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30.5.13

El verdadero problema moral ahora no es si se tiene derecho a abortar en caso de graves malformaciones sino si, conociéndolas, se tiene derecho a dar a luz

"En una sociedad abierta y pluralista, por tanto laica y no sometida a rigideces teocráticas, las leyes no deben pretender zanjar las divergencias morales de los ciudadanos, sino crear un ámbito en el que puedan convivir todas sin humillación de nadie.

 O sea, lo contrario de lo que ocurrió cuando el Parlamento catalán prohibió las corridas de toros, convirtiendo en obligatoria la opción moral de una parte de la ciudadanía contra la de los demás. Algunos que en su día apoyaron esa ley han descubierto ahora, con motivo de la posible modificación de la ley sobre la interrupción del embarazo, las virtudes de respetar la decisión personal y no imponer una ética única a toda la población. Bienvenidos a la tolerancia… o al menos a la cordura legal. 

En el tema del aborto, las perplejidades éticas son inevitables y deberían ser celebradas como una muestra del desarrollo de la conciencia que aquilata los valores vitales, no como un atraso. Solo un idiota moral —que los hay— afronta esa situación con la misma despreocupación que quien se extirpa un lobanillo.

 Pero ninguna legislación puede zanjar tales escrúpulos: si es discreta, se conformará con impedir que se vean agravados por persecuciones penales y una clandestinidad anti-higiénica.

El supuesto de aborto lícito en el caso de una malformación grave del feto presenta precisamente el ejemplo de un auténtico dilema moral contemporáneo. Antes no hubiera existido, porque no teníamos la tecnología adecuada para detectar tales casos: la cuestión la resolvía en ciertas culturas tras el nacimiento el infanticidio (que no es lo mismo que un “feticidio”) o la resignación ante lo que nos manda la naturaleza o Dios. 

La ética no cambia radicalmente con los tiempos, pero como trata de la valoración de nuestras acciones evoluciona según se amplían las capacidades humanas. Hoy podemos decidir con información suficiente antes del nacimiento, en las primeras etapas del embarazo, y el verdadero problema moral ahora no es si se tiene derecho a abortar en caso de graves malformaciones sino si, conociéndolas, se tiene derecho a dar a luz

. La norma legal debe señalar el marco razonable de ese íntimo debate, sin aspirar a tener nunca la última palabra."      (FERNANDO SAVATER, EL CORREO 30/05/2013, en Fundación para la Libertad)  

29.4.13

La ONU pide dejar abortar a una salvadoreña con riesgo de muerte y un feto sin cerebro

"Un grupo de expertos en derechos humanos de la ONU ha solicitado hoy al Gobierno de El Salvador que facilite la interrupción del embarazo de una mujer de 22 años "que ha sido diagnosticada con alto riesgo de muerte relacionado con la gestación". 

"Beatriz", nombre ficticio con el que se le identifica, interpuso la semana pasada ante la Corte Suprema de Justicia un recurso de amparo para poder abortar, debido a que padece lupus e insuficiencia renal y el feto que hay en el interior de su cuerpo es anencefálico, es decir, no tiene cerebro. El recurso, fue admitido el miércoles por la Corte, que pidió al Ministerio de Saludun informe sobre el caso para dar una resolución final.  

El aborto está totalmente prohibido y penalizado en El Salvador. Grupos feministas, instituciones públicas locales y organismos internacionales se han pronunciado a favor de que se permita a la joven abortar, pues consideran que su vida corre peligro y que la del niño no es viable, posición que condenan sectores conservadores. 

El debate sobre el aborto en El Salvador se ha reavivado por la petición de la joven de interrumpir su embarazo porque padece diversas enfermedades. La Iglesia católica salvadoreña teme que el caso de "Beatriz" sea "la puerta" para legalizar el aborto en el país, palabras del arzobispo de la capital salvadoreña, José Luis Escobar, que ha recogido EFE."       (Público, 26/04/2013) 

4.3.13

Los obispos alemanes aceptan la píldora del día después en caso de violaciones

"Los obispos católicos alemanes aprueban la administración de la llamada píldora del día siguiente a mujeres que hayan sufrido una violación. Consideran que los nuevos preparados farmacéuticos permiten un uso preventivo durante las primeras horas anteriores a la fecundación. La Iglesia solo admite las que “tengan un efecto preservativo, no abortivo”.

 Las víctimas de una violación deben recibir, según los obispos, “atención humana, médica, psicológica y espiritual”, durante la cual podrán decidir si quieren tomar la píldora. La decisión, anunciada tras una conferencia de tres días en la ciudad alemana de Tréveris, sigue la disposición del arzobispo de Colonia Joachim Meisner, que ya había permitido la administración de la píldora en los hospitales católicos de su diócesis.

A su vez, la decisión del cardenal Meisner vino precedida de una considerable controversia en la región renana, donde dos clínicas pertenecientes a sendas fundaciones católicas rechazaron, el pasado diciembre, administrar la píldora a una joven de 25 años que había sido drogada y probablemente violada. 

Una médico de urgencias le había recetado el medicamento y la había enviado a estos hospitales. Sus gerentes se lo negaron y además, rechazaron la petición de asegurar las posibles pruebas de que había sido violada. Adujeron que no podían tratar a una mujer tras un ataque sexual porque, en caso de embarazo, el informe médico de dicho tratamiento podría servir para justificar el aborto legal de la mujer violada.

 La doctrina de la Iglesia prohíbe cualquier interrupción voluntaria del embarazo. La joven tuvo que buscarse un tercer hospital para recibir tratamiento.

Según el presidente de la Conferencia Episcopal alemana Robert Zollitsch, este cambio de parecer se aprobó “por unanimidad”. Zollitsch, arzobispo de Friburgo, advirtió de que la píldora no debe ser utilizada como método anticonceptivo, sino como remedio en una situación extrema.

 Según dijo el jueves tras reunirse con sus colegas de toda Alemania, los avances médicos permiten usar píldoras que no provocan el aborto, sino que únicamente impiden la fecundación. El Arzobispo pidió a los obispos alemanes que informen de los cambios a los médicos de sus diócesis. (...)

La decisión de los obispos tiene base ginecológica. Las píldoras del día siguiente llevan un componente activo que impide la fecundación del gameto femenino al evitar la ovulación durante un plazo máximo de 120 horas.

 Así se evita el embarazo. La Iglesia católica considera que la vida empieza en el mismo momento de la fecundación. El Estado alemán estima que el embarazo empieza cuando el cigoto anida en el útero de la madre."           (El País, 21/02/2013)

18.11.12

Muere en Irlanda una mujer a la que se negó el aborto de un feto inviable

"Savita Halappanavar, una dentista india de 31 años embaraza de 17 semanas, falleció el 28 de octubre en el Hospital Universitario de Galway (oeste de Irlanda) porque los médicos se negaron a practicarle un aborto pese a que estaba muy enferma y el feto no podría sobrevivir. Los médicos esperaron hasta que el feto dejó de latir, cuatro días después de ese diagnóstico, y la madre murió de septicemia.

¿Por qué no le practicaron antes el aborto que ella pedía con insistencia? “Porque, por desgracia, Irlanda es un país católico y la ley lo prohíbe”, le respondió el personal del hospital. “Ella les respondía que no es católica, sino hindú. ¿Por qué le imponían la ley a ella?”, se pregunta su viudo, Praveen Halappanavar, un ingeniero de la empresa Boston Scientific en Galway.

La respuesta es muy fácil: porque la ley es igual para todos, sin distingos de nacionalidades y religiones. Pero el trasfondo es más complicado: el aborto sigue siendo un tema tabú en la católica Irlanda. Y la ley lo bastante confusa como para que sea interpretada de forma restrictiva sin que se pueda acusar a la República de no cumplir con la Convención Europea de Derechos Humanos.

 Una histórica sentencia de 1992 falló a favor del derecho a abortar de una niña de 14 años que había quedado embarazada por una violación y amenazaba con suicidarse. Pero ese fallo nunca se transformó en una ley que garantizara que el derecho a la vida de la madre está por encima del derecho a la vida del que va a nacer. El Tribunal de Estrasburgo falló en 2010 que no se había garantizado el derecho al aborto de una mujer enferma de cáncer. Pero Dublín aún no ha decidido si aquel fallo le obliga a modificar sus leyes.

El caso de Savita Halappanavar tiene el potencial de ser especialmente polémico. Por un lado, no basta con que ella estuviera en estado muy grave: los médicos han de concluir que está en peligro de muerte para terminar un embarazo. Su marido asegura que era evidente que estaba en peligro de muerte desde que acudieron de urgencia al hospital el sábado 20 de octubre.

Tras examinarla, los médicos les dijeron que “el cuello del útero estaba completamente dilatado, que perdía líquido amniótico y que, por desgracia, el bebé no podría sobrevivir”, ha explicado Praveen Halappanavar al diario The Irish Times. Iba a tener un parto espontáneo y el feto tenía solo 17 semanas de gestación. Fue entonces cuando por primera vez le negaron el aborto “porque el corazón del feto está latiendo”. 

Ahí viene el segundo punto clave: si el feto no puede sobrevivir, ¿no debería entonces tener toda la prioridad la salud de la madre? Ante la ambigüedad de la ley, los médicos optaron por dejar que el no nacido muriera antes de proceder a un parto forzado pese a que la salud de la madre empeoró.

“Savita sufría una auténtica agonía. Estaba destrozada por la pérdida del bebé, pero lo había aceptado. Cuando vio al médico el lunes por la mañana le volvió a preguntar por qué, si no podían salvar la vida del niño, no la inducían a terminar el embarazo. El médico le dijo que mientras esté latiendo el corazón del feto no podían hacer nada”, narra Praveen.
“El martes por la mañana, la misma discusión. 

El médico dijo que era la ley, que es un país católico. Savita dijo: ‘No soy ni irlandesa ni católica’, pero ellos le dijeron no podían hacer nada”, continúa el padre en The Irish Times.

“Esa noche empezó a tener temblores y escalofríos y a vomitar. Fue al lavabo y se desmayó. Se encendieron todas las alarmas y los doctores empezaron a sacarle sangre y a darle antibióticos. A la mañana siguiente les dije que ella estaba tan enferma que tenían que acabar con aquello, pero volvieron a decir que no podían”, continúa.

A mediodía, el corazón del feto dejó de latir y por fin abrieron la matriz de Savita. “Cuando salió del quirófano podía hablar pero estaba muy enferma. Es la última vez que hablé con ella”. Aquella noche le llamaron del hospital para decirle que estaba en estado crítico y la habían sedado. En la noche del sábado al domingo 28 de octubre, falleció."            (El País, 14/11/2012)

2.6.10

No hay cerebro hasta los cuatro meses y medio de embarazo

"La parte puramente fisiológica es importante durante todo el embarazo. La que tiene que ver con recuerdos o sensaciones, no, aclara Verny, porque el cerebro no se forma hasta los cuatro o cuatro meses y medio. Por eso el psiquiatra respira tranquilo cuando se entera de que en la nueva ley española el aborto sólo es libre hasta la semana 14. "Ah, son tres meses de embarazo, no hay cerebro", dice complacido." (THOMAS VERNY: "Los fetos prefieren a Mozart; no les gustan el jazz ni el rock". El País, ed. Galicia, sociedad, 18/05/2010, p. 44)

11.12.09

Mínimos éticos para la discusión sobre el aborto

"¿qué mínimos éticos podríamos espigar en torno a los cuales podríamos ir descubriendo acuerdos?

Que el aborto es indeseable parece fuera de duda. Ninguna mujer desea tener que abortar, ninguna lo incluye como parte de un proyecto vital, es una decisión traumática ante la que nadie desea encontrarse. Por eso lo más urgente e importante es prevenir, educar para no llegar al embarazo no deseado, invertir esfuerzo, no sólo en educación sexual, sino también en una educación en proyectos valiosos, que no arrebate a los niños su infancia ni a los adultos su responsabilidad.

Una responsabilidad, por supuesto, compartida entre mujeres y varones, que juntos han de asumir decisiones y consecuencias. Y si una mujer llega a la decisión traumática de abortar, suficientemente dolorosa por sí misma, una sociedad civilizada no puede recurrir al castigo, sobre esto último también existe un amplio acuerdo.

Regular la objeción de conciencia del personal sanitario que se niega a eliminar lo que considera una vida humana resulta indispensable para no llegar a un Estado totalitario, que obliga a los ciudadanos a actuar en contra de su conciencia. Y, por supuesto, es una obligación social impedir que las familias sientan como indeseables embarazos que recibirían con entusiasmo si no fuera por falta de medios.

Ciertamente, entablar un diálogo sereno no significa que los interlocutores no tengan convicciones ni tampoco dar por supuesto de forma estúpida que no hay desacuerdos. Pero si hemos de intentar que los autores de las leyes coincidan lo más posible con sus destinatarios, dialogar sin etiquetas en el seno de la sociedad civil y tratar de descubrir puntos comunes es de primera necesidad." (ADELA CORTINA: El aborto y los mínimos éticos. El País, ed. Galicia, opinión, 29/11/2009, p. 33 )