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18.5.26

¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? Sus legislaturas han coincidido con un contexto expansivo para España, con datos macroeconómicos y de empleo bastante positivos... así pues, se atribuye el mérito de los buenos números y, sobre todo, culpa al Gobierno central de los malos. Pedro Sánchez es una figura política que polariza mucho, lo que permite que funcione estupendamente como chivo expiatorio de cualquier mal dato... además, hay mucha gente que no tiene ni idea de cuáles son las competencias de un gobierno autonómico, No saben que, en materia de vivienda, de sanidad o de educación, es la Junta de Andalucía la principal responsable, y no Pedro Sánchez... la izquierda puede recuperar la Junta en el futuro si Por Andalucía y Adelante Andalucía, aunque estabilicen sus respectivas organizaciones, puedan explorar fórmulas de colaboración electoral novedosas... y si el mal resultado de Mª Jesús Montero la sitúa fuera del Parlamento andaluz, lo que abriría la puerta a los liderazgos emergentes de Márquez y Férriz. Apunten sus nombres... y porque es previsible el deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la mayoría de andaluces. Una mayoría de la que también hay que esperar un despertar y una reacción para la defensa de nuestra riqueza. Nos va la vida en ello (Francisco Jurado)

"¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? ¿Es cierto que Andalucía se ha hecho conservadora? ¿Hay manera de provocar un cambio en el Gobierno de la Junta?

No nos vamos a engañar, las elecciones andaluzas tienen la misma intriga que ver la peli El Sexto Sentido sabiendo que Bruce Willis está muerto desde el inicio. Todas las encuestas se han conchabado para hacernos el spoiler de que Juanma volverá a ocupar San Telmo y, a estas alturas, tan sólo quedan por resolver tramas secundarias: ¿habrá mayoría absoluta? ¿hasta dónde puede caer el PSOE? ¿se confirmará el frenazo en las expectativas de Vox? ¿cómo quedará el sprint final entre las dos candidaturas a la izquierda del PSOE?

Pero la gran pregunta, la que nos desespera a miles de andaluces y andaluzas, es qué tiene que pasar para que Moreno Bonilla pierda unas elecciones. Y es que esta legislatura que acaba ha sido la primera en la que realmente se le han visto las costuras al Gobierno del PP: la sanidad andaluza sigue desmantelándose, con el escándalo de los cribados como traca final; la corrupción ha hecho acto de presencia, destapándose las corruptelas del Presidente de la Diputación del Almería, muy cercano a Juanma; se siguen cerrando aulas y líneas en los colegios públicos y se arrastran otros conflictos de legislaturas pasadas, como los de los bomberos del INFOCA, las TCAE o las PTIS. Y, a pesar de todo, ahí siguen las encuestas, dibujando una Andalucía inmóvil e impasible, abonada al “Virgencita, Virgencita, etc”.

¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? ¿Es cierto que Andalucía se ha hecho conservadora? ¿Hay manera de provocar un cambio en el Gobierno de la Junta? Vamos por partes.

Los salvavidas de Juanma

Moreno Bonilla no ha sido un gran Presidente aunque, ante la opinión pública, tampoco uno pésimo. Con el único gran lunar de la crisis de los cribados, se podría decir que las dos legislaturas que ha gobernado no han dejado grandes titulares, ni grandes gestas, ni grandes fracasos. Cuenta, además, con la gran fortuna de haber sucedido a un PSOE achicharrado por la corrupción y los líos internos. Tal fue el KO (y el caos) que supuso perder la Junta que, desde entonces, la federación socialista andaluza aún no se ha recuperado. Suceder al Gobierno de los escándalos de los ERE y los cursos de formación, el que empezó a desmantelar el Servicio Andaluz de Salud, el de los récords de desempleo, etc. tiene la ventaja de que el listón estaba bastante bajo.

Además, las legislaturas de Moreno Bonilla han coincidido con un contexto expansivo para España, con datos macroeconómicos y de empleo bastante positivos. En este sentido, el perfil de Juanma es perfecto para un presidente autonómico: aparente moderación, no meterse en charcos, no buscar confrontación, atribuirse el mérito de los buenos números y, sobre todo, culpar al Gobierno central de los malos.

¿Y por qué cuela esa estrategia? Primero, porque hay mucha gente corriente que no tiene ni idea de cuáles son las competencias de un gobierno autonómico, No saben que, en materia de vivienda, de sanidad o de educación, es la Junta de Andalucía la principal responsable. Y, segundo, porque el presidente Pedro Sánchez es una figura política que polariza mucho, lo que permite que funcione estupendamente como chivo expiatorio de cualquier mal dato.

La oposición

Para que Moreno Bonilla pierda unas elecciones es fundamental, además, que haya otro partido que las gane o, al menos, que tenga más escaños en el Parlamento para gobernar. El problema es que el PSOE lleva muchos años haciendo lo posible para despeñarse en Andalucía y, a cada elección, lo consigue un poquito más.

Tras la guerra civil entre Sánchez y Susana Díaz, la victoria final del presidente abría, a la fuerza, un proceso de renovación total en una Comunidad que era el cuartel general del susanismo. No ha sido fácil –ni se ha conseguido del todo– encontrar recambio para todos los cuadros y no es fácil para Sánchez mantener el control de la federación socialista más grande de toda España. En estas, la estrategia de ir colocando a ministros y ministras al frente de las federaciones autonómicas no está saliendo bien en el plano electoral. Da la impresión de que Sánchez da el ciclo de las autonómicas como amortizado, a cambio de conservar el control territorial del partido, fiándolo todo a la batalla por las generales.

Así, en lugar de seguir el ejemplo de Castilla y León, donde un candidato apegado al territorio salvó bien los muebles, Sánchez decidió presentar a la Ministra de Hacienda (quizás el ministerio más odiado de cualquier gobierno) que, para más inri, tuvo un pasado protagonista en los gobiernos de Susana Díaz. Y esta designación la hizo por encima de dos figuras emergentes, con un discurso sólido y muy experimentadas en el Parlamento andaluz, como son María Márquez y Ángeles Férriz. Apunten sus nombres.

Un pasito más a la izquierda del PSOE se encuentra un espacio político que, en Andalucía, llegó a alcanzar más del 20% del voto en 2015. Para ponerlo en contexto, Podemos e IU, que se presentaron por separado en esas elecciones, sacaron más votos que Moreno Bonilla en la primera legislatura que gobernó. Sin embargo, la atomización de Podemos y los posteriores conflictos entre los diferentes partidos han ido provocando hastío, confusión y una pérdida constante de votos y escaños que, parece, puede empezar a revertirse a partir del próximo domingo.

A pesar de acudir con dos papeletas diferenciadas, las expectativas, tanto de Por Andalucía como de Adelante Andalucía, son optimistas y se espera que ambas superen sus resultados de hace cuatro años. El termómetro, para calificarlo como un buen resultado, sería que ambas candidaturas obtuvieran grupo parlamentario propio, sin perder demasiados votos en provincias sin representación. Además, habrá que estar muy atentos a si la suma de los votos de este espacio se iguala o se queda muy cerca de las papeletas que obtenga Vox.

Objetivo 2030 (…o antes)

Aunque el relevo en San Telmo se antoje difícil para estas elecciones, sus resultados, junto a los factores anteriormente expuestos, pueden apuntar las claves con las que la izquierda puede recuperar la Junta en el futuro.

Si Moreno Bonilla no alcanza la mayoría absoluta, dependerá de un Vox crecido y dispuesto a dejar su impronta en el futuro gobierno, algo que no conviene, en absoluto, a la imagen de moderación que se ha construido el presidente andaluz.

Si Mª Jesús Montero sufre el peor resultado de la historia del PSOE en Andalucía, ya hay voces que la sitúan fuera de la política o, al menos, fuera del Parlamento andaluz, lo que abriría la puerta a los liderazgos emergentes de Márquez y Férriz.

Si Pedro Sánchez no consigue revalidar su mandato, Moreno Bonilla dejará de tener al Gobierno central como coartada de todo lo que no marcha bien en Andalucía, a menos que decida rebelarse contra su propio jefe en el PP, cosa poco probable. Además, el ciclo económico que se avecina y el hipotético gobierno de PP y Vox, a nivel estatal, no serán nada favorables para los andaluces y las andaluzas. Las políticas fiscales regresivas y el frenazo a la inversión pública no van a sentar bien a las Comunidades con las rentas más bajas y con más desigualdad.

Por último, tengo la sensación de que Por Andalucía y Adelante Andalucía van a estabilizar sus respectivas organizaciones y, durante los próximos años, van a ser marcas electorales consolidadas que permitirán seguir ensanchando el espacio electoral de la izquierda y del andalucismo. Este crecimiento, sin embargo, no debería ser óbice para que, en próximas elecciones y si los números lo sugieren, se puedan explorar fórmulas de colaboración electoral novedosas, que no tengan que implicar ni mezclas ni cohabitaciones conflictivas, pero sí una maximización de los escaños obtenidos, atendiendo al sistema electoral andaluz.

Sin duda, el aspecto más negativo de este lejano horizonte, hacia el cambio de gobierno en Andalucía, es el previsible deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la mayoría de andaluzas y andaluces. Una mayoría de la que también hay que esperar un despertar y una reacción para la defensa de nuestra riqueza y nuestro patrimonio. Nos va la vida en ello."

(Francisco Jurado  , El Salto,  15/05/26)

En la última victoria con gobierno socialista en Andalucía –2015– la participación se fue casi al 64%. En la primera mayoría absoluta de Moreno Bonilla –2022– el recuento se quedó levemente por encima del 56%. Esos casi ocho puntos más de abstención no lo explicaban todo del actual mapa político andaluz, pero casi. El crecimiento de la participación ahora tampoco lo explica todo, pero casi... La sufrida movilización de la base electoral a la izquierda del PSOE, tras el enésimo episodio de división y suspense hasta el último segundo, le ha costado la mayoría absoluta a los populares... Vox condiciona y el PP gobierna; la fórmula se consolida en la derecha como la alternativa al sanchismo... A la izquierda del PSOE vuelve a quedar claro lo que todos saben, los mismos que han llevado a la izquierda española a la presente situación de penuria y precariedad no van a sacarla de ella (Antón Losada)

"En la última victoria con gobierno socialista en Andalucía –2015– la participación se fue casi al 64%. En la primera mayoría absoluta de Moreno Bonilla –2022– el recuento se quedó levemente por encima del 56%. Esos casi ocho puntos más de abstención no lo explicaban todo del actual mapa político andaluz, pero casi. El crecimiento de la participación ahora tampoco lo explica todo, pero casi.

Ahí se jugaba la mayoría absoluta el candidato popular. Los que no iban a votar casi importaban más que quienes sí iban a hacerlo. La sufrida movilización de la base electoral a la izquierda del PSOE, tras el enésimo episodio de división y suspense hasta el último segundo, le ha costado la mayoría absoluta a los populares. Otro objetivo, sin la reactivación mínima del votante socialista, se antojaba una misión imposible. La realidad y las matemáticas electorales son tozudas. 

Moreno Bonilla ha ganado, pero no ha conseguido su objetivo, que siempre es la peor de las victorias. Solo él puede ser presidente, pero no quería volver a serlo así. El candidato popular ha padecido el mismo problema durante toda su campaña: el PP. Su dilema entre él o un lío perdió toda la fuerza con los acuerdos de gobierno entre populares y Vox. Además, entre la mala valoración de su gestión de servicios públicos como la sanidad y la amenaza fantasma del lío, parece que los andaluces han preferido un poco de lío. 

En el PSOE y en la Moncloa seguramente estarán convencidos de ver otra prueba irrefutable de su teoría, según la cual a Pedro Sánchez le votan y a los demás socialistas les castigan. Cada uno ve lo que quiere ver. Pero esto no ha sido un accidente laboral de María Jesús Montero. Más parece el resultado de una década tras no hacer lo que había que haber acometido tras la corrupción de los ERE y una salida traumática del poder. Seguirá pasando mientras no lo afronten. Puede que en el ejecutivo consideren encapsulada la catástrofe respecto a la legislatura. Pero también puede que la realidad no haya recibido el mail de Presidencia y todo se acelere de aquí a las elecciones generales.  

A Vox se le ha acabado subir sin hacer más que flotar con la marea, pero, como siempre, ya acude el PP al rescate. Ahora tiene que nadar y lo de la prioridad nacional da para un par de brazadas, dos tertulias y un telediario, pero no para hacerse unos largos a buen ritmo. Si, además, andas a bofetadas como en un partido de los de siempre, la gente desconfía. El elector de derechas vota para gobernar, no para que le coman la cabeza con batallas culturales o de las otras. Vox condiciona y el PP gobierna; la fórmula se consolida en la derecha como la alternativa al sanchismo.  

A la izquierda del PSOE vuelve a quedar claro lo que todos saben, pero nadie parece querer asumir. Antonio Maíllo y José Ignacio García no han inventado la pólvora ni falta que hacía porque, con un poco de renovación en las caras y las formas, algo menos de agresividad en el discurso y algo más de energía positiva, sí se puede. Unos y otros harían mal en interpretar el nuevo balance de resultados como una ratificación de sus paupérrimas tácticas. Los mismos que han llevado a la izquierda española a la presente situación de penuria y precariedad no van a sacarla de ella. Es ley de vida."

Antón Losada, eldiario.es, 17/05/26)

23.12.25

Pedro Sánchez y las enseñanzas extremeñas: el desgaste de Sánchez no beneficia fundamentalmente al PP, cuanto más se combate al sanchismo, más crece Vox... Vox puede recoger el descontento porque no encabeza ningún gobierno y porque su ideología favorece el desafío. Los de Abascal están ensanchando el campo porque trasladan la sensación de que son algo diferente... Los distintos partidos de la izquierda entienden que alejarse de los socialistas es una necesidad política y que, además, permitirá captar votantes de un PSOE agotado... Queda por saber cómo se articulará el espacio de la izquierda, todavía en el aire, y quién lo liderará... Sánchez debe afrontar un problema, que es cada vez más serio: la pérdida de la esperanza. Su posición político-electoral se fundamenta en la capacidad de resistencia al bloque de las derechas. Necesita llegar a las generales transmitiendo la idea de que es posible ganar, aunque sea en el último minuto... Sánchez intentará cambiar el paso en enero con el anuncio de nuevas medidas, con las que tratará de retomar la iniciativa, pero es probable que necesite algo más. Estos son tiempos en los que la política importa, y las medidas deben tener bastante altura si quiere cambiar el humor social (Esteban Hernández)

 "Las elecciones extremeñas han dejado un retrato inequívoco de las tendencias del momento. El PP se mantiene firme como primer partido de la oposición, pero no logra dar un salto que le despegue de Abascal; el PSOE siente el desgaste de manera nítida; Vox es la fuerza en auge; las izquierdas se benefician del deterioro de Sánchez, pero no lo suficiente. Sin embargo, los comicios del pasado domingo también han servido para constatar unas cuantas realidades de la política española.

1. Acertar a medias

El PP hizo un buen diagnóstico de la situación, pero solo acertó en la mitad. La convocatoria de Extremadura tenía un propósito principal, sin el cual no se habrían convocado elecciones: golpear al PSOE. La lectura de Génova concluía que los socialistas estaban muy débiles después de una época en la que los escándalos judiciales y las investigaciones abiertas habían minado su credibilidad de manera muy profunda. Y además estaba el hermanísimo.

Era evidente que el desgaste les pasaría factura en las urnas. Dado que Extremadura es una región en la que, tradicionalmente, el trasvase de voto iba a parar sobre todo al principal partido opositor, con el adelanto se podían matar dos pájaros de un tiro: hacer visible que el sanchismo estaba herido de muerte y conseguir la mayoría absoluta. Además, si se lograba el segundo objetivo, el PP quedaría reafirmado como el partido confiable de la derecha. Hay quienes todavía tienen esperanza en que un buen resultado en las generales permita a los de Feijóo no depender de Vox.

El problema del PP es que cuanto más insiste en los ataques a la figura del presidente, más reforzado sale Abascal

Los estrategas del PP acertaron en que el PSOE estaba muy débil y el candidato extremeño distaba mucho de ser el mejor. Pero se equivocaron en la otra parte del razonamiento: el desgaste de Sánchez no beneficia fundamentalmente al PP. Ni en Extremadura ni en el resto de España. El problema para Génova consiste en que, cuanto más se combate al sanchismo, más crece Vox; cuanto más se insisten en el descrédito del presidente, más se alimenta a Abascal. Tiene su lógica. Si se utilizan términos y actitudes que aceleran el pulso, se favorece a las opciones más frontales. Cuando la animadversión personal es el centro del asunto, hay quien la puede canalizar mejor porque eleva más el tono. La excepción, la que mejor resiste a Vox, es Díaz Ayuso, pero eso es también eventual. Depende, en buena medida, del acierto del programa de Vox para Madrid. Carlos H. Quero emerge por el horizonte.

En segundo lugar, el PP tiene la ventaja de ser el partido mayoritario de la oposición, pero también es, de los dos de la derecha, el que representa al establishment. Vox puede recoger el descontento porque no encabeza ningún gobierno y porque su ideología favorece el desafío. Los de Abascal están ensanchando el campo porque trasladan la sensación de que son algo diferente.

Ambos elementos ayudan a que el desgaste de Sánchez no vaya a parar principalmente al PP, sino a Vox. Más confrontación, más Vox, algo que deberá ratificarse en el resto del ciclo electoral autonómico.

2. Los dos cambios en las izquierdas

Extremadura tiene consecuencias para las izquierdas. Algo se ha roto en su articulación táctica, y lo ha hecho en dos sentidos, los dos relevantes. Por una parte, ha existido un choque en la campaña, no muy violento, pero choque al fin y al cabo, entre Unidas por Extremadura y el PSOE. Irene de Miguel adoptó una postura bastante crítica con Gallardo. Hasta ahora, los partidos de la izquierda, salvo Podemos, mantenían un equilibrio entre el apoyo a Sánchez y la distancia con él. Dado que el programa común era la lucha contra la extrema derecha, había que dar sensación de bloque, aunque se insistiera en que las deficiencias del programa socialistas debían ser solucionadas con una mayor presencia de las izquierdas.

Esa posición se había acabado antes de las elecciones extremeñas, porque todos intuían que era el instante de confrontar con Sánchez al que perciben sin iniciativa, pero se ha ratificado en los comicios del domingo. Los distintos partidos del espacio entienden que alejarse de los socialistas es una necesidad política y que, además, permitirá captar votantes de un PSOE agotado.

Las izquierdas necesitan alejarse del PSOE. Díaz no parece la figura idónea para ello. Y más cuando flaquean los apoyos internos

El segundo aspecto en el que se producen cambios es en el liderazgo. Yolanda Díaz sufrió un gran desgaste después de las elecciones generales, y en el espacio existía la conciencia de que no podía encabezar unas listas futuras. Díaz es una de las valedoras de ese equilibrio entre defensa del Gobierno y distancia del PSOE que fue habitual en los últimos tiempos. Una vez que esa visión ya no es la dominante, resulta complicado que sea ella quien encabece la rebelión contra el PSOE. La pérdida de apoyos internos y de reconocimiento social harán el resto. Queda por saber cómo se articulará el espacio de la izquierda, todavía en el aire, y quién lo liderará. Josep Martí ofrece hoy alguna visión al respecto.

3. El momento clave para el PSOE

El foco principal tras Extremadura está puesto en el PSOE. No solo por lo que estas elecciones suponen de aumento de la autoestima de los rivales, sino por el mensaje que trasladan al interior del partido socialista.

Sánchez debe afrontar un problema, que es cada vez más serio: la pérdida de la esperanza. Su posición político-electoral se fundamenta en la capacidad de resistencia al bloque de las derechas. Necesita llegar a las generales transmitiendo la idea de que es posible ganar, aunque sea en el último minuto y por un golpe de azar. Si esa creencia se desvanece, todo el mundo comenzará a mirar por sí mismo: los partidos de la izquierda golpearán al PSOE, los dirigentes locales socialistas tratarán de alejarse de Sánchez, su equipo cercano comenzará a pensar en el futuro personal y en Ferraz se moverán piezas de cara a la sucesión.

Incluso él mismo comenzará a pensar en su legado más que en una posible repetición de la victoria del 23-J. Eso está ocurriendo ya, y si el presidente no logra pararlo, el PSOE vivirá en un declive incesante. Sánchez necesita una reacción para recuperar impulso, y más aún cuando lo que viene en los próximos meses no parece muy positivo. Las únicas noticias que le pueden favorecer son el juicio de la Kitchen y el caso Montoro, pero hay que cruzar varios puentes para llegar ahí y, lo más importante, serán más un instrumento para minar al PP que para hacer crecer al PSOE.

La posición electoral de Sánchez es clavada a la de Biden/Kamala. Es una opción que ha demostrado su ineficacia para ganar elecciones

La elección de Elma Saiz como portavoz es un síntoma de que Sánchez quiere persistir en su hoja de ruta. Nombrar a una persona oscurecida por la sombra de la duda en el caso Cerdán señala que el presidente no tiene miedo al enfrentamiento, pero también deja mensajes de otro orden: transmite que habrá continuidad y que se perseverará en la línea fijada hasta ahora. Sin embargo, esta perseverancia no soluciona su problema electoral. Sánchez ha apostado por una posición definida, en la que, además de intentar hacer valer la gestión realizada y confiar en las mujeres y los jóvenes como fuerza electoral, se apoya sobre un mensaje central, la defensa de la democracia frente a la extrema derecha y su desinformación.

Además, Sánchez apuesta por la inmigración y por una visión plurinacional de España. En este último punto, Sánchez coincide con un Trump que quiere menos atribuciones para el gobierno federal y más competencias para cada estado, pero en todo lo demás su programa es clavado al de Biden/Kamala. Y es una opción que ha demostrado ya su ineficacia para ganar elecciones en estos tiempos occidentales. Persistir en él como única baza no es buena señal.

Sánchez intentará cambiar el paso en enero con el anuncio de nuevas medidas, con las que tratará de retomar la iniciativa, pero es probable que necesite algo más. Estos son tiempos en los que la política importa, y las medidas deben tener bastante altura si quiere cambiar el humor social."                 

(Esteban Hernández , El Confidencial, 23/12/25)

28.9.25

Un millón de votos... Es el volumen récord de fugas del PP hacia Vox... no es una cifra cualquiera: apunta a un cambio crucial en las dinámicas políticas de nuestro país, refuerza a Vox en su línea cada vez más xenófoba y expone al PP a divisiones internas sobre cómo responder al desafío... A ello se suma la ola xenófoba que atraviesa Cataluña —donde Aliança Catalana ha sabido articular con precisión el recetario de las extremas derechas europeas—. La derecha radical, que parecía sorprendentemente gripada en el ecosistema político español, empieza a encontrar su sitio... No es la economía lo que explica las deserciones, sino los debates sobre inmigración, feminismo e igualdad de género. Allí donde la inmigración se percibe como la prioridad, la probabilidad de abandonar al PP y recalar en Vox se dispara. Lo mismo ocurre con quienes rechazan la agenda de igualdad: se sienten más cómodos en el marco cultural que Vox ofrece que en el terreno económico. Ese millón de votos es, sobre todo, un millón movilizado por la batalla cultural... la disputa política en España se está desplazando del terreno económico al cultural... Las experiencias comparables en Europa muestran hasta qué punto la situación del PP es crítica y cómo está en juego su identidad como partido conservador mainstream (Lluís Orriols)

 "La política en España se desplaza de lo económico a lo cultural, y el futuro del PP dependerá de si logra dar una respuesta propia o queda subordinado a la agenda de Vox

Un millón: esa es la cifra que ha encendido las alarmas en Génova este septiembre. Es el volumen récord de fugas del PP hacia Vox que anticipan muchas de las encuestas más recientes, y todo indica que sigue creciendo. Ese millón no es una cifra cualquiera: apunta a un cambio crucial en las dinámicas políticas de nuestro país, refuerza a Vox en su línea cada vez más xenófoba y expone al PP a divisiones internas sobre cómo responder al desafío.

Para entender este aumento de fugas conviene mirar sobre todo al propio Vox, un partido que durante años apareció desorientado e incapaz de traducir en estrategia el ideario de la derecha radical populista. Dominaban la teoría, tenían el manual del  “how-to-do-it”, pero su obsesión por convertirse en el ala dura del PP les impedía consolidar un espacio propio. Desde hace un tiempo, sin embargo, han aprendido a tocar la música sin desafinar tanto. A ello se suma la ola xenófoba que atraviesa Cataluña —donde Aliança Catalana ha sabido articular con precisión el recetario de las extremas derechas europeas—. La derecha radical, que parecía sorprendentemente gripada en el ecosistema político español, empieza a encontrar su sitio.

Ese millón de votos coloca al PP en una encrucijada. No es el primer partido conservador que se enfrenta a esta situación. Es el dilema actual de las derechas tradicionales: confrontar a las nuevas formaciones populistas —incluso mediante un cordón sanitario— o asimilar parte de su discurso nativista y populista para competir en el mismo terreno. La dirección nacional transmite todavía desconcierto, pero la corriente de Isabel Díaz Ayuso ya ha apostado abiertamente por la segunda vía. Las experiencias comparables en Europa muestran hasta qué punto la situación del PP es crítica y cómo está en juego su identidad como partido conservador mainstream.

El vuelco reciente se aprecia con nitidez en los datos del CIS sobre lealtad y fugas de voto (véase el gráfico 1). Al inicio de la legislatura, el PP vivía un momento cómodo: más del 80 % de sus votantes aseguraban que repetirían su apoyo y las fugas hacia Vox apenas superaban el 5 %. Vox, en cambio, sufría el problema inverso: su lealtad apenas alcanzaba el 70 % y uno de cada cinco votantes admitía que, en caso de repetición electoral, se pasaría al PP. Eran meses en los que los analistas hablábamos de un partido gripado, incapaz de capitalizar su ventana de oportunidad.

Ese panorama se ha invertido desde el verano. Las últimas encuestas confirman lo que hace unos meses parecía improbable: hoy el PP sufre la misma fragilidad que padecía Vox a inicios de la legislatura, mientras que la formación de Abascal ha consolidado su base y ha minimizado las fugas al encontrar un terreno cómodo en el nacionalpopulismo. El gráfico ofrece una imagen clara de la política española actual: un PP nervioso, desorientado y obligado a decidir en qué dirección moverse —una encrucijada que ya han vivido otras derechas tradicionales, como el Partido Republicano en EE. UU. o los conservadores británicos—, frente a un Vox que se afianza en el terreno nacionalpopulista, desplazando su nacionalismo del eje catalán hacia la inmigración y alineándose así con los discursos que marcan tendencia en Europa.

¿Quiénes son ese millón de votos?

¿Qué perfil tienen los votantes que se están yendo del PP a Vox? Mis análisis, a partir de los datos en abierto de 40dB para El País, apuntan a dos claves: la edad (gráfico 2) y las batallas culturales (gráfico 3).

En primer lugar, los datos confirman lo que la prensa ha señalado en las últimas semanas: el empuje de Vox se alimenta sobre todo del votante joven. Es en este segmento donde la propensión a abandonar al PP es más alta. No es extraño: los jóvenes suelen tener vínculos de lealtad más débiles con los partidos y, por tanto, mayor facilidad para cambiar de voto. Pero la explicación probablemente no se agota ahí.

En segundo lugar, las fugas tienen anclaje en la disputa cultural. No es la economía lo que explica las deserciones, sino los debates sobre inmigración, feminismo e igualdad de género. Allí donde la inmigración se percibe como la prioridad, la probabilidad de abandonar al PP y recalar en Vox se dispara. Lo mismo ocurre con quienes rechazan la agenda de igualdad: se sienten más cómodos en el marco cultural que Vox ofrece que en el terreno económico. Ese millón de votos es, sobre todo, un millón movilizado por la batalla cultural.

Finalmente, Vox mantiene como asignatura pendiente una mayor capacidad de atracción de los trabajadores manuales, algo que Aliança Catalana sí está logrando con notable eficacia. En el caso de las fugas del PP a Vox, la clase social no resulta determinante, aunque se observa una sobrerrepresentación de los trabajadores rutinarios no manuales, un patrón poco habitual en la extrema derecha europea.

En definitiva, ese millón de votos revela hasta qué punto la disputa política en España se está desplazando del terreno económico al cultural. El futuro del PP dependerá de si es capaz de ofrecer una respuesta propia a ese cambio o si queda atrapado en la agenda que Vox ya empieza a manejar con creciente soltura.

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Nota metodológica: para analizar el perfil de fugas del PP a Vox se ha usados datos en abierto de 40dB para El País. Los potenciales desertores del PP se han caracterizado como aquellos encuestados que votaron al PP en 2023 pero que declaran ahora tener una probabilidad alta (de 7 o más sobre 10) de votar a Vox." 

(Lluís Orriols , eldiario.es, 26/09/25) 

7.6.24

El Partido Popular ha decidido que en estas elecciones europeas en vez de hablar de lo crucial, todo tiene que girar en torno a la mujer de Pedro Sánchez... Esta vez, sin embargo, da la sensación de que al invento se le ve la tramoya... Feijóo es como uno de esos malos actores de reparto que cuando le llega su turno en la función se pone nervioso, gesticulando con tanta afectación que resulta inverosímil... se le ocurrió contar en alto que, de ser necesario, está dispuesto a presentar una moción de censura con el apoyo de Abascal y Puigdemont... Cuentan que algunos diputados populares pidieron el original de las declaraciones a los medios porque no se lo creían... Tanto nerviosismo no es sólo por llegar a Moncloa... Feijóo sabe que, si en estas europeas no obtiene un resultado contundente, se le ha terminado la artillería pesada, y teme no llegar vivo a unas hipotéticas generales que podrían tener lugar dentro de dos o tres años. Lo teme, precisamente, porque recuerda cómo llegó él a Génova: el fantasma de Casado ulula inquietante... el de pasar a ser Alberto Núñez Casado (Daniel Bernabé)

 "En la campaña de estas elecciones europeas se deberían haber tratado asuntos tan relevantes como la política energética de la Unión, que tendrá profundas repercusiones productivas, afectando a la vida de millones de ciudadanos. O cómo se va a hacer frente a la fuga de capitales a fondos de inversión estadounidense, que luego retornan al continente en forma de especulación que encarece hasta lo indecible la vivienda. O si se va a continuar con las políticas de mutualización de deuda o va a retornar la austeridad.

El Partido Popular ha decidido que en estas elecciones europeas en vez de hablar de lo crucial, todo tiene que girar en torno a la mujer de Pedro Sánchez, de una manera muy parecida a como en las últimas autonómicas el bulo del pucherazo secuestró la atención pública. Para ello ha contado con la inestimable ayuda del juez Peinado, al que suponemos afición a la nutrida tradición teatral de nuestro país, por lo bien que maneja los tiempos y la escenografía. 

 Esta vez, sin embargo, da la sensación de que al invento se le ve la tramoya. Hay ciudadanos convencidos de que Begoña Gómez es igual que Correa, Bárcenas o aquel misterioso personaje llamado M.Rajoy, pero, en general, parece haber una mayoría que se ha dado cuenta de lo burdo del libreto. El paréntesis de Sánchez, alertando de la que se venía encima, tiene algo que ver. Tanto como la evidente ansiedad de Feijóo por aprovechar la pelota que los jueces afines le centran al pie.

Alguien debería haber advertido a Feijóo que pedir unas nuevas elecciones generales cuando no ha pasado un año de las anteriores, estando en plena campaña de unas europeas, no es la mejor idea. Feijóo es como uno de esos malos actores de reparto que cuando le llega su turno en la función se pone nervioso, gesticulando con tanta afectación que resulta inverosímil. 

 Tanto nerviosismo no es sólo por llegar a Moncloa, descabalgando a este Gobierno de manera completamente irregular. Que Feijóo haya vuelto a plantear estas europeas como un plebiscito en torno a Pedro Sánchez es una maniobra que entraña riesgos: si lo pierde, el cuestionado va a ser él. La razón es sencilla: la derecha ha demonizado tanto la figura del presidente que ya sólo les vale acabar con él de una manera fulminante. 

 A estas alturas, en la parte más reaccionaria del kiosco y las ondas ya no caben los empates. Como el domingo el PSOE obtenga un buen resultado, y por buen resultado entendemos igualar de manera técnica los resultados de los populares, a Feijóo no le va a llegar la camisa al cuello. Ya no digamos como a los socialistas se les ocurra dar la sorpresa y hacerse con la victoria, aunque sea por la mínima. 

Feijóo empezó la campaña contándonos que Meloni era ultraderechista, pero asimilable a lo mejor de los conservadores europeos. Poco más que una de esas sobrinas que salen un poco díscolas, pero que al final, con un poco de maquillaje y un buen peinado, se les permite sentarse a la cena familiar sin asustar a la abuela. Debe de ser que de compartir mantel con ella a Feijóo se le han pegado propuestas típicamente ultras, como mezclar identitarismo e inmigración como antesala de asociar a los extranjeros a la criminalidad.

Si todo este despropósito no fuera suficiente, a Feijóo se le ocurrió contar en alto que, de ser necesario, está dispuesto a presentar una moción de censura con el apoyo de Abascal y Puigdemont, es decir, que está dispuesto a acabar con Sánchez a toda costa por promover la ley de amnistía, aprovechándose de los efectos de la misma. Cuentan que algunos diputados populares pidieron el original de las declaraciones a los medios porque no se lo creían.

Este episodio, el del ménage à trois entre el conservador, el ultra y el independentista, recuerda poderosamente al que ya se vivió en la campaña de las gallegas, cuando Feijóo filtró en una comida con periodistas que propuso un indulto a Puigdemont a cambio de que le apoyara en la investidura. Aunque la revelación no afectó al resultado de aquellas autonómicas, supuso un escándalo notable que tuvo un coste para la credibilidad del líder popular.

Que, habiendo pasado tan sólo cuatro meses de aquel episodio, insista de nuevo en buscar la complicidad de Junts es mucho más que un error de cálculo. Feijóo sabe que, si en estas europeas no obtiene un resultado contundente, se le ha terminado la artillería pesada con la que precipitar un fin anticipado de esta legislatura. Y teme no llegar vivo a unas hipotéticas generales que podrían tener lugar dentro de dos o tres años. Lo teme, precisamente, porque recuerda cómo llegó él a Génova: el fantasma de Casado ulula inquietante."               ( Daniel Bernabé, info Libre, 04/06/24)

1.5.24

Cando Feixoo anunciou un período de silencio e reflexión: tres días sen acudir a actos públicos como presidente da Xunta... Feixoo acusou ao xefe do Executivo estatal, Pedro Sánchez, de "obra de teatro"... Así o fixo a pesar das similitudes entre o proceso de silencio e reflexión do líder popular cando era presidente da Xunta e o que Sánchez comezou a pasada semana para meditar se seguía á fronte do Goberno... O entón líder do Goberno galego anunciou aos medios que tomaría uns días de silencio para pensar se dimitía como presidente da Xunta da Galiza e daba o salto á política estatal sen especificar canto duraría ese período, que finalmente foi de tres días sen acudir a actos públicos e sen dar declaracións. No caso de Sánchez, a diferenza está en que, desde un principio, o socialista deixou claro o día no que daría a coñecer a súa decisión

 "Era 15 de xuño de 2018 e o entón presidente da Xunta da Galiza, Alberto Núñez Feixoo, atendía os medios durante un acto institucional para apenas deslizar que comezaba un proceso de silencio e reflexión. Despois destas palabras, o entón líder do Executivo galego non acudía a ningún acto público durante tres días.

Así, 72 horas despois do seu encerro reflexivo, Feixoo convocaba a Xunta Directiva do Partido Popular na Galiza para lanzar un discurso sobre o seu futuro político. Sobre a mesa, a continuidade ou non á fronte do Goberno galego e se daba o paso para presidir o Partido Popular a nivel estatal.

O que fora presidente do Executivo español, Mariano Raxoi, abandonara o liderado da formación conservadora despois de deixar a Moncloa, que ocupaba o socialista Pedro Sánchez tras unha moción de censura. Todos os ollos do PP estaban postos na decisión de Alberto Núñez Feixoo.

Finalmente, o entón presidente da Xunta, anunciaba que non se presentaría para suceder Raxoi á fronte da Presidencia do Partido Popular. "Sen completar o meu compromiso, non podo fallar aos galegos", afirmaba en referencia ao feito de ter sido elixido como líder do Goberno galego nunha lexislatura do Parlamento da Galiza que non remataba até dous anos despois, en 2020.

Duras críticas a outra reflexión con moitas similitudes

Feixoo acusou esta segunda feira ao xefe do Executivo estatal, Pedro Sánchez, de querer "coar un cambio de réxime por detrás" e mesmo "usar" ao Rei español, Felipe VI, na súa "obra de teatro". Así o fixo a pesar das similitudes entre o proceso de silencio e reflexión do líder popular cando era presidente da Xunta e o que Sánchez comezou a pasada semana para meditar se seguía á fronte do Goberno español tras a aceptación a trámite dunha denuncia da organización de extrema dereita contra a súa muller Begoña Gómez.

 O entón líder do Goberno galego anunciou aos medios que tomaría uns días de silencio para pensar se dimitía como presidente da Xunta da Galiza e daba o salto á política estatal sen especificar canto duraría ese período, que finalmente foi de tres días sen acudir a actos públicos e sen dar declaracións. No caso de Sánchez, a diferenza está en que, desde un principio, o socialista deixou claro o día no que daría a coñecer a súa decisión, que anunciou algo máis de catro días despois.

Nos dous casos, pois mesmo Feixoo recoñeceu que en ningún caso sería presidente da Xunta e do PP ao mesmo tempo, a decisión implicaba a renuncia, ou non, á Presidencia (nun caso do Goberno galego e noutro caso do Executivo español). Tamén nos dous casos, o resultado final foi o mesmo, anunciar que seguían no seu posto como líderes das respectivas institucións.

Ademais, como a de Sánchez, a de Feixoo fora unha decisión totalmente hermética, pois que non foi coñecida máis que por un moi estreito grupo de colaboradores e colaboradoras até uns minutos antes de comezar o seu discurso. Desta maneira, ao igual que o actual presidente do Goberno español, Feixoo mantívose naquela altura firme na súa resistencia para desvelar as súas intencións.

"Na Galiza todo está inventado"

O PP da Galiza tiraba de retranca a pasada semana para reaccionar ao anuncio de Sánchez de que iniciaba un período de reflexión para decidir se continuaba á fronte do Goberno español. "Na Galiza todo está inventado", publicaba a forza conservadora a través dunha mensaxe en 'X' na que comparaba este paso ao dado por Ana Pontón en 2021, cando deixou aberta a posibilidade de non optar a seguir liderando o BNG.

 Porén, o silencio e a reflexión dun cargo político non eran unha novidade na política galega, posto que un proceso coma este fora levado a cabo xa tres anos antes por Feixoo, e neste caso non só para liderar ou non unha formación, senón para abandonar a Presidencia da Galiza, deixando de acudir por uns días a actos institucionais para meditar a decisión.

"Non podo fallar aos galegos"

Por outra parte, en 2018, Feixoo xustificaba no seu discurso a razón principal pola que decidía non optar a Presidencia do Partido Popular a nivel estatal. Non o podo facer "sen completar o meu compromiso, non podo fallar aos galegos", salientaba en alusión a ter sido escollido polo Parlamento da Galiza como líder do Goberno galego e a unha suposta obriga moral de completar os dous anos de lexislatura que quedaban por diante.

Pola contra, algo máis de tres anos despois, Feixoo contradicía esta propia motivación para esa vez si deixar a Xunta e dar o paso de liderar o PP a nivel estatal. O 29 de abril de 2022 e no medio da lexislatura do Parlamento da Galiza, o popular convertíase no primeiro presidente da Xunta en dimitir.

Un par de semanas antes, coñecíase que Alfonso Rueda sucedería Feixoo na Xunta antes de converterse no novo presidente do PP na Galiza. Desta maneira, o actual líder da oposición no Congreso estatal deixaba a Presidencia do Goberno galego, nun momento no que aínda quedaban dous anos por diante de lexislatura. Así, Feixoo cedía o seu posto a un Rueda que aínda non se enfrontara a unha votación para ser escollido no cargo."          (Ricardo Súarez, Nós, 01/05/24)

22.3.24

La baza de Ayuso para sacar partido de la presión del PSOE... Si las dinámicas internacionales conducen a una radicalización generalizada, Ayuso es la que mejor ha entendido en el PP la clase de perfil que es necesario... estamos, y hay que insistir en ello, en un momento con elevados componentes antipolíticos. Y quien mejor se desenvuelve en esos ambientes, entre las figuras visibles de los partidos nacionales, es Díaz Ayuso (Esteban Hernández)

 "El enfrentamiento entre el PSOE y el PP, muy cruento, y que tiene como figuras principales a Isabel Díaz Ayuso y a Óscar Puente, generará diversos y profundos efectos. El más subrayado es el incremento de la polarización, esa subida brusca y mantenida de la tensión que encrespa a un lado y al otro y que contribuye a que la vida política sea mucho más agria. Además, y por diversos motivos, la pelea ha ido girando cada vez más hacia lo personal, lo que contribuye a que sea más difícil aún pisar el freno. Las acusaciones cruzadas han alcanzado también al ámbito periodístico. La brecha va ampliándose y haciéndose más profunda. Sin embargo, las consecuencias más significativas de este río sin puentes van más allá de las voces estridentes y de los insultos indisimulados.

La convicción generalizada entre la derecha es que Sánchez no sobrevivirá a esta etapa. Koldo, Ábalos y la corrupción se suman a las citas electorales, al frente judicial contra la amnistía y a los difíciles equilibrios del gobierno de coalición: demasiados problemas acumulados como para mantenerse en el poder más allá de un puñado de meses.

La convicción generalizada entre la izquierda es que a Díaz Ayuso estos escándalos le han cerrado todas las puertas para liderar el PP. Lo que ocurra en Madrid está lejos de concretarse, queda mucho para las elecciones, pero la pérdida de capital simbólico que supone este maremágnum deja a la presidenta madrileña muy tocada para emprender aventuras políticas mayores. En el mismo sentido, en el ámbito progresista, se cree que el partido quedará debilitado, ya que Feijóo no sabe cómo separarse de esa política de confrontación directa que Ayuso practica contra el Gobierno de España, lo que provocará que los populares no sean percibidos como una alternativa real.

Quién tiene razón en ese diagnóstico (incluso si la tienen las dos partes a la vez), será algo que sabremos dentro de un tiempo. Sea cual sea el momento, está lejos, en parte porque la época es enormemente veloz y lo que hoy es importante en un mes ha perdido toda fuerza. Y en parte porque los acontecimientos internacionales que se sucederán este año nos pueden conducir hacia un mundo muy diferente del actual.

Dos efectos al mismo tiempo

De momento, lo que puede constatarse es un problema sobre el que no suele ponerse el acento: la bronca continua conduce al electorado hacia un momento antipolítico. Si la tensión sigue en aumento, se darán dos efectos simultáneos: una parte de la sociedad apoyará a los suyos con más ahínco y percibirá a los rivales como más nefastos todavía a la hora de gobernar España, y la otra se hartará y pensará que lo mejor es que se vayan todos.

Esta derivada, más relevante de lo que parece, es fácilmente perceptible una vez que se abandona la M-30. Como tantas otras cosas que concitan el interés informativo, y sobre las que se producen noticias en masa, generan un ruido saturador que solo alcanza a ámbitos concretos de la sociedad. Hay una parte de la población que se irrita con todas estas peleas y que reacciona con indignación en primera instancia, pero que a las pocas semanas está ya tan cansada y harta que prefiere defenderse del ruido ignorándolo.

Es cierto que el efecto polarizador tiende a concentrar voto, porque no solamente activa a los votantes fieles, sino que aleja a los partidos pequeños. Sumar se vuelve invisible en esta pelea y Vox pierde espacio, porque para confrontar con Sánchez de manera directa ya está Ayuso. En ese sentido, los partidos que ocupan el segundo lugar en cada espacio pueden vivir momentos complicados en cuanto a su recorrido general.

Pero, más allá de los concienciados, el resto de la sociedad pierde interés y mira con disgusto todas estas cosas. Esa sensación de que el establishment institucional está alejado de ella y de que todo el mundo en la política está dedicado a sacar partido personal, se abre camino.

La cuestión es que, al contrario que en la década pasada, no hay un partido en España que pueda aprovechar ese clima antipolítico. Podemos creció precisamente porque esa saturación estaba presente en la sociedad y la única formación antisistema, que prometía algo diferente y que respondía más ampliamente al humor social, era la de Iglesias. La casta y demás conceptos funcionaron porque ese clima había calado en los huesos de los votantes. Ciudadanos se aprovechó también de ese impulso. Pero ahora no hay ninguna formación que pueda representar ese papel, porque Vox es un partido antiizquierda, pero no antisistema. Los únicos elementos diferenciadores están en su filiación anti-Bruselas, y eso, hoy por hoy, carece de un peso significativo en la política nacional.

En ese contexto, es fácil pensar que las siguientes elecciones, las vascas y las catalanas, esquiven esa dinámica antipolítica mediante el refugio en lo local: lo que se vote en ellas estará determinado por las dinámicas regionales y no por el ruido madrileño. Euskadi tiene sus propios problemas que arreglar, y ni PSOE ni PP estarán, según las encuestas, entre los dos partidos más votados; Cataluña vive años muy complejos que tiene que empezar a solventar en estos comicios. Es poco probable, salvo alguna noticia inesperada, que esas dinámicas locales se vean perturbadas por el aumento de la tensión entre Ayuso y Puente y por las brechas comunicativas abiertas.

La mezcla

Así las cosas, es fácil pensar que, en realidad, la polarización conduce hacia un escenario en el que los dos partidos principales tienden a concentrar el voto que se desplazó hacia los partidos de su extremo ideológico. Con la polarización de la década pasada, que nació en la antipolítica, se forjó el camino para que nacieran nuevos partidos que compitieran con los tradicionales; con esta, ocurre justo al revés, y son las formaciones mayoritarias las que recuperan parte del terreno perdido.

El otro cambio respecto de anteriores tiempos son los efectos sobre los líderes políticos. Si estuviéramos en los años 10 de este siglo, cabría afirmar que Díaz Ayuso, con la tesitura que debe afrontar, habría perdido la ocasión de encabezar su partido. Por motivos obvios: estas luchas generan deterioro que suele ser aprovechado por los rivales internos. Feijóo es ahora el líder, pero si marchara en un futuro relativamente cercano, barones como Moreno Bonilla estarían mejor situados que la presidenta madrileña en la línea sucesoria.

Sin embargo, estamos, y hay que insistir en ello, en un momento con elevados componentes antipolíticos. Y quien mejor se desenvuelve en esos ambientes, entre las figuras visibles de los partidos nacionales, es Díaz Ayuso. Ha habido en los últimos años un buen número de políticos que han resistido a escándalos y acusaciones varias, desde Boris Johnson hasta Giorgia Meloni, pasando por Donald Trump, a los que estar en el centro de la polémica no les ha venido mal, sino que les ha reforzado. Algunos de ellos han crecido electoralmente gracias a ese carácter. Si las dinámicas internacionales conducen a una radicalización generalizada, Ayuso es la que mejor ha entendido en el PP la clase de perfil que es necesario.

Recordemos que la fórmula en las derechas dominante en las derechas occidentales ha sido la mezcla. Puede tratarse de un líder antisistema al frente de un partido sistémico, como ocurrió con Trump y el partido republicano, o con Johnson y los tories; o utilizar la fórmula inversa, y ser el líder sistémico de un partido antisistema, como ha sucedido con Giorgia Meloni. Si este es el camino que los tiempos próximos imponen a las derechas, dar por acabadas las aspiraciones nacionales de Díaz Ayuso sería demasiado atrevido."          (Esteban Hernández, El Confidencial, 22/03/24)

19.2.24

¿Pero quién carallo asesora en Galicia a la izquierda no nacionalista? ¿Madrid? Alfonso Rueda no es Feijóo, aunque conoce igual de bien Galicia... son muchas décadas de clientelismo, de control férreo de instituciones y medios de comunicación, así como de otros organismos del cada vez más débil tejido productivo gallego... un ejemplo: gran escándalo en Madrid por las promesas y esmolas (limosnas) de la Xunta a sanitarios horas antes de votar; también por las monjas cazadas con los mayores y su papeleta-PP bien colocada en la mano caminito de las urnas. Pues nada nuevo por Galicia, porque esto es lo de todas las campañas desde que tuvimos las primeras elecciones autonómicas en 1982; aunque antes, se regalaban sacos de patatas en las aldeas, te instalaba una bañera en casa el mismo Fraga si era necesario o votaban los muertos... ¿Qué repercusión tuvieron los contactos del PP con Puigdemont, entre el Bierzo hacia el Atlántico? Ninguna... ni la cuestión catalana ni la vasca influyen en el electorado conservador del ámbito rural, el inamovible del PP... hay que estar allí para ver hasta dónde llega la manipulación mediática en la Galicia rural, no pueden ni imaginarlo... así que la oposición no debería confiarse ni hacerse ilusiones, como ha hecho este 18-F (Ana Pardo de Vera)

 "(...) la fortaleza del BNG de Ana Pontón, efectivamente, preocupaba y mucho en Génova: "Si hablamos de Galicia, nos estrellamos". Y eso es lo que esperábamos gallegos y gallegas de todos los/as candidatas. Las preocupaciones, sobre todo, de las nuevas generaciones en Galicia pasan por la sanidad, el desempleo, el estrangulamiento del sector pesquero y agroalimentario o el propio Gobierno de la Xunta: preocupaciones de futuro en una tierra muy envejecida. Este es el balance tras 15 años de PP con mayoría absoluta, así que de eso, el PP no comenta, incluso huye.

 No convenía a Feijóo-Rueda, pues, hablar de Galicia y, además, había que esconder a un candidato "sin glamour", como le piropeó -o eso creía- uno de los dirigentes del PP de Galicia. ¿Y los debates electorales? Uno y gracias, en su controladísima TVG y como quien va a la rueda de la tortura. Lo dicen los manuales del político en el poder: si no suma, no vayas. Y Rueda no fue a ningún debate electoral más, ni al de RTVE con el candidato del PSdeG, José Ramón Besteiro, y la del BNG, ni al de la Cadena Ser, un cara a cara con Pontón, líder de la oposición gallega.

 Feijóo solo arriesgó un poco con la voladura controlada que hizo filtrando a 16 periodistas, durante una cena en Lugo, el contenido de los contactos del PP con Junts, puesto que Puigdemont había amenazado horas antes con cantar la Traviata al respecto de este asunto. ¿Qué repercusión tuvo el tema entre el Bierzo hacia el Atlántico? Ninguna, pese a los rasgados de vestiduras de la M-30 para adentro, que pensaron que Galicia se iba al carallo porque el PP dejaría de gobernarla y entraría Bildugá. Pero si mi tierra tiene una peculiaridad, y lo expliqué aquí en otras ocasiones, es que derecha e izquierda son galleguistas -por eso Vox no tiene representación ni pagando y eso nos llena de orgullo y satisfacción- y ni la cuestión catalana ni la vasca influyen en el electorado conservador del ámbito rural, el inamovible del PP. Ese voto sigue siendo conservador y tiene que ver con el envejecimiento de la Galicia interior y la implantación de una televisión pública hecha a medida del PP y su martilleo incesante (hay que estar allí para ver hasta dónde llega la manipulación mediática en la Galicia rural, no pueden ni imaginarlo).

Alfonso Rueda, no obstante, no es Feijóo, aunque conoce igual de bien Galicia, así que la oposición no debería confiarse ni hacerse ilusiones, como ha hecho este 18-F: son muchas décadas de clientelismo, de control férreo de instituciones y medios de comunicación, así como de otros organismos representativos del cada vez más débil tejido productivo gallego. Un ejemplo: gran escándalo en Madrid por las promesas y esmolas (limosnas) de la Xunta a sanitarios horas antes de votar; también por las monjas cazadas con los mayores y su papeleta-PP bien colocada en la mano caminito de las urnas. Pues nada nuevo por Galicia, porque esto es lo de todas las campañas desde que tuvimos las primeras elecciones autonómicas en 1982; aunque antes, se regalaban sacos de patatas en las aldeas, te instalaba una bañera en casa el mismo Fraga si era necesario o votaban los muertos (al PP, claro, que la Santa Compaña siempre va a caballo ganador).

Resulta sorprendente, con todo, que con los pronósticos que manejaba el PSdeG de José Ramón Besteiro, y aun asumiendo su papel de tercerón tras un BNG en ascenso con la candidata más potente de la campaña, los socialistas creyeran que todo eso era suficiente para el vuelco. ¿Pero quién carallo asesora en Galicia a la izquierda no nacionalista? ¿Madrid?"             (Ana Pardo de Vera, Público, 19/02/24)

16.2.24

Me genera cierta ternura ver a tanta gente en España sorprendida por su presunto lapsus con el indulto, "estudiada" amnistía o el no-terrorismo de Puigdemont... Es cierto que espectadores no han podido conocer la realidad gallega, precisamente, por el férreo control que Feijóo y su equipo han hecho de los medios de comunicación gallegos, y de fuera... La ideología de Feijóo se llama "poder absoluto", se ejerció en Galicia sin escrúpulos y se ejercerá en España (si se llega) de idéntica manera... A Feijóo, como a Fraga, como a Rajoy, Galicia les importa en función del poder que les otorga fuera... Hay un plan a medio plazo, se llama moción de censura y es imposible sin PNV, Junts y un Vox muy debilitado -están en ello-, capaz de dar el poder a Feijóo con la nariz tapada y entrando en el Gobierno, o no (Ana Pardo de Vera)

"(...) Entenderán que un dirigente con el currículo personal, político y los espolones afilados de Feijóo no se amedrenta fácilmente, y por eso me genera cierta ternura ver a tanta gente en España sorprendida por su presunto lapsus con el indulto, "estudiada" amnistía o el no-terrorismo de Puigdemont dirigido a los periodistas que siguen su campaña (perdón, la de Alfonso Rueda) para las elecciones de Galicia el próximo 18 de febrero, ya mismo. Es cierto que esos ojipláticos/as espectadores de la realidad gallega no han podido conocerla, precisamente, por el férreo control que Feijóo y su equipo han hecho de los medios de comunicación gallegos -y de fuera-.

Lo expliqué brevemente en Público, y sin pensar que me reventarían el análisis tan pronto, en un artículo el 31 de enero de este mismo año. La ideología de Feijóo se llama "poder absoluto", se ejerció en Galicia sin escrúpulos y se ejercerá en España (si se llega) de idéntica manera. El presidente del PP sabe, por un lado, que en Galicia, incluso al conservador votante de Feijóo-Rueda -muchas veces atrapado en una red clientelar infinita- la amnistía a Puigdemont, su equipo y seguidores les importa exactamente cero o menos diez. Es más, gallegos y gallegas hemos simpatizado y empatizado siempre práctica y mayoritariamente con las reivindicaciones catalanas y vascas, pero a nosotras, nunca nos han hecho ni puñetero caso por lo que sea; o sea, porque a nuestros mandatarios autonómicos les importaba una mierda lo que nos dieran mientras siguieran pintando algo (o todo) en el poder madrileño, centralista. El de AP/PP.

A Feijóo, como a Fraga, como a Rajoy, Galicia les importa uno de sus magníficos grelos, y es mucho. Solo les importa esta tierra excepcional en función del poder que les otorga fuera, y vuelve a ser mucho. El presidente del PP no quiere una prensa ayusista que lo tutele ni, mucho menos, a una lideresa trumpista que le hunda los planes. Hay un plan a medio plazo, se llama moción de censura y es imposible sin PNV, Junts y un Vox muy debilitado -están en ello-, capaz de dar el poder a Feijóo con la nariz tapada y entrando en el Gobierno, o no. Pero los números dan y para los optimistas del PSOE, no basta con quedar el tercero en Galicia, que a pesar del CIS, es muy complicado, mucho más que el PP revalidando la mayoría absoluta de 38 escaños, o de 37 más el de Gonzalo Pérez Jácome, alcalde de Ourense e histriónico líder de Democracia Ourensana. O de 36 más DO y el de Vox, según el CIS. O ambos, según la ley de adiciones (que no adicciones)."                 (Ana Pardo de Vera, Público, 12/02/24)

14.2.24

Os estrategas de campaña do PP, seguindo a escola de Pablo Iglesias, parece que conciben as eleccións como unha trama de reviravoltas tan intrincadas que ¿están certos de que respectan as leis da verosimilitude? ¿Se servidor xa se empeza a marear, en que estado de estupefacción catatónica non se atoparán os seus votantes? Todo depende, a día de hoxe, dunha présa de votos... advírtese unha forte tendencia ao voto útil no bloque progresista. É un factor que pode darlle maior rendemento ao PSdeG... "desde que está en Madrid, a imaxe de Feijóo caeu algo máis dun punto sobre dez. Este dato é chave". En efecto, Feijóo non é o que era. Perdeu unhas eleccións clave. Perdeu o seu aspecto de moderación... un ano en Madrid e volve en campaña feito un fodechinchos, falando castelán ante públicos maiormente galegofalantes, aboando a súa nova imaxe de líder de patrón capitalino, para desesperación de Rueda... Se Feijóo perde as eleccións, de certo xeito convocounas el e é el quen pode perdelas, será unha nova crise para o PP, logo do asasinato político en horario de máxima audiencia de Pablo Casado (Antón Baamonde)

 "O eixe da campaña de Feijóo parecía ser a oposición á amnistía e agora leo, cos ollos desorbitados, que o PP non só pensou na amnistía senón que estuda indultar Puigdemont porque "a reconciliación é precisa". Tantas tardes de furia e ira e resulta que o da ditadura sanchista que aflixe España por estar o PSOE confabulado cos separatistas, os golpistas e os terroristas só era unha serie de Netflix!

Os estrategas de campaña do PP, seguindo a escola de Pablo Iglesias -o outro demo con cornos e rabo, canda o catalán, da política española- parece que conciben as eleccións como unha trama, mais cunha historia de reviravoltas tan intrincadas que ¿están certos de que respectan as leis da verosimilitude?

Se servidor xa se empeza a marear, en que estado de estupefacción catatónica non se atoparán os seus votantes? A campaña do PP parece ter un fío de intelixibilidade feble e máis xiros de guión que Como defender un asasino.

Poida que a chave estea na inquietante frase coa que Aitor Riveiro remata a nova en elDiario.es: "E se algún acontecemento de ámbito nacional irrompe na campaña? As fontes do PP conclúen: 'Se hai algo, xa o xestionaremos". Cheira a novo xiro. Wait and see...

En fin. No PP están desconcertados. O deseño da súa campaña, até o momento, foi un erro de proporcións cósmicas. Entraron en modo pánico. A campaña comezou como un paseo triunfal e agora converteuse no Corredor do Terror. No Resplandor, Jack Torrance afirmaba: "Iso non me pasará a min". Estalles pasando. Poden ficar conxelados no labirinto galego. Non leron a enquisa que afirmaba que Galicia era, logo da propia Catalunya, o lugar onde máis xente aprobaba a amnistía?

Unha nova enquisa de 40DB para El País confirma que "o 46,5% dos electores prefire un goberno de coalición entre as formacións de esquerda. Excede claramente o 29% que aposta por que siga o PP en solitario e o 7,5% que desexaría un pacto entre populares e Vox". Ana Pontón é moi valorada polos propios votantes do PP, e é a primeira opción de voto para os máis mozos. Parece que a líder do BNG encarna o cambio.

Todo depende, a día de hoxe, dunha présa de votos. Por iso advírtese unha forte tendencia ao voto útil no bloque progresista. É un factor que pode darlle maior rendemento ao PSdeG. Tamén entre os xubilados. Os electores máis afectos ao PP son os de maior idade. Porén, entre eles Xosé Ramón Gómez Besteiro ten moito percorrido. Aí é onde araña votos ao PP e onde o BNG entra menos. Coa suba do 0,25 das pensións que propuxo Rajoy perderían polo menos o 10% do valor das pensións. É un argumento imbatíbel.

Pero hai máis. O xornalista Anxo Lugilde salienta que "desde que está en Madrid, a imaxe de Feijóo caeu algo máis dun punto sobre dez. Este dato é chave". En efecto, Feijóo non é o que era. Perdeu unhas eleccións clave. Perdeu o seu aspecto de moderación: resultou ser unha folla en branco sobre a que escribiron uns borranchos Aznar e Ayuso. Como consecuencia, o seu crédito está decimado: un ano en Madrid e volve en campaña feito un fodechinchos, falando castelán ante públicos maiormente galegofalantes, aboando a súa nova imaxe de líder de patrón capitalino, para desesperación de Rueda. Así non hai quen poida gañar unhas eleccións!

Se Feijóo perde as eleccións -de certo xeito convocounas el e é el quen pode perdelas- será unha nova crise para o PP, logo do asasinato político enb horario de máxima audiencia de Pablo Casado. A referencia inevitábel é o Xulio César de Mankiewicz, aínda que non se sabe que ninguén encarnase Marco Antonio, como o fixo na pantalla Marlon Brando. Na dereita española todos pecharon fileiras con Bruto, o conspirador. Máis ben Bruta.

Porque, insisto, o candidato é malo, non ata, senón sobre todo para os electores do PP. Mais o erro catastrófico de verdade cometérono os estrategas de Feijóo, que confundiron as prazas do Obradoiro, María Pita e a viguesa Porta do Sol -Galicia é así: pequena pero de moitos matices- coa unívoca rotundidade da Praza de Colón."                   (Antón Baamonde, eldiario.es, 12/02/24)

13.2.24

Feijóo teme que Puigdemont cuente qué el PP rechazó la amnistía, pero que le ofreció una opción aún mejor: solucionar el asunto de forma más eficaz y discreta en los propios juzgados, gracias a su evidente influencia en esos tribunales que controlan “desde detrás”, como dejó claro en su famoso whatsapp Ignacio Cosidó... en determinadas condiciones, el indulto a Puigdemont sí sería una posibilidad... sólo que los indultos solo se dan desde La Moncloa, y Feijóo no está allí... o sea, sería a través de los jueces del PP... Tal vez sea el karma. El mismo PP que acusa a Sánchez de ser rehén de Puigdemont hoy está en esta curiosa situación. Bailando al son de Waterloo (Ignacio Escolar)

 "Hay pánico en el PP. La campaña de las gallegas se ha complicado para la derecha y el resultado final depende, en gran medida, de lo que haga un partido que ni siquiera se presenta allí. Todo está en la mano de Carles Puigdemont: si decide revelar los detalles de esa oferta que recibió del PP a cambio de que apoyara la investidura de Feijóo. 

Solo así se entiende lo ocurrido en las últimas horas y ese sorprendente giro del PP: abrirse a la posibilidad de indultar a Carles Puigdemont.

Un repaso cronológico a los últimos acontecimientos permite entenderlo mejor. 

El pasado jueves, el PP forzó en el Parlamento Europeo una votación para obligar a España a investigar la llamada “trama rusa” del procés: los supuestos nexos entre la autarquía de Vladímir Putin y el independentismo catalán. Incluido Carles Puigdemont, cuya respuesta fue una carta que dejó temblando al PP

En el último párrafo, Puigdemont mandó un mensaje muy clarito: “Si mi partido hubiera permitido la investidura del candidato del PP, Alberto Núñez Feijóo, todos estos espectáculos se habrían evitado. Y de esto también hablaremos cuando toque. Como en la ‘trama rusa’ todo se sabrá”.

Obviamente, Puigdemont se refiere a la gran pregunta que la derecha nunca ha querido contestar: qué ofreció el PP a Junts cuando buscaban sus votos para llevar a Feijóo hasta La Moncloa.

El “todo se sabrá” de Puigdemont, al día siguiente, tuvo una curiosa reacción. El PP decidió ponerse la venda antes de la herida. Y el viernes, fuentes muy relevantes de la dirección del PP comunicaron a quince medios de distinta línea editorial –también a elDiario.es– tres cosas muy sorprendentes.

La primera, el PP reconoció que había estudiado la posibilidad de esa amnistía que pedía Junts. Y que la rechazaron pero no de plano: a las 24 horas.

La segunda, que en el PP ven muy difícil que se pueda condenar por terrorismo a Puigdemont.

La tercera, y más impactante, que el partido de Feijóo estaría dispuesto a indultar a Carles Puigdemont en determinadas circunstancias, como renunciar a la vía unilateral.

Por entenderlo mejor: ahora resulta que el ‘no’ del PP a la amnistía era técnico y no ético. 

Ahora resulta que ni siquiera en la dirección del PP se creen que Puigdemont sea un líder terrorista. 

Y lo más importante: ahora resulta que el PP está de acuerdo en indultar a Puigdemont si renuncia a la vía unilateral, como parte de un plan de “reconciliación de Catalunya”.

Después de tantas declaraciones incendiadas y meses de manifestaciones, ¿a qué responde este inexplicable giro de guion? ¿Cómo es posible que el PP se meta en este berenjenal a solo una semana de las elecciones gallegas?

Es muy evidente: este cambio de posición responde al temor de Feijóo al “todo se sabrá” de Puigdemont. En el PP preocupa que aparezcan pruebas demoledoras en la recta final de la campaña gallega: detalles, fechas, documentos o incluso alguna grabación. Que lo que pasó en esas negociaciones secretas con Junts salga a la luz y deje en evidencia la enorme hipocresía del Partido Popular.

Distintas fuentes aseguran que el PP rechazó la amnistía, aunque no de primeras. Y que ofreció una opción aún mejor: solucionar el asunto de forma más eficaz y discreta en los propios juzgados, gracias a su evidente influencia en esos tribunales que controlan “desde detrás” –como dejó claro en su famoso whatsapp Ignacio Cosidó–.

Un rechazo a la amnistía, por otra parte, que no era legal: era político. Para aprobar esa ley, habrían necesitado también los votos de Vox –que este domingo ha puesto el grito en el cielo contra Feijóo–. De no ser así, de haber dependido solo de los diputados del PP, es posible que hubiéramos visto a Feijóo dando la mano a Puigdemont en Waterloo. No sería la primera vez que el PP “habla catalán en la intimidad”.

Todo esto algún día se sabrá, como advierte Puigdemont. Y con detalle. Por eso el PP ha puesto en marcha una voladura controlada. Una estrategia de contención de daños: admitir una parte de lo ocurrido para evitar un incendio mayor.

El domingo, tras conocerse este giro de posición, y ante el revuelo organizado, Feijóo mandó un desmentido que no era tal. Dijo que “no se dan las condiciones” para un indulto a Puigdemont. Que es otra manera de decir lo mismo que dijeron esas importantes fuentes de la dirección del partido a quince periodistas el viernes: que, en determinadas condiciones, el indulto a Puigdemont sí sería una posibilidad.

¿Las condiciones? La más importante es obvia, aunque no se resalte: si Junts apoya al PP. Los indultos solo se dan desde La Moncloa, y Feijóo no está allí. 

Sorprende poco esta hipocresía de la derecha española. Escandalizarse por las negociaciones del PSOE con Junts cuando ellos participaron también. No es muy distinta a la que aplicaron en el pasado. El mismo Aznar que negoció con “el movimiento vasco de liberación” se manifestaba después cuando era Zapatero el que hablaba con ETA. El mismo PP que indultó a los terroristas de Terra Lliure se opone a que se perdone a independentistas sin delitos de sangre. 

Tal vez sea el karma. El mismo PP que acusa a Sánchez de ser rehén de Puigdemont hoy está en esta curiosa situación. Bailando al son de Waterloo, donde no dan crédito ante lo ocurrido. “El PP es el camarote de los hermanos Marx”, dicen desde Junts.

Las voladuras controladas, además, tienen un problema: que no siempre salen bien. Algo que tienen muy presente en el PP porque ya les pasó.

En la última semana de campaña de las elecciones generales de julio, en Génova cundió un temor muy similar al actual: el miedo a que aparecieran en la prensa nuevos documentos y evidencias que demostraran la estrecha relación que tuvo Feijóo con el narco Marcial Dorado.

¿Recuerdan aquellas declaraciones de Feijóo? “Cuando yo le conocí había sido contrabandista, no narcotraficante”. “Antes no había internet ni Google”, se justificó también. Pues todas esas excusas, tan ridículas, eran un intento de anticiparse a lo que podría aparecer: una voladura controlada. 

Aquello acabó como acabó: con una estrepitosa derrota del PP el 23 de julio. Y este domingo en Galicia no descarten un desastre similar. El PP sigue siendo el favorito, pero las encuestas empiezan a pronosticar un escenario muchísimo más apretado para Alfonso Rueda de lo que aparentaba hace apenas dos semanas. 

Hoy es posible lo que parecía imposible: que el PP pierda la mayoría absoluta en Galicia. De ser así, dudo que Feijóo llegue a cumplir dos años al frente del Partido Popular."         (Ignacio Escolar , eldiario.es, 11/02/24)

El fiscal ve acreditado que el PP de València cometió fraude electoral en 2007 y 2011

 "La Fiscalía Anticorrupción ha considerado probado que el PP de la ciudad de València "cometió fraude electoral" en los elecciones municipales de 2007 y 2011, porque "incrementó su presupuesto para las campañas mediante dinero obtenido de forma irregular".

El fiscal Fernando Maldonado ha leído este lunes su informe final en el juicio que se sigue en la Audiencia de València tras escuchar a los procesados y los testigos de la pieza A del caso Imelsa, en la que están procesados el exvicealcalde de València Alfonso Grau; la exsecretaria del grupo municipal del PP Mari Carmen García Fuster; el exgerente de la Fundación Turismo Valencia José Salinas y el exresponsable de la Fundación de la Comunitat Valenciana para la Innovación Urbana Juan Eduardo Santón.

Grau, de 83 años, está acusado de los delitos de malversación, cohecho en su modalidad continuada y falsedad documental, Fuster de un delito continuado de cohecho -por el que se le pide un año de prisión- y Santón y Salinas de malversación continuada y falsedad.

Maldonado ha subrayado: "Cualquier acto de corrupción supone un gran reproche ético y moral, porque es una quiebra de la sociedad, de sus instituciones democráticas. Y cuando los políticos se presentan a las elecciones como paradigmas de la limpieza y la transparencia, y cometen fraude electoral, el reproche es mayor".              (Público, 12/02/24)

1.2.24

¿Si Rueda pierde la mayoría absoluta en las próximas elecciones gallegas, sacará Díaz Ayuso la guillotina eléctrica en Madrid? [Risas] Creo que si se diese esa situación, Feijóo asumiría un gravísimo riesgo porque habría perdido en un plazo de seis meses la posibilidad de gobernar España y Galicia. Sería un balance bastante catastrófico que abriría la puerta, no sé si a la implantación de una guillotina en la Puerta del Sol, pero sí a una crisis. La candidatura de Díaz Ayuso está emitiendo el “yo estoy aquí”, al menos, dos veces por semana... El hombre que decía en agosto que Junts era un partido de tradición democrática es el mismo hombre que dice ahora que el Tribunal Constitucional es un cáncer para la democracia. De agosto a enero. Bueno, ¿por qué se produce esta escalada verbal durante las últimas semanas? Porque lo de Galicia no está claro (Enric Juliana)

 "(...) ¿Si Rueda pierde la mayoría absoluta en las próximas elecciones gallegas, sacará Díaz Ayuso la guillotina eléctrica en Madrid?

[Risas] Creo que si se diese esa situación, Feijóo asumiría un gravísimo riesgo porque habría perdido en un plazo de seis meses la posibilidad de gobernar España y Galicia. Sería un balance bastante catastrófico que abriría la puerta, no sé si a la implantación de una guillotina en la Puerta del Sol, pero sí a una crisis. La candidatura de Díaz Ayuso está emitiendo el “yo estoy aquí”, al menos, dos veces por semana semana. “Yo estoy aqui”, “yo podría ser”, son frases que escuchan los españoles como mínimo dos veces a la semana, todas las semanas. “Podría ser yo”, “¿Os gusta más lo que digo yo que lo que dice Feijóo?”, así una semana tras otra, un mitin tras otro. En los discursos del PP, a lo largo de cuatro manifestaciones en Madrid, ella ha sido la protagonista. Si escuchas los discursos, la dinámica es siempre la misma. Feijoo hace su discurso y podemos decir que va aumentando el tono a medida que sus preocupaciones aumentan. Y el discurso de Díaz Ayuso es “yo estoy aquí”, “yo podría hacerlo mejor”, “yo digo cosas que no puede decir Feijoo”. Esta es la fatídica narrativa. Por lo tanto, si el PP pierde la mayoría absoluta en Galicia significaría un gravísimo quebranto para Feijoo. Lo que yo me pregunto es que pasará si el PP consigue retener la mayoría absoluta por la mínima. ¿Qué sucederá si de 42 pasa a 38 diputados? ¿La derecha madrileña lo considerará una victoria o un signo de debilidad? Este es el ambiente. Estas elecciones de Galicia son una prueba complicada para Feijóo.    

Y en un contexto en el que el PSOE ha hecho cambios y planteado una estrategia tras la conferencia de A coruñña, con un Vox que busca reducir al PP recuperando la etiqueta de “la derechita cobarde” pero intentando no restar votos al bloque de la derecha.

La política del PP desde el 23 de julio hasta hoy pasa por tres fases. En la primera, hay un momento explorativo, un momento en que se empiezan a enviar señales en alfabeto morse a Bruselas. Se envían exploradores. Es el momento sublime en el que González Pons dice que Junts es un partido de tradición democrática, institucional, moderado, serio, independientemente de lo que hayan hecho cuatro o cinco de los suyos. Esto es en agosto. Fijémonos bien en esto porque en enero se los acusa de terroristas. Esto nos da la medida de la situación. Esa fase se ve interrumpida por José María Aznar que dice “por ahí no”, y entonces, antes de la investidura de Sánchez, se convoca una manifestación. “Por ahí no, lo que hay que hacer…”.

El que pueda aportar que aporte, el que se pueda movilizar que se movilice”.

Efectivamente. Hay que organizar una movilización nacional permanente. Y luego hay todavía una tercera fase, cabalgando sobre el que “se pueda mover que se mueva” que es “y el que se pueda mover otro poco más, que se mueve también que tenemos elecciones en Galicia”. Se ha producido una mayor escalada. El hombre que decía en agosto que Junts era un partido de tradición democrática es el mismo hombre que dice ahora que el Tribunal Constitucional es un cáncer para la democracia. De agosto a enero. Bueno, ¿por qué se produce esta escalada verbal durante las últimas semanas? Porque lo de Galicia no está claro. Sucede que el PP necesita que Vox baje en los sondeos. Las encuestas le dan a Vox ahora mismo cerca del 3% o 4% en las elecciones de Galicia. Eso significa que Vox rasca voto del PP pero no lo convierte en diputados. Sucede que el PP necesita que Vox baje del 3% y parece ser que por ese motivo el PP eleva el tono, casi confundiendo su discurso con el discurso de Vox. ¿Cuál será el resultado de todo esto? Lo sabremos el 18 de febrero. ¿La sociedad gallega está muy pendiente de estas cosas? No lo sé.

 Es curioso porque se rompe una tradición muy gallega basada en elecciones tranquilas y, valga la redundancia, materialmente muy gallegas. El PP quiebra su propia estrategia que, además, ha sido una estrategia ganadora verificada con 4 mayorías absolutas, lo que le podría pasar una factura enorme a Alberto Nuñez Feijóo.

Es cierto. Rompe su propia táctica. Es, además, una dinámica en la que no ves que Alfonso Rueda aporte nervio. Veo un candidato del PP muy desdibujado por estas pulsiones. La tradición gallega es votar a un conservadurismo no muy ideológico que quiere que las cosas de Galicia se deciden en Galicia. Vale más Feijóo conocido que Beiras por conocer ha sido la tónica habitual. En cambio, ahora Galicia se convierte en el escenario de la política nacional. Veremos.(...)"           (Entrevista a Enric Juliana, Víctor Guillot, Nortes, 31/01/24)