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24.2.21

El dato más significativo de las elecciones catalanas del 14/02 ha sido la enorme abstención. Nunca antes la participación había sido tan baja. ¿Por qué? Porque la pobreza ha alcanzado niveles sin precedentes en el período democrático (casi el 40 % de la población en los barrios populares)... hay una gran distancia entre lo que los establishments político-mediáticos consideran que son temas esenciales y lo que sectores muy amplios de la ciudadanía consideran importante... este distanciamiento explica el enorme crecimiento de la abstención

 "El dato más significativo de las elecciones catalanas celebradas el 14 de febrero en Catalunya ha sido la enorme abstención. Nunca antes la participación en el proceso electoral había sido tan baja. ¿Por qué? La respuesta más inmediata a esta pregunta por parte de los mayores medios de información del país ha sido que se ha debido a la pandemia, y al temor de la población a salir a la calle y contagiarse de coronavirus.

 En principio, esta explicación parecería lógica y razonable. Pero hay un dato que cuestiona que la pandemia haya sido la única causa de esta elevadísima abstención. Y es que ha habido una variación muy marcada en el nivel de abstención según el nivel de renta media de las secciones censales. A menor la renta, mayor ha sido la abstención y su incremento.

 En realidad, tal incremento de la abstención ha sido incluso más acentuado en las secciones censales de los barrios populares, con una presencia mayoritaria de la clase trabajadora. Y estos son los barrios que se han visto más afectados por la gran crisis social y económica que ha sufrido Catalunya durante estos últimos años y que ha aparecido con toda su crudeza durante la pandemia

La pobreza en estos sectores ha alcanzado niveles sin precedentes en el período democrático (casi el 40 % de la población en los barrios populares está en riesgo de pobreza, porcentaje que alcanza más del 50 % para la población por debajo de los 18 años). Y ha sido, precisamente, en estos barrios donde ha habido no solo  una mayor abstención, sino también un crecimiento mayor de esta abstención.

La distancia entre lo que los establishments político-mediáticos consideran importante y lo que amplios sectores de la población definen como esencial está aumentando

Ello parece indicar que ha habido otras causas para la abstención, además del miedo al contagio por coronavirus, lo que sorprendentemente ha sido silenciado en los fórums mediáticos y políticos del país. Me estoy refiriendo al enorme desapego hacia las instituciones representativas democráticas por parte de la mayoría de la población catalana y muy en particular de las clases populares, fenómeno que se ha generalizado en muchos países a los dos lados del Atlántico Norte y que se da con especial intensidad en España y, en particular, en Catalunya

 En esta parte de España hay una gran distancia entre lo que los establishments político-mediáticos consideran que son temas esenciales y ocupan un espacio central en sus debates, y lo que sectores muy amplios de la ciudadanía (y, muy en especial, sus clases populares) consideran importante. 

Este distanciamiento ha alcanzado también unos niveles sin precedentes, y ha contribuido a esta elevada abstención. Las encuestas creíbles muestran la dimensión de esta distancia entre lo que la gente normal y corriente considera importante y lo que los establishments político-mediáticos priorizan.

 El paro y los problemas cotidianos de carácter social -como la sanidad, la vivienda y las escuelas, entre otros- son los temas prioritarios para las clases populares, mientras que el debate nacional del supuesto conflicto España-Catalunya absorbe la atención de dichos establishments. 

Es lógico, por lo tanto, que el deterioro de la situación social de las clases populares que está teniendo lugar durante la pandemia acentúe todavía más esta distancia y esta alienación de la ciudadanía hacia la clase política catalana, y este distanciamiento explica que el dato más llamativo de las últimas elecciones catalanas haya sido el enorme crecimiento de la abstención que no puede explicarse solo debido a la pandemia, dato que casi ha pasado desapercibido en los mayores medios de información.

Los datos muestran, pues claramente que este aumento de la abstención ha sido más acentuado en los barrios obreros que en los barrios de mayor renta. En el barrio más rico de Barcelona, Pedralbes, el porcentaje de población votante pasó del 86% en 2017 al 67,1% en 2021, una disminución de 19 puntos. Como contraste, el barrio con menos renta, Ciutat Meridiana, pasó de un 68,5% en 2017 al 36,5% en 2021, un descenso de 32 puntos.  

Puesto que el voto independentista es mayor en la mitad de la población que tiene una renta superior a la media, a la vez que vemos que la abstención más acentuada se produce entre la mitad de renta inferior (donde predomina la mayoría no independentista), ello explica que con un voto independentista menor en 2021 que en 2017 se alcanzara el tan famoso y anhelado 51% de la población votante a favor de la independencia, como justificación para exigirla ya. (...)"                   (Vicenç Navarro , Público, 22/01/21)

4.3.20

VOX surge como un efecto del resentimiento. Pero en España la lógica de la competencia política todavía se centra principalmente en la división tradicional izquierda-derecha... así que VOX tendrá dificultades para mantenerse... pues sus votantes no parecen diferir de manera sustancial de los electores que han votado (y aún votan) al PP

"Vox ganó la tercera mayor parte de los votos en las elecciones generales de España en noviembre. ¿Pero es el éxito del partido un fenómeno temporal o una señal de que los partidos populistas de derecha radical están destinados a convertirse en una característica permanente del sistema de partidos español? (...)

 En algunos países, esta familia del partido ha logrado representación en el parlamento nacional, mientras que en otros, han ingresado al gobierno. Los partidos populistas de derecha radical han sido socios de coalición en una gran cantidad de países (Dinamarca, Noruega, Austria, Bélgica y Finlandia) e incluso han sido los principales actores en varios gobiernos (Polonia, Hungría e Italia). Los líderes populistas de derecha radical también han tenido éxito fuera de Europa, especialmente en los Estados Unidos y Brasil con la elección de Donald Trump en 2016 y Jair Bolsonaro en 2018. (...)

 España, junto con Portugal, fue una de las pocas excepciones a este fenómeno. Sin embargo, este excepcionalismo español terminó abruptamente en diciembre de 2018 durante las elecciones regionales en Andalucía. (...)

 En abril de 2019, Vox logró alcanzar el éxito electoral también a nivel nacional, obteniendo más del 10 por ciento de los votos y 24 de los 350 escaños. Como la formación de un gobierno resultó imposible después de las elecciones de abril, el 10 de noviembre tuvo lugar otra elección anticipada. Vox aumentó su participación en el voto en alrededor de 5 puntos porcentuales, convirtiéndose en el tercer gran partido con 52 escaños.

 El éxito de Vox plantea la pregunta de por qué los partidos populistas de derecha radical se están volviendo tan relevantes. 

Las explicaciones de este fenómeno se pueden dividir en tres grandes grupos.

 Primero, algunos académicos han señalado las crisis económicas que la mayoría de los países europeos experimentaron después de la crisis financiera de 2008.

 En línea con las teorías de votación económica, los buenos tiempos mantienen a los partidos en el cargo, mientras que los malos tiempos los expulsan.  (...)

Sin embargo, en aquellos países en los que las consecuencias económicas de la crisis no fueron tan graves, como Suiza, Austria y los Países Bajos, las explicaciones económicas no parecen ser tan relevantes para comprender el fenómeno.

El segundo grupo de explicaciones hace referencia a cuestiones culturales. 

Estas teorías, que representan quizás el grupo de explicaciones más popular entre los académicos, afirman que la globalización y la expansión multicultural son clave para comprender el éxito de la derecha populista radical. 

Finalmente, un tercer grupo de teorías vincula el éxito de los partidos populistas de derecha radical con el fracaso de los partidos tradicionales en responder a los intereses y preferencias políticas de los votantes.

 Cualquiera que sea la explicación adoptada, el éxito de la derecha radical populista ha dado como resultado que los partidos compitan en diferentes temas, como la integración europea y la inmigración. En España, al menos hasta ahora, esto no ha sucedido.(...) la lógica de la competencia partidaria todavía se centra principalmente en la división tradicional izquierda-derecha, y, aunque la competencia electoral se ha centrado en cuestiones relacionadas con la memoria histórica (como la exhumación del dictador español Francisco Franco ), feminismo u organización territorial (el conflicto catalán), todos estos temas se han enmarcado junto al continuo izquierda-derecha.

 Como consecuencia, después de las elecciones generales de noviembre de 2019, el PSOE socialdemócrata y el populista izquierdista Podemos formaron una coalición.(...)

Vox: ¿un partido populista de derecha radical europeo?

La medida en que Vox podrá seguir siendo un actor político y electoralmente relevante dentro del sistema de partidos español dependerá de su capacidad para desarrollar una plataforma ideológica que difiera de los otros partidos de la derecha.  (...)


 Aunque los líderes de Vox han subrayado los peligros de la inmigración, expresaron dudas sobre la veracidad de la ciencia del cambio climático y enfatizaron la defensa de los valores tradicionales, la verdad es que sus votantes no parecen diferir de manera sustancial en estos temas de aquellos que han votado (y aún votan) por el PP.
 


 Por ejemplo, en términos de apoyo a las políticas restrictivas hacia la inmigración, tanto los votantes de Vox como los del PP se ubican cerca unos de otros, (...)

 los partidarios de Vox no son necesariamente los más anti-UE, los más hostiles al matrimonio entre personas del mismo sexo o los votantes más anti-medioambientales en el electorado, ya que se colocan muy cerca al PP sobre estos temas.

Por lo tanto, si la división social tradicional izquierda-derecha sigue estructurando el sistema de partidos español, los partidos principales probablemente podrán mantener fuertes vínculos ideológicos y partidistas con los votantes, lo que tendrá implicaciones para el futuro de Vox. Si el PP continúa satisfaciendo las preferencias ideológicas y políticas del conservador electorado español, bien podría funcionar como una barrera para nuevas ganancias de Vox, limitando su potencial de crecimiento electoral en el futuro. 


En pocas palabras, si el electorado permanece firmemente arraigado en el patrón tradicional de competencia electoral de izquierda a derecha, los partidos populistas de extrema derecha tendrán dificultades para establecerse.

 El reciente éxito electoral de Vox puede explicarse principalmente como una función del resentimiento político y la intensificación del conflicto centro-periferia en la política española, motivado por el proceso de secesión catalán. Sin embargo, mientras la competencia electoral española siga siendo un juego de izquierda a derecha, el espacio para la derecha radical populista puede ser decididamente limitado a largo plazo."                 

(Lisa Zanotti, postdoctoral Researcher at Griffith University, Brisbane, Australia, y José Rama, Lecturer at King’s College London, LSE-EUROPP, 02/03/20 ; traducción google)

27.2.20

Yo sí quiero saber por qué 3,6 millones votan a Vox

"Tremenda polémica se ha montado por el reportaje de El País sobre Vox bajo el título Por qué voto a Vox. La mayoría de sus detractores han argumentado que con el reportaje se blanqueaba al partido de la ultraderecha o, incluso, que se le hacía publicidad gratuita. 

En redes, incluso líderes de la izquierda respondían al titular con la respuesta "Porque eres un fascista" y, de ese modo, zanjaban el asunto.

 El reportaje de El País se ha limitado a recoger el testimonio de diversos casos de votantes de Vox, sin más comentarios por parte del periodista, ni repreguntas, ni valoraciones, ni desmentidos. El debate, por tanto, se centra en dilucidar si escuchar las razones de esas personas para apoyar a Vox supone defender o dar apoyo mediático al partido ultraderechista o no. Y si tienen interés y valor informativo esos testimonios.

La idea de buscar las razones de por qué muchos ciudadanos apoyan opciones que a la mayoría no nos parecen muy acertadas es un planteamiento muy válido periodísticamente y diría que también políticamente. Hace un tiempo, la productora Broadcaster realizó con el periodista Josep Cuní varios reportajes para Cuatro de ese tipo: sobre los apoyos que explicaran el triunfo de Trump en Estados Unidos, el de Putin en Rusia y el del Brexit en el Reino Unido. No hacía falta ser partidario de Trump, de Putin o del Brexit para mostrar interés en conocer qué pensaban sus partidarios. (...)

Es una ingenuidad de la izquierda, cuando no una muestra de miopía, creer que ante el avance de Vox, lo inteligente es optar por la estrategia del avestruz, meter la cabeza bajo tierra e indignarse si no lo hacen los medios de comunicación.

Mi opinión, desde las antípodas ideológicas de Vox, es que para mí sí tiene valor informativo conocer por qué les votan. Creo que es importante conocer qué tipo de gente es, en qué asuntos consideran que el resto de partidos les han abandonado y qué alternativas o propuestas creen percibir en el partido de Abascal. Uno de los motivos interesantes de esos testimonios es que permite detectar, más qué méritos de la ultraderecha, los deméritos de otros partidos. Quizás por eso no ha gustado el reportaje. De hecho, el documento de El País llega a una conclusión muy valiosa que creo se ajusta a esa impresión mía:

 "Cuando Vox nació, su votante ya estaba allí, aunque aún no lo sabía. Era diciembre de 2013 y por esas fechas un tercio de los españoles opinaba, según el CIS, que había que revertir o recentralizar el Estado de autonomías. 

El paro, la corrupción y los políticos eran, por este orden, sus principales preocupaciones. Más del 50% estaba de acuerdo con la afirmación: "Los inmigrantes le quitan el trabajo a los españoles" (dato de 2014). 

Un 23% le profesaba "poca o ninguna simpatía" a los movimientos feministas y un 28% le tenía "poca o ninguna" simpatía a las organizaciones de gais y lesbianas (encuesta de 2010); un 47% veía en la Ley Integral de Violencia de Género un instrumento "poco o nada" eficaz; y un 60% estaba "muy o bastante de acuerdo" con la idea de que algunas mujeres interponen denuncias falsas "para obtener beneficios económicos y hacer daño a sus parejas" (en 2012). 

El país rondaba los 4,7 millones de parados; la derecha tradicional, en el Gobierno, se deshilachaba entre juicios; la presión fiscal había aumentado desde la crisis y se habían destruido más de 180.000 empresas; más del 80% consideraba la situación política y económica como "mala o muy mala". 

Y también había un hueco: cuando a los ciudadanos se les preguntaba si eran de izquierdas o derechas, un 29% respondía "no sé" o "no contesto". Existía la demanda. Faltaba la oferta".

 A Vox le apoyaron 3,64 millones de españoles, son el tercer partido con más representación en el Parlamento español y el voto de sus diputados es imprescindible para aprobar leyes y presupuestos al menos en tres comunidades autónomas. Limitarnos a decir que son fascistas y que sus votantes son unos lerdos casposos y sin cultura, no servirá para debilitarles, ni se ajusta a la realidad. 

Ni que decir tiene que esos votantes antes votaban a otros partidos. ¿Entonces no eran fascistas o eran más cultos e informados? El reportaje de El País muestra las contradicciones de sus votantes, lo lógico de su voto en algunos que pertenecen a las élites económicas y el engaño del que han sido víctimas otros que no se dan cuenta de que están apoyando a su enemigo.

 (...) lo que se evidencia al escucharles son los errores de una izquierda que no ha sabido explicar algunos asuntos o que no ha enfrentado otros y se los ha servido en bandeja a la ultraderecha. Quizás limitarse a enfadarse y no querer escuchar cuando se nos dice por qué algunos votan a Vox pueda ser igual de reaccionario que votarles."                     (

2.1.20

Un año de furia... el ciclo que empezó con el 15M, Occupy, primavera árabe... con la movilización ciudadana para rescatar la democracia de manos de las 'castas'... termina con estas clases altas de todo el mundo promoviendo las intervenciones iliberales, ya sea el destropopulismo europeo o el golpe de Estado racista en Bolivia...

"(...) La Gran Recesión desató por todo el mundo movimientos que aspiraban a profundizar en la democracia y extender los derechos sociales: la primavera árabe, el 15M, los Occupy, YoSoy132, Nuit Debout… En general, predominaron los medios pacíficos y asamblearios que trataban de generar consenso entre una amplia mayoría social. 

La idea dominante era la ejemplaridad colectiva: la movilización ciudadana mostraría cómo se hace de verdad la democracia para así rescatar las instituciones políticas de su secuestro por los esbirros de la banca.


Una década después ha eclosionado una segunda oleada de manifestaciones impulsadas por gente, a menudo muy joven, que no se hace ilusiones respecto a la posibilidad de reiniciar el sistema y sienten una desafección extrema hacia la policía y la judicatura. En los inicios de esta década, millones de personas acusaron a los políticos de haberse desentendido de sus obligaciones para aliarse con las élites económicas, de no hacer, en suma, su trabajo.

 Cada vez más activistas parecen convencidos de que políticos, policías y jueces están haciendo exactamente su trabajo: proteger a los ricos y sus propios privilegios. Es una suposición verosímil para quienes, sin ir más lejos, han crecido viendo cómo un comisario de policía manipulaba la democracia española por encargo de bancos a los que hemos regalado 60.000 millones de euros, el equivalente al PIB de Senegal.


Y es, sobre todo, la respuesta a una oleada antidemocrática característica de la Gran Recesión en su fase avanzada. Tras un primer ciclo de austericidio y terapia de shock financiero, las clases altas de todo el mundo han dado su nihil obstat a las intervenciones iliberales, ya sea el destropopulismo europeo o el golpe de Estado racista en Bolivia. La peculiaridad española es la continuidad entre ambas etapas reactivas: aquí desde el primer momento hemos vivido una espiral represiva cuyo último episodio es la ley mordaza de Internet.


Cabría pensar que el principal problema de seguridad pública en un país en el que cientos de políticos y empresarios han pasado por los tribunales es la corrupción. La vigorosa respuesta gubernamental a esta criminalidad sistémica ha sido entorpecer el derecho de movilización y expresión de personas que, entre otras cosas, protestan contra la corrupción. Por eso ningún otro país europeo ha recibido con tanta normalidad el ascenso de un partido que cuenta entre sus filas con un impactante número de skinheads neonazis

El programa de la extrema derecha española es, en el fondo, modesto: profundizar una contrarreforma liberticida ya en curso. Si los reaccionarios españoles aspiran a hacer historia cerrando medios de comunicación, persiguiendo a políticos de izquierdas o impidiendo la supervisión ciudadana del trabajo policial se van a llevar un chasco: llegan con años de retraso."                        (César Rendueles, El País, 22/12/19)

19.11.19

España, hacia el caos sin remedio (como el resto del mundo)... Los problemas sistémicos, estructurales, como los que estamos viviendo no generan pequeñas heridas sino el colapso de los sistemas, y eso es lo que está comenzando a suceder en España y en el mundo... Hay que hacer frente al gran expolio, de riqueza y de derechos, al mundo digital que se abre paso, a una naturaleza destrozadada y a una sociedad fragmentada, ensimismada y engañada. Y para eso hacen falta nuevos mecanismos de representación y de control, nuevas formas de propiedad, de instituciones de gobierno y de relaciones sociales...

"El sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein,  fallecido por cierto el pasado mes de agosto, decía que nuestro sistema social y económico se dirige al caos porque desde la gran crisis de los años sesenta y setenta del siglo pasado se viene alejando constantemente de la «normalidad».


Una deriva hacia la inestabilidad y el desorden que es consecuencia de la crisis estructural en la que se encuentra desde entonces y que se hace cada vez más visible a nuestro alrededor en conflictos de todo tipo, en el auge de los populismos, del deterioro ambiental, en crisis comerciales, de deuda y financieras, en la extensión de un auténtico imperio de la mentira, en el debilitamiento de las democracias y las libertades, en la desigualdad creciente y en el clima general de desconcierto y falta de soluciones en el que vivimos últimamente, entre otras manifestaciones.

Curiosamente, son los propios capitalistas quienes más rápidamente se han dado cuenta de ello y los que reclaman con más urgencia medidas de reforma que puedan hacer frente al caos y al desorden generalizado para evitar el colapso del sistema. (...)

Puede parecer simple retórica, pero es un cambio muy significativo cuando en Estados Unidos se registra la etapa de crecimiento más larga de su historia mientras que la desigualdad, el empleo miserable, el deterioro ambiental y la pobreza crecen sin parar.


Lo que está ocurriendo en todo el planeta es una paradoja: el capitalismo neoliberal está entrando en crisis terminal como consecuencia de su propio éxito como sistema de dominación. Su problema es que ha garantizado la apropiación masiva del beneficio pero a costa de llegar a la exageración e incluso a la aberración, monopolizando las fuentes de la toma de decisiones y convirtiendo al uso del poder y de la información en la fuente de la ganancia en detrimento de la actividad productiva. 

Pero al concentrar en extremo el poder ha generado una correlación de fuerzas tan favorable a las grandes corporaciones que ha terminado destruyendo los equilibrios básicos e imprescindibles que precisa tener cualquier sociedad si no quiere arder en la hoguera que antes o después prenden quienes se quedan sin nada.


El capitalismo había conseguido mantener el orden social y la legitimación cuando permitía que una parte de los de abajo llegara arriba o, al menos, que se beneficiara también de buena parte de la riqueza que se creaba, y cuando permitió que existieran mecanismos de contrapoder.


Pero, asustado por la gran crisis de los años setenta del siglo pasado, apostó tan fuerte y con tanto éxito por el beneficio y la concentración del poder que ha creado un mundo en el que millones personas, o incluso naciones enteras, saben que ya nada tienen que perder porque nada hay que puedan ganar. El capitalismo neoliberal es el del todo o nada, el capitalismo sin ningún tipo de bridas, y eso es lo que ha producido la «anormalidad» creciente que le lleva sin remedio al caos y al colapso.


España está inmersa en esa misma crisis, aunque sus manifestaciones sean diferentes. Y no deja de ser curioso que la única persona que en periodo electoral está hablando de los males del capitalismo y de la necesidad de reformarlo sea la presidenta del Banco de Santander, Ana Patricia Botín: «necesitamos un cambio. El capitalismo ha sobrevivido gracias a que ha sabido adaptarse a los cambios. Ahora debe volver a hacerlo. Y esta intención no debe quedarse en palabras».


Nuestro país, nuestra sociedad y nuestra vida política, también se vienen alejando progresivamente de la «normalidad» para dirigirse inevitablemente hacia el desorden y la inestabilidad permanente por una sencilla razón: las piezas que han venido sosteniendo al sistema dejaron de funcionar bien y son ya incapaces de mantenerlo en situación de equilibrio, mientras que todavía no hay otras de recambio que permitan devolverle el orden y la estabilidad.

El orden y la estabilidad del sistema político y, en general, de la sociedad española de esta etapa democrática se han basado en la existencia de dos grandes partidos, el PP y el POSE, que hace tiempo que perdieron la legitimidad y capacidad necesarias para mantener el  sistema en equilibrio, el orden de escuadra, por utilizar un término militar, que es preciso mantener para que las cosas no se desmanden y el sistema siga funcionando normalmente.


Cuando los dos grandes partidos entraron en crisis, transmitiéndola desde las más altas instituciones del Estado hasta la arquitectura territorial en la que se basa la cohesión básica de una nación, la propia sociedad creó los antídotos en forma de nuevos movimientos y partidos, pero ninguno de ellos ha sido capaz de constituirse en el cemento de un nuevo estado de cosas. Y así es como, casi desde 2011 y sobre todo desde 2015, nos venimos encontrando en un va y viene continuo que no tiene solución posible porque se está intentando dar solución a los problemas con las mismas piezas, relatos y lógicas que los han provocado.


Y es por ello por lo que ninguno de los escenarios posibles que puedan darse tras las elecciones va a poder proporcionar estabilidad.


Los enfrentamientos entre las fuerzas de izquierda han creado un clima que hace extremadamente difícil, por no decir imposible, que se de la armonía necesaria para gobernar bien y para poner en marcha con suficiente estabilidad y garantías un programa de transformaciones progresistas para España. Y, como la sociedad está rota y no cohesionada, si finalmente hubiera un gobierno de ese perfil, la derecha constituiría un frente de oposición brutal, dispuesto a incendiar lo que haga falta -incluido el conflicto civil como el que han avivado irresponsablemente en Cataluña en los últimos años- para acabar con las políticas de izquierdas, por moderadas que sean. 

Y el posible triunfo del bloque de derechas (no se olvide que Andalucía siempre ha marcado la senda estratégica de la política española) no haría sino reforzar los procesos y problemas que he mencionado y que han provocado la crisis estructural en la que nos encontramos en España y en todo el mundo.


Las fuerzas que nacieron para regenerar la situación política (Ciudadanos y Podemos) han mostrado su total inutilidad. Las novísimas, o son puros embriones como Más País, o peligrosas variantes del fascismo neoliberal que ya proliferan en otros países, como Vox. Y una entente entre el Partido Popular y el PSOE no sólo podría llevar a este último partido a la irrelevancia en la que se encuentran los que hicieron lo mismo en otros países, sino que daría lugar a que el sistema se quedara sin reservas a la primera de cambio, siendo, al final, sólo un paso más y más rápido hacia el caos.


España no tiene arreglo con los actuales sujetos políticos ni con el discurso de espectáculo que se utiliza para plantear los problemas sociales, ni con la lógica de enfrentamiento cainita que se ha generado como subproducto de la democracia de baja intensidad en la que vivimos, ni con una economía y unos medios de comunicación sometidos sin disimulo al dictado de los grupos oligárquicos. Y eso es grave porque los problemas que tenemos delante de nuestras narices no admiten soluciones de compromiso ni cogidas con hilo. 

Me refiero, entre otros, a desastres como la corrupción, la mentira generalizada, la ausencia de rendición de cuentas, la constante descalificación del adversario y la consideración como enemigo de quien simplemente no piensa como nosotros, la venta de España a los grandes intereses económicos, el poder desnudo de las grandes empresas y de los bancos, la desindustrialización, el desmantelamiento de nuestro sistema de servicios públicos y de ciencia y tecnología, la manipulación mediática o, sobre todo, nuestra incapacidad para entender que tenemos algo en común que se llama España y que no puede ser sólo de una parte de los españoles sino de todos por igual.


Es ingenuo creer que las elecciones del 10N puedan proporcionar algún tipo de solución estable.


Los problemas sistémicos, estructurales, como los que estamos viviendo no generan pequeñas heridas sin importancia sino el colapso de los sistemas, y eso es lo que está comenzando a suceder en España y en el mundo. 

Las viejas orquestas dedicadas a difundir música de siempre no podrán evitarlo. Se necesitan otros proyectos. Las reformas que anhelan Ana Botín y los grandes dirigentes capitalistas pueden darle de nuevo un aire diferente al capitalismo pero nada ni nadie puede ser contrario a sí mismo, así que están condenadas a dar el mismo tipo de problemas a medio y largo plazo. Hay que hacer frente al gran expolio, de riqueza y de derechos, que han llevado a cabo, al mundo digital que se abre paso, a una naturaleza destrozadada y a una sociedad fragmentada, ensimismada y engañada. 

Y para eso hacen falta otros sujetos y un nuevo tipo de liderazgo, de lenguaje y de discurso político, nuevos mecanismos de representación y de control más genuinos y democráticos, nuevas formas de propiedad, de instituciones de gobierno y de relaciones sociales, liberarnos de la dictadura de la mercancía, una nueva cultura política y un nuevo ejercicio de la ciudadanía, un proyecto socialista, o llámese como se quiera llamar, que quiera y sepa ir más allá del capitalismo. Y además, la capacidad de saber resolver con justicia y sostenibilidad los problemas del día, cada vez más difíciles de abordar en medio de tantas turbulencias."                  (Juan Torres López, Nueva Tribuna, 09/11/19)

13.11.19

El mayor éxito de VOX no es el poder que tiene para implementar sus medidas, sino intoxicar con ellas a los partidos tradicionales y lograr que los conservadores y liberales le validen como socio

"(...) El mayor éxito de VOX no es el poder que tiene para implementar sus medidas, sino intoxicar con ellas a los partidos tradicionales y lograr que los conservadores y liberales le validen como socio.

 VOX tendría que lograr una mayoría absoluta en países de profundas convicciones democráticas como Francia y Alemania, pero en España le basta con lograr un resultado que sumar con PP y Ciudadanos. Ellos son los verdaderos responsables de que el fascismo tenga alguna cuota de poder y de capacidad para implementar sus medidas antidemocráticas. 

La otra responsabilidad se encuentra en la irresponsabilidad del PSOE, que ha empezado a validar las medidas de la extrema derecha incorporándolas en su propio discurso. Pedro Sánchez aseguró en el debate que si era presidente traería a Puigdemont ante la justicia. 

El presidente en funciones, puede que sin darse cuenta, plagió para virar a la derecha y coger votantes de Ciudadanos una medida que Abascal fue el primero en proponer, dar la orden de detener a Quim Torra si ganan las elecciones. (...)

Sigue siendo válida la cita de Eiríkur Örn Norddhal incluida en otro artículo sobre VOX hace un año, porque seguimos sin aprender nada sobre el funcionamiento del discurso de la extrema derecha: "Cuando los partidos populistas empiezan a consolidarse, van enriqueciendo su vocabulario con préstamos de los partidos políticos tradicionales. 

Sus dirigentes aprenden a hablar con mesura (en vez de soltando escupitajos), a comportarse como personas e incluso a ponerse en manos de estilistas y agencias de publicidad. Pero mantienen inalterables sus convicciones, aunque digan migrante en vez de negrata. Los partidos tradicionales ven cómo los extremistas les arrebatan seguidores y reaccionan acercándose al fascismo por el otro lado (y dicen negrata para referirse a los migrantes)".

 Estas elecciones hay un riesgo mayor de que la extrema derecha llegue al poder. (...)

Sabemos además sin ningún género de duda que la derecha conservadora y liberal no tendrá ningún complejo en darles responsabilidades y poder. Ahora que el riesgo es más cierto están todos con la guardia baja. Con astenia electoral y bajos de defensas, los virus son inmisericordes. Lo pagaremos. Lo vamos a pagar."                      (Antonio Maestre, blog, 07/11/19)

12.11.19

La pregunta es por qué la división de la derecha ha funcionado, por qué tanto voto del PP y Cs ha ido a parar a Vox. En ella late algo del signo de los tiempos... del tránsito entre un mundo que se abandona y otro que está llegando, en el que los recursos menguan para buena parte de las poblaciones occidentales...

"Ahora que la legislatura se acaba, le están lloviendo las críticas a Pedro Sánchez por su gobierno, y suelen sustanciarse en el mismo reproche: para este viaje, habría sido más inteligente convocar elecciones inmediatamente después de la moción de censura. España habría ganado tiempo, el panorama estaría mucho más despejado y no se habrían malgastado muchos meses en intentos estériles de gobernar con el imposible de 84 diputados. Sin embargo, este tiempo ha servido de mucho, especialmente para el PSOE.

Los socialistas llegan fortalecidos a las elecciones, mucho más que si hubieran permanecido en la oposición. Lideran todas las encuestas, y tras una época en la que el número de sus representantes en el Congreso y Senado no hacía más que descender, las previsiones, por inciertas que sean, les conceden un aumento importante. Además, partir como líder y desde el Gobierno también otorga cierta ventaja. Pero, sobre todo, este tiempo en Moncloa les ha servido para ocupar un marco único, y muy beneficioso.

 En realidad, Sánchez lo tiene bastante fácil para ganar las elecciones, y ni siquiera tiene que proponer gran cosa. El crecimiento de Vox le ha venido muy bien, y esa suerte de fusión del PP con Vox, mejor aún. Del mismo modo que el PP de Rajoy encaró las generales sin proponer gran cosa, y simplemente habló de sensatez y sentido común al tiempo que señalaba los enormes riesgos que supondría para España un Gobierno de Podemos sostenido por un PSOE ideologizado, que eso y nada más fue su campaña, a Sánchez le basta con agitar el miedo para conseguir un montón de votos.

 Sánchez tiene la campaña hecha, y mucho más después de Andalucía y de decisiones tácticas tan erradas como la manifestación del domingo pasado. Le será suficiente con señalar la existencia de una derecha fuerte, muy arriesgada, que no ha asumido el momento de la historia en que nos encontramos, y con subrayar los peligros que causará, para convertirse en el primer partido. Y si lo hace bien, podría adoptar la posición de Rajoy, la de sentarse a ver pasar la derrota de sus rivales.

 Todo esto es posible únicamente porque los socialistas han gobernado, lo que les ha permitido ponerse al frente de la izquierda, exhibir con gallardía los 900 euros de salario mínimo y el Presupuesto que no pudo ser, con las ayudas a la dependencia y demás. Si a eso le sumamos los frecuentes guiños al feminismo y al ecologismo, tenemos dibujado el marco entero.

 Con ganar no basta, es cierto, porque lo importante es gobernar, y para eso los números tienen que cuadrar. Pero si la campaña es efectiva y se activa al electorado de izquierdas, aunque solo sea a través del miedo, las tres derechas no sumarán lo suficiente. Y si eso ocurre, el PSOE tendrá muchas más papeletas para contar con aliados. Desde luego, del lado de los partidos nacionalistas, como se ha visto con el PNV, pero también porque, como ocurrió con Rajoy, le resultará más fácil atraer a uno de los partidos rivales a su lado. 

Contará con más opciones donde elegir, y eso siempre hace más fácil el camino, al tiempo que permite ahondar en las contradicciones de sus contrincantes. En particular, en las de Ciudadanos, que tendría que explicar, como le ocurrió antes a Podemos, por qué no dio el Gobierno a Sánchez antes que a Vox.

 Se podrá argumentar que si bien gobernar ha sido útil para el PSOE, no lo ha sido para España. Pero tampoco es del todo cierto. En primer lugar, por Cataluña, donde la unión de los partidos independentistas es muy frágil, y el transcurso del tiempo resulta necesario para que alguno de ellos comience a separarse de la línea dura que impone Puigdemont. Los partidos que apoyaron el 1-O están sujetos a distintas contradicciones, y alguna de ellas, por ejemplo, acabará alejando a ERC de Torra. En ese contexto, un Gobierno dialogante ayuda a ahondar en esas contradicciones en lugar de a disolverlas.

 En segundo lugar, la ausencia de una dirección política firme y respaldada por un amplio espectro parlamentario apenas se ha notado, igual que cuando estuvimos sin Gobierno durante meses. Hay quienes señalan, en especial desde el ámbito liberal, que la parálisis en la que está inmersa España desde hace varios años nos ha hecho perder un tiempo precioso a la hora de avanzar en las urgentes reformas que requiere nuestro país, y que necesitamos ya un Gobierno que se ponga manos a la obra.

 El problema es que las reformas que solicitan no van en la dirección correcta. Nuestra sociedad sufre disfunciones serias que deberían ser atajadas, pero si una de ellas tiene relevancia real, está transformando Occidente y explica el clima en el que crecen los chalecos amarillos, los independentismos y las derechas populistas, esa es la desestructuración que está produciendo una economía financiarizada. Su principal efecto lo solemos llamar desigualdad, pero quizás el término no sea del todo preciso, porque señala transformaciones de mucho más calado que la simple disparidad de ingresos. 

Un tuit de Sanders lo resumía diciendo que la familia Walton (la dueña de Walmart) gana más dinero en un solo minuto que todos los trabajadores de la cadena en un año. Mirando más allá, un estudio del economista Gabriel Zucman concluía que la desigualdad ha aumentado dramáticamente desde la década de 1980. En aquel entonces, un 1% de la sociedad poseía el 25-30% de la riqueza; en 2016, es ya el 40%. Sin embargo, estas cifras pueden ser mucho peores porque, apunta el académico, la globalización financiera ha producido nuevos instrumentos, y ha vuelto mucho más presentes otros, como los paraísos fiscales, que permiten esconder los bienes.

 Este tipo de reparto produce sociedades necesariamente poco estables, sujetas a tensiones de fondo y muy dadas a generar opciones políticas extrasistémicas. En ese contexto, gane quien gane, como se está viendo con Macron, solo obtendrá un triunfo eventual. 

Las transformaciones políticas que estamos viviendo son parte de este tránsito entre un mundo que se abandona y otro que está llegando, en el que los recursos y las opciones vitales menguan para buena parte de las poblaciones occidentales, y mientras no se estabilice la corriente subterránea que mueve nuestras sociedades, un Gobierno de mayorías tampoco podrá ofrecerla. Todo lo más, será un parche. Y ese parche, en España, parece que lo pondrá el PSOE."                              

(Artículo profético escrito en febrero - Esteban Hernández, El Confidencial, 15/02/19)

11.11.19

El impulso de Vox se explica por la centralidad del problema catalán... su instrumentalización de la inmigración... y por la "estrategia despectiva" de la izquierda en el debate electoral...

"(...) Parte del reciente impulso de Vox en las encuestas se explica por la centralidad del problema catalán, después de un mes de protestas (a veces violentas) y disturbios civiles en Cataluña, luego de las recientes sentencias de prisión de nueve políticos separatistas por su participación en el referéndum de independencia de 2017. 

Uno de cada cuatro votantes admitió en abril que el conflicto catalán tuvo influencia sobre su voto y Vox fue el partido que más se benefició de esto (excluyendo los partidos independentistas).

 Vox tiene la postura más dura sobre el tema, proponiendo la suspensión de la autonomía de Cataluña, la criminalización de los partidos y organizaciones separatistas y severas penas de prisión para sus líderes. También ha sido el primer partido en el parlamento en abogar por una recentralización completa del estado. 

 Aunque la mayoría de los españoles (alrededor del 40%) apoya el modelo actual de organización territorial, es notable que Vox haya llenado un vacío en la representación de aquellos que preferirían un estado centralizado, un porcentaje que ha oscilado entre el 12 y casi el 25% de la población en los últimos diez años.

Sin embargo, el tema catalán y la organización territorial del estado están lejos de ser los únicos temas en los que Vox ha tratado de capitalizar. El partido se presenta como una "alternativa patriótica" a la "dictadura progresista" (peyorativamente llamada "dictadura progre") sobre temas como la inmigración, el feminismo ("ideología de género") o la memoria histórica. 

Aunque tiene una posición liberal en asuntos económicos, parece estar aprendiendo rápidamente de sus contrapartes europeas, mostrando recientemente una cara proteccionista contra las "élites globales". En una clara réplica del discurso de exclusión populista que ha proliferado en otras partes de Europa, su defensa de la soberanía y las fronteras está vinculada a la inmigración irregular, un tema que Vox ha tratado de explotar en una medida que no se había visto antes en la política española. 

 Una mirada superficial a su reciente actividad en las redes sociales muestra que, junto con Cataluña y el separatismo, la inmigración es de hecho el tema en el que el partido está más centrado. Esto fue obvio en el debate en horario de máxima audiencia que tuvo lugar el lunes (el único que reunió a los principales líderes del partido), cuando el líder de Vox, Santiago Abascal, trajo el tema en primer plano, asociando abiertamente la inmigración ilegal con el crimen, los casos de violación en grupo y el gasto público, y yendo tan lejos como para hablar de una 'islamización' de Europa liderada por la UE.

 Abascal no rehuyó el uso de una lógica demagógica de juego de suma cero, estableciendo un vínculo directo entre los beneficios de asistencia social para los inmigrantes y la falta de ellos para los ciudadanos españoles, o el empleo de cifras inexactas, como afirmar que el 70% de las violaciones de pandillas son cometido por extranjeros (estadísticas que la prensa española deshizo rápidamente). 

Aunque los otros candidatos podrían tener sus propios motivos para guardar silencio sobre estos temas, es dudoso que su "estrategia despectiva" fuera una decisión inteligente en un entorno en el que casi nueve millones de espectadores miraban en sus hogares.

 Aunque a menudo se elogia a España por su actitud favorable a la migración, Vox intenta evidentemente atraer a la minoría que ve la inmigración con sospecha: en 2018, el 22% de los españoles pensó que el impacto de la inmigración en la sociedad era completamente negativo, en contraste con 16 % en el Reino Unido y los Países Bajos. Incluso si la politización del tema puede tener poco impacto en el cambio de actitudes a menudo resistentes, puede activar las preferencias y aumentar la importancia del tema a los ojos de los votantes. 

Vale la pena señalar que la prominencia pública de la inmigración ha aumentado durante el último año, con aproximadamente el 15% de los encuestados que la ubicaron entre las tres principales preocupaciones de España en septiembre de 2019 (por encima del porcentaje de aquellos que consideraron la independencia catalana como un problema importante).

Como se demostró en otra parte, las preocupaciones sobre la inmigración tienden a ir de la mano con la atención de los medios al tema (Figura 1), que a su vez no es independiente de la variación sustancial en el número de migrantes que intentan llegar a España cada año ( Figura 2). Esto fue visible en 2006, cuando España experimentó su primera crisis migratoria debido a un aumento en el número de barcos que llegan a las Islas Canarias, y en menor medida el año pasado, cuando la decisión de Italia de cerrar sus puertos redirigió las rutas migratorias a la península ibérica en el verano de 2018, con España registrando un fuerte aumento en el número de llegadas.

 A pesar de que hubo una reducción sustancial tanto en la atención de los medios como en la llegada de migrantes a lo largo de 2019, en comparación con el año pasado, las preocupaciones sobre la inmigración siguen siendo tan altas en 2019 como lo fueron durante el mismo período en 2018. Esto es probablemente el resultado de la instrumentalización de Vox sobre el tema de la inmigración, que ahora también impulsa su notoriedad pública.  

Queda por ver si la llamada escisión de integración-demarcación se convertirá en un eje principal de competencia en la política española, en un escenario ya saturado por la cuestión territorial, pero Vox seguramente está tratando de hacerla destacar y es posible que los competidores del partido. no puedan ignorarlo por mucho más tiempo."                       

(Mariana S. Mendes is a Visiting Fellow at MIDEM (Mercator Forum Migration und Demokratie) at TU Dresden, LSE EUROPP, 08/11/19)

DETENER AL TRIFACHITO: 4 TRAMPAS Y UNA SOLUCION. José Diaz (líder comunista) en tiempos de la República, olfateó el advenimiento de la extrema derecha y ayudó a promover un frente popular con partidos de izquierdas y de centro...

"1.- Hay una percepción errónea en buena parte de la izquierda de que no es posible la victoria de la derecha. Quizás no sea la opción más probable pero no tener en cuenta la posibilidad de que, la semana que viene, PP, Vox y Ciudadanos estén negociando el gobierno es un gravísimo error. Y, por su puesto, si esto sucede, lo vamos a lamentar, ¡y mucho!


2.- Una segunda percepción ( igualmente errónea en mi opinión) es que la ruptura entre el PSOE y Unidas Podemos del pasado mes de junio puede arreglarse tras las elecciones del mes de noviembre. En mi opinión, no es así: ¿con qué cara podría UP renunciar a estar en el gobierno y reconocer, por tanto, que nos había obligado a convocar nuevas elecciones sin que hubiera una necesidad real?, ¿y como podría el PSOE hacer lo propio si cediera a las pretensiones de UP? Tanto en un caso como en otro un acuerdo de este tipo minaría gravemente el liderazgo y la cohesión interna de la organización que hubiera cedido. Incluso en política hay heridas que dejan huellas difíciles de restañar.


3.- Otra cuestión que no se valora suficientemente es que la posibilidad de constituir un bloque de izquierdas es mucho más difícil ahora que hace unos meses por tres razones (además de la señalada en el punto anterior): porque el PSOE está estancado en las encuestas ; porque UP – aún peor – está a la baja y porque la irrupción en tromba del tema de Catalunya tras la sentencia del procés favorece a la derecha y hace aún más difícil conciliar las políticas del PSOE y de Unidas Podemos a este respecto


4.- Por último hay que destacar una cuestión que es novedosa y que no se suele tener en cuenta. Aunque ninguna alianza entre partidos tenga mayoría suficiente para gobernar, hay un factor novedoso respecto a junio que es la práctica imposibilidad de convocar otras elecciónes por el obvio desgaste político, social e institucional que esto supondría. Es en este sentido que la propuesta de Sanchez de que sea presidente el candidato más votado cobra sentido


¿Hay salida a esta situación? 


Unidas Podemos no ha encontrado ninguna y se sitúa en el mismo carril del mes de junio, ignorando, quizás, el viejo aserto de que las mismas causas producen los mismos efectos. 

Ello no sólo incluye la reivindicación de participar en el gobierno del PSOE sino también el curioso ejercicio de tender la mano al PSOE y mordersela a la vez. A título de ejemplo, recomiendo este enlace a una larga entrevista de Monedero donde, entre otras cosas, dice que el PSOE “ha mentido demasiado” y se ha hecho deudor de la frase “PSOE, PP, la misma mierda es” (sic), artículo cálidamente elogiado en twitter por la aspirante a vicepresidenta del Gobierno de Pedro Sanchez (Irene Montero).

El PSOE, por su parte, a la vista del secarral que tiene a su izquierda, explora nuevas vías, intenta atraer votantes centristas y propone un proyecto de modernidad, de moderación, de políticas sociales y de diálogo y respeto a la ley en temas como el de Catalunya para, desde esta posición, obtener apoyos suficientes para cerrarle el paso al tripartito.


No sé que dará de sí esta política que no es la que que yo he reivindicado durante los últimos 43 años, pero a mí me pasa ahora mismo algo parecido a lo que le pasó a José Diaz en tiempos de la República: olfateó el advenimiento de la extrema derecha, envió a tomar por saco las consignas de Stalin y ayudó a promover un frente popular con partidos de izquierdas y de centro."           (grosske, blog, 05/11/19)

5.11.19

¡¡ QUE SI, JODER, QUE VIENE EL TRIFACHITO !!

"El envite del 10N es el mismo que el de abril: saber si vamos a ser como Portugal o si vamos a ser como la Italia de Salvini o la Austria de Sebastian Kurtz.
Sin embargo, de esto casi no se habla porque el debate político está muy embarrado y todo es una sopa de supuestos escándalos y periodismo amarillo


Casi nadie habla de la vuelta del trifachito pero es un gravísimo error. El trifachito   está ahora mucho más cerca que en abril porque el PP está pisándole los talones al PSOE en casi todas las encuestas y, además, en un contexto político muy inestable


Casado explicó  en “El Hormiguero” que si tenía un voto más que Sánchez sería presidente porque está seguro de que C’s y Vox le apoyarán. Y es cierto. Sánchez, en cambio, necesita más votos por la animadversión que suscita en sus exsocios.

La clave está en si en España, a las puertas de una crisis económica, puede haber unas nuevas elecciones. Yo creo que no y esto significa que, aunque no haya mayorías sólidas va a gobernar sí o sí el candidato más votado


Se dice que la izquierda está desmovilizada por el fracaso de la investidura de junio y yo lo comprendo. Pero lo que hay que hacer es sacar las consecuencias para que no pase: abstenerse es un puñetero suicidio.


Es impensable que haya nuevas elecciones tras el 11-O. Eso quiere decir que hay que apuntar bien y acertar a la primera: ya no habrá más balas en la recámara.


Por último, hay que hablar de Catalunya pero la izquierda debe votar básicamente en función de las políticas sociales y la manera de responder a la crisis económica que se avecina. Este es el reto"                   (grosske, 31/10/19)

6.5.19

Alberto Garzón: El nacionalismo es “el vector que vehicula a todas las derechas”

"(...) “la globalización económica ha transformado nuestras realidades”, Garzón argumentó que “las generaciones más mayores tienen más dificultades de asimilar” los cambios de valores que se han producido en las sociedades occidentales, como el ecologismo y el feminismo. A este coctel se le suma el ingrediente del “estrés económico”

Como respuesta, en nuestras sociedades hay una tendencia a lo que Max Weber llamó “el cierre social” y que el líder de IU definió como aquella tendencia a cerrar la entrada a otros grupos para salvaguardar privilegios. Un ejemplo sería la apuesta por “más muros en la frontera”, es decir, una respuesta “militar y autoritaria” frente a la ansiedad.

Tal y como señaló el líder de IU, la extrema derecha de todo el mundo, ya sea Donald Trump en EEUU o Jair Bolsonaro en Brasil, han sabido conectar con este malestar de la ciudadanía y proponer soluciones autoritarias y reaccionarias. A pesar de que España cuenta con algunas particularidades, precisó Garzón, tanto PP, como Ciudadanos y Vox comparten un mismo discurso “belicoso” y un vector: el nacionalismo.

El nacionalismo, según el candidato de Unidas Podemos por Málaga, es “el vector que vehicula a todas las derechas”. Estas formaciones políticas han sido capaces de construir una visión porque han tenido el poder de “hegemonizar” su discurso e imponerlo mediante “coerción” cuando era necesario durante la historia de España. 

Además han sabido realizar “una construcción nacionalista y mítica” de la nación, vinculada al “tradicionalismo, la visión unitaria y el catolicismo”, así como identificar como enemigo interno a quienes presenten ideas distintas.  (...)

La izquierda debe también defender la seguridad civil frente a la seguridad militar. El líder de IU entiende que “la socialdemocracia ha fallado en dar una respuesta de seguridad civil a la población y en algunos casos ha copiado los discursos de la extrema derecha” y las ha dejado en manos del libre mercado.  

Cuando Unidas Podemos ha intentado, por ejemplo, regular los precios de la vivienda o nacionalizar Endesa para que los precios de la electricidad sean asequibles se ha encontrado con la negativa del Gobierno del PSOE. “Eso era imposible porque significaba tocar el poder del país”, ahondó Garzón

Por tanto, “el núcleo gordiano” sería que la izquierda asegurara a las familias una serie de medidas para que “tengan que comer”, acceso “a los derechos fundamentales” y que puedan “dormir tranquilas”, al mismo tiempo que se favorecen los avances del ecologismo y el feminismo, negados también por una parte de la izquierda.

Ahora tan solo queda averiguar si la izquierda pueda ahondar en “una nueva idea de país” o “en la seguridad civil”, tal y como propone Garzón, con las elecciones a la vuelta de la esquina y las derechas pisando los talones.(...)"                  (María F. Sánchez, Cuarto Poder, 09/04/19)

2.5.19

¡Viva España! España es el país del 8M más masivo, el que tiene el récord en donaciones de órganos, uno de los primeros donde los homosexuales pudieron casarse. España es una sociedad abierta y tolerante, más moderna de lo que los propios españoles pensamos, bastante menos racista que otros países de Europa, uno de los lugares más seguros y menos violentos del planeta... España tiene una mayoría social progresista, y por eso la izquierda siempre gana cuando la participación es alta...

"España es el país del 8M más masivo, el que tiene el récord en donaciones de órganos, uno de los primeros donde los homosexuales pudieron casarse. España es una sociedad abierta y tolerante, más moderna de lo que los propios españoles pensamos, bastante menos racista que otros países de Europa, uno de los lugares más seguros y menos violentos del planeta. (...)

España tiene una mayoría social progresista, y por eso la izquierda siempre gana cuando la participación es alta. España no es solo los barrios ricos de Madrid, y su prensa tan conservadora: es también Catalunya, y Euskadi, y Galicia, y Valencia, y Andalucía... Y por eso la radicalizada derecha nacionalista española se ha estrellado en su programa de máximos.

Esa España, este domingo, ha frenado a la extrema derecha. El miedo a Vox, y a un Partido Popular que ya les había abierto la puerta del Consejo de Ministros si se alzaba con la victoria, ha llenado las urnas de votos contra el racismo, contra el machismo, contra el fascismo y contra esa visión de España en la que solo caben unos pocos. 

La derrota de la derecha nacionalista española es tan incuestionable como la victoria del PSOE de Pedro Sánchez, que casi duplica al segundo partido en el Congreso.



Esa España a la que le preocupa más la lucha contra la violencia de género que el derecho a llevar armas es la que este domingo ha puesto pie en pared y ha cerrado las puertas del Gobierno a un tripartito de derechas, que era seguro si les daban los escaños. Una derecha que ya se había repartido hasta los ministerios sin hacerle ascos al referente en España de Marine Le Pen y Matteo Salvini.

La "antiespaña" no son los vascos, los gallegos, la izquierda o los catalanes. La antiespaña son ellos, y por eso la "reconquista" de Vox se ha quedado solo en el 10% de los votos. Uno de cada diez, insultando al 90% restante de ese país en nombre del cual no pueden hablar porque no lo representan. España entra en la normalidad europea: en casi todos los parlamentos de la UE hay un partido fascista, lamentablemente. 

Pero el mal resultado de Vox sobre sus previsiones y el desastre para el bloque de la derecha en su conjunto demuestra que esa ola reaccionaria no es tan grande como en otros países de nuestro entorno. Sí, tienen una veintena de diputados, pero serán tan ruidosos como irrelevantes. Entre PP y Vox ni siquiera alcanzan los escaños necesarios para vetar una reforma constitucional, que se podría llevar adelante sin ellos.

Para el PSOE y Pedro Sánchez, la victoria es histórica. Tendrá el grupo parlamentario más sólido del Congreso y podrá gobernar desde la izquierda con bastante holgura. También suma de sobra con Ciudadanos, aunque es dudoso que Albert Rivera pueda ser su socio preferente. 

No por todo lo dicho en la campaña el líder de Ciudadanos o por sus promesas, tan poco fiables. Sino porque, con este resultado, es evidente que Rivera intentará liderar el bloque conservador y para eso no puede pegarse al PSOE. Lo tiene a tiro, viendo el colapso del Partido Popular, que vuelve a los números de la Alianza Popular de los siete magníficos.

La derrota del PP es tan rotunda que deja al partido herido de muerte. Además de su máster y su 'postgrado' en Harvard, Pablo Casado puede lucir en su currículum haber llevado al PP al peor resultado desde 1979, a un hundimiento mayor que el de AP de 1986, que obligó a dimitir a Manuel Fraga. "Hemos perdido todo el centro moderado y no hemos retenido ni un radical", resumía uno de sus dirigentes más sensatos. 

Su líder, Pablo Casado, dudosamente podrá seguir al frente tras un fracaso así, por mucho que haya mantenido por la mínima el cargo de líder de la oposición. El hundimiento es tan notable que tendrá consecuencias en las próximas municipales y autonómicas.  (...)

El resultado de este domingo vacuna para el futuro. España es un país mucho más plural de lo que parece leyendo los diarios conservadores de Madrid. La lección, para el que la quiera aprender, es bastante clara: el discurso neocon sirve para que te aplaudan los medios de la derecha, pero abandonar la moderación cuesta muy caro.  (...)

La campaña de Pablo Iglesias sin duda ha sido buena, y sin ella el resultado habría sido aún peor; los votos se perdieron mucho antes. En un momento de extrema concentración en el PSOE para frenar a la extrema derecha, logra hundirse menos de lo que pronosticaban muchas encuestas, pero acumula su enésima cita con las urnas a la baja. 

Deberían preguntarse cuál es la causa y no culpar, simplemente, al contexto del momento. ERC y también Bildu logran un gran resultado. En parte gracias a una estrategia bastante clara: dar por hecho, desde el primer momento, que apoyarían una investidura de Pedro Sánchez frente al tripartito de derechas.  (...)

Pedro Sánchez tiene por delante una responsabilidad histórica y cuenta con los votos para hacerlo: reconstruir esa España plural en la que todos quepan, demostrar que el feminismo, la justicia social y la lucha contra el cambio climático son prioritarios, gobernar para los más débiles aunque moleste a los poderosos, recordar que ha sido desde la izquierda como ha logrado esa victoria. No traicionar ese mandato."                       (Ignacio Escolar, director de eldiario.es, 28/04/19)

11.4.19

Por qué los barrios pobres no van a votar: la abstención en las zonas más excluidas duplica a la de las más ricas

"Norte y sur, este y oeste, centro y periferia o costa e interior pueden marcar las fronteras invisibles de una ciudad. Muchas veces, esos límites no solo señalan las desigualdades económicas sino también políticas. Vivir en un barrio rico o pobre influye de manera determinante en las probabilidades de que una persona acuda a votar a su colegio electoral o se quede en casa en unas elecciones generales.

Por ejemplo, una brecha de casi 90.000 euros de ingresos por hogar separa al barrio de 'las 3.000 Viviendas' en Sevilla, el segundo más empobrecido de España, y El Viso en Madrid, el más rico. La desigualdad económica también se convierte en desigualdad electoral: en el primero, el 55% de los residentes no acudieron a votar en las elecciones generales de 2016; en el segundo, el 18%.


¿Una casualidad? Los datos analizados por eldiario.es muestran que los barrios con menos renta se abstuvieron el doble en las elecciones generales de 2016 que las zonas más acomodadas en las 16 mayores ciudades españolas. Mientras que la abstención alcanzó el 42% en los barrios con una renta media por debajo de los 20.000 euros, solo el 20% de los residentes de las zonas con ingresos superiores a los 50.000 euros renunciaron a votar.

Este es el resultado del análisis de eldiario.es de los datos del proyecto estadístico Urban Audit, publicados por el Instituto Nacional de Estadística, y los resultados electorales de las elecciones generales del 26J. Ver metodología

(...)  La tendencia se repite en los 16 municipios más poblados de España: cuanto más pobre es el barrio, más se abstuvieron sus residentes en las elecciones generales de 2016. Sin embargo, este fenómeno se agrava en las ciudades con mayor brecha entre barrios humildes y zonas acomodadas. Es decir, áreas metropolitanas más desiguales.

Pero, ¿por qué los residentes de barrios como El Raval (Barcelona), San Cristóbal (Madrid), Los Pajaritos (Sevilla) o Palma-Palmilla (Málaga) acuden menos a votar? Los expertos lo achacan a un alejamiento total de la política y una sensación de exclusión por su situación económica.

"Es un tipo de cultura que es lejana a ellos, que no les representa no participan porque no es su juego político", argumenta Miguel Alhambra, sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid y autor de un estudio académico sobre desigualdad social y abstención electoral en Madrid y Barcelona. "Es un efecto de la propia desigualdad: si para tener voz y voto tienes que tener capital cultural, al final te callas", comenta.

'Las 3.000 Viviendas' y la zona de Juan XXIII en Alicante son los barrios que más se callaron en las elecciones del 26J. Alrededor de la mitad de los residentes decidieron no ejercer su derecho al voto en 2016. "Aunque realmente digamos que no hace falta gran cosa (para votar), coger tu DNI y acercarte al colegio electoral, algo que nos parece sencillo, no lo es para muchas personas", explica la doctora en psicología social Cristina Cuenca.

Para Cuenca, es complicado decir "que vaya a votar" a una persona que esté en "una situación de desempleo cronificado, una familia afectada porque el padre o la madre tenga un problema de adicción o una persona sin hogar".

Pero, ¿cómo y a qué partidos votan los barrios de renta más bajas y mayores problemas derivados de esta desigualdad? Para comprobarlo, analizamos los datos de 509 barrios de las mayores ciudades españolas.

Los investigadores alertan de las consecuencias políticas de la segregación entre barrios humildes de baja participación y zonas acomodadas con alta participación. "Es un pez que se muerde la cola: como no votan, los políticos no se interesan por ellos, ellos no se sienten escuchados y vuelven a abstenerse en las siguientes elecciones", argumenta Manuel Trujillo, investigador del Instituto de Estudios Sociales del CSIC.

Precisamente, el estudio Urnas Vacías en los suburbios de las ciudades, realizado por Trujillo y Braulio Gómez para el Observatorio Social de La Caixa, identificó una correlación "altísima" entre vivir en una zona caracterizada por la carencia de todo tipo de recursos y la abstención electoral en las municipales de 2015.

"A nivel electoral, cuando se agudiza este fenómeno, la izquierda pierde muchísimos votos", afirma Trujillo, que pone como ejemplo las pasadas elecciones autonómicas en Andalucía. Tal y como publicó eldiario.es, la abstención se disparó el 2D en los barrios más pobres de Sevilla, Málaga y Córdoba, donde Podemos y sobre todo el PSOE tenían más poder electoral.

Los datos de las generales del 26J, en 2016, también señalan esta tendencia: los partidos de izquierda son mucho más fuertes en los suburbios de las grandes ciudades y las candidaturas de derecha consiguen más votos en las zonas más ricas. Un voto de clase que se agudiza en los extremos: la izquierda promedia el 67% de las papeletas en los barrios que ingresan menos de 20.000 euros y la derecha se lleva el 74% de los sufragios en las zonas con una renta media superior a los 50.000 euros por hogar.

Manuel Buñuel, politólogo e investigador de la relación entre abstención y renta en la ciudad de Sevilla, asegura que existe una sensación en las zonas más marginadas de que la clase política solo va a esos barrios durante la campaña electoral y que después están "cuatro años sin aparecer". "Se ha luchado tanto tiempo para que el voto se ampliara a más capas de la población y los que más lucharon por ampliarlo son los que más se abstienen actualmente", reflexiona Buñuel. (...)"                 (Raúl Sánchez, eldiario.es, 07/04/19)