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17.5.24

La decisión del Gobierno federal de reconocer finalmente el cannabis como agente terapéutico legítimo es histórica... es el principio del fin de la prohibición del cannabis... este cambio de política modifica radicalmente el debate político en torno al cannabis. En concreto, deslegitima muchos de los tropos históricamente explotados por los opositores a la reforma de la política sobre la marihuana. Las afirmaciones de que el cannabis plantea daños únicos para la salud, o que no es útil para tratar el dolor crónico y otras dolencias, ahora han sido rechazadas por las mismas agencias federales que anteriormente las perpetuaron

 "Por primera vez en su historia, el Departamento de Justicia está pidiendo un cambio en el estatus legal federal del cannabis, que actualmente está clasificado como una de las drogas más peligrosas de Estados Unidos.

La oficina del Fiscal General confirmó recientemente que está haciendo circular una propuesta para reclasificar la marihuana de la Lista I a la Lista III de la Ley Federal de Sustancias Controladas. La medida, que confirma una recomendación anterior del Departamento de Salud y Servicios Humanos y de la FDA, supone un giro radical para las burocracias que tradicionalmente han mantenido una perspectiva «plana» de todo lo relacionado con el cannabis.

Según las directrices federales, las sustancias de la Lista I «no tienen un uso médico aceptado actualmente en Estados Unidos» y «carecen de seguridad aceptada para su uso bajo supervisión médica». Por el contrario, las sustancias de la Lista III, como la ketamina y los esteroides anabolizantes, tienen un uso médico bien establecido y un perfil de seguridad aceptable para los pacientes.

La decisión del Gobierno federal de reconocer finalmente el cannabis como agente terapéutico legítimo es histórica.

Durante décadas, los funcionarios federales difamaron a los pacientes y médicos que hablaban de los beneficios del cannabis. Un antiguo zar federal de la droga llegó a acusar a los médicos que apoyaban la marihuana medicinal de practicar la «medicina de Cheech & Chong».

 Durante años, el gobierno hizo campaña activamente contra las iniciativas de legalización del cannabis medicinal en todo el estado, e incluso llegó a intentar privar a los médicos de sus licencias médicas por atreverse a hablar de la terapia con cannabis con los enfermos y moribundos.

Ya no es así.

Según el HHS, se calcula que unos 30.000 profesionales de la salud en Estados Unidos autorizan actualmente la marihuana medicinal para sus pacientes. El departamento también reconoció que «la gran mayoría de las personas que consumen marihuana lo hacen de una manera que no conduce a resultados peligrosos para sí mismos o para otros.»

La sorprendente marcha atrás del gobierno valida las experiencias de decenas de millones de estadounidenses. Pero sigue estando muy lejos de los cambios necesarios para llevar la política federal sobre la marihuana al siglo XXI. En concreto, el cambio propuesto no armoniza la política federal sobre la marihuana con las leyes sobre el cannabis de la mayoría de los estados de EE.UU., en particular los 24 estados que han legalizado su consumo y venta a adultos.

Estas jurisdicciones regulan la marihuana de una manera mucho más parecida al alcohol -una sustancia omitida en la Ley de Sustancias Controladas- que a un medicamento de venta con receta. Como resultado, la industria del cannabis para adultos con licencia estatal -y quienes la patrocinan- seguirá operando en un limbo legal, sin ninguna orientación clara por parte del gobierno federal.

No obstante, como primer paso adelante, este cambio de política modifica radicalmente el debate político en torno al cannabis.

 En concreto, deslegitima muchos de los tropos históricamente explotados por los opositores a la reforma de la política sobre la marihuana. Las afirmaciones de que el cannabis plantea daños únicos para la salud, o que no es útil para tratar el dolor crónico y otras dolencias, ahora han sido rechazadas por las mismas agencias federales que anteriormente las perpetuaron. En el futuro, estas alegaciones engañosas deberían estar ausentes de cualquier conversación seria en torno al cannabis y a la mejor forma de regular su uso.

Por supuesto, la prolongada politización del cannabis no desaparecerá de la noche a la mañana. Durante décadas, los críticos de la marihuana se han burlado tanto de la planta como de sus consumidores. Sin duda, algunos seguirán intentándolo a pesar de la decisión del gobierno federal de cambiar de rumbo. Pero sus afirmaciones caerán cada vez más en saco roto.

Tras casi un siglo de criminalización del cannabis, la prohibición está llegando a su fin."

(

30.6.22

“El cannabis medicinal no es fumarse un porro, es un medicamento más”... María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor, pide abrir la mano en el uso de estos tratamientos... El cannabis medicinal parece funcionar en algunos tipos de dolor crónico... Tenemos que estar en condiciones reales para saber cuánto tiempo recomendarlo, a qué dosis, en qué patología, qué efectos adversos podemos encontrar y cómo tratarlos como médicos que somos. Ahora mismo el paciente se surte fuera del sistema sanitario, en internet, buscan amigos, vecinos. Todo es una locura

 "Una subcomisión del Congreso de los Diputados aprobará este martes, previsiblemente, un informe para aprobar el uso en España del cannabis terapéutico. A falta de los detalles sobre cómo se aplicará, el paso adelante es inminente: el Ministerio de Sanidad ya se comprometió a asumir las recomendaciones que acuerden parlamentarios. 

La regulación de esta sustancia como medicamento cuenta con el visto bueno de la Sociedad Española del Dolor (SED), que muy recientemente ha cambiado su postura tradicional para posicionarse a favor para determinados casos. Su presidenta, María Madariaga (Madrid, 49 años), coordinadora de las unidades del dolor del Hospital Universitario Santa Sofía y del Hospital HM Torrelodones, pide “abrir la mano” para dar nuevas alternativas a los pacientes y seguir generando conocimiento en su ámbito, el mayor nicho para el cannabis medicinal.

Pregunta. ¿A qué se debe este cambio de posicionamiento de la SED? ¿Por qué ahora sí son favorables al cannabis medicinal?

Respuesta. Es un posicionamiento que aboga por una laxitud en el reconocimiento de la evidencia científica que pueda soportar el uso del cannabis medicinal para determinados tipos de dolor crónico, en determinados pacientes, con un seguimiento exhaustivo, riguroso, que tiene que ver con el cambio de postura de la Federación Europea del Dolor a tenor de los cambios legislativos en España y otros países.

P. Entonces, ¿el cambio de postura no viene motivado por nuevas evidencias?

R. Es lo que necesitamos: abrir la mano con el sistema de clasificación de la evidencia. Es decir, utilizas [el cannabis medicinal] para una patología, con un determinado grupo, con un tratamiento de X y valoras la evolución en el tiempo, la respuesta al dolor, los efectos adversos, la mejoría de la calidad de vida… Eso requiere tiempo y dinero. Si quieres tener evidencia y estudios de calidad que te permitan recomendar el cannabis medicinal de manera segura para un grupo de pacientes, necesitas más de esos estudios y si no abrimos la mano no podremos [tenerlos]. 

Ese es el problema, que no es como el sistema de ensayo clínico con una sola molécula [con el que se prueban la mayoría de los medicamentos en el mercado]. Es mucho más difícil y supone mucho más tiempo. Es la pescadilla que se muerde la cola. El dolor crónico es muy difícil de tratar. Tenemos pocos fármacos y los que tenemos dan dos problemas fundamentales: el riesgo cardiovascular de los antiinflamatorios, además de su falta de potencia, y el riesgo que conlleva el uso de opioides mayores.

Los pacientes graves, con un dolor crónico intenso, refractario, que requieren dispositivos, rehabilitación, fármacos... se quedan cortos con todo eso y siguen con dolor. El cannabis medicinal parece funcionar en algunos tipos de dolor crónico. No siempre, pero parece funcionar y desde luego es un buen fármaco analgésico que tiene sus riesgos y sus beneficios. 

Tenemos que estar en condiciones reales para saber cuánto tiempo recomendarlo, a qué dosis, en qué patología, qué efectos adversos podemos encontrar y cómo tratarlos como médicos que somos. Ahora mismo el paciente se surte fuera [del sistema sanitario]: en internet, buscan amigos, vecinos. Todo es una locura.

P. ¿La regulación sería aplicar el principio de realidad?

R. Intentar aplicar el método científico a la realidad del uso y a la presión por encontrar nuevas alternativas al tratamiento del dolor crónico, que es tan difícil de tratar. Pero tenemos que conocer mejor los cannabinoides. No nos pueden contar cómo funcionan los propios pacientes, eso es absurdo porque lo están combinando con otros fármacos. Necesitamos datos.

P. ¿Será como hacer un ensayo clínico en el mundo real?

R. Hay que ir valorando cuál es la respuesta del paciente a determinadas combinaciones de cannabinoides, de THC y CBD [los dos principios activos] combinados con otros, y valorar cuál es la respuesta en el dolor articular, por ejemplo, para el ciático crónico o dolor por una lesión del sistema nervioso central a nivel medular; y cómo influye en la calidad de vida, la calidad de sueño. Sabemos positivamente que los cannabinoides mejoran las náuseas, los vómitos en el contexto de la quimioterapia; también mejoran el apetito en pacientes oncológicos, terminales o con el trastorno de la inmunodeficiencia adquirida. Estos son potenciales beneficios, pero también hay efectos adversos. Sabemos que los cannabinoides no siempre se combinan bien. Cuanto más potentes son como analgésicos, más efectos adversos producen. Pero, desde luego, mirando para otro lado, lo único que conseguimos es agrandar el problema.

 P. Otros colegas suyos señalan que al no ser patentables, la industria farmacéutica no está interesada en gastar dinero en ensayos clínicos.

R. Yo creo que hay empresas que tienen bastante interés en el cannabis medicinal, pero es algo que no puedo valorar, no me compete. Nuestro interés es avanzar en el conocimiento del dolor, en su tratamiento y en la mejora de la calidad de vida de nuestros pacientes. ¿Cómo lo podemos hacer? Se puede poner en marcha los estudios observacionales y seguirlos; eso cuesta mucho dinero. Pero se debe hacer y tener una financiación no interesada para obtener datos reales de lo que sucede a corto y largo plazo.

 P. En el nuevo posicionamiento de la SED recomiendan estos medicamentos como tercera línea de tratamiento, ¿qué quiere decir esto?

R. [Es para] los pacientes que ya toman todo a dosis altas, o que se han mostrado refractarios y tienen un dolor intenso, un dolor incontrolable... Gracias a Dios es un porcentaje muy pequeño de nuestros pacientes. Con el tiempo, quizás otros pueden encontrar alivio aunque no tengan ese grado de gravedad, pero para eso necesitamos esos datos de indicación. Porque si funciona para ese tipo de dolor, puede funcionar para otro.

P. ¿En principio, cuáles son las dos líneas de tratamientos que los pacientes deberían agotar para acceder al cannabis medicinal?

R. La base serían los analgésicos y los antiinflamatorios. En segundo lugar estarían los opioides menores y luego los opioides mayores. Vamos a intentar buscar alternativas a los ensayos clínicos controlados y esto nos va a dar [la posibilidad de estudiar a] una gran cantidad de pacientes con distintas patologías y valorar realmente qué es lo que les pasa a largo plazo. Es el mismo tipo de estudios que se pusieron en marcha en Estados Unidos cuando empezó la epidemia de opioides. Se dieron cuenta que los opioides mayores no funcionaban pasados tres meses de uso continuado. Estos datos que son de oro y se han conseguido hace muy poquito tiempo, y realmente es algo que nosotros podríamos intentar realizar en España también [con el cannabis].

P. Por su uso en países donde está más consolidado, se podría deducir que en España se pueden beneficiar más de 200.000 personas.

 R. Sí, se habla a veces de 200.000, de 400.000. Son muchos. Y si funcionan en estos que están más graves, podremos valorar la respuesta en otros. Pero claro, necesitamos datos de seguridad, no queremos que los pacientes piensen que esto es fumarse un porro; hablamos de una vía oral y, como mucho, vía inhalada, autorizada y todo controlado con dosificador. No se trata de fumarse un porro, eso es muy importante que se sepa. Es un fármaco más. Habrá que valorar cuál es el riesgo de desarrollar otros problemas por el uso de cannabinoides a largo plazo, igual que hemos hecho con los opioides.

P. Hay quien opina que abrir la mano al cannabis medicinal puede ser el caballo de Troya para la entrada del uso recreativo.

R. Eso lo tenemos claro. Pero seguimos pensando en que la regulación del cannabis medicinal no puede ser mala, sino todo lo contrario. Lo que necesitamos son los mecanismos de control y las indicaciones de seguimiento al paciente y un control muy estricto. Tenemos que estar todos a la altura: nuestros gestores políticos y también los médicos que, por cierto, necesitamos mucha formación en cannabis medicinal."                         (Pablo Linde , El País, 20/06/22)

22.10.21

Certezas e incertidumbres sobre la legalización del cannabis

 "El cannabis es la tercera sustancia psicoactiva más consumida en España tras el tabaco y el alcohol. El porcentaje de personas entre 15 y 64 años que afirmaban haber fumado marihuana se incrementó del 14,5 al 37,5 % entre 1995 y 2019. Las cifras son considerable más altas entre la población más joven.

Existen estimaciones recientes que colocan el gasto anual en hachís en España en el entorno de los 1 500 millones de euros. Como en otros países, la mayor parte del mismo corresponde a los usuarios regulares y experimentados.

La tolerancia social y legal con el alcohol y el tabaco contrasta con las fuertes limitaciones existentes sobre el consumo de marihuana. Las normas de España restringen notablemente incluso su uso terapéutico. No obstante, el Código Penal español no tipifica como delito la posesión y cultivo de cannabis para el propio consumo. Asimismo, en una llamativa zona gris, este andamiaje legal coexiste con la presencia de clubes de fumadores de esta sustancia.

El debate sobre avanzar hacia una mayor liberalización del consumo de cannabis ha resurgido con enorme fuerza en 2021. Tres grupos políticos –Más País, ERC y Unidas Podemos– han lanzado ambiciosas propuestas de legalización para uso medicinal y recreativo. La primera de ellas fue rechazada por el Parlamento el 19 de octubre. Es probable que las demás corran la misma suerte. La aplicación con fines terapéuticos parece suscitar un amplio consenso social. En cambio, la opinión pública se encuentra dividida en relación a su postura sobre la liberalización del uso lúdico de esta sustancia. Estas líneas abordan la segunda y más controvertida de las cuestiones.

Pros, contras y muchas incógnitas por despejar

La discusión sobre la regulación del uso recreativo de esta sustancia no puede limitarse únicamente al ámbito sanitario. La trascendencia del consumo de cannabis traspasa los costes y beneficios sobre los usuarios. El uso lúdico de marihuana alcanza el ámbito sanitario, educativo y laboral.

Esta discusión adolece de un altísimo grado de incertidumbre por el hecho de que la marihuana sea ilegal. Por un lado, esta circunstancia reduce la calidad de los datos disponibles (por ejemplo, la prevalencia del consumo y precios de la sustancia), en gran medida limitada a encuestas. Por otra parte, lógicamente, suprime casi completamente la posibilidad de obtener evidencia sólida a través de experimentos aleatorios controlados.

De este modo, la ambición de estas líneas pasa por apuntar los principales aspectos a considerar en el debate sobre la regulación del consumo de esta sustancia.

La principal preocupación asociada a una mayor liberalización del cannabis viene dada, indudablemente, por el potencial incremento del consumo. En este sentido, el precio del producto en el nuevo mercado ocupa un rol principal. Una legislación más tolerante, en principio, reducirá los costes de acceso a la sustancia. En particular, elimina la probabilidad de sanción al acudir al mercado (legal).

Asimismo, puede incrementar la tolerancia social hacia su consumo. Sin embargo, las autoridades pueden influir en el precio a través de los impuestos sobre la venta de marihuana. El gravamen, si nos guiamos por la experiencia con otras drogas legales, puede ser elevado.

Sobre el mercado del cannabis legal

De esta forma, existe una enorme incertidumbre sobre hasta qué punto la legalización del uso lúdico del hachís puede elevar su demanda y qué parte del mercado absorberá el cannabis legal. Experiencias recientes en Estados Unidos, Chequia o Australia sugieren descartar incrementos desproporcionados del consumo. No obstante, en algún caso apuntan a una reducción en la edad de inicio de experimentación con el hachís.

Este punto entronca con los efectos del consumo de la sustancia sobre el propio usuario y el resto de la sociedad. La investigación en esta área está plagada de problemas. El marco legal del cannabis hace que ser fumador de marihuana diste de ser aleatorio. Así, por ejemplo, existe una fuerte asociación con el consumo de otras sustancias psicoactivas como el tabaco o la participación en actividades ilícitas. Esto hace que resulte complicado determinar separar el impacto del consumo de esta sustancia de terceras variables en el bienestar individual.

Por ello, parte importante de los estudios de interés se han llevado a cabo en Países Bajos. La posibilidad de acceso legal a pequeñas cantidades en los famosos coffee shops (bares donde se vende cannabis) permite a los investigadores establecer relaciones causales más sólidas.

Aunque nuestro conocimiento resulte imperfecto, la literatura sugiere que el consumo de marihuana afecta negativamente, y de forma causal, al rendimiento educativo y, especialmente entre los grandes consumidores, a la salud física y mental. Así, una mayor prevalencia elevaría la factura sanitaria.

Conviene recordar, no obstante, que los efectos negativos de esta sustancia se consideran inferiores a los inducidos por tabaco o alcohol. Al mismo tiempo, no parece afectar de forma relevante a la productividad y salario del trabajador. Existe, además, alguna evidencia que sugiere que el hachís puede actuar como puerta de entrada a otras drogas más duras.

Su relación con otras sustancias constituye, también, objeto de discusión. El consumo de marihuana parece sustituir parcialmente al de alcohol y existen dudas de si esto se produce (o, al contrario, complementa) en el caso del tabaco.

Al margen de la satisfacción que puede obtener el consumidor de cannabis, existen argumentos que apoyan que un marco más liberal proporciona herramientas para combatir estos efectos negativos asociados al consumo. En primer lugar, las políticas de prevención de un ámbito político a uno sanitario, que compartiría con el tabaco. Estas se han mostrado, como sabemos, efectivas.

Asociación con otras drogas más duras

En segundo término, podría facilitar la separación del consumo de cannabis de otras drogas más duras. Esta asociación, frecuentemente, responde a que los vendedores, con bastante asiduidad, ofertan más de una sustancia. Al regular la producción de la marihuana, el acceso al cannabis y a otras drogas podría situarse en planos distintos.

Una tercera razón se vincula a que los efectos negativos del cannabis sobre la salud parecen tener relación causal con su composición química. Un marco para la producción legal y regulada (por ejemplo, bajo licitación) puede facilitar el control de este aspecto y limitar los daños a la salud.

Los defensores de la legalización se apoyan a menudo en la posible reducción de las actividades criminales y de las políticas represivas. Sin embargo, los resultados de algunas investigaciones centradas en Estados Unidos no avalan esta hipótesis.

En este ámbito, en cualquier caso, conviene recordar que el crimen asociado al mercado de hachís actúa, fundamentalmente, desde el lado de la oferta. En este sentido, existe un amplio consenso sobre que las consecuencias del consumo de esta sustancia son muy inferiores a las que acarrea el alcohol, fuente mucho más relevante de delitos violentos.

Desde esta misma perspectiva, la legalización representa una potencial oportunidad de incrementar los recursos fiscales a través de la imposición. En cualquier caso, debemos ser cautos y no sobrestimar esta potencial ventaja. La legalización del uso recreativo del hachís puede inducir una caída del consumo de alcohol y tabaco y, por lo tanto, de los ingresos fiscales asociada a estos rubros.

Son varias las voces que en España apoyan una finalidad de la eventual recaudación fiscal vinculada al cannabis. Concretamente, sugieren canalizar estos recursos hacia el sistema sanitario. Resulta dudoso que esta sea una forma adecuada de abordar las prioridades de inversión social. En cambio, parece más razonable determinar primero si precisamos mayores ingresos fiscales y, en segundo término, asignar estos a las áreas de mayor impacto sobre el bienestar social, con total independencia del debate sobre el cannabis.

El aspecto ambiental se ha incorporado al debate en los últimos tiempos. La producción ilegal de cannabis se realiza fundamentalmente bajo techo y en bosques. La regulación de esta actividad (producción bajo licitación de grandes productores) podría contribuir a reducir la huella ecológica y, quizás, promover un uso más razonable y adecuado de la electricidad que el que suele vincularse a la producción ilícita.

Por una discusión racional y sin prejuicios

A los lectores y los periodistas posiblemente no les entusiasmará escuchar que los interrogantes superan ampliamente las certezas. Algunos estudios estiman importantes beneficios de la legalización para la sociedad. Otros no encuentran apenas diferencias entre el saldo de la política de legalización y de prohibición.

De forma simultánea, esta incertidumbre no asegura que el statu quo derivado de la inacción no resulta necesariamente superior al cambio. Un régimen de prohibición no debe llevar a ignorar una realidad existente. Afrontemos al menos una discusión madura, informada, libre de prejuicios y basada en la (muy imperfecta) evidencia empírica."                        

(Profesor Titular de Economía, Universidad de Salamanca, The Conversation, 20/10/21)

3.10.19

¿Debería España legalizar el cannabis? Sí... como Canadá...

"El Senado canadiense aprobó legalizar el cannabis en junio de 2018, permitiéndose la producción y consumo de la sustancia a partir del 17 de octubre del mismo año. La importancia que tiene este hecho viene determinada por el potencial político y económico del país, ya que es el primer miembro del G-20 que lo hace.

De este modo, se une a la lista cada vez más larga de países que han optado por reducir las restricciones respecto a la producción, comercio y consumo de esta sustancia y apostar por vías más aperturistas.

Estas varían en un rango que va desde la mera despenalización hasta el libre comercio, desde la venta de la sustancia en su estado natural (marihuana) hasta solamente el comercio de sus extractos (cbd o thc), y desde la venta para consumo exclusivamente terapéutico hasta la venta también para uso lúdico o recreativo como, de hecho, ha sucedido en el caso de Canadá.

Un consumo cada vez más alto en Europa

Al margen de esta situación, los malos resultados de las políticas prohibicionistas, que tenían por finalidad reducir el consumo de la sustancia, son una realidad a nivel internacional que no puede obviarse a poco que se analicen los índices de consumo.

Así, en la Unión Europea, 91,2 millones de ciudadanos de entre 15 y 64 años manifiestan haber consumido cannabis alguna vez en su vida, lo que supone un 27,4 % de la población en ese grupo de edad, según datos de 2019 del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías. (...)

En España los datos de consumo son sustancialmente más elevados, continuando una tendencia creciente que se inició en el año 2013 y que ha llevado en el año 2017 a un porcentaje de consumo (alguna vez en la vida y para el tramo de edad señalado anteriormente) del 35,2 %, el valor más alto de la toda la serie histórica, cuyos datos se remontan a 1995.

Cannabis y salud

Hasta el momento, la principal razón que ha justificado la prohibición del cultivo y consumo de cannabis, al menos de forma pública y obviando otras causas socioeconómicas objeto de polémicas, se ha basado en la consideración de sus supuestos efectos peligrosos para la salud y de un limitado poder terapéutico, aspectos que quedaban asumidos por su inclusión en la lista de la Convención Única sobre Estupefacientes de las Naciones Unidas de 1961.

Sin embargo, dos fenómenos recientes han venido a cuestionar este planteamiento. El primero, la continua investigación sobre los usos terapéuticos de la sustancia. Y, el segundo, consecuencia del anterior, el envío de la carta del director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, al secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, solicitando eliminar el cannabis de la lista de drogas más peligrosas, lo que implicaría someterlo a un nuevo estatus regulador.

En lo referente al uso terapéutico, a su vez, se han dado avances importantes. Por un lado, se ha venido a confirmar la posibilidad de que el consumo de cannabis precipite ciertos cuadros psicóticos latentes en personas predispuestas, pero se ha reducido la presunción de su papel determinista y explicativo-causal en la generación de los mismos.

Por otro, y como bien podemos apreciar los profesionales en consulta, se ha incrementado de forma considerable el número de usuarios que utiliza cannabis para paliar sintomatología diversa relacionada con múltiples enfermedades, aprovechando los beneficios de consumo de la sustancia avalados por los resultados de las últimas investigaciones y que se extienden tanto a enfermedades físicas como mentales.

Así, entre las primeras, podemos mencionar el uso de cannabis para mejorar los trastornos no oncológicos que cursan con dolor crónico y son resistentes a los fármacos habituales o ciertos resultados que, aunque no son concluyentes, sí son prometedores en cuanto a la mejoría que genera para tratar cuadros de epilepsia resistente.

Entre las segundas, ciertos estudios evidencian la capacidad para reducir el miedo propio del estrés postraumático con la consiguiente facilitación de la intervención psicológica, o su capacidad para modular la ansiedad, si bien en este sentido habría que tener en cuenta que aunque dosis moderadas pueden tener un efecto ansiolítico, dosis altas pueden generar el efecto contrario.

Aspectos económicos de la legalización

Al margen de los aspectos más puramente sanitarios, la tercera vertiente objeto de estudio en el debate sobre la legalización es la que ha afectado al factor económico, dado que la legalización del cannabis generaría una actividad productiva e industrial de alto impacto.

Y en este sentido, dicha industria podría suponer para España, según algunas estimaciones, una actividad económica cuya cuantía superara los 8.000 millones de euros en 2028 (Prohibition Partners, 2019), dadas las idóneas condiciones climatológicas y tecnológicas existentes en nuestro país para su desarrollo.

Por todo ello, y en conclusión, si tenemos en cuenta los índices de consumo, los aspectos sanitarios y económicos, y analizamos la tendencia creciente de países que optan por una regulación más aperturista, así como lo que parece una imparable progresión internacional hacia la legalización de la sustancia, la pregunta que cabe hacerse es si no debería ir posicionándose España ante esta situación, con el fin de obtener cuanto antes el conjunto de beneficios potenciales (personales, sociales y económicos) que brindaría este nuevo mercado."                           

(Antonio Cervero Fernández-Castañón . Psicólogo sanitario, PDI del Departamento de Psicología, Universidad de Oviedo, Público, 03/10/19. Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

30.6.09

La ecuación porro-recreo

"Verónica fuma porros de forma habitual, a veces por la mañana o durante el recreo, siempre fuera del centro. "Por las mañanas, a las ocho, mi madre me deja en una esquina y a veces antes de entrar al colegio me fumo uno en un parque que hay cerca". ¿Que por qué lo hace? "Por la sensación, porque me da la risa... La clase se me hace más amena y me imagino cosas graciosas o me da por estar en mi mundo. Una vez llevaba los ojos muy rojos y la profesora me preguntó que qué pasaba. Estoy resfriada, le dije. Nunca se pispan".

Uno de cada cinco chavales de entre 14 y 18 años fuma porros de forma habitual, según la Encuesta Estatal sobre Drogas en Enseñanzas Secundarias. El dato se mantiene estable respecto a la encuesta anterior (2006), pero no hay que olvidar que entre 1994 y 2004 el consumo de cannabis por parte de los adolescentes se duplicó.

Más preocupante es el caso de los adolescentes que fuman a diario: un 3,2% (el porcentaje aumenta con la edad y se sitúa en un 7,2% para los alumnos de 18 años). Algunos lo hacen fuera del centro, por la mañana o durante al recreo. (...)

Que las consecuencias del consumo moderado de cannabis no son, de media y obviando las excepciones, catastróficas, parece evidente. Quizá usted fumó porros en el instituto y hoy tiene una vida perfectamente normal. Sin embargo, y según el nivel de consumo y demás factores del entorno del menor, hay voces alarmadas por las consecuencias académicas del elevado (que no generalizado) consumo de cannabis de los adolescentes hoy en día.

"En España aceptamos sin mucha alarma el que seamos el país con más fracaso escolar y con más consumo de cannabis por parte de los adolescentes, pero si ligas ambas cosas es muy preocupante", dice Miquel Casas, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona. "Todas las drogas afectan al rendimiento intelectual en un sentido u otro. Concretamente el cannabis produce trastornos en los procesos básicos en los que se apuntala el pensamiento: la atención, la concentración y la abstracción, los tres pilares necesarios para pensar y mucho más para estudiar. Afecta a estas funciones y por tanto afecta al rendimiento escolar, especialmente en edades en las que el cerebro aún no es maduro. (...)

"En los centros vemos a chavales que fuman a diario", explica Vicente Carrión Arregui, profesor de Filosofía de un instituto de Miranda del Ebro (Burgos) y autor habitual de columnas de opinión sobre temas educativos. "Son tres o cuatro chavales por aula que en el recreo dan unas caladitas y luego es difícil que puedan funcionar. Ir a clase fumado es una especie de tortura. El porro te invita a decir la primera chorrada que se te ocurre, a reírte a la cara del profesor y soltar una melonada. Y de ahí pasa al jefe de estudios. Lo que puede pasar es que esos chavales que empiezan a fumar acaben no pudiendo con los estudios, con problemas de autoridad, conflictos... Porque el cannabis te infla un poco el ego, te hace sentirte un poco más de lo que eres. Evidentemente, dificulta su rendimiento académico". (...)

"El fracaso escolar es multifactorial, me parece una hipocresía achacarlo al consumo de porros, es minimizar el problema", interviene Francisco Montávez, médico de los equipos de Orientación Educativa de Vista Alegre, en Córdoba. "Es evidente que si consumes de forma abusiva vas a tener más problemas para concentrarte y lo cierto es que existe un consumo bastante extendido, pero me parece que se exagera y se tiende al amarillismo. Si a un chaval con problemas de estudio le quitaras el consumo, ¿dejaría de fracasar? Probablemente sí o probablemente no, no lo sé. Generalmente el que consume porros a diario es el peor de la clase, pero seguramente también lo era antes de empezar a fumar. Si pertenece a un entorno social favorable tendrá más capacidad de juicio para que no le afecte".

"Podemos afirmar que hay una asociación entre fracaso escolar y consumo de cannabis, pero en ningún caso que exista una relación de causa-efecto entre ambas realidades", explica Victor Galán, educador del colectivo Energy Control." (El País, ed. Galicia, 28/06/2009, p. 36/7)