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8.2.23

Giorgio Agamben: propusimos la constitución de un "imperio latino", que uniera económica y políticamente a las tres grandes naciones latinas (Francia, España e Italia) de acuerdo con la Iglesia católica y abierto a los países mediterráneos. Independientemente de que tal propuesta siga siendo pertinente hoy en día, quisiéramos llamar la atención sobre el hecho de que si algo como Europa ha de adquirir una realidad política autónoma, ello sólo será posible mediante la creación de un Imperio europeo similar al Imperio austrohúngaro... Es posible que en la situación extrema en la que nos encontramos, los modelos políticos que se consideran completamente obsoletos vuelvan a encontrar una relevancia inesperada... la actual comunidad europea carece hoy de sustancia política real y se ha convertido de hecho, como todos sus Estados miembros, en un organismo enfermo que corre más o menos conscientemente hacia su propia autodestrucción

 "Milosz comentó en una ocasión que la condición de los escritores de la "otra Europa" (como él llamaba a Mitteleuropa) era "apenas imaginable" para los ciudadanos de los Estados de Europa occidental. Parte de esta heterogeneidad se debe a la ausencia de Estados nacionales y a la presencia en su lugar, durante siglos y hasta el final de la Primera Guerra Mundial, del Imperio de los Habsburgo. Para quienes hemos nacido en un Estado nación y no distinguimos entre ser italiano y ser ciudadano italiano, no es fácil imaginar una situación en la que ser italiano, húngaro, checo o ruteno no significara una identidad estatal.

 La relación con el lugar y la lengua para los ciudadanos del imperio era sin duda diferente y más intensa, libres como estaban de toda implicación jurídica y connotación nacional. La existencia de una realidad como el imperio de los Habsburgo sólo era posible sobre esta base.

Conviene no olvidarlo cuando hoy vemos que Europa, que se constituyó como un pacto entre Estados-nación, no sólo no tiene ni ha tenido nunca realidad alguna fuera de la moneda y la economía, sino que hoy está reducida a un fantasma, de facto totalmente supeditado a los intereses militares de una potencia que le es ajena.

Hace algún tiempo, retomando una sugerencia de Alexandre Kojève, propusimos la constitución de un "imperio latino", que uniera económica y políticamente a las tres grandes naciones latinas (junto con Francia, España e Italia) de acuerdo con la Iglesia católica y abierto a los países mediterráneos. Independientemente de que tal propuesta siga siendo pertinente hoy en día, quisiéramos llamar la atención de los interesados sobre el hecho de que si algo como Europa ha de adquirir una realidad política autónoma, ello sólo será posible mediante la creación de un Imperio europeo similar al Imperio austrohúngaro o al Imperium que Dante en De monarchia concibió como el principio unitario que debía ordenar los reinos particulares hacia la paz como "fin último". 

Es posible, es decir, que en la situación extrema en la que nos encontramos, los propios modelos políticos que se consideran completamente obsoletos vuelvan a encontrar una relevancia inesperada. Pero para ello sería necesario que los ciudadanos de los Estados-nación europeos redescubrieran un vínculo con sus propios lugares y sus propias tradiciones culturales lo suficientemente fuerte como para poder deponer sin reservas sus ciudadanías estatales y sustituirlas por una ciudadanía europea única, encarnada no en un parlamento y unas comisiones, sino en un poder simbólico algo parecido al del Sacro Imperio Romano Germánico.

 La cuestión de si tal imperio europeo es o no posible no nos interesa, ni corresponde a nuestros ideales. Sin embargo, adquiere un significado especial si nos damos cuenta de que la actual comunidad europea carece hoy de sustancia política real y se ha convertido de hecho, como todos sus Estados miembros, en un organismo enfermo que corre más o menos conscientemente hacia su propia autodestrucción."                 

(Giorgio Agamben, El Imperio Europeo, Sinistrainrete, 07/02/23; traducción DEEPL)

25.3.22

Europa ha abandonado el mundo de la posguerra fría y se dirige a un mundo que no ha vivido desde 1945. La ruptura con la Alemania expiatoria de Hitler no puede ser más profunda... Europa está volviendo al mundo de la política del poder... por tanto, es necesario que nos planteemos una pregunta: ¿la guerra en Ucrania preocupa lo mismo en Madrid, Lisboa o Roma que en Berlín, Varsovia o incluso París? Y si no supone la misma amenaza existencial para las naciones del sur de Europa que para las del norte o el este, ¿cuáles deberían ser las prioridades de España, Portugal e Italia, o para expresarlo sin rodeos, sus exigencias ante la UE, ahora que debe reconceptualizarse sobre la marcha? ¿Exigiendo un trato de igual a igual con los países del norte? ¿Amenazando con la ruptura en caso de una negativa?

 "La invasión de Ucrania acaba con la idea de que el continente había alcanzado un estatus inmune a la guerra, cierra la etapa de la posguerra fría y obliga a replantearse el debate nuclear o el liderazgo alemán.

 (...) La decisión del nuevo Gobierno alemán de abandonar su rígida adhesión a la exigencia de austeridad fiscal a todos los Estados miembros de la Unión Europea —una política de efectos muy perjudiciales en los países del sur de Europa, como España e Italia, que han de lidiar con una crisis de endeudamiento y un elevado desempleo juvenil— y de incrementar muy ampliamente su presupuesto de defensa hasta 2% del PIB en el futuro próximo, es la forma que adoptará la UE venidera, cuyos supuestos fundamentales sobre la paz y la guerra, es decir, sobre el futuro de la existencia misma de Europa se han transformado a consecuencia de la invasión. 

Dada la especial relación de Alemania con Rusia, y sobre todo por la dependencia energética alemana. El canciller Olaf Scholz ha revertido a todos los efectos tres décadas de política exterior germana. Y el panorama que se abre es difícil de establecer: ¿modificará Alemania su postura contra la energía nuclear? ¿Cómo afectará a la cultura alemana la nueva preeminencia de sus militares, en un país que casi con toda seguridad recibirá al menos tantos refugiados ucranianos como acogió sirios en 2015?

 Sea cual sea la manera en que se aborden estas cuestiones, lo que está claro es que Europa ha abandonado el mundo de la posguerra fría y se dirige a un mundo que no ha vivido desde 1945. La ruptura con la Alemania expiatoria de Hitler no puede ser más profunda. Es significativo que algo similar esté ocurriendo en Japón, donde se cree que Corea del Norte representa una amenaza a su existencia, lo cual ha aumentado los llamados que exigen la enmienda de la Ley Básica japonesa con el fin de fortalecer exponencialmente su Ejército. Algunos piden incluso que se convierta en un Estado con armas nucleares.

Al igual que en el caso de Corea del Norte, debería quedar claro para todos que la invasión rusa supone una victoria a favor de la proliferación nuclear. 

 Cuando se desintegró la Unión Soviética en 1991, un tercio de su arsenal nuclear, así como importantes elementos de la infraestructura industrial y científica para su diseño, fabricación y mantenimiento, se encontraban en territorio ucranio. Al cabo de tres años, en 1994, Ucrania acordó destruir dichas armas y cerrar las plantas de fabricación y los institutos de diseño a cambio de que Estados Unidos, Reino Unido y Rusia garantizaran su seguridad. (...)

Pues la cruda realidad es que, si Ucrania hubiera conservado su inventario nuclear, habría sido mucho menos probable que Rusia se atreviera a invadirla.

Si se tiene en cuenta todo lo anterior, la respuesta de Alemania no debería sorprender a nadie. Y puesto que Alemania es la potencia dominante de la UE —el debate sobre la austeridad en el curso de la última década y sobre todo la humillación de Grecia dejó constancia de su dominio— la respuesta de la UE tampoco debería sorprender.

 Pero si Europa está volviendo al mundo de la política del poder y del realismo lúcido, se plantea entonces una pregunta: ¿la guerra en Ucrania preocupa lo mismo en Madrid, Lisboa o Roma que en Berlín, Varsovia o incluso París? Y si, como sin duda puede argumentarse, no supone la misma amenaza existencial para las naciones del sur de Europa que para las del norte o el este, ¿cuáles deberían ser las prioridades de España, Portugal e Italia, o para expresarlo sin rodeos, las exigencias de la UE, ahora que debe reconceptualizarse sobre la marcha?"                (David Rieff , El País, 01/03/22)


  Para luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?), en España: 

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas: 


Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html 

El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (la sitúa en el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

-Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en:
 
 
 
 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

22.2.22

Piketty: “España, Francia, Italia y Alemania deberían formar una coalición basada en fiscalidad común, transición energética y justicia social”

 " (...) Usted en su libro propone como una de las soluciones el federalismo a escala mundial y regional.

La concepción de uniones regionales basadas en la fiscalidad común y la transparencia financiera son relevantes ya que servirían para solventar muchos problemas. Lo que no se puede es aplicar las mismas soluciones sin tener en cuenta la situación de los países de una región del mundo o simplemente sobre la base del libre comercio y la libre circulación de capitales. 

Necesitamos una regulación común de fiscalidad y esto se puede aplicar a Latinoamérica, Europa y África. Todavía no existe ningún organismo multilateral de países de tipo fiscal en el mundo. En cualquier región del mundo, se puede construir un modelo más igualitario mediante nuevas formas de cooperación o de federalismo, con fiscalidad común y objetivos sociales para el futuro. 

 Sin embargo, la historia nos ha mostrado que la creación de organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial, OMC...) no solo no ha sido la solución sino que para muchos países ha sido una generación de problemas para su población.

Estas organizaciones consiguieron al principio algunos éxitos pero posteriormente se adhirieron a una planteamientos políticos más cercanos a la revolución conservadora de los años 80 del siglo XX, utilizando las quitas de la deuda de países que estaban ahogados económicamente como palanca ideológica, en lo que se puede definir como un chantaje.

Algo similar ocurre con la Unión Europea, cuya construcción ha tenido más en cuenta la libre circulación de capitales que el bienestar de las personas. Por este motivo se genera una desafección contra estas grandes instituciones que realmente no solucionan los problemas de los ciudadanos. Hay que poner en marcha una coalición a nivel europeo con un número reducido de países, por ejemplo, España, Francia, Italia, Alemania, que desarrollen proyectos más ambiciosos en fiscalidad común, transición energética y justicia social. 

Que las iniciativas de actores más importantes en este grupo reducido pueda servir como ejemplo de lo que se puede hacer. Si funciona, se podrá convencer a más países en Europa y en el mundo. Si esperamos que las cosas sucedan a nivel de las Naciones Unidas, nunca va a funcionar.(...)"            

 (Entrevista a Thomas Piketty, Rodrigo Ponce de León, eldiario.es, 14/12/19)

16.11.21

Los ciudadanos griegos, españoles e italianos son los más insatisfechos con la manera en la que funciona su sistema democrático... El panorama es desolador: más de un 80% no está conforme con la marcha de sus sistemas político y económico... es la enfermedad del arco mediterráneo de Europa: un estado de insatisfacción y escepticismo generalizado... en él se intuyen amplias manchas de ansiedad.

 "Las democracias, con sus complejos procesos deliberativos, tienen problemas especiales para afrontar los retos de un siglo como el XXI, en el que crisis, amenazas e insidias vuelan rapidísimas por infinitas vías de conexión. Las de la Europa mediterránea se perfilan, en el grupo de las más avanzadas, como las que peor lo llevan.

Una encuesta del Pew Research Center llevada a cabo en 17 países desarrollados y publicada el pasado día 21 apunta que los ciudadanos griegos, españoles e italianos son los más insatisfechos con la manera en la que funciona su sistema democrático; los que con mayor intensidad reclaman cambios profundos de su sistema económico y tres de las cinco ciudadanías que más exigen reformas de calado de su sistema político. Tristemente, también son los tres que menos confían en que sus sistemas puedan cambiar.

El panorama es desolador: más de un 60% de los encuestados de los tres países se declara inconforme con cómo funciona su democracia (frente a una media del 41% en el grupo) y más de un 80% con la marcha de sus sistemas político y económico (frente al 56% y 51%). Francia también se sitúa en zona de alerta, superando con creces los niveles medios. La radiografía del Pew retrata la enfermedad del arco mediterráneo de Europa: un estado de insatisfacción y escepticismo generalizado. En él, aunque esto no salga en la encuesta, se intuyen amplias manchas de ansiedad.

El desempeño económico es un factor que condiciona con fuerza el juicio político/democrático. La catástrofe griega, las dos décadas de estancamiento de Italia, los brutales altibajos de España —cargados de paro— y el mediocre ritmo francés son la base en la que incuba el malestar. Un sentimiento que por supuesto se declina en primera persona y tiempo presente, pero también en otras personas, singulares y plurales, y en futuro: a veces tiene que ver con expectativas frustradas o con perspectivas oscuras para las siguientes generaciones más que con problemas actuales. 

El impacto especialmente duro de la crisis pandémica en estos países —la encuesta se llevó a cabo de marzo a mayo— también pesa. Todo ello, en conjunto, forma una bolsa de descontento grande, más grande en estos países que en otros de la UE o del mundo avanzado.

Por otra parte está el propio desempeño de la política. La polarización brutal es sin duda un elemento que erosiona la confianza ciudadana; el aflorar de un reguero de casos de corrupción, de comportamientos inmorales, de actitudes pedestres tampoco ayuda. En estos apartados, también, los sistemas políticos mediterráneos no se hallan entre los más luminosos.

Los estados de ánimo que detecta la encuesta del Pew no son sinónimo de debilidad estructural democrática. Esta cuestión es diferente de los desarrollos de Europa del Este. En el caso español, de hecho, los estudios internacionales más respetables sitúan su democracia en el grupo de las mejores.

Pero si bien es un error subestimar la solidez de los fundamentos de estas democracias, también lo es subestimar la magnitud del desencanto. Harán bien ciertas elites ensimismadas, depredadoras o enfermizamente partidistas en ponderar los riesgos que supone para el bien colectivo —y hasta su propio interés— su actitud y la manera en la que contribuye a ese desencanto. Este puede cristalizarse en un frío distanciamiento, empapado de indiferencia y resignación; o en ira. Cuesta decir cuál de las dos es peor."                    (Andrea Rizzi, El País, 02/11/21)

5.6.20

La falta de solidaridad en la crisis de la covid-19 puede acabar con el apoyo incondicional de la población y convertirse en euroescepticismo. El europeísmo acrítico ha definido el apoyo de los países del sur de Europa al proyecto comunitario. Pero la brecha norte-sur ha vuelto (si es que alguna vez se fue); y, con ella, el europeísmo naif está llegando a su fin. Italia se siente desamparada frente a retos globales que ha tenido que afrontar en solitario. Lisboa o Madrid se han endurecido ante la falta de solidaridad por una crisis que no tiene su origen en el sur y que, por tanto, no entienden que deban acarrear en solitario con sus consecuencias

"El europeísmo acrítico ha definido durante mucho tiempo el apoyo de los países del sur de Europa al proyecto comunitario. Múltiples gobiernos indistintamente de su color político han hecho gala de estas credenciales, declarando al país de turno como un actor con el que contar para llevar a cabo la ever closer Union, la Unión cada vez más estrecha. Sin embargo, a golpe de crisis, este apoyo incondicional, que podríamos considerar como un europeísmo naif, empieza a resquebrajarse. 

Las primeras reacciones de los estados miembros a la hora de encarar la crisis del coronavirus no fueron precisamente de solidaridad; un valor sobre el que se supone que se asienta la Unión Europea. Al contrario, la reacción de algunos gobiernos fue aferrarse, una vez más, a la austeridad como valor y al cierre de fronteras como medida de protección. 

Como en los años de la gran recesión, los países del sur reclamaron solidaridad y el norte respondió que no puede haberla sin el cumplimiento de normas y que los instrumentos con los que cuenta la UE son los que deben delimitar la respuesta europea, independientemente de si su condicionalidad remite a los tiempos de la austeridad salvaje. Encontronazos retóricos que parecían más propios de la época de la crisis financiera provocaron la reacción airada de los países del sur, pues esta vez la pandemia que ha originado la emergencia no es consecuencia del déficit excesivo ni de la deuda. La brecha norte-sur ha vuelto (si es que alguna vez se fue); y, con ella, el europeísmo naif, para bien o para mal, está llegando a su fin. 

Italia se desmarcó hace tiempo de ese europeísmo acrítico. Con una economía estancada hace décadas y un sistema político muchas veces caótico, es el país que lleva más años dentro del club. Las relaciones hay que cuidarlas o se pierde la chispa, e Italia, país fundador, ha ido acumulando motivos que alimentaron el euroescepticismo. No les faltó razón a sus ciudadanos al sentirse abandonados por el resto de países de la Unión cuando tuvieron que hacer frente, durante años, a la llegada de refugiados y migrantes a sus costas, una crisis de solidaridad en toda regla. Italia hace tiempo que se siente desamparada frente a retos globales que ha tenido que afrontar en solitario.

 Grecia, Portugal y España, que entraron en las Comunidades Europeas en búsqueda de la consolidación democrática en la década de los 80 del siglo pasado, lo han experimentado más tarde. Para Grecia fue la gran depresión de 2008. En cambio, Portugal y España mantuvieron sus credenciales europeístas incluso durante la crisis económica y financiera. En Portugal, la derecha radical euroescéptica es testimonial. España fue durante mucho tiempo una de las excepciones de la UE, sin presencia de un partido de extrema derecha en todo el arco parlamentario. Aunque la emergencia de VOX ha acabado con esta excepcionalidad, el euroescepticismo sigue sin hacer mella en la sociedad española. 

No en vano, una encuesta realizada por YouGov para la alianza de periódicos LENA mostraba que el 84% de la sociedad española pedía una respuesta más cohesionada de la UE a la crisis del coronavirus y el 67% creía que pertenecer a la UE es algo positivo. Sin embargo, los efectos devastadores de la pandemia en la población, las grandes dificultades que debe afrontar el personal sanitario, víctima de los recortes en el gasto público, y la profundidad de las consecuencias económicas y sociales que ya se intuyen, pueden amplificar la (percibida) falta de solidaridad de los socios de la UE y acelerar, esta vez sí, el fin del europeísmo naif, también en España. 

En plena discusión sobre los posibles instrumentos financieros para hacer frente a los costes de la pandemia, ya se vislumbra el problema de fondo que podría emerger una vez superada la emergencia sanitaria. Italia y España han sido golpeadas duramente por el virus, pero Portugal –con menos casos– también se ha sentido atacada por declaraciones políticas que venían del norte de Europa. La retórica de confrontación norte-sur ha vuelto a la política comunitaria, con el riesgo que conlleva de erosión de la confianza entre los pocos italianos eurófilos que quedan, y de marcar un cambio de tendencia en España y Portugal. Si el europeísmo naif muta, como el virus, ahondará la brecha norte-sur. 

El europeísmo incondicional no se ha sentido correspondido. El apoyo comunitario no ha tenido la bidireccionalidad que se esperaba en algunas capitales de sur, provocando que el lenguaje político de alguno de estos gobiernos, en el peor momento de propagación del virus, resonara, como mínimo, a desencanto europeo. Los discursos en Lisboa o Madrid se han endurecido ante la falta de solidaridad por una crisis que no tiene su origen en el sur y que, por tanto, no entienden que deban acarrear en solitario con las consecuencias.   (...)

La propuesta española sobre el llamado plan Marshall ejemplifica el fin del europeísmo naif porque se pasa de aceptar a la Unión Europea como la solución per se y esperar pasivamente a que la respuesta llegue desde Bruselas, a dar forma a una idea particular de cómo debería ser la solución y por tanto posicionarse activamente ante la misma, desterrando el europeísmo acrítico. Fortalecer la alianza de países del sur para defender sus posiciones no sólo protege sus respectivos intereses nacionales sino que contribuye al interés europeo aportando posibles soluciones. 

Sería injusto decir que una coordinación semejante contribuiría a ahondar la brecha. La brecha ya existe. Alianzas regionales (como la creación de la Nueva Liga Hanseática o el Grupo de Visegrado) se han constituido desde hace tiempo como polos internos de presión en la UE. No hay razón para que el sur no defienda sus intereses de manera coordinada con el mismo ahínco.

 La existencia de partidos de derecha radical euroescéptica en el norte de Europa no puede achacarse solamente a los costes de la solidaridad financiera, como apuntan algunos discursos políticos y académicos. Hasta ahora, solidaridad la justa y, a pesar de ello, el euroescepticismo ha ido en aumento, e incluso se ha sentado en gobiernos de todos los puntos cardinales de la Unión, de Finlandia a Hungría o Italia; No es solo una cuestión económica. También la gestión de la diversidad en sociedades que ya no son homogéneas o la pérdida de la identidad nacional frente a un mundo globalizado, entre otros muchos factores, erosionan el concepto de integración europea. 

Mientras tanto, la falta de solidaridad con el sur alimenta el euroescepticismo meridional, incluso allí donde la lealtad europeísta se mantuvo durante décadas fuera de dudas. Este sur debe transitar ahora de la inocencia del europeísmo incondicional al europeísmo crítico constructivo; y, en interés del proyecto común, el norte debería escuchar y bajar del altar a la austeridad como único valor. Practicar la solidaridad activa es la única alternativa que nos queda por probar para salir juntos de esta crisis."            (Héctor Sánchez Margalef (CIDOB), CTXT, 1/06/2020)

15.4.20

¿Una Unión Europea Mediterránea?

"Madre mía, leyendo estos días lo que publican (...) sobre el fiasco de ese zombi que es la Unión Europea uno llega a la misma conclusión: peor, imposible. Siguen insistiendo en su mantra de «otra Europa es posible» y, con ello, siguen reforzando esta misma Europa. Es decir, pese a toda la fraseología, son mantenedores esenciales del status quo actual, el que ha llevado al desastre que vemos.  (...)

Lo que se ha visto en la UE no es, ni siquiera, una disputa ideológica porque no la ha habido. Solo ha sido una disputa monetaria. Aquellos que quieren mantener las viejas reglas para seguir teniendo una posición privilegiada que les ha permitido obtener ganancias a costa de los países del sur han impuesto sus criterios. Grecia de nuevo. Con algún pequeño matiz.
Porque lo que se ha visto, para quien haya querido verlo sin las gafas de madera de «otra Europa es posible», es que hay tres UE. Como suena. La de Visegrado, la Nórdica y la Mediterránea. 

(...) sería la mediterránea por la que tendrían que apostar. Es decir, una Europa integrada por Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, España (los famosos y despectivamente llamados PIIGS por los nórdicos), Bélgica, Luxemburgo y Francia. (...)

Si quieren, algo parecido a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado Comercial de los Pueblos (de la época de Chávez, puesto que ahora está prácticamente muerta).(...)

  Porque lo que es evidente, se mire como se mire, es que la UE es más un problema que una solución para los países mediterráneos. Grecia, y ahora Italia (y lo veremos, también, en el Estado español) lo volverán a dejar bien clarito. Pero para verlo no solo hay que quitarse las gafas de madera de «otra Europa es posible» sino tener honestidad intelectual.
Esta no es una propuesta porque sí: es lo que se ha visto estos días y lo que seguimos viendo, que hay tres Europas.


1.- La Europa nórdica o, mejor, la Europa alemana (Alemania, Austria, Países Bajos, con ayuda en ocasiones de Dinamarca) insistiendo en el Mecanismo Europeo de Solidaridad para que ningún país se escape de la troika (de nuevo Grecia). Aunque en las ayudas aprobadas se dice que no afecta a la sanidad, sí afecta a todo lo demás. Es decir, volvemos a las famosas primas de riesgo y a los pagos. 

De solidaridad, muy poco. Los países con deuda alta (Italia, España, Portugal, Irlanda y Grecia, incluso Francia) van a tener dificultades porque tendrán que devolver grandes cantidades. Es decir, de nuevo «recortes» en su neolengua, destrucción de lo público en la mía. Porque los países de la Europa nórdica o alemana se niegan en redondo a compartir los beneficios de las emisiones comunes.


2.- La Europa de Visegrado (Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, con ayuda en ocasiones de Lituania y Letonia), grupo visceralmente antirruso y la gran cuña de EEUU para debilitar la UE porque, al mismo tiempo, aisla a Alemania en sus pretensiones de suavizar la relación con Rusia (véase, por ejemplo, su postura con el gasoducto «Corriente del Norte 2»). Aunque han tenido una postura matizada en esta crisis, han permitido la relajación de las condiciones solo para molestar a Alemania y a los «nórdicos».


3.- La Europa mediterránea (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, España, Bélgica, Luxemburgo y Francia). Es la más afectada y la que ha presionado más para una iniciativa financiera conjunta para abordar la pandemia, intentando la fórmula de los «coronabonos» y no la del Mecanismo Europeo de Solidaridad. Únicamente ha conseguido que las ayudas a la sanidad no estén bajo control de la troika. 

El eslabón débil aquí es Francia, que tiene un tratado con Alemania para «revitalizar la UE» y que sea capaz de competir con EEUU y China. Pero eso era antes del coronavirus. Y la esperanza, Luxemburgo, un paraíso fiscal (al igual que la Europa nórdica o alemana tiene a los Países Bajos como paraíso fiscal) que sin la menor duda sería la sede ideal para un banco central de esa Europa mediterránea.


En total, 18 países de los 27 están alineados ya con una u otra vertiente por lo que mantener eso de que «otra Europa es posible» no es solo una utopía distópica sino que es irreal totalmente.

Si algo ha dejado claro estos días la UE es que no existe ninguna «unión» solidaria, que todo es condicionado y que todo es en función de determinados intereses. La derrota de la Europa mediterránea es clara, por lo que es el momento de que los utópicos distópicos salgan de su cascarón y comiencen a hablar de ella. Quienes llevan décadas beneficiándose del diseño europeo no van a renunciar a él voluntariamente y lo han vuelto a dejar muy claro."                 ( Observatorio de la crisis, 12/04/20)

6.4.20

¿Llegó la hora de un «SurExit», el Brexit de los países del sur? «SurExit», un movimiento social, económico y político frente a la insolidaridad de la UE... la Unión Europea ha dejado solas a España e Italia... Cuando la pandemia ha matado a casi 20.000 personas, ¿no ha llegado el momento de que los países del sur de Europa decidan dar un golpe sobre la mesa y abandonar esta Unión Europea?

"La reacción de la UE ante la crisis del COVID-19 ha dejado claro que la Unión no es más que un subterfugio, una especie de sarcasmo macabro para los países del sur de Europa. 

Por eso, quizá haya llegado el momento de la reflexión definitiva sobre la permanencia de los países latinos en un «club» en el que sólo se sostienen los intereses de los supuestamente más ricos  (...9

Es el momento de empezar a poner en común intereses frente a los poderosos del centro y norte de Europa empezando por la Península Ibérica junto a Italia, Francia y Grecia.

Es fundamental reforzar las relaciones con Portugal y aprovechar este momento de sintonía política para armar una Alianza Ibérica, desde la que sumar al resto del arco Mediterráneo y romper ese muro de cristal que ha separado de forma inexplicable a países hermanos como España e Italia.


Sin duda, el sur de Europa es fundamental para las economías del centro y del norte, como consecuencia el tratado de la UE da aún mucho margen para crearles problemas sin incumplir las reglas del mercado único europeo.


Si Europa no está ahora donde se la necesita, puede estar consumando su decadencia como proyecto político y social. Así que, si solo va a quedar como espacio económico, empecemos por dar esa batalla contundente y firme.


No podemos dejar pasar la ocasión para suplir el capitalismo deshonesto y desprovisto de toda ética y moral por el humanismo de la conciencia social colectiva.


Es el momento de levantar la voz con la palabra desde los principios fundamentales que configuran al ser humano desde la razón sin miedo. Ha llegado el momento del SurExit, un concepto que une a todos y todas las ciudadanas y ciudadanos porque en todos idiomas el punto cardinal se dice prácticamente igual: Español – Sur; Francés – Sud; Italiano – Sud; Portugués – Sul. 

Es necesario, en este punto en el que las diferencias se marcan por un concepto geográfico, apostar por la terminología que une a todos esos países. Además, la raíz grecorromana de desarrollo es otro nexo de unión milenario al que no se puede renunciar…. sin renunciar y menos aún olvidar el económico, social y cultural."                (Manuel Domínguez, Diario16, 30/03/20)


"La Unión Europea ha muerto o, más bien, la han matado los países más ricos que se han olvidado de los principios fundacionales de la UE. 

Ya lo hicieron en la crisis de deuda soberana de 2012, cuando las economías del sur superaron los 600 puntos en la prima de riesgo, lo que les impedía poder financiarse en los mercados para sostener la protección a sus respectivos pueblos.

Esos mismos países —Alemania, Holanda y Finlandia, principalmente— son los que, de un modo u otro, están manteniendo su insolidaridad con los países del sur en la crisis sanitaria del coronavirus.(...)

 En el año 2016, en el número 5 de la revista Diario16, José Antonio Gómez hizo un análisis sobre el crecimiento del euroescepticismo en España tras la actuación de la UE en la crisis de deuda soberana de 2012. «El estallido de la crisis económica y la respuesta equivocada de la Unión Europea hizo que la percepción de la ciudadanía variara de manera significativa. 

Si durante los años de bonanza la gran mayoría de los europeos veían con buenos ojos la integración de sus países en la UE y las instituciones tuvieran un grado de aceptación superior al 70%, en el año 2.013 apenas llegaban al 30% los que continuaban teniendo una visión tan positiva, igualándose a quienes estaban totalmente en contra del proyecto de integración europea. 

Las políticas de austeridad impuestas por Bruselas hicieron que más de 40% de los ciudadanos tuvieran la percepción de que países estaban siendo seriamente perjudicados por seguir perteneciendo a la UE y que más de un 50% desconfiara abiertamente de la Comisión, del Banco Central Europeo, del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo», escribía Gómez.

En la crisis del COVID-19 la Unión Europea ha dejado solas a España e Italia por la actitud opositora de países como Holanda, todo ello con el apoyo de la prensa neerlandesa que llegó a legitimar la posición de su primer ministro insultando a los países del sur.


Cuando la pandemia ha matado a casi 20.000 personas, ¿no ha llegado el momento de que los países del sur de Europa decidan dar un golpe sobre la mesa y abandonar esta Unión Europea?


Tras certificarse la salida del Reino Unido, la marcha de la tercera y la cuarta economía de la Eurozona supondría el golpe definitivo para una UE que ha perdido todo el sentido si se anteponen los intereses particulares de cada país al interés común de todos.

En los años 80 y 90 del siglo XX, cuando a los países de Centroeuropa les interesó que el sur se desarrollara para aumentar la capacidad de consumo y, por tanto, abrir nuevos mercados que sustentaran sus tejidos industriales, no hubo problema en ayudar. Cuando los países del Bloque del Este se fueron asentando tras su salida del entorno soviético, las miradas de estos países del norte y del centro se pusieron colocaron en el oriente europeo el sur ya no precisaba tanta ayuda y se dejó a los países meridionales solos para afrontar, por ejemplo, las crisis migratorias o los problemas de financiación por el crack mundial de 2008. Se abría el mercado del este y había que aprovecharlo.


Ante esta situación, un plantón de los países del sur sería catastrófico para los del norte y, además, beneficioso para economías como la española e italiana, puesto que tendrían la posibilidad de crecer sin necesidad de depender de las decisiones que se adopten en Bruselas o de las oposiciones de los países ricos a la implementación de políticas que beneficien a las ciudadanías que ahora están sufriendo la insolidaridad de la UE.  (...)

Cuando se ha pedido ayuda la UE, por la presión de los países ricos, no lo ha dado. ¿Quién está ayudando a España e Italia? China, Rusia y Cuba, principalmente. Si la UE ha dado la espalda al sur, ¿para qué seguir? ¿Por qué no un SurExit? Razones hay de sobra.

En la misma entrevista, Stefano Sannino afirmó que no sabía «por qué hay reticencias para transformar la cercanía de Italia y España en un proyecto político común». Ahora ha llegado el momento."                  (Manuel Domínguez, Diario16, 31/03/20)


  Para luchar contra las epidemias y conseguir la soberanía financiera y, también, como alternativa a la salida del euro... europeseta electrónica para España: 

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas:


El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

- Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

1.2.19

Si el ambiente sigue empeorando, yo sugeriría que Francia y Alemania abandonen la UE para formar una nueva confederación... Luego, podrían invitar a todos aquellos países que suscriban sus principios y reglas a que se sumen a dicha unión... y vuelta a empezar... parece un chiste... no lo es...

"Wolf Lepenies es uno de los intelectuales más destacados de Alemania.  (...)

Su libro más reciente, Die Macht am Mittelmeer: französische Träume von einem anderen Europa (2016) (El poder en el Mediterráneo: los sueños franceses de una Europa diferente), es un fascinante estudio que recorre la larga historia en torno a la idea de una geopolítica “latina” del Mediterráneo en la imaginación intelectual europea.   

La idea de una Europa “latina” tuvo un momento decisivo cuando Alexandre Kojève, el conocido filósofo hegeliano y posteriormente burócrata del Mercado Común Europeo, redactó el memorándum L’Empire Latin: Esquisse d’une Doctrine de la Politique Française (1945) que recomendaba al presidente Charles de Gaulle la creación de un gran espacio político del Mediterráneo. 

En este programa, Kojève avanzaba las líneas generales para la unificación de una zona geopolítica “latina”, encabezada por Francia, pero que incluiría Italia, Portugal, y España; tutelada por la Iglesia Católica desde el Vaticano, y que mantendría una relación de “colonialismo donante” con el norte de África. 

Para Kojève, el Imperio Latino era la única posibilidad de enfrentar dos dilemas ya visibles en la organización del espacio político europeo; por un lado, la crisis de la soberanía estatal, y la conservación de un equilibrio ante los Estados Unidos y la Unión Soviética; y por otro, una forma de hacer frente al poderío económico alemán en el continente. 

El Poder en el Mediterráneo es una contribución que ayuda a pensar el fenómeno de las reacciones antigermanas que brotan de los nuevos nacionalismos. En la conversación con Lepenies, discutimos sobre el desarrollo de la “idea latina” y la efectividad que ésta pueda tener en el presente y futuro de Europa. 

Uno de los rasgos más notables de su libro El poder en el Mediterráneo es la heterogeneidad de posiciones intelectuales alrededor del imaginario “latino”, identificado como un espacio ligado al Mediterráneo al menos desde comienzos del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. ¿Diría que el latinismo es, fundamentalmente, una reacción al protestantismo del norte?

Sin duda, el protestantismo juega un papel central en esta historia. Los “países latinos” están impregnados de catolicismo, y la idea del “imperio latino” es una apuesta dirigida contra la cultura protestante.

 Y sin embargo –y esto no deja de ser curioso– Kojève pensó que esta confrontación entre dos cosmos teológicos haría posible imaginar un futuro gobernado por un mundo católico-latino. La razón era muy simple, pues él seguía la intuición de la utopía marxista –como puede verse en su importante discurso “Perspectiva Europea del Colonialismo”, pronunciando en Alemania por invitación de Carl Schmitt en 1957–, en la que la sociedad del futuro el trabajo se volvería menos importantes que el ocio. 

Y está muy claro que Kojève pensaba que el catolicismo estaba en mejores condiciones de acoger una vida centrada en el ocio que el protestantismo, una religión exclusivamente entregada a la ética del trabajo. 

Hace unos años, Giorgio Agamben desempolvó la tesis de Kojève en un artículo escrito en el momento de la crisis del euro. Ahí también aparece muy marcada esa dicotomía entre el cosmos del trabajo de la ética protestante y el ocio de las culturas mediterráneas. Recientemente, Agamben ha vuelto a contrastar estos dos procesos civilizatorios a partir de la figura del trabajador (arbeiter) alemán y el campesino (contadino) de la cultura rural y comunitaria italiana. ¿Por qué no hemos visto la apuesta de un “Imperio Latino” por ninguno de los actores políticos del sur de Europa?

Creo que la razón principal de que países como Francia, Italia, o España no estén apostando por un “Imperio Latino” se debe a diferencias esenciales en cuanto a sus intereses económicos, políticos e ideológicos. Estas diferencias siempre han estado ahí pero ahora pueden percibirse con mayor claridad. 

En el libro describo el momento en el que un “Imperio Latino” parecía casi inevitable. Era el momento en que Pétain en Francia, Mussolini en Italia, Franco en España, y Salazar en Portugal se encontraban al frente de sus Estados. Y, a pesar de una convergencia estratégica, sus diferencias ideológicas internas eran tan abismales que un observador se refirió con mucha lucidez a los cuatro dictadores como piezas de un “imposible Imperio Latino”.

 De ahí que la idea de una “unión méditerranéenne” propuesta por el expresidente francés Nicolas Sarkozy en el 2007 hubiese puesto de manifiesto estas tensiones tarde o temprano. No es casual que hoy dos enemigos geopolíticos en la Unión Europea sean jefes de Estado de países del sur: el francés Emmanuel Macron y el italiano Matteo Salvini.

Ya que hablamos de 'gran política' y no podemos dejar de pensar en Nietzsche, quien además tuvo una curiosa recepción en Hispanoamérica ligada a la “idea latina”. Muchos intelectuales latinoamericanos leyeron a Nietzsche como crítico de la modernidad protestante, así como una defensa de principios de la aristocracia francesa. ¿Cómo sitúa a un pensador como Nietzsche quien parece moverse entre el ascenso de la cultura burguesa alemana y el espíritu latino francés?

Es una muy buena pregunta, y sin duda yo no le presté suficiente atención a Nietzsche en mi libro. Esto tiene que ver con mi dificultad para sistematizar su pensamiento. Por ejemplo, no estoy seguro si su admiración por la cultura francesa nace de su deseo reactivo de‘épater le bourgeois allemande’, o si realmente podemos decir que Nietzsche fuera un verdadero enamorado de la cultura francesa. 

Es muy difícil saberlo. En cualquier caso, Nietzsche es para mí un epítome de lo que para la burguesía alemana siempre fue un deseo oculto: querer volverse francés. Pero no debemos olvidar lo que una vez notó Franz Kafka: los alemanes aman siempre más a los franceses cuando aquellos se comportan como alemanes.

Uno de los aciertos del libro es trazar la historia del "latinismo" como apuesta política de intelectuales decimonónicos, hoy ya olvidados, como pueden ser Paul Adam o Xavier de Ricard, este último autor del libro Le Federalisme (1877), en el cual proponía un espacio que acelerara el desarrollo capitalista, a la manera de los Estados Unidos. Ya que también ha estudiado la obra de Auguste Comte, me gustaría preguntarle por la relación entre el latinismo político y positivismo...

En efecto, he escrito mucho sobre Comte, quien es un autor “latino”, no tanto porque haya apostado por la construcción de un Imperio Latino, sino porque toma el catolicismo como modelo para su proyecto de la “Religion de l'Humanitè”. La religión católica para Comte consistía principalmente de rituales, de “pompa y circunstancia”, como la llamaba en ocasiones. Esto es algo mucho más importante que los dogmas y las creencias. 

Por lo tanto, ser "católico" suponía, por encima de todo, la participación en un ritual que sólo se podía encontrar en los países latinos. Y esto era completamente ajeno al Protestantismo. Obviamente, fue esto lo que atrajo a Maurras y a sus seguidores del pensamiento de Comte. En realidad, esta es también la razón por la cual el catolicismo puede sobrevivir en un país tan profundamente marcado por la "laïcité". 

Esto es, el galicanismo se suele entender como una reacción contra el Vaticano y el Papa, pero no hay que olvidar que es también una estrategia que pretende reservar un espacio "político-espiritual" del catolicismo en un país como Francia que es agresivamente laico.

Para volver sobre las diferencias entre Francia y Alemania, me gustaría preguntarte sobre el lugar del poeta en la construcción de la “idea latina”. Hölderlin pretendía cristalizar la forma del genio poético alemán como testigo de una nueva patria, y quizás también como compensación al hecho de que la Revolución Francesa no tuvo lugar en tierras germanas. Sin embargo, la figura del poeta también jugó un papel central en el imaginario mítico del latinismo como mediador con el pasado romano de la pulcherrima rerum, lugar de equilibrio y mesura. ¿Hasta qué punto la fantasía latina no fue también un intento por movilizar las energías del poeta en búsqueda de otro origen ante la modernidad?

Desde luego, y no hay que olvidar que en el pensamiento alemán, el "poeta" siempre ha sido contrastado al "homme de lettres", esto es, al escritor o "Schriftsteller". Sólo el poeta puede hacerse cargo de principios vitales, como la vida humana, la cultura, o la religión. Pero los "poetas alemanes", por regla, siempre se sintieron más cercanos a Grecia que a Roma. 

Autores como Humboldt, Fichte, y luego Heidegger insistieron que sólo allí existía una afinidad íntima entre las lenguas (el griego y el alemán), mientras que el francés se enorgullecía de hablar una lengua "latina". El griego para los alemanes era, junto con el alemán, el idioma de la "cultura", mientras que el latín y el francés eran formas vernáculas derivadas de la "civilización".

 Fue por esta razón que un crítico de la magnitud de Ernst Robert Curtius causó un verdadero escándalo cuando, en su libro Pioneros literarios de la nueva Francia (1919), escribió que autores como André Gide y Paul Claudel eran "poetas" en el sentido estricto alemán, ya que ellos atendían al lado afectivo e irracional de la existencia humana, y así evitaban caer en la ilusión racionalista mainstream de aquellos otros que habían sido cegados por la fuerza de la razón ilustrada.

En su libro, glosa el texto de un autor que se desvía y niega el latinismo católico: la conferencia "Por una nueva cultura mediterránea" pronunciada en 1937, por Albert Camus. Este texto, que pareciera haberse escrito como réplica a las tendencias del grupo de Maurras, distinguía entre un latinismo romano, y una cultura mediterránea sensible a lo común, así como al encuentro entre Oriente y Occidente en relación con su afuera. ¿A la luz de la crisis migratoria europea, podríamos decir que el texto de Camus al final ha triunfado sobre el ideal latino romano?

Aquí la respuesta es muy sencilla. Yo diría que sí, sin duda alguna. Y me atrevería a decir más, si me permite traducir esto al antagonismo de los liderazgos del sur de Europa: mientras que Macron se encuentra cercano al Mediterráneo de Camus, Matteo Salvini está próximo a la arrogancia romana.

La geopolítica hoy está presente en las agendas tanto de la izquierda como de las nuevas derechas nacionalistas. Jean Luc Mélenchon publicó el panfleto Le Hareng de Bismarck (Le Poison Allemand) (2015), que oponía la “identidad del pueblo latino” al hegemon alemán, al que identificaba con la banca y con la dominación tecnocrática-financiera. Y hace unos meses, algunos miembros de Unidos Podemos avanzaron una afirmación soberanista que saludaba con entusiasmo algunas posiciones del gobierno de Salvini. ¿Piensa que una “geopolítica latina” es hoy un mecanismo identitario que coloca a Alemania como el enemigo existencial de los déficits democráticos de los países del sur?

Creo que la razón principal por lo que el “latinismo” no ha sido evocado en el ascenso de los nuevos nacionalismos en Europa tiene algo que ver con el ascenso paralelo de las 'democracias iliberales' en el Europa del Este, principalmente en Polonia y Hungría. La alianza entre Víktor Orbán y Matteo Salvini en Italia, por ejemplo, ya no cuaja en el paradigma de una “idea latina”. 

Esta plataforma ya no es capaz de articular una unificación creíble. Los movimientos populistas de Europa intentarán, a mi juicio sin éxito, aglutinar una fuerza a lo largo y ancho del continente. Pero lo cierto es que una visión geopolítica alternativa sería insuficiente y peligrosa ante esa eventual deriva.  

Si la división entre el sur y el norte de Europa se sigue intensificando, ¿piensas que tácticas como la de una “bloque latino europeo”, o incluso una “unión monetaria latina”, pudiera retornar y transformar el mapa político europeo? 

Lo cierto es que me cuesta trabajo imaginar que una “Europa Latina” regrese de manera virulenta tal y como ocurrió en el pasado. Paradójicamente, confieso que tengo simpatías por la propuesta de Alain Badiou, aunque yo la elaboraría de manera diferente. Primero, hay que entender que las “democracias iliberales” son una amenaza existencial para la supervivencia de la Unión Europea.

 Un país como Italia puede que recrudezca su antagonismo y amenace con salirse de la Unión. Y si el ambiente sigue empeorando, yo sugeriría que Francia y Alemania abandonaran la UE para formar una nueva confederación sobre la base de principios legítimos y reglas efectivas. Luego, podrían invitar a todos aquellos países que suscriban estos principios y reglas a que se sumen a dicha unión. 

Yo nací en 1941, y pertenezco a una generación para la cual la hermandad entre Francia y Alemania es demasiado importante como para comprometer su estabilidad a causa de los nuevos regímenes autocráticos que buscan persistentemente la destrucción de la Unión. "               (Entrevista a Wolf Lepenies, Gerardo Muñoz, CTXT, 23/01/19)


Para la soberanía financiera española y como alternativa a la salida del euro... europeseta electrónica:

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  
- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:  
- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm  
Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

31.1.19

En la carta que dirigió a los franceses Macron no menciona el tema crucial: la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores franceses... porque el culpable es el euro

"En la carta que dirigió a los franceses después de las impresionantes manifestaciones del "Chaleco Amarillo", expresión de la exasperación de los ciudadanos cada vez más empobrecidos, Emmanuel Macron no menciona el tema crucial: la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores. 

El economista Jacques Sapir explica una vez más la razón de este silencio: mientras Francia permanezca atrapada en el sistema del euro, no es posible aumentar el nivel de los salarios porque, en la imposibilidad de devaluar la moneda, esto provocaría una pérdida de competitividad de los productos en los mercados extranjeros empeorando el déficit comercial del país. Y Macron quiere quedarse en el euro a cualquier costo. 

Sapir muestra cómo una devaluación de la moneda tendría un importante efecto redistributivo a favor de salarios más bajos. ¿Hasta cuándo Europa, la Europa real, la Europa de sus ciudadanos, será capaz de tolerar las locuras de la Unión Europea y la dictadura de la moneda única, un sistema totalmente subordinado a los intereses de los más ricos?  (...)

Sin embargo, en la "carta" hay una admisión: "... porque los salarios son demasiado bajos para que todos puedan vivir con dignidad gracias a los frutos de su trabajo ...". Esta, de hecho, es una de las causas de la ira que se expresó durante dos meses por el movimiento de los Chalecos Amarillos 
junto con las afirmaciones sobre la democracia.

Se observará, sin embargo, que [el Presidente] nunca usa el término "poder de compra".(...)

 La cuestión de un aumento en el salario mínimo por hora (Smic) es fundamental para todas las declaraciones de los  Chalecos Amarillos.  (...)

Jean-Luc Mélenchon, por su parte, propone un fuerte aumento en el salario mínimo, pero no parece preocupado por el impacto en la competitividad de la economía francesa de esta medida. Por lo tanto, es necesario hacer un balance de este problema, que Emmanuel Macron quería excluir del "debate nacional".   (...)

Algunos objetarán que un aumento del 20% en Smic tendría graves consecuencias en la competitividad de la economía francesa. Este es el argumento apoyado por el gobierno, pero también por Marine Le Pen y Nicolas Dupont-Aignan. No es una afirmación falsa. 

En la medida en que ya no somos dueños de nuestra moneda, debido al euro, cualquier aumento en los salarios, que se transferiría en parte a los precios, agravaría nuestro déficit comercial, que es un indicador mucho más importante y mucho más real que el indicador del déficit de la deuda pública. (...)

Pero debe hacerse el razonamiento opuesto: ¿qué sucedió cuando, en mayo de 1968, el gobierno aumentó el salario mínimo en un 35%? Francia se devaluó poco después, y en los años siguientes experimentó un fuerte crecimiento.  (...)

El bloqueo debido al euro.

Por lo tanto, es necesario comprender que, sobre este tema, el bloqueo principal proviene del euro. Y podemos demostrarlo observando qué pasaría si Francia no estuviera en el euro. (...)

Cualquier depreciación de la moneda provoca un aumento en el precio de los productos importados y disminuye el precio de nuestras exportaciones. ¿Pero cuál es la parte de nuestro consumo que se importa? En promedio, es alrededor del 48%, pero puede llegar al 60% para las familias más ricas, mientras que se reduce al 40% para los más pobres. (...)

Pero, ¿qué pasaría con un aumento del 20% en el salario mínimo, acompañado de una devaluación del 20%?

Una devaluación del 20% implicaría un aumento del 20% en los precios de los productos importados, con un aumento general de los precios del 9,6% en promedio. Podemos ver que el aumento real en el salario sería por lo tanto 20% -9.6% = 10.4%. La inflación inducida por la devaluación sería, por lo tanto, menos de la mitad del aumento de los salarios. 

De hecho, el poder adquisitivo de las familias más pobres se vería menos afectado, ya que consumen menos bienes importados que los ricos. El aumento en el poder de compra sería del 12% (20% -8%) para los más pobres y del 8% (20% -12%) para los más ricos, siempre que todos los salarios aumenten tanto como el salario mínimo (...)

Por lo tanto, la devaluación de la moneda tendría un efecto redistributivo significativo en los ingresos.  (...)

Vemos que, en este escenario, los productos franceses, a pesar de la inflación y el aumento de los salarios, mejorarían su competitividad en los mercados de exportación, pero también en el mercado interno. Agregamos que el aumento de los precios, inducido por el aumento de los salarios y la devaluación de la moneda, no es inmediato, sino generalizado en la economía, con un retraso que puede llegar a algunos sectores a seis meses y otros a 18 meses. 

El aumento de las exportaciones o ganancias en el mercado interno compensaría en parte la disminución de las ganancias debido al aumento del salario mínimo. El aumento en el volumen de producción generado por los ingresos de exportación y las ganancias en el mercado interno llevaría a una mayor inversión. El PIB del país vería aumentar su tasa de crecimiento debido tanto al aumento de la producción como a las mayores inversiones.

Este es el mecanismo que es rechazado por Emmanuel Macron, porque implica, hay que decirlo, que Francia sale del euro. Es por esta razón, debido al apego fanático al euro, que el Presidente evoca tan poco, y solo de manera indirecta, la cuestión del salario mínimo y la del poder de compra. Por el contrario, esto significa que la cuestión del poder de compra para las "clases populares" solo puede abordarse seriamente al poner la cuestión de la salida de Francia del euro.

El impacto en nuestros socios.

¿Qué pasaría desde el punto de vista de nuestros socios? Está claro que si Francia decidiera abandonar el euro, algunos países no tendrían más remedio que seguirnos. Este es el caso de Italia y España, pero probablemente también de Portugal y Bélgica. A la inversa, los países del "Norte", como Alemania y los Países Bajos, permanecerían en el euro o lo cambiarían por "marco". 

Pero sin los "países del sur", esta marca (o el euro residual) se volvería a revaluar de repente. La brecha del tipo de cambio con países como Alemania y los Países Bajos no sería del 20%, sino del 35%. Por otro lado, la brecha con la zona del dólar sería menor.

Tenga en cuenta que, en el caso de una salida de todos los países del Sur, los tipos de cambio de España, Francia e Italia se devaluarían de la misma manera. Esto implica que la participación de las importaciones cuyo precio aumentaría debido a la devaluación del franco podría ser menor. 

Por esta razón, la proporción del consumo afectado por la inflación luego de la devaluación del tipo de cambio solo podría ser de 36-38% en promedio, con una distribución aún más favorable para los hogares de bajos ingresos. El efecto redistributivo de la devaluación podría por lo tanto ser más poderoso que lo indicado.

En términos generales, una salida del euro permitiría a los países del sur de Europa beneficiarse del actual superávit comercial alemán, que representa aproximadamente el 8% del PIB de Alemania. La distribución de tres cuartos de este superávit en los países del sur de Europa (o € 150 mil millones hoy) podría llevar a un crecimiento del 2% del PIB para Francia por encima del crecimiento actual (o 1.2% + 2, 0% = 3.2%). 

Con la caída del desempleo vinculada a un aumento del 1,4% -1,5% del PIB, las ganancias en el empleo serían importantes. Los cálculos se han realizado en otros lugares y muestran un total de 4,5 millones de desempleados "reales", una disminución del desempleo de 1,5 millones a 2,5 millones en un período de 3 a 5 años. 

Cabe señalar que esta fuerte disminución del desempleo beneficiaría al sistema desde el punto de vista de las prestaciones por desempleo. Las donaciones se podrían reducir. El mismo razonamiento se aplica a los fondos de pensiones y fondos de enfermedad. 

Tanto las contribuciones del empleador como las contribuciones de los empleados son muy sensibles al desempleo. Por lo tanto, se podría considerar una reducción en estas contribuciones, aumentando así el poder de compra de la misma cantidad o, si se altera el nivel de las contribuciones, se podrían mejorar las condiciones. (...)

Retomemos los términos del debate. Un aumento en el salario mínimo junto con la salida del euro y la devaluación del tipo de cambio tendrían un fuerte efecto redistributivo en las ganancias, restaurando el poder de compra a ingresos más modestos. (...)

Y es por eso que Emmanuel Macron, que no quiere tocar el euro bajo ninguna circunstancia, no habla sobre el salario mínimo por hora o el poder de compra en su carta."                (Jacques Sapir
 , Sinistrainrete, 28/01/19; traducción google)


Para la soberanía financiera y como alternativa a la salida del euro... europeseta electrónica:

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html

- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:  


- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm  

Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html