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3.11.09

Cualquier plan de biocarburantes agravará las emisiones de carbono

"El impacto de los biocarburantes en el cambio climático está mal evaluado. Los protocolos internacionales sobre estos combustibles verdes ignoran la mayor parte de las emisiones causadas por los propios cultivos destinados a producirlos. Incluso la rigurosa contabilidad que rige el mercado mundial del carbono -donde los países ricos venden su exceso de emisiones a los pobres- indulta a ese CO2 de sus balances, lo que será pronto un poderoso incentivo económico a la deforestación del Tercer Mundo. (...)

Las nuevas conclusiones sobre los biocarburantes, que empeoran radicalmente la posición de salida de estos productos, se presentan en la revista Science, en dos trabajos firmados por 20 científicos y economistas de las universidades de Princeton y California en Berkeley, el Massachusetts Institute of Technology (MIT), el Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole, el International Institute for Applied Systems Analysis de Laxenburg, en Austria, la Universidad de Sao Paulo (Brasil) y la School of Public Administration de Zhejiang (China).

Cualquier proyecto global de estímulo a los biocarburantes tendrá el efecto de aumentar las emisiones de CO2 y otros gases peores, concluyen los científicos. Esto no sólo es cierto de los actuales biocarburantes primarios -basados en maíz, soja y otros granos alimentarios desviados al uso energético-, sino también de los futuros combustibles derivados de la paja (o celulósicos), como los cultivos de plantas herbáceas sin valor alimentario. La razón en ambos casos es la recalificación de bosques como parcelas agrícolas.

La tierra firme del planeta mide 133 millones de kilómetros cuadrados, y 42 de esos millones (el 32%) son ya de uso agrícola, repartidos así: 16 de cultivos y 26 de pastos. Los modelos predicen que al final de este siglo la tierra dedicada a producir biofuel superará a todos los cultivos alimentarios del mundo (luego ocupará más de 16 millones de kilómetros cuadrados nuevos, que ahora son de bosque). Los campos agrícolas secuestran menos CO2 que los bosques.

Una vez en el depósito del coche, los biocarburantes emiten tanto CO2 como la gasolina. Pero ese CO2 es sólo una parte del que los cultivos tomaron de la atmósfera para fabricar el biocarburante, o su materia prima. El balance neto es beneficioso, y esto es lo que justifica el apoyo institucional unánime a estos combustibles, desde el protocolo de Kioto hasta el mercado de carbono de la Unión Europea o la ley del clima recién aprobada por el Congreso norteamericano.

Pero todos esos protocolos eximen -o dejan impune- el CO2

emitido para producir biocarburante, incluso cuando ello implica quemar un bosque para convertirlo en cultivos energéticos. O reconvertir los cultivos alimentarios en energéticos, que acaba teniendo el mismo efecto, según revela el nuevo análisis.

Si los cultivos destinados a biocarburantes desplazan a los alimentarios, las emisiones directas no aumentan. Pero aumentan las indirectas, porque la operación implica ganar nuevas tierras al bosque para sembrar los alimentos y los pastos perdidos, ya que la demanda de comida sigue siendo la misma.

Los científicos han usado modelos económicos y geoquímicos combinados que predicen el impacto sobre el calentamiento que tendría a lo largo de este siglo un programa global de biocarburantes, como el que se baraja ante la cumbre de Copenhague. Este trabajo ha sido dirigido por Jerry Melillo, del Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole.

Según los nuevos modelos, las emisiones de CO2 indirectas duplican a las directas. Y hasta ahora no se han contado. Además, el uso redoblado de fertilizantes (que contienen nitrógeno en forma de nitratos) aumentará las emisiones de óxido nitroso (N2O), otro gas de efecto invernadero que, hacia final de siglo, superará en importancia al propio CO2

como agente de calentamiento. Estas emisiones tampoco se cuentan ahora.

Los científicos aconsejan racionalizar el uso de fertilizantes. La principal medida es no añadirlos por sistema, sino sincronizarlos con las necesidades de nitrógeno de la planta." (El País, Ed. Galicia, sociedad, 24/10/2009, p. 38)

22.5.08

El maíz no da ni para el mechero, pero consigue desgravaciones

“El descuento impositivo que en países, como Estados Unidos, se aplica al bioetanol está llevando al cultivo del maíz a ocupar el suelo tradicionalmente utilizado por el trigo y la soja con la consecuente disminución de la cosecha de este cereal y de la leguminosa y su correspondiente aumento de precio. (…)

Por otra parte, no se puede olvidar la acción negativa de este cambio de cultivos sobre el efecto invernadero, dada la considerable cantidad de fertilizante nitrogenado que se aplica al maíz que conduce a una emisión importante a la atmósfera de óxido nitroso con un potencial global de calentamiento más de 300 veces superior al temido CO2. Esta incidencia de la fertilización nitrogenada es más evidente en la sustitución de la soja que es un cultivo limpio al utilizar directamente el nitrógeno de la atmósfera. (…)

…de una hectárea de colza sólo se obtienen unos 600 kilos de biodiésel y de una de maíz 4.000 litros de etanol, lo que supone el consumo de unos cuantos automóviles por corto tiempo. Además, la obtención de bioetanol es en muchos casos poco eficiente, pues se produce algo más de una unidad de energía a partir del maíz por unidad consumida en el cultivo, transporte y fermentación. Esta eficiencia se incrementa al doble en el caso de la remolacha y ocho veces en la caña de azúcar, el cultivo más eficiente. (…)

…la búsqueda de especies vegetales que no compitan ni por suelo ni por clima podría tener un futuro prometedor. Plantas que crecen en suelos marginales o en condiciones climáticas inadecuadas para los cultivos de subsistencia puede ser materia prima importante para la obtención de biocarburantes. Como tal está creciendo en interés la Jatropha curcas con semillas que contienen un aceite convertible fácilmente en biodiésel. Esta planta tóxica que no requiere tratamiento con agroquímicos, originaria de América Central y extendida por África y Asia, crece en climas secos sobre suelos de baja fertilidad donde otros cultivos no son posibles. Es un arbusto que puede producir durante 50 años a razón de 4.000 kilos de aceite por hectárea sin apenas gasto de mantenimiento. Esta rentabilidad supera la de muchas cosechas alimentarias por lo que si no se ponen trabas puede acabar invadiendo suelo tradicionalmente dedicado a soportar la alimentación humana y animal. (…)

Es necesario establecer a nivel global una política ad hoc para evitar que se incremente el cultivo de estas plantas a costa de la producción de alimentos, teniendo en cuenta, además, que, sin ánimos de exagerar, se necesitaría dedicar a las plantas para biocarburantes cuatro veces la superficie cultivable del planeta para poder sustituir solamente el petróleo y el gas consumido por el transporte.” (JOSÉ OLIVARES PASCUAL: Biocarburantes, ¿solución o problema?. El País, ed. Galicia, 21/05/2008, p. 48)