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22.3.24

La reducción de la economía sumergida permitió recaudar 6.282 millones más de IVA en 2022... tenía ganas de leer algo así

"La mejora del cumplimiento fiscal y la reducción de la economía sumergida observada desde la pandemia permitió recaudar 6.282 millones de euros adicionales de IVA en 2022 con respecto a 2019, según se desprende un informe publicado este jueves por EsadeEcPol.


El informe explica que la recaudación tributaria en España aumentó con fuerza a partir de 2021, un impulso que vino provocado por factores como la inflación, el empleo o subidas tributarias, así como, potencialmente, a una reducción de la economía sumergida.

Para intentar cuantificar el peso de esta reducción de la economía sumergida el director del foro de fiscalidad EsadeEcPol, Francisco de la Torre, centra su análisis en el IVA, cuya recaudación creció en 2021 y 2022 muy por encima del PIB, a pesar de que se bajó el tipo para la electricidad y la alimentación.

La mayor parte de este incremento estuvo concentrado en el consumo de los hogares, lo que descarta que esté relacionado con un incremento sustancial del consumo público o con una burbuja inmobiliaria.

De acuerdo a su análisis, las bases declaradas de IVA correspondientes al consumo de los hogares pasaron de equivaler al 63,9 % de su consumo (de acuerdo a estimaciones del INE) en 2019 al 70,8 % en 2022, lo que parece indicar un mejor cumplimiento fiscal "que hace que un mayor porcentaje de las ventas, y, en consecuencia, del consumo, se declaren".

Esto se tradujo en un aumento de las bases declaradas de IVA por consumo de los hogares de 70.924 millones, en parte por mayor consumo (29.782 millones) y el resto, por el mayor porcentaje de consumo gravado (41.142 millones).

Esto permite estimar que, si se aplica el tipo medio de IVA sobre los 41.142 millones adicionales de consumo gravado, la recaudación del impuesto se incrementó en 2022 en 6.282 millones debido a la reducción de la economía sumergida en comparación con 2019.

Detrás de este mejor cumplimiento tributario están ciertos "cambios sociales" derivados de la pandemia y de la normativa antifraude, que han supuesto un incremento de los pagos con tarjeta, según se desprende de las estadísticas del Banco de España."           (El Obrero, 21/03/24)

6.9.22

"Seremos un poco menos esclavas": hasta 600.000 trabajadoras del hogar tendrán derecho a paro

 "España es el segundo mayor empleador de trabajo doméstico de Europa y Asia Central, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y aun así, todavía prevalecen en el trabajo del hogar unas condiciones laborales discriminatorias para las cerca de 600.000 empleadas que sostienen el sector. Desde este martes, la situación comenzará a cambiar gracias al real decreto que aterriza en el Consejo de Ministros. Entre las medidas que ha trazado el Ministerio de Trabajo, destaca una: el derecho a paro

Rafaela Pimentel, fundadora de Territorio Doméstico, defiende la importancia de “celebrar cada conquista”, aunque los logros dejen un amplio margen de mejora. “Estamos más que contentas y celebramos este gran avance, por fin tendremos derecho a paro y a cotizar a Fogasa [Fondo de Garantía Salarial]”, clama Carolina Elías, presidenta de la asociación Servicio Doméstico Activo (Sedoac). Hasta el año 2012 ni siquiera era obligatorio en España que las trabajadoras domésticas estuvieran dadas de alta en la Seguridad Social si no superaban un número concreto de horas trabajadas, pero una reforma efectuada en el año 2011 obliga a los empleadores a pagar las cotizaciones desde la primera hora contratada. Fue quizá el primer gran hito para cientos de miles de trabajadoras, pero aquel decreto ley se quedó corto: ignora el subsidio por desempleo, mantiene el contrato verbal e introduce el derecho a desistimiento unilateral sin ninguna justificación. Esta última figura es una de las formas más flagrantes de atentado contra los derechos laborales, pues permite la extinción del contrato sin alegar causas justificadas y con una indemnización mucho más barata que el resto. El desestimiento será cosa del pasado a partir de este martes, gracias al nuevo decreto. 

 El trabajo doméstico forma parte de un Régimen Especial, que según los últimos datos de afiliación registró una caída del 0,75%, con 2.811 bajas. Pero la estadística es incapaz de proyectar la realidad del sector, colmado de trabajo informal. Se calcula que entre 500.000 y 700.000 mujeres se dedican al trabajo doméstico, pero un tercio de ellas lo hace sin contrato, según la propia OIT. Son ellas quienes han peleado los avances para el sector, gracias a su tenacidad y movilización en las calles. Pero en el camino también se han dado pasos, por ejemplo, en el terreno jurídico. Una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, emitida en febrero de este año, califica la normativa española en materia de Seguridad Social como discriminatoria al excluir a las trabajadoras del hogar de recibir la prestación por desempleo. El dictamen que llegó de suelo europeo pone negro sobre blanco al afirmar que existe una discriminación indirecta por razón de género en el acceso a las prestaciones.

Estrechamente ligado al nuevo decreto y a la sentencia europea está un movimiento clave: la ratificación del Convenio 189 de la OIT, un acuerdo internacional impulsado en 2011 y firmado ya por 35 países para regular el empleo doméstico. El objetivo con el que nació es sencillo: equiparar el trabajo del hogar al resto de empleos a nivel de derechos. El Gobierno ya ha iniciado los trámites su ratificación y el nuevo decreto que se aprueba este martes es de hecho consecuencia directa de ese compromiso. (...)

 Elías cree fundamental la regularización de “las trabajadoras sin papeles”, quienes componen una parte inestimable del trabajo doméstico. Son sus manos las que sostienen el sistema de cuidados, pero son a su vez las más precarizadas. “Una vez resuelto eso, podrían empezar a cotizar”, razona la activista. 

Otras muchas, continúa, “no cotizan porque sus empleadores quieren ahorrarse dinero”. En este punto entran en juego dos estrategias clave: la sensibilización y las garantías para los empleadores. Es fundamental un “trabajo de concienciación con los empleadores, hacerles entender que todo esto es para que su esclava sea un poco menos esclava”, expresa Elías. Pero también es prioritario “ver cómo van a quedar las bonificaciones a la Seguridad Social para que el impacto en los bolsillos de las familias sea el menor posible, es la manera de garantizar el derecho al cuidado y el trabajo en condiciones dignas”, expone.

Las páginas del decreto que llega este martes al Consejo de Ministros concentran los derechos más básicos para las trabajadoras, pero son solo el motor hacia otras muchas reivindicaciones históricas. En su agenda, dos mandatos: la mejora de las condiciones de las trabajadoras internas y la transición definitiva hacia el Régimen General."                         (Sabela Rodríguez, InfoLibre, 05/09/22)

15.6.22

Una victoria histórica para las trabajadoras del hogar. El Congreso vota la ratificación del Convenio 189 de la OIT, un compromiso por la igualdad de derechos con el resto de trabajadores

 "El Congreso de los Diputados vota hoy, 9 de junio, la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, un compromiso por la igualdad de derechos laborales para las trabajadoras de hogar y cuidados, que hasta ahora no han tenido prestación por desempleo, entre otras cosas.

Las organizaciones del sector en España han luchado por ello desde que la OIT adoptó este convenio en 2011. Hasta ahora lo han ratificado 35 países, entre ellos seis de la Unión Europea: Italia y Alemania en 2013, Irlanda en 2014, Portugal y Bélgica en 2015, y Suecia en 2019.

 “Desde que salió el Convenio en 2011, hemos solicitado reuniones con diputados, hemos enviado cartas a los presidentes, a los ministros… Todos los gobiernos nos han dicho que sí, que lo iban a revisar”, cuenta Constanza Cisneros, que forma parte de Territorio Doméstico y el Observatorio Jeanette Beltrán. “Estamos orgullosas de que por fin se nos tome en cuenta, gracias a todo el trabajo que hemos hecho”. Cisneros no olvida el apoyo de las asambleas del 8M y otros grupos feministas porque “muchas trabajadoras del hogar somos internas o no tenemos tiempo para estas cosas, necesitamos a nuestras amigas y a las amigas de nuestras amigas”.

El 7 de junio, representantes de las principales asociaciones del sector se reunieron con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, para hablar sobre la implementación del convenio y presentarle sus demandas. Las impresiones han sido positivas. “Es la primera vez que las trabajadoras de hogar y cuidados somos escuchadas en el Ministerio de Trabajo”, subraya Cisneros, que advertía antes de la reunión de que la lucha está lejos de terminar: “No queremos que se queden solo en el voto, en la ratificación del convenio, y que dejen la carpeta guardada en algún lado como se ha hecho en otros países, y aquí también, con otros acuerdos firmados”. Ellas quieren ser parte activa del proceso, “si no, no pueden saber lo que necesitamos”. Según el Ministerio, Díaz se ha comprometido a mantener una línea de comunicación abierta.

España es el segundo país de la Unión Europea con más empleadas de hogar, solo por detrás de Italia. Suponen cerca del 3% de la fuerza laboral. La media europea es inferior al 1%. Nuestro país concentra una cuarta parte del empleo doméstico en la UE, según datos de Eurostat.

 Los derechos de estas trabajadoras están regulados por el Sistema Especial para Empleados del Hogar, que no incluye el paro. “En la práctica, esto nos impide acceder a ayudas sociales, porque generalmente se conceden estas ayudas cuando se acaba el paro”, explica Cisneros. “Y cuando perdemos el empleo, tenemos que coger cualquier cosa que encontremos, para no quedarnos sin nada”.

No es su única desventaja. El sistema especial tampoco cubre las lagunas en la vida laboral para la pensión, y las cotizaciones son muy bajas. Existe la figura del desistimiento, que permite despedir a una empleada de un día para otro, sin necesidad de justificarlo. “Es una figura que compartimos con los altos ejecutivos”, comenta con ironía Constanza Cisneros. Además, la Inspección de Trabajo no puede actuar como en el resto de sectores debido a la inviolabilidad del domicilio.

 En febrero, una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que respondía a la denuncia de una trabajadora doméstica gallega, dictaminó que el hecho de que estas no tuvieran prestación por desempleo era contrario a la directiva europea de igualdad de trato entre hombres y mujeres en materia de seguridad social. La sentencia obliga a España a implementar el derecho a la prestación, aunque no establece una fecha para ello. Las medidas legislativas en las que trabaja el Ministerio incluyen el reconocimiento de este derecho, protección contra el despido y acceso a la prevención de riesgos laborales, tal y como ha comunicado la ministra a las representantes de las trabajadoras.

 La incorporación plena de las trabajadoras de hogar y cuidados al régimen general de la Seguridad Social es la principal demanda de las organizaciones. El Gobierno de Rajoy se comprometió a llevarla a cabo, pero en 2018 la enmienda 6777 a los Presupuestos Generales del Estado, votada por el PP, Ciudadanos y el PNV, entre otros, retrasó esta incorporación de 2019 a 2024. “Perdimos toda la esperanza con ellos”, dice Cisneros. Esta decepción, sin embargo, llevó a un aumento de la colaboración entre las distintas asociaciones de trabajadoras, que ahora forman una “red” en todo el Estado. El primer Gobierno de Pedro Sánchez se comprometió de nuevo a adelantar la incorporación al régimen general, pero en 2020 un decreto la retrasó otra vez a 2023. “Ahora veremos, pero por lo menos nos han escuchado”, comenta Cisneros.

 De las casi 378.000 personas afiliadas al Sistema Especial para Empleados del Hogar, más del 95% son mujeres y el 43% son extranjeras. Estas 378.000 personas son las que cotizan, pero la Encuesta de Población Activa del INE contabiliza más de 500.000 trabajadoras en el sector y diferentes estimaciones apuntan a una cifra real cercana a 600.000, ya que muchas de ellas son migrantes en situación irregular. Un informe de Eurostat señala que el número de empleadas de hogar y cuidados de nacionalidad española se ha mantenido estable en torno a 200.000 desde 1996, mientras que las de nacionalidad extranjera han ido aumentando considerablemente.

El empleo de hogar y cuidados en condiciones de precariedad es una de las pocas opciones laborales que encuentran las mujeres migrantes, a las que la ley de extranjería obliga a pasar tres años empadronadas en España hasta que puedan solicitar el permiso de residencia con una oferta de trabajo. Esta situación facilita abusos de todo tipo. “Yo tengo compañeras a las que les han ofrecido hacerles la documentación y hasta ocho o diez años después no lo han hecho, y si lo exigen les echan, y ya está”, cuenta Constanza Cisneros, que recuerda que la regularización de la situación de sus compañeras es otra de las demandas que han presentado al Ministerio. 

Las organizaciones reivindican un trabajo que, según Cisneros, todavía se sigue viendo como una ayudita, pese a su importancia y la dureza de sus condiciones, “casi esclavizantes” en el caso de las trabajadoras internas.

A Constanza Cisneros le da la risa antes de decir: “Es un poco manido eso de que nosotras sostenemos la vida, pero nos lo tenemos que creer, lo estamos viendo”. Por ello, entre sus demandas también está el fortalecimiento de las políticas públicas de cuidados, de manera que estos queden garantizados “para todas las personas, no solo para la gente adinerada”."                    (Elena de Sus, CTXT, 09/06/22)

11.2.21

El País borra de una noticia sobre la muerte de 28 trabajadores en un taller clandestino el párrafo que lo vincula a Inditex

 "Este lunes saltaba la noticia del fallecimiento de 28 trabajadores en un taller textil clandestino. Lo publicaba inicialmente El País, principal medio de comunicación de prensa escrita de PRISA.

En el artículo, se informaba sobre que el grupo Inditex era el principal socio comercial de Marruecos en producción textil. “Marruecos es el principal proveedor de Inditex, la empresa matriz de marcas como Zara, Stradivarius, Pull&Bear y Bershka”, rezaba la literalidad del texto. Sin embargo, momentos después de su publicación, el diario lo eliminaba.

 Múltiples lectores comenzaron a preguntarse por qué el medio de PRISA habría procedido a borrar una información que, en una simple búsqueda, puede hallarse con facilidad en la red. Sin ir más lejos, Google engloba más de 47.000 resultados bajo esa matriz, enlazando a noticias que informan, entre otras, sobre la cantidad de talleres y trabajadores con los que Amancio Ortega cuenta en el país árabe, que se cifran en torno a 250 fábricas y más de 64.000 empleados.

 (...)  Existen vínculos entre Inditex y PRISA. Ignacio de Polanco, hijo del fundador Jesús de Polanco y actual Presidente de Honor de PRISA, se sienta en el patronato de la Fundación Carolina junto a Pablo Isla, presidente de Inditex. A ambas familias les une una trayectoria histórica. Compañeros en diferentes patronatos, Jesús de Polanco y Pablo Isla también formaron parte del Real Instituto Elcano."    (Alba González, La Última Hora, 09/02/21)

15.12.20

Trabajo esclavo bajo las alfombras de las multinacionales norteamericanas. En 2013, las filiales estadounidenses localizadas fuera de EE.UU. generaron 124 110 casos de trabajo forzado... en EE.UU. hubo, durante el mismo año, 57 539 trabajadores en situación de esclavitud laboral

 "En 2018 el nobel de Economía Joseph Stiglitz publicó “El malestar en la globalización. La antiglobalización en la era de Trump”, una actualización de su libro más importante.

En esta revisión señala la importancia de gestionar la globalización de manera que beneficie, si no a todos, al menos sí a la mayoría de los participantes en el proceso. Esa gestión que propone Stiglitz implica el control, por parte de gobiernos y consumidores, de las empresas multinacionales. Así se intenta reducir los daños económicos y sociales generados por la globalización.

El poder económico de las corporaciones intensifica los procesos de deslocalización de su actividad, lo que les permite maximizar sus beneficios. El problema está en que esos rendimientos empresariales generan consecuencias negativas de carácter social. Una de ellas es el trabajo forzado.

La esclavitud se ha ejercido en distintas civilizaciones desde hace milenios. Sin embargo, muchos ignoran que esta práctica atroz es una realidad todavía hoy. (...)

Conceptualizando la esclavitud laboral en el siglo XXI

La Organización Internacional del Trabajo estableció la definición vigente de esclavitud laboral en la Convención sobre el Trabajo Forzado Nº 29 de 1930. Este concepto se entiende como “todo trabajo o servicio exigido a cualquier persona bajo amenaza de sanción o castigo y para el cual la persona no se ha ofrecido voluntariamente”.

Actualmente, este fenómeno continúa, en gran medida, oculto a ojos de las administraciones. Afecta principalmente a la economía informal y al ámbito rural de regiones como Centroamérica, África o las zonas más deprimidas de Asia.

Algunos de los condicionantes detrás de esta lacra son:

  • La vulnerabilidad de economías rurales aisladas y de migrantes en situación de desamparo.

  • La contracción de deudas abusivas cuyo pago se exige en forma de trabajo.

  • El poder de ciertas redes delictivas que explotan a personas en sectores con alta estacionalidad, como el agrario.

Todos estos factores hacen que uno de los principales retos a la hora de acabar con estas prácticas lamentables sea su detección y cuantificación.

Uno de los organismos que tratan de contribuir a la lucha contra este problema global es la Oficina de Asuntos Laborales Estadounidenses (US-ILAB), la cual elabora periódicamente un informe de bienes producidos con trabajo infantil o trabajo forzado en todo el mundo.

A pesar de que gran parte del trabajo indigno se origina en economías emergentes, en la edición de 2020 de su informe, US-ILAB pone especial énfasis en la responsabilidad empresarial en la lucha contra este problema, especialmente en la de las grandes compañías globales con una cadena de suministro de gran dimensión.

Producción global y trabajo indigno

Una buena parte de las fragmentadas cadenas globales de producción está dominada por empresas multinacionales que, en su búsqueda de aminorar costes, toman decisiones alejadas de la ética, la seguridad y los estándares laborales de los países desarrollados.

Prácticas como la deslocalización de partes de la producción (offshoring) o la subcontratación (outsourcing) permiten a estas empresas maximizar sus beneficios sin tener que asumir ni internalizar las consecuencias negativas de un modelo de negocio intensivo en la creación de trabajo indigno.

De hecho, la suma de proveedores y subcontratas que conforman la cadena de producción de muchas multinacionales hace que se diluya la responsabilidad al respecto.

Aunque es complejo determinar quiénes son los culpables de que la esclavitud laboral se siga perpetuando en pleno siglo XXI, no lo es tanto cuantificar cuántas personas sufren esa lacra como consecuencia directa o indirecta de esas prácticas empresariales.

Nuestra última publicación en la revista internacional Economic Systems Research trata de arrojar algo de luz al respecto, poniendo el foco en el caso de la huella de trabajo indigno arrastrado por las multinacionales estadounidenses.

Si bien es cierto que el trabajo indigno implica a otros muchos agentes económicos, es interesante concretar el papel desempeñado por estas empresas estadounidenses, no solo por la magnitud de sus operaciones, sino por su influencia y poder en mercados de todo el mundo.

Poniendo números a las decisiones

En 2013, las filiales estadounidenses localizadas fuera de EE.UU. generaron 124 110 casos de trabajo forzado en las distintas fases de sus cadenas globales de producción.

La mayor parte de esos casos están relacionados con filiales ubicadas en India, Brasil, China y México, y esos trabajadores están siendo explotados en el sector primario, las manufacturas (destacando las electrónicas en China) y en servicios como el comercio.

En comparación, en EE.UU. hubo, durante el mismo año, 57 539 trabajadores en situación de esclavitud laboral, según la base de datos Social Indicators of Working Conditions Database.

En otras palabras, los impactos asociados a las actividades extranjeras de las multinacionales estadounidenses duplican los casos de trabajo forzado vinculados a la producción dentro del país. Si las filiales extranjeras trasladaran esos puestos de trabajo indigno a territorio estadounidense, las instituciones de EE.UU. tendrían que responsabilizarse del triple de casos de esclavitud.

Este retroceso en términos sociales sería inaceptable en cualquier país desarrollado, puesto que menoscabaría décadas (o siglos) de progreso en el reconocimiento y protección de los derechos laborales.

Poniendo estos datos en un contexto internacional, un país imaginario compuesto por las filiales extranjeras de multinacionales estadounidenses ocuparía la novena posición en un ranking mundial de países ordenados por la huella de trabajo forzado detrás de su producción, por delante de economías de la magnitud de Rusia, Canadá o Australia.

¿Qué hay bajo la alfombra de la globalización?

Esas cifras revelan una realidad encubierta por la fragmentación de las cadenas productivas: hay miles de trabajadores en situación de esclavitud vinculados a la producción de grandes corporaciones estadounidenses.

La contratación de proveedores en países emergentes está motivada por razones económicas (menores costes laborales, menores impuestos y otras ventajas comparativas). La paradoja es que los pésimos estándares laborales en dichos países estarían fuera de la legalidad y fuertemente sancionados en Estados Unidos.

Aunque la mayor parte del trabajo forzado se concentra en países emergentes, también algunos países desarrollados muestran una carga significativa de trabajo esclavo.

Así ocurre con subsidiarias estadounidenses ubicadas en Reino Unido, Canadá e Irlanda, cuyo impacto directo e indirecto en términos de trabajo forzado se estima en nuestro artículo en 2 646, 2 472 y 1 733 víctimas, respectivamente.

En cualquier caso, los países desarrollados no son ajenos al trabajo esclavo. Las multinacionales se han convertido en un vínculo entre las víctimas de trabajo forzado y el consumidor que compra productos de reconocidas marcas estadounidenses.

El poder de cambio social de las multinacionales

Pese a todo, estas empresas están en situación de contribuir con proyectos de mejora social como la Agenda 2030, incorporándose a algunos de los retos que plantea: la erradicación del empleo indigno y la pobreza, o la lucha contra el cambio climático.

Su capacidad de cambio está en su dimensión internacional, en su alta capacidad de decisión y en las posibilidades que tienen de llevar progreso tecnológico y laboral a los países receptores de su inversión.

Si estas empresas son capaces de incorporar el compromiso con la responsabilidad y la sostenibilidad que la sociedad demanda cada vez más a las corporaciones, podrán convertirse en motores de cambio.

Para conseguirlo, es necesario que tanto los consumidores finales como los gobiernos de los países desarrollados destinatarios de sus importaciones puedan monitorizar las cadenas globales de suministro de las multinacionales.

A nivel europeo, sería deseable prestar especial atención a las decisiones de aquellas economías fiscalmente laxas, que atraen a su territorio las sedes de cientos de filiales de multinacionales.(...)"                 (,     , The Conversation, 15/11/20)

12.12.19

La esclavitud de las aparadoras: cobran 0,60 por un par de sandalias que se venden por 800 euros en el mercado




"Las aparadoras surgieron en la época de los 60 para poder trabajar desde casa y poder cuidar a sus hijos, lo que trajo consigo deplorables condiciones laborales: sin contratos ni medidas de seguridad, no pueden cobrar ningún tipo de jubilación.

Andrea Ropero se ha trasladado hasta Elche, cuna del negocio del calzado, para conocer de primera mano las condiciones de estas trabajadoras. Las aparadoras dedican hasta 14 horas al día al calzado, no tienen derecho al paro, nadie responde por ellas en caso de accidente laboral y parecen tener la sensación de que si hablan nadie las va a escuchar.

En la localidad de La Romana, Ropero contacta con María Jesús, una aparadora cuyo taller de trabajo es un local debajo de su casa. Por cada par de calzado recibe 60 céntimos, mientras que las empresas lo pueden llegar a cobrar a 800 euros: "Todo son marcas muy conocidas".

María Jesús lleva 35 años trabajando sin contrato a pesar de haberlo pedido: "Me dijeron que no, que no se gana suficiente para hacer contrato", ha asegurado, incidiendo en que, en caso de conseguirlos, son contratos basura: "Ponen que cobras 600 y cobras 400. Todo es un engaño a lo bestia". 

María Jesús ha reconocido no saber para quién trabaja: "No conozco a los empresarios, no los he visto en mi vida. Son todo intermediarios; yo creo que no saben ni que la faena está aquí".

 Cada día entra por su puerta un intermediario a dejarle los materiales para, al final del día, recoger la faena. Después, al llegar la quincena, cobra. Al mes, si llega, puede ganar 600 euros. "Si te pones enferma no cobras, no tienes paro, no tienes paga, no tienes nada. Esto es así", ha asegurado la trabajadora, que ha insistido en que sólo pide "un salario normal con el que se pueda defender" y no hacer tantas horas para "poder estar con sus hijos". "Que se reconozca que estamos aquí, que nos den lo que nos pertenece, más no", ha espetado.

 Andrea Ropero recoge el testimonio de muchas más aparadoras, y la denuncia se repite: trabajar en casa, sin contrato, "por una miseria", y sin derecho a paga o pensión."               (La Sexta, 10/12/19)

4.3.19

Encarna y Laatra: la cara del desempleo tras años de trabajar en la sombra

"Encarna y Laatra no han podido tener vidas más diferentes. La primera es murciana, madre de tres hijos desde muy joven, dedicada al transporte, la administración, contabilidad. La segunda, es una argelina muy asturiana, con más años vividos en Gijón que en su país, dedicada a la venta de arte, exposiciones, galerías. Ningún hijo. Hasta aquí el pasado de diferencias.

“Hago todos los cursos que me dicen que tengo que hacer", asegura Encarna Bernal
En el presente es donde comienzan las coincidencias. Encarna Bernal Román (58) y Laatra Benchikh Elfegoun (52) están desempleadas desde hace más de un año. Ambas se han deprimido, han llorado mucho -también lo hacen mientras hablamos con ellas-, han luchado más -“la vida entera”, dicen las dos- y no se rinden. 

“Hago tooodos los cursos que me dicen que tengo que hacer. No tengo miedo a trabajar de lo que sea”, nos dice Encarna, con un tono entusiasta. “Llevo ya tres cursos y me estoy formando en un cuarto que me recomendaron. Haré lo que haga falta para trabajar de nuevo”, nos dice Laatra más seria.

Como un hilo conductor entre el pasado y el presente de estas mujeres hay un relato que se repite: una vida laboral dedicada a sus maridos. No nos referimos al cuidado de la casa, de su pareja, de los hijos -en el caso de Encarna-, que también. Hablamos de un currículum vitae hecho a la medida de sus parejas. Encarna en lo que llama “empresa familiar” que consistía en ayudar a su marido -un transportista autónomo-, a llevar las cuentas, organizar los transportes, y más de una vez a subirse a la camioneta y ponerse a repartir. 

En el caso de Laatra, ser la sombra de su esposo, un pintor asturiano -“bohemio y maravillosa persona”, dice emocionada-, por el que aprendió a ser marchand de arte, secretaria, representante ante galerías nacionales e internacionales.

Ambas han trabajado más de treinta años “en negro”, sin cotizar a la Seguridad Social, sin rastro de su esfuerzo. Y ambas se quedaron sin nada cuando ellos no pudieron trabajar más. El marido de Encarna tuvo un accidente que lo apartó para siempre de la furgoneta. En el caso de Laatra, su marido falleció después de una larga enfermedad.

 “Gasté todos mis ahorros en él, en sus cuidados durante todo ese tiempo en el que ya no podía pintar”, nos lo cuenta una mujer que hoy también es una víctima de la pobreza energética. “No puedo encender la calefacción ni media hora al día. Una cuenta de 20 euros es muchísimo para mí”, dice esta viuda de corazón grande y resquebrajado en pleno invierno asturiano.

Si miramos las estadísticas, Encarna y Laatra, forman parte de los dos colectivos más maltratados por el desempleo en España: el de las mujeres, y el de los parados de larga duración. En España hay 1,5 millones de parados de larga duración, , lo que se traduce en que más de un 44% de esta población se encuentra en una situación de desempleo que se prolonga desde hace doce meses o más, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Aquí las mujeres también son mayoría. Sus números no hacen más que aumentar. Si miramos al segundo trimestre de 2013, los hombres representaban el 53,1% de los parados de más de un año, ahora son las mujeres las que alcanzan el 53% mientras que los hombres no superan el 47%. Y al fijarnos en la edad, las personas de entre 45 y 59 años son las que representan el 57% de los desempleados de larga duración.

“Hay un riesgo alto de que estas personas que entran en el paro a partir de los 45 años no vuelvan a conseguir un trabajo nunca”, señala un informe de Funcas realizado por los economistas Marcel Jansen, J. Ignacio García-Pérez y Samuel Bentolila. Estos expertos advierten que el 40% de los parados de larga duración, seguirán en la misma situación doce meses después, y una vez pasado este tiempo, la posibilidad de seguir en el paro a los 24 meses es del 80%.

 

La batalla de la autoestima


Como una ficha de dominó las vidas de Encarna y Laatra se desmoronaron. Sin trabajo, con menos dinero, llegaron las enfermedades. La primera pasó un cáncer, a la segunda le quitaron un fibroma “gigante” que le dejó 75 centímetros de cicatriz en el cuerpo. 

 Ambas batallaron y salieron adelante, pero el día a día del rechazo, el “no tienes experiencia suficiente”, el “con vuestra edad no ofrecéis productividad”, o el “no estáis al día de las nuevas tecnologías” fue calando como esa gota que deja herida en la piedra.

“Me sentí abandonada por todo el mundo, como si nadie reconociera mis años trabajados, mi conocimiento, mi experiencia. Me había quedado en ser “la mujer de…”. Con tres hijos y tres nietos he tenido que empezar de cero”, nos dice Encarna.

 Ella, que hasta entonces siempre había estado de acá para allá, creando asociaciones de mujeres en la concejalía de Cultura de su pueblo, haciendo bolos con la Compañía de teatro “Talía". De repente la soledad le cayó como una losa: “Viviendo con mi marido ha sido cuando más sola me he sentido, que quede claro. Menos mal que mis hijos siempre han estado a mi lado”.

No es el caso de la argelina que durante meses vagaba por las calles de Gijón buscando al pintor con el que lo había compartido todo. “Sin trabajo, sin poder pagar las cuentas, salía de casa esperando encontrármelo, le buscaba por todos lados. Su muerte me devastó”. Un día de esos desnortados se dio de bruces con una de las sedes de Cruz Roja en Gijón. (...)

La técnico de empleo de Cruz Roja, Belén Barbosa, trabaja en Sevilla y nos cuenta que la fotografía allí también es la misma: “En nuestros cursos la mayoría son mujeres, mayores de 45 años a las que les ha sucedido algún problema familiar, algún acontecimiento que hace que tengan que entrar en el mercado laboral después de muchos años trabajando en casa o sin cotizar”.

 Ls casos de divorcio también son habituales: “Hay historias muy diferentes pero he visto muchas mujeres que se han pasado la vida cuidando de la familia, de sus parejas, o trabajando para ellos, y un día deciden divorciarse y enfrentarse de nuevo al mercado laboral. Llegan con muchas ganas y necesitan mucha ayuda”, nos dice Barbosa.

Ni Encarna ni Laatra han recibido ayudas, ni subsidios de ningún tipo. Toda una vida trabajando en la sombra que las deja excluidas de cualquier protección. Ni por enfermedad las escuchan. Encarna, además de haber pasado un cáncer de mama -“del que por mucho que te curas, uno ya no es el mismo”, quiere subrayar- tiene espondolitesis degenerativa, una enfermedad que la deja con una discapacidad del 33%.

 Pero ni por ésas: “Me dijeron que aunque tuviera 58 años y una discapacidad no me correspondía nada porque no había cotizado”.

Encarna se saca 216 euros al mes por hora y media al día que dedica a limpiar la tercera planta del Juzgado de su pueblo. Un empleo que le salió gracias a Cruz Roja, donde ha hecho todo tipo de cursos: “Haría hasta el de carretillera, porque no le tengo miedo a nada. Las mujeres somos más valientes y podemos hacer lo que queramos”. 

Son palabras de esta murciana que pese a pasarlo mal y soltar alguna lágrima, las ganas de sonreír y salir adelante pesan más. Sus nuevas amigas son las que ha ido haciendo en los diversos cursos por los que ha pasado: “Allí somos todas mujeres, mayoría absoluta”, y ríe más fuerte.

Laatra ha hecho cursos de lavado y planchado, de gericultura y consiguió trabajar durante una semana como limpiadora en una residencia de ancianos: “Hice una sustitución y gané 200 euros”. Cada noche de sábado se saca 30 euros cuidando de una anciana. Nos dice que las personas mayores le encantan, que hay que mimarlas y protegerlas, que todos vamos a ser mayores y que deberíamos ser más cariñosos con ellos, y con todas esas palabras, más lágrimas se le escapan.

 Se las seca y sin pretenderlo, se anuncia: “Soy buena trabajadora, tengo mucho amor que dar a los viejitos porque al final con amor todo se consigue. Lo que me falta es trabajar y sentirme útil”. Laatra vive de alguna ayuda que le mandan sus padres y hermanos desde Francia, y de bonos sociales puntuales que le ofrecen Cruz Roja o Cáritas.

-¿No ha pensado en volverse a Francia con su familia?- le preguntamos. 

-No. Yo ya me siento asturiana."                   (Agnese Marra, Público, 21/02/19)

24.5.18

Lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, es el trabajo informal, el trabajo precario. Una de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia...

"Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.  (...)

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.
La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.  (...)

En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

 Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. 

Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.
Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud.  

(...) la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.
Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. (...)"                       (Emir Sader, Jaque al neoliberalismo, 01/05/18)

15.2.17

La imagen idílica de trabajar en casa, sin jefe, a tu aire, rodeado de velas y cojines esconde la precariedad de falsos autónomos, freelance y trabajadores ocasionales igual que los trajes prestados en los Goya escondían las condiciones reales de los actores

"Unos días antes de la ceremonia de los Goya celebrada el domingo pasado se publicó un artículo que comentaba la precaria situación laboral de la mayoría de actores que, sin embargo, se pondrían sus mejores galas para asistir al evento. 

Esa precarización es común a muchos otros trabajos dentro del colectivo “artístico”, el caso de los escritores es un ejemplo que conozco de primera mano. A lo precario contribuye la tramposa definición de “autónomos”, los encargos irregulares y mal pagados, la inexistencia de una mínima seguridad (por no hablar ya de vacaciones o pagas extra), y todo esto sucede en el mejor de los supuestos, siempre que tengas un mínimo de trabajo y no caigas enfermo.

 No se trata aquí de elucubrar si el de actor, escritor, músico o ilustrador son trabajos necesarios o si podríamos prescindir de ellos. El caso es que requieren un tiempo y unos conocimientos, como cualquier trabajo.

Lo que llama la atención es cómo en el mundo del capitalismo neoliberal la precariedad se disfraza. El término “explotación” lo asociamos todavía a filas de obreros alineados y no a una persona sentada en el sofá de su casa con el ordenador sobre las rodillas.

 Ahora en lugar de monos de trabajo se llevan pijamas de moda, cómodos conjuntos para trabajar en casa que nos vende Oysho, Women Secret o H&M. Se puede trabajar horas y horas por un precio irrisorio e incluso hay quien lo hace gratis, pero gracias a la publicidad es incluso atractivo: disfrutas de una taza de café mientras te arropas con una manta.

En este contexto no resulta inocente el empeño que parecen tener últimamente los medios por señalarnos el placer de crear un entorno agradable al margen del mundo exterior, al margen de las circunstancias que nos rodean fuera del ámbito hogareño. Es el término de moda desde hace un tiempo, está ya por todas partes: Hygge. Es la palabra clave que alude al secreto de la felicidad danesa: unas velas, un confortable jersey de cachemir al calor de la chimenea mientras saboreas una copa de vino tinto.

Se insiste en que se trata de un placer al alcance de cualquiera, que no se trata de dinero, dicen. Los momentos felices no costarán nada, de acuerdo, pero ya de entrada necesitas una casa donde recrearlos, por no hablar de la calefacción, la luz, el gas y comida en la nevera. Me temo que encender una cerilla debajo de un puente con un brik de Don Simón no sirva para crear hygge. (...)

En nuestro país, con un panorama de paro endémico, trabajo precario y con el 28% de la población en riesgo de pobreza, a parte del hygge tendríamos que hablar más de la renta mínima, la renta básica o el trabajo garantizado. Son tres opciones y no creo que una excluya a la otra.

 Sin embargo en cuanto se plantea algo así, aunque sea lo más básico –el Congreso tramita ahora la proposición de ley para establecer una ayuda mínima de 426 euros para personas sin recursos– saltan las alarmas de todo el espectro político desde el PP y Ciudadanos (que votaron en contra) hasta ciertos sectores del PSOE.

Los peros a la renta básica universal por parte de la izquierda son muy atendibles, y tal vez la solución podría ser establecer una renta mínima con el ojo puesto en un futuro de empleo garantizado. Seguro que hay varias posibilidades y pueden no ser excluyentes, o ser consecutivas en el tiempo. Pero sobre todo para plantar cara a este problema primero hay que verlo, y después hay que tener espíritu constructivo y comunitario para darle solución.

“Es que mi mentalidad viene del sector privado”, dijo ante las preguntas de la fiscal Francisco Correa para justificar los sobornos y el dinero que se había llevado a Suiza sin declarar. Lo mismo podría decir Rato, de quien se supo esta semana que había escamoteado a la hacienda pública seis millones de euros, y cobrado 65.000 euros por conferencia. Hasta Montoro reconoció en el Congreso que en España había grandes empresas que tributaban cero, por no hablar de los fraudes fiscales de las grandes fortunas. (...)

La imagen idílica de trabajar en casa, sin jefe, a tu aire, rodeado de velas y cojines esconde la precariedad de falsos autónomos, freelance y trabajadores ocasionales igual que los trajes prestados en los Goya escondían las condiciones reales de los actores. El hygge puede ser al bienestar lo que el capital simbólico a un fajo de billetes: algo muy gratificante pero que por sí solo no basta para vivir. 

Y la trampa también puede ser la misma, convertir el asunto en un problema exclusivamente individual. La entrevista a la economista Miya Tokumitsu en la que advierte del peligro de enfocar el problema de los emprendedores apelando a la autosuperación en lugar de a la acción política es de lo más interesante que he leído esta semana, mientras me calentaba las manos con un té, en pijama, a las cuatro de la tarde.

En los países escandinavos llevan poniendo velas en sus civilizadas mesas socialdemócratas desde hace mucho tiempo, aquí hemos sido más de poner velas a los santos. (...)"             (Begoña Huertas, eldiario.es, 09/02/17)

2.12.13

Soluciones para la economía sumergida: menos cash y más tarjetas

"No es ninguna novedad que el debate sobre la expansión de la economía sumergida y el volumen del fraude fiscal resurja siempre en tiempos de crisis económica buscando justificaciones a los números rojos que no cuadran.

 En el pasado Congreso de Inspectores de Hacienda celebrado en Málaga el 18 de octubre mi compañero Domingo Carbajo definía la economía sumergida como uno de los tanto “agujeros” del sistema: agujeros que promueven el fraude fiscal.

Sin embargo, a la hora de definir “economía sumergida” y el “fraude fiscal”, estos fenómenos carecen de consenso doctrinal, metodológico y estadístico, existiendo una enorme variedad de definiciones y modelos de medición. Fraude fiscal y economía sumergida son dos fenómenos diferentes y con causas distintas, aunque relacionados entre sí y ambos crecientes por la crisis sistémica.

Existen diferentes métodos para evaluar la economía sumergida, tanto cualitativos como cuantitativos, sin que ninguno de ellos pueda considerarse exento de deficiencias para una estimación rigurosa. La metodología más en boga para estimar el volumen de economía sumergida es el análisis de la circulación monetaria.

 Su idea central es que, en la economía sumergida, las transacciones se realizan mediante pagos en efectivo. En el cómputo de la economía sumergida que se estima con estos métodos, se incluye no solo lo que podríamos denominar producción legal no declarada, sino también actividades financieras de todo tipo y ocultas que por ello se realizan en “cash”.

A través el estudio del “Tax Gap” buscamos una definición y método adecuado repasando una treintena de estimaciones de economía sumergida y llegamos a la conclusión de que, como media en los países europeos, cada punto porcentual de economía sumergida, reduce la recaudación fiscal 0,35 puntos. Esta metodología proporciona evaluaciones en Europa que no parecen reflejar el impacto de la crisis económica sobre la misma y la sitúan en el entorno del 18% del PIB, aunque en los países del Sur de Europa se aproxime al 25%, siendo España el país que ha experimentado un mayor crecimiento: el 6,3% anual desde 2003, hasta superar el 28% del PIB en el 2013.

 En cuanto al fraude fiscal, las estimaciones para España se mueven entre el 3% y el 8% del PIB, lo que se traduce en una pérdida de entre el 10% y el 25% de la recaudación fiscal.

De ahí la necesidad de que España busque medidas que ganen la batalla al cash (difícilmente controlable) e incentiven el uso de tarjetas, ya que el uso de tarjetas y otros medios electrónicos de pago reduciría la economía sumergida, elevaría el PIB y el empleo, modernizaría la economía, e iría en favor de la nueva economía del conocimiento basada en las ideas y en la optimización de recursos, utilizando la innovación para mejorar la calidad de vida de todos.

Para evitar que este mal endémico se extienda a toda Europa se debería reducir el uso del efectivo mediante la supresión, simultánea en toda la Eurozona, de la circulación de billetes de 200 y 500 euros.

 Además los legisladores europeos deberían estudiar con mayor profundidad los últimos proyectos de regulación europea de los medios de pago; proyectos estos, con medidas que pueden crear más problemas de los que intentan resolver ya que la experiencia previa en España de medidas similares ha sido negativa; recordemos que desde el 2006 se redujeron las tasas de intercambio de las tarjetas pero aumentaron en mayor proporción las comisiones bancarias. 

 El resultado ha sido un menor uso relativo de tarjetas y el mayor recurso tanto al efectivo como a los billetes de 500 y 200 euros, cuya proporción se ha elevado a pesar de la crisis en las cifras antes señaladas

Si esos proyectos de regulación salieran adelante, se podría reproducir la experiencia previa en España, de resultado negativo: un menor uso relativo de tarjetas y el mayor recurso al efectivo. Medidas poco apropiadas para hacer frente a los agujeros de la crisis: la economía sumergida y el fraude fiscal."            (Roostergnn, 29/11/2013)

30.4.12

El tamaño de la economía sumergida es de 240.000 millones de euros, un 22,5% de su actividad total. La recaudación perdida ascendería hasta los 72.000 millones de euros

"Mientras en España cuestionamos la utilidad de la “amnistía fiscal” aprobada por el gobierno, el instituto Tax Research de Reino Unido ha elaborado un informe llamado Closing The European Tax Gap donde pone encima de la mesa las escalofriantes cifras que la economía sumergida mueve tanto en España como en el resto de la Unión Europea.

Según señalan la recaudación impositiva que la Unión Europea pierde por la economía sumergida asciende a 865.000 millones de euros al año, lo que equivale a un 17,6% del gasto publico. A esta cifra habría que añadirle los 150.000 millones correspondientes a la evasión fiscal de las empresas.

En el caso de España, el tamaño de la economía sumergida es de 240.000 millones de euros, un 22,5% de su actividad total. Esto supone que la recaudación perdida por estas operaciones que se escapan del control de Hacienda ascendería hasta los 72.000 millones de euros. Sin duda, una cantidad nada despreciable que serviría para paralizar los recortes que se avecinan en las áreas de Sanidad y Educación.

Resulta curioso que no exista a nivel europeo una preocupación real por este asunto y que no se pongan encima de la mesa un agresivo paquete de medidas encaminadas a solucionar de una vez por todas este problema fiscal. Las cifras son brutales y las medidas para acabar con ellas generarían confianza en la sociedad."            (El blog salmón, 18/04/2012)

22.4.12

Las prostitutas del Raval se organizan en cooperativas para ahorrar

"España es uno de esos países donde la cultura del seguro no ha calado... Pero las necesidades y riesgos siguen ahí. ¿Un ejemplo? Comprobad como las prostitutas del Raval montan su propia mutua.
 
En esencia, organizadas en grupos de 10 llamados Cuadros, cada una de ellas aporta 20 euros diarios. Los 1400 euros recaudados semanalmente son repartidos por orden de lista, pero éste puede ser variado en función de algún tipo de necesidad urgente, perentoria, corriendo el turno. 
Es posible tener más de un puesto en la lista si la aportación también se multiplica. 

Evidentemente, cabe pensar que si ahorrasen individualmente esas cantidades, el resultado sería el mismo. 
Pero también podemos valorar que haya una mala semana, una urgencia vital, y ese fondo de reserva se necesite antes de que se haya constituido.

Indudablemente que el sistema se puede prestar a abusos, por ejemplo de aquellas que siempre tiene algún tipo de urgencia, real o no. 
En este sentido, entiendo que el riesgo se mitiga dados los vínculos de solidaridad y conocimiento entre las participantes del mismo. 

Digamos que esos lazos funcionan de un modo similar a los de determinadas experiencias de microcréditos (no es lo mismo timar a una aseguradora, que timar a las compañeras con las que compartes acera).

Creo que es un caso claro de que hay mucho que hacer en relación con los llamados microseguros. A diferencia de alguno de los planteamientos que observo, no se trata de potenciar una suerte de seguros de bajo coste, ni tampoco de habilitar una suerte de canales de distribución alternativos. 

Se trata de hallar nuevos mecanismos (por ejemplo esos lazos de solidaridad de los que hablábamos) que faciliten la incorporación de esas caps de población a algún tipo de cobertura, asegurando la viabilidad financiera de la misma."    (El blog salmón, 13/04/2012)

"Un grupo de prostitutas que trabajan en las calles del barrio del Raval se han organizado en cooperativas de ahorro comunitario que han denominado El Cuadro y que les sirve para garantizarse un dinero seguro cada cierto periodo de tiempo.

La psicóloga social y miembro de LICIT (Línea de Investigación y Cooperación con las Inmigrantes Trabajadoras Sexuales), Diana Zapata, ha documentado durante los últimos años esta práctica de ahorro que las mujeres realizan de forma responsable y discreta en un trabajo de campo que presentó en el último congreso de Femigra (Feminismo y Migración) de Barcelona. 

"Este sistema de ahorro y reparto monetario les permite disponer de una fuente de ingresos adicional al trabajo", ha explicado a Efe Diana Zapata, que resalta que esta iniciativa "ha nacido del propio grupo de mujeres sin ninguna mediación institucional".

Las trabajadoras sexuales del Raval consumen, gastan y envían dinero a sus países, tienen necesidades familiares, padres e hijos a los que cuidar, mantener y educar y por esas necesidades "han diseñado El Cuadro como estrategia de supervivencia y como forma de resistencia a las múltiples violencias, entre ellas la policial".

 El Cuadro consiste en reunir a un grupo de diez mujeres, amigas y responsables, que se comprometen a pagar 20 euros diarios al grupo durante una semana y las diez mujeres se numeran del 1 al 10. 

Una de ellas se encarga de recoger el dinero, que sumará 1.400 euros en una semana con lo aportado por las diez mujeres, y el montante total se lo entregará a la mujer que figura en el número 1. Cuando esta cobra el ahorro acumulado por todas, pasa a ser la número 10 y se inicia la rueda.

"Esta rueda es flexible puesto que si una de ellas tiene una necesidad o un imprevisto se salta el turno y cobra la primera", ha explicado Zapata, que ha resaltado la gran complicidad, amistad y solidaridad que hay entre las trabajadoras sexuales del Raval. 

"Prima la organización, la confianza y la cultura del ahorro y es un método muy práctico para anticiparse a la fragilidad de la economía sumergida", ha destacado la psicóloga, que ha denunciado el "fuerte rechazo social y la represión policial y política que sufren las trabajadoras del sexo".

El Cuadro se ha consolidado en varias calles del Raval, aunque son las mujeres que trabajan en la calle de Robadors las que más experiencia tienen en este sistema de ahorro comunitario, bien alejado del profundo estigma social que soportan las prostitutas, de las que se silencia el resto de facetas de sus vidas.

 En El Cuadro -hay varios grupos de 10 mujeres cada uno- participan básicamente mujeres españolas, sudamericanas, rumanas y marroquíes con un elevado grado de complicidad y responsabilidad. 

D., una prostituta brasileña que trabaja en el Raval desde hace 10 años, ha dicho que El Cuadro lo inició una ecuatoriana que lo exportó de su país."          (La Vanguardia, 09/04/2012)

1.6.11

El dinero que se escapa al control del Fisco se cuadruplicó durante el 'boom' inmobiliario

"La economía sumergida existe, pero no aparece en las estadísticas oficiales. Así, a la espera de que el INE, obligado por la UE, publique una aproximación del dinero B que se mueve en España a partir del próximo año, existen varios análisis que tratan de calcular cuál es su volumen.

Entre ellos, la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) recurre a indicadores sobre el consumo de energía, el uso de capitales y el conocido como MIMIC (Multiple Indicator and Multiple Causes) para llegar a la misma conclusión: la economía sumergida en España representa hasta el 23,7% del PIB entre 2005 y 2008 según las proyecciones más altas recogidas en el informe de Funcas. (...)

Independientemente de la cifra, el estudio constata el fuerte crecimiento de la economía sumergida, que ha pasado de un 12,5% del PIB hasta 1985 a superar el 20% a partir del 2000 al calor del fuerte crecimiento de la economía española vinculado al boom inmobiliario. Este análisis lleva a sus autores a afirmar que "economía sumergida y bonanza económica son perfectamente compatibles". (...)

Por su culpa, las arcas del Estado dejaron de ingresar en la pasada década hasta 32.000 millones de euros, lo que equivale al 5,6% del PIB oficial y, por aquello de comparar, casi el mismo porcentaje de déficit con el que el Gobierno espera cerrar este 2011. (...)

Junto al volumen, el estudio también afirma que hasta 1984 trabajaron en la economía sumergida 1,4 millones de personas. Entre 2006 y 2008, sin embargo, esta cifra se disparó a 4 millones de personas" (El País, 01/06/2011)

3.3.11

La economía sumergida representa el 17% del PIB, según Funcas

"La economía sumergida en España supone entorno al 17% del PIB, según un estudio de los profesores de la Universidad Rey Juan Carlos, María Arrazola, José de Hevia, Ignacio Mauleón y Raúl Sánchez publicado en el último Cuadernos de Información Económica de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).(...)

En términos de recaudación fiscal, el estudio pone de manifiesto que la economía sumergida genera una merma de ingresos fiscales, que estiman en el periodo 1989-2008 entre 30.845 y 32.735 millones de euros anuales de media al año, lo que supone entre el 5,4% y el 5,6% del PIB oficial.

Además, los autores indican que en el caso de que estuvieran todas las actividades económicas sometidas a fiscalidad y asumiendo que la recaudación fiscal observada no variara, la presión fiscal bajaría de media entre 4,5 y 4,8 puntos porcentuales.

En cuanto al efecto en el empleo, sea cual sea el procedimiento de estimación de la economía sumergida que se utilice, el empleo sumergido estimado ha crecido desde 1980, pasando de alrededor de 1,4 millones a más de 4 millones al final de la muestra." (El País, 03/03/2011)

3.9.10

Cómo aflorar un millón de empleos

"En este sentido, los servicios a la persona (SAP), un sector de actividad omnipresente en el devenir diario de la totalidad de los hogares de nuestro país, tienen un potencial de creación de hasta un millón de puestos de trabajo regulados que en la actualidad se están prestando en su inmensa mayoría desde la economía sumergida.

Resultaría arrogante asegurar que todo ese potencial se pueda capitalizar de la noche a la mañana y de forma sencilla, pero sí me atrevo a afirmar que un correcto desarrollo del sector de los SAP no resultaría muy complicado y permitiría la creación de al menos 700.000 puestos de trabajo regulados en España antes de que finalice 2013 y a un coste cero para las arcas del Estado. (...)

Encuadran tres grupos básicos: los servicios a la familia, donde están incluidas actividades tales como el cuidado de niños y mayores, las clases particulares a domicilio o la asistencia informática en el domicilio; los servicios para la calidad de vida y la salud, referidos a los cuidados no prestados por el sector público a convalecientes, discapacitados o dependientes, entre otros; o los servicios de asistencia al hogar, que consisten en el apoyo en tareas domésticas y las pequeñas reparaciones o adaptaciones del hogar. (...)

Para que el sector se desarrolle plenamente es necesario que la Administración tome medidas. En mi opinión, el primer paso es la creación de una Agencia Nacional de Servicios a la Persona que cuente con al apoyo de todas las fuerzas políticas y sociales y cuyo objetivo primordial sea la promoción de la distribución de los servicios a la persona en cualquier lugar de España, permitiendo el desarrollo de un nuevo sector empresarial de creación intensiva de empleo no deslocalizable.

Se encargará, además, de promover una modificación especial de la normativa laboral y fiscal del sector que permita mejorar las condiciones generales de los asalariados y su formación. Esta agencia tiene que delimitar el listado de actividades específicas a incluir como servicios a la persona e implantar un mecanismo de acreditación nacional de empresas prestatarias que garantice la cobertura geográfica y de calidad de los servicios. (...)

Entre otras, será necesario la aplicación de un IVA muy reducido para las actividades del sector, la incorporación de deducciones en el IRPF para los particulares que contraten de forma regulada estos servicios, la disminución de cotizaciones sociales para los empleadores del sector y deducciones en el impuesto de sociedades para aquellas empresas que aporten a sus empleados estos servicios como medio de conciliación laboral. (...)

Todas estas medidas tienen que ir acompañadas de sistemas de pago transparentes de los servicios que incorporen automáticamente todas las retenciones fiscales correspondientes y permitan a la Administración mantener el control sobre la actividad realizada. (...)

En Francia se percataron hace cinco años de los beneficios que les reportaría el desarrollo del sector y, mediante la aprobación de la denominada Ley Borloo, en 2005, decidieron apostar por un desarrollo regulado de los servicios a la persona que les permitió crear medio millón de nuevos puestos de trabajo estables y de calidad en los primeros tres años de aplicación de la ley.

Allí comenzaron con un número reducido de actividades reguladas como servicios a la persona, tales como el cuidado de los niños y dependientes, los servicios de limpieza a domicilio o las clases particulares. Tras constatar el éxito y la viabilidad de las medidas adoptadas, han ido incrementando el catálogo, incluyendo otros servicios como el cuidado de jardines, la asistencia informática a particulares o el servicio de peluquería en el domicilio." (Javier Benavente Barrón: Cómo aflorar un millón de empleos. el País, Negocios, 08/08/2010, p. 15)

23.2.10

Si Francia está así ¡cómo estaremos nosotros!

"Cansada y en tensión: éste es el diagnóstico de la sociedad francesa planteado por el mediador de la República (la institución cuya misión es mejorar las relaciones entre la administración y el ciudadano), en el informe anual que presentará el martes 23 de febrero al presidente de la República y al Parlamento. "Percibo una sociedad fragmentada, en la que el individualismo sustituye a las ganas de vivir en conjunto", se alarma Jean-Paul Delevoye en una conversación en Le Monde. Estima que "para alrededor de 15 millones de personas, llegar a final de mes es cuestión de 50 o 150 euros (…)" y afirma que se siente "impresionado por la coexistencia de dos tipos de sociedades: una oficial y otra más subterránea, que vive de ayudas, del trabajo en negro y de redes". Se señala al Estado y a los responsables políticos y se estima que son en gran medida responsables de esta situación: "Entre el ciudadano y el Estado se ha creado un abismo. A las personas que acuden a nosotros no se les ha escuchado o se les ha asesorado incorrectamente. Se sienten superadas por leyes demasiado complejas y cambiantes''. (Presseurop, Febrero 22 2010, citando a Le Monde, 22 de febrero de 2010)