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5.11.19

La deuda odiosa argentina... soluciones...

"El gobierno de Macri fracasó abiertamente en su gestión económico-financiera arrastrando a la Argentina a una nueva cesación de pagos; default que evitó formalizar sólo merced al salvataje financiero extraordinario del Fondo Monetario Internacional (FMI) con un préstamo Stand-By de U$S 57.000 millones, récord para la Argentina y el mundo, a los fines que la administración macrista pudiera completar su mandato.


El FMI desembolsó hasta la fecha U$S 45.000 millones, de los cuales unos U$S 34.000 millones se usaron para financiar la fuga de capitales, esto es, dólares del Fondo que entraron prestados por una ventanilla del Banco Central (BCRA) y se vendieron por otra para sostener el tipo de cambio y cubrir así la salida de divisas de grandes fondos especulativos que operan y siguen operando en la Argentina.

Con el agravante que de esta manera el FMI está contraviniendo el artículo VI de su propio Convenio Constitutivo que le prohíbe prestar a los países miembros para atender corridas cambiarias.

Pese al monitoreo permanente del FMI, el desmanejo de las cuentas fiscales y cuasi-fiscales (BCRA) por parte del gobierno de Macri no evitó el agravamiento de la situación económico-financiera interna del país ni la verdadera mejora de las finanzas del Estado, afectadas por un déficit fiscal creciente provocado por el aumento desproporcionado de los Intereses a pagar. Este doble fracaso macrista se traslada como herencia al próximo gobierno.  (...)

Alberto Fernández y sus principales asesores en materia económica, se están pronunciando a favor de la llamada “solución a la uruguaya”, la operación de Canje de Deuda de Uruguay en 2003.
 
La esencia de este tipo de reestructuración de Deuda es simple: 

1) Alargamiento o extensión de las fechas de vencimiento (en principio a 4-5 años, es decir, pateándolos a la administración siguiente); 2) No quita de Capital; y 3) No rebaja de los Intereses.

Al respecto señala el Lic. Héctor Giuliano: “Dicho con otras palabras, es la fórmula que más conviene a los acreedores del Estado dado que siendo la Deuda Argentina hoy la más cara del Mundo, lo que así se propone -Oficialismo y Oposición- es que tales condiciones se prolonguen en el tiempo, de modo que los grandes fondos especulativos de inversión mantengan sus niveles récord de rentabilidad financiera gracias al alto costo de la Deuda de nuestro país.

Paradójica o sintomáticamente, de esta manera tanto el gobierno de Mauricio Macri como el que sería su más posible sucesor, Alberto Fernández, coinciden en esta misma tesitura perversa acerca del re-endeudamiento del Estado”.  (...)

Contemporáneo de Borchard, Alexandre Sack (1890-1955), considera que en casos excepcionales hay deudas que pueden ser anuladas:

“Por consiguiente, para que una deuda, regularmente contraída por un gobierno regular, pueda ser indudablemente considerada como odiosa, […], convendría que fueran establecidas las siguientes condiciones:

1. El nuevo gobierno debería probar y un tribunal internacional reconocer como establecido:
* que las necesidades, para cuya atención el antiguo gobierno había contratado la deuda en cuestión, eran “odiosas” y francamente contrarias a los intereses de la población […]y,
* que los acreedores, en el momento de la emisión del préstamo, habían estado al corriente de su destino odioso.

2. Establecidos estos dos puntos, correspondería a los acreedores la tarea de probar que los fondos producidos por los citados préstamos habían sido de hecho utilizados no para necesidades odiosas, dañinas para la población de todo o parte del Estado, sino para necesidades generales o especiales de ese Estado, que no ofrecen un carácter odioso”.

En una publicación de la revista del FMI “Finance et développement”, Michael Kremer y Seema Jayachandran definían en 2002 la doctrina de la deuda odiosa: “La doctrina de la deuda “odiosa” enuncia que la deuda soberana contraída sin el consentimiento de las poblaciones y sin beneficio para ellas no debe ser transferida al Estado sucesor, en particular si los acreedores tenían conocimiento de ese estado de cosas”.

Este último aspecto es fundamental, la responsabilidad de los acreedores, porque están regularmente en el origen de las violaciones de los tratados y de los demás instrumentos internacionales de protección de derechos. La responsabilidad del FMI en la rebelión haitiana que supera un mes y los recientes hechos de Ecuador me eximen de mayores comentarios.
 
Fue precisamente este último país el que realizó una auditoría con participación ciudadana, sin incluir representantes de los acreedores, en 2007-9, suspendiendo previamente el pago de la deuda. Y realizando una quita del 70%.
 
Los ejemplos abundan. Solo nos limitaremos a los últimos 40 años:

– Deudas contraídas por el sha de Persia para armamento por Irán en 1979.
– El repudio de las tres repúblicas bálticas de las deudas con la URSS en 1991.
– La anulación de la deuda de Namibia contraída por la República Sudafricana por el gobierno de Nelson Mandela en 1994.
– La anulación de la deuda de Timor Oriental en 1999-2000.
– La anulación del 80% de la deuda de Irak en 2004.
– El repudio por parte de Paraguay de deudas contraídas con los Bancos suizos en 2005.
– La anulación por parte de Noruega de las acreencias de cinco países (Ecuador, Perú, Egipto, Sierra Leona y Jamaica) correspondiente a un contrato de venta de barcos de pesca en 2006.
– La anulación en 2009 de parte de la deuda ecuatoriana identificada como ilegítima por la comisión de auditoría en 2007-8."                     (Mario Hernández, CADTM, 22/10/19)

23.1.17

No basta con simples condonaciones o renegociaciones de la deuda global, su resolución definitiva exige una norma como el Acuerdo de Londres de 1953 con el que se solucionó la deuda de Alemania

"(...) Ya en la actualidad, cada vez más países del capitalismo subdesarrollado están en una espiral económica descendente que augura una nueva crisis de la deuda. Muchos han recurrido al FMI y el Banco Mundial, e incluso a la contratación de costosos créditos en el mercado financiero internacional (p.ej. Ecuador desde el año 2014 |5|). (...)

Esta realidad, tan conocida en el mundo pobre altamente endeudado, también golpea a Europa, como en los años treinta del siglo pasado. Grecia no supera su profunda crisis de deuda |7|. Cosa similar pasa en otros países europeos, como España o Italia.

 Todo esto posterior a la crisis de 2008-2009 que, recordemos, tuvo entre sus orígenes el auge de créditos especulativos hipotecarios en Estados Unidos (involucrando nuevamente a actores “clásicos” de las finanzas internacionales como Goldman Sachs). 

Luego, gracias a las interconexiones del capitalismo global, llegó a ser quizá la segunda mayor crisis del sistema después de los años 30. Y hasta hoy los coletazos de esa crisis se sienten, e incluso podrían ser la semilla de una nueva crisis internacional.

Así las cosas, el endeudamiento ha crecido a niveles sin precedentes en medio de un contexto que augura nuevas crisis. La señal de alarma la prendió el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reunión anual celebrada en Washington del 7 al 9 de octubre de 2016.

 El FMI informó que la deuda mundial había alcanzado el nivel -sin parangón- de 152 billones de dólares y se elevó del 200% del valor del PIB mundial en 2002, al 225% en 2015. Dos tercios del total corresponden a deuda privada, pero la deuda pública también aumentó rápidamente. Si el propio FMI está consciente del riesgo de otra crisis financiera, ya podemos imaginar cuán grave es la situación.

Según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), con sede en Washington, en los nueve primeros meses de 2016, la deuda global sumó 11 billones de dólares y alcanzó los 217 billones. Como resultado, el endeudamiento global habría alcanzado alrededor del 325% del PIB mundial. El grueso de este acelerado endeudamiento proviene de los “mercados emergentes”, que tienen a China como uno de sus principales prestamistas |8|.

Volviendo a la información del FMI, la deuda externa de los países subdesarrollados aumentó de 2,1 a 6,8 billones de dólares entre 2000-2015. El total de la deuda (externa e interna) escaló más de 31 billones de dólares y las proporciones totales con respecto al PIB alcanzaron en varios países más del 120% y en algunos incluso más de 200%. 

Por otro lado, enormes cantidades de capital abandonaron dichos países en el cuarto trimestre de 2015: una salida neta conjunta de 656.000 millones de dólares, equivalente al 2,7% de su PIB, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Bien anota Martin Kohr, “ahora se vislumbra un escenario de pesadilla”. |9|

En medio de esa vorágine del crédito, sería muy ilustrativo pensar en quiénes son los mayores acreedores y beneficiarios especialmente del pago del servicio de la deuda.

Sin negar las condiciones concretas en cada caso, reiteremos que la explicación central de esta evolución radica en la inherente voracidad e inestabilidad del capitalismo internacional y su proceso de acumulación, que es cíclico (pasa por alzas y bajas). Por cierto, en este contexto los cambios tecnológicos casi siempre han acompañado las soluciones para recuperar al capitalismo mundial, favoreciendo a los centros de poder en desmedro del mundo periférico. |10|

Además, el actual sistema no controla adecuadamente a las economías centrales en donde emergen las grandes recesiones, que terminan afectando sobre todo a los países más débiles. Incluso varios gobiernos, en vez de evitar las euforias financieras, las “incentivan” especialmente de forma indirecta a través de salvatajes de sus bancos sobre todo.

 Y esa fragilidad de la situación internacional eleva el riesgo de crisis en las economías empobrecidas -incluso crisis de no pago-, que viven permanentemente angustiadas por las presiones financieras.

Esto apunta a un grave problema estructural del sistema financiero internacional: la falta de un mecanismo de solución de la deuda ordenado, justo, transparente, humano, al que puedan recurrir los países que se enfrentan a una crisis de endeudamiento.

Preocupa que, a pesar de tanta experiencia acumulada, no se den pasos concretos para enfrentar dicho problema, y que la receta para enfrentar la crisis sea similar en todo tiempo y lugar. Se apuesta por ajustar las economías del capitalismo subdesarrollado especialmente usando el recetario neoliberal. 

Todo con el fin de atender las demandas del mercado financiero, sin considerar sus realidades domésticas, las condiciones que conllevaron a estas críticas situaciones, el contexto internacional y mucho menos la corresponsabilidad de los acreedores. (...)

El meollo de los problemas de sobreendeudamiento todavía no se ha entendido adecuadamente, y por eso no se los ha resuelto. Superarlo debería ser una prioridad en la agenda política global, tanto en beneficio de los deudores, como de los acreedores de buena fe (si es que aún quedan).

La tarea, hoy más que nunca, no se agota en advertencias oportunas o simples reclamos. Precisamos construir una institucionalidad global de derecho. Aquí resaltamos el potencial político de propuestas que buscan establecer dicha institucionalidad para procesar, con transparencia y justicia, los problemas de sobreendeudamiento o situaciones abiertamente dolosas en la contratación de créditos internacionales.

Los problemas no desaparecen con simples condonaciones o renegociaciones de la deuda, pues no van a la raíz del asunto y a veces hasta lo complican. En las ocasiones cuando los problemas se resolvieron definitivamente medió una solución política como, por ejemplo, con el Acuerdo de Londres del 27 de febrero de 1953, con el que se solucionaron de forma definitiva e integral las deudas de Alemania de las post-guerras de la guerra misma. 

Hasta ahora, salvo en casos contados y explicables por el interés de los acreedores, se ha avanzado muy poco en soluciones de este tipo.
Hay otros esfuerzos destacables, pero aún insuficientes. 

Las auditorias ciudadanas son una herramienta potente para transparentar la deuda, pero no son efectivas si falta una institucionalidad que realmente procese sus recomendaciones y conclusiones |12|. Falta constituir un marco jurídico estructurado alrededor de las ideas de lo que podría ser un Tribunal Internacional de Arbitraje de la Deuda Soberana, propuestas por Oscar Ugarteche y el autor de estas líneas  |13| (...)

Se consiguió incluso una resolución de Naciones Unidas, impulsada por Argentina, en sept.-2014, con 124 votos positivos, solo 11 negativos y 41 abstenciones. Esta propuesta, si hubiera voluntad política, podría empezar a hacerse realidad inmediatamente con arbitrajes ad hoc, como sugiere Kunnibert Raffer |14|, como un primer paso mientras se institucionaliza el Tribunal.

Lo que interesa, en definitiva, es que los créditos externos se transformen en palancas que ayuden a resolver los problemas de financiamiento en las economías que los necesitan, y dejen de servir como herramientas de dominación. Desde esa perspectiva, los créditos externos podrían ser un mecanismo que canaliza adecuada e inclusive rentablemente los excedentes financieros de algunas economías. Incluso podrían resultar útiles para asegurar el comercio mundial. 

Lo fundamental es que la deuda deje de ser un mecanismo de exacción de recursos desde la periferia hacia los centros capitalistas y de imposición de políticas desde los países ricos, lo que demanda desarmar la práctica de la deuda externa como herramienta de especulación y dominación. (...)

 El reto de la solución de los conflictos sobre deuda externa impagable exige un redoblado esfuerzo político global. Quizá la propia superación del subdesarrollo capitalista -y hasta la superación mundial del capitalismo- requiere la resolución urgente del problema de la deuda. 

No se trata simplemente de resolver los momentos críticos producidos por el sobre endeudamiento, sino de construir otro marco internacional que subordine las finanzas a las demandas de sociedades equitativas conminadas a vivir en armonía con la Naturaleza |16|."                 (Alberto Acosta
CADTM (Comité por la abolición de las deudas ilegítimas), en Rebelión, 20/01/17)

28.3.16

La bomba atómica de la deuda mundial

"La deuda global se acerca a los 200 billones de dólares, un 286% del PIB y abre el debate del impago.

La crisis económica mundial ha disparado la deuda global. El avance ha sido de más de 57 billones de dólares (unos 51,3 billones de euros), hasta acercarse ahora a los 199 billones de dólares (179,1 billones de euros), un 286% del PIB mundial. 

Los niveles alcanzados suponen un grave obstáculo para el crecimiento, y las políticas monetarias expansivas no logran reducirla. Algunos expertos hablan abiertamente de la necesidad de hacer un uso controlado, negociado y racional de los impagos para aliviar la burbuja generada.

¿Hay una burbuja de deuda en el mundo? Aparentemente no, puesto que todo lo que se emite, se compra; porque todos los emisores honran fielmente los pagos de los cupones. Pero si el endeudamiento agregado crece más rápido que el propio PIB al que pretende estimular, o incluso absorbe todo el ahorro mundial e impide el crecimiento, evidentemente, sí. 

Esta última argumentación es a la que se apuntan la práctica totalidad de los expertos consultados, sobre todo porque la deuda está completamente alojada en los países desarrollados y los emergentes, y solo despejándola lo hará también el horizonte del crecimiento mundial.  (...)

Los datos cerrados de 2014 cifran la deuda de los Estados, las instituciones financieras, las empresas no financieras y los hogares en unos 199 billones de dólares (179,1 billones de euros), según el cómputo más reciente elaborado por McKinsey Global Institute sobre el endeudamiento de las 47 economías más apalancadas del planeta, y entre las que se encuentran, lógicamente, todos los países desarrollados y los emergentes. En términos relativos supone un 286% del Producto Interior Bruto mundial. (...)

Josep Oliver, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, asegura que con esta situación, en la que “para solucionar unas burbujas parece que se han hinchado otras, que han mutado de unas zonas del planeta a otras y de unos activos a otros, solo tenemos garantizado crecimiento lento con tipos al cero por ciento, y deflación; las cosas no están como en 2009, pero siguen muy complicadas; necesitamos un Bretton Wood para estudiar un default poliédrico”.  (...)

Las fórmulas tradicionales son la generación de inflación, que reduce de manera acelerada la carga financiera nominal y la relación de la misma respecto a la riqueza; el crecimiento económico, que permite a los deudores hacer frente mejor a los pagos, y achica la posición relativa de los deudores sobre el PIB; disponer de tipos de interés artificialmente bajos para aliviar la carga de deudores públicos y privados, y prolongados en el tiempo, lo que no deja de ser una trasferencia de renta de ahorradores a deudores; y, por último, la limitación o eliminación de la deuda con impagos.

Esta última fórmula es siempre el último recurso, y es una auténtica bomba de relojería que pueden detonar unilateralmente los deudores, o negociar con los acreedores ante dificultades crecientes para honrar sus emisiones. Pero en el estado actual de la situación, solo tienen sentido reestructuraciones negociadas.

 El economista jefe de Citi en España, José Luis Martínez Campuzano, asegura que “es una evidencia que los niveles de apalancamiento mundial están afectando al crecimiento, y que las medidas monetarias de los bancos centrales no han evitado ni siquiera que la deuda siga subiendo. 

Hay que mantener la expansión cuantitativa, por supuesto; pero hay que empezar a hablar en foros como el G-20 de este asunto más intensamente, porque estamos entrando en un circulo vicioso de debilidad de la actividad y deterioro de las expectativas de los agentes económicos. Las medidas de los bancos centrales no son en asboluto un fracaso, y siguen siendo muy necesarias; pero están generando flagilidad en el mercado, en el que los precios de muchos activos están sobrevalorados”. 

A su juicio se precisa “hablar de una reestructuración ordenada, con reglas muy claras, que no necesariamente deben suponer impago o quita, sino alarmaniento de plazos. Es un asunto que debe dejar de ser tabú; se habla implícitamente en el FMI, pero no a nivel político ni en los bancos centrales”. En todo caso, Martínez Campuzano cree que “hay que huir de las generalizaciones, pero hablar del asunto”.

Miguel Angel García, economista de la Universidad Rey Juan Carlos, asegura que “el debate sobre la posibilidad de impagos está en el nivel académico, pero habría que intensificarlo y buscar fórmulas para alargar plazos en las emisiones públicas, que es una auténtica quita encubierta, para liberar recursos para la inversión. Hablar de defaults en la deuda privada es mucho más complicado” (...)

María Jesús Fernández, economista de Funcas, cree que un endeudamiento tan elevado “paraliza el crecimiento del PIB, entre otras cosas porque los agentes se tienen que desendeudar y no tiene mucho sentido que tomen crédito nuevo, por mucha liquidez que inyecten los bancos centrales y por muy barata que sea; lo que únicamente logran es que ese dinero genere otras burbujas”.

 “Pero no se puede pensar en un default global, por muy controlado que sea; sería como una bomba atómica para la economía, una crisis brutal. Además, tras la deuda hay acreedores que en su mayoría son inversores particulares y hay que tener en cuenta sus ahorros. Únicamente puede hacerse algo con la de carácter público si la compran los bancos centrales”, asegura Fernández."                (Cinco Días, 28/03/16)

23.11.15

¿Ha comenzado ya el próximo crac financiero gigante? O está a punto de empezar

"(...) Muchos indicadores de las finanzas globales apuntan a la baja y hay quienes creen incluso que el crac ha empezado.

Juntemos las evidencias. En primer lugar, la deuda insostenible. Desde 2007, la acumulación de deuda en el mundo ha crecido en 57 billones de dólares (37 billones de libras esterlinas). 

Esa es una tasa de crecimiento anual compuesta del 5,3%, que bate de modo significativo al PIB. Las deudas se han duplicado en los llamados mercados emergentes, mientras que suben algo por encima de un tercio en el mundo desarrollado.  (...)

La causa subyacente de esta saturación de deuda son los 12 billones de dinero gratuito o barato creado por los bancos centrales desde 2009, combinado con tipos de interés casi a cero. Cuando el precio real del dinero está cerca de cero, la gente pide préstamos y se preocupa luego de las consecuencias.

Y a continuación, echémosle un vistazo al precio de las cosas de verdad. Se derrumbó el petróleo primero, a mediados de 2014, y cayó de 110 dólares el barril a 49, pese a una ligera recuperación en el ínterin. Luego llegaron las materias primas. El cobre costaba 4,50 dólares la libra en 2011, pero estaba ya a la mitad en septiembre. 

La inflación de todo el G7 está apenas por encima de cero, y la deflación acosa al sur de la eurozona. Los volúmenes de comercio mundial se han contraído de modo tangible desde diciembre de 2014, de acuerdo con el índice del gobierno holandés, mientras que el valor del comercio global en materias primas, que registraba 150 en ese mismo índice hace un año, ahora está a 114.

En estas circunstancias, la única forma en que la montaña de crédito en expansion puede ser una señal precisa acerca del futuro es que estemos a punto de pasar por un auge espectacular de la productividad. (...)

China – motor de la recuperación global posterior a 2009 – se está ralentizando de modo notable. Japón acaba de revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento, pese a estar en medio de un ingente programa de emisión de moneda. La eurozona se encuentra estancada. 

En los EE.UU. el crecimiento, que se recuperó bien con la facilitación cuantitativa, se ha tambaleado tras la retirada de la facilitación cuantitativa.

En resumen, tal como dicen los economistas del BPI, es este “un mundo en el que los niveles de deuda son demasiado elevados, el crecimiento de la productividad demasiado débil y los riesgos financieros demasiado amenazadores”. Resulta imposible extrapolar de todo esto la fecha en que acontecerá el crac o la forma que adoptará. 

 Todo lo que sabemos es que existe un desajuste entre el crédito en ascenso, la caída del crecimiento, el comercio y los precios, y un febril mercado financiero que, en la actualidad, sigue un rumbo en zigzag a medida que el dinero fluye de un sector, o una región geográfica, a otro. (...)

Hasta los economistas de los bancos convencionales apelan a medidas radicales para que se reanime el crecimiento: Nick Kounis, jefe de macroeconomía de ABN Amro, pidió a los bancos centrales que elevaran sus objetivos de inflación hasta un 4% e inundar el mundo de dinero en una estrategia coordinada de supervivencia.  (...)

Por el contrario, en el mundo de la geopolítica es donde está más claro el pensamiento de grupo de la élite.(...)

El precio del petróleo se derrumbó porque los saudíes querían poner obstáculos al sector de la fracturación hidráulica. Ahora mismo, aunque los diplomáticos rusos y norteamericanos sean capaces de sentarse juntos, sus pilotos de combate no están en comunicación cuando atacan en Siria a su variada selección de enemigos sobre el terreno. 

Europa, debilitada por la crisis griega, con sus instituciones transfronterizas en situación caótica a causa de la crisis de los refugiados, parece incapaz de hacer algo con alguien.

De modo que el mayor riesgo para el mundo, pese a que es cada vez más grave, no lo representa la deflación de una burbuja sino el riesgo de que se entrecruce con la geopolítica. Cualquier político que minimice o ignore este riesgo esta haciendo lo que los cegatos economistas hicieron en el periodo previo a 2008."          (Paul Mason  , Sin Permiso, 06/11/2015)

10.11.15

La reestructuración de deuda ha sido una práctica común en países tan bolivarianos como EEUU, Reino Unido o Japón

"El mundo occidental está buscando fórmulas para desapalancarse rápidamente y dejar atrás el periodo de endeudamiento tal vez más longevo y global que se recuerda. Los bancos centrales, junto a la banca comercial y de inversión, han urdido un plan que trata de justificar las malas praxis, pero sobre todo intentan no perder un solo euro en esta lucha entre acreedores y deudores.

 Las economías que más han sufrido este penoso episodio están muy ligadas al ciclo inmobiliario expansivo que ha asolado a múltiples sociedades, incapaces de discernir la necesidad con la mera especulación, y que han transformado sus ahorros en una pesadilla que ahora empieza a ver la luz, gracias a la presión de organizaciones como la Plataforma Afectados por la Hipoteca. 

Entre estos países, destacan EEUU, Irlanda, Reino Unido o España, pero también hay ejemplos como Suecia, Colombia o Hungría que han padecido niveles de deuda imposibles de engullir, pero que han dado soluciones muy diferentes entre sí, lo que descalifica a quienes creen que solo hay un camino para el desapalancamiento sin quiebra y sin equidad.

 Llegados a este punto, es interesante analizar qué escenarios han seguido las diferentes economías, salvando por supuesto su diferente tamaño, estructura y posición cíclica, pero que sí denotan que hay alternativas a lo que nos ha llegado, especialmente a España, desde la Comisión: pagar hasta el último euro, provocando una recesión tan profunda que a día de hoy, todavía no hemos recuperado el nivel de crecimiento previo a la crisis. 

La realidad es que otros países sí que han logrado mejorar significativamente su posición, mediante la utilización de herramientas de política económica, como es el fomento del crecimiento e inflación, mediante política fiscal y de rentas, y también instrumentos jurídicos, como las distintas medidas de reestructuración de deudas.  (...)

La apuesta en EEUU ha sido claramente una combinación entre crecimiento, inflación y saneamientos de la deuda para posibilitar la reducción de la carga de la deuda. Así, en el caso empresarial, la variable que más porcentaje explica dicha mengua es la de reestructuración de la deuda, con 6,6 p.p, seguido por el crecimiento, 6,4 p.p y la inflación, con 5,1 p.p. (...)

Junto a esto, apoyó mecanismos de saneamiento de balances (write off), en empresas y familias, y así ha podido capear la enorme bola de deuda mucho mejor que otras economías con el mismo problema. En el caso de la deuda de empresas, crecimiento e inflación han sido las principales vías de mejora, y en menor grado el saneamiento. 

El caso británico es aún más sorprendente. La reducción del stock se ha cifrado en 17,1 p.p de los cuales, 14,1 p.p responden a un efecto de la inflación, que ha reducido el valor facial de la deuda, 6,9 p.p al crecimiento y 6,1 p.p a saneamientos, mientras que la financiación neta y la valoración de los pasivos habrían aumentado el stock, en 3,5 p,p y 5,0 p.p respectivamente. 

La distribución entre empresas y familias es muy parecida en el Reino Unido. De nuevo, las políticas fiscales y monetarias del Gobierno y Banco central han contribuido a mitigar el efecto perverso del exceso de endeudamiento. (...)

En el caso español, la situación cambia drásticamente. La reducción del stock de deuda es similar a los anteriores, 17,1 p.p desde los máximos de 2009 hasta finales de 2012. Las variables responsables de esta reducción son básicamente la financiación neta (-9,6 p.p) y el saneamiento/reestructuración de deuda (-7,3 p.p), especialmente a las empresas y en mucho menor grado a las familias. El crecimiento (+3,5 p.p), lejos de ayudar, ha engordado el stock de deuda, mientras que la inflación ha tenido un efecto marginal.

 Es decir, España ha apostado, inducida por Bruselas, por parar en seco el crédito, llevar a cabo una política fiscal procíclica y favorecer el saneamiento de la deuda empresarial, dejando a los hogares sin capacidad de consumo, especialmente a los de menor renta y mayor propensión al consumo. 

En suma, cortar las posibilidades de consumo e inversión, y por tanto, sin inflación, ha sido la brillante actuación tanto de los gobiernos de Zapatero, como los de Rajoy. (...)

En Irlanda, la diferencia es aún más brusca. El ajuste en la deuda ha sido muy drástico, una reducción de 39,4 p.p de PIB, con un efecto de la inflación muy relevante (-16,6 p.p), crecimiento (-9,9 p.p) y saneamiento de la deuda empresarial (-17,1 p.p).
 
En resumen, los países que han apostado por políticas de crecimiento e inflación en un contexto de recesión de balances, como EEUU, RU o Irlanda, han mejorado ostensiblemente su situación interna, reduciendo la deuda sin empobrecer a las rentas más bajas, como se ha hecho en España. 
Además, han mejorado su capacidad inversora al no basar todo el ajuste en la financiación neta. Por último, la apuesta por la reestructuración de deuda, tan denostada por los puristas liberales en la UEM y en España, ha sido una práctica común en países tan sospechosos de bolivarianos como EEUU, Reino Unido o Japón."              (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 14/08/2015)

24.9.15

La ONU aprueba 9 principios básicos para la reestructuración de las deudas soberanas y así evitar casos como los de Argentina o Grecia

"GINEBRA, 17 sep 2015 (IPS) - La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó nueve principios básicos para que el proceso de reestructuración de la deuda soberana de los países sea justo y económicamente sostenible. 

Los principios fueron remitidos a la Asamblea General tras dos años de deliberaciones por un Comité Especial, que los acordó en su tercera sesión de trabajo, los días 27 y 28 de julio en la sede de la ONU en Nueva York.

Los principios habían sido presentados originalmente por el Grupo de los 77 (G77, una alianza de países en desarrollo), y China.
Seis países votaron en contra de la resolución, incluido Estados Unidos, alegando que la ONU no es el foro adecuado para discutir la reestructuración de la deuda y que un mecanismo de ese tipo generaría incertidumbre en los mercados financieros.

La mayoría de los países industrializados boicotearon la sesión de trabajo del Comité Especial en julio, al igual que el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El derecho de los Estados a concebir su propia política macroeconómica, incluida la renegociación de su deuda soberana, sin que medidas abusivas la frustren o impidan, es uno de los principios acordados.

Además, la inmunidad soberana sobre la jurisdicción y ejecución respecto a la reestructuración de la deuda es un derecho de los Estados ante los tribunales nacionales extranjeros, y las excepciones deben interpretarse restrictivamente.

Otro principio es la sostenibilidad, que implica que la renegociación de la deuda debe apuntar a una situación estable en el Estado deudor, la preservación de los derechos de los acreedores, a la vez que promueve el crecimiento económico y el desarrollo sostenible.

Todo eso mientras se minimizan los costos socioeconómicos, se garantiza la estabilidad del sistema financiero internacional y se respetan los derechos humanos.

Otros principios son la buena fe, tanto del Estado deudor como de sus acreedores, la transparencia para mejorar la rendición de cuentas de los actores involucrados, y la imparcialidad de todas las instituciones y actores que participan en la reestructuración.

Asimismo, el trato equitativo de los acreedores, la legitimidad, o sea el respeto de los requisitos de inclusión y el estado de derecho, y la reestructuración mayoritaria, lo que implica que los acuerdos de renegociación de la deuda que sean aprobados por una mayoría de acreedores no deben ser impedidos por otros Estados ni por una minoría no representativa de acreedores.

El proceso de elaboración de estos principios incluyó numerosas sesiones de trabajo informales, donde los participantes discutieron las propuestas del G77 y China, junto con varios principios basados ​​en los resultados del Grupo de Trabajo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo sobre un Mecanismo de Renegociación de la Deuda.

Ese Grupo de Trabajo estaba integrado por expertos, juristas, inversores, responsables políticos y representantes de la sociedad civil.

Durante una de esas sesiones, el ganador del premio Nobel de Economía (2001) Joseph Stiglitz señaló a Argentina y Grecia como ejemplos recientes de países que padecieron a causa de los marcos inadecuados para la reestructuración de la deuda. En este contexto, las economías suelen caer en una profunda recesión, como ocurrió en ambos países, explicó. (...)"               (Manuel F. Montes y Adriano José Timossi , IPS, en Rebelión, 22/09/2015)

16.9.15

La ONU establece los principios para resolver la deuda global... y por tanto, también la nuestra

"Este viernes 10 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por 136 votos a favor, 6 en contra y 41 abstenciones la necesidad de adoptar una serie de principios que deben guiar a los países que se enfrentan a una crisis de deuda soberana

 La resolución fue aprobada abrumadoramente por los países de África, América Latina, Asia y el Caribe. Por contra, Canadá, Alemania, Israel, Japón, Reino Unido y Estados Unidos votaron en contra de estos principios. Nuestro país estuvo a la altura de las circunstancias y votó a favor de la propuesta.

Sin embargo, ustedes apenas habrán leído una mísera línea en los medios de comunicación patrios sobre esta importantísima noticia. (...) 

Llama la atención quienes votaron en contra de la propuesta, esos mismos que promueven guerras por doquier y luego pretenden lavar su conciencia acogiendo a los refugiados que ellos mismos han generado. Los Estados Unidos explicaron su voto con el argumento de que estos procesos corresponden implementarlos en el Fondo Monetario Internacional, institución curiosamente dominada por los acreedores. El problema es que muchos de estos acreedores, como demostrará la historia, son ideológicos

El sistema actual de reestructuración de la deuda soberana adolece de problemas de fragmentación, ineficiencias y largas negociaciones, que conducen a una ausencia de soluciones orientadas al crecimiento de aquellos países sometidos a problemas de deuda. Por otra parte, las actitudes no cooperativas de los acreedores litigantes continúan agregando incertidumbre a los resultados de la reestructuración posterior de la deuda. (...)

Los principios aprobados sobre la reestructuración de la deuda incluyen la buena fe, la transparencia, la imparcialidad, el trato equitativo de los titulares de la deuda y la sostenibilidad. El voto es el resultado de un esfuerzo de un año de duración de la ONU para avanzar en un proceso de quiebra global. 

La Asamblea General de la ONU votó a favor de iniciar ese proceso en septiembre pasado ante la crisis de deuda en Grecia, Argentina y el Caribe. Este verano ha contado con el apoyo inestimable del Papa Francisco quien hizo suyo el proceso de resolución quiebra global de la ONU en medio de la crisis de deuda de Grecia. 

 Pero además el apoyo a la resolución de la ONU es de enorme interés para nuestro país. (...)

Lo más terrible es que la mitad del incremento de la deuda pública se ha destinado a financiar a terceros.

 (...) lo peor no ha pasado. Tal como sostienen Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, economistas profundamente ortodoxos, en Financial and Sovereign Debt Crises: Some Lessons Learned and Those Forgotten, “… Las causas que originaron la actual crisis económica no solo no se han corregido sino que han empeorado. 

Los niveles extremos de deuda implican quiebras al estilo de los años 30. […] La carga de la deuda en los países desarrollados se ha convertido en un evento extremo utilizando cualquier medida histórica y requerirán una ola de condonaciones de deuda, negociadas o no”.  (...)"       (Juan Laborda, Vox Populi, 12/09/2015)

25.1.13

En busca de una solución a la crisis de la deuda

"En las últimas tres décadas, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) ha analizado los elementos de un sistema soberano internacional. Este modelo pionero se basa fundamentalmente en los principios de la ley de bancarrota de Estados Unidos, cuyos principios pueden aplicarse a todos los países a través de un mecanismo de reestructuración de la deuda legal con alcance internacional.

Los elementos de un sistema de este tipo son los siguientes:

1. Un país que enfrenta dificultades puede declarar una suspensión temporal del pago de la deuda externa, lo que le da un respiro para formular un plan de pagos adecuado que debe cubrir todos los pagos de la deuda, ya sea que la dificultad se origine en problemas de solvencia, en los que debe ser reducida, o de liquidez, en cuyo caso debe ser refinanciada.

2. Hay una suspensión automática de las demandas legales de los acreedores, para evitar una situación en la que varios de éstos compitan por una solución o hagan fila para demandar al país.

3. Debería crearse un panel independiente de expertos jurídicos y económicos para hacer frente a las cuestiones derivadas de la suspensión, incluida una evaluación de la situación de los países. Los acreedores no deben participar en el panel, ya que tienen un interés directo en el asunto.

4. El país que adopte una suspensión temporal tendría que realizar también controles selectivos para evitar la fuga de capitales que pueden resultar de la paralización de los pagos de la deuda.

5. Deberían otorgarse nuevos préstamos al país deudor, conocidos como “préstamos en situaciones de atraso”, para que pueda seguir aplicando políticas de desarrollo económico y social.

6. Los nuevos préstamos contratados después de la suspensión deben tener estatus de jerarquía, para facilitar la aparición de nuevos acreedores y nuevos préstamos.

7. El proceso de reestructuración de la deuda debe incluir el refinanciamiento de los préstamos existentes, sobre todo si solo se trata de un problema de liquidez, y la amortización parcial o la cancelación de la misma si se trata de un problema de solvencia. Los términos deben ser el resultado de las negociaciones entre el país deudor y los acreedores. Si no logran llegar a un acuerdo pueden recurrir al arbitraje a través de un panel independiente que sea una parte importante del sistema.

Las Naciones Unidas están, en mi opinión, en condiciones de tomar la iniciativa en este ejercicio para establecer un mecanismo de renegociación de la deuda legal. A esta conclusión llegaron también otros ponentes de la reunión especial, entre ellos el secretario general de la Unctad, Supachai Panitchpakdi, y el economista Kenneth Rogoff, profesor de Políticas Públicas de la Universidad Harvard."          (Martin Khor, Red del Tercer Mundo, Rebelión, 22/01/2013)

17.3.11

"Transformar deuda... a plazos e intereses fijos en deuda a largo plazo cuyos pagos dependan... de si una economía está en recesión"... o no lo está

"Cualquier país avanzado tendría un problema muy serio de deuda si la tuviese que refinanciar a tipos de interés muy altos, por ejemplo con bonos a 10 años al 7%.

Hoy los intereses son aún más altos para Grecia, Irlanda y Portugal, lo que refleja tanto el riesgo de impago (que la especulación acentúa), como el hecho de que la deuda a tiempo e interés fijo es un mecanismo de financiación muy ineficiente (e incita los ataques especulativos, como le pasaba al sistema de cambios de los noventa). (...)

El fondo (EFSF o ESM) debería realizar una función muy importante que es transformar deuda que se debe pagar a plazos e intereses fijos en deuda a largo plazo cuyos pagos dependan, por ejemplo, de si una economía está en recesión, de la contribución neta al fondo de dicho país, etc.

Este no es un ejercicio trivial que requiere valorar ingresos esperados y compromisos y, en situaciones como la actual, trazar rayas entre qué parte de la deuda es sostenible sin subsidios permanentes, lo que a su vez requiere valorar el impacto esperado de distintas reformas económicas y sociales.

Es un ejercicio que requiere profesionalidad e independencia de presiones políticas. Poder decir, por ejemplo: Grecia puede reformar su sistema de pensiones o no, es su decisión, pero si debe respetar sus compromisos con los pensionistas su línea de crédito no puede ser la misma en un caso o en otro porque su capacidad de pago no lo va a ser.

Como no lo será si la gente joven ni se forma (algunos Gobiernos por austeridad han dejado de invertir en educación) ni encuentra trabajo (algunos sindicatos continúan defendiendo los puestos existentes de trabajo).

Con la crisis, en algunos barrios de nuestras ciudades ha resurgido el pago a cuenta a los clientes conocidos. No se trata tanto de un acto de solidaridad, como de mantener la actividad comercial, incluso mejorarla ofreciendo un servicio que ni los grandes almacenes ni las tarjetas de crédito pueden ofrecer.

Los vecinos del barrio no tienen que pasar exámenes de entrada ni hacer promesas de que van a encontrar trabajo. Los comerciantes conocen a sus clientes y llevan las cuentas. Los clientes saben que si no las saldan cuando pueden no van a tener crédito cuando otra vez se encuentren en dificultad.

Lo llaman el comercio tieso. Zapatero debería exportar nuestra inteligencia popular al consejo de finales de marzo: el Pacto del Euro necesita de un fondo tieso." (RAMON MIRAMON: El Pacto del Euro y 'el comercio tieso'. El País, 16/03/2011, p. 33)

3.6.10

"Las amas de casa griegas y españolas no derrocharon dinero, como parece creer el mundo"

"Las amas de casa griegas y españolas no derrocharon dinero, como parece creer el mundo. Al contrario: sufren a causa de que un implacable Wall Street y unos no menos implacables Bancos Centrales se negaron a poner orden. El euro sobrevivirá, pero el precio de su supervivencia serán la volatilidad y el caos. (...)

Es evidente que Grecia no tiene forma inmediata de enderezar su economía, y en la próxima década otras regiones del mundo pueden experimentar problemas similares. ¿No ha llegado la hora de que las naciones rectoras se reúnan y cancelen la deuda global?

Lo que está claro es que la política que se sigue ahora en Europa es errónea. La política catual busca imponer una austeridad extrema. Eso terminará con una economía más débil y con menores ingresos fiscales, de modo que la reducción de los déficits será muño menor de la esperada. Es un tipo de austeridad que fracasó ya en la Argentina. La política actual, que dice que lo que tienes que hacer ahora es sobre todo librarte del déficit, no funcionará, y empujará al mundo a una segunda zambullida o, cuando menos, a una ralentización a escala planetaria. Así pues, la única alternativa es algún tipo de reestructuración de la deuda.

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Es evidente que, si hubiera confianza en Grecia, se podría ir paso a paso con los pagos de la deuda. Eso se parecería más a situaciones ya vividas en Brasil y en la Argentina. Brasil tenía una crisis de deuda que terminó resolviéndose merced a la liquidez. Incluso se llegó a una depreciación del valor de la deuda. Una vez que las irracionalidades del mercado fueron apagándose, Brasil comenzó a crecer, y ahora nadie piensa en Brasil como en un país con un gran problema de deuda.

Yo creo que el grueso de los países se hallan en una situación como la brasileña. Si los tipos de interés se mantienen relativamente bajos y los mercados, calmados, no tendrán mayores dificultades.
(...)

Hablando de ahorros, en Japón, el número de personas que se jubila es mayor que el número de personas que ahorra. Pronto tendrán los japoneses que tomar prestado en el exterior para subvenir a ese déficit, y eso podría elevar el coste de los intereses.
La ratio de la deuda japonesa en relación con su PIB es del 180%, un 50% mayor que la griega, y la única razón por la que el Japón no está en dificultades es porque no depende del exterior.

Para poner las cosas en perspectiva, la tasa interior de ahorro griega es superior a la alemana. De modo que la idea de que los griegos son despilfarradores falta a la verdad. Ahora, si la tasa de ahorro japonesa cae, Japón dependerá del exterior, y eso podría llevar a tasas de interés más elevadas. Hasta qué punto, dependerá de la confianza de los mercados. Los mercados han demostrado un tipo de irracionalidad: exuberancia irracional y pesimismo irracional.

Si los tipos de interés siguen bajos, dadas las capacidades japonesas, Japón podrá servir la deuda. Es decir, si los tipos globales de interés se mantienen relativamente bajos y la gente mantiene la confianza, no creo yo que Japón se encamine necesariamente hacia una crisis. Pero tampoco es imposible.
" (Sin Permiso, 30/05/2010, citando a "Soy suficientemente pesimista respecto de la evolución de la economía global". Entrevista Joseph Stiglitz)