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9.8.26

Así frenó el peor incendio de la historia una esta enorme finca de Ávila, que perteneció a Felipe II y que en el siglo XIX fue considerada una de las casas de campo más lujosas de Europa, al ayudar a reducir la intensidad de las llamas y a evitar que el fuego siguiese avanzando sin control, gracias a su estructura vegetal en mosaico, que dejó a los bomberos trabajar en la extinción... “Tiene que servir de lección... no se trata de ”limpiar el monte“, sino de gestionar estratégicamente el combustible en áreas específicas para que los incendios encuentren discontinuidades y pierdan intensidad... el paisaje también es una herramienta de extinción. No se trata de una masa forestal abandonada, sino territorios con menor continuidad de combustible gracias al pastoreo, cultivos, aprovechamientos forestales, pistas, prados y una estructura del paisaje mucho más heterogénea”... Al descender la intensidad del fuego, aparecieron las “oportunidades” para que los equipos pudieran trabajar con mayor seguridad y eficacia, incluso en “ataque directo”, imposible y peligroso en otras zonas... el incendio que tuvo en vilo a España podía haber quemado más de 100.000 hectáreas. ¿Qué lo frenó? El eje de contención entre Cebreros y Robledo de Chavela. Del lado madrileño, la finca el Endrinal, con una gestión agroforestal parecida a la de El Quexigal, también contribuyó a bajar la intensidad de las llamas (Andrés Actis)

" Ferran Dalmau, ingeniero forestal y técnico de emergencias y protección civil, desplegado en el incendio de Ávila, el peor de la historia de España tras arrasar 50.000 hectáreas, lo tiene claro. Una enorme finca, que perteneció a Felipe II y que en el siglo XIX fue considerada una de las casas de campo más lujosas de Europa, ayudó a reducir la intensidad de las llamas y evitó que el fuego siguiese avanzando sin control.

“La gestión agroforestal de este terreno fue clave para contener el avance del incendio. Nos tiene que servir de lección. Ya no podemos seguir confiando únicamente en la extinción. Y no se trata de ”limpiar el monte“, sino de gestionar estratégicamente el combustible en áreas específicas para que los incendios encuentren discontinuidades y pierdan intensidad”, explica este experto.

La finca El Quexigal, de 1.200 hectáreas, ubicada en el municipio de Cebreros, conserva un palacio que fue construido en 1563 por Juan de Herrera, el mismo arquitecto que diseñó la obra maestra de El Escorial. Adquirida por el rey Felipe II para destinarla a actividades recreativas de la Casa Real, la finca estaba a cargo de monjes jerónimos. En ella producían aceite, vino, miel y alimentos, además de madera procedente de la abundancia de árboles, entre ellos el quejigo, que dio nombre a la parcela.

En la actualidad, cuenta Carlos Escorial, representante de la finca, el predio es utilizado como tierra de varios cultivos. El año que viene, el palacio reabrirá sus puertas convertido en un hotel de lujo, proyecto que está en ejecución. La principal diferencia respecto a muchos montes del entorno es que El Quexigal lleva más de dos décadas sometida a una gestión agroforestal continua. Esto incluye un aprovechamiento forestal planificado, la limpieza periódica del sotobosque, eliminación de combustible fino, retirada de árboles muertos, control de la densidad del arbolado y mantenimiento de todos los caminos.

La finca tiene varios cortafuegos —franja de terreno donde se elimina o reduce la vegetación y cualquier material combustible— que dividen al terreno por sectores. “Es estratégico para que si entra el fuego no nos queme toda la finca, sino un sector puntual. Este trabajo ha sido vital en este incendio”, explica Escorial. En esta oportunidad, las llamas ingresaron por cuatro focos. Los cortafuegos contuvieron tres. Más de 200 hectáreas se quemaron por las llamas que se propagaron desde la zona ribereña. El terreno está ubicado junto al cauce del río Sotillo —también conocido como río de las Palizas— y próximo a la confluencia con el río Cofio.

“No fueron un cortafuegos en el sentido clásico, sino paisajes gestionados que ofrecieron capacidad de defensa. Los bomberos aprovecharon esas condiciones para anclar maniobras y contener parte del avance del incendio”, revela Dalmau, testigo de esa contención. Y agrega: “Esta finca ha demostrado algo que los técnicos forestales llevamos años defendiendo: el paisaje también es una herramienta de extinción. No se trata de una masa forestal abandonada, sino territorios con menor continuidad de combustible gracias al pastoreo, cultivos, aprovechamientos forestales, pistas, prados y una estructura del paisaje mucho más heterogénea”.

Al descender la intensidad del fuego, insiste este ingeniero forestal, aparecieron las “oportunidades” para que los equipos pudieran trabajar con mayor seguridad y eficacia, incluso en “ataque directo”, imposible y peligroso en otras zonas.

Recuperar el mosaico agroforestal

Antonio Jordán López, profesor de Ciencia del Suelo en la Universidad de Sevilla, explica que los veranos secos y calurosos, característicos del clima mediterráneo, crean condiciones de alta inflamabilidad. Las olas de calor, la baja humedad y los vientos intensos son factores que favorecen la propagación rápida de los incendios. El cambio climático —agrega en un artículo de su autoría publicado en The Conversation— agrava esta situación, prolongando la temporada de riesgo, intensificando las sequías y aumentando la mortalidad vegetal.

Ante este diagnóstico, hay estrategias de gestión forestal que pueden reducir la agresividad del fuego. Una central, a juicio de este profesor, es la generación de paisajes heterogéneos. “Mosaicos de cultivos, pastos y masas forestales que interrumpan la continuidad del combustible contribuye a evitar los grandes incendios forestales”, describe.

Uno de los aspectos más destacados de El Quexigal, sostiene Dalmau en este punto, es que la finca “no constituye un bosque continuo”. Combina masas arboladas, cultivos, praderas, dehesas, zonas abiertas, caminos y cortaderos naturales, lo que “reduce enormemente la continuidad horizontal del combustible”.

Para Dalmau, el “incendio 3x1” que tuvo en vilo a España —en Burgohondo en Ávila, San Martín de Valdeiglesias en Madrid y Almorox en Toledo—, tenía la estructura para quemar más de 100.000 hectáreas. ¿Qué lo frenó? El eje de contención entre Cebreros y Robledo de Chavela. Del lado madrileño, la finca el Endrinal, con una gestión agroforestal parecida a la de El Quexigal, también contribuyó a bajar la intensidad de las llamas.

Estas estrategias, en la nueva era de incendios de mayor escala, terminan siendo determinantes. Marcan, por ejemplo, que el fuego llegue a una zona poblada —evacuaciones, destrucción de viviendas, pérdida de vidas— o que se controle en los montes. “Cuando coincide una ignición intencional, natural o fortuita con combustible acumulado, meteorología extrema y grandes superficies forestales continuas, llega un momento en que ningún dispositivo puede compensarlo únicamente con más aviones o más brigadas de bomberos forestales”, aclara Dalmau.

Javier Berenguer Sala, investigador del Departamento de Geografía de la Universitat de València, está especializado en análisis territorial y riesgo. Su disciplina —la geografía del fuego— explica por qué una misma ola de calor puede tener consecuencias muy distintas según el territorio que encuentre a su paso.

“Las condiciones ambientales del momento juegan un papel crucial, pero no son suficientes por sí solas para explicar el riesgo de incendio al completo”. La amenaza depende también de cómo está organizado el territorio: la continuidad de la vegetación, el abandono agrícola, la acumulación de biomasa, las viviendas dispersas, la accesibilidad para los equipos de extinción. El calor enciende la mecha; la geografía y la gestión forestal deciden si recorre dos metros o dos mil hectáreas.

Quienes trabajan en la finca El Quexigal aventuran que, casi con seguridad, el terreno se habría quemado sin este plan forestal. Los incendios tocaron la puerta en varias oportunidades durante las últimas dos décadas. Nunca lograron extenderse por todas las hectáreas del inmenso predio: “Hemos salvado nuestra finca y ayudado a evitar que se quemen otras. Es gratificante”." 

(Andrés Actis , eldiario.es, 08/08/26) 

30.7.26

Inversión pública y tecnología: así ha reducido China sus incendios un 72% en dos décadas... El gigante asiático ha pasado de 14.000 incendios anuales durante la década de los 80 del siglo pasado a apenas 226 el año pasado... China cuenta con la mayor superficie de bosque subtropical del mundo, gracias a una tenaz reforestación, concentrada en el sureste y suroeste... La suma de los vientos cálidos asiáticos hacen de China “uno de los países más propensos del mundo a los incendios”... El éxito descansa en razones previsibles. La inversión pública se multiplicó por 15 entre 1993 y 2017, que explican el aumento de la plantilla de guardabosques, los mecanismos sofisticados de vigilancia aéreos por satélite, drones o avionetas y los sensores en tierra. El objetivo es detectar el fuego de inmediato. Más del 95% son sofocados en menos de 24 horas... la nueva estrategia consiste en perros robots que patrullan rutas forestales programadas y alertan a las autoridades si detectan un potencial incendio, que enviarán primero drones para confirmarlo y después otros cargados de agua para apagarlo. Eficaz, rápido y seguro para los apagafuegos humanos... La responsabilidad política es, probablemente, el factor más decisivo, autóctono y complicado de exportar. La incompetencia se paga en China, si hay un incendio porque faltaron cortafuegos... cualquier funcionario público, desde una aldea polvorienta a una provincia boyante, se preocupará de que todo esté en orden (Adrián Foncillas)

"Fue el peor incendio que sufrió China en tres siglos y uno de los más destructivos de la historia. El Fuego del Dragón Negro nació en mayo de 1987 en la provincia septentrional de Heilongjiang, la antigua Manchuria, y se extendió a la Unión Soviética. Cuando fue sofocado, un mes después, había calcinado 10.000 kilómetros cuadrados, dos tercios de ellos de bosque, matado a 211 personas y dejado a 50.000 sin hogar.

De aquella pira colosal se esperaría que ejerciera de parteaguas en un país normal, pero China no lo era en 1987. Había decretado las reformas económicas pocos años atrás y su ofuscación por expandir el PIB sobrevolaba banalidades como el medioambiente o las desigualdades sociales. Aprobó variadas leyes que ayudaron poco. Hubo que esperar a que brotara una mentalidad ecológica para aceitar la estricta normativa que explica el milagro actual.

La cifra más baja de la historia

China padecía unos 14.000 incendios anuales durante la década de los 80 del siglo pasado, según el Ministerio de Gestión de Emergencias. En 2021, registró 616; el pasado año, apenas 226, la cifra más baja desde que hay estadísticas. Los incendios forestales no agrícolas cayeron un 72,23 % entre 2003 y 2023. Durante el XIV Plan Quinquenal (2021-2025), la reducción respecto al anterior se situó en el 80%. La media de terreno quemado se recortó un 92,5% desde 1988, un año después del fuego del Dragón Negro, a 2024, según datos oficiales citados por la International Association of Wildland Fire.

Las crónicas durante la canícula china abundan en sequías, tifones, inundaciones y otros dramas que ha agravado el calentamiento global. No hay noticias de esos incendios que martirizan a Europa a pesar de que las condiciones lo sugieren. China cuenta con la mayor superficie de bosque subtropical del mundo, gracias a una tenaz reforestación, concentrada en el sureste y suroeste.

La suma de los vientos cálidos asiáticos hacen de China “uno de los países más propensos del mundo a los incendios”, según el estudio 'Acelerando la caída de incendios en China en el siglo XXI', elaborado por investigadores chinos de la Academia China de Ciencias y la Universidad Estatal de Mississippi. “Indudablemente, la cuesta debajo de los incendios está relacionada con el desarrollo e implementación de las políticas de prevención en China”, asegura.

Bajan los incendios cuando el riesgo sube

Un estudio publicado este año con el revelador título de 'La gobernanza eficaz reduce la frecuencia de los incendios bajo el cambio climático' sienta la paradoja: bajan los incendios cuando el riesgo sube. En palabras de sus autores, “la evolución de los incendios forestales en China ha experimentado un desacoplamiento estructural entre la propensión climática a que se produzcan y el número de incendios registrados”.

El documento, elaborado por científicos chinos, aporta una investigación rotunda. Compara los datos sobre incendios en una superficie de 60 kilómetros a un lado y otro de las fronteras chinas con Mongolia, Nepal, Pakistán, Corea del Norte, Rusia, Myanmar y Vietnam. A pesar de las idénticas condiciones ecológicas, la densidad de incendios en el territorio chino es apenas una sexta parte que en el de sus vecinos. El estudio sostiene que las reformas legales de 2006 y 2018 han agilizado la respuesta con sistemas de teledetección, índices de peligro de incendio y drones.

El éxito descansa en razones previsibles. La inversión pública, por ejemplo. La partida para prevención y extinción de incendios se multiplicó por 15 entre 1993 y 2017, según un artículo de la revista Nature. El presupuesto del actual Plan Quinquenal asciende a 3.070 millones de yuanes, unos 370 millones de euros, que explican el aumento de la plantilla de guardabosques, los mecanismos sofisticados de vigilancia aéreos por satélite, drones o avionetas y los sensores en tierra. El objetivo es detectar el fuego de inmediato. Más del 95% son sofocados en menos de 24 horas y la superficie media de terreno quemado ha caído de las 59 hectáreas a las cinco, según el anterior estudio.

Perros robots patrullan los bosques

Tampoco sorprende la tecnología. La robótica, la IA y los drones, campos en los que China le pelea el liderazgo a Estados Unidos, se aúnan para proteger los bosques. Chongqing, la macrourbe ciberpunk del centro del país, mostró meses atrás su nueva estrategia coordinada. Los perros robots patrullan rutas forestales programadas y alertan a las autoridades si detectan un potencial incendio, que enviarán primero drones para confirmarlo y después a otros cargados de agua para apagarlo. Eficaz, rápido y seguro para los apagafuegos humanos.

La ley forestal atribuye la responsabilidad de la prevención a los gobiernos locales y sus medidas son evaluadas anualmente por las autoridades centrales. Es un viraje fundamental: hasta no hace tanto tiempo, Pekín solo premiaba o castigaba atendiendo al desempeño económico. Algunas provincias aplican la “gestión de malla” o la división del territorio en cuadrículas con un encargado y funciones delimitadas. Si hay un incendio, ya saben por quién preguntar.

La responsabilidad política es, probablemente, el factor más decisivo, autóctono y complicado de exportar. La incompetencia se paga en China, da igual un incendio porque faltaron cortafuegos o un puñado de contagios durante una pandemia global. Así que cualquier funcionario público, desde una aldea polvorienta a una provincia boyante, se preocupará de que todo esté en orden." 

(Adrián Foncillas, el Periódico, 28/07/26)

Madrid tiene lo que ha elegido, un proyecto de destrucción de los servicios esenciales que sufren por igual los que han votado a Ayuso y los que no... Arde Madrid, porque Ayuso, como Nerón, es lo que quiere para su región... Si les ha ardido la casa que pidan explicaciones a quien tiene las competencias. A quien solo baja impuestos para reducir a la mínima expresión los planes de prevención y extinción. Que miren a Ayuso porque es la responsable... el INFOMA, el plan de incendios de la Comunidad de Madrid, mantiene al menos un retén de 61 bomberos retenidos y sin dotarlos de medios para participar en las labores de extinción. Su plan para ellos ha sido amenazarlos con consecuencias legales porque han ido voluntariamente a colaborar... La gestión forestal de Isabel Díaz Ayuso se puede resumir en el hecho de que el parque de bomberos de San Martín de Valdeiglesias, que tiene que dar servicio a la sierra suroeste, está dentro de un pinar, y ardió porque no se había limpiado la franja perimetral que lo protegiera en caso de incendio... Los madrileños que han votado a Isabel Díaz Ayuso han elegido este modelo de forma voluntaria. No sirve decir que no sabían lo que hacían porque han tenido pruebas suficientes y demostraciones sobradas de que su modelo de servicios públicos es la devastación de los recursos para que solo quien pueda pagarse la salvación la tenga. Pues eso es lo que ofrece. Isabel Díaz Ayuso no miente ni engaña, solo si tienes dinero podrás eludir los problemas que su gestión provoca, pero cuidado, no siempre eso ocurre así. Son muchas las personas con ingresos altos que han visto devastadas sus propiedades porque incluso quienes se creen que con sus fortunas pueden eludir la necesidad de un Estado fuerte con servicios e infraestructuras sólidas se dan de bruces con la realidad... Y si no, la próxima, que se paguen sus propios bomberos a ver si así salvan su patrimonio (Antonio Maestre)

"Es absolutamente increíble y dramático que haya quien se escandalice con el hecho de que se politice la gestión política de las competencias que tienen aquellos políticos que son elegidos en su cargo para gestionar las competencias políticas que se les conceden. Es terrible eso de politizar la política, como si la política no fuera proponer un modelo de gestión a los ciudadanos y que estos te voten para llevarlo a cabo. Cuando arde es cuando es el momento de darnos el debate de si Ayuso está capacitada para gestionar los recursos públicos en una situación de emergencia. Madrid tiene lo que ha elegido, un proyecto de destrucción de los servicios esenciales que sufren por igual los que han votado a Ayuso y los que no, y del que solo puedes escapar con ingentes cantidades de dinero. Arde Madrid, porque Ayuso, como Nerón, es lo que quiere para su región.

El proyecto para Madrid es una distopía darwinista que provoca que cuando se produce un incendio devastador la lideresa salga corriendo a pedir ayuda a papá Estado porque los recursos públicos que tiene para emergencias en Madrid, sus competencias exclusivas, no bastarían para dotar a la comunidad autónoma más pobre de España. Con Ayuso la única opción posible cuando hay un incendio es dejar que todo arda y que el azar te salve. La elección de Ayuso y el PP de Madrid ha sido una libre decisión de los electores madrileños y ahora toca asumir las consecuencias, también por parte de aquellos que jamás la votaron, no nos queda otra, pero sobre todo por parte de quienes sí lo han hecho. Si les ha ardido la casa que pidan explicaciones a quien tiene las competencias. A quien solo baja impuestos para reducir a la mínima expresión los planes de prevención y extinción. Que miren a Ayuso porque es la responsable.

La gestión de Ayuso en materia de extinción de incendios forestales pasa por ponerse un chalequito de emergencias que pone presidenta y salir corriendo a pedir a Pedro Sánchez que sea quien acuda con la manguera. La Comunidad de Madrid e Isabel Díaz Ayuso tienen un modelo de destrucción de los servicios públicos que cuando llegan crisis o emergencias imposibilita que puedan gestionar las competencias con los recursos que ella, en su decisión política soberana, ha decidido asignar. En materia de gestión forestal y extinción de incendios ha decidido que la propaganda sustituya a los servicios públicos, el INFOMA, el plan de incendios de la Comunidad de Madrid, aumentó sus recursos humanos haciéndolos descansar sobre los voluntarios de protección civil, en el caso de los Bomberos Forestales mantiene al menos un retén de 61 bomberos pidiendo que sean destinados a los incendios cuando se produzcan mientras los mantienen retenidos y sin dotarlos de medios para participar en las labores de extinción. Su plan para ellos ha sido amenazarlos con consecuencias legales porque han ido voluntariamente a colaborar.

La gestión forestal de Isabel Díaz Ayuso se puede resumir en un hecho ocurrido en los incendios en Madrid donde el parque de bomberos de San Martín de Valdeiglesias, que estaba dentro de un pinar, ardió porque no se había limpiado la franja perimetral que lo protegiera en caso de incendio. El parque de bomberos que tiene que dar servicio a la sierra suroeste ardiendo porque no se han hecho las correctas gestiones de limpieza de la masa forestal. Es el paradigma Ayuso. Pero hay modelos alternativos, no hace falta mirar muy lejos en tiempo y espacio. Emiliano García-Page gestionó el incendio en Guadalajara que acabó con 33.000 hectáreas calcinadas hasta su control sin delegar su responsabilidad competencial al mismo tiempo que Isabel Díaz Ayuso tuvo que delegar sus competencias a Pedro Sánchez en las primeras horas con dos incendios que hasta la fecha de redacción de este artículo habían calcinado 5.000 hectáreas. Castilla La Mancha salvó 40 núcleos urbanos y Madrid, con la gestión de escaqueo de Ayuso, no ha conseguido salvar uno solo.

El problema que ha argumentado Madrid para la dificultad de su incendio es que se ha dado en una zona con mucha población, así que es el hecho de tener más habitantes lo que dificulta la extinción. Madrid, a pesar de ser la región más rica no invierte asumiendo el riesgo que es tener un 51% de su región de masa forestal con una población de siete millones de habitantes. Madrid invierte 7,5 €/hab (7 millones de población) mientras que Castilla La Mancha invierte 60 €/hab (2,1 millones de población). Es decir, Castilla-La Mancha dedica ocho veces más por habitante que Madrid. La realidad de Madrid es que es la comunidad autónoma más rica de España e invierte en el INFOMA, en la extinción de incendios, un total de 52,7 millones de euros, para ponerlo en perspectiva la televisión pública propagandística en Telemadrid tiene un presupuesto de 75 millones de euros y en el circuito de Fórmula 1 (Madring) se han invertido un total de 51 millones de euros para construir los nuevos pabellones de IFEMA necesarios para el Gran Premio y 83,2 millones de euros para construir el circuito.

Los madrileños que han votado a Isabel Díaz Ayuso han elegido este modelo de forma voluntaria. No sirve decir que no sabían lo que hacían porque han tenido pruebas suficientes y demostraciones sobradas de que su modelo de servicios públicos es la devastación de los recursos para que solo quien pueda pagarse la salvación la tenga. Pues eso es lo que ofrece. Isabel Díaz Ayuso no miente ni engaña, solo si tienes dinero podrás eludir los problemas que su gestión provoca, pero cuidado, no siempre eso ocurre así. Son muchas las personas con ingresos altos que han visto devastadas sus propiedades porque incluso quienes se creen que con sus fortunas pueden eludir la necesidad de un Estado fuerte con servicios e infraestructuras sólidas se dan de bruces con la realidad. La civilización, para que los ricos también se desarrollen, necesita un servicio fiscal progresivo que les garantice, también a ellos, una mínima seguridad y estabilidad. Y si no, la próxima, que se paguen sus propios bomberos a ver si así salvan su patrimonio."

( Antonio Maestre, eldiario.es, 27/07/26)

28.7.26

"Una agenda climática que se convierte en “una gran estafa”. Una “ola internacional” que impone unas costumbres que “están favoreciendo también pobreza a manos llenas”. “Desde que la Tierra existe ha habido cambio climático, ha habido ciclos”. Son palabras de Isabel Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid en 2022 y forman parte de su discurso habitual sobre el cambio climático (para negarlo o relativizarlo)... Ahora le toca llorar y llamar a la UME. Ponerse un chaleco de emergencias al que además le pone una tarjeta que dice “presidenta”, no sea que la gente se equivoque y piense que es una turista... Los incendios que castigan estos días a las comunidades de Madrid, Castilla y León y Castilla La Mancha forman parte de esta nueva normalidad que nos acompañará todos los veranos... No hace mucho tiempo, los dirigentes del PP madrileño se burlaban de los que se quejaban de la última ola de calor a causa de la falta de aire acondicionado en las escuelas. “Ahora se llama emergencia climática a que en julio haga calor en Madrid”, dijo uno de ellos creyendo que hacía un chiste. Afirman que la lucha contra el cambio climático es una gran estafa, lo que suena muy parecido a lo que dicen sus socios de Vox que denuncian el “fanatismo climático”. Están ciegos y son unos ignorantes, y todos pagamos las consecuencias (Iñigo Sáenz de Ugarte)

"Una agenda climática que se convierte en “una gran estafa”. Una “ola internacional” que impone unas costumbres que “están favoreciendo también pobreza a manos llenas”. “Desde que la Tierra existe ha habido cambio climático, ha habido ciclos”. Son palabras de Isabel Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid en 2022 y forman parte de su discurso habitual sobre el cambio climático (para negarlo o relativizarlo). Como hizo en esa ocasión, le gusta responder a las críticas de los que la acusan de no tomarse en serio el problema con el argumento de que lo que ellos están buscando es “el comunismo”. 

Ahora le toca llorar y llamar a la UME. Ponerse un chaleco de emergencias –que no falte un responsable político disfrazándose para la ocasión– al que además le pone una tarjeta que dice “presidenta”, no sea que la gente se equivoque y piense que es una turista. Los incendios que castigan estos días a las comunidades de Madrid, Castilla y León y Castilla La Mancha forman parte de esta nueva normalidad que nos acompañará todos los veranos. No necesariamente habrá más incendios cada año, pero cada uno de ellos será más destructor y abarcará más superficie. Algunos se producirán en cotas tan altas que acceder a ellos será extraordinariamente difícil.

El Gobierno de Ayuso pidió al Gobierno central que asumiera el control directo de la emergencia. Su presidenta decidió que no quería aceptar la responsabilidad. Eso no quiere decir que con ese nivel 3 de respuesta se destinen más medios, sino que su gestión depende directamente de la Administración central. A partir de ahí, la colaboración entre gobiernos diferentes, incluidos los ayuntamientos, es fundamental. Excepto la guerra que montó el PP desde el día siguiente de la dana de Valencia, esa coordinación suele producirse sin problemas y así está ocurriendo ahora.

“El área quemada va a seguir aumentando en los próximos años si no se toman medidas, porque la intensidad de los incendios está aumentando. Las zonas en las que previsiblemente veremos mayores aumentos en el área quemada son montañosas, de gran altitud, que tradicionalmente no se quemaban porque estaban muy húmedas”, explica Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal. 

Cuando el fuego, como está ocurriendo ahora, amenaza a zonas habitadas, los servicios de extinción deben darle prioridad. Es más importante salvar vidas que árboles. Pero eso hace que se tarde más en atacar la cabeza del incendio, que se extiende imparable. En el momento en que las llamas cubren miles de hectáreas, ya llegamos tarde. Debemos cambiar la mentalidad de las autoridades y obligarles a que se gaste dinero todo el año en prevención de incendios para que nadie se vea arrollado por el fuego en los meses de verano. 

Lo que ocurre es que se regatea el dinero en ese apartado para gastarlo en otras cosas. Los bomberos forestales de Madrid llevan mucho tiempo en huelga reclamando mejores salarios. Las condiciones económicas en que trabajan son insuficientes. Algunos cobran solo 1.300 euros al mes. “Nos jugamos la vida, trabajamos con un alto riesgo en condiciones de penosidad y toxicidad, y lo que nos pagan apenas supera el salario mínimo. Solo hemos desbrozado y quemado la mitad de la superficie que se debería”, dice uno de ellos. 

Para ahorrar dinero, no les contratan todo el año, sino solo para la campaña de verano, de mayo a octubre. Es un ahorro miserable. Los daños económicos que sufren las zonas aquejadas por los fuegos superan con mucho esas cantidades. Algunas comunidades, como la de Madrid, no reconocen los derechos que aparecen en la ley 5/2024 sobre bomberos forestales.

Son las CCAA las que tienen la gestión exclusiva en estas emergencias. Si se produce una catástrofe, ya hay tiempo de pedir que intervenga la UME o de recibir la solidaridad de otras comunidades o de países europeos. Es lógico que aparezca la UME. No se va a dedicar a participar en labores de extinción en Hungría o Bulgaria. Está para intervenir en cualquier punto del territorio español que lo requiera. Para eso se puso en marcha (con el rechazo del PP, que lo llamó “capricho faraónico” de Zapatero). Pero las CCAA tienen la obligación de intervenir antes de que empiece a arder el monte.

Esa labor de prevención no puede hacer milagros. No puedes convertir los montes en un parque ajardinado. Sin embargo, después de dos meses de lluvias intensas este año, se sabía que el exceso de vegetación era un factor de riesgo de cara a los incendios del verano. Estaban avisados y no hicieron lo suficiente. Con suerte, le tocará a otro, pensarían algunos.

Un editorial de ABC sostiene que se está utilizando el cambio climático como “chivo expiatorio” de los incendios –que se supone que es algo que hace la izquierda–, porque la clave es una “gestión forestal constante y tradicional”. En ningún momento del artículo, se recuerda que la responsabilidad de la gestión forestal corresponde a los gobiernos autonómicos, que en el caso de los incendios más graves de estos días se referiría a los gobiernos del PP en Madrid y Castilla y León. Así se puede culpar a la izquierda, el Gobierno central, los ecologistas y hasta los “urbanitas”, pero no a los responsables directos.

Frente a lo que dice la extrema derecha, la Ley de Montes de 2003, reformada en 2015, no prohíbe limpiar los montes. En realidad, es lo contrario. Impone a los propietarios de los terrenos forestales la obligación de hacerlo. Cada comunidad autónoma establece la forma en que debe realizarse a través de autorizaciones que se solicitan a la Administración, y si la burocracia es un obstáculo, deberían responder esos gobiernos. No hay ninguna ley ni Agenda 2030 que obligue a dejar la naturaleza en estado salvaje. Tanto la ley de 2003 como su reforma posterior fueron aprobadas con gobiernos del PP que contaban con mayoría absoluta.

No puedes planificar las temperaturas ni el viento. Es difícil impedir que haya personas negligentes que trabajen con maquinaria pesada en zonas agrícolas de alto riesgo o sencillamente prohibidas. Para impedirlo, las administraciones locales y autonómicas deben actuar en todas las tareas de prevención que están dentro de sus competencias. 

La Comunidad de Madrid ha gastado este año 52,7 millones en prevención y extinción de incendios, según sus propios datos sobre sus presupuestos anuales de 30.000 millones. Es un 3,5% más que el año anterior. Para este año, el presupuesto para asuntos taurinos subió un 60% (hasta siete millones). Pero no se soluciona simplemente con gastar menos en toros y más en incendios, sino en elevar los fondos para responder a una nueva amenaza climática que tiene una traducción directa en los incendios forestales.

No hace mucho tiempo, los dirigentes del PP madrileño se burlaban de los que se quejaban de la última ola de calor a causa de la falta de aire acondicionado en las escuelas. “Ahora se llama emergencia climática a que en julio haga calor en Madrid”, dijo uno de ellos creyendo que hacía un chiste. Afirman que la lucha contra el cambio climático es una gran estafa, lo que suena muy parecido a lo que dicen sus socios de Vox que denuncian el “fanatismo climático”. Están ciegos y son unos ignorantes, y todos pagamos las consecuencias."

(Iñigo Sáenz de Ugarte , eldiario.es, 26/07/26)

POLITICO: El mayor incendio de España arriesga a quemar a los conservadores de cara a un año electoral clave... El Partido Popular controla la mayoría de los gobiernos regionales y enfrenta críticas por no haber preparado la respuesta ante la catástrofe... las autoridades regionales tienen responsabilidad legal en muchos de los sectores de primera línea como los servicios de rescate y la gestión forestal. El PP, que controla 11 de las 17 regiones del país, enfrenta ahora reacciones políticas adversas por lo que se perciben como fracasos estratégicos... Los conservadores no solo son criticados por no invertir en bomberos, sino que también corren el riesgo de parecer desfasados ante la gravedad del desafío que plantea el cambio climático... La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sentido el impacto de la ira pública por sus prioridades políticas. El domingo, afirmó que había recibido críticas de los ciudadanos que la acusaban de priorizar la inversión en la tauromaquia por encima de los bomberos... Los españoles se sitúan sistemáticamente entre los europeos más preocupados por el cambio climático y entre los que más apoyan la acción gubernamental para abordarlo, según sucesivas encuestas del Eurobarómetro. Y esta desconexión se ha convertido en un lastre político recurrente cada vez que España se ve golpeada por catástrofes climáticas

"El mayor incendio de España arriesga a quemar a los conservadores de cara a un año electoral clave

El Partido Popular controla la mayoría de los gobiernos regionales y enfrenta críticas por no haber preparado la respuesta ante la catástrofe.

El mayor incendio forestal de la historia de España corre el riesgo de convertirse en un lastre político para el Partido Popular de centro-derecha de cara a las elecciones decisivas del próximo año.

En los últimos cinco días, más de 100.000 personas se han visto obligadas a huir de sus hogares mientras enormes llamas arrasaban las regiones de Madrid, Ávila, Toledo y Castellón. Con temperaturas que se prevé que rocen los 40 grados centígrados, el pronóstico para una devastación aún mayor a finales de esta semana es sombrío.

Aunque el gobierno central ha intervenido para supervisar esta crisis nacional, las autoridades regionales tienen responsabilidad legal en muchos de los sectores de primera línea que son el núcleo de la emergencia, como los servicios de rescate y la gestión forestal. El PP de centro-derecha, que controla 11 de las 17 regiones del país, enfrenta ahora reacciones políticas adversas por lo que se perciben como fracasos estratégicos.

A nivel nacional, el PP sigue liderando los sondeos y está en camino de tomar el poder en 2027, beneficiándose de la red de escándalos de corrupción que envuelve al Partido Socialista del presidente del gobierno, Pedro Sánchez.

Pero los incendios amenazan con exponer sus vulnerabilidades. Los conservadores no solo son criticados por no invertir en bomberos, sino que también corren el riesgo de parecer desfasados ante la gravedad del desafío que plantea el cambio climático, en parte debido a las alianzas regionales con la ultraderechista Vox, que están llevando al PP hacia posiciones cada vez más antiecológicas.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, una figura destacada de la derecha, ha sentido el impacto de la ira pública por sus prioridades políticas. El domingo, afirmó que había recibido críticas de los ciudadanos que la acusaban de priorizar la inversión en la tauromaquia —un tema que atrae votos entre la base de derecha— por encima de los bomberos.

"En dos o tres municipios, hablaban de toreros", se quejó Ayuso, visiblemente irritada. "¿Qué tienen que ver los toreros con todo esto?"

La presidenta populista madrileña acusó a sus oponentes políticos de avivar los agravios para "dividir" a sus votantes, y añadió que el sector taurino se había visto especialmente afectado por los incendios. "Hay que recordar que ellos son los primeros que han perdido ganado y tierras", agregó.

Pero oponentes políticos como Manuela Bergerot, portavoz del partido de izquierdas Más Madrid, sostuvieron que, una vez extinguidos los incendios, llegaría el momento de investigar "la situación precaria de los bomberos, los recortes en prevención y la negación del cambio climático".

Los críticos de Ayuso contrastan esas supuestas carencias con la disposición de su administración a subvencionar los toros, en los que la Comunidad de Madrid prevé gastar este año un récord de 7,2 millones de euros.

**Responsabilidades regionales**

Jordi Vendrell, director de la Fundación Pau Costa, una organización sin ánimo de lucro centrada en la gestión de incendios forestales, explicó que las administraciones regionales tienen responsabilidad legal en la prevención de desastres y la gestión de crisis.

"España es un país descentralizado, y los gobiernos regionales tienen competencias en gestión forestal y extinción de incendios", afirmó. "El gobierno central proporciona un marco común a través de la ley de montes, pero son las regiones las que deciden cómo se gestionan los bosques y otros paisajes y qué estrategias de extinción se siguen".

Esa responsabilidad está siendo objeto de un mayor escrutinio debido a los pactos de gobierno que el PP firmó con la ultraderechista Vox en regiones como Valencia, Aragón y Andalucía. A cambio del poder, los líderes regionales conservadores se han visto obligados a rechazar el Pacto Verde de la UE y a adoptar un discurso que cuestiona hasta qué punto la actividad humana está provocando el cambio climático.

Esas posturas han ido distanciando cada vez más al PP de la opinión pública. Los españoles se sitúan sistemáticamente entre los europeos más preocupados por el cambio climático y entre los que más apoyan la acción gubernamental para abordarlo, según sucesivas encuestas del Eurobarómetro. Y esta desconexión se ha convertido en un lastre político recurrente cada vez que España se ve golpeada por catástrofes climáticas, desde las mortíferas inundaciones que mataron a 237 personas en Valencia en 2024 hasta los devastadores incendios de este verano.

"Los acuerdos con Vox son obviamente incómodos para el PP en estas situaciones", afirmó Pablo Simón, politólogo de la Universidad Carlos III de Madrid. "Pero también hay que distinguir entre el discurso y las políticas públicas: Estos acuerdos no han dado lugar a cambios significativos en las políticas".

Vendrell señaló que las administraciones regionales gobernadas por la derecha no son las únicas que tienen dificultades para hacer frente a los incendios forestales. En toda España, adaptar la gestión forestal y la planificación de emergencias a un clima que cambia rápidamente requiere inversiones sostenidas y reformas estructurales en una escala que pocas administraciones han estado dispuestas a emprender.

"Las posturas de negación del clima son absurdas, porque intentan negar lo evidente", añadió. "Además de la plétora de pruebas científicas, no se puede fingir que no estamos viendo períodos más largos e intensos de riesgo extremo de incendio. Ignorarlo es simplemente intentar avanzar con una venda en los ojos".

**Consecuencias inciertas**

En medio de la crisis actual, el PP ha intentado redirigir el debate hacia problemas estructurales más amplios, en particular la despoblación de la España rural y el abandono de tierras agrícolas, que contribuyen a la propagación de incendios forestales cada vez más destructivos.

Ester Muñoz, portavoz parlamentaria del PP, también restó importancia a la necesidad de abordar las causas profundas del destructivo cambio climático.

"El cambio climático es algo que ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad y de la Tierra", declaró a EsRadio el lunes. "La cuestión es preguntarnos cómo actuamos los seres humanos ante estos cambios".

Los conservadores también han intentado culpar de la deficiente respuesta regional a la insuficiente financiación del gobierno central español. La coordinadora de política rural del PP, la eurodiputada Carmen Crespo, acusó el lunes al gobierno de Sánchez de priorizar su "ideología" sobre las necesidades de las zonas rurales, y de no asignar suficientes fondos de la UE a la prevención de incendios.

La portavoz del Partido Socialista, Montse Mínguez, rechazó las acusaciones de recursos insuficientes, afirmando que "en lugar de quejarse, todo el mundo tiene que aprender a gobernar".

El politólogo Simón afirmó que el PP ha hecho poco por reprimir "la nube de bulos problemáticos" y narrativas falsas sobre los incendios que se han extendido en los últimos días.

Durante un debate de fin de semana en TeleMadrid, el ente público controlado por el gobierno regional de Ayuso, el periodista conservador Carlos Dávila afirmó sin pruebas que los incendios habían sido causados por "fanáticos ecologistas" que, según dijo, habían impedido a los trabajadores forestales desbrozar la maleza.

"No hay cambio climático, lo que hay es irresponsabilidad", insistió.

Para Simón, la estrategia recuerda a la respuesta del PP tras las inundaciones de Valencia. Tras aquella catástrofe, el partido trabajó para desviar la responsabilidad hacia otros actores, incluido Sánchez y su entonces ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ahora vicepresidenta de la Comisión Europea. El gobierno central fue finalmente exonerado por los tribunales españoles, y los conservadores acabaron asumiendo la responsabilidad de la catástrofe.

Pero el politólogo cuestionó si los incendios actuales infligirán daños electorales duraderos a los conservadores.

"Es cierto que el Partido Socialista de Sánchez ha obtenido en el pasado cierto impulso en los sondeos tras calamidades similares", afirmó Simón. "Pero eso solo ocurre cuando ha habido una respuesta claramente fallida por parte de alguno de los gobiernos regionales del PP, y en este momento lo que vemos, en cambio, es una colaboración fluida entre administraciones de todos los niveles".

De hecho, la magnitud del incendio en España y la previsión de un tiempo abrasador han obligado a los rivales políticos a dejar de lado las guerras partidistas —al menos durante el período de emergencia— y unirse para salvar vidas y propiedades.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha pedido durante años la dimisión de Sánchez, pero desde el inicio de la crisis actual ha optado por un tono más conciliador. "Todo el mundo está haciendo todo lo que puede... desde el gobierno central hasta el ayuntamiento más pequeño", declaró en una rueda de prensa el domingo. "Nadie debería generar más tensión que la que ya causa el fuego".

Simón señaló que la dinámica de colaboración ha dado lugar a una especie de punto muerto en el que los intentos de sacar rédito político podrían resultar contraproducentes.

"A largo plazo, no creo que este sea un tema clave en las elecciones nacionales", añadió. "Estoy seguro de que los socialistas lo sacarán a relucir para intentar vincular al PP con Vox, pero los españoles tienen una memoria notablemente corta en lo que respecta a este asunto"." 

(Aitor Hernández-Morales ,  POLITICO, 28/07/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original) 

27.7.26

Ayuso te quema la casa y llora... Los incendios han provocado que Ayuso tenga un nuevo 'book' de fotos fingiendo dolor y preocupación con el que sepultar su responsabilidad... La estrategia se repite. Pobre mujer apesadumbrada, ¡Cómo sufre la presidenta! Una rueda de prensa llorando cuando habla del Valle del Tiétar y todos corriendo a difundir lo buena que es la lideresa que tanto sufre por sus vasallos... ese dolor se le olvida cuando tiene que poner pasta para los servicios públicos que eviten el drama... porque hay más dinero de los presupuestos madrileños destinados a pagar a pseudomedios turbofachas que a apagar incendios... no hace más que llorar cada vez que su penosa gestión cuesta vidas, patrimonios y dolor a los madrileños. No llora porque no siente de verdad lo que hace, solo usa las lágrimas como parapeto cuando tiene un problema político de primera dimensión... Si hay un incendio y no ha dotado de medios suficientes para afrontarlo y tiene que pedir a Pedro Sánchez que salve a los madrileños pues hacemos una rueda de prensa donde se priva un poco y entrecorta su discurso inconexo de siempre bajando la mirada con pesadumbre para que todos vean lo afectada que está y que ella no tiene culpa de nada (Antonio Maestre)... "Con la sarta de tonterías que difunden a través de redes sociales y medios de comunicación afines, no dejan espacio para que hablemos de lo concreto: cómo es posible que haya bomberos y agentes forestales en Madrid que hayan denunciado en las últimas semanas que no podían salir a trabajar o que están trabajado sin contrato, en situación irregular algunos de ellos... me gustaría saber qué hubiese pasado si Ayuso hubiese dedicado a sentarse con los bomberos y los agentes forestales un 10 o un 15% del tiempo que ha dedicado a hablar de begoña gómez" (Monrosi)

"Ayuso te quema la casa y llora como una plañidera.

Los incendios han provocado que Ayuso tenga un nuevo 'book' de fotos fingiendo dolor y preocupación con el que sepultar su responsabilidad. Donde todos vemos una tragedia ella ve una oportunidad para hacer lo único que sabe; posar con su outfit de dolorosa haciendo poses de afligida para que sus medios de propaganda lo difundan y hagan grandes hagiografías pagadas con dinero de los impuestos de los madrileños que van destinados a comprar voluntades cuando podían pagar salarios de bomberos forestales. Hay más dinero de los presupuestos madrileños destinados a pagar a pseudomedios turbofachas que a apagar incendios. Hay que exprimir esa inversión cuando la novia del comisionista lo tiene jodido.

La estrategia se repite. Pobre mujer apesadumbrada, ¡Cómo sufre la presidenta! Una rueda de prensa llorando cuando habla del Valle del Tiétar y todos corriendo a difundir lo buena que es la lideresa que tanto sufre por sus vasallos. Es verdad que ese dolor se le olvida cuando tiene que poner pasta para los servicios públicos que eviten el drama, pero se trata de activar la emoción, la razón es para los marxistas. Muchos ciudadanos madrileños habrán perdido todo lo que tienen, sus recuerdos, su patrimonio y toda su vida, pero la víctima es Ayuso a pesar de ser la máxima responsable que hay en Madrid para evitar que haya incendios y apagarlos cuando se produzcan. La pobre Ayuso ha tenido que irse a recoger los shorts que hagan conjunto con el chalequito de emergencias personalizado y algunas sandalias que tiene en su casa de veraneo en Sotillo de la Adrada. Pobre presi desamparada, los medios comprados por Miguel Ángel Rodríguez siempre dispuestos a pintar a la 'Quironesa' como una dolorosa martirizada y apaleada.

El victimario se convierte en víctima con asiduidad y en eso Isabel Díaz Ayuso es la máxima especialista ayudada por toda esa prensa que vive de la teta pública. Según la propia presidenta en su lacrimógena rueda de prensa hay 40 familias que han perdido sus casas y más de 300 han visto como han sufrido daños de diversa índole en las primeras estimaciones. Pero la víctima es ella, es ella la llorosa, es ella la que tiene que recoger las bragas de su casa por si se le queman, y no se le han quemado. Su política es siempre la de hacerse la víctima y salir quejumbrosa y lastimera para convertir en alguien desalmado a quien considera que sus lágrimas son una pose. Finge lágrimas para evitarse la crítica. No cuela. Nadie con un poco de respeto por sí mismo cree que esa emoción es real. Le importan una mierda los madrileños.

En nuestras sociedades, la víctima es el valor político máximo porque te hace intocable. Siempre que puedo para hablar de la presidenta de la Comunidad de Madrid hablo del ensayo, breve pero certero, de Daniel Giglioli sobre la crítica de la víctima que despedaza con acierto a los líderes políticos que, como Ayuso, se envuelven en ese papel para inmunizarse con sus lloros ante la asunción de responsabilidades. Es imposible leer ese libro y no estar pensando todo el tiempo en cómo con el nivel de charca intelectual que tiene la máxima responsable de Madrid le habría sido imposible sobrevivir políticamente sin estar todo el tiempo victimizándose y arropándose en su corte de siervos mediáticos para transmitir esa imagen de quejica sensiblera.

Ayuso, la que tiene que como lema que a la política se viene llorado de casa, no hace más que llorar cada vez que su penosa gestión cuesta vidas, patrimonios y dolor a los madrileños. No llora porque no siente de verdad lo que hace, solo usa las lágrimas como parapeto cuando tiene un problema político de primera dimensión. Si su gestión acaba con la vida de 7291 ancianos en las residencias pues se hace una foto en la Almudena llorando y con el rímel corriéndose para que los siervos de El Mundo lo lleven a portada. Si hay un incendio y no ha dotado de medios suficientes para afrontarlo y tiene que pedir a Pedro Sánchez que salve a los madrileños pues hacemos una rueda de prensa donde se priva un poco y entrecorta su discurso inconexo de siempre bajando la mirada con pesadumbre para que todos vean lo afectada que está y que ella no tiene culpa de nada.

Hay un patrón documentado, cuando Ayuso es responsable y competente sobre algún drama, tragedia o muerte, se pondrá a llorar para convertirse en víctima trucha por encima de las víctimas que sí provoca su gestión. "No empiecen con guerras, la gente no se lo merece". Es lo que dice como plañidera cuando ella es la responsable de la tragedia." 

(Antonio Maestre blog, 27/07/26) 

 

"Monrosi: "Ayuso podría haber dedicado un 10% de su tiempo a hablar con agentes forestales en vez de hablar de Begoña Gómez".

 José Enrique Monrosi ha sido muy crítico con el papel de Isabel Díaz Ayuso durante la crisis provocada por el incendio que lleva varios días asolando zonas forestales de Madrid y Ávila y que ha afectado a más de 90.000 personas evacuadas o confinadas.

En El Abierto de Hoy por Hoy, el periodista ha señalado que el comportamiento de la presidenta de la Comunidad de Madrid responde "a una estrategia muy bien definida" con el objetivo de "convertir una administración pública en una oportunidad de negocio para los ricos y los poderosos".

Monrosi ha comenzado su reflexión advirtiendo de que el clima de tensión política que se vive en Madrid no es algo azaroso, sino fruto de una estrategia. "No podemos ser ingenuos: esta polarización extrema, esta viralización del analfabetismo, esta premeditación a la hora de intentar engañar permanentemente a la ciudadanía con informaciones falsas, es una estrategia perfectamente definida que tiene detrás grandes cantidades de dinero y grandes focos de poder", ha apuntado.

"A tenor de los resultados", ha añadido, "al Partido Popular de Madrid, y a la presidenta de la Comunidad de Madrid le está funcionando, porque consigue que mucha gente se olvide de que la política, ante todo, va de la gestión del espacio público cuando esto es seguramente a lo que menos tiempo dedica Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid".

Monrosi ha lamentado que "mucha gente se olvida de que los representantes públicos tienen unas obligaciones porque los ciudadanos les damos un sueldo y un encargo: administrar lo común, especialmente lo que resulta trascendental para nuestra vidas, como por ejemplo, la lucha contra el fuego".

"Con la sarta de tonterías que difunden a través de redes sociales y medios de comunicación afines", ha señalado, "no dejan espacio para que hablemos de lo concreto: cómo es posible que haya bomberos y agentes forestales en Madrid que hayan denunciado en las últimas semanas que no podían salir a trabajar o que están trabajado sin contrato, en situación irregular algunos de ellos".

Monrosi ha lamentado que la gestión quede en un segundo plano a causa de esta estrategia que, a su juicio, "tiene el objetivo claro de convertir una administración pública en una oportunidad de negocio para los poderosos y para los ricos".

"Me gustaría saber", se ha preguntado el analista, "qué hubiese pasado si la presidenta de la Comunidad de Madrid hubiese dedicado a sentarse con los bomberos y los agentes forestales un 10 o un 15% del tiempo que ha dedicado a hablar de Venezuela, a liarla con las relaciones internacionales con México, a hablar de las okupaciones o a hablar de la pareja del presidente del Gobierno".                  (SER, 27/07/26) 

19.7.26

Toda la Sierra Norte de Guadalajara completamente arrasada. 13.000 hectáreas calcinadas. 21 municipios evacuados. 800 personas desplazadas…todo porque un puñado de imbéciles azuzados por Vox y la patronal agraria tenían que sacar la cosechadora a las dos de la tarde, a 40 grados y con viento por sus santos cojones (Víctor Egío)

Víctor Egío @EgioVictor

Toda la Sierra Norte de Guadalajara completamente arrasada. 13.000 hectáreas calcinadas. 21 municipios evacuados. 800 personas desplazadas…todo porque un puñado de imbéciles azuzados por Vox y la patronal agraria tenían que sacar la cosechadora a las dos de la tarde, a 40 grados y con viento por sus santos cojones.

Vídeo: https://x.com/EgioVictor/status/2078802365545595017/video/1 

 Así protestaban 24 horas antes del incendio contra las medidas para prevenir incendios de la Junta de Castilla-La Mancha. Ojalá se les caiga el pelo a todos. 

Hasta los cojones de esta panda de inútiles que utiliza a los agricultores para arañar cuatro votos. Un verdadero agricultor no quema su tierra. Nadie está criminalizando al campo. Trabajar la tierra no es un crimen. El crimen es el negacionismo, la maldad y la manipulación de la ultraderecha.

1:21 p. m. · 19 jul. 2026 ·77,6 mil Visualizaciones

15.9.25

Desde hace décadas, los presupuestos autonómicos contra incendios repiten un patrón: para extinción se dedica el 85%, para prevención el 15%. La literatura especializada y la experiencia internacional son cristalinas: prevenir es más eficaz y más barato; pero, en el marco neoliberal vigente, extinguir es más rentable. ¿Rentable para quién, nos preguntamos?: para un oligopolio de empresas —con fondos de inversión internacionales a la cabeza— que concentran las licitaciones para extinción... la magnitud de los incendios en España son el resultado de una negligencia estructural de las Comunidades Autónomas y del servilismo gubernamental frente a los dictados de la Unión Europea, que termina subordinando las prioridades públicas a los intereses de grandes fondos de inversión y conglomerados energéticos. El fuego es un síntoma; la enfermedad, un régimen de gobernanza que convierte todo lo común en subcontrato, toda política pública en catálogo de licitaciones, y todo territorio en un solar disponible para la especulación... Donde la prevención demanda continuidad (limpiezas, clareos, cortafuegos, gestión del matorral, manejo del pastoreo), la extinción permite picos de facturación asociados a campañas y emergencias. Donde la prevención exige empleo estable y cualificado, la extinción tolera plantillas parciales, rotación alta y salarios bajos. Y mientras la prevención persigue reducir el número de incendios, la extinción vive —inevitablemente— de que los haya. El incentivo está mal diseñado y la política pública lo ha asumido como si fuera ley de la gravedad (Eduardo Luque)

"NEOLIBERALISMO Y NEGLIGENCIA CRIMINAL

España ardió y seguirá ardiendo. Unos Intentan reducir la explicación a una fatalidad etérea: el “Cambio climático”; otros ni siquiera se molestan en buscar excusas, guardan silencio. Todos coinciden al final en no abordar las causas profundas y por tanto acaban absolviendo a los responsables políticos y económicos de una cadena de decisiones que han convertido el monte en pólvora, el territorio en mercancía y la tragedia en negocio.

Llevamos décadas sufriendo esta plaga. Este año ha batido records. En apenas ocho meses, cerca de medio millón de hectáreas ardieron. No es una cifra desnuda: son hogares, explotaciones, ecosistemas y vidas —de vecinos y de trabajadores forestales— consumidas por un fuego que otros han preparado durante años con desregulación, externalizaciones, recortes y abandono.

Esta reflexión parte de una tesis sencilla y, a la vez, incómoda: la magnitud de los incendios en España son el resultado de una negligencia estructural de las Comunidades Autónomas y del servilismo gubernamental frente a los dictados de la Unión Europea, que termina subordinando las prioridades públicas a los intereses de grandes fondos de inversión y conglomerados energéticos.

El fuego es un síntoma; la enfermedad, un régimen de gobernanza que convierte todo lo común en subcontrato, toda política pública en catálogo de licitaciones, y todo territorio en un solar disponible para la especulación.

El negocio del fuego: de la prevención barata a la extinción rentable

Desde hace décadas, los presupuestos autonómicos al respecto repiten un patrón: para extinción se dedica el 85%, para prevención el 15%. La literatura especializada y la experiencia internacional son cristalinas: prevenir es más eficaz y más barato; pero, en el marco neoliberal vigente, extinguir es más rentable. ¿Rentable para quién, nos preguntamos?: para un oligopolio de empresas —con fondos de inversión internacionales a la cabeza— que concentran las licitaciones para extinción. En torno a 654 millones de euros anuales se movilizan entre ambos niveles de la administración (estatal y autonómica) aunque una parte sustantiva termina engordando las cuentas de resultados que no conocen temporada baja. Esta lógica mercantil aplicada al monte es perversa. Donde la prevención demanda continuidad (limpiezas, clareos, cortafuegos, gestión del matorral, manejo del pastoreo), la extinción permite picos de facturación asociados a campañas y emergencias. Donde la prevención exige empleo estable y cualificado, la extinción tolera plantillas parciales, rotación alta y salarios bajos. Y mientras la prevención persigue reducir el número de incendios, la extinción vive —inevitablemente— de que los haya. El incentivo está mal diseñado y la política pública lo ha asumido como si fuera ley de la gravedad.

El marco legal como mecha

El segundo pilar de esta arquitectura inflamable es jurídico. La Ley de Montes (43/2003), reformada en 2015, descentralizó competencias hacia las CCAA y, en su desarrollo reglamentario, abrió un corredor de arbitraje normativo. Sobre el papel, obligaba a planificar prevención, vigilancia y extinción. En la práctica, la combinación de trabas burocráticas para pequeños propietarios, la externalización de servicios y las excepciones urbanísticas —como la posibilidad de alterar la calificación si concurren “razones imperiosas de interés público de primer orden” (Ley de Montes 2015, párrafo V)— ha funcionado como anzuelo para la especulación. Resultado: el terreno arrasado queda a tiro de recalificación o de instalación de macroproyectos energéticos. La “protección” deviene retórica, mientras la norma, modulada por reglamentos y desarrollos autonómicos, facilita que el incendio no sea el final de nada, sino el comienzo del negocio. Lo que debía garantizar el interés general terminó siendo un manual de instrucciones para la privatización del territorio. Ya tenemos los primeros ejemplos. En Alcarrrás, en la comarca del Segriá (Lérida) y, a pesar del rechazo popular, se ha aprobado la primera macro-instalación de placas solares sobre un terreno quemado en 2021. En total se instalarán unos 100.000 paneles solares. La declaración de utilidad pública que permite edificar en terreno no urbanizable han sido imprescindible para imponer este proyecto a pesar de la oposición de la propia Generalitat, ayuntamientos…

Latifundismo y despoblación: combustible estructural

El latifundismo sigue siendo un vector silencioso del fuego. En un país que es el segundo de la UE en superficie forestal, sólo superado por Suecia, la concentración de la tierra en muy pocas manos impide gestiones activas y próximas del monte: el 1% de propietarios controla más del 50% de la superficie agraria útil, mientras la gran mayoría de explotaciones, pequeñas y medianas, apenas rozan el 10%. La España vaciada —envejecida, con servicios menguantes y economía deprimida— carece de manos y medios para la gestión cotidiana del bosque. En 2023, uno de cada tres municipios rurales estaba en riesgo de desaparecer. Sin gente, no hay cuidado; sin cuidado, el monte se densifica, acumula biomasa muerta y cualquier chispa se convierte en catástrofe.

La solución intuitiva —apoyar políticas activas de repoblación, servicios públicos y economía rural— ha sido desplazada por una narrativa tecnocrática que mide el territorio en megavatios y no en vidas. Los incendios aceleran y lo harán aún más, la expulsión facilita la recalificación; la recalificación consolida un modelo extractivo que cierra el círculo: menos campesinos, más proyectos a gran escala.

Transición energética: fondos europeos y servidumbre de paso

En este tablero, los fondos europeos actúan como palanca. El Plan de Recuperación asigna decenas de miles de millones a transición energética, vivienda, industria “verde” y movilidad. El problema no es el objetivo —descarbonizar— sino el vehículo institucional: una arquitectura de condicionalidades y ventanillas que prioriza el tamaño y la capacidad del lobby. Los grandes grupos energéticos y financieros absorben la mayor parte de los recursos, mientras el mundo rural apenas recibe migajas en forma de compensaciones, subvenciones menores o subcontratas precarias.

Aquí se revela el servilismo gubernamental: no en el cumplimiento de estándares climáticos, sino en la asimetría con que se ejecutan. Cuando Bruselas dice “aceleren la transición ecológica”, el Gobierno traduce “abran paso” a macroparques eólicos y fotovoltaicos, aunque se implanten sobre territorios golpeados por el fuego, sin participación real, sin propiedad local y sin retornos significativos para la comunidad.

La política energética se convierte en política de suelo; y el incendio, en pórtico de oportunidad.

Geopolítica de la impotencia: sanciones, helicópteros varados y gasto militar creciente

Hay además una dimensión geopolítica que, leída desde el territorio, suena a sarcasmo. La paralización de la flotilla de helicópteros rusos Kamov, (valoradas como excelentes máquinas en tareas de extinción) que no puede volar porque están sujetas a las sanciones que impusieron la UE y Washington contra Rusia. Esto refleja cómo decisiones tomadas en clave de alineamiento estratégico se traducen en impotencia operativa a pie de monte. La misma UE que exige aceleración verde mantiene restricciones que dejan fuera de servicio medios críticos; la misma España que incrementa el gasto militar en la órbita de la OTAN recorta o precariza servicios esenciales como la prevención de incendios aunque vea como el país arde. Nos hemos de alegrar de que la UME colabore contra el fuego, deberíamos alegrarnos de que no fueran necesarios porque mientras decenas de cuadrillas de bomberos están en paro por desidia de los gobernantes, lo soldados ocupan ese lugar. El mensaje implícito es brutal: hay dinero para armas; no lo hay para cortafuegos. No se trata de elegir entre seguridad nacional o seguridad humana: se trata de recordar que la seguridad empieza donde la gente vive. Y hoy, en demasiados pueblos, la amenaza inmediata no es una invasión rusa, sino una lengua de fuego empujada por vientos cálidos sobre un monte abandonado.

La precariedad como política

Cuando la columna de humo ya se ve desde la autovía, aplaudimos a bomberos forestales y brigadas helitransportadas. Bien está. Pero la épica no paga facturas. En regiones como Castilla y León o Madrid, los trabajadores llevan tiempo denunciando salarios en torno a 1.300 euros, falta de personal, temporalidad, equipos obsoletos y altísima rotación. Son más de 35 empresas privadas las encargadas de controlar los incendios, compitiendo entre sí. Es el reverso de la externalización: el precio ofertado para ganar el contrato (siempre el más bajo) se sostiene después recortando nóminas y plantillas. La Administración mira a otro lado y el empresario mira su EBITDA 1. En el centro del círculo, arden los pinares. Si el Estado acepta que la protección civil sea una actividad de mercado, debe asumir que el mercado hará lo que siempre hace: optimizar costes y maximizar ingresos. Es decir, precarizar. La única forma de alinear incentivos con el interés general es republicanizar el núcleo del servicio, garantizando plantillas, formación, carrera profesional y salarios dignos como elemento no negociable de la política de prevención.

La coartada climática.

El cambio climático es real y sus efectos —olas de calor, sequías prolongadas, eventos extremos— agravan el riesgo de incendios. Negarlo sería tan irresponsable como culparlo de todo. Aquí radica la trampa discursiva del servilismo gubernamental: convertir una causa agravante en explicación total. Al hacerlo, el Gobierno desdibuja responsabilidades concretas: la no aplicación de planes de prevención por parte de las CCAA, los recortes en personal, la privatización mal supervisada, las puertas giratorias que vinculan regulación y negocio, y, sobre todo, la ausencia de una estrategia territorial que integre energía, agricultura, forestal y vivienda. España no está condenada a arder. Arde porque hemos industrializado la extinción y tercerizado la prevención; porque hemos convertido la Ley en una vía rápida hacia la recalificación; porque confundimos Europa con obediencia, transición ecológica con colonización energética, y seguridad con tanques y fragatas mientras los montes se convierten en mechas perfectas. La devastación que vivimos no es un capricho del clima ni una suma de descuidos; es consecuencia de una acción política. Se expresa en el diseño de contratos, en la priorización presupuestaria, en el modo en que se legisla y reglamenta. La negligencia criminal no es un exabrupto retórico: es la lógica que, sabiendo cómo evitar el desastre, persiste en alimentarlo porque ciertos actores ganan con ello.

Nota: 1 La EBITDA ( Earnings Before Interest, Taxes,) es un indicador financiero de rentabilidad operativa."

10.9.25

Un oligopolio controla el negocio privado de la extinción con medios aéreos, compuesto por un "reducido número de fabricantes de aeronaves y de empresas operadoras". Así, Avincis tiene un 80% de cuota en el mercado de los servicios aéreos de emergencias, que además de la lucha contraincendios incluye el salvamento marítimo y las emergencias sanitarias... Los pilotos se quejan también de que trabajan hasta 2.000 horas al año, con turnos diarios de 12 horas y programaciones de 22 días al mes... (Begoña P. Ramírez)

 "El Ministerio de Transición Ecológica ha adjudicado en los dos últimos años casi 270 millones de euros a empresas privadas para contratar helicópteros y aviones con los que apoyar a las comunidades autónomas en la extinción de incendios. De esa cantidad, 156,4 millones corresponden a un macrocontrato para tres años –2025, 2026 y 2027– dividido en 17 lotes que se han repartido ocho operadores aéreos. Es el precio que el Gobierno está pagando por el servicio que prestan 43 aeronaves, de las que 32 son helicópteros, cinco son aviones anfibios y seis, aviones de carga.          

El aumento de precios no se traslado a los salarios

Cuando el dueño es un fondo de inversión 

(Begoña P. Ramírez ,  Público, 19/08/25)

1.9.25

Las crisis son “la prueba del algodón” de los relatos y la actual catástrofe de los incendios no es una excepción... Demuestra que el cambio climático es una realidad insoslayable y que negarlo es suicida... Demuestra el papel imprescindible del Estado. Ahora los más «libertari@s» piden desesperadamente la intervención del Estado, como lo hacen siempre ante las crisis... Desmonta el mito de que la gestión privada vía externalización es más eficiente. Los temas de interés público prioritario no pueden ser a la vez un negocio como se está viendo ahora... Demuestra en definitiva la incapacidad congénita de la derecha para gestionar grandes o pequeñas crisis. El gobierno de coalición lleva ya gestionando bien varias crisis graves (isla La Palma, pandemia, guerra de Ucrania y sus consecuencias…) mientras la derecha ha sido un desastre en las que le ha tocado gestionar (Prestige, crisis financiera, Dana, Incendios, por citar algunas). Pero esto no es algo aislado ni propia de nuestra derecha patria... Trump propuso beber lejía contra el covid... y la derecha europea, frente a la crisis financiera del 2008, tomó las medidas exactamente opuestas a lo que correspondía... Pero la memoria es débil, por eso es importante ante cada crisis poner en evidencia la falacia de las ideas en que se apoyan: desregulación, mitificación del mercado, “achicamiento” del estado, rechazo a las políticas sociales, privatización de los servicios públicos, disminución de impuestos a las rentas más altas y desprecio por su papel redistributivo... y negar el gravísimo problema del cambio climático y rechazar las restricciones y acciones necesarias para evitar que acabe con la vida en el planeta... Luchemos porque la próxima crisis no se gestione desde los mitos neoliberales como sucedió en 2008, sino con los criterios más razonables con los que se gestionó la crisis del COVID en España (Emilio Moreno Loriente)

 "Cuando las cosas marchan con más o menos normalidad todos los relatos “cuelan” y cada uno se suma al que más le gusta. Pero cuando hay una verdadera crisis los relatos se ponen a prueba. Las crisis son “la prueba del algodón” de los relatos y la actual catástrofe de los incendios no es una excepción. Esta crisis una vez más desmonta el relato de la derecha:

  1. Demuestra que el cambio climático es una realidad insoslayable y que negarlo es suicida
  2. Demuestra el papel imprescindible del Estado. Ahora los más «libertari@s» piden desesperadamente la intervención del Estado, como lo hacen siempre ante las crisis.
  3. Desmonta el mito de que la gestión privada vía externalización es más eficiente. Los temas de interés público prioritario no pueden ser a la vez un negocio como se está viendo ahora.

Demuestra en definitiva la incapacidad congénita de la derecha para gestionar grandes o pequeñas crisis. El gobierno de coalición lleva ya gestionando bien varias crisis graves (isla La Palma, pandemia, guerra de Ucrania y sus consecuencias…) mientras la derecha ha sido un desastre en las que le ha tocado gestionar (Prestige, crisis financiera, Dana, Incendios, por citar algunas).

Pero esto no es algo aislado ni propia de nuestra derecha patria. A Trump le iba relativamente bien en su primer mandato: su índice de aceptación se mantenía alto, la economía marchaba bastante bien, con bajas tasa de paro, Wall Street, su índice de aceptación alto… hasta que llegó la COVID, y ahí quedó al desnudo su incompetencia, hasta niveles ridículos. Primero negando la pandemia, luego proponiendo beber lejía, luego cogiendo el virus él mismo para terminar tomando medidas contrarias a su relato y… perdiendo las elecciones que antes las tenía ganadas según todas las encuestas. Lo mismo le pasó a Bolsonaro.

Y antes fue el caso de George Bush. Frente al atentado de las Torres Gemelas, su reacción fue un desastre total tanto con la invasión de Irak (origen de buena parte de los problemas que tenemos ahora: terrorismo, crisis migratoria, inestabilidad de toda la zona a cambio de nada), como la de Afganistán donde terminaron venciendo los talibanes y los americanos tuvieron que salir con el rabo entre las piernas (¡qué diferencia con la sensatez con que se gestionó aquí el atentado del 11M! salvo por algunos energúmenos, como no, de la derecha). Luego fue el Katrina, cuya gestión no pudo ser más desastrosa, abonando el camino para el triunfo de Obama en las siguientes elecciones. Y fue su política económica de desregulaciones (sin quitar responsabilidad a Clinton, versión USA de la “Tercera Vía”) la causa del crack financiero del 2007-2008 al que otra vez se enfrentó mal hasta que con Obama se empezaron a tomar medidas razonables.

Y lo mismo podemos decir de la derecha europea (aquí también con el seguidismo de las “terceras vías” de los partidos socialistas) frente a la crisis financiera del 2008, cuando se tomaron las medidas exactamente opuestas a lo que correspondía (como denunció desde el principio Economistas frente a la Crisis EFC), causando un innecesario sufrimiento a la población y retrasando la recuperación que solo vino cuando se tomaron las medidas lógicas y bien conocidas ante este tipo de crisis.

Y, ya puestos, recordemos el crack del 29 en el que la derecha americana e inglesa en el poder tomaron las medidas más inapropiadas posibles, llevando al mundo occidental a una depresión sin precedentes, de la que nuevamente se salió con políticas progresistas.

El crack del 29 desprestigió por mucho tiempo la teoría económica neoclásica, pero a partir de los 80 volvió a ponerse de moda con el “neoliberalismo” y ya lleva en su haber varios fracasos culminados con la gran recesión del 2008. Pero la memoria es débil, por eso es importante ante cada crisis poner en evidencia la falacia de las ideas en que se apoyan en esa doctrina económica: desregulación, mitificación del mercado, “achicamiento” del estado, rechazo a las políticas sociales, privatización de los servicios públicos, disminución de impuestos a las rentas más altas y desprecio por su papel redistributivo… En definitiva, rechazo a todo lo que supone restricciones al afán ilimitado de acumular riquezas de unos pocos. Como negar el gravísimo problema del cambio climático y rechazar las restricciones y acciones necesarias para evitar que acabe con la vida en el planeta. Algo que no puede resolver “el mercado” sino una acción decidida y costosa de un Estado fuerte.

Es importante plantear este debate ahora porque seguirá habiendo crisis y ya hay voces autorizadas, como la del Premio Novel y execonomista jefe del FMI Simon Johnson, que advierte que con el auge exponencial de las criptomonedas se está creando un sistema financiero paralelo totalmente desregulado que, vía las “stablecoins”, se está conectando con el sistema financiero regulado, lo que puede terminar en un crack que deje pequeños los anteriores cuando estalle la burbuja[i].

Luchemos porque la próxima crisis no se gestione desde los mitos neoliberales como sucedió en 2008 sino con los criterios más razonables con los que se gestionó la crisis del COVID.

 [i] 1 “Las leyes Genius y Clarity [leyes que está aprobando el Congreso de EEUU sobre criptomonedas y stablecoins] han sido diseñadas para impedir una regulación razonable. Lo más probable es que el resultado sea un ciclo de auge y caída de proporciones épicas.” Simon Johnson “Llegan las crisis de las criptomonedas” LA VANGUARDIA 06/08/2025" 

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30.8.25

El modelo popular de gestión de las crisis incendiarias se estructura en tres fases... propaganda en vena mientras llueve: Suárez Quiñones, el mismo consejero castellano que denunciaba el abandono del gobierno central en agosto, presumía en primavera de su región como ejemplo europeo de innovación forestal. La Xunta de Alfonso Rueda era la campeona mundial de inversión en previsión de fuegos y la orgullosa gestora del mejor sistema de extinción de Europa occidental... Cuando empieza a arder se activa la segunda fase del modelo de gestión de emergencias: incendios que no se ven, incendios que no queman. Lo que no se cuenta no existe, así que no hay incendios hasta que el humo tape el sol y si los hay están todos bajo control porque los técnicos dicen que hay medios de sobra y tenemos el mejor sistema de extinción de la OCDE... Cuando el fuego salta todos los controles informativos y la censura previa porque no queda más remedio que cortar la línea del AVE, desplazar parroquias enteras o decidir qué aldea se salva, entonces se activa la fase 3: los presidentes se reconvierten en tertulianos dedicados a tuitear o hacer videos, con barba de dos días, comentado la incapacidad del verdadero culpable: el rojosatánico gobierno central. El modelo funciona con tal sincronía que los presidentes sienten la imperiosa necesidad de mandar mensajes casi a la misma hora y el mismo día reclamando un despliegue similar al del Día D en las playas de Normandía... El resto ya es presente. La culpa recae en todos menos en los responsables directos de la gestión de los fuegos... la Xunta popular es capaz de afirmar a la vez que estos incendios están fuera de la capacidad de extinción de cualquier sistema, que tenemos el mejor sistema de extinción del mundo y que se han quemado más de cien mil hectáreas en una semana porque el malvado Pedro Sánchez no ha mandado aposta los medios que le pidieron anteayer. Arde Galicia, pero non queima. Ya lo decían Os Resentidos (Antón Losada)

 "(...) Siempre en primera línea de lucha contra el fuego desde aquel verano del 2006, cuando hizo frente a la incompetencia del gobierno nacionalista y socialista del bipartito gallego armado con una simple manguerita y unos mocasines de verano, mientras sus alcaldes recibían la orden de “dilatar” la firma de los convenios de brigadistas o la disponibilidad de las motobombas, o una NASA de ficción triplicaba la superficie quemada, ahora se nos propone un nuevo modelo más avanzado y complejo.

Este nuevo modelo popular de gestión de las crisis incendiarias se estructura en tres fases y sorprende tanto por su sencillez como por su efectividad. La primera fase funciona al modo tradicional: propaganda en vena mientras llueve y la climatología opera como el mejor bombero. Suárez Quiñones, el mismo consejero castellano que denunciaba el abandono del gobierno central en agosto, presumía en primavera de su región como ejemplo europeo de innovación forestal. La Xunta de Alfonso Rueda era la campeona mundial de inversión en previsión de fuegos y la orgullosa gestora del mejor sistema de extinción de Europa occidental.

Cuando empieza a arder se activa la segunda fase del modelo de gestión de emergencias y comienza la verdadera innovación. Se basa en un principio tan sencillo como efectivo: incendios que no se ven, incendios que no queman. Lo que no se cuenta no existe, así que no hay incendios hasta que el humo tape el sol y si los hay están todos bajo control porque los técnicos dicen que hay medios de sobra y tenemos el mejor sistema de extinción de la OCDE. Todo funciona tan bien y está tan coordinado que el presidente o presidenta no tiene ni que interrumpir sus vacaciones estivales… hasta que una comarca entera es desalojada o confinada porque el viento no coopera, o porque hace mucho calor, o porque los pirómanos no descansan.

Cuando el fuego salta todos los controles informativos y la censura previa porque no queda más remedio que cortar la línea del AVE, desplazar parroquias enteras o decidir qué aldea se salva, entonces se activa la fase 3: los presidentes se reconvierten en tertulianos dedicados a tuitear o hacer videos, con barba de dos días, comentado la incapacidad del verdadero culpable: el rojosatánico gobierno central. El modelo funciona con tal sincronía que los presidentes sienten la imperiosa necesidad de mandar mensajes casi a la misma hora y el mismo día reclamando un despliegue similar al del Día D en las playas de Normandía.  

El resto ya es presente. La culpa recae en todos menos en los responsables directos de la gestión de los fuegos, que están para evaluar y puntuar lo que hemos hecho todos los demás; especialmente los bomberos, que pasan en horas de sacrificados héroes contra el fuego a taimados agentes del sanchismo. Una vez más a la vanguardia de la innovación, el caso de Galicia destaca especialmente. El modelo de propaganda de sexta generación se ha perfeccionado de tal manera que la Xunta popular es capaz de afirmar a la vez que estos incendios están fuera de la capacidad de extinción de cualquier sistema, que tenemos el mejor sistema de extinción del mundo y que se han quemado más de cien mil hectáreas en una semana porque el malvado Pedro Sánchez no ha mandado aposta los medios que le pidieron anteayer. Arde Galicia, pero non queima. Ya lo decían Os Resentidos."

(Antón Losada , CTXT, 29/08/25)