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11.4.19

El problema de España es el empleo, y parece que se ha renunciado a solucionarlo... la mayoría de los problemas que tenemos en España, incluido el de las pensiones o el déficit, son consecuencia del enorme paro que soportamos

"¿Cuál es el verdadero problema de España? Para mí el verdadero problema que tenemos en España es el empleo, y no muchos otros temas de los que se suele hablar en las tertulias televisivas o en las declaraciones de los políticos. A veces incluso se llega a hablar de las pensiones como comenta mi compañero Alejandro, pero ese a corto plazo es más una consecuencia del problema que el verdadero problema.

De hecho creo que muchos otros problemas que tenemos en España se solucionarían si tuviéramos un mayor nivel de empleo. En España tenemos una tasa de desempleo espectacularmente alta comparada con nuestro entorno, pero no parece que nadie se encuentre con ganas de solucionarlo de verdad.  (...)

De hecho creo que los problemas de calidad del empleo se solucionarían fácilmente si hubiera tasas de empleo más altas. Los empleados cambiarían más fácilmente de empleador si estos no tuvieran tanto para elegir, penalizándose a aquellos que ofrecen peores condiciones laborales, que tendrían que cambiarlas o desaparecer.

No hay más que ver los comentarios que han surgido a partir de la noticia de una importante empresa que decía tener cientos de puestos sin cubrir, la respuesta de todos ha sido: ofreced más y mejores condiciones laborales. Todos entendemos la oferta y la demanda.

 

Pensiones y déficit, ambos se solucionarían con más empleo




Mi compañero Alejandro Nieto hablaba recientemente de que el gran problema que tenemos en España son las pensiones, dado que son cada vez más difíciles de pagar, y el déficit de la Seguridad Social es cada vez mayor. La pensión es un problema para aquel que tiene empleo, el que no lo tiene se preocupa más a corto plazo sobre cómo va a comer mañana (o pagar la vivienda) que como sobre cómo va a financiar su vida una vez que no pueda trabajar. Cuando tenemos las necesidades más a corto plazo cubiertas pensamos en el largo.


Pero es que con un mayor nivel de empleo, tendríamos millones de personas más cotizando y podríamos solucionar en buena parte las pensiones al inyectar dinero en el sistema. Es cierto que no soluciona el problema a largo plazo, pero seguramente sería una solución a corto. Además, estas personas desempleadas es posible que una vez alcanzadas cierta edad acaben solicitando una pensión no contributiva, luego el problema de las pensiones va a estar ahí.


De hecho el déficit público también considero que es un problema relativo a la falta de empleo. Más gente trabajando implicaría unos ingresos públicos superiores, no digo que eso sea la única solución, pero sí tendríamos a más gente pagando IRPF por sus ingresos, que además recibirían menos ayudas sociales, dado que podrían mantenerse por sí mismas. Incluso creo que podemos dar por hecho que consumirían más, luego tendríamos más ingresos por IVA e impuestos especiales.

 

Pero nadie parece querer solucionarlo




Lo que me preocupa no es tanto el nivel de desempleo, sino los pocos esfuerzos que parecen hacerse para solucionarlo. En general es un tema que se toma como accesorio en el debate político, que muchas veces suele estar centrado en otros asuntos.


Es cierto que es un problema bastante complicado de solucionar. Tenemos un mercado laboral dual, con trabajadores bien pagados por un lado y precarios por otro. Tenemos un problema de cualificación, que hace que muchas personas no puedan encontrar un trabajo adecuado a su cualificación y haya empresas a las que les cueste encontrar trabajadores aptos.

 Tammbién tenemos un problema de distribución territorial, con mucho más desempleo en ciertas zonas del país y desempleados que no parecen estar dispuestos a mudarse de su ciudad para mejorar, pero también es cierto que tenemos una capacidad infrautilizada y muchas personas que podrían estar aportando al sistema en cotizaciones e IRPF, pero que no consiguen un empleo.


El empleo debería de ser el punto central de la política actual, el gobierno que salga de las elecciones del 28 de Abril debería de centrarse en este punto como prioritario. El objetivo nacional para 2030 debería de ser tener una tasa de empleo normal, en la media de la OCDE o de la UE."          (Javier J. Navarro, El blog salmón, 09/04/19)

24.5.18

Lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, es el trabajo informal, el trabajo precario. Una de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia...

"Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.  (...)

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.
La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.  (...)

En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

 Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. 

Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.
Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud.  

(...) la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.
Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. (...)"                       (Emir Sader, Jaque al neoliberalismo, 01/05/18)

11.9.17

Banco Central Europeo: la tasa de paro oficial subestima la magnitud del desempleo que, en la eurozona, afectaría al 15%-18% de la población activa. Por eso la 'recuperación' es de boquilla...

"(...) el incremento de los salarios sigue siendo limitado. 

Y eso es lo que deja más bien perplejos a los economistas, cuyos modelos postulan, según la Curva de Phillips, una relación inversa entre la evolución de la tasa de desempleo y el ritmo de la subida de los salarios (y de los precios), ya que cuando la primera disminuye, el segundo aumenta.

El hecho de que esta ecuación fundamental de la macroeconomía contemporánea no se cumpla merece una explicación. Esta es la que ha propuesto recientemente el Banco Central Europeo (BCE): la tasa de paro oficial subestima la magnitud del desempleo que, en el conjunto de la eurozona, afectaría a entre el 15% y el 18% de la población activa.

A priori, esto encaja con la realidad, en la que los empleos precarios y el trabajo “a tiempo parcial involuntario” han constituido hasta ahora, en un gran número de países dentro y fuera de la zona euro (sobre todo en Alemania y en Reino Unido), una variable de ajuste del mercado laboral. Y en EE UU, tras ocho años de recuperación, la tasa de participación en el mercado laboral todavía no ha recuperado el terreno perdido durante la Gran Recesión.

¿Podemos deducir de ello que simplemente hay que tener paciencia? ¿Que, aunque el crecimiento sea claramente inferior al que hayamos podido tener en el pasado, los empleos “buenos” sustituirán progresivamente a los “malos” y que la creciente tensión en el mercado de trabajo se traducirá en algún momento en una subida de los salarios que, a su vez, sostendrá el gasto de los hogares y consolidará la recuperación económica?

 Este escenario no es algo que caiga por su propio peso, si tenemos en cuenta otra característica del periodo actual, tanto en EE UU como en la eurozona: la escasa mejora de la productividad. Numerosos economistas consideran que esta es la causa del débil aumento de los salarios y del crecimiento en definitiva modesto de nuestras economías. (...)

¿Por qué, preguntan, tendrían que invertir las empresas en equipamientos para aumentar la productividad de los trabajadores en una situación en la que no hay una presión al alza sobre los salarios y en la que no abundan las carteras de pedidos?

La pregunta —que insinúa que los salarios no son lo suficientemente elevados para que los robots tengan una oportunidad en el mercado laboral— no es descabellada. De hecho, la sustitución del trabajo por el capital está prácticamente estancada en Europa y en EE UU desde 2013.

 Es cierto que esto no basta para demostrarlo (el BCE, por otra parte, saca una conclusión opuesta). Así y todo, aunque es verdad que la debilidad de la coyuntura ha frenado el aumento de la productividad, las “reformas estructurales” no nos sacarán de la trampa del crecimiento poco vigoroso. Y Europa —con Macron a la cabeza— perderá su apuesta."            ( , El Pais, 28/08/17) 

29.6.17

El objetivo de Macron es emular el “modelo alemán”, incrementando la franja de salarios bajos que en Alemania afecta al 22,5% de los asalariados y en Francia solo al 8,8%

"(...) Presentado como innovador y original, a menudo con fórmulas “nórdicas” y sofisticaciones conceptuales para camuflar simples y viejas políticas neoliberales de recorte social, el programa de Macron no tiene gran cosa de original: se trata de aplicar de una vez por todas en Francia el catálogo completo de Bruselas/Berlín.

 La narrativa habitual afirma que esa involución socio-laboral nunca se ha podido aplicar en Francia, país “conservador” con “exceso de Estado” y de funcionarios, y que esas reformas, “liberarán las energías del país”. En realidad se trata de imponer a la fuerza un recorte de pensiones del 20%, una bajada de salarios, un recorte de la función pública (120.000 funcionarios menos) y una “flexibilidad” que de alas a la precariedad. 

 “Es el político anglófono y filo germano que Europa necesita”, dijo de él la revista Foreign Affairs.(...) 

El objetivo es emular el “modelo alemán”, incrementando la franja de salarios bajos que en Alemania afecta al 22,5% de los asalariados (7,1 millones) y en Francia solo al 8,8% (2,1 millones). Con estas fórmulas se podrá llegar a los “satisfactorios” niveles de desempleo alemanes. El paro en Alemania es del 3,9% según Eurostat, y del 5,8% según la oficina federal de estadística alemana, que usa una contabilidad diferente a la europea. 

Pero desde hace años se conoce que, gracias a diversos trucos contables que barren debajo de la alfombra a sectores enteros de la población laboral, la cifra real de paro es bien superior, del 7,8% actualmente. 

Es decir, solo dos puntos menos que en Francia y con más precariado entre los asalariados y más pobreza entre los jubilados, un problema apenas existente en Francia. Alemania, que tiene una demografía languideciente, no es un modelo para Francia con su dinámica tasa de natalidad y su mayor necesidad de servicios públicos. 

 Que Francia no ha hecho reformas en esa dirección, forma parte del mito. La intentona de Macron es la radical culminación de treinta años de hegemonía neoliberal en la política y en los medios de comunicación de Francia, algo que comenzó en 1974 Valéry Giscard d´Estaing, fue proseguido por Mitterrand (traicionando su programa inicial en 1983) y continuado desde entonces por todos los presidentes de “izquierda” y de derecha que ha conocido el país. La globalización quiere destruir una tradición nacional de estado fuerte particularmente apreciada por los franceses y que económicamente funciona mucho mejor de lo que se dice. 

 En términos generales el modelo político de Macron es la “marktkonforme Demokratie” (la democracia adecuada al mercado) de la Señora Merkel, incluida la marginalización de la oposición parlamentaria. La empresa y la meritocracia nunca habían estado tan presentes en el gobierno. Los sectores privilegiados nunca habían pesado tanto (por encima del 70%) en el cuerpo de diputados. 

 Ideológicamente Macron es, según la definición del fundador de Attac Peter Wahl, “una mezcla programática de relato liberal de izquierda-verde-alternativo (cuestiones de género, minorías sexuales, medio ambiente, europeísmo y cosmopolitismo), modernismo start-upista digital en la línea “uber para todos”, un subidón make France great again, y un neoliberalismo casi a la Margaret Thatcher con rostro humano”. 

 Su hoja de ruta es “gaidarista” (por Yegor Gaidar, el autor de la “terapia de choque” rusa): introducir rápidamente y por decreto una involución socio-laboral a partir del verano, y contener la contestación social que seguirá mediante la introducción en el derecho común, a partir del otoño, de los preceptos liberticidas de las medidas de excepción contenidas desde noviembre de 2015 en el “estado de urgencia” aún vigente. 

 En Rusia, la “terapia de choque” de Gaidar (1991) precisó de un golpe de estado (1993). Francia no es Rusia, pero Macron tiene muchas posibilidades, y todas las posiciones, para ser el Presidente autoritario de Francia. 

 También tiene muchas posibilidades de fracasar, por su política socio-laboral errada e impuesta, y porque su base social y electoral (la Francia de los de arriba y el voto del 16% del censo) es reducida. La suma de ambas cosas arroja una legitimidad débil (que contrasta mucho con su aplastante mayoría absoluta en las instituciones y medios de comunicación) y convierte en temeraria su autoritaria ambición de enderezar a Francia acabándola de destrozar.  (...)

Para llegar a donde ha llegado, Macron y las fuerzas oligárquicas que lo auparon en el último ciclo electoral han tenido que dinamitar la alternancia y casi el pluralismo institucional en el país (el incendio de la cocina). En las instituciones francesas ya no hay más que un solo partido. El conglomerado macronista, ampliado a sus satélites (socialistas y conservadores “constructivos” hacia el Presidente), tiene el 80% de los diputados cuando obtuvo el voto real del 16% de los franceses.

 Esta victoria, será a medio y largo plazo su mayor factor de derrota, porque esa abolición condena a la oposición a un estatuto “antisistema”: cualquier fuerza social que se oponga al macronismo tendrá que cambiar el régimen. Un escenario muy ruso, que recuerda al drama de la autocracia, pero en Francia.

El autoritarismo macronista que se anuncia es el último cartucho del establishment para disolver/cambiar Francia. Su fracaso no tendrá alternativa en el actual marco institucional, la V República, y probablemente, tampoco en el actual sistema. A partir de este pronóstico, se admiten todas las apuestas…"                   (  , Diario de París, blog La Vanguardia, 23 Junio, 2017)

26.12.16

El sombrío futuro que queda tras la crisis: el auge del tiempo parcial es el indicio de una inflexión duradera hacia un nuevo modelo social, en precario

"La crisis no ha terminado, pero deja ya un paisaje social devastado. (...)

El balance sobre el empleo se puede resumir, simplemente, señalando que en la actualidad hay el mismo número de personas que disponen de un empleo que cuando estalló la crisis: la creación neta de empleo ha sido nula en la zona euro en el curso de estos ocho últimos años. No es pues, nada asombroso, constatar que la tasa de paro sea en la actualidad del 10%, es decir casi dos puntos más que al inicio de la crisis.

Esta media coexiste con importantes disparidades entre países: la tasa de paro sobrepasa el 20% en Grecia y en España, mientras que es inferior al 5% en Alemania y el Reino Unido. Pero sobre todo, estas cifras globales no dan cuenta de las transformaciones estructurales desencadenadas por la crisis.

Esta tiene, en primer lugar, un impacto sobre la demografía: a partir de 2009, la población total ha disminuido en los países más golpeados por la crisis, especialmente en España, Portugal y Grecia. Ese fenómeno se explica por la inversión de los saldos migratorios: las entradas de inmigrantes se agotan y la emigración se desarrolla.

 Pero la crisis deja también su marca sobre otro indicador del que se podría pensar que es relativamente independiente, el número de nacimientos. Es llamativo constatar que ha tenido la misma evolución en España y en Grecia: baja hasta mediados de los años 1980, estabilización, después aumenta desde el inicio del siglo (ver gráfico 1). Y, en los dos países, la irrupción de la crisis provoca un nuevo giro a la baja. (...)

Las cifras del paro y del empleo ocultan movimientos menos visibles, transformaciones que corresponden, en su mayor parte, a inflexiones irreversibles. (...)

La crisis ha alejado duraderamente del empleo a una parte de la gente trabajadora, a menudo la de mayor edad y al mismo tiempo ha inscrito en la realidad social el largo y difícil acceso de la gente joven al empleo.

(...) las reformas tienden a una utilización diferenciada de la duración del trabajo: tiende a aumentar para los empleos “competitivos” y a reducirse para permitir la multiplicación de los pequeños trabajos.El trabajo a tiempo parcial es en efecto el medio de crear un mayor número de empleos para un mismo volumen de horas trabajadas. No es pues asombroso constatar que ha sobrepasado una escalera en los países más golpeados por la crisis.  (...)

La parte de las mujeres en el empleo total ha continuado pues progresando durante la crisis, pero esta progresión ha estado ampliamente condicionada por la del tiempo parcial (ver gráfico 2). La crisis ha reafirmado y generalizado así la “fatalidad” del tiempo parcial para las mujeres. (...)

La crisis ha acentuado las tendencias a la segmentación y a la bipolarización del mercado de trabajo, entre los “pequeños trabajos” y los empleos cualificados y mejor remunerados. (...)


Se pueden observar cuatro evoluciones significativas.
  1. se acentúa la polarización de los empleos: solo las categorías extremas ven progresar significativamente sus efectivos;
  1. se instala la precarización: en todas las categorías de empleo, salvo en el 20% de los mejor pagados, retroceden los empleos a tiempo completo;
  1. se consolidan las desigualdades salariales: el empleo de los 20% mejor pagados aumenta principalmente bajo la forma de tiempo completo;
  1. retrocede el empleo autónomo, salvo entre las personas asalariadas mejor pagadas.
Hacia la fragmentación salarial

La progresión del poder de compra de los salarios ha sido evidentemente frenada por la crisis pero no ha sido completamente anulada. De media, este poder de compra ha aumentado el 4% en la Unión Europea entre 2008 y 2015. Pero ese resultado global es engañoso al no tener en cuenta los efectos de estructura: la crisis ha destruido, sobre todo, los empleos de bajos salarios, lo que da lugar a que el salario medio vaya hacia arriba |2|.

 Y, por supuesto, las personas asalariadas que pierden su empleo pierden una parte de su ingreso. Y, por supuesto también, esa media encubre grandes disparidades según los países: también aquí, hay que citar a Grecia donde el retroceso del poder de compra alcanza un record del 17%.

(...) la austeridad debería centrarse especialmente en los salarios del sector llamado protegido, el que no está expuesto a la competencia internacional. Y es ello lo que ocurre: en casi todos los países |5|, el salario medio en los servicios se distancia del salario medio en la industria (...)

Una tal tendencia a la desconexión de los salarios entre grandes sectores de la economía significa que la mayoría de los países europeos converge hacia un modelo “a la alemana”, donde la progresión de los salarios ya no sigue la productividad del trabajo medio en el conjunto de la economía sino la productividad específica de cada sector, incluso de cada empresa. El sector expuesto a la competencia internacional ya no estaría afectado por los costos del trabajo “excesivos” en el sector de los servicios.

Las reformas estructurales de los mercados de trabajo tienen como principal función hacer posible esa desconexión. El objetivo es descentralizar al máximo la negociación colectiva para acercarla a la realidad de las empresas y ajustar la progresión de los salarios a los resultados de cada empresa. (...)

Las transformaciones que se acaban de describir no son el producto de evoluciones espontáneas. Han sido acompañadas de la puesta en práctica de “reformas estructurales” que marcan ya su sello al funcionamiento de los mercados de trabajo. Una encuesta del Banco Central Europeo sobre los salarios |6| muestra así que el 10% de los empleadores europeos considera que es más fácil “ajustar el empleo” en 2013 que en 2010.

Este porcentaje es particularmente elevado (el 30% y más) en los países más afectados por las citadas “reformas”, como Grecia, España y Portugal. Los resultados son similares en lo que concierne al ajuste de los salarios, que se ha hecho más fácil en todos los países, especialmente para las nuevas contrataciones.  (...)

No ha golpeado a todos los países de la misma forma y las políticas de austeridad han sido desigualmente severas. En los países del “Norte” se han acentuado las tendencias ya presentes antes de la crisis, mientras que en los países del “Sur” el retroceso del empleo se acompaña de inflexiones irreversibles en el funcionamiento de los mercados de trabajo. En fin, la desconexión salarial entre sectores protegidos y expuestos parece haberse generalizado al conjunto de los países europeos: el auge del tiempo parcial es sin duda el indicio de una inflexión duradera hacia un nuevo modelo social esencialmente dualista. (...)"                (Michel Husson , CADTM, en Rebelión, 20/12/16)

25.11.16

¿Podemos y debemos abonar el enfrentamiento entre la UE rica y la UE pobre y, en el seno de estos últimos países, el "Norte rico" contra el "Sur pobre"?

"¿A qué están conduciendo las políticas económicas practicadas en la mayoría de los países de la UE? ¿Qué puede significar para un trabajador/a y para su familia estar dos o más años sin poder trabajar? ¿De dónde los ingresos familiares? ¿Cuántos casos de desesperación, cuántos de tragárselo todo, cuántos de trabajo en la economía sumergida sin ninguna protección?

 ¿Es exagerado hablar de capitalismo salvaje? ¿Es demagógico o acaso populista decir que existe un plan de acoso y derribo de los derechos y las condiciones laborales de la clase obrera de la UE? ¿Esta es la UE que nos dijeron, prometieron y publicitaron? ¿De qué UE hablaron? ¿Cuál es la UE realmente existente para las clases trabajadoras de los países que forman la denominada "Unión Europea"?

 ¿Puede entenderse mejor el aumento de la derecha extrema y la extrema derecha en algunos países europeos? ¿Qué tipo de Unión es esa? ¿Es estúpido e incompetente hablar de la libertad del capital y de la esclavitud de los trabajadores? ¿Qué puede inferirse de que en 11 de los 28 países de la UE la  desocupación de muy larga duración [DMLD] se sitúe por encima del 30% y que en 7 de ellos se sitúe por encima del 40%?

 ¿En qué situación se encuentra la clase obrera griega con un 51,2% de DMLD en 2015? ¿Estamos o no estamos ante un retroceso de dimensiones históricas que urge combatir con todas nuestras fuerzas y con la mayor unidad y sin secesionismos ni sectarismos?

 ¿Vale o no vale el sálvese quien pueda? ¿Podemos y debemos abonar el enfrentamiento entre la UE rica y la UE pobre y, en el seno de estos últimos países, el "Norte rico" contra el "Sur pobre"? ¿No es el liga-nordismo una de las políticas más insolidarias, intransitables y peligrosas?"     

             "La crisis en Europa tiene su origen en el euro. Tuvo sus características y causas propias independiente de la de EE.UU, que solo fue su detonante. El euro permitió que el desequilibrio del sector exterior de los países europeos alcanzase niveles antes desconocidos, que de ningún modo se hubiesen producido, al menos en esa cuantía, de no estar en la Unión Monetaria. Unos presentaban superávit y otros déficit.

 Los excedentarios prestaban a los deficitarios, hasta que con ocasión de las hipotecas subprime cundió la desconfianza, la huida de capitales y con ella la crisis, crisis de la que Europa aún no ha salido, mientras parece que EE.UU. sí lo ha hecho. Ante los desequilibrios del sector exterior, los países de la Eurozona no cuentan con el instrumento de ajuste más lógico, el tipo de cambio. Además, los tratados crean un sistema asimétrico porque, en contra de las enseñanzas de Keynes, el ajuste se impone solo a los deficitarios. 

Alemania y otros países del Norte no han ajustado sus balanzas de pagos y continúan manteniendo un cuantioso superávit, lo que no solo crea graves problemas al resto de países de la Eurozona, sino a toda la economía mundial. El sistema es insostenible y se encuentra en un equilibrio inestable. O bien se avanza, hacia una unión política, o bien se retrocede y se desmonta la Unión Monetaria." (Juan Francisco Martín Seco, 2016)


"La clase trabajadora de raza blanca ha visto su nivel de vida reducido muy seriamente como consecuencia de que los sectores donde trabajaba, como el metalúrgico (donde los sueldos son más elevados), han sido los más afectados negativamente por los Tratados de Libre Comercio.

 El Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México (NAFTA), por ejemplo, tuvo un impacto devastador en los puestos de trabajo de las grandes empresas localizadas en EEUU y que se desplazaron a México. Un tanto semejante ha ocurrido con los Tratados entre EEUU y China. 

En consecuencia, en los últimos veinte años, EEUU ha perdido seis millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero. Pero el impacto negativo es incluso mayor que el que presentan estos datos, pues la exportación de puestos de trabajo debilita a los sindicatos estadounidenses, con lo cual, los salarios de los puestos de trabajo de la manufactura que permanecen en EEUU han bajado significativamente. 

En los últimos quince años, tales salarios han bajado un 10%. Y ello como resultado del enorme debilitamiento de los sindicatos. Tal descenso de los ingresos al mundo del trabajo ha creado la ampliamente generalizada percepción que existe en EEUU de que "los hijos vivirán peor que sus padres". (Vicenç Navarro, 2016)"                   (Salvador López Arnal , Rebelión, 21/10/16)

9.11.16

Obama deja el país en una situación realmente delicada para las rentas medias y bajas, lo que está siendo aprovechado por Trump para dinamitar el consenso que quedaba en EEUU

"(...) Los principales problemas se centran en el crecimiento, productividad, participación laboral, empleo, inversión pública y distribución de la renta. Estos problemas empezaron mucho antes de la última crisis, por lo que no es achacable a la gestión de Obama, aunque en ningún caso se puede hablar de un mandato brillante en materia económica. (...)

En materia de crecimiento, el gráfico 1 muestra la evolución del PIB desde 1950. Se puede observar como se ha producido un cambio estructural a partir de los años 2000, con un efecto escalón significativo. Desde un crecimiento medio del 4,5% entre 1950-1970, hemos pasado a un crecimiento medio inferior al 2% entre 2000-2015.

 Estos problemas revelan que los problemas de la economía americana no son cíclicos, sino estructurales. Ello explica la débil recuperación fruto de la brusca caída de la productividad, y la ausencia de un cambio de rumbo en la política económica que permita cambiar el patrón de crecimiento.  (...)


Parte de esta ralentización del crecimiento en EEUU tiene que ver con la productividad, como se puede apreciar en el grafico 2. Si no fuese por el crecimiento de la población, EEUU seguramente estaría estancado. Esta baja productividad también explica los bajos salarios y la mala calidad del empleo y la ralentización de la participación en el mercado laboral.

La economía americana ha dejado de producir incrementos de productividad que mejoren salarios y empleos

Es sintomático que el crecimiento medio de la productividad fue del 2,1% entre 1950-2000, lo que unido al avance poblacional permitió crecer a ritmos por encima del 3,5%-4%. En la época dorada de las empresas puntocom, la productividad se elevó sustancialmente, para a partir de este punto fatídico, el pinchazo de la burbuja, comenzar a caer de forma muy brusca, hasta tasas cercanas a 0%. 

Esto tiene que ver, en parte, con el cambio de paradigma empresarial a favor de la maximización del valor del accionista y la reducción drástica de la inversión y por ende del empleo.


La consecuencia clásica de los efectos de una ralentización de la productividad es la atonía en el crecimiento del empleo y salarios y por ende en la participación en el mercado laboral.

Esto se dibuja con claridad en el gráfico 3 donde se ve perfectamente esta situación en la que el empleo ha dejado de crecer, a pesar del impulso del crecimiento, y se ha producido un cambio estructural en la serie, con un efecto escalón que nos muestra un estancamiento del crecimiento del empleo en el umbral del 0,5%-1,0%.

 

Una consecuencia de la baja tasa de creación de empleo es la reducción de la tasa de participación laboral, que como se dibuja en el grafico 4 se ha situado en niveles de 1982. Ello presiona a la baja la renta per cápita, ya que hay menos trabajadores ocupados y por ello la masa salarial también es menor.

El mito del pleno empleo y salarios dignos ya es historia en la economía norteamericana

Las variables que explican la evolución de la participación laboral tienen que ver con la escasa demanda de trabajos de baja cualificación, seguido por la elevada ratio de hombres encarcelados en los últimos años, lo que ha provocado una caída de la participación entre los hombres de 25-54 años de algo más de 3 p.p desde el año 2000.

 Este efecto se nota particularmente entre la población negra. También la mujer ha sufrido un retroceso en la participación, después de un periodo de crecimiento. Por último, los jóvenes también abandonan el mercado laboral, en parte por el aumento del número de años de estudio.

 

Una consecuencia de todo esto es la erosión de los salarios y la riqueza en EEUU. Como se percibe en el gráfico 5, tras el máximo, los salarios han perdido algo más del 8% (en dólares de 2014). Si nos atenemos a la distribución, prácticamente todos los percentiles muestran estabilidad o decrecimiento, siendo los más afectados los situados en los percentiles más bajos. La parte más alta de la distribución ha experimentado incrementos modestos del 0,2%-0,3%.

 

En resumen, Obama deja el país en una situación realmente delicada, especialmente para las rentas medias y bajas, lo que está siendo aprovechado por Trump para dinamitar el cierto consenso que quedaba en EEUU. 

Estos problemas de empleo, salarios, productividad y distribución de la renta se han generalizado en la gran parte de economías occidentales, lo que ha dado pábulo a que se pudieran formar mayorías que quieran romper esta dinámica. El problema es que estas mayorías pueden dar como resultado a que personajes como Trump o Le Pen pudieran llegar a los principales gobiernos. Atentos."                      (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 24/10/16)

23.9.16

Hay semejanzas históricas entre lo que pasó en Europa con el surgimiento del fascismo y lo que pasa ahora en EEUU

"Sin lugar a dudas, EEUU está viviendo una situación política de enorme importancia (...) La novedad en esta situación es la existencia de un candidato a la presidencia del gobierno federal (el candidato republicano, el Sr. Donald Trump) que ha sorprendido a la estructura de poder político de EEUU y de sus aliados, por representar una sensibilidad política que tal establishment percibe como amenazante.

Es interesante señalar que hay elementos comunes y semejanzas históricas entre lo que pasó en Europa en los años treinta, con el surgimiento del nazismo y del fascismo en este continente, y lo que pasa ahora en EEUU. Ni que decir tiene que la historia nunca se repite miméticamente.

 Nunca lo ocurrido en el pasado se reproduce ahora en el presente de una forma idéntica. Pero tal observación no niega la posibilidad de que existan elementos parecidos y situaciones en común entre los años 30 en Europa y ahora en EEUU. (...)

¿Por qué la aparición de Donald Trump y su éxito?

(...) La evidencia de que el impacto de los llamados tratados de libre comercio ha sido sumamente negativo para el bienestar de la clase trabajadora es enorme. Desde que el presidente Clinton firmó el tratado de libre comercio en 1994 entre EEUU, Canadá y México (NAFTA por sus siglas en inglés), quince fábricas por día han dejado EEUU en busca de países con salarios más bajos y con menor protección social. 

Como consecuencia, seis millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero han desaparecido. Un ejemplo entre miles es United Technologies Corporation (UTC), en Indiana, que pagaba a sus trabajadores 20 dólares por hora. En México, pagaba solo 3 dólares. UTC despidió en Indiana a más de mil trabajadores y se desplazó a México. 

Y así miles de fábricas, primordialmente del sector manufacturero, que era el centro de la clase trabajadora bien pagada. Hay que aclarar que UTC, cuando decidió desplazarse a México, no tenía pérdidas. 

Todo lo contrario, tenía unos beneficios considerables. Pero la dirección de la empresa consideró que los beneficios serían incluso más elevados en caso de situarse en México. En realidad, tal desplazamiento de puestos de trabajo ha sido la mayor causa de destrucción de empleo en los Estados industriales de EEUU (mucho mayor que la creada por la revolución digital o robótica). 

En Estados como Ohio, Michigan, Pensilvania y otros, el porcentaje de la población trabajadora en los sectores manufactureros ha descendido desde la aprobación del NAFTA de una manera muy notable (en Ohio, 300.000 puestos de trabajo en la manufactura, pasando de representar tales puestos un 24% a solo un 15%; un tanto semejante en Michigan, donde pasaron del 24% a un 16%; y así en otros Estados industriales). 

El gran coste de los tratados de libre comercio para la clase trabajadora

Esta movilidad de empresas facilitada por los tratados de libre comercio ha sido devastadora para los trabajadores de la manufactura (que estaban entre los mejor pagados en EEUU). Zonas enteras de este país han pasado de estar en una buena situación económica a una situación desastrosa. 

Y la calidad de vida de grandes sectores de la clase trabajadora manufacturera ha sido afectada muy negativamente. En realidad, la esperanza de vida de la clase trabajadora blanca (años de vida que una persona vivirá como promedio) se ha reducido durante estos años de neoliberalismo.

Y de ahí el enorme enfado de esta clase trabajadora de EEUU con el establishment político, y muy en especial contra el establishment federal, al cual se le percibe correctamente como el instrumento de la clase corporativa (los directivos, propietarios y gestores de las grandes corporaciones o empresas que se desplazan a otros países), que se ha beneficiado enormemente de la globalización de sus empresas a costa del bienestar de sus trabajadores en EEUU.

Por cierto, estas inversiones en países con salarios bajos tampoco benefician a los trabajadores de los países “pobres” receptores de tales industrias, pues aun cuando es cierto que tales inversiones crean puestos de trabajo, también hay que darse cuenta de que destruyen muchos más puestos de trabajo en las empresas medianas y pequeñas locales, que no pueden competir con las grandes empresas procedentes de los países “ricos”, pues las leyes de libre comercio siempre favorecen a estas últimas sobre las locales, a las cuales se fuerza a abandonar cualquier tipo de proteccionismo, sin el cual tales industrias locales no pueden surgir.

Hay que recordar, por cierto, que todos los países hoy desarrollados fueron proteccionistas a fin de permitir su desarrollo económico. Y que incluso hoy tales países “ricos” son altamente proteccionistas. La incorporación de los países subdesarrollados en tales tratados de libre comercio, imponiéndoles la eliminación de medidas proteccionistas, los condena al subdesarrollo. (...)

 Es en este contexto que se entiende el éxito electoral del candidato Trump. Durante las primarias del Partido Republicano, tal candidato fue el único que exigió la eliminación de los tratados de libre comercio (desde el NAFTA hasta el nuevo tratado de EEUU con los países del Pacífico), utilizando una narrativa antiestablishment (acusando al gobierno federal de facilitar tales tratados) que lo ha hecho sumamente atractivo para la clase trabajadora estadounidense. 

Su postura antiestablishment incluye también una crítica a otra dimensión del gobierno federal, al cual acusa de favorecer en sus políticas públicas sociales a las minorías (negros y latinos) y a las mujeres a través de sus políticas antidiscriminatorias, que se financian -según él- con los impuestos aportados por la clase trabajadora blanca. 

Para entender la capacidad movilizadora entre la clase trabajadora blanca de esta crítica, hay que ser consciente de que el sistema fiscal estadounidense tiene muy escasa capacidad redistributiva vertical (de las rentas superiores a las rentas inferiores). 

De ahí que sea percibido por las clases populares como redistributivo de tipo horizontal (por ejemplo, de la clase trabajadora blanca a la negra). Los beneficios sociales públicos en EEUU no son universales (es decir, que todo ciudadano o residente tiene derecho a ellos), sino que dependen del nivel de renta, convirtiéndose en programas de tipo asistencial para los pobres, humildes y necesitados (entre los cuales, la población negra y latina está sobrerrepresentada).

 De ahí que el Estado sea percibido como un Estado asistencial para con los negros (a los que se presume pobres), con programas financiados por los blancos. Y en esta percepción el Partido Demócrata es considerado como favorecedor de esta política social de tipo asistencial, no universal, orientada a facilitar la integración de las minorías y de las mujeres dentro del orden establecido, sin cuestionarlo. 

Y es ahí donde el lenguaje y la narrativa de Donald Trump, claramente anti políticamente correcto, empleados en un tono provocativo, se convierten en un elemento movilizador por sus características antiestablishment.  (...)

Donald Trump tiene características muy semejantes a las del fascismo europeo: un nacionalismo extremo de carácter racista y machista, que asigna al país una superioridad moral, profundamente autoritario, caudillista y antidemocrático, que alega representar al trabajador sin voz, explotado por el establishment político del país. 

Y su aparición como fenómeno político responde a una situación de gran cuestionamiento de la legitimidad de dicho establishment. Y es este, precisamente, el punto en común con lo que ocurrió en los años treinta en Europa.

El surgimiento del nazismo y del fascismo fue una consecuencia de la Gran Depresión. El enorme rechazo hacia el sistema capitalista por parte del mundo obrero hizo surgir movimientos contestatarios, bien de sensibilidad socialista, bien de sensibilidad comunista, que amenazaron las estructuras del poder económico y financiero de Europa. Fue en este contexto que apareció el movimiento nazi y fascista, con la intención de destruir y substituir a tales movimientos contestatarios. 

Y para ello utilizó lenguajes, discursos y símbolos próximos a aquellos partidos. Hay que recordar que el nazismo se autodefinió como nacionalsocialismo, utilizando argumentos que estaban enraizados en el ideario del movimiento obrero. En España, por ejemplo, los colores del partido fascista eran los colores del movimiento anarcosindicalista.

Hoy, la enorme crisis social, causada por la imposición de políticas públicas neoliberales que han afectado muy negativamente al estándar de vida de la clase trabajadora, ha generado un sector profundamente antiestablishment que han canalizado Trump y el candidato demócrata Bernie Sanders, los únicos candidatos que hablan de y a la clase trabajadora.

 La gran diferencia entre los dos es que mientras los grandes medios han dado gran visibilidad a Trump (que nunca ha cuestionado a la clase capitalista, proponiendo políticas tributarias claramente favorables a estas rentas superiores derivadas del capital), han silenciado a Bernie Sanders, pues su mensaje socialista entraba en claro conflicto con dicha clase capitalista. En realidad, canalizar el enfado a través de Trump era un objetivo de los medios de información, en lugar de que se hiciera a través de Sanders.

Ni que decir tiene que la clase capitalista (conocida en EEUU como la clase corporativa -the Corporate Class-) prefiere a una persona del mismo establishment, como la Sra. Clinton, que al candidato Trump, en parte debido a la imprevisibilidad de este último. Pero en este escenario el mayor “enemigo” es Sanders, al cual había que parar por todos los medios.  

(...) será difícil para la Sra. Clinton, que es percibida ampliamente como representante del establishment, poder capitalizar esta vulnerabilidad del Sr. Trump. Sin lugar a dudas, el candidato Sanders hubiera podido mostrar las falsedades del Sr. Trump más fácilmente que la Sra. Clinton. Las encuestas mostraban que Sanders ganaba a Trump por unos porcentajes mayores que la Sra. Clinton. (...)"

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 11 de agosto de 2016; en www.vnavarro.org, 11/08/16)

24.6.16

La 'guerra contra los jóvenes' les ha llevado a emprender un camino de diferenciación política contra sus mayores

"La herida causada por la Gran Recesión a las nuevas generaciones les empuja a buscar referentes que no se parezcan a los de sus mayores. Y la tecnología les dota de herramientas para compartir frustraciones y definir nuevas identidades  (...)

Los jóvenes han emprendido un camino de diferenciación, adoptando preferencias políticas que pueden ser de izquierdas o de derechas, radicales o moderadas, pero que tienen todas ellas en común el distinguirse de lo que, en cada país, defienden sus mayores.  (...)

En nuestras sociedades los jóvenes han pasado de ser precursores a convertirse en antagonistas: más que explorar nuevos recorridos, buscan transitar hacia destinos contrarios. (...)

En Estados Unidos, en los últimos 40 años nunca se había producido una brecha generacional tan abrupta como la que se registró en 2012, con un 60% de jóvenes de entre 18 y 29 años votando a Obama, frente al 44% de mayores de 65 años que apoyó al presidente demócrata.En España la quiebra del bipartidismo no se habría desencadenado de no ser por los jóvenes, quienes mayoritariamente optan por Podemos, ahora Unidos Podemos.

 Y, aunque el partido emergente logra considerables apoyos en los grupos de edad que van hasta los 55 años según el CIS (encuesta presencial) y hasta los 65 años según MyWord (encuesta online), lo cierto es que son los jóvenes de entre 18 y 34 años los que se muestran más partidarios de la coalición que lidera Pablo Iglesias.  (...)

¿Por qué ese empeño de los jóvenes en diferenciarse? En Reino Unido, por ejemplo, lo que más explica que los jóvenes tengan intención de optar por la permanencia en la Unión Europea son las consecuencias que una salida podría tener en el empleo, la inversión y la economía, frente a razones como el derecho de Reino Unido a actuar con independencia, que tienen menos peso. Igualmente, en las elecciones regionales francesas, el empleo constituyó el motivo principal ofrecido por los jóvenes a la hora de dar cuenta de su voto.

En Estados Unidos la situación de las personas de entre 18 y 34 años no es tampoco idílica. Según el Pew Research Center, el porcentaje de jóvenes que vive con sus padres ha aumentado del 20% en 1960 al 32,1% en 2014. De hecho, estaríamos ante la primera generación de jóvenes en 130 años de historia que es ligeramente más probable que viva con sus padres a que lo haga con su cónyuge o pareja.

En España los jóvenes son, sin parangón con otras generaciones, los que más han sufrido los estragos de la recesión, el paro, la precariedad y la contracción salarial. De ahí que, según un estudio de MyWord de 2015, 6 de cada 10 jóvenes crean que en el futuro tendrán una situación económica peor que la de sus padres.

Los daños de la crisis han tenido graves consecuencias para el conjunto de la sociedad y especialmente para las nuevas generaciones. Una de las más preocupantes es la caída de la confianza social. En 2015, según datos de MyWord, el 39% de los millennials españoles (entre 18 y 32 años) decía confiar poco o nada en los demás, mientras que entre los de más de 56 años la desconfianza no pasaba del 23%. 

Las series históricas del CIS corroboran que, en el pasado, otras generaciones de jóvenes no han sido más desconfiadas que sus mayores. Es el joven que ha vivido la Gran Recesión el único que muestra patrones de desconfianza muy superiores a los de otras cohortes de edad. La falta de confianza interpersonal se agudiza, además, entre aquellos que viven situaciones más vulnerables.

 De la falta de confianza interpersonal o de capital social nace el recelo que muestran los jóvenes hacia la política tradicional (como también hacia las grandes empresas). La herida que les ha causado la crisis les empuja a mirar en otras direcciones, en busca de nuevos referentes, que no se parezcan en nada a aquellos que tuvieron sus padres.

La pregunta que debemos hacernos, por tanto, no es qué les pasa a los jóvenes, sino más bien qué se les ha hecho (o qué les hemos hecho) a los jóvenes. Y la respuesta parece clara: a muchos se les ha privado de las oportunidades que debían haber tenido, situándolos en los márgenes, incluso excluyéndolos. 

A la vez, la revolución tecnológica les ha dotado de herramientas para compartir frustraciones, así como para definir nuevas identidades. Los jóvenes han emprendido un proceso de diferenciación forzado y lo están haciendo de forma colectiva, esto es, como generación."                  (Belén Barreiro, El País, 21/06/16)

7.6.16

En Finlandia, el Gobierno seleccionó al azar a 10.000 adultos a quienes durante dos años pagará 550 euros mensuales. Para medir el impacto que tendrá esa renta básica si se extiende a toda la población

"Hoy los suizos decidirán en un referéndum si el Estado le va a dar a sus ciudadanos alrededor de 2.500 euros cada mes. ¿A cambio de qué? De nada. Esta consulta es muy importante. No porque la propuesta vaya a ganar (según las encuestas, no tendrá los votos necesarios), sino porque puede ser la precursora de una tendencia mundial. 

De hecho, en varios países ya se está probando la idea de garantizar un ingreso mínimo y sin condiciones a los ciudadanos. En Finlandia, el Gobierno seleccionó al azar a 10.000 adultos a quienes durante dos años pagará 550 euros mensuales. El objetivo es medir el impacto que tendrá ese ingreso en la propensión a trabajar y otras decisiones de vida que toman los beneficiarios. 

Si esta prueba tiene éxito, la intención del Gobierno finlandés (¡que es de derecha!) es extender este esquema a nivel nacional. Experimentos parecidos se están llevando a cabo en Canadá, Holanda, Kenia y otros países.

Los defectos y problemas con esta idea son obvios. Tener un ingreso garantizado puede desestimular el trabajo. Darle una compensación material a una persona sin que, a cambio, haya producido algo de valor es una propuesta cuestionable tanto desde el punto de vista económico como social y ético.

 Los riesgos de corrupción y clientelismo político que tienen iniciativas de este tipo son altos. Finalmente, esta no es una idea barata. Este tipo de subsidios pueden transformarse en una pesada carga para el Estado y crear gigantescos y crónicos déficits en el presupuesto público.

Y sin embargo... Puede ser una idea inevitable.

No hay dudas de que la globalización y las nuevas tecnologías han creado inmensas oportunidades para la humanidad. De la disminución de la pobreza a nivel mundial a los avances en medicina o el empoderamiento de grupos sociales históricamente marginados, el progreso es obvio. Pero es igual de obvio que la globalización y las tecnologías que reemplazan a trabajadores por máquinas también tienen efectos nocivos. 

La destrucción de puestos de trabajo, la compresión de salarios y en algunos países —sobre todo en Estados Unidos y Europa— el aumento de la desigualdad, tienen diversas causas. 

Pero sabemos que tanto la globalización como la automatización contribuyen a crear condiciones que nutren mucho el populismo y el tóxico extremismo político que estamos viendo en tantos países.

Para muchos, la respuesta es que, si bien las nuevas tecnologías destruyen industrias, también crean otras que producen tantos o más empleos que los que desaparecen. Y eso ha estado sucediendo.

 No obstante, a medida que se acelera el cambio tecnológico y se popularizan robots que, a bajo costo, pueden hacer muchas de las tareas que hoy desempeña un trabajador, crece la preocupación de que las nuevas industrias y los nuevos puestos de trabajo no aparecerán ni en la cantidad ni al ritmo necesarios para compensar las pérdidas de empleo y la reducción salarial.

 Ante esta situación, las respuestas que da el mundo son tres.

 1. Más educación y entrenamiento para los desplazados. Esto es prioritario. Pero la realidad es que, si bien hay éxitos ocasionales en este campo, el resultado de los esfuerzos de formación ha sido decepcionante. 

En la mayoría de los países —aun en los más avanzados— los presupuestos dedicados a ayudar a los trabajadores desplazados han sido poco generosos, las técnicas educativas que se usan son poco eficaces y las burocracias encargadas de estos programas suelen ser ineficientes. Cambiar esto es urgente.

2. Más proteccionismo. Donald Trump, por ejemplo, es solo uno de los políticos que hoy proliferan en el mundo y que prometen proteger el empleo reduciendo tanto el número de inmigrantes que compiten con trabajadores locales como el volumen de productos importados, que, por ser más baratos, desplazan la producción nacional.

 No es difícil imaginar a uno de estos demagogos prometiendo que, de ganar las elecciones, prohibirá el uso de robots y otras tecnologías “mataempleos”. Que estas propuestas no son una solución y que, en muchos casos, ni siquiera se pueden aplicar no parecen ser obstáculos para que millones de personas se entusiasmen con las promesas de los populistas. Temo que algunos países acabarán adoptando estas malas ideas.

3. Más ingresos mínimos garantizados. Así es. Regalar dinero a cambio de nada. Puede ser una idea descabellada. Pero un mundo donde nueve robots de bajo costo pueden hacer el trabajo de 140 obreros (¡en China!) es un mundo donde hay que estar abierto a examinar todas las opciones. Aun aquellas que puedan parecer —o ser— descabelladas.

 Unos niveles altos y permanentes de paro son inaceptables e insostenibles. Por ello hay que probarlo todo, entendiendo siempre que gobernar raras veces implica escoger entre una política maravillosa y otra espantosa. Lo más usual es que quienes gobiernan se vean obligados a escoger entre lo malo y lo terrible."             (Moisés Naím, El País, 05/06/16)

16.2.16

Desde hace bastante tiempo ya, en el mundo se destruyen más puestos de trabajo de los que se crean

"Desde hace bastante tiempo ya, en el mundo se destruyen más puestos de trabajo de los que se crean. ¿Ello se debe tan solo a los efectos de la crisis económica y a las políticas austeridad, o hay otros elementos como, por ejemplo, lo que se está denominando cada vez con más frecuencia “la cuarta revolución industrial”? (...)

La OIT ha hecho públicas hace unos días las Tendencias sociales y del empleo en el mundo. Según este informe, hay desempleadas más de 27 millones de personas más en el planeta desde que comenzó la Gran Recesión en 2007, y el paro continuará aumentado al menos durante este año y el próximo, hasta llegar a unos 200 millones. 

Hay al menos tres características que conviene subrayar: deficiencias crecientes en el trabajo decente (bien pagado y con una cierta seguridad); se ha detenido el progreso en la reducción de la pobreza; y, lo más espectacular, la economía sumergida (sin derechos sociales) supera el 50% en la mitad de los países con datos comparables, y en un tercio de éstos la protagoniza un 65% de los trabajadores.

Hay que insistir en la cuestión inicial: estas tendencias ¿son efecto único de las recesiones y el estancamiento o juegan en ellas otros factores como la digitalización de una economía de servicios que avanza con mucha rapidez? 

(...)  por cada siete millones de puestos de trabajo que se pierden, tan solo se recuperan dos, casi siempre de peor calidad que los anteriores. La “destrucción creativa de empleo”, siguiendo el símil de Schumpeter, no está funcionando. No se equilibra la balanza.

Asuntos como la desaparición de la intermediación en muchos negocios y sectores (gasolineras, supermercados, grandes superficies), la extensión del comercio electrónico, etcétera, suponen la desaparición de centenares de miles de empleos. 

La nueva estructura productiva, independientemente de la coyuntura, condiciona la cantidad y calidad del trabajo. Algunos de los inventos más prodigiosos de la digitalización (Instagram, WhatsApp,...), que han sido adquiridos por las empresas más potentes del sector por paladas de dinero, apenas dan trabajo a centenares de personas.   (...)

Si se elaborase una relación de empleos que: 

a) existan o puedan existir en breve (no los que podrían darse si hubiéramos actuado de otra forma en el pasado); 

b) que se ofrezcan en suelo español (no en California o China, ni siquiera en Alemania); y 

c) que estén sin ocupar a causa de la supuesta falta de formación de los millones de personas no empleadas y subempleadas que tenemos, la lista sería muy corta.

 Y habría que abrir, con la misma jerarquía que la política económica y los aspectos centrales de las reformas laborales, otros asuntos como la duración de la jornada laboral y el reparto del trabajo disponible."                      ( . El País, 25 ENE 2016)

21.1.16

No hay crecimiento... así que estamos condenados al estancamiento

"¡A cubierto!, el FMI prevé un estancamiento en la recuperación de la economía mundial1. Que 6 años después del crack de la Gran Recesión de los mercados capitalistas, aún hablemos de etapa de recuperación solo demuestra estamos ante una novedad, que el sistema capitalista parece estar entrando en otro modelo de crecimiento, ¿o de estancamiento?   (...)

¿Pero qué diferencia hay respecto a la salida del capital ante esta crisis? (...)

La diferencia es pues, que no encuentran o no llegan a esa “senda de crecimiento” que tanto gusta denominar a algunos ortodoxos de la academia, como se puede apreciar en el gráfico 1 y más claramente en el gráfico 2.

 (...)  Es por esto que se plantea en este artículo el posible el agotamiento del modelo capitalista de producción occidental, que incluso con el nuevo ramo de innovaciones con las tecnologías de la información no ha permitido el boom de productividad y externalidades suficientes para aupar a la acumulación mundial como lo consiguieran las tecnologías de la segunda guerra mundial, los químicas y la maquina de vapor. (...)

Se abre así un panorama que podría seguir una secuencia determinada por repetidos colapsos de sobreproducción en los mercados de los países centrales, seguidos de periodos escuetos de crecimiento lento basados en expectativas de corto plazo, demanda de bienes y servicios por parte de los países “descolonizados” económicamente hablando (China, Irán y Rusia). Lo que es improbable será observar en las futuras décadas periodos de gran crecimiento y mejoras en las condiciones de la clase trabajadora.

Si cabe algo más preocupante al menos desde la visión de la clase trabajadora, es la tan temible previsión de que con el actual modelo de producción occidental basado en los nuevos ramos de innovaciones tecnológicas proporcionará un cada vez más escaso número de puesto de trabajo, con horarios más extensivos (sobre todo en el comercio) y con una menguante e insuficiente remuneración. (...)

Por lo tanto, las perspectivas de futuro parecen que traerán un nuevo equilibrio entre las fuerzas productivas con unas condiciones para las clases trabajadoras del mundo sin visos de mejora, de no ser por un cambio radical del modelo de acumulación y producción."        (Sergio Martín Fernandez (Historiador Económico), República.es, 20/01/16)

28.12.15

La banca mundial recortó 100 mil empleos en 2015 y reducirá a la mitad sus puestos de trabajo... como no da créditos, recorta puestos de trabajo para mostrar beneficios y ser confiable de nuevo

"Los grandes bancos de Europa y Estados unidos recortaron 100.000 puestos de trabajo en 2015 y se esperan otras decenas de miles de recortes en los próximos meses con los anuncios de BNP Paribas, Barclays y Deutsche Bank. (...)

Los recortes de 2015 ascienden a más del 10% de la plantilla total de los principales bancos de Europa y Estados Unidos, que incluyen HSBC, Morgan Stanley, Standard Chartered, Royal Bank of Scotland y Credit Suisse, entre otras. 

Si desde el estallido de la crisis se han recortado más de 400 mil empleos vinculados al sistema financiero sólo en Estados Unidos, se espera que en los próximos años la banca recorte el 50 por ciento de sus empleos

El más reciente anuncio de despidos lo realizó la semana pasada el holandés Rabobank, que aplicará 9.000 nuevos recortes en enero. Le seguirá Morgan Stanley con la reducción de 1.200 empleos de su banca de inversión, Barclays con 19 mil recortes de empleo, y Deutsche Bank con la disminución de 10.000 puestos de trabajo

Las bajas tasas de interés combinadas con mayores costos regulatorios han disminuido los ingresos de los bancos desde la crisis financiera, llevándolos a descubrir que tienen demasiado personal. 

La ola de nuevos directores ejecutivos, en particular en el Deutsche Bank, Credit Suisse y Barclays, han acelerado los despidos y han reducido drásticamente las plantillas de trabajo demostrando que la banca se encuentra bajo una fuerte presión por mostrar beneficios. Ahora que la banca no hace el negocio para el que fue creada (prestar dinero), recorta puestos de trabajo para mostrar beneficios y ser confiable de nuevo.  (...) "           ( , El blog salmón, 16/12/15)

27.10.15

Deaton (Premio Nóbel): los programas de austeridad que muchos países padecen nos harán infelices, quizá durante bastantes años

"(...) Todos quisiéramos ser felices, pero una gran parte del mundo está hoy preocupada porque los programas de austeridad que muchos países padecen nos harán infelices, quizá durante bastantes años. 

Que la austeridad traerá sufrimiento es, por desgracia, cierto. Sin embargo, los resultados de esta nueva investigación nos ayudan a entender el modo en que nos hará infelices, y tal vez puedan incluso ofrecernos un poco de esperanza y de consuelo.

Con la austeridad se reducen los ingresos, se recortan los beneficios y se destruyen empleos. Aunque confiamos en que estos programas den resultado pronto y la economía vuelva cuanto antes a la normalidad, no tenemos ninguna garantía al respecto, y es posible que nos esperen muchos años de pérdidas de ingresos y de más desempleo. 

El nivel de vida es más bajo de lo que sería en otras circunstancias, y algunas de las personas que pierden sus trabajos podrían tener problemas para encontrar otro, tal vez incluso durante el resto de su vida activa. 

También los jóvenes que acceden por vez primera al mercado laboral están en peligro, y pierden no solo los ingresos que les corresponderían, sino una experiencia de trabajo inestimable para sus futuras carreras profesionales. Y habrá quienes tengan más difícil acceder al colegio y a la universidad, viendo así comprometido su porvenir.

Estas son las cosas que preocupan a los economistas cuando meditan sobre la austeridad o sobre los retrocesos que supone. Y está bien que sea así, porque el descenso de los ingresos y el aumento del desempleo traen privaciones y desesperación a muchas vidas. (...)

Cuando los ingresos caen, la gente piensa que su vida empeora. Cuando la gente pierde su empleo las consecuencias son considerables en la valoración de su vida. Visto así, el desempleo es una de las peores cosas que pueden ocurrirle a alguien -no tan malo como perder a quien queríamos, o como divorciarse, pero muy malo-. 

El efecto va mucho más allá de la pérdida de ingresos que se deriva del desempleo, porque tener un trabajo es parte sustancial de la autoestima de una persona, y le da a su vida un sentido y un propósito. De modo que cuando la gente pierde su trabajo no solo pierde dinero, sino otra dimensión de su vida que es valiosa. Esto no significa que el dinero no tenga importancia por sí mismo. 

La gente de los países más pobres suele estar menos satisfecha con su vida, y no hay un solo país donde la gente con más ingresos no tenga en más alta estima su vida que la gente que gana menos. Son estas medidas para valorar la vida las que revelan el dolor que provoca la austeridad. 

Estas son malas noticias para los que están padeciendo con los programas de austeridad. Para los que han tenido la mala suerte de perder su trabajo, para los que han visto mermados sus ingresos porque el negocio va mal, será imposible ignorarlo y decir que la vida va bien. La gente sabrá todos los días que su vida no es tan buena como antes. Se preocupará también por el dinero, y sentirá una mayor tensión. 

Claro está que los programas de austeridad tienen en cuenta que no todo el mundo sufre en la misma medida: en EE UU, durante la gran recesión, solo uno de cada veinte trabajadores perdió su empleo. La vida empeoró notablemente para los damnificados y para sus familias, pero el nivel de satisfacción medio del país no cambió mucho, porque uno entre veinte es un porcentaje pequeño de la población. (...)"               ( (Premio Nóbel), El País 11 MAR 2012)

28.9.15

¿Pleno empleo en Estados Unidos? Los datos oficiales lo sitúan en el 5,1%... los datos reales, en el 23%

 

"El diario El País ofrecía ayer en su edición digital una noticia titulada “Estados Unidos se acerca al pleno empleo al bajar el paro al 5,1%” pero la realidad laboral de esa potencia económica no es exactamente esa.

Lo cierto es que en Estados Unidos hay seis medidas oficiales del desempleo elaboradas por el  Bureau of Labor Statistics (Los datos completos pueden verse pinchando aquí):

U1: Porcentaje de la población activa desempleada 15 semanas o más. En agosto de 2015 es del 2,2% y en el mismo mes de 2014 2,9%.

U2: Porcentaje de la población activa que perdió su trabajo o ha terminado un empleo temporal. En agosto de 2015 es del 2,6% y en el mismo mes de 2014 3,1%.

U3: Es la tasa oficial de la OIT y la que se usa normalmente. Recoge, como porcentaje de la población activa, el número de personas que están sin empleo y que han buscado activamente trabajo en las últimas cuatro semanas. En agosto de 2015 es del 5,1% y en el mismo mes de 2014 del 6,1%.

U4: Añade a U3 los “trabajadores desanimados” que son los que han dejado de buscar trabajo en los últimos doce meses porque las condiciones económicas actuales les hacen creer que no hay trabajo para ellos. En agosto de 2015 es del 5,5% y en el mismo mes de 2014 del 6,6%.

U5: Es la anterior más las personas vinculadas solo marginalmente al mercado de trabajo que son quienes actualmente ni están trabajando ni buscando trabajo pero indican que desean hacerlo, que están disponibles para trabajar y que han buscado trabajo en algún momento en los últimos 12 meses. En agosto de 2015 es del 6,2% y en el mismo mes de 2014 del 7,4%.

U6: Es la anterior más los empleados a tiempo parcial que desean trabajar a tiempo completo pero que no pueden hacerlo debido a razones económicas. En agosto de 2015 es del 10,3% y en el mismo mes de 2014 del 12,0%.

Por tanto, si se toma en cuenta esta última tasa, mucho más realista que la U3 a la hora de saber de verdad qué personas están o no desempleadas, resulta que la tasa de paro en Estados Unidos es el doble  de lo que se dice.

Pero no para aquí la cosa.

Esta última tasa U6 se modificó en 1994 bajo el mandato de Clinton para que proporcionara datos más favorables para el gobierno. Hasta entonces incluía no solo los “desanimados a corto plazo” sino también los que habían buscado empleo en algún momento de un periodo superior al año.

Pues bien, en su web Shadow Government Statistics el investigador John Williams viene calculando la tasa U6 pero como se calculaba antes de la modificación de Clinton, es decir, de modo mucho más realista, y resulta que entonces la tasa de paro de agosto de 2015 en Estados Unidos no sería ni del 5,1% ni del 10,3% sino del 23% .

En la gráfica de abajo puede verse la evolución desde ese año de la tasa U3, U6 y de la obtenida por Williams manteniendo la U6 como se calculaba antes de 1994 (esta es la azul denominada ShadowStat).

Lo curioso de todo esto es que las medidas de política macroeconómica que toman las autoridades se basan, por ejemplo para subir o no los tipos de interés próximamente, en la tasa U3, es decir, en un dato que tiene tan poco que ver con la vida real."           (Juan Torres López, 07/09/2015)

11.2.15

EE UU se ha convertido en una de las sociedades más desiguales del mundo y al mismo tiempo esté a punto de conseguir el pleno empleo... pues menudo empleo

"(...) resulta muy sugerente analizar la paradoja de que EE UU se haya convertido en una de las sociedades más desiguales del mundo y al mismo tiempo esté a punto de conseguir el pleno empleo (5,6% de tasa de paro oficial).

 No es de extrañar que ante esta realidad el concepto más conjugado por el presidente Obama la semana pasada, en el debate sobre el estado de la Unión, fuese el de desigualdad. 

“¿Aceptaremos una economía en la que sólo a unos pocos les va espectacularmente bien?”, dijo. (...)

La Gran Recesión ya es historia en EE UU, pero sus sombras están muy presentes: se ha iniciado una fase en la que son más visibles que en tiempos de dificultad las diferencias existentes entre las familias que, mal que bien, han capeado la crisis (sin perder ningún puesto de trabajo y sin haber visto disminuir de modo sustancial el poder adquisitivo), y las que después de haberla sufrido terriblemente (precarizándose), no son capaces de subirse al tren de la recuperación: aquellos que “no pueden pasar página”. 

Obama pretende que no se diga de él, como de tantos otros dirigentes en el mundo, que mantienen el discurso retórico de que para repartir antes hay que crecer, sin llegar nunca a la primera parte del silogismo. (...)

Obama fuerza —en el territorio de lo político— a los republicanos de EE UU y a la derecha europea a incluir en el frontispicio de sus políticas la discusión sobre la desigualdad y su influencia en el deterioro de las sociedades. 

Atascado el ascensor social, la economía de la clase media “significa ayudar a las familias trabajadoras a sentirse más seguras en un mundo de cambios constantes. Ello significa ayudar a la gente a pagar el cuidado infantil (la educación preescolar), la universidad, la atención médica, una casa y la jubilación”. Sin comentarios."           (   , El País 26 ENE 2015)

4.2.15

El paro real español... el 36,2%

"(...) Como algunos pensamos que hay que contar los que están en subempleo, los que ya no buscan y los que trabajan menos de lo que querrían, realmente estamos en 36,2%, demostrando que hay mucho por hacer. El problema es que lo que nos dicen nuestros líderes es que crecemos más que nadie en Europa y hemos hecho los deberes durante los años de la crisis. (...)

Eurostat también nos dan las cifras de desempleo juvenil para diciembre y los jóvenes españoles terminaron el año 2014 con desempleo en 51,4%, incluso ganado a Grecia, que tiene 50,6%. 

Casi cinco millones de jóvenes desempleados alrededor de Europa, 21,4% en la Europa de los 28 y 23% en los países del Euro. (...)"          (, El blog salmón, 31/01/2015) 


"(...) ¿Cómo es posible que disminuyendo el número de afiliados a la Seguridad Social en 199.902 personas, solamente 77.980 se inscriban en los servicios públicos de empleo?

 Solamente el 39% de las personas que han perdido su empleo se inscriben en las Oficinas de Empleo.

Si miramos hacia atrás, el porcentaje de personas que salían del empleo y se inscribían era muy superior. En 2014 se inscribieron el 61% de los que quedaron en paro; en 2011 fue el 59% y en 2008 el porcentaje llegó hasta el 63%. De haberse producido porcentajes similares a los de estos años, el aumento de los parados inscritos superaría las 120 mil personas. De cada cinco personas que se inscribieron en los años señalados, este año ha habido dos que no se anotan.

En vez de fanfarrias porque ha subido poco el paro, es preciso preguntarse por qué hay más de cuarenta mil personas que en otros meses de enero se hubieran inscrito y en este enero de 2015 decidieron no hacerlo. (...)

Este gobierno ahora se ufana de que no crece el paro registrado. La inscripción de quienes pierden su empleo ha disminuido en veinte puntos. Más que menos parados, este gobierno lo que ha conseguido es un peor servicio público de empleo para el que muchos no encuentran razones de inscribirse. La segunda fanfarria del gobierno es por el aumento de los afiliados sobre el año pasado.

Sistemáticamente pretenden hacernos creer que solo llevan un año de gobierno y el resto es “la herencia recibida”. En enero de 2011 había 9,2 millones de trabajadores afiliados al Régimen General a tiempo completo y 2,7 millones a tiempo parcial. Los datos publicados del mes pasado arrojan que hay 8 millones a tiempo completo y 3 millones a tiempo parcial.

 Mientras que los afiliados a tiempo completo disminuyen en 1,2 millones, los que están a tiempo parcial aumentan en 328 mil.  Este gobierno no crea empleo. No repone el que ha destruido. Es como si después de volar los cien puentes de un rio, se ufanase porque ha construido uno y dice que el número de puentes ha crecido un 100%. ¡¡Oiga que todavía le falta por reponer 99! (...)

Como sigan las cosas así, este gobierno pronto pondrá tasas a los parados que se quieran inscribir por utilizar los servicios públicos de empleo (ya lo han hecho con la justicia) y luego dirán que baja el paro porque cada vez hay menos inscritos…"          (Enrique Negueruela , Nueva Tribuna, 04/02/2015)