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28.4.26

Ahora es fácil entrar en el mercado laboral y encontrar un empleo precarizado, pero los universitarios, que aspiran a buenos puestos de trabajo lo tienen más difícil. En ello ha influido la degradación del mercado laboral que sufre todo Occidente y también España. La desindustrialización, la financiarización, la automatización y la difusión de internet en el sector servicios ha llevado a una disminución más que evidente de los puestos de trabajo bien remunerados... así que, tenemos un exceso de aspirantes a la élite que compiten por un reducido número de puestos en los niveles superiores de la política y de los negocios... esto se traduce en unos crecientes sentimientos de privación relativa entre las clases aspiracionales, entre los aspirantes a formar parte de la élite... las clases aspiracionales no cuestionen en absoluto el cosmopolitismo neoliberal, ni la globalización. En lugar de eso, cargan contra los enfermos que están de baja médica, pero sobre todo contra los jubilados... con la IA. desaparecerán enormes cantidades de empleo... Todo esto se traducirá en una “privación relativa” creciente. Y lo hará de forma exponencial. Una privación relativa creciente que se traduce en crecientes posibilidades de “violencia política”... la perspectiva más probable es que los tecno-oligarcas dirijan con sus algoritmos las iras no contra ellos, sino contra los de al lado, contra las personas mayores, contra los indefensos, contra los enfermos. Ya lo están haciendo. ¿Estamos asistiendo al nacimiento de un “Tecno-fascismo”? El tiempo lo dirá ( Miguel Ángel Cerdán Pérez)

"PRIVACIÓN RELATIVA, IA Y ¿TECNO-FASCISMO?

En el clásico de 1970 de Ted Gurr “¿Por qué los hombres se rebelan?” se desarrolló la llamada teoría de la Privación Relativa. En ella se comenta la manifestación de sentimientos de privación ante las expectativas frustradas, entendiendo esta privación no como una realidad objetiva sino relativa entre lo que los individuos tienen y lo que creen merecer. Estas expectativas frustradas no se limitarían a los aspectos materiales sino también a la participación política o el desarrollo personal.

Esta manifestación de privación no sólo sería individual, sería o pretendería serlo principalmente grupal, como una percepción de que como miembro de un grupo se está en posición de desventaja respecto a otro grupo. Gurr distingue tres tipos de privaciones. La primera sería respecto a las aspiraciones, es decir cuando las aspiraciones de un grupo en interrelación con otros grupos más favorecidos, crecen en mayor medida que las posibilidades de satisfacer las mismas. La segunda sería por decrecimiento, que aparecería cuando el grupo asiste al decrecimiento de su control efectivo sobre bienes y valores apreciados, mientras que las expectativas permanecen estables. Y la tercera sería la llamada privación progresiva, cuando un grupo tras un pasado inmediato de materialización de las expectativas ve como se bloquean las posibilidades de seguir viendo satisfechas esas expectativas.

Según Gurr, esto desembocaría en violencia política, aunque ese teórico final y ese supuestamente inevitable desenlace han sido ampliamente criticados por Miguel Ángel Río.

La teoría de Gurr en cualquier caso entroncaría con tesis defendidas por Luigi Salvatorelli y Renzo de Felice también en los años setenta del siglo XX, que argumentarían que el fascismo italiano era el vehículo de las clases medias, a las que se les ha negado una posición social entre la élite nacional con el fin de de forjar un nuevo sistema nacional que les proporcione un papel más sobresaliente. Por supuesto hay muchas más interpretaciones del fascismo como recoge Stanley G Payne. Así, entre ellas está la que argumenta que el fascismo es un subproducto de una descomposición cultural y moral, como piensan Benedetto Croce o Meinecke. O la que indica que era una forma de Bonapartismo, defendida por Thalheimer, y que defiende que el fascismo era producto de una crisis social y política en que las formas de dominación de clase ya no funcionaban y donde fuerzas competidoras se anulaban mutuamente, permitiendo una nueva forma de dictadura. En cualquier caso, la tesis de De Felice, el mayor experto en el fascismo italiano, es la más sugerente. El fascismo sería pues la consecuencia de una privación relativa de parte de las clases medias.

¿Y todo esto tiene algo que ver con la realidad actual? Sí que lo tiene. Y es que debemos analizar dos factores que en principio son contradictorios. En primer lugar, en todo Occidente, y en particular en España, se han reducido las cohortes de jóvenes nativos. Así número de jóvenes con padres de origen español, entre 15 y 34 años, ha descendido un 33 % en menos de 25 años. Así se desprende de las cifras del Instituto Nacional de Estadística, que cifraba el número de jóvenes españoles, en esas cohortes de edad, entre 15 y 34 años, en 12.565.052 en el año 1998. En el año 2022 esa cifra ha bajado a 8.429.301 españoles. En total ha descendido en 24 años en un tercio el número de jóvenes, en total 4.137.751 españoles, una cifra que podría ser mayor de no mediar la nacionalización de centenares de miles de inmigrantes en esas franjas de edad. Pdero, en segundo lugar, y en todo Occidente pero en particular en España, ha aumentado exponencialmente el número de jóvenes con titulación universitaria. Así, según Bernardi y Valdés, si entre los nacidos entre 1960 y 1969 podemos encontrar un 23 % de universitarios, esa cifra asciende al 30 % entre los que nacieron entre 1980 y 1989.

De los datos anteriores se desprende que si bien ha descendido la presión sobre el mercado laboral al disminuir en un porcentaje notable los aspirantes a empleos, por otro ha aumentado el número de universitarios que, de forma lógica, buscan empleos acordes a su formación y por lo tanto bien remunerados y con promoción social. Es decir, si bien los que accedieron al mercado laboral en España en los años 80 y primeros 90, los nacidos en los sesenta del siglo XX, se encontraron con tasas de paro elevadísimas, la presión sobre los puestos de trabajo bien remunerados y de prestigio, aunque con dificultades coyunturales de entrada, eran menores que en la actualidad. Ahora es fácil entrar en el mercado laboral y encontrar un empleo precarizado, pero los universitarios, que aspiran a buenos puestos de trabajo lo tienen más difícil. En ello ha influido la degradación del mercado laboral que sufre todo Occidente y también España. La desindustrialización, la financiarización, la automatización y la difusión de internet en el sector servicios en los últimos años ha llevado a una disminución más que evidente de los puestos de trabajo bien remunerados.

Es decir, se está dando lo que Peter Turchin ha llamado “sobreproducción de élites”. Según este autor, “el vértice de la pirámide está sobrecargado, y tenemos un exceso de aspirantes a la élite que compiten por un reducido número de puestos en los niveles superiores de la política y de los negocios”. Es decir, en el juego de la silla vacía, puede que haya más o menos los mismos jugadores, pero disminuyen las sillas.

Esto se traduce en unos crecientes sentimientos de privación relativa entre las llamadas por Guilluy clases aspiracionales, es decir, entre los aspirantes a formar parte de la élite, y que se concentran sobre todo en las llamadas ciudades globales, en las grandes metrópolis tipo Madrid o Barcelona.

¿Y en qué se traduce esto? Y sobre todo, ¿cómo va a evolucionar? Pues en principio, tenemos que admitir que las clases aspiracionales son eso, con aspiraciones, valga la redundancia. Es decir, no aspiran a cambiar nada. Aspiran a formar parte de la élite. De ahí que no cuestionen en absoluto el cosmopolitismo neoliberal, ni la globalización. Al menos sus portavoces. En lugar de eso, cargan contra los enfermos que están de baja médica, pero sobre todo contra los jubilados o que se van a jubilar “boomers”. Aunque, cabe insistir, en que habría que averiguar en qué medida estas quejas, amplificadas por medios y redes, están o no dirigidas por el algoritmo de los tecno-oligarcas. Y es que los sentimientos familiares siguen siendo fuertes al menos en España, y cargar contra tus padres es signo de descomposición moral y cultural, que diría Croce.

En cualquier caso, la sobreproducción de élites en relación a los puestos disponibles bien remunerados se va a elevar en pocos años de una forma exponencial. Es lo que ocurrirá con la IA. En breve desaparecerán enormes cantidades de empleo como consecuencia de la difusión de la Inteligencia Artificial. Según el World Economic Forum, la IA podría hacer desaparecer 92 millones de puestos de trabajo, aunque otros elevan ese número a centenares de millones. Randstad Research habla de 400.000 empleos perdidos en España en diez años como consecuencia de la IA. Estos puestos de trabajo destruidos se concentrarán en buena medida en los sectores que debían ocupar los aspirantes a la élite. Es decir, el número de sillas disminuirá radicalmente aún más.

Todo esto se traducirá en una “privación relativa” creciente. Y lo hará de forma exponencial. Una privación relativa creciente que se traduce en crecientes posibilidades de “violencia política”. Y desde luego, como no existen o no tienen voz contra-elites que cuestionen el sistema, la perspectiva más probable es que los tecno-oligarcas dirijan con sus algoritmos las iras no contra ellos, sino contra los de al lado, contra las personas mayores, contra los indefensos, contra los enfermos. Ya lo están haciendo. ¿Estamos asistiendo al nacimiento de un “Tecno-fascismo”? El tiempo lo dirá. Pero la verdad es que el horizonte está más que oscuro."

19.4.26

Qué les pasa a los que votan a la izquierda en las grandes ciudades... Se degradan los servicios y bienes estándar al mismo tiempo que se encarecen los servicios y bienes mejorados... En Europa, la enseñanza y la sanidad públicas cada vez cuentan con menos inversión, se degradan, y los ciudadanos optan por la privada. Ocurre con las viviendas... El electorado de Mamdani y de La France Insoumise se alimenta de jóvenes y personas de mediana edad con titulación universitaria y salarios que están por debajo de lo que esperaban, pero también de lo preciso para mantener una vida estable... Es uno de los factores que ayudan a que las grandes capitales (Londres, París, Roma o Nueva York) suelan tener alcaldes progresistas... Es una fuerza social que creyó que por su titulación y por estar formada por jóvenes que exhibían nuevas ideas, no sería alcanzada por el declive... lo cierto es que el trabajo profesional para las clases formadas se está partiendo en dos, y unos se dirigen hacia la estandarización, y por eso sus opciones vitales menguan, y los otros no alcanzan los entornos de exclusividad, con lo que caen en la escala social.. Cada uno de estos sectores encuentra sus chivos expiatorios. Los progresistas señalan a los caseros, porque entienden que el precio de los alquileres es el principal problema, y los conservadores señalan a los boomers de pensiones elevadas. El chivo expiatorio contiene una solución reconfortante porque les permite conservar la autoestima (son gente de valía explotada por viejos acomodados) y porque justifica su malestar con quienes, en teoría, están taponando su ascenso (Esteban Hernández)

"En los años 80 del siglo pasado, los parques de atracciones cambiaron las condiciones de acceso e implantaron un nuevo sistema: el pase único con acceso a todas las instalaciones. Las más populares atraían más público, y por tanto se generaban colas para acceder a ellas. Otras suscitaban menos interés y estaban más disponibles. Disney fue una empresa pionera en estos sistemas, ya que contaba con algunos de los parques más populares del mundo, como Disney World.     

Desde entonces hasta hoy, el sistema de acceso vivió cambios sucesivos, que cristalizaron en los pases premium. Eran bastante caros, pero permitían acceso rápido a todas las atracciones en cualquier momento del día. Los nuevos sistemas tenían un cliente prioritario, el que pertenecía “al 20 % de los hogares estadounidenses con mayores ingresos”. Al mismo tiempo, quienes pagaban precios que no eran exactamente baratos por el acceso normal, se veían sometidos a esperas cada vez mayores: las colas se hicieron más grandes. Es la “Economía Mickey Mouse”, un ejemplo cristalino de cómo los procesos generales que perjudican al ciudadano promedio se implantan con la excusa de lograr mayor eficiencia.

Se degradan los servicios y bienes estándar al mismo tiempo que se encarecen los servicios y bienes mejorados

Lo cierto es que esa bifurcación atraviesa nuestra sociedad: se produce al mismo tiempo la degradación sistemática de los servicios y bienes estándar y la elevación de precios de los servicios y bienes mejorados. Hay ámbitos muy evidentes: los transportes, la comida o los servicios de las plataformas. Como de costumbre, los cambios aparecen con una promesa ventajosa: los precios bajan y atraen al cliente. Más tarde el mercado se concentra, lo barato deja de ser tan barato y lo caro se vuelve más caro. Con el tiempo, la mínima calidad, esa que antes se ofrecía en los bienes o servicios estándar, solo se puede conseguir con un suplemento. La cuerda se va estirando hasta que la calidad es ínfima en lo estándar y hay que gastar mucho más para obtener algo satisfactorio. Los conciertos (o los acontecimientos deportivos) son otro buen ejemplo: se pagan cantidades muy elevadas por un asiento muy lejano al escenario, y precios desorbitados por las localidades más cercanas.

Una dinámica general

No es una tendencia imperante en el mundo del ocio, sino una concepción de la economía que opera a nivel general. En Europa, la enseñanza y la sanidad públicas cada vez cuentan con menos inversión, se degradan, y los ciudadanos optan por la privada. Ocurre con las viviendas: los precios suben, de manera que los pisos con pocos metros cuestan mucho dinero, y los que ofrecen espacio y comodidad se vuelven carísimos.

Los centros de las ciudades, en especial los de grandes urbes, se convirtieron en espacios reservados para turistas

Eso genera efectos de exclusión bien conocidos, pero también crea exclusividad. La manera en que son sustituidos los negocios de una zona, al igual que lo hacen sus habitantes, lo subrayan. Los locales comerciales de los lugares céntricos elevaron mucho su precio, lo que expulsó a los negocios tradicionales: solo quienes contaban con mucho capital podían pagar los alquileres, en general marcas prestigiosas y franquicias. Ese movimiento fue a la par de la conversión de los lugares céntricos, en el caso de Madrid (y de otras grandes ciudades) en espacios reservados para turistas. El barrio de Salamanca ha quedado reservado para los ricos de otros países que vienen a Madrid a residir. Los clubes privados han comenzado a proliferar. Hay gente que es expulsada, pero también se crean zonas de exclusividad.

Esa bifurcación aparece en el recorrido formativo y, por supuesto, en la trayectoria laboral. Los títulos que tienen valor real los expiden universidades muy concretas. Hay muchas personas con educación superior que no encuentran cómo hacer valer su grado o su máster en el mercado. Al igual que en otros campos de la sociedad, el recorrido ha llegado al mismo lugar. De una época en la que el acceso a la universidad se democratizó y se sumaron a las aulas los hijos de las clases trabajadoras gracias a un sistema público de precios bajo, se pasó a otra en la que el precio de la educación se ha multiplicado, y en el que los títulos que de verdad aportan recorrido laboral los expiden pocos centros, la mayoría de élite.

Los cambios políticos

Hay muchos ribetes políticos en esta cuestión, con consecuencias también en las urnas. El electorado de Mamdani y de La France Insoumise se alimenta de jóvenes y personas de mediana edad con titulación universitaria y salarios que están por debajo de lo que esperaban, pero también de lo preciso para mantener una vida estable. Son quienes creyeron que bastaría con comprar una entrada al parque y hacer cola para subirse en la atracción. Están descubriendo que existen los pases exclusivos y que hay gente que puede montarse en las atracciones que desea, mientras ellos tardan horas para acceder a una.

Es uno de los factores que ayudan a que las grandes capitales (Londres, París, Roma o Nueva York) suelan tener alcaldes progresistas. No es el caso de Madrid, aunque sí de Barcelona. Hay factores específicos de la política española que lo pueden explicar. Aun así, Carmena gobernó la capital no hace tanto tiempo, y lo hizo apoyándose en clases socioculturales que ahora se ven en declive, presionadas tanto por los precios de la ciudad como por la falta de expectativas cumplidas. Es una fuerza social que creyó que por su titulación y por estar formada por jóvenes que exhibían nuevas ideas, no sería alcanzada por el declive. Descubrieron tarde que no iban a estar protegidos y ahora muestran su descontento. Sin embargo, quien más apela a ese sector, Más Madrid, no vive momentos especialmente brillantes en las encuestas.

Votan a la izquierda quienes sufren la degradación de lo general y a la derecha quienes han sido apartados por la exclusividad

Parte de la explicación reside en que el voto de esos grupos descontentos también se va a la derecha. El marco interpretativo de la realidad no siempre apunta en la misma dirección y fenómenos similares derivan en lecturas políticas distintas. La izquierda es mejor aceptada por quienes han visto cómo lo general se ha visto degradado, y la derecha por quienes han visto que la exclusividad les ha dejado fuera de sitio. Es uno de los fenómenos más significativos de los últimos años, ya que hijos de las clases con recursos están descubriendo que el lugar al que se dirigían está ocupado. Les esperaba una gran consultora o un despacho jurídico de prestigio, o un cargo directivo en la gran empresa, y lo que han encontrado son largas jornadas laborales con salarios decepcionantes y una posibilidad más estrecha de progresar de lo que esperaban.

Cada uno de estos sectores encuentra sus chivos expiatorios. Los progresistas señalan a los caseros, porque entienden que el precio de los alquileres es el principal problema, y los conservadores señalan a los boomers de pensiones elevadas. El chivo expiatorio contiene una solución reconfortante porque les permite conservar la autoestima (son gente de valía explotada por viejos acomodados) y porque justifica su malestar con quienes, en teoría, están taponando su ascenso. Pero lo cierto es que el trabajo profesional para las clases formadas se está partiendo en dos, y unos se dirigen hacia la estandarización, y por eso sus opciones vitales menguan, y los otros no alcanzan los entornos de exclusividad, con lo que caen en la escala social. Ni unos ni otros tienen para para pagar la fila rápida en el parque de atracciones del éxito laboral, y eso es complicado de encajar. Y ahora llega la IA.

Son asuntos políticamente relevantes. En ese mundo dividido entre las ciudades florecientes y con pujanza y las pequeñas ciudades en declive, el descontento está apareciendo también en las grandes urbes. Y eso es señal de cambios políticos."

Esteban Hernández , El Confidencial, 05/04/26) 

15.11.25

Si tienes un título universitario, sobras... La fuerza laboral intelectual es un segmento de creciente importancia política, en especial en las grandes ciudades... Sin embargo, la devaluación de la formación, que adquiere ya una proporción notable, está creando bolsas de descontento social. Por las promesas rotas, pero también por la ausencia de caminos alternativos para mantenerse dentro de un nivel de vida aceptable. La división del trabajo entre los servicios manuales, en general mal pagados, y los intelectuales, cada vez peor retribuidos, arroja a buena parte de la población hacia una precariedad poco deseable... la cualificación universitaria continúa ofreciendo réditos, pero cada vez a menos personas. Esta es una época en que son las rentas las que garantizan un nivel de vida seguro, y no la formación... los trabajos mejor retribuidos suelen ir a parar a los hijos de las élites... no quedan muchas puertas abiertas para que las clases trabajadoras y medias asciendan en la escala social, pero tampoco para que tengan una vida mínimamente holgada... La IA volverá inútil el conocimiento de muchos profesionales... La formación es un problema para empleos que ya se pueden realizar por jóvenes recién titulados asistidos por la IA... los despidos ya han comenzado... cuando las empresas necesitan cubrir vacantes, contratan personas con conocimientos básicos... Las empresas estadounidenses han prescindido de un millón de puestos en este año... serán los ingenieros y los algoritmos quienes se conviertan en el centro de las nuevas soluciones. Muchas profesiones carecen de sentido... Los graduados de la Ivy League influían en la vida de Washington D.C. Este es el momento de que se aparten y dejen espacio a los tecnólogos... serán las soluciones guiadas por algoritmos las que conseguirán hacer Estados con una gestión más eficiente, las que conseguirán entornos más seguros y las que proporcionen las armas más eficaces para una posible guerra... Esa lucha entre élites, la de los expertos y los tecnólogos, la de las capas formadas de la era global y la de quienes vienen a sustituirlas, contiene buena parte de la política contemporánea. Con todas sus derivadas en el empleo, especialmente el industrial y el intelectual, que afectan negativamente a las clases medias y que cortan la posibilidad de ascenso de las trabajadoras (Esteban Hernández)

"El graduado promedio de la Ivy League que vota porZohran Mandani está molesto porque su educación ya no es tan valiosa y porque la persona que sabe cómo perforar en busca de petróleo tiene una profesión más valiosa. Eso les revienta".

Son declaraciones de Alex Karp, el director ejecutivo de Palantir, y uno de los tecnólogos más influyentes de la esfera trumpista. Fueron realizadas al hilo de las recientes elecciones a la alcaldía de Nueva York, y atribuía la victoria del candidato demócrata al apoyo que había logrado en barrios gentrificados. Los titulados universitarios, molestos por su descenso social, habían optado por refugiarse en propuestas socialistas. Esos profesionales con salarios a la baja, que estaban perdiendo estatus por la sobreproducción de graduados, y que se habían criado con las expectativas de mantenerse en la clase media, estaban descubriendo que su vida iba a ser mucho más dura. El coste de los bienes esenciales (vivienda, sanidad, educación, alimentación, energía) estaba consiguiendo que salarios aparentemente buenos dieran para poco más que para llegar a fin de mes. Estaban enfadados, y eso les echó en brazos del populista Mamdani.

Se sienten defraudados por las promesas rotas, pero también por la ausencia de caminos alternativos para mantener su nivel de vida

La fuerza laboral intelectual es un segmento de creciente importancia política, en especial en las grandes ciudades, porque se trata de personas que se sienten defraudadas después de haber hecho lo que estimaban correcto. Ya que la opción de futuro era la cualificación universitaria y el mejor seguro para la vida laboral era contar con un buen título, se habían aplicado para contar con las credenciales necesarias. Sin embargo, la devaluación de la formación, que adquiere ya una proporción notable, está creando bolsas de descontento social. Por las promesas rotas, pero también por la ausencia de caminos alternativos para mantenerse dentro de un nivel de vida aceptable. La división del trabajo entre los servicios manuales, en general mal pagados, y los intelectuales, cada vez peor retribuidos, arroja a buena parte de la población hacia una precariedad poco deseable. 

En general, la cualificación universitaria continúa ofreciendo réditos, pero cada vez a menos personas. Esta es una época en que son las rentas las que garantizan un nivel de vida seguro, y no la formación. Con un añadido: los trabajos mejor retribuidos suelen ir a parar a los hijos de las élites, justo aquellos que también cuentan con las rentas, por lo que no quedan muchas puertas abiertas para que las clases trabajadoras y medias asciendan en la escala social, pero tampoco para que tengan una vida mínimamente holgada.

La devaluación del trabajo

Estas clases sociales le parecen prescindibles a Karp. Mamdani consiguió apoyos entre ellas, pero lo votaron muchas otras personas. Sin embargo, el directivo de Palantir pone el acento en un tipo particular, el de los profesionales cualificados, porque lo considera un problema. No solo por sus preferencias políticas, sino porque son una clase sobrante en todos los sentidos.

Palantir acaba de poner en marcha una iniciativa para contratar a graduados del bachillerato. El programa Meritocracia ha ofrecido a 22 jóvenes la oportunidad de formarse en su empresa durante cuatro meses, con seminarios que incluyen lecciones de historia y trabajos prácticos en la compañía, y ser contratados después. Unos evitan el paso por la universidad, con el coste asociado, y la firma se asegura mano de obra moldeada conforme a sus requisitos y motivada. ¿De qué sirve la universidad más que para elevar el coste de entrada?

La IA volverá inútil el conocimiento de muchos profesionales. Se podrá acceder a él gracias a los instrumentos que Palantir proporciona

En cierta manera, ese desprecio por la titulación y por la experiencia ha penetrado ya en el sector empresarial. Muchos profesionales de mediana edad no han logrado alcanzar los puestos directivos, pero cuentan con los años de trabajo suficientes como para que sus salarios sean elevados. La formación es un problema para empleos que ya se pueden realizar por jóvenes recién titulados asistidos por la IA.

Las firmas contemporáneas buscan aumentar la productividad, y la manera más rápida es despedir personas, en especial si pueden ser sustituidas por mano de obra con salarios más baratos. Por eso, cuando necesitan cubrir vacantes, contratan personas con conocimientos básicos.

Ni siquiera es preciso que se despliegue todo el potencial de la IA para que las empresas se readapten: los despidos ya han comenzado

Esta es otra de las convicciones que los tecnólogos como Karp exhiben como necesarias para esta época: la IA volverá inútil el conocimiento de muchos profesionales, que será accesible mediante los instrumentos que proporcionan empresas como Palantir. Finalmente, el recién llegado con la IA podrá hacer el mismo trabajo que personas con cualificación y experiencia, con lo que ese espacio intermedio de expertos será mucho menos funcional.

De hecho, ni siquiera es preciso que se despliegue todo el potencial de la IA para que las empresas empiecen su readaptación. Los despidos ya han comenzado. Las empresas estadounidenses han prescindido de un millón de puestos en este año.

La lucha por el Estado

Lo que hace Karp no es más que poner encima de la mesa una tendencia que los tecnólogos ya han manifestado como prioritaria: la clase experta carece de validez en la época de la IA, y serán los ingenieros y los algoritmos quienes se conviertan en el centro de las nuevas soluciones. Muchas profesiones carecen de sentido.

También hay un aspecto subterráneo de lucha por los recursos. Esta semana, tras una discusión sobre la valoración real de Palantir, a raíz de la apuesta en corto contra su empresa (y Nvidia) de Michael Burry, el gestor de fondos de cobertura que se hizo popular gracias a The big short, Karp criticó vivamente a la "la clase intelectual" por no comprender el potencial de Palantir. Desde su perspectiva, quienes se mostraban escépticos respecto de su firma estaban poseídos por una "confusión delirante y autodestructiva". Karp insistía en que los analistas no tienen ni idea de cómo valorarla.

Los graduados de la Ivy League influían en la vida de Washington D.C. Este es el momento de que se aparten y dejen espacio a los tecnólogos

La pelea va más allá de Palantir, y tiene que ver con la lucha por el Estado. Karp ha publicado recientemente un libro, The technological republic, en el que describe su visión sobre EEUU, el papel que debe jugar la tecnología en el presente, y especialmente el papel que debe jugar a la hora defender de los valores occidentales. Según Karp, EEUU siempre ha sido una república tecnológica, basada en la innovación. Tiene que haber una colaboración estrecha entre la industria tecnológica y el gobierno en una era de avances guiados por la IA: "La combinación de la tecnología y los objetivos propios de una nación será lo que defienda nuestro bienestar y asegure la legitimidad del proyecto democrático".

Hasta ahora, los graduados de la Ivy League, las élites expertas estadounidenses, eran las que influían en la vida de Washington D.C. Este es el momento de que se aparten y dejen espacio a los tecnólogos: serán las soluciones guiadas por algoritmos las que conseguirán hacer Estados con una gestión más eficiente, las que conseguirán entornos más seguros y las que proporcionen las armas más eficaces para una posible guerra. Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, Palantir ha obtenido numerosos contratos en sectores como la defensa o el control migratorio, pero también ha entrado en la administración británica. El trabajo de Palantir para gobiernos representa más de la mitad de sus ingresos.

Esa lucha entre élites, la de los expertos y los tecnólogos, la de las capas formadas de la era global y la de quienes vienen a sustituirlas, contiene buena parte de la política contemporánea. Con todas sus derivadas en el empleo, especialmente el industrial y el intelectual, que afectan negativamente a las clases medias y que cortan la posibilidad de ascenso de las trabajadoras."

(Esteban Hernández, ·El Confidencial, 08/11/25) 

La victoria de Mandani, o cómo funciona hoy la política... la derecha trumpista le llamó socialista musulmán, cuando no comunista yihadista, los dos peores epítetos que hoy emplean los conservadores... pero los insultos ya no funcionan como base de una campaña electoral. Alguien debería anotar este punto de cara al futuro... ganó Mandani prometiendo transformar radicalmente el sistema... la defensa del 'statu quo' no renta... Mamdani entendió bien el cargo al que estaba optando: la alcaldía de una gran urbe global... las grandes ciudades son caras: no todo el mundo posee los recursos necesarios para vivir en ellas... Mamdani prometió reducir el coste de la vida... Las clases en descenso y las familias con dificultades para llegar a fin de mes comienzan a ser una constante en las ofertas electorales... La asequibilidad fue el núcleo de su campaña, lo que señala a las claras las dificultades materiales de los neoyorquinos. Ocurre en muchas otras grandes ciudades, es un tema de futuro... dos sectores recibieron muy favorablemente esa propuesta, los inmigrantes y los jóvenes, sobre todo los titulados universitarios en movilidad descendente, los profesionales de trabajos cualificados cuyos salarios resultan escasos para la vida en la gran ciudad, esas clases que se pensaron medias, pero que apenas logran mantenerse. Son sectores de precariedad creciente y muy descontentos. Esta es otra fuerza que tendrá una importancia significativa en las elecciones occidentales venideras... Mandani consiguió movilizar a los votantes que le podían brindar su apoyo pero que no suelen acudir a las urnas, y lo consiguió... es otro factor con peso en las elecciones (Esteban Hernández)

 "La victoria de Zohran Mamdani en Nueva York ha generado esperanzas de lo más dispar entre los sectores progresistas, pero también ha disparado las alertas entre los conservadores. A nivel interno, el nuevo alcalde de Nueva York es la señal del inicio de la reconquista del país y un anticipo de lo que supondrán las elecciones de medio término para Trump. Desde el otro lado del espectro político, se lee como el signo de la retirada del viejo partido demócrata, ahora dominado por los radicales. En cualquier caso, se interpreta la elección neoyorquina en clave anticipatoria y se analizan sus posibles consecuencias. También fuera de EEUU, donde la campaña del demócrata se ha considerado un ejemplo para unos progresistas necesitados de triunfos y, por tanto, una fuente de inspiración para el futuro. Mamdani es uno de esos fenómenos locales que son interpretados de múltiples maneras, ya que cada uno de los observadores encuentra en su victoria elementos positivos o negativos que ratifican lo que ya pensaban.

Sin embargo, entre los factores que han ayudado al triunfo de Mamdani, existen algunos que conviene que sean subrayados por su validez general. El auge que vivió Mamdani fue combatido desde la alarma por sus oponentes, en especial desde la derecha trumpista. Su principal argumento fue la calificación de Mamdani como un socialista musulmán, cuando no como un comunista yihadista, como hizo Ted Cruz: los dos peores epítetos que hoy emplean los conservadores. La utilización de tales calificativos fue constante. Era previsible que una campaña basada en las alertas no funcionase, y la derecha debería ser especialmente consciente de ello: las advertencias sobre el autoritarismo de Trump, sobre la llegada del fascismo si ganaba las elecciones y demás descalificaciones que se pusieron sobre la mesa no surtieron efecto hace un año. Tampoco ahora, en un sentido ideológico contrario. Todavía hay políticos y activistas que creen que las desautorizaciones ideológicas y los insultos funcionan como base de una campaña electoral. No es así. Alguien debería anotar este punto de cara al futuro.

Ganaron Trump, que prometía acabar con el sistema, y Mamdani, que lo quiere transformar radicalmente: la defensa del 'statu quo' no renta,

En segundo lugar, conviene resaltar otro aspecto de la política contemporánea, cada vez más presente en más lugares: la defensa del statu quo es una opción que tiende a ser perdedora. Hay diferencias entre países, y no son lo mismo aquellos que tienen un sistema en el que el ganador se lo lleva todo que los que han apostado por la representación proporcional, pero incluso en estos, los vientos del descontento suelen favorecer las novedades. EEUU es un país que señala este punto de manera insistente. Trump, que prometía acabar con el sistema, es el presidente, y Mamdani, que quiere transformarlo sustancialmente, gobierna la alcaldía de la principal urbe estadounidense. Es otra tendencia general que conviene apuntar.

Cómo votan las grandes ciudades

En tercer lugar, y no menos importante, Mamdani entendió bien el cargo al que estaba optando: la alcaldía de una gran urbe global. Nueva York pertenece a una categoría de ciudades especiales, las que poseen una geografía urbana y una composición de clase propias. Hay varios elementos que las definen: absorben los recursos, por lo que los trabajos mejor remunerados y los más prestigiosos suelen concentrarse en ella; atraen a un número significativo de foráneos, ya sean inmigrantes o nacionales estadounidenses nacidos fuera de Nueva York; generan mucho empleo, en general en el sector servicios, a menudo mal retribuido, pero también en sectores cualificados deteriorados, que viven una significativa bifurcación entre los puestos muy bien retribuidos y una mayoría cuyos salarios están por debajo de lo esperado. Además, las grandes ciudades son caras: no todo el mundo posee los recursos necesarios para vivir en ellas; el coste de la vivienda, pero también de los bienes y servicios precisos para la subsistencia, se dispara.

Mamdani no prometió aumentar los salarios, pero sí reducir el coste de la vida

Comprender bien la geografía urbana ha sido la base del éxito de Mamdani. Puso el acento en hechos reales: Nueva York es una ciudad, como tantas otras grandes urbes, cuyo coste es muy difícil de afrontar para buena parte de sus ciudadanos. Su oferta electoral consistió en prometer una vida cotidiana asequible mediante la gratuidad de las guarderías y de los transportes públicos, el control de alquileres y los supermercados municipales. En un momento en que los precios se disparan, es una propuesta que sonaba razonable para un segmento amplio de los neoyorquinos. Las clases en descenso y las familias con dificultades para llegar a fin de mes comienzan a ser una constante en las ofertas electorales. Hay que recordar que el triunfo de Trump se fraguó en estados que creyeron en su promesa de generar más empleo y mejor retribuido gracias a las relocalizaciones. Mamdani no podía apoyarse en ese resorte porque aspiraba a gobernar una ciudad, no un país, y la política municipal tiene muchos límites en ese sentido. De modo que no prometió aumentar los salarios, ya que no le era posible, pero sí trabajar para reducir los precios. La asequibilidad fue el núcleo de su campaña, lo que señala a las claras las dificultades materiales de los neoyorquinos. Ocurre en muchas otras grandes ciudades, es un tema de futuro.

Había dos sectores que podían recibir muy favorablemente esa propuesta. Los inmigrantes, muchos de los cuales forman la clase trabajadora de servicios típica de la ciudad, eran uno de ellos. La campaña de Mamdani estuvo dirigida a asegurarse su apoyo y más aún con las expulsiones del ICE de fondo. En su discurso de la noche electoral, dio las gracias a “las manos curtidas de los repartidores, a los nudillos quemados de los cocineros, a las abuelas mexicanas, a los taxistas senegaleses, a los tenderos yemeníes y a las enfermeras uzbekas”. El 38%, más o menos, de la población de la ciudad de Nueva York son inmigrantes. Ganar su voto era esencial. Lo logró en buena medida.

Su mensaje sobre la asequibilidad resonó en un ámbito precarizado, el de los titulados universitarios en movilidad descendente

El segundo grupo social que podía brindarle masivamente su apoyo ha quedado difuminado bajo la categoría ‘jóvenes’. Su mensaje sobre la asequibilidad resonó fuertemente en un ámbito deteriorado, el de los titulados universitarios en movilidad descendente, los profesionales de trabajos cualificados cuyos salarios resultan escasos para la vida en la gran ciudad, esas clases que se pensaron medias, pero que apenas logran mantenerse. Son sectores de precariedad creciente y muy descontentos. Esta es otra fuerza que tendrá una importancia significativa en las elecciones occidentales venideras.

La importancia de lo físico

Todos estos aspectos, que son importantes para tejer un planteamiento electoral, después tenían que concretarse: había que movilizar a los votantes para que acudieran a las urnas. En este sentido, la estrategia de Mamdani fue inteligente. Suele señalarse la efectividad de su campaña en redes, la viralidad de sus vídeos y demás, pero la raíz del triunfo está en otro lugar, mucho más físico.

Mamdani llevó a cabo una campaña con muchos voluntarios y mucha presencia. Buscó, en primer lugar, movilizar a los residentes en barrios teóricamente progresistas que no habían votado en las recientes primarias recientes. No solo trató de conseguir la participación de aquellos que ya habían mostrado sus preferencias, sino que buscó sacar de sus casas a esos votantes que les podían brindar su apoyo pero que no suelen acudir a las urnas. Tenía que ganar en los barrios que le eran favorables con porcentajes elevados. Eso solo podía ocurrir si aumentaba sustancialmente la participación, y así ocurrió. En la política contemporánea, suele ocurrir que los barrios y zonas con más recursos cuentan con un porcentaje más alto de participación, mientras que los de clases populares sufren de una abstención más elevada. Mamdani trabajó desde el principio para evitar ese problema, y también lo consiguió. 

Hay una estratificación social del voto a partir de la renta, pero también de las condiciones de vida: es otro factor con peso en las elecciones.

Cuomo ganó en distritos mayoritariamente blancos, cuyos residentes cuentan con vivienda en propiedad, usan habitualmente el automóvil para desplazarse y donde ganó Trump en las últimas elecciones. El resto fueron para Mamdani. Esto refleja una estratificación social del voto, a partir de la renta, pero también de las condiciones de vida, que es otra de las constantes de las elecciones contemporáneas.

Mamdani logró una victoria aplastante. Es el candidato que ha logrado un mayor número de votos desde 1969. Lo que no deja de ser curioso, porque participó un 40% del censo. Es el porcentaje más alto en décadas, y es especialmente bajo, y más para una ciudad global. La desconexión con la política es otro de los elementos en auge.

Ganó las elecciones un candidato demócrata que apoyaba a la inmigración en una ciudad abrumadoramente demócrata y con un alto porcentaje de inmigración. Suena lógico. Sin embargo, la hostilidad de su propio partido hacia la candidatura puso las cosas difíciles, y más cuando se enfrentó a él en cuestiones con un notable peso simbólico, como su oposición a las políticas del gobierno israelí. Es un punto que podría haberle perjudicado. No fue así, en parte porque también obtuvo el respaldo de judíos neoyorquinos descontentos con Netanyahu. En todo caso, la política exterior también tuvo un papel, incluso en unas elecciones municipales. Otro signo de los tiempos."      

(Esteban Hernández, El Confidencial, 06/11/25) 

14.11.25

Adam Tooze: Mamdani, la ciudad de Nueva York y la promesa de revivir la socialdemocracia en Estados Unidos... más de la mitad de nuestros conciudadanos de la ciudad de Nueva York son pobres o tienen bajos ingresos. Es una estadística impactante, pero que no sorprenderá a nadie que viva aquí... El precio medio de una guardería es ahora de más de 23 000 dólares al año... las familias tienen que ganar al menos 100 000 dólares para poder cubrir sus necesidades básicas... «Ganan 120 000 o 140 000 dólares al año, y eso no es suficiente para llevar una vida de clase media-alta en Nueva York. Y esos son los votantes de Mamdani»... Nueva York es una ciudad en la que no es absurdo decir que una gran parte de la clase media comparte intereses y experiencias cotidianas con el 56 % de la población que tiene bajos ingresos o vive en la pobreza. El mensaje estrictamente disciplinado de Mamdani promete que su administración municipal abordará esas experiencias compartidas... Es el mensaje de necesidad común lo que resulta tan crucial. Y la personalidad importa en la política municipal de una manera distintiva... Mamdani representa una visión del siglo XXI de la ciudad global. Ese es uno de los mensajes que transmite al abrazar su identidad musulmana... las políticas y promesas de Mamdani son concretas, modestas y «realizables»: mejorar los autobuses (700 millones de dólares), ofrecer servicios de guardería (5000-8000 millones de dólares) y estabilizar los alquileres... Propone financiar la ampliación de los servicios de guardería aumentando en un 2 % el impuesto sobre la renta de los aproximadamente 90 000 neoyorquinos que tienen la suerte de declarar más de un millón de dólares en ingresos imponibles y aumentando el tipo del impuesto de sociedades del 7,5 % al 11,5 %, en línea con el vecino estado de Nueva Jersey... las subidas de impuestos están diseñadas para recaudar 10 000 millones de dólares al año... las economías de la ciudad y del estado son lo suficientemente fuertes como para soportar la carga fiscal... y tiene que gestionar intereses como los de la policía de Nueva York y los profesores... tendrá que esforzarse por evitar una huelga policial lenta... si Mamdani puede demostrar que un alcalde socialista puede dirigir la ciudad más compleja del país, reescribirá las reglas de lo que es política y económicamente posible en Estados Unidos

 "La elección de Zohran Mamdani como alcalde de la ciudad de Nueva York fue una sorpresa política que quedó bien reflejada en el tuit de esa noche:

(Adam Tooze , blog, 09/11/25, traducción DEEPL, gráficos en el original)

20.7.25

La clase media en las últimas décadas ha atravesado un proceso de desintegración en todo Occidente... En Francia, la riqueza, la educación y las oportunidades están concentradas en unas pocas grandes ciudades; el resto del país (áreas rurales y municipios pequeños, incluidos antiguos centros industriales) se caracteriza cada vez más por el deterioro del nivel de vida y el malestar político. La situación es similar en Estados Unidos hay un sinnúmero de pueblos sin una oferta de empleo digno que siguen decayendo mientras se derrumba la confianza social y cívica... existe el riesgo de que la inteligencia artificial acelere este proceso... Pero no es un destino inevitable. La IA tiene potencial para subir los salarios y mejorar la productividad en los servicios públicos, la educación, la sanidad y las pequeñas empresas, pero sólo si se la desarrolla y emplea con la guía de políticas audaces e inclusivas. Aquí no se necesita adaptación o ajuste, sino ambición, en la forma de una estrategia económica y social transformadora: un Plan Marshall para el empleo, la formación y la justicia... Esto implica, ante todo, una inversión masiva en educación y capacitación, ofrecer formación permanente (no cursos aislados).... Europa debería adoptar un enfoque de innovación tecnológica regionalizado y crear clústeres de fabricación ecológica, centros de innovación en IA y nodos de producción de bienes estratégicos en áreas post‑industriales (no sólo en los centros urbanos). El último pilar de este Plan Marshall es un nuevo contrato social. De la vivienda y la sanidad a la política tributaria y la movilidad... Esto incluye restaurar los servicios públicos en áreas periféricas y poner la dignidad (en vez de la eficiencia) como indicador clave del éxito. En tiempos de presión para los presupuestos públicos europeos, financiar esta estrategia demandará ideas nuevas. Por eso proponemos una nueva generación de bonos soberanos europeos, según el modelo del fondo de recuperación para pandemias NextGenerationEU, pero a más largo plazo y con un uso más estratégico... La emisión de los bonos enviaría una fuerte señal geopolítica: que Europa puede trazar su propio rumbo económico y al mismo tiempo ofrecer a los inversores de todo el mundo una alternativa segura a los bonos del Tesoro estadounidense y a los activos chinos. Y sobre todo, sería un beneficio directo para la clase media, ya que permitiría a la Unión Europea financiar las escuelas, el transporte, la vivienda y las redes digitales que hacen posible la movilidad ascendente. Esto es esencial no sólo para sostener el crecimiento económico y el dinamismo a largo plazo, sino también para revitalizar y fortalecer la democracia europea (Bertrand Badré)

 "La clase media siempre ha sido la columna vertebral de la estabilidad democrática: motor de crecimiento económico, puntal de la legitimidad institucional y transmisora de valores cívicos. Pero en las últimas décadas ha atravesado un proceso de desintegración en todo Occidente. Muchos ciudadanos creen que el esfuerzo ya no recompensa, que la movilidad social es una quimera y que las «élites» gobernantes están desconectadas de las necesidades de la gente común.

En Francia, el Reino Unido o el «cinturón oxidado» (Rust Belt) estadounidense, los síntomas son los mismos: regiones despojadas de las industrias que otrora las sostenían, economías trastocadas por el cambio tecnológico y familias que trabajan más por menos. En Francia, uno de cada cinco hogares de ingresos medios hoy gasta más de lo que gana. En Estados Unidos, el poder adquisitivo del salario medio en 2018 fue aproximadamente igual al de cuatro décadas antes.

Pero los datos económicos son sólo una parte de la historia. Detrás de las cifras que muestran el estancamiento de los salarios o el vaciamiento de la clase media hay hogares reales, en comunidades reales de todo el mundo industrializado. En Francia, la riqueza, la educación y las oportunidades están concentradas en unas pocas grandes ciudades; el resto del país (áreas rurales y municipios pequeños, incluidos antiguos centros industriales) se caracteriza cada vez más por el deterioro del nivel de vida y el malestar político.

La situación es similar en Estados Unidos. Aunque algunas iniciativas de renovación urbana lograron revivir ciudades del Rust Belt como Pittsburgh y Detroit, hay un sinnúmero de pueblos sin una oferta de empleo digno que siguen decayendo mientras se derrumba la confianza social y cívica.

Estas dislocaciones no son un efecto secundario inevitable del progreso, sino síntomas de una desatención prolongada. Cuando las élites se retiran a enclaves globalizados y abandonan la responsabilidad con el entorno local, rompen el contrato social, y a nadie debería sorprender que se produzca una reacción popular.

¿Pero qué clase de reacción? Los jóvenes que crecen en pueblos olvidados, con padres frustrados y un futuro incierto, a menudo no tenderán a la revolución, sino más bien a la resignación y la desesperación. Y que las élites urbanas tomen nota: cuando esta deriva melancólica (desgarradoramente retratada en las novelas de Nicolas Mathieu) provoca una ruptura del tejido social en cualquier lugar, tarde o temprano se extenderá a todas partes.

Ahora existe el riesgo de que la inteligencia artificial acelere este proceso. Estudios recientes señalan que la automatización basada en IA puede sustituir puestos de trabajo de cualificación media (sobre todo en administración, logística y atención al cliente) y llevar a una concentración de ganancias en los profesionales altamente cualificados (por ejemplo, los que tienen competencias digitales de alto nivel y acceso a redes internacionales). En vez de una marea que levante todos los barcos, la IA puede ser un maremoto que hunda a muchos y perdone a pocos.

Pero no es un destino inevitable. La IA tiene potencial para subir los salarios y mejorar la productividad en los servicios públicos, la educación, la sanidad y las pequeñas empresas, pero sólo si se la desarrolla y emplea con la guía de políticas audaces e inclusivas. Aquí no se necesita adaptación o ajuste, sino ambición, en la forma de una estrategia económica y social transformadora: un Plan Marshall para el empleo, la formación y la justicia.

Esto implica, ante todo, una inversión masiva en educación y capacitación. Hay que dar a todos los trabajadores afectados por la automatización acceso a programas de recualificación financiados. Los gobiernos deben actualizar la educación técnica, extender el uso del contrato de aprendizaje y crear una nueva infraestructura de enseñanza público‑privada para ofrecer formación permanente (no cursos aislados).

Para sostener empleos de clase media también se necesitan ecosistemas de innovación regionales. El expresidente estadounidense Joe Biden trató de promover este objetivo con la Ley de CHIPS y Ciencia y la Ley de Reducción de la Inflación. Donald Trump puso fin a esa política, pero Europa debería adoptar un enfoque de innovación tecnológica regionalizado y crear clústeres de fabricación ecológica, centros de innovación en IA y nodos de producción de bienes estratégicos en áreas post‑industriales (no sólo en los centros urbanos).

El último pilar de este Plan Marshall es un nuevo contrato social. De la vivienda y la sanidad a la política tributaria y la movilidad, hay que rediseñarlo todo para ponerlo al servicio de todos los ciudadanos, incluidos quienes hoy se sienten ignorados. Esto incluye restaurar los servicios públicos en áreas periféricas y poner la dignidad (en vez de la eficiencia) como indicador clave del éxito.

En tiempos de presión para los presupuestos públicos europeos, financiar esta estrategia demandará ideas nuevas. Por eso proponemos una nueva generación de bonos soberanos europeos, según el modelo del fondo de recuperación para pandemias NextGenerationEU, pero a más largo plazo y con un uso más estratégico. Ya que el endeudamiento en la eurozona ronda el 90% del PIB (menos que en Estados Unidos) y las necesidades de inversión en infraestructura crecen a toda marcha, estos bonos son a la vez factibles y oportunos.

La emisión de los bonos enviaría una fuerte señal geopolítica: que Europa puede trazar su propio rumbo económico y al mismo tiempo ofrecer a los inversores de todo el mundo una alternativa segura a los bonos del Tesoro estadounidense y a los activos chinos. Y sobre todo, sería un beneficio directo para la clase media, ya que permitiría a la Unión Europea financiar las escuelas, el transporte, la vivienda y las redes digitales que hacen posible la movilidad ascendente. Esto es esencial no sólo para sostener el crecimiento económico y el dinamismo a largo plazo, sino también para revitalizar y fortalecer la democracia europea.

Aunque la clase media es el núcleo de las sociedades y el andamiaje que mantiene las democracias en pie, se la suele tratar como daño colateral de un progreso inevitable. Pero Europa todavía puede elegir su futuro: uno que esté en manos de unos pocos o uno que lo construyan todos. Las herramientas para actuar las tiene, sólo necesita voluntad para usarlas." 

, Revista de prensa, 18/07/25, fuente )

30.6.25

La victoria de Zohran Mamdani en las primarias demócratas para competir por la alcaldía de Nueva York es simbólicamente relevante... La acción municipal se dirige a la vida cotidiana. La acción municipal tiene poco que decir de los salarios, pero sí puede operar sobre los precios. En eso ha consistido el programa de Mamdani... El control de los alquileres, el transporte público gratuito, los supermercados públicos con los que controlar el aumento de precios de las grandes cadenas, las guarderías gratuitas y el aumento de impuestos a quienes ganen más de un millón de dólares al año son medidas que pretenden abaratar el coste de la vida para la mayoría de los neoyorquinos... Más allá de que su campaña haya sido o no formalmente brillante, ha puesto el acento sobre los precios. Desde la izquierda se ha insistido mucho en el aumento del salario mínimo, pero mucho menos en todo aquello que conforma el coste de la vida para el ciudadano común. Mamdani ha puesto ahí el foco... Mamdani tuvo éxito entre las clases medias en situación de movilidad descendente. No se centró en cuestiones raciales ni en políticas identitarias, ni en políticas de embellecimiento del paisaje urbano, sino en elementos materiales que hacen la vida complicada a los habitantes de Nueva York, desde los alquileres elevados hasta la burocracia que dificulta enormemente el recorrido de las pequeñas empresas. Mamdani ofreció un programa con el que no solo las clases trabajadoras podían identificarse, sino buena parte de las clases medias amenazadas... Su victoria señala que la pulsión insurgente está muy presente en la política y que las izquierdas están comenzando a entenderlo; que los votantes demandan cambios reales que incidan favorablemente sobre su nivel de vida; que las clases medias formadas urbanas están constatando que este tipo de economía las está expulsando hacia la periferia social y se están resistiendo; que los costes son tan relevantes como los salarios; y que la política dominante en las últimas décadas ya no genera legitimidad (Esteban Hernández)

 "La victoria de Zohran Mamdani en las primarias demócratas para competir por la alcaldía de Nueva York es simbólicamente relevante. (...) la victoria de Mamdani alcanza más allá de Nueva York. (...)

 Más allá de las incertidumbres estadounidenses, la victoria de Mamdani refleja bien el momento insurgente de la política occidental. En gran medida, porque remite a los nuevos ejes que definen las campañas y los resultados de estas, y el más relevante es el geográfico. La división entre las ciudades globales y el interior de los países, entre sus distintos modos de vida, trayectorias económicas y posibilidades de futuro está definiendo un buen número de elecciones en todo Occidente. (...)

No obstante, ese dibujo no explica todo el mapa. La realidad no es una plantilla y la victoria de Mamdani ha venido a subrayarlo.

La política de la gran ciudad

La vida en la gran ciudad dista mucho de ser satisfactoria para muchos de sus habitantes. Ofrece muchas ventajas en términos laborales, en oferta cultural y en posibilidades personales. También es incómoda por las distancias o por la cada vez mayor planificación del tiempo que exige. Pero sobre todo, la vida en la gran ciudad es cara, y cada vez más. No es solo el coste de la vivienda, el principal factor, sino que la energía, el transporte, la alimentación o el ocio han aumentado sustancialmente su precio. Los salarios crecen, pero no lo suficiente para compensar el aumento de los gastos. Además, las grandes ciudades generan mucho empleo en el sector servicios, que no es de los mejores retribuidos, y los trabajos en sectores cualificados viven sometidos a una significativa bifurcación entre los puestos muy bien retribuidos y una mayoría cuyos salarios están por debajo de lo esperado.

Desde la izquierda se ha insistido en el salario mínimo, pero mucho menos en lo que conforma el coste de la vida para el ciudadano común

La acción municipal es muy diferente de la estatal, no solo por los bienes públicos que debe asegurar y por las diferentes competencias de las que dispone, sino porque se dirige a la vida cotidiana. La acción municipal tiene poco que decir de los salarios, pero sí puede operar sobre los precios. En eso ha consistido el programa de Mamdani.

El control de los alquileres, el transporte público gratuito, los supermercados públicos con los que controlar el aumento de precios de las grandes cadenas, las guarderías gratuitas y el aumento de impuestos a quienes ganen más de un millón de dólares al año son medidas que pretenden abaratar el coste de la vida para la mayoría de los neoyorquinos. No es una oferta menor en una ciudad especialmente cara, en la que la guardería cuesta 30.000 dólares al año. Esa oferta ha sido la clave de su triunfo. Más allá de que su campaña haya sido o no formalmente brillante, ha puesto el acento sobre los precios. Desde la izquierda se ha insistido mucho en el aumento del salario mínimo, pero mucho menos en todo aquello que conforma el coste de la vida para el ciudadano común. Mamdani ha puesto ahí el foco.

Es importante comparar, en este punto, el programa municipal de Mamdani con el que Trump ofreció en las elecciones presidenciales, porque ambos se asientan en una ruptura con la forma de pensar del establishment. Trump prometió generar empleos bien retribuidos, en general fruto de una reindustrialización del país. La oferta le funcionó, especialmente en lugares en los que los precios eran más baratos que en las grandes ciudades, pero que adolecían de una escasa vitalidad. Necesitan empleos que permitieran ganarse la vida dignamente.

Su promesa requería una transformación sustancial del esquema económico, sobre todo en lo que refería al comercio, y resonaba en los territorios interiores. La oferta de Mamdani suena mucho mejor en las grandes ciudades, que suelen tener empleos, y en las que el problema principal es la carestía de la vida. Pero, como Trump, la promesa formulada por el candidato demócrata a la alcaldía supone romper con muchos dogmas económicos. Ambas son propuestas que aseguran cambios, una más centrada en el lado del empleo y el salario, otra más centrada en los precios y en la provisión compensatoria de bienes públicos.

Las clases urbanas formadas, cuando operaban políticamente, ponían el acento sobre la diversidad y las dotaciones públicas

En segunda instancia, Mamdani tuvo éxito entre las clases medias en situación de movilidad descendente. No se centró en cuestiones raciales ni en políticas identitarias, ni en políticas de embellecimiento del paisaje urbano, sino en elementos materiales que hacen la vida complicada a los habitantes de Nueva York, desde los alquileres elevados hasta la burocracia que dificulta enormemente el recorrido de las pequeñas empresas. Mamdani ofreció un programa con el que no solo las clases trabajadoras podían identificarse, sino buena parte de las clases medias amenazadas. Este aspecto es relevante, ya que las clases urbanas formadas, cuando operaban políticamente, ponían el acento sobre la diversidad, el cambio climático y las dotaciones públicas. Mamdani las ha dirigido hacia otro lugar.

Una transformación radical

Nueva York es la ciudad global por excelencia, lo que la vuelve diferente incluso de otras grandes urbes estadounidenses. La victoria de Mamdani puede ser explicada mediante distintas claves, demográficas, culturales y sociales, pero el aspecto económico ha sido muy relevante. Y es algo que teme el mundo del establishment, que ya ha sido desafiado por el Trump de los aranceles y el que presiona a la Reserva Federal, y que ahora se enfrenta a una opción política que amenaza convertirse en exitosa. Una victoria de Mamdani en Nueva York con este programa podría tener efecto contagio sobre el mismo partido demócrata.

Algunas de sus figuras relevantes, como Larry Summers, ya han llamado al orden para evitar que esa manera política de pensar se extienda. Otros prefieren centrarse en el potencial del candidato, por su imagen y juventud, al mismo tiempo que promueven su domesticación. Incluso Bill Ackman, el multimillonario gestor de un hedge fund, Pershing Square, se ha ofrecido a recaudar fondos para un candidato que pueda evitar que Mamdani gobierne la ciudad de Nueva York.

Algunas de sus figuras relevantes, como Larry Summers, ya han llamado al orden para evitar que esa manera política de pensar se extienda

Hay mucha agitación alrededor del fenómeno político del momento. Veremos si, cuando lleguen las elecciones, Mamdani alcanza la alcaldía. Y si, en ese caso, introduce los cambios reales que ha ofrecido o si es simplemente el momento Carmena de la izquierda estadounidense. Pero eso no es, en el fondo, tan relevante. Su victoria señala que la pulsión insurgente está muy presente en la política y que las izquierdas están comenzando a entenderlo; que los votantes demandan cambios reales que incidan favorablemente sobre su nivel de vida; que las clases medias formadas urbanas están constatando que este tipo de economía las está expulsando hacia la periferia social y se están resistiendo; que los costes son tan relevantes como los salarios; y que la política dominante en las últimas décadas ya no genera legitimidad. Todo esto, sumado al eje territorial, implica una reconfiguración significativa de los marcos ideológicos y abre la puerta a transformaciones políticas de calado.

Son fenómenos comunes en Occidente: primero la derecha mutó de piel, ahora está comenzando a suceder en la izquierda. En España, a las fuerzas progresistas no les valdrá con el aumento del salario mínimo, la reducción de jornada y las medidas dubitativas sobre vivienda. Los cambios son más profundos."   

(Esteban Hernández , El Confidencial, 28/06/25) 

21.5.25

Esteban Hernández: “Nuestras élites están en la negación de la realidad”... para entender qué ha ocurrido deberían empezar por constatar el fracaso para las clases medias y populares, pero también para los mismos Estados, que ha supuesto la era global... la globalización no fué más que un modo de empobrecimiento para las clases trabajadoras y las medias, y una forma de impulsar la financiarización... La tecnocracia ha desaparecido como instrumento principal de gobierno... ese cambio se ha producido mediante una deriva autoritaria. No tiene por qué ser así... a nuestras clases dominantes les cuesta entender la importancia del Estado... en todos los países para los que la globalización resultó provechosa, el Estado jugó un papel muy importante, ya fueran China o Corea del Sur, Alemania o EEUU. Todos ellos, menos China, desaprovecharon las ventajas que la época les brindó, pero la acción estatal, por una vía o por otra, fue muy importante para conseguirlas

 "Esteban Hernández es uno de los analistas que explican con mayor claridad los conflictos socioculturales del momento presente. Destacó con por su afilado El fin de la clase media (2014) y desde entonces a mantenido un alto nivel, muchas veces a contracorriente de las modas intelectuales y siempre por encima de la gresca entre progresistas y conservadores. Ahora pública El nuevo espíritu del mundo. Política y geopolítica en la era de Trump, un potente ensayo donde analiza la situación global tras el triunfo global del movimiento 'maga' (‘Hagamos América grande otra vez’). En una esfera meditática tan sesgada como la española, donde parece que esté prohibida cualquier postura que no sea insultar al trumpismo, es más neceario que nunca un análisis empírico y sereno sobre los conflictos actuales.

Pregunta. El día después de la victoria de Trump, Francis Fukuyama escribió en el Financial Times que Estados Unidos había votado por una sociedad iliberal y que el mundo entraba en una etapa iliberal, ya consolidada en otros países de referencia. En España, en cambio, parece haber una resistencia tremenda a reconocer esto.

 Respuesta. En España no hay partidos ni movimientos que estén a favor de terminar con el neoliberalismo, ni a izquierda ni a derecha: hay opciones que tratan de continuar con el statu quo, más o menos modificado. Lo que Fukuyama subraya, y es natural tratándose del hombre que decretó el fin de la historia, es que el tiempo en el que esa clase de ideas era el dominante ya ha pasado, y se resiste a ello. La carencia que pasará factura a España es la insistencia de nuestras élites de permanecer en el mundo del pasado. Entramos en un mundo en el que las capacidades estratégicas de los Estados, su fortalecimiento productivo, el aprovechamiento de sus fortalezas y el nivel de cohesión interna van a ser decisivos. España no está en eso. Y tendría que estarlo, porque nos convendría en muchos planos, también de cara a nuestra influencia en la Unión Europea. 

P. Uno de los perfiles más inquietantes del libro es Peter Thiel, un magnate tecnológico con una visión fría, científica y elitista. ¿En qué sentido encarna la visión de la nueva derecha trumpista? 

R. Es curioso cómo los pensadores con influencia en la administración Trump, los ideólogos, no provienen del ámbito académico, y ni siquiera del intelectual, sino de la tecnología. La visión de Thiel, de Alex Karp, su socio en Palantir, de Marc Andreessen o de Palmer Luckey es relevante para entender por qué actúa la administración Trump como lo hace. Thiel es probablemente quien mejor describe la mentalidad del nuevo establishment estadounidense. Combina un punto metafísico con un aspecto claramente securitario (es el fundador de Palantir), pero también con una mentalidad a lo Yellowstone y sus precuelas: “Cuando tienes algo bueno, siempre hay otro que pretenderá quitártelo”. Su fuente de inspiración es René Girard, y el deseo mimético que describía el francés es esencial en su forma de entender el mundo.

P. El progresismo retrata con frecuencia a las nuevas derechas como bárbaros ignorantes, pero en muchos casos son personas cultas y apoyadas en la filosofía, sociología, tradiciones. ¿Ha perdido el progresismo gran parte de la capacidad para analizar a sus rivales y es ese uno de los motivos de su derrota global?

R. Sin duda, el progresismo se ha contentado con una lectura banal y degradada no solo de las propuestas de Trump, sino, y esto es mucho más relevante, de todos los elementos que llevaron a la victoria al republicano. Es normal: para entender qué ha ocurrido deberían empezar por constatar el fracaso para las clases medias y populares, pero también para los mismos Estados, que ha supuesto la era global. Es decir, deberían comenzar por certificar que los valores que el neoliberalismo y el socioliberalismo han defendido durante mucho tiempo han causado los problemas actuales, y eso les resulta muy difícil.

No obstante, hay que constatar un cambio. Tanto en la derecha como en la izquierda, hay dos focos de nuevos pensadores interesantes, que tienen algo real que decir, y están en la órbita estadounidense y en la francesa. Lo llamativo es que ninguno de ellos, ni progresistas ni conservadores, pertenece al establishment. Lo que estamos viendo es el agotamiento de las élites culturales actuales y el surgimiento de nuevas ideas a las que estas se resisten con uñas y dientes. Esa batalla cultural sí me resulta interesante.

P. Explica que parte del éxito de Donald Trump está en combinar dos ofertas políticas en principio incompatibles: el neoliberalismo de Musk y el catolicismo de J.D. Vance, centrado en el Bien Común. Parecía que iba a predominar la primera pero parece que hoy ya no está tan claro. ¿Cómo cree que van a combinarse en estos próximos cuatro años?

 R. Es difícil hacer pronósticos en tiempos de cambios tan rápidos, y acertar más aún. Pero hay una contradicción evidente que Trump tendrá que solventar en algún instante. Están las élites estadounidenses que le apoyan y las clases medias y populares que le han llevado a la Casa Blanca. Los intereses de ambas divergen. Trump decepcionará a alguna de ellas. Llevamos muchas décadas en las que las clases medias y las trabajadoras se han visto defraudadas y lo lógico es que vuelva a ocurrir. Pero quién sabe.

P. Hay una parte interesante sobre J.D.Vance, donde usted señala que el vicepresidente trata a Europa como las élites de la UE tratan a los países mediterráneos del sur, los llamados PIIGS, en el sentido de culparles de sus propias disfunciones, de las que a veces son más víctimas que responsables. Sin embargo, otros analistas detectan en Vance un respeto profundo por Europa, desde su catolicismo hasta la inspiración que toma de la revolución conservadora de Viktor Orban. ¿Puede ser que admire la cultura de siglos del continente y desprecie a sus élites burócratas?

R. Hay varios factores importantes en la posición de Vance. Por una parte, considera a las élites europeas como pertenecientes a la misma categoría que las del partido demócrata de su país; es normal, por tanto, que las trate con cierto desdén. En segunda instancia, hay una pelea evidente en Europa entre opciones políticas que quieren mantener las estructuras actuales de la UE, y quizá reforzarlas, y otras que pretenden alejarse del núcleo francoalemán, conseguir más margen de maniobra para sus Estados y acercarse a EEUU. Es lógico que Vance defienda a las segundas. Por último, el vicepresidente estadounidense representa a una opción política que pretende transformar la mentalidad occidental y llevarla hacia un nuevo lugar, lo que produce choques directos con las ideologías dominantes en Europa.  

P. Su libro recoge la intución de que "escribir desde España es hacerlo con tinta que se borrará poco después de trazar las letras desde el papel", aunque también tiene la ventaja de que analizar la situación desde la parte perdedora de Europa da una visión más clara. ¿Qué se ve más claro desde Madrid que desde –digamos– Nueva York? 

R. Es como ver un partido desde el último anfiteatro de un estadio. Hay detalles que te pierdes, pero los movimientos generales se aprecian con mucha claridad. Ser un espectador alejado no es la mejor posición, pero brinda perspectiva.

P. Usted suele hablar de España como de un país perdedor.  ¿Ve usted un plan de nuestras élites para dejar de serlo? ¿Prestan atención a los análisis políticos que puedan ayudar a un cambio?

R. Nuestras élites están en la negación de la realidad. Cuesta asimilar los cambios, que son profundos, y complicados de aceptar para quienes han gozado de posiciones de privilegio. Hay que constatar la mutación que han ocurrido entre las clases dirigentes de los países más relevantes internacionalmente. La tecnocracia ha desaparecido como instrumento principal de gobierno. Hay tecnócratas, pero están supeditados al poder político. Ese es también el giro trumpista en EEUU. Solo hay un entorno en el que la tecnocracia continúa teniendo un gran peso, como es la Unión Europea y sus principales países, pero incluso en ellos, la política está ganando presencia. En general, ese cambio se ha producido mediante una deriva autoritaria. No tiene por qué ser así.  

En cuanto a España, no hemos tomado nota del momento, y ni las élites ni los políticos poseen un plan de salida para el país. Suele ocurrir: en instantes de cambio, cada parte busca una solución para sí misma y lo particular predomina sobre lo general. Pero esa fase suele ser transitoria, y conviene constatarlo.

P. El ensayo aporta reflexiones sobre el gran pensador Carl Schmitt, en el sentido de que el filósofo y jurista alemán no defendía tesis nazis sino más bien de extremo centro. Abogaba por un Estado fuerte centrado en limpiar la nación de cuerpos extraños, una especie de liberalismo autoritario. ¿A nuestras clases dominantes les cuesta comprender los beneficios de un Estado fuerte, incluso cuando defiende sus intereses?

 R. Más allá de las discusiones sobre si Schmitt era o no filonazi, en las que no entro, presto atención a un discurso que pronuncia ante las élites alemanas muy poco tiempo antes de la llegada de Hitler al poder. Lo que resulta muy significativo de las recomendaciones que da a la clase dirigente y a los empresarios germanos en esa charla es que reflejan muy bien nuestra época. Es como si hubieran triunfado 90 años después.

En cuanto a nuestras clases dominantes, les cuesta entender la importancia del Estado por dos razones distintas. Para la parte progresista, tomarlo en serio implicaría que la tecnocracia tuviera menos peso, lo que choca frontalmente con sus posiciones de los últimos años. Para la derecha, supondría abandonar el neoliberalismo, y es algo que no están dispuestos a sacrificar; su opción preferida es, todavía hoy, la de un liberalismo económico más acentuado.

La paradoja es que en todos los países para los que la globalización resultó provechosa, el Estado jugó un papel muy importante, ya fueran China o Corea del Sur, Alemania o EEUU. Todos ellos, menos China, desaprovecharon las ventajas que la época les brindó, pero la acción estatal, por una vía o por otra, fue muy importante para conseguirlas.   

P. Habla de “la estafa contemporánea de las guerras culturales”, donde conservadores y progresistas defienden “un programa que saben que no van a cumplir”. ¿Para usted carece de sentido confiar en cualquiera de las dos opciones? ¿Nos encontramos ante una simple lucha de oligarcas que no tiene en cuenta a su pueblo?

R. Las posiciones woke y antiwoke están políticamente agotadas. Pueden estar todavía presentes en el discurso público, pero ya no mueve un voto más. Se trata de esos asuntos sobre los que todo el mundo tiene ya una idea hecha y en los que ha definido su posición. Lo interesante son las contradicciones que encierran esas posturas culturalistas: los conservadores no pueden promover de manera eficaz los valores que promulgan si siguen apostando por una economía muy individualista que hace del dinero y el éxito el centro de la sociedad; son valores completamente enfrentados. Y los valores que defienden los progresistas tampoco pueden ser realizados en sociedades de recursos menguantes. De modo que las guerras culturales no son más que la compensación de una impotencia. Se insiste en ellas porque así se mete bajo la alfombra la falta de acción política real.

 P. Cierra explicando que “el momento presente de Estados Unidos es un momento shakesperiano. Su reacción responde a la pérdida de hegemonía”.¿Es el trumpismo un digno intento de remontada o –como sostiene la izquierda- una especie de patochada, de “la segunda vez, como farsa” que diría el Karl Marx historiador?

R. El trumpismo es una necesidad estadounidense: es una respuesta a su problema de pérdida de hegemonía. Y hay que señalar, como hacía Varoufakis, que Trump está poniendo el acento en problemas esenciales para Occidente. Otra cosa es que el camino de salida que ha dictado sea positivo o negativo.

P. Usted comenzó a entrar en el debate público apoyando la Tasa Tobin a las transacciones financieras, en ambientes cercanos a la revista mensual progresista Le Monde Diplomatique. Se trata de un segmento político que hoy parece hecho fosfatina, circunscrito a unos cuantos barrios académicos de clase alta. ¿Por qué esa élite progresista, que en algunos casos aportaba iniciativas estimulantes, ha terminado barrida por la historia, en parte por fenómenos con la fuerza social del trumpismo?

Fue la época de la antiglobalización, la que prendió con las movilizaciones de Seattle. En España, aquello estuvo muy mediatizado por unas izquierdas que no entendían bien de qué iba, o que no querían entenderlo, porque todas transitaban por diversos grados de liberalismo. En cualquier caso, los que creíamos entonces que la globalización no era más que un modo de empobrecimiento para las clases trabajadoras y las medias, y una forma de impulsar la financiarización, hemos constatado años después que lo que temíamos era cierto. Como las izquierdas españolas de las últimas décadas nunca han comprendido cómo funcionaba el sistema y se contentaron con sus propias certezas, es natural que, cuando llega el tiempo época de los cambios, partan en desventaja."      (Víctor Lenore, Vox Populi, 19/05/25)

1.4.25

Una cuarta parte de la población vive al borde del abismo... “la depauperación de las clases medias-bajas hasta niveles de pobreza provocada por la gran crisis de 2008 mantiene sus efectos hasta la pandemia y el estallido bélico que todavía acucia más su situación”... Se ha normalizado que los beneficios empresariales crezcan a un ritmo del 20 o 30% anual y al mismo tiempo que una cuarta parte de la población no logre salir del hoyo... “entre 2003 y 2016, la satisfacción con la vida que llevan las clases medias- medianas, medias-bajas y bajas no mejora, al contrario de lo que ocurre en las clases medias altas y altas, que aumenta” (Andreu Missé)(

 "Los jóvenes insisten es manifestar su malestar por la precariedad como reflejaba la carta a la directora de este diario del pasado sábado referida a “la juventud anestesiada hasta las cejas”. Quizá la anestesia está mucho más generalizada y afecta a toda la sociedad. Nos estamos acostumbrando a que una cuarta parte de la población viva al borde del abismo. Las estadísticas registran mejoras en los últimos años pero las mismas fuentes reflejan que los avances son realmente muy limitados. La reciente Encuesta de Condiciones de Vida, correspondiente al ejercicio de 2024, destacaba que el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social bajó hasta el 25,8%, desde el 26,5% en 2023. A primera vista, una mejora.

Sin embargo, abre los ojos la visión de Cáritas que ve el mundo a pie de obra: “Aunque es cierto que hay un descenso progresivo de la población en riesgo de pobreza desde el 28,7% de 2015 hasta el 25,8% actual”. Lo que deja un evidente poso de reflexión: “Ha sido necesaria una década para una reducción de apenas un 3%”.

A pesar de que desde 2018 el empleo neto creado ha sido extraordinario, (2.293.300 ocupados); las subidas del salario mínimo tan sustanciales, (61%) y la creación del Ingreso Mínimo Vital que supone un nuevo derecho para 688.007 hogares en los que viven 2.097.290 personas, parece imposible reducir el porcentaje de malestar a menos del 25% de la población.

Desde una perspectiva más profunda y rigurosa y no limitada a la clase trabajadora, el profesor de ESADE y periodista Josep-Francesc Valls describe en El efecto STICK (PROFIT editorial), el rápido proceso de nacimiento, ascenso y caída de las clases medias en los últimos años. Subraya que “la depauperación de las clases medias-bajas hasta niveles de pobreza provocada por la gran crisis de 2008 mantiene sus efectos hasta la pandemia y el estallido bélico que todavía acucia más su situación”. Precisa que “entre 2003 y 2016, la satisfacción con la vida que llevan las clases medias- medianas, medias-bajas y bajas no mejora, al contrario de lo que ocurre en las clases medias altas y altas, que aumenta”.

Las reglas de juego impuestas conducen a una creciente concentración económica y a corporaciones gigantescas con ganancias crecientes. Se ha normalizado que los beneficios empresariales crezcan a un ritmo del 20 o 30% anual y al mismo tiempo que una cuarta parte de la población no logre salir del hoyo.

Valls destaca que “el trasvase de una parte importante de las rentas salariales hacia las de capital se inicia a nivel mundial a partir de la década de de 1980″. Tendencia que registra una segunda fase a comienzos del milenio por la aparición de la era low cost, que abre el camino a precios rebajados permanentemente y frena los salarios, y por la decisión de algunos gobiernos de desmantelar el estado de bienestar por sus costes mientras reducen los impuestos para contentar a las clases acomodadas.

Las condiciones de vida cada vez dependen más de la vivienda, los suministros, el transporte y sobre todo la fiscalidad. Hace falta una sacudida radical para despertar de la anestesia que impida que la segregación social se cronifique."

(Andreu Missé , El País, 31/03/25)