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3.6.25

Corea del Sur, del bienestar a la guerra... La economía coreana se encuentra ahora cerca de una recesión total. Se prevé que la economía coreana crezca solo un 0,8 % en 2025, lastrada por la contracción de la construcción y el deterioro de las condiciones comerciales... El sector manufacturero se encuentra en una grave recesión (el índice de actividad manufacturera se sitúa muy por debajo del umbral de 50 que indica la expansión)... el PIB real se contrajo en el primer trimestre de este año debido al estancamiento de las exportaciones y el consumo, en medio de los temores por el impacto de los agresivos aranceles de Washington y la agitación política interna... la productividad se ha estancado... Detrás de la desaceleración del crecimiento de la productividad y la inversión en el siglo XXI se encuentra la caída secular de la rentabilidad del capital... la economía se ha ralentizado hasta alcanzar una media de solo el 2,3 % anual, ya que la pandemia ha dejado secuelas económicas, concretamente el debilitamiento de la rentabilidad de las empresas, que lastra la inversión y la creación de empleo; la moderación del empleo debido al elevado número de personas que abandonan la población activa; y el escaso crecimiento de la productividad... ¿Cuál es la respuesta del demócrata Lee a este estancamiento económico? Dice que quiere ampliar el gasto y la inversión públicos. Pero este «enfoque fiscal» ha sido ampliamente criticado por la derecha y el sector financiero. El Gobierno interino quiere recortar el «gasto discrecional» en más de un 10 % e incluso está considerando «ajustes» en los gastos públicos obligatorios, como la pensión básica y las subvenciones para la financiación de la educación... Lee probablemente no dará marcha atrás en estas medidas de austeridad fiscal en el gasto civil debido a la creciente demanda de más gasto en «defensa», dada la supuesta amenaza de Corea del Norte y la incertidumbre sobre el compromiso de Trump con la defensa de Corea del Sur (Michael Roberts)

 "Corea del Sur acude a las urnas este martes para elegir un nuevo presidente tras unos meses tumultuosos tras el intento de golpe de Estado del presidente de derecha Yoon Suk-yeol para arrestar a líderes de la oposición y cerrar el Parlamento, donde Yoon no tenía mayoría. Finalmente, Yoon fue destituido y arrestado y está a la espera de juicio, a pesar de los enérgicos esfuerzos de su partido para mantenerlo en el cargo.

El líder del partido opositor, el demócrata Lee Jae-myung, aventaja en las encuestas al nuevo candidato conservador que sustituye a Yoon, Kim Moon-soo. Tras perder por un estrecho margen frente a Yoon en las elecciones presidenciales de 2022 (por solo un 0,7 % de los votos), Lee ha sobrevivido a un intento de asesinato en 2024, cuando fue apuñalado en el cuello. Lee se posicionó inicialmente como un héroe de la clase trabajadora y antielitista, con el objetivo de crear puestos de trabajo y una «sociedad justa». Lee creció en la pobreza y sufrió lesiones permanentes a los 13 años, cuando su brazo quedó aplastado en una máquina de la fábrica de guantes de béisbol en la que trabajaba. En la campaña electoral de 2022, declaró su ambición de ser un «Bernie Sanders exitoso». Posteriormente, la élite gobernante intentó frenar su ascenso. Lee tiene ahora condenas por conducir bajo los efectos del alcohol y es objeto de una larga investigación por una controvertida promoción inmobiliaria durante su mandato como alcalde de la ciudad. Entre los casos que se le imputan actualmente figuran acusaciones de malversación de fondos públicos, declaraciones falsas durante una campaña electoral y participación en un presunto plan para desviar dinero a Corea del Norte a través de un fabricante de ropa interior con el fin de conseguir una invitación a Pyongyang.

Para complicar un poco más las elecciones, ha surgido un candidato conservador neoliberal, Lee Jun-seok, de 40 años. Es graduado en Harvard y fue el presidente más joven del partido de Yoon, pero se separó y ahora ocupa el tercer lugar en las encuestas. Este Lee quiere desregular la economía y reducir el Gobierno para impulsar las empresas.

Durante la campaña electoral, el izquierdista Lee ha atenuado su imagen incendiaria y se ha situado en el centro, llegando incluso a describirse a sí mismo como «conservador» para atraer a los votantes «moderados». Ha hecho hincapié en el «crecimiento empresarial» y ha admitido que en algunos sectores puede ser necesario alargar la jornada laboral. Como resultado, su ventaja en las encuestas se ha reducido, aunque sigue pareciendo que va a ganar.

Si Lee Jae-myung gana las elecciones presidenciales, como parece probable, su administración se enfrentará a graves retos económicos. Corea es la cuarta economía más grande de Asia, pero el PIB real se contrajo en el primer trimestre de este año debido al estancamiento de las exportaciones y el consumo, en medio de los temores por el impacto de los agresivos aranceles de Washington y la agitación política interna. Corea ha mantenido negociaciones comerciales con Estados Unidos y está tratando de obtener una exención de los aranceles de Trump, ya que este presiona a Seúl para que resuelva el gran desequilibrio comercial con Estados Unidos.
La reciente crisis política es consecuencia de la desaparición del capitalismo coreano en el siglo XXI. Se supone que Corea es un ejemplo de éxito económico del capitalismo, con un crecimiento medio del 5,5 % desde 1988, impulsado por un crecimiento anual de las exportaciones del 9,3 %. El PIB per cápita de Corea ha pasado de solo 67 dólares estadounidenses a principios de la década de 1950 a 34 000 dólares en 2019. Sin embargo, la desaceleración de la inversión y la productividad desde la Gran Recesión ha sido evidente. La productividad laboral creció a una tasa media anual del 5,5 % entre 1990 y 2011, pero se ha estancado desde entonces. La productividad laboral es especialmente baja en el sector servicios, la mitad que en la industria manufacturera y mucho más baja en las empresas más pequeñas.

Detrás de la desaceleración del crecimiento de la productividad y la inversión en el siglo XXI se encuentra la caída secular de la rentabilidad del capital. Desde el fin de la dictadura militar a mediados de la década de 1980, que reprimió a las organizaciones sindicales y los salarios, la rentabilidad del capital coreano ha disminuido de forma constante, ya que se vio obligado a hacer concesiones. El éxito económico pasado de Corea había dependido de una industrialización dirigida por el Estado y de una estrategia de exportación basada en estrechos vínculos entre el Estado y los chaebols (la versión coreana de las empresas familiares como Samsung, etc.).

Corea ha capeado relativamente bien la pandemia de COVID-19, gracias a una respuesta de salud pública razonablemente eficaz. Como resultado, la contracción económica de Corea en 2020 fue menor que en la mayoría de las demás economías avanzadas, con una disminución del PIB real de solo el 1 %. Sin embargo, desde entonces, la economía se ha ralentizado hasta alcanzar una media de solo el 2,3 % anual, ya que la pandemia ha dejado secuelas económicas, concretamente el debilitamiento de la rentabilidad de las empresas, que lastra la inversión y la creación de empleo; la moderación del empleo debido al elevado número de personas que abandonan la población activa; y el escaso crecimiento de la productividad.

Los oligarcas coreanos siguen ocupando la cima de la estructura económica.La Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad muestra que el 10 % de los coreanos con mayores ingresos ha aumentado su participación en la renta y ha incrementado considerablemente su participación en la riqueza de los hogares (propiedades y activos financieros). En los últimos cinco años, la situación no ha cambiado mucho, sino que, de hecho, ha empeorado. En 2024, el 10 % de los hogares más ricos de Corea del Sur poseía alrededor del 44,4 % del patrimonio neto total de los hogares, mientras que los hogares del decil más pobre poseía un -0,1 %. La tasa de pobreza y la desigualdad de ingresos de Corea del Sur se encuentran entre las peores de los países ricos, y los jóvenes se enfrentan a algunos de los retos más difíciles. Casi uno de cada cinco surcoreanos de entre 15 y 29 años está efectivamente desempleado.

El verdadero problema en el futuro es el descenso de la población. Con la tasa de fertilidad más baja del mundo, la población activa coreana podría reducirse a la mitad en los próximos 40 años. Corea se ha convertido en una sociedad «superenvejecida», que la ONU define como una economía con más del 20 % de la población mayor de 65 años. Si el tamaño de la población activa de Corea del Sur sigue disminuyendo, la economía podría empezar a contraerse en 2040.

La economía coreana se encuentra ahora cerca de una recesión total. Se prevé que la economía coreana crezca solo un 0,8 % en 2025, lastrada por la contracción de la construcción y el deterioro de las condiciones comerciales.

El índice compuesto de confianza del consumidor, un indicador fundamental de la confianza de los consumidores, se desplomó hasta 88,4 en diciembre, lo que refleja una fuerte caída de 12,3 puntos, la más pronunciada desde el inicio de la pandemia de COVID-19 en marzo de 2020. El sector manufacturero se encuentra en una grave recesión (el índice de actividad manufacturera se sitúa muy por debajo del umbral de 50 que indica la expansión).

¿Cuál es la respuesta de Lee a este estancamiento económico? Dice que quiere ampliar el gasto y la inversión públicos. Pero este «enfoque fiscal» ha sido ampliamente criticado por la derecha y el sector financiero. El Gobierno interino quiere recortar el «gasto discrecional» en más de un 10 % e incluso está considerando «ajustes» en los gastos públicos obligatorios, como la pensión básica y las subvenciones para la financiación de la educación. El Gobierno actual ha declarado: «En el pasado, nos centramos en una «política fiscal sólida» a corto plazo, pero ahora queremos considerar la «sostenibilidad fiscal» a medio y largo plazo».
Lee probablemente no dará marcha atrás en estas medidas de austeridad fiscal en el gasto civil debido a la creciente demanda de más gasto en «defensa». Lee habla de mejorar las relaciones con China, pero Trump exige una mayor contribución de Corea a la «defensa» contra China. Además, cada vez son más las voces entre la élite que reclaman armas nucleares, dada la supuesta amenaza de Corea del Norte y la incertidumbre sobre el compromiso de Trump con la defensa de Corea del Sur. Según encuestas recientes, el 66 % de los surcoreanos apoya que su país se dote de armas nucleares. Destacados líderes políticos coreanos, tanto del bando conservador como del progresista, no han descartado estas políticas, y algunos las apoyan abiertamente. Del bienestar a la guerra." 

25.10.21

A propósito del 'Juego del calamar'... ¿cómo alguien que vive en Corea del Sur, uno de los países más ricos y desarrollados del mundo, tiene la necesidad de hablar de un sentimiento de miedo, violencia, desesperación y desarraigo? De 1960 a 1980, Corea del Sur fue una dictadura militar... la CIA la describe como una "democracia moderna completamente funcional"... ¿Qué significa? Es un país altamente desarrollado, la 15º economía mundial, pero ocho de cada diez jóvenes consideran que la vida allí es un "infierno"... ¿Qué es lo que falla aquí? Es el país con la "incidencia más alta de tensión laboral''... un país enormemente desarrollado pero tremendamente cruel e injusto con su propia población. Todas las fábulas, incluso las más crueles, tienen siempre una parte de verdad

 "(...) No teman, este no es otro artículo sobre El juego del calamar y sus lecturas sociopolíticas. Sí sobre el escenario del que parte la serie. Cualquier ficción, al menos mientras que siga siendo escrita por humanos, requiere de un contexto y unos antecedentes que hacen que el creador, en este caso Hwang Dong-hyuk, necesite contarnos algo que sea materia de atención común. 

La pregunta que viene a continuación debería ser obvia, ¿cómo alguien que vive en Corea del Sur, uno de los países más ricos y desarrollados del mundo, tiene la necesidad de hablar de un sentimiento de miedo, violencia, desesperación y desarraigo? A Corea del Sur, al fin y al cabo, la conocemos por aquellas olimpiadas de Seúl, por aquel Mundial de fútbol organizado con Japón en 2002, por las boy bands de K-Pop que triunfan entre los adolescentes y, desde hace unos años, por una dinámica industria audiovisual, que sobre todo ha llegado a occidente en forma de cine de terror. Pero por poco más.

 De hecho, tengo la sensación, puede que compartida, de que conozco mucho más a su vecino. Pese a que los titulares sobre Corea del Norte siempre se acompañan del apelativo de ser el país más hermético del mundo, su presencia en la prensa internacional es permanente, no siempre con el rigor que se debería suponer. Sin embargo, apenas sé nada sobre Corea del Sur.

 Hagamos la prueba. Seguro que si les digo el nombre de Kim Jong-un reconocen no sólo de quien se trata, sino que además pueden ponerle cara y contarme hasta excentricidades sobre su vida privada. Si por contra les digo el nombre de Moon Jae-in, el presidente de Corea del Sur, no sólo resulta casi desconocido para el gran público, sino que no sabrán cuál es su aspecto o citar algún hecho relevante sobre su carrera política. La atención y la información en nuestro mundo no sólo se miden por lo que se cuenta o por cómo se cuenta, sino también por aquello que se deja de contar.

Un breve apunte histórico. Corea fue un país terriblemente maltratado durante el siglo XX. En su primera mitad fue una colonia del Imperio Japonés, en la época en que el país nipón era conocido más por su crueldad bélica que por sus muñequitos sonrientes. Tras la Segunda Guerra Mundial fue brevemente administrado por la URSS y EEUU, lo que a partir de 1948 dio lugar a la división de la península sobre la que se asienta Corea. 

A partir de 1950 estalló una terrible guerra entre vecinos que costó la vida a tres millones de personas, el 10% de la población de ambos países. Una guerra que fue de todo menos civil, ya que fue el primer gran conflicto de la Guerra Fría, donde por un lado la URSS y sobre todo China y por otro Estados Unidos, tomaron aquel territorio como el teatro de operaciones de su disputa geoestratégica e ideológica. De hecho, aunque las hostilidades cesaron en 1953, nunca se firmó un armisticio, por los que ambos países siguen formalmente en estado de guerra.

 Y aquí empezamos, seguramente, con algunos interesantes datos que usted desconoce. La razón es sencilla: si Corea del Sur es el aliado del espacio norteamericano, conviene resaltar las maldades del norte, pero silenciar siempre las que suceden en lo que el informe World Factbook de la CIA describe como una "democracia moderna completamente funcional". Algo que no sucedió hasta 1992, cuando el país pudo elegir por primera vez a un presidente sin antecedentes militares. De 1960 a 1980, Corea del Sur fue una dictadura militar. 

En la década de los ochenta se vivió una transición donde los militares seguían rigiendo el país, de facto, pero vestidos de traje y corbata. No encontrarán demasiados libros, estudios ni reportajes sobre las violaciones de derechos humanos, la falta de libertades civiles y la represión política que Corea del Sur llevó a cabo contra sus ciudadanos en buena parte de la segunda mitad del pasado siglo. Pero, ¿Y ahora? ¿Qué significa para la CIA el término "democracia funcional"?

 Corea del Sur es un país altamente desarrollado, la 15º economía mundial, con separación formal de poderes y elecciones democráticas a sus órganos políticos. Tiene, además, una alta esperanza de vida y una tasa de desempleo bajísima, del 3'6 por ciento. Pero también es el país con la natalidad más baja del mundo. Sin embargo, ocho de cada diez jóvenes consideran que la vida allí es un "infierno", según una encuesta del medio coreano The Hankyoreh publicada en 2020.

  ¿Son los jóvenes coreanos unos llorones? ¿El juego del calamar es una excentricidad de su creador? Empecemos con un dato que quizá aclare algo el panorama: la semana laboral es de 52 horas. Estos últimos días han trascendido las declaraciones de un político conservador, Yoon Seok-youl, que propone elevarla hasta las 120 horas semanales.

 Según la OCDE, el 51% de los trabajadores coreanos declaran que soportan más presión de la que pueden, siendo el país con lo que el organismo denomina la "incidencia más alta de tensión laboral''. La población, según un artículo de la BBC de febrero de este pasado año, considera en un 85% que "la gente más pobre nunca podrá competir con la que ya nació rica", estando instalada la sociedad en una enorme presión que gira en torno al triunfo y el fracaso.

 Mientras que vídeos musicales como Gangnam Style reflejaban el ostentoso modo de vida de los barrios más ricos de Seúl, la mayoría de personas se enfrentan a una gran inestabilidad laboral que es cada vez más generacional, sobre todo desde la crisis financiera de 1997. El país crece, pero cada vez reparte peor la riqueza y la estabilidad vital entre sus ciudadanos más jóvenes.

Si hay un aspecto que se ha convertido en un problema nacional ese es la vivienda. La oscarizada Parasite ya apuntaba este hecho, donde una familia de clase trabajadora vivía en un banjiha, refugios contra bombardeos en semisótanos reconvertidos en infraviviendas. El alquiler supone el 50% del salario, en una modalidad, el chonsei, donde el inquilino debe desembolsar de golpe gran parte del valor de la vivienda antes de poder vivir en ella. Corea es también el país de la OCDE con menor promedio de habitaciones por persona, datos que, junto con los laborales y educativos, donde hay cada vez una mayor segregación de oportunidades, nos empiezan a desmontar el mito del desarrollo del Corea del Sur y explican el cruel argumentario de sus productos cinematográficos.

Pero, ¿y qué tal anda el país en cuanto a las libertades civiles? Bong Joon-ho, también director de la afamada Okja, denunció, cuando su película competía en Cannes, que en Corea del Sur había existido una lista negra compuesta de 10000 artistas y escritores de izquierdas, con el objetivo de arruinar su carrera profesional: "Fueron unos años tan de pesadilla que dejaron a muchos artistas surcoreanos profundamente traumatizados". 

¿A qué años se refiere Joon-ho? A los comprendidos entre 2013 y 2017, cuando el país estuvo gobernado por su primera presidenta Park Geun-hye, hija de uno de los dictadores militares, que acabó destituida por un caso de tráfico de influencias. Incluso se intentó acabar con el festival de cine de Busán, el más importante de toda Asía.

 En la anterior legislatura las cosas no fueron tampoco del todo bien. Entre 2008 y 2013, bajo el gobierno de Lee Myung-bak, se emprendió una campaña a través de los servicios secretos para acabar con el recién creado Partido Laborista, el único nítidamente de izquierdas, algo que consiguieron. De hecho, el actual presidente Moon Jae-in, es el primero cuya organización, el Partido Democrático, no está relacionada con los militares, pero, aún así, sus propuestas son socioliberales. Es decir, que el más progresista de sus presidentes ocuparía en las coordenadas europeas el espacio del centro-derecha. Algo que no habla demasiado bien de la pluralidad ideológica en las instituciones surcoreanas.

Tampoco del aperturismo de su sociedad. Jae-in ha intentado introducir algunas reformas de carácter feminista. La respuesta electoral es que su partido ha perdido la alcaldía de Seúl, donde el 72,5 por ciento de los hombres jóvenes votaron a la opción conservadora.

 ¿Cuál es la única alternativa ideológica en Corea del Sur? Sus sindicatos, unos que a finales de los noventa protagonizaron, con motivo de la crisis, una oleada de huelgas de las más duras de la historia del país, brutalmente reprimidas por la policía. La Confederación Sindical Internacional ITUC-CSI, el organismo que agrupa a los mayores sindicatos del mundo y que publica informes sobre los derechos laborales y la libertad sindical a lo largo del mundo, denunció en 2019 la detención del secretario general del KCTU, Kim Myeong-hwan, uno de los dos grandes sindicatos surcoreanos.

 También los intentos mediante los servicios secretos de crear un sindicato amarillo que desarticulara las luchas de los trabajadores. Corea del Sur no ha ratificado los artículos 87 y 98 de la OIT sobre libertad sindical. El actual presidente, el "progresista" Jae-in, consideró que había que restringir los derechos de los trabajadores autónomos, temporales y de las empresas de plataforma. La ITUC afirma que la mayoría de los trabajadores acaban realizando una jornada laboral no reconocida de 64 horas a la semana.

El juego del calamar es una ficción, su escenario, Corea del Sur, una realidad que, pese a que está a la vista de todos, casi nadie conoce de una forma precisa. A veces la ficción sirve para gritar lo evidente, para advertir al mundo que detrás del poder blando de la sonrisa de las estrellas del pop surcoreano, se esconde un país enormemente desarrollado pero tremendamente cruel e injusto con su propia población. Todas las fábulas, incluso las más crueles, tienen siempre una parte de verdad."                (Daniel Bernabé, RT, 22/10/21)