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26.2.25

Los días de miedo e ira y la fórmula del siglo XXI para ganar unas elecciones... Las cosas que están pasando dan miedo... Las consecuencias políticas de este clima son muy notables... Cuando los problemas aparecen y no se solucionan, la gente tiende a no confiar ni en las instituciones ni en los líderes... Ese suele ser un periodo transitorio: el malestar deja paso a una posición más activa, la que dicta la ira; la depresión se transforma en indignación... la indignación requiere ser canalizada; precisa de un objetivo hacia el que dirigirse, a menudo un chivo expiatorio. En buena medida, la indignación sistémica ha formado parte de las elecciones de la última década... el temor y la ira han acabado conformando el eje alrededor del cual circula la política... las elecciones alemanas, como antes las estadounidenses, las francesas, las argentinas o las españolas, se han basado en este enfrentamiento entre el temor y la ira. Lo que decide las elecciones es si el temor al futuro es mayor o menor que la indignación; el resultado depende de qué sentimiento domine... unos prometen defender al país del apocalipsis, los otros prometen un resurgimiento a través de la venganza... Cuando las incertidumbres son numerosas, cuando hay sensación de desprotección, cuando el futuro aparece incierto, es lógico que los temores se disparen. En ese ambiente está atrapada la vida del ciudadano común, y a eso hay que dar una respuesta política. Un camino lógico sería el de transcender el miedo y la ira y optar por invertir en el futuro; en un porvenir que disolviera las incertidumbres. La última vez que Occidente actuó de esta manera fue mediante la inversión en infraestructuras productivas, en la elevación del nivel de vida... Quizá ahora ese programa tenga que ser matizado, pero como mecanismo para disolver las inseguridades y domeñar los miedos fue bastante efectivo, y eso que había una Guerra Fría de por medio. En todo caso, es hora de salir de las posturas anímicas, que poseen un elevado componente moralista, y afrontar de cara estos tiempos. Es el momento de construir el futuro... algo que nuestras élites (políticas, económicas, intelectuales, de un lado y de otro) se niegan a hacer: prefieren luchar contra las dictaduras, ya sean las de los amigos de Putin o la del totalitarismo woke, en lugar de ponerse manos a la obra para sentar las bases del porvenir. Bien puede afirmarse que están dando soluciones anímicas y simples a problemas complejos, justo eso de lo que acusan a los populismos (Esteban Hernández)

 "El Foro de la Cultura de Valladolid ha dedicado su edición de este año, celebrada el fin de semana pasado, al miedo. Dada la turbulencia de estos años, es un asunto especialmente oportuno. Las noticias cotidianas subrayan que Europa se enfrenta a riesgos serios de toda clase: las guerras en curso, el cambio climático, los cambios a gran velocidad en el terreno geopolítico o las complicaciones económicas que asoman por el horizonte. El humor social tampoco es demasiado positivo, ya que reina la inestabilidad en la política, y socialmente la inseguridad es un hecho, porque los gastos necesarios para la subsistencia cada vez son mayores y las trayectorias laborales suelen estar sometidas a demasiadas oscilaciones. Hay muchos temores circulando, lo que hace que la percepción negativa del futuro se instale: es complicado pensar que el porvenir traerá algo mejor que el presente.

El futuro siempre está rodeado de incertidumbres, porque en su esencia está ser azaroso e imprevisible, pero esta época no solo ha aumentado el número de asuntos que generan preocupación, sino su intensidad. Las cosas que están pasando dan miedo.

Las consecuencias políticas de este clima son muy notables. Los resultados electorales de los últimos años, así como las ideas que los han dado forma, están plenamente relacionados con los temores crecientes que circulan por la sociedad. Pero también son consecuencia de una evolución en el humor de los ciudadanos. Cuando los problemas aparecen y no se solucionan, lo usual es que tome cuerpo cierta desvitalización: la gente tiende a no confiar ni en las instituciones ni en los líderes y toma distancia de la política. Ese suele ser un periodo transitorio: el malestar deja paso a una posición más activa, la que dicta la ira; la depresión se transforma en indignación.

En cierto sentido, la ira es una señal positiva, ya que implica que la gente se ha sacudido el fatalismo y ha comenzado a actuar. Pero también contiene un límite, porque la indignación requiere ser canalizada; precisa de un objetivo hacia el que dirigirse, a menudo un chivo expiatorio. En buena medida, la indignación sistémica ha formado parte de las elecciones de la última década, ya que una parte significativa de los ciudadanos no votaban a favor de una opción política que les convenciese, sino en contra de otra que les molestaba profundamente. Muchos expertos electorales dictaminaron que las campañas negativas eran decisivas, ya que si se resaltaban los rasgos más preocupantes de los rivales políticos, se movilizaría el malestar, y se ganarían las elecciones.

Los dos principales partidos

Sin embargo, hoy se vive un momento diferente, y no solo porque todo se haya vuelto mucho más intenso, sino porque en este instante ambiguo, el temor y la ira han acabado conformando el eje alrededor del cual circula la política.

Los dos principales partidos actuales (o los dos principales bloques ideológicos) defienden dos propuestas distintas basadas en lo anímico. Las formaciones sistémicas señalan los terribles perjuicios que causaría la llegada al poder de la extrema derecha, y, por tanto, se constituye como un dique contra ella, como una protección contra el miedo. El otro bloque se apoya en una indignación creciente frente a los gobiernos actuales, a los que se señala como responsables de una decadencia palpable y aboga por despedir a los responsables. Y esto es así de manera constante: las elecciones alemanas, como antes las estadounidenses, las francesas, las argentinas o las españolas, se han basado en este enfrentamiento entre el temor y la ira.

Lo que decide las elecciones es si el temor al futuro es mayor o menor que la indignación; el resultado depende de qué sentimiento domine

Hoy, estos sentimientos están representados por fuerzas políticas concretas. En el futuro, pueden ser defendidos por partidos de signo ideológico diferente, pero la regla es la misma: si el temor al futuro es mayor que la indignación, ganarán unas opciones; si ocurre al revés, ganarán las contrarias.

Son sentimientos que tienen su utilidad para los movimientos políticos, porque es natural que aparezcan en momentos complicados como el presente, y porque sirven para movilizar, pero no pueden constituir el centro de una oferta política. Pueden ser elementos necesarios o convenientes, pero no un fin en sí mismos. Sin embargo, la propuesta de las formaciones políticas contemporáneas se fundamenta básicamente en ellos; unos señalan los males espantosos que ocurrirán si llegan al poder los rivales, los otros insisten en la catástrofe que provocará que gobiernen sus rivales. En el punto límite, unos prometen defender al país del apocalipsis, los otros prometen un resurgimiento a través de la venganza.

La baldía lucha contra las dictaduras

Esa posición provoca que los programas de los partidos sean reactivos, lo que se ha notado especialmente los últimos años. En la medida en que hay que defenderse de los gobiernos autoritarios de la extrema derecha, lo que se debe hacer es negar el ideario de los rivales y persistir en el existente; poco de nuevo sale de ahí. En el lado opuesto, lo que se propone es afrontar problemas existentes que los gobernantes se niegan a reconocer, ya sea por cobardía o ideología, como los países gorrones, el gasto excesivo del Estado o la inmigración.

Un camino lógico sería el de transcender el miedo y la ira y optar por invertir en el futuro, en un programa que disolviera las incertidumbres

En esto se mueve la política actual, y supone un problema. Por regresar al inicio, la mayor dificultad de los tiempos precedentes es el miedo. Cuando las incertidumbres son numerosas, cuando hay sensación de desprotección, cuando el futuro aparece incierto, es lógico que los temores se disparen. En ese ambiente está atrapada la vida del ciudadano común, y a eso hay que dar una respuesta política.

Un camino lógico sería el de transcender el miedo y la ira y optar por invertir en el futuro; en un porvenir que disolviera las incertidumbres. La última vez que Occidente actuó de esta manera fue mediante la inversión en infraestructuras productivas, en la elevación del nivel de vida, en los equilibrios territoriales, en la supeditación del capital financiero a las necesidades productivas y territoriales, en la potenciación de los mercados interiores y en la creación de una clase media poderosa, de manera que los ciudadanos dispusieran de un extra para gastar. Quizá ahora ese programa tenga que ser matizado, pero como mecanismo para disolver las inseguridades y domeñar los miedos fue bastante efectivo, y eso que había una Guerra Fría de por medio.

En todo caso, es hora de salir de las posturas anímicas, que poseen un elevado componente moralista, y afrontar de cara estos tiempos. Es el momento de construir el futuro, algo que nuestras élites (políticas, económicas, intelectuales, de un lado y de otro) se niegan a hacer: prefieren luchar contra las dictaduras, ya sean las de los amigos de Putin o la del totalitarismo woke, en lugar de ponerse manos a la obra para sentar las bases del porvenir. Bien puede afirmarse que están dando soluciones anímicas y simples a problemas complejos, justo eso de lo que acusan a los populismos."                (Esteban Hernández , El Confidencial, 24/02/25)

1.3.24

Desde la seguridad de Europa Occidental, miremos donde miremos, las noticias son aterradoras... El orden que dábamos por sentado, inscrito en el derecho internacional, ratificado por Naciones Unidas (ONU) y mantenido por el equilibrio del terror nuclear entre las grandes potencias, se está derrumbando... El orden que queda ahora depende de unos Estados Unidos divididos y al límite de sus capacidades... Se está formando un «eje de resistencia», alineado de manera vaga y coordinado de forma imperfecta, pero unido en su hostilidad al poder estadounidense... Trump y una gran parte de su partido creen que la alianza de la OTAN es un negocio de extorsión a cambio de protección. Si no paga, no hay obligación de protegerla... Los políticos europeos se están armando de valor para convencer a los votantes de que una cuota del 2% de su PIB es lo mínimo que deben invertir, si, por primera vez desde 1945, Europa no puede contar con los estadounidenses para que la protejan... En tiempos normales, el pesimismo es una moda intelectual. En tiempos como estos, es realismo (Michael Ignatieff)

 "Ucrania lucha por resistir. Navalni ha muerto. La matanza en Gaza continúa sin fin. Los hutíes bombardean buques en el Mar Rojo. Los norcoreanos lanzan misiles al mar de China Meridional. Desde la seguridad de Europa Occidental, miremos donde miremos, las noticias son aterradoras. En tiempos normales, el pesimismo es una moda intelectual. En tiempos como estos, es realismo. El orden que dábamos por sentado, inscrito en el derecho internacional, ratificado por Naciones Unidas (ONU) y mantenido por el equilibrio del terror nuclear entre las grandes potencias, se está derrumbando.

El orden que queda ahora depende de unos Estados Unidos divididos y al límite de sus capacidades. Las fábricas de municiones estadounidenses proporcionan los proyectiles que mantienen a raya a los rusos. Su Armada patrulla el Mar Rojo y repele los ataques de los hutíes. Las tropas estadounidenses en Corea del Sur disuaden a los norcoreanos de cruzar la línea de demarcación. Las patrullas navales y aéreas estadounidenses advierten a los chinos de que no aplasten al Taiwán democrático. Estados Unidos también garantiza la seguridad de Israel, a un coste cada vez mayor. Sus portaaviones en el Mediterráneo mantienen a Hizbolá apartado del combate, y sus vetos en la ONU protegen a Israel de las sanciones y le permiten continuar su despiadada campaña en Gaza.

(...) Trump y una gran parte de su partido creen que la alianza de la OTAN es un negocio de extorsión a cambio de protección. Si no paga, no hay obligación de protegerla. Solo los países de la OTAN próximos a la frontera rusa han abonado su 2%. El resto espera, con la esperanza de que Trump pierda.

Un optimista recordaría el comentario de Churchill de que Estados Unidos siempre hace lo correcto una vez que ha agotado todas las alternativas. Sigue habiendo republicanos que creen en la alianza europea, pero es posible que hayamos llegado al momento en el que el océano Atlántico se ensancha de golpe hasta convertirse en un abismo, separando dos culturas, dos realidades y dos estimaciones del riesgo. Un optimista respondería que las industrias europeas de defensa están reactivando sus fábricas de armamento e invirtiendo en nuevas tecnologías de defensa. Los políticos europeos se están armando de valor para convencer a los votantes de que una cuota del 2% de su PIB es lo mínimo que deben invertir, si, por primera vez desde 1945, Europa no puede contar con los estadounidenses para que la protejan.

Un pesimista contestaría: ya es tarde. Un optimista irónico replicaría: sí, es tarde, pero nada concentra tanto la mente como la perspectiva de una ejecución inminente. El problema más profundo de Europa, insistiría un pesimista, es que tanto Estados Unidos como el continente europeo se enfrentan ahora a una alianza que un día podría tratar de derrocar el orden mundial del que todos hemos dependido.

Se está formando un «eje de resistencia», alineado de manera vaga y coordinado de forma imperfecta, pero unido en su hostilidad al poder estadounidense, a la libertad europea y a lo que solíamos llamar «el orden internacional basado en normas».

El pivote del eje es la alianza entre Rusia y China. Los chinos suministran a los rusos circuitos avanzados para sus sistemas de armamento y Putin les envía petróleo barato. Juntos han impuesto un régimen autocrático en la mayor parte de Eurasia, desde Vladivostok hasta la frontera polaca. Si los exhaustos defensores de Ucrania se ven obligados a conceder a Rusia la soberanía sobre Crimea y Donbás, la alianza euroasiática de dictadores habrá conseguido cambiar por la fuerza una frontera terrestre europea. Si lo logran, supondrá una amenaza para todos los Estados situados en el perímetro de Eurasia: Taiwán, los Estados bálticos, incluso Polonia. Ambos regímenes dictatoriales utilizarán sus vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU para ratificar la conquista y tirar la Carta de Naciones Unidas ala basura.

(...) En lugar de alinearse con las democracias asediadas del Norte global, las democracias en ciernes del Sur global –Brasil, India y Sudáfrica– se niegan a sentirse avergonzadas de su vinculación con regímenes que dependen de la represión masiva, el acantonamiento de poblaciones enteras –los uigures– y, después del asesinato de Navalni, el asesinato descarado.

(...) Por el momento, la diplomacia y la disuasión estadounidenses mantienen al eje dividido, pero si China y Rusia decidieran lanzar un desafío abierto al orden estadounidense –por ejemplo, una ofensiva coordinada contra Ucrania y Taiwán en el mismo momento–, incluso Estados Unidos tendría dificultades para enviar a toda prisa armas y tecnología a la zona de conflicto. Todas las partes pagarían un precio terrible por una batalla en dos frentes, pero Rusia ha demostrado cuánto está dispuesta a pagar por desafiar la supremacía estadounidense, y es posible que tanto China como Rusia crean que ha llegado su momento. De ser así, tenemos buenas razones para estar preocupados. Si un pesimista es alguien que imagina lo peor con el objeto de evitarlo, todos deberíamos ser pesimistas."

(Michael Ignatieff es profesor de Historia en la Univresidad Central Europea de Viena, Revista de prensa , 28/02/24. Este artículo se publicó originalmente en ABC)

16.2.24

Hace cinco años existía un malestar difuso con más frustraciones que aspiraciones, con agitaciones poco transformadoras de la realidad social. Mucha gente creía pertenecer a una confusa clase media. Nació el concepto del “precariado”, un conglomerado amplio y confuso de ciudadanos de distintas capas superpuestas que no tenían conciencia de clase pero que expresaban su resentimiento porque la política y sus representantes públicos los habían abandonado. La Gran Recesión y los efectos de la covid hicieron el resto... todo se paró y desde entonces se ha vivido un lustro de repliegue que nos ha llevado al lugar en el que nos encontramos, en el que cosas antes inverosímiles como que Trump vuelva a ganar las elecciones o que se instale el nacionalismo de extrema derecha en diversos países europeos puedan ser posibles (Joaquín Estefanía)

 "El año 2019, el anterior a la covid y al gran confinamiento que detuvo el mundo, fue de enormes movilizaciones, heterogéneas por sus causas pero en muchos lugares simultáneas. Se le denominó “el año de las protestas”. Posiblemente el icono de todas ellas fue aquel manifestante con cascos para la música y mascarilla antigás, armado con un paraguas, que parecía estar bailando ballet entre el humo generado por la policía hongkonesa. Si alguien creyese en las teorías de la conspiración, ahí tendría una de ellas: todo se paró y desde entonces se ha vivido un lustro de repliegue que nos ha llevado al lugar en el que nos encontramos, en el que cosas antes inverosímiles como que Trump vuelva a ganar las elecciones o que se instale el nacionalismo de extrema derecha en diversos países europeos puedan ser posibles. 

 El periodista Andrea Rizzi comenzaba su crónica de un modo espec­tacular: la mayor potencia del mundo (EE UU), el país más poblado (India), el más extenso (Rusia), el mayor bloque comercial (la Unión Europea), el mayor país musulmán (Indonesia), el mayor país de lengua española (México), el territorio (Taiwán) que encarna el mayor riesgo de confrontación entre las dos superpotencias de este siglo (China y EE UU), en todos ellos se votará este año. Alrededor de 70 países, que convocan a más de 3.100 millones de habitantes, tienen previsto celebrar elecciones presidenciales o legislativas en el curso que mañana comienza.

En general se prevé un giro ambiental hacia la derecha. Entonces, en 2019, los analistas se preguntaban qué sucedería tras ese espontaneísmo de las movilizaciones, una vez que sus protagonistas se agotasen. Era una forma de volver al viejo debate sobre si se necesitan vanguardias políticas y sindicales organizadas que encaucen y dirijan las críticas de la calle. Es un asunto tradicional de las izquierdas. En uno de los libros publicados tras mayo de 1968, uno de sus dirigentes más representativos se confesaba melancólico o decepcionado al hacer balance: después de mayo llegó junio, y la derecha se rehízo y ganó las elecciones (Francia); la izquierda no tenía nada que proponer en el sentido de una ideología ni siquiera reformista.

 Hace cinco años existía un malestar difuso con más frustraciones que aspiraciones, con agitaciones poco transformadoras de la realidad social. Mucha gente creía pertenecer a una confusa clase media. Nació el concepto del “precariado”, un conglomerado amplio y confuso de ciudadanos de distintas capas superpuestas que no tenían conciencia de clase pero que expresaban su resentimiento porque la política y sus representantes públicos los habían abandonado. La Gran Recesión y los efectos de la covid hicieron el resto. Son los perdedores de aquella globalización, que se manifestaban interrogándose sobre si aquello que les habían vendido de la flexibilidad laboral, la liberalización comercial, la mundialización de las finanzas, etcétera, haría avanzar sus economías y su bienestar. En muchos casos no ha sido así y se sienten engañados.

 Pero ya entonces se veían vectores tirando en direcciones opuestas y ya estaban entre nosotros los Trump, Bolsonaro, Orbán, Boris Johnson, Erdogan, Mateo Salvini, Narendra Modi, Xi Jinping, etcétera. Los hombres fuertes. Hoy parece estar venciendo el vector más regresivo, lo que hace que los países con gobiernos progresistas parezcan islas rodeadas, y de vez en cuando se contagien de lo que sucede a su alrededor. (...)"             (Joaquín Estefanía ,El País, 31/12/23)

12.1.24

La opinión de consenso no es de recesión, ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo, para 2004... pero aunque la economía estadounidense evitó técnicamente un desplome en 2023, que podría haber desencadenado una contracción mundial, los sonidos optimistas del consenso de este año podrían volver a equivocarse, esta vez en sentido contrario... Ahora la economía estadounidense está en declive relativo, el sector manufacturero se está estancando y Estados Unidos se enfrenta a la amenaza del ascenso de China, que le obliga a llevar a cabo guerras por poderes a escala mundial para preservar su hegemonía. Mucho más probable es que 2024 sea otro año de lo que he llamado una Larga Depresión que comenzó tras la Gran Recesión de 2008-9... En resumen, 2024 parece que será un año de ralentización del crecimiento económico para la mayoría de los países y, probablemente, de recesión en Europa, América Latina y Asia. La crisis de la deuda en los países del llamado Sur global que no tienen energía o minerales que vender empeorará. Así pues, aunque Estados Unidos vuelva a evitar este año una caída en picado, la mayoría de la población mundial no lo percibirá como un "aterrizaje suave" (Michael Roberts, economista de la City)

 "2023 terminó con el mercado bursátil estadounidense alcanzando un máximo histórico.

Los mercados financieros y los principales economistas respiraron aliviados al comprobar que la economía estadounidense no había entrado en recesión, es decir, que técnicamente llevaba dos trimestres consecutivos de contracción de la producción nacional real.  En cambio, a pesar de que la Reserva Federal elevó su tipo de interés oficial a su nivel más alto en 15 años, el PIB real de EE.UU. aumentó en torno al 2,0-2,5% en 2023, posiblemente algo más que en 2022.  Al mismo tiempo, la tasa de inflación al consumo bajó de una media del 8% en 2022 al 4,2% en 2023, con la última cifra en sólo el 3,1%.  El desempleo no aumentó, situándose en una media del 3,6%, igual que en 2022, aunque en los últimos meses se han observado signos de repunte.

Así pues, el consenso de las previsiones económicas a principios de 2023 resultó erróneo.  Como escribí en mi previsión para 2023 titulada "La caída inminente": "parece que la mayoría de los pronosticadores están de acuerdo en que en 2023 se producirá un desplome, aunque no se atreven a apostar por su profundidad ni por las regiones en las que se producirá".

Pero, como ya he dicho en entradas anteriores, la medida del PIB parece un poco atípica en comparación con la medida de la actividad económica basada en la renta interior bruta (RIB).  La renta nacional real (es decir, los beneficios más los salarios) no ha crecido en absoluto.  Si promediamos estas dos tasas diferentes, entonces el crecimiento económico de EE.UU. ha sido aproximadamente la mitad de la tasa del PIB y considerablemente más lento que en 2022.

 ¿A qué se debe esta diferencia significativa en 2023?  La razón principal es que el crecimiento del PIB no se ha transformado en un aumento de las ventas y los ingresos al mismo ritmo.  Por el contrario, se han acumulado existencias de bienes producidos.  De hecho, la industria manufacturera estadounidense está sumida en la caída más prolongada en más de dos décadas. La actividad en el sector manufacturero se ha debilitado durante 13 meses consecutivos, el período más largo desde 2002, según las encuestas de directores de compras (PMI) del Institute for Supply Management.

PMI manufacturero estadounidense (por debajo de 50 = contracción)

De hecho, si se tiene en cuenta la inflación de los precios de los productos en las tiendas y en línea, el volumen de ventas al por menor en EE.UU. ha descendido con respecto a 2022.

Y la producción manufacturera también está cayendo.

Sólo el gran sector de los llamados servicios se ha expandido en Estados Unidos.  Y en ese sector, el crecimiento más rápido se ha producido en la sanidad, la educación y, por supuesto, la tecnología.  La tecnología experimentó un auge en 2023, al multiplicarse las subvenciones públicas a las empresas tecnológicas.  La Ley de Reducción de la Inflación ofreció incentivos fiscales a los fabricantes de equipos de energías renovables y a los compradores de vehículos eléctricos. La Ley de Chips y Ciencia incluía 39.000 millones de dólares en subvenciones para los fabricantes de semiconductores.

El gasto en construcción manufacturera (principalmente informática) aumentó casi un 40% en 2022 y ha subido otro 72% hasta los 10 primeros meses de 2023 frente al mismo periodo del año anterior.

 "Estos factores acíclicos están impulsando la inversión en estructuras manufactureras sólo en este sector, pero el sector en general sigue teniendo dificultades", afirmó Bernard Yaros, economista jefe de Oxford Economics en Estados Unidos.  La inversión en fábricas se ha producido en la franja de más alta tecnología del sector, mientras que otras industrias luchan contra un exceso de existencias inducido por la pandemia y unos tipos de interés más altos.

Los pedidos empresariales de bienes de equipo, excluidos aviones y material militar, llevan cayendo unos dos años (una vez ajustados a la inflación), según el Departamento de Comercio.

Así pues, aunque el sector tecnológico crece y es rentable, al resto de las empresas estadounidenses no les va tan bien.  Los beneficios de las empresas del sector no financiero sólo han aumentado un 3% respecto al año pasado y ahora están cayendo.

Y todo ello en EE.UU., la más fuerte de las economías del G7 desde el final de la pandemia.

Pero nótese que, incluso en EE.UU., la trayectoria del crecimiento es más baja que antes de la Gran Recesión de 2008-9 y no es mejor que durante la media de la década de 2010.  Europa ha obtenido malos resultados desde la Gran Recesión y aún peores desde el final de la pandemia.  En 2023, en Europa, Suecia, los Países Bajos y Alemania entraron en recesión, y el Reino Unido, Italia y Francia cerca de ella.  Canadá está en recesión y Japón cerca de ella. 

Pero, ¿y en 2024?  Esta vez, la opinión de consenso no es de recesión ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo.  Douglas Porter, economista jefe de BMO Capital Markets Economics, resume el consenso. "Espero que la mayoría de las principales economías crezcan más lentamente en 2024 que en 2023, pero los recortes de tipos, el enfriamiento de los precios de la energía y los alimentos y la normalización de las cadenas de suministro evitarán una recesión mundial".

Analicemos estas afirmaciones.  Para empezar, el consenso sigue siendo que el crecimiento mundial será aún más lento que en 2023.  Cito la previsión del FMI de octubre de 2023: "La previsión de referencia es que el crecimiento mundial se ralentice del 3,5% en 2022 al 3,0% en 2023 y al 2,9% en 2024, muy por debajo de la media histórica (2000-19) del 3,8%. Se prevé que las economías avanzadas se desaceleren del 2,6% en 2022 al 1,5% en 2023 y al 1,4% en 2024, a medida que la restricción política empiece a surtir efecto. Se prevé que las economías de mercado emergentes y en desarrollo registren un modesto descenso del crecimiento, del 4,1% en 2022 al 4% tanto en 2023 como en 2024".

No parece que el año 2024 vaya a ser próspero ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo.

Pero parece que los tipos de interés oficiales de los bancos centrales han tocado techo.  Así que los mercados financieros esperan ahora reducciones significativas durante 2024, empezando ya en marzo.  Las tasas de inflación están cayendo en todas partes en las principales economías y el desempleo no ha aumentado, como he mostrado anteriormente.  De hecho, el llamado "índice de miseria" (la suma de la inflación y la tasa de desempleo) en EE.UU. y otras grandes economías se ha reducido a la mitad en 18 meses.

Lo que desconcierta a muchos es que la economía estadounidense, al menos en apariencia, está logrando un "aterrizaje suave" de la pandemia, con una inflación a la baja, un desempleo bajo y unos ingresos medios reales que empiezan a aumentar, pero la opinión pública estadounidense sigue deprimida e insegura sobre el futuro.

El problema es que la inflación sólo ha caído a la mitad y sigue muy por encima del nivel anterior a la pandemia, inferior al 2%.  Y esa caída se debe casi por completo al fin de los bloqueos de suministro provocados por la pandemia y a la eventual caída de los precios de la energía y los alimentos.  Como muchos han explicado, ha tenido poco que ver con la política monetaria de los bancos centrales.

Puede que el índice de miseria haya bajado, pero la mayoría de los hogares de EE.UU., Europa y Japón siguen sufriendo las secuelas de la caída de la pandemia.  Los precios en Europa y EE.UU. son un 17-20% más altos que al final de la pandemia.  Puede que abunden los empleos, pero en general no están bien pagados y suelen ser a tiempo parcial o temporales.  Además, la persistente guerra en Ucrania y ahora la horrenda diezma de Gaza podrían provocar una inversión de la pasada caída de la presión de la cadena de suministro mundial, según el índice de la Fed de Nueva York.

Y lo que falta en todas estas previsiones optimistas es el estado de las llamadas economías emergentes o en desarrollo del Sur Global.  Si quitamos de la ecuación a China, India e Indonesia, el resto de estas economías, sobre todo las más pobres y a menudo las más pobladas, se enfrentan un año más a una grave crisis de la deuda, en la que se han multiplicado los impagos de la deuda por parte de gobiernos y empresas de países pobres.

He hablado de ello en muchos posts anteriores y, aunque los tipos de interés podrían empezar a bajar más adelante, en 2024, el impacto sobre la capacidad de muchos países para cumplir sus "obligaciones" con los fondos de inversión y los bancos de los países ricos y con los organismos internacionales será aún más débil este año que el pasado.

 Todo esto sugiere que, aunque la economía estadounidense evitó técnicamente un desplome en 2023, que podría haber desencadenado una contracción mundial, los sonidos optimistas del consenso de este año podrían volver a equivocarse, esta vez en sentido contrario.

Así está la economía en 2024.  Pero también está la política.  2024 es el año de las elecciones.  Hay programadas 40 elecciones nacionales, cuyos efectos afectarán al 41% de la población mundial, en países que representan el 42% del PIB mundial.

Las elecciones más importantes serán las presidenciales estadounidenses de noviembre, cuyo resultado puede desestabilizar todas las economías y mercados financieros.  Donald Trump afirma que la bolsa y la economía sólo se mantienen fuertes porque todo el mundo espera que gane en noviembre.  Si no lo hace, "entonces habrá una nueva Gran Depresión".  Pues bien, ese pronóstico no parece probable; de hecho, bien podría ocurrir lo contrario si pierde.  Pero no hay certeza sobre quién ganará; o si Biden se presentará de nuevo; o si Trump o Biden cumplirían otro mandato completo.

 Rusia también tiene elecciones presidenciales, pero allí el resultado está claro y garantizado, no sólo porque los niveles de los medios de comunicación, las comisiones electorales y el control estatal están totalmente en manos de Putin y se suprime cualquier oposición, sino también porque la invasión rusa de Ucrania ha impulsado realmente su apoyo popular.  La economía rusa ha evitado caer en picado y, de hecho, ha crecido en el último año, impulsada principalmente por el gasto militar.

En Europa, en las elecciones a la Asamblea Europea de junio se espera un giro significativo hacia los partidos de derechas contrarios a la inmigración y a la integración en la UE, que también se oponen a que la UE siga apoyando a Ucrania.  Pero es probable que los actuales partidos de "centro" derecha pro-Israel y pro-Ucrania mantengan la mayoría.  Portugal celebra unas elecciones en las que casi con toda seguridad se echará a los socialistas, envueltos en un escándalo de corrupción.

Y aquí, en el Reino Unido, habrá elecciones generales este año.  El partido laborista de la oposición, ahora controlado y dirigido por una facción de derechas proempresarial, parece dispuesto a ganar a un gobierno conservador incompetente y corrupto, que ya ni siquiera cuenta con el apoyo de sus cada vez más enloquecidos y envejecidos miembros.  Pero un gobierno laborista se limitaría a seguir "como siempre", tanto en la política económica nacional como en el apoyo acrítico a la hegemonía mundial de Estados Unidos.

 La otra gran cita con las urnas es en India, donde de nuevo el expresidente fascista Modi, en el poder desde 2014, parece dispuesto a ganar las elecciones, dado el fuerte crecimiento económico del país y el desorden de los partidos de la oposición.  Al otro lado de la frontera, en Pakistán, la situación será muy tensa, ya que el actual gobierno de derechas respaldado por el ejército pretende derrotar al partido del ex primer ministro Imran Khan, enemistado con los militares.  En la vecina Bangladesh, el gobierno autocrático en funciones ganará, ya que la oposición está dispuesta a boicotear las elecciones.

En Indonesia y Corea del Sur es probable que se mantenga el statu quo de los gobiernos procapitalistas.  Es probable que el Congreso Nacional Africano (ANC) resista en Sudáfrica en las elecciones de mayo, ya que la oposición está dividida, pero el ANC podría caer por debajo del 50% de los votos por primera vez desde el final del apartheid.  

Claudia Sheinbaum, la candidata preferida del actual Presidente Andrés Manuel López-Obrador, lidera las encuestas con un amplio margen en México. Otra elección clave es la de Venezuela.  Mediante un acuerdo alcanzado con Estados Unidos, se han relajado las sanciones contra el país a cambio de la celebración de elecciones generales.  El objetivo estadounidense es acabar con el Gobierno de Maduro mediante una votación popular.

Faltan quince días para las elecciones generales en Taiwán, donde el partido independentista en el poder parece que conservará la presidencia frente a los partidos más favorables a China continental.  Esto podría aumentar las tensiones entre Estados Unidos y China.

 2024 también podría ser el año en que se aclare el impacto sobre la productividad y el empleo del auge de la IA generativa.  A los tecnooptimistas como Goldman Sachs se les cae la baba ante la perspectiva de fuertes aumentos en el crecimiento de la productividad de EE.UU. durante el resto de esta década, logrados principalmente mediante reducciones masivas de puestos de trabajo en muchos sectores de servicios.

En 2024, el gasto en IA generativa ascenderá a poco más de 20.000 millones de dólares, es decir, el 0,5% del gasto mundial total en TI, según John-David Lovelock, jefe de previsiones de la empresa de investigación informática Gartner. En comparación, los compradores de TI gastarán cinco veces más en seguridad, añade.  Sin embargo, Goldman Sachs calcula que la inversión en IA se disparará en la última parte de esta década hasta alcanzar más del 2,5% del PIB en 2032.

Incluso si eso ocurre, puede que no se produzca un aumento generalizado del crecimiento de la productividad.  La gran revolución de Internet de finales de la década de 1990 produjo un boom bursátil, una burbuja y una quiebra, pero hizo poco por impulsar el crecimiento de la productividad general del trabajo a partir de la década de 2000.  Como comentó en su momento el recientemente fallecido experto económico de la corriente dominante sobre el impacto de la tecnología en la productividad, Robert Solow: "La era informática se ve en todas partes, menos en las estadísticas de productividad".  El crecimiento de la productividad se ha ralentizado globalmente como tendencia a lo largo de las dos primeras décadas de este siglo.

 La esperanza de los optimistas es que la inteligencia artificial y las maestrías en Derecho inicien una "década de los 20 rugiente", similar a la vivida en Estados Unidos tras el final de la epidemia de gripe española de 1918-20 y la posterior depresión de 1920-21. Pero algunas cosas son diferentes ahora.  Pero algunas cosas son diferentes ahora.  En 1921, Estados Unidos era una potencia manufacturera en rápido ascenso que arrasaba en una Europa devastada por la guerra y una Gran Bretaña en declive.  Ahora la economía estadounidense está en declive relativo, el sector manufacturero se está estancando y Estados Unidos se enfrenta a la amenaza del ascenso de China, que le obliga a llevar a cabo guerras por poderes a escala mundial para preservar su hegemonía.

Mucho más probable es que 2024 sea otro año de lo que he llamado una Larga Depresión que comenzó tras la Gran Recesión de 2008-9, similar a la depresión de finales del siglo XIX, de 1873-95, en la mayoría de las principales economías de entonces.  A menos que la rentabilidad media aumente drásticamente, el crecimiento de la inversión empresarial en general seguirá siendo bajo, incluso si la IA impulsa la productividad en algunos sectores.  Para conseguir un cambio radical en la rentabilidad del capital mundial sería necesaria una gran limpieza (desplome) para eliminar a los débiles (zombis) y aumentar el desempleo en los sectores de bajo valor.  Hasta ahora, esta política de "liquidación" o de "destrucción creativa" no ha obtenido apoyo en la corriente dominante ni en los círculos políticos oficiales.  Es mejor "salir del paso".

 En resumen, 2024 parece que será un año de ralentización del crecimiento económico para la mayoría de los países y, probablemente, de recesión en Europa, América Latina y Asia.  La crisis de la deuda en los países del llamado Sur global que no tienen energía o minerales que vender empeorará. Así pues, aunque Estados Unidos vuelva a evitar este año una caída en picado, la mayoría de la población mundial no lo percibirá como un "aterrizaje suave"."

   (Michael Roberts, blog, 29/12/23; traducción DEEPL)

11.1.24

Nouriel Roubini: ¿Qué clase de aterrizaje puede tener la economía mundial en 2024? El escenario optimista es «sin aterrizaje»... el escenario sin aterrizaje y el de aterrizaje forzoso hoy parecen extremos muy improbables... luego está China, que ya experimenta un aterrizaje accidentado, con cifras de crecimiento decepcionantes. Por ahora, los peores escenarios parecen los menos probables. Pero hay muchos factores (en particular, sucesos geopolíticos) que pueden arruinar los pronósticos de este año

 "Hace un año por estas fechas, alrededor del 85% de los economistas y analistas de mercado (incluido yo) preveían que Estados Unidos y la economía mundial sufrirían una recesión. La inflación, en caída pero persistente, hacía pensar que todavía faltaba un período de endurecimiento monetario, antes de una rápida flexibilización al llegar la recesión; las bolsas caerían y los rendimientos de los bonos se mantendrían elevados. 

 En vez de eso, sucedió casi lo contrario. La inflación se redujo más de lo esperado, no hubo recesión, las bolsas subieron y los rendimientos de los bonos primero tuvieron un alza y luego cayeron. De modo que conviene encarar los pronósticos para 2024 con humildad. Pero la tarea es en esencia la misma: proponer diversos escenarios (de base, optimista, pesimista) y asignarles probabilidades a lo largo del tiempo a cada uno. Para muchos economistas y analistas (no todos), hoy el escenario de base es un aterrizaje suave, en el que las economías avanzadas (comenzando por Estados Unidos) evitan una recesión, pero el crecimiento se mantiene por debajo del potencial, la inflación sigue cayendo en dirección a alcanzar la meta del 2% en 2025, y los bancos centrales tal vez comienzan a reducir sus tipos de interés en el primer o segundo trimestre de este año. Este escenario sería el mejor para los mercados de bonos y renta variable, que ya han comenzado una tendencia alcista en previsión de que suceda. 

 El escenario optimista es «sin aterrizaje»: el crecimiento (al menos en Estados Unidos) se mantiene por encima del potencial y la inflación no se reduce tanto como prevén los mercados y la Reserva Federal de los Estados Unidos. La bajada de tipos de interés también será más tardía y lenta que en las previsiones de la Fed, de otros bancos centrales y de los mercados. Paradójicamente, y a pesar de la mejora sorprendente del crecimiento que trae consigo, este escenario sin aterrizaje sería malo para los mercados de acciones y bonos, porque implica que los tipos de interés serán un poco más altos por más tiempo. Un escenario ligeramente pesimista es un aterrizaje accidentado, con una recesión breve y superficial que provoca una caída de la inflación mayor y más rápida que la prevista por los bancos centrales. La reducción de los tipos de interés se adelantará, y en vez de los tres recortes de 25 puntos básicos insinuados por la Fed, podría haber seis, como ya están cotizando los mercados. 

 Por supuesto, también puede haber una recesión más grave que lleve a una crisis crediticia y de deuda. Pero aunque el año pasado este escenario parecía bastante probable (debido al encarecimiento de los commodities que siguió a la invasión rusa de Ucrania y algunas quiebras de bancos en Estados Unidos y Europa), hoy ya no lo parece, por la debilidad de la demanda agregada. Solamente habría que preocuparse si se produjera una nueva perturbación estanflacionaria importante, por ejemplo un encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Gaza, sobre todo si se convierte en una guerra regional más amplia con participación de Hezbolá y de Irán, que afecte la producción y exportación de petróleo del Golfo. En cuanto a otras perturbaciones geopolíticas (por ejemplo, nuevas tensiones entre Estados Unidos y China), lo más probable es que no sean tanto estanflacionarias (menos crecimiento y más inflación) cuanto contractivas (menos crecimiento y menos inflación), a menos que provoquen trastornos importantes en el comercio internacional o afecten la producción y exportación de chips taiwaneses. Otra gran perturbación puede producirse en noviembre con la elección presidencial en los Estados Unidos. Pero en ese caso los efectos se sentirán más en 2025, de no mediar una situación de gran inestabilidad interna antes de la elección. Pero aquí también, la agitación política en los Estados Unidos contribuiría más al estancamiento que a una estanflación.

 En relación con la economía mundial, el escenario sin aterrizaje y el de aterrizaje forzoso hoy parecen extremos muy improbables, aunque la probabilidad del primero es mayor para Estados Unidos que para otras economías avanzadas. Luego, que el aterrizaje sea suave o accidentado depende de cada país o región. Por ejemplo, en Estados Unidos y algunas otras economías avanzadas parece muy probable un aterrizaje suave. A pesar del endurecimiento monetario, el crecimiento en 2023 fue superior al potencial, y la inflación siguió cayendo, al resolverse los efectos negativos de la pandemia sobre la oferta agregada. En cambio, la eurozona y el Reino Unido tuvieron crecimiento inferior al potencial y cercano a cero o negativo durante los últimos trimestres, ya que la inflación se redujo y puede que no consigan un mejor desempeño en 2024 si persisten los factores que debilitan el crecimiento. Que las economías más avanzadas tengan un aterrizaje suave o accidentado depende de una variedad de factores. Para empezar, el endurecimiento monetario opera con retardo, y es posible que tenga más efecto en 2024 que el que tuvo en 2023. Además, la refinanciación de deudas puede dejar a muchas empresas y hogares con costos de servicio de deudas bastante más altos para este año y el siguiente. Y si alguna perturbación geopolítica activa otro episodio inflacionario, los bancos centrales estarán obligados a posponer la reducción de tasas. Bastaría una pequeña escalada del conflicto en Medio Oriente para encarecer la energía y obligar a los bancos centrales a reconsiderar sus pronósticos actuales. Y hay muchas megaamenazas estanflacionarias a mediano plazo con capacidad para reducir el crecimiento y aumentar la inflación.

 Luego está China, que ya experimenta un aterrizaje accidentado. Sin reformas estructurales (que no parecen próximas), su crecimiento potencial será inferior a 4% durante los próximos tres años y cercano al 3% en 2030. Tal vez las autoridades chinas consideren inaceptable un crecimiento efectivo inferior al 4% este año; pero alcanzar el 5% es imposible sin un estímulo macro a gran escala, que llevaría a niveles peligrosos unos ratios de apalancamiento que ya son elevados. Lo más probable es que China implemente un estímulo moderado pero suficiente para llevar el crecimiento un poco por encima del 4% en 2024. En tanto, los frenos estructurales al crecimiento (el envejecimiento poblacional, el exceso de deuda, un sector inmobiliario inflado, la interferencia estatal en la economía, la falta de una red de seguridad social sólida) persistirán. Puede que al final China evite un aterrizaje forzoso total con una grave crisis de deuda y financiera, pero es de prever un aterrizaje accidentado con cifras de crecimiento decepcionantes. El mejor escenario para los precios de los activos, las acciones y los bonos es un aterrizaje suave, aunque tal vez las cotizaciones actuales ya lo tengan incorporado. Un escenario sin aterrizaje sería bueno para la economía real pero malo para los mercados de bonos y renta variable, porque impediría a los bancos centrales continuar las bajadas de tipos. Un aterrizaje accidentado sería malo para las acciones (al menos hasta que parezca que la recesión breve y superficial tocó fondo) y bueno para los bonos, ya que implica una rebaja de tipos adelantada y más rápida. Finalmente, es evidente que un escenario más estanflacionario sería lo peor para las acciones y los bonos.

 Por ahora, los peores escenarios parecen los menos probables. Pero hay muchos factores (en particular, sucesos geopolíticos) que pueden arruinar los pronósticos de este año." 

(Nouriel Roubini, Professor Emeritus of Economics at New York University’s Stern School of Business, Project Syndicate, 08/01/24)

10.1.24

El año que viene: diez cuestiones y un comodín... Presagiaría un dramático declive de la gobernanza democrática y los valores liberales... una retirada significativa de Estados Unidos de las alianzas y organizaciones internacionales... Los líderes y políticos autoritarios de todo el mundo tomarán como modelo la retirada de Estados Unidos de la democracia y actuarán en consecuencia... En Estados Unidos, los litigios climáticos estarán en auge. Los jóvenes -tras una decisión judicial favorable en Montana- demandarán para proteger la salud de las generaciones futuras... Se espera que la guerra de Ucrania incluya más ataques ucranianos dentro de Rusia y algunos ataques rusos a países de la OTAN (Polonia)... Los Estados fallidos y en descomposición aumentarán... La crisis de la deuda de los países más pobres se intensificará... Las relaciones entre China y Estados Unidos pueden mejorar marginalmente a medida que se normalice la comunicación entre militares... los partidos centristas en Europa tratarán de apaciguar a la extrema derecha para mantener sus coaliciones gobernantes... En todas partes se tenderá a limitar la inmigración... Sería bonito vivir en tiempos de paz y armonía, pero no es así (Mel Gurtov)

 "Es probable que 2024 esté repleto de algo más que los retos habituales para la seguridad y la supervivencia planetarias. He aquí 10 temas y un comodín que sugieren lo que nos espera a nivel internacional y que merece nuestra atención.

1. Será otro año de temperaturas récord y de las tensiones medioambientales que las acompañan: más sequías, huracanes, inundaciones, pérdidas de especies y de arrecifes de coral. La pérdida de hielo en la Antártida será especialmente notable. Los acuerdos alcanzados en la conferencia COP28 sobre el cambio climático se citarán una y otra vez, pero probablemente no para celebrar su cumplimiento generalizado. En Estados Unidos, los litigios climáticos estarán en auge. Entre los casos más interesantes estarán los de Oregón, Hawái y California, en los que jóvenes -tras una decisión judicial favorable en Montana- demandan para proteger la salud de las generaciones futuras de los daños medioambientales.

 2. Las grandes guerras en Ucrania e Israel/Palestina continuarán a lo largo del año, con una tendencia a la baja del apoyo internacional a Ucrania e Israel. Se espera que la guerra de Ucrania incluya más ataques ucranianos dentro de Rusia y algunos ataques rusos a países de la OTAN (Polonia). La crisis humanitaria en Gaza se hará inmanejable a medida que se endurezca la ocupación israelí. Israel puede verse convulsionado por un nuevo conflicto entre la extrema derecha y los liberales sobre la independencia judicial. Su guerra con Hezbolá puede no ser contenible y desembocar en una acción militar israelí en Líbano o en un conflicto con Irán, o ambas cosas. En Estados Unidos puede haber llamamientos a atacar Irán, no sólo en apoyo de Israel, sino también para provocar un cambio de régimen y acabar con el programa nuclear iraní.

3. Los Estados fallidos y en descomposición pueden aumentar bajo el peso de los golpes de Estado, las guerras civiles, el cambio climático y el deterioro de las condiciones económicas que incluyen una elevada inseguridad alimentaria. África tiene muchas historias de este tipo: Sudán, Níger, Burkina Faso, Somalia. Pero África no está sola; Haití, Myanmar y Pakistán también destacan. Estos signos de colapso de la autoridad ejercerán una enorme presión para que la ONU y otras organizaciones internacionales y no gubernamentales proporcionen ayuda, una ayuda que será cada vez más difícil de conseguir.

4. La crisis de la deuda de los países más pobres se intensificará, especialmente en el África subsahariana, donde todos los países están profundamente endeudados con China y no tienen una salida previsible.

 5. China mirará sobre todo hacia dentro, no hacia fuera, a medida que su economía se hunde en problemas. La seguridad interna tendrá la máxima prioridad para Xi Jinping, que redoblará la disciplina social, militar y del partido. La represión puede intensificarse a medida que el partido-Estado intente frustrar el creciente descontento social.

6. Las relaciones entre China y Estados Unidos pueden mejorar marginalmente a medida que se normalice la diplomacia de alto nivel, especialmente la comunicación entre militares. Pero la mejora depende de la estabilización de la situación en Taiwán tras las próximas elecciones y de un enfriamiento de las tensiones en el Mar de China Meridional. Ninguna de estas posibilidades es probable si gana un candidato independentista en Taiwán y si Filipinas y China no pueden resolver sus reivindicaciones territoriales contrapuestas en el Mar de China Meridional.

7. La cuestión nuclear en Corea del Norte volverá a hacer saltar las alarmas cuando Pyongyang lleve a cabo más pruebas de misiles de largo alcance. También es posible otro ensayo nuclear subterráneo norcoreano. Las posibilidades de que se reanude la diplomacia entre Estados Unidos y Corea del Norte parecen remotas.

8. Es probable que el populismo iliberal, también conocido como autocracia de mano dura, se fortalezca en supuestas democracias como la India de Modi, la Hungría de Orban y la Turquía de Erdogan. Cabe esperar que los líderes antidemocráticos de China, Rusia y otros países continúen con sus esfuerzos de desinformación dirigidos a apoyar a los políticos de extrema derecha y a denigrar a los liberales. Peor aún, los partidos centristas en Europa tratarán de apaciguar a la extrema derecha para mantener sus coaliciones gobernantes.

 9. Aumentarán los ciberataques y otras amenazas a la seguridad gubernamental y personal. El pirateo chino de objetivos estadounidenses, por ejemplo, ha pasado del sabotaje económico para hacerse con secretos empresariales a los ataques a infraestructuras críticas como servicios públicos y sistemas de transporte, según los expertos. La cuestión del pirateo informático parece destinada a convertirse en un asunto de primer orden en las discusiones entre Estados Unidos y China.

10. La inmigración seguirá desafiando a los gobiernos liberales y dando pábulo a políticos de extrema derecha y grupos extremistas. En todas partes se tenderá a limitar la inmigración reduciendo la amnistía y las normas de residencia.

Por último, el comodín: las elecciones estadounidenses. Una victoria de Trump significaría un giro de la implicación internacional a la agitación interna, ya que Trump busca venganza contra sus enemigos. Su política de venganza tendrá consecuencias globales.

Presagiaría un dramático declive de la gobernanza democrática y los valores liberales, una retirada significativa de Estados Unidos de las alianzas y organizaciones internacionales, presiones sobre Ucrania para que ceda a la ocupación rusa de su territorio, una importante reducción de la ayuda exterior estadounidense y otros programas internacionales, el fin de los compromisos de Estados Unidos sobre el cambio climático y un aumento significativo de las tensiones entre Estados Unidos y China (especialmente sobre Taiwán). Los líderes y políticos autoritarios de todo el mundo tomarán como modelo la retirada de Estados Unidos de la democracia y actuarán en consecuencia.

 Incluso una victoria de Biden, si no va acompañada del control demócrata de la Cámara de Representantes o el Senado, supondría un problema para los compromisos internacionales de Estados Unidos, empezando por Ucrania y el cambio climático.

Siento ser tan pesimista, pero los hechos y las tendencias son ineludibles. Sería bonito vivir en tiempos de paz y armonía, pero no es así."


(Mel Gurtov es catedrático emérito de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Portland, Counter Punch, 09/01/24; traducción DEEPL)

9.1.24

Alianza de Asociaciones de Ciencias Sociales 2024: incertidumbre sobre el crecimiento, confusión sobre la inflación y parálisis climática... mantener la industria de los combustibles fósiles es más importante que mantener las especies del planeta y el nivel de vida de la mayoría de la humanidad. No hubo nada en las sesiones principales de ASSA que reconociera esto (Michael Roberts)

 "ASSA, la Alianza de Asociaciones de Ciencias Sociales, celebra anualmente la mayor conferencia económica del mundo.  Su anfitriona es la American Economics Association y este año se celebró en San Antonio (Nuevo México).  Asisten más de 13.000 estudiantes y profesores de economía y se presentan cientos de trabajos en sesiones de tres días.  Y hay discursos de los "grandes y buenos" de la economía dominante, a los que asisten cientos de personas.  Pero también hay sesiones organizadas por grupos de economistas radicales, a las que asisten unos cuantos.

Empecemos hablando de algunas de las sesiones de la corriente económica dominante.  Creo que podemos destacar tres temas principales tratados en las grandes reuniones: el estado y el futuro de la economía estadounidense; por qué se produjo un repunte inflacionista después de COVID; y si el cambio climático y el calentamiento global pueden frenarse o detenerse.

Una de las sesiones se tituló: ¿Hacia dónde va la economía? Los panelistas de esta sesión expresaron su "incertidumbre" sobre la dirección de la economía estadounidense en los próximos años debido a las "sacudidas" de la pandemia COVID y su impacto en el sector inmobiliario comercial (trabajo a domicilio), las posibles crisis bancarias y las "inestabilidades geopolíticas". "Estas inestabilidades, en particular, hacen que el camino a seguir sea menos predecible y menos resistente a los choques sistémicos", afirmó Janice Eberly, de la Universidad Northwestern.

 Lo sorprendente es que los panelistas parecían más preocupados por el tamaño de la deuda pública y los déficits fiscales que debilitan la economía estadounidense.  Parece que la corriente dominante sigue obsesionada con reducir el tamaño del sector público y el gasto, en lugar de abordar cualquier fallo en el sector capitalista dominante de la economía.  James Hines, de la Universidad de Michigan, pronosticó que para 2030 el coste del servicio de la deuda pública (intereses y amortización de bonos) superaría todos los ingresos fiscales y entonces habría que recortar el gasto público, incluso el de defensa (¡sorpresa!).  Y éste era el verdadero obstáculo para el crecimiento de la economía estadounidense.

Sin embargo, Hines afirmó que Estados Unidos "hace capitalismo" mejor que ningún otro país, con fuertes empresas emprendedoras e instituciones financieras y públicas bien organizadas para garantizar que el capitalismo estadounidense funcione.  "La mayoría de las cosas que van a ser útiles provendrán del libre mercado: mucho comercio, mucha inversión", afirmó Hines. ¿Qué opina de la creciente desigualdad de ingresos y riqueza en Estados Unidos? preguntó uno de los participantes.  Sí, es preocupante", se respondió, "y los economistas deben estudiar el problema detenidamente", ...., pero no se ofreció ninguna respuesta.

 Luego estaba la cuestión de la inteligencia artificial: ¿proporcionaría un nuevo impulso a la productividad y haría despegar a la economía estadounidense?  Los ponentes se mostraron cautos, señalando que a menudo las innovaciones tecnológicas quedan confinadas a sus sectores y no se difunden por toda la economía.  Sin embargo, a veces, el equilibrio actual puede verse "puntuado" por una innovación disruptiva que transforme la economía, dijo Eberly (por cierto, el uso del término "equilibrio puntuado" procede de los trabajos de paleontología de Steven Jay Gould y Niles Eldridge, que argumentaban que las cosas no cambian sólo gradualmente, sino que a veces pueden dar un salto adelante.

En otra sesión sobre la economía estadounidense, Glenn Hubbard, ex asesor económico de la presidencia de Trump, se mostró esperanzado en que la IA suponga un gran impulso para el crecimiento de Estados Unidos, pero mucho depende de que se controlen las finanzas públicas y se reduzca la regulación innecesaria de la industria y las finanzas.  En la misma sesión, el conocido economista de la "deuda", Kenneth Rogoff, consideró que la IA podría superar la ralentización del crecimiento de la productividad que están sufriendo Estados Unidos y otras grandes economías, pero ese "punto de inflexión" también dependería de que se evitara una crisis de deuda, especialmente en las economías en desarrollo, engendrada por los altos tipos de interés impuestos por los bancos centrales en la "lucha contra la inflación".

 Y, de hecho, la causa del estallido de la inflación post-pandémica dominó muchas de las principales sesiones de ASSA 2024.  En una gran sesión, se presentaron a los asistentes todas las posibles teorías dominantes sobre la causa de la inflación.

"No entendemos muy bien por qué se disparó la inflación. Así que quizá no debería sorprendernos que también bajara más rápido de lo que pensábamos", dijo Hines. En la actualidad existen numerosas pruebas de que la espiral inflacionista de 2021-23 fue causada principalmente por el bloqueo de la oferta y la escasa recuperación de la producción y el comercio internacional de bienes, así como por empresas de sectores clave que aprovecharon la oportunidad para subir sus precios con el fin de preservar sus márgenes de beneficio.

Pero casi todos los ponentes de esta sesión dedicaron su tiempo a intentar encontrar otras razones para la espiral inflacionista, aferrándose a sus viejas teorías dominantes de que la inflación está causada por una "demanda excesiva" generada bien por un exceso de dinero inyectado en la economía (monetarismo), bien por un exceso de gasto público (austerianismo) o, en el caso de los keynesianos, por la rigidez de los mercados laborales que hace subir los salarios.

Tomemos el caso keynesiano.  Uno de los principales macroeconomistas keynesianos, Gauti Eggertsson, de la Universidad de Brown, hizo todo lo posible por resucitar la fracasada curva de Phillips, es decir, que si el desempleo cae hacia el pleno empleo, esto empujará al alza los salarios y eso provocará un aumento de la inflación.  Eggertsson estuvo de acuerdo en que la curva de Phillips tradicional no se aplicaba a la inflación actual, PERO, como ven, la curva se ha vuelto "no lineal", es decir, el desempleo puede caer en línea recta sin ningún impacto en la inflación y luego, de repente, dar un giro y la inflación salta.  Por eso puede haber pleno empleo y ausencia de inflación durante gran parte del tiempo, hasta ahora".

Eggertsson está de acuerdo en que fueron los "choques por el lado de la oferta" los que provocaron el aumento de la inflación y ahora que los bloqueos por el lado de la oferta han retrocedido, las tasas de inflación han bajado.  Pero también quiere salvar la teoría keynesiana, argumentando que el descenso de la inflación sólo ha sido posible gracias a una curva de Phillips "no lineal".  Irónicamente, el reverso de la curva no lineal es que cualquier nuevo bloqueo de la oferta podría provocar un brusco repunte de las tasas de inflación.

Independientemente de que se esté de acuerdo con el intento de los keynesianos de preservar su teoría del mercado laboral (y es difícil hacerlo, en mi opinión), dado que las subidas salariales nunca desencadenaron la inflación en primer lugar y siempre fueron por detrás de la tasa de inflación hasta hace poco, es otro argumento en contra de la opinión monetarista de que el ajuste de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal tuvo algún efecto en la reducción de la inflación en el último año.

Sin embargo, los monetaristas seguían presentes en ASSA.  Uno de los más famosos es John Taylor, autor de la regla de Taylor que supuestamente establece límites sobre cómo evitar la inflación o el desempleo manipulando el tipo de interés "correcto" que debe fijar la Reserva Federal.  En ASSA, Taylor dijo a su audiencia que la espiral inflacionista se debía a que la Fed era demasiado laxa a la hora de subir los tipos incluso antes de la pandemia y no seguía su regla de Taylor.  Entonces subieron y ahora deberían dar marcha atrás.

Luego están los "austerianos".  Sostienen que el estallido inflacionista fue causado por "demasiado" gasto público.  Los gobiernos incurrían en déficits presupuestarios anuales y, por tanto, aumentaban los niveles de deuda, lo que generaba una "demanda excesiva" que no era productiva para el crecimiento y también hacía ineficaz la política de tipos de interés de la Reserva Federal.  

Robert Barro, un economista conservador de Harvard, que siempre ha estado obsesionado con la reducción del gasto público, que considera que "desplaza" al sector privado, presentó pruebas para 37 países de la OCDE de que "la expansión fiscal subyace al aumento de la inflación para 2020-2022".  En mi opinión, este es un caso clásico de no reconocer la dirección causal.  El gasto fiscal en relación con la producción aumentó bruscamente durante la pandemia porque las economías se cerraron.  Cuando las economías empiecen a recuperarse, el tamaño de los déficits presupuestarios en comparación con el PIB disminuirá (y así ha sido).  Lo que Barro también argumentó fue que la política de tipos de interés altos de la Reserva Federal no reduciría la inflación, sino que sólo provocaría crisis bancarias como la del pasado marzo y "una recesión para 2024, probablemente leve a menos que la crisis financiera resulte ser grave".

Christopher Sims, de la Universidad de Princeton, también promovió esta "teoría fiscal de la inflación" en contra de los keynesianos.  Argumentó que desde 1950 EE.UU. había sufrido tres episodios de alta inflación y que fueron causados por "expansiones fiscales": es el gasto excesivo de los gobiernos lo que causa la alta inflación, no una política monetaria laxa (al estilo de Taylor).

Por último, la teoría "de moda" de las expectativas de inflación.  El FMI, bajo la dirección de Gita Gopinath, tras comprobar que las teorías monetarista, fiscal y de las curvas de Phillips no explican la reciente inflación, ha recurrido a las "expectativas de inflación".  La idea es que la gente cree que los precios van a subir y por eso compra más cosas, provocando así una "demanda excesiva" y, por tanto, un aumento de los precios.  En un blog reciente, los economistas del FMI afirman que, desde 2020, las "expectativas de inflación a corto plazo" han sido el principal motor del aumento de los precios en las economías avanzadas y el segundo factor en los mercados emergentes.

En un almuerzo especial, el profesor del MIT Ivan Werning hizo una larga presentación tratando de demostrar que las expectativas de inflación desempeñaron el papel más importante en el impulso de la inflación reciente.  Su conclusión fue que el aumento de la inflación se debió a que los consumidores "sobrepasaron" sus expectativas de subida de precios, provocando así lo que precisamente intentaban evitar.  Así pues, el aumento de la inflación es el resultado de las "expectativas irracionales" de los consumidores.  Así, la teoría de la inflación se reduce a la psicología.

Pero si se observa con detenimiento el gráfico del FMI que figura más arriba, se puede ver que "otros factores (es decir, el bloqueo de la oferta) fueron el principal factor que desencadenó el aumento de la inflación y las "expectativas" sólo llegaron después, una vez que la gente se dio cuenta de que los precios iban a seguir subiendo bruscamente".  Las expectativas siguen a las causas reales. Como lo resumió recientemente el keynesiano Larry Summers "La teoría hacia la que gravitan muchos economistas es que la curva de Phillips es básicamente plana, la inflación la fijan las expectativas de inflación, y las expectativas de inflación las fijan las personas que forman las expectativas de inflación. Y eso es un poco como la teoría de que los planetas giran alrededor del universo debido a la fuerza orbital. Es una especie de teoría de nombres más que una teoría real. Así que creo que la teoría de la inflación está muy desordenada, tanto por los problemas de la curva de Phillips como porque no tenemos un sucesor enormemente convincente de la teoría monetarista".

En su presentación, Werning intentó presentar una teoría de la inflación que cubriera todas las bases.  Todo empieza con un exceso de demanda provocado por demasiadas inyecciones monetarias del banco central y por un gasto público excesivo. Luego hay varias rigideces (monopolios, sindicatos, etc.) que hacen subir los precios y las crisis de los precios de la energía; y, por último, las expectativas inflacionistas. 

Este cóctel de causas nos deja sin explicación alguna.  No es de extrañar que Werning resumiera su discurso con las palabras: "que a menudo acabamos sabiendo menos de lo que sabíamos antes", pero así es la ciencia.

El otro debate principal giró en torno al cambio climático y el calentamiento global.  El método dominante para estimar el impacto del calentamiento global en las economías ha sido el de los llamados Modelos de Evaluación Integrada (IAM), desarrollados por primera vez por el premio Nobel William Nordhaus.  Y la principal respuesta política consiste en introducir precios e impuestos sobre el carbono.  En entradas anteriores he analizado las ventajas (o desventajas) de los IAM y las soluciones políticas.  Pero nada ha cambiado entre la corriente dominante en ASSA 2024.  Estos siguen siendo los métodos y las políticas que se defienden.

Sobre el método, Steve Keen, un economista heterodoxo, ha elaborado una crítica contundente de los IAM y de cómo infravaloran enormemente el impacto del calentamiento global sobre las economías y el planeta.  Véase su último artículo. Por ejemplo, (de Steve Keen), el IAM "asumió que las relaciones empíricas derivadas de los datos sobre el cambio en la temperatura y el PIB entre 1960 y 2014 pueden extrapolarse hasta 2100, asumiendo así que 3,2ºC más de calentamiento global no alterarán el clima:  Han asumido que los puntos de inflexión -características críticas del clima de la Tierra como las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida Occidental, la selva amazónica y la "Circulación Meridional de Oscilación del Atlántico" que mantiene caliente a Europa hoy en día- pueden inclinarse con un daño adicional mínimo al PIB".

En cuanto a la política, como bien sabemos después de la COP28, ni los gobiernos ni las empresas están haciendo lo suficiente para detener el aumento acelerado del calentamiento global y su impacto en el planeta.  Esto se debe a que mantener la industria de los combustibles fósiles es más importante que mantener las especies del planeta y el nivel de vida de la mayoría de la humanidad.  No hubo nada en las sesiones principales de ASSA que reconociera esto."                  (MIchael Roberts, blog, 08/01/24; traducción DEEPL)

7.1.24

Nos vamos para el carajo. Si el ambientillo político y social ya les parece duro, prepárense, porque las cosas van a empeorar mucho a partir de 2024... No se descarta una guerra civil en Estados Unidos... la explosión que rompe los países tiene dos ingredientes que suelen ir unidos: el empobrecimiento del pueblo y la sobreproducción de élites. Ambas cosas están sucediendo en Europa y en Estados Unidos ahora mismo.. El Estado solo colapsa cuando se le revuelven los aspirantes a la élite convertidos en contraélites frustradas... son esas contraélites quienes dirigen a las masas furiosas... los hombres blancos empobrecidos que forman el 64% de la población de Estados Unidos y acumulan un resentimiento creciente. Las contraélites tienen cabecillas, organización y una posibilidad de tomar el poder por las urnas este año. Pero el establishment también es poderoso y no se va a dejar pisotear sin lucha... Es terrorífico porque suena convincente y razonable (Sergio del Molino)

 "No sé si Peter Turchin lo sabe, pero ha escrito uno de los libros de terror más acongojantes que he leído. Se titula Final de partida: élites, contraélites y el camino a la desintegración política (Debate) y es uno de los primeros ensayos que se publicarán en España este enero. Su mérito es notable, pues aterroriza al lector sin recurrir a monstruos, fantasmas, manipulaciones psicológicas o asesinos en serie. Le bastan una serie de razonamientos, una exposición histórica rica en referencias y los rudimentos de la cliodinámica, un método de predicción de tendencias históricas basado en el análisis con ecuaciones de grandes repertorios de datos. ¿Parece aburrido, incluso árido? No se engañen: puede sonar a clase insípida de ciencias sociales, pero es terror del bueno, del que quita el sueño.

El resumen muy abreviado del libro es sencillo: nos vamos para el carajo. Si el ambientillo político y social ya les parece duro, prepárense, porque las cosas van a empeorar mucho a partir de 2024. Turchin se centra en Estados Unidos, desde donde escribe, pero es fácil extrapolar la historia a Europa, donde reconocemos las tramas y los personajes. ¿Hasta qué punto puede empeorar la cosa? No se sabe y no se moja, pero no descarta el estallido de una guerra civil. Lo menos grave sería un colapso institucional que se salve con pocos disturbios, pero los modelos matemáticos del autor dicen que ya es demasiado tarde para evitar algún tipo de violencia y de caos. Es un año electoral, ya lo saben, y sea cual sea el resultado, el horizonte pinta mal.

Dice Turchin que Estados Unidos vive una crisis de manual cuyos ingredientes, en otros momentos históricos análogos, han provocado el derrumbamiento de imperios y la desaparición de regímenes por medio de una revolución. Compara la situación actual de su país de residencia con la que vivió su país de nacimiento, Rusia, en los primeros años del siglo XX, que acabaron con la toma del Palacio de Invierno. La diferencia aquí es que el Lenin norteamericano no saldría de los revolucionarios de izquierdas, sino de los de derechas.

Antes de seguir hay que aclarar que Peter Turchin es un científico riguroso que trabaja en un campo pluridisciplinar aún nuevo, pero cada vez más aceptado entre historiadores, sociólogos, economistas y demás científicos sociales. La cliodinámica (por Clío, musa de la historia) utiliza grandes repertorios de datos históricos (registros demográficos, financieros, todo tipo de documentos cuantificables, etc.) y los mete en modelos matemáticos con algoritmos y ecuaciones para predecir el comportamiento de las sociedades complejas. A su manera, son augures informados, que aciertan mejor cuanto mayor es la calidad y la cantidad de los datos que procesan.

No es este el lugar para exponer mis reparos al método, tan solo enunciaré uno: la mayoría de los datos históricos no son fiables. Los Estados solo recogen datos desde tiempos muy recientes (en España, por ejemplo, no hubo un censo hasta 1787, y todavía hay muchos países que no saben apenas nada de su población o de su economía porque no tienen funcionarios dedicados a recoger esa información o su procesamiento está en manos de personal corrupto e ineficiente: no creo que el Estado somalí lleve la cuenta de los nacimientos y defunciones de los somalíes, ni que Sudán del Sur conozca de verdad la magnitud de su PIB o su tasa de homicidios). Cuando trabajan con indicadores demográficos de la Europa medieval o de la China del imperio medio, no pueden compararlos con el rigor metodológico de las series custodiadas por el Instituto Nacional de Estadística o Eurostat. Sin embargo, Turchin hace afirmaciones tajantes del tipo «los ciudadanos de Estados Unidos eran los seres humanos más altos de finales del siglo XVIII», una verdad indemostrable porque los registros arqueológicos y documentales son, como poco, muy incompletos e imposibles de comparar con los datos sobre la estatura media de los estadounidenses del siglo XXI, que sí conocemos con precisión.

No merece la pena extenderse con estas objeciones, porque los científicos de la cliodinámica incluyen suficientes márgenes de error, prevenciones, peros y no obstantes. No presentan sus conclusiones como infalibles y piden que sus predicciones se tomen como herramientas para comprender el mundo e intervenir sobre él.

Y, aun así, qué miedo da todo.

Dice Turchin que las sociedades complejas (es decir, las organizadas en Estados, desde Mesopotamia hasta hoy) están sometidas a ciclos de unos doscientos años en los que se alternan períodos de estabilidad con períodos de turbulencia que se suceden cada cincuenta o sesenta años. Estados Unidos y el mundo occidental ha entrado en uno de esos períodos turbulentos, y la experiencia histórica dice que pronto estallará de algún modo.

Resumiendo la complejidad en un cuadro sinóptico, Turchin divide las sociedades en tres elementos: el Estado, las élites que controlan ese Estado y el pueblo. Cuando las élites y el pueblo mantienen un acuerdo que beneficia a ambos, la paz está asegurada, pero ese equilibrio es siempre inestable, y lo es aún más en las sociedades abiertas, libres y democráticas, pues también sabemos que la paz de las autocracias es la de los cementerios y de las cárceles: no hay voces alborotadoras porque las han acallado, no porque no haya motivos para alborotar. En una democracia, la agitación se expresa, y con ella, empieza la juerga.

Ninguna sociedad puede mantener eternamente la estabilidad. Con el paso del tiempo, las tensiones van creciendo hasta reventar, y no hay un solo caso de Estado eterno y pacífico. Para Turchin, la explosión que rompe los países tiene dos ingredientes que suelen ir unidos: el empobrecimiento del pueblo y la sobreproducción de élites. Ambas cosas están sucediendo en Europa y en Estados Unidos ahora mismo. Pero no son igual de peligrosas. Históricamente, es mucho más incendiario un miembro de la élite cabreado que un pobre cabreado.

¿Se han fijado en que casi todos los grandes revolucionarios eran también intelectuales? ¿Qué tenían en común Gandhi, Lenin, Mussolini, Mao, Robespierre o Bolívar? Que todos eran universitarios, tenían profesiones intelectuales (abogados, periodistas, maestros…) y conocían bien los mecanismos del poder y las sutilezas de la política porque estaban formados en ella y se habían educado para formar parte de la élite. La otra cosa que tenían en común fue el fracaso: sus vidas estaban orientadas hacia un horizonte que se reveló inalcanzable o cerrado. Sus ambiciones se vieron frustradas por un exceso de competencia. Sencillamente, la sociedad en la que crecieron producía demasiados aspirantes a la élite, y en la élite había muy pocos huecos y ya estaban ocupados. El camino revolucionario fue abriéndose paso en sus vidas como una alternativa de carrera profesional y como expresión de una frustración.

¿Recuerdan los lemas del 15M? Las plazas de España no se ocuparon por sans-culottes ni albañiles en paro por la crisis del sector de la construcción, sino por jóvenes titulados que se sentían engañados porque sus estudios académicos no les servían para nada. Se habían esforzado en ser los mejores, los más listos, y solo conseguían infraempleos y sueldos ridículos con los que no podían firmar una hipoteca. Aquello fue una revuelta de sobreproducción de élites: Europa había producido muchos más titulados universitarios de los que podía emplear, y el resultado era un excedente de aspirantes a la élite frustrados. Así empiezan las revoluciones.

Dice Turchin que un Estado puede reprimir revueltas populares por hambrunas y miserias. Ha habido momentos en la historia en que los pobres se han alzado sin que los imperios se pusiesen en peligro. El Estado solo colapsa cuando se le revuelven los aspirantes a la élite convertidos en contraélites frustradas. Si eso se junta con el empobrecimiento de la población (pues son dos fenómenos que van unidos, no puedo explicarlo aquí, pero el libro lo cuenta muy bien), el rey solo puede esperar que caiga la hoja de la guillotina: no tiene salvación. Pero son esas contraélites quienes dirigen a las masas furiosas, que por sí mismas no canalizan políticamente su rabia porque no tienen la capacidad organizativa ni el conocimiento de un Robespierre o un Lenin.

La frustración de los jóvenes de izquierdas ha fracasado, dice Turchin, porque no han sabido organizarse. No ha salido un Mao de entre sus filas. Pero la situación en los frustrados de la derecha es bien distinta en Estados Unidos. Los revolucionarios (es decir, los que quieren demoler el orden establecido) ya han tomado el Partido Republicano, cuya organización usan para movilizar a las masas, que son los hombres blancos empobrecidos que forman el 64% de la población de Estados Unidos y acumulan un resentimiento creciente. Las contraélites tienen cabecillas, organización y una posibilidad de tomar el poder por las urnas este año. Pero el establishment también es poderoso y no se va a dejar pisotear sin lucha. Lo que llevamos vivido desde 2016 puede ser tan solo el prólogo de una guerra civil.

Es terrorífico porque suena convincente y razonable. Es muy difícil contraargumentar, por muchos peros que se le pongan a la calidad de los datos manejados. Ojalá nuestro papel como ciudadanos sea algo más lucido y más lúcido que tuitear este apocalipsis."         (Sergio del Molino, ethic, 02/01/24)

4.1.24

Un día quizá recordemos 2023 como el año que se torció todo... la crisis climática se hizo irreversible... En numerosas economías mundiales, el número de muertes había superado el número de nacimientos, por la dieta y la contaminación. La principal causa de muerte en el mundo son los accidentes cardiovasculares, causados por exceso de grasas hidrogenadas, azúcar y carne roja y procesada... Pero nos da más miedo la inmigración. Nos preocupa tanto que preferimos renunciar a los pactos universales de derechos humanos que a la mortadela... y la inteligencia artificial se descontroló... Todos quieren controlar los usos y prevenir peligros que sólo existen en la fantasía colectiva propagada por los ejecutivos de las grandes empresas y la ciencia ficción. Pero nadie quiere contener el verdadero peligro: su rápida, aparatosa, sedienta e inflamable expansión... es insaciable, mete sus tentáculos en todas las fuentes de agua, energía, minerales y procesos administrativos y cognitivos... Crece más rápido que las fuentes de energía sostenibles. Bebe más agua que la población mundial... El capitalismo es una máquina de inseguridad, es un producto fundamental del sistema, y empieza 2024 habiendo metido muchos goles: la crisis medioambiental, la crisis mediática, el desencanto con la política... No es un buen año para que más de 2.000 millones de personas de unos 70 países salgan a votar (Marta Peirano)

 "Un día quizá recordemos 2023 como el año que se torció todo. Entre noviembre de 2022 y octubre de 2023, la Tierra experimentó el periodo más caluroso jamás registrado. Los meteorólogos encontraron tormentas de categoría 5 en todas las cuencas oceánicas del mundo. El Amazonas empezó a producir más emisiones de las que captura. El hielo marino se desplomó hasta un mínimo histórico. El deshielo de glaciares terrestres y el suelo de los polos árticos ha elevado notablemente el nivel del mar.

Sin embargo, las emisiones procedentes de combustibles fósiles alcanzaron un máximo histórico: comimos más carne, compramos más ropa y viajamos en más aviones que nunca. Objetivamente, ya habíamos descartado el plan de mantener el aumento de temperatura por debajo de 1,5 grados centígrados cuando el presidente de la COP28, celebrada en Dubái, dijo que no hay evidencia científica que indique que es necesario eliminar los combustibles fósiles para limitar el calentamiento global.

En numerosas economías mundiales, el número de muertes había superado el número de nacimientos. Ni la covid-19 ni la guerra: fueron la dieta y la contaminación. La principal causa de muerte en el mundo son los accidentes cardiovasculares, causados por exceso de grasas hidrogenadas, azúcar y carne roja y procesada; y ausencia generalizada de fibra, semillas, frutas y verduras frescas. Pero nos da más miedo la inmigración. Nos preocupa tanto que preferimos renunciar a los pactos universales de derechos humanos que a la mortadela. 

El nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo cambia el sistema de cuotas por una acogida a la carta, donde los países pueden librarse de acoger migrantes pagando 20.000 euros por cabeza. La nueva ley europea de Inteligencia Artificial (IA) prohíbe los sistemas automáticos y remotos de reconocimiento biométrico, una tecnología racista, clasista y propensa a cometer errores, con excepción del contexto migratorio y policial.

 Y nos preocupa la IA. Europa acordó esa primera ley de IA en noviembre, poco después de que Joe Biden emitiera una orden ejecutiva para someter su desarrollo a la seguridad nacional. El partido comunista chino prohibió entrenar modelos con contenidos que promuevan “el terrorismo, la violencia, la subversión del sistema socialista, el daño a la reputación del país” y acciones que “socavan la cohesión nacional y la estabilidad social”. Reino Unido reunió a 20 países en la primera Cumbre Internacional de Seguridad de la IA. Todos quieren controlar los usos y prevenir peligros que sólo existen en la fantasía colectiva propagada por los ejecutivos de las grandes empresas y la ciencia ficción. Pero nadie quiere contener el verdadero peligro: su rápida, aparatosa, sedienta e inflamable expansión.

 El cuerpo de la IA es insaciable. Sus enormes infraestructuras de almacenamiento y procesamiento masivo crecen como una bacteria interplanetaria, metiendo sus gordos tentáculos en todas las fuentes de agua, energía, minerales y procesos administrativos y cognitivos disponibles. Come de todo: minas y salinas, plantas eléctricas, instalaciones nucleares, granjas solares, pueblos indígenas, estudiantes dispersos, periodistas estresados, poblaciones empobrecidas por la guerra, la sequía, el capitalismo y la globalización. Norteamérica aumentó un 25% su construcción de centros de datos, eso sin contar con los hiperescaladores: Google, Amazon, Meta y Microsoft. El CEO de Nvidia, el dealer de chips de alto rendimiento, calcula que van a gastarse mil millones de dólares en la expansión de una infraestructura capaz de alterar gravemente el precio y el suministro del agua y la electricidad. Eso tendrá consecuencias predecibles en el precio de la luz, la calefacción y el aire acondicionado, el transporte, los alimentos y el resto de la cadena productiva. Crece más rápido que las fuentes de energía sostenibles. Bebe más agua que la población mundial. Todas estas paradojas no son los síntomas de un brote psicótico colectivo ni los síntomas del declive cíclico e inexorable de la civilización occidental. Tampoco son los defectos del capitalismo. Son parte indispensable de su plan.

 “El capitalismo es una máquina de inseguridad, aunque rara vez lo percibimos de esa manera”, escribió Astra Taylor en mayo de 2020 en la revista Logic Magazine. “Junto con las ganancias, los bienes de consumo y la desigualdad, la inseguridad es un producto fundamental del sistema. No es un subproducto incidental ni una consecuencia secundaria de la concentración de la riqueza; es una de las creaciones esenciales y habilitadoras del capitalismo”. La seguridad social favorece la empatía, la solidaridad entre vecinos y la colaboración. Favorece la ambición intelectual y espiritual sobre la económica y una interpretación generosa del mundo. Son valores en conflicto contra los principios fundamentales del sistema capitalista, como la competencia, la exclusión y la individualidad.

La máquina de inseguridad empieza 2024 habiendo metido muchos goles: la crisis medioambiental, la crisis mediática, el desencanto con la política. Las campañas oscuras de las plataformas digitales y la máquina de hechos alternativos de la inteligencia artificial. No es un buen año para que más de 2.000 millones de personas de unos 70 países salgan a votar. También podría ser que recordemos 2024 como el año que decidimos buscar una interpretación más generosa del mundo y luchar por él."                (Marta Peirano , El País, 02/01/24)

3.1.24

Los perdedores de la política exterior de 2023: los ucranianos... los israelíes y los palestinos... los armenios... los africanos... Biden... el mantenimiento del “orden basado en reglas” norteamericano... los contribuyentes estadounidenses... los generales estadounidenses, con sus evaluaciones estratégicas equivocadas que nunca corrigen... y Suecia, cuya entrada en la OTAN se ha convertido en un pim-pam-pum

 "Ucrania: La valentía y la resistencia del pueblo ucraniano y sus fuerzas militares han sido ensalzadas una y otra vez. Pero el fracaso de su contraofensiva en la primavera y el verano de 2023 ha llevado en parte a una pérdida de confianza en que el país pueda aspirar alguna vez a expulsar a los rusos de todos sus territorios. Por supuesto, este no ha sido sólo el objetivo del presidente Volodymyr Zelensky, sino también el de sus partidarios occidentales. Muchos de esos aliados, incluida la prensa dominante, están sugiriendo ahora que Ucrania no sólo tendrá que encontrar una manera de poner fin diplomáticamente a la guerra (algo que los críticos, incluidos los colaboradores de RS y del Instituto Quincy, han estado diciendo todo el tiempo ), sino que tal vez tenga que hacer compromisos territoriales. (...)

"Israel" y el pueblo palestino: El gobierno de "Israel", cegado por el ataque de Hamas que dejó mil 200 israelíes muertos y 240 rehenes secuestrados el 7 de octubre, ha contraatacado con tal fuerza en la franja de Gaza que está desperdiciando gran parte de la buena voluntad y la simpatía del resto del mundo. Los israelíes, atormentados por el dolor y la ira, no confían en que su gobierno tenga un plan para Gaza después de la guerra.

Mientras tanto, el número de muertos palestinos en Gaza hasta esta semana superó con creces los 21 mil.  Israel afirma haber matado a 7 mil combatientes de Hamas pero, según el New York Times, no explica cómo llegó a esa cifra. Esto ha creado una situación en la que "Israel" (y sus partidarios estadounidenses) están cada vez más aislados , ya sea en las Naciones Unidas o en la opinión pública de todo el mundo.

 Joe Biden: El presidente de Estados Unidos se ha visto arrinconado en dos frentes importantes este año. En Ucrania, su formulación de la guerra como una batalla maniquea –y una lucha por la libertad que tendrá repercusiones globales si Estados Unidos no ayuda a Zelensky “por el tiempo que sea necesario”– está volviendo en contra de su administración. Están aumentando los llamamientos para iniciar conversaciones diplomáticas en serio con un gobierno que Washington había relegado a un estatus similar al de Hitler. Mientras tanto, el Congreso se resiste a darle a Ucrania miles de millones más en armas y dinero en efectivo que necesita para sobrevivir.

El equipo de Biden parece indeciso y vulnerable a medida que avanza hacia lo que promete ser una reelección brutal. Esto sólo se ha visto agravado por la total incapacidad de la administración para frenar los excesos militares del gobierno israelí en Gaza y también en Cisjordania. Si bien supuestamente dejó “claro” a Benjamín Netanyahu que Estados Unidos quiere proteger a los civiles, la administración de Biden hizo todo lo posible para diluir el alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU a instancias de los israelíes, e incluso una resolución para instituir “pausas” humanitarias, como de este escrito, no ha sido puesto en vigor.

Biden también ha preparado todas las armas que los israelíes han pedido, con "bombas tontas" de fabricación estadounidense responsables de la multitud de muertes y destrucción de propiedades en la franja de Gaza hoy en día. No sólo se considera que Washington no tiene influencia sobre la israelíes (a pesar de las enormes sumas de dinero y armas que se envían allí anualmente); parece engañoso cuando se trata de grandes afirmaciones sobre el mantenimiento del “orden basado en reglas”.

 El pueblo armenio: todos los armenios (unos 100 mil ) fueron expulsados ​​del territorio en disputa de Nagorno-Karabaj por Azerbaiyán en octubre. A principios de este año, Azerbaiyán y Armenia se habían comprometido a trabajar por la paz después de décadas de conflicto. Pero las esperanzas se desvanecieron mientras Azerbaiyán continuaba con un aplastante bloqueo de bienes y ayuda humanitaria a los armenios en la región. Una operación militar azerí, lanzada en septiembre, condujo a la toma definitiva de las tierras en disputa y a la expulsión de los armenios a los pocos días de regreso a Armenia.

 Víctimas de golpes de estado y guerra civil en África: África occidental vivió una serie continua de golpes de estado, con dos más en Níger y Gabón este año. En Níger , los militares derrocaron al presidente Mohamed Bazoum en julio y lo encerraron a él y a su familia en el sótano del palacio donde permanecen hoy. Níger se une a Burkino Faso y Malí como lo que Alex Thurston, miembro no residente del Instituto Quincy, llama “el epicentro de la violencia y el desplazamiento masivo en la región, y una de las peores zonas de conflicto y desastre humanitario del mundo”. Los militares tomaron el poder en Gabón en agosto, derrocando al presidente Ali Bongo después de que acababa de ganar la reelección.

Mientras tanto, en abril estalló una sangrienta guerra civil en Sudán y pronto se convirtió en una lucha por poderes que involucraba intereses regionales, con el pueblo sudanés, por supuesto, atrapado en el fuego cruzado. El conflicto involucra al general Abdel Fattah al-Burhan ( él mismo un líder golpista ), enfrentado a su segundo y jefe de las Fuerzas de Apoyo Rápido, el general Mohamed Hamdan Dagolo, conocido como Hemedti. En junio, los enfrentamientos en la capital, Jartum, habían dejado decenas de muertos, daños masivos a la propiedad y un éxodo de unas 100 mil personas hacia puntos en el extranjero. Los combates no sólo continúan, sino que se están extendiendo, poniendo en peligro a millones de civiles y arrojando a todo el país a un desastre humanitario. Estados Unidos parece tener poco que ofrecer, diplomáticamente.

 Suecia: La nación del norte de Europa quiere entrar en la OTAN. Pero lo que parecía una obviedad (su adhesión estaba vinculada a la seguridad regional y la unidad occidental tras  el conflicto entre Rusia y Ucrania en 2022) se ha convertido en víctima de la política y la recriminación entre estados. (...)

El contribuyente estadounidense: Antes de que el Congreso se fuera de vacaciones, aprobó 886 mil millones de dólares en gastos de defensa como parte de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) de 2023. Estos niveles de financiación son los más altos desde la Segunda Guerra Mundial y, como señala William Hartung del Instituto Quincy , se dirigen principalmente a "sistemas de armas costosos y disfuncionales que no son adecuados para abordar los desafíos actuales". (...)

Generales estadounidenses: Este año, los generales y almirantes retirados que habían estado hablando mucho sobre la contraofensiva ucraniana y los fracasos del ejército ruso se han visto obligados a tragarse sus palabras. Se debe prestar especial atención a estas cuatro estrellas y banderas ( Petraeus , Stavridis , Keene , McCaffrey , Hodges , etc.) que rotan incesantemente en los grandes medios de comunicación y ofrecen evaluaciones estratégicas equivocadas que nunca se corrigen. Simplemente vuelven a aparecer en el próximo conflicto."(AlMayadeen, 30/12/23)

1.1.24

Un pequeño resumen geopolítico de este 2023... para quienes creen que estamos ante una "guerra mundial fragmentada"... las guerras en el Sahel (Mali, Níger, Burkina Faso, Sudán), en Ucrania, en el Cáucaso (Azerbaiyán, Armenia y Georgia) y en Medio Oriente (Yemen, Estrecho de Bab al-Mandab, Siria y Gaza) y que las fortísimas tensiones en Moldavia, en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, en el Báltico y en la península escandinava... el arco de la crisis comienza en Ucrania, cruza el Mar Negro, toca el Cáucaso, desciende al Mediterráneo Oriental y Oriente Medio y finalmente llega al estrecho de Bab el-Mandab, involucrando también a todo el Sahel. Un arco de crisis enorme, Guerra Mundial en toda regla... Una pequeña nota económica: en 2024 se cerrará el corredor del gasoducto que lleva gas ruso a Europa a través de Ucrania. Se agota así una de las fuentes de energía más importantes para una Europa cada vez más pobre y aislada

 "Divulgación: todos aquellos que creen que las guerras en el Sahel (Mali, Níger, Burkina Faso, Sudán), en Ucrania, en el Cáucaso (Azerbaiyán, Armenia y Georgia) y en Medio Oriente (Yemen, Estrecho de Bab al-Mandab, Siria y Gaza) y que las fortísimas tensiones en Moldavia, en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, en el Báltico y en la península escandinava son acontecimientos separados y que para hablar de ellos hay que ser un experto en cada teatro individual, conociendo sus hábitos, costumbres, historia, antropología etc. también se pueden evitar para leer lo que escribiré a continuación. Aquellos que, en cambio, creen que todos estos países son "víctimas" de una titánica guerra por poderes librada entre las grandes potencias (en particular Rusia y China por un lado y Estados Unidos por el otro) donde los pueblos y territorios son prescindibles para debilitar a la El frente contrario también puede seguir leyendo. En otras palabras, este es un artículo escrito para quienes creen que estamos ante una "guerra mundial fragmentada" (cita J.M. Bergoglio), una concatenación de conflictos que esconde, como en un Teatro de las Sombras (Tournement of Shadow), lo que que es el Gran Juego de las Potencias Mundiales... bueno, quien no crea en esto que evite leer, gracias.  

La guerra en Ucrania está a punto de duplicarse en su segundo año, y no importa lo que digan algunas personas incautas, no se vislumbra un final para el conflicto. No se dejen engañar por las controversias en el parlamento estadounidense sobre la nueva financiación: la guerra continuará porque la derrota occidental significa el fin del Imperio y de la hegemonía estadounidense, por un lado, y el cambio completo de las elites en Europa, dado que el otro que tenemos está completamente comprometido. Lucharán hasta el final e intentarán por todos los medios ampliar el conflicto involucrando a Rusia en otros frentes hasta el punto de debilitarla (intencionalmente) y desestabilizarla. Acontecimientos como el de ayer en Belgorod (bombardeo de civiles con bombas de racimo) deben interpretarse como una provocación para empujar a Rusia aún más al conflicto. Asimismo, la requisa prevista de activos rusos actualmente congelados en Occidente debe leerse como una provocación definitiva con la que, de hecho, Occidente se declara hostil a Moscú.

 En el Sahel (Burkina Faso, Mali, Níger, Sudán) asistimos a conflictos de baja intensidad (no menos sangrientos y feroces) en los que EE.UU. y sus apoderados luchan contra las facciones prorrusas lideradas por la compañía mercenaria rusa Wagner. Cabe señalar que Francia ahora está muerta y que Estados Unidos está jugando directa e independientemente para contrarrestar a rusos y chinos. Particularmente feroz es el conflicto en curso en Suda, donde los leales prorrusos (el gobierno legítimo había prometido un puerto militar a los rusos en el Mar Rojo) se enfrentan contra los golpistas pro occidentales.

 En Gaza está teniendo lugar una feroz invasión israelí del territorio palestino. En apenas unos meses hemos llegado a más de 25.000 muertes entre civiles palestinos. Una guerra que no tiene lógica ni sentido para Israel, ya que congela durante décadas la hipótesis de reconciliación con los países árabes abierta gracias a los "Acuerdos de Abraham". Entonces, ¿quién tiene interés en incendiar Oriente Medio? Sin duda, Estados Unidos, que ve la inminente entrada de Irán y de su antiguo aliado Arabia Saudita en los BRICS y, por tanto, en la órbita chino-rusa. Los israelíes actúan siguiendo órdenes estadounidenses no sólo con la matanza en Gaza sino también con los continuos bombardeos en Siria y el Líbano: el objetivo es provocar una reacción de Hezbolá y de Irán incendiando Oriente Medio. Esta es mi opinión y no me equivoco.

 Vinculada a la guerra en Gaza está la guerra que ahora ha estallado en el estrecho de Bab el-Mandab, que conecta el Océano Índico y el Mar Rojo. Los rebeldes chiítas hutíes yemeníes aliados con los iraníes están bloqueando el estrecho bombardeando barcos comerciales occidentales. Estados Unidos está preparando una coalición para hacer la guerra a este pueblo duro.

 En este desafortunado año también se produjeron combates en el Cáucaso con un nuevo episodio de la guerra azerí-armenia por Nagorno-Karabach, que se libra desde el colapso de la Unión Soviética. Se trata verdaderamente de una guerra que es un teatro de sombras con mil potencias ocultamente implicadas: Irán que apoya a los cristianos armenios contra los chiítas azeríes (sí, las razones políticas no tienen ninguna religión que importe), los rusos que siempre han apoyado a Armenia pero que recientemente se han acercado a Azerbaiyán, los turcos e israelíes se alinearon directamente con Azerbaiyán y finalmente Francia (que tiene una comunidad muy fuerte de origen armenio) y los EE.UU. que están alineados con Armenia (pero sólo con el objetivo de separar el país de la Rusia CEI y del Pacto de Defensa Mutua). La India ahora también está involucrada y vende armas a Armenia. En definitiva, un mosaico muy complejo donde, sin embargo, está claro que EE.UU. tiene interés en volar todo el Cáucaso con el objetivo de debilitar/comprometer a Rusia al Norte y a Irán al Sur.

  Como se puede ver, el arco de la crisis comienza en Ucrania, cruza el Mar Negro, toca el Cáucaso, desciende al Mediterráneo Oriental y Oriente Medio y finalmente llega al estrecho de Bab el-Mandab, involucrando también a todo el Sahel. Un arco de crisis enorme, Guerra Mundial en toda regla y el hecho de que esté "en pedazos" es sólo una ilusión óptica: los titiriteros son siempre los mismos. En esta guerra mundial fragmentada, cabe señalar otros puntos críticos: Occidente está armando poderosamente a Moldavia con el objetivo ni siquiera oculto de provocar una nueva guerra contra Rusia en Transnistria (donde hay un contingente militar ruso ordenado por la ONU). 

 En el extremo norte de Europa, en Escandinavia, se observa la entrada de Finlandia en la OTAN y próximamente de Suecia. Pero quizás sean aún más importantes en los pactos militares bilaterales que acaban de firmarse entre EE.UU., Suecia y Finlandia, donde EE.UU. tiene el derecho, si lo desea, de utilizar decenas de bases militares de los dos países hasta el punto de poder incluso instalar armas atómicas. En el caso de Finlandia se trata de bases en un radio de 150 kilómetros desde San Petersburgo, Murmansk y también del santuario nuclear ruso del Mar Blanco (muy cerca de la base finlandesa de Rovaniemi que está entre las puestas a disposición de EE.UU.). 

 Por último, el frente del Báltico Norte con Polonia está cada vez más en proceso de rearme y construcción de un frente tanto en la frontera con Bielorrusia como en la del enclave ruso de Prusia Oriental (óblast de Kaliningrado). Las cosas no van mejor en Bielorrusia, ya que los rusos han instalado bases y también han traído ojivas nucleares, misiles balísticos Iskander y bombarderos Tu-22M.  

Una pequeña nota económica: en 2024 se cerrará el corredor del gasoducto que lleva gas ruso a Europa a través de Ucrania. Se agota así una de las fuentes de energía más importantes para una Europa cada vez más pobre y aislada.  

Feliz año de la consciencia."                  (L'Antidiplomatico, 31/12/23; traducción google)