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28.6.26

Por qué los españoles se ponen de mala leche: un ejemplo... Cada vez es más frecuente que quien debe iniciar un procedimiento, o quien se ve inmerso en él, pregunte al abogado de qué pata ideológica cojea el juez que debe resolverlo: ¿es progresista quien va a determinar el régimen de visitas o la pensión por hijos? No se cree en que el juez vaya a dictar una sentencia que no esté guiada por sus preferencias personales... Y después observan cómo determinados juicios, esos que interesan, van muy rápido mientras que los suyos se demoran enormemente. Así es como la gente se pone de mala leche y como un sistema se quiebra... Dicho de otro modo, la desconfianza del ciudadano sobre la imparcialidad del juzgador va en aumento... La molestia de los españoles va en aumento, y eso supone tanto la indignación recurrente como la consideración de que la política no arregla nada. Las tensiones judiciales forman parte de eso (Esteban Hernández)

"España está dividida en dos. Desde luego en lo político, pero también en muchas otras cosas. Lo curioso es que de esas fracturas que afectan al país (territoriales, económicas, ideológicas) hay una de ellas que suele pasarse por alto, como si en lugar de convivir en el mismo espacio se viviera en lugares diferentes. La justicia refleja bien la situación. Las declaraciones sobre la confianza en la justicia, sobre el papel de los jueces en el actual momento político y sobre la necesaria independencia de las instituciones copan el debate público estos días. Contienen grandes consideraciones sobre cuestiones elevadas, argumentos densos sobre las decisiones que se adoptan y, en última instancia, incluyen discusiones sobre el papel fundamental que están jugando los jueces en este momento clave o sobre si la judicatura española está adoptando una postura parcial (con respuestas que varían según el ámbito ideológico al que se pregunte).

Todo esto, como tantas otras cosas del debate político, no suele estar presente en la vida del español común. Muchas de las decisiones que se someten a discusión pública son complejas de explicar, también porque remiten a fundamentos técnicos que están sujetos a interpretaciones diversas y suelen generar confusión. Lo cierto es que tanto ruido acaba apartando a gente de las cuestiones públicas. La molestia de los españoles va en aumento, y eso supone tanto la indignación recurrente como la consideración de que la política no arregla nada. Las tensiones judiciales forman parte de eso: o son integradas en la visión ideológica que ya se tiene o son desdeñadas como otro asunto más de una esfera mayormente inútil.

Ya sabemos que una justicia lenta no es justicia, pero esto es otro nivel

Sin embargo, eso no quiere decir que a los españoles no les interese la justicia. Más al contrario, es un asunto que los atañe de manera directa y no solo porque la idea de la injusticia es una de las que más moviliza políticamente, sino porque también los afecta en su vida cotidiana.

Así se rompe el sistema

Muchos españoles, alguna vez en su vida, se ven obligados a recurrir a los tribunales. La saturación de muchos juzgados, la falta de medios y los procedimientos que dilatan más que aceleran llevan a que las resoluciones tarden demasiado tiempo en dictarse. Y ocurre incluso en procedimientos, como los de las medidas ligadas a un divorcio, a un despido o un desahucio, que el legislador entendió que debían tramitarse por vía rápida. Distan mucho de ello. Unai Sordo afirmaba hace pocos días que la demora media a la hora de señalar un juicio por un despido individual es de 375 días y que en 28 provincias hay un colapso funcional de los juzgados. Ya sabemos que una justicia lenta no es justicia, pero esto es otro nivel.

La desconfianza de los ciudadanos sobre la imparcialidad de los jueces va en aumento

Hay un elemento añadido, también perturbador. Cada vez es más frecuente que quien debe iniciar un procedimiento, o quien se ve inmerso en él, pregunte al abogado de qué pata ideológica cojea el juez que debe resolverlo: ¿es progresista quien va a determinar el régimen de visitas o la pensión por hijos? ¿Es reaccionario el que va a fijar si el despido es procedente, improcedente o nulo? No se cree en que el juez vaya a dictar una sentencia que no esté guiada por sus preferencias personales. Dicho de otro modo, la desconfianza del ciudadano sobre la imparcialidad del juzgador va en aumento.

Es uno más de los asuntos cotidianos en los que los españoles nos vemos inmersos. Otro ejemplo está en la sanidad: conseguir cita temprana no es nada fácil, ni en la Seguridad Social ni en el seguro privado, ya que la consultas están cada vez más saturadas, en especial en grandes ciudades como Madrid. Eso sí, quien tiene recursos y paga una consulta de su bolsillo es atendido mucho antes. Todos aquellos sistemas expertos que se habían puesto en marcha para dar respuesta a las necesidades ciudadanas funcionan con retraso, mal o ambas cosas.

En ese contexto, las discusiones sobre la justicia parecen reducirse a los grandes asuntos, a la independencia de los magistrados, a la composición del CGPJ, a la salvaguarda de las instituciones. No se pone el acento en la necesidad de que los juzgados cuenten con muchos más medios, ni de que el ciudadano reciba una respuesta razonable en un tiempo prudente a sus problemas, ni de que las creencias ideológicas de los jueces resulten irrelevantes a la hora de dictar sentencia. Esto es lo que el ciudadano común vive, pero esto ocurre por abajo, y a muy poca gente del establishment le importa lo que sucede por abajo. Está pendiente de otras cosas, siempre llenas de grandes palabras y de discusiones moralistas. La gente quiere que le arreglen sus problemas, pero sus problemas ni aparecen en los medios. Por lo tanto, los ciudadanos suelen acabar pensando que todos son iguales, que están ahí para defender sus intereses y que no les importa lo que le pase a la mayoría de la gente. Y después observan cómo determinados juicios, esos que interesan, van muy rápido mientras que los suyos se demoran enormemente. Así es como la gente se pone de mala leche y como un sistema se quiebra." 

(Esteban Hernández , El Confidencial, 27/06/26) 

10.9.25

Los actuales dirigentes de las democracias occidentales, en general, suelen ser impopulares. El descontento con el gobernante también alimenta la abstención, los partidos nuevos, el voto nulo o a actores extrasistémicos... la gobernabilidad se vuelve mucho más complicada. Francia es el último ejemplo... el retrato de la política occidental señala que algo profundo está cambiando, y en todas partes... la aparición constante de líderes nuevos con un punto de insurgencia, cuando no antiestablishment, es producto de las dinámicas occidentales. El votante está buscando caminos de salida a situaciones que entiende muy negativas y busca fórmulas diferentes... La incapacidad de las opciones políticas para generar confianza entre las poblaciones provoca que el voto se reparta en tres direcciones: la de sectores politizados, cada vez más reducidos en número, y cada vez más enfrentados; una masa de la población que no cree en la política, que vota a la opción que percibe como el mal menor y que se alejará de los nuevos gobernantes rápido; y la de la abstención... Argentina y Francia son interesantes porque muestran los espacios por los que la política se rompe. En Francia, los sectores populares, en especial los de fuera de las grandes ciudades, eligen a la derecha lepenista. Ocurre igual con clases medias bajas. En las elecciones de Ciudad de Buenos Aires, celebradas en mayo de este año, las clases populares que habían apostado por Milei en las presidenciales se alejaron rápidamente de él. En Provincia de Buenos Aires, los peronistas vivieron su mayor avance entre las clases medias bajas, que notaron mucho los ajustes. Son los sectores que más sufren con la presión económica los más dados a buscar nuevas opciones, a izquierda o derecha... Los demócratas estadounidenses comenzaron a perder las elecciones al no reconocer la brecha abierta entre la macro y la micro. A Milei le ocurrió igual, porque insistía en que las cosas se estaban arreglando por arriba, pero en el medio y por abajo se percibe de una manera muy distinta. En Francia, que saben lo que supone un presupuesto restrictivo al tiempo que se aumenta el gasto en defensa, ambos lados del espectro político hacen muy complicada la gobernabilidad. Este es un elemento esencial que también causará problemas a Trump (Esteban Hernández)

 "Los actuales dirigentes de las democracias occidentales, en general, suelen ser impopulares. Gobernar suele desgastar, pero en los últimos años bastante más, al parecer. Una diferencia respecto de tiempos no tan lejanos es que la caída en el aprecio popular de un presidente no alimenta de modo directo a los líderes opositores. Lo que antes se parecía bastante a un juego de suma cero, ahora recorre caminos más tortuosos. El descontento con el gobernante también alimenta la abstención, los partidos nuevos, el voto nulo o a actores extrasistémicos. No solo los opositores sacan partido. La fragmentación se multiplica, la gobernabilidad se vuelve mucho más complicada. Francia es el último ejemplo.

Las dificultades para generar estabilidad política dependen de varios factores, y el sistema electoral es muy relevante para ese objetivo. Allí donde se fomenta que los partidos pequeños tengan representación parlamentaria, la fragmentación es mayor, lo que conduce a complicados acuerdos poselectorales. España es un ejemplo evidente. Pero un sistema que favorece que “el ganador se lo lleve todo” tampoco es garantía. En el Reino Unido, los últimos años han consistido en el ascenso abrumador de los tories y su declive, el auge de Starmer y su pérdida de popularidad casi inmediata, con Farage asomando por el horizonte. Tampoco en los países donde los acuerdos entre partidos parecen sólidos, como Alemania, la inestabilidad desaparece; Scholz tuvo que sobreponerse a muchos obstáculos creados por sus socios, y a Merz le está creciendo AfD; veremos cómo reaccionan sus aliados. En definitiva, el retrato de la política occidental señala que algo profundo está cambiando, y en todas partes.

El plan B

El caso argentino, por más que pueda parecer ajeno a la política europea, muestra algunas de las constantes electorales de los últimos tiempos. Los resultados de los comicios del pasado domingo en Provincia de Buenos Aires, territorio en el que reside casi el 40% de la población del país, ofrecen algunas enseñanzas.

Han sido elecciones con nombres propios: el del ganador, Axel Kicillof, y el del perdedor, Javier Milei. Partían de momentos muy diferentes. Kicillof se había rebelado contra su partido cuando decidió separar las elecciones de Provincia de Buenos Aires del resto de legislativas, que tendrán lugar el 26 de octubre. Ni Cristina ni Máximo Kichner eran partidarios de ese movimiento y presionaron para que no se produjera. Kicillof ganó el pulso. Le salió bien, si no muy bien.

Kicillof se ha convertido en el candidato peronista. Si su partido prefiere a otro, tendrá que derribarle del pedestal

El gobernador de la provincia de Buenos Aires pertenecía a la segunda fila del peronismo, y era considerado por los suyos como demasiado controvertido para optar a una candidatura presidencial. Kicillof había advertido al establishment de su partido de que no podían ser como las viejas bandas de rock, que repiten los mismos éxitos una y otra vez. Algunas estrellas de rock siguen llenando estadios, pero de esa clase quedan muy pocas; la gran mayoría de las bandas actúan en pequeñas salas porque el público que quiere escuchar las viejas canciones es cada vez más reducido. CFK creyó que el peronismo continuaría llenando estadios solo con adaptar un poco el sonido de las canciones a los tiempos, y su partido apostó por Sergio Massa como candidato, un perfil moderado. Kicillof aseguró que era la hora de grabar nuevas canciones. Le ignoraron, y ahora suenan mucho más los nuevos temas que los viejos éxitos.

Milei fue capaz de llevar una música completamente distinta a las derechas. El PRO, los macristas, aceptaron su subordinación al líder y optaron por concurrir a las elecciones bajo el paraguas de La Libertad Avanza. Habían sido convencidos de que LLA era la marca que producía éxitos, que el respaldo de Milei era su mejor baza y que los candidatos concretos importaban mucho menos. El presidente optó por encarar las elecciones como una confrontación personal y aseguró iba a poner el último clavo en el ataúd del peronismo. Los 13 puntos de ventaja que obtuvo Fuerza Patria han resonado con fuerza en la Casa Rosada.

El entorno de Provincias Unidas es la vía de salida para las fuerzas de la derecha en el caso de que Milei pierda tirón

El 26 de octubre se celebrarán las elecciones legislativas, en las que se elegirán 24 senadores y 127 de los 257 diputados. Serán interesantes por muchos motivos. Queda por constatar la capacidad de resistencia de La Libertad Avanza, cómo funciona el peronismo fuera de Buenos Aires y, muy especialmente, el papel que jugará el entorno de Provincias Unidas, la vía de salida para las fuerzas de la derecha en el caso de que Milei pierda tirón. El establishment argentino, lo que han denominado ‘el círculo rojo’, observa con atención. Nunca ha confiado en el presidente, y necesita un plan B. Kicillof observará muy atentamente, porque se ha convertido en el candidato peronista. Si para las presidenciales su partido quiere presentar a otro, tendrá que derribarle del pedestal, porque ya se ha subido a él.

Enfrentarse a los suyos

La llegada al poder de Milei y el auge actual de Kicillof reflejan una constante en la política occidental: los outsiders, los que vienen de fuera, o los que combaten a su partido, son quienes más posibilidad de éxito electoral poseen. Ha ocurrido más en la derecha que en la izquierda, pero esa es la tendencia. Boris Johnson resultaba un personaje risible y despreciado por los suyo cuando era alcalde de Londres, pero llegó al 10 de Downing Street; qué decir de Trump. Meloni venía de fuera del sistema y ahora es la presidenta. En Francia, Macron creó un nuevo partido y llegó al poder para evitar que lo tomase Marine Le Pen, otra figura que impuso nueva música al viejo grupo que lideraba su padre. Sánchez tuvo que enfrentarse a todos, empezando por su partido, y eso fue lo que llevó a la presidencia.

Esta aparición constante de líderes nuevos con un punto de insurgencia, cuando no antiestablishment, es producto de las dinámicas occidentales. El votante está buscando caminos de salida a situaciones que entiende muy negativas y busca fórmulas diferentes. Desde la crisis de 2008, las democracias occidentales están cada vez más fragmentadas y generan menos confianza. Valga el ejemplo que describe, respecto de Francia, Jérôme Fourquet: en junio de 2012, al inicio del mandato de Hollande, 21 de las 50 personalidades analizadas en aquel momento eran valoradas positivamente por un 50% de la opinión pública. En junio de 2017, con Macron recién llegado al gobierno, solo quedaban 8. Hoy, ninguna de las figuras políticas francesas llega a ese 50%.

Cuando crecen tanto el malestar con la política como el alejamiento de la misma, es lógico que los votantes busquen una promesa distinta

En un contexto en el que aumenta la insatisfacción con las instituciones, en el que crecen tanto el malestar con la política como el alejamiento de la misma, y en el que existe inseguridad respecto del futuro, es lógico que los votantes busquen una promesa distinta. La política antiestablishment crece en eficacia electoral.

Sin embargo, es difícil estar a la altura de lo prometido cuando se llega al poder. Muchas de las esperanzas activadas se esfuman. El primero en pagar ese precio fue Tsipras, y desde entonces, los vaivenes en los gobiernos han sido constantes. Gobernar suele ser sinónimo de perder.

El lugar por el que todo se rompe

El gobierno de Milei es otro ejemplo de poblaciones defraudadas. El líder de LLA llegó al poder prometiendo tiempos duros, lágrimas y sacrificio antes de la curación. Era previsible que, si transcurrían los meses y la situación no cambiaba favorablemente, la paciencia de quienes sufren los ajustes se agotara. Con un programa tan duro como el implantado, era inevitable que ese malestar apareciese en algún momento. Ha ocurrido antes de lo esperado, lo que debería ser una señal que el gobierno argentino tomase muy en cuenta. Sus declaraciones indican todo lo contrario: en la medida en que se responsabiliza de la derrota a una mala campaña, a problemas internos, al escándalo de corrupción de Karina Milei o a la negativa del pueblo argentino a premiar la buena marcha macro del país, es todavía más difícil que tome nota de la situación de fondo.

En las elecciones del domingo, los peronistas vivieron su mayor avance entre las clases medias bajas, que notaron mucho los ajustes

No es un problema del gobierno argentino. En Europa es inusual que un gobierno genere estabilidad. La incapacidad de las opciones políticas para generar confianza entre las poblaciones provoca que el voto se reparta en tres direcciones: la de sectores politizados, cada vez más reducidos en número, y cada vez más enfrentados; una masa de la población que no cree en la política, que vota a la opción que percibe como el mal menor y que se alejará de los nuevos gobernantes rápido; y la de la abstención.

Y todo esto ocurre cuando no hay centro al que regresar: no hay un espacio en el que se puedan crear consensos, como ocurría en décadas pasadas. Argentina y Francia son interesantes porque muestran los espacios por los que la política se rompe. En Francia, los sectores populares, en especial los de fuera de las grandes ciudades, eligen a la derecha lepenista. Ocurre igual con clases medias bajas. En las elecciones de Ciudad de Buenos Aires, celebradas en mayo de este año, las clases populares que habían apostado por Milei en las presidenciales se alejaron rápidamente de él. En Provincia de Buenos Aires, los peronistas vivieron su mayor avance entre las clases medias bajas, que notaron mucho los ajustes. Son los sectores que más sufren con la presión económica los más dados a buscar nuevas opciones, a izquierda o derecha.

Es natural. Por más que se insista en los números macroeconómicos, la economía cotidiana continúa siendo la dominante. Los demócratas estadounidenses comenzaron a perder las elecciones al no reconocer la brecha abierta entre la macro y la micro. A Milei le ocurrió igual, porque insistía en que las cosas se estaban arreglando por arriba, pero en el medio y por abajo se percibe de una manera muy distinta. En Francia, que saben lo que supone un presupuesto restrictivo al tiempo que se aumenta el gasto en defensa, ambos lados del espectro político hacen muy complicada la gobernabilidad. Este es un elemento esencial que también causará problemas a Trump, aunque EEUU, dado que es el país dominante, cuenta con posibilidades de las que los demás carecen.

Milei diseñó un programa idóneo para los acreedores, pero que causa mucho daño en los deudores. El retroceso político de los mileístas era cuestión de tiempo. Es también una señal para los tiempos europeos que vienen. Starmer ha llegado al gobierno con un tipo de gestión económica alineada con los mercados, pero eso no le libra de los riesgos. Francia afrontará complicaciones similares, así como España e Italia, porque la deuda volverá a ser un problema. La falta de equilibrio entre las necesidades de la población y las necesidades (ahora también geopolíticas) de los mercados son la causa primera de la inestabilidad. Sin solucionar ese desencaje, pocas cosas en la política actual tienen solución."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 10/09/25)

5.7.25

La encuesta que señala el mayor problema de Sánchez y de la izquierda... Sánchez está jugando la carta del antiTrump europeo, que le funciona a nivel continental, pero que tiene una eficacia interna limitada... Una figura de la izquierda progresista, como Mariana Mazzucato, aseguraba haber disfrutado de una excelente conversación con Sánchez, y firmaba, junto con Carlos Cuerpo y los ministros de Brasil y Sudáfrica un artículo en defensa de la “cooperación multilateral y mecanismos de financiación justos"... Sánchez insistió que “Frente al repliegue, España ofrece refugio”... este programa podría tener sentido como dique frente a Trump en 2016, pero no ahora... la atención está puesta cada vez más en las condiciones de vida... Los marcos ideológicos están cambiando y cada vez más gente se aleja de la política, o se vuelve contra ella desde una posición insurgente, porque su vida cotidiana se aleja mucho de lo que entiende aceptable... La sensación de que la democracia no funciona, de que hace falta un impulso que los políticos no pueden dar porque son ineficaces, ineptos o corruptos, o de que hay demasiadas normas y hay que dejar las manos libres a los dirigentes, están aquí ya. Y todas ellas están atizadas por un mismo fuego, el de un declinante nivel de vida que afecta, de distintas maneras, a las diferentes clases sociales... Una reciente encuesta del CIS sobre desigualdades y tendencias sociales señala que, en este instante, el 59,5% de los españoles cree que hay un conflicto fuerte o muy fuerte entre pobres y ricos y el 66,7% asegura que ese conflicto es fuerte o muy fuerte entre empresarios y directivos y los trabajadores... La corrupción puede dañar algo al PSOE, pero su principal efecto es convertir en antisistema a cada vez un mayor número de personas. La política debería tomar conciencia de este clima, y la cesura que se ha generado en la legislatura es el momento idóneo (Esteban Hernández)

 "Este no es un momento de parálisis para los socialistas, aunque la sensación de desorientación que transmiten tras el ingreso de Cerdán en la cárcel sugiera lo contrario. La semana pasada fue el enfrentamiento con Trump a raíz del 5% de gasto en la OTAN, y en esta, la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Sevilla, le ha servido a Sánchez para trasladar un programa de política internacional. El sábado habrá Comité Federal del PSOE y el miércoles próximo tendrá lugar la comparecencia en el Congreso del presidente, con la corrupción como tema monográfico. En ambos se espera anuncio de novedades.

Para el PSOE no será suficiente con tomar medidas internas contra la corrupción. Para que el votante respalde a un partido hay mínimos indispensables, entre ellos el de no robar. Adoptar iniciativas para que la corrupción no tenga lugar, o al menos para hacerla mucho más difícil, no es un programa, sino un punto de partida indispensable. El PSOE puede ofrecer transparencia, mecanismos de purgación de conductas delictivas y demás, pero servirá únicamente para tapar vías de agua.

En realidad, los pronósticos señalan que los anuncios políticos de mayor calado tendrán lugar después de agosto. En primera instancia, porque ya habrán avanzado las causas judiciales que el PP tiene abiertas y los socialistas podrán contrarrestar las acusaciones que les formulen oponiendo los casos ajenos. En segundo lugar, si Sánchez pretende dar un giro al gobierno, aspira a aprobar presupuestos o trata de agitar políticamente el escenario, tendrá más sentido realizar anuncios después de las vacaciones: sus medidas contarán con mayor recorrido que en el verano, cuando la gente desconecta. Sin embargo, cualquier línea de acción no deja de ser provisional, porque todo está sujeto a acontecimientos poco predecibles, los derivados de lo que aflore en las causas judiciales.

Un dique frente a la nada

Sumar zanjó su reunión del martes con el PSOE acusando a sus socios de inmovilismo. Daban la sensación de estar poco preocupados por la situación que les afecta, como si pensaran que el contexto es manejable, aseguraban los de Díaz. Pecaban de exceso de confianza.

Quizá el PSOE solo quiso transmitir tranquilidad y proyectar la idea de que están más asentados de lo que parece, pero la actitud que trasladan señala que no se van a mover mucho del programa previsto, salvo en lo que se refiere a la corrupción.

Sánchez insistió en el comercio, la ciencia y la cooperación como instrumentos de progreso: "Frente al repliegue, España ofrece refugio"

Sánchez está jugando la carta del antiTrump europeo, que le funciona a nivel continental, pero que tiene una eficacia interna limitada. Esta misma semana ha vuelto a proponerse como dique frente a las tentaciones trumpistas en el plano internacional. En Sevilla insistió en el comercio, la ciencia y la cooperación como instrumentos de progreso y herramientas de justicia: “Frente al repliegue, España ofrece refugio”. Ofreció abrir en Madrid una Casa de las Naciones Unidas y configurar España como un hub multilateral. Según el presidente, “el multilateralismo basado en objetivos sigue siendo nuestro vehículo más eficaz para abordar los desafíos compartidos y crear las condiciones para una prosperidad sostenible”.

Una figura de la izquierda progresista, como Mariana Mazzucato, aseguraba haber disfrutado de una excelente conversación con Sánchez, y firmaba, junto con Carlos Cuerpo y los ministros de Brasil y Sudáfrica un artículo en defensa de la “cooperación multilateral basada en objetivos compartidos —los ODS— y mecanismos de financiación justos y transformadores que brinden a las naciones margen fiscal para construir seguridad económica, invirtiendo en resiliencia climática e infraestructura social”.

Insistir en este programa podría tener sentido como dique frente a Trump en 2016, pero no ahora, porque se fija una barrera en un lugar en el que el rival político ya no está. La derecha ha desplazado el campo de juego hacia otros lugares, al igual que lo ha movido el gobierno de EEUU, de manera que se está colocando un muro en el que no hay nadie al otro lado.

El nivel de vida

Al final del camino, más tarde o más temprano, España irá a unas elecciones generales en las que todo este ruido comenzará a aclararse. Ese es el horizonte, que unos y otros olvidan. La derecha vive en la burbuja de los ataques continuos y el de la inminencia de la caída de Sánchez. No hay señales de que el rumbo vaya a variar ahora, y ahí están los cambios en el PP para atestiguarlo. La izquierda vive en la burbuja de los tiempos pasados: ante un momento de ruptura en la legislatura, Sánchez ha decidido refugiarse en lo conocido. Es típico de los momentos de la desorientación. Habrá medidas en vivienda, y se aventuran algunos cambios de corte social, pero la magnitud de la pelea no se puede solventar, y lo vemos en el plano internacional, con tres o cuatro acciones tecnocráticas ligadas a las políticas públicas.

"La democracia no ha desaparecido porque a la gente le disgustara, sino porque se cansaron del desempleo y de la inseguridad"

La llegada de Trump ha cambiado muchas cosas en muchos sentidos. Y una de ellas es que la atención está puesta cada vez más en las condiciones de vida. El presidente estadounidense no podría haber llegado a la Casa Blanca por segunda vez sin haber impugnado de manera brutal los efectos de la globalización para el ciudadano común. Mamdani no podría haber triunfado en las primarias demócratas de Nueva York, ni haber levantado toda la polvareda en torno a su programa, sin poner el acento en el deficiente poder adquisitivo de los habitantes de la gran urbe global. Los marcos ideológicos están cambiando y cada vez más gente se aleja de la política, o se vuelve contra ella desde una posición insurgente, porque su vida cotidiana se aleja mucho de lo que entiende aceptable.

Estos días ha circulado en ámbitos de la izquierda estadounidense esta cita de Franklin Delano Roosevelt, pronunciada en un discurso radiofónico en 1938: “La democracia ha desaparecido en grandes naciones no porque a sus habitantes les disgustara, sino porque se cansaron del desempleo y la inseguridad, de ver a sus hijos pasar hambre mientras ellos permanecían impotentes ante la confusión y la debilidad del gobierno por falta de liderazgo. Finalmente, desesperados, optaron por sacrificar la libertad con la esperanza de conseguir algo para comer”.

El momento Biden

No es ese nuestro momento histórico, pero tiene mucho que ver con él. La sensación de que la democracia no funciona, de que hace falta un impulso que los políticos no pueden dar porque son ineficaces, ineptos o corruptos, o de que hay demasiadas normas y hay que dejar las manos libres a los dirigentes, están aquí ya. Y todas ellas están atizadas por un mismo fuego, el de un declinante nivel de vida que afecta, de distintas maneras, a las diferentes clases sociales. Los salarios suben escasamente mientras que el coste de la vida se dispara, el futuro no parece brillante y no hay grandes motivos para pensar que las cosas mejorarán. Los mensajes que se reciben hablan de la polarización y de una economía que funciona como un tiro. Es probable que las izquierdas, comenzando por el PSOE, estén viviendo su momento Biden y Harris y crean que el soporte de los números macroeconómicos les ofrece una posibilidad electoral. Es probable también que las derechas vendan que todos los problemas de España están causados por Sánchez, y que bastaría con sacarle de la Moncloa para que el panorama mejore. Ambas cosas ayudan a alejar a los españoles de la política.

Un 66,7% de los españoles asegura que hay un conflicto fuerte o muy fuerte entre los empresarios y directivos y los trabajadores

Una reciente encuesta del CIS sobre desigualdades y tendencias sociales señala que, en este instante, el 59,5% de los españoles cree que hay un conflicto fuerte o muy fuerte entre pobres y ricos y el 66,7% asegura que ese conflicto es fuerte o muy fuerte entre empresarios y directivos y los trabajadores. En esa misma encuesta se señala que el 65,5% de los españoles cree que, dentro de diez años, el conflicto entre pobres y ricos será fuerte o muy fuerte; el 67% afirma que habrá un enfrentamiento fuerte o muy fuerte entre directivos y trabajadores. El conflicto entre los nacidos en España y los inmigrantes lo estiman preocupante el 66,2% de los encuestados, pero para dentro de diez años el porcentaje se reduce hasta el 60,6%.

Este es un momento de insurgencia, de cambios políticos y sociales profundos, que en España está latente, todavía no manifestado en toda su extensión, pero está ahí. La corrupción puede dañar algo al PSOE, pero su principal efecto es convertir en antisistema a cada vez un mayor número de personas. La política debería tomar conciencia de este clima, y la cesura que se ha generado en la legislatura es el momento idóneo."

(Esteban Hernández , El Confidencial, 04/07/25)

20.12.24

La crisis de Stellantis y la crisis italiana... No puede decirse que la crisis de Stellantis sea un rayo caído del cielo. Los errores del pasado ya no se pueden esconder bajo la alfombra... No están lejos los tiempos en que el Primer Ministro del Partido Democrático Italiano elogiaba a Marchionne por «hacer cosas de izquierdas», mientras se dedicaba a despedir sindicalistas y a atacar las condiciones de los trabajadores y trabajadoras. Alguien señaló entonces al ídolo intocable de los periódicos y la política que si despedían a los trabajadores y bajaban los salarios, ya nadie compraría coches, pero para entonces Fiat ya no era una industria sino una empresa financiera... Los dividendos deben redistribuirse entre los accionistas, ése es el objetivo, no hacer funcionar la empresa. Es como decir: 'la operación tuvo éxito, el paciente murió'... un estudio de AlixPartners y Anfia que teme «el riesgo de que se adelante de 2030 a 2025 la pérdida de hasta 40 mil puestos de trabajo en el sector»... y la entusiasta participación en la guerra contra Rusia está dando sus resultados pero la política parece no entenderlo... la economía italiana se está ralentizando y la industria está en crisis... y la situación social del país dibuja una nación empobrecida en la que «fermenta el antioccidentalismo». Este antioccidentalismo no es ideológico sino el resultado de las políticas de guerra y austeridad

 "No puede decirse que la crisis de Stellantis sea un rayo caído del cielo. Los errores del pasado ya no se pueden esconder bajo la alfombra. No están lejos los tiempos en que el Primer Ministro del Partido Democrático Italiano elogiaba a Marchionne por «hacer cosas de izquierdas», mientras se dedicaba a despedir sindicalistas y a atacar las condiciones de los trabajadores y trabajadoras. Alguien señaló entonces al ídolo intocable de los periódicos y la política que si despedían a los trabajadores y bajaban los salarios, ya nadie compraría coches, pero para entonces Fiat ya no era una industria sino una empresa financiera. Las sucesivas fusiones que crearon primero FCA y luego Stellantis confirmaron esta tendencia. Es inútil indignarse por la salida millonaria de Tavares, son las reglas del capitalismo financiero. Los dividendos deben redistribuirse entre los accionistas, ése es el objetivo, no hacer funcionar la empresa. Es como decir: 'la operación tuvo éxito, el paciente murió'.

Al mismo tiempo, la afirmación de que los nuevos fichajes de la familia Agnelli no están al nivel de sus abuelos es ridícula. Recordemos lo que fue Fiat, no sólo el apoyo público al que los propietarios recurrieron como a un cajero automático (recuérdese, uno entre muchos, el desguace llevado a cabo por el gobierno Prodi, con la empresa anunciando despidos una vez finalizado el apoyo público) sino también los despidos políticos, los controles y los pabellones punitivos. El sentido común diría que, llegados a este punto, era el Estado el que debía entrar en la propiedad; si el Estado francés tiene un papel, ¿por qué no el Estado italiano?

La crisis de Stellantis viene de lejos, pero también tiene una vertiente exógena, es decir, externa a la empresa y a su (no)política industrial. Para comprender estas razones, basta con hojear «il sole 24 ore», que cada vez se parece más a un boletín de guerra. El jueves 12 de diciembre se podían leer los resultados de un estudio de AlixPartners y Anfia que teme «el riesgo de que se adelante de 2030 a 2025 la pérdida de hasta 40 mil puestos de trabajo en el sector». El mismo periódico afirmaba también que la economía italiana se está ralentizando y que la industria está en crisis. La entusiasta participación en la guerra contra Rusia está dando sus resultados pero la política parece no entenderlo, la alianza rojo-marrón entre Pd y FdI que ha apoyado con fuerza a la nueva comisión europea nos está diciendo que la guerra es nuestro futuro.

El malestar en Italia crece con la crisis, pero el riesgo es que se canalice hacia la derecha, por la sencilla razón de que la izquierda y los comunistas están ausentes. Hay dos planes en los que es urgente trabajar. El primero es unir a los comunistas, no detrás de un símbolo, sino detrás de un programa que sepa leer los cambios de la fase actual. Análisis concreto de la situación concreta, el contexto internacional y nacional ha cambiado y necesitamos una fuerza capaz de navegar en este nuevo escenario. El segundo plan sobre el que trabajar es el de una izquierda más amplia, anticapitalista y de clase que sepa decir palabras claras sobre la Unión Europea y la OTAN.

Como repetimos hasta el hartazgo hoy es necesario unir lucha de clases y lucha contra el imperialismo, la cuestión social, como nos enseña la grave crisis de la economía europea, no puede separarse de la lucha por la paz. El informe del Censis sobre la situación social del país dibuja una nación empobrecida en la que «fermenta el antioccidentalismo». Este antioccidentalismo no es ideológico sino el resultado de las políticas de guerra y austeridad llevadas a cabo por el euro-atlantismo, nuestra tarea es representar este malestar, construir una perspectiva concreta de ofensiva política. La alternativa es entregar este malestar a la derecha, enfrentada a la oposición parlamentaria de Su Majestad."

(Marx21, 15/12/24, traducción DEEPL)


16.12.24

Los descuidados comentarios sobre el control de la población musulmana en Francia, son un síntoma del malestar político de ese país, una patología que se está extendiendo también por Italia... Pierre Manent, una personalidad académica respetado fuera de Francia, dijo en un debate: “habrá que tomar decisiones sobre el conjunto de los musulmanes en Francia”, porque no se puede dejar que su número crezca “a un ritmo sin fin”... En París, la derecha perdió las elecciones por un estrecho margen, pero ha conseguido imponer su hegemonía en el discurso público y, en consecuencia, dictar la agenda en la mayoría de las cuestiones que definen su identidad: el nacionalismo, la xenofobia y el chovinismo bienestarista están plenamente legitimados en el discurso público, y están redibujando los límites del imaginario político. Manent es un “moderado”, razón por la cual no dirá cuántos musulmanes sería “razonable” mantener en Francia, pero el mero hecho de que alguien como él se plantee la cuestión, aunque sea en tono apesadumbrado, abre la posibilidad de que quienes no tienen esos reparos den contenido político a ese escenario... es difícil imaginar que un nuevo gobierno centrista, aunque sea con algún tinte de socialismo tecnocrático, tenga la capacidad de hacer frente al malestar de Francia, derivado de unas perspectivas económicas desalentadoras, de la inquietud por el futuro de la clase media, del malestar por una identidad colectiva en crisis (Mario Ricciardi)

 "(...)   A veces un solo detalle puede arrojar luz sobre el conjunto. Por ejemplo, ver el debate entre dos filósofos, Pierre-Henri Tavoillot y Pierre Manent, organizado por el diario Le Figaro cuando Francia se enfrenta a una nueva crisis política (o mejor dicho, a la nueva fase de una crisis que comenzó cuando Macron decidió disolver la Asamblea Nacional y convocar nuevas elecciones en junio). Se invitó a Tavoillot y Manent a debatir sobre el tema de Francia “entre el cansancio y la guerra civil” y a responder a la pregunta “¿Podemos seguir conviviendo?”

Ambos son de derechas. Tavoillot está próximo al Rassemblement National, mientras que Manent, el más veterano y conocido en el extranjero, es un conservador liberal. Pero hay una sintonía subyacente entre los dos, sobre todo en lo que se refiere a los inmigrantes, lo que pone de manifiesto lo mucho que han cambiado las cosas en las últimas décadas en Francia, y más allá, y hasta qué punto el discurso de la derecha xenófoba ha calado incluso en los círculos del liberalismo “moderado”.

Durante el debate, Manent dijo que “habrá que tomar decisiones sobre el conjunto de los musulmanes en Francia”, porque no se puede dejar que su número crezca “a un ritmo sin fin”. Añadió que no actuar en este asunto podría conducir a “una situación dramática que ninguna versión del laicismo nos pone en condiciones de afrontar”. Conviene señalar que quien dice estas cosas no es un demagogo ni un populista, sino una personalidad académica respetado fuera de Francia, cuyos libros se traducen también al italiano, y que sopesa cuidadosamente sus palabras cuando habla.

Este pequeño detalle de este debate es, en mi opinión, un síntoma del malestar político de Francia, una patología que se está extendiendo también por Italia.

En París, la derecha perdió las elecciones por un estrecho margen, pero ha conseguido imponer su hegemonía en el discurso público y, en consecuencia, dictar la agenda en la mayoría de las cuestiones que definen su identidad: el nacionalismo, la xenofobia y el chovinismo bienestarista están plenamente legitimados en el discurso público, y están redibujando los límites del imaginario político. Manent es un “moderado”, razón por la cual no dirá cuántos musulmanes sería “razonable” mantener en Francia, pero el mero hecho de que alguien como él se plantee la cuestión, aunque sea en tono apesadumbrado, abre la posibilidad de que quienes no tienen esos reparos den contenido político a ese escenario.

Al disolver la Asamblea Nacional en junio, Macron esperaba conseguir una vez más obligar a los franceses a elegir entre la derecha de Le Pen y la derecha neoliberal, “moderada” y “respetable” porque se mantendría dentro de los límites de los valores republicanos tradicionales del laicismo y la solidaridad social. La jugada le había salido bien en las elecciones presidenciales: dividir a la izquierda, costearse el apoyo al “frente republicano” y presentarse como salvador de la República. Pero esta vez, la táctica no funcionó. Los votantes de la izquierda optaron, comprensiblemente, por votar a candidatos más afines a sus propios valores -los de las listas del Nuevo Frente Popular- en lugar de recompensar a un “centro” que parecía cada vez más dominado por la derecha, aunque formalmente se opusiera a ella. Pocos estaban dispuestos a creer que los macronistas fueran un obstáculo creíble para una victoria de la derecha, incluso entre los socialistas, que son la fuerza menos radical del Frente Popular. No lo creyeron ni siquiera cuando votaron por ellos, en circunscripciones en las que era necesario un voto estratégico para cerrar el paso a los candidatos de Le Pen. Tras quedar último en la contienda electoral, Macron se negó a reconocer su derrota y a iniciar un diálogo constructivo con la izquierda.

Por el contrario, hizo todo lo posible por dividir al Frente Popular. Primero prolongando hasta la extenuación las negociaciones para la formación de gobierno, luego con la maniobra sorpresa de dar el mandato a Barnier y, por último, estos últimos días, tras la caída del gobierno centrista minoritario que había creado, intentando atraer a los socialistas hacia una nueva mayoría.

No es imposible que esta maniobra tenga éxito, porque hay una parte del Partido Socialista que se ha resentido de la cohabitación con La France Insoumise y las demás fuerzas que formaban la junta del Nuevo Frente Popular. En lo que parece cada vez más el ocaso de la Quinta República, los socialistas franceses se sienten en peligro de extinción, y esto podría empujarles a jugársela políticamente.

Sea cual sea el resultado, es difícil imaginar que un nuevo gobierno centrista, aunque sea con algún tinte de socialismo tecnocrático, tenga la capacidad de hacer frente al malestar de Francia, derivado de unas perspectivas económicas desalentadoras, de la inquietud por el futuro de la clase media, del malestar por una identidad colectiva en crisis. Debido a su peculiar constitución, la democracia francesa está cautiva de un presidente en declive que se comporta como un jugador que ha dilapidado su riqueza subiendo la apuesta una y otra vez.

Mientras tanto, Le Pen sigue al acecho. No hay duda de que debe estar preocupada por la investigación judicial que la implica, pero sabe que lo más probable es que el tiempo esté de su lado, y que el vacío moral e intelectual creado por Macron tenga que llenarse de alguna manera. (...)"

(Mario Ricciardi , Sin Permiso, 15/12/24. Fuente: il manifesto global, 13 de diciembre de 2024)

13.12.24

El 71,3 por ciento de los españoles creen que en España a la hora de aplicar las leyes se hacen diferencias según de quién se trate... el 51,5 por ciento de los españoles cree que en España no todas las personas tienen las mismas oportunidades para acceder a los servicios públicos... el 69,4 por ciento de los españoles no cree que, a la hora de pagar impuestos, pagan más quienes más tienen... un 69,3 por ciento de los españoles dice que la administración de justicia actualmente funciona poco o nada satisfactoriamente. O que las ayudas a las personas dependientes y los servicios sociales funcionan poco o nada satisfactoriamente para un 63,9 por ciento (CIS)... un malestar difuso, una sensación de insatisfacción vital se está abriendo camino entre amplias capas de la población sin que por el momento gran parte de ella se dirija necesariamente hacia un objetivo político, social o económico concreto... Ante esta realidad, las instituciones democráticas deben reconocerlo, asumirlo y evitar que ese malestar difuso siga creciendo. Para ello, tienen que recuperar la confianza de los ciudadanos ocupándose de sus necesidades y demandas. Esto significa, que el Estado, mejorando la coordinación entra las distintas administraciones, asuma un papel más activo para potenciar la redistribución de la riqueza que se genera en la sociedad; para construir una democracia más participativa que desarrolle políticas más inclusivas y sostenibles; y para luchar contra los elementos y sujetos desestabilizadores del sistema por su poder, riqueza y privilegios (Oscar Iglesias)

 "¿Sabías que el 71,3 por ciento de los españoles creen que en España a la hora de aplicar las leyes se hacen diferencias según de quién se trate, mientras un 26 por ciento considera que se da el mismo trato a todas las personas, según los datos de la encuesta de Actitudes hacia el Estado de Bienestar, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)?

El diccionario de la lengua española define malestar como “desazón, incomodidad indefinible”. Y la palabra difuso, en su primera acepción, como “ancho, dilatado” y en la tercera como “vago, impreciso”.

Señalo esto, porque un malestar difuso, una sensación de insatisfacción vital se está abriendo camino entre amplias capas de la población sin que por el momento gran parte de ella se dirija necesariamente hacia un objetivo político, social o económico concreto.

Algo que puede cambiar rápidamente, ante la influencia de las redes sociales, pero que ya está condicionando su visión sobre cómo será el futuro de la sociedad en la que vive y su propio futuro.

Se ha visto desgraciadamente con la DANA. La visión de la tragedia ha generado en muchas de las personas afectadas una sensación de indefensión que no distingue competencias normativas e incompetencias personales. Una sensación que ha dado paso a que se cuestione la capacidad de las instituciones para dar respuesta a sus necesidades cotidianas. Es decir, está dando paso a un fuerte desgaste de la confianza en ellas.

Este malestar, que no es exclusivo de esta u otras catástrofes y se expresa en diferentes contextos y con distinta intensidad, se está convirtiendo en el caldo de cultivo para el surgimiento, primero, y la consolidación después, de discursos populistas y propuestas políticas desestabilizadoras, que rompen la convivencia y dividen las sociedades entre lo que denominan “el pueblo” y “los políticos y las élites corruptas”. Algo muy peligroso para la democracia y el bienestar de la mayoría de los españoles.

¿Sabías que el 51,5 por ciento de los españoles cree que en España no todas las personas tienen las mismas oportunidades para acceder a los servicios públicos, mientras un 47,8 por ciento consideran que todas las personas tienen las mismas oportunidades, según la encuesta de Actitudes hacia el Estado de Bienestar del CIS?

Este malestar difuso, esta insatisfacción, sumada al incremento de las incertidumbres vitales como consecuencias de la rapidez con la que se producen los cambios tecnológicos y a un clima de escepticismo creciente hacia los políticos y las instituciones democráticas, nos está indicando que algo no está funcionando bien.

Algo no está funcionando bien cuando el 69,4 por ciento de los españoles no cree que, a la hora de pagar impuestos, pagan más quienes más tienen. Mientras, un 28,3 por ciento cree que si paga más quien más tiene.

Algo no está funcionando bien cuando un 69,3 por ciento de los españoles dice que la administración de justicia actualmente funciona poco o nada satisfactoriamente. O que las ayudas a las personas dependientes y los servicios sociales funcionan poco o nada satisfactoriamente para un 63,9 por ciento y un 49,5 por ciento de los españoles respectivamente.

Algo no está funcionando bien cuando un 58,8 por ciento de los españoles dice que en conjunto la sociedad se beneficia poco o nada de lo que pagamos a las administraciones públicas en impuestos y cotizaciones. Mientras 38,7 por ciento considera que se beneficia mucho o bastante.

Algo no está funcionando bien cuando el 62,1 por ciento de los españoles dicen que reciben ellos menos de las administraciones públicas de lo que pagan en impuestos y cotizaciones.

Ante esta realidad, las instituciones democráticas deben reconocerlo, asumirlo y evitar que ese malestar difuso siga creciendo. Para ello, tienen que recuperar la confianza de los ciudadanos ocupándose de sus necesidades y demandas.

Esto significa, que el Estado, mejorando la coordinación entra las distintas administraciones, asuma un papel más activo para potenciar la redistribución de la riqueza que se genera en la sociedad; para construir una democracia más participativa que desarrolle políticas más inclusivas y sostenibles; y para luchar contra los elementos y sujetos desestabilizadores del sistema por su poder, riqueza y privilegios.

Lo contrario, será más malestar, menos bienestar, más división y una mayor erosión de la legitimidad democrática que ya hace que lideres desestabilizadores hayan alcanzado el gobierno o la presidencia en algunas sociedades democráticas."

(Oscar Iglesias, El Obrero, 13/12/24)

31.5.24

La edad de la ira... es posible que en los años venideros los historiadores consideren el intento de asesinato del Primer Ministro eslovaco, Robert Fico, como otra estación de paso en el alarmante descenso de Europa hacia la acritud y la violencia políticas extremas... Gran Bretaña ya ha visto asesinados a dos legisladores -Jo Cox y David Amess- desde 2016. Y la policía federal alemana informó la semana pasada de que había documentado un récord de 60.000 delitos penales por motivos políticos en 2023... A medida que aumentan los temores por la marginación, la migración masiva, la injusticia social y el quedarse atrás, a medida que se frustran las expectativas sobre los beneficios del bienestar material, hierve la rabia, y los populistas se benefician de ello, avivando con entusiasmo las llamas con un lenguaje incendiario en el que el ganador se lo lleva todo. Después de pensar que éramos inexpugnables tras el triunfo de Occidente sobre el comunismo, lo que los votantes ven ahora a su alrededor son guerras inútiles, incompetencia institucional y el hecho de que sus hijos vivirán peor que ellos... Los políticos centristas de Europa tampoco ayudan. Con demasiada frecuencia, están desconectados de unos votantes desesperados y agotados por crisis aparentemente permanentes. Son demasiado rápidos a la hora de culpar a la desinformación y a la manipulación demagógica del auge del populismo, en lugar de tomarse en serio los inconvenientes retos del presente que agitan a las familias corrientes, o de hacerlo tarde, dando a los populistas margen de maniobra (Jamie Dettmer, POLITICO)

 "Décadas antes de que el chasquido de dos disparos de pistola en Sarajevo sumiera al continente en la Primera Guerra Mundial, Otto von Bismarck predijo que sería «alguna maldita tontería en los Balcanes» lo que probablemente desencadenaría la siguiente gran guerra de Europa.

Aquel conflicto dejó unos 20 millones de muertos y encaminó a Europa hacia otra gran conflagración un cuarto de siglo después. El diplomático estadounidense George Kennan se refirió más tarde a la Primera Guerra Mundial como la «catástrofe seminal del siglo XX», ya que gran parte de la agitación política, los desastres y los horrores posteriores de Europa pueden, en cierta medida, remontarse a ella.

Sin embargo, algunas cosas han cambiado desde entonces. Por ejemplo, aunque Juraj Cintula haya disparado más balas en su intento de asesinato del Primer Ministro eslovaco Robert Fico que el estudiante serbobosnio Gavrilo Princip en el asesinato del Archiduque Francisco Fernando y su esposa en 1914, este episodio de violencia no llevará al continente a otra gran guerra, que se añadirá a la que el Presidente ruso Vladimir Putin ya está librando en Ucrania.

Sin embargo, es posible que en los años venideros los historiadores consideren este atentado contra la vida de un jefe de gobierno europeo -el primero desde 2003- como otra estación de paso en el alarmante descenso de Europa hacia la acritud y la violencia políticas extremas.

Gran Bretaña ya ha visto asesinados a dos legisladores -Jo Cox y David Amess- desde 2016. Y la policía federal alemana informó la semana pasada de que había documentado un récord de 60.000 delitos penales por motivos políticos en 2023. Así pues, las acciones de Cintula deberían ser sin duda una llamada de atención para todos aquellos que se preocupan por la democracia y temen que Europa se vea arrastrada a un pasado habitual, en el que la violencia política era moneda corriente.

La llamada Belle Époque -que comenzó tras el final de la guerra franco-prusiana en 1871 y continuó hasta la violenta intervención de Princip- suele recordarse como un periodo marcado por la alegría de vivir, la opulencia, la ilustración, la paz regional, la prosperidad económica y una notable innovación tecnológica y científica, todas ellas cosas que celebramos tras la caída del Muro de Berlín y hasta la crisis financiera de 2008 y Covid-19. Acontecimientos que nos hicieron comprender que, de hecho, la historia no había terminado.

Pero como siempre ocurre con la memoria histórica, todo depende de quién haga la crónica: los beneficiarios o los perdedores; la alta sociedad, la media o los pobres.

Por ejemplo, la edad de oro también tuvo un lado oscuro: la violencia política se extendió por Europa mucho antes del estallido de la guerra. El recuento de líderes asesinados en la época es alucinante, incluidos los primeros ministros de Grecia, Bulgaria, Serbia y España (dos), un ministro de Justicia finlandés y los monarcas de Grecia, Italia y Portugal, así como una emperatriz austriaca.

A medida que se desarrollaban estos asesinatos, algunos se tranquilizaban argumentando que eran obra sangrienta de chiflados y locos. «Hay más clases de locos de las que uno puede protegerse», comenta un personaje de la novela de época de Joseph Conrad «El agente secreto».

En la actualidad, resulta igualmente difícil no clasificar a Cintula, de 71 años -políticamente fluido, a veces poeta, minero del carbón, albañil e, irónicamente, cofundador del efímero partido Movimiento contra la Violencia- como cualquier cosa menos un desquiciado. Pero los locos pueden ser a menudo canarios en la mina de carbón.

Al igual que en los últimos años en Europa, en la bella época crecieron las milicias políticas, los movimientos proclives a la violencia y también el pensamiento nacionalista agresivo. Al ser una época de excesos y escandalosas desigualdades de renta, era comparable a la actual, enmascarando graves dislocaciones sociales y económicas, que a su vez alimentaron el resentimiento generalizado, y muchos buscaron refugio en los grandes «-ismos» fundamentalistas de la época: fascismo, comunismo, anarquismo y nacionalismo.

Para estudiosos como el ensayista indio Pankaj Mishra, las similitudes entre la llamada edad de oro y la nuestra son claramente visibles, ya que «gran parte de nuestra experiencia resuena con la de la gente del siglo XIX». Sin embargo, en su libro «Age of Anger» (La edad de la ira), Mishra advertía de que en la actualidad asistimos a sacudidas económicas de magnitud aún mayor, con «peligros más difusos y menos predecibles».

Las sacudidas que se están produciendo hoy bajo nuestros pies son presagios de los terremotos políticos que se avecinan, entre los que probablemente se incluya el resultado de las próximas elecciones al Parlamento Europeo, en las que se prevé un aumento del apoyo a los partidos populistas de derechas.

A medida que aumentan los temores por la marginación, la migración masiva, la injusticia social y el quedarse atrás, a medida que se frustran las expectativas sobre los beneficios del bienestar material, hierve la rabia, y los populistas se benefician de ello, avivando con entusiasmo las llamas con un lenguaje incendiario en el que el ganador se lo lleva todo. Después de pensar que éramos inexpugnables tras el triunfo de Occidente sobre el comunismo, lo que los votantes ven ahora a su alrededor son guerras inútiles, incompetencia institucional y el hecho de que sus hijos vivirán peor que ellos. También se sienten privados de sus derechos, ya que las decisiones parecen ser tomadas cada vez más por organismos mundiales y supranacionales que no rinden cuentas directamente al electorado.

 Los políticos centristas de Europa tampoco ayudan. Con demasiada frecuencia, están desconectados de unos votantes desesperados y agotados por crisis aparentemente permanentes. Son demasiado rápidos a la hora de culpar a la desinformación y a la manipulación demagógica del auge del populismo, en lugar de tomarse en serio los inconvenientes retos del presente que agitan a las familias corrientes, o de hacerlo tarde, dando a los populistas margen de maniobra.

Por supuesto, los enemigos de la democracia están haciendo todo lo posible para desacreditar nuestro orden mundial con desinformación difundida a través de las redes sociales y amplificada por una red mundial de organizaciones de noticias falsas operadas por Rusia, China, Irán y aliados como la Venezuela de Nicolás Maduro. Pero los políticos democráticos de Occidente no deberían ser cómplices involuntarios de ellos -o de los populistas cínicos y oportunistas de derechas o izquierdas- vendiendo mal la democracia. Deben prestar atención a la desafección, ser honestos sobre las dolorosas opciones y compensaciones, y hacer que el sistema democrático funcione mejor.

Intentar engañar a los votantes puede añadirse a la lista de cargos a los que se enfrentan estos políticos. Por ejemplo, prometer eliminar el impuesto de sucesiones -como hizo la semana pasada el canciller británico Jeremy Hunt- resulta cínico, ya que los conservadores suelen prometer exactamente lo mismo antes de las elecciones y luego, por supuesto, no hacen nada.

Mientras tanto, negarse a decir la verdad es otra táctica que molesta a muchos votantes. Como señaló POLÍTICO hace dos meses, con el telón de fondo de las airadas protestas de los agricultores de todo el continente, los líderes de la UE decidieron reducir al mínimo las conversaciones sobre la ampliación antes de las elecciones parlamentarias, por temor a que sólo ayudaran a los populistas.

«Seamos sinceros: nadie quiere hablar de esto [la ampliación] antes de las elecciones europeas», dijo un funcionario de la UE a POLITICO. «Hablar de menos subsidios para los agricultores europeos no es algo que quieras poner en tus eslóganes de campaña - o dar como munición electoral para la extrema derecha».

Pero este enfoque desacredita la democracia, añadiendo a la acritud y la ira ya presentes, ofreciendo munición. Y dentro de poco, no sólo tendremos que temer a los lobos solitarios."              

(Jamie Dettmer , POLITICO, 31/05/24, Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com, enlaces en el original)

8.9.23

Toda Europa parece estar en crisis: política, geopolítica, económica, climática, social. Lo que sea, lo tenemos. Curiosamente, no parece haber soluciones en el horizonte. Es más, parece que no se buscan soluciones reales... El "malestar europeo" es simplemente la incapacidad de la clase política neoliberal de Europa para comprender la realidad geopolítica y económica actual... Desde la introducción del neoliberalismo como su estrella, los gobiernos europeos han tirado por la ventana todo lo que nos hacía fuertes, que consistía principalmente en invertir en sus ciudadanos y en su economía... Los dirigentes europeos se aferran al corsé de sus actuales políticas económicas y sociales neoliberales. El único cambio tolerado es el aumento constante de los beneficios y la riqueza de las empresas y los ricos... No hay alternativa. No importa a qué partido voten los ciudadanos en Europa, las políticas no se ven afectadas... El hecho es que la mayoría de los gobiernos europeos no tienen un plan y mucho menos un marco practicable... De hecho, no tienen ni idea de lo que están haciendo económicamente y esperan que sus banqueros centrales y sus pagadores corporativos sí la tengan y que las cosas vayan bien de alguna manera. Los primeros tampoco tienen ni idea... Los segundos, sin embargo, sí tienen una política clara: el beneficio y la codicia. El capitalismo depredador no nos está fallando. Nunca fuimos parte de su estrategia de éxito (Mathew D. Rose)

 "Toda Europa parece estar en crisis: política, geopolítica, económica, climática, social. Lo que sea, lo tenemos. Curiosamente, no parece haber soluciones en el horizonte. Al contrario, parece que no se buscan soluciones reales.

Esto no es ninguna sorpresa, ya que el único objetivo de la clase política neoliberal y de las corporaciones europeas es una inexorable distribución de la renta de abajo hacia arriba, lo que vemos no sólo en el aumento de la desigualdad, sino también en el fracaso a la hora de detener el cambio climático. Su panacea es la austeridad y la reducción de impuestos para las empresas y los ricos. Se trata de un truco que se ha convertido en un lastre.

Desde la introducción del neoliberalismo como su estrella de filón, los gobiernos europeos han tirado por la ventana todo lo que nos hacía fuertes, que consistía principalmente en invertir en sus ciudadanos y en su economía. Eso consistía en innumerables tipos de políticas que iban desde la educación, la sanidad, la vivienda, el medio ambiente, el abastecimiento público hasta la innovación técnica. Esto era superfluo para "el mercado" a menos que pudiera ser mercantilizado o financiarizado. Así pues, éstas se han reducido radicalmente y gran parte de lo que queda se ha vuelto ineficiente y caro a través de la privatización. La actual evolución económica y geopolítica es incomprensible para estos políticos.

 Empecemos por lo geopolítico. Resumir las políticas de Europa desde que recientemente subordinó sus políticas internacionales a las de Estados Unidos puede describirse mejor como dispararse en el pie -en realidad en ambos pies- y también en una pierna. Como explicó Chas W. Freeman en una entrevista, el programa europeo de sanciones contra Rusia fue un error comparable a la invasión inicial de Ucrania por Putin. Las economías europeas están actualmente en ruinas y no hay final a la vista. La única razón por la que la situación no es peor es que muchos gobiernos y empresas europeas, especialmente en Alemania, ignoran o eluden las sanciones. Además, está el conflicto entre Estados Unidos y China. La UE, especialmente Alemania, que representa alrededor del 25% del PIB de la UE, tiene una economía neomercantilista. Uno de sus socios de exportación e inversión exterior más importantes es China. No importa si desea llamarlo sanciones, desvinculación o des-riesgo, los efectos negativos de esta política tienen el potencial de eclipsar las sanciones a Rusia.

Con la guerra de Ucrania, Europa se ha atado un albatros al cuello. Al parecer, Estados Unidos se ha decidido por una guerra interminable, en la que se espera que Europa financie en su mayor parte el conflicto y la reconstrucción. Si los estadounidenses deciden concentrar todos sus esfuerzos en su conflicto con China, entonces Europa tendrá que cargar con una nación disfuncional y destruida durante décadas, o abandonar a Ucrania a su suerte como hicieron con Afganistán.

 Añádase a esto que las sanciones contra Rusia alarmaron a tantas naciones ajenas a la alianza de naciones blancas ricas que se están unificando como nunca habríamos imaginado hace dos años. Por sí sola, la expansión de los BRICS es un acontecimiento histórico que parece estar proporcionando al hemisferio sur un impulso geopolítico que incluye el fin de la hegemonía de Estados Unidos sobre la región. También ha intensificado los esfuerzos de estas naciones por reducir la importancia del dólar estadounidense y desvincularse del dictado financiero de Whitey.

Por ejemplo, estamos siendo testigos de cómo las colonias de Francia intentan liberarse, lo que puede incluir abandonar la dominación financiera de Francia a través del franco CFA y una reorientación de sus exportaciones a otras naciones que les ofrezcan un trato justo, lo que no es una gran hazaña, ya que las oligarquías clientelares instaladas en Europa y Estados Unidos han saqueado sin piedad a las naciones que gobiernan. Aunque la UE y Macron están incandescentes, parecen indefensos. EEUU no les apoya, ni siquiera califica de golpe la toma militar de Níger, estando más preocupado por mantener allí su importante base de drones. Esto y la voladura de sus gasoductos parecen ser el tipo de trato de su hegemón al que Europa tendrá que acostumbrarse.

Con su iniciativa "Belt and Road", los chinos, primera alternativa al imperialismo estadounidense y europeo en décadas, se están abriendo paso en mercados importantes para Europa. La UE se está viendo relegada por China a un distante segundo o tercer plano en lo que respecta al comercio en muchas naciones del Sur Global.

Europa tiene poco que ofrecer a estas naciones aparte del viejo imperialismo disfrazado de "ayuda" y "asociación", así como un montón de poses morales. En el frente diplomático, sus principales diplomáticos son el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE, Josep "Nosotros somos el jardín, ellos son la jungla" Borrell, y la vergonzosa ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, cuya Política Exterior Feminista, con su desmesurado avivamiento de la guerra de Ucrania en lugar de buscar una solución diplomática, no difiere de la política exterior patriarcal. No son actores serios en una crisis de esta dimensión.

Los dirigentes europeos -dentro y fuera de la UE- se aferran al corsé de sus actuales políticas económicas y sociales neoliberales. El único cambio tolerado es el aumento constante de los beneficios y la riqueza de las empresas y los ricos. Esto, por supuesto, significa quitar riqueza a los más desfavorecidos, que es un problema que se resuelve por la fuerza, como vemos a menudo en Francia, o con mentiras y polémicas apoyadas por el Estado y los principales medios de comunicación. Soluciones no hay - o como dicen los franceses Plus ça change, plus c'est la même chose (Cuanto más cambian las cosas, más siguen igual).

Otra faceta es la política No hay alternativa. No importa a qué partido voten los ciudadanos en Europa, las políticas no se ven afectadas. Los votantes escoceses querían un partido que prometiera independencia y justicia social, pero acabaron con el SNP, un gobierno neoliberal corrupto que hizo todo lo posible por evitar un nuevo referéndum de independencia. Los griegos votaron a Oxi y obtuvieron la política neoliberal de la UE y el FMI con esteroides. Los italianos han votado a partidos de izquierda, centro, derecha y extrema derecha, todos prometiendo cambios y acabaron con las mismas políticas neoliberales. Los alemanes recibieron recientemente un gobierno de coalición de tres partidos que prometía cambios y se encontraron con otro gobierno neoliberal que hace todo lo posible por evitar cualquier mejora significativa para la mayoría. Los votantes británicos parecen estar hartos de la corrupción atroz de su gobierno tory y de sus políticas hiperneoliberales. El Partido Laborista de la oposición, que debe ganar a lo grande en las próximas elecciones generales, ya ha declarado que no cambiará ninguna de las principales políticas tories. A medida que los miembros abandonan el partido en masa, el partido depende cada vez más de las finanzas corporativas. Realmente no hay alternativa. A cambio, los votantes europeos han sido obsequiados con políticas identitarias, un muro en su frontera y, ahora, una guerra.

 Hay otro elemento de la crisis actual que se está ignorando, el psicológico. Las políticas gubernamentales ya no se basan en la realidad social. Han creado una realidad paralela bombardeando a sus ciudadanos con propaganda, no sólo en las redes sociales, sino también a través de los medios de comunicación estatales y corporativos. Esta segunda pseudorealidad hace que su capacidad para actuar como ciudadanos informados y responsables sea prácticamente imposible. En lugar de ello, conduce a la labilidad, ya que pasan de una mentira a otra de un partido político a otro. Los Países Bajos son probablemente el mejor ejemplo de ello. Basta con echar un vistazo a sus encuestas. Un gran número de votantes salta de un partido a otro, algunos de reciente creación, en el transcurso de unas semanas. En muchas naciones de Europa del Este, un partido político de reciente creación sustituye a otro en el gobierno. Su corrupción es ilimitada, su obediencia a la UE impecable, sus ciudadanos desilusionados

En Alemania, la ultraderechista AfD ha duplicado sus resultados en las encuestas, pasando del diez al veinte por ciento. Si la política de izquierdas Sarah Wagenknecht funda un nuevo partido, el pronóstico es que obtendrá alrededor del 20% de los votos. Dado que atraerá a muchos votantes de la AfD, juntos podrían conseguir alrededor del 30 por ciento de los votos. Si añadimos el veinticinco por ciento de votantes que no emiten su voto, los seis partidos liberales autoritarios del establishment alemán no cuentan con el apoyo de ni siquiera la mitad de los votantes alemanes.

 La cuestión es si el cambio político es posible. Con el tsunami propagandístico de los medios de comunicación estatales y corporativos y el apoyo financiero masivo de las empresas a los partidos políticos y a los políticos -legales e ilegales-, actualmente no se vislumbra ningún cambio político. La advertencia de la corrupta clase política europea de que si no son elegidos la extrema derecha tomará el poder está perdiendo rápidamente credibilidad como amenaza. Además, el fascismo es el objetivo lógico del neoliberalismo. No recuerdo que a las empresas les preocupe realmente que la extrema derecha esté en el poder. Para ellos es preferible, ya que garantiza la estabilidad política.

Económicamente, Europa parece estar perdida en el mar. Los salarios reales se hunden. El desempleo parece aumentar de nuevo. Los gobiernos y los bancos centrales no consiguen controlar la inflación. La recesión podría quedarse durante mucho tiempo. Todo lo que se ofrece son las viejas políticas de austeridad y reducción de impuestos para los ricos y las empresas. Eso siempre funciona en el neoliberalismo, ¿no? Incluso Joe Biden habló de boquilla de un cambio ideológico cuando declaró: "El goteo nunca ha funcionado". No oirán a ningún político del establishment europeo pronunciar semejante herejía.

La economía alemana, que es de facto la economía de la UE, atraviesa graves dificultades. Su economía se basaba en la energía fósil y las materias primas baratas de Rusia, un mundo unipolar bajo la égida de EEUU, el mercado chino, el globalismo y el motor de combustión interna. Todo esto no funciona actualmente. Mientras los medios de comunicación alemanes se regodean en el hundimiento de las exportaciones chinas, nadie menciona que le seguirá el hundimiento de las importaciones alemanas a China, lo que no es prometedor para una nación neomercantil. China es uno de los socios comerciales más importantes de Alemania, a donde envía más de 100.000 millones de euros en mercancías cada año y donde realiza inversiones masivas. A esto se añade el Schadenfreude alemán por la caída del renimbi frente al euro. Cuando los productos chinos más baratos obliguen a las empresas de la UE a abandonar otros mercados extranjeros y los chinos compren menos productos de la UE porque son demasiado caros, oiremos hablar a los mismos medios de comunicación de la agresiva devaluación de la moneda china. También se ignora el hecho de que la desaceleración económica de China se está extendiendo por toda Asia, también importante cliente de las exportaciones alemanas.

Siento citar aquí a Margaret Thatcher (la culpa es de Chris Dillow): "Una economía funcionará mejor cuando se construya sobre un marco de normas claras y predecibles en las que los individuos y las empresas puedan confiar a la hora de hacer sus propios planes". El hecho es que la mayoría de los gobiernos europeos no tienen un plan y mucho menos un marco practicable. De hecho, no tienen ni idea de lo que están haciendo económicamente y esperan que sus banqueros centrales y sus pagadores corporativos sí la tengan y que las cosas vayan bien de alguna manera. Los primeros tampoco tienen ni idea (¿hemos olvidado la respuesta suicida de Jean-Claude Trichet a la CFG en 2011?). Los segundos, sin embargo, sí tienen una política clara: el beneficio y la codicia. El capitalismo depredador no nos está fallando. Nunca fuimos parte de su estrategia de éxito.

Está escrito está en la pared, pero nadie parece querer leerlo."                

(Mathew D. Rose es periodista de investigación especializado en crimen político organizado en Alemania. Brave New Europe, 05/09/23; traducción DEEPL)

23.5.23

La soledad y la desolación han invadido al país que proclamó como derecho la búsqueda de la felicidad cuando fue fundado... El cirujano general de Estados Unidos declaró que hay una nueva emergencia de salud pública en este país a la cual bautizó como epidemia de soledad... tiene consecuencias de salud tan serias como las del tabaco y que aproximadamente la mitad de los adultos estadunidenses dicen que han padecido de soledad

 "El cirujano general de EE.UU., Vivek Murthy, declaró que hay una nueva emergencia de salud pública en este país a la cual denomina epidemia de soledad. Informó que esta epidemia tiene consecuencias tan serias como las del tabaco y que cerca de la mitad de los adultos estadounidenses la han padecido.

La soledad y la desolación han invadido al país que proclamó como derecho la búsqueda de la felicidad cuando fue fundado.

El cirujano general de Estados Unidos declaró que hay una nueva emergencia de salud pública en este país a la cual bautizó como epidemia de soledad. El doctor Vivek Murthy informó que esta epidemia tiene consecuencias de salud tan serias como las del tabaco y que aproximadamente la mitad de los adultos estadunidenses dicen que han padecido de soledad.

La pandemia exacerbó esta condición al obligar el aislamiento de millones, el cierre de escuelas y lugares de convivio, pero ya prevalecía desde antes, en parte por un desplome en la participación de la gente en organizaciones comunitarias, en iglesias y otras actividades sociales. También hay más personas de la tercera edad viviendo solas. Pero todas las generaciones están padeciendo esta epidemia de soledad. El informe emitido por el cirujano general señala que los jóvenes entre 15 y 24 años de edad fueron entre los más afectados durante la pandemia, con el tiempo con amigos reducido en 70 por ciento. Según el informe emitido por el cirujano general, la soledad incrementa la tasa de muerte prematura por casi 30 por ciento, y nutre la depresión, ansiedad y hasta la demencia. La conexión social es esencial para la salud y el bienestar, afirma el informe. https://www.hhs.gov/surgeongeneral/priorities/connection/index.html?utm_source=osg_social&utm_medium=osg_social&utm_campaign=osg_sg_gov_vm#advisory].

Al mismo tiempo, Estados Unidos es único entre los países avanzados del mundo en registrar reducciones de tasas de expectativa de vida para amplios sectores. Este fenómeno empezó a llamar la atención hace unos 7 años, cuando dos economistas, Anne Case y el premio Nobel Angus Deaton, exploraron el fenómeno de crecientes tasas de mortalidad entre hombres blancos sin estudios universitarios, algo sin precedente y sin igual en otros países. En este sector se registran más muertes por adicciones a opioides y otras drogas, alcoholismo y suicidios. Al examinar las condiciones socio-económicas de este sector, bautizaron el fenómeno como «muertes de desolación».

Esto ha generado nuevas exploraciones sobre la dinámica socioeconómica estadunidense, definida por las consecuencias de políticas neoliberales durante cuatro décadas incluyendo un dramático incremento en la desigualdad económica y su impacto sobre la clase trabajadora. Algunos analistas señalan que esta es parte de la base que conquistó Trump.

Para Case y Deaton, no es complicado identificar la causa de estas muertes de desolación: destruye el trabajo y, al final, la vida de clase trabajadora no puede sobrevivir. Es la falta de significado, de dignidad, de orgullo y de respeto propio que viene con el fin de matrimonio y de comunidad que provoca la desolación, no sólo la falta de dinero, escriben.

En el país más rico del mundo, los estadounidenses en promedio se están muriendo más jóvenes que antes, rompiendo los patrones globales e históricos pronosticables, más jóvenes que en otras partes del primer mundo pero también que en Cuba, China y Líbano, señala David Wallace-Wells, escritor sobre ciencias para el New York Times. Pero no sólo eso, la anomalía de mortalidad estadunidense ya no se trata de adultos mayores, sino cada vez más de jóvenes y niños. Uno de cada 25 niños de 5 años no vivirá para cumplir 40 –una tasa de mortalidad como cuatro veces más alta que en otros países ricos. Y no es por el covid, el cual fue culpable en sólo 2 por ciento de las muertes de jóvenes y niños, sino más bien por armas de fuego que son responsables de casi la mitad del incremento (usadas en suicidios y homicidios), entre otros factores.

El país que se ofrece como modelo a seguir para el mundo, que impulsa recetas económicas y sociales para todos los demás y que celebra la búsqueda de la felicidad, aparentemente es un país cantando un blues cada vez más marcado por la soledad y la desolación. Tal vez otros países podrían ofrecerle algunas recomendaciones u otro modelo a seguir.

Leonard Cohen. The Future. https://youtu.be/8WlbQRoz3o4

Bonnie Raitt & John Prine. Angel from Montgomery. https://youtu.be/MaHNUYAKDn4"         (David Brooks , La Jornada, 08/05/23)

16.5.23

Pacto entre patronal y sindicatos, crecimiento de la economía superior a lo previsto para el 2023. No hay recesión. Mejora del empleo, y récord de contratos indefinidos, inflación en la tabla baja de la UE, contención de los precios de la energía, Biden obsequia a Pedro Sánchez con una reunión en la Casa Blanca... El país podía haber sufrido un grave hundimiento y no ha ocurrido. Con ese vaso medio lleno, generosamente medio lleno, en los años ochenta y noventa del siglo pasado un partido de gobierno tenía la victoria electoral garantizada... Estamos, sin embargo, en el proceloso siglo XXI... El siglo en el que eclipsa el concepto realidad. Mucha gente se siente en peligro y los que menos tienen no son los más asustados. Los rangos sociales están en riesgo y todo el mundo se halla a la defensiva. Hay miedo contenido y hay miedo alucinatorio... se han presentado en Madrid cincuenta denuncias por las estelas blancas que dejan los aviones en el cielo. Circula por las redes el bulo de que el Gobierno ha ordenado fumigar desde el cielo para aumentar la sequía y asegurarse el control de la población. No es una anécdota. Es la versión más delirante de un trasfondo realmente existente. Ante ese trasfondo se halla el vaso medio vacío (Enric Juliana)

 "Pacto entre patronal y sindicatos ante la inflación, con recomendación de aumentos salariales del 4% para este año, pacto que viene a reforzar el marco de la reforma laboral. Sacrificio de una parte del valor adquisitivo de los salarios para mantener el crecimiento de la economía en los próximos años. Moderación política de la patronal, que renuncia a tirarse al monte en pleno periodo electoral, como le gustaría a buena parte de la derecha, para mantener la tranquilidad en fábricas y talleres. Política inteligente que hace trizas la consigna gobierno ilegítimo. Bajo gobiernos ilegítimos no hay pacto social.

Hay más. Crecimiento de la economía superior a lo previsto, según las últimas estimaciones para el 2023. No hay recesión. Mejora del empleo, con 20,5 millones de personas ocupadas y récord de contratos indefinidos (reforma laboral). Acuerdo con Bruselas sobre el ajuste del sistema de pensiones, negociado con los altos funcionarios de la Unión Europea que dirigieron la intervención de la economía griega.

Hay más. Inflación en la tabla baja de la UE, con el gran problema de los precios de la alimentación, que pueden volver a dispararse en los próximos meses como consecuencia de la sequía. Contención de los precios de la energía. El precio del gas a 35 euros el MWh en el mercado de referencia neerlandés. (340 euros en verano del 2022). Reservas de gas garantizadas para el próximo invierno. Nuevo equilibrio con Marruecos, que se refleja en la disminución de la inmigración irregular, mientras Italia acumula un problema dramático con Libia y Túnez. La tensión en la frontera de Ventimiglia llega a Francia y esta semana ha estado a punto de estallar un serio conflicto diplomático entre italianos y franceses. Buenas relaciones con Estados Unidos. El presidente Joe Biden obsequia a Pedro Sánchez con una reunión en la Casa Blanca el próximo día 12, jornada en la que se inicia la campaña de las elecciones locales.

Este es el vaso medio lleno después de una grave epidemia, que la OMS acaba de dar por concluida, la erupción de un volcán en la isla de La Palma, el estallido de una guerra en suelo europeo y el disparo de la inflación hasta registros que no se veían desde hace años. El país podía haber sufrido un grave hundimiento y no ha ocurrido. Con ese vaso medio lleno, generosamente medio lleno, en los años ochenta y noventa del siglo pasado un partido de gobierno tenía la victoria electoral garantizada.

 Estamos, sin embargo, en el proceloso siglo XXI, el siglo de la aceleración máxima del tiempo histórico y de las nuevas inseguridades. El siglo en el que eclipsa el concepto realidad. Mucha gente se siente en peligro y los que menos tienen no son los más asustados. Los rangos sociales están en riesgo y todo el mundo se halla a la defensiva. Hay miedo contenido y hay miedo alucinatorio. En las últimas semanas se han presentado en Madrid cincuenta denuncias ante la Fiscalía por los chemtrails, las estelas blancas que dejan los aviones en el cielo. Circula por las redes el bulo de que el Gobierno ha ordenado fumigar desde el cielo para aumentar la sequía y asegurarse el control de la población. No es una anécdota. Es la versión más delirante de un trasfondo realmente existente. Ante ese trasfondo se halla el vaso medio vacío.

En ese vaso con poca agua está la sequía y todas las tensiones sobre los recursos hídricos que pueden desatarse pronto. Ya está ocurriendo. Después del error Doñana, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla , se puso ayer al frente de la manifestación de la Andalucía sedienta. En el vaso medio vacío están las nóminas que no alcanzan para llegar a final de mes, sobre todo en las grandes ciudades, pese a la subida del salario mínimo y los efectos estabilizadores de la reforma laboral. Está el grave problema de la vivienda que impide a muchos jóvenes una plena emancipación. El encarecimiento de la vivienda es la nueva epidemia. No es fácil moderar el precio de los alquileres en un país con una de las ofertas turísticas más potentes del mundo. El Gobierno está emitiendo señales de reacción en este ámbito, pero puede que llegue tarde. A Pedro Sánchez se le ve muy preocupado por el voto juvenil. Lleva semanas efectuando anuncios y promesas que puedan interesar a los jóvenes. El presidente anunció ayer la financiación estatal del 50% del interraíl para los jóvenes de 18 a 30 años que quieran viajar por Europa este mismo verano.

La mejora del cuadro general tras la epidemia trabaja en favor de la izquierda, pero hay desgaste

En el vaso medio vacío está el desgaste acumulado durante tres años irrepetibles. Y en los posos de ese vaso tristón puede observarse la sorda pelea en el flanco izquierdo de la coalición gobernante: la laboriosa articulación del nuevo liderazgo de Yolanda Díaz, la ministra mejor valorada en las encuestas. Díaz ha empezado a hinchar las velas de la plataforma Sumar, con el firme apoyo de Izquierda Unida, sin un pacto previo con Podemos, formación que reivindica el mérito histórico de haber llevado al Gobierno a una corriente política casi proscrita en España desde la transición. Después de un aguante casi espartano en el Gobierno –el grupo parlamentario de Unidas Podemos no se ha roto nunca durante la legislatura–, el conglomerado situado a la izquierda del PSOE corre el riesgo de volver a aparecer ante buena parte de la sociedad como la izquierda que cambia de nombre cada cuatro años, una rama política con muchas familias que solo consiguen mantenerse unidas durante un corto periodo de tiempo, al no disponer de los mecanismos de estabilización interna (las denominadas puertas giratorias) de los grandes partidos.

En el ciclo electoral que empieza el próximo día 28 no solo se van a examinar los partidos en singular, se va a examinar sobre todo la coalición de Gobierno, la primera coalición de izquierdas en España desde los tiempos de la Segunda República. El primer examen será de carácter local y dentro de tres semanas se sabrá si en las elecciones municipales y autonómicas pesan más los factores locales o las grandes corrientes de la política. Espíritu del lugar o espíritu del tiempo. El genius loci de los antiguos romanos, o el genius secoli, el zeitgeist de la filosofía alemana.

Las tensiones entre Sumar y Podemos introducen un factor de incertidumbre en el flanco izquierdo

Traducido al latín vulgar: Ximo Puig y sus aliados de izquierda consiguen revalidar la mayoría en la Comunidad Valenciana después de haber ubicado en Sagunt la mayor inversión industrial en España tras la pandemia, o el Partido Popular y Vox obtienen la mayoría en las Corts Valencianes gracias a la consigna “hay que echar a Sánchez”, constantemente repetida desde algunos de los principales altavoces mediáticos de Madrid. (Se preparan significativos cambios en la televisión privada española para el segundo semestre del año, en la recta final de las elecciones generales). El ejemplo valenciano es el más vivaz de todos, puesto que un cambio de mayoría en esa comunidad daría al Partido Popular una gran ventaja competitiva ante la próxima legislatura: Madrid (donde el PP parte como favorito), Andalucía y Valencia alineadas en el mapa territorial formarían un frente temible para un Gobierno de izquierdas en minoría.

Vaso medio lleno. Vaso medio vacío. Signo local o signo general. Esas son las líneas de fuerza de las elecciones del 28 de mayo, cuya campaña empieza el próximo viernes. Habrá muchas variables y en no pocas comunidades y ayuntamientos el resultado final se dirimirá por un escaño o por un acta de concejal. Serán, por tanto, unas elecciones con muchos disparos al poste, por decirlo al modo futbolístico, el lenguaje de nuestra época."            (Enric Juliana, La vanguardia, 07/05/23)

13.4.23

Las luchas sociales se recrudecen en Europa: ¿elegimos el armamento o el bienestar social? Los países donde la gente está saliendo a la calle para manifestarse contra el aumento de los gastos, la atención sanitaria insuficiente, el atraso de la edad de jubilación, etc., son los mismos que gastarán mucho más en armamento en el futuro. No es casualidad, ya que un mayor gasto en armamento significa sacrificar gastos sociales y de bienestar... El desencadenante del malestar social varía de un país a otro, pero la causa es esencialmente la misma. Cada uno de estos gobiernos tiene unos planes de austeridad que derriban los servicios públicos y miman a la capa superior rica mientras deja a las personas trabajadoras empobrecidas y trabajando más tiempo... Estos gobiernos tienen aún más en común. Tienen una reserva de dinero aparentemente muy grande que están gastando en una nueva carrera armamentística... El gobierno francés afirma que las jubilaciones son inasequibles, pero en enero anunció que aumentaría más de un tercio el presupuesto de defensa en los próximos años, es decir, cinco veces más que los sacrificios que se requieren para pagar las jubilaciones... el gobierno alemán es incapaz de intervenir y tapar un agujero de 9.000 millones de euros, pero sí ha anunciado que destinará 100.000 millones de euros más a las fuerzas armadas en los próximos años

 "Ira y agitación

Las últimas semanas han sido especialmente inestables en varios países europeos. El enfrentamiento entre amplios sectores de la población y el gobierno es patente.

El 15 de marzo los trabajadores en huelga pararon Londres. Más de 40.000 personas trabajadoras salieron a la calle. Un mes antes Gran Bretaña también se había visto envuelta en una tormenta de protestas. A mediados de febrero hubo manifestaciones en más de 40 ciudades.

Al igual que en marzo, los manifestantes descargaron su ira contra el aumento del coste de la vida, que está sumiendo en la pobreza a millones de personas trabajadoras. En las pancartas se podía leer: «Congelar la factura energética», «Que paguen impuestos los ricos» y «No vamos a pagar la crisis».

A principios de febrero más de medio millón de británicos ya había hecho huelga en departamentos gubernamentales y empresas. La actual oleada de descontento social comenzó el verano pasado. Bajo el nombre basta ya (enough is enough), movimientos sociales y sindicatos se han unido en un frente contra las políticas antisociales del gobierno británico.

Francia está muy inquieta desde el 19 de enero por el ataque de presidente Macron a las jubilaciones. Desde entonces diversos sectores están realizando paros, se están organizando cortes de carretera y ya se han celebrado 11 días de acción. En todas esas acciones cientos de miles de personas salieron a la calle en decenas de ciudades.

 Cuando Macron dejó afuera al Parlamento el 16 de marzo para aprobar su proyecto de ley de pensiones, se abrió la compuerta. En varias ciudades estallaron disturbios espontáneos. Se aprobó la ley f, pero los disturbios no han terminado. Sorprendentemente, no solo las personas trabajadoras, sino también muchas jóvenes salen a la calle para oponerse a la ley.

Alemania tampoco escapa a los disturbios. A finales de marzo se produjo una huelga – una de las peores en décadas – en el sector del transporte. Provocó enormes trastornos en los aeropuertos, el transporte público y los mayores puertos del país.

En Alemania los salarios no se ajustan automáticamente al índice de los precios de consumo. Dada la elevada inflación del año pasado, los trabajadores piden un aumento salarial de 650 euros, mientras que los empresarios sólo quieren dar 92 euros.

A mediados de marzo los trabajadores de la salud alemana hicieron un paro de 48 horas. Además de un aumento salarial, se oponen a los planes de recortar camas hospitalarias y puestos de trabajo. Son medidas que forman parte de un ataque más amplio contra la salud pública.

En Grecia el detonante de los disturbios fue el trágico accidente ferroviario de Tempe. Griegos de todas las edades y procedencias llevan semanas participando en manifestaciones multitudinarias por todo el país. Esta puede ser la mayor revuelta desde los disturbios contra las medidas de austeridad de 2010.

La ira se dirige contra una élite política corrupta cuyo historial de austeridad y privatización se considera, justamente, responsable de la muerte de 57 personas.

¿No hay dinero?

El desencadenante del malestar social varía de un país a otro, pero la causa es esencialmente la misma. Cada uno de estos gobiernos tiene unos planes de austeridad que derriban los servicios públicos y miman a la capa superior rica mientras deja a las personas trabajadoras empobrecidas y trabajando más tiempo. En algunos casos esto provoca víctimas mortales, ya sea por la erosión de los sistemas de seguridad (en Grecia) o por el retraso de las ambulancias (en Gran Bretaña). 

 Estos gobiernos tienen aún más en común. Tienen una reserva de dinero aparentemente muy grande que están gastando en una nueva carrera armamentística.

Gran Bretaña gasta bastante más en gastos militares que sus vecinos (1). Sin embargo, el Gobierno británico ha decidido conceder al ejército 11.000 millones de libras (12.500 millones de euros) adicionales, mientras que para el personal de enfermería, el profesorado o el funcionariado no hay dinero.

El gobierno francés afirma que las jubilaciones son inasequibles, pero en enero anunció de paso que aumentaría más de un tercio el presupuesto de defensa en los próximos años, es decir, cinco veces más que los sacrificios que se requieren para pagar las jubilaciones (2).

 Debido a los elevados costes energéticos, los hospitales alemanes se enfrentan a déficits financieros. Como consecuencia, tendrán que reducir la plantilla y se aplazarán operaciones ya planificadas. Aparentemente el gobierno alemán es incapaz de intervenir y tapar un agujero de 9.000 millones de euros, pero sí ha anunciado que destinará 100.000 millones de euros más a las fuerzas armadas en los próximos años.

El Gobierno griego, que supuestamente no puede permitirse mantener una red de transporte segura, ha aumentado el gasto militar en más de 60% desde 2019. La pobre Grecia ya paga proporcionalmente casi tres veces más en gastos militares que el resto de Europa (3).

Cuestión fundamental de la democracia

Una cuestión central de la democracia es en qué gasta su dinero un gobierno. Deja claro cuáles son las prioridades y sus opciones sociales. ¿Gastamos más dinero en sanidad, bienestar o educación o, por el contrario, destinamos más dinero a la militarización y el armamento?

Y, si gastamos más en armamento, ¿crearemos un mundo más seguro? ¿Los años de concentración militar de la OTAN en las fronteras rusas impidieron o provocaron la terrible guerra de Ucrania? ¿Acercará algo a la paz la actual carrera armamentística en Europa, incluidos los suministros de armas a Ucrania? O, como sostiene el profesor Tom Sauer, ¿necesitamos, en cambio, una arquitectura de seguridad equilibrada que coopere con Rusia en pie de igualdad? ¿Se convertirá el mundo en un lugar más seguro enviando buques de guerra franceses, holandeses, alemanes y británicos frente a las costas chinas o nos coloca innecesariamente en la línea de fuego si Estados Unidos decide iniciar una guerra en el Pacífico?

Siguen llegando los llamamientos a una paz negociada en Ucrania desde Brasil, India y China, mientras el Occidente sigue boicoteando las negociaciones de paz. ¿No demuestra esto que el bando de la OTAN está en desacuerdo con la opinión mundial?

Estados Unidos es un imperio en relativa decadencia y aparentemente está dispuesto a iniciar una guerra mundial con tal de mantener su supremacía. ¿Es prudente que Europa se suba a ese tren de guerra? ¿No es urgente elaborar una política exterior propia e independiente?

Eso nos daría opciones en materia de comercio, cooperación internacional y también de gasto que actualmente se nos niegan, porque nuestro servilismo a Washington no solo tiene (peligrosas) consecuencias geopolíticas, sino también sociales. Aceptar un mayor gasto en armamento significa sacrificar indudablemente el gasto social y el bienestar.

¿Es esa la elección que queremos hacer? Corresponde a los sindicatos y a las organizaciones de la sociedad civil reflexionar detenidamente al respecto y hacer oír su voz en ese importante debate.

Fuente de inspiración: Public spending, war and a Europe in revolt: political choices"
(
Marc Vandepitte , Rebelión, 07/04/23, fuente aquí )