"Francia se ha visto alterada esta semana por una noticia que ha puesto
en evidencia que el progreso no es siempre una línea ascendente. Por
primera vez en 46 años, la esperanza de vida de la población francesa ha
retrocedido.
Mientras expertos y sociólogos buscaban explicaciones, los
franceses han descubierto que el mundo rico occidental no está a salvo
de tendencias que antes se creían circunscritas a territorios en
desarrollo o aquejados por catástrofes incontrolables.
Pero ya hemos
visto otras veces que también los cambios sociales pueden derivar en
retrocesos. En su momento provocó un fuerte impacto la caída de la
esperanza de vida en Rusia tras la disolución de la Unión Soviética.
La pérdida de la protección social que caracterizaba el modelo soviético
provocó un fuerte retroceso en los indicadores de salud y de esperanza
de vida. A ello se unieron las consecuencias de las duras condiciones de
competitividad que tuvo que afrontar para ganarse la vida una población
acostumbrada a que el Estado lo decidiera todo.
Las drogas y el
alcoholismo fueron factores que contribuyeron al aumento de la
mortalidad prematura. Así, la esperanza de vida, que en 1988 era de 70
años, cayó en 2007 hasta los 65. Ahora vuelve estar en 71 años, pero aún
queda lejos de la media europea.
Mucha gente creía que el camino de la rica y estable Europa hacia la
longevidad era ya imparable. Por eso la noticia del retroceso de la
esperanza de vida ha causado inquietud en Francia. No ha sido mucho: 0,4
años para las mujeres, y 0,3 para los hombres.
Pero ha sido en un solo
año. En España, que había duplicado la esperanza de vida en apenas
cuatro generaciones, también retrocedió una décima en 2012. En todo
caso, las autoridades francesas se han apresurado a buscar la
explicación. Y la han encontrado en la gripe y en el clima. (...)
En julio hubo una ola de calor, a la que atribuyen 2.000 muertes
adicionales, y en octubre, una de frío, que causó 4.000 muertes más de
las esperadas. ¿Agotan estos datos la explicación del retroceso? No lo
parece, puesto que en 2015 se produjeron 41.000 muertes más que en 2014.
(...) la brecha en la esperanza de vida también existe en el interior de
las sociedades ricas. Y esa brecha tiene que ver con las desigualdades
sociales. Si aumenta la precariedad social y las desigualdades se
ensanchan, no tardaremos en ver las consecuencias en las estadísticas de
salud y de esperanza de vida.
En los trabajos sobre desigualdades en salud se utiliza con frecuencia un término que ilustra bien sobre este fenómeno: el factor código postal.
Con este concepto se designa al conjunto de circunstancias sociales que
determinan las expectativas de salud o de vida de una persona en
función del lugar en el que vive. Porque la salud depende de la
genética, por supuesto, pero también del estatus social y del entorno.
China, por ejemplo, tiene un gran problema de contaminación ambiental
que lastra la salud de toda su población. Pero un reciente estudio
encontró diferencias de mortalidad relacionadas con la diferente
exposición a los contaminantes. Así, los habitantes situados al norte
del río Huai viven de promedio 5,5 años menos que los del sur, y la
razón es que en el norte se aplicaron medidas que favorecieron el uso
intensivo del carbón.
En Barcelona, los habitantes del barrio del Raval tienen de promedio
una esperanza de vida seis años inferior a los de Pedralbes. Está claro
que en este caso no es la contaminación, sino el diferente nivel de
vida, educación y acceso a los servicios los que dan lugar a esta
brecha.
Es, pues, previsible que el aumento de las diferencias sociales
que expone el último informe de Oxfam Intermón agrande también la brecha
en la salud y la esperanza de vida. (...)" (Milagros Pérez Oliva , El País, 24 ENE 2016)
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