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20.5.24

El 70% de la tierra cultivable del mundo está controlada ahora por sólo el 1% de las explotaciones agrícolas más grandes del mundo... Desde el año 2000 se han acaparado en todo el mundo tierras que ocupan aproximadamente el doble de la superficie de Alemania... la demanda de tierras continúa sin control, el desarrollo actual está exacerbando la desigualdad de la tierra y haciendo que la producción de alimentos a pequeña y mediana escala sea cada vez más inviable, lo que provoca revueltas de agricultores, éxodo rural, pobreza rural e inseguridad alimentaria. Con la duplicación de los precios mundiales de la tierra agrícola en 15 años, los agricultores, campesinos y pueblos indígenas están perdiendo sus tierras

"El aumento del precio de la tierra, el acaparamiento de tierras y los planes de reducción de emisiones de carbono están creando un «estrangulamiento de tierras» sin precedentes, que amenaza a los agricultores y a la producción de alimentos, según revela un exhaustivo informe del Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES-Food) elaborado con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

El estudio expone la alarmante escalada del acaparamiento de tierras en diversas formas, como las «apropiaciones verdes», los instrumentos financieros opacos y la especulación, la rápida extracción de recursos y la producción intensiva de cultivos de exportación. Desde el año 2000 se han acaparado en todo el mundo tierras que ocupan aproximadamente el doble de la superficie de Alemania.

Como destaca el informe, están surgiendo nuevas e importantes presiones derivadas de las «apropiaciones verdes» para proyectos de compensación de carbono y biodiversidad, iniciativas de conservación y combustibles limpios. Los gobiernos y las empresas están adquiriendo enormes extensiones de tierras agrícolas para estas «apropiaciones verdes», que ya representan el 20% de los acuerdos de tierras a gran escala. Los compromisos de los gobiernos para la eliminación de carbono de la tierra suman por sí solos casi 1.200 millones de hectáreas, lo que equivale al total de las tierras de cultivo del mundo. Se prevé que los mercados de compensación de carbono se cuadrupliquen en los próximos siete años.

Esta tendencia mundial de acaparamiento de tierras y «acaparamiento verde» está afectando especialmente al África subsahariana y a América Latina, mientras que la desigualdad de tierras crece más rápidamente en Europa Central y Oriental, América del Norte y América Latina, y Asia Meridional. Sorprendentemente, el 70% de la tierra cultivable del mundo está controlada ahora por sólo el 1% de las explotaciones agrícolas más grandes del mundo.

A medida que la demanda de tierras continúa sin control, el desarrollo actual está exacerbando la desigualdad de la tierra y haciendo que la producción de alimentos a pequeña y mediana escala sea cada vez más inviable, lo que provoca revueltas de agricultores, éxodo rural, pobreza rural e inseguridad alimentaria. Con la duplicación de los precios mundiales de la tierra agrícola en 15 años, los agricultores, campesinos y pueblos indígenas están perdiendo sus tierras (o se ven obligados a reducirlas), mientras que los jóvenes agricultores se enfrentan a importantes obstáculos para acceder a la tierra para cultivar.

El nuevo estudio Land Squeeze identifica las medidas transformadoras necesarias para lograr un acceso significativo y equitativo a la tierra, entre ellas situar las respuestas comunitarias en el centro de las políticas climáticas y de biodiversidad, tomar medidas enérgicas contra las dudosas compensaciones de carbono y la especulación con la tierra, devolver la tierra a los agricultores mediante modelos innovadores de financiación y propiedad, y lograr un nuevo acuerdo para los agricultores y las zonas rurales, acompañado de una nueva generación de reformas agrarias integrales.

Informe completo en inglés: Descargar el PDF "

(Fundación Rosa Luxembugo, IPES-FOOD,)

30.8.23

En Honduras un enfoque democrático del aceite de palma desafía al statu quo

 "Una empresa del norte del país muestra cómo las cooperativas de aceite de palma pueden empoderar a las comunidades mientras obtienen beneficios

La cooperativa de aceite de palma Hondupalma es un faro de esperanza en un contexto de violencia en Honduras, afirman personas relacionadas con la empresa. Al reunir a más de 600 pequeños propietarios, todos ellos socios de la compañía, Hondupalma desafía el modelo predominante de las grandes empresas familiares de aceite de palma, explican, y añaden que también empodera a las comunidades.

Sin embargo, en medio del inquietante panorama del país, marcado por los ataques a los agricultores, la cooperativa se enfrenta a sus propios retos: le ha costado diseñar una estrategia global para afrontar los desafíos relacionados con el clima y no tiene un plan de relevo para dirigir la empresa. A medida que sus miembros envejecen, la posibilidad de que Hondupalma pierda los valores que la han sustentado se hace cada vez más real. (...)

Aunque ha traído consigo desarrollo económico y prosperidad, el cultivo de palma no ha estado exento de controversias medioambientales y sociales. En particular, la industria ha estado plagada de disputas por la propiedad de la tierra que enfrentan a campesinos y pequeñas cooperativas con poderosos terratenientes, y a menudo terminan en violencia.

Del total de la producción nacional, el 61% proviene de solo tres empresas ―Corporación Dinant, Grupo Jaremar y Aceydesa― y sus plantaciones están ubicadas donde se han registrado los mayores niveles de violencia. Hondupalma, por su parte, produjo alrededor del 8% de la producción nacional en 2021, según cálculos basados en su informe a la RSPO (Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible).

Para Elvin Hernández, sociólogo e investigador del ERIC-SJ, un centro hondureño de investigación y comunicación, la crisis sociopolítica que vive la industria del aceite de palma repite el patrón de las élites bananeras del siglo pasado: “Acaparar tierras, explotarlas con monocultivos y conspirar con el Estado”.

 En una zona del norte de Honduras ―el valle del Bajo Aguán, en el departamento de Colón―, 160 campesinos han sido asesinados en la última década. Los conflictos entre los terratenientes de la zona y los campesinos despojados de sus tierras tienen una larga historia, y no parece que vayan a resolverse pronto. Hace más de un año se hizo un nuevo intento de resolución. Los trabajadores agrícolas y la administración de la presidenta Xiomara Castro firmaron un acuerdo para reducir la violencia en la zona. El ambicioso documento pretendía poner fin a la crisis de forma integral, centrándose en los derechos humanos, la reparación a las víctimas y el acceso a la justicia mediante la investigación de los delitos cometidos contra ellas.

Sin embargo, desde esa fecha han sido asesinados otros cinco trabajadores agrícolas. ¿Qué ha pasado con la iniciativa del gobierno castrista? La situación es compleja, pero Jhony Rivas, portavoz de la Plataforma Agraria del Valle del Aguán, tiene clara una cosa: “Los terratenientes tienen mucho poder en el país”.

Un enfoque alternativo

Hondupalma, una de las empresas de aceite de palma más reconocidas del país, se fundó en 1982 en Guaymas, un pequeño pueblo del Valle de Sula, al norte de Honduras, conocido por organizaciones y comunidades como la cuna de los movimientos campesinos que lucharon por las reformas agrarias.

Ramón Cruz, o “Monchito”, uno de sus fundadores, nos cuenta que Hondupalma es fruto de los ideales que han motivado las luchas campesinas por la tierra y la dignidad desde los años cincuenta. (...)

Anualmente, estas plantaciones producen alrededor de 222.000 toneladas de racimos de fruta de palma, que ellos mismos procesan para fabricar aceite comestible, jabón, detergente y otros productos bajo sus tres marcas: Clavel, Jansur y El Portal. “Exportamos a El Salvador, Nicaragua y Guatemala e incluso a Europa; estamos en Holanda y Alemania”, dice.

Para Monchito, lo que distingue a Hondupalma es el hecho de haber logrado este éxito comercial sin perder su identidad de cooperativa socialmente responsable fundada por grupos campesinos.  

Su organización es ampliamente democrática. Los 603 socios, a los que el Estado concedió tierras en el marco de la reforma agraria, están organizados en 30 empresas asociativas. Cada una elige a tres representantes para que formen parte del consejo de administración, órgano que selecciona al director general y a los cargos clave y de confianza de la empresa, todos socios o hijos de socios, explica Monchito. Los beneficios se distribuyen entre los socios, se reinvierten en la empresa o se utilizan para apoyar proyectos que benefician a los socios y sus comunidades, como formación técnica, un hospital comunitario y financiación asequible. “Se trata de un círculo virtuoso: si las comunidades y la tierra son buenas, la producción y los beneficios también lo son”.

Eduardo Hernández, presidente de la junta directiva, afirma que otro elemento que diferencia a Hondupalma es que cuenta con una empresa filial, Energéticos Renovables Hondupalma, que genera electricidad renovable exclusivamente para la empresa matriz, utilizando biogás producido a partir de las aguas residuales oleosas sobrantes del proceso de extracción del aceite de palma. La central tiene una capacidad de producción de 2000 kilovatios hora y suministra el 45% del consumo total de electricidad de Hondupalma.

Elvin Hernández reconoce la importancia del modelo cooperativo de Hondupalma, no sólo como alternativa en cuanto a la tenencia de la tierra, sino también para mitigar los impactos ambientales de la producción de aceite de palma, y la clave está en la visión de la empresa. “Lo que está ocurriendo no es lo mismo que en el Valle del Aguán, donde tres familias acumulan beneficios para sí mismas”, afirma. “En cambio, Hondupalma es una empresa con sentido comunitario y respeto por la tierra, creada para mejorar la calidad de vida de las comunidades”.

 Por su origen campesino y cooperativo, demuestra que en Honduras es posible una empresa de palma aceitera que supere los conflictos históricos de tenencia de la tierra. Pero, ¿es posible mitigar el impacto ambiental atribuido a la industria del aceite de palma?

Eduardo Hernández afirma que la empresa reflexiona constantemente sobre el impacto medioambiental del monocultivo y asume la responsabilidad de minimizar los efectos colaterales del cultivo de la palma aceitera. Sin embargo, la palma aceitera es el único cultivo que soporta las constantes inundaciones del Valle de Sula, afirma.

En los últimos años, Honduras ha experimentado cada vez más periodos de sequía seguidos de fuertes lluvias. La sequía es un problema para la palma aceitera porque necesita mucha agua. Honduras se encuentra dentro del “corredor seco“, una gran extensión de tierra en Centroamérica que también abarca Guatemala, El Salvador y Nicaragua. La región y su agricultura son especialmente vulnerables a los riesgos asociados al cambio climático, lo que a su vez ha tenido importantes repercusiones económicas y amenazado la seguridad alimentaria.

Aunque Honduras cuenta con abundantes fuentes de agua, el acceso a ellas, especialmente al agua potable, es cada vez más escaso. La privatización de pozos y reservas de agua potable, la contaminación por aguas residuales o desechos animales, más el consumo de las industrias extractivas, contribuyen a agotar, deteriorar y reducir las fuentes de agua.

El ecologista hondureño Juan Mejía advierte sobre la amenaza que supone la expansión del cultivo de la palma aceitera. “Cada palma africana, a partir de los 12 años, consume entre 40 y 50 litros de agua al día en promedio. Esa cantidad de agua que se extrae de la palma no se puede reponer”, afirmó.

La sequía y la falta de infraestructuras de abastecimiento han provocado una verdadera crisis hídrica que afecta a gran parte de la población hondureña.

 Sin embargo, Hondupalma afirma someterse a normas internacionales de certificación como las de la RSPO, que exigen el cumplimiento de compromisos sociales y medioambientales, entre ellos, la gestión ética y transparente, el respeto de los derechos humanos y laborales y la conservación de los ecosistemas. Y éste es el compromiso constitutivo de la cooperativa, afirma Eduardo Hernández, porque “la apuesta de la empresa es la comunidad; aquí nadie trabaja para hacerse millonario o acumular beneficios para un pequeño grupo. La misión es mejorar la vida de los socios de la empresa y eso pasa por el cuidado de la tierra”.

Cuando se trata de áreas protegidas, Hondupalma ratifica su compromiso de respetarlas y preservarlas mediante visitas a sus plantaciones y la asignación de códigos que garantizan que no se afectan reservas nacionales. “Hondupalma enseña que es posible una relación armoniosa entre los agricultores, las empresas, la producción de palma y el medioambiente”, concluye Elvin Hernández. “Pero para ello hay que renunciar al acaparamiento de tierras, al dinero como fin y a la violencia como medio”. (...)

En un panorama político y empresarial difícil, Hondupalma ha cosechado grandes éxitos en sus primeras décadas. De cara al futuro, es probable que estos retos ―en particular, sobrevivir en un mercado competitivo con márgenes reducidos, dominado por empresas respaldadas por familias poderosas― perduren. Encontrar un liderazgo que preserve los principios colectivos de la empresa, que hasta ahora han ofrecido un modelo alternativo convincente, podría ser vital para garantizar su éxito en el futuro."               (lany Mariela Pérez  , Rebelión, 19/08/2023)

29.12.17

Pues no, no sólo no hemos acabado con el hambre, sino que nunca hubo tantos hambrientos en el mundo... 815, 82 más que en 2015... y con la desigualdad en cotas de la Edad Media... sin remedio

"Según el dogma el “Tercer Mundo” ya no existe. Por otra parte ya no se habla de “países subdesarrollados”, sino de “países en desarrollo” y el relato moderno nos asegura que esos países se convertirán pronto en “países emergentes”. 

La ideología poscomunista pronosticaba “el fin de la historia”. Prometía un futuro luminoso en el reino del libre comercio. Anunciaba los nuevos tiempos de la “globalización feliz”. La apertura y la desregulación de los mercados llevaban la promesa de un porvenir radiante. 

Propagada desde hace tres decenios, esta fábula liberal se desmorona frente a la realidad. En su último informe sobre El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, la ONU declara que 815 millones de personas sufrieron malnutrición en 2016, es decir, 82 millones más que en 2015. Hablando claro el 11 % de la población mundial se muere de hambre.

 No solo hemos llegado a un récord absoluto (la humanidad nunca ha tenido tantos hambrientos), sino que además la situación se sigue deteriorando y para 2017 las asociaciones esperan lo peor. 

Las desigualdades llegan a cotas vertiginosas. Traspasado a la Edad Media, el abismo que separa a nuestros superricos de las masas empobrecidas habría horrorizado a los aristócratas más egoístas. Pero para nuestros liberales la acumulación y la concentración de capital a niveles astronómicos son signos positivos. Según OXFAM el 1 % más rico posee el 48 % de la riqueza mundial y el 20 % siguiente en riqueza posee el resto. Al 80 % restante, es decir, la aplastante mayoría, solo le quedan migajas. 

Este contraste entre 815 millones de hambrientos y un puñado de multimillonarios debería provocar la indignación general. Pero nos acomodamos en el fatalismo como si se tratase de una catástrofe natural. (...)

Por conformismo ideológico, la burocracia de la ONU retuerce la interpretación de los hechos.
Omite, por ejemplo, que el deterioro de la situación alimentaria se explica ampliamente por el retroceso de la agricultura campesina en favor del agronegocio. 

Bajo el empuje de las multinacionales de la agroalimentación se transforman millones de hectáreas de agricultura variada y ganadería en zonas francas “desfiscalizadas” donde se implantan monocultivos para la exportación. Esta política deja a los pequeños agricultores a merced de las fluctuaciones de los mercados internacionales. Secuestrada por la globalización, la agricultura local y campesina se hunde. 

Para la ONU el cambio climático y las guerras de todo tipo son los principales responsables de la malnutrición. Pero esta imputación de la miseria humana a causas accidentales tiene el efecto de minimizar las causas estructurales, limpia de toda sospecha los mecanismos de la explotación capitalista y la mentira implícita es que las multinacionales no tienen nada que ver. 

Al contrario, la incriminación del cambio climático extiende la responsabilidad de la miseria al ciudadano de a pie. ¿El trabajador que utiliza su coche para ir al trabajo no es tan culpable como Monsanto? 

No es culpa del cambio climático que miles de niños se vean obligados a trabajar en las plantaciones de cacao de Costa de Marfil. El sometimiento de ese pequeño país a las multinacionales del chocolate es directamente responsable. (...)

País de una pobreza extrema, Malí está presa en la inestabilidad política y se enfrenta a una rebelión sobre la que se injerta el terrorismo. Pero el saqueo de sus riquezas mineras por parte de Francia no es ajeno a ese caos de seguridad. 

La rebelión tuareg se encendió cuando Areva firmó un acuerdo con Níger para la explotación de los yacimientos de uranio ignorando a las poblaciones nómadas. ¿Simple coincidencia? Los países del Sahel son los más pobres del mundo y las tropas francesas están más presentes que nunca. 

Con su hipocresía habitual, la ONU olvida decir que el hambre reina en los países donde Occidente se ha dedicado a sembrar el caos. En Sudán del Sur favoreció una secesión catastrófica. En Somalia desplegó sus tropas y ayudó al estallido del país. En Siria atiza el fuego de una guerra interminable. 

En Libia destruyó un Estado soberano y entregó el país a las milicias. En Yemen suministra las armas con las que Riad masacra a la población civil. La ONU tiene razón cuando dice que las guerras han deteriorado la situación alimentaria. Ahora solo le falta precisar que esas guerras son las guerras imperialistas."                 (Bruno Guigue , Le grand soir, en Rebelión, 07/12/17)

15.4.16

Sr. Rivera, el país que tiene proporcionalmente el mayor número de asesinatos políticos del mundo, es ¿Venezuela?... pues no, es Honduras. Debiera proponer que sea juzgada también... es que tiene más méritos, y gobierno liberal

"(...)  El silencio ensordecedor de los liberales como Rivera sobre el modelo liberal de Honduras

Hoy el país donde todos los derechos humanos (los económicos, los sociales, los cívicos y los políticos) han sido violados más sistemáticamente en Latinoamérica ha sido y continúa siendo Honduras, gobernado por un tiempo por un partido liberal perteneciente precisamente a la misma familia política del partido Ciudadanos, del cual el Sr. Rivera es el Presidente. 

Y tal gobierno liberal fue resultado de un golpe militar en el año 2009 contra el gobierno del presidente Zelaya, democráticamente elegido. Tal golpe ocurrió en el año 2009, instalándose un gobierno del partido liberal que intentó legitimar su mandato recurriendo a unas elecciones fraudulentas denunciadas internacionalmente. 

Tal partido impuso en 2010 unas leyes de propiedad rural que afectaron muy negativamente a los intereses de los pequeños agricultores, indígenas la mayoría, que pasaron a ser brutalmente reprimidos por el Ejército y la policía, aumentando de una manera muy notable el asesinato de sus dirigentes y de las voces críticas frente a tal matanza. 

Dicho gobierno y sus sucesores han aplicado políticas de carácter represivo, con una clara violación de todos los derechos humanos, incluyendo los derechos cívicos y políticos, siendo considerado este país por parte de organizaciones internacionales de defensa de derechos humanos, como el país hoy en América Latina que tiene el mayor número (en términos proporcionales) de asesinatos políticos, no solo en América Latina, sino en todo el mundo, siendo a la vez uno de los países con mayores desigualdades sociales y mayor pobreza de ese continente. 

En realidad, esta situación determina que Honduras se haya convertido en el país origen del mayor número de niños y adolescentes que huyen de Latinoamérica como refugiados a EEUU, habiéndose transformado este caso en un escándalo internacional, aunque el lector español no lo sabrá si se limita a ver solo la prensa española (conocida internacionalmente por su escasa diversidad ideológica, lo cual ha sido denunciado incluso por The New York Times). (...)

 El último asesinato es el de Berta Cáceres, dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, seguido de otro asesinato, dos semanas más tarde, de otro dirigente, Nelson García, y así un largo etcétera, habiéndose generado una protesta internacional que ha determinado una investigación del Congreso de EEUU (véase Congressional Briefing: “The Assassination of Berta Cáceres and Ongoing Killings and Attacks Targeting Social Activists in Honduras”, March 30, 2016).

 Según PEN International, tales asesinatos se realizan con plena impunidad, sin que nadie sea juzgado por ellos. 100 miembros del Congreso de EEUU han denunciado este asesinato sistemático de campesinos y sus defensores. Mientras, las Cortes Españolas están a punto de juzgar a Venezuela a propuesta del partido del Sr. Rivera, supuestamente el gran defensor de los derechos humanos. 

Y, cómo no, con las cajas de resonancia provistas por los grandes medios, incluido El País, a el gran promotor de Ciudadanos, que nunca ha dicho ni pio sobre las matanzas que ocurren en Honduras. Y todo ello bajo la supuesta defensa de los derechos humanos, derechos sistemáticamente violados en Honduras (...)"     

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 8 de abril de 2016, en www.vnavarro.org, 08/04/16)

27.3.13

“Esto es duro pero muy digno”

"Hace ahora un año, jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) ocuparon la finca de Somonte en Palma del Río (Córdoba), un proyecto de producción agrícola ecológica que reivindica el histórico lema de “la tierra para el que la trabaja”.

En las casas que hay dentro del terreno de la finca Somonte viven 17 personas, que trabajan en dos turnos de cuatro horas (mañana y tarde) una tierra que hasta su llegada estaba abandonada. Las tareas son compartidas, las decisiones se toman en asamblea y los habitantes se levantan a las seis de la mañana para iniciar la jornada de trabajo.

 Tras un año de ocupación, Somonte es un ejemplo para muchos. Especialmente en Andalucía, donde el índice de desempleo es el mayor de Europa, con un 35%. Lola Álvarez lleva muchos años en el SAT “luchando por dignidad” --como dice ella-- y le gusta advertir a los foráneos que a Somonte “se viene a trabajar”.

¿Cómo surge Somonte?

El día cuatro de marzo del 2011 ocupamos esta finca de 400 hectáreas. La ocupación fue por el Sindicato Andaluz de Trabajadores, estuvimos aquí todo el día, como otras veces, pero un grupo de compañeros de la zona ya teníamos la idea de no hacer más ocupaciones simbólicas, porque ante la situación que está pasando Andalucía no podemos hacer más ocupaciones simbólicas, sino quedarnos en la tierra, para trabajar, para cultivar y para crear puestos de trabajo.

Un año después cuál es la valoración que hacéis.

Aquí no había vida cuando nosotros ocupamos, ahora sí. La 400 hectáreas estaban abandonadas, no había nada. La gente que estamos aquí viviendo no tenemos ningún recurso, lo que tenemos son nuestras manos y muchas ganas de trabajar.

 Por eso --gracias también a que hay mucha solidaridad de gente de todo el mundo-- hemos podido construir todo lo que tenemos ahora: 50 hectáreas de trigo; 20 de girasol; cinco de col, lechuga, habas y ajos... Vamos a poner garbanzos y tenemos un buen número de ovejas, de cabras de gallinas... 

En un año hemos hecho mucho, pero lo más importante es haber conocido a tantas personas solidarias, que gente de tantos idiomas haya llegado hasta aquí para mostrarnos su apoyo, que es lo que más necesitamos, porque esto es duro, pero muy digno. Y nosotros por lo que luchamos es porque la clase trabajadora no pierda su dignidad.

En los últimos meses se ha producido una ofensiva mediática y judicial contra el SAT, especialmente a raíz de la marcha jornalera que encabezó Sánchez Gordillo a finales del verano pasado. ¿Cómo se vive desde dentro?

Nosotros llevamos luchando desde el Sindicato mucho tiempo. Desde la ocupación de la finca de Somonte, la acción del Mercadona y las marchas jornaleras, tenemos mucha más fuerza en Andalucía. Para nosotros siempre es bueno que se hable de nosotros, aunque sea para decir cosas malas, porque la gente se da cuenta que los que mandan nos tienen miedo. De todas las luchas siempre saco una valoración buena, porque no hay otro medio. Nadie regala nada. 

La lucha es dura, se sabe cuándo se empieza pero no cuándo se termina. Pero cuando es por causas dignas como crear puestos de trabajo y vivir de tus propias manos, sin limosna ninguna, es bueno siempre.  (...)

¿Qué perspectivas de futuro tienen en Somonte?

Las mismas que el primer día, poner en producción las 400 hectáreas, llenarlas de manos trabajando, crear una cooperativa --en comunicación con otras para distribuir nuestros productos--, gestionar nuestra propia producción. No queremos propiedad ninguna, la tierra no puede tener propiedad.

 Reivindicamos también una alimentación sana y por eso toda nuestra producción es ecológica, no queremos dar nuestro trabajo a las grandes multinacionales, ni que haya intermediarios por medio, queremos llevar nuestros productos y nuestros cultivos a la gente, a un precio asequible. Eso es lo que vamos a hacer."           (Entrevista a Lola Álvarez, miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores y trabajadora en la finca ocupada de Somonte, Jacobo Rivero ,, Diagonal, Rebelión, 27/03/2013)

13.4.12

Según el Banco Mundial, el año pasado, 41 millones de hectáreas de tierras cultivables fueron acaparadas por fondos de inversiones y multinacionales únicamente en África

"La crisis financiera de 2007-2008 provocada por la delincuencia bancaria tuvo en especial dos consecuencias.

 La primera: los fondos especulativos (hedge funds) y los grandes bancos se trasladaron después de 2008, abandonando los mercados financieros para orientarse hacia mercados de bienes primarios, principalmente agrícolas.

 Si observamos los precios de los tres alimentos básicos (maíz, arroz y trigo), que cubren el 75% del consumo mundial de alimentos, vemos que aumentaron de forma explosiva. En 18 meses, el precio del maíz aumentó un 98%, la tonelada de arroz pasó de 105 dólares a 1.010 dólares y la tonelada de trigo para harina dobló su precio desde septiembre de 2010, pasando a 271 euros.

 Esta explosión de precios produce beneficios astronómicos a los especuladores, pero mata en los barrios miserables a centenares de miles de mujeres, hombres y niños.
La segunda consecuencia es la carrera de los hedge funds y otros especuladores por las tierras cultivables del hemisferio sur.

Según el Banco Mundial, el año pasado, 41 millones de hectáreas de tierras cultivables fueron acaparadas por fondos de inversiones y multinacionales únicamente en África, con el resultado de la expulsión de los pequeños campesinos.

 Lo que se debe denunciar es el papel del Banco Mundial, y también del Banco Africano de Desarrollo, que financian estos robos de tierras. Para justificarse, estas organizaciones enuncian la teoría perniciosa de que la productividad agrícola en África es muy baja. Cosa cierta.

 Pero se debe aclarar que no es porque los campesinos africanos sean menos competentes o menos trabajadores que los campesinos franceses. Es porque esos países están estrangulados por su deuda externa. No tienen dinero para constituir reservas para casos de catástrofes ni para invertir en la agricultura de subsistencia.

Es falso que la solución vendrá de la cesión de las tierras a las multinacionales.
Lo que hay que hacer es que esos países sean capaces de invertir en agricultura y de dar a los campesinos los instrumentos mínimos para aumentar su productividad: herramientas, riego, buenas semillas, abonos.

Un ejemplo: el 3,8% de las tierras africanas son de regadío. En todo el continente sólo existen 250.000 animales para el trabajo agrícola y algunos miles de tractores. Los abonos minerales, las semillas seleccionadas están, en gran medida, ausentes."          (Attac Madrid, 30/03/2012, Éric Toussaint CADTMConsejo Científico de Attac Francia )

3.11.11

"Las inversiones de la NFC en Uganda han provocado la expulsión de entre 20.000 y 25.000 personas de los distritos de Kiboga y Mubende"

"La New Forests Company (NFC) fue fundada en Londres en 2004 con un ambicioso objetivo: convertirse en la principal empresa forestal del África oriental. Siete años después -y con una superficie de plantación y tala de 27.000 hectáreas que se extienden por Uganda, Tanzania, Mozambique y Ruanda-, no solo ha alcanzado su meta, sino que en el camino se ha convertido en un centro de poder e influencia en el cada vez más rentable negocio de la compra de tierras en los países pobres.

Nombrada “Inversionista del Año” por las autoridades ugandesas en 2008, la NFC ha llamada la atención de importantes financiadores e instituciones internacionales de desarrollo, desde el Banco Europeo de Inversiones hasta el HSBC o un gran fondo de inversión respaldado por el Banco Mundial.

No es para menos. Como destaca la NFC en su página web, su negocio es “garantizar tanto retornos atractivos para los inversores como beneficios sociales y medioambientales significativos”.

De hecho, la responsabilidad social y medioambiental constituye una marca de identidad para esta compañía, que parece tener las cosas claras: “prevenir es mejor que curar”.
Los hechos, sin embargo, muestran el peculiar concepto de ‘responsabilidad social’ de la National Forest Company. De acuerdo con la minuciosa investigación realizada por Oxfam, las inversiones de la NFC en Uganda han provocado la expulsión de entre 20.000 y 25.000 personas de los distritos de Kiboga y Mubende.

Miles de familias fueron expulsados de sus tierras entre 2005 y 2010 por la Autoridad Nacional Forestal, que les acusó de haber ocupado ilegalmente este territorio. Aunque en un país cuajado de limbos legales pocas de ellas pudieron demostrar sus títulos de propiedad, existen pruebas de que buena parte de los habitantes han residido en estas áreas desde hace al menos veinte, treinta e incluso cuarenta años.

Apoyándose en el ejército y la policía, la NFC podría haber sido responsable del desalojo violento, el maltrato y la destrucción de las propiedades, cultivos y animales de estas personas. Peor aún, de la pobreza a la que han sido condenadas. Su reacción, sin embargo, ha sido negar cualquier responsabilidad.

Durante las últimas semanas se ha producido un amargo intercambio de acusaciones entre Oxfam y la NFC, que afirma que los habitantes de estas regiones abandonaron sus tierras de manera “voluntaria y pacífica”. La compañía niega su implicación en los episodios de violencia y se remite a una evaluación independiente que investigará las alegaciones.

Pero todavía no está claro si se permitirá una investigación en profundidad por parte de observadores no controlados por la empresa. Lo único que sabemos hasta ahora es que varias de las personas que denunciaron las acciones de la NFC han sufrido amenazas. Tras un llamamiento de Oxfam a la sociedad británica, la compañía ha realizado el compromiso público de detener los interrogatorios.

Los episodios de Kiboga y Mubende no solo han volatilizado la imagen de fantasía de uno de los principales inversores europeos en la agricultura africana, sino que también han puesto de manifiesto la inutilidad de los códigos voluntarios de conducta promovidos por el Banco Mundial y otros organismos internacionales para regular un fenómeno conocido como ‘acaparamiento de tierras’.
Como señala un contundente informe de Oxfam publicado hace algunas semanas, el único modo de garantizar que las inversiones en la tierra de los países pobres no violan derechos fundamentales de sus poblaciones es someter a todas las partes a reglas firmes, transparentes y equilibradas, incluyendo leyes nacionales de consentimiento libre e informado.
Hasta que eso ocurra, los 227 millones de hectáreas vendidos o arrendados desde 2001 en decenas de países pobres ofrecen las garantías jurídicas del Salvaje Oeste." (blogs El País, '3.500 millones', 25/10/2011)

23.8.11

Hoy se produce comida para 12.000 millones de personas... cuando en el planeta habitan 7.000. Comida, hay. Entonces, ¿por qué pervive el hambre?

"Vivimos en un mundo de abundancia. Hoy se produce comida para 12.000 millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cuando en el planeta habitan 7.000.

Comida, hay. Entonces, ¿por qué una de cada siete personas en el mundo pasa hambre? (...)

El hambre no es una fatalidad inevitable que afecta a determinados países. Las causas del hambre son políticas. ¿Quiénes controlan los recursos naturales (tierra, agua, semillas) que permiten la producción de comida? ¿A quiénes benefician las políticas agrícolas y alimentarias?

Hoy, los alimentos se han convertido en una mercancía y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un segundo plano.Se señala a la sequía, con la consiguiente pérdida de cosechas y ganado, como uno de los principales desencadenantes de la hambruna en el Cuerno de África, pero ¿cómo se explica que países como Estados Unidos o Australia, que sufren periódicamente sequías severas, no padezcan hambrunas extremas? (...)

En muchos países del Cuerno de África, el acceso a la tierra es un bien escaso. La compra masiva de suelo fértil por parte de inversores extranjeros (agroindustria, Gobiernos, fondos especulativos...) ha provocado la expulsión de miles de campesinos de sus tierras, disminuyendo la capacidad de estos países para autoabastecerse.

Así, mientras el Programa Mundial de Alimentos intenta dar de comer a millones de refugiados en Sudán, se da la paradoja de que Gobiernos extranjeros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Corea...) les compran tierras para producir y exportar alimentos para sus poblaciones.

Asimismo, hay que recordar que Somalia, a pesar de las sequías recurrentes, fue un país autosuficiente en la producción de alimentos hasta finales de los años setenta. Su soberanía alimentaria fue arrebatada en décadas posteriores.

A partir de los años ochenta, las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para que el país pagara su deuda con el Club de París, forzaron la aplicación de un conjunto de medidas de ajuste.

En lo que se refiere a la agricultura, estas implicaron una política de liberalización comercial y apertura de sus mercados, permitiendo la entrada masiva de productos subvencionados, como el arroz y el trigo, de multinacionales agroindustriales norteamericanas y europeas, quienes empezaron a vender sus productos por debajo de su precio de coste y haciendo la competencia desleal a los productores autóctonos. (...)

Pero, ¿cuáles son las razones de la escalada de los precios? Varios indicios apuntan a la especulación financiera con las materias primas alimentarias como una de las causas principales. (...)

Se calcula que, en palabras de Mike Masters, del hedge fund Masters Capital Management, un 75% de la inversión financiera en el sector agrícola es de carácter especulativo. Se compran y venden materias primas con el objetivo de especular y hacer negocio, repercutiendo finalmente en un aumento del precio de la comida en el consumidor final. (...)

La crisis alimentaria a escala global y la hambruna en el Cuerno de África en particular son resultado de la globalización alimentaria al servicio de los intereses privados.

La cadena de producción, distribución y consumo de alimentos está en manos de unas pocas multinacionales que anteponen sus intereses particulares a las necesidades colectivas y que a lo largo de las últimas décadas han erosionado, con el apoyo de las instituciones financieras internacionales, la capacidad de los Estados del sur para decidir sobre sus políticas agrícolas y alimentarias.

Volviendo al principio, ¿por qué hay hambre en un mundo de abundancia? La producción de alimentos se ha multiplicado por tres desde los años sesenta, mientras que la población mundial tan solo se ha duplicado desde entonces.

No nos enfrentamos a un problema de producción de comida, sino a un problema de acceso. Como señalaba el relator de la ONU para el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, en una entrevista a EL PAÍS: "El hambre es un problema político. Es una cuestión de justicia social y políticas de redistribución". (ESTHER VIVAS: Los porqués del hambre. El País, ed. Galicia, 30/07/2011, p. 29)

6.6.11

"Tres compañías controlan el 90 por ciento del comercio mundial de grano"

"Mil millones de personas acóstandose con hambre cada noche; 200 millones más que hace solo una década. Una demanda de alimentos que crecerá un 70 por ciento en los próximos 40 años mientras el rendimiento de las tierras es cada vez más bajo y la variabilidad de las lluvias más acentuada.

Una carrera entre inversores para quedarse con las tierras más productivas en los países pobres, en una rapiña que ha alcanzado los 80 millones de hectáreas en solo siete años. Entre un 30 y un 50 por ciento de la comida desperdiciada por el descuido de los ricos y la falta de infraestructura de los pobres.

Tres compañías que controlan el 90 por ciento del comercio mundial de grano. Gobiernos de Europa y EEUU alimentando motores en vez de bocas con una insensata política de biocombustibles que se lleva buena parte del maíz y el aceite de palma que antes consumían las poblaciones pobres.

Un casino especulativo en el mercado de alimentos que se ha multiplicado por 25 entre 2003 y 2008. Un sistema de ayuda alimentaria que deja 6 de cada 10 dólares de ayuda estadounidense en manos de sus grandes productores y empresas navieras.

Un sistema alimentario roto. Y una bomba de relojería en un planeta que alcanzará los 9.000 millones de habitantes en 2050." (El País, Blog 3.500 millones, 01/06/2011)

21.1.10

Las causas del hambre...

“Jean Ziegler… expresó muy rotundamente lo que es el hambre: “un crimen organizado contra la humanidad” (página 19)

“Los factores que están haciendo que mueran 30.000 personas de hambre cada día, que sólo en 2009 el número de hambrientos haya aumentado en 100 millones de personas, no son difíciles de descubrir y entender.

De hecho, no puede pensarse que el hambre sea algo que se padece exclusivamente en países radicalmente pobres, sino en los que a pesar de disponer en algún momento o ahora mismo de recursos suficientes no pueden ponerlos al servicio de sus ciudadanos. Unas veces es la tierra, otras el agua y últimamente las semillas, es decir, los recursos más básicos que poco a poco van acumulándose por los grandes propietarios o empresas multinacionales.

Los informes de las Naciones Unidas viene poniendo claramente de manifiesto que el reforzamiento de los derechos de propiedad que reclaman, con éxito, los grandes propietarios y empresas sólo sirve para que éstos aumenten su poder de mercado y para que aumenten los precios de los insumos, lo que aleja a los pequeños campesinos de la posibilidad de garantizar la mínima seguridad alimentaria a sus poblaciones. Y que la extensión continua de los derechos de propiedad a nuevas variedades de semillas están verticalizando la cadena alimentaria, de modo que los pequeños productores cada vez tienen menos autonomía y posibilidades de orientar la producción hacia la satisfacción de las necesidades de su entorno. Además de fomentar el monocultivo que proporciona altos réditos comerciales pero pocos recursos alimentarios de las poblaciones.

Los informes internacionales también denuncian sin mucho éxito como el acceso al crédito, especialmente el de las mujeres (que producen más de la mitad de la producción alimentaria mundial, y entre el 80 y el 90% de la de los países más pobres, pero que sólo reciben el 10% de la financiación dirigida a la agricultura), se restringe cada vez más, cuando eso se podría resolver con una milésima parte de lo que se ha dedicado a salvar a los bancos que han provocado la crisis financiera.

Las relatorías vienen denunciando desde hace años que la regulación en la que se mueven las grandes compañías multinacionales, por llamarla de algún modo, es extraordinariamente lesiva para el derecho a la alimentación de los seres humanos, precisamente porque en ningún caso hacen valer este derecho ante cualquier otro privilegio comercial.” (Página 20)

“ también es cada vez más evidente que, si bien es verdad que la producción agroalimentaria necesita formas de financiación específicas a nivel nacional e internacional, la vinculación hoy día existente entre los canales de financiación y los mercados financieros especulativos sólo está sirviendo para alimentar la ingeniería financiera, las burbujas y la inseguridad alimentaria” (página 22)

“El nuevo relator de las Naciones Unidas, el belga Olivier de Schutter… también ha sido bastante claro al poner de relieve el daño que la producción de biocombustibles está conduciendo a la hora de disfrutar del derecho básico a alimentarse. En su opinión, la política de Estados Unidos y de la unión europea en este campo es “irresponsable” y el despliegue nos dio combustibles “un escándalo que sólo sirve a los intereses de un pequeño grupo de poder” (página 22)

“por extensión, lo necesario a nivel global para combatir el hambre es invertir el equilibrio de poder, reconocer el derecho a la alimentación como plenamente exigible y anteponerlo a cualquier otro y evitar que su disfrute esté constantemente amenazado por una lógica comercial y financiera que, además de injusta, es completamente insostenible” (página 22)

(Juan Torres López: El hambre en su contexto. Temas para el debate, nº 181, Diciembre, 2009, p. 19/22)