Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
17.1.17
La ocupación del edificio de oficinas Apollo House, en el centro de Dublín, asesorada por la PAH, se ha convertido en el primer gran movimiento social de reacción en Irlanda desde que estalló la crisis
8.10.15
Cómo la UE le permite a Irlanda pagar su deuda
6.10.15
El lado oscuro de la recuperación irlandesa
Investigador en UNITE the Union, Público, 01/10/2015)
27.10.13
En Irlanda la nueva inversión neta es casi cero. La economía continúa en recesión
18.10.13
El tigre celta irlandés vuelve a ser vaca
4.10.13
Irlanda vota hoy en referéndum la supresión del Senado para ahorrar 20 millones al año
3.7.13
“Me saqué el dinero del rescate del culo”
19.4.13
Periodista Irlandes pone en ridiculo a miembros del BCE
16.5.12
El desastre irlandés... y algunos de sus culpables
11.5.12
Islandia recoge los frutos de su estrategia anticrisis
1.12.11
El bono de mil millones de dólares que tuvimos que pagar hace poco a quienes ostentan esos títulos sin asegurar del Anglo Irish Bank desató la ira nacional... Pero el BCE ordena que las paguen los ciudadanos, aunque nunca fuéramos conscientes de que se realizaran esas apuestas
A lo largo de los meses, se creó una pancarta para la marcha: "Ballyhea dice ¡no! al rescate de los tenedores de bonos". Una pequeña muestra de espíritu reaccionario en un país atemorizado e inseguro. (...)
En opinión de O'Flynn, el rescate de los tenedores de bonos es una pieza central de lo que ha ocurrido en el país. Decenas de miles de millones de deudas de empresas privadas se han transferido a los ciudadanos, con lo que se ha acabado con la capacidad del Estado de pedir préstamos a tipos de interés sostenibles.
Calcula que el coste total del rescate de los tenedores de bonos, con los intereses en los próximos años, ascenderá a cientos de miles de millones. "El BCE nos deja pedir prestados cientos de miles de millones para que podamos gastar cien mil millones en pagar a quienes poseen los títulos de obligaciones". (...)
O'Flynn creó un blog, bondwatchireland.blogspot.com. En él, documenta cada próximo pago e identifica qué banco contrajo esa deuda. Indica el total del mes, el total para el siguiente mes y señala si la deuda está o no asegurada. Mañana, tal y como indicará Bondwatch Ireland, pagaremos generosamente otros 11.280.000 de euros a los tenedores de bonos sin asegurar que apostaron por Irish Life & Permanent.
Una nimiedad comparado con lo que está por venir. Dos semanas después, pagaremos 43.275.094 de euros por otro insensato apostante que confió en la capacidad de inversión del Banco de Irlanda.
De las docenas de pagos que realizaremos antes de fin de año, excepto uno de ellos, el resto no está asegurado, es decir, son apuestas perdedoras que el capitalismo dice que deben correr a cargo de los insensatos apostantes. Pero el BCE ordena que las paguen los ciudadanos, aunque nunca fuéramos conscientes de que se realizaran esas apuestas.
6.9.11
Irlanda: "puso de plazo hasta el jueves para que el hospital de Tallaght dejara de colocar a los pacientes de urgencias en carritos por los pasillos"
Lo que ha ocurrido con esta crisis no es que el Estado haya estallado. Más bien se ha dividido en dos. Tenemos dos Estados paralelos, cada uno con su propio idioma y valores.
El primer Estado es el país de la Agencia Nacional de Gestión de Bienes o NAMA (*), un reino demente cuyos súbditos disponen de recursos infinitos. Las cifras que se barajan en el reino de la NAMA son tan inmensas que literalmente escapan a la razón. Veamos cómo funciona este lugar con un ejemplo concreto.
Nos situamos en Dumbarton, una pequeña población en el río Clyde, al oeste de Escocia. Es un lugar que únicamente nos suena por el soporífero zumbido de nombres monótonos al final de los resultados de fútbol: Stenhousemuir, Brechin, Forfar, Dumbarton.Tiene un centro comercial compuesto por bloques de hormigón de los años sesenta, entre cuyos inquilinos se encuentran, para su información, establecimientos como Peacock’s, New Look y Bonmarché. ¿Por qué les cuento esto? Porque este centro comercial en Dumbarton recientemente nos ha costado, a ustedes, a mí, a nuestros hijos, casi 15 millones de euros.
Esto es lo que ocurrió. Una empresa promotora británica, Vico, restauró y amplió el centro comercial y lo vendió a un inversor privado por 4,5 millones de euros. El inversor privado lo vendió posteriormente a Jermon, una empresa de Irlanda del Norte, por la asombrosa suma de 20 millones de euros.
Jermon quebró y el mes pasado, el grupo La Salle de gestión de inversiones con sede en Londres compró el centro de Dumbarton por 5,5 millones.
Habrán advertido que este complejo en ningún momento fue propiedad de alguien en la República de Irlanda. La propiedad pasó de Escocia a Irlanda del Norte y de ahí, a Inglaterra. Pero Jermon pidió prestado el dinero para comprar el centro de Dumbarton a Anglo Irish Bank, Allied Irish Banks y al Bank of Ireland.
Sin embargo, casi seguro que la fuente de ese dinero en última instancia era un banco alemán, francés o británico. Los bancos irlandeses en su fase maníaca fueron el medio con el que los camellos continentales alimentaban el hábito de un promotor del Reino Unido.
Sin embargo, la NAMA eliminó los préstamos de los libros contables de los bancos y luego vendió el centro por 5,5 millones de euros, lo que supuso una pérdida de 14,5 millones.
De una forma u otra, ya sea por lo que pagó la NAMA directamente por los préstamos o por el capital que inyectamos a los bancos para rellenar los agujeros de sus balances, los contribuyentes normales han soltado casi 15 millones de euros simplemente para deshacerse de 120.000 pies cuadrados (unos 11.100 metros cuadrados) de tiendas en una pequeña población escocesa. (...)
En la otra Irlanda está sucediendo algo realmente horrible. Uno de los principales hospitales del país, Tallaght, está a punto de cerrar sus puertas a los pacientes de accidentes y urgencias. La semana pasada, la Autoridad de Calidad e Información Sanitaria puso de plazo hasta el jueves para que el hospital de Tallaght dejara de colocar a los pacientes de urgencias en carritos por los pasillos.El juez de instrucción del condado de Dublín ha descrito el hospital como “un lugar muy peligroso para cualquiera y más para un paciente enfermo”. Un servicio social básico para medio millón de ciudadanos está al borde del colapso." (PressEurop, 1 septiembre 2011, The Irish Times Dublín)
25.11.10
Cómo sobreviví al boom irlandés
"El autor irlandés Julian Gough resistió durante los años del Tigre Celta viviendo del aire y poco más. Actualmente vive en Berlín, desde donde nos relata cómo se mantuvo escéptico (y sin blanca) mientras el resto del país enloquecía (y se arruinaba) por causa de una fiebre de obtención de bienes.
Durante los años del boom, en Irlanda, hacía falta poner mucho empeño para no hacer dinero. Yo lo logré convirtiéndome en autor de ficción impopular y mi media naranja lo consiguió convirtiéndose en artista. (...)
Pero a partir del 2000 el boom se convirtió en una burbuja inmobiliaria que hizo enloquecer a todo el mundo. The Irish Times acabó teniendo un suplemento inmobiliario más voluminoso que el propio periódico. Mis amigos empezaron a comprar casas cada vez más caras. La deuda se desbordó y los medios de comunicación lo llamaron “prosperidad”.
David McWilliams fue el único de los periodistas especializados en economía que analizó la situación con sensatez. El economista Morgan Kelly redactó un impresionante estudio en el que analizaba todas las burbujas inmobiliarias de la historia. Irlanda cumplía todos los requisitos al pie de la letra.
El país estaba tocado. Se lo mandé a todos mis amigos. Yo todavía vivía en el oeste, en Galway, mis amigos se habían mudado al meollo del Tigre Celta, a Dublín.
Pero hicieron oídos sordos. Dieron por hecho que el que se equivocaba era yo. Al fin y al cabo eran ellos los que se estaban haciendo cada vez más ricos mientras yo me hacía cada vez más pobre.
Si te atrevías a hablar de una burbuja mientras el resto del país estaba disfrutando del momento, las reacciones podían llegar a ser hasta violentas. Bertie Ahern, el primer ministro por aquel entonces, ofreció un discurso por televisión en el que atacaba a gente como Kelly y McWilliams por “mantenerse al margen, mordiéndose las uñas y quejándose… No entiendo cómo la gente que actúa así no acaba suicidándose”.
Al público le hizo gracia y aplaudió sus palabras.
Mientras tanto, nuestros amigos empezaron a tener hijos y tuvieron que mudarse a casas todavía más grandes. Pero se quedaron con la primera casa. Yo no salía de mi asombro. ¿No se supone que hay que cumplir las dos reglas de oro de la inversión: diversificar la cartera de inversiones y no especular nunca con dinero prestado?
Pero el consejo de los bancos irlandeses para las personas normales era que doblasen la apuesta metiéndose en dos hipotecas descomunales.
Llegados a este punto, el segundo tema de conversación más generalizado era el de las propiedades. La gente se iba de fin de semana a comprar apartamentos en Bulgaria. Los anuncios de la inmobiliaria local eran de apartamentos en Portugal.
Pero mis amigos no hablaban conmigo del tema, de la burbuja, de hecho se enfadaban cuando yo lo sacaba a colación… y eso que cada vez nos veíamos menos.
Te llegabas a sentir como un pasajero de tercera del Titanic que ha visto como el iceberg destroza el costado del buque y sube corriendo al salón de baile para avisar a los demás, que siguen bailando como si nada, y que encima obligan discretamente a salir de la sala.
Y es que, en esos momentos, en Irlanda si no eras propietario y no estabas ganando dinero eras un ciudadano de tercera. Los alquileres, los precios, el consumo de cocaína… todo burbujeaba.
Una noche, mi prometida y yo tuvimos una revelación en el hotel de Bono, mientras nuestros amigos pedían botellas de champán de mala calidad a 90 euros con total naturalidad, como cuando pedían pintas de cerveza.
Alguien dijo: “Bueno, luego lo pagamos todo a pachas”. Nuestras miradas se cruzaron como un relámpago.
Entre los dos teníamos 10 euros que pensábamos haber estirado durante toda la noche pidiendo un agua mineral cada uno. Íbamos atrasados en el pago del alquiler. Buscamos una excusa, les dimos los 10 euros y nos fuimos.
Irlanda se había convertido sin darse cuenta en un país de terratenientes, y nosotros sólo éramos arrendatarios.
Terminé mi extraña novela sobre la Irlanda moderna, en la que los malos eran un promotor inmobiliario y un ex primer ministro. No es difícil entender que nadie quisiese publicarla. ¡De hecho, el libro no tenía ningún sentido!
Los precios de las casas irlandesas se habían multiplicado por tres en la última década. Somos ricos y ya está, ha ganado Irlanda y es mejor que te estés calladito.
Poco tiempo después de que rechazasen mi libro nos quedamos sin dinero, nació nuestra hija y nos desahuciaron el día de Año Nuevo de 2006. La casera Tigre Celta era buena persona, pero había pedido una segunda hipoteca sobre la casa para comprar más propiedades.
No podía permitirse perder el alquiler, que ya de por sí no bastaba para pagar la hipoteca. Pero daba igual porque los precios de las viviendas seguirían subiendo por siempre jamás.
Todavía nos quedaban buenos amigos a pesar de que nunca les viésemos. Una pareja que trabajaba en la banca nos ofreció una casa en Dublín por la mitad de lo que hubiésemos tenido que pagar normalmente. Pero el boom siguió su curso y al poco tiempo tampoco pudimos permitirnos pagar la mitad de un alquiler irlandés.Una amiga de un amigo que vivía en Los Ángeles nos ofreció gratis su casa en un pueblecito de Francia. Llenamos dos mochilas con nuestras pertenencias (las más valiosas eran una olla y un portátil) y emigramos con Ryanair por 50 céntimos cada uno.
Conseguimos mantenernos a flote en Irlanda durante los años de pobreza y de paro, pero no sobrevivimos al boom. (...)
Un año más tarde gané el BBC National Short Story Award por una historia que aliaba al Fianna Fáil, el partido irlandés en el gobierno, con El mago de Oz. La gente pensó que era una comedia, me invitaron a aparecer en el talk show más importante de Irlanda. Una limusina nos recogió en el aeropuerto y nos llevó hasta un hotel de 5 estrellas recientemente inaugurado que se había construido gracias a las ventajas fiscales otorgadas a constructores que apoyaban al Fianna Fáil.
Durante la entrevista, cuando me preguntaron por qué me había ido de Irlanda, el pequeño país más rico de Europa, respondí con lo que acabo de contarles ahora. Y añadí que el boom inmobiliario no era real, que era como si una extraña religión se hubiese extendido por el país y sus practicantes se dedicasen a señalar casas diciendo: “¿ves esa casa? Pues vale cinco millones de euros”. Pero en realidad no los vale.
Entonces me di cuenta, en el frío silencio que se hizo en la sala, de que todos los que estaban allí habían comprado una casa y tenían intención de comprar otra. Habían hipotecado su casa para comprarles a sus hijos otra que dentro de poco perdería prácticamente todo su valor. Estaban condenados y no eran conscientes. Un cuarto de la población me estaba mirando, pero creo que nunca me he sentido tan solo.
Vuelvo a casa un par de veces al año y veo a mis amigos, cada vez nos reunimos en restaurantes más baratos. Yo sigo sin blanca, pero ahora por lo menos me puedo permitir pagar mi parte. Seguimos sin hablar de propiedades inmobiliarias." (Press Europ, 24 noviembre 2010, citando a The Times Londres)
