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28.4.26

Paula White, empleada en la Casa Blanca como asesora principal de la Oficina de la Fe, a vende bendiciones divinas incluso a precios superiores a los 1.000 dólares... me ha sorprendido es que eso haya llamado la atención... Trump lo ha reconocido, que algunos de sus amigos y familiares han ganado miles de millones de dólares utilizando información privilegiada... Paula White no ha inventado nada... Lo escandaloso es que Paula White use como gancho comercial un texto sagrado dedicado, precisamente, a condenar todas aquellas acciones que habitualmente lleva a cabo su jefe... al libro del Éxodo, que dice "No angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto"... Trump ni siquiera sabe distinguir entre el Antiguo y el Nuevo Testamento... Pete Hegseth recitó una frase de la película Pulp Fiction como si fuese de la Biblia... Isabel Díaz Ayuso no sabe ni rezar el Padre Nuestro en los actos religiosos a los que va... Es una obra maestra del cinismo que ponen en práctica los líderes de la extrema derecha... Detrás de esas farsas no hay fe. Es pura escenografía. Es la religión utilizada una vez más como decorado del poder y Dios convertido en logotipo de una estrategia política que oculta su sustancia real: deportaciones masivas, guerra, humillación de los débiles, acumulación desenfrenada, y un desprecio sistemático por todo lo que las tradiciones religiosas han podido tener de bueno durante siglos... La ironía de la historia es que el único dirigente mundial que posiblemente ha censurado sus actos ilegales con más claridad, dignidad, determinación y valentía ha sido un líder religioso, el Papa León XIV (Juan Torres López)

 "Hace unas semanas se destapó un escándalo en ciertos ambientes de Washington. Paula White, telepredicadora evangelista y ahora empleada en la Casa Blanca, exactamente como asesora principal de la Oficina de la Fe, estaba vendiendo bendiciones divinas incluso a precios superiores a los 1.000 dólares.

Lo que a mí me ha sorprendido es que eso haya llamado la atención.

El jefe de White está vendiendo todo lo que tiene a su alcance. Se ha demostrado, y el propio Trump lo ha reconocido, que algunos de sus amigos y familiares han ganado miles de millones de dólares utilizando información privilegiada. Ha prometido construir resorts de lujo en la tierra robada al pueblo palestino, donde Israel, con su ayuda, ha cometido un genocidio. Si en el capitalismo todo puede convertirse en mercancía —la vivienda, la salud, incluso partes del cuerpo humano, o bebés—, lo sorprendente no puede ser que alguien venda bendiciones y otras gracias divinas. Paula White no ha inventado nada. ¿Por qué no podría vender la bendición de Dios que ofrece en la Casa Blanca? Bien mirado, hasta se podría considerar que reclamar unos cientos de dólares por ofrecer la gracia divina es una ganga.

Lo que a mí si me parecería más criticable es que a esta pastora evangélica se le haya escapado un pequeño detalle a la hora de justificar espiritualmente su oferta religioso-comercial.

Para legitimarla, la asesora espiritual de Donald Trump recurrió a pasajes de la Biblia y concretamente al libro del Éxodo que asegura larga vida, abundancia, herencia y un año especial de bendición a quien lleve una ofrenda de Pascua a la casa del Señor.

El pequeño detalle que olvida quien ejerce de guía espiritual de Donald Trump es que en ese libro se establecen igualmente otros preceptos: "No admitirás falso rumor (...) No seguirás a los muchos para hacer mal (...) De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos (...) No angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto".

Lo escandaloso es que Paula White use como gancho comercial un texto sagrado dedicado, precisamente, a condenar todas aquellas acciones que habitualmente lleva a cabo su jefe.

Puro teatro

Lo que estamos viendo en la Casa Blanca de la mano de los predicadores evangelistas multimillonarios no es un ejercicio más de hipocresía ordinaria. Es una obra maestra del cinismo que ponen en práctica los líderes de la extrema derecha en muchos países.

En 2015, cuando Trump ya era candidato presidencial y llevaba semanas proclamando que la Biblia era su libro favorito por encima de todo, un periodista le hizo una pregunta ingenua y sencilla: ¿Cuál es su versículo favorito? No supo responder y ni siquiera distinguir entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Cuando en otra ocasión, quizá ya advertido, se atrevió a citar un versículo eligió el del "ojo por ojo". Justo el que Jesucristo condenó expresamente en el Sermón de la Montaña. Cuando una cadena cristiana le preguntó que quién era Dios para él, Trump le respondió "Dios es lo máximo", y pasó enseguida a contar la forma en que había cerrado un gran acuerdo para construir un campo de golf.

Algo parecido le ocurre a otros altos miembros de su administración. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha protagonizado quizá el momento más ridículo y memorable. Quiso manifestar que impulsa guerra y la violencia por mandato divino y para ello recitó una frase especialmente sanguinaria como si fuese de la Biblia cuando, en realidad, forma parte del guión de la película Pulp Fiction de Quentin Tarantino.

En España tenemos algo parecido. Isabel Díaz Ayuso, se proclamó en su día no creyente, ahora -ya encumbrada como dirigente de la derecha extrema- dice serlo, pero no sabe ni rezar el Padre Nuestro en los actos religiosos a los que va.

Los partidos políticos españoles de derechas presumen de fe y defensa de la religión católica pero, persiguen a los inmigrantes y retiran ayudas a las organizaciones que llevan a cabo una ejemplar labor de ayuda a los empobrecidos. Defienden la privatización sanitaria que abandona a los más vulnerables, desprecian el derecho de asilo y abrazan el individualismo y la falsa meritocracias (el que triunfa es porque trabaja, el que fracasa es porque no se esfuerza) como si fuera un valor evangélico.

Lo que hay detrás

Detrás de todo ello hay algo que va más allá que simple hipocresía individual. Se hace uso político de la religión porque esta puede proporcionar legitimación moral que está por encima de cualquier cuestionamiento humano. Si una política de deportaciones masivas, de guerra, de privatizaciones y abandono de los más débiles responde a la voluntad de Dios o a la defensa de la civilización cristiana, no puede debatirse en términos políticos ordinarios, pues ningún ser justo puede oponerse a su voluntad suprema. Lo que se justifica como mandato divino deja de ser una opción entre otras para convertirse en una verdad de orden superior, ante la que no caben argumentos ni datos.

El negocio de las bendiciones a mil dólares no es una anécdota. Es el modelo en miniatura de toda la operación. En lugar de tomar y seguir los textos que hablan de justicia, de desterrados, de lágrimas sembradas en tierra ajena, de cuidar y proteger a los pobres, se vacía de su contenido ético a los textos sagrados. Se les da la vuelta y se les vende, literalmente hablando, haciendo creer que quien puede pagar, compra la gracia de Dios.

Un presidente que no sabe citar un versículo de la Biblia que dice ser su libro favorito se representa a sí mismo como Jesús. Su secretario de Guerra confunde la Biblia con un guión de Tarantino. La pastora se hace millonaria apoyándose en salmos que, en realidad, piden defender a quien su jefe deporta y asesina. La presidenta madrileña que no sabe ni una sola oración se presenta como abanderada de la civilización cristiana...

Detrás de esas farsas no hay fe. Es pura escenografía. Es la religión utilizada una vez más como decorado del poder y Dios convertido en logotipo de una estrategia política que oculta su sustancia real: deportaciones masivas, guerra, humillación de los débiles, acumulación desenfrenada, y un desprecio sistemático por todo lo que las tradiciones religiosas han podido tener de bueno durante siglos.

La ironía de la historia es que el único dirigente mundial que le ha dicho a Donald Trump que no le tiene miedo, y el que posiblemente ha censurado sus actos ilegales con más claridad, dignidad, determinación y valentía ha sido un líder religioso, el Papa León XIV. Un estadounidense que ha pasado cuatro décadas de su vida trabajando entre los pobres del Perú. No entre los poderosos, ni en los grandes despachos.

Claramente y sin tapujos, ha señalado y denunciado lo que Trump está provocando: "Demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe alzar la voz (...) No tengo miedo a Trump. Seguiré hablando contra la guerra (...) El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos".

Las palabras del Papa reconfortan a las gentes de bien, sea cual sea su credo o ideología, y son muy de agradecer. Ahora hace falta que actúe con semejante decisión y espíritu evangélico para poner orden en el seno de su propia Iglesia. Su larga historia de connivencia con el poder resulta difícil de ignorar porque aún no ha finalizado. La venta de indulgencias —el perdón de los pecados a cambio de dinero— que desencadenó la Reforma protestante en el siglo XVI es el antecedente exacto de lo que ahora hace Paula White. Y multitud de obispos y jerarcas católicos apoyan hoy día con toda naturalidad las políticas de Trump y de la extrema derecha que persiguen y maltratan a los inmigrantes y empobrecidos, recortan derechos sociales y abandonan a las personas y familias más vulnerables, defienden para sí privilegios medievales, o han hecho que la Iglesia se apropie, como en España, de miles de propiedades que no eran suyas."

(Juan Torres López, blog, 25/04/26) 

21.4.26

Trump, el Dios... La forma en que Trump se presenta a sí mismo como Jesús, o como alguien ungido por Jesús, es típica de los líderes de sectas... Todas las sectas son cultos a la personalidad. Son extensiones de los prejuicios, la visión del mundo, el estilo personal y las ideas del líder de la secta. Trump, con su falso «escudo de Trump», se deleita en un kitsch de mal gusto inspirado en Luis XVI, inundado de oro rococó y candelabros resplandecientes. Las mujeres de la corte de Trump tienen «rostros de Mar-a-Lago»... Los hombres de Trump, que a sus ojos deben ser telegénicos y parecer salidos de «Central Casting», visten como ejecutivos publicitarios de los años 50. Lucen zapatos negros Florsheim regalados por Trump... Las sectas se caracterizan por la pedofilia y el abuso sexual. Aquellos, incluido Trump, que se movían con frecuencia en el entorno del pedófilo Jeffrey Epstein, replicaron el abuso endémico en las sectas... Trump desestima la crisis climática como un engaño. Se retira unilateralmente de los acuerdos y tratados sobre armas nucleares. Se enfrenta a potencias nucleares, como Rusia y China. Inicia guerras de forma impetuosa. Alienaba e insulta a los aliados de EE. UU. Sueña con anexionar Groenlandia y Cuba. Aboga por una cruzada santa contra los musulmanes. Ataca a sus oponentes políticos tildándolos de enemigos y traidores, menospreciándolos con insultos groseros. Recorta los programas sociales diseñados para sostener a los más vulnerables. Amplía un aparato de seguridad interna —los matones enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)— para aterrorizar al público. Las sectas no nutren ni protegen. Subyugan, aniquilan y destruyen... No importa cuántas mentiras pronunciadas por Trump estén meticulosamente documentadas. No importa que Trump haya utilizado la presidencia para enriquecerse en unos 1.400 millones de dólares durante el último año, según Forbes. No importa que sea inepto, perezoso e ignorante. No importa que vaya dando tumbos de un desastre a otro, desde los aranceles hasta la guerra contra Irán... No hay salida a esta disfunción política a menos que surjan movimientos populares que paralicen la maquinaria del gobierno y el comercio en nombre de un público traicionado. Pero el tiempo se agota. Trump y sus secuaces se toman en serio la invalidación o la cancelación de las elecciones de mitad de mandato si perciben una derrota. Si eso ocurre, el culto a Trump será inexpugnable (Chris Hedges)

"Durante los dos años que pasé escribiendo «Fascistas estadounidenses: la derecha cristiana y la guerra contra Estados Unidos», me topé con numerosos mini-Trumps. Estos autoproclamados pastores —muy pocos tenían formación religiosa formal— se aprovechaban de la desesperación de sus feligreses. Estaban rodeados de aduladores y no se les podía cuestionar. Mezclaban realidad y ficción, propagaban el pensamiento mágico y se enriquecían a costa de sus seguidores. Afirmaban que su riqueza y su ostentoso estilo de vida, incluidas mansiones y jets privados, eran una señal de haber sido bendecidos. Insistían en que estaban inspirados divinamente y ungidos por Dios. Dentro de los círculos herméticos de sus megaiglesias, eran omnipotentes.

Estos pastores de sectas prometían utilizar su omnipotencia para aplastar las fuerzas demoníacas que habían causado miseria en las vidas de sus seguidores: desempleo y subempleo, desahucios, quiebras, pobreza, adicción, abuso sexual y doméstico, y una desesperación paralizante. Cuanto más poder poseen los líderes de las sectas —según sus seguidores—, más seguro es el paraíso prometido. Los líderes de las sectas están por encima de la ley. Aquellos que depositan desesperadamente su fe en ellos quieren que estén por encima de la ley.

Los líderes de las sectas son narcisistas. Exigen una adulación servil y una obediencia total. La afirmación del secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., de que Donald Trump es capaz de trazar un «mapa perfecto» de Oriente Medio, o la declaración de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, de que Trump es siempre «la persona más culta de la sala», son dos de los innumerables ejemplos de la servilismo abyecto que se exige a quienes forman parte del círculo íntimo de un líder de secta. La lealtad ciega importa más que la competencia.

Los líderes de sectas son inmunes a las críticas racionales y basadas en hechos por parte de quienes depositan su esperanza en ellos. Por eso los seguidores acérrimos de Trump no le han abandonado y no le abandonarán. Todo el parloteo sobre fisuras en el universo MAGA malinterpreta a los seguidores de la secta de Trump.

Todas las sectas son cultos a la personalidad. Son extensiones de los prejuicios, la visión del mundo, el estilo personal y las ideas del líder de la secta. Trump, con su falso «escudo de Trump», se deleita en un kitsch de mal gusto inspirado en Luis XVI, inundado de oro rococó y candelabros resplandecientes. Las mujeres de la corte de Trump tienen «rostros de Mar-a-Lago»: labios excesivamente inflados, piel tensa y sin arrugas, implantes mamarios rellenos de gel de silicona y pómulos marcados, rematados con montones de maquillaje. Llevan tacones de aguja y atuendos llamativos que a Trump le resultan atractivos. Los hombres de Trump, que a sus ojos deben ser telegénicos y parecer salidos de «Central Casting», visten como ejecutivos publicitarios de los años 50. Lucen zapatos negros Florsheim regalados por Trump, concretamente unos Oxfords Lexington Cap Toe de 145 dólares.

Las sectas imponen códigos de vestimenta que reflejan el estilo y el gusto del líder de la secta.

Los seguidores del gurú indio Bhagwan Shree Rajneesh, también conocido como Osho, vestían túnicas rojas y naranjas, a menudo combinadas con un jersey de cuello alto y collares de cuentas. Los miembros de Heaven’s Gate llevaban zapatillas Nike Decade y pantalones de chándal negros. Los hombres de la Iglesia de la Unificación, conocidos como «Moonies», vestían camisas blancas impecables y pantalones planchados. Las mujeres llevaban vestidos. Parecían como si se dirigieran a la escuela dominical.

Al igual que Jim Jones, quien convenció u obligó a más de 900 de sus seguidores —entre ellos 304 niños de 17 años o menos— a morir ingiriendo una bebida mezclada con cianuro, Trump está cortejando agresivamente nuestro suicidio colectivo.

Trump desestima la crisis climática como un engaño. Se retira unilateralmente de los acuerdos y tratados sobre armas nucleares. Se enfrenta a potencias nucleares, como Rusia y China. Inicia guerras de forma impetuosa. Alienaba e insulta a los aliados de EE. UU. Sueña con anexionar Groenlandia y Cuba. Aboga por una cruzada santa contra los musulmanes. Ataca a sus oponentes políticos tildándolos de enemigos y traidores, menospreciándolos con insultos groseros. Recorta los programas sociales diseñados para sostener a los más vulnerables. Amplía un aparato de seguridad interna —los matones enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)— para aterrorizar al público. Las sectas no nutren ni protegen. Subyugan, aniquilan y destruyen.

Trump emplea al ejército estadounidense sin supervisión ni restricciones. Por esta razón, preside lo que el psiquiatra Robert Jay Lifton denominó una «secta destructora del mundo». Lifton enumera ocho características de las «sectas destructoras del mundo» que implantan lo que él denomina «entornos totalitarios».

Estas ocho características son:

1. Control del entorno. El control total de la comunicación dentro del grupo.

2. Carga del lenguaje. El uso de un «lenguaje de grupo» para censurar, editar y acallar las críticas o las ideas contrarias. Los seguidores deben repetir los clichés sin sentido aprobados por Trump y la jerga de la secta.

3. Exigencia de pureza. Una visión del mundo basada en «nosotros contra ellos». Quienes se oponen al grupo están equivocados, son ignorantes y malvados. Son irremediables. Son contaminantes. Deben ser erradicados. Cualquier acción está justificada para proteger esta pureza. El objetivo de todos los líderes de sectas es ampliar y hacer irreconciliables las divisiones sociales.

4. Confesión: La confesión pública de errores pasados. En el caso de los partidarios de Trump, esto incluye el rechazo, como han hecho el vicepresidente de EE. UU. JD Vance y otros, de las críticas pasadas a Trump, con la admisión pública de su anterior pensamiento erróneo.

5. Manipulación mística. La creencia de que los miembros del grupo han sido elegidos especialmente para un propósito superior. Quienes se mueven en el entorno de Trump actúan como si fueran elegidos por la divinidad. Se convencen a sí mismos de que no se ven obligados a aceptar las mentiras y vulgaridades de Trump —o a repetir la jerga de la secta—, sino que lo hacen voluntariamente.

6. La doctrina por encima de la persona. La reescritura y la fabricación de la historia personal para ajustarse a la interpretación de la realidad de Trump.

7. Ciencia sagrada. Las absurdidades de Trump —que las temperaturas globales están descendiendo en lugar de subir, que el ruido de las turbinas eólicas provoca cáncer y que ingerir desinfectantes como el Lysol es un tratamiento eficaz contra el coronavirus— se presentan como basadas en la ciencia. Esta pátina científica implica que las ideas de Trump se aplican a todo el mundo. Quienes no están de acuerdo carecen de rigor científico.

8. La concesión de la existencia. Los no miembros son «seres inferiores o indignos». Una existencia significativa implica formar parte de la secta de Trump. Quienes están fuera de la secta carecen de valor. No merecen consideración moral.

Trump no difiere de los líderes de sectas del pasado, entre ellos Marshall Herff Applewhite y Bonnie Lu Nettles —los fundadores de la secta Heaven’s Gate—, el reverendo Sun Myung Moon —quien dirigió la Iglesia de la Unificación—, Credonia Mwerinde —quien dirigió el Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios en Uganda — Li Hongzhi —fundador de Falun Gong— y David Koresh, quien dirigió la secta de los Davidianos en Waco, Texas.

Los líderes de las sectas son profundamente inseguros, razón por la cual arremeten con furia ante la más mínima crítica. Enmascaran esta inseguridad con crueldad, hipermasculinidad y grandiosidad pomposa. Son paranoicos, amorales, emocionalmente lisiados y físicamente abusivos. Ellos, incluidos los niños, son objetos que deben ser manipulados para su enriquecimiento, disfrute y, a menudo, entretenimiento sádico.

Las sectas se caracterizan por la pedofilia y el abuso sexual. Aquellos, incluido Trump, que se movían con frecuencia en el entorno del pedófilo Jeffrey Epstein, replicaron el abuso endémico en las sectas.

«Los niños del Templo del Pueblo sufrían abusos sexuales con frecuencia», escribe Margaret Singer en «Cults In Our Midst: The Continuing Fight Against Their Hidden Menace». «Mientras el grupo aún se encontraba en California, chicas adolescentes de tan solo quince años tenían que mantener relaciones sexuales con personas influyentes a las que Jones cortejaba. Un supervisor de niños en Jonestown tenía antecedentes de abuso sexual infantil, y el propio Jones agredió a algunos de los niños. Si se sorprendía a maridos y mujeres hablando en privado durante una reunión, se obligaba a sus hijas a masturbarse en público o a mantener relaciones sexuales con alguien que no gustaba a la familia ante toda la población de Jonestown, tanto niños como adultos. »

Las sectas, escribe Singer, son «un espejo de lo que hay dentro del líder de la secta».

«No tiene ningún tipo de restricción», escribe sobre el líder de la secta:

Puede hacer realidad sus fantasías y deseos en el mundo que crea a su alrededor. Puede llevar a la gente a cumplir sus órdenes. Puede convertir el mundo que le rodea en su mundo. Lo que la mayoría de los líderes de sectas logran es similar a las fantasías de un niño que juega, creando un mundo con juguetes y utensilios. En ese mundo de juego, el niño se siente omnipotente y crea un reino propio durante unos minutos o unas horas. Mueve las muñecas de juguete. Ellos hacen lo que él les ordena. Le repiten sus propias palabras. Él las castiga como le plazca. Es todopoderoso y da vida a su fantasía. Cuando veo las mesas de arena y las colecciones de juguetes que algunos terapeutas infantiles tienen en sus consultorios, pienso que un líder de secta debe mirar a su alrededor y situar a las personas en el mundo que ha creado, de la misma manera que el niño crea en la mesa de arena un mundo que refleja sus deseos y fantasías. La diferencia es que el líder de secta cuenta con seres humanos reales que cumplen sus órdenes mientras construye a su alrededor un mundo que surge de su propia mente.

El lenguaje del líder de la secta se basa en la confusión verbal. Mentiras, teorías de la conspiración, ideas extravagantes y declaraciones contradictorias, a menudo expresadas en la misma frase o con solo unos minutos de diferencia, que paralizan a quienes intentan interpretar al líder de la secta de forma racional. El absurdo es el objetivo. El líder de la secta no se toma en serio sus propias declaraciones. A menudo niega haberlas hecho, aunque estén documentadas. Las mentiras y la verdad son irrelevantes. El líder de la secta no busca transmitir información ni la verdad. El líder de la secta busca apelar a las necesidades emocionales de los miembros de la secta.

«Hitler mantuvo a sus enemigos en un estado de confusión constante y agitación diplomática», escribió Joost A.M. Meerloo en «La violación de la mente: la psicología del control del pensamiento y el menticidio». «Nunca sabían qué iba a hacer a continuación ese loco impredecible. Hitler nunca fue lógico, porque sabía que eso era lo que se esperaba de él. A la lógica se le puede hacer frente con lógica, mientras que a la ilógica no: confunde a quienes piensan con claridad. La Gran Mentira y las tonterías repetidas monótonamente tienen más atractivo emocional en una guerra fría que la lógica y la razón. Mientras el enemigo sigue buscando un contraargumento razonable a la primera mentira, los totalitarios pueden atacarlo con otra».

No importa cuántas mentiras pronunciadas por Trump estén meticulosamente documentadas. No importa que Trump haya utilizado la presidencia para enriquecerse en unos 1.400 millones de dólares durante el último año, según Forbes. No importa que sea inepto, perezoso e ignorante. No importa que vaya dando tumbos de un desastre a otro, desde los aranceles hasta la guerra contra Irán.

El establishment tradicional, cuya credibilidad ha quedado destruida debido a su traición a la clase trabajadora y a su sumisión a la clase multimillonaria y a las grandes corporaciones, tiene poco poder sobre los seguidores de Trump. Su virulencia no hace más que aumentar su popularidad. Los cultos políticos son los hijos bastardos de un liberalismo fallido. La popularidad de Trump puede rondar el 40 %, a fecha de 20 de abril —según una media de múltiples encuestas recopiladas por The New York Times—, pero su base sigue siendo inquebrantable.

El Partido Demócrata, en lugar de dar un giro para abordar la desigualdad social y el abandono de la clase trabajadora —que él mismo ayudó a orquestar—, ha recurrido a los recortes fiscales como vía para recuperar el poder. Una vez más, reducirá nuestra crisis social, económica y política a la personalidad de Trump. No ofrecerá reformas para rectificar nuestra democracia fallida. Esto es un regalo para Trump y sus seguidores. Al negarse a reconocer la responsabilidad por la desigualdad y proponer programas para paliar el sufrimiento que ha causado, los demócratas caen en el mismo tipo de pensamiento mágico que los seguidores de Trump.

No hay salida a esta disfunción política a menos que surjan movimientos populares que paralicen la maquinaria del gobierno y el comercio en nombre de un público traicionado. Pero el tiempo se agota. Trump y sus secuaces se toman en serio la invalidación o la cancelación de las elecciones de mitad de mandato si perciben una derrota. Si eso ocurre, el culto a Trump será inexpugnable."

(Chris Hedges , blog, 20/04/26, traducción DEEPL) 

18.4.26

El Papa León XIV advirtió que "el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos"... y condenó públicamente a los líderes mundiales que utilizan la religión para justificar la guerra... "Cualquiera que sea discípulo de Cristo, el Príncipe de la Paz, nunca está del lado de quienes una vez empuñaron la espada y hoy lanzan bombas"... "¡Ay de aquellos que manipulan la religión y el nombre mismo de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, arrastrando lo sagrado a la oscuridad y la inmundicia!" (POLITICO)

 "El Papa León XIV advirtió el jueves que "el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos", intensificando su guerra de palabras con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Si bien el papa estadounidense no nombró a Trump directamente, condenó públicamente a los líderes mundiales que utilizan la religión para justificar la guerra.

"¡Ay de aquellos que manipulan la religión y el nombre mismo de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, arrastrando lo sagrado a la oscuridad y la inmundicia!", dijo León a una reunión en la Catedral de San José en Bamenda, Camerún, el cuarto día de su peregrinación a cuatro países africanos.

Miembros de la administración Trump han presentado la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán como una cruzada religiosa. El mes pasado, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó que las tropas que participaban en la operación estaban protegidas por "la providencia de nuestro Dios todopoderoso". El jueves citó erróneamente un versículo bíblico al describir el rescate de un piloto derribado, comparó a los periodistas con los fariseos hipócritas de la Biblia y dijo que las tropas estadounidenses estaban luchando "en nombre de Jesucristo".

Las referencias religiosas han molestado al papa, que ha sido uno de los opositores más vocales de la guerra.

"Dios no bendice ningún conflicto", escribió el pontífice en X a principios de este mes. "Cualquiera que sea discípulo de Cristo, el Príncipe de la Paz, nunca está del lado de quienes una vez empuñaron la espada y hoy lanzan bombas".

Trump arremetió contra el papa el domingo pasado, cuando recurrió a Truth Social para calificar a León como "débil" en materia de delincuencia y "terrible" en política exterior.

El pontífice respondió diciendo a los periodistas que viajaban con él en el avión papal el lunes que no tenía "miedo a la administración Trump", ni intención de dejar de difundir el "mensaje del evangelio, como pacificador".

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance —quien se convirtió al catolicismo en 2019— intervino en la disputa el martes, advirtiendo a Leo que "tenga cuidado" al discutir teología. También invocó la doctrina religiosa, incluyendo "una tradición de 1.000 años de la teoría de la guerra justa".

La conferencia de obispos estadounidenses emitió rápidamente un comunicado refutando los comentarios del vicepresidente, afirmando que para ser "una guerra justa, debe ser una defensa contra otro que declara activamente la guerra". 

Hannah Roberts  , POLITICO, 16/04/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

16.4.26

Trump, “crucificado” en nombre de la escatología... los tambores de la guerra religiosa podrían resonar nuevamente en Washington en medio del proceso de sacralización de la política estadounidense... la televangelista Paula White-Cain, "consejera espiritual" de Donald Trump trazó paralelos directos entre los desafíos enfrentados por el Presidente de EE. UU. y el recorrido de Cristo... afirmó que Trump fue “traicionado, detenido y falsamente acusado”, describiendo un “patrón familiar” al vivido por Cristo. Y concluyó con un mensaje de victoria: “Tal como Él venció, tú también vencerás”... Para los predicadores evangélicos, la intervención militar constituye una “liberación espiritual” de Irán, un cumplimiento de las profecías bíblicas, y Israel surge como la representación de un pueblo apoyado por Dios contra las fuerzas del Mal... En este sentido, esta corriente del denominado sionismo cristiano relaciona los conflictos contemporáneos de Oriente Medio con las profecías que anuncian el fin de los tiempos. Apoyar a Israel no se ha convertido solo en una opción geopolítica, también en un acto destinado a cumplir el plan divino... y se desató una lucha sin cuartel contra la secularización de la sociedad... Este "resurgimiento" está íntimamente asociado al reciente movimiento de los llamados "cristianos carismáticos" que frecuentan los pasillos del poder... al revelar el "Mandato de las Siete Montañas", Paula White aclaró que los cristianos están convocados a dirigir siete instituciones decisivas de la sociedad: familia, iglesia, educación, medios, artes, empresas y gobierno... Una evolución del protestantismo norteamericano también fomentada por las redes sociales. En Florida, los canales religiosos son hoy más numerosos que los deportivos... En esta perspectiva, la política exterior estadounidense puede ser interpretada como una etapa insertada en el drama de la escatología, del "fin de los tiempos" y de la "segunda venida de Cristo". La guerra se convierte en uno de los acontecimientos posibles para el cumplimiento de la historia divina, del anunciado regreso del Salvador. La teología fundamentalista se convierte en institucional (Pedro Caldeira Rodrigues)

 "A principios de abril, durante una reunión privada en la Casa Blanca en periodo de Pascua, la televangelista Paula White-Cain, "consejera espiritual" de Donald Trump y que lo acompaña desde hace años, trazó paralelos directos entre los desafíos enfrentados por el Presidente de EE. UU. y el recorrido de Cristo.

"Jesús nos mostró que una gran transformación exige un gran sacrificio", afirmó. Y dirigiéndose al Presidente, añadió: “Nadie pagó el precio como usted pagó. Casi le costó la vida".

La comparación fue aún más lejos. Paula White afirmó que Trump fue “traicionado, detenido y falsamente acusado”, describiendo un “patrón familiar” al vivido por Cristo. Y concluyó con un mensaje de victoria: “Tal como Él venció, tú también vencerás.”

Trump reaccionó con un simple "gracias" en este momento simbólico, sonriendo ante el aplauso de la audiencia, donde también se encontraba el pastor Tom Mullins. Pero la comparación de Trump con Jesús suscitó reacciones inmediatas provenientes de sectores opositores o del propio clero, con acusaciones de “blasfemia” e “insanidad”, pero de poco efecto práctico.

En su mensaje pascual, en plena agresión militar ilegal de EE. UU. e Israel contra Irán, y dirigiéndose a los “millones de cristianos”, el propio Trump había acentuado el tono: “Por lo que Jesús hizo en la cruz, todos nosotros podemos vivir cada día con esperanza en la promesa de Dios, sabiendo que, al final, el mal y la maldad no prevalecerán.” En espíritu de alegría y renovación en esta Pascua también celebramos el extraordinario renacimiento de la fe y la religión en América. Como ya he dicho muchas veces, para ser una gran nación es necesario tener religión y es necesario tener a Dios."

Cerca de un mes antes, el 5 de marzo de 2026, aproximadamente una semana después del inicio de los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán y otras regiones del Medio Oriente, Trump recibía en su Despacho Oval a 20 pastores evangélicos. Rezarón juntos por el Presidente y por los militares en acción en Oriente Medio, y Tom Mullins pidió a Dios que proteja a las fuerzas militares estadounidenses y conceda al Presidente "la sabiduría venida del cielo".

Pocas semanas después, el mismo Tom Mullins precisará los objetivos del movimiento en el mediático encuentro en la Casa Blanca, antes de la criticada intervención de Paula White: la defensa de Israel. Para los predicadores evangélicos, la intervención militar constituye una “liberación espiritual” de Irán, un cumplimiento de las profecías bíblicas, y Israel surge como la representación de un pueblo apoyado por Dios contra las fuerzas del Mal.

En este sentido, esta corriente del denominado sionismo cristiano relaciona los conflictos contemporáneos de Oriente Medio con las profecías que anuncian el fin de los tiempos. Apoyar a Israel no se ha convertido solo en una opción geopolítica, también en un acto destinado a cumplir el plan divino.

La "identidad cristiana" de EE. UU.

En su combate contra el “régimen Biden marxista” – abusiva referencia a su antecesor Joe Biden – y en favor de los “cristianos perseguidos”, la nueva administración republicano-trumpista colocó la religión en el centro del combate político, pero centrada más en una cuestión de “identidad” que de fe. Trump y sus pastores evangélicos invocaron e invocan la lucha por el "alma de América", una definición de la identidad de los EE. UU.

Durante un mitin en Virginia durante la campaña presidencial de 2024, que implicó su regreso a la Casa Blanca, Trump declaró: “Vamos a perseguir a los globalistas, a los comunistas, a los marxistas y a los fascistas, y a rechazar a la clase política enferma que odia nuestro país”.

De inmediato, se desató una lucha sin cuartel contra la secularización de la sociedad, el aborto, el matrimonio homosexual, los derechos de las minorías en general, en particular de los inmigrantes. Y la emergencia de una "mayoría moral", como ya defendía Ronald Reagan.

 Este "resurgimiento" está íntimamente asociado al reciente movimiento de los llamados "cristianos carismáticos" que frecuentan los pasillos del poder. La evangelista y consejera espiritual Paula White está en el origen del Consejo Nacional de Religión junto con Lance Wallnau, autor del libro "El candidato del caos de Dios: Donald Trump".

La particularidad de los cristianos carismáticos se revela por su proceso de conquista de poder político en los EE. UU. Trump es un "elegido de Dios". Y al revelar el "Mandato de las Siete Montañas", Paula White aclaró que los cristianos están convocados a dirigir siete instituciones decisivas de la sociedad: familia, iglesia, educación, medios, artes, empresas y gobierno.

Antes de su muerte, el teólogo Charles Peter Wagner, uno de los inspiradores de este movimiento nacionalista cristiano con creciente aceptación en el Partido Republicano, lo definió como “el cambio más radical desde la Reforma protestante”. Una evolución del protestantismo norteamericano también fomentada por las redes sociales. En Florida, los canales religiosos son hoy más numerosos que los deportivos.

Una derecha redefinida por el trumpismo, como el Proyecto 2025 de la fundación Heritage, en el que el lugar de la religión constituye una ruptura en la historia estadounidense, una “revolución por la República americana”.

La deriva ya había sido acentuada por el movimiento cosmopolita QAnon – en particular en los tiempos de la pandemia de covid en 2020, con el creciente uso de las redes sociales – y en la declaración de principios sobre Dios y Religión divulgada en 2022 por el movimiento NatCon (National Conservatism Conference, enfocado en la ‘soberanía nacional y los valores tradicionales’), por el cual la religión debe dejar de pertenecer únicamente al dominio de la esfera privada: “Donde existe una mayoría cristiana, la vida pública debe enraizarse en el cristianismo y en su visión moral, que debe ser respetada por el Estado y las otras instituciones públicas y privadas”.

Pete Hegseth, un "cruzado" en nombre de la "hegemonía cristiana"

La imposición de una visión guerrera y centrada en Cristo, que viola el principio de la neutralidad del Estado y el respeto a la diversidad religiosa en el seno de las Fuerzas Armadas, se inscribe en un proceso que se ha desarrollado durante algunas décadas pero que ha surgido en una “relación transaccional”, por la cual la derecha evangélica necesita el apoyo de Trump, y se apoya en él para hacer avanzar su agenda.

En este escenario, una figura ha merecido un lugar de particular destaque: el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, de 45 años, quien cambió el nombre de su ministerio a Ministerio de la Guerra, y que ve en las cruzadas medievales un modelo en su batalla contra la izquierda y el Islam.

Nacionalista cristiano, Hegseth es uno de los principales impulsores de la connotación religiosa impuesta al conflicto con Irán. En 2020, en su libro "Cruzada americana: nuestra lucha para permanecer libres" (American Crusade: Our Fight to Stay Free), se define como un "cruzado" de los tiempos modernos involucrado en una batalla existencial para salvar el "alma" de los EE. UU.

Y consideró a Trump el más cualificado para conducir este combate contra los enemigos internos (la "izquierda radical") y externos, el Islam. Uno de los capítulos se titula "Make the Crusade Great Again" (Hagamos que la Cruzada sea grande de nuevo).

Antiguo periodista de Fox News, extremista evangélico e inspirado por la ideología de extrema derecha de la "gran sustitución", pone la religión en primer plano. A principios de marzo, poco después de los primeros ataques de EE. UU. e Israel a Irán, dijo: "Nuestras capacidades son superiores." La providencia de nuestro todopoderoso Dios protege a nuestras tropas y estamos decididos a concluir esta misión. The USA is fighting religious fanatics who seek to obtain the nuclear weapon for a religious Armageddon. En estos momentos, los militares necesitan una conexión con su Dios.

En diciembre de 2024, tras el anuncio de su nombramiento como secretario de Defensa en la nueva administración Trump, el New York Times revelaba que Pete Hegseth consideraba las cruzadas medievales como “un modelo para nuestra época”.

"Al adoptar en los últimos años una concepción combativa del cristianismo, escribió que aquellos que disfrutan de los beneficios de la civilización occidental deberían agradecer una cruzada", escribió el diario.

Un proselitismo reforzado tras la guerra contra Irán, un país musulmán y de predominio chiita. En una oración junto a Douglas Wilson el 25 de marzo, rezó para que las tropas estadounidenses promovieran “una acción de aplastante violencia contra quienes no merecen ninguna piedad”. "Pedimos esto con confianza inquebrantable, en nombre del poderoso y glorioso Jesucristo".

Desde el verano de 2025, Pete Hegseth instituyó en el Pentágono sesiones de oración mensuales, todas presididas por pastores evangélicos. En general, oraciones provenientes de la Biblia, en particular del Antiguo Testamento, donde se apela al juicio de Dios contra sus enemigos.

Una perspectiva de hegemonía cristiana, potencialmente a escala mundial. Un movimiento que busca instaurar un "reino de Dios" en la tierra. Adepto del dominionismo (del pastor neocalvinista Douglas Wilson, fundador de la Communion of Reformed Evangelical Churches, CREC), "teoría" que considera la democracia una herejía, que debe ser sustituida por un orden teocrático patriarcal.

Pete Hegseth es un "cruzado vivo", como intenta demostrar con sus tatuajes. En el pecho la cruz de Jerusalén, símbolo del reino latino de Jerusalén fundado tras la primera cruzada en 1099. En el brazo, "Deus vult" (Dios lo quiere), el "grito de guerra" de los cruzados.

Las tatuajes fueron explicadas por el propio: "Cuando estaba realizando una serie para Fox Nation, di una entrevista mientras era tatuado por el único tatuador de Belén (Palestina ocupada). Me tatuó Yehweh, que significa Jesús en hebreo. También tengo en mi antebrazo un Benjamin Franklin, más precisamente una caricatura política de la década de 1760. Se trata de la serpiente Join or Die (Únanse o mueran). Tengo aún tatuado Deus Vult (Dios quiere) en el músculo del brazo, que era el grito de guerra de los cruzados. Tengo una gran bandera con el AR-15 que usé en Irak. Después, en mi hombro, tengo el emblema de la unidad con la que serví en Irak. Mi pecho está completamente cubierto con una cruz de Jerusalén. Israel, el cristianismo y mi fe son cosas que me son profundamente queridas".

Sacralización de la política…

La más reciente escalada militar de EE. UU. contra Irán –definido como una República islámica teocrática– se inscribe en un campo simbólico y religioso donde tradiciones teológicas, narrativas identitarias y diversos imaginarios contribuyen a legitimar, contestar o reinterpretar la violencia de las armas.

Así, los partidarios en EE. UU. de la intervención contra Irán (junto con el régimen de Israel), recurrieron con frecuencia al registro religioso: sacralización del liderazgo político de EE. UU., escenario religioso de la guerra, visión apocalíptica del actual conflicto en diversos sectores militares, justificaciones bíblicas por diversos medios cristianos proisraelíes. Se acentuó la componente religiosa del conflicto y se glorificó la construcción mesiánica de una nación.

Este imaginario político-religioso ha sido propagado por los teólogos y líderes fundamentalistas de la “Nueva Reforma Apostólica”, un movimiento relativamente reciente que se afirma como la verdadera restauración del poder espiritual cristiano y donde los acontecimientos son interpretados y profetizados como señales divinas.

Y sus líderes – Paula White es una de sus exponentes – presentan a Trump como un actor providencial insertado en la historia de la salvación y en una tipología bíblica basada en la figura del rey David, elegido por Dios a pesar de los defectos personales. Una justificación que sirve para todo… Así, Trump es insertado en un enfoque providencialista, presentándose como “El Elegido” a través de una elección divina.

Una radicalización religiosa que tiene reflejos en Israel con el ascenso del Kahanismo, junto a los signos de creciente crisis interna y fractura social, comunes a los dos países aliados.

Esta ideología religiosa sionista se basa en los principios del rabino Meir Kahane (1932-1990), fundador de la Liga de Defensa Judía y del partido político Kach, extinto en 1994, defensor de la erradicación de la población árabe-palestina de Israel y de la expansión colonial.

En 2004 fue prohibido por el gobierno israelí y el Departamento de Estado de EE. UU. lo incluyó en la lista de organizaciones terroristas extranjeras. Fue retirado de esta lista en 2022 por "pruebas insuficientes" a pesar de seguir siendo "proscripto". Su sucesor, el kahanista Otzma Yehudit, aseguró seis diputados en las legislativas de 2022 e integra el actual Gobierno de Israel.

El discurso de Trump se ha adaptado a este enfoque cristiano sionista, que se basa en un lenguaje apocalíptico. En un discurso en julio de 2024, sugirió una "transformación radical" del orden político estadounidense, en consonancia con la tradición fundamentalista milenarista, que interpreta la historia contemporánea como el preludio de una confrontación entre el Bien y el Mal.

Sus declaraciones después del atentado del 13 de julio de 2024, cuando fue herido en la oreja derecha, también fueron esclarecedoras: “Salvado por Dios” para impedir el “declive de América”.

… y de la acción militar

En esta perspectiva, la política exterior estadounidense puede ser interpretada como una etapa insertada en el drama de la escatología, del "fin de los tiempos" y de la "segunda venida de Cristo". La guerra se convierte en uno de los acontecimientos posibles para el cumplimiento de la historia divina, del anunciado regreso del Salvador. La teología fundamentalista se convierte en institucional.

La decisión militar se convierte en objeto de oración pública, que asocia la acción presidencial con la interferencia pastoral. Una acción militar de gran envergadura mantenida por una nación "protegida por Dios", una guerra que disfruta de protección divina.

El 7 de febrero de 2025, Trump había anunciado un "Gabinete de la Fe" en la Casa Blanca ya asignado a Paula White, y esta articulación entre poder político, retórica religiosa y símbolos nacionales contribuye a sacralizar la acción militar.

Una sacralización de la guerra que también se extiende a diversos segmentos del aparato militar. La retórica cristiana radical para justificar la agresión contra Irán se ha instalado, con varios oficiales explicando a los soldados que el conflicto se inserta en un “plan divino de Dios”, originando cientos de manifestaciones de reprobo.

Según un oficial subalterno, un comandante habría afirmado: “El Presidente Trump fue designado por Dios para iniciar en Irán el fuego que provocará el ‘Armagedón’”. Una conexión explícita entre la intervención militar y la batalla escatológica del "Armagedón" descrita en el Libro del Apocalipsis atribuido al apóstol Juan.

Los críticos de este enfoque consideran que el aumento del extremismo religioso en las Fuerzas Armadas de EE. UU. constituye una clara violación del principio de separación entre Iglesia y Estado, y se ha intensificado el debate en el Ejército estadounidense sobre el lugar del nacionalismo cristiano en las instituciones militares.

 La sistemática sacralización proisraelí ha suscitado, además, efectos paradójicos a través de una polarización extrema: la legitimación teológica de la intervención y una radicalización antisemita en ciertos sectores del campo antiguerra.

Diversos segmentos de la extrema derecha en EE. UU. adoptaron un discurso cosmopolita y antisemita. Parte del MAGA (Make America Great Again, la ‘base social’ del trumpismo y proaislacionista), acusó al Gobierno de promover una guerra por cuenta de Israel. Y Nick Fuentes, representante de la corriente Groyper y de la "alt-right", denunció una política exterior dominada por intereses israelíes.

Diversas iglesias protestantes moderadas y responsables católicos en los EE. UU. también se pronunciaron contra la guerra ilegal de EE. UU. e Israel. Y algunas de las críticas más incisivas provinieron del Vaticano, donde un estadounidense ejerce el pontificado, y cuando aumenta la contestación de la movilización de lo sagrado al servicio de la guerra.

"Hoy podemos (…) sentir en las cenizas que nos son impuestas el peso de un mundo en llamas, de ciudades enteras destruidas por la guerra: las cenizas del derecho internacional y de la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas enteros y de la concordia entre las personas, las cenizas del pensamiento crítico y de antiguas sabidurías locales, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que habita en cada criatura", mencionó el Papa León XIV en una homilía pascual." 

(Pedro Caldeira Rodrigues , Esquerda, 13/04/26, traducción Quillbot)

15.4.26

Blasfemia al estilo estadounidense... Trump se ha erigido en presidente con poderes divinos, demasiado ignorante para comprender que se ha convertido en un líder supremo estadounidense y que ha transformado a los Estados Unidos en una teocracia cristiana... Los presidentes pueden practicar su fe como individuos. Pero los presidentes no pueden defender su propia religión por encima de todas las demás. Y, dado que no puede haber una religión oficial del Estado, los presidentes no pueden actuar como si estuvieran imbuidos de un significado religioso por derecho propio... En más de una ocasión, Donald Trump ha reunido a grupos para debatir diversos temas, solo para que cada reunión terminara con los miembros rodeando al presidente, colocando sus manos sobre él y rezando, como si el propio Trump fuera el conducto entre el hombre en la Tierra y Dios. Y ahora tenemos la imagen de Trump como si fuera Cristo... Donald Trump es un ignorante en materia religiosa... Y, sin embargo, se burla abiertamente del islam e insulta al jefe de la Iglesia católica romana, como si él, Donald Trump, fuera el árbitro definitivo de todo lo relacionado con la religión y la fe... Al vincularse a sí mismo, un presidente en ejercicio, con Cristo, Trump ha creado la noción de una figura religiosa suprema —un líder supremo estadounidense, por así decirlo—, que posee la autoridad absoluta y la tutela sobre todos los asuntos públicos, incluyendo el gobierno de los estados y todos los asuntos religiosos. Esta es precisamente la noción de Velâyat-e Faqih, o «La tutela del jurista islámico», tal y como se establece en la Constitución iraní y que sirve como principio rector fundamental de la República Islámica de Irán. La ironía de que Donald Trump se esté erigiendo como el líder supremo de una entidad teocrática estadounidense pasa desapercibida para la mayor parte de la base política de Trump... las personas de verdadera fe ven a Trump como el «blasfemo en jefe»... Somos una nación que ha perdido el contacto con nuestros valores fundamentales, liderada por un narcisista maligno que ha creado un culto a la personalidad que amenaza a toda América y a todo el mundo (Scott Ritter)

 "Donald J. Trump es el 47.º presidente de los Estados Unidos; anteriormente ocupó el cargo de 45.º presidente de los Estados Unidos.

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Menciono este último dato solo para señalar que sus acciones durante el transcurso del actual mandato no son las de un neófito, sino más bien las de alguien que ha ocupado el cargo anteriormente y que, como tal, debería estar familiarizado con todos los aspectos de los deberes y responsabilidades que conlleva el cargo, especialmente aquellos que se derivan de las facultades conferidas a la Presidencia por la Constitución de los Estados Unidos, a la cual Trump juró lealtad en dos ocasiones distintas.

Este historial debe tenerse en cuenta a la hora de evaluar la decisión de Donald Trump de publicar el pasado domingo una imagen generada por IA de sí mismo como un personaje similar a Cristo, con sugerencias de luz divina y la capacidad de curar a los enfermos y heridos mediante la imposición de manos.

El presidente eliminó la publicación menos de 24 horas después, tras recibir críticas de los seguidores cristianos que, hasta ese momento, se habían alineado firmemente con el bando de Trump y el movimiento «Make America Great Again» (MAGA).

Pero el motivo de «Trump como Cristo» fue un paso demasiado lejos incluso para estos seguidores fanáticos.

Al eliminar la publicación, Trump espera que el asunto se olvide, como tantos otros pasos en falso que ha cometido a lo largo del tiempo.

Lo que ocurre con Donald Trump es que nunca se le hace rendir cuentas por el fondo de sus actos, sino que se le permite presentar estos tropiezos como bromas inofensivas, ignorando la psicosis subyacente que sustenta el acto y el narcisismo maligno que impulsa a un hombre que ocupa el cargo más poderoso del mundo a buscar constantemente llamar la atención sobre sí mismo, en lugar de sobre el pueblo, la nación y la Constitución a los que ostensiblemente sirve.

La publicación por parte de Trump de su imagen inspirada en Cristo también pone de relieve hasta qué punto carece de una comprensión apreciable del papel de la fe y la religión tanto en la fundación de los Estados Unidos como en la forma en que nos comportamos colectivamente como nación.

Los Artículos Federalistas, ampliamente aceptados como la explicación autorizada del pensamiento de los Padres Fundadores sobre cómo debía funcionar (y por qué) el nuevo gobierno que estaban estableciendo a través de la Constitución que estaban redactando, constituyen el fundamento intelectual de todas las cuestiones relativas a quién y qué es el colectivo conocido como los Estados Unidos de América. Redactados por tres hombres (James Madison, Alexander Hamilton y John Jay) que publicaron bajo el seudónimo de Publius, los Artículos Federalistas siguen siendo la fuente de referencia en cuanto a la intención que subyace al contenido constitucional que hace de Estados Unidos lo que es hoy.

En cuanto al papel de Dios en la configuración de los Estados Unidos, James Madison señaló que «la creencia en un Dios todopoderoso, sabio y bueno es tan esencial para el orden moral del mundo y para la felicidad del hombre que los argumentos que la respaldan no pueden extraerse de demasiadas fuentes», añadiendo que el cristianismo era «la mejor y más pura religión». Dios, creía Madison, desempeñó un papel en la configuración de la nueva nación. «Es imposible que un hombre de piadosa reflexión», escribió, «no perciba en ello un dedo de esa mano Todopoderosa, que se ha extendido con tanta frecuencia y de manera tan notable para socorrernos en las etapas críticas de la Revolución».

Por su parte, Alexander Hamilton creía que Dios era la fuente última de toda libertad humana, señalando que «los derechos sagrados de la humanidad no deben buscarse entre viejos pergaminos o registros mohosos. Están escritos como con un rayo de sol, en todo el volumen de la naturaleza humana, por la mano de la propia divinidad; y nunca podrán ser borrados u oscurecidos por el poder mortal».

John Jay, quien ocupó el cargo de primer presidente del Tribunal Supremo, creía que «la Biblia es el mejor de todos los libros, pues es la palabra de Dios y nos enseña el camino para ser felices en este mundo y en el venidero. Por lo tanto, sigan leyéndola y regulen su vida según sus preceptos».

Estos eran hombres de fe profunda y inquebrantable, que creían que existía una conexión directa entre la inspiración divina y el nacimiento de los Estados Unidos como una tierra donde la libertad era un derecho inalienable otorgado no por el hombre, sino por Dios.

En ningún momento ninguno de estos hombres, ni ninguno de sus contemporáneos, por cierto, se habría erigido en encarnación de la segunda venida de Cristo.

Aunque la Constitución redactada por Madison, Hamilton, Jay y otros fue posteriormente enmendada, en forma de la Carta de Derechos, para proteger el establecimiento de la religión y su libre ejercicio frente a la injerencia legislativa, la noción de un muro que separara la Iglesia del Estado no surgió hasta 1802, cuando el presidente Thomas Jefferson, en respuesta a una carta de la Asociación Bautista de Danbury, en Connecticut, en la que la congregación temía por su libertad religiosa ante las medidas emprendidas entonces por el Estado de Connecticut —que, según la congregación de Danbury, trataban la práctica de su fe no como un derecho inalienable, sino como un privilegio que el Estado podía revocar a su antojo—.

En una carta a los bautistas de Danbury, Jefferson declaró que «la religión es un asunto que atañe únicamente al hombre y a su Dios, que no debe rendir cuentas a nadie más por su fe o su culto, que los poderes legislativos del gobierno se extienden únicamente a las acciones, y no a las opiniones».

A continuación, Jefferson vinculó esta creencia fundamental a la Constitución, manifestando su «soberana reverencia» por el pueblo estadounidense que, a través de la Primera Enmienda de la Constitución, declaró que su legislatura no debía «promulgar ninguna ley que establezca una religión o que prohíba el libre ejercicio de la misma, erigiendo así un muro de separación entre la Iglesia y el Estado».

Un «muro entre la Iglesia y el Estado».

El credo de Jefferson se ha convertido en la filosofía fundamental en lo que respecta a la práctica de la religión en los Estados Unidos.

Los presidentes pueden practicar su fe como individuos.

Pero los presidentes no pueden defender su propia religión por encima de todas las demás.

Y, dado que no puede haber una religión oficial del Estado, los presidentes no pueden actuar como si estuvieran imbuidos de un significado religioso por derecho propio.

En más de una ocasión, Donald Trump ha reunido a grupos para debatir diversos temas, solo para que cada reunión terminara con los miembros rodeando al presidente, colocando sus manos sobre él y rezando, como si el propio Trump fuera el conducto entre el hombre en la Tierra y Dios.

Y ahora tenemos la imagen de Trump como si fuera Cristo.

Donald Trump es un ignorante en materia religiosa.

Carece de conocimientos básicos sobre las enseñanzas de Jesús o sobre el Antiguo Testamento.

Es tan ignorante como el día es largo en lo que respecta al islam y al judaísmo, las otras religiones monoteístas junto con el cristianismo.

Y, sin embargo, se burla abiertamente del islam e insulta al jefe de la Iglesia católica romana, como si él, Donald Trump, fuera el árbitro definitivo de todo lo relacionado con la religión y la fe.

Pero la realidad es que Donald Trump es un insulto viviente a la religión y la fe, cuyo comportamiento se burla abiertamente de las comunidades religiosas y de los principios constitucionales sobre los que se fundó Estados Unidos.

Al vincularse a sí mismo, un presidente en ejercicio, con Cristo, Trump ha creado la noción de una figura religiosa suprema —un líder supremo estadounidense, por así decirlo—, que posee la autoridad absoluta y la tutela sobre todos los asuntos públicos, incluyendo el gobierno de los estados y todos los asuntos religiosos.

Esta es precisamente la noción de Velâyat-e Faqih, o «La tutela del jurista islámico», tal y como se establece en la Constitución iraní y que sirve como principio rector fundamental de la República Islámica de Irán.

La ironía de que Donald Trump se esté erigiendo como el líder supremo de una entidad teocrática estadounidense pasa desapercibida para la mayor parte de la base política de Trump, incluidos aquellos líderes cristianos evangélicos que se ofendieron por su imaginería cristocéntrica.

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Pero no pasa desapercibida para las personas de verdadera fe, ya residan en Estados Unidos o en cualquier parte del mundo, que ven a Trump como el «blasfemo en jefe».

Y su desprecio por los principios constitucionales que definen la nación que ostensiblemente lidera es igualmente obvio para cualquiera que posea un mínimo de conocimiento sobre la Constitución de Estados Unidos y el nacimiento de nuestra nación.

En los próximos meses, Estados Unidos se acercará al 250.º aniversario del nacimiento de nuestra nación.

La presencia de Donald Trump en la Casa Blanca se burla de los mismos principios que motivaron a los firmantes de la Declaración de Independencia y guiaron a nuestros Padres Fundadores mientras redactaban la Constitución, que sirve de fundamento a todo lo que esta nación representa.

Estos valores son exactamente lo contrario de lo que defiende el líder supremo Trump.

Somos una nación que ha perdido el contacto con nuestros valores fundamentales, liderada por un narcisista maligno que ha creado un culto a la personalidad que amenaza a toda América y a todo el mundo." 

(Scott Ritter , blog, 13/04/26, traducción DEEPL) 

Timothy Snyder: Vance no cree que la moralidad sea una esfera autónoma de la vida en absoluto; solo los tontos piensan eso, en su mundo... Lo que él quiere decir con la palabra "moralidad" es propaganda de alguna institución religiosa que justifica el mundo tal como es, incluyendo su propio poder personal y su corrupción... considera su grotesca invocación de Dios hace solo el otro día en Budapest como una razón por la que los húngaros deben votar por Orbán... para Vance, la tarea de un papa debería ser ceñirse a la "moralidad", en el sentido propagandístico... desde esta perspectiva, un cristiano genuino como Leo, que realmente cree en Dios y en predicar la ética de Jesús, es intolerable

 Timothy Snyder @TimothyDSnyder

1/5. Quiero intentar amplificar este punto: Vance no cree que la moralidad sea una esfera autónoma de la vida en absoluto; solo los tontos piensan eso, en su mundo.

 2/5. Lo que él quiere decir con la palabra "moralidad" es propaganda de alguna institución religiosa que justifica el mundo tal como es, incluyendo su propio poder personal y su corrupción.

 3/5. Todo el punto de la noción de Dios de Vance es justificar la oligarquía fascista — considera su grotesca invocación de Dios hace solo el otro día en Budapest como una razón por la que los húngaros deben votar por Orbán.

 4/5. Desde esta perspectiva, un cristiano genuino como Leo, que realmente cree en Dios y en predicar la ética de Jesús, es intolerable.

 5/5. Para Vance, la tarea de un papa debería ser ceñirse a la "moralidad", en el sentido propagandístico especial de sacar clichés de sonido religioso para justificar el statu quo en nombre de los poderosos y ricos.

(Traducido del inglés por google)

4:25 p. m. · 14 abr. 2026 ·75,7 mil Visualizaciones

13.4.26

El papa León, horas después de las críticas de Trump, dice que ‘no le temo’... El papa León XIV dijo el lunes que no tenía miedo del gobierno de Donald Trump, horas después de que el presidente de Estados Unidos arremetiera contra el pontífice en las redes sociales... dijo: “No le temo al gobierno de Trump, ni a hablar en voz alta del mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí”... Los comentarios de León se produjeron tras el extenso ataque de Trump al papa el domingo por la noche, en el que el presidente acusó al pontífice de ser “débil ante el crimen” y de “complacer a la izquierda radical”... El papa ha criticado los ataques del presidente Trump contra Irán y se distanció de los esfuerzos de Pete Hegseth, secretario de Defensa, por presentar la campaña estadounidense-israelí contra Irán como una misión cristiana (Motoko Rich, The New York Times)

"El papa León XIV dijo el lunes que no tenía miedo del gobierno de Donald Trump, horas después de que el presidente de Estados Unidos arremetiera contra el pontífice en las redes sociales.

León, en declaraciones a los periodistas en un vuelo a Argelia antes de una gira de 10 días por varias naciones africanas, dijo: “No le temo al gobierno de Trump, ni a hablar en voz alta del mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí”. Al preguntarle directamente por los comentarios de Trump en Truth Social, el papa respondió: “Es irónico: el propio nombre del sitio. No se diga más”.

Los comentarios de León se produjeron tras el extenso ataque de Trump al papa el domingo por la noche, en el que el presidente acusó al pontífice de ser “débil ante el crimen” y de “complacer a la izquierda radical”. Trump también dijo que León, el primer papa estadounidense, debería “concentrarse en ser un Gran Papa, no un Político”.

Las tensiones entre ambos líderes han aumentado en las últimas semanas. El papa ha criticado los ataques del presidente Trump contra Irán y ha parecido distanciarse de los esfuerzos de Pete Hegseth, secretario de Defensa, por presentar la campaña estadounidense-israelí contra Irán como una misión cristiana.

El lunes, el papa León afirmó que seguiría oponiéndose públicamente a la guerra, al tiempo que restó importancia a la idea de que estuviera enzarzado en una disputa directa con Trump.

“Las cosas que digo no pretenden ser ataques contra nadie”, dijo León a los periodistas.

Y añadió: “No considero que mi papel sea político, de un político. No quiero entrar en un debate con él. No creo que se deba abusar del mensaje del Evangelio del modo en que lo están haciendo algunas personas”.

El papa respondió a las preguntas durante un vuelo de dos horas de Roma a Argel el lunes, y habló con los periodistas que lo acompañaban en su gira por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.

Añadió: “Seguiré hablando alto y claro contra la guerra, tratando de promover la paz, fomentando el diálogo y las relaciones multilaterales entre los Estados para buscar soluciones justas a los problemas. Demasiadas personas sufren en el mundo hoy. Demasiados inocentes están siendo asesinados. Y creo que alguien tiene que alzar la voz y decir que hay una mejor manera”.

( , The New York Times, 13/04/26) 

10.4.26

Washington presiona al Vaticano y agita el fantasma de un cisma... De cara a la opinión pública, los hombres de Donald Trump invocan a Dios para justificar sus guerras. Entre bastidores, en cambio, habrían llegado a amenazar al Vaticano con un cisma por no haber ofrecido una cobertura moral a las acciones del presidente... La presión se habría completado con la evocación de una especie de cisma “avignonés”. Una referencia histórica a cuando la cristiandad se dividió entre dos papas, uno en Roma y otro en Aviñón, apoyados por distintas potencias políticas... La irritación de la Casa Blanca habría estallado tras el discurso del Papa ante el cuerpo diplomático el pasado 9 de enero, centrado en la paz... bajo la columnata de la plaza de San Pedro crece el malestar por las continuas invocaciones a Dios en los mensajes belicistas procedentes de Estados Unidos, y la referencia a un “cisma” no se percibe como un episodio aislado (Francesco Olivo, La Vanguardia)

 "De cara a la opinión pública, los hombres de Donald Trump invocan a Dios para justificar sus guerras. Entre bastidores, en cambio, habrían llegado a amenazar al Vaticano con un cisma por no haber ofrecido una cobertura moral a las acciones del presidente.

El episodio, revelado por la publicación estadounidense Free Press, que cita fuentes de la Santa Sede, se remonta al pasado mes de enero. El cardenal Christophe Pierre, entonces embajador del Papa León XIV en Estados Unidos, fue convocado al Pentágono por el subsecretario Elbridge Colby. Durante el encuentro, Colby y sus colaboradores habrían transmitido al diplomático vaticano, en tonos muy duros, este mensaje: Estados Unidos es tan fuerte que puede hacer “lo que quiera” y la Iglesia haría bien en alinearse con su posición.

La presión se habría completado con la evocación de una especie de cisma “avignonés”. Una referencia histórica al siglo XIV, cuando la cristiandad se dividió entre dos papas, uno en Roma y otro en Aviñón, apoyados por distintas potencias políticas, en una fractura que reflejaba el choque entre intereses religiosos y geopolíticos.

La revelación. Según la publicación Free Press, el Pentágono amenazó a la Santa Sede para que se alineara en un encuentro tenso en el que se evocó un cisma “avignonés”

El Pentágono ha confirmado el encuentro, pero considera la reconstrucción “fuertemente exagerada y distorsionada”. En un comunicado ha asegurado que se trató de un intercambio “respetuoso y razonable” y ha subrayado su voluntad de mantener un diálogo constante con la Santa Sede. Este jueves el embajador de Estados Unidos ante el Vaticano, Brian Burch, se reunió con el exnuncio Pierre. Por la noche, la embajada difundió un mensaje en redes sociales en el que se afirma que el cardenal habría “desmentido categóricamente la versión de los medios sobre su encuentro con Colby”, describiéndolo como “franco, pero muy cordial” y un “encuentro normal”. Una desmentida que llega tras muchas horas y, sobre todo, de manera indirecta.

En el Vaticano evitan comentarios directos y remiten a las últimas posiciones del Papa, que evidencian una distancia no solo ética, sino también política con Washington. Más allá de los detalles del encuentro, bajo la columnata de la plaza de San Pedro crece el malestar por las continuas invocaciones a Dios en los mensajes belicistas procedentes de Estados Unidos, y la referencia a un “cisma” no se percibe como un episodio aislado.

La irritación de la Casa Blanca habría estallado tras el discurso del Papa ante el cuerpo diplomático el pasado 9 de enero, centrado en la paz. El pasaje que menos gustó en Washington fue la denuncia de que una diplomacia basada en el diálogo y el consenso está siendo sustituida por otra “basada en la fuerza”.

En los últimos días, el Pontífice, nacido en Chicago, ha ido elevando progresivamente el tono. El martes por la noche, ante la residencia de Castel Gandolfo, no se limitó a calificar de “inaceptable” la amenaza de destruir una civilización, sino que añadió un llamamiento directo a los ciudadanos estadounidenses para que se movilicen y digan a sus representantes: “Queremos la paz”. Un gesto nada menor a pocos meses de las elecciones de medio mandato.

La relación con Trump. León XIV declina asistir al 4 de julio en EE.UU. y opta por Lampedusa, en un gesto con fuerte carga política

Desde el Domingo de Ramos y durante toda la Semana Santa, León XIV ha insistido en su denuncia contra los líderes que desencadenan guerras. En la misa crismal del Jueves Santo afirmó que la crucifixión de Jesús interrumpió “la ocupación imperial del mundo”, en referencia al Imperio romano de Poncio Pilato, pero con un eco evidente en el presente.

Al día siguiente, durante el Vía Crucis en el Coliseo, el Papa leyó las palabras del ex Custodio de Tierra Santa, Francesco Patton: “Toda autoridad debe responder ante Dios por el poder de iniciar una guerra o de terminarla”. Una idea reiterada en Pascua: “Quien tiene el poder de desencadenar guerras, elija la paz”.

No son apelaciones nuevas, pero esta vez el eco de las palabras del jefe de la Iglesia católica ha llegado con fuerza al otro lado del Atlántico, junto a otros mensajes más sutiles, como la decisión de no aceptar la invitación de Donald Trump para las celebraciones del 4 de julio. Un día en el que, además, el Pontífice estará en la isla de Lampedusa para denunciar el escándalo de las tragedias en el Mediterráneo.

El prudente alivio por la tregua se ve ya acompañado por la preocupación por Líbano, un asunto que estará en el centro del encuentro de este viernes en el Vaticano con Emmanuel Macron.

La Santa Sede evita comentar, pero subraya las posiciones cada vez más firmes del Papa

Este jueves el Papa ha recibido a monseñor Gabriele Giordano Caccia, nuevo nuncio en Estados Unidos, y también a David M. Axelrod, principal estratega del expresidente Barack Obama. “Encuentros ya previstos en la agenda y sin relación con el artículo sobre el encuentro en el Pentágono”, aclara la Sala de Prensa vaticana. Pero la agenda estadounidense sigue siendo especialmente intensa.

A esta línea se suma también el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, que en una entrevista ha denunciado el “doble rasero” de la diplomacia internacional: muchos gobiernos se han indignado por los ataques contra civiles ucranianos, imponiendo sanciones a los agresores, pero no se puede decir que esa misma indignación se haya aplicado con igual fuerza a la destrucción de Gaza."

( , La Vanguardia, 09/04/26) 

31.3.26

Antonio De Lauri, Christian Michelsen Institute: Una de las características más preocupantes de la política de la era Trump es que ha normalizado una forma de absolutismo religioso, especialmente en su variante sionista cristiana, como base legítima para la política pública... aunque muchos cristianos estadounidenses rechazan el sionismo cristiano y se oponen a la sacralización de la guerra y la ocupación... a la convergencia del trumpismo, el poder evangélico, el cristianismo militarizado y una agenda pro-Israel incondicional que trata cada vez más la expansión territorial y la dominación permanente como moralmente justas, incluso divinamente sancionadas... El sionismo cristiano no es una característica decorativa del trumpismo; es uno de los lenguajes morales a través del cual el poder se justifica a sí mismo. Santifica la jerarquía, reformula la ocupación como pacto y convierte la guerra en destino... Una vez que las reclamaciones territoriales se vuelven bíblicas y la fuerza militar se envuelve en simbolismo sagrado, el debate político se vuelve más difícil, el compromiso se convierte en pecado y la dominación comienza a disfrazarse de fe. El ritual de la "imposición de manos" en la Oficina Oval el 5 de marzo de 2026, durante el cual destacadas figuras evangélicas se reunieron alrededor de Donald Trump, colocando sus manos sobre sus hombros y brazos mientras oraban por él, personifica esta convergencia. No es simplemente una muestra de devoción personal, sino una representación performativa de la teología política: un momento en el que la autoridad espiritual y el poder ejecutivo se fusionan, reforzando la idea de que el liderazgo político en sí mismo está divinamente sancionado

"Una de las características más preocupantes de la política de la era Trump no es simplemente el nacionalismo, el estilo autoritario o el desprecio por las instituciones. Es la medida en que grandes partes de la administración y su ecosistema circundante han normalizado una forma de absolutismo religioso, especialmente en su variante sionista cristiana, como base legítima para la política pública. Esto es más claramente visible en relación con Israel-Palestina, donde las afirmaciones bíblicas, la imaginación apocalíptica y la retórica civilizacional se filtran cada vez más en el lenguaje estatal, el cabildeo y la diplomacia.

Esta no es una historia sobre la religión en la política en el sentido amplio. La política estadounidense siempre ha estado saturada de religión. Tampoco es una historia sobre los cristianos estadounidenses como tales, muchos de los cuales rechazan el sionismo cristiano y se oponen a la sacralización de la guerra y la ocupación. Es, más bien, una historia sobre una formación ideológica específica: la convergencia del trumpismo, el poder evangélico, el cristianismo militarizado y una agenda pro-Israel incondicional que trata cada vez más la expansión territorial y la dominación permanente como moralmente justas, incluso divinamente sancionadas.

Consideremos a Pete Hegseth, que ahora se desempeña como secretario de defensa de Estados Unidos. Sus tatuajes incluyen tanto "Deus Vult" (el lema medieval de los cruzados que significa "Dios lo quiere") como la Cruz de Jerusalén, un símbolo con una larga historia cristiana que también ha sido adoptado por algunos grupos de extrema derecha como emblema de la lucha por la "civilización occidental". El simbolismo importa, especialmente cuando se alinea con una cosmovisión más amplia. El comentario público de Hegseth ha empleado durante mucho tiempo un lenguaje con tintes de cruzada y ha presentado la política en términos civilizacionales. En un entorno político ya inclinado a enmarcar el conflicto como existencial y redentor, tales imágenes no son meramente ornamentales. Señala un universo moral en el que la fuerza puede ser imaginada como un deber sagrado.

Luego está Paula White-Cain, la asesora espiritual de Trump desde hace mucho tiempo, que ahora se desempeña como asesora principal de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, creada en febrero de 2025. White no es una pastora marginal que ofrece asesoramiento privado; es un actor institucional en el centro del alcance religioso de la administración. Su prominencia ilustra cómo el liderazgo evangélico carismático se ha incorporado directamente al poder ejecutivo. Cualquiera que sea la diversidad interna que exista dentro del evangelicalismo, el papel de White proporciona acceso formal y legitimidad simbólica a un bloque religioso-político que ha hecho del apoyo inquebrantable a Israel un elemento central de su vocabulario moral.

Ese bloque tiene fuerza organizativa. Cristianos Unidos por Israel (CUFI) se describe a sí misma como la organización pro-Israel más grande de los Estados Unidos, con más de 10 millones de miembros. Presenta su misión en términos explícitamente activistas: educar y movilizar a los cristianos "con una sola voz en defensa de Israel y el pueblo judío". CUFI no es simplemente un grupo de electores; es una infraestructura masiva para traducir la creencia profética en presión de cabildeo. Cuando las narrativas bíblicas se convierten en influencia política organizada a esta escala, dan forma al rango de lo que los funcionarios electos pueden decir y hacer.

El Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC) es diferente, pero no menos importante. Es una importante organización de cabildeo pro-Israel que desempeña un papel clave en la configuración de la relación entre Estados Unidos e Israel. Su cosmovisión es más convencionalmente estratégica que teológica. Sin embargo, en la práctica, las agendas de grupos como AIPAC a menudo convergen con las de las redes sionistas cristianas, produciendo un campo político estadounidense en el que los costos de apoyar la ocupación israelí, la expansión de los asentamientos o las reivindicaciones territoriales maximalistas se reducen drásticamente. La teología y el cabildeo no son idénticos, pero son políticamente complementarios.

 La propia arquitectura institucional de la administración refuerza esta tendencia. En febrero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva creando el Grupo de Trabajo para Erradicar el Sesgo Anticristiano, liderado por la Fiscal General Pam Bondi. Sobre el papel, la iniciativa se presenta como una protección a los cristianos contra la discriminación. En la práctica, tales movimientos corren el riesgo de profundizar una política de agravio y excepcionalismo cristianos, presentando al Estado como el guardián de una fe mayoritaria supuestamente asediada justo en el momento en que el lenguaje nacionalista cristiano se está afianzando más en el poder público.

La retórica se vuelve aún más clara en el caso de Elise Stefanik. Durante su audiencia de confirmación de enero de 2025 para el puesto de la ONU, Stefanik respaldó la afirmación de que Israel tiene un "derecho bíblico" a Cisjordania. La importancia no reside solo en la propia observación, sino en lo que revela: una disposición a desplazar el derecho internacional, la diplomacia y los derechos políticos palestinos con una escritura sagrada. Aunque su nominación fue retirada posteriormente, la declaración sigue siendo políticamente reveladora.

Mike Huckabee, ahora embajador de Estados Unidos en Israel, ha encarnado durante mucho tiempo esta misma lógica. Se le describe ampliamente como un firme partidario evangélico de Israel y un defensor de larga data de los asentamientos judíos en Cisjordania ocupada. Su política no es simplemente "pro-Israel"; está arraigada en una lectura teológica de la tierra, la soberanía y la historia que se alinea estrechamente con el sionismo cristiano. Esa cosmovisión reduce el espacio para cualquier política basada en la igualdad, el derecho internacional o la genuina autodeterminación palestina.

Esta alineación se ve claramente reforzada por la relación con el liderazgo político israelí. Si bien Benjamín Netanyahu se ha involucrado estratégicamente con audiencias evangélicas y redes sionistas cristianas, no está solo. Figuras extremistas como Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir se han basado explícitamente en justificaciones religiosas para articular sus reclamos territoriales y deshumanizar a los palestinos. Esto no implica una simple superposición ideológica con el sionismo cristiano estadounidense, sino que destaca una convergencia creciente en la que las narrativas teológicas y los intereses estatales se cruzan, reforzando mutuamente un entorno político donde las ideologías extremistas y las políticas militares adquieren legitimidad tanto estratégica como simbólica.

Crucialmente, este marco ideológico no se limita a Israel-Palestina. Se extiende a imaginarios geopolíticos más amplios, incluyendo la guerra en Irán, donde segmentos del mismo ecosistema evangélico interpretan el conflicto a través de lentes apocalípticos y civilizacionales. En tales narrativas, la confrontación geopolítica no es meramente estratégica, sino parte de una lucha más amplia y divinamente ordenada. El efecto es erosionar aún más el espacio para la diplomacia, replanteando la guerra como destino en lugar de como una elección política contingente y evitable.

En el centro de esta configuración se encuentra el propio Donald Trump. Trump no es un actor religioso convencional, ni articula consistentemente una cosmovisión teológica coherente. Su relación con la religión ha sido en gran medida instrumental y políticamente orientada, más que doctrinal. Es precisamente este pragmatismo lo que ha permitido una alineación particularmente efectiva con los votantes sionistas cristianos. El enfoque de Trump hacia Israel ha combinado el cálculo estratégico con gestos simbólicos que tienen una profunda resonancia teológica para sus partidarios evangélicos. Decisiones como el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, el reconocimiento de la soberanía israelí sobre territorios disputados y la constante evitación de presionar sobre la expansión de los asentamientos no han sido enmarcadas en términos explícitamente religiosos por el propio Trump. Sin embargo, han sido interpretados fácilmente dentro de un marco sionista cristiano como afirmaciones de la promesa bíblica y el cumplimiento profético, en línea con la visión del "Gran Israel". La importancia de Trump reside menos en la creencia personal que en el cálculo político: ha traducido un conjunto de expectativas con tintes religiosos en cambios concretos de política, manteniendo al mismo tiempo la suficiente ambigüedad para que estos compromisos sean legibles tanto como opciones estratégicas como imperativos morales.

 Tomadas en conjunto, estas cifras e instituciones revelan un patrón más profundo. El sionismo cristiano no es una característica decorativa del trumpismo; es uno de los lenguajes morales a través del cual el poder se justifica a sí mismo. Santifica la jerarquía, reformula la ocupación como pacto y convierte la guerra en destino. Su extensión más allá de Israel-Palestina hacia escenarios de conflicto más amplios subraya los riesgos de permitir que el absolutismo teológico moldee la política estatal.

Su peligro reside precisamente en esta fusión de trascendencia y política. Una vez que las reclamaciones territoriales se vuelven bíblicas y la fuerza militar se envuelve en simbolismo sagrado, el debate político se vuelve más difícil, el compromiso se convierte en pecado y la dominación comienza a disfrazarse de fe. El ritual de la "imposición de manos" en la Oficina Oval el 5 de marzo de 2026, durante el cual destacadas figuras evangélicas se reunieron alrededor de Donald Trump, colocando sus manos sobre sus hombros y brazos mientras oraban por él, personifica esta convergencia. No es simplemente una muestra de devoción personal, sino una representación performativa de la teología política: un momento en el que la autoridad espiritual y el poder ejecutivo se fusionan, reforzando la idea de que el liderazgo político en sí mismo está divinamente sancionado y que la acción estatal puede ser dotada de legitimidad sagrada." 

(Antonio De Lauri, focaal blog, 27/03/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

León XIV: "Este es nuestro Dios, Jesús, Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra... No escucha las oraciones de los que hacen la guerra, sino que las rechaza, diciendo: 'Aunque hagan muchas oraciones, no las escucharé: sus manos están llenas de sangre'"... las palabras del Papa León sirven como un crudo recordatorio de que cierta autoridad religiosa y moral puede responsabilizar a los líderes cuando la conveniencia política ignora el costo humano... porque otra corriente más oscura del cristianismo está alimentando activamente las llamas de la guerra. Decenas de comandantes militares estadounidenses supuestamente han enmarcado el ataque de Trump contra Irán como una misión mesiánica, invocando retórica apocalíptica para justificar el derramamiento de sangre... esta teología del fin de los tiempos transforma a los soldados comunes en creyentes en un mandato divino para la violencia, convirtiendo las decisiones estratégicas en ensayos para un final bíblico... mientras una rama del cristianismo predica la paz, otra está utilizando la fe misma como arma para racionalizar la destrucción, un cisma moral que subraya hasta qué punto la política ha distorsionado la religión al servicio de la ambición imperial, ¿qué camino prevalecerá: el mensaje de paz, amor y armonía, o la lógica apocalíptica del fin de los tiempos que parece guiar a nuestros líderes hoy en día? (Joshua Scheer)

 "A medida que aumentan las tensiones con Irán, el Papa León XIV utilizó la misa del Domingo de Ramos de este año para lanzar una aguda reprimenda moral, una que cae directamente en el escenario político. Hablando en la Catedral de San Pancrazio en Albano Laziale, Italia, el Papa dejó claro que Jesús no es una figura que deba ser cooptada para justificar la guerra.

Escribiendo en X.com

"Este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra", declaró el Papa, invocando las Escrituras para condenar la violencia y la manipulación de la fe con fines políticos. "No escucha las oraciones de los que hacen la guerra, sino que las rechaza, diciendo: 'Aunque hagan muchas oraciones, no las escucharé: sus manos están llenas de sangre'" (Is 1:15).

El sermón llega en un momento particularmente explosivo. Mientras el expresidente Donald Trump se prepara para un posible ataque terrestre contra Irán, según informes, los analistas advierten que Estados Unidos se precipita hacia un fracaso predecible, uno que era esperado por todos menos por el idiota, el títere fascista que tenemos actualmente en la Casa Blanca. "El problema de Trump es que, independientemente de las afirmaciones que pueda hacer sobre el daño a la capacidad nuclear y militar de Irán, que es sustancial, el régimen sobrevive, la economía internacional se ha visto gravemente interrumpida y las facturas siguen llegando", dice un experto que sigue la escalada.

El discurso del Domingo de Ramos también señala un rechazo cultural más amplio contra las narrativas belicistas, especialmente aquellas que buscan encubrir políticas violentas con la retórica de la rectitud. Al denunciar la guerra como fundamentalmente incompatible con las enseñanzas de Jesús, el Papa León no solo está desafiando las acciones de un solo líder, sino también los sistemas que permiten ciclos repetidos de conflicto bajo la apariencia de interés nacional.

Para los observadores de la política exterior estadounidense, el sermón del Papa es más que un mensaje espiritual: es un espejo moral que refleja las consecuencias de un camino definido cada vez más por la agresión, la interrupción económica y el compromiso ético.

Los críticos dicen que el sermón destaca una creciente desconexión moral entre la clase política y las normas éticas globales. En un momento en que las acciones militares estadounidenses en el extranjero están bajo un escrutinio cada vez mayor, desde acusaciones de uso de minas terrestres en Irán hasta extralimitación militar interna, las palabras del Papa León sirven como un crudo recordatorio de que cierta autoridad religiosa y moral puede responsabilizar a los líderes cuando la conveniencia política ignora el costo humano.

Porque mientras el Papa León XIV pide la paz, otra corriente más oscura del cristianismo está alimentando activamente las llamas de la guerra. Decenas de comandantes militares estadounidenses supuestamente han enmarcado el ataque de Trump contra Irán como una misión mesiánica, invocando retórica apocalíptica para justificar el derramamiento de sangre. Según las quejas presentadas ante la Fundación para la Libertad Religiosa Militar, a algunos oficiales se les dijo que Trump ha sido "ungido por Jesús para encender la hoguera de señales en Irán, provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra". El secretario de Guerra Pete Hegseth, un nacionalista evangélico declarado, ha remodelado el liderazgo militar para reflejar esta visión del mundo extremista. Los críticos advierten que esta teología del fin de los tiempos transforma a los soldados comunes en creyentes en un mandato divino para la violencia, convirtiendo las decisiones estratégicas en ensayos para un final bíblico. En efecto, mientras una rama del cristianismo predica la paz, otra está utilizando la fe misma como arma para racionalizar la destrucción, un cisma moral que subraya hasta qué punto la política ha distorsionado la religión al servicio de la ambición imperial.

La idea de que Trump de alguna manera está trayendo el Armagedón con esta guerra no es solo un parloteo marginal en las redes sociales, sino que está arraigada en informes serios. Según las quejas presentadas ante la Fundación para la Libertad Religiosa Militar, los comandantes militares supuestamente han dicho a las tropas estadounidenses que "el presidente Trump ha sido ungido por Jesús para encender la hoguera de señales en Irán, provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra". La fundación afirma que más de 200 miembros del servicio de todas las fuerzas armadas informaron de una retórica apocalíptica similar relacionada con la guerra de Irán.

Entonces, ¿qué camino prevalecerá: el mensaje de paz, amor y armonía, o la lógica apocalíptica del fin de los tiempos que parece guiar a nuestros líderes hoy en día? Mientras escribo esto, la elección se siente urgente. Insto a los lectores a conectarse con grupos que ayudan activamente a las personas, a abogar por la rendición de cuentas y a rezar para que los líderes que impulsan esta locura sean removidos del poder, tal vez dejando el verdadero Armagedón reservado para aquellos en la cima."

(Joshua Scheer, Scheer Post, 30/03/26, traducción Quillbot, 


Cousas veredes... El vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance, dice estar “obsesionado” por los ovnis y proclama que los extraterrestes son “demonios” y “seres celestiales”

 "El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, ha sido foco de titulares este fin de semana tras su reciente aparición en el pódcast del conservador Benny Johnson, donde prometió investigar los expedientes clasificados sobre ovnis y a los que calificó de “demonios” y “seres celestiales”.

”Todavía me quedan tres años como vicepresidente. Llegaré al fondo de los expedientes”, aseguró Vance, confesando su “obsesión” por el tema.

El vicepresidente justificaba así una polémica iniciada meses atrás, cuando Barack Obama avivó el interés público al afirmar que los extraterrestres “son reales, pero no los he visto”. Donald Trump no tardó en responder y acusó a su predecesor demócrata de revelar información clasificada y prometió desclasificar los archivos conocidos como fenómenos anómalos no identificados (UAP, en inglés), aunque admitió desconocer su veracidad.

Sin embargo, Vance, que es muy religioso y seguidor del fenómeno de los platillos volantes, elevó la cuestión de los extraterrestres a un debate teológico mucho más amplio. “No creo que sean extraterrestres, creo que son demonios, pero ese es un debate más largo” y agregó que “uno de los grandes engaños del diablo es convencer a la gente de que nunca existió”, argumentó en la entrevista. (...)"                  (La Vanguardia, 30/03/26)

17.3.26

La cuestión que hoy se plantea es si el liderazgo político y militar occidental está comenzando a operar bajo una lógica religiosa... cuando la guerra se presenta como un mandato divino, el enemigo deja de ser un adversario político y pasa a encarnar el mal absoluto... el mundo podría encontrarse ante un tipo de conflicto radicalmente distinto, ante una guerra escatológica, interpretada por algunos de sus protagonistas como el preludio del fin de la historia... inquietante es la penetración de estas ideas dentro del propio aparato militar... Para estos sectores, el enfrentamiento con Irán no sería una simple confrontación estratégica, sino parte del plan divino que conduciría al Armagedón, la batalla final descrita en la tradición bíblica... El concepto de Armagedón ocupa un lugar central en esa cosmovisión. Según ciertas corrientes del sionismo cristiano, el conflicto definitivo en Oriente Medio precedería a la segunda venida de Cristo... En ese contexto adquiere una importancia simbólica extraordinaria la Mezquita AlAqsa, uno de los lugares más sagrados del islam y situado en el recinto donde antiguamente se alzaba el Segundo Templo de Jerusalén. Para sectores ultranacionalistas religiosos en Israel y para algunos movimientos cristianos fundamentalistas en Estados Unidos, la destrucción de la mezquita y la construcción del llamado Tercer Templo formarían parte del cumplimiento de las profecías bíblicas... En un escenario así, conceptos como interés nacional o equilibrio de poder pierden su centralidad. Para los creyentes en esa narrativa apocalíptica, el objetivo no es la victoria militar ni la estabilidad geopolítica, sino la aceleración de los acontecimientos que conducirían al fin de los tiempos. La guerra se convierte entonces en un fin en sí mismo: una herramienta necesaria para precipitar el cumplimiento de las profecías (Eduardo Luque)

"DEUS LO VULT”: LA DIMENSIÓN RELIGIOSA DE LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO

“Deus lo vult” —Dios lo quiere— fue el grito que recorrió Europa cuando en 1095 el papa Urbano II llamó a la Primera Cruzada. Aquella consigna, invocada por multitudes convencidas de combatir en nombre de Dios, sintetizaba la lógica de una guerra en la que la política, el territorio y el poder aparentaban servir a la fe de Cristo. Casi un milenio después, el eco de aquel grito parece reaparecer en el discurso de ciertos sectores del poder occidental. No se trata solo de un conflicto geopolítico en Oriente Medio: cada vez con mayor claridad, se pretenden ocultar los intereses espurios de esta guerra bajo el manto de la ética religiosa. Estamos asistiendo a una nueva forma de guerra de religión.

Durante años, los análisis dominantes han interpretado los conflictos en Oriente Medio y en otros lugares en términos estratégicos: control energético, hegemonía regional, rivalidades entre potencias, cambios de régimen…. Sin embargo, esa lectura puede resultar insuficiente para comprender una dimensión más profunda y perturbadora. Para determinados sectores ideológicos en Estados Unidos, la guerra no sería únicamente un instrumento político, sino que se vendería como parte de un imaginario que interpreta los acontecimientos históricos como episodios de una narración bíblica. En ese marco, el conflicto con Irán adquiere una significación especial. No solo porque el país persa representa uno de los centros espirituales del islam chií, cuya autoridad religiosa se encarnaba en figuras como Ali Jamenei, sino porque algunos discursos dentro de círculos políticos y militares estadounidenses lo presentan como un enfrentamiento civilizatorio entre el cristianismo y el islam. En esa interpretación, la guerra deja de ser un medio racional para alcanzar objetivos políticos y se convierte en una lucha sagrada.

Las declaraciones públicas de ciertos dirigentes vinculados al poder estadounidense reflejan esa mentalidad. El actual secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha justificado bombardeos y operaciones militares con un lenguaje que trasciende el cálculo estratégico, describiendo la guerra en términos de destrucción total del enemigo. Se jacta del sufrimiento que provoca: “Tendrán muerte y destrucción desde el cielo día y noche”… “Esta nunca ha pretendido ser una lucha justa, y no está siendo una lucha justa. Les estamos golpeando mientras están en la lona, que es exactamente como debe ser”. Por su parte, la telepredicadora Paula White, asesora espiritual en la Casa Blanca en esta administración, no duda en utilizar un lenguaje apocalíptico al referirse a los conflictos internacionales, invocando la victoria divina frente a los enemigos. “golpear, golpear, golpear, golpear, golpear…. Contra todo enemigo que se alce del suelo, tú nos darás la victoria Dios, oigo el sonido de la victoria….”

Más inquietante aún es la penetración de estas ideas dentro del propio aparato militar. Organizaciones dedicadas a preservar la neutralidad religiosa en las fuerzas armadas estadounidenses como la “Fundación para la libertad religiosa en el ejército” han denunciado durante años la presencia creciente de corrientes evangelistas radicales que interpretan la política exterior en clave apocalíptica. Para estos sectores, el enfrentamiento con Irán no sería una simple confrontación estratégica, sino parte del plan divino que conduciría al Armagedón, la batalla final descrita en la tradición bíblica.

El concepto de Armagedón ocupa un lugar central en esa cosmovisión. Según ciertas corrientes del sionismo cristiano, el conflicto definitivo en Oriente Medio precedería a la segunda venida de Cristo. Paradójicamente, en esa narrativa los judíos desempeñarían un papel instrumental: la existencia de Israel y la reconstrucción del templo de Jerusalén serían condiciones necesarias para desencadenar los acontecimientos profetizados. En ese contexto adquiere una importancia simbólica extraordinaria la Mezquita AlAqsa, uno de los lugares más sagrados del islam y situado en el recinto donde antiguamente se alzaba el Segundo Templo de Jerusalén. Para sectores ultranacionalistas religiosos en Israel y para algunos movimientos cristianos fundamentalistas en Estados Unidos, la destrucción de la mezquita y la construcción del llamado Tercer Templo formarían parte del cumplimiento de las profecías bíblicas.

Este escenario alimenta temores que, aunque puedan parecer extremos, no son del todo infundados. Entre analistas y observadores internacionales existe la preocupación de que un incidente —por ejemplo un ataque de falsa bandera atribuido a Irán— pudiera justificar una escalada religiosa de dimensiones imprevisibles. La destrucción de Al-Aqsa sería percibida por el mundo musulmán como una agresión intolerable, desencadenando un conflicto de alcance global.

La gravedad del problema reside en que, bajo esta lógica, la guerra deja de obedecer a los principios racionales que han guiado tradicionalmente el pensamiento estratégico.

Desde Carl von Clausewitz sabemos que la guerra ha sido entendida como “la continuación de la política por otros medios”. Pero si quienes toman decisiones interpretan el conflicto como un mandato divino, ese principio deja de tener validez. La política se diluye en la teología, y el cálculo estratégico cede paso a la fe.

En un escenario así, conceptos como interés nacional o equilibrio de poder pierden su centralidad. Para los creyentes en esa narrativa apocalíptica, el objetivo no es la victoria militar ni la estabilidad geopolítica, sino la aceleración de los acontecimientos que conducirían al fin de los tiempos. La guerra se convierte entonces en un fin en sí mismo: una herramienta necesaria para precipitar el cumplimiento de las profecías.

La historia ofrece precedentes inquietantes. Las Cruzadas medievales y las guerras de religión europeas demostraron hasta qué punto la fe puede movilizar sociedades enteras hacia conflictos devastadores. En ambos casos, la convicción de luchar por una causa sagrada permitió justificar una violencia ilimitada. Cuando la guerra se presenta como un mandato divino, el enemigo deja de ser un adversario político y pasa a encarnar el mal absoluto.

La cuestión que hoy se plantea es si el liderazgo político y militar occidental está comenzando a operar bajo una lógica similar. Si se trata únicamente de la retórica de unos pocos fanáticos, el riesgo podría ser limitado. Pero si esas ideas se extienden dentro de las instituciones que controlan el mayor aparato militar del planeta, la situación adquiere una dimensión mucho más preocupante.

En ese caso, el mundo podría encontrarse ante un tipo de conflicto radicalmente distinto del que describen los manuales de geopolítica. No una guerra por recursos, fronteras o hegemonía, sino una guerra escatológica, interpretada por algunos de sus protagonistas como el preludio del fin de la historia.

El eco del viejo grito de las Cruzadas —Deus lo vult— nos recuerda que la religión ha sido, en determinados momentos, una fuerza capaz de transformar la política en cruzada y la guerra en misión sagrada. La inquietante pregunta es si lo será ahora."

(Eduardo Luque , El Viejo Topo, 16/03/26)