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3.8.26

El vicio de Isabel Díaz Ayuso con los áticos es algo digno de psicoanálisis. Quizá haberse criado en ese barrio y mirar hacia arriba viendo esas terrazas imposibles le ha traumatizado... Su terapia nos está saliendo cara... personas psicológicamente como Ayuso pueden entenderse con dos palabras francesas: "parvenu" o nuevo rico.. y "aisance" o naturalidad. La primera marca a la persona de clase social más baja que alcanza un estatus relacional más elevado no destinado a los de su clase y que la aristocracia usa para despreciarlos, la segunda palabra se refiere a la soltura para relacionarse, una marca de clase. La que Ayuso jamás podrá alcanzar por mucho que le paguemos con nuestros impuestos ese intento de ascenso de clase... Ayuso es una "parvenu" de las muchas que pululan por la geografía madrileña... pero Ayuso ni siquiera ha podido pagarse ese ascenso social. Hay pocas cosas más bajas que ser una intrusa de clase con el dinero propio, y es serlo con el de la plebe, que paga sus impuestos para comprarle esa posición social bastarda... El hecho de que el ático que le hemos comprado a la Quironesa era de Astrid Gil-Casares, una eminente miembro de la elite aristócrata madrileña, es una muestra más de cómo Ayuso busca emular los usos y costumbres de una clase con la que se codea por su cargo, pero que la desprecia por no ser más que una advenediza de clase... Isabel Díaz Ayuso es una lideresa política que se mueve por sus complejos, traumas, miedos y fobias. Todo lo que hace en su labor pública se entiende desde la disforia que sufre entre lo poco que es y lo mucho que querría ser porque el poder no le otorgará jamás aquello que en su subconsciente sabe que le falta. No hay ático que pueda disimular los usos y costumbres clasemedieros que la nobleza huele desde arriba (Antonio Maestre)

"Ayuso, la pijoaparte.

El vicio de Isabel Díaz Ayuso con los áticos es algo digno de psicoanálisis. Quizá haberse criado en ese barrio y mirar hacia arriba viendo esas terrazas imposibles le ha traumado y ahora somos los madrileños los que tenemos que cerrar ese vacío existencial con nuestros impuestos. Su terapia nos está saliendo cara. Molière explicó lo que le pasa a gente como la presidenta de la Comunidad de Madrid ya en el siglo XVII en su obra 'El burgués gentilhombre' con el proceder de Mounsier Jourdain intentando emular los modales de los nobles pagando a maestros e instructores sin lograr ni siquiera alcanzarlos, lo que provocaba la burla más absoluta de la clase a la que quiere pertenecer.

Pierre Bourdieu en 'La distinción' nos enseña que el capital cultural no se puede comprar, personas psicológicamente como Ayuso pueden entenderse con dos palabras francesas: "parvenu" y "aisance". La primera marca a la persona de clase social más baja que alcanza un estatus relacional más elevado no destinado a los de su clase y que la aristocracia usa para despreciarlos, la segunda palabra se refiere a la naturalidad y soltura para relacionarse, aplicado a las relaciones sociales se puede considerar la marca de clase. La que Ayuso jamás podrá alcanzar por mucho que le paguemos con nuestros impuestos ese intento de ascenso de clase.

Ayuso es una "parvenu" de las muchas que pululan por la geografía madrileña. No pasaría de ser un especimen común de nuestra ciudad, que dan verdadera lástima, si no fuera porque la mayoría se jode y se aguanta con sus complejos y además tiene que pagarle la factura de su espectáculo patético. El dinero puede comprar casi de todo, jamás la pertenencia, pero es que encima el dinero de Ayuso lo ponemos nosotros. El hecho de que el ático que le hemos comprado a la Quironesa sea a Astrid Gil-Casares, una eminente miembro de la elite aristócrata madrileña, es una muestra más de cómo Ayuso busca emular los usos y costumbres de una clase con la que se codea por su cargo pero que la desprecia por no ser más que una advenediza de clase. No sé si lo sabrá, si lo imaginará, pero a Ayuso alguien tendría que decirle que esa clase social se burlará de ella en cuanto se dé media vuelta.

Hay algo más vergonzoso que ser una "parvenu" y es ser Ayuso, porque ella ni siquiera ha podido pagarse ese ascenso social. Hay pocas cosas más bajas que ser una intrusa de clase con el dinero propio y es serlo con el de la plebe que paga sus impuestos para comprarle esa posición social bastarda. Me resistía a usar la obra 'Últimas tardes con Teresa' con Ayuso porque Pijoaparte emulando una identidad de clase para intentar colarse en la burguesía catalana tenía bastante más estilo, pero es la referencia que seguramente mejor se comprenda aunque le quede demasiado elevada a Isabel Natividad.

Esta descripción social especialmente definida en la cultura francesa podría parecer una broma o exageración si no fuera porque Isabel Díaz Ayuso es una lideresa política que se mueve por sus complejos, traumas, miedos y fobias. Todo lo que hace en su labor pública se entiende desde la disforia que sufre entre lo poco que es y lo mucho que querría ser porque el poder no le otorgará jamás aquello que en su subconsciente sabe que le falta. No hay ático que pueda disimular los usos y costumbres clasemedieros que la nobleza huele desde arriba."

(Antonio Maestre, blog, 29/07/26)

8.7.25

Sólo el 1,6% de todos los adultos del mundo poseen el 48,1% de toda la riqueza personal mundial... La pirámide de la riqueza muestra que tan solo 60 millones de adultos, o el 1,6 % de la población adulta mundial, poseen una riqueza personal neta de 226 billones de dólares, equivalente al 48,1 % de la riqueza personal mundial. En el otro extremo, 1.570 millones de adultos (alrededor del 41 % de la población adulta mundial) poseen tan solo 2,7 billones de dólares, ¡o tan solo el 0,6 % de la riqueza personal mundial!... En la cima de la pirámide, hay 2.891 multimillonarios en dólares, de los cuales tan solo 31 adultos poseen una fortuna superior a los 50.000 millones de dólares cada uno... La riqueza promedio de los hogares en el Reino Unido cayó un 3,6 % en 2024, la segunda mayor caída de cualquier economía importante... Gabriel Zucman y Saez coinciden con la visión de Marx al afirmar que «la tributación progresiva sobre la renta no puede resolver todas nuestras injusticias. Pero, si la historia sirve de guía, puede ayudar a encaminar al país en la dirección correcta… Democracia o plutocracia: eso es, fundamentalmente, lo que significan los tipos impositivos máximos»... Dicho esto, la causa de la alta y creciente desigualdad se encuentra en el propio proceso de acumulación de capital (Michael Roberts)

 "Cada año, publico una entrada sobre la desigualdad de la riqueza global utilizando los datos anuales recopilados por economistas del banco suizo Credit Suisse. Sin embargo, Credit Suisse ya no existe, arrastrado por el escándalo y la crisis bancaria de 2023. El otro gran banco suizo, UBS, adquirió los activos de Credit Suisse y ahora publica su propio informe anual sobre la riqueza global.   Aunque no es tan claro ni útil como los de Credit Suisse, aún presenta una pirámide de riqueza global, como la que se muestra a continuación.

La pirámide de la riqueza muestra que tan solo 60 millones de adultos, o el 1,6 % de la población adulta mundial, poseen una riqueza personal neta de 226 billones de dólares, equivalente al 48,1 % de la riqueza personal mundial. En el otro extremo, 1.570 millones de adultos (alrededor del 41 % de la población adulta mundial) poseen tan solo 2,7 billones de dólares, ¡o tan solo el 0,6 % de la riqueza personal mundial! Este resultado coincide estrechamente con la estimación del Laboratorio de Desigualdad Mundial, que revela que el 50 % de la población mundial (no solo los adultos) posee tan solo el 0,9 % de la riqueza personal total. 

Y que el 1% más rico de la población mundial posee alrededor del 42% de toda la riqueza personal, lo mismo que en 1995.

De hecho, si añadimos el escalón intermedio de los ricos en la pirámide de UBS, resulta que 3.100 millones de adultos (el 82 % de todos los adultos) poseen una riqueza personal de 61 billones de dólares, lo que representa tan solo el 12,7 % del total mundial de la riqueza personal. El 87,3 % restante pertenece a tan solo 680 millones de adultos, lo que representa tan solo el 18,2 % del total mundial de adultos (3.800 millones). En la cima de la pirámide, hay 2.891 multimillonarios en dólares, de los cuales tan solo 31 adultos poseen una fortuna superior a los 50.000 millones de dólares cada uno.

En 2024, la riqueza personal aumentó más en Europa del Este (desde un nivel bajo) y América del Norte, pero disminuyó en América Latina, Europa Occidental y Oceanía (Australia, etc.). La riqueza promedio de los hogares en el Reino Unido cayó un 3,6 % en 2024, la segunda mayor caída de cualquier economía importante.

El aumento en Norteamérica se debió principalmente al aumento del valor de las acciones y los bonos para los muy ricos. A nivel mundial, la riqueza financiera total aumentó un 6,2%, mientras que la riqueza no financiera (propiedad) se expandió tan solo un 1,7%. La riqueza personal promedio por adulto en Norteamérica es casi seis veces mayor que en China, doce veces mayor que en Europa del Este y casi veinte veces mayor que en Latinoamérica.

Según el informe de UBS, la extrema desigualdad de la riqueza personal a nivel mundial ha empeorado (aunque solo sea ligeramente) desde principios del siglo XXI . La Sudáfrica post-apartheid se mantiene a la cabeza del mundo en desigualdad de riqueza, medida según el coeficiente de Gini, seguida, como siempre, por Brasil. Y ese coeficiente de Gini ha empeorado significativamente durante la Gran Depresión desde 2008. De las economías capitalistas avanzadas, Suecia presenta la distribución más desigual de la riqueza personal, algo que puede sorprender a quienes elogian la Escandinavia socialdemócrata. Estados Unidos es tan desigual como Suecia.

Recuerde que estas son medidas de riqueza , es decir, lo que posee cada adulto a nivel mundial, una vez descontadas sus deudas. La pirámide no mide la desigualdad del ingreso personal. Sin embargo, en análisis previos he descubierto que la riqueza y el ingreso están estrechamente relacionados. Existe una correlación positiva de aproximadamente 0,38 entre la riqueza y el ingreso; en otras palabras, cuanto mayor sea la desigualdad de la riqueza personal en una economía, mayor será la probabilidad de que la desigualdad del ingreso sea mayor.

Analistas de la desigualdad como Gabriel Zucman y Saez coinciden con la visión de Marx al afirmar que  «la tributación progresiva sobre la renta no puede resolver todas nuestras injusticias. Pero, si la historia sirve de guía, puede ayudar a encaminar al país en la dirección correcta… Democracia o plutocracia: eso es, fundamentalmente, lo que significan los tipos impositivos máximos».   Dicho esto, la causa de la alta y creciente desigualdad se encuentra en el propio proceso de acumulación de capital. No se trata principalmente de la falta de una tributación progresiva sobre la renta ni de un impuesto sobre el patrimonio, ni siquiera de la falta de intervención para combatir los paraísos fiscales. Estas medidas políticas sin duda ayudarían a reducir la desigualdad y a generar los tan necesarios ingresos públicos. Pero si las rentas del capital antes de impuestos (ganancias, rentas e intereses) siguen aumentando a expensas de las rentas del trabajo (salarios), existe una tendencia inherente al aumento de la desigualdad. Y si el capital continúa acumulándose, quienes poseen la mayor parte se enriquecerán en comparación con quienes no poseen capital. La creciente desigualdad global no se revertirá con una redistribución de la riqueza o los ingresos únicamente mediante impuestos.   Requerirá una reestructuración completa de la propiedad y el control de los medios de producción y los recursos a nivel mundial. " 

( Michael Roberts, Gaceta Crítica, 08/07/25, fuente Michael Roberts, gráficos en el original)

3.4.25

Por qué Trump sigue ganando: La verdad que nadie admite, es que la ira, no solo la desigualdad, impulsa a los votantes blancos de clase trabajadora; los progresistas deben afrontar verdades incómodas para contrarrestarlas... ¿Qué ha hecho exactamente la élite liberal, democrática y culturalmente comprometida de Estados Unidos para provocar una ira tan profunda -incluso un odio declarado- en amplios sectores de la clase trabajadora y la clase media-baja, predominantemente blancas, que les ha llevado hacia un político como Donald Trump? Las acusaciones de corrupción contra la élite política de Washington y otros grupos percibidos como «elitistas» se convirtieron en temas centrales de la exitosa campaña de Trump... La corrupción, en opinión del público, va más allá del simple soborno... esto puede implicar aprovechar las conexiones personales para conseguir la admisión de los hijos en escuelas públicas populares o conseguir un empleo en el sector público a pesar de no ser el candidato más cualificado... la percepción de la corrupción como favoritismo indebido puede haber sido crucial para las victorias electorales de Donald Trump... La discriminación positiva, a sus ojos, representaba un favoritismo étnico más que una selección basada en el mérito... la mayoría de los estadounidenses blancos creen que la discriminación contra ellos mismos es un problema más importante que la discriminación a la que se enfrentan los estadounidenses negros ¿Cómo se ha generalizado esta percepción? En lugar de adoptar políticas universales que beneficien a amplios sectores de la sociedad, los demócratas han cultivado inadvertidamente entre los votantes blancos de clase trabajadora la imagen de que favorecen a los grupos minoritarios, un enfoque que muchos perciben como similar a la corrupción... Pensemos, por ejemplo, en un joven negro que solicita plaza en la universidad y cuyos padres son profesores, comparado con un joven blanco criado por una madre soltera que trabaja en la limpieza... En cambio, los programas universales rara vez se enfrentan a estos problemas (Bo Rothstein, Un. Gothenburg)

 "Las críticas a Donald Trump y a las acciones de su administración desde que asumió el cargo han sido, como mínimo, intensas. La agresividad de Trump hacia Volodymyr Zelensky, sus repetidas falsedades sobre quién instigó la guerra en Ucrania, el indulto a criminales violentos condenados por atacar el Congreso en enero de 2021, las afirmaciones de que como presidente está por encima de la ley, las amenazas dirigidas a Dinamarca y Canadá, y el desmantelamiento de políticas de ayuda estadounidenses de larga data son algunas de las acciones que han suscitado duras condenas. Estas críticas, y muchas más, están totalmente justificadas y son necesarias.

Sin embargo, hay una cuestión crucial que falta en la conversación general: ¿Qué ha hecho exactamente la élite liberal, democrática y culturalmente comprometida de Estados Unidos para provocar una ira tan profunda -incluso un odio declarado- en amplios sectores de la clase trabajadora y la clase media-baja, predominantemente blancas, que les ha llevado hacia un político como Donald Trump? Resulta asombroso considerar que no hace mucho Barack Obama se aseguró un segundo mandato presidencial en 2012, lo que sugiere que algo importante debe haber ocurrido en los años intermedios para provocar este dramático cambio en la política estadounidense.

 La desigualdad y las dificultades económicas se han citado con frecuencia como explicaciones del ascenso de Trump. Sin embargo, esto no puede explicar totalmente su atractivo, ya que Obama consiguió la reelección sólo cuatro años después de la crisis financiera mundial. Del mismo modo, el racismo, aunque profundamente arraigado en la sociedad estadounidense, no es un fenómeno nuevo. La inmigración es otro factor que se cita a menudo, aunque Estados Unidos siempre ha sido una nación de inmigrantes. Aunque estos elementos han contribuido sin duda, debe haber otro factor crítico que ha permitido a Trump no sólo ganar, sino volver a ganar, incluso después de orquestar un ataque ilegal contra el Congreso estadounidense.

Para comprender plenamente este cambio, hay que volver a las elecciones presidenciales de 2016. Al principio de la campaña, la mayoría de los comentaristas informados no consideraban seriamente a Trump un candidato republicano viable. Carecía del apoyo de las principales figuras del partido, nunca había ocupado un cargo político y no tenía acceso a los importantes recursos financieros que suelen requerirse para una candidatura presidencial exitosa. Sin embargo, una persona que reconoció el potencial de Trump desde el principio fue Jim Clifton, entonces director de Gallup en Estados Unidos.

 Ya en enero de 2016, once meses antes de las elecciones, Clifton destacó un dato profundamente preocupante de las encuestas de Gallup: El 75% de los votantes de Estados Unidos estaba de acuerdo con la afirmación de que «la corrupción está generalizada en todo el gobierno de este país». Clifton describió esta percepción como una «gran nube negra» que se cierne sobre el progreso de Estados Unidos, sugiriendo que podría alimentar el ascenso de un candidato «no tradicional» como Trump. En retrospectiva, la percepción de Clifton fue notablemente acertada. Las acusaciones de corrupción contra la élite política de Washington y otros grupos percibidos como «elitistas» se convirtieron en temas centrales de la exitosa campaña de Trump en 2016, así como de su candidatura para 2024.

La corrupción, en opinión del público, va más allá del simple soborno. Muchos estadounidenses tienen una definición más amplia que incluye diversas formas de favoritismo, especialmente en el sector público. En el día a día, esto puede implicar aprovechar las conexiones personales para conseguir la admisión de los hijos en escuelas públicas populares o conseguir un empleo en el sector público a pesar de no ser el candidato más cualificado. Los estadounidenses tienen la creencia generalizada de que las decisiones públicas deben caracterizarse por la imparcialidad y la igualdad de trato.

Mi argumento es que la percepción de la corrupción como favoritismo indebido puede haber sido crucial para las victorias electorales de Donald Trump tanto en 2016 como en 2024. Esta opinión está respaldada por el aclamado libro de la socióloga Arlie Hochschild Strangers in Their Own Land: Anger and Mourning on the American Right (The New Press, 2016). Hochschild pasó cinco años con comunidades de clase trabajadora blanca en el sur de Estados Unidos y descubrió que muchas de estas personas creían que llevaban mucho tiempo esperando pacientemente en la cola del «sueño americano», esperando que mejoraran sus condiciones económicas. Sin embargo, se encontraban continuamente decepcionados, culpando de este estancamiento a diversos programas introducidos por los demócratas para apoyar específicamente a los grupos minoritarios. Según los informantes de Hochschild, las personas que reivindicaban su condición de minoría podían efectivamente «saltarse la cola». La discriminación positiva, a sus ojos, representaba un favoritismo étnico más que una selección basada en el mérito.

Las encuestas también han indicado que la mayoría de los estadounidenses blancos creen que la discriminación contra ellos mismos es un problema más importante que la discriminación a la que se enfrentan los estadounidenses negros. Aunque considero que esta percepción está desconectada de la realidad, no deja de influir en las decisiones de los votantes, ya que son las percepciones, y no las realidades objetivas, las que guían el comportamiento electoral.

¿Cómo se ha generalizado esta percepción? Un factor crítico es la gran dependencia de los demócratas, sobre todo de su facción de izquierdas, de la política de identidad. En la práctica, esto ha supuesto el establecimiento de programas específicos diseñados para beneficiar a diversos grupos minoritarios y, en ocasiones, a las mujeres. La investigación de Hochschild revela que los blancos de clase trabajadora suelen considerar estos programas como cuotas injustas para acceder a puestos de trabajo y oportunidades educativas deseables. En respuesta, muchas empresas, universidades e instituciones públicas han creado departamentos especializados dedicados a la Diversidad, la Equidad y la Inclusión (DEI). Es significativo que una de las primeras medidas de Trump al volver al cargo fuera desmantelar estas iniciativas de DEI en todo el gobierno federal estadounidense.

En lugar de adoptar políticas universales que beneficien a amplios sectores de la sociedad, los demócratas han cultivado inadvertidamente entre los votantes blancos de clase trabajadora la imagen de que favorecen a los grupos minoritarios, un enfoque que muchos perciben como similar a la corrupción. Los programas específicos suelen despertar sospechas de injusticia debido a la naturaleza compleja y subjetiva de la determinación de la elegibilidad -decidir quién reúne los requisitos para ser considerado «blanco», «negro» o algo intermedio- y la gestión de decisiones matizadas relativas al trato preferente.

Pensemos, por ejemplo, en un joven negro que solicita plaza en la universidad y cuyos padres son profesores, comparado con un joven blanco criado por una madre soltera que trabaja en la limpieza. Estos dilemas ponen de manifiesto las dificultades y los posibles problemas de legitimidad de las iniciativas específicas. En cambio, los programas universales rara vez se enfrentan a estos problemas, ya que no requieren importantes poderes discrecionales ni una gran burocracia. Además, contrariamente a la creencia común, los programas sociales universales tienden a ser altamente redistributivos. Las prestaciones proporcionadas suelen ser iguales o nominales, pero la fiscalidad sigue siendo progresiva o proporcional. En consecuencia, los que más ganan pagan más de lo que reciben, mientras que los trabajadores pobres obtienen más beneficios de los que aportan. Conocido como la paradoja de la redistribución, este fenómeno explica por qué los países que emplean programas universales suelen lograr una mayor redistribución que los que intentan explícitamente «gravar a los ricos y dar a los pobres». Además, los programas diseñados exclusivamente para los pobres suelen prestar servicios de menor calidad.

Por lo tanto, el problema fundamental de la política de identidad no radica en la movilización -históricamente, los partidos socialdemócratas europeos se basaron en gran medida en la identidad de la clase trabajadora-, sino en la aplicación. La política de identidad fomenta la división al enfrentar a un grupo contra otro, socavando la confianza general y la solidaridad social. En el fondo, la política identitaria gira en torno al interés propio del grupo en bruto: «más para nosotros». También viola los valores liberales básicos de igualdad de trato y crea un terreno fértil para las sospechas de corrupción e injusticia. Aunque las protestas generalizadas contra la brutal violencia policial en Estados Unidos estaban totalmente justificadas, enmarcar estas protestas como «Black Lives Matter» (Las vidas de los negros importan) en lugar de «All Lives Matter Equally» (Todas las vidas importan por igual) puede haber reforzado inadvertidamente las percepciones de división étnica. Hay muchos otros ejemplos de errores políticos por motivos étnicos. 

El riesgo actual es que la crítica necesaria a la administración de Trump pueda oscurecer la necesidad igualmente crucial de autorreflexión crítica por parte de los grupos políticos que sufrieron la derrota electoral. Está claro que se cometieron errores si tantos votantes blancos de clase trabajadora y clase media-baja se sintieron obligados a apoyar a una figura abiertamente antiliberal como Donald Trump. Los progresistas europeos también deben prestar atención a esta lección; no aprender de la experiencia estadounidense podría llevar a Europa por un camino igualmente problemático."

( Un. Gothenburg, Social Europe, 02/04/25, traducción DEEPL)

10.3.25

Carta a una mujer de clase obrera... Nuestras madres no son nuestras madres, son el sostén de la vida de la clase obrera... Una de las mujeres que hacen posible que el capitalismo sea eficiente porque son las encargadas de que el mundo funcione con una masa ingente de trabajo no remunerado imprescindible para que el sistema tenga la más mínima oportunidad de ser efectivo. No se llama trabajo esclavo, pero se le parece... Nadie en mi familia podría haber sido lo que es sin el trabajo de mi madre, de cualquier mujer de clase obrera de cualquier familia española, de cualquier mujer de clase obrera que tuvo como apellido ser madre, pero que ha sido más que ese apellido, que son mucho más y cuya identidad es más valiosa que la que se les reconoce socialmente por haber parido y criado a unos hijos... Somos lo que somos, hemos estudiado lo que hemos estudiado, hemos trabajado lo que hemos trabajado, porque teníamos a una trabajadora a tiempo completo esperando en casa haciendo todo aquello que creíamos que no llevaba tiempo, que no era un trabajo, que era simplemente su obligación como madre, esposa y mujer... nunca nos paramos a reflexionar sobre el enorme esfuerzo que supone el trabajo doméstico... No nos hemos disculpado por no haber sabido ver, hasta que ha sido muy tarde, el enorme sacrificio que han hecho para hacernos a los demás la vida más fácil... El esfuerzo y carga mental que ha tenido que soportar durante toda su vida le ha provocado un desgaste en salud psicológica que nunca pudo aliviar con terapias porque ni había dinero, ni se consideraba que esa tristeza y pesadumbre de la monotonía, de la falta de motivación y de que nadie valorara el ingente trabajo que hacía era consustancial a su condición de madre... Esta es una carta de agradecimiento a mi madre por el trabajo de toda una vida. Pero también al trabajo de todas las mujeres de clase trabajadora, que, madres o no, han cuidado de cualquier persona a su cargo (o al de sus vecinas o al de sus compañeras de trabajo) y han posibilitado que si este sistema funciona un poco, por poco que sea, es gracias a haberlas explotado de manera inmisericorde (Antonio Maestre)

 "Mi madre no es mi madre, mi madre, y la tuya, son las mujeres sobre las que hemos levantado nuestro futuro, la economía y la prosperidad. Su identidad no se define por haber parido. Nuestras madres no son nuestras madres, son el sostén de la vida de la clase obrera

Mi madre tiene las palmas suaves con los pliegues ajados. Las huellas dactilares se le han borrado. Siempre he creído que se le han quedado lijadas por la abrasión de la lejía y el salfumán que usó toda su vida como trabajadora del hogar, a veces, pocas, remuneradas en casas ajenas, las más, casi todas, como cuidadora de sus hijos y de su marido en la casa propia. Ahora la cuida él a ella, con mucho cariño y abnegación, porque la abrasión que le ha dejado las palmas sin fricción le ha quemado también un pulmón y lleva dentro de sí una enfermedad laboral que jamás será reconocida. Ella no ha fumado en la vida, su nódulo le brotó de aspirar durante cincuenta años productos de limpieza y mierda ajena. Ha trabajado toda la vida sin siquiera tener derecho a una pensión no contributiva y encima ese trabajo no remunerado la ha enfermado con severa gravedad. La pensión es de mi padre, pero sin el trabajo de mi madre nunca hubiera tenido la posibilidad de ganar esa pensión. Mi madre, antes que mi madre, es una mujer de clase obrera, una mujer trabajadora. Una de las mujeres que hacen posible que el capitalismo sea eficiente porque son las encargadas de que el mundo funcione con una masa ingente de trabajo no remunerado imprescindible para que el sistema tenga la más mínima oportunidad de ser efectivo. No se llama trabajo esclavo, pero se le parece.

Nadie en mi familia podría haber sido lo que es sin el trabajo de mi madre, de cualquier mujer de clase obrera de cualquier familia española, de cualquier mujer de clase obrera que tuvo como apellido ser madre, pero que ha sido más que ese apellido, que son mucho más y cuya identidad es más valiosa que la que se les reconoce socialmente por haber parido y criado a unos hijos. El bienestar de la sociedad descansa sobre los hombros de millones de mujeres de clase obrera que habiendo sido madres o no han dedicado su existencia al cuidado del prójimo. Somos lo que somos, hemos estudiado lo que hemos estudiado, hemos trabajado lo que hemos trabajado, porque teníamos a una trabajadora a tiempo completo esperando en casa haciendo todo aquello que creíamos que no llevaba tiempo, que no era un trabajo, que era simplemente su obligación como madre, esposa y mujer. O un regalo, porque nos querían mucho. Puede que ahora no pienses así, algunos todavía lo hacen, pero todos hemos pasado por esos momentos en que nunca nos paramos a reflexionar sobre el enorme esfuerzo que supone el trabajo doméstico. Seguramente porque no lo hacemos nunca.

Las mujeres de clase obrera que han desempeñado su trabajo como cuidadoras no solo han tenido que soportar el desdén y la invisibilización, sino que se han visto sometidas a la violencia patriarcal, a la sexual y a la simbólica. Pregunten a sus madres, a sus hermanas, a sus abuelas, a sus parejas o a sus compañeras de trabajo o militancia, todas ellas tienen una historia de violencia que narrar de mayor o menor intensidad, todas han tenido que cuidar, ninguna ha tenido el reconocimiento social, personal o familiar que merecen. No nos hemos disculpado por no haber sabido ver, hasta que ha sido muy tarde, el enorme sacrificio que han hecho para hacernos a los demás la vida más fácil.

Mi madre es la mía, pero la tuya no es diferente. Las madres de clase obrera son el pilar fundamental de la clase trabajadora y el sistema de producción capitalista hasta el punto de sostener nuestro bienestar emocional y psicológico. Su vinculación con nuestro cuidado es de tal dimensión que he llegado a subrogar mis recuerdos de infancia a sus relatos, todo lo que creo recordar de cuando era niño está basado en lo que mi madre me contaba que hacía. Se sabe mejor mi vida que yo mismo, de manera literal. El esfuerzo y carga mental que ha tenido que soportar durante toda su vida le ha provocado un desgaste en salud psicológica que nunca pudo aliviar con terapias porque ni había dinero, ni se consideraba que esa tristeza y pesadumbre de la monotonía, de la falta de motivación y de que nadie valorara el ingente trabajo que hacía era consustancial a su condición de madre. Ese “indefinible malestar”, del que hablaba Martín Gaite en Desde la ventana recogiendo las palabras de Betty Friedan. Que ser ama de casa era una suerte, que estar siempre en el hogar era cómodo, que cuidar, limpiar y cocinar era su papel y desde luego no un trabajo digno de tal consideración. Ahora tampoco hay dinero para terapia para las mujeres trabajadoras que cuidan y trabajan en casa. Ahora tampoco hay dinero ni tiempo para las obreras que cuidan y trabajan fuera de casa y dentro de ella. La terapia se sustituye por ansiolíticos y antidepresivos cuando hay cita en el centro de salud. Es la manera de tener a ese ejército laboral anestesiado y callado.

Esta es una carta de agradecimiento a mi madre por el trabajo de toda una vida. Pero también al trabajo de todas las mujeres de clase trabajadora, que, madres o no, han cuidado de cualquier persona a su cargo (o al de sus vecinas o al de sus compañeras de trabajo) y han posibilitado que si este sistema funciona un poco, por poco que sea, es gracias a haberlas explotado de manera inmisericorde. Nunca jamás se podrá devolver todo lo que las mujeres de clase obrera que se han matado, a veces de manera literal, haciendo su trabajo no remunerado han hecho. Lo mínimo es el reconocimiento, pero eso no basta. El trabajo se paga. Mi madre no es mi madre, mi madre, y la tuya, son las mujeres sobre las que hemos levantado nuestro futuro, la economía y la prosperidad. Su identidad no se define por haber parido. Nuestras madres no son nuestras madres, son el sostén de la vida de la clase obrera."           (Antonio Maestre, eldiario.es, 09/03/25)

8.1.25

El fin de la clase media... En un mundo cada vez más polarizado, los dueños del sistema están configurando una sociedad donde la clase media desaparece, dejando solo una élite reducida y una mayoría empobrecida. Este modelo, diseñado para concentrar el poder y los recursos, redefine la educación, la crianza y el acceso a oportunidades, creando un futuro dominado por enclaves rígidos y represivos... ¿A quién se le ocurre que la élite, que monopoliza la educación y la ciencia, necesitaría a una población masiva con altos niveles de inteligencia? No se necesitan 500 millones de personas bien educadas, ni siquiera 100 millones. Basta con 20 millones para sostener el sistema y manipular al resto. El resto de la población puede ser relegado a una existencia pasiva... Este modelo se estructurará en forma de enclaves: sistemas rígidos y represivos que controlarán el acceso a alimentos, agua y otros recursos, probablemente enmarcados en conceptos como las “ciudades inteligentes”... La clase media solía tener varias fuentes de sustento. En primer lugar, el rápido crecimiento industrial impulsado por la Segunda Revolución Industrial. En segundo lugar, la expansión colonial. Y, en el siglo XX, la existencia de la Unión Soviética... Los capitalistas de esa época necesitaban mantener económicamente a la clase media para evitar que apoyara a los partidos de izquierda o buscara alternativas en el modelo soviético. Hoy en día, esas dinámicas ya no existen (Andrei Fursov)

 "En el mundo que están construyendo los propietarios del Juego, no hay necesidad de que haya muchas personas educadas en la cima. Solo se requiere una élite muy reducida. La clase media será degradada hasta desaparecer, dejando únicamente dos estratos: ricos y pobres. Esto es lo que los sociólogos occidentales llamaron hace dos décadas la “sociedad 20/80”: 20% de ricos y 80% de pobres, sin una clase media. Sin embargo, creo que esta proporción es demasiado optimista. En realidad, será más bien una sociedad 10/90 como máximo.

La clase media solía tener varias fuentes de sustento. En primer lugar, el rápido crecimiento industrial impulsado por la Segunda Revolución Industrial. En segundo lugar, la expansión colonial. Y, en el siglo XX, la existencia de la Unión Soviética. Los capitalistas de esa época necesitaban mantener económicamente a la clase media para evitar que apoyara a los partidos de izquierda o buscara alternativas en el modelo soviético. Hoy en día, esas dinámicas ya no existen.

Entonces, ¿a quién se le ocurre que la élite, que monopoliza la educación y la ciencia, necesitaría a una población masiva con altos niveles de inteligencia? No se necesitan 500 millones de personas bien educadas, ni siquiera 100 millones. Basta con 20 millones para sostener el sistema y manipular al resto. El resto de la población puede ser relegado a una existencia pasiva, entretenida con videojuegos y distracciones digitales. Este modelo se estructurará en forma de enclaves: sistemas rígidos y represivos que controlarán el acceso a alimentos, agua y otros recursos, probablemente enmarcados en conceptos como las “ciudades inteligentes”.

Con el tiempo, los hijos se convertirán en un lujo. Criarlos, educarlos, garantizar su salud física y emocional, y ofrecerles una formación que fomente su adaptabilidad serán responsabilidades exclusivas de las familias. La sociedad, en cambio, no se ocupará de estas cuestiones, porque el diseño de la sociedad postindustrial apunta en otra dirección.

Me solidarizo profundamente con los padres de hoy. La situación educativa que enfrentan sus hijos y nietos es extremadamente compleja y preocupante. Es un desafío que requiere reflexión constante."               

(Andrei Fursov, Jaque al neoliberalismo, 08/01/25, fuente Mente Alternativa)

20.2.24

La degeneración de las élites como signo clave de la catástrofe de Occidente... incluso entre 2010 y 2012 el equilibrio general de poder era favorable a Occidente... Después de esto, la hegemonía planetaria de Occidente comenzó a desmoronarse... ¿Cómo pudo la élite estadounidense, que tuvo tanto éxito hace apenas veinticinco o treinta años, degenerar tan rápidamente? Muy simple, en la mayoría de los casos, la selección de la élite de liderazgo mediante el método de cooptación se convierte rápidamente en la selección de artistas limitados, pero inteligentes y eficientes... el aparato de gestión comienza a degenerar rápidamente: cada próxima generación de gerentes cooptados se convierte en peor que el anterior, en progresión geométrica... Quizás, en igualdad de condiciones, tres o cuatro generaciones de degeneración no hubieran sido suficientes para perder miserablemente frente a Rusia y China en poco tiempo la batalla por el derecho a determinar el futuro del sistema global. Pero en la China posmaoísta y en la Rusia postsoviética, había una demanda pública de líderes talentosos, creativos y proactivos. Y esas personas se encontraron de inmediato

 "La derrota de Occidente en la confrontación global en desarrollo no estaba predeterminada desde el principio. Por el contrario, incluso entre 2010 y 2012 el equilibrio general de poder era favorable a Occidente. A principios del siglo XXI, la situación estaba claramente a su favor.

China todavía estaba plenamente centrada en la cooperación económica con Estados Unidos y la UE. Los mercados de estos países eran de fundamental importancia para la venta de productos chinos, y los préstamos y las inversiones de Occidente eran una condición fundamental para un mayor crecimiento económico de China. La facción pro occidental dentro del PCC, que creía que Beijing debería seguir integrándose a la economía mundial en términos occidentales, era fuerte y sus oponentes no tenían ninguna propuesta alternativa real. Durante varios conflictos financieros y económicos, Estados Unidos intentó aumentar el tipo de cambio del yuan frente al dólar, en la mayoría de los casos sólo mediante amenazas de sanciones (en los tiempos modernos, completamente inofensivas), y China cedió inmediatamente.

A Rusia no le fue mejor. Fue completamente expulsado de Europa Central y Oriental por la UE y la OTAN. Incluso Serbia se vio obligada a aceptar la completa subordinación de sus políticas exterior, interior y económica a Occidente. Occidente también fue el principal socio económico de Rusia. El comercio de recursos energéticos, esencial para llenar el presupuesto estatal, se cerró al mercado de la UE sin ninguna alternativa.

En la propia Rusia continuaba la segunda guerra chechena y existía un poderoso frente oligárquico. Los poderes ejecutivo y legislativo estaban llenos de agentes occidentales abiertos y personas que simplemente simpatizaban con la idea de una integración gradual de Rusia en las estructuras políticas de Occidente, en sus propios términos. Las ONG prooccidentales dieron forma a la agenda del debate público y controlaron casi por completo el espacio de información.

Durante 2004, Occidente puso bajo su control a Georgia (la Revolución Rosa) y Ucrania (la Revolución Naranja) y continuó ampliando su esfera de control en el espacio postsoviético. El resto del mundo, con raras excepciones, estaba casi enteramente orientado hacia Occidente. Pero incluso con países que, por una razón u otra, se encontraban en una modalidad de confrontación más o menos aguda con Occidente (por ejemplo, Irán), las relaciones de Rusia eran difíciles. Los contactos económicos y comerciales con China se estaban ampliando, pero una asociación estrecha y una cooperación de confianza aún estaban lejos.

¡Adiós hegemonía!

Parecía que el dominio occidental no estaba amenazado. Pero ya en 2008 fue cuestionada por la operación militar rusa para proteger a Osetia del Sur y Abjasia de la invasión georgiana (ya había comenzado en Osetia, claramente se suponía que Abjasia sería la próxima víctima). Rusia derrotó a la fuerza invasora georgiana y reconoció la independencia de ambas repúblicas, a pesar de que Estados Unidos dejó claro que Georgia había recibido el mandato de invasión de ellas y que estaba descontento con el intento de Rusia de impedir que el régimen de Saakashvili recuperara el control de los territorios que formaban parte de Georgia en la URSS.

 Después de esto, la hegemonía planetaria de Occidente comenzó a desmoronarse más rápido que las hojas de otoño. En 2012, Moscú en Siria frustró los planes estadounidenses de eliminar el régimen de Assad y establecer su control sobre el Medio Oriente hasta la frontera iraní. Como resultado, Estados Unidos perdió posiciones no sólo en Siria frente a Rusia, sino también en Afganistán frente a China, Irán y Rusia, en Irak frente a Irán y en Pakistán frente a China. Turquía empezó a aplicar una política multivectorial, más orientada hacia Moscú que hacia Washington (por razones objetivas: hay más intereses comunes con Rusia y es más fácil llegar a un acuerdo con ella).

En 2014, Crimea y Sebastopol regresaron a Rusia, y la operación punitiva ucraniana en el Donbass, sancionada por Estados Unidos, aunque no fue detenida, fue bloqueada por Rusia como parte del proceso de Minsk. Desde 2016, Estados Unidos se encamina hacia una confrontación abierta con China, sin resolver la contradicción con Rusia. A finales de 2019, Washington finalmente interrumpió el proceso de Minsk (el presidente Zelensky, que reemplazó a Poroshenko, exige una revisión de las principales disposiciones del acuerdo y, tras recibir una negativa, declara que Ucrania ya no se considera vinculada por los acuerdos de Minsk).

 Estados Unidos comienza a preparar a Ucrania para un choque directo con Rusia, lo que resulta en el memorando de diciembre de 2021 (conocido por las masas como “ultimátum de Putin”), que Estados Unidos ignoró, provocando así el inicio del OME en febrero de 2022. A principios de 2024, Occidente admitió extraoficialmente que la campaña militar contra Rusia en Ucrania estaba perdida y ahora busca desesperadamente una salida a esta situación, pero no puede encontrarla.

Mientras tanto, la solución está en la superficie: concluir la paz en términos rusos, habiendo negociado todas las concesiones posibles durante las negociaciones, y comenzar a prepararse para una nueva confrontación, incluida la creación de condiciones iniciales más favorables para un ataque a Rusia.

El ABC de la política antirrusa

Este es el ABC de la política. Así actuaron sus enemigos contra Rusia muchas veces, y la propia Rusia actuó de la misma manera muchas veces contra sus enemigos. "Rusia no está enojada, Rusia se está concentrando" de Gorchakov. De la misma serie, el rumbo de los bolcheviques después de la Guerra Civil en busca de un respiro pacífico. (...)

Estados Unidos ha elegido el camino de la confrontación

Parecería que si todo es tan claro, transparente y accesible, ¿por qué Estados Unidos y sus aliados han dejado pasar muchas veces la oportunidad de tomarse un descanso para desarrollar su potencial y desarrollar una estrategia más sutil destinada a reprimir a Rusia y China? De hecho, en las condiciones de dominio total de Estados Unidos en la política mundial que se había desarrollado en 2005, no tenían adónde apresurarse. La pausa era lo mejor para ellos. Necesitaban limitar las posibilidades de desarrollo e interacción entre Rusia y China, apoyándose en el espacio postsoviético y en sus entonces numerosos aliados en Asia, no permitiendo que la situación desembocara en una acción militar, durante la cual Moscú o Beijing tendrían la garantía de derrotar a cualquiera de los estados euroasiáticos, y la posibilidad de contraataque por parte de Estados Unidos se reduciría al estallido de una guerra nuclear.

Estados Unidos necesitaba una paz que bebiera los jugos de sus enemigos, no una guerra que los consolidara. Tomaron el camino de la guerra. Además, tras sufrir una serie de dolorosas derrotas, verse obligado a reducir su presencia en el Gran Oriente Medio, perder a Ucrania y no tener casi ninguna posibilidad en el enfrentamiento que prepara con China, Estados Unidos sigue un camino que implica confiar en una solución contundente a cualquier problema.

Esto no es un truco ni un plan a largo plazo bien pensado. Toda consideración se limita a intentar, en el marco del debilitamiento de capacidades, mantener la alta tensión del conflicto militar, a pesar de que es Estados Unidos quien no puede soportar esta tensión.

La selección de personal lo es todo

La gente llama a este comportamiento “debilidad y coraje”, pero en política se suele hablar de la degeneración de las élites.

¿Cómo pudo la élite estadounidense, que tuvo tanto éxito hace apenas veinticinco o treinta años, degenerar tan rápidamente? Muy simple.

Parece que la naturaleza descansa sobre el establishment gobernante estadounidense. Pero hay mucho cinismo y ambición ahí.

Si analiza los métodos de selección y promoción de políticos estadounidenses del último cuarto de siglo y los compara con los métodos de selección y promoción de cuadros del partido en la perdida URSS, encontrará mucho en común.

En ambos casos se utilizó el método de la cooptación. Este es un método bastante eficaz para mantener el alto potencial de la élite gobernante, pero su gestión es extremadamente estricta. La selección debe ser lo más precisa y objetiva posible.

Lograr tal objetividad por parte de la comunidad humana es casi imposible. Para hacer esto, es necesario confiar la selección de personal al cerebro, que tiene una estructura similar a la inteligencia artificial: debe poder abstraerse completamente de los sentimientos y emociones y actuar en un paradigma estrictamente definido. Los políticos que poseían la organización mental necesaria se han encontrado no más de una docena de veces en toda la historia de la humanidad (quizás menos). La probabilidad de que en un momento determinado y en un lugar determinado la selección de los candidatos para ser cooptados al poder sea realizada por un político que posea las cualidades necesarias tiende a cero.

Por lo tanto, en la mayoría de los casos, la selección de la élite de liderazgo mediante el método de cooptación se convierte rápidamente en la selección por parte de líderes con iniciativa talentosa de artistas limitados, pero inteligentes y eficientes. Mientras la primera generación de gerentes está en el poder, tal selección incluso aumenta la eficiencia del sistema, pero cuando los talentos de iniciativa se van y la gestión llega al embotamiento eficiente, el aparato de gestión comienza a degenerar rápidamente: cada próxima generación de gerentes cooptados se convierte en peor que el anterior, con una disminución tanto de las capacidades creativas como de las cualidades morales, va de generación en generación en progresión geométrica.

 Quién gana: los artistas versus los proactivos

En Estados Unidos y Europa occidental, después de Reagan y Thatcher, Kohl y Mitterrand, ya han cambiado dos generaciones de líderes; ahora la tercera está en el poder y la cuarta ya le está pisando el cuello. Quizás, en igualdad de condiciones, tres o cuatro generaciones de degeneración no hubieran sido suficientes para perder miserablemente frente a Rusia y China en poco tiempo la batalla por el derecho a determinar el futuro del sistema global. Pero en la China posmaoísta y en la Rusia postsoviética, que se encontraban en condiciones extremadamente difíciles, al mismo tiempo había una demanda pública de líderes talentosos, creativos y proactivos. Y esas personas se encontraron de inmediato (aquellos países en los que dicha demanda, que surge en momentos críticos, por alguna razón queda insatisfecha, muere rápidamente y sin alternativa).

La competencia contra Rusia y China la perdieron los políticos occidentales degenerados que crecieron en un “baño caliente”, que sólo pueden repetir frases inventadas por sus grandes antepasados, sin entender el significado de lo que dicen y sin ningún objetivo positivo.

Sin embargo, ahora en Occidente ha comenzado a surgir una demanda de políticos inteligentes y proactivos que tendrán que salvar la civilización occidental. Si la tendencia marcada por Trump continúa en Estados Unidos, si el AfD (y sus partidos afines en otros países) no se deja estrangular y se fortalece en el poder en Europa, si las viejas élites, para mantener la apariencia de sus poder, no provocan guerras civiles en toda regla en la UE y los EE.UU., entonces en un futuro próximo tendremos que enfrentarnos a un Occidente mucho más dentado y peligroso, cuya disminución de la agresividad externa será más que compensada por una fuerte aumento de la prudencia y determinación de sus acciones, así como el restablecimiento de la capacidad de realizar maniobras bruscas inesperadas.

Es importante que en el momento del probable resurgimiento de la capacidad de Occidente para reaccionar adecuadamente, nosotros mismos no entremos en otro ciclo de selección de aquellos que son eficientes, pero absolutamente eficientes, de quienes sólo queda en la historia el apodo de "asno de piedra". La degeneración comienza con una ligera aquiescencia y termina con un embotamiento que todo lo consume."               

(Rostislav Ishchenko, Jaque al Neoliberalismo, 18/02/24; fuente: Geoestrategia)

25.1.24

Las clases populares y las medias están siendo ignoradas, en sus deseos, necesidades y aspiraciones... hubo un tiempo en el que Las viviendas eran asequibles, había becas y la universidad no era un gasto difícilmente asumible: se llamaba Estado del bienestar. Dejar el mercado funcionar sin contrapesos ni límites y a cambio ofrecer renta básica suena a la compra pública de grano para repartirlo entre el proletariado romano en la época final de la república... El problema central de los territorios interiores está en las ciudades pequeñas e intermedias, el escalón necesario para dar vitalidad a esas zonas y conceder algo de vida al mundo del campo. Y muchas de ellas están perdiendo población y recursos por un factor evidente: no hay trabajo (Esteban Hernández)

 "El debate político y cultural en distintos países, especialmente en los occidentales, pero no solo, contiene una variable que no puede ser ignorada, la territorial. Los últimos ejemplos electorales han sido los de Argentina y Países Bajos, donde se ha repetido una constante de los mapas contemporáneos: París vota diferente de la Francia interior; Londres, del Reino Unido; las ciudades prósperas de las costas de EEUU, de los Estados interiores. Las poblaciones rurales parecen ser relevantes en el voto y en la ideología, y más aún en la medida en que esas zonas parecen haber girado hacia opciones conservadoras. Tampoco Alemania escapa de esa tendencia, con la antigua Alemania del Este en el epicentro de las transformaciones electorales.

España parece evitar esa dinámica, aunque solo porque pone el acento en otro lugar. La cuestión territorial existe, y quedó de manifiesto en las últimas elecciones, con la mayor parte de España votando a favor de los partidos de la derecha, mientras que País Vasco, Navarra y Cataluña apostaron por el PSOE y las formaciones nacionalistas. Sin embargo, la mecánica de fondo no varía, ni en el aspecto espacial ni en el discursivo. En EEUU, Francia o Reino Unido, las poblaciones interiores acusan a las ciudades globales de absorber todos los recursos, llevándolas al declive. Las ciudades globales, por su parte, tachan a esas zonas de haberse quedado atrás, de haberse quedado anticuadas y de no haberse actualizado. En España, el foco no está puesto en la gran ciudad, Madrid, sino en Cataluña y el País Vasco: las poblaciones interiores señalan que los recursos que necesitan con urgencia se los llevan los nacionalistas, mientras que estos afirman que su retraso respecto de Madrid está causado por un Estado que les quita más de lo que les proporciona. Y todo eso, al igual que en el resto de Occidente, acompañado de significativos choques culturales.

El caso es que las poblaciones rurales vuelven a estar en el foco político. Primero fue desde discursos que señalaban cómo el mundo de provincias se había vuelto demasiado conservador, cuando no reaccionario, frente a unas ciudades que entendían la necesidad y la bondad del progreso. De ahí se pasó a las luchas woke y antiwoke. En fin, un argumentario que conocemos de sobra.

Dos mundos

Pero que los discursos cambien no significa que los problemas desaparezcan. Las necesidades, las vivencias y la forma de pensar de los territorios interiores continúan siendo diferentes de los de aquellos que residen en la gran ciudad. Hay elementos económicos, culturales e identitarios que marcan las diferencias.

Jérôme Fourquet es uno de los politólogos franceses que ha tratado este asunto con mayor atención, cuantitativa y cualitativa, y suele poner el acento en las diferencias culturales y de consumo. Thomas Piketty y Julia Cagé acaban de publicar Une histoire politique du conflit. Élections et inégalités sociales en France. 1789-2022 (Seuil), donde subrayan las desigualdades y los factores de clase como decisivos.

Un reciente debate entre los tres, publicado en Philosophie Magazine, sirve para ilustrar las diferentes concepciones que mantienen sobre asuntos esenciales para la política contemporánea. La posición de Piketty y Cagé, además, es especialmente interesante a la hora de entender qué significa "clase social" para la tecnocracia económica; es decir, para quienes han estado tomando las decisiones durante mucho tiempo en nuestro sistema. Y ha de recalcarse que Piketty y Cagé son progresistas, es decir, que deberían entender mejor qué significa la clase social.

La deriva territorial

Su tesis es que los elementos territoriales, con sus diferentes percepciones, son una capa que se superpone sobre los asuntos esenciales, los materiales: "Si te centras en la deriva territorial, congelas las cosas. Las personas que viven en zonas rurales se preocupan por el futuro de sus hijos, su vivienda, su transporte, etc. Y esto ofrece posibilidades de reconciliación. Esta es la principal lección que extrajimos de la larga historia de conflictos políticos. Durante el siglo XX, la división territorial se superó mediante su configuración socioeconómica en la división izquierda-derecha".

Siendo cierto lo que Piketty subraya, también lo es que la variable territorial está plenamente operativa. Lo que propone el economista francés es revertirla y poner el acento en la base material, que determina gran parte de las posiciones y vivencias sociales. Cierto de nuevo, pero llama la atención la visión restrictiva que tiene de esa recomposición, ya que pone el foco casi exclusivamente en la vivienda, la educación y el transporte. Si viven en una gran ciudad, es muy probable que las clases trabajadoras tengan problemas para comprar vivienda o para pagar el alquiler; sin embargo, lo tienen más sencillo para subir socialmente a través de las credenciales educativas. En zonas rurales, las viviendas son más baratas, pero los hijos tienen más problemas para cursar estudios con éxito, ya que deben desplazarse lejos para ir al instituto o la universidad. En cuanto al transporte, los habitantes de esas zonas rurales se ven obligados a utilizar el coche, que en general suelen ser antiguos y contaminantes.

El modo de arreglar estos tres puntos centrales es relativamente sencillo. Como afirma Cagé, "una gran parte de las clases trabajadoras estaría contenta de prescindir de su coche si estuviera mejor conectada con las ciudades mediante el tren". Si se aumentase el número de líneas y de estaciones, se podrían unir las aspiraciones populares y las cuestiones ecológicas. "¿Por qué no con una fiscalidad progresiva sobre las emisiones de carbono o con un proteccionismo medioambiental a escala europea?", afirma Cagé. También podría imaginarse "una política de redistribución de la riqueza en la que cada uno recibiría una herencia de entre 100.000 y 150.000 euros para financiar sus estudios... o acceder a una propiedad".

El agujero verde

Todo este razonamiento puede entenderse desde una perspectiva europea clara. Los progresistas europeos están perdiendo votantes entre las poblaciones rurales, y especialmente los verdes, que salvo zonas muy concretas tienen el acceso vedado, y están tratando de buscar propuestas que les puedan abrir camino en esos sectores. Por eso están girando desde la insistencia en valores culturales hacia propuestas más materiales, y la visión de Piketty y de Cagé forman parte de eso. El problema es que es justo un mundo que no entienden.

En primera instancia, lo rural no es gente viviendo en aldeas, ni meter fibra óptica en los pueblos de la montaña, ni conseguir que las poblaciones envejecidas tengan un médico que les atienda o que los niños que viven en los pueblos no tengan que desplazarse lejos para ir a las escuelas. Todos esos propósitos son necesarios para vertebrar un territorio, pero la política no versa únicamente sobre dar servicios a la población.

El problema central de los territorios interiores está en las ciudades pequeñas e intermedias, el escalón necesario para dar vitalidad a esas zonas y conceder algo de vida al mundo del campo. Y muchas de ellas están perdiendo población y recursos por un factor evidente: no hay trabajo. Además, las opciones de poner en marcha una pequeña empresa ligada al territorio son cada vez menores, hay escasa industria y quien desea hacer valer su titulación no encuentra lugares en esos territorios donde las credenciales le sirvan para conseguir un nivel de vida digno. Sus habitantes, y especialmente los jóvenes que tienen recursos, se marchan de allí para encontrar una vida mejor. Este no es un problema que se arregle atrayendo nómadas digitales, con la digitalización y con más trenes y escuelas. Resulta rara una izquierda que pone el acento en la vivienda y en el transporte y que no lo coloca en el trabajo.

Como es peculiar también la idea de la herencia universal: hubo un tiempo en España y en Francia, donde la mayor parte de la población tenía casa en propiedad y cuyos hijos iban a la universidad. Las viviendas eran asequibles, había becas y la universidad no era un gasto difícilmente asumible: se llamaba Estado del bienestar. Dejar el mercado funcionar sin contrapesos ni límites y a cambio ofrecer renta básica suena a la compra pública de grano para repartirlo entre el proletariado romano en la época final de la república: coge el pan y cállate. Lo que llevó, obviamente, a que esas clases fueran propiedad políticamente alternativa de la facción que ponía los recursos sobre la mesa.

Gente de pueblo, gente del pueblo

En fin, ese mundo fuera de la realidad que proponen tiene un mérito: al menos tratan de ofrecer algo. En España la discusión se sustancia más groseramente: Sánchez es un traidor y Cataluña os roba, o al revés, Madrid nos quita lo que es nuestro y nos oprime culturalmente; que viene la ultraderecha, que España se rompe. Haría falta algo más de inventiva y de interés por el país, del lado de la derecha y de la izquierda, para comenzar a cambiar las cosas.

Parte de la solución reside en tomar en cuenta algo que el discurso de Piketty y Cagé evita: que las cuestiones materiales generan transformaciones culturales y cambios en la percepción que se vuelven autónomos, y que no pueden ser pasados por alto si se quiere operar políticamente. Fourquet les señala uno de ellos: la Francia del pasado estaba dividida a partir de un eje: era una sociedad de felicidad diferida. Del lado católico, se esperaba la recompensa en el más allá; del comunista​, aparecía en el horizonte la sociedad sin clases. Hoy, sin embargo, "la felicidad está en el aquí y ahora".

Ese presentismo tiene muchas consecuencias transversales: una parte de la población vive el aquí y ahora, pero tiene esperanzas aspiracionales que se concretarán en el porvenir; la otra vive el aquí y el ahora porque no le queda más remedio, ya que no percibe que el futuro vaya a ser mejor. Y esa es una línea divisoria clara, porque marca un choque entre la percepción del progreso y la decadencia que tiene sus anclajes en la clase, pero que recorre todo el espectro social.

Este tipo de cosas no se entienden desde los operadores políticos, como tantas otras ligadas a la gente común. Porque, no nos engañemos, cuando hablan de las poblaciones rurales y de cómo atraerlas están utilizando un eufemismo; no se trata de la gente de pueblo, sino de la gente del pueblo. Esa que no conocen ni entienden: las clases populares y las medias están siendo ignoradas, en sus deseos, necesidades y aspiraciones, por la política contemporánea, a derecha y a izquierda."                (Esteban Hernández, El Confidencial, 02/12/23)

11.1.24

Cómo se ven las elites y qué dicen de los españoles... Las élites políticas de esta generación están haciendo, en general pero con excepciones, un trabajo irresponsable, muy deficiente. Y las élites económicas y sociales han disminuido su compromiso con España, y llevan tiempo trabajando en la internacionalización de familias, y empresas... están hartas de la ausencia de una sociedad civil con influencia que pueda castigar los errores y las ineficiencias... se echa de menos un poco más de patriotismo, pero puedo entender perfectamente las razones de no tenerlo... aún persisten élites de sectores extractivos (turismo) o concesionarios públicos (servicios, obras, etc.), que tienen un sentido patrimonialista del país y de la política. Ante estas, cualquier política progresista que rompa el status quo o tenga impacto fiscal será objeto de rechazo... Tendríamos que preocuparnos más por nosotros mismos y ser, por así decir, un poco más franceses... los planes de política industrial o verde, o la que sea, hay que hacerlos a 10 años, de modo que, cuando cambien los gobiernos, ninguno tenga alicientes para alterar los planes firmados... otros ponen el énfasis en la capacidad de superación de la sociedad española... Este país ha sufrido crisis estructurales de gran calado: crisis financiera, burbuja inmobiliaria, procés catalán, covid-19, cambio climático, guerra de Ucrania, crisis global de suministros, etc. A pesar de ello, en todos los momentos, el país y la sociedad han reaccionado y han salido de cada una de las situaciones. No ha sido fácil, pero la resiliencia de la sociedad española es muy alta... pero somos cada vez más conformistas y menos ambiciosos... España marcharía por una senda prudente, aun sometida a los riesgos sistémicos que cada época trae consigo, si no fuera por unos partidos que están tensando la cuerda institucional, trayendo una división perniciosa y generando muchos más problemas de los que solucionan (Esteban Hernández)

 "Una veintena de personas que pertenecen a las clases nacionales con mayor influencia han respondido a El Confidencial, de manera anónima, acerca de su papel en la sociedad y de las fortalezas y debilidades ciudadanas.

 "Las élites políticas de esta generación están haciendo, en general pero con excepciones, un trabajo irresponsable, muy deficiente. Y las élites económicas y sociales han disminuido su compromiso con España como proyecto y llevan tiempo trabajando en la internacionalización de familias, estilos de vida y empresas. Están en su derecho de hacerlo".

En las palabras de una de las veinte personas pertenecientes a las élites españolas que han participado en este reportaje (cuya primera parte publicamos ayer), se reflejan las percepciones dominantes que atraviesan a un sector social. La idea de que la política se ha enturbiado notablemente hace todavía más patente, para las élites mismas, la forma en que la capa social con más influencia y recursos se ha alejado de su país, como si el malestar llevase a refugiarse en los proyectos personales en lugar de fomentar la participación activa en la vida en común.

Algunos de ellos justifican esta distancia por las carencias de una sociedad apagada, que no recompensa a quienes apuestan por ella. Uno de los entrevistados retrata con nitidez este sentimiento cuando afirma que "las élites españolas están hartas de la mediocridad de sus dirigentes políticos y de la ausencia de una sociedad civil con influencia que pueda castigar los errores y las ineficiencias. Por eso las mejores mentes carecen de interés en dedicarse a la cosa pública y prefieren dedicar sus esfuerzos a su propia trayectoria".

Hay otra parte de los encuestados que no invoca el hartazgo o la falta de recompensa, sino el precio que se paga cuando se adoptan posturas públicamente: "Es muy delicado que una empresa se pronuncie de forma individual, para eso están la CEOE o el Círculo. Si un empresario o un directivo se manifiestan políticamente, comprometen a su empresa. Y no se trata de que tema que el Gobierno en cuestión tome represalias, sino de que tu clientela es muy amplia y con posiciones políticas muy diversas".

Otro empresario señala una razón muy frecuente en tiempos difíciles, la de replegarse en lo propio y focalizarse "en nuestro nicho, en nuestro sector, porque todo lo demás es desbordante. Hacemos micromanagement, nos fijamos en nuestras ventas, en las cadenas de suministro y nos centramos en aquello que podemos manejar, porque lo demás se nos escapa".

Sin embargo, estas respuestas no son más que la explicación de una ausencia. Cuando se les pregunta a las élites si las élites están comprometidas con su país, la respuesta más común es no: "Las españolas, al igual que las élites globales, aprovechan el territorio, pero se desconectan de sus necesidades, pues se sienten o quieren sentirse élites globales; "Las élites españolas dicen eso de 'por mí y todos mis compañeros, pero por mí primero'"; "No percibo a las elites económicas y sociales comprometidas con el país. Salvo algunas excepciones, la mayoría prefiere el anonimato. Ser empresario en este país no está reconocido, mejor dicho, está mal visto. El empresario no tiene relato y el que tiene se lo han impuesto"; "Las élites están más interesadas en sus propios negocios que en el progreso de España. La desmesura de la intervención estatal desvía los recursos empresariales hacia objetivos espurios, como lograr el beneficio del poder público en cada caso. No existe apenas sociedad civil ni personas con un valor ético o social ejemplificante, generalmente reconocido".

También hay posiciones que matizan este alejamiento de la vida común. Uno de los participantes señala que "a veces se echa de menos un poco más de patriotismo, pero puedo entender perfectamente las razones de no tenerlo; y son reconfortantes en este sentido algunos mensajes de grandes empresarios españoles que apenas deslocalizan su actividad, patrocinan deporte y cultura españolas, etc.".

Por supuesto, aunque sean el sector minoritario, también hay quienes tienen la percepción contraria y entienden que "existe una ocupación por parte de las élites de hacer España y una prioridad por nuestro país frente al egoísmo individual. Esta actitud los empresarios la practicamos cada día, en mi opinión". "En general, tenemos unas élites comprometidas con el país. No obstante, aún persisten élites de sectores extractivos (turismo) o concesionarios públicos (servicios, obras, etc.), que tienen un sentido patrimonialista del país y de la política. Ante estas, cualquier política progresista que rompa el status quo o tenga impacto fiscal será objeto de rechazo".

El dilema que late en este descontento de las élites consigo mismas es también producto de los cambios de época, que han alterado las funciones que se estimaban propias de cada sector. Mientras duró la era de la globalización feliz, los sectores empresariales y los vinculados a ellos, como el de la consultoría o los grandes despachos, se dedicaron, de una manera desterritorializada, a su función, que era la de generar dividendos, mientras que el mundo político debía gestionar los territorios de manera que no causaran grandes fricciones en esa tarea. Ahora que la política, de la mano de la geopolítica, ha regresado, y que las tensiones sociales han traído opciones ideológicas como los populismos, aprecian de un modo palpable hasta qué punto esa desvinculación les puede resultar perjudicial. El conflicto entre la política y la economía vuelve a estar vigente.

Y ante él, no cabe pensar que la tensión se desvanecerá por sí misma, como apunta uno de los entrevistados: "Hay una peligrosa saturación del debate político que aleja a muchos responsables económicos y sociales de la transcendencia de los problemas actuales. A veces domina una cierta sensación de que 'el tiempo lo arreglará todo' y se olvida que, a veces, puede ocurrir que el tiempo lo complique aún más".

En cuanto a las soluciones para cambiar esta situación, aparecen en pocas ocasiones. Algunos apelan a la necesidad de un consenso en el que participe la sociedad civil y otros señalan la necesidad de un liderazgo integrador que cohesione la democracia y genere progreso económico, y que "cuente con una visión clara de lo que sucederá a largo plazo, de modo que seamos capaces de inspirar y motivar a otras generaciones".

Quizá la más interesante sea la que pone el acento mucho más en el medio y largo plazo que en los tiempos y en las luchas políticas. Se trataría de ser más estratégicos que tácticos: "Tendríamos que preocuparnos más por nosotros mismos y ser, por así decir, un poco más franceses". La perspectiva que propone es la de "aprovechar sectores en los que tenemos potencia y en los que España podría jugar la partida", entendiendo siempre que "los planes de política industrial o verde, o la que sea, hay que hacerlos a 10 años, de modo que, cuando cambien los gobiernos, ninguno tenga alicientes para alterar los planes firmados. Pero eso requiere menos agenda partidista y más de país".

1. Cómo perciben a la sociedad española

La percepción que tienen nuestras élites de la sociedad y de los ciudadanos españoles se manifiesta en términos notablemente dispares. Hay visiones claramente positivas que destacan el carácter español ("es una sociedad que disfruta del día a día y eso da gusto"), otras que ponen el énfasis en la capacidad de superación ("con todo lo vivido en los últimos 10 años, si la población estuviera desanimada, el país no estaría creciendo al 2,5% ni tendría 21 millones de ocupados. Este país ha sufrido crisis estructurales de gran calado: crisis financiera, burbuja inmobiliaria, procés catalán, covid-19, cambio climático, guerra de Ucrania, crisis global de suministros, etc. A pesar de ello, en todos los momentos, el país y la sociedad han reaccionado y han salido de cada una de las situaciones. No ha sido fácil, pero la resiliencia de la sociedad española es muy alta") y otras que subrayan la bonanza económica ("estamos en el mejor momento de nuestra historia, nos queda mucho para vivir tensiones sociales").

Quienes mantienen esta postura reconocen las dificultades de fondo, pero estiman que no traerán grandes perturbaciones: "La nuestra es una sociedad heterogénea con gente animada y competente y otra que se ve un poco superada por la aceleración del cambio. Pero esto ocurre en España y en todo nuestro entorno occidental. Hay que ser optimista; el desaliento no nos ayudará en nada y solo servirá para perjudicar nuestro futuro". Es decir, España vive un momento complicado, como los países de nuestro entorno, pero nada que resulte especialmente preocupante: "En general, la sociedad occidental vive un momento en que su gente está más unida que nunca antes (gracias a las tecnologías) y más sola también (como, por ejemplo, el fenómeno de los jóvenes encerrados en sus habitaciones). Pero no creo que dicho individualismo se haya convertido en egoísmo ni en insolidaridad".

La otra versión es mucho menos optimista: "Los españoles somos cada vez más conformistas y menos ambiciosos". Nos hemos vuelto "cada vez más individualistas y egoístas, en línea con el resto de las sociedades occidentales". "Nos quejamos mucho, pero reaccionamos poco".

Hay quien apunta que la sociedad española "piensa que el Estado debe resolver los problemas de los demás y que cada cual debe preocuparse de lo suyo. Eso no significa que no haya ámbitos de desinterés y altruismo (básicamente en lo que se refiere a la propia familia), pero no creo que el español medio esté dispuesto a sacrificar parte de su bienestar individual por un interés común". Además, ya "no existe identificación con fines comunes; se promueve el enfrentamiento y la división (por sexos, por ideología, por territorios) y se asumen idearios que despersonalizan al individuo".

De fondo, vuelven a aparecer los problemas políticos, que se derivan en última instancia de "una sociedad debilitada que no se atreve a imponer la voluntad del consenso a los partidos. Esa debilidad o pasotismo de la sociedad civil sí que es un problema para España".

2. La polarización polarizada

Esta división en cuanto a la mirada sobre la sociedad española aparece también respecto de la polarización política. Por una parte, todos coinciden en que existe y en que nadie la desea. Como sintetiza uno de los participantes, "ninguna experiencia nos demuestra que sea el escenario más conveniente para una política de estabilidad y progreso. Deben realizarse todos los esfuerzos posibles para superar esta situación; necesitamos acuerdos, pactos, coincidencias. Si no se alcanzan, todo ello tendrá un coste, y no menor. Sin estabilidad institucional y sin grandes acuerdos en las reformas y decisiones que deben adoptarse, va a generarse una ralentización económica que nos perjudicará a todos".

También existe unanimidad en que el enfrentamiento no va a detenerse: "Sin duda, el nivel de polarización irá en aumento y evitará afrontar reformas que solo es posible acometer con cierto acuerdo institucional entre los grandes partidos"; "El Gobierno frentista ("el muro" del que hablaba Sánchez) originará la correspondiente reacción de la derecha en sentido contrario cuando llegue al Gobierno. En definitiva, habrá radicalización para mucho tiempo". Alguno de los entrevistados, no obstante, fija un momento de posible cambio, las elecciones europeas, que podría servir de frontera temporal a partir de la cual las dos formaciones principales rebajen el tono y fijen algunas posiciones en común.

Otro de los participantes parece haber perdido toda esperanza en que la polarización se frene, salvo que aparezca un relevo: "La generación que lleva el timón de España desde algún momento de la primera década del siglo XXI es la de los hijos de la transición. Hemos hecho un trabajo extraordinariamente malo comparado con el que hicieron nuestros padres. Ellos protagonizaron el abrazo del 78, la Constitución, la entrada en la OTAN, la Unión Europea y el euro, la convergencia en renta con Europa y la construcción de un gran país con empresas e instituciones fuertes. Nosotros nos hemos dedicado a desenterrar el duelo a garrotazos del 36, a destruir la convergencia en renta y a deteriorar las instituciones y la convivencia. La esperanza de España es otro cambio de generación, que nuestros hijos y otros que vengan de fuera nos echen y tomen el timón".

Donde hay una divergencia sustancial es a la hora de señalar a los causantes de este mal momento institucional. La mayoría de los entrevistados pone el acento en la izquierda, algunos de ellos en términos duros: la polarización no se detendrá "hasta que no cambie la dirección del PSOE. Vamos camino del peronismo, con un Estado cada vez más asfixiante y dilapidador de recursos, que se asignan a fines cosméticos y coyunturales. Existe también un modelo territorial inasumible, que produce un desapego creciente hacia un fin común"; "No veo ninguna solución a medio plazo. La izquierda moderada española ha decidido desde hace veinte años que tiene más posibilidades de alcanzar y mantener el Gobierno pactando con extremistas de izquierda y nacionalistas, y mientras esto suceda, no habrá acuerdos por el centro".

Otra parte de los encuestados, menor, pone el énfasis en la derecha, ya que "la única posibilidad de Pactos de Estado es que el PP haga una oposición con visión de medio y largo plazo, pensando en generar espacios de consenso a nivel regional, nacional y europeo".

3. Las tensiones sociales inexistentes

Aquí vuelve a aparecer esa división entre una mirada más o menos optimista sobre la sociedad española y otra que percibe grietas profundas en ella. Porque, si hay tanta polarización y están tan enfrentados los partidos mayoritarios, si el panorama institucional se muestra quebrado y buena parte de la población ha perdido poder adquisitivo, parece evidente que estamos en un escenario idóneo para que las tensiones sociales terminen estallando. Sin embargo, esa no es la perspectiva dominante: una mayoría sustancial de los encuestados no espera grandes enfrentamientos.

Entre otros motivos, porque España parece estar un poco al margen de las grandes tendencias internacionales, y los populismos están en retroceso. "El contexto económico para los dos próximos años no se prevé malo, de modo que si no hay un evento dramático, no se generarán tensiones sociales. Ese descontento que derivó hacia los populismos con Podemos ya no está presente, Sumar ha tenido un peor resultado en las generales que los que lograba Iglesias y Vox está bajando". Otro de los entrevistados subraya que la indignación de los españoles "es aparencial, pero luego no influye en la vida diaria. Solo una crisis económica brutal podría originar esa tensión social real, y no parece que vaya a darse".

Hay voces disidentes que sí esperan tensiones sociales, pero en un tiempo no cercano, ya que "el desánimo está claro, pero en las clases medias y populares la situación no la intuyo tan mala como para llegar a eso, al menos todavía". Otro de los encuestados señala que "si no hay mejoras en las condiciones de las nuevas clases bajas, habrá tensiones sociales a medio plazo (no a corto, pues vivimos en economías —occidentales— dopadas)". Y un tercero las da por seguras, pero "cuando vaya fundiéndose el patrimonio acumulado por las generaciones anteriores".

Es decir, la sociedad española parece razonablemente asentada y se aleja de los populismos, el horizonte económico no se adivina sujeto a grandes sacudidas y los españoles conservamos un carácter que ayuda en los malos momentos. Todo parece ir mejor de lo que la crispación cotidiana señala. Quizá porque "la alta tensión de hoy es política y no económica, derivada del hostigamiento institucional desde el poder", y no producto de una mala situación general.

Es decir, parece que España marcharía por una senda prudente, aun sometida a los riesgos sistémicos que cada época trae consigo, si no fuera por unos partidos que están tensando la cuerda institucional, trayendo una división perniciosa y generando muchos más problemas de los que solucionan. Esa visión, según la cual la economía funciona, a pesar de los inconvenientes, y la sociedad española muestra su resiliencia, encontraría un gran escollo que impide los avances, la deriva política.

Quizá sea así, pero en este punto conviene recordar palabras de hace 100 años, que Ortega y Gasset firmaba en España invertebrada: "Diríase que los políticos son los únicos españoles que no cumplen con su deber ni gozan de las cualidades para su menester imprescindibles. Diríase que nuestra aristocracia, nuestra Universidad, nuestra industria, nuestro Ejército, nuestra ingeniería, son gremios maravillosamente bien dotados y que encuentran siempre anuladas sus virtudes y talentos por la intervención fatal de los políticos. Si esto fuera verdad, ¿cómo se explica que España, pueblo de tan perfectos electores, se obstine en no sustituir a esos perversos elegidos? Hay aquí una insinceridad, una hipocresía".           (Esteban Hernández, El Confidencial, 31/12/23)

8.9.23

CIS: solo 30% de los ciudadanos considera que la posición económica se define más por la valía personal que por el origen familiar, los contactos o la suerte... La mitad de la población cree que para triunfar es mejor venir de 'buena' familia que esforzarse

 "El último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es inequívoco: la mitad de los ciudadanos considera que la posición económica de las personas tiene más que ver con su origen familiar, sus contactos o la suerte, que con lo que puedan llegar a esforzarse en la vida o su valía personal. Poco más de un 17% considera que tienen la misma importancia las dos circunstancias y alrededor de un 30% sí cree en el trabajo, la educación recibida y el valor de uno mismo.

Es una de las tantas fotografías que pueden extraerse de la encuesta Opinión pública y política fiscal que ha avanzado este 7 de septiembre el CIS. La fórmula que se utiliza para preguntar a la población sobre este asunto es una escala del cero al diez. En este caso, el punto más bajo del eje —el cero— lo marcan aquellos ciudadanos que creen que únicamente "el esfuerzo, la educación y la valía personal" tienen que ver con la posición económica. El punto más alto, el diez, es el polo opuesto: solo importan "el origen familiar, los contactos o la suerte".

El CIS ha realizado hasta 3.011 entrevistas durante el mes de julio, el mes en que publica, desde 2006, esta encuesta. Así, el 49,6% de los ciudadanos se sitúan entre el número diez y el seis del eje, es decir, que otorgan más importancia al origen familiar, los contactos o la suerte. Hasta un 10,7% se encuentran en el punto más extremo.

Por su parte, un 31,3% se colocan en el tramo de la escala contrario. Para ellos, es más importante el esfuerzo, la educación y la valía personal. Un 17,5% se sitúa en el cinco, justo en el medio. Los porcentajes son similares a los de los últimos años.

Persiste la conciencia sobre el fraude fiscal

Gran parte del estudio gira alrededor del fraude fiscal. A pesar de que los grandes casos de corrupción no ocupan, en los últimos tiempos, la mayor parte de los titulares y portadas de los medios, entre los ciudadanos sigue existiendo la sensación de que en España existe "mucho" —un 37% de los encuestados— o "bastante" —un 51,6%— fraude fiscal. También lo refleja el estudio. En total, un 88,6%. Cree, en cambio, que existe "poco" fraude fiscal un 7,9% de la muestra. Solo un 1,1 considera que existe "muy poco". 

Tiene particular interés el hecho de que el 21,7% de los encuestados considere que la razón principal que lleva a algunos ciudadanos a ocultar parte de sus ingresos (o todos) es "porque los/as que más tienen evitan (o minimizan) el pago de impuestos". Un 17,7%, por otro lado, culpa a la "falta de honradez"; otro 15,2%, a que los impuestos que hay que pagar a Hacienda son excesivos y un 16,1%, por poner otro ejemplo,  a que los salarios de los españoles son demasiado bajos y hay que buscar "otras formas de conseguir dinero".

En cualquier caso, la conciencia colectiva considera que, en España, el fraude fiscal está a la orden del día. (...)"          (Samuel Martinez, Público, 07/09/23)

24.8.23

El 1.2% de los adultos tiene el 47.8% de la riqueza mundial, mientras que el 53.2% tiene solo el 1.1%... un asombroso nivel de desigualdad... A finales de 2021 habrá 264.200 personas con un patrimonio neto superior a 50 millones de dólares... Estos aumentos son más del doble de los registrados en cualquier otro año de este siglo. En conjunto, significa que el número de adultos con una riqueza superior a 50 millones de dólares se expandió más de un 50% en los dos años 2020 y 2021... Este reciente aumento de la desigualdad se debe al incremento del valor de los activos financieros durante y después de la pandemia del COVID-19... Y aquí hay un punto clave que merece la pena considerar. Si usted es propietario de una vivienda y, una vez deducida cualquier deuda hipotecaria, dispone de más de 100.000 dólares de capital y ahorros, se encuentra entre el 10% de los adultos más ricos del mundo. Puede que le resulte difícil de creer, pero es cierto, porque la mayoría de los adultos del mundo no tienen riqueza alguna... El bloque imperialista formado por Norteamérica, Europa, Japón y Australia, domina el comercio, el PIB, las finanzas, la tecnología y posee casi toda la riqueza personal (Michael Roberts)

 "Cada año, pongo en conocimiento de los lectores de mi blog los resultados del último Informe sobre la Riqueza de Credit Suisse.  Lo elaboran los economistas Anthony Shorrocks (con quien me gradué en la universidad), James Davies y Rodrigo Lluberas.  Es el estudio más completo sobre la riqueza personal global y la desigualdad entre adultos en todo el mundo.

La riqueza personal se define como la propiedad de bienes inmuebles y activos financieros (acciones, bonos y efectivo) menos la deuda de todos los adultos del mundo. Según el informe de 2022, a finales de 2021, la riqueza mundial alcanzaba los 463,6 billones de dólares, lo que supone un aumento del 9,8% respecto a 2020 y muy por encima de la media anual del +6,6% registrada desde principios de siglo. Dejando a un lado las oscilaciones de los tipos de cambio, la riqueza mundial agregada creció un 12,7%, lo que la convierte en la tasa anual más rápida jamás registrada. La riqueza media por adulto ascendió a 87.489 dólares a finales de 2021.  Por países, Estados Unidos fue el país que más riqueza añadió a los hogares en 2021, seguido de China, Canadá, India y Australia.

Este aumento de la riqueza (bienes inmuebles y activos financieros) no se repartió por igual.  Por el contrario, la cuota de riqueza del 1% más rico a nivel mundial aumentó por segundo año consecutivo hasta alcanzar el 45,6% en 2021, frente al 43,9% en 2019.  Esto se representa en el informe mediante una pirámide.

La pirámide de la riqueza muestra que 62 millones de personas de un total de 4.400 millones de adultos en el mundo, o sólo el 1,2%, tenían el 47,8% de la riqueza mundial, mientras que 2.800 millones de adultos (o el 53,2%) tenían sólo el 1,1% - un asombroso nivel de desigualdad.  Mientras que el 1,2% más rico poseía una riqueza media después de deudas de más de 1 millón de dólares cada uno, el 53% más pobre tenía menos de 10.000 dólares cada uno, al menos 100 veces menos.

Y dentro del grupo más rico, la desigualdad es igual de marcada, con otra pirámide.  A finales de 2021 habrá 264.200 personas con un patrimonio neto superior a 50 millones de dólares. Esto supone 46.000 más que los 218.200 registrados a finales de 2020, que a su vez eran 43.400 más que en 2019. Estos aumentos son más del doble de los registrados en cualquier otro año de este siglo. En conjunto, significa que el número de adultos con una riqueza superior a 50 millones de dólares se expandió más de un 50% en los dos años 2020 y 2021. Este reciente aumento de la desigualdad se debe al incremento del valor de los activos financieros durante y después de la pandemia del COVID-19, y son los ricos quienes poseen la mayor parte de los activos financieros.

El aumento global de la riqueza mundial refleja principalmente el incremento de la riqueza en China y en la expansión de la "clase media" en el llamado mundo en desarrollo.  Aun así, la riqueza media de este grupo es de 33.724 dólares, es decir, sólo alrededor del 40% del nivel de riqueza media mundial.  La mayoría de los ricos y muy ricos siguen viviendo en el llamado "Norte Global".  Sin embargo, el 7% de las personas más pobres del mundo viven en Norteamérica.

La desigualdad mundial aumenta o disminuye en respuesta a los cambios en la desigualdad de la riqueza dentro de los países: el llamado componente "dentro de los países". Pero también se ve afectada por los cambios en los niveles medios de riqueza de los países en relación con la media mundial: el componente "entre países". Este siglo, el aumento de la riqueza de los hogares en los mercados emergentes, sobre todo en China e India, ha reducido las diferencias de riqueza entre países, de modo que el componente entre países ha disminuido con bastante rapidez. Este ha sido el factor dominante de la tendencia general a la baja de la desigualdad.

En el siglo XXI, la riqueza media por persona ha pasado de 1.613 dólares en 2000 a 8.296 dólares en 2021, lo que supone un aumento anual del 8,1%.  Pero esto es el resultado del fuerte aumento de la riqueza mediana en China, de 3133 dólares por persona a 26752 dólares en 2021 (un 12% anual), o del 7% de la riqueza mediana de Norteamérica en 2000 al 28% en 2021. La riqueza media por persona en China en 2000 era aproximadamente el doble de la media mundial; ahora es más del triple.

India también ha experimentado un aumento de la riqueza media por adulto de 1005 dólares en 2000 a 3295 dólares en 2021, un 7% anual, pero en 2000 la riqueza por adulto de India era sólo el 2% de la de Norteamérica; ahora es sólo el 3%; y los adultos de India siguen estando muy por debajo de la media mundial.  De hecho, esa proporción cayó del 62% en 2000 al 40% actual.  India retrocede relativamente, mientras que China avanza relativamente.

Y aquí hay un punto clave que merece la pena considerar.  Si usted es propietario de una vivienda y, una vez deducida cualquier deuda hipotecaria, dispone de más de 100.000 dólares de capital y ahorros, se encuentra entre el 10% de los adultos más ricos del mundo.  Puede que le resulte difícil de creer, pero es cierto, porque la mayoría de los adultos del mundo no tienen riqueza alguna.

En cuanto a la desigualdad entre hombres y mujeres, el informe revela que de los 26 países que constituyen el 59% de la población adulta mundial, 15 países (entre ellos China, Alemania e India, por ejemplo) muestran un descenso de la riqueza de las mujeres en los dos últimos años.

En cuanto a los superricos de todo el mundo, a finales de 2021 había 62,5 millones de millonarios, 5,2 millones más que un año antes. Estados Unidos sumó 2,5 millones de nuevos millonarios, casi la mitad del total mundial. Este es el mayor aumento en el número de millonarios registrado para cualquier país en cualquier año de este siglo y refuerza el rápido aumento en el número de millonarios visto en los Estados Unidos desde 2016. Estados Unidos tiene ahora el 39% de todos los millonarios en una población de 350 millones, mientras que China tiene el 10% con una población de 1.400 millones.

En cuanto a la desigualdad de la riqueza dentro de los países, a finales de 2021, el coeficiente de Gini (la medida habitual de la desigualdad) para la riqueza era de un enorme 85,0 en Estados Unidos (recordemos que 100 significaría que un adulto posee toda la riqueza). De hecho, en Estados Unidos, todas las medidas de desigualdad han tendido al alza desde principios de la década de 2000. Por ejemplo, la proporción de riqueza del 1% de los adultos más ricos pasó del 32,9% en 2000 al 35,1% en 2021 en Estados Unidos.

¿Y en China?  Pues bien, el coeficiente de Gini de la riqueza aumentó de 59,5 en 2000 a un máximo de 71,7 en 2016.  Luego se redujo a 70,1 en 2021, cerca de donde estaba en 2010 y un 20% más bajo que en Estados Unidos.  La desigualdad de la riqueza en India era mucho mayor en 2000 y ha aumentado desde entonces. El coeficiente de Gini pasó de 74,6 en 2000 a 82,3 a finales de 2021. El porcentaje de riqueza del 1% más rico pasó del 33,2% en 2000 al 40,6% en 2021.  Al igual que Estados Unidos, India es para los muy ricos.

En algunas economías capitalistas avanzadas, la desigualdad de la riqueza disminuyó en la primera década del siglo XXI, pero luego aumentó tras la crisis financiera mundial y la caída de la pandemia. En 2021, el Gini de la riqueza había aumentado ligeramente por encima de su nivel de 2000, situándose en el 70,2 en Francia y el 70,6 en Gran Bretaña, aproximadamente el mismo que en China.

El informe ofrece una perspectiva general de la disparidad de la riqueza entre países y regiones en su mapa de la riqueza mundial. En él se observa que los países con mayor riqueza por adulto (por encima de los 100.000 USD) se concentran en Norteamérica y Europa Occidental, y entre las zonas más ricas de Asia Oriental, el Pacífico y Oriente Medio, con un puñado de puestos avanzados en el Caribe.

China y Rusia son los principales miembros del grupo de países de "riqueza intermedia", con una riqueza media de entre 25.000 y 100.000 USD. Este grupo también incluye a los miembros más recientes de la Unión Europea y a importantes economías de mercado emergentes de América Latina y Oriente Medio.

Un escalón por debajo, la franja de "riqueza fronteriza" de 5.000-25.000 USD por adulto es un grupo heterogéneo que abarca países muy poblados como India, Indonesia y Filipinas, además de la mayor parte de Sudamérica y destacadas naciones subsaharianas como Sudáfrica. Países asiáticos en rápido desarrollo como Camboya, Laos y Vietnam también entran en esta categoría.

Los países con una riqueza media inferior a 5.000 dólares constituyen el último grupo, dominado por los países de África central.

El bloque imperialista está formado por Norteamérica, Europa y Japón, a los que se añade Australia.  Al igual que el bloque imperialista domina el comercio, el PIB, las finanzas y la tecnología, posee casi toda la riqueza personal."

(Michael Roberts, Brave New Europe, 22/08/23; traducción DEEPL)

28.6.23

El voto de clase en las elecciones de la mayoría de Ayuso... según aumenta la renta y por tanto mejoran las condiciones de vida de los votantes, más aumenta su participación política... la población con menor renta ha asumido que las instituciones no les escuchan, por lo que no votan... El partido de la clase obrera es la abstención

"Las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid han consolidado las tendencias que vienen de 2021: el PP consigue la mayoría absoluta, Más Madrid y PSOE mejoran y empatan como principales fuerzas políticas de izquierdas, Vox mantiene un puesto modesto y Podemos-IU y Ciudadanos, que en 2021 ya habían tenido poca o nula representación respectivamente, se quedan fuera de la Asamblea.

Pero además de darnos la nueva composición de esta cámara, las elecciones nos permiten trazar un mapa de la población de Madrid dividida en sus posiciones políticas según cuestiones demográficas diversas (edad, clase, género…) En el caso de este artículo, me centraré en las relaciones entre renta y voto que aparecen al cruzar, para cada sección censal de la CAM, los resultados electorales de 2023 y 2021 y los datos de renta publicados por el Atlas de Distribución de Renta de los Hogares del INE. (...)

Según aumenta la renta y por tanto mejoran las condiciones de vida de los votantes, más aumenta su participación política. La razón detrás de esta relación entre participación y renta es compleja, pero parece darle la vuelta al sentido común sobre las elecciones: no solo si no votas tu voz no se escucha en las instituciones, sino que la población con menor renta ha asumido que las instituciones no les escuchan, por lo que no votan.
 
El partido de la clase obrera es la abstención

El peso mayor de la abstención entre las rentas bajas en comparación con las altas lleva a que, si tomamos el voto por renta ignorando la abstención, como suele hacerse a menudo cuando se presentan los datos electorales, tengamos una imagen distorsionada del voto según renta, especialmente del voto a la izquierda.

(...) el voto a la izquierda desciende con la renta, mientras que el apoyo a la derecha aumenta con la renta. Por ejemplo, más de la mitad de las votantes en el Decil 2, de renta baja, han votado a la izquierda, mientras que en el Decil 8, de renta alta, son poco más del 40%.

(...) La abstención se perfila como la elección para las rentas más bajas, y aunque este es un análisis para Madrid y no se debe extrapolar a otras zonas o elecciones, es conveniente recordarlo para tener una imagen más realista del comportamiento electoral.(...)" (Arturo Guilarte, El Salto, 14/06/23)

2.2.23

Orgullo de ser de Vallecas: el plan de la izquierda para recuperar los barrios obreros... Las reacciones de Reyes Maroto y Rita Maestre a un vídeo de un programa satírico catalán ofrecen algunas pistas sobre cuál será el terreno de confrontación electoral de las izquierdas en Madrid... La izquierda, en el pasado, dio por perdido el orgullo de ser madrileño, y fue un error grande... Ser de Vallecas o de Orcasitas, del mismo modo que ser de Fuenla o de Móstoles, ofrece una identidad fuerte a muchos madrileños... el orgullo de barrio, la defensa del mismo, cobra un matiz comparativo. La idea podría sintetizarse así: “Somos de Madrid, nuestros barrios están abandonados y queremos que tengan los mismos servicios que los barrios más favorecidos. Tenemos que luchar por nuestro barrio, o por nuestro municipio, para que nos presten la atención que merecemos”... Aquellas reivindicaciones que tuvieron lugar en términos de clase, ahora se resuelven desde los territorios: las grandes divisiones en Francia, Reino Unido o EEUU tienen que ver con zonas claramente delimitadas que se sienten olvidadas y maltratadas, y que perciben que otras regiones se llevan la mayoría de los recursos... aunque ese punto de partida le es desfavorable, la izquierda podría intentar contrarrestarlo a partir de la presencia en los barrios, en especial en aquellos peor dotados. Esa sería la visión del orgullo de barrio... la de que "formamos parte de lo mismo, existimos y queremos los mismos servicios que los demás. Nos habéis relegado y merecemos lo nuestro"

 "Polònia, el programa humorístico de TV3, emitió una sátira del vídeo protagonizado por Mario Vaquerizo con el que Ayuso intentaba promocionar la Comunidad de Madrid. Entre sus diferentes mensajes, resaltaba uno: “Quédate con el mejor estilo de vida el mundo. Ah, solo si eres rico”. Reyes Maroto, candidata del PSOE al ayuntamiento de la capital, lo retuiteó con un “sencillamente geniales, Polònia”.  

Rita Maestre, la alcaldable de Más Madrid, contestó con un tono muy distinto: “Francamente, yo no me veo representada ni en el Madrid rancio del spot del PP ni en esa mirada llena de prejuicios de Polònia. Madrid es imperfecta pero genial: es mi ciudad favorita del mundo. Y claro que seguimos diciendo mazo”. Y añadió el emoticono de una carita sonriente para cerrar su respuesta.

No es una anécdota de Twitter, es la ratificación de una posición política en una competición electoral en la que la izquierda tiene esperanzas de arrebatar el ayuntamiento al PP, y en la que Más Madrid parte con una clara ventaja sobre el PSOE. Las cartas que cada uno va a jugar quedan bien representadas en este ejemplo en apariencia irrelevante.

El punto de partida es la convicción entre los socialistas madrileños de que pueden recuperar terreno en aquellos barrios de Madrid (y en sus municipios, en las elecciones a la comunidad) de origen obrero que les votaron mayoritariamente no hace tanto tiempo. Son barrios cuyo paisaje demográfico ha cambiado, a causa del aumento del coste de la vivienda en los barrios centrales, gentrificación incluida, lo que ha desplazado a la población hacia zonas periféricas, pero también por la llegada de emigrantes a determinados barrios. A pesar de esas transformaciones, son zonas que conservan una identidad definida.

El mensaje de clase, el de pobres contra ricos, el apuntado por Maroto, suena extraño. Pero es justo en ese terreno donde esperan ganar voto

Los estudios de los partidos de izquierda de estos barrios muestran que Madrid es un entorno especial, en el que la clase media aspiracional es la claramente dominante, también en las zonas con menos recursos. Hay un deseo permanente de mejorar el nivel de vida que define a los ciudadanos madrileños, quizá por residir en una gran capital, en un entorno pujante en el que las opciones, aunque sean a veces escasas, son mucho mayores que en otras partes de España.

Desde esta perspectiva, el mensaje de clase, el de pobres contra ricos, el apuntado por Maroto, suena extraño. El electorado, si esos estudios tienen razón, no parece afín a ese tipo de posicionamientos ideológicos: están pensando más en la mejora de su posición que en el enfrentamiento político. Sin embargo, es justo en ese terreno donde esperan hacer valer sus ideas.

Un Madrid como Nueva York

Como describe uno de los expertos que asesoran al PSOE, la mentalidad de los habitantes de la ciudad se ha transformado en los últimos años. “Antes, los madrileños hacíamos gala de no ser de ningún lugar; la capital era un espacio en el que nos juntábamos gente de todas partes. Ahora es diferente, porque hay cierto orgullo de ciudad, de que Madrid lo está petando, que Ayuso percibió muy bien. Es un poco como ocurre en lugares como Nueva York: sus habitantes se quejan de ella, dicen que es un horror por el tráfico o por lo que sea, pero se sienten muy orgullosos”. Es justo este tipo de perspectiva la que permitió el éxito electoral del PP en la comunidad, insiste.

"La izquierda, en el pasado, dio por perdido el orgullo de ser madrileño y fue un error grande"

Coinciden desde Más Madrid en esa perspectiva, que les aporta una lección que Rita Maestre subraya en su respuesta. “La izquierda dio, no hace mucho tiempo, cierta imagen de antimadrileña, y eso no gusta aquí. El discurso catastrofista y hostil no es bien encajado en el Madrid actual. La izquierda, en el pasado, dio por perdido el orgullo de ser madrileño, y fue un error grande”.

Pero si se desciende un peldaño, se aprecia que también hay un orgullo de barrio, más acentuado incluso que el existente respecto de la ciudad. Ser de Vallecas o de Orcasitas, del mismo modo que ser de Fuenla o de Móstoles, ofrece una identidad fuerte a muchos madrileños. Los socialistas entienden que su potencial de crecimiento en esos distritos orgullosos es grande, en la medida en que son los barrios “en los que falló Carmena”, y que son espacios que no han sido tratados correctamente en cuanto a la provisión de servicios públicos. Además, fruto de ese desplazamiento de clases que han tenido que buscar vivienda en barrios más baratos, también han llegado nuevas poblaciones que se identifican con el barrio, pero que tienen nuevas necesidades que no han sido tenidas en cuenta.

El tiempo y el ocio

Tanto PSOE como Más Madrid y Podemos van a poner el foco en la campaña de las autonómicas y municipales en los servicios públicos, con especial énfasis en la sanidad y educación, pero no solo. Rita Maestre lanzó la propuesta de convertir Madrid en una ciudad de los 15 minutos, una idea que es difícilmente realizable en los barrios con menos recursos. Gran parte de sus habitantes trabajan en lugares lejanos y el desplazamiento es uno de sus problemas. El tiempo de la ciudad para ellos será siempre mucho mayor que el de un cuarto de hora

Por eso, en esas zonas, la formación de Maestre adopta otro enfoque. En zonas como San Fermín, Orcasur o Entrevías, “lo más difícil no es tener colegios, centros de salud o centros de mayores, sino contar con actividad económica y comercio vivo": "Se han cerrado 14.000 comercios y la mayoría se concentra en la periferia. Además, las ofertas de ocio y cultura están peor que nunca. No quedan salas de conciertos, por poner un ejemplo, y todo el ocio que tienen fuera de la M30 son las casas de apuestas”. Junto con las propuestas de mejora del transporte público y la regeneración urbana, esperan revitalizar su voto.

La perspectiva del PSOE, que comparte muchos de estos aspectos, cuenta con una diferencia sustancial. El problema es que, cuando los servicios públicos fallan, y es frecuente, son precisamente los habitantes de los barrios con menos recursos quienes más los sufren, porque son quienes más los necesitan. En ese entorno, el orgullo de barrio, la defensa del mismo, cobra un matiz comparativo. La idea podría sintetizarse así: “Somos de Madrid, nuestros barrios están abandonados y queremos que tengan los mismos servicios que los barrios más favorecidos. Tenemos que luchar por nuestro barrio, o por nuestro municipio, para que nos presten la atención que merecemos”.

La importancia del territorio

Es un movimiento constante en la política nacional de los últimos años. Una vez que las grandes cuestiones de clase parecen haber quedado relegadas en el terreno electoral, y que las divisiones entre izquierda y derecha tienen que ver mucho más con diferentes modelos de vida ligados a elecciones personales, lo que ha quedado como vínculo de unión ha sido lo territorial. Lo hemos visto de manera sistemática: Ayuso hacía gala de madrileñismo y Moreno Bonilla de andalucismo, como ejemplo de territorios pujantes con una identidad marcada, del mismo modo que Cataluña o País Vasco reivindican continuamente la especificidad de su territorio.

"Formamos parte de lo mismo, existimos y queremos los mismos servicios que los demás. Nos habéis relegado y merecemos lo nuestro"

Tampoco pueden entenderse formaciones recientes como Teruel Existe sin este sentimiento de que son las fronteras territoriales las que marcan una suerte de unión, la que establecen un vínculo común que puede defender los intereses de todos sus habitantes. El orgullo de barrio no hace más que trasladar a un entorno menor el mismo marco la visión de la España vaciada: formamos parte de esto, existimos y queremos los mismos servicios que los demás. Nos habéis relegado y merecemos más

Esta es una variable llamativa, porque opera con mucha frecuencia en la política contemporánea. Aquellas reivindicaciones que tuvieron lugar en términos de clase, ahora se resuelven desde los territorios: las grandes divisiones en Francia, Reino Unido o EEUU tienen que ver con zonas claramente delimitadas que se sienten olvidadas y maltratadas, y que perciben que otras regiones se llevan la mayoría de los recursos. El muro rojo británico, las zonas interiores de EEUU o las zonas rurales francesas se mueven en este marco continuamente.

Lo curioso es que, en lo que se refiere a Madrid, esta política de la identidad que resuelve las cuestiones de clase aparece justo en esas zonas en que antes el orgullo obrero y el de barrio eran parte de lo mismo. Ahora, el primero apenas juega como elemento político-electoral, mientras que el geográfico se vuelve mucho más relevante. El orgullo de barrio, el orgullo de territorio puede ser una baza clara a la hora de movilizar voto, y las distintas posiciones fijadas por Reyes Maroto y por Rita Maestre ofrecen una pista de lo que puede ser la campaña.

El problema de la identidad

Esta estrategia, que podría generar réditos notables a quienes la sostuvieran, encuentra dificultades serias, sin embargo, en su aplicación. Un experto electoral conocedor de la demoscopia madrileña la resume de esta manera: “No puedes hacer una campaña identitaria si no tienes identidad”. En el caso de los socialistas, es evidente que “sus candidatos están de paso, y así es muy complicado ofrecerse como una opción frente al abandono de los barrios”. El planteamiento continuo del PSOE de hacer aterrizar paracaidistas lleva a la debilidad estratégica: “Tener un guion está bien, pero se necesitan actores creíbles”. Más Madrid, por el contrario, cuenta con una ventaja competitiva: “Son un producto autóctono, han estado presentes durante estos años, cuando los centros sanitarios estaban desasistidos, y los vecinos conocen a sus candidatas”.

En la comunidad, las tornas pueden cambiar, ya que muchos alcaldes socialistas son bien conocidos por sus vecinos, y esa identificación entre la defensa del municipio y unas siglas la puede hacer valer el PSOE por encima de Más Madrid. Podemos lo tiene complicado en ambos lugares, puesto que sus candidatos son poco conocidos y tampoco cuenta con una implantación territorial potente. Serán la fuerza de Iglesias y de las siglas, ambas menguantes, las que empujen.

Los movimientos electorales de la comunidad, no obstante, subrayan las dificultades para hacer política sin un arraigo fuerte. Cuando la derecha domina el discurso por arriba, con Ayuso oponiendo Madrid a Sánchez, con una idea plebiscitaria de fondo, en un territorio que domina electoralmente, por tradición y por implantación, la izquierda podría intentar contrarrestar ese punto de partida desfavorable a partir de la presencia en los barrios, en especial en aquellos peor dotados o que más servicios tienen por desarrollar. Esa es la visión del orgullo de barrio, pero es una posición difícil de llevar a cabo si no ha existido un trabajo previo, cotidiano e incesante, de presencia y de visibilidad, que permita canalizar el descontento en el instante electoral. El PSOE trae a Madrid a una ministra, Podemos a dos candidatos poco conocidos, y Más Madrid, que parte con ventaja, cuenta con debilidades sustanciales en las zonas menos favorecidas, aquellas que menos cuidó cuando gobernó Carmena. Son las dificultades propias de la pérdida de vínculos entre la política y la vida cotidiana de los ciudadanos, que se hacen más evidentes en elecciones como las municipales y autonómicas en las grandes ciudades."       (Esteban Hernández , El Confidencial,  31/01/23)