"Hablar
de los suicidios no es fácil ni agradable. Acabar con la propia vida
puede responder a muchas razones pero casi siempre a un sufrimiento
insostenible. Los motivos para el suicidio han sido analizados y pueden
tener muchas explicaciones: desengaños amorosos, la muerte de un ser
querido, el miedo de ser torturado, la imitación de otro suicida, el
abuso de drogas, la soledad, el abandono familiar, trastornos
psiquiátricos severos, motivos sectarios, presión grupal, etc. El
suicidio no siempre es atribuible a un trastorno mental pero sí que es
indicativo de sufrimiento y de estrés negativo.
El
suicidio es una de las formas de muerte más extendida en el mundo
superando los muertos por accidente de tráfico, terrorismo y violencia
machista.
Cada
año se suicidan en el Reino de España más de 3.000 personas pero en los
últimos años se han realizado varios estudios que corroboran la
relación entre crisis económicas y suicidios. En uno de ellos se
analizaba la relación entre los ciclos económicos y los suicidios que se
han producido en EEUU entre los años 1928 y 2007 en el que se mostraba
que cuando ha habido alguna recesión económica la tasa de suicidios ha
aumentado once veces y sólo se ha dado la circunstancia de que haya
bajado en dos ocasiones. En cambio, en periodos de expansión económica
las tasas de suicidio sólo han aumentado tres veces y han bajado en diez
ocasiones.
Algunas
revisiones sistemáticas han podido establecer una relación entre el
aumento de la mortalidad por suicidio y las recesiones económicas en
hombres en edad laboral. En estas revisiones el desempleo está asociado
al aumento de mortalidad por suicidio, fundamentalmente referido al
desempleo de larga duración. Este riesgo es mayor en los primeros 5 años
de quedarse en paro, pero aun así puede llegar a persistir durante 15 o
16 años después de la pérdida del empleo (1).
Algunas
investigaciones han intentado cuantificar el incremento de los
suicidios derivados exclusivamente de la crisis. Por ejemplo, en Estados
Unidos entre el 2007 y el 2010 se estima que ha habido más de 4.750
muertes por suicidio (2); en el caso de Inglaterra llegaron a ser unos 846 adicionales entre los años 2008 y 2010 (3).
Otro
estudio significativo analizó la mortalidad por suicidio en 54 países
de Europa, Norteamérica y Asia durante el año 2009. Esta mortalidad fue
comparada con la esperada según la tendencia de mortalidad por suicidio
entre los años 2000 al 2007 y se estimó un aumento de hasta 4.884
muertes adicionales por suicidio. En el caso de Europa se concentraría
en hombres de 15 a 24 años y en el caso de América del Norte en hombres
de 45 a 64 años. En cuanto a las mujeres no ha habido incrementos: en
Europa y en América fue muy inferior a los hombres. Y tanto en un
continente como el otro se asoció a la magnitud del paro (4).
Un
estudio intentó cuantificar los suicidios derivados por la crisis
durante los años 2008-2010 en el Reino de España, llegando a estimar
unos 680 suicidios adicionales (5).
Los suicidios
también han aumentado un 36 % en Cataluña en los últimos años como
consecuencia de la crisis económica y ya son la mortalidad evitable que
más ha crecido, según se apuntó recientemente desde de la Agencia de
Calidad y Evaluación Sanitarias de la Generalitat de Catalunya.
Cuando
hay una correlación estadística significativa entre las recesiones
económicas, el desempleo y los suicidios, hay que ser muy obtuso para no
querer ver la relación entre quitarse la vida y la desesperación de
estar desempleado y lo que supone de incertidumbre y pánico por el
futuro más inmediato.
¿Es
tan difícil imaginarse la desesperación que puede sentir alguien con
grandes deudas hipotecarias, cargas familiares y ser un desempleado de
larga duración en esta coyuntura económica? ¿Hay alguien que aún no sabe
que alguna gente se suicida por acumular deudas?
En
el Reino de España, a pesar de que durante el periodo inicial de la
crisis (2008-2011) no hubo un aumento significativo de la tasa de
suicidios en el año 2012 sí que hubo un repunte en el alza respecto al
periodo anterior. El aumento se produjo en los hombres entre 45-59 años.
A pesar de que no aparece en las estadísticas, la relación del suicidio
con los desahucios (una de las expresiones más macabras de la crisis)
es un hecho evidente (6).
El pasado 22 de noviembre un tuit de la periodista Cristina Fallarás decía: “Me entero hoy del
suicidio de un querido amigo. Le quitaban el piso. Era mayor y no tenía
dónde ir. Mierda, mierda de sociedad.”
Las
personas entrevistadas en un proyecto de investigación llamado
“Procesos de desahucio y salud” describen diferentes problemas de salud
física: cardiovasculares, cerebrovasculares, dermatológicos, digestivos,
diabetes, tensión arterial, colesterol, etc. Además se detectan
frecuentes problemas de salud psicológica: estados depresivos,
desmotivación, desilusión y apatía, deterioro del cuidado personal,
sensaciones de impotencia y autocompasión, así como cambios de humor.
También las personas entrevistadas nombran problemas de concentración,
pérdida de memoria, estados de ansiedad, vivencias de intranquilidad,
incertidumbre y miedo, así como pensamientos de suicidio (7).
Políticas de austeridad y suicidios
Algunos
autores apuntan que no es el desempleo propiamente, sino la
desesperación asociada a la persistencia del desempleo lo que lleva a
ataques de ansiedad y a la depresión. La duración del desempleo o los
niveles de endeudamiento podrían ser más relevantes que la tasa de
desempleo para explicar las tendencias en las tasas de suicidio. Esta
sería la explicación más evidente del gran aumento en los países más
castigados por la crisis y por los planes de austeridad y recortes en
los servicios públicos de muchos gobiernos (8).
Tampoco sería casual que
los tres países que más lejos fueron por el camino de la austeridad en
las políticas económicas -Letonia, Irlanda y Grecia- fueron los que han
registraron las subidas mayores de suicidios entre el 2008 y el 2009. En
el caso de Grecia la tasa de suicidios pasó de un 2,8 al 6 por 100.000
habitantes.
Muchos aún recordamos aquella terrible carta del jubilado griego Dimitris Christoulas, de 77 años, antes de pegarse un tiro en la sien en Atenas frente al edificio del Parlamento. "El Gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para
mí, que se basaba en una respetable pensión que yo había pagado por mi
cuenta (sin ayuda del Estado) durante 35 años.
Dado que mi avanzada edad
no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego
hubiera cogido un kalashnikov, yo le habría seguido), no veo otra
solución que poner fin a mi vida de esta forma digna antes de tener que rebuscar comida entre la basura para poder subsistir."
Según
diversas investigaciones existe una relación muy directa entre las
crisis económicas, el desempleo y el empeoramiento de la salud mental.
Un dato ilustrativo: la media de personas con problemas psicológicos
entre los parados es de un 34%; en cambio, entre las personas con empleo
es del 16%.
Los
estudios realizados observan pues un aumento de problemas de salud
mental, sobretodo de depresión y ansiedad, así como de casos de suicidio
cuya mayor prevalencia se relaciona con el estrés asociado a
situaciones de inseguridad económica, precariedad laboral, pérdida de
empleo y empeoramiento de las condiciones laborales. Conviene tener
presente que el suicidio es la punta de un iceberg que nos muestra que
hay sufrimiento e ideación autolítica y que hay muchos intentos de
suicidio que no se llegan a conocer.
Otra
constatación es que cuanto mayor es la duración del período de
desempleo más intenso son las consecuencias negativas sobre la salud
mental. De hecho, para cada incremento del paro de un 1%, la tasa de
suicidios y de homicidios aumenta un 0,79%; pero hay que decir que estas
tasas no han aumentado en los países donde no se han implantado
políticas de austeridad como Austria o Islandia, pese a experimentar un
aumento del paro. Tampoco en lugares como Suecia, con fuertes medidas de
protección social.
La protección social y los suicidios
Los
estudios más serios y rigurosos, secundados por algunos documentos de
la OMS, demuestran que los países con una buena seguridad social y con
sistemas de protección social adecuados pueden llegar a frenar y
disminuir las tasas de suicidios.
En Finlandia, en la crisis de 1990-93
el paro subió del 3,2% hasta el 16,5% de la población activa sin que
ello comportara un aumento en la tasa de suicidios, a diferencia de lo
que ocurrió en aquellos años en Rusia, donde sí aumentaron
significativamente Ello fue debido fundamentalmente a la diferente
protección social de cada país (9).
Resulta
interesante observar una comparación realizada entre Suecia y el Reino
de España entre la asociación de la tasa de desempleo y la tasa de
suicidio entre 1980 y 2005. Mientras que en el Reino de España existe
una clara asociación entre paro y suicidios y éstos aumentan cuando
aumenta el paro, en Suecia no se observa esta correlación.
Según
datos de la Unión Europea, el aumento del paro no hace crecer las
cifras de suicidio cuando se gastan en programas sociales más de 190
dólares por persona y año. La misma hipótesis en sentido inverso se ha
encontrado al descubrirse una asociación entre el incremento del
suicidio y la reducción del gasto en políticas sociales.
Estamos,
no hay duda, ante un problema de salud pública de primer orden la fase
crítica del que todavía no ha terminado y que, a pesar de algunas
iniciativas que se han dado, requiere de una intervención pública masiva
para mitigar y revertir la gravedad de la situación. (...)" (Sergi Raventós
, Sin Permiso, 29/11/2017
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