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14.7.24

Hay margen para reducir la jornada laboral... un problemas es la anomalía que supone una jornada laboral presencial mayor que en gran parte de nuestros homólogos europeos, consecuencia de unos horarios de trabajo irracionales que provocan serios problemas de salud física y mental. Ello está condicionando y lastrando, en parte, la salida definitiva del pozo del desempleo... la economía lleva creando empleo los últimos cincuenta meses, en cifras desestacionalizadas, algo que poca gente puede explicar... el empleo no turístico, más centrado en la tecnología y con elevado valor añadido, comienza a tener cifras muy halagüeñas, lo que permite ser optimistas, respecto a nuestra capacidad de formar empleo cualificado. Las grandes sombras del empleo están en la tasa de paro, sin bajar del 11% a pesar del ciclo alcista... la modificación de horarios de trabajo en línea con las mejores prácticas europeas supondría un incremento de la productividad de algo más del 2% anual. Esto debería ir acompañado con la elaboración de una norma similar a la británica Ley del Tiempo de Trabajo, que obliga a las empresas a facilitar modificaciones de entrada y salida del puesto de trabajo, e incluso de organización del tiempo semanal, llegando a modificar incluso qué días de descanso se pueden disfrutar... Junto a todo esto, hay que poner en marcha planes de empleo garantizado que permitan ocupar a más de 1,5 millones de personas, lo que podría llevarnos a la primera división de las políticas socialdemócratas de verdad (Alejandro Inurrieta)

"En España los grandes debates siempre llegan tarde, o no llegan, lo cual caracteriza a una sociedad más pendiente de discusiones estériles que de alumbrar fórmulas para solucionar los grandes problemas que nos asolan.

Uno de estos problemas es la anomalía que supone una jornada laboral presencial mayor que en gran parte de nuestros homólogos europeos, consecuencia de unos horarios de trabajo irracionales que provocan serios problemas de salud física y mental. Ello está condicionando y lastrando, en parte, la salida definitiva del pozo del desempleo que, a pesar de las buenas cifras, sigue demostrando que nuestro paro estructural es una de las grandes asignaturas pendientes.

Los grandes números del empleo en España muestran una fortaleza no esperada por algunos gurús de televisión, pero también por algunas instituciones de clara ideología neoclásica, como la Airef o el Banco de España, cuyos augurios en octubre hoy deberían sonrojarles (algo que, obviamente no ocurrirá). El número de afiliados supera los 21,3 millones, se sigue reduciendo el trabajo a tiempo parcial, salvo en el sector público, donde la querencia por los despidos en verano raya lo irracional y desmonta muchos discursos de la propia vicepresidenta del Gobierno, cuyo desempeño, en cualquier caso, hay que alabar. En conjunto, la economía lleva creando empleo los últimos cincuenta meses, en cifras desestacionalizadas, algo que poca gente puede explicar, y sobre todo sigue sorprendiendo a las autoridades europeas. Junto a esto, y mirando la Balanza de Pagos, el empleo no turístico, más centrado en la tecnología y con elevado valor añadido, comienza a tener cifras muy halagüeñas, lo que permite ser optimistas, respecto a nuestra capacidad de formar empleo cualificado.

Las grandes sombras del empleo están en la tasa de paro, sin bajar del 11% a pesar del ciclo alcista, próximo a su cenit, lo cual nos dice que existen cuellos de botella que tienen que ver con la obsesión por el déficit público y la deuda. Su control irracional por parte de la Comisión Europea se demostró muy peligroso y doloso durante la crisis del 2008, siendo corregido a lo largo de la pandemia, decisión que debería ser el faro para desmontar las reglas fiscales.

La estructura del paro estructural se asienta en cuatro elementos. Por un lado, una población joven desencantada, aunque en franca reducción, en la que coexistien jóvenes formados y no formados. En segundo lugar, una enorme bolsa de mujeres que siguen sin encontrar empleo, a pesar de tener las mujeres su récord de ocupación, siempre por debajo de la jornada deseada. En tercer lugar, fruto del edadismo galopante de nuestras empresas, mayores de 45 años que, una vez salen de las empresas, su empleabilidad y nivel de actividad quedan en mínimos respecto a la media europea. Por último, seguimos muy lejos de las tasas de empleo y actividad de las grandes economías del norte de Europa, lo que permite aseverar que faltan políticas audaces y empresas más grandes y modernas.

Estas grandes cifras de empleo, sin embargo, chocan con otra realidad más sombría. La desigualdad sigue creciendo, a pesar de que las subidas del salario mínimo han ayudado a más de un millón de personas a salir de las cifras –cuestionables– de la pobreza severa, según una entidad bastante sospechosa como es el FMI. Esta desigualdad, muy presente en países con baja densidad sindical y escaso peso del empleo industrial, se acrecienta por el pésimo diseño y ejecución de las escasas ayudas familiares que tenemos en España. Otorgar la responsabilidad de uno de los pilares fundamentales del Estado del Bienestar al cuerpo de funcionarios de élite del país, cuya fobia y animadversión hacia el combate de la desigualdad es manifiesta, explica el escaso impacto del Ingreso Mínimo Vital, por ejemplo. España es uno de los países más regresivos en el diseño de ayudas públicas y resulta grotesco que las rentas medias, e incluso altas, reciban más ayudas, que las rentas más bajas.

Junto a la desigualdad creciente, la formación de salarios sigue adoleciendo de una visión racional de lo que supone la demanda efectiva, frente al chamanismo irracional de las políticas de oferta (supply side). Aquí, lo que subyace es la dirección de causalidad entre crecimiento salarial y productividad. Para los economistas de oferta, la dirección está clara. Solo si aumenta la productividad se podrá mejorar el salario. Por el contrario, hay mucha literatura, que obviamente no se enseña en las universidades, que demuestra que es al contrario. Un mayor salario mejora nítidamente las cifras de productividad, por lo que sin duda estamos ante un fracaso de las políticas neoclásicas que preconizan la austeridad expansiva, fruto de la negación de que hay otro marco conceptual que podría cambiar la estructura salarial de nuestro país.

Este empecinamiento sobre las bondades de pagar mal en España, obliga a muchos compatriotas a emigrar hacia economías donde sí se valora la formación en España y se remunera conforme al valor creado, no como aquí. Parece un contrasentido que un médico en España sobre tres veces menos que en otro país, con la misma formación. Lo mismo habría que decir de ingenieros y muchas otras profesiones. En consecuencia, las teorías sobre qué es la productividad, lo que permite subir los salarios, tiene muchos contraejemplos.

Esta misma aproximación neoclásica también se aplica al debate surgido sobre la duración de la jornada laboral. Este debate, que tiene varias aproximaciones, no se puede desligar de otro adyacente, que es la estructura de horarios de trabajo en España. El abuso de la presencialidad en muchas profesiones, junto a las jornadas partidas y tiempo de comida de dos horas, supone una anomalía histórica que las empresas se resisten a modificar, lo que convierte a la CEOE en un actor más de la serie Cuéntame. Ello puede hacer gracia a quienes le apoyan, pero está causando un grave problema económico –baja productividad por descenso de ciclos circadianos a partir de un punto–, pero también de salud física y mental. Existen numerosos estudios, yo mismo hice uno para el Ministerio de Trabajo hace años, que demuestran que la modificación de horarios de trabajo en línea con las mejores prácticas europeas supondría un incremento de la productividad de algo más del 2% anual. Esto debería ir acompañado con la elaboración de una norma similar a la británica Ley del Tiempo de Trabajo, que obliga a las empresas a facilitar modificaciones de entrada y salida del puesto de trabajo, e incluso de organización del tiempo semanal, llegando a modificar incluso qué días de descanso se pueden disfrutar.

Este tipo de políticas las debe de pilotar el Estado, y no quedar al albur de la negociación colectiva, dada la menguante densidad sindical que dejaría a muchos trabajadores fuera de poder acceder a este tipo de cambios en la jornada laboral.

En conclusión, en España hay margen para un cambio drástico en los horarios de trabajo, con jornadas más flexibles y más cortas, que podrían incrementar la productividad y deberían ir acompañadas con mejores salarios. Hay que desterrar las políticas de oferta y la obsesión por el desarrollismo y la presencialidad para deleite de bares y restaurantes, que son, a la postre, los que frenan, junto con una CEOE muy alejada de la modernidad, este cambio estructural en los horarios de trabajo. Junto a todo esto, hay que poner en marcha planes de empleo garantizado que permitan ocupar a más de 1,5 millones de personas, lo que podría llevarnos a la primera división de las políticas socialdemócratas de verdad."                    (Alejandro Inurrieta , eldiario.es, 06/07/24)

2.6.24

Resolver el nudo gordiano: afrontar la crisis del desempleo en España con un programa de trabajo garantizado (Agustín Mario , Stuart Medina Miltimore , Esteban Cruz Hidalgo)

 "Resumen

España ha experimentado una historia de desempleo crónico elevado e intratable. La Garantía de Empleo se ha teorizado como una propuesta de política que pretende producir el pleno empleo ajustado y mejora la estabilidad macroeconómica y de precios. Este documento ofrece una visión general de algunas de las explicaciones a las causas del desempleo y el rendimiento de las políticas activas de gestión laboral tradicionales. 

Se ofrece una simulación de un programa de garantía de empleo para el periodo histórico 1999-2019 utilizando un modelo econométrico de la economía española. Además de erradicar el desempleo, encontramos que el programa de garantía de empleo atenúa el ciclo económico, sostiene rentas reales más altas y no compromete la estabilidad de precios.

https://doi.org/10.1080/01603477.2024.2304854"

2.2.24

El empleo desafía la crispación política... el año 2023 se recordará como un año muy favorable en los flujos de empleo, la reducción de la temporalidad y la constatación que el paro estructural sigue siendo demasiado alto... el crecimiento de la productividad del factor trabajo ha crecido un 0,7% entre los años 2000 y 2022. Frente a esto, la productividad del capital ha descendido un 1,2% en el mismo periodo... La explicación de esta anomalía se centra en el sector inmobiliario que, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, muchos activos se han quedado ociosos, casi un 28% del total de inmuebles (pisos, locales y oficinas) está sin usar, lo cual consume recursos financieros y no permite acometer nuevas inversiones más productivas... La gran asignatura pendiente del mercado laboral en España es lograr que el pleno empleo se alcance con tasas de paro cercanas al 5%, midiendo dicha tasa de paro como en EEUU, la llamada U6... Para ello es urgente sentarse a diseñar planes de empleo garantizado, en sectores como los cuidados, medio ambiente o servicios a la comunidad, que elimine la barrera de la tasa de empleo tan baja que tenemos y podamos dar un salto en productividad y formación ocupacional (Alejandro Inurrieta)

 "El mercado laboral español, lejos todavía del pleno empleo, se ha comportado de forma muy dinámica en el último año, gracias al impulso del consumo privado, el gasto público y el sector exterior, aunque éste ha aflojado el ritmo tras los últimos acontecimientos y el parón de Francia y Alemania. 

Las grandes cifras nos dicen que el empleo creció más de un 3,83% anual (783.000 nuevos empleos), con un gran avance del empleo femenino y joven y una notable aportación de la inmigración, rompiendo el cliché de la vaguería y la querencia de las pagas públicas. El desempleo descendió en más de 190.000 personas, alcanzando la tasa de paro mínima del 11,6%, la más baja en más de la última década. Lo más relevante fue la estructura temporal del empleo, siendo la contratación indefinida la gran beneficiada de la reforma laboral creciendo en más de 800.000 personas, mientras que el temporal bajó en 140.300, lo que deja la tasa de temporalidad en el 13,24%, a pesar de la elevada tasa en el sector público. 

La actividad, variable que anticipa el ciclo, también refleja una mayor confianza en la economía española, con un crecimiento anual del 2,5%, y un aumento de casi 590.000 personas. La tasa de empleo alcanzó el 59% que, aunque lejos de las cifras de países nórdicos, sí parece que se ha reactivado nuestro mercado laboral. Por sectores, seguimos siendo un país de servicios, más del 60% del nuevo empleo se asienta en servicios, lo cual nos aleja también de las mejores prácticas de muchos países europeos, lo que explica el bajo nivel salarial en algunos segmentos de los ocupados. 

La clave para entender estos buenos datos de empleo, sin duda, es el diferencial de crecimiento con el resto de países europeos, que también pone en duda la correcta medición del PIB, lo cual nos aboca a una revisión al alza cuando el INE incorpore los datos de la EPA y otras variables de  consumo. Todo ello en una ejercicio en el que se ha subido el salario mínimo de forma notable, contradiciendo muchas de las voces que auguraban una recesión profunda en España, como la Airef o el propio Banco de España, por no hablar de los dirigentes políticos en la oposición. 

La negociación colectiva ha permitido elevar los salarios sectoriales alrededor del 4%, aunque la pérdida del poder adquisitivo de gran parte de asalariados ha podido ser de algo más de un punto porcentual, lo que no ha impedido que el consumo privado siguiera alcanzando cotas muy por encima de antes de la pandemia, impulsado también por el turismo nacional e internacional, en un entorno de mayores costes financieros. Otro mantra desterrado es que el empleo creado es mayoritariamente público, algo que no concuerda con las cifras, pues ha sido el sector privado el que mayoritariamente ha tirado del mercado de trabajo, aunque es cierto que algunas CCAA han hecho un esfuerzo en contratación de trabajadores públicos.

La gran asignatura pendiente del mercado laboral en España es lograr que el pleno empleo se alcance con tasas de paro cercanas al 5%, midiendo dicha tasa de paro como en EEUU, la llamada U6, es decir la tasa de paro en la que los ocupados se empleen por las horas que realmente quieren trabajar y el empleo temporal forzoso tienda a cero, especialmente entre las mujeres. Para ello es urgente sentarse a diseñar planes de empleo garantizado, en sectores como los cuidados, medio ambiente o servicios a la comunidad, que elimine la barrera de la tasa de empleo tan baja que tenemos y podamos dar un salto en productividad y formación ocupacional. 

Sin embargo, y contrariamente a lo que podría parecer, la productividad del factor trabajo no ha evolucionado tan mal en los últimos años. Según ha publicado recientemente el IVIE y BBVA, el crecimiento de la productividad del factor trabajo ha crecido un 0,7% entre los años 2000 y 2022. Frente a esto, la productividad del capital ha descendido un 1,2% en el mismo periodo. Este factor es crucial para entender por qué la productividad global en España se comporta peor que el resto de nuestros competidores. La explicación de esta anomalía se centra en el sector inmobiliario que, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, muchos activos se han quedado ociosos, casi un 28% del total de inmuebles (pisos, locales y oficinas) está sin usar, lo cual consume recursos financieros y no permite acometer nuevas inversiones más productivas. Por tanto, la rémora de la productividad total de los factores en España es el capital, que prefiere permanecer ocioso y dirigir sus esfuerzos hacia el rentismo.  

En este punto, hay que hacer constar que el término productividad es muy complejo de medir con rigor, y por ello los economistas nos amparamos en complejos cálculos matemáticos de variables inobservables para presumir de un conocimiento que realmente no es tal.    

En resumen, el año 2023 se recordará como un año muy favorable en los flujos de empleo, la reducción de la temporalidad y la constatación que el paro estructural sigue siendo demasiado alto. Seguimos siendo un país de servicios, con mala calidad en la gobernanza empresarial, pésimo sistema de formación ocupacional (el SEPE habría que cerrarlo y volverlo a crear), y sin que se entienda que el pleno empleo solo llegará con planes de empleo garantizado. Y todo esto, a pesar del infierno político e institucional, lo que prueba que, a pesar de los intentos partidistas, judiciales y de otras instituciones, como el Banco de España con su alarmismo, los agentes privados han logrado relanzar la actividad, gracias, en parte, a las buenas políticas laborales llevadas a cabo por el ejecutivo. Ahora nos espera la reducción de la jornada laboral, y espero que también un nuevo modelo formativo, y planes de empleo garantizado. "                  (Alejandro Inurrieta, eldiario.es, 28/01/24)     

22.1.24

Retos de España para 2024: más industria y menos turismo barato... La economía española atraviesa, pero ya desde hacer muchos años, un problema serio de descapitalización humana que obliga a muchos trabajadores a emigrar porque sus disciplinas laborales no gozan de oportunidades solventes y bien pagadas. Según la investigación del IVIE, esta pérdida se cuantificó en 150.000 millones de euros en 2022... Sin una formación adecuada y sin mecanismos de empleabilidad para trabajos de todo tipo de cualificación, estamos abocados a que sean los servicios de menor cualificación los que proliferen y tiren del empleo, casi siempre con fuerte carácter estacional, lo que redunda en una bajísima productividad, salarios reducidos, poca intermediación sindical y una limitada dimensión empresarial, elementos que explican la vulnerabilidad empresarial y su elevada rotación... con una tasa de paro natural del 8% resulta desalentador que se desprecien iniciativas solventes sobre la urgencia de planes de empleo garantizado que ya han sido experimentados en algunos países como Japón. Sectores como los cuidados de mayores, ocio y cultura, medio ambiente y cuidado de bosques ofrecen algunas alternativas al pago de subsidios o la pobreza crónica a la que sometemos a una parte no desdeñable de nuestra sociedad... (Alejandro Inurrieta)

 "España ha finalizado 2023 con un crecimiento muy superior a la media de la UE: a falta del dato definitivo el PIB habría avanzado más de un 2,4%. Este avance, que si se midiese bien el PIB sería aun superior, es esgrimido por el Ejecutivo actual como fruto de su brillante política económica, algo que, cuando se analiza sin las gafas de la militancia política, hay que poner seriamente en duda. 

La economía española atraviesa, pero ya desde hacer muchos años, un problema serio de descapitalización humana que obliga a muchos trabajadores y trabajadoras a emigrar porque sus disciplinas laborales no gozan de oportunidades solventes y bien pagadas. Según la investigación del IVIE, esta pérdida se cuantificó en 150.000 millones de euros en 2022, un 40% más que antes de la pandemia. Esta sangría, que suele ser escondida por los medios de comunicación tradicionales y que no despierta mucha preocupación social, explica, en gran parte, la debilidad estructural de la economía española, que solo crece cuando se generan burbujas especulativas o por elevada demanda de servicios de bajo valor añadido como el turismo de masas, lo que cronifica la estructura productiva de bajo valor añadido. 

El mayor crecimiento relativo, a pesar de todo, no nos permite converger con la UE en renta y riqueza, por lo que el mercado laboral no se puede vaciar, incluso en épocas de elevado crecimiento nominal. El tener una tasa de paro natural del 8% apenas despierta interés entre la clase política, cegada y drogada por el elixir del corto plazo y las soflamas de parte. En este sentido, resulta desalentador que se desprecien iniciativas solventes sobre la urgencia de planes de empleo garantizado que ya han sido experimentados en algunos países como Japón. Sectores como los cuidados de mayores, ocio y cultura, medio ambiente y cuidado de bosques ofrecen algunas alternativas al pago de subsidios o la pobreza crónica a la que sometemos a una parte no desdeñable de nuestra sociedad. 

Un elemento clave para esta nueva estrategia laboral, que nos debería llevar al verdadero pleno empleo, es la revolución de los servicios públicos de empleo, el SEPE, que hace lustros que no cumplen con el objetivo de una verdadera política de inserción laboral. La pobreza de los contendidos de formación continua, la mala praxis con los fondos destinados a la formación continua y la desidia política, explican la baja tasa de inserción laboral que se produce a través de los agentes públicos. La forma más frecuente de reclutamiento laboral en España, los contactos personales y familiares, reflejan muy bien la dualidad social y laboral en España, lo que sin duda reduce claramente la posibilidad de que el ascensor social funcione y permita a amplias capas sociales poder acceder a una vida digna. 

Sin una formación adecuada y sin mecanismos de empleabilidad para trabajos de todo tipo de cualificación, estamos abocados a que sean los servicios de menor cualificación los que proliferen y tiren del empleo, casi siempre con fuerte carácter estacional, lo que redunda en una bajísima productividad, salarios reducidos, poca intermediación sindical y una limitada dimensión empresarial, elementos que explican la vulnerabilidad empresarial y su elevada rotación.  La atomización empresarial también explica otro de los fenómenos típicos de la economía española, la escasa cogobernanza entre empresarios y trabajadores. A la espera que pueda llegar la esperada Ley de Participación en los Consejos de Administración, copiando el modelo alemán,  nada permite esperar que los trabajadores puedan formar parte de estos Consejos, lo que redundaría en una mejor gestión y mayor grado de reparto de la tarta de beneficios. Es precisamente el déficit de distribución de la renta lo que caracteriza a nuestro país, un país con elevado crecimiento cada vez más desigual y con menos capacidad pública de revertir esta situación. 

Estas carencias distributivas se enmarcan en otro de los grandes problemas sin resolver, el papel del Sector Público. La administración española carece de un verdadero plan de modernización en su gestión y la evaluación de sus resultados. La cantidad de gestiones duplicadas, la ausencia de una política real de aprovechamiento de la información pública y su cruce entre administraciones, provoca que los escasos recursos distributivos, como el Ingreso Mínimo Vital, no lleguen a los ciudadanos que lo necesitan. Añádase a esto un sistema fiscal obsoleto y escasez de controles para hacer cumplir la legislación, y tenemos en España el paraíso para incumplidores, defraudadores fiscales y oligopolios impunes a la legislación anticompetencia. 

Si a todo esto unimos el bajo salario social que ofrecen las administraciones –fundamentalmente vivienda asequible para clases humildes, pero también para rentas medias–, tenemos un cuadro social con propensión elevada a caer en la pobreza relativa, especialmente en segmentos de rentas por debajo de 20.000 euros. La vivienda es la gran asignatura pendiente que sigue sin ser resuelta, por más que se cree de nuevo un Ministerio especifico, eso sí, poniendo al mando a cesantes de otros departamentos con nula experiencia y conocimiento y escuchando poco a los grandes viviendistas que existen en este país. Hay que crear un parque de vivienda social que iguale los porcentajes europeos, pero también hay que trabajar sobre la legislación fiscal del suelo y la nacionalización de las plusvalías del suelo, y explorar nuevas formas constructivas para el medio rural, haciendo del derecho de superficie y el apoyo exclusivo al alquiler los ejes de la actuación pública.

El eje estratégico de la vivienda debería formar parte de una revolución en la consideración de la vida en las ciudades, desterrando la tendencia del fin del comercio de proximidad, extendiendo la política de eliminar el vehículo, focalizando en los empleos comunitarios y facilitando la conciliación personal y laboral, pero no abriendo guarderías de 7 de la mañana a 9 de la noche, como ocurre en Madrid. El medio ambiente y las renovables son, sin duda, las herramientas para mejorar la calidad de vida, a lo que hay que unir una verdadera política de usos del tiempo más acordes a la vida actual y no seguir anclados en el fordismo como faro de la producción en España. Menor jornada laboral y más productividad, dentro de un marco de revolución urbana, son algunas de las tareas que nadie se ha atrevido a acometer desde hace décadas.

En esencia, tenemos por delante recuperar el peso industrial con elevado valor añadido, cambiar la dimensión y las relaciones en las empresas, más ciencia e investigación, empleo garantizado y una revolución en vivienda, diseño de las ciudades y el medio rural. Todo ello es incompatible con pensar en las próximas elecciones, por lo que soy muy pesimista sobre la solución a estos grandes retos."                             ( Alejandro Inurrieta, eldiario.es, 11/01/24)

19.6.23

Propuestas económicas desde la izquierda ante el nuevo reto electoral: en primer lugar, asumir algo que desde la ortodoxia se ha ocultado a la gente. Sí, es posible alcanzar el pleno empleo... Aunque no dispongamos de soberanía monetaria, la política fiscal y la actuación del Banco Central Europeo, bajo la batuta de Mario Draghi, nos ha puesto de manifiesto que se pueden combinar política fiscal y el balance del Banco Central Europeo para avanzar en la generación de empleo y mejorar de las condiciones de vida de la ciudadanía... Por lo tanto, desde todo gobierno progresista se debe profundizar en las medidas de política económica encaminadas a alcanzar el pleno empleo. Para ello no hay que tener miedo, y aplicar programas de Trabajo Garantizado

 "(...) ¿Qué se puede hacer desde una visión progresista?

¿Qué se puede ofrecer desde una perspectiva progresista a los españoles? En primer lugar, asumir algo que desde la ortodoxia se ha ocultado a la gente. Sí, es posible alcanzar el pleno empleo. Aunque no dispongamos de soberanía monetaria, la política fiscal y la actuación del Banco Central Europeo, bajo la batuta de Mario Draghi, otra cosa son la banda que están ahora al mando, nos ha puesto de manifiesto que se pueden combinar política fiscal y el balance del Banco Central Europeo para avanzar en la generación de empleo y mejorar de las condiciones de vida de la ciudadanía. 

Por eso, causa pavor como los actuales irresponsables del Banco Central Europeo, en un diagnóstico absolutamente erróneo de la inflación actual, han emprendido una loca carrera por subir los tipos de interés. Pero si además en 2024, a los burócratas de Bruselas se les ocurre implementar austeridad fiscal, da igual lo que propongamos, en la segunda mitad de 2024, esa “policy-mix” unida a una inexorable crisis de deuda privada en los países anglosajones nos haría entrar en recesión.

 Sobre la alternativa a la política monetaria del Banco Central Europeo y la Reserva Federal, ya hablamos en su momento, la está implementado con éxito el Banco de Japón, política monetaria de tipos de interés 0%, todo ello aderezado con ayudas en forma de renta del gobierno nipón a familias y empresas, a éstas previo renuncio a trasladar a márgenes el aumento de costes unitarios no laborales. Un país que importa todo tiene una inflación inferior a la europea, mientras sus familias están capeando mucho mejor la situación económica.

 Respecto a la inutilidad de la consolidación fiscal, vayamos a la evidencia académica. Dos artículos muy recientes coinciden en sus consecuencias: no reducen las ratios de Deuda Publica/PIB. En el Capitulo 3 del Informe de Perspectivas Económicas de abril de este año del FMI, “Coming Down to Earth: How to Tackle Soaring Public Debt”, son muy claros: “Una amplia gama de métodos econométricos, basados en métodos bien establecidos en la literatura empírica, confirman que las consolidaciones fiscales no reducen los ratios de deuda, por término medio.” Pero si, además, unimos a ello la evidencia aportada por Philipp Heimberger en su artículo publicado en Journal of Economic Surveys, “Do higher public debt levels reduce economic growth?” las propuestas de consolidación fiscal carecen de sentido económico.

 Por lo tanto, desde todo gobierno progresista se debe profundizar en las medidas de política económica encaminadas a alcanzar el pleno empleo. Para ello no hay que tener miedo, y se debe incluso profundizar en nuevas ideas, tal como sugirió el mismo Draghi, cuando abandonaba la presidencia del BCE. Una propuesta ofrecida desde el otro lado del Atlántico por los economistas del think tank Levy Economic Instutute debería ser de obligada lectura: Trabajo Garantizado, Desempleo 0%.

Pero además desde los partidos progresistas se debe avanzar en eliminar las perversas consecuencias del asalto de la financiarización a los derechos humanos básicos: alimentación, energía, agua, vivienda, pensiones…. Sus consecuencias son claras, mera extracción de rentas, desigualdad, y pobreza. De ello ya hablamos en su momento, y, sin duda, tocará de nuevo hablar. Por hoy eso es todo."                        (Juan Laborda  , El Salto, 18/06/23)

3.6.22

Salir de la carrera de ratas: ¿es posible una "era del ocio y abundancia" debido al nivel de productividad alcanzado? ¿Por qué las horas de trabajo en los países ricos industrializados no han disminuido más bruscamente o incluso han aumentado a veces desde principios de los años 80? Una menor desigualdad de ingresos, una negociación salarial coordinada y unos servicios públicos muy desarrollados pueden contribuir a la reducción de la jornada laboral... aunque es probable que siga siendo poco atractiva o inalcanzable para muchas personas mientras la elevada desigualdad, los convenios colectivos incompletos y los servicios públicos inadecuados fomenten un sentimiento de "necesidad a pesar de la abundancia"... mejor sería para lograrla,una expansión de los "servicios públicos incondicionales" en áreas de bienes posicionales clave (especialmente vivienda, transporte y educación), combinada con reformas del mercado laboral (por ejemplo, semana de cuatro días, años sabáticos regulares, garantía de empleo, tiempo libre subvencionado para el servicio al bien común)

 "¿Por qué las horas de trabajo en los países ricos industrializados no han disminuido más bruscamente o incluso han aumentado a veces desde principios de los años 80? ¿Y por qué el promedio de horas de trabajo varía tanto entre las economías ricas? Estas son las preguntas que aborda nuestro documento Varieties of the rat race. La jornada laboral en la era de la abundancia.

Estas preguntas son interesantes y especialmente conmovedoras porque hay indicios de que las sociedades ricas quizá estén desde hace tiempo en condiciones de pasar a una "era del ocio y la abundancia" debido al nivel de productividad que han alcanzado. El célebre economista John Maynard Keynes predijo en su ensayo de 1930 Las posibilidades económicas de nuestros nietos que en 2030 se darían las condiciones para una reducción significativa de la jornada laboral (jornadas de 3 horas o semanas de 15 horas). Si bien las predicciones de Keynes sobre el crecimiento de la productividad se han superado en los últimos casi 100 años, los obstáculos a un mayor tiempo de ocio son principalmente de naturaleza sociopolítica.

Basándonos en un análisis empírico de 17 países europeos y de EE.UU. para el periodo 1983-2019, concluimos que una menor desigualdad de ingresos, una negociación salarial coordinada y unos servicios públicos muy desarrollados pueden contribuir a la reducción de la jornada laboral. Este resultado es relevante en el sentido de que la reducción de la jornada laboral podría contribuir de forma importante a abordar varios de los retos actuales más acuciantes de la sociedad: el cambio climático, la equidad de género y la cohesión social.

 La saturación de las necesidades de la clase media en la "Edad de Oro del Capitalismo" (hacia 1950-1980)

¿Cuál es la cantidad mínima de dinero que necesita una familia para estar bien en la vida? En Estados Unidos, esta pregunta se formula regularmente en una encuesta a gran escala. La forma en que las respuestas de los encuestados han cambiado a lo largo del tiempo desde la Segunda Guerra Mundial dice mucho sobre la evolución de la sociedad estadounidense, y probablemente también sobre la evolución del capitalismo en el conjunto de los países ricos.

En 1950, las familias encuestadas pensaban, por término medio, que necesitaban alrededor del 68% de la renta media real de la época para vivir satisfactoriamente (Figura 1). En 1980, después de tres décadas de fuerte crecimiento de los ingresos en todos los estratos de la población, el 53% de la renta media ya era suficiente para una vida satisfactoria para las familias encuestadas. Durante los años 50 y 60, aunque las aspiraciones a un nivel de vida satisfactorio aumentaron, no lo hicieron tanto como los ingresos reales de la clase media. Y, curiosamente, el crecimiento de estas aspiraciones se detuvo por completo durante la década de 1970. Aparentemente, se había alcanzado una cierta saturación de las necesidades materiales básicas.

 Las tres décadas de la posguerra, a menudo descritas como la "edad de oro del capitalismo", también mostraron una notable reducción de la jornada laboral media anual. Este fue el caso no sólo de Estados Unidos, donde las horas trabajadas al año por los empleados disminuyeron en unas 200 horas, sino de prácticamente todos los países industrializados (Figura 2). Desde la perspectiva de la economía neoclásica, el tiempo de ocio se comportó como un "bien normal": a medida que se enriquecían, las personas consumían más ocio.

Casi parece que, como dijo Keynes en su ensayo de 1930, "el problema económico" estaba más o menos resuelto: a medida que aumentaban los niveles de renta, se satisfacían las necesidades materiales de la gente, que ahora prefería dedicar más tiempo a fines no económicos en lugar de seguir trabajando muchas horas.

 El restablecimiento de la necesidad material en la "era neoliberal" (desde aproximadamente 1980)

Pero las cosas resultaron completamente diferentes. Desde la década de 1980, la saturación material ha dado paso a una nueva y creciente sensación de privación material entre amplios segmentos de la población. El nivel de ingresos que las familias consideran mínimamente necesario para llegar a fin de mes ha vuelto a aumentar en este periodo, y a ritmos crecientes. Cuando se produjo la crisis financiera mundial en 2007, los ingresos mínimos subjetivos volvían a ser el 68% de los ingresos medios reales, igual que en 1950 (gráfico 1).

La media de horas trabajadas por los asalariados no disminuyó en EE.UU. después de 1980, sino que volvió a aumentar hasta principios de la década de 2000 antes de mantenerse en un nivel elevado. De hecho, las horas anuales trabajadas por persona en edad de trabajar aumentaron de forma constante en unas 150 horas entre 1980 y 2000, una tendencia interrumpida únicamente por dos profundas recesiones. Las horas de trabajo en otros países industrializados muestran una tendencia similar a lo largo del tiempo, pero con algunas diferencias en el alcance y el calendario de esta evolución (...)

La desigualdad de ingresos ha aumentado desde la década de 1980, primero y con más fuerza en EE.UU., con un retraso de tiempo y con menos fuerza en Europa (Figura 2a). Hay dos fenómenos que llaman la atención. En primer lugar, a medida que ha aumentado la desigualdad, la media de horas de trabajo ha disminuido más lentamente con el tiempo que en décadas anteriores o incluso ha vuelto a aumentar (Figura 2b-c). En segundo lugar, llama la atención que los empleados con salarios por hora más elevados en los países con gran desigualdad en el extremo superior de la distribución de la renta tiendan ahora a trabajar más horas que los empleados con salarios por hora más bajos (Figura 3). Ambas evoluciones son históricamente inusuales. Esto se debe a que contradicen la observación de los economistas de que las sociedades o los individuos con altos ingresos consumen más tiempo de ocio.

 Nuestra explicación de esta anomalía histórica es la comparación de estatus ascendente en el contexto de la creciente desigualdad de ingresos. En concreto, la clase media-alta emula las normas de consumo de los ricos y sacrifica el tiempo de ocio para hacerlo. Dado que los ricos también aumentan su gasto en bienes de estatus como la vivienda, la educación, etc. a medida que aumentan sus ingresos, la clase media se siente presionada para seguir su ritmo. Al fin y al cabo, lo que constituye un "buen lugar para vivir" o una "buena educación" se define esencialmente en comparación con los estándares que los grupos de altos ingresos determinan en gran medida. Si, por el contrario, la brecha en el nivel de vida de los ricos se hace demasiado grande para los grupos de ingresos más bajos y se quedan cada vez más atrás, a estos grupos a menudo no les queda más que resignarse, es decir, abandonar la "carrera de ratas".

 Otra conclusión de nuestro análisis empírico es que la negociación salarial centralizada y las transferencias sociales del gobierno en especie (pero no en efectivo) están relacionadas negativamente con las horas de trabajo. Una posible explicación es que la negociación salarial centralizada mitiga los conflictos de estatus porque los trabajadores pueden decidir colectivamente contra una "carrera armamentística posicional" a expensas del ocio. El hecho de que los servicios públicos (prestaciones sociales en especie), a diferencia de las transferencias sociales monetarias, estén asociados a un menor número de horas de trabajo puede deberse a que la provisión directa de bienes y servicios reduce la necesidad del gasto privado en bienes y servicios orientado al estatus.

Por último, también examinamos la importancia de la educación como bien posicional. El grado de organización del sector educativo a través de los mercados privados se asocia con un mayor número de horas de trabajo entre los trabajadores que tienen un alto nivel de educación. (...)

En sociedades muy desiguales, la pérdida de estatus asociada a un nivel educativo relativamente bajo es especialmente grande. Esto parece explicar, en gran parte, por qué son precisamente los padres educados y con altos ingresos los que dedican más tiempo y dinero a la educación de los hijos cuando la desigualdad de ingresos es mayor. (...)

Especialmente en el caso de la clase media educada y de ingresos comparativamente altos, que concede gran importancia al éxito educativo de los hijos y a las perspectivas del mercado laboral, tanto la vida laboral como el tiempo de ocio (que incluye el tiempo que se pasa con los hijos) se han vuelto, por tanto, más estresantes en muchos aspectos a medida que ha aumentado la desigualdad. Los padres con menor nivel educativo, por otra parte, son mucho menos propensos a la "paternidad helicóptero". Una vez más, la explicación es que los padres con bajo nivel educativo son más propensos a renunciar debido a las grandes diferencias de estatus y, por lo tanto, es más frecuente que ni siquiera intenten entrar en la "carrera de la rata" por la mejor educación.

¿Qué hacer con la "necesidad a pesar de la abundancia"?

La cohesión social está actualmente en grave peligro en todo el mundo occidental. El problema general parece ser la preocupación por el estatus relacionada con el aumento de la desigualdad económica, que se ha extendido hasta la clase media-alta.

Al mismo tiempo, parece haber una gran necesidad en amplios sectores de la sociedad de tener más tiempo libre y salir de la rueda del hámster. La pandemia del Coronavirus ha hecho que muchos padres, en particular, sean conscientes de que tienen poco margen de tiempo para hacer frente a un estrés adicional inesperado. Entre las generaciones más jóvenes está cada vez más extendida la opinión de que la perspectiva de seguir aumentando la producción y los ingresos no sólo no tiene sentido, sino que es ecológicamente cuestionable.

Sin embargo, es probable que una reducción de la jornada laboral siga siendo poco atractiva o inalcanzable para muchas personas mientras la elevada desigualdad, los convenios colectivos incompletos y los servicios públicos inadecuados fomenten un sentimiento de "necesidad a pesar de la abundancia". En nuestra opinión, una renta básica incondicional, con la que muchos están jugando, no ofrece una solución como prestación social puramente monetaria.

 Más prometedora sería una expansión de los "servicios públicos incondicionales" en áreas de bienes posicionales clave (especialmente vivienda, transporte y educación), combinada con reformas del mercado laboral (por ejemplo, semana de cuatro días, años sabáticos regulares, garantía de empleo, tiempo libre subvencionado para el servicio al bien común)."                      

(Jan Behringer,  jefe de unidad en el Instituto de Política Macroeconómica de Düsseldorf, Martín González Granda es estudiante de doctorado en el Instituto de Socioeconomía, Till van Treeck es profesor en el Instituto de Socioeconomía, Brave New Europe, 28/05/22)

31.1.22

Los datos de empleo son muy buenos. Ponen de manifiesto el dominio aplastante del principio de demanda efectiva. La subidas del salario mínimo y la expansión fiscal han sido muy positivas. Imagínense si dieramos un paso más y se aplicara Teoría Monetaria Moderna y Trabajo Garantizado

Juan Laborda @JuanLabordah

 Los datos de empleo son muy buenos. Ponen de manifiesto el dominio aplastante del principio de demanda efectiva. La subidas del salario mínimo y la expansión fiscal han sido muy positivas. Imagínense si dieramos un paso más y se aplicara TMM y Trabajo Garantizado.

El principal peligro para crecimiento y generación empleo vienen justamente del intento de la ortodoxia de intentar imponer restricción fiscal, innecesaria, por cierto; presionar al BCE para que deje de financiar al Tesoro de los países europeos; y el montante de deuda privada

Si algo debe quedar claro es la necesidad de cambiar ciertos manuales macro utilizados para enseñar a los estudiantes de economía. Toda la teoría del dinero, de la inflación, del gasto público, de la eficiencia de mercados... que se esparce en ellos simplemente son cuentos.

Las 3 comunidades con la tasa de paro más baja, por debajo del 10%, son País Vasco (8,43%), Aragón (9,03%), y Navarra (9,93%). El Ebro como eje vertebrador, un mayor peso de la industria, un excelente sector primario extensivo, y una menor dispersión de renta.

El día que la ciudadanía perciba que es posible el pleno empleo, y que nos han tomado el pelo durante décadas, empezaran a correr a gorrazos a tanto charlatan economista que pulula por nuestra querida España.

8:18 a. m. · 28 ene. 2022
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Cristina Camino Ari @ari_camino
En respuesta a @JuanLabordah

PV y Navarra tienen lo que los demás quieren, menos impuestos y más presupuesto, pero claro, no todos podemos hacer lo mismo. (...)

La industria del PV siempre ha estado dorada por el estado, apoyada y promocionada por nuestros agregados comerciales, ya sabe, lo de pacificar.En Astirias se lo podemos contar bien. (...)

25.1.22

Eduardo Garzón: el envejecimiento de la población no pone en riesgo las pensiones públicas... la productividad es lo realmente importante... y la productividad en España (utilizando el PIB como indicador de los bienes y servicios producidos), excepto en los años de crisis (2008-14), ha ido aumentando


Eduardo Garzón @edugaresp

 Seguro que has escuchado muchas veces que el envejecimiento de la población pone en riesgo las pensiones públicas e incluso la economía del futuro. Nada más lejos de la realidad. Lo explico con datos y argumentos en este vídeo e hilo-resumen https://youtu.be/Ft2lS6Bj6vA

El punto de partida de esa visión tan extendida es simple y conocido: cada vez se vive más tiempo y cada vez hay menos nacimientos, por lo que la población está envejeciendo progresivamente, lo que implica que cada vez habrá más jubilados por cada persona en edad de trabajar.

Pero esto requiere varios matices. El primero es que no hay ninguna garantía de que por cada año que pase vayamos a vivir más: de hecho, en el año 2020, y debido a la pandemia, la esperanza de vida se desplomó en España y en la mayoría de los países. Y veremos en el futuro...

El segundo matiz es que tampoco sabemos a ciencia cierta cómo evolucionará la tasa de natalidad, porque aunque hoy día su evolución sea claramente descendente debido a que los jóvenes están teniendo menos hijos que en el pasado, tampoco sabemos qué puede ocurrir en el futuro.

¿Y si la economía prospera mucho por algún motivo, la precariedad se reduce y más jóvenes se animan a tener hijos? El caso es que hacer predicciones sobre la cantidad de población más allá de los 5 o 10 años es siempre un ejercicio de ciencia ficción.

El tercer matiz es que la evolución demográfica también depende de los flujos migratorios, que dependen fundamentalmente de la economía: si las cosas van bien entonces viene mucha gente a trabajar, y esta gente suele ser joven, por lo que la población se rejuvenece; y al revés.

En España durante los años de auge económico la población de inmigrantes, en su mayoría jóvenes, aumentó desde el 2% de la población total hasta el 12%. Y al contrario, tras la crisis del año 2008 este porcentaje disminuyó considerablemente, para volver a crecer luego en 2016.

Por lo tanto, si alguien quiere que haya más personas jóvenes en nuestro país, lo que tiene que hacer es proponer políticas que mejoren la economía y las condiciones laborales para que los jóvenes puedan tener más hijos y para que vengan más inmigrantes a trabajar...

y no proponer políticas que retrasen la edad de jubilación -como siempre hacen- porque eso no va a solucionar en nada el envejecimiento poblacional, además de que perjudicaría claramente a los jóvenes, que no podrían sustituir a los nuevos jubilados.

Pero esto no es todo. Incluso aunque no hagamos nada por modificar la evolución poblacional, los análisis típicos se equivocan cuando se aproximan a esta cuestión. Vamos a ver los errores e inexactitudes más importantes.

Existe una obsesión por fijarse en la relación entre el número de jubilados y el número de personas en edad de trabajar, cuando eso no es lo verdaderamente importante.

La clave es fijarse en la cantidad de bienes y servicios que esa población en edad de trabajar, sea muy numerosa o sea muy escasa, puede producir para ser utilizados por toda la población, incluida la mayor de 65 años. Eso se llama productividad, y es lo realmente importante.

Por ejemplo, en Haití hay mucha más gente en edad de trabajar que jubilados en comparación con España, pero no pueden producir tantas cosas para garantizar la vida de sus mayores. La productividad es lo que importa, no el número de personas jubiladas y en edad de trabajar.

En este gráfico podemos ver cómo ha evolucionado esa productividad en España, utilizando el PIB como indicador de los bienes y servicios producidos. Excepto en los años de crisis que van desde 2008 a 2014, la producción por persona en edad de trabajar ha ido aumentando.

Y si miramos la productividad de sólo los trabajadores, entonces la evolución es incluso más positiva. Es decir, se han producido más bienes y servicios que están a disposición de toda la población, incluyendo a los mayores de 65 años.

Si cogemos todos esos bienes y servicios producidos por la población en edad de trabajar, y los repartimos entre todos los mayores de 65 años, lo que vemos es que el reparto, lejos de empeorar, ha mejorado con el paso del tiempo, con la única excepción de los años de crisis.

Por otro lado, si además quisiéramos aumentar la productividad de una forma rápida, bastaría con lograr que los 3 millones y medio de personas que hoy día quieren y pueden trabajar en España lo hagan; como por ejemplo proponemos muchos economistas con el Trabajo Garantizado.

¿Qué sentido tiene decir que no tenemos suficientes personas en edad de trabajar para atender las necesidades de nuestros mayores si al mismo tiempo estamos dejando que más de 3 millones de esas personas en edad de trabajar no trabajen? Absolutamente ninguno.

Quizás ayude a entender esto pensar que de los 47,4 millones de personas que somos en España, sólo 20, menos de la mitad, están contribuyendo directamente a producir los bienes y servicios que necesita toda la población.

De hecho, esta relación era incluso peor en el pasado, cuando las mujeres no estaban todavía en el mercado laboral. Y el mundo funcionaba y no pasaba nada. ¿Por qué? Pues porque lo que producían los trabajadores era suficiente para atender las necesidades de toda la población.

Hoy día gozamos de importantes avances tecnológicos, utilizamos máquinas muy complejas que son hasta robots, y tenemos conocimientos y habilidades muy sofisticadas, y todo ello nos permite producir más cosas en menos tiempo y con menos manos.

Los economistas de hace casi un siglo, como John Maynard Keynes (1930), se dieron cuenta de ello y llegaron a imaginar sociedades en las que para el año 2028 sólo trabajaríamos 3 horas al día porque con eso bastaría para cubrir las necesidades humanas. https://aspeninstitute.org/wp-content/upl

A pesar de ello, ya estamos casi en el año 2022 y nuestra sociedad avanza precisamente en sentido opuesto, nos exigen trabajar más horas al día y jubilarnos más tarde. ¿De verdad esto tiene algún sentido? Pues humano y social, no, evidentemente. Sólo tiene sentido capitalista.

Por último, otra típica obsesión de la visión dominante es centrarse en el dinero. Pero no podemos olvidar que el dinero es simplemente un invento del ser humano y que se crea a voluntad y sin límites; preguntarnos de dónde se puede obtener el dinero es la pregunta fácil.

La pregunta difícil es saber de dónde sacaremos las materias primas, los recursos reales, la maquinaria y la fuerza de trabajo suficiente para producir todo lo que necesitarán los mayores del futuro. Pero eso es preguntarse por las cuestiones reales, no por las monetarias.

Los jubilados no comen dinero, ni se visten con billetes, ni son cuidados por monedas. Los jubilados lo que necesitan es que haya personas en edad de trabajar produciendo los alimentos que se van a comer, la ropa que van a vestir, los servicios de dependencia que van a recibir...

Imaginad que en el futuro las cuentas públicas españolas están súper saneadas; pero si luego no hay suficientes personas en edad de trabajar para producir las cosas que necesitan los jubilados, ¡entonces que estos tengan dinero en sus bolsillos no servirá de nada!

Hoy día tenemos suficiente capacidad productiva y tecnológica para producir lo que necesitan nuestros mayores; y sólo nos tenemos que preocupar de que siga siendo así en el futuro.

Lo podemos lograr haciendo que los desempleados trabajen, mejorando las condiciones laborales, mejorando la economía y la distribución de recursos. Así además tendríamos más natalidad y también atraeríamos a más población joven de otros países para trabajar en el nuestro.

Preguntarnos de dónde obtendremos el dinero para eso es la pregunta fácil; la pregunta difícil es si tendremos suficientes recursos naturales y suficiente mano de obra para cubrir las necesidades de los mayores y del resto de la población.

9:08 a. m. · 27 dic. 2021
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2.12.21

Para dar una salida progresista a la crisis hay que impulsar una planificación ecológica... para llevar a cabo la transición energética, se deberían impulsar nuevas herramientas democráticas; por ejemplo, una asamblea formada por científicos y ciudadanos... impulsar nuevos modelos de consumo desarrollados a través de mecanismos de decisión colectiva... las inversiones solo pueden ser sostenibles si dejan de depender de la lógica de la competencia capitalista, muy cortoplacista ya que se deben a aportar resultados casi inmediatos... Las nuevas tecnologías de la información ofrecen métodos de cálculo muy eficaces, lo que contradice la idea de que la planificación resulta menos eficiente que la economía de mercado... Pero la planificación debe reunir una dimensión ecológica y socialista... y debería ir acompañada por un programa de empleo garantizado, porque la crisis del coronavirus nos ha mostrado que hay una serie de tareas fundamentales y vitales para la sociedad

" (...) Para dar una salida progresista a la crisis, propones impulsar una planificación ecológica. ¿En qué consistiría?
La planificación se caracteriza por tres elementos.

El primero consiste en hacer un cálculo económico no solo en función del precio, sino de las prioridades de la sociedad.

El segundo es que permita afrontar el largo plazo y favorezca la anticipación y la preparación, a diferencia de los intercambios mercantiles inmediatos.

Y el tercero es que no depende de las decisiones de agentes descentralizados ni de las preferencias individuales, sino de un proceso deliberativo que determine las preferencias colectivas.

En definitiva, la planificación ecológica consiste en decidir de forma democrática un modelo de desarrollo sostenible y determinar las etapas con las que se llevará a cabo.

¿A través de qué mecanismos se puede llevar a cabo esta planificación?

Primero, hace falta establecer dos tipos de límites. Por un lado, unos objetivos de mínimos de poder adquisitivo y derechos sociales que se deben garantizar a todo el mundo. Por el otro, unos límites de máximos que garanticen la sostenibilidad ecológica. Para decidir cómo se reparten los esfuerzos para llevar a cabo la transición energética, se deberían impulsar nuevas herramientas democráticas; por ejemplo, una asamblea formada por científicos y ciudadanos. 

Otro mecanismo sería utilizar las políticas monetarias y utilizar la selección del crédito en beneficio de unos determinados intereses. Y una última herramienta consistiría en impulsar nuevos modelos de consumo desarrollados a través de mecanismos de decisión colectiva, en lugar de favorecer que estos se vean determinados por la publicidad y las estrategias de márquetin de las empresas.

Para impulsar esta planificación ecológica también hace falta acabar con dogmas neoliberales sobre la política monetaria, como el que impone la independencia de los Bancos Centrales.

Sí, exacto. Hace falta que los Bancos Centrales dejen de estar al servicio de la hegemonía financiera y lo hagan a favor de un proyecto de desarrollo. La independencia de los bancos centrales ha servido para consolidar el poder del sector financiero. Ahora descubrimos que la moneda también se puede gestionar con criterios políticos. Esto se hace a través de la gestión del crédito y que esta sirva para determinar la dirección que se le quiere dar a la economía. 

El hecho de que se gestione la moneda con criterios políticos no significa que se dispare la inflación. Así lo muestran estudios recientes sobre las décadas de los cincuenta y sesenta que muestran cómo una gestión política del crédito fue compatible con una inflación baja.

En un artículo reciente en Le Monde Diplomatique, aseguras que “las inversiones solo pueden ser sostenibles si dejan de depender de la lógica de la competencia capitalista”. ¿Por qué?

La lógica de las inversiones privadas es muy cortoplacista ya que se deben a aportar resultados casi inmediatos a los inversores si uno no quiere que baje el valor de sus acciones y se quede sin recursos. 

Esto hace que las empresas se concentren en los resultados finales de cada año en lugar de prepararse a largo plazo. Por eso, en la teoría financiera se habla de la tragedia de horizontes. Ahora hemos visto cómo los mercados no supieron anticipar la caída del precio del petróleo, que no se debió únicamente a la covid-19. Esta crisis del petróleo ejemplifica cómo los mercados no están bien capacitados para reflexionar sobre las cuestiones a largo plazo.

Una de las críticas habituales a la experiencia de la planificación soviética es que esta se llevaba a cabo de forma tecnocrática y desconectada de las necesidades reales de la sociedad. ¿No sucedería lo mismo con tu propuesta de planificación ecológica?

La planificación soviética tuvo dos grandes problemas. Por un lado, la URSS era una dictadura con un aparato estatal centralizado y cuyos intereses se centraban en cuestiones militares. Lo que hacía que se produjera una “dictadura sobre las necesidades”, según la expresión de la socióloga húngara Agnes Heller.

 Este modelo no tiene nada que ver con la mayor expresión democrática en que se basa la planificación ecológica. Por el otro, el modelo soviético también era ineficiente por su dificultad para disponer datos fiables y esto hacía que los planes estatales se vieran alterados cuando se producía cualquier imprevisto. Pero ahora Amazon dispone de una capacidad de cálculo un millón de veces superior a la del Gosplan [comité para la planificación económica en la Unión Soviética]. Las nuevas tecnologías de la información ofrecen métodos de cálculo muy eficaces, lo que contradice la idea de que la planificación resulta menos eficiente que la economía de mercado.

La planificación suele asociarse a la Unión Soviética, pero esta también estuvo presente en la Francia gaullista y formó parte del New Deal de Roosevelt.

Sí, es un concepto que evoca distinta experiencias del pasado. Un diputado de la derecha francesa sorprendentemente dijo hace unas semanas que sería interesante apostar por la planificación y recuperar el Estado estratega. Estoy sorprendido por la manera en que este concepto está ganando peso en el debate público en Francia. Hace dos años impulsé un seminario universitario sobre la planificación cuando era una idea completamente marginal. Y ahora incluso el presidente Emmanuel Macron se refirió a ella en uno de sus discursos durante el confinamiento. 

Pero la planificación, para que sea interesante, debe reunir una dimensión ecológica y socialista. Un sinónimo de la planificación sería la civilización de la plena consciencia. Que la humanidad sea consciente de sus límites sociales y ecológicos y que tome las decisiones necesarias para adaptarse a ello. Para ello, se deben reforzar los mecanismos democráticos y que la gente aprenda a hacer política de forma distinta a votar una vez cada cuatro o cinco años.

¿Cuáles serían estos mecanismos para reforzar la participación democrática?

Hace falta un sistema de representación distinto al de la representación electoral tradicional. Como comenté antes, por ejemplo, impulsar una cámara formada tanto por ciudadanos como científicos. Una parte de sus miembros podrían ser elegidos por sorteo y otra a través de elecciones. 

Lo fundamental es desarrollar asambleas que sean realmente deliberativas y que sea un proceso realmente abierto, en el que todo el mundo pueda participar. Actualmente, disponemos de una democracia política muy débil, en que muchas de las decisiones económicas se toman en estructuras que no son democráticas, como las empresas.

También defiendes que esta planificación debería ir acompañada por un programa de empleo garantizado. ¿Por qué prefieres una política de empleo garantizado en lugar de una renta básica universal que deje en la persona la libertad de elegir su manera de vivir?

Prefiero el empleo garantizado en lugar de la renta básica porque, si toda una parte de la población no trabaja durante un largo periodo aunque quiera hacerlo, difícilmente podrá encontrar un trabajo a pesar de que le den una renta.

Las políticas de empleo garantizado no solo quieren garantizar unos ingresos a toda la población, sino también el estatus social que otorga el trabajo y el reconocimiento de la contribución de los individuos en la sociedad. Seguramente, algunas personas podrán vivir muy bien con una renta básica y sin trabajar. Pero me temo que se produciría una fuerte división en la sociedad entre una parte importante que subsistiría con una renta que tampoco ofrecería unos ingresos demasiado elevados y otros que se ganarían la vida con su trabajo o contribución en la economía. Al contrario de aquellas teorías que nos hablaban del final del trabajo, la crisis del coronavirus nos ha mostrado que hay una serie de tareas fundamentales y vitales para la sociedad. Por eso, necesitamos la contribución de todo el mundo."


(Entrevista a Cédric Durand, Enric Bonet, El Salto, 19/06/20)

29.7.21

Inventarse el trabajo con ayuda del Estado argentino... historias de cooperativas que surgieron en pandemia...

 "Cuidadores Domiciliarios de Mar del Plata nació de una capacitación del ministerio de Desarrollo Social. Sus fundadoras fueron 8 mujeres que la cursaron en 2010. Motivadas por dos coordinadoras, armaron un grupo de trabajo. En 2012 inscribieron su cooperativa, que hoy tiene 140 trabajadoras y trabajadores. 

Se dedican a la atención de personas de la tercera edad o con discapacidad. “120 mujeres y 20 varones. Todos llegamos a la cooperativa sin trabajo y todos estamos trabajando, y hemos podido elevar, un poquito, nuestro nivel de vida”, dice Elsa Miori, presidenta de la asociación. Insiste en el término, “un poquito”. Pero apunta: “no creo que como empleados de una empresa privada lo hubiéramos podido lograr”.

Experiencias como ésta son hoy el sueño de muchos. En lo que va de este año, el INAES matriculó a 795 cooperativas. El 96 por ciento son de trabajo.

--¿Por qué?-- pregunta PáginaI12 a Alex Roig, el titular del organismo.

--Porque es muy difícil para un colectivo de trabajadores constituir una sociedad anónima; la cooperativa de trabajo es su forma más adecuada. Y porque hay todo un proceso de cooperativismo de trabajo en curso.

Roig dirige el INAES, el área de gobierno que tiene como función controlar y promover el asociativismo. Antes fue uno de los encargados de armar el Registro de los Trabajadores de la Economía Popular. El Renatep es la primera herramienta con que el Estado empieza a conocer, con algún grado de detalle, al precarizado mundo del trabajo informal. Es mirando esos datos que habla de procesos en curso.

--En el Renatep hay cerca de tres millones de trabajadores inscriptos. El registro tiene una pregunta sobre cómo trabajan y la mitad dice que en procesos asociativos. Son un millón y medio de personas. Nosotros venimos promoviendo su formalización porque hay una necesidad de organizar el trabajo bajo forma cooperativa.

Facilitar los trámites de matriculación es una de las políticas del organismo en relación a los trabajadores de la economía popular. Otra, destinada a las cooperativas ya existentes, se ha centrado en darles financiamiento. El INAES fue reforzado con mil millones de pesos, según puede observarse en el Presupuesto vigente de 2021; de un gasto inicial estimado en 2400 millones de pesos pasó a 3400 millones La ampliación tuvo que ver con poder otorgar mayor financiamiento a la producción. Con el mismo criterio, pero a más escala, el organismo está por lanzar un sistema de créditos no bancarios para cooperativas y mutuales, con fondos independientes de su presupuesto. La intención es arrancar con 10 mil millones de pesos.

Crédito

Hablar de créditos para la economía popular provoca --hay que decirlo-- cierto escozor. En un sector nacido del desempleo, sobreendeudado y en gran medida con una economía de subsistencia, ¿por qué el Estado se enfoca en su acceso al crédito?

El tema se inscribe en un debate más amplio, sobre qué deben hacer las políticas sociales, que con la pandemia viene dando un viraje. Días atrás, Pablo Chena, director de Economía Social --y militante, como Roig, del Movimiento Evita-- publicó datos de la CEPAL que indican que en la Argentina, del total de trabajadores ocupados un 41,3 por ciento (7,27 millones de personas) realiza sus actividades en la economía informal.

En la mirada de este movimiento social hay tres caminos posibles para la política social: uno, limitarse a transferir ingresos (al modo de la tarjeta Alimentar), necesario para paliar la emergencia pero que deja pendiente el problema laboral. Dos, crear trabajo garantizado por Estado (al modo de los planes de urbanización de barrios populares) o, como tercera opción, reconocer la actividad económica informal que existe en los sectores populares y darle condiciones para su crecimiento.

De hecho desde el Estado hoy se están impulsando iniciativas en estos tres sentidos, y lo que viene en disputa es la escala. Está en tensión qué peso deben tener las políticas que apuntan a fortalecer a la economía popular versus las políticas de asistencia.

Volviendo a los créditos: Roig sostiene que hay una fuerte demanda de fondos para la producción, ya que los trabajadores del sector no tienen acceso al sistema bancario. Viene de visitar una empresa recuperada que produce pinturas, en Tres de Febrero (Cintoplom, quebrada en 2002 y recuperada por sus trabajadores) y la pone como ejemplo. “Necesitan un crédito para adelantar el pago de insumos, que tienen precios en dólares. Pagando anticipadamente podrían bajar sus costos, es el caso de un crédito para insumos. Tenemos, además, muchos pedidos para comprar maquinarias”.

Los rubros mas elegidos

Ramiro Martínez se formó en una cooperativa de reciclado de la basura, en Tigre, y es el actual presidente de Conarcoop, una confederación de cooperativas de trabajo. Habla de cuatro rubros a hacer crecer: los trabajos de cuidado, el reciclado de la basura, la producción de alimentos (sobre todo en la agricultura familiar) y la construcción. “Nosotros estamos promoviendo la economía del cuidado porque la longevidad de los adultos mayores hace que sea un servicio necesario. También en el cuidado de la primera infancia hay mucho para hacer”, indica.

Sobre los recicladores, recuerda que la política de disposición de residuos en el país "fue ‘hacemos un agujero y lo enterramos’, un modelo que evidentemente no va más. La gestión de residuos, su separación en origen, la disposición a cargo del sistema cooperativo y el tratamiento de los residuos orgánicos mediante el compostaje tienen enormes posibilidades de trabajo. Acá y en todo el mundo”.

Su cooperativa de base, Creando Conciencia, hace recolección diferenciada de residuos, pero lo más interesante es que está usando el reciclado para fabricar listones de madera plástica, muebles de jardín, composteras, macetas para huerta y útiles escolares.

Un bien social escaso

Entre 2015 y 2019, el macrismo redujo el sector cooperativo. En el país había 21 mil cooperativas cuando asumió el gobierno de Juntos por el Cambio y al término de la gestión quedaba la mitad, 10.400. El último informe del INAES macrista, de julio de 2019 y contabiliza incluso menos: 8600.

Hoy las cooperativas registradas llegan 12.284, es decir que hubo una recomposición. En la gestión de Alberto Fernández, el INAES pasó por otra parte desde el ministerio de Desarrollo Social al de Desarrollo Productivo. En esa recomposición, una de sus líneas de trabajo es articular políticas con los estados municipales. La intendencia es el primer lugar al que recurre una organización barrial o los trabajadores de una empresa que cierra. En la pandemia, se fue ampliando el número de municipios que impulsan el compre estatal a los productores populares. O que han habilitado el uso de terrenos improductivos a cooperativas de la agricultura familiar.

Elsa Miori, la presidenta Cuidadores de Domiciliarios de Mar del Plata, cuenta que el año y medio de covid les impuso graves dificultades. “Nunca nos priorizaron en la vacunación, a pesar de que somos personal de salud, y perdimos dos compañeras que se contagiaron. Mar del Plata es una ciudad donde falta el empleo; de las cien familias que atendíamos, unas veinte tuvieron problemas económicos y no pudieron seguir pagándonos, pero la cooperativa se mantuvo. Y en los últimos meses empezamos a recuperar los antiguos niveles de actividad”. Este es un rasgo característico de las cooperativas; en momentos de crisis, aunque deban achicar los ingresos de sus integrantes, sostienen los lugares de trabajo. El trabajo es preservado como un bien social, valioso, pero además un bien social escaso."                                            (Laura Vales, Página12, 25/07/21)

5.5.21

El Trabajo Garantizado es una inversión en lo más importante, la persona y sus expectativas de vida...

 "El empleo no solo concede un medio de vida sino que mejora la percepción de nuestra valía al tiempo que nos previene de la delincuencia. La teoría monetaria moderna defiende el trabajo garantizado para todos, mediante un incremento del gasto público dirigido a los más necesitados. 

Si toda persona pudiese trabajar para el Estado con un salario fijo, disminuiría la presión social, el despido ya no sería una medida de control y los salarios en la esfera privada aumentarían. Los trabajadores tendrían un mayor poder de control pero habría dudas acerca de cómo el ciclo económico puede estabilizarse de este modo. 

Por otro lado, España no es un país soberano sobre su propia moneda y necesitaría el respaldo del Banco Central Europeo para emitir la deuda pública, aunque ya lo esté haciendo a través del mercado secundario de deuda. 

¿El trabajo garantizado podría convertirse en un patrón que impidiese la inflación? ¿Supondría un coste menor que mantener a la gente desempleada? Para mí es una inversión en lo más importante, la persona y sus expectativas de vida, pero no deberíamos permitir que lo ideal quede demasiado lejos de la realidad."                  (Francisco gutiérrez, Diario Jaén, 02/05/21)

4.5.21

El Trabajo Garantizado es el mecanismo que permite hacer efectivas preferencias políticas como la reducción de la jornada laboral, la eutanasia del rentista, la socialización de los cuidados, etc... De hecho, que los sindicatos no se apropien de ello como su lucha central es difícil de entender

Esteban Cruz @Evanshm

 El Trabajo Garantizado no es una preferencia política. Es el mecanismo que permite hacer efectivas preferencias políticas como la reducción de la jornada laboral, la eutanasia del rentista, la socialización de los cuidados, etc.

De hecho, que los sindicatos no se apropien de ello como su lucha central es difícil de entender... Luego hablas con ellos y te dicen que crea inflación y tal, que subirán los impuestos y te plantean el marco neoclásico estándar que vacía de sentido su labor y lo entiendes todo. 

11:50 a. m. · 2 may. 2021
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3.5.21

Bernie Sanders ya anunció un plan que ofrecerá a toda aquella persona que desee trabajar un empleo retribuido con un salario de quince dólares a la hora y prestaciones sociales... ¡¡ Exijamos Pleno Empleo !! - En España, el 1 de Mayo, Día del Trabajador, desde hace décadas no hay nada que celebrar... A este paso, pagar por obtener un empleo (ya ha habido algún caso...), la esclavitud voluntaria y el derecho de pernada no pueden ser descartados...

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 En España, el 1 de Mayo, Día del Trabajador, desde hace décadas no hay nada que celebrar. A partir de mediados los 90 hay una paulatina y continúa pérdida de derechos y precaricación de las condiciones laborales de todos los trabajadores.

A este paso, pagar por obtener un empleo (ya ha habido algún caso...), la esclavitud voluntaria y el derecho de pernada no pueden ser descartados. 

11:17 p. m. · 1 may. 2021
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 "Ha pasado completamente inadvertido para el conjunto de la prensa patria, pero éste es quizás el acontecimiento político más relevante para desarmar el neoliberalismo de las últimas décadas. 

Frente a la dramática profundización en la arquitectura neoliberal al abrigo de la reciente crisis económica, la semana pasada el senador por Vermont y aspirante a la candidatura demócrata para la presidencia de los Estados Unidos, Bernie Sanders, ha anunciado un plan que ofrecerá a toda aquella persona que desee trabajar un empleo retribuido con un salario de quince dólares a la hora y prestaciones sociales tales como seguro médico y vacaciones.

 En vísperas del 1 de mayo, día mundial de los trabajadores, el pleno empleo como estrategia opuesta al mantenimiento del desempleo y la precariedad como forma de gestión de la economía utilizada por el neoliberalismo, es recibido en España con silencio.

Seguramente podamos achacar esta falta de interés del terremoto que ha producido en los medios y el debate político del mundo anglosajón la propuesta de Sanders al compromiso de la izquierda europea con la Unión Económica y Monetaria. El Plan de Trabajo Garantizado se deriva del análisis de la Teoría Monetaria Moderna, como saben aquéllos que hayan seguido las publicaciones de Red MMT en nuestra web o en los diversos medios donde hemos colaborado como CTXT, ElSaltoDiario, eldiario.es, Público, entre otros –pinche aquí para ver la lista de artículos publicados. Esta impermeabilidad hacia el Plan de garantía de empleo de Sanders contrasta con, por ejemplo, cómo buena parte de la izquierda se subió al carro de Syriza, los cantos de sirena que llegan desde Portugal, o el supuesto experimento finlandés de Renta Básica Universal.

El senador Sanders cuenta entre sus asesores con la economista Stephanie Kelton, una de las principales exponentes de esta corriente. De ser una escuela heterodoxa y desconocida antes de la crisis, aspectos de la TMM han empezado a ser asumidos por el mainstream económico, especialmente aquellos que son una mera descripción de la realidad del funcionamiento de los sistemas monetarios. Aun así, el anuncio de Bernie Sanders ha sido recibido con feroces críticas desde el conservadurismo y el neoliberalismo. El establishment no puede soportar la idea de que el estado desarrolle políticas a favor de la mayoría social, dotando a la democracia de herramientas que permitan construir la sociedad que la ciudadanía decide construir. Un Plan de Trabajo Garantizado socializa la inversión, arrebata a las decisiones privadas el monopolio sobre a qué se dedican nuestras fuerzas, permitiendo que no sea más rentable derrochar nuestras energías que utilizarlas. Esto suplantaría la guía inmanente del lucro por el bienestar social; y destronaría la relación parasitaria que promueve la competencia entre empresas bajando costes laborales primando la innovación. Si una empresa no puede retribuir dignamente a sus trabajadores no debe existir, y con los programas de empleo garantizado la explotación propia o ajena no es de ninguna manera justificable.

La propuesta ha sido tildada de comunista, ignorando que el desempleo es un fenómeno monetario que solo puede darse en un régimen capitalista, y que ya en los años 30 del siglo pasado Roosevelt aplicó recetas similares como el Works Progress Administration. También se le ha reprochado que la garantía de empleo será inflacionista. En realidad, es un potente instrumento de estabilidad macroeconómica que proporciona un suelo a los precios y el valor de la moneda en base a una sustancia común al conjunto de la producción de bienes y servicios, el trabajo; y que funciona como un mecanismo automático de gestión del ciclo económico al expandirse o contraerse en función de las expectativas privadas. La denuncia principal sobre cómo financiar estos programas de garantía laboral es por definición descabellada dado que es imposible que el monopolista de la emisión de la moneda caiga en la insolvencia.

Los ataques acaban de empezar y el senador Sanders no podía ignorar que llegarían. Sin duda, Sanders es un político hecho de una pasta especial. Le habría resultado más fácil tratar de ajustar su discurso a la actualidad sensacionalista, a propuestas descafeinadas que la maquinaria de la oligarquía no concibe como amenazas, o a cuestiones identitarias que se centran en lo que diferencia a las clases populares desviando el foco de atención de las condiciones que las subsumen a los designios de las élites. La capacidad de Sanders para alejarse de la mojigatería centro-izquierda debe valorarse, más si la comparamos con aquella izquierda que habla de soberanía y hacienda solo para aceptar una austeridad light y crear un falso dilema entre partidas presupuestarias y regiones, buscando torpemente encontrar el dinero allá donde se esconde en vez de ir a su origen. Necesitamos una Hacienda Funcional para alcanzar el pleno empleo transformando nuestra sociedad democráticamente, no un confundido aspirante a Robin Hood.

Es pasmoso que la izquierda española aun no lo haya entendido, quizás la valiente propuesta de Sanders pueda animar el debate. Este 1 de mayo es un gran momento para que los sindicatos y fuerzas del cambio pongan la garantía de trabajo sobre la mesa. Exijamos el pleno empleo como herramienta para construir una sociedad inclusiva."            (red mmt, 01/05/21)

9.4.21

El 73% de los franceses considera que las políticas de lucha contra el desempleo son ineficaces. El 79% quiere una garantía de empleo verde.

Chloé Ridel @ChloeRidel
Avec ⁦ @UnEmploi 

Vert⁩, nous avons voulu interroger les français. Résultat: 73% jugent que les politiques de lutte contre le chômage sont inefficaces. 79% plesbicitent une garantie à l’emploi vert. 'Les Français préfèrent largement un droit à un emploi vert au revenu universel'

(traducción google: Con @UnEmploiVert , queríamos preguntar a los franceses. Resultado: el 73% considera que las políticas de lucha contra el desempleo son ineficaces. El 79% quiere una garantía de empleo verde. 

10:18 a. m. · 8 abr. 2021
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2.2.21

Michel Husson: ¿Hacia una segunda ola de desempleo? La primera ola estuvo relativamente contenida en la zona euro... pero las clases dominantes han visto comprometida su situación y su objetivo será recuperar la rentabilidad, dado que los asalariados y los parados están dispuestos a hacer concesiones en sus condiciones de trabajo... así que hay que reducir el tiempo de trabajo, que es lo que ha permitido reducir la magnitud del choque, e imponer el Trabajo Garantizado

 "Incluso aunque ello signifique jugar al abogado del diablo, hay que comenzar con esta constatación: la primera ola de desempleo estuvo relativamente contenida en la zona euro.

Relativamente, eso significa que el empleo ha caído netamente menos que la actividad económica (PIB) y especialmente que el número total de horas trabajadas. Y que, además, el desempleo se ha visto contenido por el aumento del número de quienes han tenido que dejar de buscar trabajo. (...)

En cuanto al desempleo, su crecimiento hasta ahora ha sido moderado: la tasa de desempleo ha aumentado solo 1,2 puntos en la zona euro entre febrero y octubre de 2020. Sin embargo, la pérdida de empleo ha sido importante: el número de personas empleadas ha sido de 5,2 millones menos en el segundo trimestre de 2020 en comparación con el final de 2019, una disminución del 3,2%.

¿Cómo explicar que tengamos tanto una caída significativa del empleo como un aumento moderado del desempleo? La razón la da un estudio del Banco Central Europeo (BCE)[01], del que se extraen los datos que se utilizan aquí: “La población activa cayó en unos cinco millones de personas en el primer semestre de 2020”. Es decir, una gran proporción de solicitantes de empleo ha dejado de buscar uno, por diversas causas vinculadas a la crisis sanitaria.

 Sombrías predicciones

Según la Comisión Europea, el desempleo en la zona euro aumentará en 1,9 millones en 2021, y después 1,4 en 2020, con lo que el número de parados y paradas se acerca a los 16 millones, y esto a pesar de una recuperación del crecimiento estimada en un 4%. 

 (...) no todo el mundo ha sido golpeado de la misma manera, lo que significa que las cicatrices de la crisis no desaparecerán todas, o en todo caso no al mismo ritmo. Las podemos evocar rápidamente aquí: están las y los precarios, los y las estudiantes y los jóvenes en general, los sectores particularmente afectados (restauración, cultura, aeronáutica, sector asociativo) y amenazados de quiebras. Sobre los estudiantes, la revista del FMI publicó un artículo con el revelador título: “La sombra permanente de una recuperación desgraciada”[04]. A nivel macroeconómico, la misma “sombra permanente” se cierne sobre los diferentes elementos de la demanda: ¿los consumidores (o más bien el 20% más rico) gastarán sus “ahorros forzosos”? ¿Las empresas van a invertir? ¿Se reanudarán las exportaciones?

¿Contragolpe?

Por tanto, sería ingenuo pensar que un posible reinicio podría devolvernos a la situación anterior a la crisis. O pensar que los “días de después” corregirán espontáneamente las taras del sistema. Porque las clases dominantes siguen emboscadas y ya preparan su respuesta. Por supuesto, sus intereses han sido bien defendidos, pero su situación se ha visto comprometida y su objetivo será recuperar la rentabilidad.

 Para lograrlo, uno de los medios es cepillar la nómina, recortando salarios y empleo. Algunas personas hablan de la necesidad de eliminar a los patos cojos, apodados "empresas zombis”, otras consideran la automatización para mejorar su productividad, o la extensión del teletrabajo.

Este deseo de recuperar el tiempo perdido y aprovechar la oportunidad ya está ilustrado por la puesta en marcha de planes sociales o el continuo endurecimiento de las indemnizaciones por desempleo.

 Una encuesta de Unédic [entidad que gestiona las prestaciones de desempleo en Francia, ndr] [05] señala que “tanto los asalariados como los demandantes de empleo dicen que están dispuestos a hacer concesiones para tener mejores oportunidades de que su proyecto profesional tenga éxito”. 

Lo que un director de agencia del Pôle Emploi (parafraseando a Marx) traduce de la siguiente manera: “a causa de la crisis, hay más mano de obra disponible. Los empleadores pueden permitirse el lujo de permanecer exigentes. O incluso de serlo más”[06].

Todos estos proyectos no son el resultado de leyes económicas sino de relaciones sociales de fuerza, y es por eso que hay que prepararse para una brusca reacción social y política. Más que centrarse en la eventual cancelación de la deuda pública en poder del BCE y en la teoría monetaria, sin duda es más urgente poner en primer plano el tema de la defensa y la transformación social en torno a dos ideas. La primera es la de la reducción del tiempo de trabajo, ya que ella es la que ha permitido reducir la magnitud del choque.

La segunda es la de la garantía del empleo. En cualquier caso, es sobre estas cuestiones vitales sobre las que se centrarán los conflictos sociales venideros."                   (Michel Husson, Viento Sur, 25/01/21)

21.1.21

Un programa de Trabajo Garantizado para fomentar el bienestar, tras la pandemia en Europa

 "(...) Nueva gobernanza económica 

Se requieren intervenciones fiscales más audaces y mejor focalizadas en los mercados laborales. La institucionalización en la UE de la idea de Hyman Minsky de un empleador de último recurso, en forma de un Programa de Trabajo Garantizado (PTG), podría ser una de esas medidas. 

No solo podría contrarrestar el impacto socioeconómico de la pandemia sino que, lo que es más importante, influiría en las dimensiones clave del bienestar. Un PTG podría ayudar a la UE a mantenerse al día con las necesidades de desarrollo más amplias de nuestro tiempo y convertirse en un pilar de una nueva gobernanza económica centrada en la promoción del bienestar. 

Un PTG es una intervención fiscal para combatir el desempleo, mediante la cual el estado ofrece a todas las personas desempleadas involuntariamente un trabajo decente. Al disociar la creación de empleo del comportamiento lucrativo de las empresas y la creación de una demanda de trabajo perfectamente elástica, se puede cerrar de forma más eficaz cualquier brecha de empleo, al tiempo que se limitan las asimetrías del mercado laboral causadas normalmente por las políticas expansivas convencionales. 

Un PTG público también podría incorporar regulaciones de protección del empleo, mejorando así la calidad del trabajo para los beneficiarios. Y, dado que la participación estaría abierta a todos los desempleados, el PTG podría obligar a las empresas privadas a ajustar las condiciones de empleo de sus trabajadores a los que solicitan el programa. En consecuencia, podría convertirse en un dispositivo para mejorar la calidad del trabajo en toda la economía. 

Un PTG opera como un estabilizador automático de las fluctuaciones económicas ya que, por diseño, su tamaño es endógeno al ciclo económico. Al salvaguardar el pleno empleo y los flujos de ingresos sostenidos, el PGC también contribuye a mejorar las condiciones de vida y el bienestar material de los hogares. Esto también ayuda al sector privado a mantener condiciones de refinanciamiento sostenibles, solidificando así la estabilidad financiera.

 Además, contrariamente a varios esquemas de apoyo a los ingresos, un PTG aumenta la producción de la economía, reduciendo así el riesgo de inflación de demanda debido a cuellos de botella del lado de la oferta. Esto también se puede lograr cambiando el salario del programa, que en realidad es el salario mínimo de la economía. 

Por lo tanto, un PTG puede controlar la inflación en períodos de crecimiento acelerado, al tiempo que evita la deflación durante las contracciones económicas. Diseño flexible El PTG podría diseñarse de manera flexible, en respuesta a necesidades socioeconómicas o espaciales específicas, promoviendo así la inclusión y la calidad de vida. 

Además, dado que está destinado a todos los desempleados, un PTG ayudaría a la gente corriente a garantizar su derecho fundamental al trabajo, al tiempo que combate la desigualdad de ingresos, los prejuicios sociales y la discriminación. 

 Como intervención pública, el diseño de un PTG podría implicar criterios de implementación estrictos relacionados con la protección del medio ambiente que podrían no ser asequibles para las empresas privadas. 

Además, podría aplicarse a actividades que en sí mismas mejoran la sostenibilidad ambiental, como las operaciones de reciclaje y limpieza.

 Además, un PTG podría promover un gasto más ecológico. Por ejemplo, al mejorar las condiciones financieras de las empresas, podría alentar la inversión privada en técnicas de producción sostenibles.

 Del mismo modo, al aumentar los ingresos de los hogares, un PTG podría consolidar un consumo más sostenible. 

 Contribuyendo a la estabilidad macroeconómica, la adopción de un PTG también podría establecer las condiciones para la movilización de la inversión privada en una variedad de actividades económicas, mejorando y modernizando así la capacidad productiva.

 En este contexto, y dada su flexibilidad de implementación, un PTG podría convertirse en parte integrante de un plan de desarrollo nacional más amplio para fomentar la reestructuración, la especialización en sectores de alto valor agregado y la competitividad estructural.

 El hecho de que un PTG mantenga a las personas empleadas y permita a las empresas absorber mano de obra calificada para expandir la producción explota aún más este potencial. De este modo, mejora la función de desarrollo de la política fiscal, mejorando potencialmente la eficiencia, la competitividad y la resiliencia. 

Base sólida 

El alto volumen de liquidez garantizada proporcionado por el plan de recuperación de la UE, junto con el cambio más amplio en la atención al bienestar, es posiblemente una base sólida para establecer un mecanismo PTG en la UE. 

Esto se ve reforzado por la creciente popularidad de los nuevos enfoques teóricos que proponen un marco de financiación viable. Para lograrlo, por supuesto, deben superarse las rivalidades nacionales, las estructuras de poder y las ideas preconcebidas sobre políticas "sólidas". 

Sin embargo, emitir deuda conjunta de la UE para financiar políticas socialmente inclusivas hubiera sido una ilusión hace un tiempo, pero los desafíos planteados por la pandemia la han hecho realidad.

 La adopción de un nuevo paradigma económico, incluido un PTG para fomentar el bienestar, puede constituir ahora el desafío más crítico que enfrenta la Unión Europea"                

(, professor at the National and Kapodistrian University of Athens and scientific director of the Labour Institute of the Greek General Confederation of Labour (INE GSEE). , is a teaching fellow at the university and senior researcher at INE GSEE. Social Europe, 07/01/21;traducción google)