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24.1.22

Saqueos a trenes de mercancías en Los Ángeles: ¿qué está pasando? En la mayor ciudad de California las estadísticas oficiales nos hablan de un millón y medio de pobres absolutos sobre una población total de casi diez millones de personas.

 "(...) Catorce de enero de 2022, John Schreiber, un fotoperiodista de la CBS, publica en su cuenta de Twitter unos vídeos que toman una relevancia notable en apenas unas horas. 

En ellos se ve un tren de mercancías avanzando despacio, con gravedad de toneladas de carga, por unas vías enclaustradas en un entorno urbano. A su alrededor, hasta donde alcanza el objetivo, el suelo está tapizado de restos de paquetería, miles de cajas de cartón y envases de plástico desperdigados a lo largo del trazado, dando a la escena el tono al momento posterior a una catástrofe. 

Schreiber es oriundo del medio oeste, cree haber visto antes aquella escena: "parecía que un tornado había golpeado un almacén y acababa de vomitar escombros por todas partes". ¿Qué es lo que ha sucedido?

Esas vías del tren no se ubicaban en algún Estado del corredor de los tornados como Kansas y Nebraska, sino en la soleada California, concretamente en Lincoln Heights, un vecindario periférico de la ciudad de Los Ángeles. La desolación no había sido provocada por un desastre natural, sino sencillamente por los robos, el saqueo continuado a los trenes de mercancías que transitan ese trazado desde los cercanos puertos de Terminal Island y Long Beach, situados a 30 kilómetros del centro de la ciudad, por los que entran al país el 40% de las importaciones marítimas, bienes que son distribuidos al resto de Estados Unidos tras pasar por la estación intermodal, pero que hasta ese punto van aún en los grandes contenedores metálicos que han sido descargados de los barcos directamente a espaldas del tren.

El detalle de logística no es menor para la historia que nos ocupa. Esos contenedores que son asaltados constituyen una auténtica sorpresa para los saqueadores, ya que la mayoría ni siquiera lleva una carga homogénea, del todo imposible de identificar desde fuera. "Todo viene en el tren" dice uno de los ladrones, de 37 años, entrevistado por el LA Times, "teléfonos móviles, ropa de diseño, juguetes, cortadoras de césped, equipos eléctricos. Una vez encontré un brazo robótico. Sacamos cosas de aquí y de allá, ganamos algo de dinero revendiéndolo". Los trenes reducen su velocidad en el tramo de Lincoln Heights, incluso quedan detenidos durante un tiempo por el flujo desigual tras el colapso de los puertos en estos meses. Los ladrones aprovechan la ocasión. Uno de cada cuatro vagones llega a las instalaciones de reparto con los contenedores esquilmados.

 Tras el salto a la actualidad, los medios han publicado una carta que la compañía Union Pacific, propietaria del trazado férreo, mandó a George Gascón, fiscal del Distrito, a finales de diciembre. En ella denunciaban que se había producido un aumento dramático de estos asaltos a los trenes de mercancías. Según la compañía en hasta un 160% en el condado de Los Ángeles, resultando afectadas empresas de distribución como UPS, Amazon o FedEx. Más de 90 contenedores asaltados al día. Más allá de las cifras, las propias imágenes eran reveladoras, mostrando un panorama de pillaje en el que la policía privada ferroviaria, más las fuerzas del orden públicas, se han visto incapaces de garantizar la seguridad del trazado. En uno de los vídeos, un uniformado corre sin ganas detrás de dos personas que huyen llevándose dos paquetes.

Parece tratarse de bandas de asaltantes, pero también de otros muchos que, una vez abiertos los contenedores, se lanzan al pillaje. En el suelo cajas de mascarillas y test PCR descartados como botín quedan abandonados. En una entrevista en la radio pública preguntan a Schreiber, el fotógrafo que ha dado a conocer el asunto, si sabe qué es lo que ha provocado esta situación: "me lo puedo imaginar. Hay mucha gente sufriendo en este momento". En el resto de medios el tratamiento de la noticia no va más allá de mostrar las imágenes del caos acompañadas de titulares llamativos que pretenden retrotraernos a la época de los asaltos a trenes del western. También a la lucha entre la Union Pacific y el fiscal del distrito, a quien las compañías, usando un lenguaje diplomáticamente empresarial, consideran laxo con el crimen. Sin mano dura, los delincuentes se sublevan.

 Ya en febrero del pasado año, Joe Busciano, un concejal de la ciudad de Los Ángeles, culpó a los campamentos de vagabundos de la degradación en los entornos ferroviarios, óptimos para que estas personas montaran sus infraviviendas debajo de puentes y otras arquitecturas industriales. Nadie parece destacar que en la mayor ciudad de California las estadísticas oficiales nos hablan de un millón y medio de pobres absolutos sobre una población total de casi diez millones de personas. Las zonas grises no aparecen, todos aquellos que aún teniendo trabajo e ingresos son incapaces de llevar una vida normalizada por la carestía de los bienes básicos como la vivienda. En 2018, el reportaje documental Skid Row, infierno en el primer mundo, de Helena Villar, corresponsal de RT en Estados Unidos, mostró los campamentos de la pobreza en el propio centro de Los Ángeles.

 Las importaciones estadounidenses, la mayoría provenientes de Asia, ascienden a más de 500 mil millones de dólares. El comercio electrónico ha disparado la compra de todo tipo de bienes que necesitan de una tupida red de infraestructuras para ser distribuidos. Algo que no sucede con el dinero. Millones de personas en Estados Unidos han quedado fuera de la producción, también del trabajo de transporte y por supuesto de la adquisición de estos productos. Miles de millones de dólares atravesando barrios como Lincoln Heights, Wilmington o El Serno, vías fortificadas con altas vallas coronadas por alambre de espino, cientos de uniformados armados vigilando el trasiego de las mercancías: una guerra preventiva para que los que han quedado fuera del gran negocio ni se acerquen al mismo.

 Hasta que estallan episodios como el de la semana pasada. La respuesta no será aumentar las redes públicas de protección social, corregir la desigualdad, mejorar las condiciones de trabajo para acabar con la pobreza laboral. Repartir empleo y riqueza para lograr estabilidad. La respuesta será construir más vallas y contratar más agentes armados, única oportunidad de empleo para los dormitorios del pueblo: disparar a sus vecinos."              (Daniel Bernabé, RT, 21/01/22)

7.5.10

Del malestar... al romanticismo...

"En el Reino Unido, el país del empresariado liberal, con la City de Londres, el principal centro financiero de Europa, y un número récord de personas realmente ricas, reina la desesperación. Según algunos, es el principal enfermo de Europa: con su déficit de 180.000 millones de libras esterlinas, Londres no tiene el más mínimo interés en quejarse por el desorden griego. El Estado no va bien y a la gente normal apenas les va mejor. El endeudamiento de los hogares en el país es dos veces más elevado que en Francia.

Numerosas asociaciones denuncian el recrudecimiento de los atracos a punta de navaja, el fenómeno de la embriaguez hasta perder la conciencia entre las mujeres y una inseguridad tal en los centros educativos que se instalan detectores de metales a la entrada. Las encuestas sociológicas atestiguan la aparición de una nueva categoría en la clasificación social: los NEET (Not in Education, Employment or Training, es decir, ni estudiantes, ni empleados ni en formación), una categoría que va en aumento.

¿Se está produciendo realmente una "recesión social" en Gran Bretaña? El serio semanal The Economist analizó recientemente el fenómeno y demostró, apoyándose en cifras y gráficos, que la delincuencia está descendiendo, al igual que el número de madres menores de edad (aunque sea el porcentaje mayor de Europa). También disminuye el consumo de alcohol y de drogas, aunque sea de forma marginal. La opinión pública sostiene una imagen muy negativa del país. En 1997, con la llegada al poder del Partido Laborista, el 40% de los británicos pensaba que su país resultaba cada vez menos agradable para vivir; con Gordon Brown como primer ministro, incluso antes de la crisis, este porcentaje llegaba al 73%. (...)

No obstante, la campaña electoral hace aflorar también otros sentimientos. Para descifrarlos, podemos empezar recordando la reacción histérica de la mayoría de los británicos ante la muerte de la princesa Diana en 1997. Era "la reina de corazones", pero la clase política guardaba sus reservas sobre ella, ya que consideraba que carecía de la clase y la madurez necesarias en una futura reina. Entonces, los tabloides se tomaron muy mal la publicación del ensayo "La sentimentalización de la sociedad moderna", de Anthony O'Hear, profesor de filosofía y presidente del Royal Institute of Philosophy. Según el autor, el duelo universal revelaba una tendencia profunda y negativa del país hacia un "gusto insaciable por el sentimentalismo que aparta la mirada de la realidad, en todos los aspectos de nuestra existencia".

¿Qué tiene que ver todo esto con las elecciones legislativas de hoy? Los debates televisados de los principales candidatos al puesto de primer ministro han introducido de forma patente un elemento nuevo: la reacción espontánea y la referencia al sentimiento. Antes no existía este tipo de debate. No se trata tan sólo de copiar los modelos políticos extranjeros, sino de algo más importante relativo a la naturaleza misma del sistema político." (Presseurop, 06/05/2010, citando a Polityka Varsovia)

18.9.08

Progresaremos mucho más blanqueándonos la piel

"Nueva versión del racismo blanco. Vuelve la herencia poscolonial: los blanqueadores de piel y la cirugía para redondear rasgos faciales triunfan entre asiáticos y africanos - El estándar de belleza y modernidad es occidental.

La promesa: aclarar uno o dos o tres tonos el color de la piel. Millones de mujeres -y cada vez más, hombres- de todo el mundo han convertido las cremas que dicen blanquear la piel en un filón para la industria cosmética que, consciente de ello, las anuncia de forma agresiva y sin ambages, especialmente en la India y en los países del sureste asiático, lo que le ha otorgado el dudoso honor de ser acusada de abanderar una nueva -y multimillonaria- vanguardia racista: lo blanco es hermoso; lo negro, vergonzante. Una herencia maldita, pero todavía vigente en las sociedades poscoloniales. Esto es, en la mayoría del mundo.

Para muestra, un botón. El anuncio de White Beauty (Belleza Blanca), una crema de Pond's, de la filial india de Unilever. Priyanka Chopra, una de las actrices más guapas y famosas de Bollywood, sufre porque su novio, Saif Ali Khan, el héroe indio del momento, se ha ido con la otra guapa del plató, Neha Dhupia. La chica abandonada recuperará su amor cuando logre tener una piel más pálida -gracias a White Beauty. (...)

"Es un escándalo, es un anuncio muy racista, que aumenta los prejuicios por el color de la piel en un país con complejos poscoloniales", dice Subashini Ali, presidenta de Aidwa, ala feminista del Partido Comunista de la India, promotora de la campaña contra el anuncio. (...)

Para Hunter, este nuevo racismo global, originado por ideologías coloniales (las personas de razas mixtas de complexión más blanca disponían de situaciones de privilegio por encima de las más oscuras) y por un racismo interiorizado en las ex colonias, viene espoleado además por visiones de un nuevo orden mundial. Éste tiene como premisa la exportación por parte de Estados Unidos y de sus medios de la belleza blanca. (...)

"Cuando mis hijos nacieron, en vez de preocuparse por saber si estaban sanos, la familia preguntó primero si tenían piel clara u oscura", cuenta Diya Vig. (...)

Para otros, la cuestión no tiene nada que ver con supremacía racial: "La obsesión por ser blanco en India no tiene cortes racistas, sino que es sólo el concepto de belleza, todos queremos lo que no podemos tener", dice una estudiosa india de conductas del consumidor. Curiosamente en esos países lo que se anhela es una bella piel blanca." (El País, ed. Galicia, 17/09/2008, p. 34/5)

Progresamos adecuadamente en suicidio infaltil

“El suicidio es la tercera causa de muerte entre los 10 y los 14 años. La salud mental en los niños de países desarrollados preocupa a los expertos.

La salud mental de los preadolescentes (entre 10 y 14 años) está en peligro. La prueba más llamativa es el aumento de los suicidios, que son ya la tercera causa de los fallecimientos en este grupo de edad en los países desarrollados. Si el transcurso es el normal, esta situación se extenderá al resto del mundo, como pasa con casi todo. A un nivel menos grave, el 20% de los menores de 14 años sufre depresión, ansiedad, problemas de conducta o hiperactividad. Una proporción creciente, según especifica el primer informe que presentó ayer el Observatorio de Salud de la Infancia y la Adolescencia, una iniciativa del hospital infantil de Sant Joan de Dèu, en Barcelona, en el que se ha realizado un metanálisis que recoge datos de varios organismos como la OMS, la UE o la Encuesta Nacional de Salud, sobre la situación de la infancia. (…)

La situación es algo diferente en España. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2006 en España murieron 454 chicos de 10 a 14 años. De ellos, nueve (la undécima causa) se suicidaron. (…)

Según la experiencia de Jaume Pérez Pallarols, responsable del estudio, cada semana, entre tres y cinco niños ingresan en las urgencias psiquiátricas del hospital infantil de San Joan de Dèu, en Barcelona. De hecho, cada vez son más frecuentes los ingresos hospitalarios infantiles a causa de un amplio abanico de trastornos mentales. Los que más aumentan son la reacción grave al estrés y los trastornos de adaptación, las alteraciones de la conducta, los trastornos depresivos y la hiperactividad.

Los cambios sociales y culturales podrían estar detrás de este aumento de la patología mental infantil, señala Pallarols, aunque también es cierto que se diagnostica con mayor frecuencia, ya que hay una mayor conciencia y vigilancia por parte de padres, profesores y personal sanitario.” (El País, ed. Galicia, Sociedad, 17/09/2008, p. 37)