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29.6.26

Occidente, en vísperas de una guerra civil... El fenómeno migratorio en Occidente es, en su totalidad, un fenómeno con raíces económicas, dependiente de la lógica del capital... Al capital le interesa obtener una mano de obra que esté lo más dispuesta posible a trabajar por poco dinero y que sea fácilmente chantajeable... La falta de mano de obra interna de los países occidentales se compensa importándola de partes del mundo donde los «costes de producción de niños» son bajos... Este proceso nunca está guiado ni controlado porque para guiarlo y controlarlo se necesitarían enormes inversiones: dinero para los procesos de asimilación, educación o reeducación, enseñanza de idiomas, socialización, pero también para el control y la represión de comportamientos ilícitos... todo el sentido del proceso está exclusivamente orientado a incrementar los márgenes de beneficio, todo este «proceso de inclusión y acogida» queda necesariamente en el papel... si viviéramos en Estados dispuestos a sostener estos niveles de gasto público para los procesos de socialización e inclusión, el problema migratorio ni siquiera surgiría... el peso de esta situación recae principalmente sobre las personas que se encuentran en relación de competencia directa con la mano de obra importada, es decir, ese proletariado o esa pequeña burguesía que lucha por mantener a flote el salario y la dignidad... Es tan cierto como que sale el sol que, en algún momento, estas situaciones están destinadas a estallar en formas de violencia civil... por lo tanto, de forma constante e inevitable, estos procesos crean formas de desestabilización social... el verdadero problema, es que entonces las clases políticas desprovistas de vergüenza están listas para abalanzarse como buitres sobre la escena de la violencia social... no estaban ahí cuando se chantajeaba a la gente durante décadas, para que aceptara condiciones laborales cada vez más precarias. Pero ahora están ahí... en este momento se desata el juego de la polarización artificial, que mantiene con vida a la clase política que ha causado el daño... Sin una transformación de la representación política (hoy en día difícil incluso de imaginar), este circo occidental seguirá pudriéndose, hasta llegar a alguna forma de guerra civil (Andrea Zhok)

"Dado que los acontecimientos de Belfast han vuelto a situar en el centro del debate temas que ya se han analizado a fondo en todos sus aspectos, intentemos hacer un resumen para aclarar un poco las ideas.

1) El fenómeno migratorio en Occidente es, en su totalidad, un fenómeno con raíces económicas, dependiente de la lógica del capital.

Se favorecen los desplazamientos de mano de obra que busca ocupar los puestos de trabajo disponibles en el mercado mundial.

Al capital le interesa obtener una mano de obra que esté lo más dispuesta posible a trabajar por poco dinero y que sea fácilmente chantajeable. No es una cuestión de «inmigración irregular». Los irregulares también forman parte del juego, porque son un poco más chantajeables, pero el juego en su conjunto es aceptado, deseado y teorizado.

2) La presión que ejercen los modos de vida cultivados en Occidente (desde los costes de criar a los hijos, pasando por las responsabilidades legales, hasta las dificultades pedagógicas para los hijos que crecen en entornos desocializados, etc.) crea constantemente las condiciones para una reducción de la fecundidad. (Esto ocurre también con las segundas generaciones de migrantes, tan pronto como se aclimatan).

La falta de mano de obra interna de los países occidentales se compensa importándola de partes del mundo donde los «costes de producción de niños» son bajos, porque no existe un sistema de protección pública, servicios sanitarios, sistemas escolares, etc. Occidente es una tumba atareada que absorbe a jóvenes «producidos» en otros lugares para transformarlos en concentraciones de capital.

3) Este proceso nunca está guiado ni controlado porque para guiarlo y controlarlo se necesitarían enormes inversiones: dinero para los procesos de asimilación, educación o reeducación, enseñanza de idiomas, socialización, pero también para el control y la represión de comportamientos ilícitos.

Así pues, se dejan en manos de algunos payasos políticos las consignas de la inclusión y la acogida, pero como todo el sentido del proceso está exclusivamente orientado a incrementar los márgenes de beneficio, todo este «proceso de inclusión y acogida» queda necesariamente en el papel.

Por otra parte, si viviéramos en Estados dispuestos a sostener estos niveles de gasto público para los procesos de socialización e inclusión, el problema migratorio ni siquiera surgiría: estaríamos en Estados dispuestos a drenar dinero del gran capital para mejorar las condiciones laborales de los autóctonos, para mejorar los servicios públicos, para reprimir la explotación y el trabajo en negro, para ayudar a las familias a criar a sus hijos, etc.

Por lo tanto, si estuviéramos en el mundo idealizado (pero nunca implementado) por los promotores de la «acogida infinita», simplemente no habría ningún interés en importar mano de obra, porque nada más llegar a nuestro país estaría protegida y, por lo tanto, sería costosa.

4) El proceso se deja, por tanto, siempre a su suerte, porque quien dirige estos procesos es el capital y este no tiene ningún interés en gestionar los efectos sociales de los procesos migratorios.

Por lo tanto, de forma constante e inevitable, estos procesos crean formas de desestabilización social. La escuela pública sale degradada porque se ve desbordada por un exceso de demanda sin los medios adecuados para responder; las viviendas sociales desaparecen de la oferta pública; sujetos culturalmente ajenos e imposibles de integrar —porque la única forma de integración que se ofrece es el trabajo y no hay para todos— acaban engrosando las filas de la pequeña delincuencia.

Me ahorraré la obviedad de que no hay equivalencia entre inmigración y delincuencia. Obviamente no hay equivalencia, pero con igual obviedad e irrefutabilidad, en las sociedades en las que crecen grupos de sujetos culturalmente ajenos e inempleables, aumentan la inseguridad y los delitos.

Solo personas de perfecta y culpable mala fe pueden negar este nexo que se atestigua constantemente y se registra estadísticamente.

5) En un sistema competitivo como el nuestro, el peso de esta situación recae principalmente sobre las personas que se encuentran en relación de competencia directa con la mano de obra importada, es decir, ese proletariado o esa pequeña burguesía que lucha por mantener a flote el salario y la dignidad.

Estas personas suelen pertenecer a zonas ya socialmente desfavorecidas o en riesgo de desfavorecimiento, y perciben al Estado como distante e incluso hostil, como si no estuviera interesado en defenderlas ni en el ámbito laboral ni en el de la seguridad pública.

La ineficacia y la inercia de los sistemas represivos (como cualquier servicio público, infradotado y sometido a recortes) acaba, paradójicamente, siendo más eficaz a la hora de castigar las pequeñas infracciones de ese proletariado que ha conservado con esfuerzo lo poco que tiene (un coche, una casa), que las grandes infracciones de quienes acaban de llegar y no tienen nada que perder (si es que delinquen).

Pedir sabiduría infinita, moderación perenne y santo autocontrol a estas personas significa ser o estúpidos o de mala fe. Es tan cierto como que sale el sol que, en algún momento, estas situaciones están destinadas a estallar en formas de violencia civil.

6) Que estas formas de violencia civil sean horribles, inmorales, que adopten formas de violencia indeterminada, incapaces de distinguir entre objetivos culpables e inocentes, es obvio e inevitable.

El problema, el verdadero problema, es que ahora —solo ahora— las clases políticas desprovistas de vergüenza están listas para abalanzarse como buitres sobre la escena de la violencia social.

No estaban ahí cuando las familias, ya fueran autóctonas o migrantes, no podían hacerse cargo de un hijo enfermo o sucumbían ante el más mínimo revés de la suerte; no estaban ahí cuando se chantajeaba a la gente durante años, durante décadas, para que aceptara condiciones laborales cada vez más precarias.

Pero ahora están ahí.

Están, por un lado, para sacar provecho avivando el fuego de la «sacrosanta protesta contra el intruso», y por otro, para sacar provecho indignándose por el «racismo» y el «fascismo».

Así transforman los problemas, esos problemas que ambos han contribuido a crear, en otras tantas oportunidades personales para una entrevista llena de indignación y para alguna sesión fotográfica.

7) En conclusión. La trampa que se ha tendido (ya sea intencionadamente o por casualidad, da igual) es esta.

Mientras la gente no reaccione, se finge que el sistema está funcionando mágicamente según los mecanismos de alguna «mano invisible» y que todos se están beneficiando de ello.

Cuando la olla a presión estalla, cuando hay disturbios y violencia (pueden ser de autóctonos, pero también de migrantes de primera o segunda generación —pensemos en los banlieues*—), en ese momento se desata el juego de la polarización artificial, que mantiene con vida a la clase política que ha causado el daño y, de hecho, le otorga mayores poderes.

Si no reaccionas, no existes y se ríen en tu cara.

Si reaccionas, te pones del lado de los que están en el error y das fuerza a quienes han creado el problema.

Sin una transformación de la representación política (hoy en día difícil incluso de imaginar), este circo occidental seguirá pudriéndose, hasta llegar a alguna forma de guerra civil.

 (Andrea Zhok, Observatorio de trabajadores en lucha,  12/06/26)

6.2.20

Inmigración en Alemania: el acuerdo entre gobierno, patronal y sindicatos para facilitar la entrada de 1,4 millones de inmigrantes (cualificados) marcará un punto de inflexión en el tratamiento de las migraciones en la Unión Europea... pero los de las pateras seguirán ahogándose en el Mediterráneo

"La noticia de que en Alemania se ha producido un amplio acuerdo en el que figuran el gobierno, la patronal y los sindicatos, para facilitar la entrada de 1,4 millones de inmigrantes, podría marcar un punto de inflexión en el tratamiento de las migraciones en la Unión Europea.

 Para ello será necesario que, en el conjunto de Europa, se acometa una reflexión en profundidad sobre los discursos y las políticas que imperan ahora en esta materia, de la que se deben derivar nuevas acciones y nuevas políticas.

Era previsible que Alemania acabara tomando alguna iniciativa de este tipo, porque su economía funciona ahora en régimen de pleno empleo, pero también porque es Alemania el país de Europa donde primero se empieza a notar el efecto de la baja natalidad de las últimas décadas sobre la población en edad de trabajar (grupo de edad 15-64 años), que condiciona la oferta de trabajo. 

La necesidad de acoger un mayor número de inmigrantes se reconoce con una política de Estado, de la que solo se quedarán previsiblemente fuera los partidos ultraderechistas, que han basado su éxito electoral en buena parte en el rechazo sin paliativos de la inmigración. (...)

 La renuncia a ejercer una pedagogía necesaria hacia la población para facilitar la acogida de los inmigrantes conduce hoy a anticipar reticencias en algunos países, aunque la situación exija acuerdos como el de Alemania.

 La cifra avanzada para un único país, aunque se trate del gigante europeo, contrasta con lo módico del número de ilegales que abordan las costas mediterráneas. Es difícil entender que, cuando se acepta como deseable por necesaria la llegada de casi un millón y medio de personas, se toleren situaciones de crisis humanitarias, se acepten centenares de muertos cada año y se movilicen cuantiosos recursos para controlar unas llegadas que nunca han superado las sesenta mil personas en un año. 

Claro que los que llegan en pateras a nuestras costas no poseen las cualificaciones que los alemanes desean. Y aquí nos encontramos con una importante contradicción que puede tener consecuencias muy negativas a medio y largo plazo. Los países que se resuelven a admitir inmigrantes desean imponer como una de las condiciones principales que los que llegan sean personas cualificadas, bien adaptadas a las necesidades del mercado de trabajo. (...)

La exigencia de un nivel alto de cualificación en los inmigrantes es, hasta cierto punto, una novedad. Ha sido más habitual en la historia de las migraciones que los recién llegados estén en los niveles más bajos. Un ejemplo, entre otros, es el caso de la inmigración a Cataluña desde el resto de España, en los tiempos del desarrollo. 

Los que arribaban ocupaban la base de la pirámide social y fomentaban un movimiento de ascensión social de los que ya estaban, del que ellos mismos se beneficiaban, a medida que iban llegando nuevos inmigrantes. Sería necesario fomentar un mecanismo de este tipo en Europa, de manera que la inmigración permitiese, a la vez, resolver la escasez de mano de obra en los países desarrollados y aliviar el peso del desempleo en los países de origen, sin atentar a su capacidad de progresar económicamente gracias a su población formada. (...)

Alemania no es un caso aislado en la Unión Europea. En muchos países, es previsible que, en ausencia de inmigración, la evolución futura de la población en edad de trabajar no baste para cubrir la demanda de trabajo por parte de las empresas. Pero no todos están en la misma etapa de ese camino inevitable 

(...) si en todos los países será inevitable en algún momento acudir a la inmigración, el plazo a partir del cual la urgencia se hace manifiesta, como ahora en Alemania, varía en función de la situación actual y de las políticas que los estados desarrollen para mejorar la oferta interna de trabajo."              (J. A. Fernández Cordón, Economistas frente a la crisis, 12/12/09)

19.5.11

"La inmigración se ha utilizado por el mundo empresarial para abaratar el precio del trabajo y permitir el deterioro de las condiciones de trabajo"

"La inmigración, per se, pues, no es la mayor causa del rechazo a la UE por amplios sectores de las clases populares.

Para entender tal rechazo tenemos que recuperar categorías analíticas que han caído en desuso, tales como clases sociales, poder de clase y lucha de clases, categorías utilizadas por las dos tradiciones existentes en las ciencias sociales occidentales, tanto la marxista, como la weberiana, categorías prácticamente desaparecidas en los análisis actuales.

¿QUÉ HA ESTADO OCURRIENDO EN LA UNIÓN EUROPEA?

Desde que la Unión Europea y su Eurozona se establecieron hemos visto los siguientes hechos:
1. En cada país de la UE (y todavía más en cada país de la Eurozona), las rentas del trabajo, como porcentaje de la renta total del país, ha ido descendiendo (pasando de representar como promedio de la UE-15 un 68% de las rentas nacionales, a un 56%) mientras que las rentas del capital (y muy en especial las rentas del capital financiero) han aumentado.

2. El desempleo ha aumentado en la mayoría de países de la UE, cuyo promedio ha pasado a ser más alto en la UE que en EEUU, revirtiendo una situación anterior (1950-1980) en la que el desempleo había sido menor en Europa que en EEUU.

3. Las condiciones de trabajo han empeorado, con aumento del porcentaje de trabajadores que indican estar estresados en el trabajo, habiendo alcanzado en 2009 la cifra del 52% del total de la población laboral en el promedio de la UE-15. También y relacionado con ello, la incidencia y prevalencia de enfermedades laborales relacionadas con el estrés ha aumentado notablemente.

4. La tasa de crecimiento del gasto público en transferencias y servicios públicos del estado del bienestar ha ido disminuyendo mientras que las tasas de crecimiento de las necesidades ha ido aumentando.

5. Los derechos laborales y sociales han ido reduciéndose.

Es lógico, por lo tanto, que la UE esté creando mayor rechazo entre amplios sectores de las clases populares. La inmigración sólo acentúa lo que existe ya en aquellos países: el deterioro del bienestar social y calidad de vida de la clase trabajadora y otros sectores de las clases populares.

En realidad, la inmigración se ha utilizado por el mundo empresarial para abaratar el precio del trabajo y permitir el deterioro de las condiciones de trabajo. La negación de este hecho –verificable por la información empírica existente- por parte de sectores de las izquierdas ha contribuido a su pérdida de popularidad entre tales clases populares.

En realidad, el enorme declive de la socialdemocracia en la UE se debe a ser percibida por estas clases populares como protagonista en la construcción de tal UE. (...)

la realidad es que un fantasma recorre Europa y es el enfado hacia esta Europa que no es la Europa de los pueblos, sino la Europa del capital. Frente a esta Europa del capital, hay que establecer la Europa de los pueblos, con la alianza de las clases populares.

Es importante para toda la UE, por ejemplo, que la clase trabajadora alemana recupere los salarios que le permiten su elevada productividad, a fin de que el consumo (y no sólo las exportaciones) contribuyan a reavivar la demanda doméstica a nivel europeo." (La creciente impopularidad de la Unión Europea, Publicado en SISTEMA DIGITAL por Vicenç Navarro, 13 de mayo de 2011. En www.vnavarro.org, 13/05/2011)