Mostrando entradas con la etiqueta b. Estados Unidos: sociedad: violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b. Estados Unidos: sociedad: violencia. Mostrar todas las entradas

29.4.26

Al leer la cobertura de Cole Allen, el presunto tirador de la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, uno pensaría que es el modelo a seguir de la creencia de la administración de que el país está sitiado por una insurgencia de izquierda... La evidencia dice lo contrario, pero todos se aferran al guion... Extremista. Radicalizado. Izquierdista. Anticristiano. Demócrata... Incluso el corresponsal de "Justicia e Inteligencia" repite la línea de la administración, afirmando que Allen "encaja con el patrón de lo que hemos visto con Luigi Mangione, acusado de matar al CEO de United Healthcare, o Tyler Robinson, acusado de matar a Charlie Kirk, de este tipo de personas en los márgenes de la extrema izquierda que se han radicalizado"... Allen, según revelan sus publicaciones en redes sociales, no estaba únicamente centrado en Trump. También sentía mucho desprecio por los líderes demócratas, un desprecio por ambos partidos que, lejos de ser marginal, lo sitúa firmemente en la mayoría de la opinión pública estadounidense... Llamar a Allen un soldado de a pie de la izquierda demócrata requiere ignorar gran parte de lo que publicó en línea. Es una narrativa conveniente... presenta la violencia política como producto del extremismo partidista en lugar de lo que realmente sugieren las encuestas: un amplio colapso bipartidista de la fe en las instituciones estadounidenses y sus líderes (Ken Klippenstein)

 "Extremista. Radicalizado. Izquierdista. Anticristiano. Demócrata.

Al leer la cobertura de Cole Allen, el presunto tirador de la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, uno pensaría que es el modelo a seguir de la creencia de la administración de que el país está sitiado por una insurgencia de izquierda (ver: NSPM-7). La evidencia, como verás, dice lo contrario, pero todos, desde la Casa Blanca hasta los principales medios de comunicación, se aferran al guion de todos modos.

El presidente Trump declaró a Allen "radicalizado".

El presidente del RNC, Joe Gruters, culpó a la "izquierda radicalizada" por el incidente, calificándolo como "el resultado inevitable de una izquierda radicalizada que ha normalizado la violencia política".

El fiscal general interino Todd Blanche dijo que los investigadores estaban investigando cualquier conexión que Allen pudiera tener con grupos de izquierda o buscando cómplices y co-conspiradores.

Incluso el corresponsal de "Justicia e Inteligencia" de MSNOW (anteriormente MSNBC), el hiperliberal Ken Dilanian, repite la línea de la administración, afirmando que Allen es uno de varios atacantes "en los márgenes de la extrema izquierda":

"Así que realmente encaja con el patrón de lo que hemos visto con Luigi Mangione, acusado de matar al CEO de United Healthcare, o Tyler Robinson, acusado de matar a Charlie Kirk, de este tipo de personas en los márgenes de la extrema izquierda que se han radicalizado, que viven en un mundo de irrealidad, bombardeados por teorías de conspiración, que deciden que tienen que tomar medidas violentas".

Pero como he escrito, Luigi Mangione, Tyler Robinson y ahora Cole Allen no eran de extrema izquierda ni estaban en ningún extremo partidista. En cambio, estaban unidos en un sentido de frustración con instituciones fallidas definidas por la inacción, y en la determinación de encarnar lo contrario a través de espectáculos impactantes de acción. Lo que nadie en el poder quiere admitir es que la creencia de que las instituciones han fracasado es tan generalizada como Taylor Swift, no el radicalismo marginal de grupos de los años 70 como Weather Underground que los expertos siguen invocando.

Allen, según revelan sus publicaciones en redes sociales, no estaba únicamente centrado en Trump. También sentía mucho desprecio por los líderes demócratas, un desprecio por ambos partidos que, lejos de ser marginal, lo sitúa firmemente en la mayoría de la opinión pública estadounidense. A principios de 2025, el Partido Demócrata había caído a mínimos históricos: un 27% de aprobación en las encuestas de NBC News y un 29% en CNN, el nivel más bajo en las encuestas de CNN desde 1992. Una encuesta de Pew encontró que el 59% de los demócratas desaprobaba su propio liderazgo en el Congreso. Eso es más de 25 millones de votantes estadounidenses, según las últimas cifras.

Odiar el establishment político pudo haberte convertido en miembro de la franja radical en su día, pero esos tiempos quedaron atrás hace mucho. Por extraño que parezca, Allen es, políticamente hablando, uno más del montón.

Considera sus publicaciones en redes sociales.

"Si este es el alcance hasta el que el liderazgo demócrata está dispuesto a liderar, es hora de formar un verdadero tercer partido", publicó Allen en Bluesky el 21 de enero de 2025.

Fue una de las numerosas publicaciones similares en las que Allen pedía una alternativa a los partidos Demócrata y Republicano.

"En este punto, podría ser más rápido reemplazarlo con un nuevo partido... llamémoslo el partido 'Haz Algo', no sé", dijo en otra publicación, uno de los innumerables indicios de su frustración con la inacción política.

"Si este es el nivel de análisis que sale de los líderes del partido demócrata... tal vez necesitemos un partido completamente nuevo, para ser honesto", dijo en otra publicación.

"Juro que el Partido Demócrata no comprende el concepto de prioridades...", escribió el 13 de febrero.

Para marzo, pedía la destitución del demócrata de más alto rango en el Congreso, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer.

"¿Existe una moción de censura para el líder de la minoría del Senado?", publicó el 13 de marzo.

El día anterior, Allen hacía chistes sobre la inutilidad de Schumer.

"Schumer está actuando como un jugador de rol que acapara cada poción, potenciador y consumible que encuentra porque 'tal vez los necesite más tarde'", escribió el 12 de marzo.

"La tarea de Schumer no se entregó a tiempo", bromeó el 8 de abril, días antes del ataque.

Llamar a Allen un soldado de a pie de la izquierda demócrata requiere ignorar gran parte de lo que publicó en línea. Es una narrativa conveniente: presenta la violencia política como producto del extremismo partidista en lugar de lo que realmente sugieren las encuestas: un amplio colapso bipartidista de la fe en las instituciones estadounidenses y sus líderes.

 (Ken Klippenstein  , blog, 28/04/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

27.4.26

Editorial de La Jornada: Un tiroteo revelador... que arroja interrogantes sobre la gestación del episodio, sobre la funcionalidad del actual gobierno de Estados Unidos y sobre lo que falta por ver no sólo durante los 32 meses que faltan para la próxima elección presidencial, sino incluso durante los siete que restan para la elección de medio término... en principio, la acción violenta pareciera obedecer al conocido patrón estadunidense de ataques con armas de fuego perpetrados sin razón aparente por individuos aislados... debido a una falla catastrófica del Servicio Secreto particularmente grave... o, si se toma en cuenta el pronunciado declive del millonario neoyorquino en la aceptación de la sociedad, su imposibilidad de encontrar una salida mínimamente verosímil y presentable a la guerra que él mismo desató contra Irán sin justificación alguna, el daño geoestratégico que ha causado al pelear con la red de aliados de Washington en el mundo y el deterioro que sus arbitrariedades han generado a la economía planetaria, no puede descartarse que la acción de un individuo armado con una escopeta en el vestíbulo del salón donde se realizaba la cena de la Asociación de Corresponsales sea un intento de cortina de humo urdida desde las entrañas del trumpismo para desviar la atención de la cada vez menos sostenible situación de su líder en la Casa Blanca. A fin de cuentas, buena parte de los extravíos del magnate se explican por su tendencia a gobernar no con lógicas políticas, sino con golpes de efecto característicos de los reality shows en los que él mismo ha tenido una intensa participación; no debe olvidarse que el principio central de ese negocio mediático consiste en hacer que un sucedáneo de la vida real ocurra a cámara

 "La agresión armada ocurrida el sábado pasado en el hotel Hilton Washington en momentos en que tenía lugar allí la cena del presidente con la Asociación de Corresponsales –un encuentro tradicional que Donald Trump suspendió durante su primer mandato y al que asistía por primera vez en el segundo– arroja interrogantes sobre la gestación del episodio, sobre la funcionalidad del actual gobierno de Estados Unidos y sobre lo que falta por ver no sólo durante los 32 meses que faltan para la próxima elección presidencial, sino incluso durante los siete que restan para la elección de medio término, a celebrarse en noviembre de este año.

Por principio de cuentas, la acción violenta pareciera obedecer al conocido patrón estadunidense de ataques con armas de fuego perpetrados sin razón aparente por individuos aislados y podría atribuirse a un intento de su perpetrador de llevar a cabo un tiroteo masivo, de no ser porque ocurrió en un sitio que, en teoría, tendría que haber estado protegido por un dispositivo de seguridad excepcional e incluso abrumador, como los que acompañan en todo momento a cualquier titular del Ejecutivo estadounidense, tanto en su país como en sus viajes al extranjero. Y aunque en esta ocasión Trump no estuvo en ningún momento en la mira del tirador, el hecho de que éste haya logrado actuar tan cerca del entorno presidencial sólo puede entenderse de dos maneras.

Pudo tratarse de una falla catastrófica del Servicio Secreto –denominación popular del equipo de protección de los mandatarios del país vecino–, particularmente grave si se consideran el ya referido contexto de la violencia estadunidense y la extremada polarización que suscita la figura de Trump, quien ya fue víctima de un atentado que estuvo muy cerca de ser fatal durante su segunda campaña presidencial en julio de 2024 en Pensilvania.

Por otro lado, si se toma en cuenta el pronunciado declive del millonario neoyorquino en la aceptación de la sociedad, su imposibilidad de encontrar una salida mínimamente verosímil y presentable a la guerra que él mismo desató contra Irán sin justificación alguna, el daño geoestratégico que ha causado al pelear con la red de aliados de Washington en el mundo y el deterioro que sus arbitrariedades han generado a la economía planetaria, no puede descartarse que la acción de un individuo armado con una escopeta en el vestíbulo del salón donde se realizaba la cena de la Asociación de Corresponsales sea un intento de cortina de humo urdida desde las entrañas del trumpismo para desviar la atención de la cada vez menos sostenible situación de su líder en la Casa Blanca.

No debe pasarse por alto, a este respecto, el hecho de que una amplia reunión con periodistas sería la circunstancia más mediática posible para asegurar un gran impacto inmediato y extenso en la opinión pública estadunidense y mundial. A fin de cuentas, buena parte de los extravíos del magnate se explican por su tendencia a gobernar no con lógicas políticas, sino con golpes de efecto característicos de los reality shows en los que él mismo ha tenido una intensa participación; no debe olvidarse que el principio central de ese negocio mediático consiste en hacer que un sucedáneo de la vida real ocurra a cámara.

Sea cual sea la verdad de lo ocurrido, el ataque del sábado en el hotel Hilton Washington deja flotando en el aire dos grotescas paradojas: el presidente que tanto ha ambicionado el Premio Nobel de la Paz no quiere o no puede pacificar su propio país; al mismo tiempo, en menos de dos años, el que tanta destrucción bélica ha provocado contra personas inocentes en diversos puntos del mundo con el pretexto de fortalecer la seguridad nacional de Estados Unidos ha estado en dos ocasiones a unos metros de un tirador dispuesto a acabar con su vida, y el enorme poderío militar, económico, judicial, tecnológico, mediático y diplomático del país que preside no ha podido hacer nada por evitarlo."

(Editorial de La Jornada, 27/04/26) 

Intento de tiranicidio. Un justiciero (un poco torpe), atenta contra Trump por 'pedófilo, violador y traidor'.... En una nota firmada como 'el asesino federal amistoso' (humor no le falta), enumero sus motivos: "Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes... esta es la primera oportunidad real para hacer algo al respecto... siento rabia al pensar en todo lo que ha hecho esta Administración... poner la otra mejilla cuando otra persona es oprimida no es cristiano, sino complicidad con los crímenes del opresor... las violaciones en centros de detención, los pescadores ejecutados sin juicio o la adolescente violada por los muchos criminales de esta administración"... según James Piazza, el último atentado contra el presidente Trump evidencia el aumento de la violencia política en Estados Unidos... los estadounidenses están profundamente divididos por motivos partidistas. Se miran con recelo y hostilidad, lo que genera un ambiente tenso y volátil para la política y la vida pública... llama la atención la dimensión moral de la polarización en EE. UU.. Cada bando considera a los miembros del otro partido no solo como personas con una visión política diferente, sino más bien como malvados o inmorales. El entorno polarizado ha hecho que la violencia política se haya normalizado... cuando los políticos utilizan una retórica demonizadora o deshumanizadora para atacar a sus oponentes –por ejemplo, utilizando palabras que describen a sus oponentes como subhumanos– se fomenta el extremismo y contribuye a motivar a los extremistas a agredir físicamente a sus oponentes

  "El último atentado contra el presidente Trump evidencia el aumento de la violencia política en Estados Unidos

 Por tercera vez en tres años, Donald Trump ha sido objeto de un intento de atentado. Muchos hechos siguen sin estar claros después de que un hombre armado irrumpiera en el Washington Hilton el 25 de abril de 2026, durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.

Mientras continúa la investigación sobre el tiroteo, Alfonso Serrano, editor de política y sociedad de The Conversation US, ha hablado con James Piazza, un experto en violencia política de la Universidad Estatal de Pensilvania.

No es la primera vez que Trump se enfrenta a la violencia política. ¿Qué destaca tras el último ataque?

Creo que los acontecimientos del 25 de abril ponen de relieve lo peligroso que es este momento político en Estados Unidos. Investigadores del Laboratorio de Investigación e Innovación sobre Polarización y Extremismo han documentado que la violencia política ha aumentado en Estados Unidos en los últimos años.

Me vienen a la mente varios ejemplos recientes: la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de los Estados Unidos; múltiples intentos de asesinato del presidente Trump; los ataques mortales contra los legisladores de Minnesota Melissa Hortman y John Hoffman que causaron la muerte de Hortman y su marido; el intento de asesinato de Paul Pelosi; el asesinato de Charlie Kirk. En mi estado natal, Pensilvania, el gobernador Josh Shapiro fue blanco de un ataque en la mansión del gobernador.

¿Qué está impulsando esa aparente plaga de violencia política que azota al país?

Hay varios factores importantes que impulsan la violencia política en los Estados Unidos hoy en día, según mi propia investigación y la investigación de otros académicos. Estados Unidos se encuentra actualmente muy polarizado políticamente, lo que significa que los estadounidenses están profundamente divididos por motivos partidistas. Se miran con recelo y hostilidad, lo que genera un ambiente tenso y volátil para la política y la vida pública. Esto ha creado un entorno de “suma cero” en el que cada elección y cada contienda política se vive como un momento de “vida o muerte”.

Lo que más me llama la atención es la dimensión moral de la polarización en EE. UU.. Cada bando considera a los miembros del otro partido no solo como personas con una visión política diferente, sino más bien como malvados o inmorales. El entorno polarizado ha hecho que la violencia política se haya normalizado. También ha atenuado la reacción pública contra la violencia política cuando esta se produce.

La retórica política se ha vuelto mucho más divisiva y violenta por naturaleza, y eso va de la mano de la polarización.

En particular, cuando los políticos utilizan una retórica demonizadora o deshumanizadora para atacar a sus oponentes –por ejemplo, utilizando palabras que describen a sus oponentes como subhumanosse fomenta el extremismo y contribuye a motivar a los extremistas a agredir físicamente a sus oponentes.

La desinformación también es un importante factor impulsor de la violencia política. Varias actos recientes de violencia política parecen motivados por teorías conspirativas y otras formas de desinformación, a menudo difundidas en las redes sociales, donde las personas suelen estar herméticamente aisladas de fuentes que cuestionen su visión del mundo. Esto facilita la radicalización y se ha demostrado que, en algunos casos, alimenta la violencia política.

Por último, creo que otro factor importante es el actual ataque a las normas democráticas y a las instituciones democráticas en Estados Unidos. La democracia estadounidense está sufriendo presiones sin precedentes en la era moderna. Esto ha tenido un efecto muy perjudicial en la confianza de los estadounidenses en el Gobierno, en las instituciones democráticas y en el propio valor del régimen democrático.

Mi trabajo muestra que las personas escépticas con respecto a la democracia son mucho más propensas a expresar apoyo o tolerancia hacia la violencia política.

¿En qué se diferencia este momento de violencia política de otros periodos violentos de la historia de EE. UU.? ¿Nos encontramos en territorio desconocido?

Aunque EE. UU. está experimentando actualmente un repunte de la violencia política, lamentablemente no es algo sin precedentes. Un ejemplo sería el periodo de gran polarización de la década de 1850, en vísperas de la Guerra Civil. En aquella época, existía una marcada división entre los abolicionistas y los defensores de la esclavitud. Y culminó en asesinatos políticos, una agresión a un congresista abolicionista por parte de un congresista proesclavista y un sangriento conflicto civil en Kansas entre grupos armados pro y antiesclavistas.

A principios del siglo XX, justo después de la Primera Guerra Mundial, se produjo otro aumento de la violencia política debido a cuestiones laborales y la violencia por parte de la segunda generación del Ku Klux Klan.

Por último, la década de 1960 también fue testigo de un periodo de intensa violencia política en torno a la oposición a la Guerra de Vietnam y a la reacción contra el Movimiento por los Derechos Civiles.

Aunque la violencia política actual presenta algunas características únicas –concretamente, la influencia de las redes sociales–, creo que podemos encontrar algunos paralelismos con esos primeros periodos de violencia política.

¿Alguna reflexión final?

Creo que es fundamental que tanto los políticos demócratas como los republicanos se unan para condenar este ataque y toda forma de violencia política. Los comentaristas políticos y las personas influyentes también pueden condenar este hecho y todo uso de la violencia política.

Las investigaciones demuestran ampliamente que lo que dicen las élites políticas tras este tipo de sucesos tiene un enorme efecto en las actitudes de los ciudadanos: deberían adoptar una retórica que no normalice este tipo de comportamiento.

Si el mensaje de todo el espectro político es unánime, será mucho más eficaz a la hora de reducir las actitudes que alimentan la violencia política.

  ( , The Conversation, 27/04/26) 

 

,"Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes". 

Estas palabras las escribió Colle Allen en un manifiesto dirigido a su familia minutos antes de perpetrar un intento de atentado este sábado por la noche contra Donald Trump en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, en el que se marcaba como objetivo atacar a los cargos de la Administración Trump priorizándolos "del más alto al más bajo".

En la nota, a la que ha tenido acceso The New York Post, Allen asegura que, aunque "hace mucho" que no está dispuesto a permitir los "crímenes" de Trump, esta es "la primera oportunidad real para hacer algo al respecto".

"Lo que hacen mis representantes tiene su reflejo en mí", explica el atacante, que incide en que siente "rabia al pensar en todo lo que ha hecho esta Administración".

En una parte de la nota, firmada como 'el asesino federal amistoso', Allen se dedica a rebatir algunos dichos y hechos, como la frase cristiana de "hay que poner la otra mejilla". "Poner la otra mejilla cuando otra persona es oprimida no es cristiano, sino complicidad con los crímenes del opresor", alega. Y cita como ejemplos "violaciones en centros de detención", a "los pescadores ejecutados sin juicio" o a "la adolescente violada por los muchos criminales de esta administración".

También asegura que esta cita "era el mejor momento y la mejor oportunidad de éxito" que se le "ocurría" pese a ser un "inconveniente" para él. Igualmente, se rebate a sí mismo diciendo que, aunque como persona medio blanca y medio negra "no debería" hacer esto, no ve "a nadie" cubriendo "la vacante".

Sobre el hecho en sí del ataque, argumenta que Estados Unidos es un estado de derecho, pero que "cuando los representantes y jueces no cumplen la ley, nadie les debe nada".

Sus objetivos: altos cargos de la Administración Trump

Además de a Trump, Allen pretendía atacar a "cargos públicos", exceptuando al director del FBI, Kash Patel. "Son el objetivo, priorizando del más alto cargo al más bajo", explica Allen. En cambio, apunta que el personal de seguridad y del hotel "no son objetivo, si fuera posible".

Aunque en el caso de los agentes del Servicio Secreto expresa su intención de "incapacitarlos de forma no letal, si fuera posible" porque son "objetivos solo si fuera necesario". El documento explica también que utilizaría perdigones y no balas para evitar daños mayores.

No obstante, indica en su texto que "pasaría por encima de casi todos" para llegar "a los objetivos si fuera absolutamente necesario, bajo la premisa de que la mayoría de la gente eligió asistir a un discurso de un pedófilo, violador y traidor, y por lo tanto son cómplices, pero realmente espero que no se llegue a eso".

Un oficial de la División Uniformada del Servicio Secreto fue alcanzado por una bala durante el ataque, pero su chaleco antibalas evitó heridas mortales y fue el único herido.

Critica la vulnerabilidad del hotel: "Ni una maldita medida de seguridad"

En su carta, Allen también apunta la vulnerabilidad del hotel Washington Hilton, donde se hospedó el día anterior del evento tras haber viajado en tren desde Los Ángeles, haciendo escala en Chicago.

"Esperaba cámaras de seguridad en cada esquina, habitaciones de hotel con micrófonos ocultos, agentes armados cada tres metros, detectores de metales por todos lados. Lo que recibí (¡quién sabe, tal vez me están gastando una broma!) es nada. Ni una maldita seguridad. Ni en el transporte. Ni en el hotel. Ni en el evento", expone Allen.

Allen ha descrito como "insana" la supuesta incompetencia del Servicio Secreto, afirmando que pudo introducir múltiples armas en el hotel sin ser detectado. "Cualquier agente iraní podría haber traído una ametralladora pesada y nadie se habría dado cuenta", dice.

"Lo que noté inmediatamente al entrar al hotel es la sensación de arrogancia. Entro con múltiples armas y ni una sola persona allí considera la posibilidad de que yo pueda ser una amenaza. La seguridad en el evento está toda afuera, enfocada en los manifestantes y en los que van llegando, porque aparentemente nadie pensó en lo que pasa si alguien hace el registro (check-in) el día anterior", ha detallado.

Poco después de la nota, Allen irrumpió corriendo el sábado por la noche en el control de seguridad para acceder al acto del Hotel Washington Hilton donde estaban Trump, varios miembros de su gobierno y periodistas, pero fue reducido por los agentes no sin antes herir a uno de ellos de un disparo.

Trump cree que actuó por un "odio" profundo hacia los cristianos

Tras el intento de atentado, Trump dijo en una entrevista con la cadena Fox News que el detenido actuó movido por un "odio" profundo hacia los cristianos, basándose en el manifiesto y en la información recabada por las autoridades.

También le calificó como un "tipo muy problemático" cuyos motivos, según el mandatario, tenían un trasfondo religioso radical.

Allen, profesor y desarrollador de videojuegos de 31 años, permanece ahora bajo custodia en un hospital para una evaluación psiquiátrica y se espera que comparezca ante un tribunal federal de Washington D.C. el lunes. Su casa en Torrance, California, ha sido ya registrada por el FBI. Mientras tanto, se le acusa de intento de homicidio de agente federal y de uso de arma de fuego, aunque podría ser acusado de más cargos."

( RTVE, 26/0/269

24.2.26

Periodistas encarcelados por ICE revelan los horrores del encarcelamiento... El periodista británico Sami Hamdi viajaba por el país con una visa estadounidense válida, cuando fue secuestrado por funcionarios de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en un aeropuerto de California... Hamdi soportó el trauma de estar recluido en múltiples cárceles del ICE... describió haber sido tratado como un subhumano durante su detención por parte de funcionarios de ICE... a él y a otros se les negó el acceso a representación legal y tratamiento médico; la gente tenía que fingir emergencias de vida o muerte para tener la oportunidad de ver a un profesional médico. Hamdi también contó cómo se vio obligado a dormir en celdas sucias y superpobladas, y a consumir alimentos podridos que lo enfermaron violentamente... Liam Conejo Ramos, de 5 años, y otros niños pequeños, supuestamente han sufrido reacciones similares a las causadas por la comida contaminada que se sirve en las instalaciones de ICE... Mario Guevara, un periodista que había residido en Estados Unidos legalmente, fue arrestado mientras cubría una protesta, los funcionarios de ICE lo mantuvieron injustamente en régimen de aislamiento y le negaron el debido proceso. Tras su liberación, Guevara declaró que tuvo que buscar tratamiento de salud mental y empezar a tomar medicación psiquiátrica para tratar episodios de depresión y pesadillas recurrentes... Los relatos de personas detenidas por ICE muestran cómo ser retenido durante meses o incluso años antes de tener la oportunidad de impugnar la detención ante un juez conlleva serios costos personales, financieros y sociales. Pero su experiencia no es nueva. Un número significativo de ciudadanos estadounidenses soportan esto diariamente en todo el país (Jeremy Busby)

 "Durante décadas, los medios corporativos y los funcionarios electos han mostrado poco interés en los informes de personas encarceladas sobre el trato inhumano sin control y las condiciones deplorables dentro de las cárceles, centros de detención y prisiones de EE. UU.

Pero como resultado de la escalada de violencia antiinmigrante y los esfuerzos de la administración Trump por reprimir toda disidencia, los periodistas y escritores profesionales, a quienes normalmente se les restringe severamente el acceso a las instalaciones carcelarias de EE. UU., ahora están experimentando ellos mismos las duras realidades a las que están sometidas diariamente casi 2.1 millones de personas encarceladas en este país.

Inadvertidamente, esta visión interna ha reafirmado lo que los periodistas encarcelados han denunciado durante mucho tiempo: una privación generalizada de las necesidades humanas básicas, la denegación del debido proceso, la negligencia médica y una cultura desenfrenada de crueldad descarada. También ha provocado un nuevo escrutinio de las fuerzas del orden estadounidenses, así como del trato que las agencias penitenciarias públicas y privadas dan a quienes están bajo su control.

El periodista británico Sami Hamdi viajaba por el país con una visa estadounidense válida para una gira de oratoria pública cuando fue secuestrado por funcionarios de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en un aeropuerto de California. La administración Trump revocó la visa de Hamdi en respuesta a una campaña de influencers de redes sociales de extrema derecha a quienes no les gustaron las críticas de Hamdi al genocidio de Israel en Gaza. Durante más de dos semanas, Hamdi soportó el trauma de estar recluido en múltiples cárceles del ICE.

"Se sentía irreal, casi como estar en una película", dijo Hamdi a Truthout en una entrevista reciente.

Hamdi describió haber sido tratado como un subhumano durante su detención por parte de funcionarios de ICE. Además de ser mantenido en grilletes dolorosamente apretados durante días, con sus súplicas para aflojarlos ignoradas, Hamdi dijo que a él y a otros se les negó el acceso a representación legal y tratamiento médico; la gente tenía que fingir emergencias de vida o muerte para tener la oportunidad de ver a un profesional médico.

Hamdi también contó a Truthout cómo se vio obligado a dormir en celdas sucias y superpobladas, y a consumir alimentos podridos que lo enfermaron violentamente. Otros le dijeron que esa experiencia era común para los nuevos detenidos cuyos estómagos no se habían adaptado a sus nuevas dietas. Desde que Hamdi estuvo bajo custodia de ICE, muchos otros, incluyendo Liam Conejo Ramos, de 5 años, y otros niños pequeños, supuestamente han sufrido reacciones similares a las causadas por la comida contaminada que se sirve en las instalaciones de ICE. El caso de Ramos llamó especialmente la atención sobre las condiciones en la cárcel de inmigración de Dilley, pero esas condiciones no son únicas, ni dentro de las cárceles de ICE ni en el sistema carcelario estadounidense en general.

La historia de Hamdi también se asemeja al relato de Mario Guevara, un periodista originario de El Salvador que había residido en Estados Unidos legalmente durante más de 20 años. Arrestado por agentes de la ley locales en Georgia mientras cubría una protesta de "No Kings", ICE lo tomó bajo su custodia. Pasó meses en múltiples cárceles de inmigración antes de ser deportado ilegalmente de regreso al país del que huyó décadas antes por persecución política.

"No sé por qué ICE quiere seguir tratándome como a un criminal", escribió Guevara en una carta al medio de noticias The Bitter Southerner durante su detención. Me duele saber que me han negado todos los privilegios y el derecho a ser libre cuando nunca he cometido ningún delito.

Guevara escribió sobre cómo los funcionarios de ICE lo mantuvieron injustamente en régimen de aislamiento y le negaron el debido proceso. Tras su liberación, Guevara declaró que tuvo que buscar tratamiento de salud mental y empezar a tomar medicación psiquiátrica para tratar episodios de depresión y pesadillas recurrentes.

Luego está el atroz secuestro de Rümeysa Öztürk, estudiante de doctorado en la Universidad de Tufts. Después de coescribir un artículo de opinión para el periódico de su campus, The Tufts Daily, que reconocía el genocidio en Gaza, Öztürk fue arrestada en la calle por agentes de ICE. El caso de deportación contra Öztürk fue finalmente desestimado a principios de este mes, casi un año después de su secuestro, pero la administración aún podría buscar una revisión de esa decisión.

Durante los siguientes cinco meses, Öztürk, becario Fulbright, fue encadenado y trasladado a cárceles del ICE tan lejanas como Luisiana. Aunque no es periodista de carrera, Öztürk también compartió relatos alarmantes de trato tortuoso durante su detención.

"Nunca podría haber imaginado tal calvario cuando llegué por primera vez a Estados Unidos en 2018 para cursar mis estudios de posgrado, aprender y crecer como académica, y contribuir al campo del desarrollo infantil", escribió Öztürk en un ensayo para Vanity Fair titulado "Dios no puede escucharnos aquí: lo que presencié dentro de una prisión de mujeres del ICE".

Estos horrores no están reservados exclusivamente para no ciudadanos como Hamdi, Guevara y Öztürk, quienes, es importante señalar, tenían visas o permisos de trabajo. Los ciudadanos estadounidenses han sufrido el mismo destino.

Steve Held, periodista con sede en Chicago y cofundador de Unraveled Press, fue detenido por agentes federales fuera de una instalación del ICE mientras informaba sobre una protesta en septiembre. Sus captores aparentemente se dieron cuenta de lo que las autoridades de otros lugares no: cuando encierras a un periodista, es probable que informe lo que ve. Su solución, sin embargo, no fue cambiar sus prácticas, sino tapiar las ventanas de la celda de Held para que no pudiera ver hacia afuera.
Culpable hasta que se demuestre lo contrario

Los relatos de personas detenidas por ICE muestran cómo ser retenido durante meses o incluso años antes de tener la oportunidad de impugnar la detención ante un juez conlleva serios costos personales, financieros y sociales. Pero su experiencia no es nueva. Un número significativo de ciudadanos estadounidenses soportan esto diariamente en todo el país.

Organizaciones de libertades civiles como la Unión Americana de Libertades Civiles han condenado la práctica de mantener a las personas en detención prolongada antes del juicio. El enfoque de "culpable hasta que se demuestre lo contrario" viola los principios fundamentales de la Constitución de los Estados Unidos.

Al recordar su arresto, Hamdi dijo: "Un agente me agarró por detrás, me arrojó contra el coche, me esposó fuertemente y me metió en el vehículo. Repetidamente afirmé que no había cometido ningún delito... No me dejaron llamar a mis abogados ni a mi familia. Fue una experiencia muy surrealista.

Según un informe de la Prison Policy Initiative, en 2023, casi el 70 por ciento de la población carcelaria nacional eran detenidos en espera de juicio. Ahora hay decenas de miles de personas detenidas por ICE sin orden de deportación. Al igual que otras cárceles estadounidenses, las cárceles de ICE carecen de programación u oportunidades educativas, limitan el acceso de las personas a la representación legal y proporcionan alimentos y atención médica de baja calidad, mientras encierran a los humanos en condiciones de vida deficientes.

Para colmo, las detenciones previas al juicio y a la deportación inducen la pérdida de salarios, la desestabilización de las estructuras familiares, complicaciones de salud física y mental, y los innumerables efectos adversos de ser tratado como un criminal, como declararse culpable de un delito o aceptar la deportación a pesar de supuestamente tener la ley de su lado. La falta de debido proceso combinada con el trato inhumano socava su moral. "Todos estábamos perdiendo la esperanza y partes de lo que somos", escribió Öztürk.

"La carga de estar confinados en interiores y aislados de nuestras vidas cotidianas fue pesada para todos", añadió. "Pasó factura al crecimiento, a las perspectivas profesionales, a los sueños y a nuestro bienestar".

Hamdi describió cómo un anciano de Uzbekistán que había sido destrozado por 13 meses de detención por parte de ICE le confió que estaba listo para ofrecerse como voluntario para la deportación a su empobrecido país, a pesar de saber que podría ganar su caso en los tribunales.

"Puedes tener este país", dijo Hamdi que confesó el hombre uzbeko.
No podemos respirar

Al comienzo de un documental de ABC News llamado No Way Out sobre la fallida respuesta de las prisiones de Texas a la pandemia de COVID-19 (donde he pasado casi tres décadas), se me puede oír decir: "¡No podemos respirar!".

Esas palabras no eran mera hipérbole. Describieron las condiciones de vida asfixiantemente inhumanas y la crueldad descarada dentro de las prisiones de Texas.

Mi clamor fue producto de ver morir a personas sanas en números récord por negligencia médica después de contraer el virus COVID-19; de presenciar suicidio tras suicidio porque se les negaba el acceso a la salud mental a las personas encarceladas; de hacer súplicas de ayuda sin respuesta porque se nos negaban necesidades humanas básicas como papel higiénico, jabón y desodorante; de consumir alimentos incomibles e insalubres día tras día.

Ese documental no logró impulsar ningún cambio significativo en el sistema penitenciario de Texas. Los suicidios y homicidios solo han aumentado anualmente. Las personas encarceladas siguen muriendo o sufriendo problemas de salud de por vida debido a la falta de acceso a servicios adecuados de salud mental y médicos. Se han implementado nuevas reglas punitivas que interrumpen la comunicación con seres queridos y destruyen los lazos familiares saludables. La comida sigue siendo repugnante y las mentalidades de los guardias de la prisión son tan duras como siempre. La gente se muere por salir, literalmente.

"Hace una década, dos asesinatos, una presunta sobredosis de drogas y un suicidio en una sola prisión en menos de dos semanas habrían sido impensables", escribió la periodista de investigación Keri Blakinger para el Houston Chronicle en septiembre sobre los acontecimientos en una prisión de Livingston, Texas.

Esas mismas condiciones que alimentan la crisis en Texas existen en prisiones y cárceles de todo el país, incluidas las instalaciones de ICE.

Öztürk escribió que la gente llegó "en relativa buena salud, pero sus condiciones se deterioraron día a día debido al acceso inadecuado a la atención médica, alimentos nutritivos, sueño, luz solar y aire fresco".

Los agentes federales ni siquiera brindan tratamiento a los periodistas a los que disparan, como al reportero de TikTok de Los Ángeles, Carlitos Ricardo Parias. Los cargos de que Parias embistió su vehículo contra el coche de un oficial de inmigración antes del tiroteo en junio pasado fueron desestimados posteriormente porque la versión del gobierno no era creíble. Pero su abogado le dijo a un juez que se le negó medicación para el dolor por sus heridas durante horas. Adam Rose de la Fundación para la Libertad de Prensa (quien también es el presidente de derechos de prensa del Club de Prensa de Los Ángeles) dice que Parias necesitaba morfina pero se le negó incluso ibuprofeno, y el abandono continuó incluso después de que un juez ordenara tratamiento.

Hamdi describió cómo los funcionarios de ICE deshumanizaban a las personas detenidas hasta el punto de que algunas tenían que tomar medicamentos para la salud mental solo para sobrevivir. "Respirar dentro del centro de detención era difícil, tanto simbólica como físicamente", expresó Öztürk en su ensayo.
La Gran y Hermosa Mentira

La pregunta molesta ahora es por qué, como nación, Estados Unidos permite que existan tales modelos de crueldad.

Una teoría es el fenómeno llamado "pánicos morales". Los pánicos morales ocurren cuando figuras de autoridad, incluidos miembros de las fuerzas del orden y políticos, seleccionan un puñado de anécdotas verdaderas sobre un tipo particular de comportamiento de un grupo particular de personas y trabajan con los medios para crear un frenesí en toda la sociedad.

Por ejemplo, durante la administración Biden, personalidades de medios de extrema derecha y medios tradicionales centraron su cobertura en incidentes aislados de inmigrantes indocumentados que cometían crímenes horribles, creando una narrativa engañosa de que los inmigrantes indocumentados eran los únicos responsables de la delincuencia en Estados Unidos.

A pesar de la aparente cantidad ilimitada de datos para refutar esta noción, esta narrativa falsa se convirtió en una piedra angular para la campaña presidencial de Donald Trump y lo impulsó de regreso a la Oficina Oval.

Después de su elección, el presidente Trump y sus representantes siguen difundiendo la misma falsedad con la ayuda de los medios de comunicación. Llamaron a los inmigrantes indocumentados asesinos, violadores, miembros violentos de pandillas y traficantes de drogas que debían ser expulsados del país a toda costa.

Esa gran y hermosa mentira llevó a la creación y aprobación del primer logro legislativo de Trump, el Gran y Hermoso Proyecto de Ley (BBB).

En lugar de asignar fondos para ayudar a las personas que luchan por obtener necesidades básicas como vivienda, alimentos y atención médica, el BBB destinó la cifra récord de 170 mil millones de dólares a criminalizar a los inmigrantes. Cuarenta y cinco mil millones se reservan exclusivamente para construir más cárceles de inmigración. Esta legislación aumentó el presupuesto de ICE en un 265 por ciento y su capacidad de camas de 40,000 a 160,000. Según The Marshall Project, el 85 por ciento de las camas actuales y futuras se alojarán en prisiones privadas, que un informe de 2026 de la Prison Policy Initiative reveló que recaudan 2.4 mil millones de dólares anuales de dinero de los contribuyentes.

Estas pánico morales también sirven para generar consentimiento para algo más siniestro: la criminalización, el proceso por el cual las poblaciones son consideradas indignas de sus derechos y merecedoras de castigo. El Estado utiliza la criminalización para desviar su responsabilidad por los problemas sociales que causa —crisis económica, pobreza, desplazamiento, guerra— hacia poblaciones que a menudo son víctimas de las políticas estatales, y para justificar los daños de la vigilancia y el encarcelamiento.

La presentación de los inmigrantes indocumentados como criminales ha permitido a los agentes de ICE desatar tácticas violentas sin precedentes contra todos los inmigrantes, o simples visitantes del extranjero, incluidos periodistas como Hamdi.

Se le debe recordar al público estadounidense que esta es la misma estrategia retórica utilizada por la fallida "guerra contra las drogas" de las administraciones Reagan y Bush y la farsa de los "superdepredadores" para demonizar a los jóvenes negros perpetuada por los Clinton.

Estas administraciones contribuyeron a que Estados Unidos se convirtiera en el líder mundial en encarcelar a sus propios ciudadanos y resultaron en la desensibilización general del público sobre cómo se trata a los humanos enjaulados. Ahora, más periodistas lo están viendo por sí mismos.
Queremos ser vistos como humanos de nuevo

El enfoque de la administración Trump para sofocar la disidencia con fuerza bruta es un territorio inexplorado, pero el trato inhumano de quienes están bajo custodia estadounidense es rutinario.

Por eso, como periodista encarcelado que ha dedicado los últimos 20 años a intentar educar a la sociedad sobre la cultura de crueldad desenfrenada que existe dentro de estos muros de las cárceles, centros de detención y prisiones de la nación, me siento alentado por la asistencia que estas dignas causas están recibiendo de mis colegas como Hamdi, Guevara, Held y Öztürk, y por los medios de comunicación que están proporcionando espacio para estas historias. Como dijo Öztürk, todo lo que queremos es "ser vistos como humanos de nuevo".

Lo que está sucediendo dentro de estos lugares no solo debería alarmar a la sociedad en su conjunto, sino que debería movilizarnos a la acción, especialmente a aquellos que quieren promover la causa de la liberación. Eso incluye unirse y apoyar a organizaciones de libertades civiles, grupos de ayuda mutua liderados por presos, campañas contra la construcción y expansión de cárceles, grupos de apoyo legal y medios de comunicación como la organización sin fines de lucro que fundé para empoderar a los periodistas encarcelados y destacar su trabajo, JoinJeremy.

"Saben que está mal", dijo Hamdi a la Fundación para la Libertad de Prensa durante un evento en línea en noviembre. Saben que si el público estadounidense se entera de la realidad de lo que está sucediendo, el ICE será desmantelado en un instante.

Hamdi puede que nos haya sobreestimado. Las condiciones en Dilley han sido ampliamente reportadas últimamente, pero hasta ahora no ha habido desmantelamiento. En cambio, la administración planea expandir la capacidad de ICE para albergar a personas. Esperemos que los talentosos escritores que ahora conocen de primera mano los horrores que traerá la expansión puedan ayudar a persuadir al público para que finalmente reconozca las injusticias actualmente ejemplificadas por las cárceles de ICE, pero igualmente prevalentes en todas las instituciones carcelarias." 

( , truthout, 20/02/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

Žižek: Trump, el Rey Rebelde... una de las características clave del mundo actuales que cada vez más estados dependen de bandas armadas criminales para mantener su poder. Haití es simplemente el caso más extremo de lo que se denomina un estado fallido, cosas similares están sucediendo en Ecuador, y en aquellas zonas de México que están totalmente controladas por los cárteles de la droga... también debemos mencionar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la política moralista de Irán. Funcionan como una fuerza policial ideológica y a menudo llegan a extremos que parecen avergonzar al gobierno... Luego está el Grupo Wagner, que el gobierno ruso utilizó como intermediario para mantener una negación plausible de las operaciones militares en el extranjero. Al final, se volvió contra el régimen de Putin... Pero el caso más evidente es el de los colonos israelíes que aterrorizan abiertamente a los palestinos que viven en Cisjordania. Actúan como un movimiento independiente, cometiendo crímenes que van desde quemar las casas y los olivos de los palestinos hasta golpear y matar a los propios palestinos. Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel se limitan a observar... Una vez más, una banda criminal es tolerada e incluso incitada por un estado que busca mantener una negación plausible... Luego está Trump. Anteriormente instigador de una insurrección contra la sede constitucional del poder en Estados Unidos, ahora está llevando a cabo su propia colonización interna al desplegar agentes militarizados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) -y ya no de la Guardia Nacional- en ciudades gobernadas por los demócratas para aterrorizar a sus habitantes. El ICE ha aumentado su plantilla en un 120% desde que Trump regresó a la Casa Blanca... Con el rostro enmascarado, actúan como los propios colonos de Cisjordania de Trump, entrando por la fuerza en las casas de la gente sin órdenes judiciales... Sin embargo, hay una disparidad clave: a diferencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu o de Putin, Trump no mantiene ninguna distancia con su “banda”. Es su comandante directo y le ordena que ignore las instituciones democráticas y los deseos de las autoridades locales... Trump es el máximo responsable de la aplicación de la ley en Estados Unidos y el máximo líder de la pandilla, todo a la vez... el rey de facto de Estados Unidos, que gobierna su país principalmente por decreto y, al mismo tiempo, el principal rebelde contra el Estado

 "LJUBLJANA – En el verano de 1989, Francis Fukuyama presentó su visión del fin de la historia. Dado que el capitalismo liberal-democrático es el mejor orden social posible, argumentó, no era posible ningún progreso adicional, salvo mediante la realización gradual del orden preferido en todo el mundo.

Pero el “fin” duró apenas tres décadas como máximo, y ahora nos encontramos en el extremo opuesto: la idea predominante hoy es que el orden mundial capitalista liberal-democrático, con sus reglas complejas que garantizan los derechos humanos básicos (libertad de expresión, atención médica universal, educación pública, etc.), se ha desintegrado. Está siendo sustituido por un nuevo mundo brutal en el que los peces grandes se comen a los pequeños y las ideologías ya no se toman en serio, porque lo que importa es el poder económico, militar y/o político puro y duro.

Por lo tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no intervino en Venezuela para restaurar la democracia en ese país; lo hizo, aparentemente, para obtener libre acceso a las inmensas reservas venezolanas de petróleo y minerales. Del mismo modo, el presidente ruso, Vladimir Putin, atacó Ucrania para apoderarse de territorio y restaurar la Gran Rusia que existía antes de la Revolución Bolchevique y, de forma diferente, después de ella.

La cosmovisión predominante es un realismo despojado de todas las ilusiones e ideales. Si eres un país pequeño, acepta que debes vivir con miedo. Si puedes disfrutar de un poder obsceno, hazlo -pero ten en cuenta que los principios no importan-. En este nuevo mundo posideológico, se dice muchas veces, la máscara de los derechos humanos, el respeto a la soberanía de otros estados y demás han desaparecido.

Pero nada de esto es cierto. Nuestro mundo posliberal está aún más impregnado de ideología que el orden liberal-democrático. La visión MAGA de Trump es pura ideología, aunque sus propios actos lo contradigan a diario. Steve Bannon, ideólogo clave del populismo trumpiano, se describe a sí mismo como un leninista que trabaja para destruir el Estado. Pero bajo el gobierno de Trump, la maquinaria estatal estadounidense se ha vuelto más fuerte y dominante que nunca, violando regularmente las leyes existentes e interviniendo en los procesos democráticos y en los mercados. Para MAGA, la “libertad de expresión” es la prerrogativa de los poderosos para ofender a los débiles (inmigrantes, no blancos y minorías sexuales), no el poder de los oprimidos y explotados para que sus voces se escuchen.

Lo mismo ocurre con Israel y Rusia, por citar solo dos ejemplos. Israel se ve ahora asediado por el fundamentalismo sionista, que invoca el Antiguo Testamento para legitimar la colonización brutal de Gaza y Cisjordania. De igual manera, Putin legitima su poder con una ideología euroasiática que se opone al liberalismo individualista occidental y supuestamente aprecia los valores cristianos tradicionales. Al priorizar a la comunidad, las personas deben estar dispuestas a sacrificarse por el Estado.

En este sentido, Alexander Kharichev, uno de los principales ideólogos de Putin, ha formulado las características básicas del Homo putinus, con su supuesta “naturaleza abnegada”: “Para nosotros, la vida en sí misma parece significar mucho menos que para un occidental. Creemos que hay cosas más importantes que la mera existencia. Eso, en esencia, es la base de cualquier fe”.

En todos estos casos, estamos lo más lejos posible de ver el mundo tal como es: lo que el “realismo” predominante ignora es la ideología extrema que el statu quo necesita para reproducirse.

Esta tensión subyace a una de las características clave del mundo actual: cada vez más estados dependen de bandas armadas criminales para mantener su poder. Haití, castigado durante más de 200 años por su exitosa revolución esclavista, es simplemente el caso más extremo de lo que se denomina un estado fallido, con bandas que controlan el 80% del territorio. Ahora, cosas similares están sucediendo en Ecuador (donde las bandas ocupan abiertamente partes de las ciudades) y en aquellas zonas de México que están totalmente controladas por los cárteles de la droga.

En este contexto, también debemos mencionar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la política moralista de Irán. Funcionan como una fuerza policial ideológica y a menudo llegan a extremos que parecen avergonzar al gobierno. Recordemos el asesinato de Mahsa Amini tras ser detenida por presuntamente llevar el velo de forma inapropiada. Luego está el Grupo Wagner, que el gobierno ruso utilizó como intermediario para mantener una negación plausible de las operaciones militares en el extranjero. Al final, se volvió contra el régimen de Putin.

Pero el caso más evidente es el de los colonos israelíes que aterrorizan abiertamente a los palestinos que viven en Cisjordania. Actúan como un movimiento independiente, cometiendo crímenes que van desde quemar las casas y los olivos de los palestinos hasta golpear y matar a los propios palestinos. Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel se limitan a observar, interviniendo solo si los palestinos se resisten activamente a los colonos. Una vez más, una banda criminal es tolerada e incluso incitada por un estado que busca mantener una negación plausible.

América primero

Luego está Trump. Anteriormente instigador de una insurrección contra la sede constitucional del poder en Estados Unidos, ahora está llevando a cabo su propia colonización interna al desplegar agentes militarizados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) -y ya no de la Guardia Nacional- en ciudades gobernadas por los demócratas para aterrorizar a sus habitantes. El ICE ha aumentado su plantilla en un 120% desde que Trump regresó a la Casa Blanca, reclutando a 12.000 nuevos agentes y oficiales mediante una campaña dirigida a los nacionalistas blancos, y entregándoles armas tras solo 47 días de entrenamiento. Con el rostro enmascarado, actúan como los propios colonos de Cisjordania de Trump, entrando por la fuerza en las casas de la gente sin órdenes judiciales. Un sacerdote mexicano que trabaja en Minneapolis describió al ICE como peor que los carteles de la droga de su país.

Sin embargo, hay una disparidad clave: a diferencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu o de Putin, Trump no mantiene ninguna distancia con su “banda”. Es su comandante directo y le ordena que ignore las instituciones democráticas y los deseos de las autoridades locales.

Así, como jefe del ejecutivo, Trump es el máximo responsable de la aplicación de la ley en Estados Unidos y el máximo líder de la pandilla, todo a la vez. Esto nos recuerda la visión de G. K. Chesterton de que “el cristianismo es la única religión en la tierra que ha creído que la omnipotencia hacia a Dios incompleto. Solo el cristianismo ha creído que Dios, para ser plenamente Dios, debía haber sido un rebelde además de un rey”. Con cierta ironía, podemos decir que Trump intenta, efectivamente, funcionar como el dios cristiano: el rey de facto de Estados Unidos, que gobierna su país principalmente por decreto y, al mismo tiempo, el principal rebelde contra el Estado.

El comportamiento reciente de Trump hace que esta paradoja sea aún más visible. Recientemente presentó una demanda contra el Servicio de Impuestos Internos (IRS), exigiendo 10.000 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios a una agencia del gobierno federal que él mismo supervisa, alegando que ha sido perjudicado a título personal. Parece que él tendría la última palabra sobre si acepta un acuerdo y de qué cuantía.

Incluso algunos legisladores republicanos han expresado sus recelos sobre una demanda que convierte a Trump en demandante y demandado a la vez, y él mismo ha reconocido su “posición extraña”, en la que tiene que “llegar a un acuerdo -negociar conmigo mismo”-. Como observó Adam Schiff, senador demócrata por California: “Hay que reconocerle una suerte de mérito perverso por la pura audacia de la estafa. Lisa y llanamente, descarado”.

Ya hemos visto algo similar antes, no en la realidad, sino en una película: la temprana obra maestra de Woody Allen Bananas (1971). En una escena en un tribunal, el héroe y acusado, Fielding Mellish, se hace pasar por su propio abogado y se interroga a sí mismo, lanzando preguntas agresivas al estrado vacío, para luego subir corriendo al banquillo y dar respuestas incoherentes y confusas. Medio siglo después, la realidad ha superado la broma."

(Slavoj Žižek, El Nuevo Siglo, 20/02/26, Copyright: Project Syndicate, 2026)

23.2.26

Un grupo de diputados de Texas alerta sobre las torturas, asesinatos y tratos inhumanos a los emigrantes detenidos en el centro de internamiento de Fort Bliss... señalaron que tres detenidos han muerto en el centro en tan solo dos meses... “Los abusos de los derechos humanos, el incumplimiento de los requisitos del proceso debido, la violación reiterada de las regulaciones federales, la clara falta de respeto a la Constitución de Estados Unidos y el asesinato son inadmisibles en cualquier rincón del territorio estadounidense, pero estos crímenes contra personas reales están ocurriendo en Texas y requieren que los orgullosos tejanos nos pongamos de pie en defensa de nuestra Constitución y usemos nuestro poder para poner fin a este abuso generalizado”, dicen los diputados (mpr21)

 "Un grupo de diputados de Texas alerta sobre las torturas, asesinatos y tratos inhumanos a los emigrantes detenidos en el centro de internamiento de Fort Bliss, el más grande del país, ubicado en una base militar en El Paso.

Al menos tres reclusos han muerto en el centro en tan solo dos meses, incluyendo uno que, según testigos, fue estrangulado por los carceleros.

“Hemos recibido numerosos informes creíbles de torturas, asesinatos y tratos inhumanos a personas detenidas en el centro de detención de migrantes Camp East Montana, ubicado en Fort Bliss”, declaró la diputada Ana María Rodríguez Ramos, quien se unió a otros 35 miembros de la Cámara de Representantes de Texas para exigir una investigación del centro.

Camp East Montana se construyó en agosto dentro de los esfuerzos del gobierno de Trump para intensificar la deportación masiva de inmigrantes por parte del ICE, la policía de emigración. La selección de Fort Bliss tiene un precedente histórico, ya que anteriormente se utilizó como lugar de internamiento de japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

Mediante la firma de un contrato secreto, el Pentágono otorgó en julio aproximadamente 1.200 millones de dólares a un contratista privado para construir un extenso campamento de tiendas de campaña que albergaría a unas 5.000 personas detenidas por la policía de emigración.

“Casi inmediatamente después de su apertura, los detenidos, sus familias y las organizaciones de vigilancia legal comenzaron a llamar la atención sobre las condiciones que se consideraban inadecuadas para los detenidos, incluso según los estándares internos establecidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)”, escribieron los diputados en una carta a Cole Hefner, que preside el Comité de Seguridad Nacional, Seguridad Pública y Asuntos de Veteranos de la Cámara de Representantes.

Durante los primeros 50 días de funcionamiento del campamento, las inspecciones del ICE revelaron que había violado más de 60 estándares de detención. El informe, elaborado en septiembre, no se hizo público, pero fue difundido por el Washington Post, que habló con decenas de detenidos.

“En la página web del ICE titulada ‘Gestión de la Detención’, se afirma que la detención no es punitiva”, escribieron los diputados. “Sin embargo, según un informe del Washington Post basado en declaraciones juradas de decenas de detenidos, el centro, durante meses, estuvo funcionando como una prisión en un país sin estándares de supervisión, salud ni seguridad para los reclusos”.

“Hubo quejas de que los inodoros y lavabos no funcionaron durante las primeras semanas tras la apertura del centro en agosto pasado. Se registraron quejas de que, durante las primeras semanas, el centro no alimentó adecuadamente a los detenidos. También se quejaron de otra violación de los estándares del ICE: la falta de acceso a teléfonos para que los detenidos se comunicaran con sus familiares y abogados”, asegura el informe.

A principios de esta semana, la congresista estadounidense Verónica Escobar, que visitó el centro sin previo aviso, reveló que se habían identificado al menos dos casos de tuberculosis y 18 casos de covid. “Mientras la empresa privada continúa embolsándose nuestros impuestos, es evidente que las condiciones empeoran”, declaró.

Los diputados estatales también citaron una carta enviada en diciembre por varios grupos de derechos humanos, que abordaba “casos de intentos ilegales y extrajudiciales de deportar detenidos a México”.

Un recluso, un inmigrante cubano identificado como “Benjamín”, dijo que fue amenazado por carceleros que intentaron obligarlo a firmar una carta en la que aceptaba ser deportado a México.

“Los guardias le dijeron que si no lo hacía, lo esposarían, le pondrían una bolsa en la cabeza y lo enviarían a México. Benjamín se negó a firmar el documento, alegando que tenía miedo de ir a México porque había oído que allí los emigrantes suelen ser secuestrados o asesinados”, decía la carta.

También enumeraba varios ejemplos de reclusos sometidos a agresiones físicas y sexuales a manos de los carceleros. “Las personas internadas en Fort Bliss denuncian que los carceleros les han aplastado los testículos con los dedos, los han tirado al suelo, los han pisoteado y les han dado puñetazos en la cara, y los han golpeado incluso después de estar esposados ​​e inmovilizados”, decía.

Los legisladores también señalaron que tres detenidos han muerto en el centro en tan solo dos meses. El 3 de diciembre se informó que el recluso guatemalteco Francisco Gaspar Andrés, de 48 años, falleció por causas naturales, concretamente por insuficiencia hepática y renal, según un comunicado de prensa de la policía de emigración.

Desde entonces, otros dos reclusos han fallecido. El 14 de enero, Víctor Manuel Díaz, de 36 años, fue hallado muerto en un aparente suicidio, aunque la causa de la muerte sigue bajo investigación.

Anteriormente, el Departamento de Seguridad Nacional informó que la muerte de otro recluso, Geraldo Lunas Campos, de 55 años y originario de Cuba, el 3 de enero. También fue un suicidio.

Sin embargo, testigos han declarado haber visto a carceleros asfixiando a Lunas Campos, a quien se le escuchó decir: “No puedo respirar”. Su muerte se ha declarado homicidio después de que una autopsia revelara que la causa de la muerte fue “asfixia por compresión del cuello y el torso”.

La carta señala que, si bien Lunas Campos fue “condenado por crímenes atroces”, incluyendo contacto sexual con una niña de 11 años, “no fue condenado a muerte por un juez ni un jurado; fue asesinado por alguien responsable de su cuidado, por razones o circunstancias desconocidas”.

“Como diputados texanos, es nuestra responsabilidad garantizar que podamos confiar en que las cárceles, prisiones y centros de detención en Texas operan conforme a nuestros altos estándares y expectativas”, declararon. “Debemos aprender más, investigar y dar respuestas a los millones de estadounidenses que exigen la verdad. También debemos asegurarnos de que esto no vuelva a suceder en ningún centro de detención federal”.

La solicitud de una investigación surge en un momento en que el DHS (Ministerio de Interior) planea convertir rápidamente al menos unas dos docenas de almacenes en nuevos centros de internamiento masivos en todo el país. Al menos tres de estos centros están previstos en Texas. Se espera que uno de ellos, previsto para la ciudad de Hutchins, a las afueras de Dallas, albergue a unos 9.500 reclusos.

“Los abusos de los derechos humanos, el incumplimiento de los requisitos del proceso debido, la violación reiterada de las regulaciones federales, la clara falta de respeto a la Constitución de Estados Unidos y el asesinato son inadmisibles en cualquier rincón del territorio estadounidense, pero estos crímenes contra personas reales están ocurriendo en Texas y requieren que los orgullosos tejanos nos pongamos de pie en defensa de nuestra Constitución y usemos nuestro poder para poner fin a este abuso generalizado”, dicen los diputados."                  (mpr21, 23/02/26)

9.2.26

Wolfgang Streeck: Estados Unidos siempre ha sido, sorprendentemente, propenso a la violencia, tanto a escala nacional como internacional... desde 1990 no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del planeta... Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a escala interna al incitar a la mitad de la población contra la otra mitad. Pero Trump no es responsable del sistema penitenciario estadounidense, extraordinariamente vasto y cruel, que es obra de sus predecesores... el orden basado en reglas ha sido inquietante desde al menos el bombardeo de Belgrado por la OTAN en 1999... este orden ha sido administrado por Estados Unidos, erigido en policía, tribunal y verdugo del mundo... pero Estados Unidos nunca se atuvo a este orden, véase el estado de emergencia permanente decretado en el marco de la «guerra contra el terrorismo»; la situación imperante en Israel y en los territorios palestinos ocupados, considerados como una zona experimental situada al margen de toda legalidad para provocar una despoblación total sin recurrir al uso de armas nucleares; o la más reciente cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden» encontramos todo un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo realmente existente, que ni siquiera ha rendido cuentas por su mortífera invención de la existencia de «armas de destrucción masiva» en Iraq

 "Wolfgang Streeck es director emérito del Max-Planck-Institut für Gesellschaftsforschung de Colonia, tras haber enseñado Sociología en el mismo y en la Facultad de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad de esa ciudad entre 1995 y 2014; es miembro del Consejo de Investigación del Instituto Universitario Europeo de Fiesole desde 2012 y ha enseñado Sociología y Relaciones Industriales en la Universidad de Wisconsin-Madison entre 1988 y 1995. Autor de decenas de artículos, entre sus publicaciones destacan las siguientes: Democracy at Work: Contract, Status and Post-Industrial Justice (con Ruth Dukes, 2022), ¿Cómo terminará el capitalismo? (2017), Comprando tiempo: La crisis pospuesta del capitalismo democrático (2014), y Re-Forming Capitalism: Institutional Change in the German Political Economy (2009). Ha editado también, entre otras, las siguientes obras: Politics in the Age of Austerity (con A. Schäfer, 2013); The Diversity of Democracy (con C. Crouch, 2006); Beyond Continuity: Institutional Change in Advanced Political Economies (con K. Thelen, 2005); The Origins of Nonliberal Capitalism: Germany and Japan (con K. Yamamura, 2001). Wolfgang Streeck colabora habitualmente con la New Left Review, Sidecar y Diario Red y mantiene este blog https://wolfgangstreeck.com

La siguiente entrevista se ha publicado originalmente en el Frankfurter Rundschau el pasado 24 de enero.

Durante su primer mandato, Donald Trump prometió centrarse principalmente en el pueblo estadounidense. ¿Estamos presenciando ahora, por el contrario, una especie de neoimperialismo estadounidense?

El programa de Trump para Make America Great Again siempre tuvo dos vertientes: reparar la sociedad estadounidense, que se encuentra profundamente atravesada por múltiples crisis, o restaurar el dominio mundial de Estados Unidos. Cuál de los dos cursos de acción era el dominante era una incógnita entonces y sigue siéndolo a día de hoy. En ocasiones constatamos una orientación aislacionista, a veces observamos un descarado intervencionismo; actualmente, ambos cursos de acción se hallan vigentes alternativa o incluso simultáneamente. La «Doctrina Donroe» de Trump es una versión particular de esta combinación: intervencionismo, pero limitado a América Central y América del Sur; nada nuevo en sí mismo. A escala mundial, ello equivaldría a una división del mundo en «esferas de influencia» regionales mutuamente respetadas en las que la correspondiente gran potencia gobierna más o menos a su antojo. Lo que no encaja en este cuadro es el apoyo incondicional prestado a Israel en su guerra de aniquilación perpetrada en Gaza y Cisjordania, ni las amenazas de bombardear Irán.

¿Por qué hay tan poca resistencia a las políticas de Trump en la democracia más antigua del mundo?

 A primera vista, esto resulta sorprendente, pero las apariencias engañan. La Constitución estadounidense tiene casi dos siglos y medio de antigüedad y nunca se ha adaptado a las realidades de un Estado centralizado moderno (hasta 1945 Estados Unidos ni siquiera tenía un ejército federal permanente). Durante un tiempo los antiguos controles y contrapesos cumplieron su misión, pero solo lo hicieron mientras el país funcionaba razonablemente bien. Dada la profunda crisis social en la que se encuentra sumido Estados Unidos desde hace mucho tiempo, las lagunas y las fracturas de la estructura constitucional se están haciendo totalmente visibles como queda demostrado por la facilidad con la que un personaje sin escrúpulos y ávido de poder como Trump, él mismo producto de esa crisis, ha podido explotarlas de un modo tan brutal (con cinco jueces del Tribunal Supremos nombrados de por vida prácticamente todo es posible), mientras engaña a sus votantes haciéndoles creer que la «miseria» de la que hablaba Carter en la década de 1970 finalmente va a ser superada.

¿Representa Trump un nuevo tipo de fascismo?

Para decirlo sin rodeos: en su comportamiento no hay nada nuevo bajo el sol, salvo que se ha dejado caer la hoja de parra. Y no toda la violencia es «fascista», no malgastemos el concepto, porque la suya es lo suficientemente intensa como para considerarla en sí misma. Estados Unidos siempre ha sido, por otro lado, sorprendentemente propenso a la violencia, tanto a escala nacional como internacional. Para los estadounidenses el período de posguerra comenzó con Hiroshima y Nagasaki, luego vinieron Corea, Vietnam (nadie sabe por qué se exterminó a más de tres millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos con napalm en esta guerra) y desde 1990 no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del planeta. Actualmente mantienen aproximadamente setecientas cincuenta bases militares repartidas por todo el mundo. Es cierto que Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a escala interna al incitar a la mitad de la población contra la otra mitad. Pero su tipo de guerra civil está muy lejos de la guerra contra esclavitud y de las guerras indias del siglo XIX, y Trump tampoco es responsable del sistema penitenciario estadounidense, extraordinariamente vasto y cruel, que es obra de sus predecesores.

¿Quiénes, por ejemplo?

Bueno, en política exterior, principalmente Bush y Cheney, que han causado estragos monumentales en Iraq, Afganistán y Siria, países que jamás habían hecho nada a Estados Unidos y que nunca podrían haberle hecho nada. Admito que la gran cantidad de muertes infligidas gracias a la tecnología avanzada, sin apenas pérdidas por su parte, tiene, desde el punto de vista fenomenológico, algo de fascista. En quince años de guerra murieron, como he indicado, aproximadamente tres millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos frente a cincuenta mil soldados estadounidenses, cifra que en la década de 1960 correspondía al número de víctimas mortales por accidentes de tráfico registradas en Estados Unidos anualmente.

¿Cómo deben comportarse los europeos con respecto a Estados Unidos y Trump? Algunos hablan de la relativa fortaleza de la UE como zona económica, mientras que otros destacan la desunión y la debilidad.

Ambas descripciones son correctas. Los estadounidenses seguirán jugando duro con los europeos durante bastante tiempo: Musk y sus colegas oligarcas se encargarán de ello. ¿Por qué pueden hacerlo? Fundamentalmente porque los europeos no pueden librar una guerra contra Rusia, ya sea caliente o fría, sin exponerse a las imposiciones de Estados Unidos, si este es su aliado. Y en lo que respecta a la «unidad», creo que Alemania no podrá seguir eternamente sosteniendo la política de sanciones impuesta por Estados Unidos contra Rusia, y especialmente contra China, por razones económicas. Igualmente, Alemania tampoco puede comprometerse con una política báltica o polaca, que conlleve el riesgo de tener que enviar tropas terrestres a combatir contra Rusia sin disponer de sus propias armas nucleares.

El canciller Merz confía en su «buena relación» con Trump y está aplicando una aproximación «amigable». ¿Es esta la estrategia correcta?

Nadie lo sabe. Pero, ¿qué se supone que debe hacer Merz? ¿Enviar la marina alemana a la bahía de Chesapeake y exigir la extradición de Trump al Tribunal Penal Internacional? Por otro lado, no puede mostrarse tan amable como María Corina Machado, ya que no ha ganado todavía el Premio Nobel de la Paz para poder regalárselo a Trump. (No es que de todas formas a ella le haya servido de mucho). ¿Recordáis la deferencia pública mostrada por Scholz  anteBiden, incluso cuando este último dijo a la prensa que los estadounidenses sabían muy bien cómo cerrar el Nord Stream 2, si los alemanes no lo hacían ellos mismos? Para comportamientos de este tipo tampoco necesitamos a Trump.

¿Crees que Groenlandia debería dejarse en manos de los estadounidenses para evitar un conflicto importante?

Tú y yo no tenemos voz en este asunto y, por lo tanto, no es necesario que tengamos una opinión al respecto. Los estadounidenses llevan mucho tiempo involucrados profundamente en Groenlandia, sin duda desde la Segunda Guerra Mundial y de forma permanente desde el inicio de la Guerra Fría. Si hubieras sobrevolado el norte de Groenlandia en un día soleado antes de 1990, como yo tuve la suerte de hacer, habrías visto alineadas una base militar estadounidense tras otra. Si quieres una predicción, hela aquí: dada la rusofobia imperante en Dinamarca, supongo que, con el apoyo de una OTAN reconfortada, el gobierno danés concederá a los estadounidenses algo así como la soberanía de facto sobre la isla, introduciendo pequeños ajustes cosméticos para salvar las apariencias.

¿Qué grado de peligrosidad alcanzará el conflicto entre Estados Unidos y China?

Se trata de un conflicto muy peligroso. Estados Unidos lleva mucho tiempo debatiendo sobre China, al menos desde la presidencia de Obama, y lo hace partiendo de la perspectiva de la llamada «trampa de Tucídides». En resumen, el historiador griego, él mismo un general muy admirado, explicó la derrota de los atenienses ante los espartanos en la Guerra del Peloponeso por el hecho de que los primeros habían esperado demasiado tiempo mientras Esparta crecía y se hacía más poderosa en lugar de atacarla tempranamente en un momento en el que podrían haber acabado con los espartanos rápidamente.

¿Qué significa eso?

Como sabemos, la estrategia militar oficial estadounidense tiene como objetivo impedir el surgimiento de cualquier otra potencia en cualquier parte del mundo capaz de rivalizar con Estados Unidos. El debate entre los expertos gira actualmente en torno a la cuestión de si ya ha pasado el momento adecuado para atacar a China o no. Hace unos días Trump anunció que el presupuesto de defensa de Estados Unidos aumentará el 50 por 100 hasta alcanzar los 1,5 billones de dólares en 2027. ¿Cuál es la función de ese presupuesto, cabe preguntarse?

No se aprecia ningún avance en las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia. ¿No indica esto que Putin no quiere la paz?

¿Y si Estados Unidos, o la Unión Europea en su caso, tampoco la quieren? A diferencia de Ursula von der Leyen y el resto de nuestros estrategas, Estados Unidos no da por sentado que Rusia pueda ser derrotada. Pero eso no les importa a los estadounidenses; les basta con que los europeos mantengan a Rusia ocupada en una guerra de desgaste «hasta el último ucraniano». Un efecto secundario positivo de la continuación de la guerra es que su prolongación sine die imposibilita cualquier acercamiento entre Alemania y Rusia, lo que constituye la pesadilla tradicional, especialmente de la política británica hacia Europa continental.

Bueno, la guerra en Ucrania la empezó Rusia, no Estados Unidos, ¿no?

Es una larga historia. No puedes planear el despliegue de misiles de alcance intermedio a 800 kilómetros de la capital de una potencia nuclear rival sin que esta reaccione. Pero estoy de acuerdo contigo en que Rusia ha logrado modernizar su armamento y convertirse en una economía de guerra durante los cuatro años de conflicto bélico, a pesar de haber sufrido aparentemente grandes pérdidas en el campo de batalla. Ahora parece estar ganando terreno cada día frente a una coalición europea, que había jurado a los ucranianos a principios de 2022 que la guerra habría terminado en Navidad con una derrota rotunda de Rusia (von der Leyen incluso anunció que «nosotros» «desmantelaríamos capa a capa» la sociedad industrial rusa mediante las milagrosas sanciones que ella misma había ideado).

¿Qué se deduce de esto?

Rusia puede ver ahora una oportunidad para ir mucho más allá de lo planteado en las negociaciones de Minsk y Estambul y optar por eliminar efectivamente a Ucrania como un Estado-nación viable en el futuro previsible, al tiempo que humilla por completo a la UE. Me imagino que Putin encontraría un escenario de este tipo irresistible. Los «europeos» se lo habrían buscado ellos mismos.

Macron planteó la idea de que Putin asistiera a la cumbre del G7. ¿Pura desesperación o una buena idea?

Una de las famosas autopromociones intrascendentes de Macron. Aparte de eso, es sorprendente lo exótico que se antoja el simple sentido común en estos días. ¿Cómo puede ponerse fin a una guerra, que no puede ganarse en el campo de batalla, si una parte se niega a hablar con la otra parte?

¿Estamos asistiendo al fin del mundo tal y como lo conocemos, caracterizado por su orden basado en reglas?

No sé hasta qué punto este mundo te resulta familiar; para mí, este orden basado en reglas ha sido inquietante desde al menos el bombardeo de Belgrado por la OTAN en 1999 con el bombardero estratégico Northrop B-2 Spirit, si no antes. Y, de todos modos, en realidad no se basaba en «reglas», salvo quizá en el caso del régimen comercial de la OMC, que, sin embargo, desde la crisis financiera de 2008 existe cada vez más solo sobre el papel. Este «orden basado en reglas», proclamado tras el llamado fin de la historia a principios de la década de 1990, ha sido administrado por Estados Unidos, erigido en policía, tribunal y verdugo del mundo, todo ello al mismo tiempo, y solo por él mismo a su total discreción. Estados Unidos nunca se atuvo a este orden: véase la invención del «deber de proteger» esgrimido durante la década de 1990; el estado de emergencia permanente decretado en el marco de la «guerra contra el terrorismo», que se ha ampliado continuamente después de 2001; la situación imperante en Israel y en los territorios palestinos ocupados, considerados como una zona experimental situada al margen de toda legalidad para provocar una despoblación total sin recurrir al uso de armas nucleares; o la más reciente cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden» encontramos todo un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo realmente existente, que ni siquiera ha rendido cuentas por su mortífera invención de la existencia de «armas de destrucción masiva» en Iraq, cuyo coste estimado asciende a la muerte de al menos 500.000 civiles.

¿Y qué ha cambiado con Trump?

A diferencia de sus predecesores, Trump renuncia a los cultos discursos pronunciados con una elocuencia legalista, pero el núcleo violento de su idea de una Pax Americana no es en absoluto nuevo. Por cierto, en comparación con Bush II y Obama, la pretensión de Trump de obtener el Premio Nobel de la Paz no es del todo absurda, al menos por ahora. Recordemos que Obama lo obtuvo gratis, un año después de comenzar su primer mandato. Y al final incluso Kissinger lo obtuvo.

Recomendamos leer Wolfgang Streeck, «Progreso tecnológico y cambio histórico: Engels, la guerra y la hipertrofia del Estado en el siglo XX», NLR 123, «¿Cómo terminará el capitalismo?», NLR 87, ¿Cómo terminará el capitalismo?, (2017),  Comprando tiempo: La crisis pospuesta del capitalismo democrático (2016), «La coyuntura leída por Wolfgang Streeck» y «La Unión Europea en guerra: dos años después», todos ellos publicados en Diario Red; «El retorno del rey», «El belicismo suicida de las democracias autoritarias occidentales», «Los peligros de la lealtad inquebrantable a Estados Unidos» y «La Unión Europea, la OTAN y el próximo orden mundial», todos ellos publicados en El Salto.

Este texto se ha publicado originalmente en Frankfurter Rundschau y se publica aquí con permiso expreso del entrevistado." 

(Entrevista a   Wolfgang Streeck, Michael Hesse  , DiarioRed,  30/01/26)

30.1.26

La violencia estadounidense... desde 1990, no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del mundo... y Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a nivel interno al incitar a la mitad de la población contra la otra... Trump renuncia a los discursos cultos pronunciados con una elocuencia legalista; pero el núcleo violento de su idea de una Pax Americana no es nada nuevo... el «orden basado en normas» fue administrado por Estados Unidos como policía, tribunal y verdugo del mundo, todo a la vez, y solo por ellos, a su discreción. Nunca aplicaron este orden a sí mismos: véase la invención del «deber de proteger» en la década de 1990, el estado de emergencia permanente en el marco de la «guerra contra el terrorismo», que se amplió continuamente después de 2001, Israel y los territorios palestinos ocupados como zona experimental sin ley para la despoblación no nuclear, la cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden»: un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo que ni siquiera pudo rendir cuentas por su mortífera invención de las «armas de destrucción masiva» iraquíes (con un estimado de 500 000 civiles muertos)... la gran cantidad de muertes infligidas gracias a la tecnología avanzada, sin apenas pérdidas por su parte, tiene, desde el punto de vista fenomenológico, algo de fascista. En 15 años de guerra, murieron aproximadamente tres millones de vietnamitas, frente a 50 000 soldados estadounidenses, lo que en la década de 1960 correspondía al número de víctimas mortales por accidentes de tráfico en Estados Unidos cada año (Wolfgang Streeck)

 "Durante su primer mandato como presidente, Trump prometió centrarse principalmente en el pueblo estadounidense. ¿Estamos presenciando ahora, por el contrario, una especie de neoimperialismo estadounidense?

El programa de Trump para «Hacer grande de nuevo a Estados Unidos» siempre tuvo dos vertientes: reparar la sociedad estadounidense, que se encuentra en crisis, o restaurar el dominio mundial de Estados Unidos. Cuál de estas dos vertientes prevalecería era una cuestión abierta, y sigue siéndolo hoy en día. A veces tenemos aislacionismo, a veces intervencionismo; actualmente, ambos de forma alterna o incluso simultánea. La «Doctrina Donroe» de Trump es una versión particular de esta mezcla: intervencionismo, pero limitado a América Central y del Sur; nada nuevo en sí mismo. A nivel mundial, esto equivaldría a una división del mundo en «esferas de influencia» regionales mutuamente respetadas, en las que una gran potencia gobierna más o menos a su antojo. Lo que no encaja en este panorama es el apoyo incondicional a Israel en su guerra de aniquilación en Gaza y Cisjordania, ni las amenazas de bombardear Irán.

¿Por qué hay tan poca resistencia a las políticas de Trump en la democracia más antigua del mundo?

A primera vista, esto resulta sorprendente. Pero no a segunda vista. La Constitución estadounidense tiene casi dos siglos y medio de antigüedad y nunca se ha adaptado a las realidades de un Estado centralizado moderno (hasta 1945, ni siquiera tenía un ejército federal permanente). Durante un tiempo, los antiguos controles y contrapesos se mantuvieron, pero solo mientras el país funcionaba razonablemente bien. En la profunda crisis social en la que se encuentra sumido Estados Unidos desde hace tiempo, las lagunas y fracturas de la estructura constitucional se están haciendo visibles y facilitan que una figura sin escrúpulos y ávida de poder como Trump —él mismo producto de la crisis— las explote brutalmente (con cinco jueces nombrados de por vida para el Tribunal Supremo, prácticamente todo es posible), mientras engaña a sus votantes haciéndoles creer que la «miseria» de la que hablaba Carter en la década de 1970 finalmente se está superando.

¿Representa Trump un nuevo tipo de fascismo?

Para decirlo sin rodeos: no hay nada nuevo en ello, salvo que se ha dejado caer la hoja de parra. Y no toda la violencia es «fascista»; no malgastemos el concepto. Estados Unidos siempre ha sido sorprendentemente propenso a la violencia, tanto a nivel nacional como internacional. Para ellos, el período de posguerra comenzó con Hiroshima y Nagasaki, luego Corea, Vietnam (ya nadie sabe por qué se exterminó a millones de personas con napalm allí) y, desde 1990, no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del mundo. Actualmente mantienen aproximadamente 750 bases militares repartidas por todo el mundo. Es cierto que Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a nivel interno al incitar a la mitad de la población contra la otra. Pero su tipo de guerra civil está muy lejos de la esclavitud y las guerras indias del siglo XIX, ni es responsable del sistema penitenciario extraordinariamente vasto y cruel; eso es obra de sus predecesores.

¿Quiénes, por ejemplo?

Bueno, en política exterior, principalmente Bush y Cheney, que causaron estragos en Irak, Afganistán y Siria, países que no habían hecho nada a Estados Unidos y que nunca podrían haber hecho nada. Admito que la gran cantidad de muertes infligidas gracias a la tecnología avanzada, sin apenas pérdidas por su parte, tiene, desde el punto de vista fenomenológico, algo de fascista. En 15 años de guerra, murieron aproximadamente tres millones de vietnamitas, frente a 50 000 soldados estadounidenses, lo que en la década de 1960 correspondía al número de víctimas mortales por accidentes de tráfico en Estados Unidos cada año.

¿Cómo deben comportarse los europeos con respecto a Estados Unidos y Trump? Algunos hablan de la relativa fortaleza de la UE como zona económica, mientras que otros destacan la desunión y la debilidad.

Ambos tienen razón. Los estadounidenses seguirán jugando duro con los europeos durante bastante tiempo; Musk y sus compañeros oligarcas se encargarán de ello. ¿Por qué pueden hacerlo? Lo más importante es que los europeos no pueden librar una guerra, ya sea caliente o fría, contra Rusia sin exponerse a las imposiciones de Estados Unidos. Y en lo que respecta a la «unidad», creo que Alemania no podrá seguir eternamente la política de sanciones de Estados Unidos contra Rusia, y especialmente contra China, por razones económicas. Tampoco puede comprometerse con una política báltica o polaca que conlleve el riesgo de tener que enviar tropas terrestres alemanas a combatir contra Rusia sin sus propias armas nucleares.

El canciller Merz confía en su «buena relación» con Trump y está aplicando un enfoque «amigable». ¿Es esta la estrategia correcta?

Nadie lo sabe. Pero, ¿qué se supone que debe hacer Merz? ¿Enviar a la marina alemana a la bahía de Chesapeake y exigir la extradición de Trump a la Corte Penal Internacional? Por otro lado, no puede mostrarse tan amable como María Corina Machado, ya que no tiene un Premio Nobel que donar. (No es que a ella le sirviera de mucho). ¿Recuerdan cómo Scholz se mostró públicamente amable con Biden, incluso cuando este último dijo a la prensa que los estadounidenses sabían muy bien cómo cerrar Nord Stream 2 si los alemanes no lo hacían ellos mismos? Tampoco se necesitaba a Trump para eso.

¿Creéis que Groenlandia debería dejarse en manos de los estadounidenses para evitar un conflicto importante?

Tú y yo no tenemos voz en este asunto y, por lo tanto, no es necesario que tengamos una opinión al respecto. Los estadounidenses llevan mucho tiempo profundamente involucrados en Groenlandia, desde la Segunda Guerra Mundial y, de forma permanente, desde la Guerra Fría. Si hubieras sobrevolado el norte de Groenlandia en un día soleado antes de 1990, como yo tuve la suerte de hacer, habrías visto una base militar estadounidense tras otra. Si quieres una predicción: dada la rusofobia de Dinamarca, supongo que, con el apoyo de una OTAN aliviada, concederá a los estadounidenses algo así como la soberanía de facto, con pequeños ajustes cosméticos para salvar las apariencias.

¿Qué peligro tendrá el conflicto entre Estados Unidos y China?

Mucho. Estados Unidos lleva mucho tiempo debatiendo sobre China, desde Obama, desde la perspectiva de la llamada «trampa de Tucídides». En resumen, el historiador griego, él mismo un general muy admirado, explicó la derrota de los atenienses ante los espartanos en la Guerra del Peloponeso por el hecho de que habían esperado demasiado tiempo mientras Esparta crecía y se hacía más poderosa, en lugar de atacar pronto, en un momento en el que podrían haber acabado con ellos rápidamente.

¿Qué significa eso?

Como saben, la estrategia militar oficial de Estados Unidos tiene como objetivo impedir el surgimiento de cualquier potencia en cualquier parte del mundo que pueda rivalizar con Estados Unidos. El debate entre los expertos gira actualmente en torno a la cuestión de si ya se ha perdido el momento adecuado para atacar o no. Hace unos días, Trump anunció que el presupuesto de defensa de Estados Unidos aumentará un 50 %, hasta alcanzar los 1,5 billones de dólares en 2027. ¿Para qué, cabe preguntarse?

No se aprecian avances en las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia. ¿No indica esto que Putin no quiere la paz?

¿Podría ser que Estados Unidos, o la Unión Europea, tampoco quiera la paz? A diferencia de Ursula von der Leyen y nuestros otros estrategas, los estadounidenses no dan por sentado que Rusia pueda ser derrotada. Pero eso no les importa; les basta con que los europeos mantengan a Rusia ocupada en una guerra de desgaste «hasta el último ucraniano». Un efecto secundario positivo es que una guerra prolongada hace imposible cualquier acercamiento entre Alemania y Rusia, lo que es la pesadilla tradicional, especialmente de la política británica hacia Europa continental.

Bueno, la guerra en Ucrania la empezó Rusia, no Estados Unidos, ¿no?

Es una larga historia. No se puede planear desplegar misiles de alcance intermedio a 500 millas de la capital de una potencia nuclear rival sin que esta reaccione. Pero estoy de acuerdo con usted en que Rusia ha logrado modernizar su armamento y convertirse en una economía de guerra durante los cuatro años de guerra, a pesar de haber sufrido aparentemente grandes pérdidas en el campo de batalla. Ahora parece estar ganando terreno cada día frente a una coalición europea que había jurado a los ucranianos a principios de 2022 que la guerra habría terminado en Navidad, con una derrota rotunda para Rusia (von der Leyen incluso anunció que «nosotros» «desmantelaríamos capa a capa» la sociedad industrial rusa mediante las milagrosas sanciones que ella misma había ideado).

¿Qué se deduce de esto?

Rusia puede ver ahora una oportunidad para ir mucho más allá de las negociaciones de Minsk y Estambul, y eliminar efectivamente a Ucrania como Estado-nación viable en el futuro previsible, al tiempo que humilla por completo a la UE. Me imagino que Putin encontraría algo así irresistible. Los «europeos» se lo habrían buscado ellos mismos.

Macron planteó la idea de que Putin asistiera a la cumbre del G7. ¿Pura desesperación o una buena idea?

Una de las famosas autopromociones intrascendentes de Macron. Aparte de eso, es sorprendente lo exótico que parece el simple sentido común en estos días. ¿Cómo se puede poner fin a una guerra que no se puede ganar en el campo de batalla si se niega a hablar con la otra parte?

¿Estamos asistiendo al fin de un mundo que conocemos, con su orden basado en normas?

No sé hasta qué punto este mundo te resultaba familiar; para mí, ha sido inquietante desde al menos el bombardeo de Belgrado con el bombardero estratégico Northrop B-2, si no antes. Y, de todos modos, en realidad no se basaba en «normas», salvo quizá el régimen comercial de la OMC, que, sin embargo, desde la crisis financiera de 2008 existe cada vez más solo sobre el papel. Proclamado tras el llamado fin de la historia a principios de la década de 1990, el «orden basado en normas» fue administrado por Estados Unidos como policía, tribunal y verdugo del mundo, todo a la vez, y solo por ellos, a su discreción. Nunca aplicaron este orden a sí mismos: véase la invención del «deber de proteger» en la década de 1990, el estado de emergencia permanente en el marco de la «guerra contra el terrorismo», que se amplió continuamente después de 2001, Israel y los territorios palestinos ocupados como zona experimental sin ley para la despoblación no nuclear, la cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden»: un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo que ni siquiera pudo rendir cuentas por su mortífera invención de las «armas de destrucción masiva» iraquíes (con un estimado de 500 000 civiles muertos).

¿Y qué ha cambiado con Trump?

A diferencia de sus predecesores, Trump renuncia a los discursos cultos pronunciados con una elocuencia legalista; pero el núcleo violento de su idea de una Pax Americana no es nada nuevo. Por cierto, en comparación con Bush II y Obama, la pretensión de Trump al Premio Nobel de la Paz no es del todo absurda, al menos por ahora. Recordemos que Obama lo obtuvo gratis, un año después de comenzar su primer mandato. E incluso Kissinger lo obtuvo al final.

La siguiente entrevista se publicó por primera vez en el Frankfurter Rundschau el 24 de enero.

Wolfgang Streeck , New Left Review, 28/01/26, traducción DEEPL)