Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
20.7.17
El 20,2% de la población alemana no dispone de reservas económicas... esto significa que cada enfermedad grave o despido es susceptible de hacerles caer en la pobreza
11.4.14
Suecia experimenta con una jornada laboral de 6 horas al día sin rebajar los salarios
17.7.12
En la reforma laboral las empresas han encontrado un filón para mejorar su productividad, al menos corto plazo, y hacer caja: prolongando la jornada de trabajo e intensificando los ritmos (¡¡qué despiste!!, volvamos al redil lingüístico: mejorar la eficiencia y mitigar el absentismo)
1.8.10
Trabajar “a la polaca” en Italia... a la china...
Estamos en la Piazza Primavera, en Pomigliano d'Arco. Hay 40 grados, sopla el viento y se avecina una tormenta. Las campanas han sonado para indicar que es mediodía. Unos jóvenes italianos corren por la plaza con unos documentos. “Es la polacchizzati. Han accedido a la 'polaquización', ahora tendrán que trabajar duro”, explica Gianluca Pagano, de 39 años y ex trabajador de Fiat.
La “polaquización” de los trabajadores italianos e incluso la propagación de la “esclavitud” que se impuso antes a los trabajadores polacos ha sido el tema más tratado en las reuniones sindicales, las conversaciones de pub y los sermones dominicales en Pomigliano d'Arco y otras pequeñas poblaciones cercanas al Vesuvio. “Primero fue Tychy, en Polonia, y luego, por desgracia, China. Explotación. Al final llegará aquí. Pero antes nos destruirá”, se queja el señor Pagano, mientras bebe a sorbos un café.
En un referéndum celebrado en junio, Fiat dio a elegir a los trabajadores Pomigliano entre dos posibilidades: o bien invertía 700 millones de euros en la fábrica a cambio de su promesa de trabajar más, o bien, a pesar de la presión política de Roma, no trasladaría la producción del nuevo Panda de Tychy a Pomigliano. Con la segunda opción, casi 5.500 trabajadores de Fiat y 10.000 trabajadores de los diferentes proveedores locales se enfrentarían al despido. Hay que recordar además que la planta de Fiat ha sido durante décadas la única fuente de ingresos de la mitad de la población de Pomigliano.
“Fue un chantaje, no un referéndum. ¡Nos pusieron entre la espada y la pared!”, comenta el padre Paolo Farinella. Ante la perspectiva del desempleo y amenazados por las historias de los trabajadores polacos dispuestos a trabajar sábados y domingos, alrededor del 63 por ciento de los trabajadores de Fiat votaron a favor de la reorganización radical. Es la hora de la siesta en un bar de la calle Viale Alfa Romeo y una docena de trabajadores disfrutan de su descanso. “Aceptamos porque estábamos atados de pies y manos”, afirman. Acordaron trabajar tres turnos (en lugar dos) hasta el domingo por la mañana, renunciando a la semana laboral que finalizaba en viernes, y además aceptaron el derecho del director a demandar horas extras en caso de pedidos de gran volumen, un control más estricto de las bajas por enfermedad, descansos para almorzar más breves y restricciones en el derecho a la huelga.
Pregunto si Pomigliano puede ponerse al nivel de Tychy, la planta más productiva de Fiat en Europa. “Dicen que somos vagos. ¿No será que vosotros, polacos, estáis un poco locos? ¿Nunca os preguntáis por qué tenéis que estar toda la vida trabajando tan duro?”, contesta Raffaele, simpatizante del sindicato FIOM, que instó a los trabajadores a que votaran no. La esposa de Raffaele nos explica que aceptó casarse y tener tres hijos con un hombre que volviera a casa del trabajo todas las tardes, no el domingo por la mañana. Hay fábricas de tres turnos en Italia, pero no es lo que aceptó su marido, no fue a trabajar a la fábrica como su padre y su abuelo para soportar esto. “Accedió a que le redujeran el sueldo a cambio de tener más vida propia. Sí, cuanto menos trabajamos, somos más felices. ¿Qué hay de extraño en ello?”, se pregunta Agnese, de 36 años.
¿Los administrativos y capitalistas no vieron el Mundial?
Agnese señala dos pequeños establecimientos bajo su terraza en la calle Via Ercole Cantone. A pesar de ser la hora de la siesta, ambos están abiertos. “Cuatro horas antes de la siesta y cuatro horas después: así es como ha sido siempre. Así es como hemos creado nuestro próspero país, ¿no? ¿Y ahora qué? ¿Ya no basta con una jornada de ocho horas? ¿Cuántas horas trabajan estas chicas al día? ¿Quién cena con sus hijos?”, pregunta Agnese señalando a las ajetreadas dependientas de las tiendas.En Pomigliano no niegan que a alguien de fuera del sur de Italia le puede parecer que las condiciones laborales en “su” fábrica son extrañas. ¿Acaso no instalaron los directores una gran pantalla de plasma en la sala de reuniones durante el reciente mundial de fútbol para que los trabajadores pudieran ver los partidos del equipo italiano sin perder su ritmo diario de trabajo? “ Es verdad. Pero ¿es que los administrativos, los jefes y los capitalistas no vieron también el Mundial?”, contestan los trabajadores. ¿Es cierto que uno de cada cuatro trabajadores estuvo de baja por enfermedad el segundo día de las elecciones parlamentarias en 2008 para asistir a las reuniones sindicales en Pomigliano y Nápoles o para quedarse en casa? “Vale, ahí nos pasamos un poco”, admiten los clientes del bar en la calle Viale Alfa Romeo, asintiendo lentamente con la cabeza.
El modelo Pomigliano puede acabar con los derechos de los trabajadores
La polémica sobre el “modelo de Pomigliano”, tal y como denominaron los medios de comunicación al momento en el que los trabajadores tuvieron que aceptar contratos de trabajo más duros para que la producción no se trasladara a otro lugar, ha ido aumentando. Sobre todo porque Fiat acaba de anunciar que planea fabricar un nuevo monovolumen en Serbia, un comunicado que puede ser tan solo el preludio de otra negociación de los contratos con los trabajadores.El Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, ha expresado su firme oposición a la deslocalización de la producción industrial. Ezio Mauro, editor jefe La Repubblica, el diario más famoso del país, advierte de que el “modelo de Pomigliano” puede acabar con los derechos de los trabajadores que garantizaron los sindicatos en Europa Occidental en la década de los setenta. “Tengan cuidado, porque en Polonia o en Serbia a lo mejor pronto les sustituyen los asiáticos, que son más económicos”, predice Gianluca Pagano. Mañana volverá a la Piazza Primavera, para disfrutar de su vida, que aún no ha sido "polaquizada". (PressEurop, 30 julio 2010, citando a Gazeta Wyborcza Varsovia)
11.3.10
Modelos europeos de reforma laboral ¿Qué modelos han funcionado en Alemania, Holanda y Dinamarca?
Alemania introdujo el "trabajo corto" o Kurzarbeit. Las empresas que tengan dificultades pueden pedir al Gobierno subsidios para que sus trabajadores trabajen menos horas, pero no pierdan el puesto en la plantilla, sus habilidades y destrezas y, lo que no es menos importante, su sentido de pertenencia a un proyecto. Han de estar dentro del sistema de la Seguridad Social y pueden perder hasta un 10% de su salario. Por las horas que dejan de trabajar -sin perder el empleo, insistimos- perciben el 67% de su salario normal si tienen un hijo o dependiente y un 60% los que no los tengan. Inicialmente esta fórmula se planteó para seis meses, pero con la crisis el Gobierno aumentó el sistema hasta un año y medio, al tiempo que ampliaba los programas de formación y entrenamiento. Porque de lo que se trata es de que estos trabajadores estén preparados para cuando llegue el relanzamiento y Alemania vuelva a recuperar sus mercados internacionales. Para ello sus empresas precisan la mejor plantilla, motivada por un sentido de pertenencia y con mejores conocimientos sobre las nuevas tecnologías. Gracias a este tipo de contratos, un millón de trabajadores conservan hoy sus puestos y su moral de trabajo y se han evitado otros tantos despidos.
Holanda se dio cuenta muy pronto de las ventajas de esta fórmula y la introdujo rápidamente, ahorrándose el despido de dos millones de trabajadores. En 2009 consiguió frenar el paro en sólo el 3,6%, frente al 8% de Alemania. Lo que se pretende es que no sea necesario contratar después de la recuperación a los de mejor cualificación. Los tendrán ya en plantilla y sólo bastará con "reactivarlos".
En plena crisis, Dinamarca consiguió reducir el paro al 3,5% gracias a lo que reconoce como sistema flexible de seguridad o "flexiseguro". Inicialmente era sólo un modelo de dos patas. De una parte, las empresas podían libremente despedir y contratar trabajadores, porque existía la segunda pata de un generoso sistema social que actuaba de red protectora. Pero la introducción del sistema, incluso en la década de los noventa, no fue fácil porque el paro registrado llegó al 8%. Entonces, los daneses se dieron cuenta de que era necesario introducir un tercer punto de apoyo: políticas activas para desarrollar el mercado de trabajo. Esto es fácil de proponer y difícil de conseguir, y sólo a partir de 2006, tras 20 años, se consiguió que el modelo fuera estable.
En principio, el modelo danés podría parecer muy inestable y dependiente del sistema de seguro por desempleo para amortiguar las fluctuaciones. Pero al final, y como consecuencia de la estructura de la industria del país -posiblemente no exportable sin reformas a España-, hizo posible que se alcanzara el nivel deseado. Un país que tiene miles de empresas pequeñas y una edad de jubilación relativamente temprana creó oportunidades para que el modelo se afianzase. Cuando se examinan las curvas de paro, empleo y las de los que buscan nuevos empleos se observa que la volatilidad ha tendido a desaparecer, incluso frente a esta dura crisis.
Para concluir, una reforma del mercado de trabajo no puede producirse en el vacío. Depende de la cultura sindical, de la organización de las empresas y del apropiado sentido de la realidad. Si los agentes sociales no son conscientes de que el gasto público no puede seguir creciendo por encima de las posibilidades de recaudación de la hacienda pública, las reformas tendrán una vida muy corta. Porque el margen de maniobra ya no está ni en las manos del Gobierno ni en la de los agentes sociales. Nos viene dado por las condiciones que exigen los mercados de capitales para seguir financiando nuestro déficit público a tipos de interés soportables. Un aumento de los tipos de interés del 1%, cuando tengamos un volumen de deuda equivalente al 74% del PIB, representará sobrecargar el déficit público con más de 7.000 millones de euros." (ROBERT TORNABELL: Modelos europeos de reforma laboral. El País, Galicia, opinión, 04/03/2010, p. 33)