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23.11.25

China: España no es Hungría... la visita de Estado de los Reyes de España a China ha sido un éxito diplomático... Algunas voces críticas denunciaron un supuesto distanciamiento del consenso comunitario y situaron a España, como país “amigo” de China, en la misma categoría que Hungría, presentando a ambos como caballos de Troya de Beijing en Europa. El paralelismo es cómodo, pero falso... España quiere mejorar comercio e inversiones chinas, pero desde la lógica de reforzar su papel como interlocutor europeo ante China... España no desborda el consenso europeo, como Hungría, trabaja dentro de él... España no aspira a ser socio estratégico de China: aspira a ser un mediador razonable. Beijing la aprecia, pero no la considera actor clave ni aliado ideológico... Beijing clasifica a sus socios europeos con precisión quirúrgica. Hungría ocupa el puesto de socio político preferente dentro de la UE. España entra en otra categoría: no es aliada política, pero sí socio respetable, predecible y con peso institucional. Beijing valora su diplomacia poco ideológica y su estilo dialogante... La paradoja es que tanto en Beijing como en Bruselas se aprecia a España por su prudencia. Y, en la escena europea, lograr reconocimiento en ambos extremos del tablero no es precisamente fácil (Xulio Ríos)

 "Como era previsible, la visita de Estado de los Reyes de España a China, realizada al abrigo del vigésimo aniversario de la asociación estratégica integral, ha sido un éxito diplomático. Algunas voces críticas denunciaron un supuesto distanciamiento del consenso comunitario y situaron a España, como país “amigo” de China, en la misma categoría que Hungría, presentando a ambos como caballos de Troya de Beijing en Europa. El paralelismo es cómodo, pero falso: no solo hay matices, sino modelos de relación claramente distintos. No están en el mismo saco.

En China, ser “amigo” significa, ante todo, ser “cooperativo”. Hungría es el ejemplo clásico de país de la UE que ha apostado fuerte por China: desde 2017 mantiene una “asociación estratégica global”, aspira a ser la puerta china en Europa Central y absorbe una cuota notable de la inversión china en la región. Además, respalda sin reservas proyectos emblemáticos como la Nueva Ruta de la Seda, una postura poco habitual en el bloque comunitario.

España, por su parte, quiere mejorar comercio e inversiones, sí, pero desde otra lógica: la de reforzar su papel como interlocutor europeo ante China. Madrid busca un equilibrio entre la relación bilateral y la lealtad al marco comunitario. Esa voluntad de diálogo no equivale a una alianza estratégica al estilo húngaro. España no desborda el consenso europeo; trabaja dentro de él.

Hungría se aproxima a China desde un eje político-estratégico que desafía abiertamente a Bruselas. Orbán ve en Beijing un socio afín tanto en su modelo económico como en su estilo de gobierno. En su pulso permanente con la UE, China funciona como contrapeso y como escaparate. Eso se traduce en inversiones de alto perfil —fábricas de baterías de CATL, plantas de vehículos eléctricos de BYD— y en gestos políticos, como el bloqueo de declaraciones europeas críticas con Beijing.

España, en cambio, se mueve en un registro económico-diplomático: pragmatismo comercial, cautela política y fidelidad al marco europeo. No cuestiona la política común hacia China, sino que intenta hacerla útil. Busca mantener y ampliar exportaciones —porcino, vino, automoción— y atraer inversión, pero sin renunciar a la defensa de los valores europeos, la seguridad tecnológica o la posición sobre Ucrania. España no aspira a ser socio estratégico de China: aspira a ser un mediador razonable. Beijing la aprecia, pero no la considera actor clave ni aliado ideológico. Hungría corteja a China; España la gestiona.

Las diferencias son nítidas ante la presión de Estados Unidos. Orbán usa su cercanía a China (y a Rusia) como reivindicación de una autonomía política de la que presume sin complejos. Su “apertura al Este” es parte de su relato identitario, tanto económico como anti-liberal.

 España, atlantista y alineada con Washington, actúa en otro registro: refuerza el comercio con China, pero evita gestos políticos que incomoden a la Casa Blanca. Repite el léxico comunitario —“socio, competidor y rival sistémico”— y se adhiere a la estrategia de de-risking, no de ruptura. Para EE.UU., España sigue siendo un socio fiable; para China, un interlocutor sensato. España administra la presión; Hungría la desafía.

Cómo los ve China

Beijing clasifica a sus socios europeos con precisión quirúrgica. Hungría ocupa el puesto de socio político preferente dentro de la UE, con una “asociación estratégica integral de largo plazo”. Para China, Budapest es el ejemplo de que “no todos los europeos siguen el guión de Washington”. Es útil como elemento disruptivo, aunque insuficiente para alterar la política del bloque.

España entra en otra categoría: no es aliada política, pero sí socio respetable, predecible y con peso institucional. Beijing valora su diplomacia poco ideológica y su estilo dialogante. La relación, definida también como “asociación estratégica integral”, destaca por su estabilidad. China sabe que España no romperá filas ni con la UE ni con EEUU, pero la trata como un interlocutor de nivel en el espacio occidental. Útil, pero no disponible.

Bruselas, un árbitro atento

La UE no tiene una postura binaria hacia China, sino un marco de cautela estratégica que prioriza la unidad del bloque. Desde esa perspectiva, las diferencias entre España y Hungría resultan aún más evidentes. Hungría es vista como un factor de riesgo para la cohesión europea; sus decisiones sobre China suelen interpretarse como aperturas unilaterales que erosionan la política común.

España, en cambio, actúa como socio responsable que defiende el consenso europeo sin renunciar a sus intereses comerciales. Participa en la revisión de riesgos tecnológicos, apoya la línea común y mantiene la prudencia política mientras refuerza la presencia económica de sus empresas en China.

En Bruselas, España es un ejemplo de “apertura con límites”: una vía para negociar con China sin poner en riesgo la unidad europea. Funciona como puente en sectores como el agroalimentario o el turístico, y sus iniciativas bilaterales reciben respaldo siempre que encajen en el marco común.

La paradoja es que tanto en Beijing como en Bruselas se aprecia a España por su prudencia. Y, en la escena europea, lograr reconocimiento en ambos extremos del tablero no es precisamente fácil." 

(Xulio Ríos , Observatorio Política China, 20/11/25) 

10.11.25

El reactor de torio de China... La apuesta de China podría alimentar tanto sus ambiciones en el Ártico como en la inteligencia artificial, fusionando la seguridad energética, la soberanía tecnológica y las aspiraciones de gran potencia... China ha presentado el primer reactor de sal fundida alimentado por torio (TMSR) del mundo para impulsar un barco de carga de 14,000 contenedores, marcando una posible revolución en la propulsión marítima nuclear y la seguridad energética... China podría estar considerando la energía nuclear de torio como una solución para sus crecientes necesidades energéticas de la IA (Gabriel Honrada)

 "El salto de China impulsado por el torio podría alimentar tanto sus ambiciones en el Ártico como en la inteligencia artificial, fusionando la seguridad energética, la soberanía tecnológica y las aspiraciones de gran potencia.

Este mes, múltiples medios de comunicación informaron que China ha presentado el primer reactor de sal fundida alimentado por torio (TMSR) del mundo para impulsar un barco de carga de 14,000 contenedores, marcando una posible revolución en la propulsión marítima nuclear y la seguridad energética.

El Instituto de Física Aplicada de Shanghái anunció que su reactor experimental de dos megavatios en la provincia de Gansu logró la primera conversión de combustible de torio a uranio, demostrando la viabilidad de usar torio — un elemento más seguro, más abundante y sin riesgo de proliferación — en sistemas de sales fundidas.

Mientras tanto, Hu Keyi de Jiangnan Shipbuilding reveló que el próximo barco propulsado por torio utilizará un reactor de 200 megavatios que impulsa un generador de ciclo Brayton de CO₂ supercrítico para producir 50 megavatios de electricidad, suficiente para años de operación continua sin necesidad de reabastecimiento.

El reactor modular sellado opera a presión atmosférica, eliminando el riesgo de explosiones, e incorpora sistemas de seguridad pasivos que previenen fusiones al solidificar el combustible fundido en situaciones de emergencia.

Con eficiencias de conversión del 45-50%, el proyecto de torio de China podría liberarlo de la dependencia del uranio importado — más del 80% de su suministro — y aprovechar vastas reservas nacionales de torio en Mongolia Interior.

Planificado en tres etapas hasta 2035, el programa de torio de China tiene como objetivo escalar desde plantas experimentales hasta plantas de demostración de 100 megavatios, consolidando su liderazgo en la tecnología nuclear de cuarta generación.

Más allá de los buques de carga y la propulsión naval, la tecnología de reactores de torio de China podría impulsar rompehielos de propulsión nuclear, esenciales para sus crecientes intereses en la región ártica.

En un libro blanco de enero de 2018, China se describe a sí misma como un estado "cercano al Ártico" mientras expone sus intereses en la región. Notablemente, el documento menciona una "Ruta de la Seda Polar (PSR)", que extiende la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) a la región.

El artículo menciona que China tiene como objetivo desarrollar las rutas de navegación del noreste, noroeste y centro del Ártico en un "pasaje económico azul" que conecte Europa y China a través del Océano Ártico.

De acuerdo con esos intereses, el portavoz estatal China Military Online mencionó en un artículo de julio de 2018 que las ambiciones de China en el Ártico requieren un rompehielos de propulsión nuclear para cumplirse, una clase de barcos que solo opera Rusia. Afirma que un rompehielos de propulsión nuclear puede atravesar el hielo grueso, viajar a áreas inexploradas y operar de manera independiente.

Evaluando las capacidades de los rompehielos de propulsión nuclear, el Capitán Lawson Brigham afirma en un artículo de Proceedings de mayo de 2022 que los rompehielos de propulsión nuclear de la clase Arktika de Rusia están impulsados por dos reactores de agua ligera RITM-200, lo que permite a los barcos de 33,530 toneladas de peso muerto romper 9 pies de hielo marino nivelado a una velocidad continua de 1.5 a 2 nudos.

Aunque China podría beneficiarse de tener barcos similares, Monty Khanna menciona en un informe de marzo de 2025 para la Fundación de Investigación Observer (ORF) que su rompehielos de propulsión nuclear sigue siendo especulativo.

Mientras Khanna recuerda una licitación de 2018 emitida por un consorcio liderado por la Corporación Nacional de Energía Nuclear de China (CNNC) para consultoría técnica sobre un "proyecto de demostración de rompehielos y barco de soporte integral propulsado por energía nuclear," enfatiza que no hay evidencia posterior que confirme la construcción o el despliegue.

Sin embargo, Khanna cree que el proyecto de rompehielos de propulsión nuclear de China ha sido silenciosamente archivado en favor de rompehielos convencionales y pesados. Una posible razón podría ser que Rusia se negó a compartir tecnología crítica con un posible competidor en el Ártico.

No obstante, Erhem Lamazhapov menciona en un artículo de octubre de 2025 en la revista revisada por pares British Journal of Politics and International Relations que el proyecto de rompehielos de propulsión nuclear de China está impulsado por la ambición como una práctica de búsqueda de estatus más que por una necesidad puramente operativa.

Lamazhapov señala que el discurso de China eleva los rompehielos como un consumo ostentoso, señalando la autosuficiencia tecnológica y la paridad con pares de grandes potencias como Estados Unidos y Rusia.

Además de propulsar barcos, la tecnología de reactores de torio de China podría impulsar sus ambiciones en inteligencia artificial, aprovechando el principio de "la cantidad como cualidad propia".

En agosto de 2025, el Financial Times (FT) informó que China busca triplicar su producción total de procesadores de IA el próximo año, con una planta de fabricación que produce procesadores de IA de Huawei programada para comenzar la producción a finales de año, y otras dos plantas que se lanzarán el próximo año. FT señala que el 910D de Huawei, junto con el 690 de Cambricon, es el hardware preferido para su modelo de IA DeepSeek.

El informe indica que la capacidad combinada de estas tres plantas podría superar la producción de Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC), que produce chips de 7 nanómetros, el tipo más avanzado de producción masiva en China. En contraste, Taiwan Semiconductor Manufacturing Corporation (TSMC) está produciendo en masa chips de 3 nanómetros, con investigaciones en curso sobre chips de 2 nanómetros.

Además, Reuters informó este mes que el gobierno chino ha emitido directrices que requieren que los nuevos centros de datos que hayan recibido fondos estatales utilicen únicamente chips fabricados en el país. Reuters dice que la medida subraya los esfuerzos de China por eliminar la tecnología extranjera de la infraestructura crítica, en medio de riesgos de seguridad de puerta trasera y restricciones de exportación de Estados Unidos sobre los chips avanzados de Nvidia.

El auge de la IA en China – habiendo construido más de 500 centros de datos en 2023 y 2024, según lo declarado por Caiwen Chen en un artículo de MIT Technology Review de marzo de 2025 y alcanzando 246 exaflops en junio de 2024 – lo coloca solo por detrás de Estados Unidos, según informó el South China Morning Post (SCMP) en agosto de 2025. Ese crecimiento masivo puede requerir 30 gigavatios adicionales de electricidad este año, según pronostica Goldman Sachs.

China podría estar considerando la energía nuclear como una solución para sus crecientes necesidades energéticas de la IA. Datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) muestran que en 2025, China tenía 57 plantas nucleares en operación, con 29 en construcción – aunque produciendo solo el 4% de sus necesidades energéticas totales – con los combustibles fósiles generando más de la mitad de la producción de energía de China.

Aun así, al consolidar la computación de IA a gran escala dentro de sus fronteras y vincularla a la abundante energía nuclear doméstica con un ciclo de combustible cerrado, China reduce su vulnerabilidad a los controles de exportación y las sanciones extranjeras. A largo plazo, incluso si los chips de China están una generación detrás de los de EE. UU., la combinación de muchos chips más energía barata puede mantener sus capacidades de IA competitivas.

El programa de reactores de torio de China marca una apuesta calculada para asegurar la independencia energética a largo plazo y la resiliencia tecnológica. Al vincular la energía alimentada por torio con su acceso al Ártico y la infraestructura de IA, China busca aislar los sistemas críticos de los choques de suministro, las sanciones y los cuellos de botella energéticos.

El movimiento refleja una estrategia pragmática para compensar las limitaciones en la fabricación avanzada de chips y el alcance marítimo mediante una capacidad nuclear autosuficiente. Sin embargo, si el torio puede escalar de manera confiable desde el éxito en el laboratorio hasta el uso comercial sigue siendo incierto, dejando la ambición de China de fusionar energía, tecnología y estrategia equilibrada entre la innovación genuina y la aspiración impulsada políticamente." 

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7.10.25

Los mayores y más trascendentales errores de juicio, incluidos los nuestros, provienen de sesgos cognitivos. El peor de todos es el sesgo de confirmación, o el pensamiento ilusorio. Otro es el sesgo del modelo. En ninguna parte su impacto es más pertinente que en el mundo de la macroeconomía... En el mundo del Consenso de Washington los déficits o superávits de la cuenta corriente no importaban. No hay desventajas en el libre comercio y no hay necesidad de compensar a los perdedores porque no los había... Tuvimos la ocasión en una conferencia internacional de contrastar a los macroeconomistas occidentales con sus contrapartes orientales. Si no fuera por Donald Trump, el discurso occidental sería prácticamente el mismo que habría sido hace veinte años... dos autores de China y un colega de EE. UU. descargaron 3 millones de documentos de múltiples niveles de gobierno en China - central, provincial y municipal - para catalogar políticas industriales. Usaron un modelo de IA para clasificar y extraer la información. Esta es la dirección hacia la que va la investigación moderna... nos dejó tristes un macroeconomista occidental muy respetado que parecía no saber explicar lo que está sucediendo, y que expresó su más profundo pesar por las políticas arancelarias de Trump, y que suplicó a los colegas asiáticos que no tiraran por la borda el orden multilateral a causa de Trump... Un economista asiático respondió diciendo que la OMC es disfuncional más allá de toda reparación. Quieren crear sus propias instituciones. Así es como la fragmentación se propaga a través de un sistema roto... No estamos afirmando que todos estos nuevos enfoques sean dignos de elogio aquí, ni que todos los modos de nuevo pensamiento tengan éxito. Muchos fracasarán. Pero tienen una ventaja específica. Hasta ahora, no sufren del mismo grado de sesgo de confirmación y de modelo que ha afectado a la macroeconomía convencional, que todavía se aferra a un mundo de un sistema de comercio multilateral, un mundo que nos está dejando (Eurointelligence)

 "Cuando el pasado no se deja atrás

Una de las experiencias que hemos tenido durante una vida de comentarios políticos y económicos es que los mayores y más trascendentales errores de juicio, incluidos los nuestros, provienen de sesgos cognitivos. El peor de todos es el sesgo de confirmación, o el pensamiento ilusorio. Otro es el sesgo del modelo. En ninguna parte su impacto es más pertinente que en el mundo de la macroeconomía. Es lo que nos dio el consenso de Washington que favorece el sistema comercial global multilateral y la libre movilidad de capital y mano de obra entre países. En ese mundo, los déficits o superávits de la cuenta corriente no importaban. No hay desventajas en el libre comercio y no hay necesidad de compensar a los perdedores porque no los había.

Tuvimos la ocasión en una conferencia internacional durante el fin de semana de contrastar a los macroeconomistas occidentales con sus contrapartes orientales. Si no fuera por Donald Trump, el discurso occidental sería prácticamente el mismo que habría sido hace veinte años. El discurso asiático, en cambio, se está volviendo más orientado hacia la tecnología y los datos. En un estudio citado en la conferencia, dos autores de China y un colega de EE. UU. descargaron 3 millones de documentos de múltiples niveles de gobierno en China - central, provincial y municipal - para catalogar políticas industriales. Usaron un modelo de IA para clasificar y extraer la información. Esta es la dirección hacia la que va la investigación moderna. Todavía hay lugar para la teoría en este mundo, pero una en la que la teoría se esfuerza más por entender el mundo tal como es, no como debería ser. En una discusión sobre criptomonedas, notamos una negación generalizada entre los macroeconomistas presentes. Puedes identificar a un economista en declive cuando te dice durante 17 años que las criptomonedas son una burbuja.

Otro ejemplo, que nos dejó tristes, fue el de un macroeconomista occidental muy respetado que parecía no saber explicar lo que está sucediendo, y que expresó su más profundo pesar por las políticas arancelarias de la administración Trump. El economista suplicó a los colegas asiáticos presentes que no tiraran por la borda el orden multilateral a causa de Donald Trump. Un economista asiático respondió diciendo que la OMC no era un buen modelo para organizar el comercio intraasiático, si no fuera porque es disfuncional más allá de toda reparación. Quieren crear sus propias instituciones. Así es como la fragmentación se propaga a través de un sistema roto.

No estamos afirmando que todos estos nuevos enfoques sean dignos de elogio aquí, ni que todos los modos de nuevo pensamiento tengan éxito. Muchos fracasarán. Pero tienen una ventaja específica. Hasta ahora, no sufren del mismo grado de sesgo de confirmación y de modelo que ha afectado a la macroeconomía convencional. Deberían practicar lo que predican y dejar el pasado atrás. En cambio, todavía se aferran a un mundo de un sistema de comercio multilateral, un mundo que nos está dejando."  

(Eurointelligence, 06/10/25, traducción Quillbot)

29.9.25

¿China imperialista? Las principales economías periféricas (incluida China) están transfiriendo miles de millones en valor al Norte imperialista a través de estas vías de comercio y flujos de capital, aunque es cierto que el fenomenal auge de China como potencia manufacturera ha reducido cada vez más e incluso revertido sus pérdidas de valor en el comercio con el Norte Global. Pero, como ha demostrado un estudio, el cambio de China de perdedor neto a ganador neto en el comercio internacional se debió casi en su totalidad a las elevadas inversiones y los avances tecnológicos, es decir, a una composición de capital en aumento. Por lo tanto, mi conclusión fue que China aún no encajaba en el perfil de una economía imperialista (Michael Roberts)

 "La conferencia de 2025 de la Iniciativa Internacional para la Promoción de la Economía Política (IIPPE) acaba de celebrarse en Ankara, Turquía. La IIPPE se fundó en 2006 con el objetivo de «desarrollar y promover la economía política en sí misma, pero también a través de un compromiso crítico y constructivo con la economía dominante, las alternativas heterodoxas, la interdisciplinariedad y el activismo entendido en sentido amplio, desde la formulación de políticas progresistas hasta el apoyo a movimientos progresistas». La intención de la IIPPE «es desarrollar y promover la economía política, especialmente, pero no exclusivamente, la economía política marxista».

No pude asistir a la conferencia en Ankara, pero participé en algunas sesiones en línea organizadas por el Grupo de Trabajo sobre China del IIPPE y presenté una ponencia en una de ellas. Sin embargo, también pude obtener algunos de los documentos presentados por los participantes en la conferencia principal. Por lo tanto, puedo dar mi opinión sobre algunos de los documentos presentados.

El tema principal de la conferencia de este año fue «Inmigración: crisis del sistema capitalista mundial, crisis para el sistema capitalista mundial», y la ponente plenaria fue Hannah Cross, de la Universidad de Westminster. En 2021, Hannah Cross escribió un importante libro que ofrece una perspectiva marxista sobre la inmigración, titulado Migration Beyond Capitalism (Migración más allá del capitalismo).

En su libro, Cross argumentaba que la migración global estaba impulsada por la necesidad de mano de obra barata del capital. Se fomentaba la inmigración para proporcionar un «ejército de reserva de mano de obra» que mantuviera los salarios bajos y también dividiera a los trabajadores. Esta migración también provocó la salida de un número considerable de trabajadores sanos (a menudo los más cualificados y con mayor nivel de estudios) de sus países de origen en busca de trabajo, lo que se conoce como «fuga de cerebros».

En su libro, Cross utiliza estudios sobre migración para demostrar que los regímenes fronterizos tienen muy poco efecto sobre el volumen total de la migración, que depende principalmente de las condiciones en los países de origen de los migrantes y de las oportunidades del mercado laboral en los países de acogida. Además, existe poca o ninguna relación entre el volumen de migración a una zona y las actitudes antimigrantes en esa zona; más bien, lo que provoca las actitudes antimigrantes es la intensificación de los sistemas fronterizos.

Con el aumento del calentamiento global, la migración se acelerará en la próxima década. Esto aumentará la contradicción entre los trabajadores nativos y los trabajadores inmigrantes, por lo que es probable que aumenten las actitudes nacionalistas y racistas. Pero Cross sostiene que, al igual que existe una base material para la división entre los trabajadores bajo el capitalismo, también debe existir una base material para la unidad. Una vez más, es el propio sistema capitalista el que proporciona esta base material. El capitalismo plantea a los trabajadores problemas comunes a los que enfrentarse y luchas que emprender, y estas luchas a menudo resuenan más allá de las fronteras. Poner fin al imperialismo en el Sur Global es una condición previa para acabar con las fronteras para la inmigración en el Norte Global.

Hay mucho más que decir sobre la migración y hubo varios documentos sobre el tema en el IIPPE sobre los que no puedo comentar. Así que pasaré a hablar de China. El Grupo de Trabajo sobre China del IIPPE celebró una serie de presentaciones en talleres antes de la conferencia oficial y también sesiones en la propia conferencia. Uno de los talleres versó sobre «China no es imperialista». Se trata de una cuestión controvertida entre los marxistas, muchos (¿la mayoría?) de los cuales consideran que China es tanto capitalista como imperialista, y esa cuestión también se debatió en las sesiones sobre China.

Presenté un artículo sobre si China era imperialista, basándome en las categorías clave de Lenin para el imperialismo, en particular sobre cómo los Estados imperialistas pasaron de la dominación colonial directa a la dominación económica a través de empresas monopolísticas que dominaban el comercio y mediante la exportación de capital para explotar a los pueblos de lo que ahora llamamos el Sur Global. En mi ponencia, sostuve que actualmente hay cuatro formas en que el capital del llamado Norte Global obtiene transferencias de plusvalía del capital y la mano de obra del Sur Global: en primer lugar, la transferencia de valor a través del comercio internacional (intercambio desigual); en segundo lugar, a través de los flujos transfronterizos de beneficios, intereses y dividendos; en tercer lugar, a través de los flujos y las reservas de inversión extranjera directa; y en cuarto lugar, a través del «rendimiento excesivo» (rentabilidad) de los activos extranjeros netos. No hay espacio para detallar todos los puntos aquí (véase el artículo).

Las principales economías periféricas (incluida China) están transfiriendo miles de millones en valor al Norte imperialista a través de estas vías de comercio y flujos de capital, aunque es cierto que el fenomenal auge de China como potencia manufacturera ha reducido cada vez más e incluso revertido sus pérdidas de valor en el comercio con el Norte Global. Pero, como ha demostrado un estudio, el cambio de China de perdedor neto a ganador neto en el comercio internacional se debió casi en su totalidad a las elevadas inversiones y los avances tecnológicos, es decir, a una composición de capital en aumento. Por lo tanto, mi conclusión fue que China aún no encajaba en el perfil de una economía imperialista.

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28.9.25

El gigante exportador chino desafía e ignora los aranceles de Trump... El superávit comercial de China va camino de superar el billón de dólares del año pasado, el último indicador de que la guerra comercial de Trump no está funcionando... China se ha vuelto experta en adaptarse, diversificar mercados, redireccionar las cadenas de suministro y enfocarse en sectores menos expuestos a los aranceles estadounidenses... mientras el gestor de fondos de cobertura Bill Ackman, por su parte, advierte de un «invierno nuclear económico» autoinfligido en el Estados Unidos de Trump... “Al imponer aranceles masivos y desproporcionados a nuestros amigos y enemigos por igual y lanzar así una guerra económica global contra todo el mundo a la vez, estamos en el proceso de destruir la confianza en nuestro país como socio comercial”, dice el multimillonario partidario de Trump y fundador de Pershing Square (William Pesek)

 "Los aranceles pueden haber sido el arma preferida de Donald Trump, pero el motor exportador de China está demostrando ser inmune a su guerra comercial.

A pesar de los esfuerzos del presidente estadounidense, el superávit comercial de China se encamina a cerrar 2025 en 1,2 billones de dólares, superando la cifra de casi 1 billón del año pasado. Esto se debe a que China se ha vuelto experta en adaptarse, diversificar mercados, redireccionar las cadenas de suministro y enfocarse en sectores menos expuestos a los aranceles estadounidenses.

Los envíos al Sudeste Asiático, por ejemplo, están alcanzando su máximo durante la era de la COVID-19. En agosto, las exportaciones a la India alcanzaron un máximo histórico, mientras que las ventas a África están en camino de seguir el mismo camino.

Irónicamente, el período de Trump 1.0 catalizó a China Inc. no solo a entorpecer el sector exportador sino también a aumentar la competitividad en formas que la pandilla de Trump 2.0 no había notado, señala Arthur Kroeber, jefe de investigación de Gavekal Dragonomics.

Los exportadores chinos ahora “tienen muchas soluciones alternativas mediante el transbordo y la reubicación de la producción en etapas avanzadas hacia países con aranceles más bajos”, afirma.

Estos transbordos que vulneran las normas de origen, por supuesto, han puesto en la mira a varias economías del Sudeste Asiático orientadas a la exportación. Trump se ha comprometido a sancionar a los países que recurren al arbitraje a gran escala, pasando productos chinos a través de países con aranceles más bajos para evitar los gravámenes estadounidenses.

Sigue siendo una incógnita si Trump cumplirá con sus amenazas. Pero el exceso de capacidad de China está acelerando la desindustrialización en partes del Sudeste Asiático. Los herederos aparentes del trono de la manufactura a bajo costo de China, incluidos Vietnam, Indonesia y Tailandia, podrían estar viendo frustrados sus sueños de «China+1».

Además de que China comparte —algunos dicen que dumping— su sobrecapacidad con la región, las economías regionales sufren volatilidad política, infraestructuras deficientes y políticas inconsistentes. Vietnam, por ejemplo, está cada vez más expuesto a los mismos vientos adversos globales que azotan a China.

A pesar de todo lo que Indonesia habla sobre fábricas de vehículos eléctricos y exportaciones de níquel, su base industrial sigue siendo frágil. El estancamiento político y el envejecimiento demográfico de Tailandia frenan el avance de la llamada «Detroit de Asia».

Los líderes de Hanói, Yakarta y Bangkok hablan con entusiasmo de reimaginar sus economías para la era posindustrial. Pero en lugar de invertir a gran escala en educación, impulsar la digitalización y flexibilizar las restricciones a las libertades civiles para impulsar el espíritu emprendedor, la mayoría de los gobiernos están redoblando sus esfuerzos en las estrategias de crecimiento del pasado.

Todo esto coloca al Sudeste Asiático en una posición difícil. Cómo la región puede contener el daño potencial a las industrias nacionales ante el auge de las exportaciones chinas sin enfadar a la mayor potencia comercial del mundo es una incógnita. En este sentido, México se encuentra en una situación excepcional entre los países en desarrollo, ya que amenaza con imponer un arancel del 50% a China.

La mayoría quiere evitar un choque a gran escala con la economía china de 18 billones de dólares, además de con los Estados Unidos de Trump. Esta reticencia ofrece al gobierno de Xi Jinping cierta protección, incluso cuando el arancel del 30% de Trump frena la actividad comercial y reduce aún más la disposición de los consumidores continentales a gastar.

China, por su parte, intenta evitar que sus grandes socios comerciales recurran al proteccionismo. Xi ha estado intentando presionar a los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para que mantengan en funcionamiento el sistema comercial global. Trump va en la dirección contraria, persuadiendo a los países de la OTAN para que impongan aranceles de hasta el 100 % a China por su apoyo a Rusia.

Parte del problema: China no puede permitirse que las tensiones comerciales se intensifiquen en un momento en que su auge exportador no está enriqueciendo a tantos chinos continentales como debería. La confusión sobre la estrategia «antiinvolución» de Xi para poner fin a la agresiva competencia de precios provocó una caída del 1,7% en las ganancias de las empresas industriales en los primeros siete meses del año. Esto está exacerbando las presiones deflacionarias.

Esto también agrava los desafíos de Asia este año, además del enfrentamiento entre el equipo de Trump y el de Xi. «Identificamos a Japón y Corea del Sur como los más propensos a verse envueltos en un conflicto, ya que Estados Unidos y China buscan ganar influencia a través de la política exterior», afirma el economista Thomas Rudgley de Oxford Economics.

“Los principales centros de la cadena de suministro, Vietnam, Singapur, Malasia, Tailandia y Filipinas, probablemente también estarán en el fuego cruzado, al igual que la India debido a su creciente importancia regional”, dijo.

Taiwán, un eje central de la cadena de suministro de semiconductores, suele ser el foco de altercados entre Estados Unidos y China, añade Rudgley, y Estados Unidos preguntó recientemente a sus aliados cómo responderían a una guerra con China por la isla.

“Una perturbación importante en Taiwán constituiría una amenaza existencial de rápida acción para los fabricantes de alta tecnología y las empresas que dependen de estos productos; las cadenas de suministro existentes podrían quedar interrumpidas en menos de un año”.

Rudgley señala: «Actualizamos nuestro análisis de la exposición global a Taiwán, realizado durante el pico de tensión de 2024, y descubrimos que desde entonces han aumentado las vulnerabilidades entre las naciones más expuestas, como Corea del Sur , China, Japón y Estados Unidos. Esta investigación va más allá de las tensiones entre China y Taiwán y destaca cómo las sanciones —la probable respuesta política— podrían amplificar las consecuencias en todos los países».

Aunque el motor exportador de China ha desconcertado hasta ahora a los escépticos, no necesariamente seguirá haciéndolo. El gobierno de Xi continúa ralentizando las negociaciones para un acuerdo comercial con la administración Trump, lo que podría enfurecer a la Casa Blanca y obligarla a imponer aranceles más altos. Esto aumenta las probabilidades de que un choque de titanes entre Washington y Pekín destruya el sistema financiero global.

En este sentido, Estados Unidos debería ser cauteloso con sus deseos. Ninguna de las dos naciones está tan preparada para esta disputa económica como sus respectivos responsables políticos parecen proyectar.

Una rebaja de la calificación crediticia de Fitch Ratings recordó a los inversores que China no se encuentra en una situación financiera óptima. A principios de este año, Fitch rebajó la calificación soberana de China de «A+» a «A» ante la preocupación por sus precarias finanzas públicas.

«La rebaja refleja nuestras expectativas de un debilitamiento continuo de las finanzas públicas de China y una trayectoria de deuda pública en rápido aumento durante la transición económica del país», afirma el analista de Fitch Jeremy Zook.

Zook añade: «En nuestra opinión, se desplegará un estímulo fiscal sostenido para impulsar el crecimiento, en un contexto de demanda interna moderada, aumento de aranceles y presiones deflacionarias. Este apoyo, junto con una erosión estructural de la base impositiva, probablemente mantendrá elevados los déficits fiscales».

Al mismo tiempo, señala Zook, “esperamos que la relación deuda pública/PIB continúe su marcada tendencia ascendente durante los próximos años, impulsada por estos altos déficit, la continua cristalización de pasivos contingentes y un moderado crecimiento del PIB nominal ”.

En otras palabras, China cuenta con cierto margen fiscal para alcanzar su objetivo de crecimiento económico del 5%. Pero este margen no es ilimitado, y desplegar de nuevo la «bazuca» de estímulo podría tener un alto coste a largo plazo.

Mientras tanto, Estados Unidos arrastra una deuda nacional de más de 36 billones de dólares a esta lucha, a medida que se intensifican los rumores de recesión. Peor aún es el carácter autoinfligido del ajuste de cuentas estadounidense que se avecina, marcado por una pérdida de 10 billones de dólares en acciones hasta la fecha. El gestor de fondos de cobertura Bill Ackman, por su parte, advierte de un «invierno nuclear económico» autoinfligido en el Estados Unidos de Trump.

“Al imponer aranceles masivos y desproporcionados a nuestros amigos y enemigos por igual y lanzar así una guerra económica global contra todo el mundo a la vez, estamos en el proceso de destruir la confianza en nuestro país como socio comercial”, dice el multimillonario partidario de Trump y fundador de Pershing Square.

Ackman añade que «los negocios son un juego de confianza. El presidente está perdiendo la confianza de los líderes empresariales de todo el mundo. Las consecuencias para nuestro país y para los millones de ciudadanos que lo han apoyado —en particular, los consumidores de bajos ingresos que ya se encuentran bajo una enorme presión económica— serán muy negativas. Esto no es lo que votamos».

El premio Nobel de Economía, Paul Krugman, observa que «Donald Trump lo arrasó todo», y añade que «Trump no está realmente intentando alcanzar objetivos económicos. Todo esto debería verse como una demostración de dominio, destinada a conmocionar, atemorizar y humillar a la gente».

Solo China no se doblega, para sorpresa y disgusto de Trump. Ya en abril, el Diario del Pueblo, el periódico oficial del Partido Comunista, informó que Pekín ya no se aferra a las ilusiones de alcanzar un gran acuerdo comercial con Estados Unidos.

En aquel entonces, el Ministerio de Comercio de China criticó la naturaleza chantajista de la guerra comercial con Estados Unidos, prometiendo que Pekín lucharía hasta el final. Calificó la amenaza de Trump de imponer otro arancel del 50% a China como un error tras otro .

El líder de Hong Kong, John Lee, calificó la guerra comercial de Trump de “imprudente” y representativa de un “comportamiento despiadado” que está poniendo en peligro la economía de la ciudad.

“La imposición imprudente de aranceles afecta a muchos países y regiones de todo el mundo con enormes aumentos de las tasas impositivas y que abarcan una amplia gama de bienes, alterando el orden económico y comercial mundial y generando grandes riesgos e incertidumbres para el mundo”, afirma Lee.

Estas provocaciones, añade, han hecho que Hong Kong se oriente hacia un mayor comercio con el Sudeste Asiático y Oriente Medio.

Todo esto ha llevado a Xi a intensificar las medidas para impulsar el gasto interno. El Banco Popular de China se ha mostrado cauteloso respecto a los recortes de tasas este año, ante la preocupación por la debilidad del yuan. El Banco Popular de China tiene margen para flexibilizar su política monetaria ante la debilidad de su poder de fijación de precios.

Especialmente ahora que China sufre las consecuencias de las fuerzas deflacionarias y abundan los rumores de “ japonización ”, a medida que China reduce su meta de inflación del 3% al 2% en 2024.

Aun así, los rumores sobre la muerte del motor exportador de China han sido enormemente exagerados en formas que el mundo de Trump no esperaba." 

(William Pesek, Gaceta Crítica, 26/09/25, fuente Asia Times)

21.9.25

Adam Tooze: el auge solar de China como política industrial cambia el mundo. En los primeros seis meses de 2025, China instaló más de 250 GW de capacidad de energía solar... En la primera mitad de 2025, las nuevas instalaciones de China duplicaron con creces la nueva capacidad instalada por el resto del mundo en su conjunto este año... se trata de un uso espectacularmente eficaz de los fondos públicos, nada menos que una política industrial que transforma el mundo. Deberíamos preguntarnos por qué ningún gobierno occidental ha intentado nunca algo tan audaz... China nos está enseñando a pensar a gran escala. La escala futura de un mundo posoccidental más desarrollado es gigantesca. Si queremos tener alguna esperanza de estabilizar el clima, la única política realista no es la visión occidental de la «sostenibilidad», sino una política radical y transformadora... deberíamos reconocer que China es el único gran país que está impulsando la transición energética a una velocidad y escala cercanas a las necesarias. La pregunta debería ser cómo crear mercados para los paneles solares chinos tanto en el país como en todo el mundo... La energía solar y las baterías (combinadas en la propia China con la transmisión de ultra alta tensión y largo alcance) son algo parecido a una tecnología de uso general impulsada a escala planetaria durante un período de no más de dos décadas por la China liderada por el PCCh. Y este conjunto tecnológico no solo es de uso general y asequible, sino que es nuestra única respuesta adecuada hasta la fecha al diagnóstico de la emergencia climática. Mi impresión es que mucha gente en Occidente está trabajando muy duro para evitar la conclusión obvia, aunque desalentadora, de que esta combinación de criterios marca el inicio de una nueva época en la historia económica mundial

 "En los primeros seis meses de 2025, China instaló más de 250 GW de capacidad de energía solar. Esa asombrosa cifra del grupo de expertos Ember se mide de forma global, incluyendo la energía solar descentralizada, y es algo superior a la cifra oficial publicada por la Administración de Energía de China, que era de 212 GW, una cifra apenas menos asombrosa.

(Adam Tooze , blog, 19/09/25, tradución DEEPL, gráficos en el original)

15.9.25

Por su falta de libertades individuales, a mí tampoco me parece deseable su modelo, pero China ha ganado la partida... así que, ¿por qué imitar su modelo? El objeto de la economía sea que el mayor número posible de gente viva de la mejor manera posible, y la variante capitalista china es muy superior a la del mundo occidental, tomado Estados Unidos de América (EUA) como ejemplo comparativo, en el que su pilar fundamental es el neoliberalismo, en el que la desigualdad es benéfica y que, por tanto, conviene impulsar la acumulación de capital por los más ricos sin que importe la situación de los demás... su culminación es el el modelo capitalista ruso, diseñado y construido desde sus orígenes por los neoliberales más fanáticos de occidente, y como en éste, los más turbios negocios particulares guían hoy la política de los Estados de Occidente... bajo el capitalismo la desigualdad tiende a ser extrema y creciente... En el tercio menos rico de cada población el capital personal de los chinos, en dólares y en paridad de poder de compra, es muy superior al de los estadounidenses.... El éxito de China se caracteriza por un lado, evitando que los desfavorecidos de abajo quedasen descolgados y, por otro, vigilando y controlando a las élites en la cúspide para evitar previsibles desmanes. En Rusia y Occidente la gran mayoría ha visto descender su estatus durante décadas y grandes porciones de la población han quedado en la ruina. En China, la inmensa mayoría de su población ha experimentado un continuado proceso de prosperidad... El neoliberalismo es un zombi peligroso que debiera ser enterrado cuanto antes para volver a poner en el centro la lucha contra la desigualdad. A ese fin, no es necesario, afortunadamente, establecer una férrea dictadura bajo un partido único como en China, sino simplemente aplicar políticas que eviten los abusos de las élites económicas y redistribuir los frutos de la actividad económica aplicando progresividad fiscal. Políticas que Occidente puso ya en práctica en tiempos mejores (Luis Molina Temboury)

 "A quienes no soportan el modelo chino debo anticipar que, por su falta de libertades individuales, a mí tampoco me parece deseable, pero como esto es buen espacio para el análisis económico paso a demostrar con datos lo sugerido en el título.

Consideraciones previas

Más allá de confusas definiciones, parece de pura lógica que el objeto de la economía sea que el mayor número posible de gente viva de la mejor manera posible. O sea que, aunque un tipo sea capaz de enviar cohetes a Marte, es necesario medir el bienestar material de todos y cada uno de sus compatriotas, no vaya a ser que en paralelo a su hazaña existan multitudes pasando penurias.

En segundo lugar, hay que aceptar el capitalismo. No es, desde luego, el mejor sistema económico posible, pero, salvado el inclasificable y poco envidiable modelo de Corea del Norte, capitalismo es lo que hay. La posibilidad de sustituir el capitalismo por un sistema alternativo no es objeto de lo que se explica aquí, sino un análisis de la realidad en que nos encontramos.

En tercer lugar, es importante tener en cuenta que no hay dos capitalismos iguales, y que sus variantes marcan la diferencia en el bienestar de la población de cada Estado. Rusia, China o Venezuela siguen hoy modelos tan capitalistas como el de Estados Unidos, o el de Suecia, que se explicaba aquí. Que en China el Partido Comunista dirija y controle su capitalismo no significa en absoluto que China tenga un sistema comunista. Lo que se intenta demostrar es que, en sus resultados medibles, la variante capitalista china es muy superior a la del mundo occidental, tomado Estados Unidos de América (EUA) como ejemplo comparativo.

Y, por último, hay que recordar brevemente el estado evolutivo del capitalismo por bloques, que comentaba en este otro artículo. Desde la irrupción del neoliberalismo capitalista en los años ochenta del siglo XX, todos los países de occidente se han ido sumando con más o menos intensidad a esa corriente ideológica, que propugna el mínimo Estado a través del libre comercio, la desregulación financiera, la desaparición de los sindicatos, la privatización de los servicios de salud, educación y protección social y de las empresas estratégicas.

El pilar fundamental del neoliberalismo es que la desigualdad es benéfica y que, por tanto, conviene impulsar la acumulación de capital por los más ricos sin que importe la situación de los demás, que teóricamente (mágicamente, más bien) se verán favorecidos por esa dinámica. Cuando alguna receta secundaria, como el libre comercio, contradice esa consigna principal se abandona sin reparo para practicar lo contrario, como estamos viendo ahora con los aranceles de Trump, que pretenden compensar las bajadas de impuestos a los ricos recaudando sobre el consumo a riesgo de proscritas subidas de precios. En Europa vivimos una situación similar con la política de austeridad, cuando se aplicaron estrictas regulaciones para que el pueblo llano pagase la deuda por la falta de regulación financiera que había provocado la crisis del 2008. Se pueden encontrar infinitos ejemplos, con los servicios de salud, educación, empresas estratégicas, servicios de emergencia, modelo energético, negocios de la guerra, política de salarios y fiscal… en los que la agenda neoliberal antepone la acumulación de capital hacia la cúspide al bienestar de la mayoría de la población y a cualquier otra consideración de sus propios postulados.

El problema principal del neoliberalismo es que su culminación no es el paraíso libertario que venden Trump o Milei, sino el modelo capitalista ruso, diseñado y construido desde sus orígenes por los neoliberales más fanáticos de occidente. Algunos economistas advertíamos hace largos años de esa indeseable estación de destino, pero a la vista del derrumbe político y moral de occidente, materializado en el genocidio sobre el pueblo palestino, la profecía resultaba optimista. Como ha denunciado la ONU, los más turbios negocios particulares guían hoy la política de los Estados de Occidente.

Enterrar el neoliberalismo es ya cuestión de emergencia, pero el hundimiento del capitalismo occidental poco tiene que ver con el pujante y exitoso capitalismo chino, como vemos a continuación.

Cómo medir el éxito o fracaso económico

Hay un medidor privilegiado del éxito o fracaso de la economía de los ciudadanos en el medio y largo plazo: la desigualdad patrimonial.

El patrimonio no son ingresos o rentas, sino capital o riqueza personal: lo que se tiene una vez descontado lo que se debe. O sea, que si alguien posee una vivienda hipotecada y quiere calcular su riqueza personal tendrá que descontar al valor de mercado de su vivienda lo que todavía le resta por pagar. La suma de las propiedades, descontadas las deudas, representa no solo el estatus actual sino también la historia pasada, pues el capital personal no puede tener su origen más que en ingresos, del salario, de una herencia o de cualquier otra fuente, que han sido ahorrados o acumulados en el tiempo hasta un momento concreto.

Y la forma mejor de medir el reparto del capital personal o patrimonio es a través de cuantiles, un método que consiste en ordenar primero la población por la variable que se quiere observar, en este caso la riqueza o patrimonio, para comparar porciones iguales. Por ejemplo, si las porciones son deciles, podremos comparar la riqueza del diez por ciento de la población que menos tiene, que sería el decil 1, con la del decil 10, el diez por ciento que más tiene, o con el resto de deciles intermedios.

Más preciso es observar la riqueza por centiles, dividida la población en cien partes iguales, pues la acumulación de riqueza bajo el capitalismo tiende a un modelo exponencial que sólo se puede empezar a intuir observando la riqueza del uno por ciento más rico, que abre una sima con el resto de porcentajes. Como se advertía aquí, la desigualdad sigue creciendo cuando se escala hacia arriba, por lo que es importante observar las particiones dentro del uno por ciento en tantos por mil, decenas de mil o centenas de mil de la población. Esas particiones no son relevantes por abajo (la pobreza es muy democrática), pero lo son donde se encuentran las élites económicas.

Compararemos, por tanto, la distribución de la riqueza o patrimonio mediante cuantiles y promedios en China y EUA tomando como fuente estadística los datos del World Inequality Database (WID), que, como se explicaba en el artículo referido anteriormente, es un recurso fiable. Los datos están en dólares USA (se han convertido los yuanes) y en paridad de poder adquisitivo. Ajustado, por tanto, el tipo de cambio con la cantidad de bienes que se puede comprar en cada país. Recordar primero que, aunque la desigualdad de EUA es superior a la de la UE e inferior a la de Rusia, destacado farolillo rojo, todos estos países se han incorporado antes o después al neoliberalismo, y todos ellos han seguido una dinámica similar: la acumulación desorbitada de las élites de arriba y el descuelgue del progreso de la mayoría.

La situación actual tras la incorporación de China al capitalismo

En el gráfico G.1 se representa el patrimonio promedio de los estadounidenses y los chinos en 1995 -con EUA ya entregado al neoliberalismo y China a su peculiar transformación capitalista- en comparación con 2023, el último año con datos disponibles.

En G.1 se observa el enorme éxito del desarrollo capitalista de China, cuya riqueza de los adultos per cápita en 1995 era 19,7 veces inferior a la de los estadounidenses y en 2023 solo 3,2 veces inferior. Los chinos han pasado de ser irrelevantes en la escena económica mundial a convertirse de largo en la primera potencia. Lo veremos después con datos ajustados a la población.

Pero, como los promedios pueden no ser significativos cuando el reparto es muy desigual, lo que ocurre en ambos casos, es preciso investigar la distribución de la riqueza por centiles, para lo que se han elaborado los gráficos G.2 y G.3.

En G.2 se visualiza el reparto del esfuerzo que el conjunto de los estadounidenses ha volcado en la actividad económica, ya sea cargando en un almacén, enseñando a niños en una escuela o invirtiendo en derivados financieros. También está contabilizado el producto de toda su historia anterior, por la revalorización aguda de una modesta vivienda, el fruto de una suculenta herencia o por una ruina sobrevenida. El gráfico es, por tanto, muy significativo del bienestar individual de los estadounidenses.

Para comparar con el reparto de la riqueza en China se ha elaborado G.3, convertidos los yuanes a dólares teniendo en cuenta el poder adquisitivo (en paridad de poder de compra), de la mejor manera comparable posible.

De G.3 se deduce que la riqueza en China sigue un reparto similar al de EUA, lo que confirma un modelo capitalista en ambos países. Bajo el modelo capitalista ruso la desigualdad es mucho mayor que el promedio y en el japonés bastante inferior, pero en todos los países capitalistas la riqueza se despega exagerada hacia arriba en el último centil.

La magnitud de la desigualdad por arriba en ambos gráficos hace muy difícil apreciar lo que ocurre en los dos tercios de abajo de cada población, lo que se consigue ampliando los gráficos y observando sus partes. Para ello, en G.4 a G.6 se representan los datos combinados de G.1 y G.2 bajo un eje de la misma magnitud y dividida la población en tres porciones de treinta y tres centiles cada una, dejando el peculiar uno por ciento aparte. El análisis ampliado de esta pequeña y última porción se hace porque, como se ha comentado, demostró Piketty y se observa en los datos de todos los Estados, bajo el capitalismo la desigualdad tiende a ser extrema y creciente.

Cómo están los ciudadanos de China y de EE. UU. divididos por tercios de población

En G.4 se observa la precaria situación en que se encuentra el tercio menos rico de la población de EUA. La mitad de ellos tiene patrimonio negativo, más deudas que propiedades. En China, sin embargo, ese primer tercio de la población está invariablemente mejor que sus homólogos de EUA. Solo en el primer uno por ciento de los más endeudados, ambas cifras se acercan, con un patrimonio negativo de 48.000$ entre el uno por ciento más pobre de los estadounidenses y -42.000$ en esa misma porción de los chinos; pero en todos los demás porcentajes los chinos están mucho mejor que los estadounidenses, cuya riqueza no comienza a ser positiva hasta el centil 18 de su población.

Comparativamente no hay color. Entre el tercio menos rico de cada población el capital personal de los chinos, en dólares y en paridad de poder de compra, es muy superior al de los estadounidenses.

Sobre el segundo tercio de población, entre los centiles 34 y 66, representado en G.5, la situación es muy diferente. A partir del centil 40 los estadounidenses poseen más patrimonio que los chinos, y la diferencia se abre hacia arriba. Los estadounidenses del centil 66 tienen en promedio 222.000 dólares, frente a los 74.000 de los chinos en ese mismo centil.

Esa ventaja de los estadounidenses se acentúa en el último tercio de la población, como se observa en G.6. Por ejemplo, en el centil 80, el valor promedio del patrimonio de los estadounidenses es 509.000 dólares, mientras que el de los chinos en ese mismo centil es 126.000 dólares, cuatro veces menos. Sin embargo, conforme se avanza en este tramo hacia arriba la diferencia relativa se acorta, lo que significa que los chinos mejor situados van ganando posiciones respecto a los estadounidenses a lo largo del tiempo (recuérdese que la riqueza o patrimonio son rentas netas acumuladas en el tiempo).

La situación del uno por ciento más rico y de la cúspide más arriba

En G.7 se observa que cada uno de los estadounidenses del uno por ciento más rico posee en promedio 17,1 millones de dólares frente a los 4,7 millones de dólares equivalentes en paridad de poder de compra de esa misma porción de los chinos. A diferencia de lo que ocurría con el 33% menos rico de cada país, donde los chinos están mucho mejor situados, queda clara la ventaja de ser rico en EUA respecto a China.

El gráfico G.7 presenta también datos de porciones más pequeñas de la población dentro del uno por ciento más rico. Por ejemplo, entre el uno por mil más rico de cada población los estadounidenses poseen en promedio aproximadamente 91 millones de dólares frente a los 26 millones de los chinos.

Y en lo más alto de la cúspide que se pueda conocer con los datos del WID, el uno por cien mil más rico, cada uno de los chinos posee, en promedio, cerca de mil millones de dólares equivalentes (939. 179.007 $), cuando los estadounidenses en esa porción poseen casi dos mil quinientos millones de dólares en promedio, 2,7 veces más.

Sin embargo, también se aprecia en G.7 que cuanto más se escala hacia la cúspide de la riqueza la diferencia relativa entre los ricos de ambos países se va acortando. Tal vez de ahí derive el nerviosismo de la élite estadounidense en el poder político, que tiene declarada una “guerra” a China en la que los estadounidenses de abajo y el conjunto de los chinos tendría poco interés, porque solo tienen que perder. Volveremos sobre este punto al comentar el gráfico G.9 y en las reflexiones finales.

El poder del capital de los ciudadanos de EEUU y de China

Hasta aquí hemos venido valorando posiciones relativas de la riqueza de los ciudadanos de China y de EEUU calculados sobre determinados porcentajes de cada población, pero hay que tener en cuenta el tamaño de cada población para apreciar su verdadero poder conjunto.

En el año 2023, al que se refieren los datos, los chinos multiplicaban por 4,2 a los estadounidenses (1.410 millones de chinos frente a 337 millones de estadounidenses). Como los datos del WID de los gráficos anteriores se refieren a la población de adultos (la riqueza conjunta de los hogares se ha repartido solo entre los miembros adultos de cada hogar) para el cálculo global hay que tener en cuenta que la proporción de adultos en China es superior a la de EUA: en el año 2023 los chinos adultos eran 4,4 veces más que los estadounidenses adultos (974 millones frente a 219). Con este segundo multiplicador no estaríamos infravalorando la riqueza promedio de los chinos adultos.

Haciendo los cálculos pertinentes se observa en G.8 que China supera ya holgadamente a EUA. Según datos del FMI, el PIB en dólares y en paridad de poder de compra de China ascendía en 2023 a 32,9 billones de dólares, siendo el de EE. UU entonces 26,9 billones. En términos de poder adquisitivo y de producción, por tanto, el “sorpaso” ya se había producido.

Pero lo significativo bajo el capitalismo, más que las rentas anuales o el PIB (ingresos o gastos), es el capital, esto es, la parte de los ingresos que no se ha debido gastar, que son propiedades ahorradas acumuladas y disponibles para invertir o disfrutar. Y aquí, la ventaja de China es muy superior. En conjunto y en todos los niveles sociales, como se observa en G.8.

La riqueza, capital personal o patrimonio de China en 2023, en paridad de poder de compra, era cerca de un 40% superior a la de EEUU (150,2 Bn$ vs. 107,8 Bn$).  Y si se observa el reparto entre la mayoría de abajo, la diferencia es abismal.

El primer 33% de la población china (los que menos tienen) posee en conjunto 3,6 billones de dólares en paridad de poder de compra. Esa misma porción de la población estadounidense suma deudas por valor de 650.000 millones de dólares.

Entre el siguiente 33% de la población según su riqueza (el tramo intermedio, todos ellos ya con propiedades positivas), la diferencia es enorme en su valor absoluto. Los chinos de ese estatus poseen propiedades por 15,2 billones de dólares frente a los 6,7 billones de los estadounidenses.

En el tercer 33% antes del privilegiado 1%, lo que sería la clase media y alta, la diferencia se acorta (86 billones de dólares frente a 64,2), pero en todas las porciones hacia arriba, los ciudadanos más influyentes para imponer sus políticas, los chinos vuelven a aumentar su ventaja, como se observa en G.9.

El uno por cien mil de los ciudadanos adultos de EEUU (los más ricos) en 2023 sumaba 5,5 billones de dólares, cuando en China poseía 9,1 billones, una cifra un 65% superior. Claro está que ese colectivo estadounidense eran solo 2.190 personas frente a 9.740 chinos, pero también hay que considerar que los primeros son un colectivo en feroz competencia por llegar a ser el más rico entre los ricos y los segundos están bajo la batuta vigilante y amenazante del Gobierno chino.

Resumen

El desarrollo económico mundial en los últimos cuarenta años tiene dos rasgos principales: el éxito apabullante de China, convertida hoy de largo en primera potencia mundial, y el declive continuado del mundo neoliberal, con Rusia en vanguardia, por delante de Estados Unidos y el resto de Occidente, todos ellos en suicida expedición a un cantado y estrepitoso fracaso por la cuestión irresuelta de la desigualdad extrema y creciente capitalista.

El hundimiento del modelo occidental se exterioriza hoy en la dificultad de frenar el cambio climático, la pobreza y precariedad de amplias capas de la población, el resurgir del supremacismo y la extrema derecha, el rearme y la verosimilitud de una guerra nuclear o el desprecio a los derechos humanos, encarnado todo ello, de momento, en el genocidio sobre el pueblo palestino, planificado y ejecutado por Israel y las élites occidentales a la vista de todos como cruel ejemplo del mundo que viene.

El éxito de China se caracteriza por haber sabido embridar la tendencia intrínseca del capitalismo hacia la desigualdad extrema y creciente actuando en dos frentes. Por un lado, evitando que los desfavorecidos de abajo quedasen descolgados y, por otro, vigilando y controlando a las élites en la cúspide para evitar previsibles desmanes.

En Rusia y Occidente la gran mayoría ha visto descender su estatus durante décadas y grandes porciones de la población han quedado en la ruina. En China, la inmensa mayoría de su población ha experimentado un continuado proceso de prosperidad.

Corolario

El neoliberalismo es un zombi peligroso que debiera ser enterrado cuanto antes para volver a poner en el centro la lucha contra la desigualdad. A ese fin, no es necesario, afortunadamente, establecer una férrea dictadura bajo un partido único como en China, sino simplemente aplicar políticas que eviten los abusos de las élites económicas y redistribuir los frutos de la actividad económica aplicando progresividad fiscal. Políticas que Occidente puso ya en práctica en tiempos mejores, cuando las patrañas ideológicas del neoliberalismo no habían hecho todavía su irrupción." 

( , Economistas frente a la crisis, 05/09/25, gráficos en el original)

23.8.25

¿Por qué no aproximarse a China? El actual socialismo blando de Pekín no ha de ser incompatible con los principales valores éticos occidentales, que se relacionan con el derecho natural y que se compendian en nuestros códigos de alcance universal. De donde cabe concluir que China, que evidentemente no es una democracia, no es tampoco una dictadura al uso... Después de todo, ha sido “nuestro” Trump el que trató de dar un golpe de Estado mediante la toma del Capitolio por la fuerza... resulta absurdo plantear la dialéctica bilateral como una guerra fría al estilo de la que mantenían las democracias liberales y la URSS hasta la caída del muro de Berlín. La rivalidad ente China y la sección europea de Occidente es ahora blanda y manejable, y puede traducirse en términos de competitividad, política pero sobre todo económica... Y en estas circunstancias, es muy fácil que Europa deje de interesarle la lucha por la hegemonía que está entablada entre la primera y la segunda potencia de la globalización.¿Por qué, entonces, habría de rechazar la Unión Europea una aproximación cooperativa a China, que hoy no muestra una agresiva pulsión imperialista (es Norteamérica la que ambiciona Groenlandia, Canadá y el Canal de Panamá) y con la que se podrían alcanzar pingües beneficios a partir del comercio, de la colaboración tecnológica y de la ampliación mutua de los mercados? (Antonio Papell)

 "Las generaciones que han vivido la etapa de relativa estabilidad posterior a la Segunda Guerra Mundial —y que en España edificaron el régimen democrático a la muerte del dictador— han crecido a la sombra permanente de Estados Unidos como potencia hegemónica, a pesar de la lógica desconfianza que nos ha inspirado a muchos porque fueron ellos quienes consolidaron nuestra dictadura y la utilizaron como cabeza de puente para dominar la bipolaridad. En los años contiguos al cambio de régimen en España, nuestra relación con EE UU fue intrincada porque este país, que nos expulsó de América en el XIX, siempre vio con malos ojos el intento europeo de formar al otro lado del Atlántico otra gran potencia occidental. Por lo demás, la China comunista era entonces una férrea dictadura bien poco atractiva, que representaba aquel inhumano socialismo real que tenía concomitancias con las demás dictaduras totalitarias.

Con respecto a China, Occidente confiaba plenamente en la operatividad de la llamada “hipótesis de modernización”, acuñada por el politólogo norteamericano Seymour Lipset (1922-2006). Según él, la modernización rápida e imparable que ha experimentado China desde las reformas de Deng Xiaoping y que todavía prosigue habría generado espontáneamente un engrosamiento muy notable de las clases medias y cultivadas, por lo que a medio plazo sería inevitable que creciese la exigencia de más libertades y de una cada vez mayor participación de la ciudadanía en los asuntos públicos. La correspondencia entre desarrollo y exigencia de autodeterminación personal, que también se experimentó en España durante la dictadura franquista, sería para Lipset un axioma indiscutible que desembocaría a la larga en la democratización de China. Porque, además, las economías, al modernizarse, necesitan cada vez más mecanismos democráticos de participación para triunfar en la carrera por la eficiencia.

Además, según Lipset, el Partido Comunista Chino nunca ha sido un partido convencional como los occidentales: la formación creada por Mao aglutinaba a las élites selectas que habían sido seleccionadas para gobernar, conforme a una tradición que entronca con la de los mandarines, que escribieron varios siglos de la historia imperial de aquel país. Algunos analistas españoles, como Enrique Fanjul, vinculan también el PCCH a la tradición confuciana del país, sobria, gregaria y pacífica, que habría moldeado a las masas chinas hasta dotarlas de características singulares. La gran aspiración de los chinos no sería tanto la libertad individual cuanto la capacidad de laborar armónicamente en equipo.

Lipset acertó en esto último pero no en la “hipótesis de modernización”, pese a que algunos llegaron a creer que los sucesos de Tiananmén (1989) eran ya una prueba de rebeldía social y la primera expresión turbulenta de la contradicción entre el desarrollo acelerado de la economía y la inmovilidad de la política. Es evidente que no ha habido más tiananmenes y las encuestas más solventes realizadas por sociólogos independientes afirman todo lo contrario: las clases medias, cada vez más extensas y acomodadas, creen que la estabilidad política y el partido único que la hace posible son la principal garantía de bienestar y desarrollo. Según las encuestas que confecciona la John Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, cerca del 93% de la población china está “satisfecha” con el desempeño del gobierno central (casi un 38% se declara “extremadamente satisfecha”). Por lo demás, no parece que el desarrollo material se haya resentido de la precariedad de las libertades individuales: China está realizando un gran salto económico en las cadenas globales de valor, que ha llevado al país desde la primacía del sector primario y la fabricación de productos baratos gracias a una mano de obra esclavizada a una industria basada en el conocimiento y la tecnología generadora de grandes plusvalías. En otras palabras, la economía no parece interferir con la política.

Descartadas las tesis de Lipset, la teoría que hoy se abre paso, que Fanjul también recoge y que parece haberse contrastado en la práctica, es la que han elaborado Yuli Gorodnichenko y Gérard Roland, ambos de la Universidad de California, en Berkeley: el gran determinante del sistema político de un país es la cultura y no el desarrollo económico. Según dichos autores, las culturas individualistas tienden a crear una demanda de democracia pluralista. Por el contrario, las culturas colectivistas, como es la china, se centran en la necesidad de encontrar gobernantes benévolos para crear estabilidad entre los diferentes clanes y grupos. Como dice Fanjul, “el énfasis se pone más bien en la jerarquía y el orden, y la libertad puede ser vista como algo que pone en peligro la estabilidad”.

Como complemento de la teoría anterior, otra tesis alternativa es la de Daniel Bell en su libro The China Model: Political Meritocracy and the Limits of Democracy; según este reconocido politólogo canadiense, el elemento central del sistema político chino sería la meritocracia, “la idea de que los funcionarios de alto nivel deberán ser seleccionados y promovidos escrupulosamente sobre la base de su competencia y virtud”. De hecho, Xi Jinping, el actual líder, hizo una larga carrera político-administrativa de más de 40 años en la que fue ascendido nada menos que 16 veces. Esta evidencia permite a Bell afirmar que “el sistema político chino es el más competitivo que existe en el mundo hoy día”. Ni rastro del culto a la personalidad que el propio comunismo ruso desenmascaró en Stalin.

Si aceptamos estas interpretaciones de la realidad, que no parecen muy cuestionables, resultará evidente que la carga ideológica del régimen chino es mucho menos densa de lo que suponíamos cuando la doctrina oficial occidental le atribuía elementos leninistas —el afán de construir la dictadura del proletariado, sobre todo— que al parecer fueron enterrados con Mao. En suma, el actual socialismo blando de Pekín no ha de ser incompatible con los principales valores éticos occidentales, que se relacionan con el derecho natural y que se compendian en nuestros códigos de alcance universal.

De donde cabe concluir que China, que evidentemente no es una democracia, no es tampoco una dictadura al uso, ni está basada en la toma del poder por un partido de base utópica o por una oligarquía —el caso de Rusia o Corea del Norte—, ni se mantienen los personalismos enfervorizados y patológicos que caracterizaron el tortuoso arranque del régimen— Mao Zedong—. Después de todo, ha sido “nuestro” Trump el último revolucionario de la globalización, ya que el 6 de enero de 2021 trató de dar un golpe de Estado mediante la toma del Capitolio por la fuerza.

En estas condiciones, la tesis de una gran asimetría entre China y Occidente es poco realista, de forma que resulta absurdo plantear la dialéctica bilateral como una guerra fría al estilo de la que mantenían las democracias liberales y la URSS hasta la caída del muro de Berlín. La rivalidad ente China y la sección europea de Occidente es ahora blanda y manejable, y puede traducirse en términos de competitividad, política pero sobre todo económica. Y en estas circunstancias, es muy fácil que Europa deje de interesarle la lucha por la hegemonía que está entablada entre la primera y la segunda potencia de la globalización.¿Por qué, entonces, habría de rechazar la Unión Europea una aproximación cooperativa a China, que hoy no muestra una agresiva pulsión imperialista (es Norteamérica la que ambiciona Groenlandia, Canadá y el Canal de Panamá) y con la que se podrían alcanzar pingües beneficios a partir del comercio, de la colaboración tecnológica y de la ampliación mutua de los mercados?"

(Antonio Papell , El País, 22/08/25)