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17.1.20

Juan Torres: 2020: 10+1 desafíos... los mayores problemas que tiene nuestro mundo y el horizonte al que debería apunta su solución...

"El inicio de un nuevo año, y más el de una década, es siempre un buen momento para poner sobre la mesa tareas pendiente y desafíos. Me atrevo a contribuir a esa tarea señalando los mayores problemas que yo creo que tiene nuestro mundo y el horizonte al que en mi opinión debería apunta su solución para poder evitar que sigan produciendo las fracturas tan dramáticas que hasta ahora vienen generando.

1. Conservar la vida en el planeta.

Acabamos de vivir una cumbre mundial sobre esta cuestión y no creo que sea necesario abundar en las consecuencias terribles que puede tener la emergencia climática en la que nos encontramos. Yo no puedo añadir mucho más a lo mucho que ya se ha dicho al respecto, pero sí quisiera subrayar algo que me parece esencial. No habrá forma de dar respuesta a los problemas medioambientales que amenazan la vida en nuestro planeta si no se parte de un convencimiento común y efectivo: ni la naturaleza en su conjunto ni los recursos que nos provee son mercancías. 

No han sido creados como tales y eso significa que no pueden utilizarse con el único propósito de hacerlos rentables en los mercados. No hay solución sostenible ni verdadera para el planeta que no pase por asumir un principio básico: lo que por su intrínseca naturaleza es común y perteneciente no sólo a la generación presente sino también a las futuras no puede ser apropiado privadamente por nadie, ni destruirse.

2. Garantizar el sustento de todos los seres humanos.

Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación) 11 de cada 100 seres humanos pasan hambre actualmente en el mundo y cada día mueren unas 25.000 personas por esa causa. No hay otro fenómeno que provoque más muertes injustificadas y evitables porque, según esa misma organización y otras muchas, en nuestro planeta hay recursos materiales de sobra para poder alimentar suficientemente a toda la población mundial.
Y no se trata sólo evitar que tantas personas mueran de hambre, sino también de proporcionarles recursos que les garanticen una vida mínimamente decente. Algo que está perfectamente a nuestro alcance.

Según el Banco Internacional de Pagos, el volumen total de transacciones financieras que se realizan en el mundo es de unos 11.000 billones de dólares (millones de millones). Eso quiere decir que con una simple tasa de 20 céntimos por cada 100 dólares de transacción se podría financiar todo el gasto público mundial ELIMINANDO TODOS Y CADA UNO DE LOS DEMÁS IMPUESTOS QUE HAY EN EL PLANETA. Y que con otra de más o menos la misma insignificante proporción se podría conceder una renta básica decente a toda la población mundial.

Eso no sería todo lo que se necesita, pero es la demostración palpable de que estamos ante un desafío perfectamente alcanzable que no se logra porque no se asume como imperativo ético esencial el derecho a la vida que tememos todos los seres humanos.

3. Ejercicio efectivo de los derechos humanos.

El último informe anual de Human Rights Watch dice que «estos son tiempos oscuros para los derechos humanos», que «a pesar de la creciente resistencia, las fuerzas de la autocracia han experimentado un auge» y que «varios gobiernos importantes (de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, …) flaquearon» en la defensa de los derechos humanos.

Hace 72 años que se suscribió masivamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos y es cierto que se han dado avances importantísimos, pero de ninguna manera suficientes o completos. Un desafío fundamental es el establecimiento definitivo de un sistema de justicia universal que combata los crímenes que lesionan o incluso acaban con esos derechos, y reconocer y perseguir específicamente los crímenes económicos contra la humanidad.

4. Libertad real de acceso a la información.

Gracias a internet y a las redes sociales, nunca en la historia de la humanidad ha habido mejores y más asequibles formas de acceso a la información. Pero cada día es más claro que eso no es suficiente porque el uso de las nuevas tecnologías y de las organizaciones que son necesarias para elaborarla, empaquetarla y difundirla está cada más concentrado. Siete empresas controlan casi el 70% de toda la red de comunicación mundial y en españa cuatro consejos de administración hacen lo mismo con el 80% de las audiencias de televisión y radio, por no hablar del poder inmenso de las nuevas megacorporaciones como google o facebook.

Esa concentración tan extraordinaria y la falta de controles efectivos está en la base de la mentira y la manipulación, cuya expansión tampoco tiene precedentes. Sin información libre y plural no hay posibilidad real de ejercer la ciudadanía y de condicionar y presionar al poder. Garantizar la transparencia, perseguir y condenar la mentira, hacer posible el acceso libre y efectivo a la información y a los medios de comunicación y democratizar el acceso a la tecnología y a su uso, son los grandes desafíos en nuestra época del biga data y de las redes.

5. Gobernanza global.

La mundialización de prácticamente todas nuestras relaciones sociales e incluso personales es ya un proceso que no tiene vuelta atrás, pero que se ha dado sin que al mismo tiempo se diseñen y desarrollen mecanismos e instituciones de regulación y control a la misma escala o nivel. Y sin ellos es prácticamente imposible impedir que sólo quienes disponen de más dinero, información o acceso al poder puedan decidir a su antojo lo que se puede hacer o no en el planeta. 

Las consecuencias del unilateralismo y de la falta de espacios y foros de debate y decisión cooperativa y plural a escala global están a la vista, y cada día resulta más urgente hacer frente a esta carencia que puede terminar destruyendo la ya de por sí escasa democracia que hay en el planeta.

6. Reestructuración y jubileo de la deuda.

La deuda se ha convertido en la losa más grande que pesa sobre las familias, las empresas, los gobiernos y la sociedad en general.
Según el Fondo Monetario Internacional, el total de la pública y privada ha crecido un 60% desde 2007 en todo el mundo, unos 70 billones de dólares en la última década, y actualmente representa más de tres veces del producto bruto mundial.

La economía actual tiene la deuda como motor y eso significa que es imposible impedir que se produzcan colapsos periódicos y quizá uno global de magnitud incalculable si no se le pone freno. Y al respecto hay que saber que es mentira que ese incremento de la deuda sea consecuencia de una mala praxis de familias, empresa o gobiernos.

 No, lo que realmente sucede es que el sector económico más poderoso del planeta, el bancario, tiene el privilegio de crear dinero y, por tanto, beneficio y poder, creando deuda. Y usa su evidente influencia en todo el mundo para imponer políticas económicas que limitan los ingresos para promover su negocio, el crecimiento de la deuda. Prácticamente el 100% de la deuda acumulada en la Unión Europea desde 1995 (más del 60% en España) se debe a intereses, y una gran parte de esa carga es incluso inmoral e injusta.

Hacer frente a este volumen de deuda es materialmente imposible y todas las crisis de deuda que ha habida a lo largo de la historia, sin excepción, se han resuelto con decisiones políticas. Ya es hora de hacer frente al bárbaro endeudamiento que ha provocado el poder inmenso y la avaricia bancaria abriendo negociaciones que lleven a su reestructuración, a quitas ordenadas e incluso a un jubileo global. Sin ello, será imposible garantizar una mínima estabilidad en el mundo a medio y largo plazo.

7. Justicia fiscal.
 
Gracias a la enorme influencia política y mediática que han acumulado, los grandes poderes económicos y financieros han conseguido hacer creer que la mejor política para todos es rebajar impuestos. Pero eso sólo se ha traducido en que solamente sean ellos quienes dejen de contribuir a la financiación de los gastos comunes, produciendo así los déficits y el incremento de la deuda que, como acabo de decir, les interesa porque ese es su negocio y lo que esclaviza a los que tienen abajo.

Según los economistas Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, de la Universidad de Berkeley, las 400 familias más ricas de Estados Unidos pagaron en impuestos en 2018 el 23% de sus ingresos y las clases trabajadoras el 24%. Y los paraísos fiscales y las distintas formas de elusión y fraude fiscal contempladas en las propias leyes fiscales permiten que las multinacionales y grandes fortunas apenas contribuyan a los gastos comunes. 

Las grandes empresas se llevan alrededor del 40% de sus beneficios (unos 600.000 millones de dólares anuales) a esos territorios opacos. Y eso, a pesar de que son quienes en mayor medida se benefician del gasto público, porque no hay que olvidar que un euro gastado por el Estado se convierte prácticamente de forma instantánea en un ingreso del capital privado (porque va directamente a él o porque se traduce en gasto en consumo que va a las empresas, o en ahorro que rentabiliza el sistema financiero).

El desafío es doble. Por un lado, asumir en la práctica el imperativo ético de que todos hemos de contribuir a la financiación del gasto que es común en proporción a nuestra capacidad. Y, por otro, que si el proceso de mundialización es ineludible hay que hacer que la fiscalidad que responda a ese anterior principio se establezca también a escala internacional.

8. Socialización del dinero y el crédito.

El crédito que sirve para poder realizar gastos a lo largo del tiempo y el dinero que es lo que utilizamos para saldar las deudas que genera nuestra diferente participación en los procesos productivos, son para las economías como la savia de las plantas o la sangre de los demás seres vivos. Sin ellos, es prácticamente imposible satisfacer las necesidades humanas cuando se ha alcanzado un cierto nivel de desarrollo. 

Pero en el capitalismo se ha permitido que el dinero se convierta en una mercancía más que, para colmo y tal y como he dicho, pueden crear de la nada unos agentes especialmente privilegiados. Eso es lo que constantemente produce los cuellos de botella que generan crisis que traen destrucción de empresas, de empleo y de riqueza.

La alternativa no es la broma de hacer creer que todo el mundo debiera tener acceso libre al dinero y al crédito sin más. No, el desafío consiste en establecer sistemas financieros que proporcionen los medios de pago y el crédito necesarios para garantizar la actividad productiva con eficiencia, responsabilidad, solvencia, suficiencia y equilibrio y no sólo buscando el beneficio de quien lo crea, como he dicho, de la nada. 

Y en particular, consiste en poner un freno radical al uso especulativo de los medios de pago que provoca las burbujas y las innumerables crisis financieras que se vienen dando en las últimas décadas, justamente desde que se liberalizó el sistema financiero, exacerbando la mercantilización del dinero y el crédito.

9. Justicia y simetría en el comercio internacional.

Seguramente, no hay una organización o proceso más farisaico e injusto en nuestro mundo que el del comercio internacional. Sus reglas permiten que los poderosos se protejan y tengan plena libertad de acción mientras que obligan a los países más pobres (en realidad, empobrecidos) a desarmarse plenamente y a someterse a las normas que les imponen los ricos. Con una apariencia de igualdad y una retórica que dice defender el liberalismo, lo que en realidad se ha establecido es un régimen de doble moral y de trato discriminatorio en favor de los poderosos. 

No se trata de reclamar para todos el proteccionismo reaccionario que practican los ricos. El desafío es combinar la apertura con la cooperación y la libertad de actuación con el justo derecho a la protección que tienen todos los países y no sólo los ricos, para poder promover un nuevo tipo de economías que satisfaga las necesidades desde la proximidad, la eficiencia y el respeto a la naturaleza. 

El régimen actual del comercio internacional genera conflictos políticos, raciona artificialmente la producción que sería necesaria para acabar con el hambre y la insatisfacción, la ubica de forma muy ineficiente y ecológicamente insostenible, crea pobreza y destruye las economías y los lazos sociales. Hay que acabar con este régimen de injusticia comercial impuesto por las grandes compañías multinacionales con el apoyo de los gobiernos de las grandes potencias.

10. Desmercantilización del trabajo.

Un grupo de relatores independientes elaboró el año pasado un informe para Naciones Unidas en el que señalaban que «hoy vivimos en un mundo más rico, pero también más desigual que nunca». Y que algunos informes sugieren que el 82% de toda la riqueza creada en 2017 fue al 1% de la población más privilegiada económicamente, mientras que el 50% de los estratos sociales más bajos no vio ningún aumento en absoluto.

Esta desigualdad creciente en las últimas décadas tiene diversas causas bien conocidas: la apropiación privilegiada de los beneficios del aumento de la productividad por el capital, las reformas legales que han acabado con derechos laborales básicos, la discriminación de género, la globalización asimétrica, la inequidad fiscal, la deuda… Pero una de ellas es la que está detrás de todas las demás: la utilización del trabajo humano como si fuera una simple mercancía. Eso lleva a que la inmensa mayoría de las personas sólo puedan disponer de ingresos para vivir si venden su tiempo de trabajo en los mercados. En unos mercados, en donde cada vez tienen menos derechos y poder de negociación.

Por eso, el desafío más básico y necesario de nuestra época es acabar con esa mercantilización del trabajo para hacer posible que las personas puedan disponer de recursos suficientes para tener una vida digna con independencia de lo que ocurra en los mercados laborales. Y eso implica fortalecer las políticas sociales, los servicios de bienestar y, en general, las instituciones que garantizan que todos los seres humanos tengan recursos mínimos para vivir dignamente por el simple hecho de serlo. Y también reducir notablemente la jornada de trabajo para evitar que la revolución digital que se avecina provoque desempleo de masas.

Puede parece un desafío radical, inalcanzable, propio de extremistas… pero lo cierto es que la idea de que «el trabajo no es una mercancía» es el primer principio fundamental de los cuatro establecidos en la Declaración de Filadelfia de 10 de mayo de 1944 que han firmado, entre otros muchos países, todos los socios de la Unión Europea. El desafío consiste simplemente en cumplir con el compromiso adquirido.

10+1. Una nueva forma de pensar y de contemplar el mundo y a nuestros semejantes.

Los anteriores desafíos se refieren a objetivos, a tareas que habría que emprender pero quizá ninguno de ellos pueda hacerse realmente efectivo y alcanzarse si no se cambia nuestra forma de pensar, asumiendo un conocimiento complejo, omnicomprensivo, cósmico, ecologizante, humanista y crítico. Si no cambiamos nuestra forma de medir y de fijar los objetivos que perseguimos, si no anteponemos la mejora de nuestra vida a la multiplicación del dinero, y la felicidad o la satisfacción auténtica y la responsabilidad a la consecución del lucro privado sin límites. 

Si nuestra acción personal y colectiva no se vincula a compromisos o incluso a imperativos éticos que condiciones nuestra toma de decisiones. Si no aceptamos someternos a la rendición de cuentas que debe ser parte ineludible de una acción individual y colectiva honesta y respetuosa con nuestros semejantes. Y si no entendemos que la paz y el diálogo no son el fin sino el camino."                   

6.11.19

La economía sigue sin inflación, ni una ciencia que la explique

"La ciencia económica no se aclara, y los políticos y los medios de comunicación, menos aún. 

Después de décadas volcadas en la lucha para reducir la inflación, ahora, las instituciones internacionales y sus sucursales se muestran perdidas ante un presente que no logran comprender ni explicar. Los bancos centrales, antaño guardianes de la ortodoxia, se han convertido en think tanks, centros de pensamiento desde los que cuestionar tímidamente la solidificada teoría económica que hemos heredado de las felices décadas previas. 

¿Tenemos un problema de estancamiento económico, reflejado en los titulares periodísticos mayoritarios por la planicie de la curva de inflación, o estamos, más bien, en el albur de un cambio en la forma de concebir una Economía en estos momentos impotente para explicar el mundo?  (...)

La élite tecnocrática se había formado mayoritariamente en unas facultades en las que la victoria sobre la gran inflación de los años setenta y ochenta había sido el leit motiv de los estudios. El caso de Japón –estancado y con riesgos de deflación desde los años noventa– se habría ignorado y el sesgo antiinflacionario nos habría llevado a sociedades más precarias, más desiguales y con más riesgo, como las actuales. 

Para evitar que esto vuelva a suceder y teniendo en cuenta que la recesión volverá antes o después, Ubide aboga por un punto de vista de política económica “simétrica”, que contemple la deflación –es decir, el depresivo descenso generalizado de los precios– como un riesgo igualmente peligroso. Para ello, propone modificar al alza el objetivo de inflación de los bancos centrales –actualmente en el 2%–, mantener e incluso incrementar el activismo monetario de estas entidades, la emisión de los denominados ‘eurobonos’ –deuda pública comunitaria que permitiría financiar, por ejemplo, las prestaciones por desempleo–, una renta básica que hiciera frente a la transformación del mundo del trabajo y la precarización, e incluso salir de la eterna preocupación por el déficit y la competitividad de la Eurozona.  (...)

También procedente de la banca privada y volcado, además, en la docencia y la divulgación económica, el economista Juan Laborda coincide en que hace falta un cambio de punto de vista para solucionar los problemas. No obstante, este realiza un análisis que supone una enmienda a la totalidad del pensamiento económico dominante y de la evolución del capitalismo durante los últimos cuarenta años.  


Para Laborda, el actual estado de inflación baja, crecimiento estancado, desigualdad rampante, paro y riesgos políticos se debe a lo que define como “el sistema de gobernanza que rige el mundo desde finales de los setenta, es decir, el denominado ‘neoliberalismo’, que es el que ha provocado este proceso deflacionista”. 

Pero, ¿qué es el neoliberalismo, más allá del término que solemos emplear para etiquetar todas las medidas que consideramos que perjudican a las mayorías? Inspirado en un clarificador y breve ensayo de James Montier y Philip Pilkington, Laborda descompone el fenómeno neoliberal en cuatro elementos que se refuerzan entre sí: el abandono del pleno empleo, la globalización, el cambio experimentado en los objetivos perseguidos por las grandes empresas y la derrota de los sindicatos.  

Objetivo inflación (1) y globalización asimétrica (2)

En primer lugar, “el objetivo de pleno empleo queda sustituido por un objetivo inflación en base a una serie de teorías que se ha demostrado que son falsas. Por esta razón, se genera mucho menos empleo que en el consenso keynesiano” –el acuerdo previo en el que el pleno empleo constituía una de las principales metas de las sociedades. 

El segundo principio es el de la globalización: “el capital aprovecha la crisis del petróleo de los años setenta –sobre todo en Reino Unido y Estados Unidos– para llevar a cabo la batalla final contra el mundo del trabajo. Para ello, se introduce un factor nuevo que después se va a revelar como un problema adicional: China, lo que lleva a la incorporación de trabajadores competidores chinos, de otras zonas asiáticas y, después de la caída del Muro de Berlín, de la extinta Unión Soviética y de Europa del Este –estos últimos, con un componente de formación muy alto”. 

De este modo, la extinción del objetivo pleno empleo se daba la mano con una globalización asimétrica en la que la apertura de todas las puertas al capital debilitaba aún más a los trabajadores: “Esta globalización hace que las clases trabajadoras pierdan poder de compra a marchas aceleradas, salvo en dos países: en China y en la India”. 

¿Por qué querría un gobierno mantener a la población fuera del pleno empleo, cuando esto generalmente favorece vencer unas elecciones? “Eso está muy claro. Una población con pleno empleo, como afirmara en los años cuarenta Michal Kalecki, genera muchos problemas para el capital, porque exige derechos y es mucho más crítica”. Probablemente por ello, de la crisis de los años setenta se salió con la popularización de la denominada ‘NAIRU’, la conocida como tasa de desempleo no aceleradora de la inflación, que para los Estados Unidos se establece en la actualidad en un 4.5% y que para España ha superado casi siempre el 10%.

“Todos estos cambios se producen, no por casualidad, justo cuando el acuerdo de Bretton Woods se ha roto y los países tienen soberanía monetaria y tipos de cambio flexibles, lo que les otorga mucha más facilidad para llegar al pleno empleo. Entonces se llevan a cabo todos los esfuerzos posibles para retirar al gobierno el piloto de la política fiscal, porque las élites prefieren una masa laboral sumisa, que no pueda irse inmediatamente a otro trabajo” 

En los años ochenta, la televisión pública americana PBS emitió ‘Libertad de elegir’, una serie protagonizada por Milton Friedman que explicaba las infinitas virtudes del libre mercado. En uno de sus capítulos, el Estado quedaba representado por el personaje de Joker, que aparecía aclamado en las calles de los Estados Unidos por regalar dólares a los ciudadanos: la metáfora no ofrecía lugar a dudas…  

Transformación de las empresas (3) y derrota sindical (4)

Agotado el pleno empleo y lanzada la globalización, las empresas también sufrieron una transformación interna: “Las grandes empresas declaran que su máximo objetivo es maximizar los beneficios del accionista. Al centrarse solo en esto, los principales ejecutivos, los denominados managers, acabaron vinculando su remuneración al cumplimiento de esta meta, cometiendo auténticas barbaridades: falseos contables, operaciones arriesgadas, fijación exclusiva en el corto plazo, recompra de las propias acciones… Se ha demostrado que aquellas empresas que cotizan en Bolsa son las que, paradójicamente, menos invierten. 

Esto ha pasado en España también con las empresas del Ibex-35. Con todo ello, al invertir menos, la productividad ha caído, justo todo lo contrario de lo que clamaban los promotores del neoliberalismo”. 

Como consecuencia de los tres elementos anteriores se produciría “la derrota de los sindicatos, lo que ha llevado a que el trabajo sea considerado como un mercado más, como lo puede ser el mercado de plátanos, de libros o de coches, consiguiendo el abaratamiento del factor trabajo. 


Una victoria a corto plazo con muchísimos problemas a medio y largo: el crecimiento quedó lastrado al igual que la capacidad de compra, la inversión no remontaba y los promotores del neoliberalismo recurrieron a tratar de reavivar la economía mundial con bajos tipos de interés y con el instrumento de una deuda privada que, a partir de entonces, estaría presente en todas las crisis. Los rescates bancarios y la digestión de la crisis financiera a base de planes de austeridad completan la explicación sobre por qué nuestras economías actuales se encuentran en un estado catatónico. 

Las expresiones de malestar, la guerra comercial, el surgimiento de la extrema derecha en numerosos países y la proliferación de nuevos enfoques sobre política económica indican que el statu quo científico tiene que variar si pretende sobrevivir como fuente de explicación. La inflación no parece ser lo único que se encuentra en horas bajas."                         (Andrés Villena, CTXT, 30/10/19)

30.10.19

La deuda de las empresas podría ser el desencadenante financiero de una nueva recesión...

"La deuda de las corporaciones en las principales economías ha aumentado desde el final de la Gran Recesión en 2009. 

Con la desaceleración del crecimiento global y la posibilidad de una recesión global que se repita diez años después de la última, la deuda de las corporaciones pronto se convertirá tan oneroso para un número suficientemente grande de compañías que desencadena una ronda de bancarrotas corporativas. Luego, los bancos verán un fuerte aumento en los préstamos morosos. Eso podría conducir a una nueva crisis crediticia ya que los bancos se niegan a prestarse entre sí.

 Tal restricción crediticia estalló brevemente el mes pasado, cuando la Reserva Federal de EE. UU. Se vio obligada a inyectar más de $ 50 mil millones en el sistema bancario para revertir un aumento muy brusco de las tasas de interés interbancarias, ya que los bancos de liquidez rechazaron ayudar a los más débiles . 

La causa de esa restricción fue un aumento en la oferta de bonos del gobierno a medida que la administración Trump emitió más para cubrir su creciente déficit presupuestario. Algunos bancos no pudieron financiar las compras a las que se comprometieron sin pedir prestado. Entonces, a medida que las reservas bancarias mantenidas con bancos centrales en EE. UU., Europa y Japón han aumentado, el volumen del mercado monetario interbancario ha disminuido.

 Como resultado de esta conmoción en los mercados crediticios, la Fed ha regresado al mercado para comprar letras del Tesoro a corto plazo para restablecer la liquidez bancaria. Entonces, después de terminar la flexibilización cuantitativa (comprar bonos) y comenzar a subir su tasa de interés de política el año pasado, la Fed tuvo que retroceder, reducir las tasas y reintroducir QE nuevamente. 

Más de la mitad de los bancos centrales están ahora en modo de relajación, la mayor proporción desde las secuelas de la crisis financiera. Durante el tercer trimestre de 2019, el 58% de los bancos centrales redujeron las tasas de interés.

 Y en los mercados emergentes: “la deuda externa está aumentando entre las economías emergentes y fronterizas a medida que atraen los flujos de capital de las economías avanzadas, donde las tasas de interés son más bajas. La deuda externa mediana ha aumentado al 160 por ciento de las exportaciones del 100 por ciento en 2008 entre las economías de mercados emergentes. Un fuerte ajuste en las condiciones financieras y mayores costos de endeudamiento les dificultarían pagar sus deudas ".  (...)

He sugerido durante algún tiempo (años) que la deuda corporativa podría ser el desencadenante financiero de una nueva recesión. Fue deuda de vivienda (hipotecas de alto riesgo) en 2007-8; ahora podría ser deuda corporativa (a través de "préstamos apalancados", es decir, compañías de préstamos ya cargadas de deuda) (...)

Davies reconoce que: “El deterioro en el crecimiento de las ganancias ha sido acompañado por un comportamiento financiero corporativo más agresivo, mientras que la inversión de capital real para expandir la capacidad productiva se ha reducido. Según el informe de estabilidad del FMI, las recompras de acciones, los dividendos y las actividades de fusión y adquisición, financiadas por préstamos apalancados y bonos de alto rendimiento, han aumentado en 2019. 

Estas actividades se han extendido a las pequeñas y medianas empresas, que según el FMI son particularmente vulnerable en el frente de ganancias ". Exactamente. A medida que cae la rentabilidad (y ahora incluso la gran cantidad de ganancias), las compañías han tratado de contrarrestar esto con especulación financiera. Eso podría estar bien para grandes empresas con considerables reservas de efectivo, pero no para empresas más pequeñas que no son ricas en efectivo.

Entonces Davies ahora concluye exactamente lo que discutí hace algún tiempo. “Tomados en forma aislada de otros shocks económicos, es poco probable que tales debilidades financieras corporativas desencadenen una recesión, pero ciertamente podrían exacerbar los efectos de otros shocks contractivos. 

Esto es lo que sucedió en 2008, cuando un choque de tamaño medio en el mercado de hipotecas de alto riesgo causó una enorme caída en la actividad económica. El impacto de las disputas comerciales en la confianza empresarial, que se ha estado derrumbando en los últimos meses, es la amenaza actual más obvia ”.

Al mismo tiempo que Davies llegó a esta conclusión, el economista jefe de Estados Unidos para el banco Societe Generale, Stephen Gallagher, argumentó que las recesiones estadounidenses suelen ir precedidas de una erosión en los márgenes de ganancias corporativas o ganancias por dólar de ingresos.

 Gallagher señala que los márgenes de beneficio de los Estados Unidos se han reducido desde 2016. "La erosión en los márgenes es la clave para la dinámica del ciclo económico", dice Gallagher. “Si Estados Unidos entra en una recesión en 2020, es muy probable que la historia lo vea como una recesión de guerra comercial. 

Pero las tensiones comerciales son solo el catalizador, no la causa principal ”, dice. "Con un telón de fondo de expectativas de ganancias débiles, la incertidumbre comercial plantea serios desafíos para la planificación empresarial", argumenta Gallagher. "En un entorno de márgenes de beneficio mucho más fuertes, la misma incertidumbre comercial probablemente representaría un factor menos disuasorio".

Como historiador económico y autor de Crashed, Adam Tooze tuiteó: “¿Qué pasaría si orientamos nuestro análisis del ciclo económico hacia lo que presumiblemente es el impulsor básico de la actividad comercial, es decir, las ganancias corporativas, en lugar de factores intermedios que pueden o no afectar seriamente esas ganancias, p. aranceles? ”Exactamente. Un colapso financiero o una guerra comercial no conducen a una recesión económica a menos que ya existan problemas serios con la rentabilidad.  (...)

Haciéndose eco de mi propio punto de vista de lo que llamo The Long Depression, King dijo que la economía mundial estaba atrapada en una "trampa de bajo crecimiento" y que la recuperación de la depresión de 2008-09 fue más débil que eso después de la Gran Depresión. "Tras la Gran Inflación, la Gran Estabilidad y la Gran Recesión, hemos entrado en el Gran Estancamiento". King apoyó la opinión expresada regularmente por el ex secretario del Tesoro de Keynes, Larry Summers, sobre el concepto de estancamiento secular, un período permanente de bajo crecimiento en qué tasas de interés ultrabajas son ineficaces.  (...)

En todas partes, ya sea entre economistas convencionales o instituciones oficiales, el clamor ahora es por "estímulo fiscal". (...)

Tal como Keynes afirmó que sería necesario en la Gran Depresión de la década de 1930, ahora, cuando la Depresión Larga entra en su décimo año, la respuesta es para un mayor gasto gubernamental, recortes de impuestos y déficit presupuestarios (y no se preocupe por el aumento de la deuda del gobierno por más tiempo). ) Pero así como el estímulo fiscal no funcionó en la década de 1930 (en su lugar, se necesitó una guerra mundial y los gobiernos tomaron el control del ahorro y la inversión), tampoco funcionará esta vez. Y eso supone que los políticos lo intentarán incluso. (...)

El verdadero shock es que incluso algunos marxistas consideran que el estímulo fiscal y más gasto gubernamental es todo lo que necesitamos para evitar una nueva depresión. La cuestión de la caída de la rentabilidad y las ganancias destacadas por Gavyn Davies aparentemente no es relevante en absoluto. La rentabilidad del capital aparentemente no juega un papel clave en este sistema capitalista lucrativo. Ves que las ganancias provienen de la inversión, no viceversa. Entonces, todo lo que tenemos que hacer es impulsar la inversión. (...)

la inversión no genera ganancias, sino viceversa en una economía capitalista. No es la falta de demanda privada lo que causa una crisis; pero una crisis es solo eso: una falta de demanda efectiva. Pero esta crisis de "realización", para usar el término de Marx, es el resultado de la crisis de rentabilidad. Ahí es donde cualquier análisis adecuado debería comenzar sobre las causas de las crisis, como ahora sugieren Davies y Tooze.  (...)

Ya existe una recesión manufacturera global. La economía alemana en su conjunto está en recesión virtual, según su propio banco central, el Bundesbank. China está creciendo a su ritmo más lento en casi 30 años. Los sectores que pueden apretar el gatillo para desatar una depresión mundial se multiplican. Tenemos disturbios y protestas contra los recortes de austeridad en varias "economías emergentes" a medida que la desaceleración mundial afecta las exportaciones y los ingresos (...)

Incluso en los Estados Unidos, la principal economía capitalista avanzada de mejor desempeño, el crecimiento se está desacelerando, mientras que la inversión y las ganancias están cayendo. (...)

La política monetaria y fiscal será inútil para detener cualquier tsunami económico que se avecina."             (Michael Roberts, blog, 22/10/19)

17.10.19

¿Y si los bancos centrales dieran dinero a la gente? Distribuir dinero entre los ricos no es ni de lejos un estímulo tan poderoso para el gasto como dárselo a la gente normal... su despilfarro en yates y ropa de lujo no impulsa la economía real al darse en un espacio muy limitado de la misma...

"No se han podido empezar prácticamente a retirar los estímulos aplicados desde la crisis y ya se espera que el próximo día 12 de septiembre los miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) anuncien nuevas medidas de expansión económica. 

Su presidente, Mario Draghi, no podrá acabar su mandato de la manera triunfal que deseaba, desactivando las potentes medidas no convencionales que ha aplicado durante la crisis y dirigiendo la progresiva subida de tipos, ya que esta ni ha podido empezar. (...)

Hoy no solo el BCE, sino el resto de bancos centrales con la Reserva Federal a la cabeza reinician la senda de los estímulos monetarios. También surgen voces que plantean alternativas que puedan servir para algo más que para lo que sirvieron las anteriores rondas de dinero gratis para bancos e instituciones financieras. 

Una de estas propuestas es la defendida por la especialista en finanzas, Frances Coppola, en su The case for People’s Quantitative Easing (algo así como En defensa del Quantitative Easing para la gente).

El libro presenta la posibilidad de que dejen de ser bancos y grandes corporaciones los rescatados y sea, al fin, la gente convencional.  (...)

Es más, la autora destaca la injusta paradoja de que, mientras se regaban los balances bancarios con millones de dólares, los gobiernos sometían a las poblaciones de muchos países a dramáticas agendas de recortes y privatizaciones del sector público. Parecía haber dinero solo para algunos: justo para los causantes de la crisis.

Además, los QE aplicados por los bancos centrales, a pesar de ser el mayor programa de creación de dinero en la historia, no consiguieron su objetivo principal y “la inflación continuó tercamente por debajo del objetivo en la mayor parte de los países desarrollados”, en palabras de la autora, para quien el QE simplemente fue un fracaso. Pero, ¿por qué fracasó?

La interpretación de Coppola tiene que ver con cómo se han distribuido los estímulos económicos: “El QE ha inflado masivamente el precio de los activos [como] acciones, bonos, inmobiliario, arte e incluso buenos vinos, beneficiando directamente a los poseedores de esos activos, que son mayoritariamente ricos”.

Más a allá de la mitología del trickle down neoliberal, Coppola explica que “distribuir dinero entre la gente rica no es ni de lejos un estímulo tan poderoso para el gasto como dárselo a la gente normal. Ello se debe a que los ricos no necesitan el dinero”. Tienen lo que los economistas llaman una ‘propensión marginal al gasto’ muy baja, su despilfarro en yates y ropa de lujo no impulsa la economía real al darse en un espacio muy limitado de la misma.

En definitiva, para la británica “el dinero creado por el QE se ha agitado en los mercados financieros y ha hecho estallar burbujas por todo el mundo”. Ante tal situación,la autora nos propone una nueva versión del QE, una dirigida a la gente y no a las instituciones financieras, y no solo por motivos de justicia económica sino también de eficacia política, para que las políticas monetarias no vuelvan a ser un fracaso.

En realidad, cualquier QE está inspirado en una idea del economista Milton Friedman llamada el “helicóptero del dinero”, según la cual, en momentos de depresión económica, las autoridades monetarias deben poner dinero directamente en la economía. Con la potente imagen de un helicóptero lanzando dinero por la calle, Friedman buscaba presentar una medida de política monetaria que animara el gasto de forma extraordinaria y excepcional y fuese un revulsivo para una economía deprimida.

Es en esta idea en la que se basan tanto el QE empleado los últimos años como el propuesto por Coppola, con la diferencia de que, en el QE para la gente, el helicóptero volaría por toda la economía, buscando los lugares donde más se necesita y no solo sobre los centros financieros. En el libro se describen más de una docena de tipos de QE para la gente, distinguiendo entre los programas que darían dinero a la gente directamente para su gasto a corto plazo, que llegaría a sus cuentas corrientes o por medio de recortes de impuestos según las versiones; y los programas de inversión a largo plazo, entre los que contempla un QE verde o un jubileo de deuda.

Coppola también recoge las posibles objeciones que pueden hacerse al QE para la gente, y discute tanto los efectos de cada una de las versiones como ciertos mitos económicos detrás de las algunas de estas críticas, como el miedo atroz a la hiperinflación o la vaca sagrada de la independencia de los bancos centrales. Al respecto, la autora admite que la única objeción fuerte que puede hacerse al QE para la gente: que no sería necesario si se pusieran en marcha las medidas fiscales necesarias y complementarias a la política monetaria y si los Estados recuperasen el control de sus finanzas, algo absolutamente deseable pero más que dudoso."                  (Marta Luengo, El Salto, 30/08/19)

27.9.19

Draghi dice que el BCE debería examinar nuevas ideas como la Teoría Monetaria Moderna

"El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, dijo que el Consejo de Gobierno debería estar abierto a ideas como la Teoría Monetaria Moderna, aunque señaló que están más cerca de la política fiscal y que deberían ser dirigidos por los gobiernos.

Draghi respondió a una pregunta de los legisladores europeos sobre el helicóptero monetario y las mejores formas de canalizar fondos a la economía de manera que ayude a luchar contra la desigualdad. Mencionó la Teoría Monetaria Moderna y un documento reciente del ex vicepresidente de la Reserva Federal, Stanley Fischer -asesor del doctorado de Draghi- que decía que los bancos centrales deberían poner el dinero "directamente en manos de los gastadores del sector público y privado".

"Estas son ideas objetivamente bastante nuevas", dijo Draghi. “No han sido discutidos por el Consejo de Gobierno. Deberíamos echarles una ojeada, pero no han sido probados ”.

Agregó que tales acciones se basan en decisiones de distribución, y eso no es de la política monetaria.

"Cuando lo miras detenidamente, te das cuenta de que la tarea de distribuir dinero a un sujeto u otro sujeto, es generalmente es una tarea fiscal", dijo. "Es una decisión del gobierno, no del banco central ... Es la gobernanza política de estas ideas lo que debe abordarse".               (Bloomberg, 23/09/19)

25.9.19

Las dos opciones reales que se están poniendo en juego en la política contemporánea: la europea, continuar con la ortodoxia pero aportando más masa monetaria e impulsando la inversión pública en modernización y transición ecológica... y la norteamericana, acabando con el estado de cosas existente, reformulando por completo el mercado, acabando con la especulación......

"‘Financial Times’ y’ The Economist’ han subrayado ese giro con sus últimas portadas. El diario avisaba de los riesgos que genera un capitalismo roto y el semanario apostaba por la lucha urgente contra el cambio climático desde una perspectiva similar. Ese clamor está muy presente en la política estadounidense

‘The New York Times’ publicaba un artículo contra la Escuela de Chicago, y dio especial relevancia a un artículo de opinión que criticaba las medidas económicas tomadas en la era Obama, ya que favorecieron al sector financiero. En el partido republicano, Marco Rubio ha firmado un informe contundente contra la financiarización, el senador Josh Hawley se ha pronunciado recientemente contra las Big Tech y Wall Street y Mitt Romney ha escrito una carta a Trump para oponerse a sus recortes de impuesto. 

Y Elizabeth Warren, la candidata demócrata mejor acogida y una ferviente adversaria del ‘rigged capitalism’, convocó a una multitud en Nueva York, una señal de su potencia política.

 En Europa, mientras tanto, el debate acerca de qué medidas tomar para reactivar la economía se ha avivado intensamente tras el aviso del BCE de que el margen para la política monetaria se ha agotado y que ahora es preciso impulsar políticas fiscales.

(...) Es sorprendente que la tecnocracia ligada al BCE, que ha dirigido la economía europea en los últimos años, cuyas políticas crearon las condiciones para que explotara la crisis y que tampoco han sabido solucionarla una década después, insista en la inidoneidad de los dirigentes políticos para tomar las decisiones. 

Es importante subrayar esto, porque después de miles y miles de millones creados de la nada e insuflados en la economía, esta sigue funcionando mal, hasta el punto de que nos hallamos a las puertas de la recesión. 

Si nos alejamos de lo valorativo y nos centramos en los hechos, habría que constatar que las mismas personas y las mismas ideas que facilitaron la recesión de hace una década, que no la supieron prever y que no la han solucionado a pesar de todo el dinero aportado, pretenden seguir dirigiendo el proceso, al tiempo que advierten de los males enormes que nos asaltarían si otros tomasen las riendas.  

Suena extraño, porque lo lógico sería asumir responsabilidades: lo intentaron y fracasaron, de modo que sería el momento de dejar sitio a otras personas con nuevas ideas y nuevas perspectivas

El segundo interrogante, que va más allá de quién debe tomar las decisiones, es qué hacer en este instante difícil.  

(...) la transición ecológica es la propuesta estrella. Alemania planea movilizar 40.000 millones de euros con ese objetivo y bajo esas mismas premisas y Jeff Bezos quiere poner a Amazon a la cabeza de ese movimiento.

La otra posición, la que ha dejado entrever ‘Financial Times’ es muy diferente, ya que apunta hacia cambios estructurales: su objetivo no es estimular los mercados, sino transformar su actual funcionamiento. Se trata de intervenir para arreglar todo lo que no está funcionando. El artículo de Martin Wolf acerca de cómo el capitalismo amañado está dañando la democracia liberal es un buen ejemplo, como tantos otros que han sido publicados en el diario últimamente, en especial los de Rana Foroohar.

El capitalismo rentista

El problema que está impidiendo que la economía funcione, desde su punto de vista, es este tipo de capitalismo, calificado como rentista (un sinónimo de la financiarización), que provoca serias distorsiones en la economía real, el pivote sobre el que se gira todo lo demás. Los cambios por los que abogan, y en este sentido Foroohar ha sido particularmente activa, intentan resituar el foco en Main Street en lugar de en Wall Street, en favorecer a los ‘makers’ en lugar de a los ‘takers’, en dejar de tejer un escenario que beneficie a los fondos de inversión en lugar de a las empresas productivas.

 Estas tesis, cada vez más populares en el ámbito anglosajón, señalan a esa orientación hacia los accionistas completamente dominante en las firmas como la causa primera de las perturbaciones económicas

Cuando las compañías priorizan la generación de beneficios para repartirlos entre los accionistas, ya sea inflando las acciones o recomprándolas o pidiendo prestado para repartir dividendos, cuando se permiten o incluso se favorecen las acciones dañinas del private equity o cuando se empuja decididamente hacia las fusiones y las adquisiciones como medio de reducir la competencia y lograr mercados cautivos, se está dañando todo aquello que hace que la economía funcione, se generan sociedades más desiguales y se pone en riesgo el mismo sistema, también en lo político. 

Una economía pensada para los rentistas agresivos en lugar de para las empresas y sus grupos de interés (los trabajadores, proveedores y clientes, así como las sociedades en que operan) y una acción de los bancos centrales orientada hacia el control de la inflación y a asegurar los intereses de los fondos, produce necesariamente grandes distorsiones.

Un movimiento creciente

En este escenario, los monopolios y oligopolios son percibidos cada vez con mayor hostilidad. Especialmente intensa es la presión sobre las Big Tech, en tanto parte de esa erradicación de la competencia gracias a enormes empresas de dimensiones globales, sostenidas por fondos de inversión poderosos, que constituyen un nuevo paso adelante en el rentismo de la consolidación.

 No son advertencias en el vacío de columnistas económicos, sino que reflejan un movimiento creciente en la política anglosajona, y especialmente en la estadounidense. La ortodoxia se ha dejado definitivamente de lado en EEUU.  (...)

Elizabeth Warren, que está totalmente volcada en combatir las disfunciones de la competencia y en arreglar un sistema roto a través de nuevas reglas del funcionamiento del mercado (muy en sintonía con el marco propuesto por Wolf o Foroohar). 

Las acciones antimonopolio, la defensa de los consumidores, el combate contra Wall Street y la defensa de la economía productiva son el camino que propone para impulsar el crecimiento, activar mejores niveles de bienestar y recuperar a unas clases medias y trabajadoras que están sufriendo. 

Más allá de sus propuestas sobre Medicare o sobre el Green New Deal, que también aparecen en sus programas, esta reformulación del poder a través de la introducción de nuevas reglas en el mercado y de la reorientación del propósito de las empresas, es el eje que entienden imprescindible para recomponer la economía y las sociedades.

Dos posibilidades

Estas son las dos opciones reales que se están poniendo en juego en la política contemporánea: una apuesta por continuar con la ortodoxia, estimular a los mercados sin intervenir en su funcionamiento, aportando más masa monetaria e impulsando la inversión pública en modernización y transición ecológica, que es la idea de la UE, y otra propone acabar con el estado de cosas existente, reformulando por completo el mercado, y esa es la idea estadounidense.

 Y en ella hay, a su vez, dos direcciones: una es la de Trump y Johnson, apostando aún más por las concentraciones y la financiarización y otra es la de Warren y Sanders, que pretenden acabar con ellas. Lo que ocurra políticamente en EEUU y el Reino Unido en 2020 va a ser decisivo para el mundo."                      (Esteban Hernández, El Confidencial, 22/09/19)

8.7.19

Continuar en el camino actual de un capitalismo financiero poco regulado llevará a otra catástrofe financiera, quizás una peor que la crisis de 2007-2008... para evitarla, ¿Qué es lo que hay que hacer?

"(...)  ¿Qué es lo que hay que hacer? 

En un estudio reciente patrocinado por el Transnational Institute que se publicará a finales de este año, expongo una justificación detallada de 10 imperativos importantes para el sector financiero mundial. Estos son: 
  1. Restringir las operaciones de los fondos de capital riesgo y cerrar los paraísos fiscales.
  2. Prohibir los valores respaldados por hipotecas y los derivados.
  3. Avanzar hacia la banca de reserva del 100 %.
  4. Nacionalizar las instituciones financieras que son demasiado grandes para quebrar.
  5. Reinstituir la Ley Glass-Steagall que colocó una “muralla china” entre la banca comercial y la banca de inversión.
  6. Poner límites drásticos a la remuneración de los ejecutivos.
  7. Eliminar gradualmente las agencias de calificación crediticia como Moody's y Standard and Poor.
  8. Convocar una nueva Conferencia de Bretton Woods para establecer nuevas instituciones y reglas para la gobernanza financiera mundial, poner fin al monopolio del dólar como moneda de reserva mundial y establecer nuevos y justos acuerdos para el desarrollo y la financiación del clima.
  9. Hacer que los bancos centrales rindan cuentas.
     10. Avanzar hacia la plena unión política, fiscal y monetaria en los países de la zona euro o salir del euro.

Las medidas propuestas constituyen un “programa de mínimos”, o un conjunto de medidas que refuerzan las defensas del mundo contra otra crisis financiera, aunque no eliminan la posibilidad de que ocurra tal cosa.

El capitalismo como sistema es estructuralmente propenso a generar crisis financieras, y el programa esbozado anteriormente asume un sistema económico global que continúa funcionando bajo sus reglas. La implementación exitosa de estas reformas sería un paso gigantesco en un proceso más largo de cambio transformador. Sin embargo, ese cambio no puede tener lugar sin abordar fundamentalmente otras dimensiones clave del capitalismo, especialmente su motor: el deseo insaciable de obtener cada vez mayores beneficios. 

Para algunos, la necesidad más urgente es cómo reformar el capitalismo. En su opinión, un programa de reforma financiera tendría que integrarse en un programa más amplio de reforma drástica del capitalismo. 

Esta empresa tendría que abordar seriamente la falta de demanda arraigada en la creciente desigualdad. Tendría que reconocer valientemente sus raíces en las relaciones desiguales de poder entre el capital y el trabajo, cómo este poder desigual se traduce en una creciente desigualdad, y cómo la desigualdad se traduce en una demanda anémica que frena la expansión de la producción. 

Para otros, la situación exige una solución más allá de una reforma del capitalismo, incluso de tipo keynesiano radical. Desde su perspectiva, la búsqueda constante de rentabilidad es una fuente fundamental de inestabilidad que, en última instancia, socavará todos los esfuerzos por reformarlo.

Además, lo que hay que abordar no es solo la desigualdad social y la falta de demanda, sino el impulso del sistema productivo para crecer a expensas de la biosfera. Lo que se necesita, dicen, es un programa poscapitalista, hecho aún más urgente por la catástrofe climática que se está desarrollando. De hecho, en algunos círculos, se considera cada vez más necesaria una estrategia de decrecimiento.

En medio de este debate cada vez más acalorado sobre los sistemas alternativos, hay dos cosas sobre las que existe un consenso. Primero, que continuar en el camino actual de un capitalismo financiero poco regulado llevará a otra catástrofe financiera, quizás una peor que la crisis de 2007-2008. En segundo lugar, que alejarse de este camino hacia la ruina requerirá asumir y romper el poder del capital financiero."                                   (Walden Bello, CTXT, 18/06/19)

28.6.19

Ann Pettifor: El Green New Deal ofrece un cambio radical ambiental y económico. Solo cuando apaguemos, regulemos y moderemos el "toque" del "dinero fácil" será posible regular y "apagar" las emisiones tóxicas de los combustibles fósiles...

"El resurgimiento de la idea del Green New Deal (desarrollado por primera vez en un informe publicado en 2008) y popularizado por Alexandria Ocasio-Cortez y Justice Democrats en los EE. UU. Es un gran avance para los activistas ecológicos y, con suerte, para nuestras especies amenazadas. 

Esto se debe a que tiene una única pregunta radical: una transformación ecológica y económica del sistema actual para terminar con nuestra adicción a los combustibles fósiles y el consumo sin fin de los activos finitos de la tierra.

¿Qué es el Green New Deal y cómo beneficiaría a la sociedad?

 El Green New Deal exige importantes cambios estructurales (gubernamentales e intergubernamentales) (no solo cambios de comportamiento) en nuestro enfoque del ecosistema. Además, y como en la década de 1930, este cambio será impulsado por la transformación estructural radical del sector financiero y la economía. 

Fue desarrollado en el entendimiento de que las finanzas, la economía y el ecosistema están estrechamente vinculados entre sí. Proteger y restaurar el equilibrio del ecosistema no se puede abordar de manera efectiva sin la transformación de los otros sectores. Financiar la transformación de la economía lejos de su dependencia de los combustibles fósiles no puede lograrse sin una transformación del sector financiero.

 En 2009, antes de la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático, observé consternado como una manifestación “verde” organizada en la plaza Trafalgar de Londres (...) estaban allí para exigir que los líderes mundiales hicieran algo para proteger a las sociedades de la degradación del clima. Pero no estaba del todo claro qué se quería exactamente de esos líderes.

 No había un eslogan similar a "dar a las mujeres el voto", "cancelar la deuda del país pobre para el año 2000" o "derogar las leyes de apartheid". La razón era fácil de ver.(...) Trafalgar Square se cubrió con pancartas y carteles de muchas organizaciones no gubernamentales diferentes, algunas verdes y otras no. A pesar de todos sus "mensajes", estas organizaciones estaban preocupadas por su propia supervivencia y no habían podido cooperar para unirse detrás de una sola demanda para los líderes mundiales.  (...)

El movimiento verde, denominado el "movimiento más grande en la tierra", es vasto, dispar, atomizado y marginado. Como señala el siempre vigilante Paul Hawken, "nadie puede verlo ...". No ha logrado conectarse con movimientos contra las élites "globalistas", ni contra la austeridad y la inseguridad.

  Una de las razones es que sus defensores tienden a centrarse en la acción individual ("cambiar sus bombillas") o en la comunidad ("reciclar, reutilizar, reducir, localizar"). Han sido débiles en comprender y promover la necesidad de un cambio estructural radical en todos los sectores, a nivel mundial y nacional, un cambio que involucra la acción del estado. 

Y ese cambio estructural no puede emprenderse simplemente a nivel de las negociaciones internacionales sobre el medio ambiente. Tiene que aceptar, como lo hace el Green New Deal, la necesidad de un cambio estructural en el sistema financiero y económico global.

 Su ambición está en una escala mucho mayor que la del New Deal de Roosevelt en la década de 1930. (Recordemos que su administración también enfrentó una catástrofe ecológica: la cuenca del polvo). Las amenazas climáticas a las que nos enfrentamos están en una escala más allá de la imaginación de los New Dealers. Aún debemos aprender de la administración de Roosevelt.

 Para enfrentar el cambio climático, necesitamos abordar simultáneamente la causa raíz del aumento de las emisiones tóxicas: un sistema financiero autorregulado y globalizado que inyecta suministros exponenciales de crédito no regulado en manos de especuladores y consumidores. El crédito que se utiliza a su vez para inflar los precios de los activos existentes y para alimentar el consumo de los activos finitos de la tierra extraídos a través de la energía de los combustibles fósiles. Solo una vez que apaguemos, regulemos y moderemos el "toque" del "dinero fácil" será posible regular y "apagar" las emisiones tóxicas de los combustibles fósiles.

 El realismo de la demanda Green New Deal se debe precisamente a que se remonta a una era en la que la economía global se transformó (casi de la noche a la mañana) por las políticas monetarias revolucionarias keynesianas de un presidente estadounidense. Esto le permitió a su administración implementar una política fiscal para transformar tanto la economía doméstica como la cuenca del polvo. 

Esto se hizo creando millones de empleos a través del Cuerpo Civil de Conservación, cuyos trabajadores plantaron más de 3 mil millones de árboles y construyeron senderos y refugios en más de 800 parques en todo el país durante nueve años de existencia.

 La experiencia y el éxito del New Deal, profundamente defectuoso en muchos aspectos, nos asegura que la transformación es posible. Después de todo, se ha hecho antes, y aún vive en nuestra memoria. 

 Y sabemos que se puede hacer, porque se hizo antes, por la voluntad popular que respaldó a la administración de Franklin D Roosevelt cuando comenzó (en la noche de su inauguración en 1933) a desmantelar el sistema oro globalizado.

 Ese es el amplio marco conceptual que ofrece Green New Deal. Un “paraguas” para movilizar y unificar los esfuerzos de millones de personas que luchan contra la crisis climática, el fracaso del sector financiero y la inseguridad económica globalizada. Un paraguas que, con suerte, unirá e inspirará a un gran número de activistas verdes en todo el mundo y, a su vez, desencadenará la acción estatal para subordinar las finanzas a los intereses de la sociedad y el ecosistema, y ​​así garantizar un planeta habitable para las generaciones futuras."

(
es Directora de Investigación de Políticas en Macroeconomía (PRIME) y coautora del Informe original de Green New Deal (2008), The Guardian, 11/02/19 , traducción google)

18.6.19

La próxima ‘tasa Tobin’ No se trata de un nuevo impuesto a la banca. El gravamen lo soportará el comprador de acciones o activos financieros... al igual que cualquier persona paga, por ejemplo, el IVA u otro impuesto al comprar un libro o una barra de pan, el comprador de acciones pagaría igualmente un impuesto al comprar esos títulos....

"Dado que parece probable que se va a implantar próximamente en España un impuesto sobre las transacciones financieras, esto es, la popularmente llamada tasa Tobin, dado que el PSOE la contemplaba en el anterior proyecto de Presupuestos Generales del Estado, así como en el programa electoral con el que ha ganado las elecciones, es preciso realizar algunas puntualizaciones, con un claro carácter divulgativo, sobre este nuevo gravamen fiscal.

Haciendo un poco de historia, recordemos que se trata de una tasa ya preconizada por Keynes, en 1936, después de la Gran Depresión, aunque fue una propuesta más concreta lanzada en 1971 por el economista norteamericano James Tobin, de la Universidad de Yale (premio Nobel de Economía), la cual consistía básicamente en fijar una pequeña tasa impositiva, el uno por mil, sobre las transacciones financieras especulativas realizadas en los mercados internacionales de divisas.

Esta propuesta perseguía con ello dos objetivos fundamentales: el primero, el logro de un mayor nivel de estabilidad en dichos mercados de divisas, con el ánimo de combatir los efectos desestabilizadores de la especulación en estos mercados, y el segundo, proporcionar un importante nivel de apoyo económico a los países del Tercer Mundo. Se perseguía así introducir un palo en las ruedas de los ingentes y muy especulativos mercados especulativos de divisas.

Por otra parte, bastantes años después, en 2010, un grupo de 60 países, entre los que figuraban Francia, el Reino Unido, España y Japón, propusieron en la Asamblea de la ONU la fijación de una tasa similar sobre transacciones financieras para contribuir al logro de los Objetivos del Milenio.

Es importante señalar que los gravámenes sobre los mercados internacionales de divisas, al ser mercados globales y tan abiertos como volátiles, encierran mayores problemas operativos para el control y la recaudación que los mercados de capitales, por lo que resulta más sencillo establecer una tasa en estos mercados. En los últimos años las propuestas se han venido reorientando en países como Francia, Italia o el Reino Unido, hacia una tasa sobre los mercados bursátiles y las compras de acciones, en lugar de los mercados de divisas, tal como se va a hacer en España.

En lo que se refiere a su naturaleza tributaria, hay que recordar que el impuesto sobre las transacciones financieras no es un impuesto a la banca, esto es, no es un impuesto directo sobre un sujeto o una persona jurídica concreta, sino que es un impuesto indirecto, esto es, sobre un objeto o hecho económico (compra, consumo, etcétera) y que, por tanto, lo soportará el inversor o comprador de las correspondientes acciones o activos financieros.

De esta forma, y en cuanto a la operatoria del impuesto, los bancos liquidarán el impuesto a Hacienda, siendo simplemente sujetos pasivos, es decir, y como ocurre en otros impuestos, como el IVA, las empresas son las encargadas de suplir en los pagos a los compradores o inversores en este caso, que serán realmente los contribuyentes del impuesto.

En definitiva, al igual que cualquier persona paga, por ejemplo, el IVA u otro impuesto al comprar un libro o una barra de pan, el comprador de acciones pagaría igualmente un impuesto al comprar esos títulos. 

Se trataría de un gravamen que homogeneizaría de alguna forma la imposición sobre los distintos bienes comprados, ya que no es comprensible que cualquier ciudadano, por escaso poder adquisitivo que tenga, deba pagar impuestos por comprar un libro y no se paguen impuestos en las compras de cualquier tipo de activos financieros.

El hecho de establecer un impuesto de este tipo conllevaría un registro de inversores (los bancos tendrán que hacer una declaración anual), generando una mayor transparencia social y fiscal. Ello estaría acorde con el amplio consenso existente sobre la necesidad de una arquitectura financiera tanto a escala nacional como internacional, sólida y basada en un mayor control y transparencia de las operaciones financieras.

En cuanto al gravamen y recaudación por este impuesto, en el Plan de Estabilidad Financiera 2019-2020 que el Gobierno acaba de enviar a la Comisión Europea, se establece un gravamen del 0,2% sobre las operaciones de compra de acciones españolas, independientemente del lugar de residencia de quien las realice, y que sean títulos de empresas con un valor bursátil superior a 1.000 millones (casi todas las del Ibex). Según los cálculos del Gobierno se recaudarían con esta tasa 850 millones de euros anuales.

Este próximo impuesto se orienta así a homogeneizar la carga tributaria indirecta, a una cierta redistribución de los recursos fiscales desde la economía financiera hasta la real, a una mayor transparencia en las operaciones financieras, y cuyos resultados recaudatorios iniciales dependerán en buena medida del nivel de concienciación social y de la colaboración del sector financiero."

(Jesús Lizcano Álvarez es catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. El País, 12/06/19)