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14.5.19

Seis decisiones sobre tu vida que tomará Bruselas en los próximos años...

"(...) Lo que se decida el 26 de mayo marcará el destino del continente en los próximos cinco años y afectarán a todas las esferas de nuestra vida.

¿Qué pasará con la pac?

La Política Agraria Comunitaria (PAC) es una de las principales partidas presupuestarias de la Unión Europea. La UE emplea el 39% de su presupuesto en los sistemas agrarios de los Estados miembro. De ese importe, el 70% va a subvencionar a los agricultores, lo que da una idea de lo importante que es para sostener la “España vaciada” y el territorio rural del Estado español. 

Otro 20% se invierte en medidas para ayudar a los agricultores a modernizar sus explotaciones, y el 10% restante a partidas para apoyar el mercado, por ejemplo, cuando las condiciones climáticas, como inundaciones o sequías, lo perturban. (...)

El Consejo Europeo —formado por los 28 jefes de Estado o de Gobierno—, la Comisión Europea y el actual Parlamento Europeo coinciden en una cosa: reducir el presupuesto de la PAC considerablemente. En concreto, el Consejo ha propuesto una disminución del 16%.  (...)

Vuelve el ttip

El pasado 15 de abril, el Consejo de Agricultura y Pesca de la UE aprobó los mandatos que dan el poder a la Comisión Europea para negociar un tratado comercial con Estados Unidos en productos industriales, incluida la pesca.

 Con el voto en contra de Francia, la abstención de Bélgica y el voto a favor del resto de Estados, la Comisión Europea consigue reanudar las negociaciones con la Administración Trump para establecer un acuerdo de libre comercio con el que se eliminen las barreras arancelarias y se armonicen los estándares de calidad y control entre las dos potencias.

Lo que pretende la Comisión es reabrir el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones, el TTIP. Cualquiera que haya seguido las protestas contra el TTIP habrá escuchado ya las posibles consecuencias de un tratado que estaba siendo negociado con total oscurantismo.

Lucha contra la evasión fiscal

Por mucho que se dote a la Agencia Tributaria española de efectivos o se luche contra la economía sumergida, la verdadera batalla contra la evasión y elusión fiscal se mide en Bruselas. Las comisiones de investigación que se formaron tras los escándalos de los Papeles de Panamá y los LuxLeaks han dado algunos resultados esperanzadores en la lucha contra la evasión de las grandes empresas y su uso de los paraísos fiscales u otras ventajas fiscales que ofrecen países en el corazón de Europa, pero falta que los nuevos organismos que se conformen tras las elecciones europeas tengan la suficiente voluntad política para plantar cara a esas empresas y a la industria financiera.(...)

Esto deja fuera el principal problema de la evasión fiscal en Europa: sus paraísos fiscales internos. El grupo parlamentario de la izquierda europea, GUE/NGL, al que pertenecen Podemos e Izquierda Unida, ha denunciado en repetidas ocasiones las técnicas que usan empresas como Inditex, Nike o Facebook para eludir el pago de impuestos usando países en el corazón de Europa como Holanda, Luxemburgo, Malta o Irlanda.

¿Cómo se actuará ante una nueva crisis?

En diciembre de 2018, el Banco Central Europeo (BCE) anunció el fin del programa de compras de activos para inyectar dinero en la economía (la expansión cuantitativa o Quantitative Easing), pero ante la desaceleración del crecimiento en la zona euro, Draghi ha dado marcha atrás y ha anunciado que, de momento, seguirá con los estímulos a la economía. 

La reacción de Draghi es una clara señal de que son conscientes de que una nueva crisis está por llegar y que, si los vientos de cola del BCE dejan de soplar, la caída será mayor. (...)

El nuevo equilibrio de fuerzas que resulte de las elecciones europeas tendrá en sus manos, y escaños, la posibilidad de practicar otro tipo de políticas que, a diferencia de lo que se hizo en la crisis mundial que arrancó en 2007, invierta dinero en la economía real y consiga reactivar el consumo y la demanda, en vez de pretender activar esa economía forzando a que los bancos presten dinero. 

La pregunta es: ¿nos sacarán de la crisis o volverán a rescatar a la banca y a socializar esas pérdidas mediante recortes y austeridad?

Unión bancaria

La Unión Bancaria fue la respuesta de la UE a la crisis financiera de 2008.(...)

 La Unión Bancaria está promoviendo actualmente una concentración bancaria mucho mayor y no hay garantía de que los fondos públicos no se usen nuevamente para rescatar al sistema financiero.

El tercer pilar, el EDIS, es la propuesta de la Comisión en 2015 —respaldada en cierta medida por el BCE—, para crear un esquema europeo de protección de depósitos bancarios de hasta 100.000 euros, como actualmente tiene el Estado español. La propuesta tiene como objetivo fortalecer los sistemas de garantía nacionales facilitando que los depósitos bancarios nacionales sean protegidos por un sistema de cobertura común europeo. 

No obstante, el EDIS sigue sin concretarse por la férrea oposición de Alemania, que quiere que se rescate a los bancos europeos porque le deben a los bancos alemanes, pero no quiere aportar dinero para que se rescate a los clientes. Que se complete esa Unión Bancaria y cómo van a funcionar los rescates bancarios será, por desgracia, uno de los principales debates de las instituciones europeas.

Fondo monetario europeo

Otra de las propuestas de la Comisión en su “Hoja de ruta para profundizar la Unión Económica y Monetaria” consiste en el establecimiento de un Fondo Monetario Europeo (FME). El FME seguirá proporcionando asistencia financiera a Estados miembro en dificultades a cambio de que cumplan reglas estrictas de contracción fiscal, es decir, que sigan profundizando en las medidas de austeridad presupuestaria. 

Pero, además, el FME desempeñará una nueva función, que es la de actuar como mecanismo de respaldo del Fondo Único de Resolución Bancaria (FUR), que podría dotarse de 60.000 millones de euros y actuaría como prestamista de último recurso para facilitar resoluciones ordenadas de bancos insolventes en caso de quiebras de bancos sistémicos. (...)

Pero este FME presenta varios problemas. El primero es que, solo observando la factura del rescate financiero en España, los 60.000 millones con los que se pretende dotar al Fondo no serán suficientes en caso de una nueva, y más que posible, quiebra financiera. Otro problema es la falacia de decir que será un rescate privado cuando el FME se financia con fondos procedentes de los Estados miembro, es decir, dinero público. 

Y tercero, la gobernanza del FME responde a los intereses de los poderosos, ya que se vota por unanimidad. Alemania se ha posicionado radicalmente en contra de las medidas de mutualización del riesgo, por lo que previsiblemente el acceso a los fondos del FME podrá verse dificultado por intereses políticos del “motor de Europa”, que, claramente, no son los de España.

Aparte de los abordados, la lista de temas importantes que se tratarán en la próxima legislatura europea podría ser interminable: qué harán frente a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la transición ecológica, las medidas para frenar el cambio climático, la fiscalidad de la economía digital, la regulación del oligopolio de las grandes empresas tecnológicas y el capitalismo de plataforma, las políticas de cuidados de los océanos y un largo etcétera que nos obliga a mantener un ojo en lo que se decide en Bruselas."                 (Yago Álvarez Barba, El Salto, 13/05/19)


Otra medida para la soberanía financiera y como alternativa a la salida del euro... europeseta electrónica:

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  
- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:  
- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm  

Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

12.7.17

¡No al CETA! Sólo beneficia a las multinacionales y perjudica a los consumidores y al medio ambiente a ambos lados del Atlántico

"Y cuando parecía que el PSOE se iba a atrever, finalmente todo quedará igual. Nos referimos a ese amago de votar no al tratado de libre comercio con Canadá, más conocido por su acrónimo en inglés CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement). 

Finalmente el PSOE se abstendrá y todo seguirá igual, porque la abstención permitirá que el CETA siga adelante. Y ese es el drama del PSOE, en particular, y de la socialdemocracia, en general, haber olvidado sus orígenes, virado hacia posiciones social-liberales, siendo copartícipe de un sistema roto de gobernanza económica, denominado "neoliberalismo", surgido a mediados de la década de 1970 y basado en falacias económicas. Solo cuando la socialdemocracia se desprenda de esa mochila, tal como ya han hecho Jeremy Corbyn y Bernie Sanders, recuperará a su electorado. 

La teoría económica que se utiliza para justificar la liberalización del comercio es el modelo simple de ventaja comparativa ricardiana. Básicamente indica que los países deben especializarse en la producción de aquellos productos en los que son mejores.

 En esencia es aplicar el argumento de la división del trabajo de Adam Smith a los países en lugar de a las personas. Este modelo simple se re-escala hasta otro de equilibrio general llamado el modelo de Hecksher-Ohlin, que fue el que realmente se utilizó para justificar la liberalización del comercio en los últimos años. Pero sus hipótesis de partida son falsas.

 Asume el pleno empleo en todos los países, pero la mayoría de las economías no están funcionando al pleno empleo en un momento dado. También asume una competencia perfecta y una función de producción homogénea que asigna perfectamente el capital transferible según se requiera, mientras que en realidad no existe una competencia perfecta, las funciones homogéneas de producción son lógicamente incoherentes y la noción de capital transferible es una ficción falsa.

 Hay otros problemas con el marco teórico, pero quizás lo más importante es que el modelo presupone que no se producirán desequilibrios comerciales. Sin embargo tales desequilibrios ocurren una y otra vez. Hoy en día, el comercio liberalizado ha diezmado los empleos manufactureros bien remunerados en los países desarrollados.

 Pero si Pedro Sánchez y quienes le asesoran quieren profundizar un poco más en porqué hay que dar un paso adelante y decir no al CETA les recomiendo los estudios del economista coreano Ha-Joon Chang, profesor en Cambridge, posiblemente el mayor experto mundial en Economía del Desarrollo, y sin duda alguna uno de los economistas heterodoxos más relevantes en el panorama actual.

 Las propuestas de Chang no son anti-capitalistas, sino críticas con un tipo particular de capitalismo, el de libre mercado. Su flanco principal de ataque son las políticas ortodoxas promovidas por instituciones financieras internacionales -FMI, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio-. 

Contrario a la ortodoxia económica Chang propone que los países en desarrollo, tal como era España a principios de los ochenta, se debían integrar en la economía mundial con políticas industriales selectivas, protegiendo industrias nacientes y regulando las finanzas nacionales e internacionales. Justamente lo contrario a lo que finalmente acabó haciéndose y que terminó con un intenso proceso de desindustrialización de nuestro país. Y de aquellos barros estos lodos. 

 Chang cuestiona, en definitiva, la comprensión ideológica del libre mercado dominante, lo que unido a la poca atención que prestan a la historia la mayoría de economistas, les lleva a imponer políticas erróneas. Sólo Asia, especialmente países como China, Corea o Singapur, lo entendieron. De ahí su desarrollo actual.

 Desde estas líneas hemos escrito largo y tendido sobre el Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversión, más conocido por su acrónimo en inglés TTIP. Ocurre exactamente igual con el CETA. Por encima de todo destaca el ocultamiento de información a la ciudadanía.

 Los líderes políticos involucrados en la negociación del TPPI o del CETA se sientan en una misma mesa con representantes de los lobbies industriales y financieros, decidiendo el futuro de la protección de los consumidores y del medio ambiente a ambos lados del Atlántico.

Los ciudadanos europeos están al margen de este proceso, que conlleva graves retrocesos democráticos. El CETA pretende en realidad eliminar los impedimentos comerciales no tarifarios, es decir, que los estándares de producto, las obligaciones relativas a la protección del clima y todas las demás limitaciones comerciales, excepto los aranceles, den mayor facilidad a la compraventa de mercancías y servicios entre la Unión Europea y Canadá. Se ansía eliminar todas las garantías que en Europa se han conseguido de protección del consumidor y del medio ambiente.

Al final, ¿quién se beneficia realmente del libre comercio? Sólo aquellas empresas multinacionales establecidas libremente a lo largo del planeta para buscar y escrutar los talleres de explotación más crueles y la mano de obra más barata. El libre comercio, tal como le entienden, es una carrera global que arrastra al factor trabajo al fango, a la cuasi-esclavitud. Por todo ello, ¿CETA?, ¡No, gracias!"               (Juan Laborda  , Vox Populi , 25/06/17)

1.12.16

Europa ensimismada. Si Estados Unidos ya no es la tierra de las oportunidades, Europa dejó de ser aquello que era, lugar de libertad y dignidad

"Europa ensimismada, mirándose al ombligo. “Lo que ha pasado en Estados Unidos aquí no puede pasar”, braman algunos. ¡Miopes! Claro que está pasando. Tanto en Estados Unidos como en Europa las democracias han sido secuestradas por la superclase, una mezcla de poder corporativo y clase político-funcionarial que todo lo abarca. 

El poder corporativo se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado. El Estado se orienta cada vez más hacia el mercado. Ambos están interrelacionados, conchabados. Y faltaba la guinda, unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores del poder. No solo eso, todo aquello que amenace a ese poder debe ser aplastado, humillado. Me entienden, ¿verdad? 

Los síntomas son comunes a ambos lados del Atlántico. El hartazgo de la gente. Las medias verdades, cuando no directamente mentiras. Grupos económicos que medran, al margen y contra la ciudadanía, tanto en Washington, Bruselas como en cada una de las distintas capitales europeas. 

Grupúsculos que se apropian de las rentas de todos -rentas del suelo, burbujas,….-. Lobbies que se lanzan como aves de rapiña sobre servicios y derechos públicos, o se apropian de monopolios naturales -¿han visto la última factura de la luz?-. 

Políticos -conservadores, liberales y socialdemócratas- que de manera permanente acuerdan ventajas fiscales para los de arriba; miran a otro lado cuando se habla de paraísos fiscales; devalúan el salario; y, como colofón, bajo la tenue luz de una vela en algún lugar oscuro, apoyan tratados de libre comercio engañando a la ciudadanía –clausula ratchet, tribunales especiales,…-. 

Medios de comunicación donde, previo pago generoso de alguna institución, solo se oyen ciertas voces. Académicos que dan coartadas a políticas injustas e ineficientes -austeridad y devaluación salarial-. Todo por la pasta-. Los “Juegos del Hambre” en estado puro

 La forma de actuar siempre es la misma. Veamos, como ejemplo, la defensa que las élites extractivas hacen del Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversión, más conocido por su acrónimo en inglés TTIP.

Envían a tertulias y demás manifestaciones de arte circense a políticos y economistas que repiten una y otra vez el mantra y las coletillas de siempre. ¿Quién se va a oponer a las ventajas y a la prosperidad que supone para España y Europa el TTIP y el libre comercio? Pamplinas. ¡Se trata de acuerdos súper secretos de los cuales no sabemos nada! Nos ocultan todo.

 Estimados políticos, digan la verdad o al menos estudien algo en su vida. El TPPI socava garantías constitucionales y la soberanía nacional. Se pretende, en realidad, eliminar los impedimentos comerciales no tarifarios, es decir, que los estándares de producto, las obligaciones relativas a la protección del clima y todas las demás limitaciones comerciales, excepto los aranceles, den mayor facilidad a la compraventa de mercancías y servicios entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Se ansía eliminar todas las garantías que en Europa se han conseguido de protección del consumidor y del medio ambiente. 

Y para rematar, la cláusula trinquete (ratchet), un mecanismo por el que no se podrán revocar determinadas liberalizaciones de servicios ya firmadas o se recortarán ámbitos esenciales del derecho de autonomía de los municipios como la posibilidad de remunicipalizar los servicios públicos anteriormente privatizados. Tremendo, ¿verdad? 

Déjenme finalizar con ciertos tópicos sobre Europa. Si Estados Unidos ya no es la tierra de las oportunidades, Europa dejó de ser aquello que era, lugar de libertad y dignidad. ¿No les parece cínico que después de promocionar una guerra en Siria para tocar las narices a los rusos, se creen campos donde encerrar a los refugiados que huyen de esa guerra?

 ¿O no les parece cínico que esos mismos políticos se lleven las manos a la cabeza por ciertos muros cuando aquí se ha hecho lo mismo o peor? ¿O no les parece cínico hablar de derechos de los inmigrantes cuando aquí se realizan “expulsiones en caliente”? Lo dicho, Europa ensimismada."               (Juan Laborda, Vox Populi, 17/11/16)

9.11.16

El rechazo a la globalización comercial ha venido para quedarse...

"La confrontación presidencial en EEUU ha sido entre una proteccionista moderada y un proteccionista peligroso de extrema derecha. 

Ni Clinton (que según los papeles de Wikileaks mantiene sobre el tema una posición pública y otra privada) ni Trump son adalides del libre comercio y manifiestan continuas prevenciones sobre los acuerdos comerciales que la Administración Obama está negociando hasta el último momento entre EE UU y una y otra parte del mundo. (...)

Sin embargo, el rechazo a la globalización, sobre todo en sus aspectos comerciales, es real y creciente. Si no se activan nuevas normas reguladoras esta reacción ciudadana puede ir en la dirección de un proteccionismo agresivo y de una guerra fría económica. La experiencia prueba hacia dónde llevan estas políticas de perjuicio al vecino.

 Los organismos multilaterales, no sólo los movimientos antiglobalización, han advertido de ello. El economista Dani Rodrik ha escrito que se pone en riesgo la globalización si se presiona para que se firmen en este momento algunos acuerdos comerciales, como el de EE UU y Europa (TTIP) o el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), en contra de la opinión pública, porque encienden el rechazo hacia aquella.

Clinton y Trump han multiplicado las dudas de los ciudadanos de que estos acuerdos sean positivos para los intereses estadounidenses. Mientras tanto, en Europa se han multiplicado las manifestaciones y las posturas críticas ante el TTIP, y algunos de los políticos que pueden llegar pronto al poder (por ejemplo, en Francia) tienen posturas muy cercanas a las de Trump. La salida de Gran Bretaña de la UE pertenece a la misma familia de problemas. (...)

EEUU y Europa fueron los principales arquitectos del orden económico de la postguerra. Aunque el mundo de hoy es muy diferente al de los años cuarenta, sigue siendo extremadamente peligroso que se enfrenten en conflictos arancelarios, o en barreras no arancelarias, teniendo en cuenta, además, que existen distintos actores dispuestos a entrar con rapidez en esa contienda (China, Rusia y otros emergentes). 

La opacidad y la falta de debate público no ayudan, sino que generan todo tipo de sospechas. El libre comercio y sus efectos linealmente positivos sobre el empleo, la inversión, etcétera, también ha entrado en la discusión. 

 Ya no es un tabú su cuestionamiento sino que genera polarización. Mientras The Economist, gran combatiente contra el nacionalismo económico, se dirigía a los manifestantes anti TTIP con el titular "Por qué se equivocan", los representantes de estos últimos acusaban a los misioneros del libre comercio de decir blanco cuando es negro, a veces por intereses, a veces por ideología. (...)"                (Joaquín Estefanía, El País, 07/11/16)

28.6.16

“Las élites políticas deben moderar el capitalismo”

"(...) La desigualdad ha crecido a pasos agigantados en las tres últimas décadas en Estados Unidos, el país que se ha vanagloriado de esa clase media que conducía coches Ford. La pérdida de muchos empleos en favor de mercados de mano de obra más barata ha abonado las críticas a la globalización. 

Y tanto Trump, aspirante republicano a la Casa Blanca, como Bernie Sanders, el izquierdista rival de Hillary Clinton entre los demócratas, han apuntado con el dedo a los tratados de libre comercio. El TTIP, que es el pacto que Estados Unidos y Europa negocian, también ha provocado reacciones incendiarias en el Viejo Continente.

“El rechazo a la globalización es real”, afirma, “y si las élites políticas no se dan cuenta de que necesitamos nuevas normas, esta reacción puede llevarnos en una dirección hacia un proteccionismo significativo. La historia del capitalismo muestra que este es modulable, que las élites siempre lo han ido rediseñando y moderando para que dé respuestas”.

¿Tan malo sería ese giro proteccionista? “La economía global está ya muy abierta”, considera. “Si no firmásemos el TTIP o el Acuerdo Transpacífico (TPP), creo que no pasará nada malo, a diferencia de muchos economistas que creen que esos acuerdos son imperativos”. De hecho, alerta: “Ponemos en riesgo la globalización si presionamos para más acuerdos porque enciende el rechazo a ella”. 

Sin embargo, la apertura comercial mundial es la que ha permitido a muchos países salir de la pobreza y ha dado alas al crecimiento económico. “Sería una gran pérdida recuperar barreras arancelarias que nos devolvieran a los años cincuenta, sesenta o, aún peor, de los treinta”.

La globalización es una de las tres patas del trilema económico, el concepto que Rodrick acuñó en un artículo en el año 2000 y que resultó rematadamente premonitorio de lo que una década después ocurriría con la crisis griega. 

El economista ve incompatible que democracia, globalización y soberanía del Estado-nación puedan convivir. “La eurozona es la aplicación real de ese concepto. Está tratando simultáneamente de ser un mercado único y democrático que conserva los Estados-nación y con una unión política integrada…”, dice. “Este trilema está en el corazón del problema estructural de la zona euro. Soy menos optimista con Europa”, remata.

 “Hay un gran desequilibrio entre la integración económica, que ha ido muy lejos, y la política, que es muy incompleta”, continúa, “y no veo aún líderes políticos en Europa capaces de reformularlo”.  (...)"          (Entrevista a Dani Rodrick, El País, 26/06/16)

9.6.16

El TTIP es incluso peor de lo que aparenta

"(...) Y ahora el reto mayor –según el pensamiento neoliberal- es aprobar la joya de la corona, la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (el TTIP en sus siglas en inglés). Tal tratado se promueve como elemento clave de la recuperación económica, pues facilitaría la recuperación de las tasas de crecimiento económico que Europa solía tener, con la consiguiente creación de empleo. (...)

El elemento central del TTIP (como lo ha sido en tratados anteriores, como NAFTA –entre Canadá, EEUU y México-) es no solo la reducción de aranceles (ya de por sí muy bajos) entre los dos continentes, sino también la homogeneización a ambos lados del Atlántico Norte de las regulaciones en las áreas de actividad económica, que incluyen agricultura, seguridad alimentaria, productos manufacturados y técnicos, servicios (incluyendo servicios financieros), protección de la propiedad intelectual e intervenciones públicas (entre otras), que afectan a la actividad económica privada de cada país. (...)

El secreto favorece a los lobbies, que sí que saben lo que se está tramando, habiendo redactado gran parte de los tratados. Los que no saben su contenido son los ciudadanos y sus representantes de cada uno de los países.

Ello ha quedado claro a partir del último 1º de mayo, cuando Greenpeace de Holanda publicó 248 páginas de los documentos secretos que muestran que la realidad sobre tal tratado es incluso peor que lo que los grupos escépticos habían señalado. Greenpeace Netherlands hizo un gran servicio a las poblaciones a los dos lados del Atlántico Norte al recibir y publicar tales papeles, que contienen los elementos más importantes de los borradores de tal tratado. 

Lo que esas páginas muestran es el ataque frontal a las medidas de protección del ciudadano que los gobiernos y los movimientos sociales (desde las asociaciones ecologistas a los sindicatos) habían ido consiguiendo a lo largo de estos años en los países de la UE. En breves palabras, lo que estos papeles muestran es que:

1. Las reglas aprobadas para proteger el medioambiente han desaparecido en tal tratado. Reglas tan sencillas (y a la vez tan importantes) como el derecho de los países a proteger la vida humana, la vida animal y la vida vegetal, han desaparecido. 

El bien conocido Principio de Precaución vigente en la legislación europea permite a los Estados prohibir o limitar la distribución de productos o la introducción de sustancias que pudieran causar daño a la salud humana o a la vida animal y vegetal, incluso en el caso de que la comunidad científica no haya dictaminado de una manera definitiva su efecto nocivo. 

Este principio es distinto (en realidad, opuesto) al vigente en EEUU, donde el Estado no puede intervenir hasta que no se haya probado definitivamente la nocividad de la sustancia o de los productos. 

El TTIP adopta el principio vigente en EEUU, desprotegiendo al ciudadano consumidor, trabajador o residente en un territorio. Dejaría de ser práctica común en la UE, entre otras cosas, que se escribiera el etiquetado en los productos alimenticios, por ejemplo, notificando al consumidor que se trata de productos transgénicos. Y así, un largo etcétera.

2. Las reglas aprobadas para proteger a la población frente al cambio climático (como la necesidad de mantener un incremento de la temperatura por debajo de 1,5 grados, tal como se aprobó en la Conferencia de París sobre el clima) no aparecen por ninguna parte en el TTIP. Y sí, en cambio, aparecen normas para eliminar las reglas que obstaculizan y/o frenan la importación de fuentes de energía altamente productoras de CO2. (...)

3. El tratado debilita el papel de los Estados para regular nuevas sustancias que puedan tener consecuencias desconocidas pero preocupantes, como, por ejemplo, la introducción de productos químicos que puedan afectar la producción hormonal en seres vivos.

4. Da gran protagonismo al mundo empresarial privado para que participe en la elaboración de cualquier nueva norma o regla que se establezca, señalando (en los papeles que no estaban destinados a conocerse) el rol que muchas empresas ya han tenido en la elaboración de tales normas.

 La persona que dirige el área de comercio de la Comisión Europea ha respondido, cínica y antidemocráticamente, a las protestas de asociaciones cívicas diciendo que “la Comisión no recibe su mandato de la población europea” (ver el artículo de Thomas Fazi “TTIP: We Were Right All Along”, Social Europe Journal, 06.05.16).

5. Abre la puerta a un proceso constantemente litigioso, en el que cualquier empresa que considere que las regulaciones existentes en un país afectan negativamente sus intereses, puede llevar al Estado en el que existen tales regulaciones a los tribunales, controlados por agentes próximos al mundo empresarial, que paga a tales agentes. 

Frente a la enorme crítica sobre la composición y financiación de estos tribunales, estas han variado algo, pero no lo suficiente, porque el tribunal estará todavía sesgado a favor de que las empresas inicien el litigio, pues a mayores litigios, mayores los ingresos de tales tribunales.  (...)

En resumidas cuentas, este tratado es un intento descarado de las grandes transnacionales de controlar las economías y las sociedades. Ello explica la enorme oposición que está generando tal tratado. El porcentaje que se opone a él ha pasado de ser en Alemania del 25% en 2014 al 45% en 2015. Un tanto igual en otros países.

 En Francia, el 54% de la población vive en localidades que se han declarado “TTIP free”, es decir, que no quieren que el TTIP se aplique en su territorio. Y el gobierno francés ha señalado su oposición a tal tratado. Lo que es lamentable es que en el Parlamento Europeo, donde los conservadores y liberales tienen mayoría, la oposición al TTIP sea muy débil. Y lo que es todavía peor es que los socialdemócratas, como síntoma de su neoliberalización, apoyan también tal tratado.  (...)"              

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 12 de mayo de 2016, en vnavarro.org, 12/05/16)

17.5.16

No al TTIP de Obama, que sólo beneficia las multinacionales establecidas libremente a lo largo del planeta para buscar la mano de obra más barata

"La economía global se encuentra en el final de un ciclo. La actual crisis sistémica se está adentrando en una fase de resolución que requiere de un nuevo paradigma, entendido como un nuevo conjunto de instituciones globales, y un nuevo equilibrio de poder entre las fuerzas contendientes, dentro y entre las naciones.

 Durante ese proceso, jugará un papel vital la recuperación de la rentabilidad de las empresas supervivientes mediante la adquisición de los activos de sus competidores fallidos a precios de ganga -se quedarán atónitos viendo caer empresas que todos consideraban estables-.

 Pero además será necesaria una actuación institucional diametralmente opuesta a la actual, encaminada a producir un reequilibrio entre el factor trabajo y el factor capital, mediante un aumento claro y contundente de los salarios reales.

Por eso, Europa en su conjunto debería negarse a las propuestas y sugerencias de Obama, que simplemente suponen alargar la agonía actual. Pero me temo que no va a ser así. Y nos arrastrarán en su caída.  (...)

Barack Obama, en sus viajes por Asia y Europa, desde 2014, se ha dedicado a mendigar y “amenazar” a unos y a otros. Pretende varias cosas. Por un lado, el enésimo intento de las élites extractivas occidentales de mantener sus tasas de ganancia a costa de sus conciudadanos, a través del Tratado de Comercio Transatlántico (TPPI).

Por otro lado, como objetivo final no escrito del mismo, la creación de un área monetaria del hemisferio occidental, unificando el euro y el dólar. Se trata de mantener un privilegio que no tiene ningún otro estado planetario: imponer en todas las transacciones comerciales y financieras globales esta nueva moneda. Ello permitiría a Occidente, especialmente a los Estados Unidos, piensan sus promotores, seguir financiando un stock de deuda privada y pública impagable.

 Finalmente, en un mundo multipolar, Obama reclama un incremento del gasto de defensa en Europa, ya que el imperio no puede sufragar más, ha llegado al límite. Ante todas y cada una de esas propuestas Europa debería alzar su voz de manera rotunda y clara, ¡no!

Las democracias occidentales atraviesan, sin duda, uno de los peores momentos de su historia. La mayoría están atrapadas en un Totalitarismo Invertido “a la Sheldon Wolin”. El TPPI socava garantías constitucionales y la soberanía nacional.

 Se pretende, en realidad, eliminar los impedimentos comerciales no tarifarios, es decir, que los estándares de producto, las obligaciones relativas a la protección del clima y todas las demás limitaciones comerciales, excepto los aranceles, den mayor facilidad a la compraventa de mercancías y servicios entre la Unión Europea y los Estados Unidos.

 Se ansía eliminar todas las garantías que en Europa se han conseguido de protección del consumidor y del medio ambiente. Entonces, ¿quién se beneficia realmente del libre comercio? Sólo aquellas empresas multinacionales establecidas libremente a lo largo del planeta para buscar la mano de obra más barata.

El libre comercio, tal como le entienden, es una carrera global que arrastra al factor trabajo al fango, a la cuasi-esclavitud. ¿Es esto lo que quieren conservadores, socialdemócratas y liberales? Yo, ¡no!  (...)

Frente a la actitud defensiva y obstruccionista de Estados Unidos, Europa debería haber promovido reuniones de expertos de países Euro-BRICS en temas tan diversos como el sistema monetario y financiero, relaciones comerciales, energía y materias primas, o seguridad y gobernanza mundial.  (...)

 Las bases en favor de un mundo multipolar eran evidentes tras el estallido de la crisis. Un diálogo directo Euro-BRICS, por ejemplo, abarcaría la mitad de la población mundial, más de 3.500 millones de habitantes, e implicaría indirectamente a cuatro continentes -Asia, América del Sur, África, y Europa-.

Reafirmaría, además, la convergencia crítica en muchos temas relativos a la gobernanza mundial y los principales retos globales de las próximas décadas. Sin embargo, Europa y el mundo parecen caminar en otra dirección, donde los intereses de clase y de hegemonía geopolítica intentan prevalecer, retrasando lo inevitable. Por eso, en el ínterin, continuaremos con el caos instalado durante los últimos años."                (Juan Laborda, Vox Populi, 27/04/16)

13.5.16

Stigliz: “Si tienes un negocio en España, pagas tus impuestos ahí. Y si no quieres hacer negocios en España, puedes irte del país”

"(...)  Usted ha analizado el modo en que funciona el sistema fiscal contra la reducción de la desigualdad. ¿Qué propone para combatir la evasión?

Los paraísos fiscales no son un acto de la naturaleza. De hecho, los crea el Congreso. Hemos creado un marco legal para que los ricos y las empresas, dentro de la ley, no paguen impuestos. Pero esto se puede cambiar. Se podría decidir que a aquellos que tienen el dinero en un territorio que huele mal se les impongan unos impuestos disuasorios. 

Por ejemplo, puedes decirle a cada americano que tiene que declarar toda su riqueza a nivel global, también la que tenga en las Islas Caimán. Ya que estas no están sujetas a los principios de transparencia, vais a pagar un sobreimpuesto del 80%. Así acabaríamos con los paraísos fiscales en una noche.

Algunos aducen que si en un país como España se subieran los impuestos esto crearía una huída de capitales, porque siempre va a haber un sitio al que los ricos puedan llevar su dinero para no declararlo. Usted está diciendo que eso solo pasa porque permitimos que pase.

Exactamente. Si Europa se uniese y actuase unida en esto, podría resolverlo fácilmente. La mayoría de países europeos tienen un sistema de impuestos basado en la residencia, y si eres residente en las Islas Caimán no tienes que pagar impuestos en España. 

Esto se podría cambiar diciendo “si tienes un negocio en España, pagas tus impuestos ahí. Y si no quieres hacer negocios en España, puedes irte del país”.

Ha dado argumentos parecidos sobre la evasión fiscal de las grandes empresas. Cuando Apple o Google pagan impuestos en Irlanda usted afirma que se les debería cobrar por su actividad y no por su residencia física.

Creo que hay que tratarlas como a una organización unitaria. Tú pagas impuestos en Estados Unidos sobre tus ingresos globales, y si puedes probar que has generado esos beneficios en Irlanda, legítimamente… Si tienes mil personas trabajando ahí, y eso corresponde al 5% de tu fuerza de trabajo, de acuerdo, generas el 5% de tus beneficios y pagas el 5% ahí. 

Pero si no es el caso vamos a cobrarte nosotros. Es perfectamente comprensible que si uno tiene mucho dinero y poder de presión intente que el Congreso apruebe leyes y cree un marco que te permita evadir impuestos. Pero es fácil desmontar eso. El que quiera hacer negocios en Estados Unidos o en Europa, que pague impuestos.    

Como economista jefe del Banco Mundial, estuvo en una posición privilegiada para juzgar los efectos de la globalización. ¿Estamos ante un juego de suma positiva, en el que la mayoría sale ganando?

Todo depende de cómo la gestionemos. Algunos acuerdos comerciales en marcha, como el TTIP o el TTP, tienen como resultado una suma negativa. Son un intento por parte de las multinacionales de cambiar las reglas del juego para beneficiarse a expensas del resto de la sociedad, aunque el beneficio neto para la economía global sea negativo. Una muestra de esto son los apartados referentes a las medicinas. 

Han intentado usar los acuerdos comerciales para impulsar a la gran industria farmacéutica a expensas de los genéricos. Todos perdemos, excepto las farmacéuticas. Los demás pagamos el precio más alto. No están haciendo más investigación, y las pérdidas de todos son mayores que los beneficios de las grandes farmacéuticas. (...)"                      (Entrevista a Joseph Stigliz, CTXT, 11/05/16)

3.5.16

Greenpeace filtra los documentos secretos del TTIP, el tratado que amenaza la vida humana a favor de las empresas

"GreenPeace reveló el lunes documentos de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y la UE, que podrían complicar aún más un acuerdo denunciado por poner los intereses corporativos por encima de los sanitarios o medioambientales. 

Según el documento filtrado por GreenPeace, Washington trata de modificar el proceso legislativo de la UE en los asuntos más polémicos, relacionados con el medio ambiente y la salud. Estados Unidos persigue reducir los estándares de la regulación europea y la industria de los cosméticos y el uso de pesticidas en la agroindustria son dos de los ejemplos más evidentes. (...)

Según se desprende de los documentos filtrados –que corresponden a la mitad del borrador del texto de la ronda 13 de las negociaciones que tuvo lugar entre el 25 y el 29 de abril de 2016 en Nueva York–, el objetivo de EEUU sería el de cambiar las normativas europeas y los procesos legislativos de la UE para rebajar los niveles de exigencia que protegen a los usuarios y los consumidores en materias como la salud o el medio ambiente.

“Estos textos dan la razón a quienes han mostrado fuertes objeciones y a las organizaciones de la sociedad civil que han expresado que el TTIP supone una enorme transferencia de poder democrático hacia las grandes corporaciones”, afirma Soto.

Se trata de 248 páginas organizadas en 13 capítulos consolidados sobre el TTIP más una nota titulada “Estado táctico de las negociaciones TTIP – marzo de 2016”, que supondrían tres cuartos de los textos consolidados existentes, ya que la Comisión Europea afirmó tener ya 17 textos consolidados. Los textos consolidados son aquellos en los que EEUU y la Unión Europea tienen ya acuerdos, estos 13 capítulos ofrecen por primera vez púbicamente la posición de Estados Unidos.  (...)

Las primeras conclusiones que se pueden extraer de los documentos en materia de protección del medio ambiente y de los consumidores, según Greenpeace, son las siguientes:

Las políticas de protección ambiental parecen haber sido eliminadas

“Ninguno de los capítulos que hemos visto hacen referencia a la regla de Excepciones Generales. Esta regla consagrada en el acuerdo del GATT de la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace casi 70 años permite a los estados regular las reglas de comercio ‘para proteger a los seres humanos, la vida animal y vegetal o la salud’ o para ‘la conservación de los recursos naturales no renovables’.

 La omisión de esta regla sugiere que ambas partes están creando un acuerdo que sitúa los beneficios económicos por encima de la vida, la salud y el medio ambiente.”

El final del Principio de Precaución

“El principio de precaución, consagrado en el Tratado de la UE, no se menciona en el capítulo sobre Cooperación Regulatoria, ni en ningún otro de los 12 capítulos obtenidos. Sin embargo, sí se cita en varios capítulos la demanda de la delegación estadounidense de trabajar en un enfoque ‘basado en el riesgo’ que tiene como objetivo la gestión de sustancias peligrosas, en lugar de evitarlas.

 Este enfoque socava la capacidad de los reguladores de tomar medidas preventivas, por ejemplo en relación con la toxicidad de sustancias químicas como los disruptores endocrinos”.

Se abre la puerta a un mayor poder de las corporaciones

“Al mismo tiempo que las propuestas amenazan el medio ambiente y la protección de los consumidores, las grandes empresas han conseguido lo que querían. El sector empresarial tiene oportunidades para participar en la toma de decisiones para intervenir en las primeras fases del proceso de toma de decisiones”.

“Mientras que la sociedad civil ha tenido un acceso escaso a las negociaciones, los documentos muestran muchos casos en los que la industria ha sido consultada y ha tenido un papel privilegiado en el proceso de toma de decisiones. Los documentos filtrados indican que la opacidad de la UE es debida a la influencia de los intereses de los poderes de la industria. 

En un informe público de la Unión Europea recientemente publicado se menciona una sola vez las aportaciones de los sectores industriales, mientras que los documentos filtrados hablan en repetidas ocasiones sobre la necesidad de nuevas consultas con la industria y mencionan explícitamente que se han recogido en los textos las aportaciones de estos sectores”. (...)

“¿Debemos actuar cuando tenemos la certeza de que nuestra salud y bienestar están en riesgo o debemos esperar a que daño esté hecho? ¿Nuestros gobiernos eran sinceros en la Cumbre del Clima de Paris cuando dijeron que harían lo necesario para proteger el planeta y mantener el ascenso de temperatura por debajo de 1,5 grados?”, se pregunta Miguel Ángel Soto, quien defiende que la protección ambiental no debe verse como una barrera al comercio, sino como un salvavidas para nuestra salud y la salud de las generaciones futuras. "                 (Jaque al neoliberalismo, 02/05/016)

18.1.16

El TTIP dará a las multinacionales un pase vip para cambiar las leyes

"En el nuevo escenario pierden protagonismo los lobbies que presionan para derogar leyes, importa menos inventar tretas para burlar a los reguladores: cuando suba el telón tras el que Washington y Bruselas negocian con sigilo el TTIP las corporaciones directamente podrán poner nuevos ases sobre la mesa, sin tener que mantenerlos ocultos en la manga.

La cooperación reguladora es uno de los órganos vitales de este tratado de libre comercio, y puede servir de pase VIP a las empresas para sentarse a la mesa con los legisladores, retrasar la entrada en vigor de regulaciones e influir en el proceso de desarrollo de nuevas normativas, forzando a los máximos legisladores de ambos lados del Atlántico a tener en cuenta sus "sugerencias" incluso antes de que estas leyes hayan sido aprobadas, o de que los representantes políticos democráticamente elegidos de los 28 las conozcan. 

Todo, con el fin de acabar con las normativas que supongan "barreras al comercio" en distintos sectores, aunque estas barreras sirvan para proteger a los consumidores o al medio ambiente.

Así se desprende del último informe del Observatorio Corporativo Europeo (CEO) al que Público ha tenido acceso en primicia en España, y que viene a confirmar las informaciones publicadas por este diario. 

Un peligroso dueto regulatorio: cómo la cooperación reguladora transatlántica en el marco del TTIP permitirá a burócratas y multinacionales atacar el interés público pone su punto de mira en uno de los apartados más criticados del Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP, en inglés), que supone "la usurpación de la democracia", y que "afectará profundamente al proceso de toma de decisiones", "suponiendo un riesgo para la acción de regular por el interés público". 

"El infome demuestra que el TTIP nació del diálogo entre las grandes empresas y los legisladores en materia de comercio", apunta el texto.  (...)

De consolidarse el modelo que plantea Bruselas, esta línea directa entre legisladores y corporaciones quedaría legitimizada e institucionalizada, por lo que las multinacionales podrían presionar para abortar nuevas legislaciones aunque estas normativas apenas estuvieran en fase de esbozo. 

De hecho, teniendo en cuenta que el acuerdo aún se está negociando, el estudio no puede acotar más qué supondría este pase VIP para empresas, pero advierte de la enorme dimensión que tendría la cooperación reguladora en el TTIP con las cartas que hoy están sobre la mesa: englobaría desde la concesión de licencias y autorizaciones para prestar servicios hasta las condiciones de fabricación de los productos. "Incluso a las directivas relacionadas con aspectos sociales o de laborales".

Las diferencias entre el marco normativo estadounidense y el europeo son evidentes. Sin ir más lejos, mientras en EEUU se aplica el principio de la ciencia probada en el Viejo Continente se utiliza el principio de precaución, lo que en la práctica supone controles mucho más estrictos para producir y comercializar ciertos bienes. 

Las grandes corporaciones norteamericanas han cargado contra esta forma de actuar en varias ocasiones, y un nuevo acuerdo de cooperación reguladora podría servirles como blindaje. (...)"             (Público, 17/01/16)

6.12.15

El TTIP traerá una pérdida neta de puestos de trabajo que se concentraría en el sur de Europa

"(...) Un estudio de Jeronim Capaldo de 2014 afirma que se va a producir una reducción de las exportaciones netas (más de un 2% del PIB), fundamentalmente de Francia, Alemania y Reino Unido; una disminución de las rentas derivadas del trabajo de hasta 5.000 euros en Francia o 3.400 en Alemania; una pérdida neta de puestos de trabajo que se concentraría en el sur de Europa. Lo que sí reconoce la Comisión es que se podría producir un desplazamiento de empresas que podría afectar a la mano de obra. 
 
Los efectos sociales del TTIP pueden concluirse de la comparación con otras experiencias de integración supranacional como la propia UE, que ha dado lugar a procesos de dumping social y carrera a la baja de estándares laborales. 

En una integración en la que se va a poner en común la circulación de factores económicos de dos subsistemas sociales tan distintos, es más que probable que estos fenómenos se multipliquen. 

Y todo parece apuntar a que, como ha pasado con el NAFTA —siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que incluye a EEUU, Canadá y México y entró en vigor el 1 de enero de 1994—, no podamos hablar de un daño específico para EEUU o para la UE entendidos como bloque antagónicos, sino que son las clases trabajadoras y populares de ambos lados del Atlántico las que van a sufrir las consecuencias de manera transversal frente al capital financiero transnacionalizado y las multinacionales.

 Hablando del NAFTA: siempre se ha considerado como el paradigma fundacional de la actual arquitectura de tratados comerciales dominante en la escena internacional. ¿Podría aportar una breve visión comparativa respecto al TTIP?

(...)  Cuando la administración Clinton promocionó el NAFTA se esgrimían razones muy similares a las que ahora está utilizando Obama: creación de puestos de trabajo, aumento de inversiones, crecimiento del PIB, etc. Todas estas predicciones han resultado falsas.
 
Centrándonos en México, algunos indicadores: entre los años 60 y 80 del siglo pasado, el PIB real por persona se duplicó, y sin embargo en los últimos 20 años su crecimiento no llega al 20%. Por tanto, ha habido una ralentización brutal, cuando la tasa de crecimiento del resto de Latinoamérica, y en especial de Sudamérica, ha sido mucho más alta. 

Y los salarios reales en México en 2012 eran básicamente los mismos que en el 94, además de que el desempleo ha crecido casi 3 puntos. A la vez, en EEUU se ha producido una reducción de puestos de trabajo, puesto que muchas empresas han acabado deslocalizando a México. 

Y también, vía procedimientos de convergencia reguladora, ha habido repercusiones tanto para México como para Canadá en cuanto al sistema de salud y a la protección social. Es decir, el NAFTA expresa claramente cómo la afectación es transversal y no se producen las ganancias esgrimidas.(...)

Visto lo visto, ¿cual cree que es el objetivo real del TTIP?

El objetivo es profundizar en la desregulación. Mientras que la UE está en una dinámica de orientar a los Estados miembros a re-regular sus normativas laborales vía reforma laboral, de pensiones, etc., el paso adelante que supone el TTIP pretende incidir en la desregulación sobre la base de elementos como las barreras no arancelarias o la cooperación reguladora. 

Se pretende disminuir lo que llaman “burocracia” o “cargas”, que son en muchas ocasiones derechos sociales, medioambientales o a la salud. (...)

El TTIP trata de desregular y de controlar la capacidad de los estados miembros del tratado de revertir privatizaciones, promover nacionalizaciones, etc. Es decir, va a tener un efecto congelación sobre los servicios públicos y un efecto desregulación sobre las normativas laborales. 

Supone, por tanto, una ganancia desde todo punto de vista para las multinacionales que, por un lado, controlan a los poderes públicos para que no afecten a sus inversiones y, por otro, fomentan una desregulación permanente sotto voce que viene de esas instancias supranacionales.
 
Ante esta situación, ¿es optimista respecto a las posibilidades de frenar el TTIP?

Sí. En el sentido de que alrededor del TTIP se está politizando todo lo que tiene que ver con empresas multinacionales y comercio internacional, que tuvo su momento de contestación hace años —con la lucha contra el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones), el movimiento antiglobalización etc.—, y que parecían materias olvidadas en estos momentos, cuando en realidad deberíamos poner el foco sobre ellas, porque constituyen el peligro fundamental que amenaza nuestras democracias en la actualidad. 

El TTIP está provocando que la ciudadanía hable de la política comercial, y que se genere un rechazo. Y este rechazo está siendo además transversalizado e interclase, al haberse identificado un enemigo común de las grandes mayorías sociales que van desde taxistas hasta militantes de sindicatos pasando por movimientos sociales y medioambientales, y por tanto está aglutinando mayorías. 

Este potencial aglutinador del TTIP nos puede llevar a reorganizar la movilización y a politizar de nuevo ámbitos de actuación social.

En estas circunstancias veo difícil una aprobación pronta del TTIP. Y, a la larga, creo que si persiste la movilización social y no se consigue aprobar durante la administración Obama, difícilmente llegará a buen puerto. También están Grecia, Corbyn, las voces en contra en el parlamento alemán, o en el gobierno francés.   (...)"                (Entrevista a Adoración Guamán, Gorka Martija , La Marea, 04/12/15)

24.11.15

TTIP: El asalto de las multinacionales a la democracia

"(...) El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión, más conocido por sus siglas en inglés como TTIP, se lleva negociando (al menos oficialmente) desde 2013, en un clima de escandalosa desinformación y opacidad que despierta no solo los recelos, sino también las denuncias de las organizaciones y movimientos sociales que, aunados en toda Europa, intentan revertir la posible aprobación de lo que comienza a denominarse como “OTAN económica”. (...)

TTIP: el asalto de las multinacionales a la democracia describe la trayectoria de los últimos impulsos liberalizadores y desmenuza el intento de consolidarlos en el viejo continente a través de un Tratado tan complejo e incierto como desconocido.

 El TTIP responde a un nuevo tipo de tratados de libre comercio, denominados de “nueva generación”, que van más allá de los clásicos tratados, aun incorporando los principales elementos de éstos. 

Y es que los de nueva generación no sólo buscan la eliminación de todas las barreras que dificulten el libre intercambio comercial en una zona determinada (arancelarias o no), sino que también pretenden la fijación de estándares normativos comunes a nivel internacional que acerquen los diversos marcos jurídicos a un mínimo denominador. 

Se trata, en consecuencia, de crear verdaderos mecanismos con finalidades regulatorias en un intento, como señala la autora, de reubicar el poder a una escala supranacional y lejos del control democrático que se sigue dando, aunque cada vez más de forma más tenue, en el Estado-nación. (...)

Liberalizar los intercambios comerciales, de bienes y servicios, reducir los obstáculos arancelarios y normativos, y crear mecanismos de resolución de controversias para las grandes multinacionales, constituyen los puntos principales del TTIP. 

Si bien la creación de un área de libre comercio, con la eliminación de los aranceles y barreras de efecto equivalente ya existentes, es de por sí temible al ampliar un modelo de liberalización supranacional que ya ha demostrado su incidencia en los derechos sociales a nivel europeo, es el segundo gran pilar del TTIP, a saber, la llamada “cooperación reguladora”, el que se erige en uno de las previsiones más amenazadoras para lo que queda del Estado social en Europa. 

Y es que, a diferencia de los clásicos tratados enmarcados en la OMC, el TTIP pretende acercar las regulaciones de ambos lados del Atlántico en materias tan dispares como la laboral o la medioambiental, con el objetivo siempre primordial de mejorar el rendimiento del libre mercado, ahora ampliado. 

De hecho, el TTIP recoge incluso la creación para tal fin de una institución ad hoc, el Consejo de Cooperación Reguladora, el cual, bajo la égida del tecnicismo y del conocimiento de los arcanos de la economía, se convertiría en un mecanismo de difícil adecuación democrática que, saltando a los Estados y sus instrumentos clásicos de representación, impondría la homogeneización y convergencia de estándares normativos entre los dos bloques.

En este sentido, la experiencia, y aun la propia carga teórica (neoliberal) que da sustento a los procesos de liberalización, nos demuestran que entre dos ordenamientos asimétricos que convergen siempre prima el menos proteccionista.

 Así, donde uno de ellos es más débil de cara a la protección de los derechos sociales y más “fuerte” en cuanto a sus potencialidades puramente mercantilistas, y otro es más proteccionista y presenta mayores dificultades para el pleno desenvolvimiento de las fuerzas productivas desde la óptica del libre mercado, la balanza siempre se tiende a inclinar en favor del primero, es decir, del minimum que garantiza mayores réditos de acumulación para los agentes privados. 

La cooperación reguladora y la integración comercial servirían para nivelar, a la baja, los sistemas de protección social europeos con el fin de adecuarlos a los estándares de Estados Unidos (menos garantistas, evidentemente), puesto que ello sería más funcional al propio proceso de liberalización subyacente y a la ideología que le da cobertura. 

Prácticas como el dumping social o las privatizaciones masivas de sectores públicos, que ya de por sí tienen cabida en el seno del proceso de integración europeo, ahora se verían amparadas jurídicamente en un nivel superior por un nuevo marco normativo muy alejado de los Estados y, por supuesto, de los ciudadanos. (...)

 Al mismo tiempo, el TTIP contempla la creación de un mecanismo de resolución de controversias inversor-Estado (ISDS), por el cual, ante el posible incumplimiento de algunas de las previsiones contenidas en el Tratado y en la normativa derivada de la nueva zona de libre comercio, los agentes privados pueden demandar al Estado incumplidor ante un órgano de arbitraje que, con una burda apariencia de jurisdiccionalidad, se encargaría de aplicar las normas y regulaciones a las que está sometido… entre las que no figuran, claro está, ningún catálogo de derechos sociales a nivel transatlántico. 

Por tanto, un mecanismo con difícil encaje democrático y de pretendida, sin serlo, naturaleza jurisdiccional, tendría en sus manos la resolución de posibles nacionalizaciones, expropiaciones o cambios normativos por parte de aquellos Estados que, en uso de su soberanía, así lo decidieran. 

Como la experiencia nos demuestra en el caso del CIADI, la porosidad de tales mecanismos de arbitraje y sus estrechos vínculos con el mundo de la lex mercatoria internacional, amén de su subordinación a una normativa puramente mercantilista, garantizan al inversor una situación de preeminencia y de trato favorable frente al Estado y su soberanía.  (...)"      ( (Reseña del libro de Adoración Guamán; Akal, Madrid, 2015, 192 págs, Gabriel Moreno Gonzalez y Adoracion Guaman, economía crítica y crítica de la economía, 21/11/15)

5.11.15

El TTIP puede forzar a que los Estados eliminen legislación para la protección del trabajador, del usuario o del consumidor, si las multinacionales la consideran perjudicial para sus intereses

"Uno de los tratados internacionales que afectará más negativamente el bienestar y calidad de vida de las poblaciones que viven a los dos lados del Atlántico Norte será, en el caso (probable) de que sea aprobado por los gobiernos europeos y por el gobierno federal de EEUU, el mal llamado tratado de libre comercio denominado Acuerdo de Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión, conocido, por sus siglas en inglés, como TTIP. (...)

El objetivo de este tratado es ni más ni menos que desmantelar la protección que los Estados han ido aprobando –como resultado de las presiones sociales y laborales- para salvaguardar los derechos laborales y sociales conseguidos por los trabajadores, por los usuarios de servicios públicos, por asociaciones en defensa del consumidor, y por otras instituciones conocidas por su compromiso con la defensa de la calidad de vida de la ciudadanía a través del establecimiento de la legislación laboral, social y de defensa del consumidor, que ha contribuido en gran medida a mejorar el bienestar de las poblaciones.
¿Cómo se intervendrá para debilitar los derechos laborales, sociales y de protección del consumidor?

En dicho tratado, el TTIP, se constituirán unos tribunales internacionales que juzgarán el mérito de las demandas de las empresas transnacionales frente a los Estados, cuyas políticas públicas son consideradas por tales empresas como dañinas para sus intereses y beneficios económicos. 

Una empresa de energía nuclear sueca quiere llevar ante estos tribunales al Estado alemán para que se le compense por la reducción de sus beneficios como consecuencia de la decisión de ese Estado de priorizar las energías renovables sobre las no renovables, lo que le ha provocado tener que cerrar dos de sus plantas en aquel país. 

A pesar de que existe ya legislación en Alemania que regula cómo resolver conflictos que puedan generarse en estas situaciones, lo que la compañía sueca (Vattenfall) desearía es llevar el caso al tribunal llamado Investor-State Dispute Settlement (ISDS), cuyos asesores jurídicos son escogidos y financiados por las propias empresas demandantes, frente a los defensores del gobierno correspondiente. 

No hay posibilidad de que una vez el ISDS haya tomado una decisión, esta pueda ser apelada. Estos ISDS están muy influenciados por las empresas multinacionales.

La protesta frente a este nuevo diseño institucional ha sido tal que sus diseñadores (legisladores de los gobiernos participantes en el tratado) han sido forzados a realizar algunos cambios, como que puedan haber mecanismos y procesos de apelación, cambios que han dejado, sin embargo, la situación intacta en sus elementos más importantes.

Pero otra dimensión más que preocupante es que los Estados no podrán inhibir u obstaculizar la privatización de los servicios públicos como la sanidad y la educación, dos de las áreas donde las empresas privadas están más deseosas de penetrar en los países europeos. En realidad, el tratado favorece dicha privatización.

Y, como guinda especial, el tratado puede forzar a que los Estados eliminen legislación relacionada con la protección del trabajador, del usuario o del consumidor de bienes y servicios, que las empresas consideran perjudicial para sus intereses. Esta situación alcanza niveles extremos, como por ejemplo la demanda de la industria tabacalera de que se eliminen referencias públicas a los impactos negativos del tabaquismo, referencias que disminuyen sus beneficios.

El contexto político

Este tratado es la culminación de la expansión del neoliberalismo dominante desde los años ochenta como consecuencia del triunfo del mundo del capital sobre el mundo del trabajo. Y las propuestas extremas que están siendo consideradas son, en sí, un indicador de su arrogancia y prepotencia.


Ahora bien, la resistencia es tal que el tratado está hoy en peligro, y muy en especial en EEUU. Los sindicatos y las asociaciones en defensa del bienestar público y de los usuarios y consumidores, se han movilizado a los dos lados del Atlántico Norte.

 La federación sindical más importante de EEUU, AFL-CIO, y la Confederación Europea de Sindicatos (ETUC), han publicado un excelente informe, sumamente crítico con el tratado, alertando a la población de su gran peligro si se aceptara en su narrativa actual.

Y la presión es tal que una de sus máximas defensoras, la Sra. Hillary Clinton, ha cambiado de opinión en su apoyo al Tratado del Pacífico –TPP– (que es la versión asiática del TTIP), oponiéndose ahora a aquel tratado. Mientras, en España, continúa un silencio ensordecedor en los medios. En realidad, en tales medios han aparecido más artículos a favor que en contra de dicho tratado.  (...)"         

 (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 22 de octubre de 2015, en www.vnavarro.org, 22/10/2015)

2.11.15

Las multinacionales quieren que el TTIP les permita privatizar agua, sanidad o educación

"(...) El Observatorio Corporativo Europeo (CEO) ha publicado este lunes un nuevo informe sobre el Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) que denuncia la "confabulación secreta" entre las multinacionales y los negociadores de la Comisión, y alerta del peligro concreto que corren los servicios públicos si finalmente llega a ratificarse el acuerdo. 

El CEO cree que están "bajo la amenaza" de estas negociaciones comerciales, que el tratado pone en peligro la capacidad reguladora de los gobiernos, e incluso "los derechos de los ciudadanos de acceder a servicios públicos como el agua, la salud o la energía, en aras  de los beneficios corporativos".

 Según el estudio Los servicios públicos bajo ataque, el TTIP y el CETA ( acuerdo UE-Canadá) podrían, "en el peor de los escenarios", "bloquear los servicios públicos llevándolos a una comercialización de la que no podrán ser recuperados, sin importar cuán perjudicial resulte esto para el bien común".   

Entre estos servicios públicos se encontraría también la educación ya que, como recuerda Eberhart, la Comisión ha pedido "flexibilidad a los 28" para que puedan "abrir la educación a los mercados", algo que tampoco ha gustado a los cientos de organizaciones críticas con el acuerdo.

El informe es claro al respecto: TTIP y CETA pueden ser utilizados para limitar las capacidades gubernamentales de producir, distribuir o incentivar determinados tipos de energía, como las renovables, y la oferta de servicios en el CETA recoge que al menos 11 estados, entre ellos España y Alemania, ponen sobre la mesa de privatizaciones los servicios hospitalarios. (...)

 La trampa está en que TTIP y CETA no necesariamente supondrán una privatización forzosa, sino que abrirán la puerta a que estas privatizaciones tengan lugar. Y uno de los elementos clave para lograrlo es la lista negativa: una enumeración de los servicios que no podrán ser privatizados. "Lo que quede fuera, será susceptible de serlo", explica Eberhart.

La lista negativa es ya una realidad en el CETA, y la portavoz del CEO denuncia que la Comisión maniobra para que también lo sea en el TTIP, en el que de momento trabajan con una suerte de "lista mixta". 

En esta línea, Eberhart reconoce que los gobiernos tendrán cierta capacidad de decisión, pero que todo aquello que no figure en esta lista, incluidos nuevos servicios o modelos de servicios, quedará al alcance de las empresas. "Es muy difícil meterlos todos". "Incluso si un Gobierno quiere proteger el sector público, hay peligro", apunta."                   (Público, 12/10/2015)

29.10.15

La mejor prueba de los peligros del TTIP: una empresa canadiense anuncia una demanda millonaria contra España por rechazar el proyecto de una mina de oro a cielo abierto en Galicia

"El pasado 22 de octubre, la empresa canadiense Edgewater Exploration LTD anunció su intención de exigir una indemnización a España por la negativa del gobierno gallego a abrir una mina de oro en Corcoesto, en el municipio de Cabana de Bergantiños, La Coruña. El proyecto de la mina estaba promovido por una filial de Edgewater, Mineira de Corcoesto SLU, cuya sede se encuentra en Panamá. 

Según el comunicado, la compañía “utilizará todos los medios disponibles para defender sus intereses. Si España no accede a compensar de forma inmediata a la empresa por las pérdidas de inversión y oportunidad, acudirá al tribunal de arbitraje previsto en el tratado bilateral entre España y Panamá”. 

En su momento, el rechazo social contra el proyecto fue masivo. Los habitantes de la zona y numerosas organizaciones sociales y ambientales denunciaban el enorme impacto que iba a suponer el proyecto, que preveía el uso de 1,5 toneladas de cianuro y 4 millones de litros de agua al día

 De haberse aprobado se hubiesen removido más de 200 millones de toneladas de rocas y generado lixiviados que se almacenarían en una balsa química semejante a la que se rompió en Aznalcollar, amenazando al río Anllóns y la Ría de Corme Laxe. 

La empresa se apoya en el Acuerdo para la promoción y la protección recíproca de inversiones entre el Reino de España y la República de Panamá, que entró en vigor en julio de 1998, al encontrarse la sede de Mineira de Corcoesto en Panamá. En su artículo 12 contempla varias vías de solución de controversias entre inversor y Estado. 

En particular el inversor puede acudir “a un tribunal de arbitraje ad hoc establecido de acuerdo con el Reglamento de Arbitraje de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Comercial Internacional o al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI)”. Una demanda a uno de estos tribunales privados podría exigir el pago de una compensación millonaria a los contribuyentes españoles. 

Amigos de la Tierra denuncia que existe un histórico de casos, en el que grandes empresas han demandado a Estados ante tribunales de arbitraje en el marco de acuerdos comerciales y de inversiones. Algunos ejemplos demuestran cómo las transnacionales utilizan estos mecanismos para beneficiarse económicamente y coartar todo tipo de herramientas de protección social y ambiental que contravengan sus intereses: 

-La petrolera estadounidense Occidental Petroleum Corporation denunció a Ecuador cuando el país latinoamericano puso fin al contrato de una concesión de extracción de petróleo con Occidental, lo que dio lugar a la mayor compensación jamás concedida a un inversor: 1.770 millones de dólares.

-La compañía energética sueca Vattenfall pidió en 2009 una compensación de 1.400 millones de euros de Alemania bajo un tratado internacional de protección de las inversiones en el sector energético, por la anulación de un proyecto de generación eléctrica de carbón en Hamburgo que atentaba contra la calidad del agua. Con esta amenaza, consiguió finalmente que se rebajasen los requisitos ambientales.

-Basándose en el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio entre EE.UU, Canadá y Méjico, la empresa estadounidense Lone Pine Resources Inc. pide una compensación económica a Canadá de 250 millones de dólares por la introducción de una moratoria al fracking en Quebec desde mayo de 2013. 

LA UE YA HA PAGADO 3.500 MILLONES A INVERSORES EXTRANJEROS
 
En lo que concierne a los países europeos, diferentes gobiernos de la Unión Europea ya han pagado al menos 3.500 millones de euros a inversores extranjeros privados mediante cláusulas de tratados comerciales y de inversión. Una factura que ha tenido que asumir la ciudadanía europea. (...)"                  (Nueva Tribuna, en Rebelión, 28/10/2015)

4.8.15

El TTIP pone como prioridad aumentar los beneficios económicos, lo que entra en conflicto con la calidad de la atención médica

"En teoría, el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea intenta aumentar el comercio facilitando el libre intercambio de bienes y servicios a los dos lados del Atlántico Norte, estimulando así la actividad económica y la creación de riqueza, a lo cual se añade frecuentemente la creación de empleo, objetivo en especial relevante para España, donde la tasa de ocupación es de las más bajas y la tasa de desempleo es de las más altas de la Unión Europea. 

Presentado de esta manera, parecería un tratado necesario y que merecería el apoyo de aquellas autoridades y profesionales que trabajan en la tarea de mantener la salud y la calidad vida de la población española.

Ahora bien, considerando la experiencia habida en otros tratados de libre comercio firmados recientemente entre los Estados Unidos y otros países y continentes, hay motivos suficientes para cuestionar la credibilidad de los objetivos del tratado propuesto y para alarmar a la comunidad salubrista española. (...)

El primer indicador de que algo es sospechoso en la narrativa de este tratado que se define como de libre comercio es que muchas de las medidas que se han aplicado en este tipo de tratados tienen poco que ver con el estímulo del libre comercio. Por ejemplo, en el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y 11 países del Océano Pacífico (Transatlantic Trade and Investment Partnership) hay un énfasis en reforzar el carácter monopolista de la industria farmacéutica, promoviendo las patentes y desalentando (e incluso dificultando) la producción y la distribución de los productos genéricos, situación que empeoraría incluso más el precio de los fármacos, limitando el ejercicio del libre mercado en el sector farmacéutico. 

La situación actual en los Estados Unidos, donde el fármaco efectivo contra la hepatitis C tiene un precio de 84.000 dólares por paciente, más de cuatrocientas veces superior al precio de un producto genérico que se produce en India, es un caso claro del peligro que tal tratado conlleva.  (...)

Como bien señalaba el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en un artículo reciente en The New York Times, el precio de los fármacos responde a variables políticas más que económicas, y refleja la excesiva influencia que este sector económico tiene sobre los Estados. El caso español es un claro ejemplo de ello.

 Los llamados costes de producción son, en su gran mayoría, gastos de marketing y promoción, y muy poco de producción propiamente dicha. La enorme proximidad, diría yo complicidad, entre la industria farmacéutica y las agencias públicas responsables de su regulación es una clara muestra de ello.

Pero otros intereses económicos detrás del Tratado de Libre Comercio son los de la industria de servicios, incluyendo los servicios sanitarios, que han sido un área de dominio público (en cuanto a su financiación y gestión) en la mayoría de los países de la Unión Europea. Una característica del modelo estadounidense ha sido la comodificación de tales servicios, con su consecuente mercantilización. Las consecuencias de esta situación son múltiples, pero destacan: 
  1. la enorme carestía del sector sanitario (ningún otro país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OCDE] gasta tanto en su sector sanitario como los Estados unidos, un 16% de su producto interior bruto); 
  2. sus enormes costes administrativos, siendo el sistema estadounidense el que tiene mayor carga administrativa (que representa el 31% de todo el gasto sanitario); 
  3. su elevado coste personal, siendo la inviabilidad para pagar las facturas médicas la causa del 60% de todas las bancarrotas familiares, que alcanza su máxima expresión en que el 39% de los pacientes terminales declaran estar preocupados o muy preocupados sobre cómo ellos o sus familiares pagarán sus facturas; 
  4. su insuficiente cobertura sanitaria, proveída por los aseguramientos privados; 
  5. su alto grado de insatisfacción con el sistema de financiación y gestión de la atención sanitaria, siendo el país de la OCDE que tiene mayor grado de descontento, con un alto porcentaje de la población (32%) que desearía una renovación total del sistema.
Estos indicadores negativos han ido aumentando en la medida en que también se ha ido extendiendo la mercantilización de la sanidad, lo cual ha forzado una intervención pública, con la aprobación del programa, coloquialmente definido como Obamacare (The Patient Protection and Afordable Care Act [PPACA]). Estas reformas han corregido algunas de las situaciones más dramáticas sin resolver, sin embargo, el problema mayor, que es la insuficiente cobertura sanitaria, consecuencia de no tocar el núcleo del sistema sanitario, que es el control de la financiación y de la gestión sanitaria por parte de las compañías de aseguramiento sanitario privado, tal como podría ocurrir en España si se aprobara el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea.

 No hay duda de que el Tratado de Libre Comercio extenderá esta mercantilización de los servicios sanitarios, pues es, ni más ni menos, que el intento de expansión del modelo sanitario estadounidense a Europa, donde en la gran mayoría de los sistemas nacionales de salud la financiación y la gestión públicas tienen un protagonismo inexistente en los Estados Unidos.   (...)

Pero, además de los indicadores que he señalado, hay otros que merecen ser destacados en este análisis de las consecuencias de tal mercantilización de la sanidad: el deterioro de la calidad de la atención sanitaria. La evidencia acumulada sobre tal deterioro, intrínseco en su comercialización, es robusta y convincente. Los trabajos del fundador del movimiento de la «medicina basada en la evidencia», el Dr. Gordon Guyatt, Catedrático de Medicina de la McMaster University, de Hamilton, en Canadá, han mostrado claramente que la dinámica mercantil de poner como prioridad aumentar los beneficios económicos entra en conflicto con la calidad de la atención médica, pues las empresas mercantiles, en su intento de optimizar los beneficios de sus gestores y accionistas, hacen ahorros, como en personal y en infraestructuras, que afectan negativamente la calidad de la atención3. Es más, tales empresas mercantiles tienden a escoger los pacientes, seleccionando los más rentables a costa de los menos rentables, que se remiten al sector público.

De tal manera, esta mercantilización va inevitablemente acompañada de un deterioro del sector público –como es también obvio en Cataluña–, poniendo a este en una situación subsidiaria respecto del sector privado, polarizándose así todavía más el sector sanitario por clase social, con el 20% de la población de renta superior atendido por servicios privados gestionados por compañías de seguros privados, y el resto, el 80%, cubierto por la sanidad pública, polarización que, como también muestra la experiencia en Cataluña, desfavorece tanto a los unos como a los otros, pues el aseguramiento privado es insuficiente para cubrir todas las necesidades sanitarias, y tiene que parasitar el sistema público cuando la enfermedad es crónica o especialmente cara y costosa en su atención sanitaria."                

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista GACETA SANITARIA, junio de 2015, en www.vnavarro.org, 16/06/2015)