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26.2.21

Después de conocer las conspiraciones entre jueces y fiscales para acabar con la carrera de Lula, muy pocos medios y organismos internacionales han reconocido su complicidad en un asunto tan enlodado

 "La última tanda de mensajes por Telegram entre los fiscales de la investigación brasileña anticorrupción Lava Jato y el antes llamado súper juez Sergio Moro no dejan mucho lugar a dudas de que existía una incestuosa relación conspirativa en la que Moro era juez, parte y todo lo demás también.

 Publicamos en La Vanguardia un artículo, el viernes, sobre el ignominioso final de Lava Jato basado en esos mensajes filtrados al Tribunal Supremo y antes al Intercept, de Glenn Greenwald, medio que hizo un valiente trabajo de investigación y transparencia. El blanco principal de la operación Lava Jato (limpia coches) era Lula, que en esos momentos lideraba los sondeos para las elecciones presidenciales del 2018.

Esto ya va siendo una vieja noticia. Pero lo que llama la atención es que pocos políticos, oenegés internacionales, facultades de derecho de universidades prestigiosas o grandes medios de comunicación, que elogiaban la investigación Lava Jato hace cuatro o cinco años y hasta daban premios a los intrépidos fiscales, hayan reconocido su complicidad en el sucio asunto.

Es un problema porque cuando Moro y su discípulo-cómplice, el fiscal evangélico Deltan Dallagnol, salían en las portadas de las revistas posando como los intocables de Eliot Ness, lograban una credibilidad internacional que les permitía saltarse todas las normas del Estado de derecho. Y encima creyéndose superhéroes. 

 Yo recuerdo ir a entrevistar en 2018 a Roberto Paulo Galvao, otro elogiado fiscal  de Lava Jato, en la ciudad un tanto provinciana y muy conservadora de Curitiba, centro neurálgico de la operación jurídica. Al entrar en la sede de la task force Lava Jato, pude contemplar decenas de premios nacionales e internacionales amontonados en la entrada.  (...)

 Pero el plato estrella en la sede de Lava Jato en Curitiba era el Premio Anticorrupción 2016 de Transparencia Internacional, una escultura con forma de vela en cristal azul traslúcido.

Tras un mini tour, los fiscales de Lava Jato me explicaron los homenajes rendidos por otras escuelas de derecho en Estados Unidos, de gremios de abogados en Europa, de cámaras de comercio, y de revistas nacionales e internacionales que admiraban su valiente lucha por la democracia. Me enseñaron algunos efusivos titulares en medios como Time Magazine. “Es una lucha mediática para nosotros”, me confesó Galvao (aun tengo la grabación), dando por hecho que yo entendería.

Me resaltó la importancia crítica del apoyo de los medios nacionales e internacionales para el futuro de su investigación, de Brasil, y de América Latina. Y ¿cómo íbamos a decir que no a fiscales como Dallagnol con su charme brasileño y sus masters de Harvard? The Economist elogiaba “la cruzada contra la corrupción”, mientras que preparaba la famosa portada de Dilma Rousseff con aquel título “Time to go” –un chiste irónico digno del cónsul inglés. Lava Jato ya era el futuro esperanzador de Brasil y ya iba siendo hora de que la presidenta del viejo y corrupto Brasil –elegida solo un año antes– se marchara.

(Los fiscales de Lava Jato se frotaron las manos tanto como The Economist ante el impeachment de Rousseff pese a que, ni con sus métodos más inquisitoriales, lograron destapar un solo delito de la presidenta, ni un delito fabricado en un testimonio comprado. En una conversación, Dallagnol, master por Harvard y amigo del catedrático Matthew Stephenson, autor del Global Anticorruption Blog de Harvard, se dirige a sus colegas fiscales: “¡Tíos! ¡Es importantísimo que no vayáis a ver el impeachment a los bares (...) los medios pueden veros!”. “¡No se si podré cancelar la cerveza, el bufé y la orquesta!”, responde uno).

En fin. Todos estábamos seducidos por aquellos intrépidos fiscales de tez blanca, bien afeitados y limpios, muchos de ellos formados en Estados Unidos y asiduos espectadores de los conciertos de Bon Jovi en el estadio de Curitiba. (...)

Lava Jato era una cruzada contra el viejo Brasil y todos los demócratas del mundo teníamos que dar la cara en la lucha latinoamericana contra la corrupción. (Para saber cómo en La Vanguardia se optó por publicar en la edición impresa aquella entrevista al fiscal Galvao bajo el título “Lula es responsable de la trama de corrupción más grande del mundo”, los lectores interesados pueden mandarme un mensaje encriptado por Telegram).

Pero pasan los años y, después de lo que ha trascendido últimamente en Brasil, cuesta imaginar que vayan a llegar muchos más premios al portal de Sergio Moro, que, tras un año al mando del Ministerio de Justicia de Jair Bolsonaro, fichó como asesor del bufete de abogados estadounidense Alvarez & Marsal, excliente de Odebrecht, la empresa a la que Moro investigaba por su papel en la red de sobornos.

Ya va quedando claro a partir de esos miles de mensajitos de Telegram cosas en absoluto transparentes ni limpias. Por poner un ejemplo, este mensaje de Dallagnol a Moro: “Estamos trabajando con la colaboración de (el diputado) Pedro Correa que dirá (la negrita es mía) que Lula sabía de los sobornos”, dice Dallagnol en un mensaje a Moro, muy seguro de que el polémico método de colaboración recompensada daría el resultado que exigía el juez.

Otro ejemplo. Tras sentenciar a Lula y excluirlo de las elecciones, Moro eligió un momento crítico en la campaña electoral para filtrar la acusación contra Antonio Palocci, el ex ministro de Hacienda de Lula, que había sido inculpado de corrupción y expulsado del gobierno 15 años antes.

La filtración de Palocci cayó como maná del cielo para Bolsonaro en su pulso con el candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad. Pero ya se sabe que el testimonio –obtenido también mediante la colaboración premiada– fue una sarta de mentiras. Hasta la propia policía federal concluye que Palocci elaboró las acusaciones a partir de “noticias en la prensa” con el fin de reducir su condena. “De longe, delação de Palocci foi explosiva, de perto, era um terreno baldio” (De lejos, el testimonio de Palocci fue explosiva; de cerca, era un erial), ironiza Elio Gaspari, en O Globo

Entre una cosa y otra, todos éramos cómplices del golpe blando contra el PT en Brasil y de sentar los precedentes para usar acusaciones fabricadas de  corrupción con el objetivo de evitar la molesta necesidad de ganar elecciones con argumentos políticos. Muchos medios, expertos legales y oenegés de transparencia  ya lo van reconociendo de forma discreta, como suele ocurrir tras los golpes o las guerras. Siempre con retraso para que la rectificación no cambie el resultado.

The New York Times acaba de publicar un artículo del académico Gaspard Estrada que concluye que “la colaboración indebida entre el juez y la acusación” convirtió Lava Jato en “el mayor escándalo judicial de la historia brasileña”, una frase reproducida a mediados de febrero por el juez Gilmar Mendes, integrante del Tribunal Supremo en Brasilia, en lo que puede ser el inicio de la anulación de los juicios. (...)

Por todo esto, cuando la semana pasada, preparaba un artículo para La Vanguardia sobre el final ignominioso de Lava Jato, me puse en contacto con Transparencia Internacional para darles la oportunidad de rectificar si querían.

A fin de cuentas, la ONG alemana, más que nadie, fue clave para la credibilidad internacional de Moro y sus fiscales. Los medios ayudamos, pero un watchdog (perro guardián) anticorrupción con el pedigrí de TI, fundado por Peter Eigen exdirector del Banco Mundial y con el apoyo del incansable lobbista  omnipresente en Davos y cumbres semejantes, Frank Vogl, resultaba una garantía de calidad indiscutible. También lo era la presencia del consejero delegado de la consultora anticorrupción Fairfax group, Michael Hershman, exagente de inteligencia militar del Pentágono. (...)

Ésta es la pregunta que mandé a Transparencia International en Berlín: ¿Después de la publicación de los últimos mensajes de Telegram entre el juez Moro y los fiscales de Lava Jato, Transparencia Internacional siente algún remordimiento por haber concedido el Premio Anticorrupción de 2016 a operación Lava Jato? ¿Consideraría retirarla?

Y esta es la respuesta redactada en Brasil, pero con el beneplácito de la dirección alemana de TI: “Transparencia Internacional no se arrepiente y no retiraremos el premio; porque seguimos creyendo que Lava Jato realizó aportaciones relevantes en la lucha contra la corrupción en Brasil. Por primera vez se rompió el paradigma de impunidad absoluta para las élites brasileñas, y cientos de oligarcas y autoridades de los más altos niveles han tenido que responder ante la justicia”.             (Andy Robinson, CTXT, 24/02/21)

 

 "El exjefe del ejército de Brasil revela amenazas de la cúpula militar al Supremo para que Lula no fuera liberado en 2018.

 El excomandante del ejército de Brasil Eduardo Villas Boas revela que la cúpula militar del país articuló una amenaza para que el Supremo Tribunal Federal no aceptara un habeas corpus para liberar al expresidente Lula da Silva en 2018, el gran rival de Jair Bolsonaro en las elecciones de ese año. El texto que tenía como propósito amedrentar al tribunal fue difundido a través de Twitter en vísperas de que se votase el recurso solicitado por la defensa de Lula da Silva.

Esta información se ha destapado a raíz de una entrevista de 13 horas que Villas Boas concedió para un libro del Centro de Documentación Histórica de la Universidad Fundación Getúlio Vargas (FGV). En esta conversación divulgada recientemente a la prensa, el militar justifica la “advertencia” al tribunal porque los movimientos golpistas habían solicitado una intervención militar en caso de que Lula fuese liberado. Así pues, Villas Boas considera que su excarcelación habría constituido un riesgo para la institucionalidad.

Asimismo, en el libro recientemente publicado, el exjefe del ejército reconoce que fue bajo su mando cuando los militares consiguieron volver a introducirse en la política del país, dado que tenían como objetivo encontrar a un candidato para las elecciones presidenciales de 2018 que pudiera derrotar a la izquierda, principalmente representada por el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva.

De hecho, Villas Boas reconoce que el texto que logró el efecto pretendido, el rechazo del habeas corpus, no era de su autoría. Por el contrario, el escrito resultó de varias conversaciones con el alto mando del ejército de Tierra. Según explica Villas Boas, la iniciativa vino de la jefatura de este sector del cuerpo militar, el más importante de las fuerzas armadas brasileñas.

“El texto fue sometido a mi staff y luego a los jefes militares de área (de todo el país) antes de su publicación. Se trataba de una advertencia, mucho más que una amenaza”, refleja textualmente el libro. Las fuerzas aéreas y marinas, al parecer, no fueron ni consultadas ni informadas.

Por otro lado, Villas Boas confirma que, para él, Bolsonaro era la única opción viable para derrotar a la izquierda en 2018. El actual presidente, considerado un ejemplo de indisciplina e irregularidad como capitán del ejército, reunía en su persona las cualidades para hacer frente a Lula da Silva y, además, asegurar el regreso de los militares al escenario político tras la dictadura de 1964.

Y así ha sido, dado que actualmente el gobierno de Bolsonaro cuenta con más de 10.000 efectivos de las fuerzas armadas, entre activos y retirados, que ocupan cargos en el gobierno.

Villas Boas llegó al cargo máximo del ejército de Brasil durante el gobierno de la trabalhista Dilma Rousseff, cuya administración gestionó el país entre 2011 y 2016. Continuó como comandante del ejército de Brasil durante la presidencia de Michel Temer y, posteriormente, tras retirarse en 2019, Villas Boas se convirtió en el asesor presidencial de Bolsonaro, consolidándose como una figura de gran influencia entre las filas del ejército brasileño."                     (Silvia Moreno, Al Descubierto, 17/02/21)

13.6.19

Los fiscales anticorrupción brasileños no tenían pruebas contra Lula. El juez instructor mantenía conversaciones privadas con el fiscal durante la investigación que llevó a Lula a prisión... los fiscales hablaban abiertamente de la necesidad de impedir la vuelta al poder del PT

"(...) miles de conversaciones filtradas y obtenidas por el medio de investigación estadounidense The Intercept

Dejan escaso lugar a dudas de que la operación judicial encabezada por el entonces juez Sergio Moro -ahora ministro de justicia del gobierno de Bolsonaro-, tenía objetivos políticos. El medio estadounidense no solo destapa que los fiscales hablaban abiertamente de la necesidad de impedir la vuelta al poder del PT, sino también da pruebas de una conspiración entre el juez Moro y sus fiscales. 

“Moro pasó consejos estratégicos a sus fiscales”, afirman los periodistas de The Intercept que aseguran que la información publicada ayer es solo el inicio de una “explosiva investigación periodística” sobre la poltización de los fiscales y jueces.

“En uno de los archivos de materiales filtrados mas grades de los ultimos años de coversaciones, audios y videos (..) se comprueba una enorme cantidad de irregularidades”, tuiteó en la madrugada del lunes el fundador de The Intercept Glenn Greenwald” Moro ha sido criticado repetidamente por los abogados de Lula de haber violado el principio de separación entre el fiscal y juez en la que es la base de la justicia brasileña. 

En una de las conversaciones por correo electrónico entre el juez y Dallagnol, el juez , ahora ministro de Justicia, pregutna: “¿Qué te parecen estas afirmaciones locas del PT ¿Las desmentimos?”, usando la primera persona plural como si el juez y el fiscal fueran integrantes del mismo equipo.

Asimismo se denuncia en la investigación de The Intercept, el uso de material periodístico para justificar las acusaciones contra Lula por parte del mismo fiscal Dallagnol que ha utilizado el dinero recaudado en multas y embargos durante la investigación para crear una fundación con posibles fines políticos. 

Según explicó Moro en declaraciones hace dos semanas a la BBC el informe de Dallagnol sobre el papel de Lula como “máximo comandante” de la red de corrupción, fue clave para la decisión del juez de sentenciar al expresidente a nueve años de cárcel luego (elevado después a 12 años). 

Esta sentencia se realizó pese a la ausencia de pruebas de que Lula era propietario de un apartamento en la playa de Sao Paulo que había sido renovado por unas de las constructoras creadas en el escándalo de sobornos. (...)

La información obtenida por The Intercept resulta muy comprometedora para Moro y Dallagnol, las dos cabezas más visibles de la mega operación judicial que ha utilizado métodos controvertidos para comprar testimonio a los acusados y reducir penas para los testigos colaboradores.

 Queda bastante claro a partir del material filtrado que los fiscales no contaban con información que vinculaba a Lula con el escándalo de Petrobrás. Por eso se utilizó de forma irregular un artículo publicado en el diario O Globo sobre el apartamento triplex en la ciudad playera de Guaruja del que Lula supuestamente era propietario. 

 Dallagnol - feligrés de uno de las numerosas iglesias evangélicas brasileñas que han incorporado la demonización del PT a sus convicciones religiosas- reconoce en privado que carece de pruebas de que el triplex estaba relacionado con la trama de Petrobrás y por tanto competencia de la investigación lavacoches. El llamado fiscal evangelico reconce también en otra conversación que no tiene pruebas de que Lula es el propietario del inmueble , lo que ha sido la principal argumento de la defensa de Lula."                 (Andy Robinson, La Vanguardia, 10/06/19)


"Un reportaje del diario Intercept Brasil, del periodista inglés Glenn Greenwald, señala que el entonces juez Sergio Moro, hoy ministro de Justicia del Gobierno de Jair Bolsonaro, y el fiscal de la operación Lava Jato, Deltan Dallagnol, intercambiaron mensajes de texto durante la investigación del caso, algo prohibido por la Constitución y el Código Penal brasileño. 

La Lava Jato, que ha desencadenado procesos judiciales en varios países de América Latina, se caracterizó por reunir a un grupo fiscales del Ministerio Público Federal y al juez Moro en una unidad única. Esta aceleró las investigaciones y juicios que han condenado a un centenar de personas, entre ellas el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien cumple una pena de prisión en Curitiba desde hace un año.

Lo que revela Intercept es que el hoy ministro de Justicia orientaba las investigaciones del jefe de la Lava Jato, Deltan Dallagnol, para facilitar las condenas. Intercept tuvo acceso a mensajes intercambiados entre los integrantes de la investigación. Estos fueron enviados por una fuente anónima hace algunas semanas. Los archivos demuestran que Moro sugería fuentes, orden de las operaciones y tomaba un papel indirecto para coordinar los procesos que posteriormente juzgaría.

El reportaje, firmado por Greenwald y otros dos periodistas, cuestiona la imparcialidad del hoy ministro cuando era responsable del juicio en primera instancia de varios casos de corrupción en Curitiba. Entre ellos, el del triplex de Lula en un balneario de São Paulo, supuestamente comprado con dinero de sobornos a la constructora OAS, que se benefició con contratos de Petrobras.

En las conversaciones privadas obtenidas por Intercept, “Moro recomendó al fiscal que cambiara el orden de unas etapas de la investigación, cobró agilidad en operaciones, dio consejos estratégicos y pistas informales de investigación y anticipó al menos una decisión, criticó y sugirió recursos al Ministerio Público y retó a Dallagnol como si él fuera un superior jerárquico de los fiscales y de la Policía Federal”.

“La Constitución estableció el sistema acusatorio... en el cual las figuras del acusador y del juzgador no pueden mezclarse. En ese modelo, el juez debe analizar de manera imparcial los argumentos de acusación y defensa... Las conversaciones entre Moro y Dallagnol demuestran que el actual ministro se entrometió en el trabajo del Ministerio Público”, afirma Intercept.

El reportaje describe varios ejemplos de esas conversaciones. Uno de ellos, es un mensaje del día 21 de febrero de 2016 que habría sido enviado por Moro. “Hola, delante de los últimos despliegues tal vez sea el caso invertir la orden de la dos etapas”, escribió el juez. Los autores de la publicación interpretan el texto como una probable mención a las etapas de la Lava Jato.  (...)

El reportaje destaca una conversación entre el juez y el fiscal sobre la decisión de romper el sigilo de las grabaciones hechas con autorización judicial al expresidente Lula, que vincularon a la entonces presidenta Rousseff justo cuando se creía que Lula iba a ser nombrado ministro, en marzo de 2016. Esto fue visto como un intento del Partido de los Trabajadores de darle inmunidad parlamentaria al exmandatario durante la investigación judicial.

“La decisión de abrir [hacer públicos los mensajes entre Lula y Dilma] se mantiene incluso con el nombramiento, confirma?”, preguntó Dallagnol en un mensaje. A lo que Moro respondió: “Cuál es la posición del MPF [Ministerio Público Federal]?”. La respuesta: “Abrir”. El episodio fue duramente criticado en el mundo jurídico. Moro fue amonestado por un ministro del Supremo por haber expuesto las comunicaciones.

Triplex de Lula

Moro también mantuvo conversaciones privadas con Dallagnol sobre el caso del apartamento del Guarujá. El reportaje afirma que el fiscal no estaba seguro de la denuncia, especialmente después de una polémica rueda de prensa de septiembre de 2016. 

En ella, Dallagnol presentó una presentación de Power Point con un gran esquema que ponía el nombre de Lula al centro con varias flechas apuntándolo como el “maestro de una gran orquesta concatenada para robar la hacienda pública” y “el comandante máximo” de la trama de desvíos de Petrobras.

Esto fue tema del intercambio de mensajes con Moro. “La denuncia está basada en muchas pruebas indirectas de autoría, pero no cabe decir eso en la denuncia y en la comunicación evitamos ese punto”, escribió el coordinador de la Lava Jato al juez. “No se comprendió en la larga exposición sobre el mando del esquema que era necesaria para imputar por corrupción al expresidente”, reclamó. Intercept afirma que dos días después de ese intercambio de mensajes, Moro respondió: 

“Definitivamente, las críticas a la exposición son desproporcionadas. Siga firme.”
Casi un año después de ese intercambio de mensaje, el juez Moro consideró que el expresidente Lula cometió los crímenes de corrupción pasiva y lavado de dinero al ser el beneficiario de 3,7 millones de reales en sobornos indirectos de la constructora OAS, que reformó el triplex para ofrecérselo al político a cambio de contratos de la petrolera estatal.

La acción criminal de un hacker

Los integrantes de la operación Lava Jato respondieron pronto a la publicación de Intercept. En una nota, el Ministerio Público Federal de Paraná ha informado de que sus miembros fueron víctimas de un ataque informático.

 “La acción vil del hacker invadió teléfonos y aplicaciones de fiscales de la Lava Jato usados para comunicaciones privadas y del interés del trabajo, y existiendo la sustracción de identidad de algunos de sus integrantes. No se conoce aún la extensión de la invasión, pero se sabe que fueron obtenidas copias de mensajes y archivos intercambiados en charlas privadas y de trabajo”, afirmó el MPF. (...)"                       (Regiane Oliveira, El País, 10/06/19)

5.11.18

Bolsonaro ofrece la seguridad que busca la población a través de su discurso fuerte, ordenador, de defensa de los buenos contra los malos. Se vislumbra también un elemento clave que es la negación de la intelectualidad, que se encuentra con el resentimiento de una sociedad empobrecida a la cual siempre le fue negado el acceso a la educación superior...

"(...) Era el año 2015 y estábamos en campaña contra la reducción de la edad de imputabilidad penal. El plenario del Parlamento se encontraba polarizado: de un lado, los parlamentarios de la “banca de la bala”, defensores de la pena de muerte, la militarización y la tenencia de armas por parte de la población; del otro estábamos nosotros, insistiendo con que la reducción de la edad no era la solución e intentando incidir sobre la opinión de los diputados aún dubitativos. (...)

Entre todas las figuras que defendían el encarcelamiento de niños y adolescentes estaba Jair Bolsonaro. Él daba una entrevista a un canal de TV donde decía que había que proteger a la sociedad, que no se podía esperar que los hechos de violencia cometidos por menores ocurrieran y después soltar palomas blancas y hacer abrazos simbólicos contra la violencia.

 A cada momento, con más vehemencia, decía que el derecho de un bandido era no tener derechos. El hombre hablaba duro y alto, con un tono irritado y, por momentos, sarcástico, gesticulaba con una impronta ofensiva, como preparándose para un ataque.

A partir de entonces, Bolsonaro comenzó a ser una figura cada vez más frecuente en los medios de comunicación.  (...)

De a poco, el personaje Bolsonaro se fue popularizando. El diputado de Río de Janeiro por siete mandatos también fue el diputado más votado en el año 1990, con casi medio millón de votos. Río sufre un grave problema de inseguridad y la violencia, combinada con la actuación de grupos paramilitares que controlan el tráfico de drogas en este Estado, causan un malestar constante. Son muchos los casos de asaltos y secuestros.

 Los policías de Río trabajan bajo condiciones precarizadas, lo cual facilita el envolvimiento de miembros de la corporación en hechos de corrupción y, en muchos casos, en la participación directa con los grupos de narcotraficantes. 

El discurso enérgico de Bolsonaro de que “bandido bueno es bandido muerto”, y de valoración del trabajo de la Policía para que esta tenga más seguridad y capacitación para proteger a la población, ha sido recibido como una solución para el problema y explica sus éxitos electorales.  (...)

En la votación que destituyó a la entonces presidente electa Dilma Rousseff, a partir de una maniobra jurídico-política conocida como “pedaladas fiscales”, Brasil pudo conocer a sus parlamentarios.  (...)

Los votos de los parlamentarios en nombre de Dios y de la moral cristiana convirtieron la votación en un acto de defensa de los valores de la familia. Muchos de los votos presentaban un tono macartista –contra la izquierda, el comunismo y el PT–. 

Sin embrago, uno de los votos más simbólicos fue el de Bolsonaro. El diputado empezó la justificación de su voto felicitando a Eduardo Cunha por la conducción del proceso del impeachment, después dijo que la oposición había perdido en 1964 –año en que se inició el período de la dictadura cívico-militar-empresarial en Brasil–, y que habían perdido nuevamente en el año de 2016. Votó contra el PT, contra el comunismo, por la libertad y por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el torturador de Dilma en la época de la dictadura.

El golpe de 2016 fue marcado por una fuerte persecución al PT en todas las esferas. La masiva propaganda mediática y el endurecimiento del discurso anti-corrupción vaciaron el contenido político de los debates que se iban dando en el seno de la sociedad. 

La identificación de la corrupción como la raíz de todos los males del país se instaló en todas las capas sociales. La selectividad en las investigaciones de la Operación Lava Jato puso al PT en el centro de todas las narrativas que hacían mención a los hechos de corrupción e inseguridad.  (...)

Brasil llega a las elecciones de 2018 a través de un proceso golpista validado por todos los sectores, y tiene en la prisión de Lula su más importante expresión de fragilidad del sistema judicial del país. Los intentos de una composición electoral que pudiese dialogar con la sociedad fallaron. 

Las respuestas a la prisión de Lula por parte del PT fueron fortalecer aún más un representante que nítidamente no iba a disputar las elecciones. El juego con las esperanzas del pueblo tuvieron un efecto inverso al deseado: en lugar de haber una transferencia de votos al candidato elegido para reemplazar a Lula, lo que ocurrió fue una apertura para que Bolsonaro creciera.

Paulatinamente, Jair Bolsonaro, que causaba desconfianza entre la propia derecha, se fue adaptando y surgió como alternativa posible a los sectores empresariales, del agronegocio y del mercado financiero. La deconstrucción de la figura de Bolsonaro como homofóbico, racista y misógino se hace notar en todas sus intervenciones desde del inicio de la campaña electoral. 

Sin embargo, la manutención del discurso del orden, del progreso y el ataque a la izquierda y al PT con rasgos autoritarios, es un evidente resultado de un análisis cuidado del perfil de la población.

Bolsonaro logra agradar a las personas que encuentran en su figura la validación para sus hechos de violencia, por un lado; y por otro, ofrece la seguridad que busca la población a través de su discurso fuerte, ordenador, de defensa de los buenos contra los malos. 

Siguiendo la tendencia mundial, el populismo de derecha en Brasil funciona. Asimismo, se vislumbra también un elemento clave que es la negación de la intelectualidad, que se encuentra con el resentimiento de una sociedad empobrecida a la cual siempre le fue negado el acceso a la educación superior. 

En el último acto público en defensa de Bolsonaro en la Avenida Paulista, un día después de la segunda protesta #EleNão, manifestantes llevaban carteles con la inscripción “petista bueno es petista muerto”, y el discurso de Bolsonaro tuvo así su contenido amenazante.

 Con su peculiar forma autoritaria, prometió hacer una limpieza nunca antes vista en la historia del país, que los “rojos” serían presos o echados del mismo. Otra de sus promesas de campaña impulsa que las universidades federales dejen de ser libres y gratuitas.  (...)

Las intervenciones de Bolsonaro son marcadas por una nostalgia de los tiempos de la dictadura militar desde que ingresó en la vida pública.  (...)

Brasil hoy, después de 30 años de redemocratización, vuelve a la posibilidad de tener un gobierno autoritario. Tras un gobierno progresista que duró 14 años y terminó siendo derrocado vía golpe, el país cobra una deuda histórica. (...)

Los tiempos que se avecinan son duros, como muchos otros en nuestra historia, y sin dudas también serán de construcción, de avance de las luchas y de acumulo para lograr cambiar este viejo y claudicante sistema que ya no se sostiene en sus propias contradicciones. (...)"           (Vanessa Dourado, L'Ombelico del mondo, 27/10/18)

26.10.18

El antipetismo se ha propagado como la peste y representa un rencor de clase, un odio al pobre que consiguió ascender socialmente... y eso también lo vi entre las nuevas clases medias que subieron el escalón social gracias a los gobiernos del PT... y el odio al PT es clave para entender el éxito de Bolsonaro

"(...) El libro señala las manifestaciones de junio de 2013 como el marco temporal para el inicio de este resurgir de movimientos de ultraderecha. ¿Fueron la consecuencia de esta especie de 15M brasileño?

Las manifestaciones de junio de 2013 fueron un momento de catarsis donde todo el mundo salió a la calle a manifestarse. Tanto la izquierda como la derecha. El Partido de los Trabajadores, que era quien estaba en el poder, no supo leer lo que sucedía. Pero los grupos de derecha sí supieron canalizar ese descontento.

 No diría que la onda de ultraderecha sea una consecuencia de las manifestaciones, sino que a partir de estas protestas estos grupos supieron capitalizar el cansancio y la indignación de la gente, y dar rienda suelta al antipetismo tan visceral que tenemos hoy.  (...)

Precisamente algo que tienen en común estos movimientos de extrema derecha es que se definen a través de la negación. ¿De qué derechas estaríamos hablando y en cuál encajaría el candidato presidencial Jair Bolsonaro?

Cada una de ellas tiene una idiosincrasia. Por un lado está la derecha ultraneoliberal que fomenta el discurso del odio contra el pobre, y defiende la meritocracia, y la idea de que si alguien es pobre es porque se quiere, porque no se esfuerzan lo suficiente.

 Tenemos una derecha fundamentalista religiosa, con un discurso intolerante hacia las costumbres, que propone una vuelta a valores tradicionales, que se manifiesta contra el feminismo, contra el aborto, contra los LGTB. Hay otra derecha militarizada, de la antipolítica, antidemocrática, que propone la vuelta a la dictadura y es fundamentalmente punitiva. 

Estas derechas no funcionan aisladas, sino que se comunican y Bolsonaro representa una confluencia de todas ellas porque defiende un conservadurismo en las costumbres, un neoliberalismo extremo en lo económico, y se coloca como representante de los militares y defensor de la dictadura. Todo esto representa una novedad porque antes la derecha brasileña encajaba más en un neoliberalismo económico pero era progresista en las costumbres.

¿Cuál sería la característica de la ultraderecha brasileña respecto a sus homólogos internacionales como Donald Trump o Matteo Salvini?

Si se compara la ultraderecha brasileña con la europea o norteamericana, la primera diferencia que vemos es que mientras la norteamericana es esencialmente proteccionista en lo económico, la brasileña es ultraneoliberal. Bolsonaro antes de las elecciones también era un proteccionista pero, al ver que el dinero de la campaña venía de los ultraneoliberales, cambió su discurso. 

Ha dado un giro muy grande que creo que fortalece más a la derecha brasileña. El inversor Paulo Guedes, que es un hombre muy querido por los mercados, es quien está detrás de ese cambio y en teoría será el ministro de Economía y Hacienda en un gobierno Bolsonaro. El otro punto en el que difiere de la europea y norteamericana es que éstas se hacen fuertes con la idea del enemigo externo, contra el inmigrante o el refugiado, pero en Brasil el enemigo es interno. 

La idea de la nación brasileña no está en juego, para esta ultraderecha la amenaza está dentro y sería el petista, el negro favelado, las minorías identitarias que exigen derechos. Usan el mismo discurso, pero aquí el enemigo está en casa. 

Llama la atención cómo un candidato que hace declaraciones tan homófobas, racistas, machistas, sea amparado por el 46% del electorado. 

Primero hay que tener en cuenta que Brasil es un país muy racista, muy machista, donde matan  más LGTB del mundo, y en el que la mitad de la población defiende la máxima de “bandido bueno, bandido muerto”. A la idiosincrasia brasileña se junta un fenómeno global que tiene que ver con la canalización del discurso de odio como si fuera algo lúdico, folclórico, el discurso del meme.

 Donald Trump es el mejor ejemplo de todo eso, esa nueva idea del payaso en la política. A un payaso no se le toma en serio, de ahí la frivolidad con la que se entienden este tipo de declaraciones. Además no es que todos sus votante defiendan ese tipo de declaraciones, sino que le votan a pesar de ellas.

Sorprenden los votos que ha recibido de las mujeres y los homosexuales, que son dos de los colectivos que más ataca. 

Tanto las mujeres como los gays que le apoyan tienen el mismo discurso. Culpabilizan a los movimientos sociales que los representan, los definen como exagerados, como victimistas. Muchas mujeres dicen que las feministas han creado una atmósfera de caos, que son violentas y agresivas. De los gays, los propios gays dicen que son muy exagerados, folclóricos y exhibicionistas.

 Las mujeres, los homosexuales y también muchos negros que le votan, defienden que son iguales al resto, que no necesitan privilegios, que se debe salir adelante con esfuerzo y trabajo y no con ayudas sociales. Las mujeres que entrevisté repetían mucho el argumento de que si una mujer quiere los mismos derechos del hombre que trabaje igual que él. 

¿Y a qué achaca el aumento que ha tenido entre los pobres? 

Entre los más pobres lo que más ha influido es el apoyo de dirigentes evangélicos como el obispo Emir Macedo –creador de la Iglesia Universal con 9 millones de seguidores–. Pero el votante mayoritario de Bolsonaro pertenece a las clases más altas y es hombre, blanco, de entre 30 y 40 años, y con escolaridad superior completa. Responde perfectamente a ese discurso suyo que dice que los blancos heterosexuales son víctimas de las minorías, que ellos también tienen derechos.  (...)

¿El antipetismo es el pilar que sostiene a Bolsonaro?

Sin duda. El odio al PT es clave para entender su éxito. Es más, creo que mucha gente cuando le vota es pensando en un voto contra el PT y no tanto a favor de Bolsonaro. El antipetismo se ha propagado como la peste y representa un rencor de clase, un odio al pobre que consiguió ascender socialmente. Además de responsabilizar a este partido de todos los escándalos de corrupción y de la actual crisis económica por la que pasa el país.

Cómo se ha propagado tan rápido ese antipetismo cuando hace diez años Lula da Silva dejaba el país como el presidente más querido de la historia con un 85% de aprobación.

Es una pregunta que no tiene fácil respuesta, todavía no lo tengo muy claro. Conseguí algunas pistas durante las entrevistas que hice en las manifestaciones a favor del impeachment de Rousseff hace un par de años. 

Por ejemplo, había unanimidad de las clases medias a la hora de rechazar las políticas sociales del PT como la Bolsa Familia, el Más Médicos, la cuotas raciales en las universidades. Me encontré con un rechazo total a la inclusión del pobre, y eso también lo vi entre las nuevas clases medias que subieron el escalón social gracias a los gobiernos del PT. 

Estas clases medias nuevas hicieron una reelaboración de la memoria. Pero creo que lo más importante a la hora de odiar al PT y a Lula tiene que ver con ese clasismo, el miedo al ascenso social del pobre, y un discurso muy individualista tanto de la clase media tradicional como de la emergente que se preocupa por imitar a las élites. 

¿Cuál cree que ha sido el mayor error del PT para no haber conseguido frenar este antipetismo?

Uno de sus principales errores fue no saber hablar con las clases medias. Enriquecieron a los ricos y a los pobres, pero la clase media se quedó huérfana. Ese problema se repite en casi todas las izquierdas latinoamericanas que se centran casi en exclusividad en los pobres, y se olvidan de que las clases medias son las que tienen más capacidad para movilizar la opinión pública.

 El otro gran fallo fue el apostar todas las fichas en el consumo como herramienta de inserción social y pensar que a través del consumo se politizaría a la gente. Como si de alguna forma el pueblo estuviera históricamente agradecido al PT por haberle ofrecido nuevos enseres de consumo. Creyeron que con el aumento de la renta no hacía falta más, y no supieron ver que esas nuevas clases medias, completamente despolitizadas, se convertirían en las más antipetistas. (...)

¿Tras el resultado de la primera vuelta se puede decir que la extrema derecha ha absorbido a la derecha tradicional?

La derecha ha sido la gran perdedora de estas elecciones porque muchos de sus votos han ido a parar a Bolsonaro. El PSDB que es el centro-derecha tradicional, el de Fernando Henrique Cardoso, ha pasado de ser el tercer grupo parlamentario del Congreso a ser el octavo. 

Un resultado parecido lo ha sufrido el MBD –el partido de Michel Temer–, curiosamente ambos fueron los que sacaron adelante el impeachment, y hoy son los más castigados.  (...)"                   (Entrevista a ESTHER SOLANO / Socióloga y profesora de la Universidad Federal de Sao Paulo, Agnese Marra, CTXT, 24/10/18)

23.10.18

Piketty: Brasil: la primera república amenazada...

" (...) No fue hasta el final de la dictadura militar (1964-1985) y la Constitución de 1988 que el derecho al voto se extendió a todos sin ninguna condición de educación. La primera elección presidencial por sufragio universal tuvo lugar en 1989, y Lula ya llegó a la segunda ronda y ganó el 47% de los votos. Su elección triunfal en 2002, con el 61% de los votos en la segunda vuelta, luego su reelección en 2006 con el mismo puntaje, después de las burlas por su falta de educación y la opinión de que no podía representar con dignidad al País en el extranjero, marca la entrada simbólica de Brasil en la era del sufragio universal.  

Por el contrario, la elección de Bolsonaro firmaría una terrible regresión para el país, e iría más allá de una alternancia normal, después de las nuevas victorias logradas por el partido de los trabajadores (PT) y Dilma Roussef (56% en 2010, 52% en 2014), con un electorado cada vez más dividido social, racial y geográficamente (vea esta investigación de Amory Gethin sobre la evolución de las divisiones electorales brasileñas).

Militarista, machista, homófobo, el diputado de Río también es antisocial y anti-pobre, como lo demuestra su programa económico ultraliberal. También explora la nostalgia por el orden del hombre blanco, en un país donde los "blancos" dejaron de ser la mayoría (aún eran 54% en el censo de 2000). Dadas las condiciones dudosas de la eliminación de Roussef en 2016 y el impedimento de Lula en 2018, es probable que esta elección deje huellas terribles.En el poder, el PT no lo hizo mal. Gracias al aumento del salario mínimo y al nuevo sistema de subsidios familiares (Bolsa Familia), el crecimiento ha estado acompañado por una disminución sin precedentes de la pobreza. El PT también ha establecido mecanismos para el acceso preferencial a las universidades para las clases más bajas y las poblaciones negras y mixtas.  

Pero al no haber reformado el sistema electoral, el PT nunca ha logrado abordar la regresividad tributaria estructural del país (los impuestos indirectos aumentan a 30% en las facturas de electricidad, mientras que las clases altas pagan impuestos del 4%). 

 Con el efecto de que la reducción de las desigualdades se ha hecho en detrimento de las clases medias y no de las más ricas (...)

Si el campo progresista logró reducir las desigualdades en el siglo XX, fue porque luchó por una ambiciosa agenda igualitaria, basada en reformas políticas y reformas fiscales y sociales. En los Estados Unidos, fue necesario enmendar la constitución en 1913 para crear un impuesto federal sobre la renta y el impuesto a la herencia, que se convirtió en el más progresista de la historia y permitió financiar el New Deal.  (...)

Hoy, el campo progresista rechaza cualquier debate ambicioso sobre la democratización de las instituciones estadounidenses, europeas o brasileñas. Sin embargo, no es dejando a los racistas y a los reaccionarios el monopolio de la ruptura como salvaremos la igualdad y la democracia."         (Piketty, blog, 16/10/18)

17.10.18

Algo cambió el domingo en la política latinoamericana. La foto asusta: casi 50 millones de brasileños y brasileñas votaron por un proyecto abiertamente fascista ¿Cómo se gestó este fenómeno político, sociológico y hasta religioso llamado Jair Messias Bolsonaro?

"Algo cambió el domingo en la política latinoamericana. La foto asusta: casi 50 millones de brasileños y brasileñas votaron por un proyecto abiertamente fascista.  (...)

El refortalecimiento de la derecha pura y dura ya se venía acentuando con los Macri, Piñera, el propio Temer, Mario Abdo, Iván Duque y varios más. Pero la irrupción de una ultraderecha troglodita que logra conquistar una enorme base social -un experimento que se instaló en EEUU con Trump y que se extiende en Europa- es un emergente novedoso en América Latina que nos alborota los diagnósticos. Y enciende todas las alarmas. (...)

¿Cómo se gestó este fenómeno político, sociológico y hasta religioso llamado Jair Messias Bolsonaro?

 Tras el golpe institucional que destituyó a Dilma en 2016 y la paupérrima gestión de Michel Temer, quedó en evidencia la putrefacción del sistema político y se impuso un sentido común de rechazo a la clase dirigente. De hecho, los principales castigados de la elección del domingo fueron los dos principales partidos del establishment: el PSDB, cuyo candidato Geraldo Alckmin no llegó al 5%, y el MDB de Temer que postuló a Henrique Meirelles y obtuvo un magro 1,2%.

Pero este proceso tuvo como condimento central una fuerte campaña de satanización mediática y judicial contra el PT, que permitió asociar la epidemia de corrupción unilateralmente a esa fuerza política y justificar socialmente la irregular prisión y proscripción de Lula.

En ese marco emerge este ignoto ex militar desbocado que logra capitalizar la implosión de los partidos de derecha y centro-derecha, la consolidación de ese fuerte sentimiento anti-PT y la aguda crisis económica que potenció el hastío. Como la política aborrece el vacío, Bolsonaro aparece como el candidato antisistema –pese a que hace 28 años ejerce como diputado- que promete resolver esta crisis multidimensional a fuerza de mano dura y prédica mesiánica. 

Y de ser un legislador marginal, que ganó fama cuando juró por el militar que torturó a Dilma, se convirtió en el efecto más siniestro de esta democracia agonizante.

El fundamentalismo religioso

No se pueden entender esos 50 millones de votos sin la militancia activa que desplegó la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios. La fuerza evangélica neopentecostal -que juega cada vez más en el terreno político en toda la región- ataca en tres frentes simultáneos: en el Congreso, donde “la bancada de la Biblia” controla la quinta parte de la Cámara de Diputados; en la prensa masiva con su multimedio Record, el segundo del país achicándole distancias a la Rede Globo; y en las barriadas populares, donde tiene una penetración territorial que no logra ningún partido.

Quizá parte del ascenso abrupto de Bolsonaro se explique por el despliegue de miles de pastores haciendo campaña furiosa por el ex militar en los días previos a la votación.

Las otras tres patas de la mesa

Otro factor clave en la construcción de consenso alrededor de Bolsonaro fueron los grandes medios, que terminaron aceptando al mal menor ante la irreversible polarización con el PT y el fracaso de los candidatos del orden. Las fake news antipetistas se multiplicaron en las últimas semanas e hicieron estragos en las redes sociales.

 Algo similar pasó con el poder empresarial y financiero, que también cerró filas con Bolsonaro. No es para menos: su gurú económico es Paulo Guedes, un Chicago boy que asegura un rumbo ultraliberal.

Por último, el creciente poderío del llamado “Partido Militar”, que este domingo cuadruplicó su presencia al ritmo de la debacle de la política tradicional. Además de Bolsonaro y su compañero de fórmula, el inefable general Hamilton Mourão, al menos 70 candidatos militares fueron electos y tres disputarán gobernaciones estadales en segunda vuelta.

Los límites del progresismo

También al PT se merece reflexionar sobre su responsabilidad en la despolitización de la sociedad brasileña y en la creación del Frankenstein Bolsonaro. Durante 12 años faltó audacia para avanzar en transformaciones raizales, como hubiera sido la tan reclamada reforma política o una ley que limitara la concentración mediática.

 Y sobre todo, no se profundizó en el empoderamiento popular y la formación político-ideológica, facilitando el terreno para la diseminación de valores retrógrados y autoritarios. 

Y una vez fuera del Palacio de Planalto, el progresismo brasileño se conformó en dar la pelea casi exclusivamente en el andamiaje institucional. Salvo la gimnasia de movilización permanente de los movimientos populares, la estrategia petista quedó atrapada en la telaraña de un sistema democrático controlado por el golpista entramado mediático, religioso, militar y financiero.

Tal vez en la respuesta callejera de las mujeres brasileñas y su poderosa consigna #EleNão se puedan encontrar algunas pistas de cómo enfrentar a los profetas del odio y su monstruo Bolsonaro.

(Gerardo Szalkowicz, Periodista. Editor de Nodal. Colabora en diversos medios como Tiempo Argentino, TeleSUR, Rebelión, ALAI y otros. Rebelión, 11/10/18)

15.10.18

Brasil: Hay azufre en el aire. El sistema ahora está fuera de control. Una profunda disensión surge dentro de las familias, los colectivos de trabajo y los grupos de amigos, que ahora dicen ser irreconciliables. No es diferente del choque que constituyó la victoria de Emmanuel Macron, pero como si fuera Jean-Marie Le Pen quien se estableciera en el Elíseo...

"La "Nueva República", que coincide con el retorno a la democracia después de una sangrienta dictadura militar (1964-1985), finalmente duró poco más de un cuarto de siglo. Desde 2014, nada va bien en Brasil. El país ha entrado en un nuevo ciclo.

 Con el ascenso de la extrema derecha, es probable que el ciclo se convierta en un ciclón que destruya a todas las instituciones democráticas en su camino. Las crisis se están acumulando: crisis económica (la peor recesión de su historia, decadencia, desaceleración, devaluación de lo real, austeridad, desempleo), crisis política (escándalos y casos seriales, golpe parlamentario con destitución de la presidenta Dilma Roussef en 2015, incriminación y deslegitimación del presidente Michel Temer, encarcelamiento del ex presidente Ignácio Lula da Silva), crisis legal (politización de la justicia, incluida la Corte Suprema), crisis social (crecimiento de las desigualdades, retorno de la pobreza, desintegración de salud política, cultura y educación), crisis de seguridad pública (explosión de crimen y violencia, incluida la policía, intervención militar en el estado de Río de Janeiro, sentimiento de inseguridad generalizada).  

Todas estas crisis provocaron una "tormenta perfecta" y explicaron en parte el ascenso de los extremos, el regreso de los reprimidos y la nostalgia por los gloriosos "treinta" de la dictadura.

 Brasil es a menudo descrito como el país del futuro. El futuro habrá durado sólo una década. Durante una década, un acoplamiento virtuoso entre el crecimiento y la política distributiva ha provocado una verdadera revolución sociológica: salida masiva de la pobreza, la mayoría de los brasileños se encuentran ahora en la llamada "clase C" de los consumidores, la de las nuevas clases medias.

 El desarrollo de la educación superior, respaldado por la introducción de cuotas raciales y sociales, la creación del Sistema Único de Salud que proporciona cobertura universal gratuita, la cooptación de movimientos sociales en el marco de la gobernanza tripartita, trazó los contornos de Un estado social. A pesar de la falta de fondos, el crecimiento económico y la promoción de Brasil como la quinta economía del mundo llevaron a creer que el futuro finalmente estaba aquí.Entonces, el sistema gripó. Los levantamientos de 2013, una especie de precursor de Nuit Debout, fueron canalizados y recuperados por la derecha. Por primera vez desde el golpe de Estado de 1964, la derecha sin inhibiciones regresaba a las calles en manifestaciones masivas para protestar contra la corrupción sistémica revelada por la Operación Kärcher justo antes de las elecciones de 2014. (...)


El rencor contra una nueva victoria del Partido de los Trabajadores de Lula se reflejó en los panelaços, estos conciertos de cacerolas que emanaban de los hermosos barrios, luego por este jubiloso auto de fé que fue la ceremonia de despido de Dilma Rousseff, cuando decenas de diputados exaltados gritaban ante el micrófono su rabia, invocando en una catarsis colectiva Dios, familia, moralidad, odio al PT ... Bolsonaro ya tenía el camino ampliamente abierto.El ex compañero de equipo de la presidenta electa, Michel Temer, asume el poder en lo que la izquierda llamará "golpe de estado" parlamentario y aprovecha la oportunidad para romper en pocos meses los logros de Lulisme. Una enmienda constitucional inverosímil introduce la austeridad más radical con un límite del gasto público social y educativo durante veinte años.

 La reforma laboral está haciendo el trabajo más flexible y liberalizado al permitir la subcontratación universal. Destituido de toda legitimidad, enredado en escándalos financieros, Michel Temer termina su mandato sin gloria y con una impopularidad que roza el 95%.

 La recuperación de la economía ha fracasado. La violencia criminal explota con un récord de 60,000 muertes en 2018. La emblemática concejala de Río, Marielle Franco, es asesinada. La huelga de los camioneros pone al país de rodillas. Jair Bolsonaro, candidato sulfuroso de la extrema derecha, lleva un cuchillo en el vientre. El espectacular incendio del Museo Nacional el 2 de septiembre sintetiza este estado de conflagración generalizada. Sólo quedan las paredes, los contenidos están en cenizas.

 Como en otras partes, el ascenso de la extrema derecha se explica por un empuje populista, un rechazo del sistema, una crítica virulenta del "marxismo cultural" y la identidad dejada, un moralismo retrógrado, un retorno de la religión, una defensa de La familia y la patria, un deseo de orden, la difusión de noticias falsas sobre mensajes sociales (incluido el "Zap" (What's App) y una degradación general de la propiedad, el lenguaje y el comportamiento público.

Distingue, sin embargo, el fascismo brasileño de la extrema derecha europea y estadounidense es el apoyo de los militares y el hecho de que casi no podemos estar seguros de que la policía permanecerá en sus cuarteles.(...)

 Hay azufre en el aire (...) El sistema ahora está fuera de control. (...)

Hasta principios de octubre, aún se esperaba que el antiguo escenario electoral se reanudara con una polarización clásica entre la socialdemocracia del PT y el conservadurismo liberal de PSDB.  (...)

 El ascenso al poder de la extrema derecha parecía posible, pero poco probable. En una semana, sin embargo, todo cambió y el sistema se rindió. Ni el "cordón sanitario" ni el "estallido republicano" se ponen en marcha. (...)

El "antipetismo" asociado con la promesa de una purga segura y un retorno al orden moral cataliza el resentimiento.  (...)

Una profunda disensión surge dentro de las familias, los colectivos de trabajo y los grupos de amigos, que ahora dicen ser irreconciliables. El efecto de la "demora electoral" de la primera ronda no es diferente del choque que constituyó la victoria de Emmanuel Macron con los partidos del establishment. Todavía hay una diferencia de tamaño. En Brasil, "On the Move" bien podría ser una marcha militar. Un poco como si fuera Jean-Marie Le Pen quien se estableció en el Elíseo.Por otro lado, el anunciado ultra-liberalismo del programa de su gurú económico probablemente lo acerca al proyecto de Pinochet y sus Chicago Boys. Queda solo dos semanas para provocar una conmoción de conciencia. Si Bolsonaro finalmente gana, todas las Américas serán confrontadas nuevamente con su pasado autoritario. Esta es la razón por la cual la segunda ronda no solo importa para Brasil, sino que los riesgos resuenan durante mucho tiempo como un disparo de advertencia en el horizonte democrático del subcontinente."                 

(Frédéric Vandenberghe, sociólogo. Jean-François Véran, antropólogo. Son profesores del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Río de Janeiro (IFCS-UFRJ). Liberation, 07/10/18)

11.10.18

Uno de los recursos de los evangélicos brasileños para atraer a los favelados a la causa de Bolsonaro es mandar supuestos encuestadores para preguntarles si les gustaría que a su hijo José le cambiaran de nombre y le llamaran María...

"(...)  Jair Bolsonaro (...) Sus exabruptos reaccionarios, sexistas, homofóbicos, fascistas y su apología de la tenebrosa dictadura militar brasileña del 1964 y sus torturas provocaban generalizada repulsa en la sociedad. Por eso, durante dos años su intención de voto nunca superó el 15 o 18 por ciento. 

(...) sabemos, como lo afirma una nota reciente de Marcelo Zero, en Brasil, que la CIA y sus aliados locales han desatado una apabullante avalancha de “fake news” y noticias difamatorias de los candidatos de la alianza petista que encontró un terreno fértil en las favelas y barriadas populares de las grandes ciudades de ese país. 

Esos sectores fueron sacados de la pobreza extrema y empoderados por la gestión de Lula y Dilma. Pero no fueron educados políticamente ni se favoreció su organización territorial. Quedaron como masas en disponibilidad, como dirían los sociólogos de los años sesenta.

Quienes sí los están organizando y concientizando son las iglesias evangélicas con quienes se ha aliado Bolsonaro, promoviendo un discurso conservador duro, hipercrítico del “desorden” causado por la izquierda en Brasil con sus políticas de inclusión social, de género, de respeto a la diversidad, a los LGBTI y su “mano blanda” con la delincuencia, su obsesión por los derechos humanos “sólo para los criminales”.

 Uno de sus recursos para atraer a los favelados a la causa de la derecha radical es mandar supuestos encuestadores para preguntarles si les gustaría que a su hijo José le cambiaran de nombre y le llamaran María, para exacerbar la homofobia. La respuesta es unánimemente negativa, e indignada. 

La prédica del ex capitán sintoniza nítidamente con ese conservadurismo popular hábilmente estimulado por la reacción. En ese clima ideológico sus escandalosos y violentos disparates, como los de Hitler, decantan como un razonable sentido común popular y podrían catapultar a un monstruo como Bolsonaro al Palacio del Planalto que, como dato adicional habría que recordar que le prometió a Donald Trump autorizar la instalación de una base militar de EEUU en Alcántara, cosa a la que se negaron los gobiernos petistas. 

Si llegase a triunfar sería el comienzo de una horrible pesadilla, no sólo para el Brasil sino para toda América Latina."                (Atilio Boron, Página 12 , en Jaque al neoliberalismo, 07/10/18)

10.10.18

Las claves del ascenso del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil

"En el vídeo Mi opinión como negro sobre el "racista" Bolsonaro el youtuber Thiago Fonseca declara su voto para Jair Bolsonaro. Empuña un vaso con el rostro de un superhéroe y un logo de Coca-Cola. Señala un agujero en el vaso. Y lanza su metáfora: "Brasil es un vaso agujereado. El agujero representa la corrupción". Thiago coloca agua. Mientras el agua se escapa, arremete contra los políticos que "no tapan el agujero".

 Bolsonaro, dice, no sabe mucho de economía, pero es el mejor candidato: "No soporta la corrupción y no es corrupto". El otro gran asunto del vídeo es la violencia. Thiago, como Bolsonaro, defiende la pose de armas contra "los bandidos". En pocos días, el vídeo obtuvo más de un millón y medio de visitas.

El apoyo de un youtuber negro a un candidato que afirmó que los portugueses no pisaron África y que eran los negros quienes entregaban a los esclavos visibiliza la complejidad del fenómeno Bolsonaro.  (...)

Si los primeros estudios revelaban que el perfil de su votante encajaba con un "hombre blanco, de clase media, con estudios superiores y de las regiones sur y sudeste del país", desde que Bolsonaro sufrió un ataque con un cuchillo en medio de un acto electoral, el bolsonarismo se dispara. Y la complejidad de la base electoral de un candidato que la izquierda define como fascista crece. 

Mientras la derecha tradicional no despega, aparecen bolsonaristas improbables, como militantes LGTB o mujeres, atacados constantemente por un candidato que elogia el armamento de la población civil, la familia tradicional y las Fuerzas Armadas.

 

La derecha tradicional, hundida

Nexo Jornal realizó una infografía sobre el perfil de los votantes de cada candidato usando los datos de Datafolha. El correspondiente al electorado de Bolsonaro revelaba cinco bastiones fuertes (y cinco pistas). 

El primero es el núcleo duro del bolsonarismo: clases ricas, con estudios, mayoritariamente hombres, del sur del país. 

El segundo grupo, los menores de 34 años, supone el 60% de sus votantes. 

El tercero: el estado de Río de Janeiro, metáfora de un territorio asolado por la violencia urbana y de las periferias brasileñas en general. 

El cuarto: la clase media baja (entre 2 y 5 salarios mínimos). 

El quinto: los evangelistas, que representan el 30% de la población brasileña.

La fortaleza de Bolsonaro entre las clases pudientes no se explicaría sin el hundimiento del Partido de la Social Democracia Brasileira (PSDB), la derecha tradicional. Bolsonaro empezó a crecer en 2016, cuando la operación Lava Jato vinculó a la corrupción al entonces candidato del PSDB, Aécio Neves. La Lava Jato acabó con la carrera presidencial de Aécio y lastró a Geraldo Alckmin, el actual candidato tucano. 

Alckmin, que plantó cara a Lula en las elecciones presidenciales de 2006 con un 45% de apoyo, no llega al 10%. La élite y muchos militantes del PSDB han pasado a votar a Bolsonaro, como revela el reportaje Sin élite, sin (casi) nada de la Revista Piaui: "No adelanta criticar a los petistas si tu candidato está envuelto en investigaciones", asegura en dicho reportaje Thiago Campina, un militante histórico del PSDB.  (...)

"El extremismo en Europa y Estados Unidos se construye con la idea del enemigo externo. En Brasil, el enemigo es interno. Puede ser el enemigo clásico, joven, negro, pobre de periferia. O la figura de la izquierda. Hay un anti izquierdismo muy fuerte, contra los profesores y el PT", aseguró en una entrevista reciente a Carta Capital la politóloga Esther Solano, autora del libro El odio como política.

Tras el hundimiento de la derecha tradicional, el apoyo de parte del poder judicial, del Ejército y de un nuevo pelotón de "empresarios anticomunistas" como Luciano Hang que hacen campañas burlando la ley electoral catapultan el fenómeno Bolsonaro.

 

Hartazgo de la violencia

El youtuber Thiago Fonseca, justificando la mano dura que Bolsonaro pide contra "los bandidos", prueba que la violencia y la inseguridad se han convertido en asuntos claves del momento. Los estudios de la socióloga Rosa Pinheiro Machado en regiones periféricas de Porto Alegre apuntan a que parte de la población de los territorios dominados por el tráfico de drogas apoya a Bolsonaro. También muchos de los que sufren la violencia policial. "Las personas están pidiendo orden, en el sentido de normalidad, después de cinco años de caos", afirma Rosana Pinheiro-Machado.

"En zonas que sufren violencia policial hay una nítida ausencia del Estado como poder que efectiva las garantías constitucionales y los derechos fundamentales. Mucha gente se desilusionó con la izquierda. En ese vacío, llegan los oportunistas", asegura a eldiario.es la carioca Marcela Canavarro, investigadora de la Universidade do Porto. Bolsonaro aprieta las teclas apropiadas. Frente al miedo, seguridad policial. Frente al caos, familia tradicional.

Falta una variable importante en la irregular ecuación bolsonarista: la antipolítica, clave para el masivo apoyo del candidato entre la juventud. El voto a Bolsonaro, en palabras de Esther Solano, refleja frustración y cansancio: "Representa la antipolítica, transformando ese malestar en capital electoral. Esta extrema derecha salió del armario y puede hacer circular libremente su odio”.

Bolsonaro, fabricando declaraciones explosivas contra el sistema, exprimiendo el discurso populista, refuerza la imagen de candidato espontáneo y auténtico. "Es capaz de llegar a personas vinculadas a la iglesia, al 'joven trabajador' de Uber o al adolescente", según Rosana Pinheiro Machado. Da igual que sea un falso outsider (lleva décadas en la política y está rodeado de corrupción, como apunta Greg News), porque el bolsonarismo se ha expandido a todo el país. Transversalmente, atravesando todas las clases sociales, todas las razas, todas las religiones, sobre un océano de fake news."                        (Bernardo Gutiérrez, El Diario , en Jaque al neoliberalismo, 08/10/18)