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3.8.26

El vicio de Isabel Díaz Ayuso con los áticos es algo digno de psicoanálisis. Quizá haberse criado en ese barrio y mirar hacia arriba viendo esas terrazas imposibles le ha traumatizado... Su terapia nos está saliendo cara... personas psicológicamente como Ayuso pueden entenderse con dos palabras francesas: "parvenu" o nuevo rico.. y "aisance" o naturalidad. La primera marca a la persona de clase social más baja que alcanza un estatus relacional más elevado no destinado a los de su clase y que la aristocracia usa para despreciarlos, la segunda palabra se refiere a la soltura para relacionarse, una marca de clase. La que Ayuso jamás podrá alcanzar por mucho que le paguemos con nuestros impuestos ese intento de ascenso de clase... Ayuso es una "parvenu" de las muchas que pululan por la geografía madrileña... pero Ayuso ni siquiera ha podido pagarse ese ascenso social. Hay pocas cosas más bajas que ser una intrusa de clase con el dinero propio, y es serlo con el de la plebe, que paga sus impuestos para comprarle esa posición social bastarda... El hecho de que el ático que le hemos comprado a la Quironesa era de Astrid Gil-Casares, una eminente miembro de la elite aristócrata madrileña, es una muestra más de cómo Ayuso busca emular los usos y costumbres de una clase con la que se codea por su cargo, pero que la desprecia por no ser más que una advenediza de clase... Isabel Díaz Ayuso es una lideresa política que se mueve por sus complejos, traumas, miedos y fobias. Todo lo que hace en su labor pública se entiende desde la disforia que sufre entre lo poco que es y lo mucho que querría ser porque el poder no le otorgará jamás aquello que en su subconsciente sabe que le falta. No hay ático que pueda disimular los usos y costumbres clasemedieros que la nobleza huele desde arriba (Antonio Maestre)

"Ayuso, la pijoaparte.

El vicio de Isabel Díaz Ayuso con los áticos es algo digno de psicoanálisis. Quizá haberse criado en ese barrio y mirar hacia arriba viendo esas terrazas imposibles le ha traumado y ahora somos los madrileños los que tenemos que cerrar ese vacío existencial con nuestros impuestos. Su terapia nos está saliendo cara. Molière explicó lo que le pasa a gente como la presidenta de la Comunidad de Madrid ya en el siglo XVII en su obra 'El burgués gentilhombre' con el proceder de Mounsier Jourdain intentando emular los modales de los nobles pagando a maestros e instructores sin lograr ni siquiera alcanzarlos, lo que provocaba la burla más absoluta de la clase a la que quiere pertenecer.

Pierre Bourdieu en 'La distinción' nos enseña que el capital cultural no se puede comprar, personas psicológicamente como Ayuso pueden entenderse con dos palabras francesas: "parvenu" y "aisance". La primera marca a la persona de clase social más baja que alcanza un estatus relacional más elevado no destinado a los de su clase y que la aristocracia usa para despreciarlos, la segunda palabra se refiere a la naturalidad y soltura para relacionarse, aplicado a las relaciones sociales se puede considerar la marca de clase. La que Ayuso jamás podrá alcanzar por mucho que le paguemos con nuestros impuestos ese intento de ascenso de clase.

Ayuso es una "parvenu" de las muchas que pululan por la geografía madrileña. No pasaría de ser un especimen común de nuestra ciudad, que dan verdadera lástima, si no fuera porque la mayoría se jode y se aguanta con sus complejos y además tiene que pagarle la factura de su espectáculo patético. El dinero puede comprar casi de todo, jamás la pertenencia, pero es que encima el dinero de Ayuso lo ponemos nosotros. El hecho de que el ático que le hemos comprado a la Quironesa sea a Astrid Gil-Casares, una eminente miembro de la elite aristócrata madrileña, es una muestra más de cómo Ayuso busca emular los usos y costumbres de una clase con la que se codea por su cargo pero que la desprecia por no ser más que una advenediza de clase. No sé si lo sabrá, si lo imaginará, pero a Ayuso alguien tendría que decirle que esa clase social se burlará de ella en cuanto se dé media vuelta.

Hay algo más vergonzoso que ser una "parvenu" y es ser Ayuso, porque ella ni siquiera ha podido pagarse ese ascenso social. Hay pocas cosas más bajas que ser una intrusa de clase con el dinero propio y es serlo con el de la plebe que paga sus impuestos para comprarle esa posición social bastarda. Me resistía a usar la obra 'Últimas tardes con Teresa' con Ayuso porque Pijoaparte emulando una identidad de clase para intentar colarse en la burguesía catalana tenía bastante más estilo, pero es la referencia que seguramente mejor se comprenda aunque le quede demasiado elevada a Isabel Natividad.

Esta descripción social especialmente definida en la cultura francesa podría parecer una broma o exageración si no fuera porque Isabel Díaz Ayuso es una lideresa política que se mueve por sus complejos, traumas, miedos y fobias. Todo lo que hace en su labor pública se entiende desde la disforia que sufre entre lo poco que es y lo mucho que querría ser porque el poder no le otorgará jamás aquello que en su subconsciente sabe que le falta. No hay ático que pueda disimular los usos y costumbres clasemedieros que la nobleza huele desde arriba."

(Antonio Maestre, blog, 29/07/26)

10.5.26

Brooke Rollins, ministra de economía con Trump, ha declarado orgullosa a la cadena ultraderechista NewsMax que en tan solo un año han eliminado del programa de ayuda alimentaria a 4.5 millones de estadounidenses porque “el principio bíblico fundacional de EEUU es que todo el mundo debe de trabajar”. Lo que se ha callado es que la gran mayoría de esas personas trabajan, pero el salario no les llega para vivir con dignidad... “Y eso que todavía no se ha aplicado la Big Beautiful Bill” ha añadido Rollins anunciando que muchos más ciudadanos y ciudadanas se quedarán sin subvenciones para comprar alimentos. Asociar la pobreza con la vagancia (igual que criminalizar a los hispanos) es la estrategia de este gobierno para justificar el recorte de impuestos a billonarios (que beneficia directamente a los miembros del gabinete)... es un Gobierno de Ricos para los Ricos (Guillermo Fesser)

GUILLERMO FESSER @guillermofesser

Brooke Rollins, ministra de economía con Trump, ha declarado orgullosa a la cadena ultraderechista NewsMax que en tan solo un año han eliminado del programa de ayuda alimentaria a 4.5 millones de estadounidenses porque “el principio bíblico fundacional de EEUU es que todo el mundo debe de trabajar”. Lo que se ha callado es que la gran mayoría de esas personas trabajan, pero el salario no les llega para vivir con dignidad. 

“Y eso que todavía no se ha aplicado la Big Beautiful Bill” ha añadido Rollins anunciando que muchos más ciudadanos y ciudadanas se quedarán sin subvenciones para comprar alimentos. Asociar la pobreza con la vagancia (igual que criminalizar a los hispanos) es la estrategia de este gobierno para justificar el recorte de impuestos a billonarios (que beneficia directamente a los miembros del gabinete). 

Nos encontramos ante el gobierno más alejado de la sensibilidad de los ciudadanos de la calle de toda la historia de EEUU. Con un único político de carrera en el consejo (Marco Rubio) el gobierno de Trump 2.0 está básicamente compuesto por multimillonarios. A destacar dos financieros de Wall Street, varios ex consejeros delegados de grandes empresas, un Kennedy y algún rostro televisivo. 

La revista Forbes estima que el patrimonio de los miembros del gobierno actual, sin contar al propio Trump (5.500 millones) sobrepasa los 7.500 millones de dólares. Por poner la barbaridad en perspectiva, los del gobierno de Biden, que tampoco eran muertos de hambre, tenían en total 110 millones. 

Un Gobierno de Ricos para los Ricos. Eso explica que en estos momentos el sinvergüenza de Donald Trump se haya puesto una demanda judicial a di mismo (o sea, contra el gobierno de EEUU) por difamación y caza de brujas a su persona durante el mandato de Biden.

 Repetimos: Trump mismo (ejerciendo de fiscal y de abogado defensor) pretende que su gobierno le pague a él con el dinero de todos los contribuyentes (a los que se había comprometido a bajarles la deuda fiscal y a mejorarles su situación económica) 10.000 millones de dólares que luego él ha dicho con la boca pequeña que va a donar para “obras sociales” como, por ejemplo, construirse un arco de la victoria con una estatua suya de oro en la cima. 

Este gobierno de corruptos está consiguiendo que quienes pagamos impuestos orgullosos de poder ayudar a mejorar la vida de nuestros vecinos más desfavorecidos, a conservar el patrimonio y los parques de todos, a fomentar la educación pública… empecemos a odiar tener que hacerlo sabedores de que nuestro dinero solamente va a ir a financiar sus guerras o a rellenar sus bolsillos.

9:48 a. m. · 10 may. 2026 ·25,6 mil Visualizaciones

16.3.26

La guerra contra Irán y la destrucción de Gaza son solo el comienzo. Bienvenidos al nuevo orden mundial. La era de la barbarie tecnológicamente avanzada... Si te opones a los fuertes y te niegas a someterte a sus caprichosas exigencias, te lloverán misiles y bombas... Hospitales , escuelas primarias , universidades y complejos de apartamentos quedan reducidos a escombros... líderes políticos —incluidos los jefes de los equipos negociadores— son asesinados por decenas de miles mediante misiles y drones asesinos... Los recursos, como bien saben los venezolanos, son robados abiertamente . Los alimentos, el agua y las medicinas, al igual que en Palestina, se utilizan como armas... Los archivos Epstein exponen la enfermedad y la crueldad de la clase dominante. Liberales. Conservadores. Rectores de universidades. Académicos. Filántropos. Magnates de Wall Street. Celebridades. Demócratas. Republicanos... Se regodean en un hedonismo desenfrenado... Matones armados y enmascarados inundan las calles de Estados Unidos y asesinan a civiles, incluidos ciudadanos estadounidenses... Quienes perpetran el genocidio, la masacre y la guerra injustificada contra Irán son los mismos que desmantelan nuestras instituciones democráticas... La realidad acabará por hacer estallar las fantasías «esperanzadoras», pero para entonces será demasiado tarde... Tenemos enemigos. No están en Palestina. No están en el Líbano. No están en Irán. Están aquí. Entre nosotros. Dictan nuestras vidas. Son traidores a nuestros ideales. Son traidores a nuestro país. Sueñan con un mundo de esclavos y amos. Gaza es solo el comienzo (Chris Hedges, premio Pulitzer)

"La guerra contra Irán y la destrucción de Gaza son solo el comienzo. Bienvenidos al nuevo orden mundial. La era de la barbarie tecnológicamente avanzada. Aquí no hay reglas para los fuertes, solo para los débiles. Si te opones a los fuertes y te niegas a someterte a sus caprichosas exigencias, te lloverán misiles y bombas.

Hospitales escuelas primarias universidades complejos de apartamentos quedan reducidos a escombros. Médicos estudiantes periodistas poetas escritores científicos artistas líderes políticos —incluidos los jefes de los equipos negociadores— son asesinados por decenas de miles mediante misiles y drones asesinos.

Los recursos, como bien saben los venezolanos, son robados abiertamente . Los alimentos, el agua y las medicinas, al igual que en Palestina, se utilizan como armas.

Que coman tierra.

Organismos internacionales como las Naciones Unidas son una farsa, apéndices inútiles de otra época. La inviolabilidad de los derechos individuales, las fronteras abiertas y el derecho internacional han desaparecido. Los líderes más depravados de la historia, aquellos que redujeron ciudades a cenizas, llevaron a poblaciones cautivas a lugares de ejecución y sembraron fosas comunes y cadáveres en las tierras que ocuparon, han regresado con sed de venganza.

Repiten los mismos estereotipos hipermasculinos. Repiten la misma retórica racista y vil. Repiten la misma visión maniquea del bien y del mal, del blanco y del negro. Repiten el mismo lenguaje infantil de dominación total y violencia desenfrenada.

Payasos asesinos. Bufones. Idiotas. Se han apoderado de las riendas del poder para llevar a cabo sus visiones dementes y caricaturescas, mientras saquean el Estado para su propio enriquecimiento.

«Tras presenciar durante varios meses una brutal matanza en masa, sabiendo que fue concebida, ejecutada y respaldada por personas muy parecidas a ellos, que la presentaron como una necesidad colectiva, legítima e incluso humana, millones de personas se sienten ahora menos cómodas en el mundo», escribe Pankaj Mishra en « El mundo después de Gaza ». «El impacto de esta nueva exposición a un mal peculiarmente moderno —un mal cometido en la era premoderna solo por individuos psicópatas y desatado en el siglo pasado por gobernantes y ciudadanos de sociedades ricas y supuestamente civilizadas— es incalculable. Tampoco lo es el abismo moral al que nos enfrentamos».

Los subyugados son propiedad, mercancías para explotar con fines de lucro o placer. Los archivos Epstein exponen la enfermedad y la crueldad de la clase dominante. Liberales. Conservadores. Rectores de universidades. Académicos. Filántropos. Magnates de Wall Street. Celebridades. Demócratas. Republicanos.

Se regodean en un hedonismo desenfrenado. Asisten a colegios privados y cuentan con atención médica privada. Viven envueltos en burbujas egocéntricas, rodeados de aduladores, publicistas, asesores financieros, abogados, sirvientes, chóferes, gurús de la autoayuda, cirujanos plásticos y entrenadores personales. Residen en fincas fuertemente custodiadas y veranean en islas privadas. Viajan en jets privados y yates gigantescos. Viven en otra realidad, lo que el periodista del Wall Street Journal, Robert Frank, denomina el mundo de «Richistán», un mundo de Xanadú privado donde celebran bacanales neronistas, cierran tratos pérfidos, amasan fortunas y desechan a quienes utilizan, incluidos los niños, como si fueran basura. En este círculo mágico, nadie rinde cuentas. Ningún pecado es demasiado depravado. Son parásitos humanos. Destruyen el Estado para su propio beneficio. Aterrorizan a las «razas inferiores de la tierra». Acabaron con los últimos y débiles vestigios de nuestra sociedad abierta.

«No habrá curiosidad, ni disfrute del proceso de la vida», como escribe George Orwell en «1984». «Todos los placeres que compitan con ella serán destruidos. Pero siempre —no lo olvides, Winston— siempre existirá la embriaguez del poder, que aumentará y se volverá cada vez más sutil. Siempre, en cada instante, existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. 
Si quieres una imagen del futuro, imagina una bota pisoteando un rostro humano, para siempre».Suscribirse

La ley, a pesar de algunos valientes esfuerzos de un puñado de jueces —que pronto serán purgados— es un instrumento de represión. El poder judicial existe para montar juicios espectáculo. Pasé mucho tiempo en los tribunales de Londres cubriendo la farsa dickensiana durante la persecución de Julian Assange. Una Lubyanka en el Támesis. Nuestros tribunales no son mejores. Nuestro Departamento de Justicia es una máquina de venganza

Matones armados y enmascarados inundan las calles de Estados Unidos y asesinan a civiles, incluidos ciudadanos estadounidenses. Los dirigentes invierten miles de millones en convertir almacenes en centros de detención y campos de concentración. Insisten en que solo albergarán a los indocumentados, a los criminales, pero nuestra clase dirigente global miente como si respirara. A sus ojos, somos escoria, o bien obedientes ciegamente y sin cuestionamientos, o bien criminales. No hay término medio.

Estos campos de concentración, donde no existe el debido proceso y la gente desaparece, están diseñados para nosotros. Y con «nosotros» me refiero a los ciudadanos de esta república muerta. Sin embargo, observamos, estupefactos, incrédulos, esperando pasivamente nuestra propia esclavitud.

No tardará mucho.

La brutalidad en Irán, Líbano y Gaza es la misma que sufrimos en casa. Quienes perpetran el genocidio, la masacre y la guerra injustificada contra Irán son los mismos que desmantelan nuestras instituciones democráticas.

El antropólogo social Arjun Appadurai denomina a lo que está sucediendo «una vasta corrección malthusiana a nivel mundial» que está «orientada a preparar al mundo para los ganadores de la globalización, sin el molesto ruido de sus perdedores».

Oh, dicen los críticos, no seas tan pesimista. No seas tan negativo. ¿Dónde está la esperanza? En realidad, no es tan malo.

Si crees esto, eres parte del problema, un engranaje involuntario en la maquinaria de nuestro estado fascista en rápida consolidación.

La realidad acabará por hacer estallar estas fantasías «esperanzadoras», pero para entonces será demasiado tarde.

La verdadera desesperación no surge de una interpretación precisa de la realidad. La verdadera desesperación proviene de la rendición, ya sea por fantasía o apatía, ante un poder maligno. La verdadera desesperación es impotencia. Y la resistencia, la resistencia significativa, incluso si está casi con certeza condenada al fracaso, es empoderamiento. Confiere autoestima. Confiere dignidad. Confiere capacidad de acción. Es la única acción que nos permite usar la palabra esperanza.

Los iraníes, libaneses y palestinos saben que no hay forma de apaciguar a estos monstruos. Las élites globales no creen en nada. No sienten nada. No se puede confiar en ellas. Exhiben los rasgos esenciales de todos los psicópatas: encanto superficial, grandiosidad y egocentrismo, necesidad de estimulación constante, propensión a la mentira, el engaño, la manipulación y la incapacidad de sentir remordimiento o culpa. Desprecian como debilidad las virtudes de la empatía, la honestidad, la compasión y el autosacrificio. Viven bajo el credo del Yo. Yo. Yo.

«El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes, el hecho de que compartan tantos errores no convierte esos errores en verdades, y el hecho de que millones de personas compartan las mismas formas de patología mental no las convierte en personas cuerdas», escribe Eric Fromm en «La sociedad cuerda».

Hemos presenciado la maldad durante casi tres años en Gaza. Ahora la vemos en Líbano e Irán. Observamos cómo los líderes políticos y los medios de comunicación la justifican o la encubren.

El New York Times, como sacado de una novela de Orwell, envió un memorando interno a reporteros y editores instándolos a evitar los términos «campos de refugiados», «territorio ocupado», «limpieza étnica» y, por supuesto, «genocidio» al escribir sobre Gaza. Quienes denuncian este mal son difamados, vetados y expulsados ​​de los campus universitarios y la esfera pública. Son arrestados y deportados. Un silencio sepulcral se cierne sobre nosotros, el silencio de todos los estados autoritarios. Si no cumples con tu deber, si no apoyas la guerra contra Irán, te revocarán la licencia de radiodifusión, como ha propuesto el presidente de la FCC, Brendan Carr .

Tenemos enemigos. No están en Palestina. No están en el Líbano. No están en Irán. Están aquí. Entre nosotros. Dictan nuestras vidas. Son traidores a nuestros ideales. Son traidores a nuestro país. Sueñan con un mundo de esclavos y amos. Gaza es solo el comienzo. No existen mecanismos internos para la reforma. Podemos oponernos o rendirnos.

Esas son las únicas opciones que quedan."

(Chris Hedges, Gaceta Crítica, 16 de Marzo de 2026)

12.3.26

La desigualdad extrema creó el mundo que Jeffrey Epstein explotó... Las revelaciones sobre Epstein son síntomas de una crisis más profunda: una economía política que prioriza la extracción sobre la creación y concentra el poder en cada vez menos manos, ¿por qué tantos ricos y poderosos se vieron envueltos con Epstein, incluso después de que fuera condenado? Cuando la riqueza y el poder se concentran en tan pocas manos, las distancias sociales y psicológicas entre las élites y el resto de nosotros se vuelven enormes... la «amenaza de la evaluación social» lleva incluso a los fabulosamente ricos a «mejorarse a sí mismos», haciendo alarde de su supuesto valor a través del consumo conspicuo y la proximidad al poder. El mundo de Epstein era la máxima manifestación de este consumo de estatus, marcador de una identidad de primera clase que supuestamente los aislaba de la realidad de segunda clase que soportábamos el resto de nosotros... Este entrelazamiento de las élites políticas y financieras apunta a un malestar más profundo: el cambio de la creación de riqueza a lo que los economistas denominan extracción de riqueza o capitalismo rentista. En lugar de crear empresas que sirvan al bien común, se han convertido en expertos en manipular el entorno social o político para aumentar sus propios activos sin crear ningún valor nuevo para la sociedad. Esta es la red que crea y mantiene la desigualdad que sustenta nuestra disfunción social... Muchos de nosotros pensábamos que veríamos un cambio transformador tras la crisis financiera mundial, el Covid o el cambio climático, pero no fue así... Si nuestro sistema político es incapaz de hacer frente a la manipulación y la corrupción de la élite, ¿cuál es la solución? Necesitamos redistribuir el poder tanto como necesitamos redistribuir la riqueza y los ingresos. Todas las formas de democracia deliberativa pueden ayudarnos a revitalizar nuestra sociedad civil y a alejar la agencia y la dirección política de los intereses creados y los privilegios. Las asambleas ciudadanas, compuestas por personas seleccionadas al azar para aprender de los expertos, examinar las pruebas y debatir cuestiones espinosas, ofrecen una revolución silenciosa que puede disipar nuestro malestar democrático y conducir a un cambio profundo (Kate Pickett)

 "Mientras observamos cómo la oleada de revelaciones de los archivos de Epstein envuelve nuestra política y a los poderosos, derrocando a la realeza y otras élites de sus exaltadas posiciones, una pregunta sigue surgiendo: ¿por qué tantos ricos y poderosos se vieron envueltos con Epstein, incluso después de que fuera condenado por solicitar los servicios sexuales de una menor y estuviera a la espera de juicio por tráfico sexual? Esto nos recuerda la icónica pregunta de la cómica Mrs Merton a la artista Debbie McGee: «¿Qué fue lo primero que te atrajo del millonario Paul Daniels?».

Epstein claramente quería estar cerca del estatus y el poder y estaba dispuesto a pagar por ese acceso. Los que estaban en el poder claramente querían aún más dinero del que ya tenían y formar parte del glamuroso mundo de Epstein, con islas privadas, lujosas casas adosadas, jets privados y fastuosas fiestas. «Realmente fantaseo con la isla caribeña», escribió el renombrado académico y lingüista Noam Chomsky en un correo electrónico a Epstein. Quizás no debería sorprendernos. Después de todo, nos hemos acostumbrado a que los políticos abusen vulgarmente de su cargo para obtener todo lo que puedan: basta con ver cómo el ex primer ministro británico Boris Johnson consiguió una extravagante reforma de su piso de Downing Street pagada por un rico donante, y el escándalo de los gastos de los diputados de 2009, tras el cual se ordenó a 392 políticos británicos que devolvieran 1,3 millones de libras esterlinas en concepto de gastos indebidamente reclamados, entre los que se incluían el mantenimiento de fincas rurales, hipotecas fantasma y estancias en hoteles de lujo.

 Estos escándalos no son meros errores de juicio por parte de unas pocas «manzanas podridas». Son los síntomas previsibles de una sociedad en la que la desigualdad extrema ha llegado a un punto de ruptura. Cuando la riqueza y el poder se concentran en tan pocas manos, las distancias sociales y psicológicas entre las élites y el resto de nosotros se vuelven enormes. En este ambiente enrarecido, la «amenaza de la evaluación social» —esa ansiedad constante por el estatus que azota a las sociedades más desiguales— lleva incluso a los fabulosamente ricos a «mejorarse a sí mismos», haciendo alarde de su supuesto valor a través del consumo conspicuo y la proximidad al poder.

El mundo de Epstein era la máxima manifestación de este consumo de estatus. Para las élites que orbitaban a su alrededor, los jets privados y las islas del Caribe eran más que lujos; eran marcadores de una identidad de primera clase que supuestamente los aislaba de la realidad de segunda clase que soportábamos el resto de nosotros.

 La arquitectura de la extracción

Este entrelazamiento de las élites políticas y financieras apunta a un malestar más profundo: el cambio de la creación de riqueza a lo que los economistas denominan extracción de riqueza o capitalismo rentista. En lugar de crear empresas que sirvan al bien común, demasiados de los que ocupan los puestos más altos se han convertido en expertos en manipular el entorno social o político para aumentar sus propios activos sin crear ningún valor nuevo para la sociedad.

Esta es la red que crea y mantiene la desigualdad que sustenta nuestra disfunción social. En mi nuevo libro, The Good Society: And How We Make It, describo en detalle cómo la desigualdad actúa como un importante obstáculo para el bienestar y la prosperidad sostenible. Fomenta un entorno en el que quienes dirigen entidades legítimas las utilizan como armas para defraudar al público, ya sea mediante trucos contables, paraísos fiscales o presiones políticas. Para solucionar esto, necesitamos algo más que una mejor supervisión; necesitamos un cambio radical en nuestra economía política —la forma en que nuestras leyes e instituciones gobiernan la economía— y solo podremos lograrlo si tenemos una visión positiva de dónde queremos estar y una hoja de ruta sobre cómo llegar.

 Muchos de nosotros pensábamos que veríamos un cambio transformador tras la crisis financiera mundial, pero no fue así. La pandemia mundial de COVID-19 parecía otro momento que podría conducir a un reinicio de nuestras ambiciones y estructuras sociales, pero tampoco fue así. Nos enfrentamos a una crisis medioambiental existencial, pero no estamos haciendo nada parecido a lo que deberíamos hacer para sobrevivir. Con estos antecedentes, es difícil imaginar que el escándalo de Epstein provoque el cambio que necesitamos. Si ni siquiera somos capaces de gestionar a las personas problemáticas, ¿qué esperanza nos queda?

Las propias palabras del político caído en desgracia Peter Mandelson deberían haber servido de advertencia cuando, en los primeros años del gobierno del Nuevo Laborismo, dijo: «Nos parece muy bien que la gente se haga inmensamente rica, siempre y cuando pague sus impuestos». Él mismo estaba claramente empeñado en hacerse inmensamente rico, de ahí su escandaloso historial de préstamos no declarados, la solicitud de una indemnización de 547 000 libras esterlinas (que habría sido el resto de su salario de cuatro años) cuando fue destituido como embajador en Estados Unidos, la presión indebida sobre funcionarios del Gobierno, los conflictos de intereses y el cabildeo, por no hablar de su desagradable apoyo a Epstein.

 El 23 de febrero, Mandelson fue detenido por presunta conducta indebida en el ejercicio de un cargo público durante esta amistad. Sin embargo, fue reincorporado en repetidas ocasiones al seno del Gobierno y la política, donde pudo seguir enriqueciéndose impunemente. Si nuestro sistema político es incapaz de hacer frente a la manipulación y la corrupción de la élite, ¿cuál es la solución?

Ciudadanos, uníos

Necesitamos redistribuir el poder tanto como necesitamos redistribuir la riqueza y los ingresos. Todas las formas de democracia deliberativa pueden ayudarnos a revitalizar nuestra sociedad civil y a alejar la agencia y la dirección política de los intereses creados y los privilegios. Las asambleas ciudadanas, compuestas por personas seleccionadas al azar para aprender de los expertos, examinar las pruebas y debatir cuestiones espinosas, ofrecen una revolución silenciosa que puede disipar nuestro malestar democrático y conducir a un cambio profundo. Estas asambleas, y otras formas de democracia deliberativa como los presupuestos participativos, pueden empoderar a los ciudadanos de a pie para encontrar soluciones prácticas y no ideológicas para una buena sociedad que funcione para todos nosotros. Solo dos ejemplos de éxitos en Irlanda, sobre la reforma del aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, demuestran que cuando confiamos en el público con información de calidad y tiempo para el diálogo, este se muestra mucho más progresista y ambicioso en cuanto al cambio de lo que permiten nuestras estructuras políticas actuales.

 Como dijo Marcel Proust, estamos «demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas». Los archivos de Epstein y el escándalo de Mandelson nos recuerdan que el estado actual de las cosas es simplemente inaceptable. Es posible construir una sociedad mejor, pero solo si somos lo suficientemente valientes como para abordar la desigualdad que actualmente ata nuestra política, nuestra economía y nuestra cultura a los intereses de unos pocos." 

( , U. York, Social Europe, 12/03/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)  

26.2.26

Los archivos de Epstein relacionados con Trump se están ocultando al público... Algunos de estos archivos están relacionados con acusaciones de que Trump abusó sexualmente de una menor. Incluyen más de 50 páginas de una entrevista del FBI con una mujer que acusó a Trump de abusar sexualmente de ella, hace décadas, cuando era menor de edad... Según el congresista Jamie Raskin (demócrata por Maryland), que tuvo acceso a los archivos sin censurar a principios de este mes, el nombre de Trump aparece “más de un millón de veces”. Esa afirmación, junto con el hecho de que el Departamento de Justicia ha dificultado a los legisladores la búsqueda de los archivos, es “lo que se conoce como un encubrimiento” (Chris Walker)

 "Los archivos relacionados con las acusaciones de abuso sexual contra el presidente Donald Trump están siendo retenidos o eliminados de la base de datos publicada por el Departamento de Justicia estadounidense en relación con Jeffrey Epstein y su red de explotación sexual de niñas y mujeres.

Algunos de estos archivos están relacionados con acusaciones de que Trump abusó sexualmente de una menor. Incluyen más de 50 páginas de una entrevista del FBI con una mujer que acusó a Trump de abusar sexualmente de ella, hace décadas, cuando era menor de edad. Según una investigación de NPR, la radio pública de Estados Unidos, el Departamento de Justicia está ocultando esos archivos, y otros que incluyen el nombre de Trump, de la base de datos consultable de los archivos de Epstein.

Algunos de estos archivos están relacionados con acusaciones de que Trump abusó sexualmente de una menor

Algunos archivos fueron eliminados de la base de datos y volvieron a ponerse en línea durante el mes de febrero. Sin embargo, otros fueron retirados y aún no han sido devueltos. Muchos otros nunca se compartieron con el público, según el análisis de NPR de los números de serie de los archivos.

Entre los archivos que se eliminaron de la base de datos pública se encuentra una entrevista separada a una mujer que testificó en el juicio penal contra Ghislaine Maxwell, pareja y cómplice de Epstein. Maxwell ha solicitado un indulto a Trump.

Cuando NPR preguntó a la portavoz de la Casa Blanca, Abigail Jackson, por qué el Departamento de Justicia había eliminado archivos de la base de datos, mientras que otros parecen haber desaparecido por completo, esta ignoró la pregunta y afirmó que “Trump ha hecho más por las víctimas de Epstein que nadie antes que él”.

Jackson también alegó que Trump, que fue amigo íntimo de Epstein, ha sido “totalmente exonerado de cualquier cosa relacionada con Epstein”. Sin embargo, Trump no se ha enfrentado a ningún cargo penal o civil derivado del caso Epstein, lo que significa que, por el momento, no tiene nada de lo que reclamar exoneración.

Trump se ha beneficiado políticamente de los archivos de Epstein. Durante su campaña presidencial, aprovechó las teorías conspirativas relacionadas con Epstein, populares entre sus bases, y dijo a sus seguidores que estaba dispuesto a hacer públicos los archivos.

Sin embargo, desde que volvió al cargo, el presidente ha incumplido esa promesa. De hecho, ha afirmado en varias ocasiones que los archivos son un “bulo” político contra él y ha tratado de minimizar su importancia para las víctimas y el pueblo estadounidense en general.

El presidente solo cedió a la publicación de los archivos cuando quedó claro que en diciembre se aprobaría un proyecto de ley que exigía su divulgación. Incluso después de publicar los archivos, de los que la Administración solo ha divulgado una parte, ha tratado de dejar de lado el tema y ha atacado a quienes apuestan por seguir debatiéndolo.

“Creo que ya es hora de que el país pase a otra cosa”, dijo Trump a los periodistas a principios de este mes. También la fiscal general, Pam Bondi, y el fiscal general adjunto, Todd Blanche, ambos antiguos abogados personales de Trump, afirmaron que no se estaba ocultando ni censurando ningún documento “por motivos de vergüenza, daño a la reputación o sensibilidad política, ni siquiera en el caso de ningún funcionario del Gobierno, figura pública o dignatario extranjero”. Esta afirmación se hizo en una carta dirigida al Congreso el 14 de febrero.

La censura, eliminación u ocultación de archivos con el fin de arruinar la reputación de una persona está expresamente prohibida en la Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein, firmada por Trump.

Es probable que haya más archivos ocultos al público que incluyan el nombre de Trump. Según el congresista Jamie Raskin (demócrata por Maryland), que tuvo acceso a los archivos sin censurar a principios de este mes, el nombre de Trump aparece “más de un millón de veces”. Esa afirmación, junto con el hecho de que el Departamento de Justicia ha dificultado a los legisladores la búsqueda de los archivos, es “lo que se conoce como un encubrimiento”, dijo también Raskin.

Este informe de NPR salió a la luz mientras Trump se preparaba para el discurso sobre el estado de la Unión. Varias encuestas ya muestran que Trump se enfrenta a algunos de los peores índices de aprobación que ha tenido nunca, incluido un índice de desaprobación del 63 % en una encuesta de SSRS recientemente publicada por CNN.

Una encuesta de Data for Progress recientemente publicada también revela que la mayoría de los votantes, el 55 %, cree que Trump está siendo deshonesto en lo que respecta a los archivos de Epstein. Esa encuesta también reveló que uno de cada dos votantes cree que Trump debería ser sometido a un juicio político por sus pasadas relaciones con Epstein y su gestión actual de los archivos." 

(Chris Walker (Truthout) , CTXT, 26/02/2026)

17.2.26

Reducir el caso Epstein a una mera distracción sería subestimar grotescamente la ingeniería en juego. Los hilos no conectan solo a políticos en apuros; tejen una red que une la perversión privada con el complejo militar-industrial, la banca de alto nivel y los servicios de inteligencia. Los documentos desclasificados han realizado un trabajo crucial. Han elevado la vaga teoría conspirativa de «Epstein trabajaba para el Mossad-CIA- MI6» al estatus de hipótesis de trabajo documentada, con nodos, flujos de dinero y contratos específicos. El contrato de 25 millones de dólares firmado el 5 de octubre de 2015 entre Jeffrey Epstein (en su rol como presidente de Southern Trust Company Inc.) y el grupo Rothschild es la piedra de este sistema. No se trataba de una asesoría financiera convencional, era la llave maestra de un esquema de «doble uso». Los fondos Rothschild, canalizados a través de Epstein, sirvieron para inyectar capital en empresas israelíes de ciberinteligencia y vigilancias fundadas por exmiembros de la Unidad 8200, la célebre unidad de inteligencia de señales del ejército israelí. ¿Y si los algoritmos de «análisis de riesgo» por los que Rothschild pagó 25 millones a Epstein no eran para predecir fluctuaciones de mercado, sino vulnerabilidades humanas? La hipótesis cobra fuerza cuando se introduce a un tercer actor fundamental: Peter Thiel y su empresa Palantir... la tecnología de Palantir pudo haber sido la plataforma donde se integraron esos «algoritmos de análisis de riesgo» de Epstein. El resultado no sería un modelo financiero, sino un perfilador de extorsión predictiva. Cruzar datos financieros ocultos, historiales médicos secretos, preferencias sexuales recopiladas de darknets y comportamientos en línea para identificar, antes de siquiera conocerlos personalmente, los puntos de presión de un magnate, un político o un heredero real. La isla privada y las propiedades de Epstein no serían entonces solo lugares de depravación, sino laboratorios de campo para validar y refinar estos modelos, obteniendo la confirmación empírica última del perfil creado... Son servicios subcontratados a redes privadas, financiadas por capital opaco, que operan en la intersección entre la alta finanza, el espionaje y el crimen organizado de lujo... El horror no es que estas personas existan; es que son ellas, cuyos nombres pueblan las páginas de los expedientes, las que toman decisiones sobre sanciones económicas que matan de hambre a poblaciones enteras, sobre intervenciones militares que destrozan países, sobre políticas migratorias que condenan a millones a la desesperación... Y lo hacen, aparentemente, después de participar en lo que cualquier marco moral ordinario calificaría como los actos más viles imaginables (Alejandro Marcó del Pont)

 " (...) Sin embargo, reducir esto a una mera distracción sería subestimar grotescamente la ingeniería en juego. Los hilos no conectan solo a políticos en apuros; tejen una red que une la perversión privada con el complejo militar-industrial, la banca de alto nivel y los servicios de inteligencia. Los documentos desclasificados han realizado un trabajo crucial. Han elevado la vaga teoría conspirativa de «Epstein trabajaba para el Mossad-CIA- MI6» al estatus de hipótesis de trabajo documentada, con nodos, flujos de dinero y contratos específicos.     

El contrato de 25 millones de dólares firmado el 5 de octubre de 2015 entre Jeffrey Epstein (en su rol como presidente de Southern Trust Company Inc.) y el grupo Rothschild es la piedra de este sistema. No se trataba de una asesoría financiera convencional, era la llave maestra de un esquema de «doble uso». Los fondos Rothschild, canalizados a través de Epstein, sirvieron para inyectar capital en empresas israelíes de ciberinteligencia y vigilancias fundadas por exmiembros de la Unidad 8200, la célebre unidad de inteligencia de señales del ejército israelí.

El dinero no se quedó en abstracto. Los correos electrónicos muestran su rastro concreto. Epstein utilizó estos canales para financiar a Ehud Barak, el ex primer ministro y ministro de defensa israelí, en la creación de Carbyne. La empresa se vende como una plataforma de servicios de emergencia de última generación, pero su tecnología tiene una capacidad intrínseca y aterradora. Puede acceder de forma remota a la cámara, el micrófono y los datos de localización de cualquier smartphone que tenga instalada su aplicación, a menudo integrada a nivel de sistema operativo por acuerdos con gobiernos. Aquí es donde la especulación de los analistas se funde con la lógica revelada por los documentos: ¿y si los algoritmos de «análisis de riesgo» por los que Rothschild pagó 25 millones a Epstein no eran para predecir fluctuaciones de mercado, sino vulnerabilidades humanas? La hipótesis cobra fuerza cuando se introduce a un tercer actor fundamental: Peter Thiel y su empresa Palantir.

Thiel es el filósofo-rey del capitalismo de vigilancia aplicado a la seguridad nacional. Palantir, su criatura, no es una empresa de software cualquiera; es el sistema nervioso central de la vigilancia digital moderna. Proporciona la infraestructura de inteligencia artificial que el Ministerio de Defensa israelí utiliza, por ejemplo, en Gaza, con sistemas como «Lavender» para la identificación masiva de blancos. La especulación, basada en la convergencia de intereses y capacidades, es que la tecnología de Palantir pudo haber sido la plataforma donde se integraron esos «algoritmos de análisis de riesgo» de Epstein.

El resultado no sería un modelo financiero, sino un perfilador de extorsión predictiva. Cruzar datos financieros ocultos, historiales médicos secretos, preferencias sexuales recopiladas de darknets y comportamientos en línea para identificar, antes de siquiera conocerlos personalmente, los puntos de presión de un magnate, un político o un heredero real. La isla privada y las propiedades de Epstein no serían entonces solo lugares de depravación, sino laboratorios de campo para validar y refinar estos modelos, obteniendo la confirmación empírica última del perfil creado. El cliente—ya sea una agencia de inteligencia, un primer ministro, un actor privado o un conglomerado financiero—recibiría un dossier no solo con los pecados cometidos, sino con una predicción de los que el sujeto estaría dispuesto a cometer. Es la extorsión elevada a ciencia.

Esta convergencia explica por qué un conflicto con Irán no es solo una distracción conveniente, sino un objetivo estratégico y económico para esta red. Para Peter Thiel y Palantir, una guerra a gran escala con Irán es el killer app, la aplicación final que justificaría inversiones billonarias. Sería la prueba de concepto definitiva para una guerra gestionada por IA, donde los «blancos generados por algoritmos» sustituyen la deliberación humana, acelerando los ciclos de decisión hasta hacer irrelevantes las consideraciones éticas o políticas.

Los contratos se multiplicarían, los beneficios –ya triplicados en 2025 gracias a la colaboración con Israel– se dispararían. Para las empresas de defensa israelíes como Elbit Systems o Israel Aerospace Industries (IAI), implicadas en la producción de sistemas de misiles como el Arrow, sería un boom económico sin precedentes. Para los servicios de inteligencia, un conflicto de esta magnitud permite justificar presupuestos negros astronómicos, reorganizar prioridades y, crucialmente, silenciar cualquier investigación interna o externa sobre su posible participación en la red de Epstein bajo el argumento incuestionable de la «prioridad bélica». La guerra, en este cálculo deshumanizado, es el negocio perfecto y la cortina de humo definitiva.

Por debajo de toda esta maquinaria fría –los algoritmos, los contratos, las estrategias geopolíticas– late una patología humana que los analistas de la psicología del poder han comenzado a diseccionar a la luz de estos archivos. No se trata de unos pocos «malos manzanas». Los estudios, como los citados en los círculos especializados en psicopatología política desde 2026, indican una sobrerrepresentación significativa de rasgos narcisistas, maquiavélicos y psicopáticos en las élites del poder global, particularmente en finanzas y política de alto vuelo. Para estos individuos, la teoría del «objeto de uso» no es una metáfora; es un manual operativo. Los demás seres humanos son piezas en un tablero, fuentes de placer, de utilidad o de explotación.

Los testimonios más extremos que emergen de los archivos –las referencias a rituales, a tortura, a un «goce perverso» que va más allá del mero abuso– encajan en la estructura clínica de la perversión en su sentido más estricto, la negación total de la subjetividad del otro, su reducción a un objeto para la gratificación de una fantasía de omnipotencia.

El horror no es que estas personas existan; es que son ellas, cuyos nombres pueblan las páginas de los expedientes, las que toman decisiones sobre sanciones económicas que matan de hambre a poblaciones enteras, sobre intervenciones militares que destrozan países, sobre políticas migratorias que condenan a millones a la desesperación. Deciden qué es un gobierno «democrático» y qué es un «régimen canalla». Y lo hacen, aparentemente, después de participar en lo que cualquier marco moral ordinario calificaría como los actos más viles imaginables. La disociación no es un síntoma de su patología; es su herramienta de trabajo principal.

Al final, esta no es una historia sobre un pederasta rico. Es la historia del instrumento que construyó y que le sobrevivió. Los Archivos Epstein son el símbolo más tangible de una mutación en el ejercicio del poder: la privatización y externalización de las funciones más oscuras del Estado profundo (Deep State). La recolección de material comprometedor, la extorsión, la coerción psicológica, ya no son operaciones clandestinas llevadas a cabo únicamente por agencias estatales con sellos oficiales. Son servicios subcontratados a redes privadas, financiadas por capital opaco, que operan en la intersección entre la alta finanza, el espionaje y el crimen organizado de lujo.

La película de bajo presupuesto con la que comenzamos este relato se revela, así, como el documental más caro y peligroso jamás producido. Sus productores son anónimos, su presupuesto es incalculable, y sus ganancias no se miden en dólares, sino en grados de control sobre el futuro de las naciones. El sheriff, el pederasta y la bomba iraní no son elementos inconexos; son engranajes de la misma máquina. Una máquina que convierte la vergüenza en poder, el sexo en arma y la guerra en espectáculo redentor. Nosotros, el público, hemos sido reducidos a espectadores aturdidos, incapaces de distinguir si lo que vemos es ficción o la nueva y aterradora normalidad." 

 (Alejandro Marcó del Pont, blog,  04/02/26)

14.2.26

Branko Milanovic: Un impuesto pedagógico... un impuesto contra la codicia... no soy muy partidario de resolver los problemas de desigualdad de ingresos o riqueza mediante impuestos. Sin embargo, acontecimientos recientes me han llevado a apoyar el impuesto Zucman, e incluso a defender que se endurezca aún más.. pues la impunidad con la que se han comportado los ricos del caso Epstein exige la restricción social (por débil que sea). El impuesto Zucman sería una de esas modestas restricciones... Un impuesto pedagógico contra la codicia, al reducir ligeramente la riqueza de los excesivamente ricos, transmitiría el mensaje de que la sociedad no es totalmente indiferente a la codicia extrema, al poder y a la vanidad que acompañan a dicha riqueza, y que convierten a sus poseedores en objetos de adoración (inapropiada)... Un sistema de crédito social, llámalo «el sistema de crédito social anti-Epstein», que responda al "Compórtate con un mínimo de decencia o te gravarán con impuestos", sería una herramienta pedagógica... o sea, si viajas demasiado en jets o yates privados, se le gravaría entre el 1 y el 2 % de tu patrimonio neto... Si contribuye con más de 1000 dólares a la campaña de cualquier político, se le cobraría entre el 1 y el 5 % de su patrimonio neto

"La codicia es, como la definió Marx, «hedonismo abstracto».

 Hasta ahora no he hablado del impuesto Zucman propuesto. En general, no soy muy partidario de intentar resolver todos los problemas de desigualdad de ingresos o riqueza mediante impuestos. Sin embargo, dos acontecimientos recientes me han llevado a reconsiderar mi postura y a apoyar firmemente el impuesto Zucman, e incluso a defender que se endurezca aún más.

La justificación del impuesto no es que vaya a mermar significativamente la riqueza de los ricos, ni que vaya a recaudar grandes ingresos.

Pero transmitiría un mensaje. Es un impuesto contra la codicia. Es un impuesto pedagógico.

¿Cuáles son los dos acontecimientos recientes que me han hecho reconsiderar mi postura?

El primero es la reseña de Andrea Capussela sobre mi libro La gran transformación global. Me hizo volver a fijarme en el último capítulo de mi libro, titulado «Nacionalismo, codicia y propiedad». Andrea escribió bastante sobre él y amplió el debate. (El título de la reseña de Andrea es «Retrato impecable e inaceptable de nuestro mundo». Les recomiendo que la lean). Curiosamente, esta es también la única parte del libro que comenta Martin Wolf en su breve reseña del libro en The Financial Times.

 "Las cosas poseen una utilidad indirecta porque transmiten a los demás la imagen de riqueza y poder de su propietario. Dado que la imagen de riqueza y poder no tiene límites superiores, es decir, no tiene límites físicos (a diferencia, por ejemplo, de los alimentos o la ropa que se pueden consumir en un período de tiempo determinado), se convierte en lo que comúnmente se denomina codicia, la pleonexia de Platón y los griegos, la codicia que lo consume todo y nunca se sacia. La codicia es extrínseca. No se puede determinar ni juzgar desde dentro, en el sentido de que no se puede afirmar objetivamente que el aumento del número de bienes que se poseen por encima de un determinado límite no aporte una utilidad adicional. La utilidad que aporta proviene de un espectador externo que, al ser consciente o reconocer nuestra propiedad de las cosas, la valida, confirma que nos son útiles y nos hace desear tener más para que la validación sea aún más fuerte. El uso omnipresente de los teléfonos inteligentes para tomar fotos de las actividades o acontecimientos más triviales de la vida cumple esa función: mercantiliza el tiempo, y ese nuevo bien adquiere su valor solo de forma extrínseca, cuando se muestra a los demás.  Tomar fotos de nuestros almuerzos o paseos por el bosque y guardarlas para nosotros mismos es un desperdicio. No aporta nada, o casi nada, además del placer potencial que se obtiene de la actividad en sí. Pero compartirlo con otros nos permite reconocer nuestra riqueza o, quizás lo que es más importante, nuestra felicidad. Que otros confirmen nuestra felicidad es una de las características de la codicia. El placer ya no reside en la actividad o el bien en sí, sino en la apreciación por parte de los demás de la felicidad que se supone que la actividad o el bien nos han proporcionado. Las cosas pueden ir aún más lejos: las actividades que no aportan ninguna utilidad, o que incluso son tareas domésticas, pero que pueden presentarse como felicidad, obtienen su valor precisamente de esa presentación, y no de ninguna cualidad intrínseca. Puede que me dé pánico o me aburra mucho escuchar música clásica, pero si puedo enviar una foto en la que aparezco asistiendo a un concierto importante o caro (y aparentemente feliz, aunque me sienta miserable), la utilidad que me reporta la convicción de que los demás me ven feliz será lo suficientemente fuerte como para superar mi aburrimiento durante el concierto. La codicia es el «motor» que impulsa nuestra obsesión por la propiedad, ya que su adquisición se considera el objetivo final, no solo por el placer hedonista que proporciona, sino porque muestra el valor de un individuo. La codicia es, como la definió Marx, «hedonismo abstracto»."

 El impuesto pedagógico contra la codicia, al reducir ligeramente la riqueza de los excesivamente ricos, transmitiría el mensaje de que la sociedad no es totalmente ajena o indiferente a la codicia extrema, al poder y a la vanidad que acompañan a dicha riqueza, y que convierten a sus poseedores en objetos de adoración (inapropiada).

Aquí viene entonces el segundo acontecimiento que me hizo reflexionar de nuevo: el caso Epstein. La impunidad con la que se han comportado los ricos exige cierta restricción social (por débil que sea). El impuesto Zucman sería una de esas modestas restricciones.

Además, pensé en un sistema de crédito social para todos los multimillonarios. Si haces bien ciertas cosas, te gravarán menos; si haces cosas horribles (aunque sean aparentemente legales), te aumentarán los impuestos.

El sistema de crédito social sería una forma eficaz de someter el comportamiento de los enormemente ricos al escrutinio social. Ya no habría declaraciones sin sentido en Davos en las que «prometen» destinar su fortuna a causas benéficas y planes similares falsos e inviables. ¿No donó Mark Zuckerberg el 99 % de su fortuna? ¿Habíamos oído hablar de esa «promesa» después del día en que se hizo y fue difundida por los medios de comunicación?

 Aquí, el sistema de crédito social sería real. Compórtate con un mínimo de decencia o te gravarán con impuestos. Sería una herramienta pedagógica. Llámalo «el sistema de crédito social anti-Epstein».

P. D.: ¿Cómo sería el sistema de crédito social para los multimillonarios? Esta es la idea principal. Se quiere limitar (1) el consumo ostentoso, (2) la influencia política y (3) el poder mediático de los multimillonarios. La necesidad de limitar (o, por tanto, castigar con impuestos exorbitantes) el consumo ostentoso es mantener una sociedad en la que las enormes diferencias de riqueza, aunque algunas sean inevitables, no se exhiban ante todo el mundo y no puedan convertirse en objeto de adoración o de odio. El objetivo del punto (2) es hacer que los multimillonarios (que, a pesar de todo, seguirán teniendo una influencia política desproporcionada) se parezcan más a los demás miembros de la comunidad o la nación. No estamos hablando aquí de democracia, sino de isonomía, un término mucho más adecuado para indicar una influencia aproximadamente igual de todos los individuos en la toma de decisiones políticas. Las llamadas democracias actuales son lugares sin ningún atisbo de isonomía, precisamente porque el poder político de los ricos no está limitado. Por último, (3) es necesario por la misma razón que (2): para limitar el poder de unos pocos.

Ahora bien, aquí hay una posible lista de precios.

 Si vuelas demasiadas veces al año en jets privados, realizas viajes en yates privados o pasas demasiados días en resorts exclusivos (todo lo cual se puede definir fácilmente), se te grava entre el 1 y el 2 % de tu patrimonio neto.

Si contribuye con cualquier cantidad superior a 1000 dólares a cualquier causa política (ya sea directamente a un político para su campaña, a una empresa de cabildeo o a una ONG), puede hacerlo, pero dependiendo del calendario fiscal, se le puede cobrar entre el 1 y el 5 % de su patrimonio neto.

Si contribuye con cualquier cantidad superior a 1000 dólares a cualquier organización mediática o si es propietario de una organización mediática (como Bloomberg, The Washington Post, The Atlantic o X/Twitter), se le gravará entre el 1 y el 5 % de su patrimonio neto.

Si contribuye con más de 100 000 dólares a cualquier causa educativa, sanitaria o cultural no política, puede obtener una desgravación fiscal (de nuevo, dependiendo de la cantidad y del caso) de entre el 1 % y el 3 % de su patrimonio neto."

(Branko Milanovic , blog, 11/02/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)

12.2.26

En defensa de Noam Chomsky... Si dejamos de lado la carga emocional del nombre «Epstein», lo que queda es un académico que mantuvo una amistad con alguien que resultó ser un depredador. Eso es todo... Epstein se declaró culpable en 2008. ¿Cómo es posible que Chomsky no lo supiera? El acuerdo de 2008 se diseñó para ser invisible... se estaba enterrando la justicia. Lo que Epstein había hecho no eran de dominio público... Chomsky y Valeria afirman que les presentaron a Epstein en 2015 y que no sabían nada de su condena de 2008. ¿Es eso plausible? Le presentan a alguien en un evento profesional, que se presenta como «filántropo de la ciencia y experto financiero», sí, es plausible... Chomsky aconsejó a Epstein, a principios de 2019, que ignorara las críticas de la prensa, descartándolas como «histeria sobre el abuso de mujeres»... Chomsky había sido objeto de ataques mediáticos. Lo habían tildado de negacionista del genocidio, antisemita, y de simpatizante de los terroristas. Tenía experiencia vivida de cómo el discurso público fabrica la indignación, y su escepticismo hacia las campañas de los medios había sido fundamental en su trabajo intelectual. Así que Epstein le dice a Chomsky que está siendo injustamente atacado por la prensa. Chomsky compara esto con su propia experiencia. Le da el mismo consejo que le daría a cualquiera, el que él mismo ha seguido muchas veces: ignóralo, los buitres quieren una reacción... Chomsky estaba advirtiendo a un amigo sobre cómo funcionan las dinámicas de los medios de comunicación. El hecho de que el amigo fuera realmente culpable no convierte el consejo en algo siniestro. Convierte a Chomsky en alguien a quien le mintieron y creyó la mentira... La calidez de los correos electrónicos se interpreta como complicidad... Pero, ¿y si se acepta, como sugieren las pruebas, que no lo sabían? Se interpretaría como una expresión de gratitud a alguien que les ayudó durante un periodo difícil de sus vidas... Epstein era un profesional en esto. Todo el sistema estaba diseñado para producir exactamente este tipo de asociaciones comprometedoras, de modo que todo el que se le acercara quedara mancillado... Epstein mantenía relaciones con presidentes en ejercicio, funcionarios de inteligencia, multimillonarios del sector tecnológico y titanes de Wall Street, que tenían muchos más recursos que un académico. Muchos mantuvieron sus relaciones con Epstein con pleno conocimiento de sus actividades... La energía que se dirige hacia Chomsky es energía que no se dirige hacia el sistema que permitió a Epstein operar durante décadas, los fiscales que le concedieron un acuerdo favorable, las instituciones que siguieron aceptando su dinero, los servicios de inteligencia que le protegieron... Estamos tratando al objetivo de la manipulación como si fuera un colaborador... Chomsky no era un cómplice. Era un objetivo. Uno especialmente valioso para Epstein, precisamente por su autoridad moral... El verdadero escándalo de los archivos de Epstein no es que un profesor fuera ingenuo. Es que los sistemas que debían detener a Epstein —las fuerzas del orden, los fiscales, los organismos reguladores— fallaron durante décadas (Justin Brown)

 "Sé lo que estás pensando. Has visto los titulares. Has leído los correos electrónicos. Noam Chomsky, el lingüista de 97 años, el hombre que pasó seis décadas exigiendo responsabilidades a los poderosos, era amigo de Jeffrey Epstein. Amigos íntimos. Amigos «profundos, sinceros y eternos», según un correo electrónico publicado en la última entrega del Departamento de Justicia. Su esposa Valeria llamaba a Epstein «nuestro mejor amigo. Me refiero a "el" mejor».

Y luego está ese correo electrónico de 2019. En él, Chomsky aconsejaba a Epstein sobre cómo manejar el escrutinio de la prensa, escribiendo: «Eso es especialmente cierto ahora con la histeria que se ha generado en torno al abuso de las mujeres, que ha llegado al punto de que incluso cuestionar una acusación es un delito peor que el asesinato».

Parece condenatorio. Yo pensaba que era condenatorio. Pero me equivoqué, y creo que tú también podrías estar equivocado.

 Empecemos por lo que nadie está alegando realmente.

Nadie —ni el Departamento de Justicia, ni los periodistas que cubren los expedientes, ni siquiera los comentaristas más hostiles— está sugiriendo que Chomsky estuviera involucrado o fuera consciente de los delitos de Epstein. No hay acusaciones de participación, ni pruebas de conocimiento, ni nada. La declaración de Valeria Chomsky, publicada el 7 de febrero, dice que «nunca fueron a su isla ni supieron nada de lo que ocurría allí» y que «nunca presenciaron ningún comportamiento inapropiado, delictivo o reprochable por parte de Epstein u otras personas».

Si dejamos de lado la carga emocional del nombre «Epstein», lo que queda es un académico de edad avanzada que mantuvo una amistad con alguien que resultó ser un depredador. Eso es todo. Eso es todo lo que hay.

«Pero era un delincuente sexual condenado»

Aquí es donde comienza la indignación de la mayoría de la gente. Epstein se declaró culpable en 2008. ¿Cómo es posible que Chomsky no lo supiera?

Esta es la realidad: el acuerdo de 2008 se diseñó específicamente para ser invisible. Los fiscales federales bajo el mando de Alexander Acosta tenían preparada una acusación de 53 páginas en la que se identificaba a 36 víctimas. En lugar de seguir adelante con ella, negociaron un acuerdo secreto que reducía los cargos a un delito estatal —«solicitud de prostitución»— con 13 meses de cárcel en un centro penitenciario del condado y privilegios de trabajo que permitían a Epstein salir de las instalaciones seis días a la semana. El acuerdo de no enjuiciamiento se selló. No se informó a las víctimas.

 No se estaba haciendo justicia. Se estaba enterrando la justicia. Y funcionó. Antes de la investigación de Julie K. Brown en el Miami Herald en noviembre de 2018, los detalles de lo que Epstein había hecho y cómo había sido protegido no eran de dominio público. Sus colegas de Harvard y del MIT seguían reuniéndose con él. Las instituciones seguían aceptando su dinero. La información existía, pero permanecía en la oscuridad.

Chomsky y Valeria afirman que les presentaron a Epstein en 2015 y que no sabían nada de su condena de 2008. ¿Es eso plausible? Para un profesor de 87 años al que le presentan a alguien en un evento profesional, que se presenta como «filántropo de la ciencia y experto financiero», sí, es totalmente plausible. Chomsky habría tenido que buscar por su cuenta en Google los antecedentes penales de alguien a quien conocía en un entorno académico. Esa es una norma que no aplicamos a nadie más.

El correo electrónico de 2019 no es lo que crees

Esta es la prueba que parece cerrar el caso. Chomsky aconsejó a Epstein, a principios de 2019, que ignorara las críticas de la prensa, descartándolas como «histeria sobre el abuso de mujeres». Leído de forma aislada, con pleno conocimiento de lo que hizo Epstein, es espantoso.

Pero Chomsky no tenía pleno conocimiento de lo que hizo Epstein. Y el correo electrónico no se escribió en el vacío.

 Chomsky había pasado décadas siendo objeto de ataques mediáticos. Lo habían tildado de negacionista del genocidio por sus posiciones sobre Camboya y los Balcanes. Lo habían llamado antisemita por sus críticas a Israel. Se le había tildado de simpatizante de los terroristas. Tenía una profunda experiencia vivida de cómo el discurso público fabrica la indignación, y su escepticismo hacia las campañas impulsadas por los medios de comunicación no era una racionalización ad hoc, sino que había sido fundamental en su trabajo intelectual durante medio siglo.

Así que Epstein le dice a Chomsky que está siendo injustamente atacado por la prensa. Chomsky compara esto con su propia experiencia. Le da el mismo consejo que le daría a cualquiera en esa situación, un consejo que él mismo ha seguido muchas veces: ignóralo, no alimentes el ciclo, los buitres quieren una reacción.

¿La frase «histeria sobre el abuso de las mujeres»? Chomsky se refería a lo que ahora se conoce comúnmente como «cultura de la cancelación», un fenómeno que había criticado pública y constantemente. No estaba menospreciando a las víctimas de abuso. En su opinión, estaba advirtiendo a un amigo sobre cómo funcionan las dinámicas de los medios de comunicación. El hecho de que el amigo fuera realmente culpable no convierte retroactivamente el consejo en algo siniestro. Convierte a Chomsky en alguien a quien le mintieron y creyó la mentira.

Como dijo Valeria: «Epstein creó una narrativa manipuladora sobre su caso, en la que Noam, de buena fe, creyó».

 Si un amigo te dijera que lo están acusando injustamente de algo y tú le dijeras «hoy en día, la gente queda destruida por las acusaciones, mantén un perfil bajo», sería un consejo normal y decente. El hecho de que tu amigo fuera realmente culpable sería una falta moral de tu amigo, no tuya.

La verdadera historia es la manipulación

Lo que realmente revelan los archivos, una vez que se deja de lado la indignación, es un caso típico de manipulación depredadora dirigida a una persona vulnerable.

En 2018, Chomsky se enfrentaba a lo que describió a Epstein como «lo peor que me ha pasado nunca»: una dolorosa disputa familiar por dinero y herencia, relacionada con los fideicomisos creados con su primera esposa, Carol, que había fallecido de cáncer cerebral en 2008. Como detalla The Nation, Epstein se involucró directamente en esta crisis, ofreciendo su experiencia financiera y apoyo emocional.

Epstein también ofreció a la pareja el uso de sus apartamentos, organizó cenas intelectualmente estimulantes con académicos y figuras públicas, pagó a Chomsky 20 000 dólares por desarrollar un desafío lingüístico y ayudó a recuperar 270 000 dólares de los fondos de jubilación del propio Chomsky.

Esto es lo que hacen los manipuladores profesionales. Identifican la vulnerabilidad. Ofrecen ayuda. Crean dependencia. Normalizan la relación. Y luego, cuando sale a la luz la verdad, todo el mundo mira a la persona que fue el blanco y le pregunta: ¿cómo has podido?

 La calidez de los correos electrónicos —«estamos contigo hasta el final», «estás constantemente con nosotros en espíritu»— se interpreta como complicidad si se supone que Chomsky sabía quién era realmente Epstein. Pero, ¿y si se acepta, como sugieren las pruebas, que no lo sabía? Se interpreta como una pareja de ancianos que expresa su sincera gratitud a alguien que les ayudó durante un periodo extremadamente difícil de sus vidas.

Epstein era un profesional en esto. Cultivó relaciones con cientos de personas poderosas y prominentes. Todo el sistema estaba diseñado para producir exactamente este tipo de asociaciones comprometedoras, de modo que cualquiera que se acercara quedara mancillado por su proximidad después de los hechos.

El doble rasero

Esto es lo que más me molesta de la campaña contra Chomsky. Epstein mantenía relaciones con presidentes en ejercicio, funcionarios de inteligencia, multimillonarios del sector tecnológico y titanes de Wall Street. Muchas de estas personas tenían muchos más recursos y acceso a la información que un académico de 90 años. Muchos mantuvieron sus relaciones con Epstein mucho después de su condena en 2008, con pleno conocimiento de ello.

 La energía que se dirige hacia Chomsky —un hombre que no puede hablar ni defenderse tras sufrir un devastador derrame cerebral en 2023— es energía que no se dirige hacia el sistema que permitió a Epstein operar durante décadas. Los fiscales que le concedieron un acuerdo favorable. Las instituciones que siguieron aceptando su dinero. Las conexiones con los servicios de inteligencia que pueden haberle protegido. Las figuras poderosas cuya implicación fue mucho más allá de asistir a cenas.

En cambio, estamos condenando a un anciano por haber sido amigo de mala fe de alguien que era muy bueno haciendo amigos de mala fe. Estamos tratando al objetivo de la manipulación como si fuera un colaborador.

Dónde acabo realmente

Empecé donde muchos de ustedes se encuentran ahora mismo: convencido de que los correos electrónicos hablaban por sí mismos. Pero cuanto más analizaba lo que Chomsky sabía realmente, cuándo lo supo y las circunstancias en las que se desarrolló esta relación, menos sentido tenía la indignación.

Chomsky no era un cómplice. Era un objetivo. Uno especialmente valioso para Epstein, precisamente por su autoridad moral. Y lo trágico es que las cualidades que hacían a Chomsky valioso para Epstein —su disposición a relacionarse con cualquiera, su instinto para ver la buena fe en las personas, su escepticismo hacia las narrativas de los medios de comunicación— eran las cualidades que Epstein explotó.

 El verdadero escándalo de los archivos de Epstein no es que un profesor de 90 años fuera ingenuo. Es que los sistemas que se suponía que debían detener a Epstein —las fuerzas del orden, los fiscales, los organismos reguladores— fallaron durante décadas. Y ahora, en lugar de reconocer ese fracaso, estamos discutiendo si Noam Chomsky debería haber buscado en Google a su compañero de cena.

Chomsky se pasó la vida diciéndonos que miráramos los sistemas, no a los individuos. Sería irónico que, al final, hiciéramos lo contrario que él." 

 (VegOut )

11.2.26

Andrea Zhok: una advertencia sobre cómo se va a tratar el escándalo Epstein... con la táctica de la 'dilución'... consiste en desacreditar por completo las «supuestas verdades» que han salido a la luz con el escándalo... primero se difunden mezclas de verdades y mentiras, se involucra en una sospecha generalizada incluso a personas insospechables... y después se lanzan fáciles desmentidos... se busca provocar en la mente de la mayoría una capa de duda generalizada: «Ya no se entiende nada, ya no se puede distinguir el bien del mal»... se basa en el gusto popular por las narrativas apocalípticas y en el placer inherente que muchos sienten al ver caer a quienes antes se consideraban héroes... sobre esta base psicológica, la difusión de mentiras retractables y de culpabilizaciones indiscriminadas se inflama rápidamente, y tras una gran llamarada se apaga con la misma rapidez... esta táctica está entrando en pleno funcionamiento estos días, solo que aún no somos plenamente conscientes de ello... es el momento en el que no hay que dejarse llevar por la furia sagrada de quemarlo todo, de inmediato y de forma indiscriminada... una de las tendencias es la de involucrar de forma sensacionalista a personajes «por encima de toda sospecha», como Stephen Hawking, Noam Chomsky, Woody Allen y otros... en todos estos casos, lo que ha salido a la luz hasta ahora se enmarca en las categorías de «relaciones cuestionables», «bromas inapropiadas», etc... Personalmente, no me interesa defender a ninguno de esos personajes. Ninguno de ellos se encuentra entre mis «figuras de referencia»... al generalizar el indignación, al meter en el mismo saco la pedofilia y las «frases sospechosas» todo el asunto pasará al departamento de «leyendas urbanas»... la complacencia en destruir a los «héroes» del pasado es el mejor cómplice psicológico de quienes quieren inculcar la resignación, de quienes quieren seguir detentando el poder sin ser molestados

 "ADVERTENCIA

En los grandes escándalos públicos, el poder utiliza tres tácticas sucesivas para limitar los daños.

La primera táctica es la más obvia: la NEGACIÓN, el recurso a la «negabilidad plausible». Simplemente se afirma que todo es falso y que no ha pasado nada. Si la gente está lo suficientemente distraída y los medios de comunicación complacientes hacen su trabajo, el encubrimiento funciona.

La segunda táctica es más elaborada y es la DESVIACIÓN, la mentira engañosa: se admite que algo ha sucedido, pero se atribuye a motivos y causas que no tienen nada que ver, con el fin de limitar los daños y tal vez golpear en el camino a algún enemigo de larga data.

La tercera táctica entra en juego cuando las dos primeras han fracasado; podemos llamarla la táctica del DILUCIÓN. Consiste en desacreditar por completo las «supuestas verdades» que han salido a la luz con el escándalo. Este resultado se obtiene en dos fases: en la primera se alimentan rumores exagerados, se difunden mezclas de verdades y mentiras, se involucra en una sospecha generalizada incluso a personas insospechables; en la segunda fase se aplasta la pelota así lanzada, mediante fáciles desmentidos. El resultado que se quiere obtener es provocar en la mente de la mayoría una capa de duda generalizada: « Sí, algo ha pasado, pero quién sabe cuánto de lo que dicen es cierto»; «Ya no se entiende nada, ya no se puede distinguir el bien del mal».

La primera táctica apela a la tendencia de la mayoría a querer confiar en el sistema (porque admitir su maldad es demasiado fatigante e inquietante).

La segunda táctica apela a la misma tendencia psicológica, pero desviando su interpretación.

La tercera táctica se basa en el gusto popular por las narrativas apocalípticas y en el placer inherente que muchos sienten al ver caer a quienes antes se consideraban héroes: sobre esta base psicológica, la difusión de mentiras retractables y de culpabilizaciones indiscriminadas se inflama rápidamente, y tras una gran llamarada se apaga con la misma rapidez.

En el escándalo Epstein, la primera táctica resistió durante años, prácticamente hasta hace unos meses. Había quienes estaban alerta, pero para el gran público se trataba o bien de una invención de la prensa sensacionalista o bien de una historia de libertinaje común, como tantas otras que se oyen, materia de crónica negra.

La segunda táctica ha surgido recientemente, tan pronto como la primera comenzó a demostrarse insuficiente, sobre todo tratando de acreditar la versión de que detrás de todo está el proverbial «villano» del Occidente decente, es decir, Putin y el Kremlin.

La tercera táctica está entrando en pleno funcionamiento estos días, solo que aún no somos plenamente conscientes de ello. Dada la naturaleza tentacular de los documentos, la dificultad de explorarlos y la falta de fiabilidad de las fuentes oficiales, los archivos Epstein se prestan a convertirse en el lugar ideal para hacer circular bocados mixtos de verdad y mentira, de documentación y conjeturas, que primero deben calentar el debate público al rojo vivo disparando a quemarropa contra todo y todos, para luego lanzar desmentidos selectivos, como cubos de agua helada que apagan en la opinión pública tanto lo falso como lo verdadero.

Creo que este es el momento en el que no hay que dejarse llevar por la furia sagrada de quemarlo todo, de inmediato y de forma indiscriminada, porque el gran riesgo es diluir todo el edificio de verdades inquietantes, hacer que degenere en un ruido de fondo: «Sí, todo es posible, pero se dicen muchas cosas».

En el contexto de esta última táctica, una de las tendencias que veo con preocupación es la de involucrar de forma sensacionalista a personajes «por encima de toda sospecha», cuya participación documentada entra en la categoría de «relaciones dudosas», pero que la inclinación plebeya de arrastrar por el barro a los héroes del pasado alimenta con facilidad. Pienso en algunos nombres que circulan mucho estos días, como Stephen Hawking, Noam Chomsky, Woody Allen y otros.

Ahora bien, es perfectamente lógico que si salieran a la luz actos manifiestamente inmorales o sustancialmente ilegales relacionados con cualquiera de estos personajes públicos, se sacarían las consecuencias del caso. Sin embargo, en todos estos casos, lo que ha salido a la luz hasta ahora se enmarca en las categorías de «relaciones cuestionables», «bromas inapropiadas», etc. Por supuesto, hoy en día hay muchas más cosas que parecen cuestionables que hace meses o años, cuando todavía se utilizaba la táctica mediática de la «negabilidad plausible»

Personalmente, no me interesa defender a ninguno de esos personajes «por encima de toda sospecha». Ninguno de ellos se encuentra entre mis «santos», entre mis «figuras de referencia».

Pero recuerdo que, hasta ahora, los archivos de Epstein son una cantidad colosal de palabras por verificar, de afirmaciones que cualquier abogado podría desestimar como malentendidos, palabras en libertad, confabulación y mitomanía. Si no se llevan a cabo investigaciones y búsquedas de pruebas, todo este enorme material no conducirá literalmente a nada. Y para que no pase a la fase de investigación, las presiones son y serán enormes. Lo único que está del lado de la búsqueda de la verdad es la presión de una opinión pública convencida de su verosimilitud.

En este contexto, recomiendo encarecidamente ir con cuidado con las conjeturas a ultranza, y ello por dos razones.

El primero ya se ha mencionado en parte anteriormente: al generalizar el indignación, al meter en el mismo saco la pedofilia y las «frases sospechosas», los proyectos de cambio de régimen y la «insuficiente distancia», etc., se acaba creando un inmenso caldo de cultivo melodramático en el que todo se confunde y en el que, en cuanto algo empiece a no cuadrar, todo el asunto pasará al departamento de «leyendas urbanas».

La segunda razón es que la complacencia en destruir a los «héroes» del pasado es el camino directo que conduce al populismo (como si necesitáramos más populismo). El sutil placer plebeyo de poder decir que, al fin y al cabo, «ya ves, todo es un magna magna, todos son iguales, todo es una porquería, el más limpio tiene sarna, predican bien y practican mal», y así sucesivamente con los lugares comunes, es el mejor cómplice psicológico de quienes quieren inculcar la resignación, de quienes quieren seguir detentando el poder sin ser molestados."

(Andrea Zhok, Facebook, 10/02/26) 

10.2.26

Caso Epstein: Cuando los oligarcas ya no te necesitan... no sé qué más se necesitará como prueba de que nuestro gobierno y nuestra sociedad están dirigidos por hombres que nos consideran a los demás como mercancías de mala calidad... Se trata de una clase de individuos que no se consideran parte de nosotros. El concepto de empatía, solidaridad y trabajar por un futuro mejor no es algo que tengan en cuenta personas tan profundamente heridas en lo más profundo de su ser... La pedofilia es muy reveladora, no solo por el morboso placer que les produce torturar a inocentes, sino también por cómo ven nuestro mundo en su conjunto. Se apropian vorazmente de todo de la forma más destructiva y dejan el daño a su paso. No hay por qué compadecerse de las víctimas o del planeta si uno se considera una especie de semidiós... Tenemos al maldito Donald Trump diciendo una y otra vez a lo largo de los años tonterías relacionadas con la pedofilia y el incesto... Estas jerarquías son antinaturales y, para evitar que se derrumben, se necesitan grandes cantidades de pegamento, cinta adhesiva y violencia... No hay razón para que la tecnología se haya utilizado para someternos aún más... Es la explotación industrial de los seres humanos. En un entorno así, hay poco tiempo para nada más que la mera existencia. ¿Es de extrañar que pueda haber una necesidad masiva de antidepresivos, estimulantes y cualquier otra cosa que pueda adormecer el dolor? Nada de esto es necesario; es simplemente para sostener a una clase de individuos que llegaron allí gracias a una profunda capacidad para pisotear a los demás de una manera que la mayoría de nosotros encontraríamos repulsiva e imposible... Estos fanáticos tecnológicos también tienen fantasías repugnantes sobre la inmortalidad de la IA. Ven un futuro sin seres humanos biológicos, salvo su propia conciencia subida a la red. Se han alineado con narcisistas malignos y enfermos de la clase política que actúan como sus cómplices en este camino distópico... Estos hombres están tan profundamente perturbados y tienen una peligrosa mezcla de certeza de que son una especie completamente diferente al 99,99999 % del resto, que parece un poco peligroso darles tanto poder sobre nosotros... Un aspecto importante de esto es darse cuenta de que, al igual que se ha tratado a los palestinos, a usted y a los suyos se les tratará de la misma manera. Este es el caso de las chicas «desechables» de la clase de Epstein. Nuestras vidas no significan nada para ellos... nada de esta depravación es accidental, ya sean las cancelaciones de Medicaid o la pedofilia. Es una ética que comparten estos hombres poderosos y no hay nada para el resto de nosotros más que miseria, subyugación y muerte si permitimos que continúe (Kathleen Wallace)

"No estoy seguro de qué más se necesitará como prueba de que nuestro gobierno y nuestra sociedad están dirigidos por hombres que nos consideran a los demás como mercancías de mala calidad. Lo dicen claramente en sus tonterías sobre la «Ilustración Oscura», en los documentos del Proyecto 2025 Temu Ayn Rand y, por supuesto, con sus propias acciones. Ese es el mejor indicador de todos. El uso de niños como peones para abusar de ellos con el fin de comprometer a personas con riqueza y poder es evidente para cualquiera que no tenga los ojos vendados. En este momento no hay necesidad de «revelar» nada. Es muy evidente y seguir ignorándolo sin duda provocará más muertes y miseria para la gran mayoría de la población.

Tenemos un grupo de hombres que se están preparando activamente para un colapso social. De hecho, según sus propios escritos, lo invitan. Construyen búnkeres para protegerse apresuradamente de las consecuencias de sus propias acciones. Parece que solo quieren suficientes humanos a su alrededor para servirles de formas que la IA no puede, e incluso eso parece ser un número infinitesimalmente pequeño. ¿Quizás necesitan suficientes para criar niños a los que abusar? No hay planes para sustituir los ingresos por una renta básica universal cuando se pierdan puestos de trabajo a causa de la IA, y por supuesto eso ya está ocurriendo. En una nación repleta de dinero, pero no para ti, millones de personas son abandonadas a su suerte con Medicaid, en lo que solo puede considerarse un asesinato premeditado de las masas.

 Pero, verás, a ellos no les importa. No se trata de un efecto secundario desafortunado ni de una medida de austeridad necesaria en tiempos de crisis. Se trata de una clase de individuos que no se consideran parte de nosotros. El concepto de empatía, solidaridad y trabajar por un futuro mejor no es algo que tengan en cuenta personas tan profundamente heridas en lo más profundo de su ser. En todo caso, esta es la razón por la que el Imperio se muestra tan duro con aquellos que sí muestran empatía, como Alex Pretti, que ayudó a la mujer que fue empujada al suelo por el escuadrón de matones. No son capaces de sentir esa profunda calidez que proviene de pertenecer a algo y de que otros se preocupen por ellos de una manera que no sea transaccional. Y por eso, quieren erradicar a otros que muestran esta preocupación por el bienestar de sus propios vecinos.

 La propaganda es implacable, pero, por supuesto, tiene que serlo. Si estos trastornos sociales se produjeran fácilmente, no sería necesario mantener un control tan firme sobre el discurso. Una vez leí que, si las mujeres fueran realmente sumisas y ese fuera el orden natural de las cosas, no sería tan imperativo recordarles constantemente esta idea mediante el dogmatismo religioso. Estas jerarquías son antinaturales y, para evitar que se derrumben, se necesitan grandes cantidades de pegamento, cinta adhesiva y violencia. En cada paso del camino, ya sea quitando los bienes comunes o obligando a la mano de obra a trabajar en las fábricas, siempre ha sido lo mismo. Se necesita violencia y coacción antinatural para sumir a la gran mayoría de la población en vidas que no tienen sentido, en vidas menos libres que las de los animales en la naturaleza.

 No hay razón para que la tecnología se haya utilizado para someternos aún más. En una sociedad justa, estos avances se utilizarían para cosas como mitigar los desastres naturales y permitir que las vidas de los ciudadanos fueran significativas y estuvieran conectadas. ¿Te imaginas lo que sería posible si la mayoría de la población no tuviera miedo de arruinarse por un solo paso en falso? ¿Qué grandes inventos nos hemos perdido? ¿Qué obras de arte? Dicen que el campesino medieval medio tenía más días libres que los trabajadores actuales. Piensa en la crueldad inherente a una sociedad que le quita a una mujer el derecho a elegir ser madre y luego ni siquiera le da un solo día libre remunerado antes de tener que volver al trabajo. Eso no es permitir una vida significativa. Es la explotación industrial de los seres humanos. En un entorno así, hay poco tiempo para nada más que la mera existencia. ¿Es de extrañar que pueda haber una necesidad masiva de antidepresivos, estimulantes y cualquier otra cosa que pueda adormecer el dolor? Nada de esto es necesario; es simplemente para sostener a una clase de individuos que llegaron allí gracias a una profunda capacidad para pisotear a los demás de una manera que la mayoría de nosotros encontraríamos repulsiva e imposible.

 Estos fanáticos tecnológicos también tienen fantasías repugnantes sobre la inmortalidad de la IA. Ven un futuro sin seres humanos biológicos, salvo su propia conciencia subida a la red. Se han alineado con narcisistas malignos y enfermos de la clase política que actúan como sus cómplices en este camino distópico.

Hasta que puedan hackear la inmortalidad, parecen tener una especie de fetiche reproductivo, como hemos visto con Elon Musk. ¿Padre de qué... unos 14 hijos a los que no ve ni cuida? Me pregunto si siquiera recuerda sus nombres. ¿Y a este hombre lleno de ketamina le dan las claves de DOGE? ¿En qué universo esto no es más que un intento de destrucción?

Hemos podido comprobar en los repugnantes archivos de Epstein que ese tipo también tenía un fetiche reproductivo. Se solicitaron tantas pruebas de ADN que la empresa fabricante dijo: «¿Qué coño pasa aquí?». Estos hombres están tan profundamente perturbados y tienen una peligrosa mezcla de certeza de que son una especie completamente diferente al 99,99999 % del resto, que parece un poco peligroso darles tanto poder sobre nosotros. Una vez más, ven a la población como meras mercancías y la mayoría de nosotros hemos superado la edad que ellos consideran útil.

 La pedofilia es muy reveladora, no solo por el morboso placer que les produce torturar a inocentes, sino también por cómo ven nuestro mundo en su conjunto. Se apropian vorazmente de todo de la forma más destructiva y dejan el daño a su paso. No hay por qué compadecerse de las víctimas o del planeta si uno se considera una especie de semidiós. Es preocupante que tantos no se den cuenta del objetivo final de los oligarcas. Es bastante aterrador darse cuenta de que estás rodeado de monstruos, pero mantener los ojos cerrados no servirá de nada, salvo para permitir que te atrapen sin oponer resistencia.

Muchos están poniendo sus esperanzas en que los demócratas se levanten y detengan la hemorragia. Si esperas que alguien como Chuck Schumer haga algo más allá de su papel de mantener a Israel en la situación a la que está acostumbrada, te llevarás una gran decepción.

Los archivos de Epstein y su extraña publicación/no publicación han revelado un poco el sórdido mundo en el que se movían los cómplices de nivel medio. Estaban encantados de formar parte de ese mundo y dispuestos a traicionar a su clase por cualquier motivo con tal de estar cerca del poder y no tener que rendir cuentas. Me refiero a ti, Chomsky, y a los demás.

 Hemos tenido docenas de mujeres que se han presentado para contar lo que les hicieron estos hombres cuando eran niñas. Algunas incluso acudieron al FBI, parece que ya en los años 90. Estoy segura de que hombres repugnantes como Michael Cohen han amenazado a muchas de ellas. Supongo que algunas incluso habrán muerto, ya sea por su propia mano o no.

Es ridículo que parezcamos necesitar un gobierno corrupto que nos entregue los expedientes en un paquete con un lazo para tomarnos esto en serio. Tenemos al maldito Donald Trump diciendo una y otra vez a lo largo de los años tonterías relacionadas con la pedofilia y el incesto. Gorra roja de MAGA tras gorra roja de MAGA (estoy sustituyendo la bandera roja por eso). Ya sabes, quizá cuando la gente te dice quiénes son, hay que creerles, como dicen.

Creí a las mujeres que se atrevieron a hablar entonces, y les creo ahora. En lugar de jugar al juego de Bondi con filtraciones de archivos y preguntarnos quién está detrás de las líneas negras, creo que deberíamos creer a la masa crítica de víctimas. 

 Un aspecto importante de esto es darse cuenta de que, al igual que se ha tratado a los palestinos, a usted y a los suyos se les tratará de la misma manera. Este es el caso de las chicas «desechables» de la clase de Epstein. Nuestras vidas no significan nada para ellos. Es interseccional en todos los sentidos terribles. Un hombre mayor que ya no tiene trabajo debido a la IA no será tratado con más deferencia que la mujer palestina o el niño víctima de la trata. Esta es nuestra gran dificultad, porque la mayoría de los estadounidenses ciertamente no se dan cuenta de esto, pero lo intuyen cuando ven a madres blancas recibir un disparo en la cara después de decir «no estoy enfadada contigo».

No es necesario esperar a que un gobierno que vive de mentiras te diga la verdad. ¿Te parece correcto que un hombre como Epstein desapareciera en esa buena noche? ¿En una noche en la que las cámaras no funcionaban y los guardias dormían? Cuando un funerario de prestigio dice... hmmm, esas fotos del «Epstein muerto» no parecen tan muertas. No tienes que sentirte como un fanático de Q-Anon Wayfair para hacer algunas preguntas sobre lo que los ricos harán unos por otros y lo que harán contra ti.

Pero la conclusión más importante es saber que nada de esta depravación es accidental, ya sean las cancelaciones de Medicaid o la pedofilia. Es una ética que comparten estos hombres poderosos y no hay nada para el resto de nosotros más que miseria, subyugación y muerte si permitimos que continúe."    

Kathleen Wallace, blog, 09/02/26, traducción DEEPL)  

9.2.26

Caso Epstein: El lento terremoto de Epstein, la ruptura entre el pueblo y las élites... las instituciones corruptas y las perversiones que los dossiers Epstein han demostrado ser endémicas entre algunas élites occidentales... Las élites habían entendido que una vez que la total amoralidad de los gobernantes fuera conocida por la plebe, Occidente habría perdido la arquitectura de las historias morales que anclan precisamente una vida ordenada. Si el establishment es conocido por rehuir la moralidad, ¿por qué alguien más debería comportarse de manera diferente? El cinismo se difundiría en cascada. ¿Qué mantendría entonces unida a una nación? Muy probablemente solo el totalitarismo... No existe pedofilia ritual, ni trata de seres humanos a escala transnacional, ni producción sistemática de material extremo, sin cobertura política, policial, judicial y mediática. Esta es la lógica del poder”... Epstein emerge de la miríada de correos electrónicos como un pedófilo y ciertamente un inmoral, pero también como un personaje extremadamente inteligente y un serio protagonista geopolítico, cuyas intuiciones políticas eran apreciadas por personajes de alto nivel en todo el mundo... nada puede continuar como antes... "La gente dice que la Corte Suprema no nos protegerá;" el Congreso no nos protegerá; el Presidente es el enemigo; está desplegando su ejército en nuestras ciudades. Las únicas personas que pueden protegernos somos nosotros mismos”... Si la protesta no tiene ningún efecto en cambiar el status quo y las elecciones siguen siendo entre los partidos del orden existente, los jóvenes concluirán que "nadie vendrá a salvarnos" y podrían concluir, en su desesperación, que el futuro solo puede ser decidido en las calles (Alastair Crooke)

 "Después de "Epstein", nada puede continuar como antes: ni los valores del "nunca más" de la posguerra, que reflejan el sentimiento al final de guerras sangrientas, ni el deseo generalizado de una sociedad "más justa"; ni la economía bipolar de las extremas disparidades de riqueza; ni la confianza, después de la venalidad desenmascarada, las instituciones corruptas y las perversiones que los dossiers Epstein han demostrado ser endémicas entre algunas élites occidentales.

¿Cómo hablar de "valores" en este contexto?

En Davos, Mark Carney aclaró que el "orden de las reglas" no era más que una fachada ostentosa, al estilo Potemkin, que todos sabían que era falsa, pero que de todos modos se mantenía. ¿Por qué? Simplemente porque el engaño era útil. La "urgencia" era la necesidad de ocultar el colapso del sistema en un nihilismo radical y anti-valores. Esconder la realidad de que los círculos de la élite – alrededor de Epstein – operaban más allá de los límites morales, legales o humanos, para decidir entre paz y guerra, basándose en sus mezquinos apetitos.

Las élites habían entendido que una vez que la total amoralidad de los gobernantes fuera conocida por los hoi polloi [la plebe], Occidente habría perdido la arquitectura de las historias morales que anclan precisamente una vida ordenada. Si el establishment es conocido por rehuir la moralidad, ¿por qué alguien más debería comportarse de manera diferente? El cinismo se difundiría en cascada. ¿Qué mantendría entonces unida a una nación?

Beh, muy probablemente solo el totalitarismo.

La "caída" posmoderna en el nihilismo se ha estrellado finalmente en su inevitable "callejón sin salida" (como previó Nietzsche en 1888). El paradigma "Iluminista" se ha transformado finalmente en su opuesto: un mundo sin valores, significado o propósito (más allá del ávido enriquecimiento personal). Esto implica también el fin del concepto mismo de Verdad que estaba en el centro de la civilización occidental, desde Platón.

El colapso subraya también los fracasos de la razón mecánica occidental: "Este tipo de razonamiento a priori, en círculo cerrado, ha tenido un efecto mucho mayor en la cultura occidental de lo que podríamos imaginar..." Ha llevado a la imposición de reglas que se consideran incontrovertibles, no porque hayan sido reveladas, sino porque han sido científicamente probadas, y por lo tanto no hay recurso contra ellas”, observa Aurelien.

Este modo de pensar mecanicista ha tenido un papel importante en el tercer nivel de la "ruptura de Davos" (después del declive intelectual y el colapso de la confianza en el liderazgo). El pensamiento mecanicista, basado en una visión del mundo pseudocientífica y determinista, ha llevado a contradicciones económicas que han impedido a los economistas occidentales ver lo que tenían bajo la nariz: un sistema económico hiperfinanciarizado, enteramente al servicio de los oligarcas y de los que están en el negocio.

Ningún fracaso de nuestros modelos económicos, por grave que sea, “ha debilitado el férreo control de los economistas matemáticos sobre las políticas de los gobiernos.” El problema es que la ciencia, en esa modalidad binaria causa-efecto, no ha logrado hacer frente ni al caos ni a la complejidad de la vida” (Aurelien). Otras teorías – diferentes de la física newtoniana – como la teoría cuántica o la del caos han sido en gran parte excluidas de nuestra forma de pensar.

El significado de "Davos" (seguido de las revelaciones sobre Epstein) es que el Humpty Dumpty de la confianza ha caído del muro y ya no puede ser reconstruido.

Lo que es igualmente evidente es que los círculos de Epstein no estaban compuestos solo por individuos perversos; "Lo que se ha descubierto indica prácticas sistemáticas, organizadas y ritualizadas". Y esto lo cambia todo, como observa el comentarista Lucas Leiroz:

"Redes de este tipo existen solo cuando están respaldadas por una profunda protección institucional." No existe pedofilia ritual, ni trata de seres humanos a escala transnacional, ni producción sistemática de material extremo, sin cobertura política, policial, judicial y mediática. Esta es la lógica del poder”.

Epstein emerge de la miríada de correos electrónicos como un pedófilo y ciertamente un inmoral, pero también como un personaje extremadamente inteligente y un serio protagonista geopolítico, cuyas intuiciones políticas eran apreciadas por personajes de alto nivel en todo el mundo. Era un maestro de la geopolítica, como lo describió Michael Wolff (ya en 2018, así como en una correspondencia por correo electrónico publicada recientemente) también en la guerra entre el poder judío y los gentiles.

Esto sugiere que Epstein era menos un instrumento de los Servicios Secretos, y más bien un "igual" para ellos. No es de extrañar que los líderes buscaran su compañía (y también por razones gravemente inmorales, que no podemos ignorar). Y está claro que el Estado Profundo (monopartidista) maniobraba a través de él. Y al final, Epstein sabía demasiado.

David Rothkopf, ex asesor de asuntos políticos del partido demócrata, reflexiona sobre lo que Epstein significa para América:

"[Los jóvenes estadounidenses] se dan cuenta de que sus instituciones los están abandonando y que tendrán que [salvarse]... hay decenas de miles de personas en Minneapolis que dicen que ya no se trata de cuestiones constitucionales, o del estado de derecho o de la democracia – lo cual puede parecer una buena idea – pero es algo lejano para la persona promedio sentada en la mesa de la cocina".

"La gente dice que la Corte Suprema no nos protegerá;" el Congreso no nos protegerá; el Presidente es el enemigo; está desplegando su ejército en nuestras ciudades. Las únicas personas que pueden protegernos somos nosotros mismos”.

"Son 'los milmillonarios estúpidos'" [referencia al viejo aforismo: 'Es la economía, estúpido'] Rothkopf explica:

“El punto que estoy tratando de subrayar es que si no se dan cuenta de que la igualdad y la impunidad de las élites son cuestiones centrales para todos, que la gente piensa que el sistema está amañado y no funciona para ellos… no creen más que el sueño americano sea real y que el control del país ha sido robado por un puñado de superricos, que no pagan impuestos y se vuelven cada vez más ricos, mientras el resto de nosotros se queda cada vez más atrás, [entonces no pueden entender la desesperación actual entre los menores de 35 años]”.

Rothkopf sostiene que el episodio de Davos/Epstein marca la fractura entre el pueblo y las capas dominantes.

"Las sociedades occidentales se encuentran ahora ante un dilema que no puede ser resuelto a través de elecciones, comisiones parlamentarias o discursos." ¿Cómo se puede seguir aceptando la autoridad de instituciones que han protegido este nivel de horror? ¿Cómo se puede mantener el respeto por las leyes aplicadas selectivamente por personas que viven por encima de ellas?”, afirma Leiroz.

La pérdida de respeto, sin embargo, no resuelve el problema. Ningún partido político convencional tiene una respuesta al fracaso de la economía "de mesa": la falta de empleos razonablemente bien remunerados, el acceso a los servicios de salud, la educación y la vivienda costosa.

Ningún partido tradicional puede proporcionar una respuesta creíble a estas problemáticas existenciales porque, durante décadas, la economía ha sido exactamente "amañada", es decir, estructuralmente reorientada hacia una economía financiarizada basada en la deuda, en detrimento de la economía real.

Esto requeriría que la actual estructura de mercado liberal anglosajona fuera completamente desmantelada y reemplazada por otra. Pero se necesitaría una década de reformas, y los oligarcas se opondrían abiertamente.

Lo ideal sería que emergieran nuevos partidos políticos. En Europa, sin embargo, los "puentes" que potencialmente podrían ayudarnos a salir de nuestras profundas contradicciones estructurales han sido deliberadamente destruidos en nombre del cordón sanitario diseñado para impedir la aparición de cualquier pensamiento político no "centrista".

Si la protesta no tiene ningún efecto en cambiar el status quo y las elecciones siguen siendo entre los partidos Tweedle Dee y Dum del orden existente, los jóvenes concluirán que "nadie vendrá a salvarnos" y podrían concluir, en su desesperación, que el futuro solo puede ser decidido en las calles." 

(Alastair Crooke, blog, 05/02/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

6.2.26

Caso Epstein: No se trata solo de que el difunto financiero pedófilo llevara décadas escondiéndose a plena vista. Su red de amigos y conocidos se escondía con él, asumiendo todos que eran intocables... es precisamente la razón por la que muchos de los millones de documentos publicados han sido cuidadosamente censurados, no principalmente para proteger a sus víctimas, que aparentemente se identifican con demasiada frecuencia, sino para proteger a los círculos depredadores a los que prestaba servicio... Epstein se benefició sin duda de un «acuerdo favorable» en Florida en 2008. Acabó en la cárcel por solo dos cargos de solicitación de prostitución —los menos graves de entre una serie de cargos por tráfico sexual— y cumplió una condena corta... las fotos de hombres ricos con mujeres jóvenes sugieren que Epstein acumuló, de manera formal o informal, kompromat —pruebas incriminatorias— que presumiblemente le servían como potencial influencia sobre ellas... Su cultivo de las relaciones con los súper ricos y sus seguidores, y las invitaciones a venir a su isla para pasar tiempo con mujeres jóvenes, todo ello huele a la tradicional trampa amorosa que emplean las agencias de espionaje. Lo más probable es que Epstein no financiara todo esto por sí mismo... Eso no debería sorprender... las huellas de los servicios de inteligencia, en particular los de Israel, se encuentran en la última serie de archivos filtrados. Pero las pistas estaban ahí desde mucho antes... Epstein aconseja a Ehud Barak, exjefe de la inteligencia militar israelí, y más tarde primer ministro, que averigüe más sobre la empresa estadounidense de análisis de datos Palantir y que se reúna con su fundador, Peter Thiel. En 2024, Israel firmó un acuerdo con Palantir para que sus servicios de inteligencia artificial ayudaran al ejército israelí a seleccionar objetivos en Gaza... Como era de esperar, estas revelaciones no están teniendo casi ninguna repercusión en los medios de comunicación tradicionales, los mismos medios cuyos propietarios multimillonarios y editores ambiciosos cortejaron en su día a Epstein... Los archivos de Epstein no solo nos muestran las oscuras decisiones de unos pocos individuos poderosos. Más importante aún, ponen de relieve la lógica degenerada de las estructuras de poder que hay detrás de estos individuos. Las poderosas figuras que tomaron el Lolita Express de Epstein para ir a su isla; que recibieron «masajes» de mujeres y niñas jóvenes víctimas de la trata; y que bromearon con indiferencia sobre los abusos que sufrían estas jóvenes, son las mismas personas que ayudaron discretamente a Israel a cometer una matanza masiva en Gaza y, en algunos casos, defendieron ruidosamente su derecho a hacerlo. ¿Nos sorprende que quienes no alzaron ni una sola voz en contra del asesinato y la mutilación de decenas de miles de niños palestinos, y del hambre de cientos de miles más, fueran también quienes consintieron los rituales de abuso contra los niños, o los toleraron, mucho más cerca de casa? Son las mismas personas que negaron que Israel atacara los hospitales necesarios para tratar a los niños heridos y enfermos de Gaza, e ignoraron el hambre masiva que Israel infligió a toda la población... Hace casi dos décadas, quedó claro que Jeffrey Epstein era un depredador. En los últimos años, se ha vuelto imposible mantener la idea de que era un caso moral atípico. Él destiló y canalizó, a través de formas depravadas de gratificación sexual, una cultura corrupta más amplia que cree que las reglas no se aplican a las personas especiales, a los elegidos, a los superhombres. Ahora se sacrificará a un puñado de sus aliados más prescindibles para satisfacer nuestro ansia de rendición de cuentas. Pero no se dejen engañar: la cultura de Epstein sigue vigente (Jonathan Cook)

 "Si le cuesta lidiar con la presión constante de comunicarse en un mundo cada vez más conectado, piense en el difunto pedófilo en serie Jeffrey Epstein.

La avalancha de tres millones de documentos publicados por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos durante el fin de semana confirma que Epstein dedicaba una cantidad excesiva de tiempo a mantener correspondencia con la enorme red de conocidos poderosos que había desarrollado.

El simple hecho de enviar correos electrónicos parece haber sido casi un trabajo a tiempo completo para él, y en realidad lo era.

La atención personal que dedicaba a multimillonarios, miembros de la realeza, líderes políticos, estadistas, celebridades, académicos y élites mediáticas era la forma en que se mantenía en el centro de esta vasta red de poder.

Su agenda de contactos era un quién es quién de aquellos que dan forma a nuestra idea de cómo debería funcionar el mundo. Pero también fue fundamental para atraer a algunas de estas mismas figuras poderosas a su órbita y a un mundo de fiestas privadas libertinas y explotadoras en Nueva York y en su isla del Caribe.

Al parecer, todavía hay otros tres millones de documentos que no se han hecho públicos. Debemos suponer que su contenido es aún más condenatorio para la élite mundial cultivada por Epstein.

Cuantos más documentos salen a la luz, más se perfila la imagen de cómo Epstein fue protegido de las consecuencias de su propia depravación por esta red de aliados que, o bien consentían sus delitos, o bien participaban activamente en ellos.

El modus operandi de Epstein se parecía sospechosamente al de un jefe mafioso, que exige a los iniciados que participen en un golpe antes de convertirse en miembros de pleno derecho de la mafia. La complicidad es la forma más segura de garantizar una conspiración de silencio.

Red de poder

No se trata solo de que el difunto financiero pedófilo llevara décadas escondiéndose a plena vista. Su red de amigos y conocidos se escondía con él, asumiendo todos que eran intocables.

Su abuso de mujeres jóvenes y niñas no era solo un delito personal. Después de todo, ¿para quién hacían él y su principal proxeneta, Ghislaine Maxwell, todo este tráfico sexual?

Esta es precisamente la razón por la que muchos de los millones de documentos publicados han sido cuidadosamente censurados, no principalmente para proteger a sus víctimas, que aparentemente se identifican con demasiada frecuencia, sino para proteger a los círculos depredadores a los que prestaba servicio.

Lo más destacable de la última tanda de archivos de Epstein es lo sugerentes que son de una visión del mundo asociada a los «teóricos de la conspiración». Epstein estaba en el centro de una red global de figuras poderosas de ambos lados de una supuesta —pero en realidad, en gran medida performativa— división política entre la izquierda y la derecha.

El nexo que parece haber unido a muchas de estas figuras era su trato abusivo hacia mujeres y niñas vulnerables.

Del mismo modo, las fotos de hombres ricos con mujeres jóvenes sugieren que Epstein acumuló, de manera formal o informal, kompromat —pruebas incriminatorias— que presumiblemente le servían como potencial influencia sobre ellas.

Al más puro estilo masónico, su círculo de compañeros parece haberse protegido mutuamente. El propio Epstein se benefició sin duda de un «acuerdo favorable» en Florida en 2008. Acabó en la cárcel por solo dos cargos de solicitación de prostitución —los menos graves de entre una serie de cargos por tráfico sexual— y cumplió una condena corta, gran parte de ella en régimen de semilibertad.

Y el misterio de cómo Epstein, un contable glorificado, financiaba su fantástico y lujoso estilo de vida —cuando su agenda parece haber estado dominada por tareas administrativas y la organización de fiestas sexuales— se vuelve un poco menos misterioso con cada nueva revelación.

Su cultivo de las relaciones con los súper ricos y sus seguidores, y las invitaciones a venir a su isla para pasar tiempo con mujeres jóvenes, todo ello huele a la tradicional trampa amorosa que emplean las agencias de espionaje. Lo más probable es que Epstein no financiara todo esto por sí mismo.

Las huellas de Israel

Eso no debería sorprender. Una vez más, las huellas de los servicios de inteligencia, en particular los de Israel, se encuentran en la última serie de archivos filtrados. Pero las pistas estaban ahí desde mucho antes.

Por supuesto, estaba su íntimo y sobrenatural vínculo con Maxwell, cuyo padre, un magnate de los medios de comunicación, fue desenmascarado tras su muerte como agente israelí. Y el viejo amigo de Epstein, Ehud Barak, exjefe de la inteligencia militar israelí que más tarde ocupó el cargo de primer ministro, debería haber sido otra señal de alarma.

Esa asociación ocupó un lugar destacado en una serie de artículos publicados por Drop Site News el otoño pasado, a partir de una publicación anterior de los archivos de Epstein. En ellos se mostraba cómo Epstein ayudaba a Israel a negociar acuerdos de seguridad con países como Mongolia, Costa de Marfil y Rusia.

Yoni Koren, un activo oficial de inteligencia militar israelí, fue un invitado habitual en el apartamento de Epstein en Manhattan entre 2013 y 2015. Un correo electrónico también muestra a Barak pidiendo a Epstein que transfiriera fondos a la cuenta de Koren.

Pero la última publicación ofrece pistas adicionales. Un documento desclasificado del FBI cita a una fuente confidencial que afirma que Epstein era «cercano» a Barak y «se formó como espía bajo su mando».

En un intercambio de correos electrónicos entre ambos en 2018, antes de una reunión con un fondo de inversión de Catar, Epstein pide a Barak que disipe las posibles preocupaciones sobre su relación: «debes dejar claro que no trabajo para el Mossad. :)».

Y en un audio recién publicado y sin fecha, Epstein aconseja a Barak que averigüe más sobre la empresa estadounidense de análisis de datos Palantir y que se reúna con su fundador, Peter Thiel. En 2024, Israel firmó un acuerdo con Palantir para que sus servicios de inteligencia artificial ayudaran al ejército israelí a seleccionar objetivos en Gaza.

Como era de esperar, estas revelaciones no están teniendo casi ninguna repercusión en los medios de comunicación tradicionales, los mismos medios cuyos propietarios multimillonarios y editores ambiciosos cortejaron en su día a Epstein.

En cambio, los medios parecen mucho más absortos por pistas más débiles que sugieren que Epstein también podría haber tenido conexiones con los servicios de seguridad rusos.

Pacto faustiano

Hay una razón por la que la demanda de los archivos de Epstein ha sido tan clamorosa que incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tenido que ceder, a pesar de las revelaciones embarazosas que también le afectan. Gran parte de lo que vemos suceder en nuestra política cada vez más degradada y corrupta parece desafiar cualquier explicación racional, y mucho menos moral.

Las élites occidentales han pasado dos años colaborando activamente en la masacre masiva en Gaza —ampliamente identificada por los expertos como un genocidio— y luego tachando cualquier oposición a ella de antisemitismo o terrorismo.

Esas mismas élites se quedan de brazos cruzados mientras el planeta arde, negándose a renunciar a su enriquecedora adicción a los combustibles fósiles, incluso cuando encuesta tras encuesta muestra que las temperaturas globales suben sin cesar hasta el punto de que el colapso climático es inevitable.

Una serie de guerras de agresión occidentales imprudentes e ilegales en Oriente Medio, así como la incitación a largo plazo de la OTAN a Rusia para que invada Ucrania, no solo han desestabilizado el mundo, sino que corren el riesgo de provocar una conflagración nuclear.

Y a pesar de las advertencias de los expertos, se está impulsando la inteligencia artificial sin pensar aparentemente en los costes impredecibles y probablemente enormes que supondrá para nuestras sociedades, desde la destrucción de gran parte del mercado laboral hasta el trastorno de nuestra capacidad para evaluar la verdad.

Los archivos de Epstein ofrecen una respuesta. Lo que parece una conspiración, sugieren, es efectivamente una conspiración, impulsada por la codicia. Lo que siempre hemos tenido ante nuestros ojos podría ser cierto: hay un alto precio que pagar para ser aceptado en la pequeña élite del poder occidental, y eso implica dejar de lado cualquier sentido de la moralidad. Requiere descartar la empatía hacia cualquiera que no pertenezca al grupo.

Quizás una élite desalmada y devoradora de carne humana a cargo de nuestras sociedades sea menos caricaturesca de lo que parece. Quizás los archivos de Epstein tienen tanto impacto en nuestra imaginación porque nos enseñan una lección que ya conocíamos, confirmando una historia con moraleja que es anterior incluso al canon literario occidental.

Hace más de 400 años, el escritor inglés Christopher Marlowe, contemporáneo de William Shakespeare, se inspiró en los cuentos populares alemanes para escribir su obra Doctor Faustus, sobre un erudito que, a través del intermediario Mefistófeles, acepta vender su alma al diablo a cambio de poderes mágicos.

Así nació el pacto faustiano, mediado por la figura de Mefistófeles, similar a Epstein. El gran escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe volvería a retomar este cuento 200 años más tarde en su obra maestra en dos partes, Fausto.

Lógica degenerada

Sin embargo, tal vez no sea sorprendente que el ruido mediático sobre los archivos de Epstein sirva principalmente para ahogar una historia más veraz que lucha por salir a la luz.

La misma élite que en su día apreciaba a Epstein como su maestro de ceremonias ahora intenta desviar nuestra atención de su complicidad en sus delitos para dirigirla hacia unos pocos individuos selectos, en particular en el Reino Unido, Andrew Mountbatten-Windsor y Peter Mandelson.

Es difícil considerar a esta pareja como chivos expiatorios. No obstante, cumplen el mismo propósito: saciar el creciente apetito del público por el castigo.

Mientras tanto, el resto de su círculo niega las pruebas bien fundamentadas de su amistad con Epstein o, si se ve acorralado, se apresura a disculparse por un breve lapsus de juicio, antes de correr a refugiarse.

Se trata de un falso ajuste de cuentas. Los archivos de Epstein no solo nos muestran las oscuras decisiones de unos pocos individuos poderosos. Más importante aún, ponen de relieve la lógica degenerada de las estructuras de poder que hay detrás de estos individuos.

Las poderosas figuras que tomaron el Lolita Express de Epstein para ir a su isla; que recibieron «masajes» de mujeres y niñas jóvenes víctimas de la trata; y que bromearon con indiferencia sobre los abusos que sufrían estas jóvenes, son las mismas personas que ayudaron discretamente a Israel a cometer una matanza masiva en Gaza y, en algunos casos, defendieron ruidosamente su derecho a hacerlo.

¿Nos sorprende que quienes no alzaron ni una sola voz en contra del asesinato y la mutilación de decenas de miles de niños palestinos, y del hambre de cientos de miles más, fueran también quienes consintieron los rituales de abuso contra los niños, o los toleraron, mucho más cerca de casa?

Estas son las personas que exigían a cualquiera que quisiera alzar la voz en defensa de los niños de Gaza que dedicara su tiempo a condenar a Hamás. Son las mismas personas que intentaron por todos los medios desacreditar el creciente número de víctimas mortales infantiles atribuyéndolo al «Ministerio de Salud de Gaza, dirigido por Hamás».

Son las mismas personas que negaron que Israel atacara los hospitales necesarios para tratar a los niños heridos y enfermos de Gaza, e ignoraron el hambre masiva que Israel infligió a toda la población. Y estas son las personas que ahora pretenden que el continuo asesinato y tortura de los niños de Gaza por parte de Israel equivale a un «plan de paz».

Neoliberalismo y sionismo

Dejemos de lado por un momento su pedofilia. Epstein era la personificación definitiva de las dos ideologías corruptas que dominan las sociedades occidentales: el neoliberalismo y el sionismo. Esa es una razón suficiente para que destacara durante tanto tiempo en sus altas esferas.

El destino final de esas ideologías siempre iba a conducir a un genocidio en Gaza y, en los años o décadas venideros, a menos que se detuviera, a un holocausto nuclear a escala planetaria o al colapso climático.

Epstein podría servir como una advertencia saludable de lo que está tan profundamente mal en la cultura política y financiera de Occidente. Pero la llamada de atención que representa ahora se está sofocando en su ausencia tanto como lo estaba en vida.

El neoliberalismo es la búsqueda del dinero y el poder por sí mismos, divorciados de cualquier propósito superior o bien social. Durante el último medio siglo, se ha animado a las sociedades occidentales a venerar a la clase de los multimillonarios —que pronto serán billonarios— como el máximo símbolo del crecimiento económico y el progreso, en lugar de como el máximo indicador de un sistema que se ha podrido desde dentro.

Como era de esperar, los superricos y sus seguidores se han sentido atraídos por los defensores del «longtermismo», un movimiento que justifica las graves desigualdades e injusticias actuales del mundo y se resigna a un apocalipsis climático y medioambiental inminente a medida que se agotan los recursos del planeta.

El longtermismo sostiene que la salvación de la humanidad no reside en reorganizar nuestras sociedades política y económicamente en el aquí y ahora, sino en intensificar esas desigualdades para lograr un éxito a largo plazo a través de una clase de Übermensch nietzscheanos, o seres superiores.

Una pequeña élite financiera necesita libertad absoluta para amasar más riqueza en busca de soluciones —a través de innovaciones tecnológicas, por supuesto— para superar las dificultades de sobrevivir en nuestro frágil planeta. El resto de nosotros somos un impedimento para la capacidad de los superricos de trazar un rumbo hacia la seguridad.

Los hombres, mujeres y niños comunes deben quedarse en el barco que se hunde, mientras que los multimillonarios se apropian de los botes salvavidas. En palabras de uno de los gurús del longtermismo, Nick Bostrom, filósofo de la Universidad de Oxford, lo que nos espera es «una masacre gigante para el hombre, un pequeño paso en falso para la humanidad».

Tomando prestado un término de los videojuegos, los miembros de la élite neoliberal nos ven al resto como personajes no jugables, o NPC, los personajes de relleno generados en un juego para servir de fondo a los jugadores reales. Visto en este marco más amplio, ¿qué importa si los niños sufren, ya sea en Gaza o en las mansiones de un multimillonario?

Sin excepciones morales

Si esto se parece mucho al colonialismo tradicional de «la carga del hombre blanco», actualizado para una era supuestamente poscolonial, es porque lo es. Esto ayuda a explicar por qué el neoliberalismo encaja tan bien con otra ideología colonial depravada, el sionismo.

El sionismo ganó cada vez más legitimidad tras la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que conservó descaradamente durante la posguerra la depravada lógica de los nacionalismos étnicos europeos que anteriormente habían culminado en el nazismo.

Israel, el hijo bastardo del sionismo, no solo reflejó la supremacía aria, sino que hizo respetable su propia versión: la supremacía judía. El sionismo, al igual que otros nacionalismos étnicos repugnantes, exige la unidad tribal contra el Otro, valora el militarismo por encima de todo y busca constantemente la expansión territorial, o Lebensraum.

¿Es de extrañar que fuera Israel quien, durante muchas décadas, revirtiera los avances de un sistema jurídico internacional creado precisamente para evitar que se repitieran los horrores de la Segunda Guerra Mundial?

¿Es de extrañar que fuera Israel quien llevara a cabo un genocidio a la vista de todo el mundo, y que Occidente no solo no lo detuviera, sino que colaborara activamente en la matanza masiva?

¿Es de extrañar que, a medida que a Israel le ha resultado más difícil ocultar la naturaleza criminal de su empresa, Occidente se haya vuelto más represivo y más autoritario a la hora de aplastar la oposición a su proyecto?

¿Es de extrañar que los sistemas de armamento, las innovaciones en materia de vigilancia y los mecanismos de control de la población que Israel ha desarrollado y perfeccionado para utilizarlos contra los palestinos lo conviertan en un preciado aliado para una clase multimillonaria occidental que busca utilizar las mismas innovaciones tecnológicas en su propio país?

Por eso, el ministro del Interior de un Gobierno británico que apoyó el genocidio en Gaza y definió la oposición al mismo como terrorismo, ahora quiere revivir la idea del siglo XVIII de la prisión panóptica, una forma de encarcelamiento que lo ve todo, pero en una versión de inteligencia artificial. En palabras de Shabana Mahmood, su panóptico garantizaría que «los ojos del Estado puedan estar sobre ti en todo momento».

Hace casi dos décadas, quedó claro que Jeffrey Epstein era un depredador. En los últimos años, se ha vuelto imposible mantener la idea de que era un caso moral atípico. Él destiló y canalizó, a través de formas depravadas de gratificación sexual, una cultura corrupta más amplia que cree que las reglas no se aplican a las personas especiales, a los elegidos, a los superhombres.

Ahora se sacrificará a un puñado de sus aliados más prescindibles para satisfacer nuestro ansia de rendición de cuentas. Pero no se dejen engañar: la cultura de Epstein sigue vigente."

(Jonathan Cook , blog, 05/02/26, traducción DEEPL)