"Es 17 de enero de 2014. Teatro del Barrio de Lavapiés
(Madrid). Un profesor de la facultad de Políticas de la Universidad
Complutense con un programa de televisión, La tuerka, en canales minoritarios, presenta una nueva marca política: Podemos. Tiene 35 años, con 14 se había unido a las Juventudes Comunistas
y se llama Pablo Iglesias por el fundador del PSOE. El teatro está
lleno, mucha gente se ha quedado fuera. Iglesias pide 50.000 firmas para
presentarse a las elecciones europeas de mayo. Las reúne en un día y
apenas cinco meses después, el partido da la campanada: cinco europarlamentarios, 1,2 millones de votos.
En julio, el CIS sitúa a Podemos segundo en intención directa de voto
por detrás de los populares. Es la primera vez que una formación que no
es ni el PSOE ni el PP ocupa esa posición, como recuerda el sociólogo
José Pablo Ferrándiz en La década del gran cambio (Biblioteca
Nueva). En las elecciones generales de 2015, obtienen el apoyo de cinco
millones de personas y 69 escaños. Hoy, su tarea es resistir. Con apenas
cinco diputados, han roto con la coalición Sumar, que agrupa a sus antiguos socios, para irse al Grupo Mixto
en el Congreso. EL PAÍS analiza con expertos y fundadores de Podemos la
evolución de su ideología, estrategia y espacio electoral a lo largo de
10 años que revolucionaron el fondo y, sobre todo, la forma de hacer
política.
El 15-M. Crisis de representación y politización ciudadana
La tesis doctoral de Iglesias (2008), Multitud y acción colectiva postnacional: un estudio comparado de los desobedientes: de Italia a Madrid (2000-2005), arranca con una cita del libro de Antonio Negri Goodbye Mr. Socialism
(adiós, señor socialismo). El trabajo, de 576 páginas, analiza el poder
de las movilizaciones ciudadanas “antisistémicas” para “abrir un
escenario político global no institucional”. Tres años después, en mayo
de 2011, miles de personas toman la plaza de Sol.
En la acampada del desencanto se corean muchos lemas que se resumen en
uno: “No nos representan”. En enero de 2014, en el Teatro del Barrio,
Juan Carlos Monedero, profesor en la Facultad de Políticas, explica:
“Despertamos con el 15-M (…) Queremos concentrar todo el vapor del
descontento en la misma caldera”. El cofundador de la formación, en la
que ya no ocupa cargos orgánicos, relata hoy: “El 15-M fue el disparo de
salida. Una noche, Pablo me convocó a su casa de Ávila y me dijo:
‘Tenemos la teoría. Creo que tenemos que montar un nuevo partido: si te
apuntas, yo le doy”.
Una encuesta de Metroscopia para EL PAÍS
en junio de 2011 había mostrado que el 90% de la población apoyaba las
reivindicaciones del 15-M. Podemos recogerá ese descontento por la
izquierda y Ciudadanos, por la derecha, como recuerda la socióloga
Cristina Monge. “Es un momento”, añade el politólogo Pablo Simón, “de
repolitización de la sociedad española. Una entrevista de Iglesias tenía
la misma audiencia televisiva que un Madrid-Barça”. Acaba de nacer la
llamada nueva política.
“Ni de izquierdas ni de derechas”: la casta, la gente y el régimen del 78
Iglesias
rechaza lo que llama “la estafa de la política entre izquierda y
derecha” y establece un nuevo eje: los de abajo contra los de arriba, la
gente contra “la casta”. Podemos proclama que no son ni de izquierdas
ni de derechas —también Ciudadanos: “Ni rojos ni azules”—. Son las tesis
del populismo de Ernesto Laclau, referente intelectual del kirchnerismo.
“Queríamos”,
explica Monedero, “superar el régimen del 78, que era una expresión
moderada del conservadurismo español”. En la primera ponencia política
de Podemos se lee: “El PSOE ha sido (tras el papel inicial del PCE y CC
OO) el artífice de la integración de las clases subalternas al Estado de
1978 (y por tanto, también de las conquistas sociales subordinadas en
este) y pieza clave, después, en su incorporación al pacto social
neoliberal”. Iglesias e Íñigo Errejón representan en 2014, de alguna
manera, los roles de Felipe González y Alfonso Guerra durante la
Transición. En el debate constitucional de 1978, por ejemplo, el PSOE había hecho una apasionada defensa de la República, oponiéndose a la monarquía parlamentaria —finalmente, se abstuvieron en la votación— y criticando al PCE —que votó a favor—.
Un
componente clave del 15-M era la desilusión de jóvenes que se sentían
excluidos del sistema y exigían oportunidades. La irrupción de Podemos,
recuerda Ariel Jerez, profesor de Ciencia Política, miembro del tribunal
de la tesis doctoral de Iglesias y uno de los fundadores del partido,
“acaba con el tapón generacional que había en la política: la edad de
los líderes va a bajar 30 años”. El PSOE apuesta por Pedro Sánchez, que
entonces tiene 42; Ciudadanos tiene a Albert Rivera, de 34; Podemos a
Iglesias, de 35, y tras la moción de censura de 2018, el PP optará por Pablo Casado, de 37.
Entierro de “la transversalidad” y entrada en las instituciones
El
intento de acaparar el voto de todo aquel descontento chocó con los
límites de la vida institucional. “Al final”, explica Monge, “hay que
apoyar unos presupuestos o no, presentar unas enmiendas, gestionar un
Ayuntamiento, situarse… Y en ese debate entre Errejón e Iglesias [el gran duelo ideológico y orgánico de Vistalegre II de 2017]
gana Iglesias: a partir de ese momento, mantienen otros tintes
populistas, pero no el de la transversalidad, y Podemos se sitúa en un
espacio progresivamente más minoritario”. La estrategia inicial
funcionaba en países latinoamericanos con sistemas presidencialistas,
pero no en España, donde el poder está descentralizado y hay que buscar
alianzas, coincide Simón. “La de Errejón era la tesis más populista, una
especie de atrapalotodo que consistía en pulsar primero el ánimo
general y luego tratar de conectar con él. La visión de Iglesias era
más poscomunista: para él, los medios condicionan a la opinión pública y
había que hacer justo lo contrario, persuadir a la gente de que la
verdad la tenían ellos. Todo eso termina anclando a Podemos en la
izquierda, en una posición subordinada al PSOE”, añade.
Para
Iglesias —que lideró el partido durante siete años y atiende a EL PAÍS
por Telegram—, una de las características “diferenciadoras” de Podemos
“ha sido asumir la ideología como terreno fundamental de lucha
política”, y eso, agrega, “ha implicado asumir, también, que los medios
son los grandes actores políticos. Podemos se ha atrevido a decir cosas
sobre el poder que ningún actor se había atrevido a decir y eso es lo
que explica, que no justifica, los ataques y la violencia política y
mediática de la que ha sido objeto”.
Monedero recuerda
aquel debate ideológico que se plasmó en Vistalegre: “Siempre me opuse
al populismo porque servía para tumbar a la casta y ya está, después
hacían falta ideas y organización. Pero ni Iglesias ni Errejón querían
un partido: era demasiado molesto para ese momento de asalto a los
cielos. Iglesias era el secretario general y Errejón, secretario
político, que significa secretario general bis. Cuando Iglesias me llamó
para estar en la Ejecutiva, le pregunté qué cargo iban a ser los demás.
Me dijo que me había llamado el primero, le contesté que hiciera toda
la ronda y me llamara al final. Como intuía, nadie había escogido la
secretaría de programa”.
En
noviembre de 2019, tras meses de reproches mutuos y apenas 48 horas
después de la repetición de las generales por la falta de acuerdo entre
el PSOE y Podemos, Sánchez e Iglesias sellaron con un fotogénico abrazo
el primer Gobierno de coalición. El salto de la calle a las
instituciones (autonómicas, municipales y estatales), de la fase del
diagnóstico a la de las soluciones, pasó factura a Podemos. “Fue un
proceso realmente vertiginoso”, recuerda Jerez. “Cada uno estaba
construyendo un trozo de política nueva y hubo una voluntad de división
exagerada. Las guerras culturales ocuparon un espacio mucho mayor del
que debían tener”.
Podemos enfila el camino de despedidas y escisiones. Sus alianzas y estructura territorial van a saltar por los aires. En febrero de 2020, Iglesias y Teresa Rodríguez, líder de la formación en Andalucía, anuncian que emprenden caminos por separado.
Después llegarían los enfados con Ada Colau en Cataluña; con Compromís
en la Comunidad Valenciana; con sus representantes en Asturias, o la
reciente ruptura del preacuerdo para presentarse con Sumar
a las elecciones gallegas del 18 de febrero. Iglesias defiende hoy que
el partido “tiene más militantes que ningún otro en su espacio político”
y admite que la estructura territorial “es la asignatura pendiente en
la que ya trabaja la nueva dirección”, pero cree que “el problema
fundamental es tener solo 10 años. Los partidos se construyen en el
tiempo, con generaciones de militantes que asientan una estructura
territorial”.
Mientras Podemos establecía y rompía
alianzas, el PSOE, al que el 15-M había situado en el mismo plano de
rechazo que al PP, y cuya crisis era señalada en la primera ponencia
política del partido como “una oportunidad”, recupera terreno.
Aportaciones a la vieja política y vicios adquiridos
“Podemos”,
afirma Monedero, “prometió sacar a Rajoy y cumplió; prometió sacar las
políticas del PP y cumplió, y prometió construir una fuerza política
diferente: ahí fracasó”. “Se volvió demasiado personalista, falló la
democracia interna y ese personalismo sigue lastrando todo lo nuevo:
está también en Más País y en Sumar”. La llegada de los socialistas a La
Moncloa tras la moción de censura contra Rajoy (2018)
obliga al partido de Iglesias a rediseñar su estrategia. “Cuando Pedro
Sánchez llega al poder”, afirma Simón, “se produce un reenamoramiento
del votante de izquierdas con el PSOE, como muestran los sondeos.
Podemos tiene que diferenciarse, intenta transmitir que, si ellos no son
fuertes, los socialistas girarán a la derecha y pactarán con
Ciudadanos, pero la foto de Colón
[el frente común de Rivera, Casado y Santiago Abascal, de Vox, en
febrero de 2019] hacía ese discurso poco creíble”. Paradójicamente, esa
resurrección del PSOE tenía mucho que ver con la influencia de Podemos.
“La socialdemocracia de hoy”, afirma Monge, “está mucho más cerca que
hace 10 años de los problemas reales, de las cuestiones ambientales o de
género, y es gracias a Podemos. Sánchez entendió que cualquier cosa que
sonara a élite, a establishment, se veía mal y que había que renovarse. Hace su propio 15-M dentro del PSOE”.
El
partido de Iglesias cambió la agenda política —en la campaña de 2015,
se hablaba, por ejemplo, de renta básica, recuerda Simón—, y forzó al
resto de fuerzas a incluir sistemas de participación —hasta el PP hizo primarias—. “Podemos”, opina Monedero, “fue un revulsivo. Por eso el lawfare: necesitaban condenarnos para poder decir: ‘¿Veis? Son como nosotros”.
“Los
errores”, asegura Iglesias, “son los derivados de la construcción de un
partido que parte de un grupo de amigos y enseguida aparece como una
opción que puede ganar las elecciones. Los defectos en la construcción
de algo tan serio a esa velocidad saltan a la vista y supongo que esa
misma velocidad hizo que muchas veces no fuéramos del todo conscientes
del poder del enemigo que teníamos enfrente”. Los “aciertos” de Podemos,
añade, también son “evidentes”: “Se ha normalizado los gobiernos de
coalición por la izquierda, se ha discutido de cosas que antes no se
hablaba y ha habido unos avances sociales sin precedentes”.
Todos
los entrevistados coinciden en que los ataques a Podemos desde
distintos sectores fueron “salvajes”, pero hacen diferentes análisis
sobre cuánto ha influido la beligerancia de la derecha mediática, el
rechazo de empresarios o la profusión de denuncias en los tribunales que
quedaron en nada en la situación actual del partido. Los demás, y en
particular, los medios de comunicación, se han convertido en el elemento
central de su discurso. Para Simón, “el cambio ideológico más profundo
de Podemos” es ese: “Ya conocían de antes las cloacas, lo que hizo
Villarejo, etcétera, pero hacen de eso su principal activo, de ahí su
obsesión con Canal Red [que dirige Iglesias]. Creen que la manera de
ganar es que su mensaje llegue sin intermediarios. Y se vuelven un
partido denuncia que actúa de manera reactiva: si el PSOE dice a, ellos
a+b, pero no tienen grandes propuestas ideológicas y autónomas. El poso
intelectual, aquella capacidad de Podemos para atraer a la intelligentsia, ha desaparecido”.
Monge
recuerda: “La figura de Iglesias se construye en televisión,
confrontando con Eduardo Inda. Que Podemos tuviera en contra al Ibex 35 o
que la derecha mediática los convirtiera en flanco de todas sus iras
les daba credibilidad y les permitía mantener la imagen de outsider. Pero cuando las cosas van mal, empiezan las hipérboles, la escenificación continua, las contradicciones. Iglesias llegó a someter a votación de las bases si debía o no vivir en un chalé”.
Jerez, que abandonó Podemos en 2019, opina: “Caímos en todos los
tacticismos cutres de la vieja política con nuevas herramientas
digitales. Las primarias se convirtieron en trajes a medida. Los medios
no lo pusieron nada fácil, pero nunca vi un debate para analizar qué
errores habíamos cometido. Podemos se ha miniaturizado”.
El presente
Tras la escisión de Sumar,
Podemos convocó el 16 de diciembre un acto en Madrid para explicar su
hoja de ruta y lanzar la candidatura de Irene Montero al Parlamento
Europeo. Ione Belarra, la secretaria general, declaró: “No nos
referenciamos en la familia política del socialiberalismo que
representan tanto los Verdes como el Partido Socialista (…) El
adversario ha logrado convencer a una parte de nuestros aliados y
compañeros de que se vive mejor si no confrontas con el poder (…) Hay
que volver a lo esencial”.
Muchas propuestas de la última
ponencia política del partido de Belarra figuran en el programa de
Sumar para las elecciones de julio. Y parte de los que han abandonado
Podemos desencantados en los últimos meses creen que las diferencias con
la plataforma de Yolanda Díaz son más de tipo personal que ideológico.
Preguntado por dónde se sitúa Podemos hoy, cuando ya no gobierna el PP,
sino un Ejecutivo progresista, Iglesias responde: “Estoy de acuerdo en
que lo fundamental a la hora de diferenciar Podemos de Sumar no está en
las propuestas programáticas, sino en lo que está dispuesto cada uno a
hacer para llevarlas a cabo. ¿Por qué Sumar es un actor tan protegido
por los medios de la progresía mediática? Porque aparece como un
complemento necesario para que el PSOE esté en el Gobierno y mucho más
cómodo que Podemos”.
Esta semana llegó el primer test sobre la nueva correlación de fuerzas: la votación de tres decretos del Gobierno de coalición.
El partido de Belarra tumbó el de la reforma del subsidio de desempleo,
elaborado desde el Ministerio de Trabajo que dirige Díaz, la mujer a la
que Iglesias señaló como su relevo en marzo de 2021 en un vídeo difundido en redes sociales que ni ella esperaba.
El futuro
Los referentes de Podemos no han tenido mucha mejor suerte. En Grecia, Syriza está en caída libre
y crece la extrema derecha. En Argentina, gobierna el ultra Javier
Milei. ¿De qué depende que el partido no termine como el otro actor de
la llamada nueva política? Iglesias cree que tienen más bazas a su
favor. “Ciudadanos fue aupado por los medios y cuando los medios bajaron
el dedo, desapareció. Si Podemos, a pesar de la violencia mediática,
existe es porque ha sabido asentarse en otros elementos. La clave es que
el proyecto se asiente en una serie de alianzas lo más amplia posible,
porque los partidos que dependen solo de los grandes poderes corren la
suerte que esos poderes determinen”.
Isa Serra, portavoz
de Podemos, afirma: “El bipartidismo ha recuperado mucho aliento, pero
las razones por las que nacimos siguen intactas. Hay más experiencia, un
proyecto más definido. Nuestro objetivo es recuperar posiciones
institucionales, volver a gobernar”
Monedero opina que
“ya no es 2014. Ahora Sánchez le hace gracia a los jóvenes, que le
llaman Perro Sanxe. Zapatero parece bolivariano. Además, les basta
recibir los ataques de la derecha para parecer bolcheviques”. ¿Durará
Podemos 10 años más? “Si es útil”, responde, “seguirá ahí, pero para eso
tiene que hacer política y ahora, después de tantos golpes, está en una
fase de identidad. Después de las europeas, ¿empezará un diálogo con el
resto de la izquierda o seguirá el enconamiento? No basta con tener
razón. Lo decía Anguita: ‘Queredme menos y votadme más”." (Natalia Junquera, El País, 14/01/24)