Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
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Cada semana, una monja de Filadelfia conduce hasta el tribunal de inmigración en Harlingen, Texas, para sentarse junto a niños no acompañados, algunos tan pequeños como de cuatro años, que se enfrentan a un juez de deportación sin abogado y sin padre ni madre. Esta semana, un migrante indocumentado que enfrenta una deportación inminente llamó a la hermana Rose Kuhn su “ángel”. Esto ocurre mientras católicos de todo el país, inspirados por el Papa León XIV, se están levantando contra las políticas de inmigración de la Casa Blanca.
"¡Alerta! Mujeres con carros de la compra. La policía local de San Sebastián denuncia a quienes dan de comer a las personas sin recursos.
La acción empieza al atardecer, de forma simultánea en tres o
cuatro barrios de la ciudad, pero no es fácil verla entre tantos miles
de turistas que abarrotan las calles. Una mujer mayor con un carrito de
la compra camina por el bulevar y, al llegar a la altura del mercado, se
cruza con cuatro jóvenes que la saludan con una sonrisa. La señora, que
es de aquí de toda la vida, que vivió en este barrio los tiempos
difíciles del franquismo y también del terrorismo, les devuelve el
saludo, se detiene, abre su carrito de la compra, saca cuatro o cinco
bocadillos envueltos en papel de plata y se los entrega, pero cuando va a
reemprender el camino, dos policías municipales la paran y le piden que
se identifique:
—¿He hecho algo malo?
—Enséñenos qué lleva en el carrito.
El agente de la autoridad —que actúa
por órdenes del alcalde, un joven político del PNV
Un
poco más allá, en la plaza de los cines, otros dos agentes permanecen
al acecho desde su coche patrulla, y cuando aparece otra mujer con una
bolsa de la compra llena de bocadillos –de un tiempo a esta parte, tirar
del carrito al atardecer se ha vuelto sospechoso en esta ciudad—, le
piden el carné de identidad y le comunican que le llegará una sanción:
—¿Por qué? ¿Es un delito regalar un bocadillo?
—Uno, no; pero sí a determinados colectivos.
—Qué colectivos ni colectivos. Yo tengo bocadillos y ellos tienen hambre. ¿De qué me van a acusar?
—De ocupación ilegal del espacio público.
La
indignación no evita la carcajada. El agente de la autoridad —que actúa
por órdenes del alcalde, un joven político del partido hegemónico a
quien colocó su antecesor en el cargo sin que mediaran elecciones— ha
pronunciado la frase con gesto serio, pero basta mirar alrededor para
percatarse del sarcasmo. La parte vieja de la ciudad está invadida por
ríos de gente que hace colas interminables para comprar la tarta de
queso tan famosa, el bocadillo mixto del bar en el que asesinaron a un
concejal, o bebe y come sobre la escalinata de la iglesia de Santa
María.
Estas mujeres que ahora reparten bocadillos
–también hay hombres, pero son el 10%— tienen una historia. En 2020, se
organizaron para que las personas sin recursos pudieran disponer cada noche de una cena caliente.
La tarde del pasado jueves, Gema y Mariaje, dos de aquellas pioneras,
me contaron cómo se organizaron para que, durante más de cinco años,
pagando todo de su bolsillo y cocinando en sus casas, nadie se quedara
sin cenar en su ciudad. Hasta que, el 27 de julio, la Guardia Municipal
se presentó en los lugares públicos donde servían las cenas y les avisó
de que a partir del día siguiente quedaban prohibidas.
¿Qué hacer? O desobedecían la orden, o buscaban ayuda. Se les ocurrió
acudir a aquellos que predican amar al prójimo como a uno mismo, y en
algunos encontraron buena disposición, pero enseguida recibieron una
carta del señor obispo advirtiéndoles de que se podrían exponer a
sanciones y que mejor que no. El partido hegemónico lo es porque, además
de con los votos, cuenta desde siempre con el crédito de las sucursales
y la bendición de las sacristías, y en este caso con el respaldo de los
socialistas y por supuesto del PP.
Así que ahí las
tienen, traficando bocadillos, algunas con los carros vacíos para
despistar y otras con la preocupación en el rostro: “¿Para qué quiere la
policía ficharnos? ¿Qué va a hacer el alcalde con esos datos?”.
Una
mujer con un carrito de la compra es en principio una imagen de paz.
Significa, por ejemplo, que la calle es segura, que el mercado está
abierto, que esto no es Dallas con las redadas del ICE ni tampoco ahora
San Sebastián, donde la policía te denuncia por dar un bocadillo a quien
tiene hambre."
Las
declaraciones de Luis Argüello fueron sorprendentes. Puedes ser
católico o neoliberal, pero no las dos cosas a la vez. Por supuesto,
puedes ser protestante y neoliberal, o evangélico y neoliberal, pero el
catolicismo está muy alejado del marco antropológico que fija el
neoliberalismo.
Esta es una realidad que la iglesia católica
olvidó desde hace varias décadas. Y llama la atención que ahora, cuando
estamos viviendo un cambio de época, la iglesia española insista en que
ambas visiones del mundo son compatibles.
Luis Argüello se alejó
de la 'Magnifica Humanitas' para acercarse al magnífico mercado.
Deberían tener cuidado: caminar con los mercaderes del templo es
extraño, pero también contraproducente.
Los evangélicos, esos que
han arrebatado Latinoamérica a los católicos, se mueven mucho mejor en
esa alianza entre éxito económico terrenal y salvación eterna.
Actuar de ese modo beneficia el desarrollo de los evangélicos en España.
Por
algún motivo, los católicos españoles no están empujando en la
dirección del bien común, ese que señalaba León XIV como objetivo, sino
en la del bien individual. Es una señal de su debilidad.
"El Papa León XIV criticó el jueves a los gobiernos europeos por su "indiferencia" ante la difícil situación de los migrantes durante su visita a la isla española de Gran Canaria.
Hablando desde el puerto de Arguineguín, donde miles de migrantes africanos pasaron los primeros días de la pandemia de Covid confinados en un muelle sin acceso a comida o refugio adecuados, Leo pidió a las autoridades que mostraran mayor compasión por aquellos que "arriesgan la vida para buscarla."
"No es suficiente gestionar las llegadas, distribuir estadísticas, reforzar las fronteras o lamentar las muertes después de que hayan ocurrido," dijo, dirigiéndose a una audiencia que incluía a migrantes. "No son solo números o archivos." Son personas que han dejado atrás familias y hogares. Tienen sueños que nadie tiene derecho a despreciar.
El papa criticó a Europa por afirmar defender la dignidad humana mientras "se acostumbra a que el Mediterráneo y el Atlántico sirvan como cementerios sin lápidas."
"La dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde su valor al cruzar una frontera," añadió.
El Primer Ministro español, Pedro Sánchez, acompañó a Leo en su viaje al archipiélago de las Islas Canarias, subrayando su apoyo común a las políticas pro-migrantes.
En abril pasado, el gobierno de centro-izquierda en Madrid anunció que otorgaría estatus legal a medio millón de migrantes no autorizados. La medida es rechazada por el Partido Popular de centro-derecha y el grupo de extrema derecha Vox. Ambos partidos han adoptado recientemente la llamada política de prioridad nacional, que busca dar a los ciudadanos españoles acceso preferencial a los beneficios y servicios estatales.
Leo hizo sus declaraciones un día antes de que entre en vigor el nuevo Pacto de Migración y Asilo de la UE. La reforma tiene como objetivo fortalecer las fronteras externas del bloque y hacer posible enviar a los solicitantes de asilo rechazados a centros fuera de la UE.
"El Papa León XIV el lunes pidió una mayor defensa e integración de los migrantes mientras pronunciaba un discurso ante el parlamento español.
El discurso, pronunciado el tercer día del viaje de una semana de Leo a España, lo enfrenta con el partido de extrema derecha Vox, que ha ido subiendo constantemente en las encuestas mientras hace campaña con una plataforma antiinmigrante, y con el Partido Popular (PP) de centro-derecha.
"La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que se centre en las personas, aborde las causas fundamentales que los obligan a irse y vaya más allá de la mera gestión de los flujos migratorios," dijo el pontífice a los legisladores en Madrid, añadiendo que era esencial que los países ofrecieran "caminos seguros y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración."
Para obtener el apoyo de Vox para formar gobiernos de coalición en Extremadura y Castilla y León, las administraciones regionales lideradas por el PP adoptaron recientemente la política de prioridad nacional del grupo ultranacionalista, que otorga a los ciudadanos españoles acceso preferencial a los beneficios y servicios estatales.
Aunque las encuestas indican que los católicos españoles tienden hacia la derecha del espectro ideológico, el enfoque del papa en el sufrimiento de los migrantes lo sitúa en una mayor proximidad política con la administración de izquierda del Primer Ministro Pedro Sánchez.
Su gobierno de coalición, que comprende al Partido Socialista de centroizquierda y al grupo de extrema izquierda Sumar, está actualmente en el proceso de otorgar estatus legal a medio millón de migrantes indocumentados.
Leo tiene previsto viajar a las Islas Canarias el jueves, donde él y Sánchez participarán en una ceremonia conmemorativa de las vidas de los migrantes africanos que han fallecido mientras intentaban navegar hacia el archipiélago español. Miles de migrantes salen cada año de los países de África Occidental para realizar la peligrosa travesía del Atlántico, y más de 3,000 migrantes murieron tratando de llegar a las costas españolas el año pasado, según la ONG Caminando Fronteras.
Durante su discurso, el papa instó a los legisladores a trabajar “para asegurar que nadie tenga que dejar su hogar debido a la falta de paz, seguridad o condiciones de vida dignas, incluyendo las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática.”
También se refirió a la guerra en curso entre Estados Unidos e Israel en Irán. Al igual que Sánchez, uno de los críticos más vocales de la operación, Leo ha calificado el conflicto como "no una guerra justa".
El papa añadió que la paz es un "imperativo moral," advirtiendo que "el rearme se está presentando una vez más como una respuesta casi inevitable a la fragilidad de la situación internacional."
"La verdadera seguridad," añadió, "proviene de la justicia, el diálogo paciente, el respeto por el derecho internacional y una política capaz de poner las vidas de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra."
(Jonas Loesel , POLITICO, 08/06/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)
"El Papa advierte sobre los peligros de la IA, critica las guerras, reivindica la dignidad humana… Las lecturas de la primera encíclica de León XIV
han puesto el foco en asuntos concretos que, estando presentes en ella,
son parte de una mirada mucho más amplia. Hay muchas cosas nuevas en Magnifica Humanitas, pero la inteligencia artificial ha atraído el interés porque funciona como espejo de una época que avanza hacia las fantasías de omnipotencia, hacia un tipo de poder que desprecia la existencia de límites y hacia la centralidad de la ciencia y de la técnica.
Los temores sobre el escenario catastrófico
a que nos podía conducir la unión entre ciencia y poder dominaron buena
parte del siglo XX, con la bomba atómica como su máxima expresión. Hoy,
ese peligro radica en unos instrumentos que fácilmente pueden ser
utilizados para la negación de lo humano. La encíclica arranca con una
contraposición que no es baladí. En ningún sentido. Evoca dos imágenes bíblicas,
la construcción de la Torre de Babel frente a la reconstrucción de los
muros de Jerusalén: la “ciudad edificada sobre el orgullo” frente a la que “reconstruye los vínculos ante que las piedras”.
El poder frente a lo humano
La inteligencia artificial es un asunto pertinente por varios motivos, y especialmente por las promesas que tiñen el horizonte,
que expresan de forma tangencial, cuando no directa, que sobran muchos
seres humanos. Las visiones sobre el futuro hablan de trabajos
cualificados que serán realizados mediante IA, tareas manuales que las
desarrollarán robots, guerras que tendrán lugar mediante drones y
misiles. La población que se precisará en ese escenario será escasa: no harán falta mano de obra ni soldados ni apenas ciudadanos;
quizá algunos sirvientes en empleos que no puedan ser reemplazados por
robots. Qué hacer con los que sobran no es una pregunta menor. El último
Foro de Davos se dedicó casi en su totalidad a discutir cómo preparar a las sociedades para esta nueva revolución que acorta las necesidades poblacionales. No hay un horizonte utópico al final del camino, sino uno distópico, porque muchos seres humanos carecerán de función, ya que no serán útiles al sistema.
"La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza"
No es solo una cuestión de futuro, también de presente. Llevamos décadas ya conviviendo con las tecnologías digitales y, a lo largo de este tiempo, lo humano es cada vez más desdeñado,
porque se entiende poco eficiente. Las personas son sinónimo de error,
de prejuicios de sesgos y de ausencia de control, por lo que la toma de
decisiones debe apoyarse en lo cuantificable y medible, en los datos, en
lo objetivamente apreciable. La era algorítmica quiere llevar esa
visión mucho más allá: los diagnósticos médicos, la concesión de una
hipoteca, el fallo de un juicio o la gestión de una empresa deben estar
informados, cuando no decididos, por una IA perfeccionada. Es una visión que cae fácilmente en la soberbia, y que desatiende fácilmente a las señales de la experiencia, pero también a eso intangible que constituye lo humano. Las personas no pueden ser reducidas al rendimiento.
Pero, sobre nuestro presente, debe constatarse, y así lo hace la encíclica, que la tecnología no puede solucionar por sí misma los problemas de la humanidad,ni es un mal en sí,
pero no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia, la
regula y la utiliza. Y, en estos años, la tecnología ha concentrado el
poder, y ha servido como instrumento de control y vigilancia, y de conformación de costumbres y creencias sociales.
Puesto que las conquistas de la ciencia y de la técnica,
"desvinculadas del progreso moral y social, terminan por volverse
contra el hombre, es necesario distinguir con claridad: una cosa es
integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una salvación puramente técnica”.
No
hay, por tanto, una discusión sobre la esencia de la IA, sino sobre
hacia dónde nos dirige el poder y sobre las necesidades de lo humano
La
IA es un instrumento que, como todos los demás, depende del uso que se
le conceda: “Hay un progreso que sirve a la persona y a los pueblos, y un progreso que los doblega a lógicas de poder”. No hay, por tanto, una discusión sobre la esencia de la IA, sino sobre el tipo de poder que existe y hacia dónde nos dirige, y sobre las necesidades de lo humano.
La repercusión política
Sin embargo, la encíclica, en última instancia, no son más que las palabras de un Papa. La Iglesia católica
tiene alrededor de 1.400 millones de fieles repartidos por el mundo,
pero su poder efectivo es mucho más difuso que el político o el
económico. No solo porque el Papa carezca de divisiones, como afirmaba
burlonamente Stalin, sino porque en su naturaleza no está el ejercicio
del poder físico y concreto. Su misión, como dice la encíclica citando
al papa Francisco, está “en el tiempo, no en el espacio”.
Esa visión, sin embargo, no aparta a la Iglesia de la política, dada su
capacidad para ejercer influencia sobre las sociedades. La última gran
conexión entre ambos mundos se denominó democracia cristiana y
contribuyó a construir la segunda parte del siglo XX, el posterior a la
Segunda Guerra Mundial. Poco queda de aquello, aunque existan partidos
que continúen adscribiéndose a esa corriente. La presencia del catolicismo en la vida occidental
ha decaído significativamente, muchos de los creyentes no son
practicantes y las iglesias ya no son espacios en los que se articula la
vida social. Los evangélicos o los musulmanes poseen esa capacidad, pero la Iglesia la está perdiendo en Occidente.
En cuanto a la ideología, la democracia cristiana está desaparecida. Las formaciones que la defendían se convirtieron en neocon, se arrodillaron ante la postura utilitaria del neoliberalismo económico
y dejaron la religión para asuntos relacionados con la natalidad y las
costumbres sexuales. Como asegura el intelectual católico Sohrab Ahmari,
muchos católicos “abrazaron el fundamentalismo de mercado de una manera
tal que habría que preguntarse por qué simplemente no se hicieron
luteranos”.
La encíclica pone punto final a esa época, y ni siquiera tiene necesidad de mencionarlo expresamente. La doctrina social de la Iglesia regresa al primer plano,
después de un tiempo de haberla ocultado bajo la alfombra. El texto
pone en el centro el bien común, entendido como algo superior a la suma
de las partes: nada hay aquí de esa sociedad en la que cada cual busca
su interés y misteriosamente el resultado conviene a todos: el ser humano precisa de vínculos y de solidaridad. Nada hay de una caridad sostenida filantrópicamente, sino una reclamación de dignidad y justicia. La encíclica vuelve a colocar los grandes temas sobre la mesa.
Esto mete en un lío a los partidos de la derecha adscritos a la democracia cristiana,
porque sus programas poco o nada tienen que ver con lo que la encíclica
describe: están pendientes del rearme, de la desregulación, de las
bajadas de impuestos, del desarrollo de la inteligencia artificial a
gran escala. La posición de León XIV puede favorecer, en apariencia, a opciones socioliberales,
ya que coinciden en la defensa de la tierra y el combate contra el
cambio climático, así como en la inmigración, pero poco más. Y no solo
porque el asunto religioso los separe de manera radical, sino porque
poco tiene que ver lo que León XIV cuenta en la Encíclica con unos
partidos que se dedican, en el mejor de los casos, a diseñar políticas
públicas que tratan de ayudar a los jóvenes a alquilar vivienda o a
elevar el salario mínimo. La mirada antropológica de Magnifica
Humanitas, su visión sobre el progreso y sus recetas para encarar los
nuevos tiempos son mucho más ambiciosas que las de una izquierda que, al igual que los democristianos, no es capaz de plantearse grandes preguntas y, menos aún de contestarlas
en una época que lo exige. La política ya no es capaz de dar sentido a
la vida en común, y en su vertiente más benévola, consiste en un breve
catálogo de acciones de un grupo de gestores que ha perdido de vista el
bien común. León XIV contra la derecha representada por Trump es
la gran pelea ideológica de esta época, y eso deja en un lugar muy poco
favorecedor a democristianos y socialistas. El Papa acaba de señalar el
camino para una nueva democracia cristiana. Otra cosa es que haya
alguien ahí fuera para recoger el guante."
"Señor arzobispo de Oviedo: deje de avergonzar a esta Iglesia"
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran
luz” (Mt. 4, 16) se nos decía en la liturgia de la Navidad. La
medida de regularización de inmigrantes, que el Arzobispo cuestiona, es
una gran luz para las 500.000 personas que se beneficiarán del real
decreto para una regularización extraordinaria; una medida que
responde a una demanda ciudadana sostenida durante años con 700.000
firmas de apoyo. Es un hecho que nos debería llenar de alegría, porque
se hace realidad que ese “pueblo” migrante ve una luz grande para sus
vidas. Parroquias, comunidades cristianas, creyentes en general, viendo
esta realidad desde la mirada de Jesús, apoyan y se alegran por este
paso necesario, independientemente de circunstancias de oportunidad
política u otras que se están mencionando con intención de confundir y
amedrentar a la gente.
Pero las manifestaciones públicas del
Arzobispo de Oviedo sobre esta materia, reiteradamente usan argumentos y
expresiones que se alejan de los mandatos bíblicos y se aproximan mucho
más a las voces extremistas que tratan de presentar al inmigrante como
sospechoso, delincuente, invasor… En concreto, en su última
“aportación” hasta ahora, insiste en que “todos no caben”, expresión
absurda, entre otras cosas porque los que serán regularizados ya están
aquí. Y siembra de nuevo la sospecha con la frase: “descartando a
cuantos se nos cuelan”.
En otras ocasiones ha sugerido la invasión demográfica musulmana planificada o que “algunos traen carnet de terrorista”.
Sus palabras traslucen una visión del inmigrante alejada de los valores
cristianos y de la doctrina católica, insistentemente reiterada desde
antiguo por el magisterio de la Iglesia y actualizada con gran empeño
por el papa Francisco y ahora por León XIV.
¿Todos no caben?
Debe recordar el Arzobispo que el ministerio sagrado no le confiere
competencia alguna para dilucidar la capacidad (y necesidad) que tiene
un país, en este caso España, o una región, en este caso Asturias, para
incorporar población inmigrante. Se trata de una valoración que
corresponde a los técnicos en la materia y que, más allá del recurso de
las regularizaciones (usado varias veces por gobiernos de diferente
signo en las últimas décadas), debería ser establecida políticamente
mediante leyes adecuadas. Por cierto, que en la Fundación FOESSA de
Cáritas hay excelentes técnicos en estas materias que le podrán
asesorar.
Y en vez de sembrar sospechas y reticencias, sería
muy pertinente que hiciera una llamada a todos los políticos para buscar
un acuerdo cuanto antes que proporcione un marco legal estable y
generoso a las migraciones en España; sería mucho más constructivo y
propio de su ministerio eclesial, en lugar de apuntarse al “bombardeo”
tendencioso, usando argumentos extremistas que ofenden a la inteligencia, faltan a la misericordia e insultan a las personas extranjeras, en su inmensa mayoría gente honrada y trabajadora, que están entre nosotros buscando una vida mejor.
¿Ha visto el Arzobispo a los grupos de trabajadores senegaleses
recogiendo las manzanas en las pumaraes de Asturias este pasado otoño?
Pues ahí han estado, ganándose apenas la manutención del día. Con su
humildísimo trabajo están aportando a esa “Cultura de la Sidra”, orgullo
de Asturias y Patrimonio de la Humanidad; pero lo hacen en condiciones
de gran precariedad. Y muchos nos alegramos de que ahora, ellos y otros
muchos hombres y mujeres trabajadores vayan a tener una vida algo mejor,
puedan trabajar legalmente y tener los derechos que corresponden a la
dignidad de toda persona (repase por favor Dignitas Infinita, del Papa Francisco).
¿No todos caben? ¿Quiere decir que hay ya más de los que caben? ¿Se está apuntando a la política de las deportaciones? ¿Va
a desautorizar a las organizaciones de Iglesia que apoyaron esta medida
de regularización y a su propia Cáritas? Y en cuanto a su discrepancia
con la posición acordada en la Conferencia Episcopal a favor de la ILP
que reclamaba esta regularización excepcional, es todo lo contrario de
una expresión de comunión y lealtad con sus iguales en el ministerio.
¿Cuántos caben? Lo que está claro y es de notorio
sentido común, es que cada vez van a “caber” más, dada nuestra evolución
demográfica y el contexto de nuestro mercado laboral. Por ello, en
lugar de preocuparse por cuántos hay o cuántos vienen, al ministerio
pastoral corresponde la tarea de enseñar e implementar la doctrina católica que manda “acoger, proteger, promover e integrar” al migrante (repase Fratelli Tutti de Francisco) y que recuerda, en palabras de León XIV (Dilexi Te),
que la misión de la Iglesia es construir puentes, no muros, ver hijos
donde otros ven amenazas y descubrir que cada migrante rechazado es
Cristo llamando a la puerta de la comunidad.
Le rogamos encarecidamente a monseñor Sanz que deje de avergonzar
reiteradamente, con sus manifestaciones impropias, a esta Iglesia de
Asturias, que hace dieciséis años también le acogió a él para
ejercer entre nosotros no otra cosa que la función de pastor, maestro de
la fe y testigo del evangelio de la misericordia.
Firmantes:
José
Manuel Parrilla, profesor de Sociología (Universidad de Oviedo) y
Doctrina Social de la Iglesia (Seminario de Oviedo), y con él Alegría
García García, Alejandro Alas Suárez, Alfonso Mascuñana Bordas, Alicia
González García, Alida Hevia Alonso, Amparito Valles Asenjo, Amparo
Prieto Carvajales, Ana Álvarez Fernández, Ana M. Begoña Sariego
Martínez, Asociación Pro Inmigrantes en Asturias (APIA), Asunción Beitia
Ochoa, Beatriz Blanco García, Begoña María Cerra Lorenzo, Belén
Negreira Barcia, Carmen Garrido González, Charo del Blanco de la Red,
Colectivo “Revuelta de Mujeres en la Iglesia” de Asturias, Covadonga
Carreño Morán, Cristina Aguilar Galindo-Bustio, Encarnación Suárez
Sánchez, Estefanía García Pérez, Faustino Castaño Vallina, Faustino
Villabrille Linares, Fernando Albuerne López, Flor González Muñiz,
Francisco Barba Navas, Gloria Fernández Martínez, Gloria María Blanco
González, Guillermo González Pire, Hosanna Fernández Negreira, Irene
Flórez Blanco, Itziar Celigueta Pérez-Cuadrado, Itziar Munuera
Fernández, Jesús Gallo Alonso, Jesús Manuel Álvarez Álvarez, Jesús
Rodríguez Rubio, José Ángel González Arias, José Félix Botrán Gil, José
Ignacio Alonso Gómez, José Luis Fonseca Orviz, José Luis Suárez Sánchez,
José Manuel García Paz, José María Alvarez Rodriguez, José María Murias
González, Juan Carlos Fernández Fernández, Juan Carlos Parada Yáñez,
Julia López Ruiz, Julio Cesáreo Álvarez Baizán, Justo López García,
Lourdes Prieto Carbajales, Lucía-Pía Fernández Gutiérrez, Luis Alonso
Traviesas, Luis Laureano Castañón González, Luis Manuel Flórez García,
Luis Manuel Lobera García, M. Josefa Sánchez Menéndez, Manolo Sánchez
Murias, Manuel José Calzada Mier, Manuel Rodrigo Fernández García, Marco
Antonio Luengo Castro, Mari Carmen Fernández González, María Angels
Carabassa Rubio, María del Carmen Rosón Álvarez, María Dolores Patón
Sabucedo, María Elena Galán Hevia, María Fernández Fernández, María
Gallo Suárez, María Hortensia Fernández Vidal, María Jesús Álvarez
García, María Jesús Cortina Argüelles, María Jesús Fanjul Mori
(Comunidades cristianas), María Jesús Lavandero Ruiz, María Jesús
Negreira Barcia, María José Capellín Corrada (Forum de Política
Feminista de Asturias), María Luisa Intriago Pastor, María Paz Suárez
Suárez, María Pilar Suárez Castaño, María Pilar Vázquez Antuña, María
Rosa de la Concha García-Mauriño, Marisa Martínez González, Matilde Díaz
González de Lena, Mina Blanco Juárez, Pablo Toral Gutiérrez, Pedro
Álvarez Martínez, Raquel Palacio Villazón, Remedios Vázquez Diz, Rosa A.
Gómez Fenández, Rosa Fernández García, Rosario Gonzalez Carreño, Rubén
Orihuela Sancho, Teresa Celigueta Crespo, Toñi Quirós Muñiz, Verónica
del Fueyo Alvarez, Victor García Ordás, Victoria Mejuto Vila, Cristina
Menéndez Vega, Fernando Díaz Malanda, Nieves Vallina Palacio, María
Luisa Asprón García y Jesús Ángel Fernández Fernández." (Religión Difgital, 02/02/06)
"Cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago: “Nuestros
sacerdotes han sido detenidos por agentes de inmigración debido al color
de su piel”.
El cardenal Blase Cupich (Omaha, Nebraska, 76 años) es una de las voces más destacadas del sector progresista de la Iglesia católica estadounidense
en un momento en que el ala ultraconservadora, envalentonada por la
Administración de Donald Trump, gana terreno rápidamente en un país
fuertemente politizado. Salvo que él no se ve a sí mismo de ese modo, ni
tampoco a la Iglesia. “Siempre trato de ser fiel a lo que dice la
doctrina de la Iglesia sobre las cuestiones sociales, y esa es mi guía.
No quiero jugar al juego de suma cero de quién va a ganar, los
conservadores o los progresistas”, afirma. En una entrevista con EL
PAÍS, omite mencionar al presidente por su nombre y, en su lugar,
advierte sobre las “implicaciones morales” de las políticas del
republicano. “Es la doctrina social de la Iglesia la que puede ayudarnos
en este momento”, asegura por videollamada.
El mes
pasado, el arzobispo de Chicago —donde nació el papa León XIV, el primer
pontífice estadounidense— se unió a los cardenales Robert McElroy y
Joseph Tobin, arzobispos de Washington y de Newark, respectivamente,
para firmar una declaración
en la que se critica la política exterior de Trump. En ella, los tres
máximos responsables de archidiócesis católicas romanas en Estados
Unidos citan los casos de Venezuela y Groenlandia, al considerar que las
acciones de Washington “han planteado cuestiones básicas sobre el uso
de la fuerza militar” y han amenazado los “derechos soberanos de las
naciones”. Aunque no entran en detalles, la declaración del 19 de enero
se publicó después de que EE UU capturara a Nicolás Maduro y de que Trump presionara para hacerse con el control de Groenlandia.
“Nuestro
papel moral como país al enfrentar el mal en el mundo, sostener el
derecho a la vida y la dignidad humana, y apoyar la libertad religiosa
está siendo examinado. Y la construcción de una paz justa y sostenible,
tan crucial para el bienestar de la humanidad ahora y en el futuro, se
está reduciendo a categorías partidistas que fomentan la polarización y
políticas destructivas”, escribieron.
Pregunta. ¿Qué los llevó a pronunciarse de manera tan contundente?
Respuesta. Viajamos
[en enero] a Roma para reunirnos con cardenales de todo el mundo,
quienes expresaron su alarma por la forma en que se estaban tomando
decisiones, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, que
parecían, en muchos sentidos, apartarse del consenso que existe desde la
Segunda Guerra Mundial sobre cómo gestionar los conflictos. Al día
siguiente del consistorio, el papa León dio su discurso al cuerpo diplomático, y eso nos dio el lenguaje necesario para poder abordar las preocupaciones que teníamos.
P. ¿Por qué decidieron no nombrar a nadie en la declaración? No se menciona a Trump.
R. Queríamos
ofrecer a la gente, a todos los ciudadanos del mundo y especialmente de
nuestro país, el lenguaje para abordar estas cuestiones, porque el
componente moral de lo que se estaba haciendo parecía ser ignorado, y
queríamos subrayar que hay otros asuntos en juego, más allá de
simplemente satisfacer el afán de dominio y dominación de un país sobre
otro, que parecía imponerse en ese momento e ignorar el Estado de
derecho.
P. Parte de la declaración dice:
“Renunciamos a la guerra como instrumento de intereses nacionales
estrechos y proclamamos que la acción militar debe considerarse solo
como último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento
habitual de la política nacional”. En el caso de Venezuela, muchos
venezolanos, en particular los exiliados en EE UU, celebraron la captura de Maduro.
R.
Lo que ocurre es que, si se dice que el fin justifica los medios,
entonces se empieza a abrir un camino sobre cómo las naciones pueden
actuar legítimamente en distintas situaciones. Eso debe considerarse con
mucho cuidado, porque entonces uno podría decir que hay personas que
podrían estar contentas de que Rusia haya invadido Ucrania. No se puede
medir con ese criterio. La soberanía de las naciones es importante.
P.
La mayoría de los católicos estadounidenses votó por Trump en 2024.
¿Tiene la sensación de que están de acuerdo con la forma en que
gobierna?
R. No tengo estadísticas que me den una idea clara sobre eso, salvo el hecho de que existen encuestas en las que un amplio grupo de estadounidenses que votaron por el presidente Trump
cuestionan los medios mediante los cuales está avanzando con su
política migratoria. Eso es importante tenerlo en cuenta. Pero en la
Iglesia nunca podemos jugar al juego de preguntarnos si algo será
popular o no. Tenemos que decir lo que es verdad y tenemos que hablar
desde los principios.
P. La Administración Trump
suele citar versículos bíblicos para promover o justificar sus
políticas, incluido su programa de deportaciones masivas.
R.
Voy a dejar que digan lo que quieran. Eso siempre ha sido así; hay
políticos a los que les gusta envolver sus políticas en un lenguaje
bíblico. Eso siempre entraña un peligro, simplemente porque un mismo
pasaje de las Escrituras puede citarse de distintas maneras. Lo que hay
que examinar no es un argumento basado en la Escritura, sino un
argumento que nos ayude a comprender cuáles son las implicaciones
morales de una política determinada.
P. En noviembre, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos emitió un Mensaje Especial sobre inmigración. Fue la primera vez que la conferencia lo hizo en más de 10 años. ¿Por qué era importante que se emitiera ese pronunciamiento?
R.
En el centro de esa cuestión estaba la falta de respeto a la dignidad
humana, y por eso hubo unanimidad por parte de los obispos. Siempre
hemos hablado con mucha firmeza sobre ese tema, ya sea el niño en el
vientre materno, la persona en el corredor de la muerte o el inmigrante.
Por ejemplo, la Conferencia Episcopal también emitió un comunicado
cuando hubo un recorte de la ayuda exterior, y nuevamente fue por la
vulneración de la dignidad humana.
P. Chicago fue una de las ciudades atacadas recientemente por Trump. Miles de agentes federales descendieron sobre la ciudad para llevar a cabo redadas migratorias. Sabemos que estas operaciones han afectado a parroquias en todo el país.
R.
La gente tiene miedo de salir. Esto siembra el terror en una ciudad en
la que no solo los inmigrantes, sino la población en general, siente que
está siendo aterrorizada por la forma en que se están llevando a cabo
estas redadas. Algunos de nuestros sacerdotes han sido detenidos por
estos agentes de inmigración debido al color de su piel y se les ha
exigido que muestren su ciudadanía y sus documentos. Esto es realmente
inaudito. Ese tipo de tácticas está alimentando la indignación de la gente, no solo por los asesinatos que tuvimos en Minneapolis, sino también por lo que estamos viviendo aquí.
P.
En Minneapolis, varios miembros del clero fueron arrestados por
protestar contra el ICE (Servicio de Inmigración) y las políticas de
Trump. ¿Cuál cree que es el papel de la Iglesia en este momento?
R.
Ofrecer atención pastoral a las personas marginadas y vulnerables.
Tenemos que seguir haciendo de eso una prioridad. También debemos alzar
la voz y abogar de manera no violenta. Mi principal preocupación no es
criticar a una persona en particular dentro de la administración, sino
que la gente necesita involucrarse como ciudadanía para que haya
avances. Tenemos que ayudarles a comprender lo que está en juego.
P.
Usted ha hablado antes del sistema migratorio “roto” de Estados Unidos y
de la importancia de atribuirle la responsabilidad al Congreso. ¿Qué
cambios le gustaría ver ahora que los legisladores negocian nuevas reformas?
R.
La gran pregunta es cómo vamos a permitir, de manera ordenada, que la
gente entre a este país, pero también cómo darles una visa de trabajo,
como se hace en muchas partes de Europa, donde hay una frontera porosa
que permite a las personas ir y venir y atender las necesidades de sus
familias. Justo esta semana, un juez anuló la orden de la secretaria de
Seguridad Nacional, [Kristi] Noem, con respecto al Estatus de Protección Temporal (TPS) de los haitianos.
Se trata de personas trabajadoras: por ejemplo, el 20% de quienes
trabajan en centros de salud y residencias de ancianos en Florida son
haitianos. Necesitamos esa fuerza laboral.
P.
Usted es cercano al papa León, que nació en Chicago. ¿Cuál es su opinión
sobre sus primeros ocho meses como pontífice? Algunos dicen que ha
avanzado lentamente.
R. Yo diría que arrancó con
fuerza desde el primer día. Dejó claro que iba a gobernar de una manera
colaborativa. No le teme a tomar decisiones difíciles y elige con mucho
cuidado lo que dice. Este año va a demostrar lo que vale y se convertirá
en una figura de peso a nivel mundial.
R.
Es una cuestión de precisión. Quiere usar las palabras de una manera
que realmente haga avanzar el debate en la sociedad. Sé que, por
ejemplo, hubo personas en el Gobierno a las que les molestó cuando
utilizó la palabra “inhumano” para referirse a la forma en que se estaba
aplicando la política migratoria aquí. Así que no tiene miedo de llamar
a las cosas por su nombre, pero no lo personaliza. Porque, a largo
plazo, considera que el tema es más importante que criticar a una
persona en particular."
"El aventurerismo de la administración de Trump
tiene un nuevo oponente: la Santa Sede y su papa estadounidense parecen
ahora decididos a ejercer toda su influencia para detener la aceleración reaccionaria.
Hoy en día, se está organizando una contraofensiva católica para
criticar la normalización contemporánea de la fuerza, utilizada tanto
como técnica de gobierno como instrumento de política exterior de
Estados Unidos.
Sustituyendo la lógica multilateral por la «diplomacia de la fuerza»,
reactiva la moral católica sobre la guerra y la paz para apoyar los
principios internacionales. Gracias a sus redes transnacionales, la
posición del papa refuerza y transmite la de figuras locales a las que
ayuda a formular.
Cardenales estadounidenses contra Trump
Desde el comienzo de su segundo mandato, la administración
estadounidense ha multiplicado las acciones agresivas en el exterior y
las amenazas de uso de la fuerza en el interior, lo que algunos
observadores califican de deriva autoritaria y neoimperialista.
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos llevó a cabo una operación
militar en Venezuela que culminó con la detención del presidente Nicolás
Maduro y su esposa, lo que desencadenó una ola de reacciones
internacionales. Varios Estados, organizaciones civiles y comentaristas
lo denunciaron como una violación del derecho internacional y de los
principios de soberanía. 1
En otro escenario, la administración de Trump, al igual que el propio
Trump, amenazó a mediados de enero de 2026 con «anexionar» Groenlandia,
territorio autónomo danés, por diversas razones que iban desde la
urgencia estratégica hasta el capricho del presidente. El proyecto,
rechazado formalmente por los aliados europeos, fue denunciado como una
grave violación de su soberanía. 2
Las operaciones y ambiciones estadounidenses reflejan una postura
agresiva del poder de Estados Unidos, donde el uso de la fuerza ya no se
presenta como un último recurso, sino como un instrumento normal de la
estrategia nacional. En territorio estadounidense, esta dinámica va
acompañada de tensiones internas relacionadas con el uso de las fuerzas
armadas: la idea de recurrir a la presencia militar para gestionar los
disturbios sociales —en particular, las propuestas que evocan el envío
de tropas a estados como Minnesota, cuya población se resiste a las acciones de la policía federal de inmigración—
ilustra un deslizamiento hacia la misma lógica de normalización de la
fuerza, en contra del Estado de derecho y las libertades. En términos
más generales, mientras que el poder ejecutivo está cada vez más
centralizado, diversas normas cívicas y jurídicas están siendo
sustituidas por la arbitrariedad del príncipe.
Este doble movimiento —intervencionismo exterior y autoritarismo
interior— ha provocado el resurgimiento de una crítica moral y ética.
Iniciada por actores religiosos, choca frontalmente con otro relato,
el de Estados Unidos como «baluarte del cristianismo», invocado a gritos
por los defensores de la «civilización judeocristiana» supuestamente
amenazada.
Desde noviembre de 2025 y la crítica pública y mediática —a través de
un video— de los representantes de la Conferencia de Obispos de Estados
Unidos contra la política del ICE, no ha pasado un solo día sin que las
instituciones u organizaciones católicas locales se hayan pronunciado,
sin que haya habido movimientos de protesta que denuncien las
deportaciones masivas y indiscriminadas de migrantes, la elaboración de
perfiles, la retórica deshumanizante, la violencia o las tácticas
agresivas, pero también las condiciones de detención 3 que vulneran los derechos fundamentales y la dignidad de las personas. 4
En otros lugares, los recortes federales en las subvenciones a las
organizaciones benéficas, la decapitación de US Aid y el recorte de los
programas federales Medicaid y Medicare provocaron la indignación
pública de los actores de la inmensa red de filantropía estadounidense.
A mediados de enero de 2025, cuatro figuras autorizadas de la Iglesia
católica de Estados Unidos tomaron posición públicamente, articulando
su crítica sobre los principios morales de la acción internacional,
extraídos de la tradición católica, pero históricamente presentes en la
política internacional estadounidense.
El 18 de enero, el arzobispo Timothy Broglio, Capellán Jefe de las
Fuerzas Armadas estadounidenses y Presidente saliente de la Conferencia
Episcopal Estadounidense (2022-2025), declaró en el programa matutino de
la BBC que, ante los rumores de un ataque o una ocupación
estadounidense de Groenlandia, los soldados estadounidenses podrían
desobedecer moralmente las órdenes contrarias a su conciencia. 5
Monseñor Broglio, conocido además por sus posiciones conservadoras en
temas bioéticos y morales, se pronunció con firmeza en contra del
posible ataque a esta isla-continente, calificándolo de irracional
contra una nación amiga y aliada, y expresó su preocupación por la
confrontación de los militares de su país con órdenes moralmente
controvertidas.
Como recordatorio «católico» de que se debe respetar la conciencia
individual y los criterios éticos del derecho de la guerra, las palabras
de monseñor Broglio resuenan con la doctrina de la guerra justa, elaborada por Agustín de Hipona
en el siglo IV y formulada con claridad por Tomás de Aquino en el siglo
XIII; en un momento en que la administración estadounidense se ensaña
con los políticos «sediciosos», estos recuerdan acertadamente que el
Código Militar estadounidense prohíbe la obediencia a órdenes ilegales.
Si el senador demócrata de Arizona Mark Kelly ha sido perseguido y
amenazado por desobedecer órdenes ilegales, su defensa, al igual que las
acciones legales que él mismo ha emprendido contra el Pentágono, están
volviendo la situación a su favor, convirtiéndolo en un héroe y en un
posible candidato presidencial de los demócratas.
Al día siguiente de la intervención de monseñor Broglio, tres
cardenales de perfil bergogliano e identificados —con ciertos matices—
como progresistas 6 publicaron a su vez una inusual declaración conjunta en la que criticaban la dirección de la política exterior estadounidense 7
e instaban a su país a recuperar su «brújula moral». Planteando algunas
preguntas abiertas sobre la falta de moralidad de las acciones
estadounidenses en Venezuela y las amenazas proferidas contra
Groenlandia, afirman que la guerra solo debe ser un último recurso, y no
un instrumento normal de la política nacional, que existe una tradición
moral en la política exterior estadounidense y que debe recuperarse, al
tiempo que se combina con objetivos éticos complementarios como la
promoción de la dignidad humana, el derecho a la vida y la libertad
religiosa. 8
La Santa Sede, nuevo freno a la hegemonía
Las posiciones de los cardenales estadounidenses y de monseñor
Broglio no son aisladas. Se inscriben en una línea más amplia de
preocupaciones expresadas por el papa León XIV y ampliamente difundidas
por los grandes medios de comunicación internacionales.
Para los observadores vaticanistas, no hay duda de que detrás de las
declaraciones de los cuatro «mosqueteros» estadounidenses se ha
producido un alineamiento reflexivo con la trayectoria diplomática pontificia: uno de estos observadores, Marco Politi, afirmó así en el Washington Post
que la Santa Sede es hoy un «claro contrapunto» a la visión de la
política exterior de Trump; frente a la lógica de las grandes potencias,
en la que unos pocos dirigentes se reparten el mundo en zonas de
influencia e intentan ampliarlas, el Vaticano opone hoy una forma de
multilateralismo.
Hoy en día, la Santa Sede ya no es solo un actor moral, sino que vuelve a ser un actor de contrahegemonía normativa,
como ya lo fue bajo Juan Pablo II frente al Bloque del Este. El
exdirector de la Oficina de Religiones y Asuntos Globales del
Departamento de Estado, 9 Shaun Casey, recordó a los periodistas del Washington Post
la gran capacidad reticular de la Iglesia católica; en más de un
sentido, esta puede ser considerada por las cancillerías como la red de
información fiable más extensa del mundo, lo que las empuja a acercarse a
ella —como Estados Unidos o Japón durante la Segunda Guerra Mundial— o,
por el contrario, a impedir su expansión, como China desde 1949 y la
Rusia soviética y luego putiniana.
Esta estrategia marca una cierta diferencia con la visión diplomática del papa Francisco, 10
quien ya denunciaba la «cultura de la guerra», con sus múltiples focos,
su abundante armamento y, en última instancia, la carrera nuclear, pero
proponía a cambio un pacifismo militante, ofreciendo una lectura
«sureña» de los desórdenes del mundo.
Las palabras de León XIV,
por su parte, actúan como un multiplicador de influencia, mientras que
la errática actuación del presidente de Estados Unidos desestabiliza aún
más a la comunidad internacional. Según Casey, miles de líderes
católicos tienen el discurso pontificio del 9 de enero de 2026 ante el
cuerpo diplomático acreditado ante el Vaticano, tal y como lo han
discutido con sus redes.
El fracaso de las aperturas vaticanas
Hasta ahora, Estados Unidos parece permanecer completamente sordo a las declaraciones pontificias.
Durante su visita a Medio Oriente
en noviembre de 2025, el papa expuso sus propuestas para una paz justa
en Palestina, que incluyen la protección de los civiles, esbozan una
solución de dos Estados y reclaman una paz que no sea dominación. Esta
posición de principio no ha dejado de manifestarse desde la
entronización de León XIV, en firme contraposición a las posturas
abiertamente sionistas cristianas de una parte importante de los
allegados al presidente estadounidense, pertenecientes a la derecha
evangélica; aunque Trump se presenta como el gran pacificador de la
región, su administración no ha hecho ningún comentario. 11
El 9 de diciembre de 2025, el papa recibió al presidente ucraniano Volodimir Zelenski, que regresaba de una agotadora gira tras la revelación del plan ruso-estadounidense.
En respuesta a este plan, León XIV defendió una solución justa y
duradera, en la que primaran la soberanía y la protección de la
población ucraniana y en la que el saqueo concertado de los recursos no
pudiera ser un punto de negociación. Una vez más, ante las propuestas de
mediación pontificia para resolver la guerra, ni Estados Unidos ni
Rusia dieron respuesta alguna. 12
El 24 de diciembre de 2025 se celebró una reunión urgente entre el
embajador estadounidense ante la Santa Sede y el cardenal Pietro
Parolin, número dos del Vaticano y gran conocedor de Venezuela por haber
sido nuncio allí entre 2009 y 2013. Aunque la reunión fue una
oportunidad para discutir específicamente «los planes estadounidenses en
Venezuela», la mediación de Pietro Parolin no surtió efecto, lo que
tensó aún más las relaciones diplomáticas entre Washington y el
Vaticano. El 4 de enero de 2026, durante el Ángelus, León XIV expresó su
profunda preocupación por la operación estadounidense en Venezuela y
pidió que se respetara la soberanía del país y se buscara la paz en
lugar de recurrir a la fuerza. 13
En ese mismo discurso, subrayando que el multilateralismo estaba
siendo sustituido por una diplomacia de la fuerza, León XIV afirmó que
la paz no debía reducirse a un simple instrumento de dominación.
Mientras «las crisis salpicaban el panorama mundial», los ataques a la
soberanía nacional amenazaban el sistema internacional heredado de la
Segunda Guerra Mundial, garante de la paz y la seguridad colectiva.
El papa, portavoz de las oposiciones locales
Este discurso, que algunos calificarían de «anticuado», sirvió de
base para la declaración de diversas figuras de autoridad del mundo
católico estadounidense, que se posicionaron en contra del aventurerismo
groenlandés a mediados de enero de 2026. Al «americanizar» el mensaje
pontificio, estos sirvieron de correa interna, para que
las palabras de León XIV no parecieran «antiamericanas», reproche que
los católicos estadounidenses suelen hacer al papa «latino» Francisco.
En el contexto geopolítico de 2025-2026, el aumento de una crítica
pública sin precedentes de la política exterior estadounidense por parte
de figuras importantes de la Iglesia católica, tanto a nivel nacional
—dando la imagen de un frente unido que no se había visto en mucho
tiempo entre conservadores provida y compasivos sociales— como
internacional a través del papa, se articula en torno a dos ejes
principales: el rechazo de las formas contemporáneas de intervencionismo
unilateral —o, en otras palabras, un cuestionamiento ético del uso de
la fuerza para perseguir intereses nacionales estrechos— y la
reivindicación de un orden internacional basado en el respeto de la
soberanía, la dignidad humana y la paz justa y duradera, que constituye
la expresión más completa de la moral internacionalista católica.
La conjunción de dos movimientos y dos escalas hace que la oposición
de la sociedad estadounidense a las tendencias de militarización y
autoritarismo, de local, se convierta en global, impulsada por un
pontificado que pretende difundir su lectura de la política
internacional.
En Estados Unidos, lejos de ser voces marginales, las recientes tomas
de posición pueden redefinir parte del debate público estadounidense,
vinculándolo a una tradición de moralismo internacional que los
estadounidenses no han olvidado por completo.
De este modo, pueden frenar las justificaciones
nacionalistas paranoicas de una parte de los católicos de Estados
Unidos, atrapados en una lectura alarmista y parusíaca de la restauración estadounidense, en las antípodas de su propia tradición."
"(...) La derecha española ha sido siempre de
sacristía y siempre ha presumido de alma limpia y conciencia recién
planchada. Sus líderes se santiguan en público, comulgan y hacen
continua ostentación de fe. Pero salen de las iglesias y acto seguido se
ponen a mentir con tranquilidad pasmosa.
No exagero. Estos últimos días lo están
haciendo sin piedad, vergüenza ni límite para combatir no a la
regularización de inmigrantes en sí, sino al gobierno -según ellos
enemigo de España- que ha aprobado la medida (defendida entre otras
instituciones por la Conferencia Episcopal y las patronales de sectores
en donde se emplea a mayor número de trabajadores extranjeros).
Denuncian los dirigentes de la derecha que la regularización del gobierno de Pedro Sánchez modificará el censo electoral.
Dejando a un lado que dan por hecho que
los inmigrantes regularizados votarían en masa a la izquierda -lo que
desde luego estaría por ver-, se trata de una afirmación mentirosa
porque en España (como en todos los países) sólo votamos los nacionales,
y una cosa es regularizar y otra nacionalizar.
No cabe pensar ni por un momento que
Feijóo, Ayuso y Abascal y su plétora de asesores no sepan la diferencia
entre ambos procesos, de modo que es inevitable asegurar que están
mintiendo a sabiendas.
Los dirigentes de la derecha española
presumen de fe, de tradición y de valores cristianos, pero cuando bajan
del altar hacen política o incluso gobiernan como si el Evangelio fuera
un folleto publicitario que reparten para captar votos.
Y no sólo mienten, sino que mantienen
completamente alterados los valores y principios éticos que cabe asociar
con el catolicismo. Se supone que ser cristiano es seguir a Jesús de
Nazaret quien, según el Evangelio de Mateo, dijo: “Apartaos de mí,
malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles (…) era
forastero, y no me acogisteis».
Feijóo, Abascal y Ayuso mienten y
criminalizan sin misericordia a las personas que trabajan a nuestro
alrededor, empleadas allí donde nosotros no queremos trabajar, o que
vienen a suplir nuestra falta de mano de obra. Y lo hacen, además de
mintiendo, con inhumano desprecio, como igualmente le sucedió a José
Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, quien también ha confesado en
diversas ocasiones su ferviente catolicismo. En noviembre de 2024 dijo: «He sido bendecido por el don de la fe», pero su ayuntamiento prohibió que una ONG repartiera bocadillos a personas sin hogar. A diferencia, como en los casos anteriores, de la enseñanza de Jesús: “… tuve hambre, y no me disteis de comer».
La fe católica de los dirigentes de la
derecha española es de quita y pon. Se la lleva el humo cuando se trata
de ayudar al débil o de repartir la riqueza: «Lo más grave de la ley es
la justicia, la misericordia y la fidelidad» (digo yo, que esta última
también aplicada a la verdad).
La regularización de inmigrantes no da
papeles automáticos, no concede nacionalidad, no otorga derecho a voto,
no convierte a nadie en delincuente ni supone invasión alguna. Es
simplemente un intento -modesto y hasta tardío- de sacar de la
clandestinidad a personas que ya viven y trabajan en nuestro país, al
que de esa forma ayudan a sostener y hacer más grande y próspero. Pero
mentir sale más barato que pensar, el miedo moviliza más que la verdad y
a estos dirigentes que presumen de católicos le vale todo para acabar
con sus adversarios.
Ahora bien, si la fe de los Abascal,
Feijóo y Ayuso no parece muy coherente por todo esto que señalo, el
príncipe de los sepulcros blanqueados («¡escribas y fariseos,
hipócritas!: por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de
huesos de muertos y de toda podredumbre») es, sin lugar a dudas, el
obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla.
Este va mucho más lejos. No sólo no se
pronuncia con las palabras de Jesús que he mencionado, ni habla como
quien cree en ese Dios justo y misericordioso, sino creyendo que él
mismo es Dios omnisciente y que, por tanto, dispone de la capacidad que
ningún ser humano tiene: la de saber las intenciones reales de cualquier
otro y, en este caso, las de Pedro Sánchez y su gobierno cuando
proponen la regularización.
Según este obispo, no la han aprobado
por las razones que han señalado: dar un justo estatus legal, seguridad
jurídica, derechos y una vía ordenada de integración a miles de personas
que ya están entre nosotros, la inmensa mayoría de ellas conviviendo
aquí en paz y generando riqueza; para favorecer la cohesión social y la
dignidad humana, permitiendo que ejerzan sus actividades legalmente y
reciban las contraprestaciones que legalmente les corresponda; para
desarrollar una política migratoria basada en derechos humanos,
integración y convivencia, no sólo compatible sino que impulsa el
crecimiento económico; y para atender la demanda ciudadana plasmada en
una Iniciativa Legislativa Popular suscrita por cientos de miles de
firmas.
Dijo Jesús en su Sermón de la montaña:
«Guardaos bien de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados
de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los
conoceréis».
Por mucha Misa a la que vayan y
organicen, por muchas veces que comulguen y por muy abundantes que sean
sus declaraciones de fe, los dirigentes de la derecha española no pueden
disimular cuáles son sus actos reales. Por sus frutos se les puede
conocer perfectamente y por eso se les puede decir exactamente lo mismo
que dijo Jesús a los fariseos: «Os hacéis pasar por justos delante de la
gente, pero vuestro interior está lleno de hipocresía y maldad».
Mucha misa, mucha comunión y mucho símbolo y actos religiosos… pero poca justicia, poca misericordia y demasiada mentira. (...)"
"Nos parece gravísimo y no podemos permanecer en silencio que en el plazo de 16 días tres personas que viven y duermen en las calles y plazas de Cádiz hayan muerto, coincidiendo con la ola de frío polar que estos días venimos padeciendo en toda España.
Es muy lamentable que los servicios sociales no tengan previsto refugios de 24 horas para situaciones climatológicamente tan adversas de frío o calor como suele pasar a lo largo de todo un año. Para colmo, parece ser que no ha llegado todo el material necesario para la campaña de frío que estaba prevista: sacos, mantas, chaquetones y ropa de abrigo….
Reconocemos lo que estos últimos años, antes con el gobierno de Kichi y ahora también con el de Bruno, se está haciendo para prestar una mejor atención a las personas sin hogar. Pero no se está atendiendo lo que es más urgente y prioritario: que nadie tenga que dormir en las calles y mucho menos cuando llega una ola de frío tan intensa y prolongada como la que estamos viviendo.
¿De verdad que no es posible habilitar unos espacios de uso prolongado y estable para estas personas en nuestra ciudad? No nos lo podemos creer. Sabemos que el Ayuntamiento dispone de medios para ello, sólo hay que tener la determinación política de querer solucionar este problema que sin duda es el mas prioritario que debe tener la acción del gobierno. Se gasta dinero en otros asuntos mucho menos urgentes que éste, porque son las vidas humanas las que están en juego.
Somos conscientes de que la problemática de las personas sin hogar es compleja y necesitan medidas a corto, medio y largo plazo para darle una solución integral a su problemática.
Pero lo más urgente e inmediato que debe hacer Asuntos Sociales es habilitar con urgencia unos espacios para que las personas dejen de vivir y morir en las calles. Esto es lo más urgente y no se está haciendo.
Somos creyentes y para nosotros Jesús de Nazaret es nuestra referencia. Él estaba siempre con los más empobrecidos y les aliviaba en su sufrimiento.
Lamentamos que tampoco el obispado de Cádiz colabore con las instituciones para ofrecer algunos de sus muchos inmuebles para estas personas, como reiteradamente le hemos venido diciendo al anterior obispo de Cádiz Rafael Zornoza y como vienen haciendo otros obispados en España como recientemente ha hecho la Conferencia episcopal Tarraconense que negocia con la Generalitat para ceder bienes de la Iglesia a personas necesitadas de una vivienda social. También el obispado debería abrir alguna iglesia en el casco histórico y otra en Extramuros las 24 horas para que estas personas puedan refugiarse de las inclemencias del tiempo. Confiemos que el nuevo Administrador apostólico pueda hacerlo.
Desde aquí un llamamiento al alcalde de Cádiz y al Concejal de Asuntos Sociales para que pongan medios con urgencia para que no sigamos lamentando más muertes de personas sin hogar en nuestras calles.
"Comenzó con agentes de ICE acechando los estacionamientos de las iglesias. Podría terminar con candados en las puertas de los refugios católicos.
Durante el último año, la Casa Blanca de Trump-Vance ha intensificado una campaña contra el trabajo de la Iglesia Católica con los inmigrantes.
El último objetivo es Caridades Católicas del Valle del Río Grande (CCRGV) en el sur de Texas, que dirige un famoso centro humanitario de descanso para familias migrantes.
El Departamento de Seguridad Nacional ha suspendido a esta organización benéfica católica de toda financiación federal y ha procedido a inhabilitarla durante seis años, una sanción inusualmente severa.
El DHS afirma que una auditoría encontró violaciones "generalizadas" en la presentación de informes de subvenciones, como registros de migrantes inconsistentes y facturación fuera de los plazos permitidos.
Los funcionarios acusan a la organización benéfica, dirigida por la hermana Norma Pimentel, de manejar los datos de tal manera que no pudieron verificar si algunas de las personas atendidas habían aparecido alguna vez en las bases de datos del DHS.
El capítulo del Valle del Río Grande, liderado por la Hermana Norma Pimentel, ha ayudado a cientos de miles de recién llegados con comida, refugio y orientación — y ahora enfrenta un movimiento federal para poner en la lista negra su financiamiento.
La hermana Norma, conocida a nivel nacional como la monja de los inmigrantes, rechaza rotundamente cualquier sugerencia de irregularidad.
"Los que están en la primera línea de nuestra labor humanitaria saben que el trabajo que hacemos realmente ayuda a restaurar la dignidad humana," dijo, añadiendo que "toma muy en serio cada dólar que se nos confía."
Su equipo señala que cada persona a la que ayudan ha sido procesada y liberada por la Patrulla Fronteriza de EE. UU. — simplemente están cuidando a las personas que el propio gobierno llevó al refugio.
CCRGV se ha comprometido a trabajar con DHS para resolver cualquier inquietud.
Sin embargo, la Casa Blanca de Trump-Vance avanzó con una suspensión que podría asfixiar los recursos principales del ministerio en cuestión de semanas. (...)"
“Siempre
bien”. El sacerdote Jorge de Dompablo (Las Navas del Marqués, Ávila, 68
años) responde con una enorme sonrisa al recurrente “¿Qué tal estás?”
del inicio de casi cualquier conversación. Enseguida se lanza a contar
cosas, mientras enseña las dos casas (una de ellas una antigua estación
de tren) a las afueras de Madrid en las que convive con doce migrantes.
“El año pasado tuve la suerte de viajar a Roma a ver al papa Francisco con el capellán de la cárcel de Navalcarnero, varios presos y sus familias y Javi Baeza, de San Carlos Borromeo de Vallecas.
¡Fue un encuentro tan bonito! Yo le conté que en mi parroquia
celebramos comunitariamente y que el evangelio lo lee una mujer y me
respondió: ‘Sigue haciéndolo”.
Pregunta. Si le parece, empezamos por el principio.
Respuesta.
Soy el noveno de 14 de hermanos. En 1963 nos vinimos a Madrid y a
algunos de nosotros nos llevaron a un colegio interno que se llamaba
Orfanato Nacional del Pardo, donde además de huérfanos había algunos que
no lo éramos, pero nuestras familias pasaban por dificultades. Ahí
estuve hasta los 14 años, qué época tan dura.
P. ¿Qué recuerda?
R. Intento
quedarme con lo bueno, pero no se me olvida el frío, la soledad, el
abandono. El cariño de mis padres y mis hermanos sí lo tuve, pero en
aquel lugar nos transmitían pocos valores y poca cultura. Solo tres de
los 14 hermanos pudimos estudiar. Uno fue periodista, otra enfermera y
yo me fui al seminario. Trabajábamos al tiempo que estudiábamos. El
primero fue sereno, mi hermana y yo en la tienda de ultramarinos de mis
padres.
P. ¿La vocación cuándo nace?
R.
[Toca la Tau de madera, símbolo de San Francisco de Asís, que lleva
colgada al cuello]. Creo que estuvo ahí siempre. Desde pequeño me ha
gustado siempre mirar hacia lo alto, a las estrellas, el sol y las
nubes. Pensaba: “Ahí tiene que haber algo más”. También ayudó a
decidirme la comunidad de religiosas mercedarias del orfanato, que eran
maravillosas, no tanto los funcionarios. Me dolía mucho pensar que
cuando nosotros nos marchábamos a pasar el fin de semana con nuestros
padres, había otros tantos que se quedaban allí. Veía a Dios como ese
ser pendiente de nosotros, que nos quería y nos abrazaba, y quise hacer
lo mismo.
P. Llega al seminario con esa vocación. ¿Cuándo surge la primera decepción?
R.
He tenido mucha suerte, porque encontré un equipo de formadores que nos
invitaban a participar y a opinar de todo lo que se hacía. De hecho,
jamás dormí una noche en el seminario, porque nos mandaron a vivir a los
barrios. Yo me fui al mío, Caño Roto, en Carabanchel, donde había mucha
droga y marginalidad. Eso es lo que querían, que no fuéramos élite, que
viviéramos el dolor de la gente. Me hizo caer de un dios en lo alto a
un dios en las personas. Uno de los lemas del seminario era: “Cura en
medio de la gente”.
P. Y en ese Madrid donde reinaba la droga en tantas partes decide actuar…
R. El
cura de mi barrio abrió la casa parroquial a los toxicómanos, entre
ellos a algunos de mis amigos, así que decidí adentrarme y tomar
partido, aunque no siempre lo hicimos bien. Nos costó darnos cuenta de
que el culpable no es el adicto, sino quienes introdujeron la droga.
Aquello era una forma de control social. Recuerdo perfectamente cuando
murió mi hermano (el periodista Manuel de Dompablo, fallecido en un accidente de avión en Málaga),
que entró una vecina a darnos el pésame, madre de un toxicómano, y me
dijo: “Ojalá hubiera sido mi hijo”. En todo ese tiempo se me han muerto
muchos, he ido a comprar droga y los he visto pincharse, ya te he dicho
que no todo se hizo bien, pero también he tenido momentos de enorme
esperanza. Así estuve durante 29 años, ayudándonos entre nosotros,
porque de las instituciones, poco, tanto las públicas como la iglesia.
Solo hay una excepción: Cáritas. Tanto nacional como la de Madrid. De
hecho, vivo aquí porque no hay una casa parroquial para mí.
P. Hábleme de este lugar en el que estamos y de sus convivientes.
R. Después
de tantos años con toxicómanos, nos empezamos a topar con otras
realidades. No sé si te acuerdas de aquellas noticias acerca de un grupo
de negros que se cobijaban en los bajos de la plaza de España, por
ejemplo. Dejamos de tener peticiones de chicos con problemas de
drogadicción y aumentaron las de inmigrantes. Yo estaba entonces en una
parroquia cerca del Estadio Santiago Bernabéu, iba con el pelo largo,
con poncho y zapatillas, no veas cómo me miraban, era el primer cura sin
clériman. Me echaron de la casa parroquial porque se inventaron que los
chicos daban problemas, y como no había sitio para mí en ninguna parte,
me fui a hablar con el gerente del Canal de Isabel II, Roque Gistau. Me
escuchó, hizo una llamada y me dio unas llaves. “Vete a ver esta casa y
si te gusta, ahí la tienes”, me dijo. Esto estaba abandonado, con las
ventanas rotas, llena de ratones. Pero no quería ser de esos curas de
los que hablaba el cardenal Suquía, solo de eucaristía, catequesis y
confesión, había visto a Jesucristo en otros sitios. Venirme aquí fue
una cierta ruptura con la institución y a la vez darme cuenta de que
esto es el verdadero evangelio, la verdadera iglesia.
P. ¿Cuánta gente ha pasado por aquí?
R. Calculo
que unos 100, 150, y con unas experiencias de vida tremendas… Llegan
destrozados, pero son los que me han enseñado a vivir. Merece la pena
creer en las personas, en ellos y en los voluntarios que nos ayudan.
Primero se les acoge y se les conoce, se analiza la situación, ver si
tienen NIE, permiso de residencia. Se les ayuda con el papeleo, se les
da clases de nuestro idioma a los que lo desconocen, a los adultos se
les intenta llevar a un centro educativo, y en otros casos se les forma
en un oficio para que puedan trabajar, pero en casa hay que tenerlo todo
cubierto. Una vida digna.
P. Las personas que conviven con usted son hombres. ¿Qué pasa con las mujeres?
R. He tenido algunas, pero muy pocas. En la época dura de las drogas eran mucho más rechazadas que ellos.
P. ¿Por qué?
R. Se
deterioraban enseguida y parecía que eso en una mujer estaba peor
visto. Tenían una enorme dependencia de los hombres, estaban sometidas a
entornos de violencia. Pasa lo mismo con la inmigración, hay muchísimas
mujeres, pero todo en ellas está escondido. No se puede decir los
lugares en los que están, y son víctimas de trata. La de ellas es una
situación durísima.
P. El rechazo al migrante campa por sus anchas en la conversación pública, y engorda la urna de votos de los racistas.
R. Es
porque no conocen. Yo los veo todos los días, pero si ellos conocieran a
esas personas comprenderían el dolor y lo sentirían. El hermano de un
chico que vive aquí, intentando venir, murió porque se hundió su patera.
Cuando ves que alguien pierde la vida por querer vivir no solo mejor,
sino simplemente vivir, te da pena que hay gente que no descubra al
otro, esa falta de humanidad. Que no se reconozca la violencia hacia las
mujeres, hacia el diferente. Como si no fuéramos todos iguales. Pero lo
que vivimos hoy no creo que sea peor que en otros tiempos. Lo que pasa
es que lo vivimos nosotros.
P. Cada día, en la
parroquia que hay entre las calles de Marqués de Urquijo y Ferraz, muy
cerca de la sede del PSOE, se reza el rosario y a continuación se
pronuncian frases como: “No son menores, son invasores”.
R.
Recuerdo un libro que leí que decía: “Cuando alguien te dice que reza
por ti, despreocúpate, porque no va a hacer más”. Rezar en al vacío no
solo no es bueno, sino que es dañino. Hay quien utiliza la religión para
creerse mejor que los demás despreciando al resto. Esos niños y niñas
tienen madre y padre, hermanos.
P. Si Bergoglio se puso Francisco porque San Francisco de Asís era el loco de Dios, ¿cuánto de loco tiene usted?
R. Es que todo esto es una locura. Pero una locura de amor."