizar sus pérdidas periódicas y desarrollar la estructura legal de acuerdos o instituciones supranacionales que le permita proteger sus intereses.

Eso fue lo que sucedió en 2008. La industria financiera había comercializado, entre otros productos, titulizaciones hipotecarias. Cuando esas decenas de miles de estadounidenses dejaron de pagar, comenzó el efecto dominó de las entidades que habían concedido las hipotecas a las que las habían comercializado a través de productos financieros. La crisis de los activos tóxicos afectó primero a EE.UU., donde se llevó a varias entidades antes de que los miembros de la administración, ex trabajadores de esa industria financiera, decidieran mutualizar las pérdidas. Después, casi inmediatamente, a Reino Unido y, después, siguió por los sistemas financieros más globalizados entonces, como Islandia. Por último, a los países ahorradores europeos (Benelux, Alemania o Austria).

El dinero desapareció. Las entidades financieras descubrieron que los apuntes contables que salían en sus ordenadores valían menos que la placa base. En todos esos países, o sistemas regionales, los gobiernos, decidieron mutualizar las pérdidas del sistema financiero a causa de las terribles consecuencias de no hacerlo anunciadas por el propio sistema financiero. Normalmente, a través de organismos, instituciones, consultorías o universidades. Además, entre el dinero desaparecido, había depósitos o pensiones y nadie quería un problema social que se pudiera solucionar poniendo dinero sobre la mesa. Se habló de la refundación del modelo, la recuperación de los controles y el fin de los paraísos fiscales. No se hizo nada.

En Europa, la profundidad del agujero provocó la movilización de mecanismos de rescate que llegaron a alcanzar más de un billón y medio de euros. Se decía que era eso o el caos, pero sin cambiar nada de lo que había provocado el caos. Todo ese dinero se puso en la mesa sin intervención ni mecanismos de control. Se llamó acción combinada, fondo de solidaridad o escudo del euro. Siempre hay que poner un nombre cuqui. En otoño de 2008, cuando los bancos holandeses estaban en quiebra y España, según el consenso generalizado, tenía el mejor sistema financiero de Europa, no había troika, ni memorandos. Entonces, se decía que era un problema común y que debía solucionarse solidariamente.

Los países mediterráneos podían haber pedido la intervención del derrochador Benelux, un grupo de países con un sistema financiero desmesurado. O Austria, un país que había invertido de forma irresponsables en el Este de Europa. También, haber forzado una quita para los ahorradores, relevado presidentes o modificado la constitución. No se hizo porque no hubo voluntad política de hacerlo. Era algo que no le encajaba a nadie; decisiones que pertenecían al grupo de cosas que no se pueden hacer. La mutualización provocó que los problemas del sector privado pasasen al público y, por ejemplo, la deuda alemana pasó del 64,9% del PIB en 2007 al 83,2% del PIB en 2010. Nadie dentro del Eurogrupo planteó entonces intervenciones o poner límites a las cifras.

Bankias alemanas

Merece la pena detenerse en Alemania, un país que tenía más de 2.000 entidades financieras. Además de los grandes bancos, 400 cajas de ahorros, 7 bancos estatales de los länder (Landesbanken), 1.200 de los llamados bancos populares (Volksbanken) y cooperativas (Genossenschaftsbanken). Las 2.000 entidades, captadoras de depósitos y fondos de pensiones, invirtieron en todo tipo de productos: desde cédulas hipotecarias estadounidenses a promociones inmobiliarias en Rumanía; activos tóxicos anglosajones, bálticos o islandeses o deuda pública de toda Europa.

Hubo varias bankias alemanas. Hypo Real Estate fue rescatado con más de 100.000 millones de euros y en 2009 fue nacionalizado en un 90%; el Industriebank (IKB), con 10.000 millones de euros; el Dresdner Bank, segunda entidad del país, quebró y fue absorbido por el Commerzbank, que a su vez recibió un rescate de 100.000 millones. Según un informe del supervisor financiero alemán, filtrado en 2009, los activos tóxicos del país en 2009 eran de 800.000 millones. Las 2.000 entidades alemanas habían financiado fiestas por todo el mundo; de California a Letonia; de Islandia a Canarias. Islandia, por ejemplo, optó por no reconocer la deuda de sus entidades financieras, decisión que provocó todo tipo de amenazas que no se cumplieron. Pero la peor noticia para Alemania llegó del Este.

19 días

El dos de marzo de 2009, nueve países del Este de Europa (Chequia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania) solicitaron mecanismos de ayuda a la UE en una cumbre de urgencia convocada por el presidente checo, Topolanek, el señor que aparecía desnudo en las fotos de la Villa Certosa. Todos estos países habían tenido su propia burbuja financiera e inmobiliaria financiada con dinero centroeuropeo, Austria, Alemania y Benelux, y su economía estaba próxima al colapso. Era la palabra que se usaba. Quizá no nos suena el colapso del Este porque aquí hablábamos de Eta, de las actas de Eta y el caso Faisán. De momento, era una crisis de activos tóxicos.

La agencia de calificación Moody’s lanzó una advertencia: Europa del Este podía arrastrar a parte de la banca centroeuropea, que había concedido en la zona créditos por cerca de 1,5 billones de euros. 220.000 millones de euros, en el caso de Austria, por ejemplo, un 70% del PIB. Todas las monedas habían experimentado fuertes devaluaciones. En menos de un año, la corona checa había perdido un 25,6%; el sloty polaco, un 54,3%; el leu rumano, un 20%; el florín húngaro, un 27%. Pensemos en cómo afectó eso a los préstamos en euros o francos suizos, un modelo habitual en Polonia, Rumanía o Hungría. Este último era uno de los países más tocados y ya había recibido créditos del FMI y de la UE por 20.000 millones de euros para evitar el colapso. En abril de 2009, el Gordon Bajnai encabezó un gobierno tecnocrático. En mayo de 2010, Viktor Orban ganó las elecciones.

El 21 de marzo, la Unión Europea decidió la movilización de 50.000 millones para las economías del Este. De nuevo, sin intervención, ni mecanismos de control. Hubo ajustes, pero no hubo un shock. Los países del Sur podrían haber vetado esta partida o haber exigido algo a cambio a los países ahorradores. No sucedió así. En 19 días, la UE había tomado una decisión. Grecia no tendría la misma suerte. "         (Jorge Dioni ,  La Marea, 28/07/22)

23.11.21

Michael Roberts: A McKinsey le preocupa que el creciente nivel de especulación en activos no productivos financiados con más deuda pueda volverse problemática... la rentabilidad de los activos productivos tangibles ha ido cayendo... entonces: “Si una empresa invierte $ 1 millón en maquinaria nueva, ¿el valor de operar esa maquinaria para producir un producto superará el valor de la tierra debajo de la fábrica donde se encuentra la maquinaria? Solo por esa razón, no es probable que la década de 2020 sea "feliz"

 "¿Cómo va la recuperación mundial tras la pandemia de COVID? El consenso económico es que las principales economías se están recuperando rápidamente, impulsadas por el aumento del gasto de los consumidores y la inversión empresarial. 

El problema que tenemos por delante no es un retorno al crecimiento económico sostenido, sino el riesgo de una inflación más alta o más duradera de los precios de los bienes y servicios que podría obligar a los bancos centrales y otros prestamistas a subir las tasas de interés. Y eso podría conducir a la quiebra de empresas muy endeudadas y luego a una nueva crisis financiera.  

Si bien ese riesgo estará claramente presente durante los próximos dos años, ¿habrá realmente una recuperación sostenida del crecimiento económico durante los próximos cinco años? (...)

Parece que no hay evidencia para justificar la afirmación de algunos optimistas habituales de que el mundo capitalista avanzado está a punto de experimentar una década de 2020 "feliz" como lo hizo Estados Unidos brevemente en la década de 1920 después de la epidemia de gripe española. La gran diferencia entre la década de 1920 y la de 2020 es que la recesión de 1920-21 en los EEUU y Europa eliminó el 'bosque muerto' de empresas ineficientes y no rentables para que los supervivientes fuertes pudieran beneficiarse de una mayor participación de mercado. Después de 1921, Estados Unidos no solo se recuperó sino que entró en una (breve) década de crecimiento y prosperidad. Durante los llamados locos años veinte, el PIB real de EEUU aumentó un 42% y un 2,7% anual per cápita. Ahora no se pronostica nada parecido. 

Y la razón es evidente para la teoría económica marxista. Un auge prolongado solo es posible si ha habido una destrucción significativa de valores del capital, ya sea físicamente o por devaluación, o ambos. (...)

Es cierto que las ganancias corporativas globales, después de desplomarse un 35% el año pasado, han experimentado una gran recuperación este año y están en camino de terminar el año al menos un 5% por encima de su tendencia prepandémica. Pero si es correcto, esto contrastaría con el PIB real mundial que se espera que se mantenga 1.8% pt por debajo de su tendencia prepandémica.

 Este aumento en las ganancias ha estimulado una cierta recuperación en la inversión productiva (capex), lo que quizás haya producido un aumento del 5-10% en 2021. Pero los economistas de JP Morgan piensan que esto podría ser de corta duración, ya que su herramienta de pronóstico sugiere una caída en la inversión "a pesar del fuerte crecimiento de los beneficios”.

 La marcada diferencia entre el crecimiento de las ganancias y el crecimiento de la inversión productiva es un indicador clave de que la década de 2020 no será como la de 1920 en Estados Unidos o en cualquier otro lugar. Hay dos razones clave: primero, la baja rentabilidad continua (con eso se entiende las ganancias en relación con la inversión total en los medios de producción y la fuerza de trabajo); y segundo, el crecimiento de la deuda de las empresas, ya de por si alta.

 Para evitar una caída como la de 1920-21 o 1929-32, en la Gran Recesión de 2008-9 los gobiernos y los bancos centrales redujeron las tasas de interés a cero y durante la crisis del COVID 19 se sumaron a la política de dinero fácil con enormes programas de estímulo fiscal. El resultado es que no ha habido ninguna limpieza de "madera muerta" empresarial. De hecho, las llamadas empresas zombis (donde las ganancias no son suficientes para cubrir los costes de los préstamos) todavía están aquí y en números crecientes.

 He mencionado el ascenso de los zombies en muchas ocasiones.  Pero hay nueva evidencia que respalda el por qué de estas empresas zombis. Dos economistas marxistas argentinos, Juan Martín Grana y Nicolás Aguina, presentaron recientemente un excelente artículo sobre las empresas zombis, titulado "Una perspectiva marxista y minkiana sobre las empresas zombis". Vea esta grabación de YouTube de 22.36 a 42.30. https://www.youtube.com/watch?v=4GWUkbGaD-U . Grana y Aquina muestran empíricamente que 1) estas empresas zombis han aumentado en número desde la década de 1980 y 2) la causa no es el aumento de costes o el tamaño de su deuda, sino simplemente que estas empresas tienen tasas de ganancia de producción mucho más bajas, lo que las obliga pedir prestado más. Así que los zombis tienen una causa marxista, no minskyeana.

De hecho, debido a la baja rentabilidad del capital productivo en la mayoría de las principales economías en las dos primeras décadas del siglo XXI. En este siglo, las ganancias del capital productivo se han desviado cada vez más hacia la inversión en bienes raíces y activos financieros, donde las 'ganancias de capital' (ganancias por aumentos de los precios de las acciones y de las propiedades) han generado ganancias mucho más altas.

 Durante las últimas dos décadas, el aumento en el valor de los activos se ha debido principalmente a aumentos de precios, más que a través del ahorro y la inversión acumulados. McKinsey (ver más abajo) estima que algo menos del 30% del crecimiento del patrimonio neto en términos absolutos fue impulsado por nuevas inversiones, mientras que aproximadamente tres cuartas partes fueron impulsadas por aumentos de precios. Esto es ganar dinero con dinero y no con la explotación de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, estas ganancias son a expensas de quienes venden con pérdidas; y / o potencialmente "ficticias", ya que eventualmente los beneficios no se realizarán si el sector productivo se desploma.

 Según un nuevo informe del McKinsey Global Institute, dos tercios del patrimonio neto global (es decir, el valor de mercado de los activos menos la deuda) se almacenan en bienes raíces y solo alrededor del 20 por ciento en otros activos fijos. Los valores de los activos (inmobiliarios y financieros) son ahora casi un 50 por ciento más altos que el promedio a largo plazo en relación con el ingreso global anual. Y por cada $ 1 en nueva inversión neta, la economía global creó casi $ 2 en nueva deuda. 

Los activos y pasivos financieros mantenidos fuera del sector financiero crecieron mucho más rápido que el PIB, y a un promedio de 3,7 veces la inversión neta acumulada entre 2000 y 2020. Si bien el coste de la deuda se redujo drásticamente en relación con el PIB, gracias a las tasas de interés más bajas, la relación entre el volumen de lospréstamos y el valor producido hace“plantear interrogantes sobre la exposición financiera y cómo el sector financiero asigna capital a la inversión”. (...)

A McKinsey le preocupa que este creciente nivel de especulación en activos no productivos financiados con más deuda pueda volverse problemática.  (...)

Ahora, algunos economistas ortodoxos han argumentado que la brecha entre rentabilidad e inversión es engañosa porque las corporaciones han estado invirtiendo cada vez más en lo que se denominan "intangibles". Los intangibles se definen de diversas maneras como la inversión en derechos de propiedad intelectual para software, publicidad y marca, investigación de mercados, capital organizativo y capacitación. Estas inversiones no cuestan tanto como invertir en fábricas, oficinas, plantas, maquinaria, etc. (activos tangibles) y, sin embargo, generan muchas más ganancias y productividad. O eso dice el argumento.

Durante los últimos 25 años, McKinsey descubrió que la proporción de intangibles en el crecimiento de la inversión corporativa total fue del 29% en comparación con solo el 13% en tangibles. La OCDE informó en 2015 que los activos intangibles habían esperado retornos del 24 por ciento, la tasa más alta entre las categorías de activos producidos. 

Pero aquí está el problema. A pesar del hecho de que el comercio digital y los flujos de información han crecido exponencialmente en los últimos 20 años, los intangibles siguen siendo apenas el 4% del patrimonio neto. No son decisivos para generar mayores inversiones entre las corporaciones de las principales economías. Los activos fijos y los inventarios son seis veces mayores.

Sigue siendo cierto que lo que importa es la inversión en activos productivos tangibles. (...)

Pero la rentabilidad de los activos productivos tangibles ha ido cayendo. Entonces, como dice McKinsey: “Si una empresa invierte, digamos, $ 1 millón en maquinaria nueva, ¿el valor de operar esa maquinaria para producir un producto superará el valor de la tierra debajo de la fábrica donde se encuentra la maquinaria? Si un individuo invierte en una propiedad de alquiler, ¿valdrá la pena hacer mejoras en la propiedad para aumentar lel alquiler en comparación con simplemente esperar a que se revalorice el precio de mercado?  Solo por esa razón, no es probable que la década de 2020 sea "feliz"."           (Michael Roberts, sin Permiso, 20/11/21)

18.6.21

¡Será de nuevo la deuda privada! A fecha de hoy, el problema sigue siendo una descomunal deuda privada esparcida por todo el planeta, desde Australia, China, Corea, Nueva Zelanda u Hong-Kong, pasando por los Estados Unidos, hasta llegar a Irlanda, España, Holanda, Bélgica, o Finlandia... Todo lo demás, humo

 "Es curioso como no hemos aprendido casi nada de lo que nos llevó a la Gran Recesión. Digámoslo claramente, fue la consecuencia lógica de un experimento fallido ¡que surgió con Margaret Thatcher

 Sus “reformas” en vez de liberar las fuerzas creativas del capitalismo, en realidad despertaron del baúl de los recuerdos a aquellos demonios que burlescamente tenían una capacidad ilimitada para crear crédito en las distintas plazas financieras del planeta, desde la City de Londres, expandiéndose por la Castellana de Madrid hasta reposar en Wall Street. 

Obviamente todo ello aderezado con la puesta en funcionamiento de distintas burbujas que llevaban el precio de los activos hasta el infinito y más allá, mientras se privaba a las industrias de occidente del capital necesario para su desarrollo. La obra culmen previa de estos demonios fue la Gran Depresión. Vamos que venían precedidos de un pedigrí de categoría.

 El caso español, con la inefable frase del otrora presidente del Gobierno, José María Aznar, “España va bien” era otro ejemplo palmario. Su “España va bien” no era más que una burbuja inmobiliaria que le acabó estallando al gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, cuyos economistas fueron incapaces, también, de anticipar las dinámicas del crédito y la deuda privada. Este planteamiento se puede extender a otros gobernantes, como George W. Bush que simplemente tuvo la desgracia de ser presidente cuando el castillo del crédito generado durante la era Clinton se desplomó.

 Sin embargo, lo más alucinante, fruto de la ignorancia o del cinismo, no sé que es peor, es que unos listillos políticos, muy extendidos por estos lares, intentaban, e intentan, hacer pasar al déficit público como el causante de la crisis, cuando en realidad fue una consecuencia de ella, que sirvió para atenuar la crisis. Lejos de causar la recesión de 2008, amortiguó el golpe provocado por el colapso de la demanda financiada con crédito.

 Cuando estalla la crisis, el incremento del gasto público estaba implícito en el sistema fiscal de la mayoría de los países desarrollados: el descenso de los ingresos fiscales, unido al aumento del desempleo, llevó al déficit en las cuentas públicas. Como consecuencia del colapso de la demanda basada en crédito, la deuda pública no dejó de aumentar.

 Sin el gasto público el desempleo habría sido mucho mayor, como ocurrió en la Gran Depresión. Lo triste es que el austericidio fiscal se aplicó en España durante el período 2010-2014, agravando el problema del desempleo y aumentado la pobreza patria.  (...)

Cuarenta años de neoliberalismo transformaron la economía real aproximándola al mundo ideal que recogen los libros de texto que, aún a fecha de hoy, se siguen estudiando en las facultades y escuelas de negocio de medio mundo.

 La ortodoxia nos vendió, y sigue vendiéndonos, un mundo que según ellos debía funcionar: los mercados financieros fueron desregulados, los sindicatos cuasi destruidos, la competencia se introdujo en todo, incluidos los servicios públicos… Sin embargo, sucedió todo lo contrario. Pobreza, paro, desigualdad, aumento de los rentistas, descenso de la productividad, y la Gran Recesión. El daño provocado ha sido inmenso y requerirá de varias décadas para ser revertido. Esperemos que la administración Biden y sus muchachos, acordémonos de la entrevista que detallamos a Zach Carter, sean el preludio del cambio de paradigma.

 Sin duda, solo desde un análisis minskyano, bajo la hipótesis de inestabilidad financiera de Hyman Minsky, o mediante un análisis de balances sectoriales a la Wynne Godley, uno de los economistas más elegantes de nuestra profesión, se podía prever lo sucedido y se puede prever lo que sucederá. Todo lo demás, humo."                    (Juan Laborda, Vox Populi, 17/06/21)

25.8.20

La Gran Recesión de 2008, una crisis cuya factura estamos pagando todavía. En España, la precarización laboral, la bajada de los salarios y el aumento del paro llevaron a unas políticas de austeridad y recortes palpables en la actualidad

"2008 fue el inicio de la gran crisis económica de este siglo, que se originó en Estados Unidos, pero tuvo un alcance mundial. En España, la precarización laboral, la bajada de los salarios y el aumento del paro llevaron a unas políticas de austeridad y recortes cuyas consecuencias aún son palpables en la actualidad.

¿Qué pasó?

En septiembre del año 2008 quebró el banco Lehman Brothers, la cuarta entidad financiera más importante de Estados Unidos. Era el comienzo de una crisis económica mundial que empezó al otro lado del Atlántico y se extendió por el planeta como la pólvora. La especulación con las denominadas hipotecas basura había llevado a los bancos a situaciones de verdadero riesgo y terminaron por colapsar cuando los beneficiarios de esos préstamos fueron incapaces de hacer frente a los pagos. Cada vez con menos solvencia, los bancos se mostraban recelosos de prestarse dinero entre sí o a otras empresas o particulares por miedo a que la situación se repitiera.

Explotó la burbuja inmobiliaria, creció la tasa del paro y aumentaron las hipotecas. El sistema económico global entró en recesión y se multiplicaron los rescates bancarios. En España se alcanzó un máximo histórico de más de cinco millones de parados en 2013, especialmente población migrante y jóvenes, y las arcas públicas aún tienen que hacer frente a una deuda europea de más de 42.000 millones de euros. Una situación que no se ha conseguir paliar del todo en los últimos 12 años y que la crisis sanitaria del coronavirus amenaza con convertir en una nueva catástrofe económica.

¿Cómo se desarrolló la crisis?

Economistas e historiadores se remontan a principios del actual siglo para encontrar los orígenes de la crisis económica. Los atentados del 11S en 2001, que activaron un periodo de terror y xenofobia en Estados Unidos, seguido del control fronterizo es uno de esos posibles puntos de origen. También afectó de forma notable la excesiva liquidez con que se encontraron los bancos en 2003, después de que una estrategia de deflación —bajada de precios— impulsada por Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal estadounidense hasta 2006, les permitiera darse a las hipotecas y préstamos subprime. La banca sentía tanta holgura y comodidad que se permitió conceder este tipo de préstamos a personas con historial de morosidad, empleos inestables o, simplemente, sin garantías de poder devolverlos.

Las hipotecas subprime o hipotecas basura se emitieron en unos años en que los intereses se encontraban en mínimos históricos, lo que permitía el optimismo generalizado. A las hipotecas se añadían otro tipo de productos, como coches o reformas, que permitía a los usuarios disfrutar de una cantidad de dinero que difícilmente podrían devolver cuando los intereses empezaron a subir. Esta práctica no era exclusiva de Estados Unidos, sino que se extendió por otras partes del mundo y, por supuesto, también por España.

Los bancos empezaron a especular con sus activos hipotecarios. Los vendieron en forma de bonos, lo que les permitió omitirlos de sus balances al tiempo que los utilizaban como aval para los préstamos que se concedían entre diferentes entidades. Además, entraron en los llamados hedge funds, es decir, fondos de inversión de alto riesgo que no cuentan apenas con regularización. Es decir, se dedicaban a la compraventa de bonos hipotecarios mientras utilizaban esos mismos bonos como garantía.

Esta especulación era especialmente peligrosa teniendo en cuenta que su red de salvamento eran las hipotecas basura concedidas a personas que, en cuanto aumentaron los tipos de interés, no pudieron pagar sus cuotas. Era 2006 y los efectos de estos arriesgados movimientos financieros empezaron a sufrir las consecuencias.

El 15 de septiembre de 2008 el banco Lehman Brothers se declaró en quiebra, con una deuda que superaba los 600.000 millones de dólares. Fue la primera señal de lo que se avecinaba. Lehman Brothers era la cuarta entidad financiera más importante de Estados Unidos y la incertidumbre sobre el futuro de sus competidores llevó a una espectacular caída en bolsa de otras entidades financieras (hasta un 46% en pocos días). Se estaba empezando a gestar un clima de desconfianza en el que los bancos se mostraban más recelosos que nunca a la hora de prestar dinero por si el beneficiario escondía problemas de solvencia. Donde antes no se atendía a riesgos, ahora se avanzaba con pies de plomo y, entre otras consecuencias, provocó una formidable subida de las hipotecas.

El día 1 de octubre, Bush recibió el visto bueno para llevar a cabo su plan anticrisis, que consistía, entre otras cosas, en una intervención única en su historia. Invirtió 700.000 millones de dólares en comprar activos hipotecarios a la banca. Este rescate financiero pretendía frenar la quiebra de las entidades bancarias por la incapacidad de pago de los beneficiarios de las hipotecas subprime, y fue todo un hito en el país, firme defensor de la libre regularización del mercado. No solo la intervención era inaudita, también la cantidad de dinero que se destinó a ello: el diario The New York Times comparó este presupuesto con el coste de la guerra de Irak; Bush defendió la medida: "Es una solución grande para un gran problema". España imitó la táctica estadounidense, aunque en menor proporción. Ese mismo mes de octubre, se creó un fondo de 30.000 millones de euros para comprar activos hipotecarios a los bancos.

Como consecuencia de todo ello, el 10 de octubre se produce la mayor caída histórica del Ibex 35. Dos días después, la Unión Europea anuncia un paquete de medidas para permitir la intervención estatal en los capitales bancarios y agilizar los préstamos entre entidades bancarias. Como consecuencia, al día siguiente el Ibex vuelve a fluctuar; esta vez, se ocasiona una subida histórica. Pero no frenó la crisis que estaba por llegar.

La situación de Lehman Brothers no tardó en repercutir a sus antecesoras en la lista de entidades financieras más importantes de Estados Unidos. La tercera, Merrill Lynch, se vendió al Banco de America por un precio irrisorio, mientras que las dos primeras, Goldman Sachs y Morgan Stanley, tuvieron que convertirse en bancos comerciales para hacer frente al embiste de la crisis. Las piezas del dominó se empujaban unas a otras en lo que parecía un derrumbe incesante e infinito que ponía en tela de juicio la fiabilidad del sistema económico global. "Es el fin de la ideología de que los mercados libres y desregulados funcionan siempre", decía en 2008 el Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

¿Cómo se informó de ello?

Uno de los retos a los que se enfrentó el periodismo fue el desconocimiento generalizado de la población sobre tecnicismos propios de la economía. En la actualidad, está más extendido el uso de palabras como prima de riesgo, pero en 2008 había que preparar a los lectores para saber qué estaba ocurriendo exactamente, qué significaba que la burbuja inmobiliaria hubiera estallado y por qué los bancos ya no concedían préstamos.

Los medios de comunicación se lanzaron entonces a la tarea de la divulgación económica. Para ello, se adoptó una medida común basada en el acercamiento de los conocimientos técnicos a las vivencias cotidianas de los lectores. Así lo explica un estudio de 2014 de la Universidad del País Vasco que señala la necesidad de una "reelaboración y selección léxica que haga factible el uso de un vocabulario que permita anclajes cognitivos más amplios", es decir, una suerte de traducción que aproximara las nociones económicas al lenguaje popular. Como es obvio, no todos los términos —muchos de ellos neologismos y anglicismos— se adaptaron, también se explicaron y repitieron en la prensa hasta que se convirtieron en términos habituales: lobby, trust y low cost son algunos ejemplos.

Pero los medios tampoco se libraron de las consecuencias nefastas de la crisis económica, por lo que toda esta labor de divulgación se llevó a cabo, en muchos casos, en condiciones precarias de empleo. El 78% de los periodistas encuestados en una investigación de 2013 sobre este tema afirman que los cambios laborales introducidos entre 2008 y 2012 afectaron "a la calidad de la información y al bienestar laboral de una forma determinante".

¿Qué consecuencias tuvo?

El estallido de la burbuja inmobiliaria, los bancos al borde de la quiebra, la falta de liquidez de las empresas y la incapacidad de los usuarios de hacer frente a las deudas derivó en una crisis económica generalizada que afectó enormemente a España. Entre los datos más devastadores se encuentra la tasa del paro.

El número de desempleados comenzó a aumentar en el verano de 2008 y alcanzó un máximo histórico en 2013, con más de cinco millones de parados. Los números comenzaron a bajar desde entonces y solo se han vuelto a acercar con la actual crisis del coronavirus que ha obligado a muchas empresas a despedir o ir a los ERTE —según los datos de agosto, hay 3,7 millones de parados en España—. No obstante, la situación laboral no ha vuelto aún a estatus anterior a la hecatombe económica.

Si separamos estos datos en diferentes estratos demográficos, se observa un impacto mucho mayor en la población inmigrante, en las mujeres y en los jóvenes. Los menores de 30 años llegaron a sufrir una tasa del 53.2% de desempleo, mucho mayor a los datos que aportaba de media el resto de países europeos, más cercanos al 15% de destrucción de empleo juvenil. Sin poder acceder al mercado laboral, muchos jóvenes optaron por seguir estudiando, lo que elevó las solicitudes de acceso a la universidad al tiempo que los presupuestos designados a la educación bajaban. Se atrasaba su entrada al mercado laboral y se precarizaban los empleos disponibles; la bajada de salarios hizo que ser mileurista dejara de ser causa de mofa para convertirse en una aspiración.

En cuanto a los mayores de 50, si bien conservaron sus puestos de trabajo en mayor medida, fueron más vulnerables a permanecer en el paro por largos periodos de tiempo. Los empleadores eran recelosos a la hora de contratar a personas de esa edad o sobrecualificadas, como indican los estudios al respecto, por lo que muchos trabajadores con largas carreras profesionales se vieron abocados a jubilaciones tempranas o largas esperas hasta que se les agotaran las prestaciones por desempleo.

Uno de los sectores laborales más afectados fue el de la construcción, en el que se destruyó casi un 50% el empleo. El turismo y los pequeños comercios corrieron la misma suerte. Todo ello llevó a un desequilibrio de la economía nacional, fuertemente dependiente del sector servicios y de la construcción. Una vez más, se ponía de manifiesto la necesidad de una remodelación generalizada en este aspecto, como se demanda ahora con la crisis derivada del covid-19.

Las palabras "recortes" y "austeridad" fueron las protagonistas absolutas de la crisis económica. Las restricciones presupuestarias en sanidad que propiciaron el crecimiento de la salud privada —y que tanto han tenido que ver en el colapso sanitario de los meses pasados—, así como la precarización del trabajo de los docentes en las escuelas públicas —que se manifestaron durante años en una Marea Verde y que siguen exigiendo cambios en la actualidad— son dos de los factores que más se han acusado en los últimos diez años como consecuencia de la crisis iniciada en 2008.

Por otro lado, España tuvo que recurrir en 2012 al rescate bancario europeo para poder abordar la parte más aguda de la crisis. Un rescate que ha costado al país más de 42.000 millones de euros, según los cálculos del pasado mes de noviembre, y del que solo se han recuperado unos 10.000 millones. Además, en pleno mes de agosto de 2011 se aprobó una reforma constitucional en la que se introdujo el término “estabilidad presupuestaria” con la que se priorizaba el pago de la deuda sobre cualquier otro gasto en la elaboración de los presupuestos generales del Estado.

¿Qué aprendimos?

El índice del Ibex 35 no había sufrido una caída semejante a la de octubre de 2008 hasta la salida de Reino Unido de la Unión Europea, en el conocido Brexit. La incertidumbre sobre las consecuencias de este hecho histórico volvieron a pintar un panorama que apuntaba a la recesión económica. Anteriormente, el Fondo Monetario Internacional ya advertía de las posibles repercusiones del aumento de la deuda global, que estimaba en torno a los 157 billones de euros.

La crisis del coronavirus ha agravado la situación financiera en todos los aspectos y los meses de paralización económica derivados de la cuarentena sanitaria no han ayudado a que mejore la situación. 12 años después de la recesión que puso en jaque a la economía mundial, el futuro no se vislumbra mucho más halagüeño." (Ana Pastor Bermejo, eldiario.es, 25/08/20)

3.1.20

Michael Roberts... Pronósticos 2020: los factores que sugieren que una nueva depresión no está muy lejos son: ganancias estancadas o caídas de rentabilidad; inversión débil o decreciente; aumento de la deuda corporativa y caída del comercio (en medio de una guerra comercial global)... El mundo de fantasía no puede continuar por mucho más tiempo. 2020 puede ser el año en que se derrumbe...

"Pronóstico 2020

(...)  los economistas marxistas podemos hacer predicciones con cierto grado de certeza; a saber, que bajo el modo de producción capitalista habrá crisis frecuentes de desplome en la inversión y la producción que no se pueden evitar. También puedo predecir, diría, que la rentabilidad del capital disminuirá con el tiempo a medida que el capitalismo expanda las fuerzas productivas y madure.

Pero eso no es lo mismo que hacer un pronóstico. Los científicos del clima no pueden estar seguros de cuándo la tierra se calentará hasta un punto de inflexión que conduce a un calentamiento incontrolable que daña el tejido del planeta y genera inundaciones destructivas, sequías, etc. No sabemos en qué año, década, siglo o milenio cuándo la luna se separará de la tierra. Tenemos una capacidad limitada para pronosticar cuándo va a llover, brillar o nevar, aunque hemos mejorado mucho al hacer tales pronósticos meteorológicos. 

Y en ciencias sociales, cualquier pronóstico es aún más incierto. No podemos pronosticar cuándo o cuánto caerá la tasa de ganancia en un año o el cambio exacto en la producción o la inversión que se pueda lograr en un año o mes; o exactamente cuándo podría venir una nueva caída en la producción.

 Todo este preámbulo en esta publicación está diseñado para poner excusas por el fracaso de mis pronósticos de una nueva recesión global que surgirá en los últimos años. Después del final de la Gran Recesión en 2009, hice una predicción de que eventualmente habría una nueva depresión mundial.  

E hice un pronóstico de que esto sucedería desde aproximadamente 2016 en adelante y probablemente para 2018, después de que todas las recesiones de la posguerra se produjeran cada 7-10 años. Y, sin embargo, a medida que entramos en 2020, la economía de capital mundial ha evitado una nueva depresión durante el período más largo desde 1945. Entonces, ¿cómo me equivoqué en mi pronóstico?

 Mi pronóstico se basó en parte en una teoría de los ciclos en el capitalismo construida alrededor del ciclo a largo plazo de 55-70 años expuesta por primera vez por el economista marxista ruso Kondratiev. Creo que ha habido cuatro ciclos K desde el comienzo de la revolución industrial en Europa. El cuarto ciclo comenzó en 1946, alcanzó su punto máximo a principios de la década de 1980 y debería haber tenido problemas alrededor de 2018.  (...)

La teoría del ciclo argumenta que es necesaria una nueva depresión y caída en la producción capitalista para devaluar el stock de capital existente antes de que pueda comenzar una nueva ronda de innovaciones basadas en el aumento de la rentabilidad. Pero pronosticar cuándo ocurrirá eso es muy difícil. Para el registro, esto es lo que dije al comienzo de cada año desde 2016, cuando debería haberse alcanzado el punto más bajo del ciclo actual.(...)

 Mi pronóstico para esta época el año pasado para 2019 fue el siguiente: "la desaceleración del crecimiento de las ganancias y el aumento del costo de la deuda (corporativa), junto con todos los factores político-económicos de una guerra comercial internacional entre China y los Estados Unidos, sugieren que en 2019 la probabilidad de una depresión mundial nunca ha sido tan alta desde el final de la Gran Recesión en 2009 ".

Bueno, no hubo una caída en las principales economías en 2019, pero lograron la tasa de crecimiento más lenta en cualquier año desde el final de la Gran Recesión.

 Y en 2019, el crecimiento mundial registró su ritmo más débil desde la crisis financiera mundial de hace una década.

¿Cuáles fueron los factores para la desaceleración y cuáles son los factores que han permitido a las principales economías capitalistas evitar una gran depresión que la teoría del ciclo predice que ya debería haber sucedido?

En el lado negativo, el lento crecimiento del PIB real (del 1-2% anual) ha sido impulsado por las bajas tasas de inversión. En su reciente perspectiva global, el FMI destacó que: "las empresas se volvieron cautelosas sobre el gasto a largo plazo y las compras globales de maquinaria y equipo se desaceleraron".

 La guerra comercial en curso entre los EE. UU. Y China, junto con las fricciones comerciales con la UE, también fue un factor importante en la desaceleración del gasto en tecnología. El comercio mundial, que es intensivo en bienes finales duraderos y los componentes utilizados para producirlos, se detuvo.

 De hecho, desde el final de la Gran Recesión, la globalización y el "libre comercio" han dado paso cada vez más a medidas proteccionistas, como lo hizo en la década de 1930. Desde 2009, los gobiernos de todo el mundo han introducido 2.723 nuevas distorsiones comerciales, cuyo efecto acumulativo fue distorsionar el 40% del comercio mundial en noviembre de 2019.  (...)

Sin embargo, 2019 no vio una nueva caída mundial. Por qué no? Primero, las autoridades monetarias revirtieron rápidamente su postura política anterior de que la economía global estaba bien y se había "normalizado" (...)

Las tasas de interés de los bonos del gobierno y otros "activos seguros" cayeron a cero o incluso se volvieron negativas. Con préstamos tan baratos, las grandes corporaciones y bancos absorbieron el crédito barato; pero no para invertir en activos productivos, sino para comprar acciones y bonos.

 Los precios del mercado de valores se dispararon, un 30% más en los EE. UU. Los mercados bursátiles mundiales ahora valen $ 86 billones, apenas por debajo del máximo histórico e igual a casi el 100% del PIB mundial.

 Los principales compradores de acciones corporativas son las propias corporaciones. Estas denominadas recompras elevaron los precios de las acciones, lo que a su vez facilitó la compra de otras compañías o aumentando aún más el crédito. Gran parte de los fondos de recompra fueron prestados. Esta expansión de lo que Marx llamó "capital ficticio" ha reemplazado la inversión en capital productivo y ha sido financiada por las finanzas Ponzi al estilo Minsky (es decir, emitiendo más deuda para financiar el costo del servicio de la deuda existente).

 Las principales economías capitalistas se encuentran ahora en un mundo de fantasía donde los mercados de acciones y bonos ('capital ficticio') dicen que el capitalismo mundial nunca lo había tenido tan bien, mientras que la 'economía real' se está estancando en producción, comercio, ganancias e inversiones. .

El otro factor contrarrestante que ha permitido a las economías capitalistas evitar una nueva depresión en la década de 2010 ha sido el aumento del empleo y la caída del desempleo. En lugar de invertir mucho en nuevas tecnologías y deshacerse de la mano de obra, las empresas han absorbido mano de obra barata disponible del ejército de reserva de desempleados creado en la Gran Recesión y de la inmigración. Según la Organización Internacional del Trabajo, la tasa de desempleo global se ha reducido a solo el 5%, su nivel más bajo en casi 40 años.

 Esto no sucedió en la Gran Depresión de los años treinta. Luego, las tasas de desempleo se mantuvieron altas hasta que la carrera armamentista y la inminente guerra mundial militarizaron la fuerza laboral. En la década de 2010, parece que las empresas, en lugar de reducir sus costos frente a la recesión y la baja rentabilidad al despedir a la fuerza laboral e introducir tecnología para ahorrar mano de obra, optaron por contratar mano de obra con bajos salarios y con condiciones 'precarias' (sin pensiones, cero horas, contratos temporales, etc). Como resultado, ha habido un fuerte aumento en las llamadas "compañías zombis" que ganan solo el dinero suficiente para pagar una fuerza laboral de bajos salarios y pagar sus deudas, pero no lo suficiente como para expandirse en absoluto.

 El alto empleo y el bajo crecimiento del PIB real significa un bajo crecimiento de la productividad, lo que con el tiempo significa un estancamiento de las economías, un círculo vicioso. (...)

Estos factores contrarios pueden haber retrasado el advenimiento de una nueva depresión, pero en mi opinión, solo pueden retrasarla. El motor fundamental de una economía capitalista son las ganancias, y el aumento de las ganancias. El factor más importante para analizar la salud de la economía capitalista sigue siendo la rentabilidad del sector capitalista y el movimiento de las ganancias a nivel mundial. Eso decide si la inversión y la producción continuarán. Este blog ha presentado evidencia abrumadora de que las ganancias y la inversión están altamente correlacionadas y en ese orden (...)

Ni la rentabilidad promedio del capital ni la masa de ganancias está aumentando en las principales economías.  (...)

Esta creciente crisis de rentabilidad amenaza con convertir el aumento del crédito para las corporaciones de un bono en una carga. El Instituto de Finanzas Internacionales estima que la deuda global ahora ha alcanzado los $ 250 trillones y se espera que aumente a un récord de $ 255 trillones a fines de 2019, hasta $ 12 trillones de $ 243 trillones a fines de 2018 y casi $ 32,500 por cada uno de los 7.7 mil millones de personas en el planeta.

 Por separado, el Bank of America calculó recientemente que desde el colapso de Lehman, la deuda gubernamental aumentó en $ 30 billones, la deuda corporativa en $ 25 billones, los hogares en $ 9 billones y la deuda financiera en $ 2 billones. El BofA advierte que "el mayor riesgo de recesión es un aumento desordenado en los diferenciales de crédito y el desapalancamiento corporativo".  (...)

El jefe del Banco Mundial, David Malpass, advirtió que "un aumento repentino en las primas de riesgo podría precipitar una crisis financiera, como ha sucedido muchas veces en el pasado". Y ese riesgo se confirmó esta vez el año pasado, cuando las tasas de interés subieron demasiado, debido al intento de "normalizar" la política, y los precios de las acciones y los bonos cayeron.

 A medida que entramos en una nueva década y entramos en el undécimo año desde el final de la última depresión mundial, estos son los factores fundamentales que sugieren que una nueva depresión no está muy lejos. Ellos son: ganancias estancadas o caídas de rentabilidad; inversión débil o decreciente; aumento de la deuda corporativa y caída del comercio (en medio de una guerra comercial global).

 Pero también hay factores contrarrestantes que hasta ahora han permitido a las principales economías escapar de una caída de la producción y la inversión (al precio del bajo crecimiento del PIB, la productividad y los salarios). Los costos globales de los préstamos están en mínimos históricos, en parte debido a la política del banco central de tasas de interés cero y "flexibilización cuantitativa"; pero también porque no hay demanda del sector capitalista de crédito para invertir en activos productivos o de los gobiernos para gastar. Por lo tanto, los mercados de acciones y bonos del mundo están alcanzando niveles récord. Y está el nuevo fenómeno, no visto en las depresiones largas anteriores, a saber, las bajas tasas de desempleo que proporcionan al menos un mínimo de ingresos para los hogares.

 Las previsiones económicas principales para 2020 son generalmente ligeramente optimistas. (...)

Tal vez estos pronósticos demuestren ser correctos. Pero eventualmente, los factores fundamentales de ganancias e inversiones deben anular los factores que contrarrestan los bajos intereses y el desempleo. Las ganancias rigen la inversión y la inversión rige el empleo y los ingresos, y eso rige el gasto. El mundo de fantasía no puede continuar por mucho más tiempo. 2020 puede ser el año en que se derrumbe."                  (Michael Roberts, blog, 30/12/19)

31.12.19

Varoufakis: una élite salvaje usa el poder estatal para redistribuir la riqueza de los que tienen a los que no tienen.

"(...) Creo que no deberíamos ceder el término “neoliberalismo” a la élite salvaje que usa el poder estatal para redistribuir la riqueza de los que tienen a los que no tienen.

¿Cómo esta “élite salvaje” se ha vuelto tan dominante en la conformación del orden global?

Las primeras dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial fueron la Era Dorada del capitalismo por una simple razón. El New Deal de Franklin Roosevelt fue proyectado para el resto de Occidente bajo el sistema de Bretton Woods. Fue un sistema notable, aunque imperfecto, una especie de ilustración sin socialismo. Se establecieron estructuras de restricción del capital financiero. 

Los bancos no podían hacer lo que quisieran; y esto es por lo que los bancos odiaron el sistema de Bretton Woods. Recordemos que Roosevelt prohibió a los bancos asistir a la conferencia de Bretton Woods y los sometió a controles de reservas y normas contra el movimiento de dinero a través de las fronteras internacionales.

El resultado del sistema de Bretton Woods fue una reducción notable de la desigualdad junto con crecimiento estable, bajo desempleo e inflación cercana a cero. El sistema se basaba en el estatus de Estados Unidos como un país de plusvalía, reciclando riqueza a través de Europa y Japón de diversas maneras. 

Para el final de la década de 1960, sin embargo, el sistema se Bretton Woods resultó insostenible. Los Estados Unidos empezaron a incurrir en déficit comercial con Europa, Japón y después China, al mismo tiempo que Wall Street, sin restricciones de barreras regulatorias, atrajo la mayoría de los beneficios del resto del mundo.

Las instituciones financieras, desatadas, comenzaron a crear lo que era dinero privado. Mantener un influjo de 5 mil millones de dólares al día durante unos cinco minutos era suficiente para repartirlo en derivados, instrumentos de inversión opacos que contribuyeron a la crisis financiera de 2008. Esta y otras formas de ingeniería financiera produjeron grandes cantidades de dinero privado, el valor del cual, como en el crack de 1929, finalmente cayó a manera de dominó. 

Las autoridades en Washington, Bruselas, París y Atenas transfirieron inmediatamente las pérdidas resultantes a los contribuyentes, una forma de socialismo para banqueros. Describí esta manipulación de nuestro sistema financiero en mi libro El Minotauro global de 2009, seis años antes de que me convirtiera en Ministro de Finanzas griego.

Cuando pase a ser ministro, creía que estábamos en una crisis global del capitalismo. Imagina, entonces, mis andanzas en un encuentro del Eurogrupo con todos los ministros de finanzas europeos en la sala, que sabían que yo mantenía esta visión. Fui la bandera roja en los ojos de la élite política. 

Del mismo modo, el embajador alemán en Grecia, y uno de los más poderosos (y más corruptos) banqueros griegos, alertó al democráticamente electo Primer Ministro de que mi nombramiento como Ministro de Finanzas llevaría a que cerraran los cajeros por todo el país y al colapso del sistema bancario griego."                  (Yanis Varoufakis, Sin Permiso, 22/12/19)