Mostrando entradas con la etiqueta c. Crisis económica: España: Soluciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Crisis económica: España: Soluciones. Mostrar todas las entradas

27.1.20

La España vaciada quiere un ministerio contra la despoblación y un pacto de Estado

"Coordinar mejor un movimiento deslocalizado que crece, hacer incidencia política hasta conseguir un pacto de Estado u organizar un congreso sobre despoblación con especialistas de prestigio son tres de los planes que aparecen en la nueva hoja de ruta que unas 80 plataformas de la España vaciada diseñaron el pasado fin de semana en Nieva de Cameros (La Rioja).

 "Para nosotros es el problema más importante que existe en España", explica Manuel Gimeno, portavoz de Teruel Existe, sobre la despoblación. También quieren que el nuevo Gobierno incluya en su estructura un Ministerio contra la Despoblación. 

Más de 80 plataformas, que forman la Revuelta de la España Vaciada, estuvieron representadas en el pueblo riojano, donde también tuvieron que lidiar con la falta de cobertura o de acceso a Internet. Los allí presentes hicieron un balance de 2019 y diseñaron cómo aprovechar el impulso de este último año para conseguir sus objetivos a corto, largo y medio plazo. 

Esta Revuelta de la España Vaciada tiene como inicio el 26 de enero de 2019, cuando Teruel Existe y Soria Ya se reunieron, inspirados por la manifestación que se organizó en Madrid en 2003 bajo el lema "Desarrollo para todos". Recuperaron ese espíritu, pero ampliando el movimiento. El 31 de marzo consiguieron dar un golpe en la meseta, con una manifestación multitudinaria en Madrid para pedir un Pacto de Estado contra la Despoblación. El 4 de octubre, pararon durante cinco minutos 3.800 pueblos españoles para protestar contra la desatención de las administraciones.

Aunque movimientos como Teruel Existe o Soria Ya lleven muchos años trabajando en sus zonas, durante el último año sus reivindicaciones se han colado en la agenda mediática y política y han florecido en otras  áreas despobladas. Ahora toca gestionar el éxito de un movimiento muy descentralizado.

 En junio nació la Coordinadora de la España Vaciada y en esta última reunión han hilado un poco más fino, creando una comisión coordinadora con 20 representantes de organizaciones y colectivos de Andalucía, Aragón, Castilla y León , Castilla-La Mancha, Extremadura, Galicia, Navarra y La Rioja. El objetivo es ser más operativos: "Hemos constituido un veintena de grupos de trabajo para que vayan más rápido las tomas de decisiones", explica Toño Palomar, que estuvo en la reunión representando a Soria Ya.

Mayor influencia política

La plataforma Revuelta de la España Vaciada también quiere aprovechar el apoyo social y mediático de este 2019 para aumentar su influencia política. "Tuvimos que presentarnos como una plataforma de electores tras años como movimiento social", recuerda Manuel Gimeno, de Teruel Existe, sobre el salto a las instituciones en las elecciones del pasado noviembre, donde consiguieron un diputado y dos senadores. 

El pasado agosto, dentro de su ronda de contactos con la sociedad civil, Pedro Sánchez convocó a los representantes de la España vaciada para escuchar su problemática. Durante estas semanas, Tomás Guitarte acude ya como diputado de Teruel Existe a las reuniones para la investidura con el PSOE. El miércoles será el próximo encuentro. (...)

El objetivo de esta cita es analizar bien los casos de los territorios y conocer también otras experiencias, incluso, fuera de las fronteras españolas. "Si podemos traer expertos internacionales, mejor. Nosotros vivimos la problemática, pero muchos no somos expertos", explica el portavoz de Soria Ya sobre otra de las metas de esta actividad: diseccionar medidas y casos de éxito.

Con esta veintena de grupos territoriales establecidos, trabajarán durante los próximos tres meses hasta que pongan fecha al próximo reencuentro. Siendo fieles a su propósito, lo harán en algún pueblo del Jaén vaciado."                     (Sara Montero, Cuarto Poder, 17/12/19)

31.12.19

¿Qué margen tiene el gobierno de coalición para reorientar la economía? Aumentar la recaudación fiscal, reducir las desigualdades, impulsar reformas para incrementar la productividad a largo plazo, hacer pedagogía sobre las limitaciones que los tratados europeos han construido sobre las economías nacionales…

"(...) existe un enriquecedor debate sobre política económica para los próximos años. Cuando se analizan los posibles riesgos de este ejecutivo, se hace referencia principalmente a las cifras de deuda y al déficit público registrados en España, muy superiores a los de 2007, al principio de la crisis. 

¿Qué margen tiene un probable gobierno de coalición frente a estas limitaciones? ¿Existen alternativas a la política económica que se ha seguido en estas últimas décadas? 

Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional en FUNCAS, recomienda aprovechar el hecho de que los tipos de interés están en mínimos históricos para reducir nuestra exposición a los mercados financieros (...)

Las reformas propuestas por Torres contemplan los efectos a corto y largo plazo: “Algunas acciones, especialmente en materia laboral, pueden cumplir ambos objetivos a la vez. Se trata de reducir la excesiva temporalidad en el empleo. La reforma de las pensiones, de la fiscalidad y de la educación son también urgentes. Todo ello, además, serviría para equilibrar las cuentas públicas –un empleo de buena calidad tiende a cotizar más a la Seguridad Social, y la supresión de exoneraciones fiscales incrementará los recursos públicos”. 

Pero, ¿es tan alarmante el problema del déficit y la deuda pública? (...)

Torres aconseja una estrategia de reducción de deuda y déficit al tiempo que se fomentan medidas para que la producción crezca más, lo que lograría reducir la cuantía de estos ratios y, por tanto, de la posible alarma entre nuestros prestamistas.  Es lo que Lídia Brun, investigadora visitante en la Universidad Libre de Bruselas, denomina la sostenibilidad de la deuda (...) numerador (deuda) y denominador (PIB) no son independientes. Los recortes en gasto público reducen la deuda, sí, pero también el PIB. Si se reduce nuestra capacidad de pago, de poco nos sirve que se reduzca la deuda”. 

Lídia Brun subraya el peso de la recaudación fiscal sobre la sostenibilidad de la deuda, algo que algunos medios y analistas prefieren ignorar: “Debería preocuparnos que España siga sin reducir su brecha de recaudación, que está 8 puntos porcentuales por debajo de la media de la zona euro (38% frente al 46% del PIB de media, aproximadamente). Se nos escapa mucha recaudación a través de deducciones, bonificaciones y desgravaciones de varios impuestos (sociedades, IRPF, patrimonio…), que son esencialmente regresivas.  (...)

Obsesionarse con la reducción de la deuda y del déficit puede provocar problemas adicionales, como el de olvidarse de otras vulnerabilidades de la economía: “El paro es la principal anomalía de la economía española y debería estar ocupando todas las portadas. En 2019 seguimos con más de 3,3 millones de personas en paro (14.2%) y más de 1 millón de hogares con todos sus miembros en el desempleo. La incidencia negativa que tienen estos números sobre el bienestar social es imposible de exagerar. Una cuestión que parece más candente, como es la sostenibilidad de las pensiones, está directamente relacionada con la poca capacidad de generar empleo de calidad. (...)

En España, durante la burbuja, el desempleo apenas bajó del 8%. Estos son los niveles de paro que tienen otras economías durante las crisis. Pedirle a un país que acometa reducciones draconianas de su déficit público cuando tiene los niveles de desempleo que tiene España es indignante”.   (...)

“El reto más apremiante al que nos enfrentamos como humanidad es el cambio climático. Ahí, el liderazgo del sector público para acometer una transformación productiva sistémica es crucial, y la cantidad de empleos necesarios para llevar a cabo esta tarea no es menor. A pesar de ello, los niveles de inversión pública están en mínimos históricos. Por poner un ejemplo, España es uno de los países con más sol y viento de la UE. 

Sin embargo, el porcentaje de energía renovable en el mix energético no alcanza el 20%, mientras que en los países nórdicos, con menos sol, supera el 40%. Reformar el mercado invirtiendo en renovables, poniendo coto al oligopolio energético y reduciendo los precios de la energía no sólo contribuiría a disminuir la pobreza energética, sino que mejoraría la productividad de las empresas y la balanza de pagos, al no tener que importar tanto petróleo (ni depender de países de dudosa calidad democrática). Esto me parece más prioritario que reducir el déficit”.

Cambiar las reglas, cuanto antes, para ser soberanos

Para otros economistas, el problema estriba en el disfuncional diseño de las instituciones comunitarias. Esteban Cruz es investigador en la Universidad de Lisboa y presidente de la Red Modern Money Theory España (Teoría Monetaria Moderna)  (...)

Esteban Cruz considera que la falta de soberanía monetaria afecta lesivamente a la autonomía económica y a la democracia: “Cualquier Estado que haya renunciado a la administración de su moneda, como España y el resto de los países de la zona euro, está sometido al chantaje de los llamados mercados. Una vez abierta la veda, los objetivos presupuestarios pasan a un primer plano, provocando la retirada de aquellas políticas económicas y sociales que no gustan a las élites. La Unión Monetaria Europea está diseñada para que funcione como un dique contra la democracia”.  (...)

Cruz subraya que buena parte de la izquierda está atrapada en los límites del déficit y la deuda, y que se limita a solucionar el problema con una mayor recaudación a los más pudientes: “A los ricos hay que gravarles por justicia social, para que no acumulen un abominable poder que luego ejercen sobre el Estado y las políticas públicas. 

Pero el dinero no crece en sus bolsillos y es preciso conocer el verdadero origen de este. En realidad, es el diseño disfuncional de las instituciones europeas –supervisión externa de las cuentas, libertad de movimiento de capitales– el causante de esta farsa que permite a los ricos tener la sartén por el mango y que concede a las empresas la constante posibilidad de deslocalizarse”. 

“La izquierda está equivocada, pero, una vez hecha la renuncia a cambiar las reglas de juego, no puede hacer otra cosa, por muchos cálculos optimistas que realice sobre recaudación y efectos multiplicadores. Esto se traduce en promesas incumplidas y desesperanza, cabreo, confusión, y la instrumentalización de estos sentimientos por parte de la extrema derecha. (...)

Aumentar la recaudación fiscal, reducir las desigualdades, impulsar reformas para incrementar la productividad a largo plazo, hacer pedagogía sobre las limitaciones que los tratados europeos han construido sobre las economías nacionales… Este próximo gobierno se enfrenta a numerosos retos combinados. 

Actuar con decisión y rapidez podría ser una ventaja: para Raymond Torres: “La política monetaria acabará por normalizarse: solo con que los tipos de interés aumentaran en un punto, las cargas financieras se encarecerían en cerca de 12.000 millones, casi el doble que el presupuesto de investigación, desarrollo e innovación”. Pero, como nos recuerda Lídia Brun, el servicio de la deuda no lo es todo, sino que hay que prestar atención a numerosísimas dimensiones para no hacernos aún más daño. Un debate enriquecedor que esta próxima legislatura sin duda merece. "                (Andrés Villena, CTXT, 18/12/19)

30.12.19

Por un plan nacional de reindustrialización... creando 2 millones de empleos con una inversión de 100.000 millones que proveería la banca pública

"(...) Recortes Cero tenemos una alternativa global de redistribución y una propuesta económica completa (...) La necesidad de un  plan nacional de reindustrialización y de reconstrucción integral del tejido productivo que genere dos millones de puestos de trabajo productivos,  que sea sostenible y de acuerdo a un modelo ecológico.(...)

Este proyecto  nos exige una inversión de 100.000 millones de euros, una gran inversión, porque crear un puesto de trabajo industrial tiene un coste de 50.000 euros, es  un coste elevado pero una vez creado genera nueva riqueza. Este es uno de los elementos clave de un proyecto de redistribución de la riqueza, porque para redistribuir hay que generar. 

Hay que tener claro que cualquier respuesta a la recesión de tipo parcial que genere puestos de trabajo precarios, eventuales o burocráticos será “migas para hoy y hambre para mañana”

¿CÓMO GENERAR EMPLEO PRODUCTIVO SIN AUMENTAR LA DEUDA?

No  hay que pedir ningún crédito ni al Banco Central Europeo, ni a nadie, lo que necesitamos es crear una gran banca pública con el dinero de las cajas y bancos rescatados.  Esto no es solo una cuestión de justicia, porque los bancos fueron  rescatados con dinero público que pertenece al conjunto de los españoles, sino que también   hace referencia a qué proyecto de país necesitamos.  

Queremos una gran banca pública para reactivar el crédito a la inversión y el consumo, para invertir en industrias y sectores estratégicos, invirtiendo en I+D para acabar con la dependencia del ladrillo, o del turismo. Queremos una banca pública para llevar adelante un plan que diversifique los sectores industriales contra el “monocultivo industrial” por ejemplo en el automóvil y que potencie una industria nacional que no esté expuesta, como en estos momentos pasa con la FORD de Almussafes, a que un monopolio extranjero decida reducir el 60% de la plantilla. 

Con más de 100 mil millones en depósitos, crear este banco estatal significaría disponer de un potentísimo brazo financiero público capaz de jugar un papel de primer orden en el desarrollo y orientación de la economía española. 

El Gobierno tendría la capacidad de dirigir todos sus enormes recursos financieros hacia las necesidades del país, al contrario de lo que ocurre ahora, donde los principales bancos actúan de acuerdo exclusivamente a sus intereses, perjudicando gravemente los intereses nacionales y de nuestro pueblo. (...)"                (Nuria Suárez, portavoz de Recortes Cero, De Verdad digital, 20/12/19)

14.11.19

España, que tiene escasos recursos energéticos convencionales, pero es abundante en agua, sol y viento, y paga una factura energética elevada, es un país que tiene grandes posibilidades de convertir en una oportunidad económica la descarbonización... en la lucha contra el cambio climático España podría ser líder

"Tradicionalmente, la lucha contra el cambio climático se ha visto como un gasto y no como una oportunidad de negocio a largo plazo que, eso sí, requiere de un esfuerzo inversor. 

Desafíos como la polinización de las plantas, el tratamiento del agua, el control de las inundaciones o la eliminación del CO2 por medios forestales, son algunos de los grandes retos del calentamiento global y cuya resolución generará nuevos servicios valorados en una horquilla de entre 125 y 140 billones de dólares al año, según la OCDE, un punto y medio más del PIB mundial, lo que pone de relieve lo beneficioso que será luchar contra el cambio climático.

 “España, que tiene escasos recursos energéticos convencionales, pero es abundante en agua, sol y viento, y paga una factura energética elevada, es un país que tiene grandes posibilidades de convertir en una oportunidad económica la descarbonización”, asevera José López-Tafall, director de Regulación de Acciona, en la mesa redonda organizada por El Confidencial bajo el título 'Supervisar la lucha contra el cambio climático'. (...)

El Acuerdo de París de Naciones Unidas fijó una reducción del 40% de los gases contaminantes para dentro de una década y la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pretende incrementar esta cifra hasta el 55% para hacer realidad las cero emisiones en 2050.

Esta transición energética supondrá un cambio productivo y estructural que traerá consigo riesgos y provocará un reajuste económico en el que “habrá ganadores y perdedores, pero podemos ser un país líder en esta revolución y hay que aprovechar las ventajas de ser el primero, pero eso requiere invertir. Es una apuesta estratégica”, afirma el directivo de la empresa de infraestructuras y energías renovables. 

Sin duda, “es una oportunidad de negocio para las compañías, pero aún no hay muchas comprometidas. La legislación y la obligatoriedad van a dar un empujón a la sostenibilidad en la empresa que, hasta ahora, lo había materializado de forma voluntaria”, reconoce la responsable de la CNMV.

“Es imprescindible la participación del sector público con un marco regulatorio, una ley de cambio climático con el mayor consenso posible y que marque el terreno de juego para que las compañías sepamos por dónde ir y ajustar las inversiones, y que elimine riesgos a futuro, que nos permita lanzar nuevas líneas de negocio de descarbonización”, añade López-Tafall desde Acciona.

 hoy “las empresas españolas que apuestan decididamente por ello se cuentan con la mano”, se lamenta. Por eso “desde los organismos internacionales como es el Pacto Mundial de Naciones Unidas ayudamos a las empresas a introducir en sus estrategias el cambio climático. No solo se trata de medidas de lucha, sino que se fijen unos compromisos públicos cuantificables y con un límite de tiempo para ir todos avanzando”.

La receta, subir impuestos

En economía, para desincentivar el consumo, no hay nada como subir impuestos. Y eso es lo que plantea el Fondo Monetario Internacional (FMI) para propulsar la lucha contra el calentamiento global. Se trataría de encarecer las emisiones de carbono y que las empresas internalizasen esos costes de tal manera que el producto o servicio final sería más caro, provocando un rechazo por parte del consumidor. Desde Europa, Bruselas ya ha puesto sobre la mesa un impuesto en frontera, para evitar desventajas competitivas frente a terceros países.  

“El diseño de los incentivos es un avance fundamental, pero lo que hay que impedir es que cerremos aquí plantas de carbón y que las abran en países cercanos de donde importamos energía”, apunta el Banco de España en referencia al impuesto en fronteras. (...)"                (E. H., El Confidencial, 28/10/19)

7.11.19

España podría estar en unas condiciones excepcionales para hacer frente con éxito a la nueva crisis. Paradójicamente, nuestro lugar secundario, la relativa debilidad de nuestra oferta en el contexto global y la mala situación de otras economías que competirían con nosotros, como la de Italia, podrían ayudarnos en esta ocasión. Pero esa oportunidad está en peligro porque se están cometiendo graves irresponsabilidades...

"(...) España se podía encontrar ahora en buenas condiciones para beneficiarse de la crisis que viene porque ésta iba a provocar que muchas empresas e inversores muy poderosos tengan que encontrar nuevos espacios económicos donde desarrollar los nuevos tipos de negocio y de estrategias productivas que se abren paso. 

Espacios con recursos endógenos adecuados para ayudarles a crear valor en las nuevas condiciones que se avecinan y dispuestos a ofrecer facilidades para que las organizaciones y empresas más rompedoras puedan ponerse contra la corriente y dar un salto hacia adelante para lograr ventajas en los nuevos marcos de competencia global.

La nueva crisis va a manifestarse -como explico con más detalle en un nuevo artículo que publicaré esta misma semana- en un desorden muy grande en la oferta de bienes y servicios, es decir, en las empresas que los producen. Y de él sólo van a poder escapar las organizaciones y economías más innovadoras y las que estén en condiciones y dispuestas para cambiar rápidamente de estrategia y de lógica productiva y financiera.

Vamos a vivir una nueva crisis global, porque se dará en economías de todo el mundo, pero que no va a dañar por igual a todas ellas. Sus peores efectos se concentrarán en las grandes empresas (que además sufrirán una crisis paralela de las bolsas de valores), en las mayores potencias económicas y en las periferias más dependientes. 

Pero las economías intermedias y con menos fortaleza en el marco productivo actual que entra en crisis (como la española) podrían tener más posibilidades de eludirla y de aprovechar los nuevos vientos que alentará el desorden. Aunque, eso sí, no podrán tomar vuelo limitándose a dejarse llevar por la inercia, sino que deberán ser capaces de adaptarse y de adelantarse a los acontecimientos.

Aunque no podemos confiarnos en exceso, porque una desaceleración profunda y generalizada y una crisis originada en el mundo empresarial, como la que va a producirse, es siempre algo peligroso para todos, España podría estar en unas condiciones excepcionales para hacer frente con éxito a la nueva crisis. 

Paradójicamente, nuestro lugar secundario, la relativa debilidad de nuestra oferta en el contexto global y la mala situación de otras economías que competirían con nosotros, como la de Italia, podrían ayudarnos en esta ocasión, si nos adaptamos con inteligencia a lo que se nos viene encima.

Pero esa oportunidad está en peligro porque se están cometiendo algunos errores de apreciación y, lo que es peor, graves irresponsabilidades.

No estoy de acuerdo con otros colegas académicos, de partidos o de organismos económicos que creen que la respuesta más adecuada ante la crisis que se aproxima es la de limitarse exclusiva o principalmente a aplicar políticas fiscales y monetarias expansivas. Yo no creo que estemos sólo ante una simple desaceleración que se resuelve aumentando el combustible y gastándolo en mayor medida.

 En esta ocasión creo que los problemas vienen de un desajuste productivo muy grave como consecuencia de una alteración profunda de los mercados, de tensiones comerciales estructurales, del cambio tecnológico traumático que se abre paso, de problemas energéticos, de la desigualdad extraordinaria y creciente, y de un divorcio ya insostenible entre la actividad económica y la naturaleza, la realidad física y material que precisa la economía para desenvolverse pero cuyos problemas no tienen adecuadamente en cuenta ni la Economía como conocimiento ni la política económica.

Es cierto que no podemos permitirnos que nuestra demanda siga debilitándose y que hay que sostenerla. Pero también hay que evitar alimentarla sin reajustar la oferta y, por supuesto, hacerlo sólo mediante deuda. Inyectarle más recursos sin abordar los problemas que van a afectar a la producción de los bienes y servicios no creo que ahora, en el corto plazo en el que por definición hay que aplicar terapias de choque a las crisis, vaya a ser útil ni posible sin crear problemas mayores.

 Entre otras razones, porque creo que esta crisis puede traer subidas de precios que provoquen alzas de los tipos de interés que harían estallar por doquier y antes de lo esperado numerosas crisis de deuda.

A diferencia de lo que se precisaba en la crisis de 2008 para frenarla, ahora son imprescindibles medidas de reajuste productivo, tecnológico y energético, cambios institucionales y legales, incluso nuevas culturas de producción y consumo. La crisis que viene no se va a producir porque falte gasto, por problemas en el lado de la demanda, sino por los que se han acumulado, como acabo de decir, en el de la oferta. Y no conviene olvidar que fue precisamente una crisis de este tipo, de oferta, en los años setenta del siglo pasado la que convirtió en completamente inútiles a las políticas keynesianas de demanda que tan exitosas habían sido hasta entonces.

Es lamentable que en España no se haya abierto un debate serio y plural sobre la naturaleza de la crisis que viene y sobre las mejores respuestas que conviene darle.

Irresponsabilidades más graves todavía se derivan del comportamiento de los grandes partidos políticos y del tiempo que se ha perdido desde que se celebraron las últimas elecciones generales.
La actitud de la derecha española antes los grandes problemas cuando no gobierna es bien conocida: impedir de cualquier forma y sin escrúpulos que salgan adelante las políticas de quienes no comparten su idea de España o los intereses que defiende. A esa estrategia irresponsable responde el decir, como ha dicho uno de sus principales dirigentes -Teodoro García Egea- que «España está en recesión». Pareciera que es lo que desean con tal de poder echárselo en cara al gobierno.

Pero la izquierda no parece que le ande a la zaga en cuanto a irresponsabilidad, al ser incapaz de conformar el gobierno con estabilidad asegurada que España necesita urgentemente y que hoy día sólo puede basarse en una mayoría parlamentaria que pivote en torno al PSOE y a Unidas Podemos.
Es una irresponsabilidad actuar -como está haciendo el PSOE- creyendo que unas nuevas elecciones le darán más ventaja dentro de unos meses. Podría ser que los socialistas salieran ganando, pero sería, sin lugar a dudas, a costa del bienestar de la inmensa mayoría de los españoles.

No se puede esperar más. Hacer frente a una crisis como la que viene con un gobierno en funciones, sin proyecto, en medio de la incertidumbre política y creando un clima de creciente desconfianza y de falta de cooperación y complicidad es suicida.

Los dirigentes del PSOE y Unidas Podemos tienen la obligación de dejar a un lado lo que los separa para poner sobre la mesa sus coincidencias, siendo conscientes de que no negocian para satisfacer a sus respectivas militancias y ni siquiera a sus votantes. (...)

Tanto el PSOE como UP tienen en sus respectivos programas electorales propuestas suficientes para poder enfrentarse a los problemas económicos que se avecinan con muchos menos costes sociales que los que provocaría un gobierno de los tres partidos de la derecha. Dejar a los españoles a la intemperie ante la tormenta que se está gestando es una gravísima irresponsabilidad.

 (...) lo que está en el horizonte es una ruptura muy profunda de las bases tecnológica y productiva que sostienen actualmente a la economía capitalista. Las costuras del capitalismo que hemos conocido se están rompiendo de nuevo y es imposible que eso suceda sin traumas y sin conflictos dolorosos, porque los grandes poderes corporativos (ya lo hemos visto otras veces a lo largo de la historia) no van a ceder fácilmente a sus beneficios ni a sus posiciones de privilegio.

 Y de ahí procede, a mi juicio, la irresponsabilidad de Unidas Podemos. Desaprovechar la oportunidad de que en España haya un gobierno que se enfrente a la crisis que viene con la voluntad de minimizar sus costes sobre la población más indefensa y de aprovecharla para cambiar algo el rumbo de nuestra economía es -como acabo de decir- una irresponsabilidad. (...)

Y ahí es donde está la clave. Es irresponsable que las izquierdas españolas no sepan afrontar con inteligencia la gestión de lo inmediato, pero es peor aún que no estén haciendo nada por adelantarse al futuro elaborando el proyecto político y económico de largo alcance que es imprescindible para enfrentarse a los cambios que están empezando a producirse en el capitalismo. Y esa es la verdadera causa de que les resulte tan difícil llegar a un acuerdo. (...)"                   (Juan Torres López, Ganas de escribir, 10/08/19)

La España vaciada prepara su guerra contra la despoblación mediante una nación digital... Será articulada por las personas que la integren y no por el territorio en el que se asiente. El gobierno de esta nación digital se regulará mediante el modelo de inteligencia colectiva que proporciona la tecnología blockchain, la cual manejará un capital que va desde la energía al trabajo, el tiempo o el talento. Pero no se trata solo de redistribuir estos recursos, como si fuera un banco de tiempo, sino también de gestionar las políticas públicas y la fiscalidad...

" En Orea hace un frío que pela, pero eso forma parte de su belleza. Es el pueblo más alto de toda Castilla-La Mancha, y desde él se divisa el parque natural del Alto Tajo.

 Dos horas y media en coche separan Orea de la capital de su provincia, Guadalajara; es difícil estar más lejos, a solo unos kilómetros se alcanza la línea fronteriza con Teruel. Para llegar allí hay que seguir la carretera escoltada por chopos que viene desde Molina de Aragón, y que transita paralela y contraria al cauce del río Cabrillas, atravesando la serranía. En este pueblo de alta riqueza forestal hay registrados 177 habitantes, un 30% menos de los que había en 2010. Es una sangría. Como dice uno de ellos, en concreto su alcaldesa: "estamos en la UCI".

La edil Marta Corella piensa que en Orea calzan un número de zapato que no les corresponde. Es una metáfora, claro, como muchas otras imágenes potentes que a ella le gusta utilizar cuando habla de su tierra y de lo que les pasa. Lo de calzar grande o pequeño, en lugar de a medida, es algo que no solo sucede en su pueblo, sino en general en las decisiones que para el mundo rural se toman desde las grandes ciudades. "Las soluciones nos llegan impuestas", dice Corella. Hasta hoy. 

La alcaldesa de Orea ha decidido que el epicentro de la revolución digital que invierta la inercia agónica del territorio rural está allí, en el corazón de lo que muchos conocen como Serranía Celtibérica. Otras visiones pesimistas, aunque realistas, son las que denominan esta tierra como la España abandonada, vacía o vaciada. "Empezaremos la onda expansiva desde Orea", dice Corella.


La idea es la siguiente: se propone la creación de una "nación digital". Será articulada por las personas que la integren y no por el territorio en el que se asiente, ya que este se extiende por diferentes provincias e incluso comunidades autónomas distintas. El gobierno de esta nación digital se regulará mediante el modelo de inteligencia colectiva que proporciona la tecnología blockchain, la cual manejará un capital que va desde la energía al trabajo, el tiempo o el talento.

 Pero no se trata solo de redistribuir estos recursos, como si fuera un banco de tiempo, sino también de gestionar las políticas públicas y la fiscalidad. Para ello, será necesaria la creación de un sandbox regulatorio, el cual requiere, para su aprobación, de una tramitación parlamentaria y estará sujeto a la supervisión de la Unión Europea.

Vamos a aclarar conceptos, para los que se hayan atragantado con el párrafo anterior. (El resto puede saltar al siguiente punto y aparte). Cuando hablamos de blockchain nos referimos a una tecnología que permite el intercambio de datos de manera descentralizada. Es decir: una red en la que no existe un ordenador en el centro que maneje estas transferencias. 

Gracias a que la información circula fuertemente encriptada, el sector financiero ha sido el primero en sacar provecho del blockchain con la creación de criptomonedas. Pero, en realidad, tiene múltiples aplicaciones, como en la salud o la energía, siempre que haya confianza entre las partes. Un sandbox es un banco de pruebas de desarrollos financieros tecnológicos. Algo así como un laboratorio muy vigilado. Seis países europeos ya lo tienen regulado, pero España se ha quedado un poco atascada en la tramitación.

"Experta en terruño"

"A mí las tecnologías me superan, yo soy experta en terruño", admite Marta Corella, cuya formación es la ingeniería forestal, "pero desde que lo he entendido, lo veo clarísimo: la manera de empoderarnos es ofrecer nuestros recursos a la sociedad y que los beneficios repercutan en nuestro territorio, allá donde se necesitan". La inteligencia colectiva que posibilita el blockchain es más eficiente que el reparto de recursos que se pueda diseñar desde una diputación a 200 kilómetros del ciudadano, opinan los impulsores de este proyecto.

Un ejemplo práctico: un ganadero ha esquilado a sus ovejas y tiene un excedente de lana. Cuando la pone a disposición de la comunidad, digamos a diez euros el kilo, una parte de lo que se vende va al productor pero el resto se invierte ahí donde el sistema optima que se necesita: educación, alumbrado, intercambio con una quesería… todos los bienes y servicios necesarios para la vida pueden intercambiarse en la nación digital. 

Y lo mismo puede ocurrir con la energía, pues Europa ha apuntalado un modelo de gestión en el que tanto personas como instituciones puedan autogenerar y vender energía limpia.

El economista Rafael Martínez-Cortiña está entregado apasionadamente a este proyecto. La base teórica está argumentada en su libro (Tu) Nación Digital (Eolas Ediciones, 2019). "Por primera vez desde el Neolítico –dice– hemos pasado de la sociedad de la oferta a la de la demanda. La oferta sabemos que es precio y cantidad pero la demanda es una incógnita, está basada en los deseos de millones de personas y solo podemos estimarla. La demanda es un cerebro colectivo interactuando. La demanda son las personas". 

Este cambio enfrenta a la "mentalidad digital" contra la "mentalidad industrial", en la que hemos desarrollado nuestra economía los últimos 200 años, y traslada la confianza de la digitalización no en la inteligencia artificial, sino en la inteligencia colectiva.

El proyecto Celtiberia Digital apunta a Europa. El Club Nuevo Mundo, al que Martínez-Cortiña pertenece, será el encargado de lanzar una primera propuesta a la Comisión Europea dentro de su programa Europa Digital, que mantiene abierta la recepción de ideas hasta finales de octubre para reforzar las capacidades digitales estratégicas, invirtiendo 9.200 millones de euros entre 2021 y 2027. 

Se ha creado un Comité Científico para dar forma a este proyecto, que nace con la idea de que sea replicable a otros territorios. De hecho, se va a presentar simultáneamente otras dos aplicaciones: eCanarias, impulsada por el Gobierno insular y la nación digital astur-leonesa, formada por las "ciudades-región" León, Avilés, Gijón y Oviedo. "Es un gobierno muy líquido que generaría tres modelos diferentes, con los mismos ingredientes, como si fueran tres hermanas conectadas", explica Martínez-Cortiña.

 (...) la alcaldesa opina que la Celtiberia actual, la digital, es "un proyecto que descoloca a todo el mundo, absolutamente disruptivo, porque todavía no lo ha hecho nadie" y añade que ella misma lo veía "como una gran utopía" y en cambio ahora le parece "un proyecto que debe ponerse en marcha cuanto antes", que en dos años haya arrancado, porque tiempo es lo que no les queda, si quieren parar el sangrado demográfico.

Burillo no trabaja solo en el pasado. Precisamente, él y su hija, la geógrafa Pilar Burillo Cuadrado, se han convertido en dos de los grandes alertadores, desde las ciencias sociales, de la situación de este territorio de 69.000 kilómetros cuadrados, mediante la creación del Instituto de Desarrollo Rural Serranía Celtibérica. 

Su investigación ha dado lugar a un mapa, incluido en el último Informe Anual del Defensor del Pueblo, que identifica la Serranía Celtibérica como el territorio más despoblado de España, con 7,12 habitantes por kilómetro cuadrado, de ahí la comparación con Laponia, el único lugar de Europa menos poblado que este. La demografía en España está tan descompensada, que el 5% de su población vive en el 54% del territorio.

"Es una cuestión de voluntades, en la Unión Europea hay dinero para esto y en el Estado… ya veríamos a ver", dice la alcaldesa de Orea, socialista. Corella adelanta que hay mucha gente sumándose con entusiasmo a Celtiberia Digital: otros ayuntamientos, así como agentes del sector empresarial y asociativo.

 "Es como un gran cisne blanco", recurre la alcaldesa, de nuevo, a una imagen poética que le toma prestada a la comunicadora Rocío del Cerro: "la gente lo ve venir y lo ve avanzar, no es necesario conocer demasiados detalles sobre las patas, lo que no se ve, porque lo que nos pasa aquí es una gran preocupación real y esto va a traer beneficios para todas las partes, la gente lo ve como algo posible y viable". Bajo la línea de flotación del cisne: "el mecanismo, el sistema fiscal en el que está trabajando Gabriel Barceló, el blockchain… todo eso que al principio me costó entender y a lo que ahora ya me he incorporado, a las patas, totalmente".

El entusiasmo de Corella y de Martínez-Cortiña es contagioso. Ninguno duda en que se va a materializar. La primera, porque está convencida de que la despoblación solo se revierte con un gran golpe tecnológico, una revolución. El segundo, porque sabe que las políticas de la UE están en consonancia con este proyecto. "La España vaciada es un nombre horrible, que no me gusta, porque no es verdad, es la España llena, llena de recursos que vamos a aprovechar", asegura la alcaldesa."                 (Elena Cabrera, eldiario.es, 26/10/19)

6.11.19

Las multinacionales dejan de declarar 13.500 millones en España

"Las multinacionales dejan de declarar en España unos 13.500 millones de euros al año que se van a países con una tributación baja o paraísos fiscales. Pese a que tienen una parte de su negocio radicado en el territorio español, estas compañías intentan abaratar el pago de impuestos moviendo artificialmente los beneficios a otras jurisdicciones. 

Según estas cifras, el Estado español pierde un 13% de la recaudación del impuesto de sociedades, unos 2.600 millones que se evaporan por obra de la ingeniería fiscal. Así lo concluye un estudio global de varios académicos, entre ellos Gabriel Zucman, que el viernes recibió el premio Bernácer al mejor economista joven de Europa, concedido por el Observatorio del BCE y con el apoyo del Banco de España.

¿Cuántos beneficios se desvían a otros países debido a las diferencias en los tipos del impuesto de sociedades?, ¿qué países ganan y pierden por la agresiva competencia fiscal

A esas preguntas trata de responder en una de sus últimas investigaciones Gabriel Zucman, profesor de Berkeley, discípulo de Thomas Piketty y uno de los economistas más influyentes del panorama actual. Con 32 años, sus hallazgos sobre riqueza, desigualdad, tributación y paraísos fiscales están agitando el debate económico en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos. Se trata de hallar una forma de globalización que sea sostenible y que no perjudique a los más débiles, dice Zucman a EL PAÍS. Y añade que la armonización fiscal es un camino para lograrlo. 

La agencia estadística Eurostat brinda un mapa de los beneficios por países, incluyendo los de las multinacionales. Así que Zucman y compañía han diseccionado los datos para ver cuántos beneficios se mueven desde donde se producen las ventas hacia países con una tributación baja o paraísos fiscales. Además, han tomado información de los registros mercantiles. Con cifras de 2016, concluyen que las multinacionales desplazan un 36% de sus ganancias a estas jurisdicciones. Entre ellas incluyen países como Irlanda, Puerto Rico, Luxemburgo, Singapur, Suiza u Holanda.

Y calculan los rotos que ocasionan: de media, los países afectados pierden un 9% de la recaudación de sociedades. España se queda sin un 13%, 2.600 millones. En total se dejan de declarar en el territorio español unos 13.500 millones, de los que casi 11.000 millones se desvían a países europeos.

¿Cómo lo hacen? Sobre todo con el pago de royalties. La filial ubicada donde se desarrolla la actividad paga mucho por estos derechos a la matriz ubicada en un territorio de baja tributación. Y así se trasladan artificialmente los beneficios. También se manipulan los precios de las compras intragrupo para llevarse la ganancia donde se tributa menos. Antes se solía hacer a través de préstamos entre filiales, cuyos intereses se abonan en el país de mayor tributación para obtener una deducción en la factura tributaria.  (...)

Las que más desvían ganancias son las compañías estadounidenses. Y los principales perdedores son los grandes Estados de la UE. (...)

Por cada euro que gana un paraíso fiscal, perdemos cinco


Gabriel Zucman bromea con que Irlanda es el paraíso de Laffer, el economista asesor de Reagan que propugnó bajadas de impuestos para animar la actividad y, al final, recaudar más. “En la economía irlandesa se recauda mucho. Solo que no se ve el incremento que decía Laffer de la inversión o de la economía productiva”, ironiza Zucman.

A los países pequeños les merece la pena llevar a cabo estas prácticas tributarias porque pierden pocos ingresos de las compañías locales pero ganan muchos de las multinacionales. Por cada euro que se embolsa uno de estos paraísos fiscales, los países perjudicados pierden cinco, dicen las estadísticas que maneja el economista. Por eso, propone que los haciendas intenten recaudar los tributos evadidos directamente de las compañías. Incluso de forma unilateral gracias al cálculo empresa por empresa de la parte de ventas no declarada en el país."                 (Antonio Maqueda, El País, 13/10/19)

28.10.19

La crisis que viene será causada por la guerra comercial, la lucha para lograr mejores posiciones en la próxima revolución tecnológica y los problemas en las fuentes de energía. La ventaja de una crisis de este tipo respecto a una financiera es que no suele ser sistémica y que, por tanto, es posible que algunas economías, sectores o empresas escapen de ella...

"(...) hay una convicción generalizada entre los expertos sobre la proximidad de otra crisis (un cambio en la senda actual de crecimiento económico seguido de inestabilidad) y quizá de una nueva fase de recesión económica (crecimiento negativo durante más de dos trimestres consecutivos) que conduzca a otra etapa posterior de nuevas dificultades.

Las diferencias de opinión tienen que ver sobre la fecha en que comenzará a producirse -en 2020 o 2021- pero se da por hecho que vamos a sufrirla, de modo que es muy conveniente estar al tanto y tratar de adelantarse a lo que ya parece inevitable.

A mi juicio, hay algunas señales que indican claramente que la crisis está muy cerca y algunas razones de peso que llevan a pensar que va a ser inevitable y de relevancia, aunque de naturaleza diferente a la que vivimos a partir de 2007-2008. Las comento brevemente a continuación. (...)

Las causas de la crisis

Constatar que la economía mundial se desacelera es importante pero lo que realmente puede darnos una idea precisa de lo que se nos viene encima son las causas que han provocado la situación en la que estamos y las que hacen que la llegada de una nueva crisis sea ya inevitable a estas alturas. 

En mi opinión, los más importantes son las siguientes.

En primer lugar, que no se resolvió adecuadamente la anterior, provocada por los bancos y los grandes fondos de inversión al corromper el sistema financiero de todo el planeta. La mala costura dejó a la economía mundial "tocada" y registrando una recuperación que en realidad ha sido más aparente que real. En particular, el incremento de la desigualdad y la deuda ha debilitado la demanda de consumo y la de inversión y eso hace que la inmensa mayoría de las empresas, las que no tienen poder de mercado, tengan más difícil obtener beneficios generando la producción y el empleo que son la base de la estabilidad económica.

En segundo lugar, que las políticas de estímulo que hasta ahora han venido aplicando los gobiernos o los bancos centrales, según los casos, han sido insuficientes y ahora, además, están empezando a ser insostenibles. Por un lado, porque la deuda, tanto pública como corporativa, está alcanzando niveles cada día más alarmantes. Y, por otro, porque con los tipos de interés prácticamente a cero o incluso negativos, es muy difícil poder utilizarlos con bajadas significativas para impulsar la actividad. En cuanto el gasto y la financiación se han ido desinflado un poco, las economías se han desacelerado y si desaparecieran la situación se pondría todavía más fea.

En tercer lugar, los conflictos comerciales (China-Estados Unidos o Europa-Mercosur, entre otros) y el proteccionismo reaccionario de Trump que está produciendo efectos muy negativos, no sólo sobre las importaciones y exportaciones entre las superpotencias sino también sobre las de otros muchos países. Como no parece que la tensión se vaya a resolver a corto plazo, el daño irá a más. Sobre todo, si Trump intensifica el conflicto para usarlo como arma electoralista dando pie a que se extienda a los mercados de divisas. En ese caso, sus efectos serían mucho más potentes, generalizados y dañinos.

En cuarto lugar, hay que tener en cuenta que los sistemas financieros de todo el mundo apenas si se han reformado después de la crisis de 2008 y que siguen en situación de gran fragilidad. Eso hace que su contribución para mejorar las cosas, proporcionando la financiación y apoyo necesarios, esté siendo más escasa justamente a medida que la situación se va complicando.

En quinto lugar, estamos viviendo tensiones geopolíticas que producen gran riesgo e incertidumbre porque pueden derivar inmediatamente en gravísimos problemas económicos y energéticos, algunos globales, si estallan: Brexit, Irán, Venezuela, Turquía...
Finalmente, pero no por ser la última menos importante sino quizá todo lo contrario, resulta que las bolsas de todo el mundo están al borde de un colapso cuyos efectos serían demoledores para muchas grandes empresas y para el sector financiero. 

Y todas las señales apuntan a que eso es lo que se va a producir sin remedio como consecuencia, entre otros factores, de la sobrecapitalización de las más grandes empresas del mundo (que vienen utilizando sus beneficios para realizar compras multimillonarias de sus propias acciones); de la especulación a gran escala y a toda velocidad que domina los mercados; y de la gran inestabilidad que lleva consigo la incertidumbre y el riesgo que provocan la coincidencia de todos los factores anteriores que acabo de señalar.

Una crisis distinta a la de 2008

Cuando se oye decir que se aproxima ahora una nueva crisis es lógico que todo el mundo mire hacia atrás y recuerde la de 2007-2008 para preguntarse si será lo mismo. Pero será diferente.

Como se sabe, la anterior tuvo su origen en el sistema financiero que es quien proporciona la financiación al resto de la economía. Y la financiación es como la sangre de un animal o la savia de una planta, lo que significa que si se bloquea, si se contamina o se corrompe, destruye a todo lo que vive de ellas. 

Cuando eso ocurre, como ocurrió cuando los bancos de todo el mundo se dedicaron a producir productos e inversiones financieros que eran pura basura, se da lugar a una crisis que, precisamente por esa razón, se dice que es sistémica: porque casi nadie se puede salvar de ella y porque afecta a todas las economías prácticamente sin excepción.

La crisis que viene ahora no será de este tipo. El estado del sistema financiero mundial sigue siendo muy frágil, como acabo de señalar y por razones que no tengo espacio para comentar aquí, y eso puede dar lugar a que explosione en cualquier momento. Pero no parece que eso sea lo que vaya a ocurrir en los próximos meses. O, mejor dicho, me parece mucho más probable que las explosiones se produzcan primero en otros ámbitos del sistema económico.

La nueva crisis no tiene su origen en el sistema financiero sino en el mercado de bienes y servicios. Pero tampoco vendrá producida sólo por la escasez de demanda que viene dándose desde hace años como consecuencia de la caída de los salarios en todo el mundo (y que en condiciones normales se puede resolver inyectando gasto desde el Estado o medios de pago desde el banco central). En esta ocasión, la crisis es principalmente de oferta real y tiene que ver con dos factores que ya se han destapado y con uno que aparecerá a posteriori.

Los dos primeros son, por un lado, la guerra comercial que he mencionado y sus casi seguras consecuencias sobre los mercados de divisas; y, por otro, la lucha para lograr mejores posiciones en la próxima revolución tecnológica ligada a la robótica, la inteligencia artificial o los nuevos tipos de comunicaciones. El tercero tiene que ver con los problemas que una crisis así termina siempre generando sobre las fuentes de energía y que ahora se verán agravados al encontrarnos en medio de un cambio climático de excepcional envergadura.

Los peligros que trae la crisis

La ventaja de una crisis de este tipo respecto a una financiera es que no suele ser sistémica y que, por tanto, es posible que algunas economías, sectores o empresas escapen de ella. Pero tiene otros peligros tanto o más letales.

El primero, que afecta en primer lugar y de lleno a la vida de las empresas, es decir, a las organizaciones que crean los bienes y servicios que necesitamos, las que generan los ingresos salariales con los que vive la mayoría de la gente y las que en teoría deben invertir para mejorar nuestra calidad de vida y la marcha de la economía.

El segundo peligro es que una crisis como la que viene no se puede resolver simplemente haciendo "transfusiones" de dinero desde los bancos centrales (como hizo, por ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos cuando en sólo seis meses de 2008 creó más dinero para inyectar a los bancos comerciales del que había creado desde 1945). Ni tampoco aumentado el gasto público, porque la deuda ya es muy elevada en la inmensa mayoría de las economías, además de que los problemas de la oferta empresarial -como acabo de señalar- no consisten sólo en que no tengan demanda suficiente.

El tercer peligro que conlleva una crisis como la que viene es que producirá caída de la producción y el empleo y, al mismo tiempo, aumento de precios, de modo que serán necesarias políticas de control justamente contrarias a las que habría que adoptar para reactivar la vida empresarial y la demanda.

El cuarto peligro es que, si la crisis que viene va acompañada, como yo creo que va a ocurrir, de un desorden grave en los mercados de capitales y en las bolsas, lo que sucederá es que un buen número de las mayores empresas del planeta tendrán dificultades que les van a obligar a modificar sus estrategias de todo tipo, produciendo así un incremento generalizado del desorden y de la inestabilidad y, como resultado, nuevos problemas financieros como consecuencia de la falta de liquidez en todos los mercados.

El quinto peligro que a mi juicio acompaña a la crisis que se aproxima es que no se le va a poder hacer frente recurriendo solamente a los instrumentos convencionales de la política económica. Es de nueva ola. Ni la política monetaria ni la fiscal tradicionales nos van a servir; mantener las actuales pautas de distribución que aumentan la desigualdad dificultará cada vez más que se recupere la oferta de las empresas; seguir dando completa libertad a los grandes operadores que acaban con la competencia en los mercados y los controlan a su antojo para primar la especulación y el despilfarro de recursos producirá ineficiencia e inestabilidad crecientes; no actuar radicalmente sobre el cambio climático y sobre el deterioro ambiental traerá subidas de precios y escasez; y aceptar que la economía de nuestra planeta no tenga más gobierno que el de los intereses minoritarios de los más poderosos en un contexto político de democracias cada vez más debilitadas y vacías de contenido, nos puede sumir en un auténtico caos.

Nos encontramos, en resumen, a las puertas de una crisis que no va a ser sistémica y quizá ni siquiera global, sino que va a manifestarse en detonaciones sucesivas, en diferentes lugares y con magnitud muy diversa, de oferta en el mercado de servicios y que no responderá a las terapias convencionales. 

Recurrir a los envejecidos paradigmas de conocimiento dominantes para diagnosticarla y aplicarle las medidas políticas de siempre mitigará alguno de sus efectos, pero seguirá dejando abiertas de par en par las ventanas por donde se colarán las siguientes y más peligrosas crisis del siglo XXI, la financiera, la de la deuda, la ambiental y la social. Sobre cómo desarrollar y aplicar un nuevo tipo de análisis y respuestas hablaremos otro día, aunque lo que acabo de señalar creo que da pistas sobre ello."                          (Juan Torres López, La Política Online, 08/09/19)

24.10.19

La próxima recesión económica global asoma. Ya no se trata de las predicciones o análisis de voces expertas, sino de tendencias y estadísticas apuntaladas en el tiempo... Tras la crisis, esta vez, no habrá recuperación, únicamente estancamiento...

"La desaceleración económica no empieza cuando te cuentan. La versión oficial argumenta que las cosas empezaron a ir mal hace muy poco tiempo y que, inevitablemente, viviremos unos meses de malas noticias económicas en el futuro próximo. La verdad mucho más muy preocupante. Ese parón de la economía no es anecdótico como no lo fue hace una década.

(...) hablaron de ‘profecía auto cumplida’. De hecho, ahora, también utilizan este concepto para quitarse de encima la responsabilidad que puedan tener en la crisis que se nos cierne y que atribuirán a los que hace tiempo decimos que no nos hemos recuperado de nada, pues de nada había que recuperarse.


Y es que el primer gran error es de análisis histórico. Recuerdo lo que escribí hace mucho tiempo. Lo que explotó en 2008 no tenía un origen en sí mismo, ni tan siquiera era sólo motivado por una exposición excesiva a la deuda privada y bancaria. La caída del modelo económico dependiente de un capital ubicado en bienes inmobiliarios no era más que una consecuencia de algo más grave que se define bajo el concepto ‘deflación del capital’ y que surge casi siempre de cualquier revolución tecnológica. Esa no fue una excepción.


Y en eso mismo estamos. La diferencia es que ahora tenemos a unos y otros anunciando la que se acerca como si fuera inevitable. (...)

Si lo que viene es una ‘nueva’ crisis, sería interesante establecer un patrón de análisis que nos fije la foto actual y las más que probables instantáneas futuras. Es el único modo en el que se puede definir una hoja de ruta, urgente, para afrontarlo con ciertas garantías. La próxima recesión económica global asoma. Ya no se trata de las predicciones o análisis de voces expertas, sino de tendencias y estadísticas apuntaladas en el tiempo. (...)


Al igual que en la ‘otra crisis’, España vuelve a estar muy mal posicionada ante esta situación. Aunque es cierto que hemos mejorado mucho en la capacidad de nuestro comercio exterior, las exportaciones son muy dependientes del automóvil, y este tiene muy malas perspectivas. Estamos mal preparados porque venimos de una deflación de los salarios muy acusada. Si bien esa contención obligada ha supuesto la facilidad para contratar, ahora supondrá un verdadero quebradero contable. ¿Recuerdas cuándo un milieurista era un pobre de solemnidad? Ahora son millones los trabajadores que aspiran a ser eso como mínimo. (...)


No hay estímulos, ayudas, modelos de dinamización de la economía del conocimiento, industria 4.0 o de, en serio, generar un nuevo modelo de crecimiento. Llamaron crisis a una deflación del capital y ahora llaman recuperación a una deflación social.


Es hora de entender que el mundo, y España, van directos a una crisis menos rápida, menos profunda, menos intensa, pero algo más larga y sin herramientas para modificar la deriva. Tras la crisis, esta vez, no habrá recuperación, únicamente estancamiento. La vivienda ya no podrá ayudar a recomponer el rompecabezas.


 Ya no está de moda comprar. Hay países que invierten en modificar el modelo de crecimiento de manera robusta. Francia invierte 23 veces más que España en la estimulación de la Industria 4.0. Un modelo industrial que será el único que sobrevivirá en una década y que genera derivas en todos los sectores. Si no tienes industria no tienes nada. (...)

Pero a diferencia de una recesión, una crisis económica es un periodo de inestabilidad que desata consecuencias durante un largo periodo de tiempo. Sacude la estabilidad financiera en las inversiones y afecta a la estabilidad adquisitiva de las familias. Suele generar una depresión si no se actúa estratégicamente.


Y es en esa que nos encontraremos. No es tan complicado verlo. La diferencia con aquello que se le llamó ‘crisis financiera’, ‘crisis inmobiliaria’ o como quieras recordarla, es notable. Aquella fractura se evidenció de golpe, con un pinchazo de una burbuja. La actual quiebra no será por un reventón sino por un fallo técnico del modelo económico. 


Una paralización que tiene su origen, de nuevo, en la no adopción de medidas valientes, ineludibles y necesarias que adecúen un modelo económico digital, automático, robótico que llega sin avisar ni pedir permiso. Liderar esa fórmula económica es lo que podrá hacer más llevadera o no, la próxima década. Y es que esto no va de tener un plan político táctico y digital sino de entender que el mundo ha cambiado para siempre y que no hay parches que lo adecúen a tus intereses.

En un país en el que las pensiones dependen de las cotizaciones solidarias de los que trabajan, no parece una gran idea ir reduciendo el sueldo medio, incrementando la precariedad laboral y la estimulación de un tipo de empleo muy alejado de la eficiencia tecnológica, digital y automatizada. De ahí que no se comprenda la desidia política, retorciéndose en sus propio estiércol y sin indicativos de que han entendido la gravedad del momento.


No te dejes engañar por las cifras de creación de empleo. Son métricas trucadas. España requería crecer como mínimo al 2% para crear empleo, tras la reforma laboral es necesario solo un 0,7%, porque ahora se crea un empleo tremendamente precario. Es más fácil crearlo, pero no nos vale para lo que se nos viene. (...)


¿Quién está preparando nuestra economía para los cambios que llegan sin avisar (o sí)? La tecnología crea una segunda economía, cada vez más productiva y autónoma, más digital. Pero aquí seguimos con un modelo antiguo, esperando que alguien tome decisiones estratégicas, que imponga un plan integral en Inteligencia Artificial, que desarrolle un plan fiscal de estímulos para modificar la estructura de crecimiento y que, de una vez, ponga las luces largas para atender la Era de la Humanidad. " (Marc Vidal, 17/10/19)

21.10.19

¿Un Green New Deal para España?

"Núñez de Balboa, Francisco Pizarro... Puede parecer una breve lista de “los conquistadores” extremeños. Y lo es. Pero en este caso sirve para nombrar a las que serán las dos mayores plantas fotovoltaicas construidas en Europa. Dos instalaciones gigantescas, de mil hectáreas cada una, que juntas sumarán una capacidad instalada de 1000 MW. Para entendernos: a plena luz del día, producirán la misma electricidad que uno de los siete reactores nucleares que todavía existen en la península ibérica. 

Y esto no ha hecho más que empezar. (...)

Es tiempo de elecciones, y una de las consignas que se deja caer por parte de Podemos, de Errejón e incluso de algunas voces del PSOE, es la del llamado ‘Green New Deal’. Se trata de una eslogan, sí. Pero en su primera factura en Estados Unidos tenía pretensiones de propuesta. (...)

La idea consistía en una aceleración de las políticas de transición energética por medio de incentivos fiscales, y sobre todo del gasto público, un rápido aumento de la inversión y el empleo en estos sectores, todo ello acompañado de políticas sociales distributivas. Un nuevo New Deal pero en verde. 

Este nuevo New Deal se asemejaba al antiguo (el de los años treinta) en un punto crucial. Consistía básicamente en un fuerte paquete de estímulos keynesianos que empujaría la inversión y el empleo, al tiempo que se ejercía una eficaz política distributiva. A este paquete se ha añadido recientemente la llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM). La TMM parte de una idea del dinero como moneda fiduciaria, esto es, que puede ser emitida prácticamente a voluntad por el Estado, en otras palabras, dinero gratis para la transición energética y para las nuevas políticas sociales. 

Difícilmente se podría discutir esta teoría en este artículo, de inspiración también netamente keynesiana. De todos modos, sus validez política se debería contrastar con el actual poder de los mercados financieros y la integración de la cadena de producción global, esto es, con los serios límites a la autonomía de este tipo de políticas de base exclusivamente monetaria. Por el momento, basta con destacar que la TMM aportaría un soporte ilimitado a las políticas de inversión y expansión del nuevo capitalismo social verde. Sería algo así como su soporte económico, tanto teórico como material.  (...)

A excepción quizás de algún experto que escapó a nuestro radar, no busquen en la política española un desarrollo muy elaborado de un Green New Deal a la española. El eslogan sigue operando como consigna. Y sin embargo, el país está hoy embarcado en algo parecido a una efectiva transición energética. Existe actualmente una asunción puramente interna a los sectores económicos y a una parte de la clase política, de que merece la pena apostar por eso que llamamos “transición energética”, por limitada que esta sea.


El aspecto más destacable reside en el nuevo boom de las renovables, el mismo que nos devuelve a Pizarro y Núñez de Balboa transfigurados en plantas fotovoltaicas. La nueva explosión de las renovables tiene por base un fuerte abaratamiento de la tecnología fotovoltaica, la típica afluencia de capitales en busca de rentabilidad –estamos efectivamente ante un fenómeno de burbuja financiera, de momento centrado en las autorizaciones de instalación– y unas políticas públicas favorables, tras casi diez años de crisis y la recusación de las primas a este tipo de energías del primer Gobierno Rajoy. 

Valga como muestra de esta nueva voluntad política que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), redactado por el Gobierno español en febrero pasado, ha recibido el “premio a la ambición” entre todos los planes elaborados por los países miembros de la UE.  (...)

El plan español establece para 2030 una reducción del 21 % de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto al nivel de 1990. Al finalizar el año 2017, España estaba todavía 18 puntos porcentuales por encima de ese umbral de referencia. (...)

La hoja contable del plan también resultaba ambiciosa. El tránsito a una economía parcialmente descarbonizada debería movilizar unos 236.000 millones de euros entre 2021 y 2030. El 80 % de estas inversiones serían efectuadas por el sector privado y el 20 % restante, unos 47.000 millones, responderían a inversiones de las distintas administraciones públicas. En conjunto se calculaba una inversión anual para los próximos diez años de alrededor del 1,5 % PIB. En términos de empleo, se estimaba que todo el sector de renovables alcanzaría los 120.000 empleos, con la espectacular instalación de 90.000 MW de renovables. Hacia 2030, el número de empleos en el sector podría acercarse al medio millón.


Se trata de cifras impresionantes, que en caso de cumplirse pondrían al país a la cabeza mundial de la llamada transición energética. No es objeto de este artículo cifrar las innumerables insuficiencias de una posible generalización internacional del ejemplo español, tampoco los límites a la electrificación de la economía (una economía eléctrica sin uso de motores de combustión), los cuellos de botella tecnológicos del transporte por carretera y almacenamiento en baterías, los problemas de recursos como el litio y otros minerales necesarios para este proyecto de transición, etc. 

Lo que aquí se pretende valorar es otro aspecto de la discusión, que muchas veces se deja de lado. Con los datos señalados, ¿puede la descarbonización de la economía o la transición energética ser la dinamo económica, que tantas veces aparece en el debate público, como el gran articulador de un proyecto de reforma social y de nuevo “modelo económico”? ¿Es viable el proyecto de capitalismo social verde, en definitiva, el Green New Deal?


El Green New Deal, como su predecesor rooseveltiano, proyecta una fuerte política de inversión pública y privada, capaz de generar empleo y redistribución de rentas. En la base de esta hipótesis encontramos una nueva forma de economía keynesiana cuyos pivotes son inversión, crecimiento, empleo y redistribución. Tomemos de nuevo el ejemplo español.  (...)

Los niveles de inversión requeridos pueden parecer alucinantes, e incluso lo podrían ser más si los aumentásemos al 2-2,5 % de inversión que es la cifra que muchos expertos ofrecen como óptima para detener el calentamiento global. Comparemos ahora estos datos con los que estimularon el gran ciclo de crecimiento de la economía española en democracia entre 1995-2007, cuando el país crecía a un ritmo mayor que cualquiera de los de su entorno. 

En ese periodo, el ritmo inversor en infraestructuras de transporte (carreteras, AVE, aeropuertos), en su mayor parte cubiertas con fondos públicos, rondó el 1 % del PIB. Mientras, la inversión privada y pública en construcción (en términos de Formación Bruta de Capital Fijo), base del ciclo de crecimiento, alcanzó en algunos años niveles del 20 % del PIB y rara vez bajó del 15 %. Un ciclo de crecimiento industrial requeriría al menos cifras de inversión del 5 % del PIB para convertirse en un verdadero motor económico. 

Pero las cifras de inversión del PNIEC, e incluso las de un 2,5 %, no están muy alejadas de la requeridas por el reemplazo y amortización de instalaciones energéticas que se producirían de mantener el modelo energético convencional. Esto quiere decir, sencillamente, que la transición energética, aun en los escenarios más ambiciosos, no alcanza a movilizar niveles de inversión suficientes para obtener los efectos requeridos en la multiplicación de beneficios, empleo y, por ende, en el crecimiento económico general.  (...)

La transición ecológica en las materias fundamentales de la producción de electricidad y la electrificación parcial de la economía son ya demasiado baratas como para generar un ciclo de crecimiento industrial global, con efectos significativos en el empleo y en la redistribución de rentas, al menos en la actual relación de fuerzas entre trabajo y capital. 

Volvamos al ejemplo de la tecnología fotovoltaica, pilar de la transición energética: básicamente esta se ha vuelto demasiado asequible, poco rentable. Los paneles fotovoltaicos se han abaratado algo más de un 90 % en la última década. Tapizar con ellos 200 o 300.000 hectáreas de suelo en España –más o menos la cantidad estimada para producir toda la electricidad (incluso algo más) que se consume hoy por hoy en el país– resulta ya demasiado “poco” en términos de inversión y empleo, al menos para generar impactos económicos sustanciales y ser el soporte de un ciclo económico realmente expansivo.  (...)

El problema es justo el contrario, las renovables se han vuelto excesivamente baratas como para generar un ciclo industrial con efectos económicos generales. Al mismo tiempo, sumergidos en un ciclo de ya casi 40 años de financiarización de las economías, existe demasiado dinero en búsqueda de rentabilidad como para que los sectores clave de la transición energética puedan absorberlo de forma significativa. El problema es curiosamente de exceso de eficiencia industrial, de exceso de capacidad industrial y de exceso de dinero. Y esto hace a nuestro sistema económico responsable por partida doble de la crisis ecológica actual: en tanto causa de los principales problemas y en tanto resulta impotente a la hora de resolverlos, al menos según su propia lógica. 

De acuerdo con lo aquí presentado, el Green New Deal puede ser el enésimo canto de sirena de una izquierda a la búsqueda de un nuevo eslogan, o lo que es lo mismo de una nueva justificación... verde y sin futuro."                          (Emmanuel Rodríguez, CTXT, 09/10/19)