"(...) resulta muy sugerente analizar la paradoja de que EE UU se haya
convertido en una de las sociedades más desiguales del mundo y al mismo
tiempo esté a punto de conseguir el pleno empleo (5,6% de tasa de paro
oficial).
No es de extrañar que ante esta realidad el concepto más
conjugado por el presidente Obama la semana pasada, en el debate sobre
el estado de la Unión, fuese el de desigualdad.
“¿Aceptaremos una
economía en la que sólo a unos pocos les va espectacularmente bien?”,
dijo. (...)
La Gran Recesión ya es historia en EE UU, pero sus sombras están muy
presentes: se ha iniciado una fase en la que son más visibles que en
tiempos de dificultad las diferencias existentes entre las familias que,
mal que bien, han capeado la crisis (sin perder ningún puesto de
trabajo y sin haber visto disminuir de modo sustancial el poder
adquisitivo), y las que después de haberla sufrido terriblemente
(precarizándose), no son capaces de subirse al tren de la recuperación:
aquellos que “no pueden pasar página”.
Obama pretende que no se diga de
él, como de tantos otros dirigentes en el mundo, que mantienen el
discurso retórico de que para repartir antes hay que crecer, sin llegar
nunca a la primera parte del silogismo. (...)
Obama fuerza —en el territorio de lo político— a los republicanos de EE
UU y a la derecha europea a incluir en el frontispicio de sus políticas
la discusión sobre la desigualdad y su influencia en el deterioro de las
sociedades.
Atascado el ascensor social, la economía de la clase media
“significa ayudar a las familias trabajadoras a sentirse más seguras en
un mundo de cambios constantes. Ello significa ayudar a la gente a pagar
el cuidado infantil (la educación preescolar), la universidad, la
atención médica, una casa y la jubilación”. Sin comentarios." (
Joaquín Estefanía , El País,
26 ENE 2015)
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