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27.6.11

"Una Unión Europea afligida por los banqueros está castigando a Grecia, en vez de buscar un camino para que el país heleno crezca"

"Cuando las naciones se despiertan achacosas por deudas contraídas en guerras financieras, fallidos episodios de especulación o faraónicos proyectos que revelados inútiles, tienen dos opciones.

O bien prevalece la clase de los acreedores, a expensas de todos los demás; o bien los Estados encuentran la manera de reducir la carga de la deuda, de manera que la capacidad productiva de la economía consiga recobrarse. (...)

La clase acreedora ve las cosas así: cualquier cosa que no pase por la plena reintegración de lo debido lleva inexorablemente al colapso de la civilización económica. Lo cierto, sin embargo, es que, a menudo, las deudas no son plenamente satisfechas.

En el siglo XX, los especuladores perdieron fortunas a causa de que decenas de naciones dejaron de honrar sus deudas. En el siglo XIX, muchos estados federados y muchos municipios norteamericanos quebraron. Los perdedores de guerras y de revoluciones raramente pagan sus deudas. (Los viejos bonos zaristas carecen de valor, salvo en las subastas de antigüedades.)

El Plan Brady de fines de los 80 del siglo pasado pagó a los tenedores de bonos de los deudores quebrados del Tercer Mundo 70 centavos por dólar, a fin de que el crecimiento económico pudiera reemprender su curso.

A veces, simplemente, las deudas no pueden ser pagadas. (...)

La cuestión real es cómo reestructurar la deuda cuando es imposible devolverla. No se trata sólo de una pugna entre quienes tienen y quienes no tienen, sino entre los derechos del pasado y el potencial del futuro.

La deuda puede reducirse o aun anularse de maneras constructivas. O puede sumarse al caos. La inflación, por ejemplo, es una forma de erosionar la deuda, una forma arriesgada. Puede haber una quiebra calamitosamente súbita (Lehman Brothers), o una reestructuración cuidadosa y benéfica (General Motors).

La bancarrota suministra de modo ingenioso un alivio ordenado de la deuda pasada, de modo que la empresa productiva no necesariamente resulta destruida. (...)

Los dos mayores ejemplos históricos sobre el modo de lidiar con deudas insostenibles se dieron tras las dos guerras mundiales: uno, extremadamente negativo; muy positivo, el otro.

En la Conferencia de Versalles celebrada en 1919, prevaleció la mentalidad acreedora, y la recuperación europea de postguerra se abortó. Gran Bretaña y Francia imaginaron que podían sangrar a la derrotada Alemania, a fin de pagar sus propias deudas de guerras, inmensas (contraídas, sobre todo, con los EEUU). Gran Bretaña practicó también una política de rigor monetario para mantener el valor de su propia moneda en niveles de preguerra, a fin de proteger a su propia clase acreedora.

Esa política destruyó a la economía alemana y mantuvo el desempleo británico en tasas del 10% durante dos décadas.(...)

Tras la II Guerra Mundial, la historia ofreció a Keynes la ocasión para hacer las cosas correctamente. Su sistema de Bretton Woods puso el énfasis en la recuperación interna, tanto de las potencias perdedoras como de las vencedoras, y creó un sistema monetario global en el que se negaba a los especuladores financieros privados toda capacidad para forzar a las naciones a emprender cursos deflacionarios. (...)

Hoy, esa lógica expansiva ha sido vuelta del revés, y los acreedores vuelven a ser hegemónicos de nuevo. Los bancos quieren dinero barato para sí mismos, y términos draconianos para los demás. Una Unión Europea afligida por los banqueros está castigando a Grecia, en vez de buscar un camino para que el país heleno crezca.

En los EEUU, se niega todo alivio a los propietarios de vivienda con el agua al cuello, porque los contratos de deuda son sagrados, aunque esa política prolongue la agonía." (Sin Permiso, 10/06/2011, citando a '
La cárcel de la deuda en un capitalismo en manos de rentistas improductivos', de Robert Kuttner )

12.11.10

Solución a la crisis... bombardear Irán

"En el plano internacional, una victoria republicana tendrá repercusiones trágicas. Estados Unidos sigue enredado en dos grandes y complicadas guerras, y el control republicano del Congreso hará más difícil resolver esos conflictos. Hace unos días, David Broder, columnista del Washington Post, publicó un artículo en el que afirmaba que como Obama no podría colocar a Estados Unidos en el camino de la recuperación, lo mejor que podría hacer sería bombardear Irán porque la guerra sacaría a la economía estadounidense de la crisis.

¿Por qué? Porque según Broder fue la Segunda Guerra Mundial lo que rescató a Estados Unidos de la gran depresión. De este modo, Broder difunde uno de los mitos más enraizados en el imaginario colectivo.

Pero por más popular que sea esa creencia, es errónea, como se desprende de la historia de la década de 1930. Además, no es necesario ir a la guerra para tener una recuperación: lo más absurdo de esta retórica es que el gasto en educación, salud e infraestructura es tan apto como el gasto militar para generar empleo y apuntalar la demanda agregada.

Al contrario, si algo demuestra la historia económica es que el gasto militar en Estados Unidos es uno de los factores más importantes para explicar el debilitamiento de la economía de ese país. Pero vayan ustedes a discutir con la ignorancia." (Sin Permiso, 07/11/2010, citando a ' EEUU: trágica victoria de los Republicanos', de Alejandro Nadal )

20.1.09

Soluciones...

"(La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed)) No sorprende que quienes ayudaron a crear los problemas y no vieron venir el desastre no hicieran un buen trabajo a la hora de resolverlo. Por ahora, ya está establecida la dinámica de la caída y las cosas se pondrán peor, no mejor. (...)

No sólo necesitamos estímulos temporales, sino soluciones a más largo plazo. No es que exista una escasez de necesidades; es sólo que quienes podrían satisfacer esas necesidades tienen una escasez de fondos.

Primero: necesitamos revertir las tendencias preocupantes de una creciente desigualdad. Una carga tributaria más progresiva sobre los ingresos también ayudará a estabilizar la economía a través de lo que los economistas llaman "estabilizadores automáticos". También ayudaría si los países desarrollados avanzados cumplieran con sus compromisos de ayudar a los más pobres del mundo aumentando sus presupuestos de ayuda exterior al 0,7% del PBI.

Segundo: el mundo necesita enormes inversiones si ha de responder a los desafíos del calentamiento global. Los sistemas de transporte y los patrones de vida deben cambiarse drásticamente.

Tercero: se necesita un sistema de reservas global. Tiene poco sentido que los países más pobres del mundo les presten dinero a los más ricos a tasas de interés bajas. El sistema es inestable. El sistema de reservas en dólares está deshilachándose, pero probablemente sea reemplazado por un sistema dólar/euro o dólar/euro/yen que es incluso más inestable. Las emisiones anuales de una moneda de reserva global (lo que Keynes llamaba Bancor o el Fondo Monetario Internacional llama DEG) podrían ayudar a estimular la demanda agregada global, y utilizarse para promover el desarrollo y encarar los problemas del calentamiento global.

Este ejercicio será lúgubre. " (JOSEPH E. STIGLITZ: El camino escabroso hacia la recuperación. El País, Negocios, 18/01/2009, p. 18 )

3.1.09

... Una moneda con una ratio de gestión de intercambio

"La crisis económica terminará con la asunción de nuevas ideas estructurales, y por tales me refiero, por ejemplo, a la creación de una moneda con una ratio de gestión de intercambio, frente a la actual situación de cambio regular. Hay una necesidad acuciante de que surjan nuevas ideas más que de nuevas tecnologías." (EDWARD DE BONO: "Necesitamos nuevas ideas, luego vendrá la tecnología que las sustente". El País, Ciberpaís, 31/12/2008, p. 6 )

4.11.08

Las burbujas son endémicas al sistema, con sus pinchazos correspondientes

"P. Ahora que las autoridades estadounidenses van por fin por buen camino, ¿cuáles son los componentes clave para resolver la crisis?

R. Las líneas generales están claras. Hay cinco elementos principales. El primero, que el Estado tiene que recapitalizar el sistema bancario comprando acciones de los bancos.

En segundo lugar, es necesario reanudar el préstamo interbancario ofreciendo garantías y situando el Líbor (tipos de préstamo interbancarios del mercado de Londres) en línea con los fondos de la Reserva Federal. Esto ya está en marcha. Se va a conseguir.

Tercero, debemos reformar el sistema hipotecario estadounidense, minimizando las ejecuciones y renegociando los préstamos para que las hipotecas no valgan más que las casas. Detener las ejecuciones hipotecarias ayudará a amortiguar la caída de precio de las viviendas.

Cuarto, Europa tiene que solucionar la debilidad del euro creando una red de seguridad para sus bancos. Aunque inicialmente se han resistido, ahora han encontrado la fe y lo han hecho en la reunión celebrada en París el pasado domingo.

Quinto, el FMI debe atajar la vulnerabilidad de los países situados en la periferia del sistema financiero mundial, proporcionándoles una red de seguridad financiera. Esto también está en marcha. Los japoneses ya han ofrecido 150.000 millones de euros con este fin.

Estas cinco medidas empezarán el proceso de curación. Si las aplicamos con eficacia, habremos superado lo peor de la crisis financiera.

Pero después, me temo, la economía real sufrirá los efectos secundarios, que ahora están cobrando brío. A estas alturas, la reparación del sistema financiero no impedirá una recesión mundial grave. Puesto que en estas circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. (...)

La actual situación no se debe sólo a la burbuja inmobiliaria. La burbuja inmobiliaria no ha sido más que el detonador de una mucho mayor. Esa superburbuja, creada por el uso cada vez más frecuente del crédito y el apalancamiento, combinado con la convicción de que los mercados se corrigen a sí mismos, tardó más de 25 años en formarse. Ahora se ha pinchado.

P. ¿Cuál debería ser el interruptor que cortocircuite las distorsiones que inevitablemente desestabilizan los mercados financieros?

R. Las burbujas son endémicas del sistema, y por lo tanto los reguladores estatales tienen que intervenir para evitar que se hinchen demasiado. Los Gobiernos deben reconocer que los mercados no se corrigen a sí mismos. No basta con recoger los pedazos después de las crisis." (GEORGE SOROS: "Reparar el sistema financiero no impedirá la recesión". El País, 19/10/2008, p. 8/9)

15.7.08

Pacto de Estabilización contra la estagflación

“Todos sabemos que sobre nuestra economía se ejercen hoy fuerzas que la empujan en direcciones opuestas: las presiones sobre los costes, venidas sobre todo del exterior, chocan con la debilidad creciente de la actividad interna, originada por la crisis inmobiliaria, y el resultado es una coyuntura de precios al alza y crecimiento a la baja para la que se acuñó, hace más de tres décadas, el nombre de estagflación. (…)

La estabilización es, naturalmente, una tarea impopular; tanto, que puede que sintamos la tentación de excusarnos pensando que detener la inflación no está en nuestras manos, por ser cosa del Banco Central Europeo, y que éste ya hará de chivo expiatorio de las iras europeas cuando sea necesario… podemos detener un proceso inflacionario sin acudir a Francfort. Si vamos a la raíz del asunto, resulta que el proceso tiene su origen en un conflicto de distribución: cada cual trata de pasarle al otro el empobrecimiento que supone haber de pagar más por cosas que importamos: el empresario trata de mantener sus márgenes subien-do los precios; el asalariado, de mantener su renta pidiendo aumentos de sueldo; el empresario trata de pasar el aumento de salario a los precios, y vuelta a empezar. Todos saben que la cosa no termina bien, ya que, tarde o temprano, el proceso habrá de detenerse; pero nadie quiere renunciar sin más a lo suyo.

Si todos se pusieran de acuerdo en acabar con las subidas, la inflación se detendría. Si todos están convencidos de la voluntad del Banco Central de parar el proceso, preferirán no iniciarlo, y la inflación se mantendrá bajo control. Pero lo mismo ocurrirá, sin intervención del Banco Central, si las partes se ponen de acuerdo en renunciar a las subidas, sabiendo que, al final, es lo mejor para todos. En esto consiste precisamente un pacto de estabilización; y, como ve el lector, es algo que está al alcance de cualquier persona dotada de sentido común. (…)

El pacto es un acuerdo tomado entre empresarios y sindicatos por los que ambos se comprometen a limitar los aumentos de precios y de salarios. El Gobierno suele presidir el proceso, y suele comprometerse, a su vez, a no aumentar (demasiado) los precios que de él dependen. La idea es sencilla, aunque, como se dice, el diablo se esconde en los detalles. Requiere, ante todo, una gran dosis de buena fe, ya que el control detallado de precios y salarios es imposible; al cabo del tiempo, unos y otros se cansan de portarse bien, los incumplimientos empiezan a menudear, y todo suele degenerar en picaresca. No importa: un acuerdo de estabilización no pretende ser una solución para la eternidad” (ALFREDO PASTOR: Un pacto de estabilización. El País, ed. Galicia, Opinión, 12/07/2008, p. 27)

26.6.08

Más impuestos a las clases altísimas, y menos a las empresas tecnológicas

"Los ingresos reales de las clases medias en Estados Unidos jamás han vuelto a alcanzar el nivel que tenían antes de la última recesión económica en este país, la de 1991. (...)

Cuando fue elegido presidente, George Bush declaró que las rebajas fiscales para los ricos remediarían todos los males de la economía norteamericana. Esas rebajas fiscales impulsarían un crecimiento cuyos beneficios llegarían a todos; una medida económica ésta que se ha puesto de moda en Europa y otras partes del mundo, pero que en Estados Unidos fue un fracaso. Se suponía que las rebajas fiscales estimularían el ahorro, pero el ahorro doméstico descendió en picado. Se decía también que fomentarían el empleo, pero la tasa de actividad es hoy menor que en la década de 1990. Y si hubo algún tipo de crecimiento, éste sólo benefició a las clases más privilegiadas. (...)

El sector financiero no logró crear productos que ayudaran a la gente de la calle a controlar los riesgos a los que se enfrentaban, entre ellos el de la compra de una vivienda. Ahora millones de estadounidenses tienen un alto índice de probabilidades de perder su casa, y con ella los ahorros de toda su vida.

La verdadera clave del éxito económico de Estados Unidos es la tecnología, simbolizada en Silicon Valley. La ironía radica en el hecho de que los científicos a quienes se deben los avances que facilitaron un crecimiento basado en la tecnología y las empresas quearriesgaron el capital para financiarlo no fueron quienes se llevaron las mayores recompensas económicas en el momento álgido de la burbuja inmobiliaria. Los juegos financieros que absorben la mayor parte de la participación en los mercados eclipsan esas inversiones reales.

El mundo tiene que pensar en nuevas fuentes de crecimiento. Si se quiere basar el crecimiento económico en los avances científicos y tecnológicos, y no en la especulación inmobiliaria o financiera, habrá que reajustar los sistemas fiscales. ¿Por qué a quienes obtienen sus ingresos apostando en los casinos de Wall Street se les grava con un tipo impositivo más bajo que a quienes ganan su dinero de otras maneras? Las ganancias del capital deberían estar gravadas al menos con el mismo tipo impositivo que los ingresos ordinarios. (En cualquier caso, los rendimientos del capital gozan de un gran beneficio, pues no se gravan hasta que no se realiza la ganancia). Además, se debería aplicar un impuesto sobre beneficios extraordinarios a las compañías de gas y petróleo. (...)

Dos factores desencadenaron la crisis actual: la guerra de Irak impulsó la escalada de los precios del petróleo... la aparición de los biocombustibles hace que los mercados agroalimentario y energético estén cada vez más imbricados... Los inmensos subsidios que Estados Unidos y la Unión Europea han venido otorgando a sus agriculturas han debilitado a las de los países en vías de desarrollo. (...)

Sólo modificando los patrones de consumo y de producción -con un nuevo modelo económico, en realidad- podremos hacer frente al problema prioritario de los recursos básicos." (JOSEPH E. STIGLITZ: Todo el mundo busca recetas contra la crisis. El País, ed. Galicia, Opinión, 25/06/2008, p. 31/2)