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14.9.23

El neoliberalismo destruye la clase media, que cae hacia la pobreza y alimenta la extrema derecha en toda Europa. No vota a la extrema derecha por pasión neofascista, sino porque ninguna otra familia política responde a esa desesperación... las clases medias caen en un tobogán hacia la pobreza y se desesperan al ver el desclasamiento del que son víctimas, y ese desclasamiento, interpretado por algunos como rivalidad con los inmigrantes, se convierte en racismo. De ahí el voto a la extrema derecha... Estamos en una policrisis... con el cambio climático como condición última... la guerra de Ucrania no tiene un final próximo, y lo ha cambiado todo... aunque el panorama es tenebroso, hay esperanza: “La humanidad se está organizando" (Ignacio Ramonet)

 "A Ignacio Ramonet (Redondela, Pontevedra, 1943) se le deben no pocas ideas fuerza de la izquierda durante el cambio de milenio. De un editorial de Le Monde diplomatique, el periódico mensual que dirigió entre 1990 y 2008 y convirtió en uno de los órganos críticos con el neoliberalismo más respetados, nació ATTAC, que buscaba tasar las transacciones financieras internacionales. A otro de sus artículos en las mismas páginas corresponde la popularización de la expresión “pensamiento único” para referirse al paisaje ideológico de la pos Guerra Fría, dominado, a su juicio, por los intereses del capital financiero internacional. (...)

“Estamos en una policrisis”, advierte, con el cambio climático como condición última. A la guerra de Ucrania no le ve un final próximo “y lo ha cambiado todo”. La extrema derecha asciende alimentada por la destrucción de las clases medias. La manipulación informativa ha entrado en una nueva dimensión debido a los saltos tecnológicos. Pero, aunque el panorama que dibuja es tenebroso, percibe esperanza: “La humanidad se está organizando. Siempre hay movimientos que, a la vez, intentan explicar lo que pasa y resisten a ello”. 

 En su conferencia en la Universidade de Santiago de Compostela realizó un diagnóstico del estado del mundo a partir de dos crisis encabalgadas, la provocada a partir de 2020 por el coronavirus y la desatada en 2022 por el ataque ruso a Ucrania. Pero Europa no había acabado de salir de la anterior, la iniciada en 2008. ¿Es la crisis constitutiva del capitalismo?

 El mundo va de crisis en crisis. Hay una concatenación. La crisis de 2008, la de las subprime, se prolongó y en Europa se tradujo en el control de la UE de varios Estados, entre ellos Grecia, pero también Irlanda o Portugal. No fue el caso de España, pero estuvo muy cerca. Esa fue la crisis final del neoliberalismo o de la globalización. Las sociedades son incapaces de ir más lejos por esa vía. Pero como el capitalismo no tiene otro modelo, sigue esa tendencia. Es inercia. Las tesis de [el economista francés Thomas] Piketty demuestran cómo el neoliberalismo produce desigualdad de manera estructural. Con el covid y con Ucrania la globalización no es posible. El mundo ha dejado de ser uno y se ha vuelto a dividir en varios. 

 ¿Qué síntomas le permiten afirmar que la globalización –o el neoliberalismo si es que son sinónimos– se ha terminado?

El neoliberalismo ya no funciona. ¿Por qué no funciona? Esencialmente porque la producción de desigualdad ha sido tal que las sociedades lo rechazan. El ejemplo más llamativo es lo que pasó en el Reino Unido en otoño. Boris Johnson, el primer ministro, tuvo que dimitir por escándalos ligados al coronavirus. Entonces, el Partido Conservador eligió a una señora que se llamaba Liz Truss. Esa primera ministra presentó un programa ultraneoliberal para salir de la crisis, con más privatizaciones, más reducción de los servicios públicos, una brutal bajada de impuestos. ¿Y qué ocurrió? El Banco de Inglaterra dijo que ese plan era la ruina de Inglaterra. Las empresas, la propia Bolsa de Londres, dijeron que ese modelo no funcionaba. O sea, los propios actores fundamentales de la globalización, del neoliberalismo, dijeron: “No, eso ya no funciona”. Liz Truss duró como seis semanas. Y se eligió al actual primer ministro [el también conservador Rishi Sunak] con un programa más moderado. El propio sistema, el propio capitalismo, no quiere el neoliberalismo.

El bloque dominante ¿tiene un plan para después del neoliberalismo?

No lo veo. Lo que sí vemos es que este modelo ya no funciona. La otra evidencia es el exceso de desigualdades. ¿En qué se traduce? En la desaparición de las clases medias. Están desapareciendo. Nuestros hijos que han ido a la universidad, cosa que no habían podido hacer nuestros padres, tienen un nivel de vida inferior al de nuestros padres. Entonces ¿para qué sirve la universidad, o qué tipo de oportunidades se le proponen a la juventud de hoy? Hay un problema con la juventud, dicen. No hay un problema con la juventud, hay un problema con el modelo económico que ha destruido los servicios públicos y provocado el empobrecimiento de los pobres. Las sociedades no dan más. ¿Y qué implica en términos políticos? La clase media que desaparece y que se ve desesperada está votando a la extrema derecha en toda Europa. No vota a la extrema derecha por pasión neofascista, sino porque ninguna otra familia política responde a esa desesperación.

¿En Europa hay un giro político reaccionario?

Sí, claro. La interpretación que se le ha dado a la crisis no es de tipo social o económico, es de tipo identitario. Se dice a la gente: “No, tus hijos no tienen trabajo, porque el trabajo se lo llevan los inmigrantes”. La dimensión identitaria, racista, adquiere una gran importancia. Como en Estados Unidos con Trump. El neoliberalismo destruye las clases medias, las clases medias caen en un tobogán hacia la pobreza y se desesperan al ver el desclasamiento del que son víctimas, y ese desclasamiento, interpretado por algunos como rivalidad con los inmigrantes, se convierte en racismo. De ahí el voto a la extrema derecha, que está subiendo en todas partes.

El escenario político francés, donde la alternativa electoral a la Presidencia de la República se reduce a elegir entre el neoliberalismo de Macron y la extrema derecha de Le Pen, ¿puede extenderse al resto de Europa?

Francia es un poco especial. En primer lugar, por el sistema electoral: la doble vuelta hace muy complicado imponerse a menos que tengas una fuerte mayoría. Es lo que pasa ahora. El Frente Nacional, que ahora se llama Reagrupamiento Nacional, puede llevarse todo. Ya es el primer partido en la Asamblea Nacional. Si por ejemplo Macron hubiese disuelto la Asamblea con ocasión de la crisis de las pensiones, quien iba a salir ganando hubiera sido la extrema derecha. Sobre todo después de tantas huelgas y tanta violencia, a la que los medios le dieron mucha importancia. Lo que llamamos la mayoría silenciosa podía haber reaccionado votando a la extrema derecha como protección contra el desorden.

 No ve posible, entonces, que la disputa electoral en los Estados europeos se sintetice entre opciones análogas a Macron y Le Pen.

No, no lo creo. Además, la extrema derecha francesa no es neoliberal, es antineoliberal. Están a favor de la intervención del Estado, nostálgicos de un Estado fuerte.

¿La izquierda política está a la altura del momento histórico?

La izquierda carece de teoría. Ha habido muy poca reflexión. ¿Cuál es el gran teórico de izquierda hoy? ¿Varoufakis? ¿Pero en qué medida? Sacó la lección, según él, de lo que había pasado en Grecia, pero... Quizás Piketty es el único economista que ha aportado algo en términos de denuncia de las desigualdades, de reflexión sobre la política fiscal: qué impuestos son necesarios, cómo corregir las desigualdades mediante una política fiscal. Pero no hay teoría. Mientras tanto ya van 20 o 30 años de la extrema derecha subiendo. No basta con decir que algunas masas se portan mal. No se portan mal, las masas no se portan ni mal ni bien, no se trata de moral, se comportan en función de lo que creen que les va a permitir sobrevivir como familia, como categoría social o como grupo.

No existe una alternativa fuerte como en su día fue el socialismo.

Yo no lo veo. Nosotros lo que podemos decir es que necesitamos que el Estado sea más redistribuidor, necesitamos que el Estado, sobre todo después de la covid, tenga más capacidad de tener servicios públicos, necesitamos que el Estado sea capaz de reindustrializar nuestros países porque las políticas neoliberales de externalizar la producción han sido un desastre, como se vio en la covid. Finalmente el modelo Biden, un modelo tímidamente neokeynesiano, es un poco lo más a la izquierda que puede haber. Y fíjate lo que es.

De las dos crisis de las que habla, la del coronavirus ha quedado atrás, pero la guerra de Ucrania continúa. ¿Cómo acabará?

(...) No se ve bien cómo puede terminar esa guerra. Por el momento no cabe duda de que fracciona el mundo.

¿En qué sentido?

El mundo está hoy dividido por lo menos en tres partes. Por eso la globalización ya no puede funcionar de la misma manera. Y menos con las sanciones. Por un lado están Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, unidos contra Rusia. Por otro, Rusia y sus aliados –Bielorrusia y algunos países de la ex Unión Soviética. Y por otro, toda una parte del Tercer Mundo que no está ni con uno ni con otro. (...)

Al final, en todo caso, la globalización económica no implicó una globalización política.

No, el mundo está fracturado de hecho, en muchos aspectos.

Usted se refiere al entrelazamiento de varias y distintas crisis, pero ¿existe alguna que sobredetermine a las demás?

Hay una que nos concierne a todos, el cambio climático. Es decisivo. No es que sobredetermine, pero al cambio climático le da igual la guerra de Ucrania o no, sigue con su transformación. Cada uno de nosotros lo puede constatar a su nivel: se encuentre donde se encuentre en el planeta está viendo desde el punto de vista climático cosas que nunca antes había visto, tampoco las personas mayores en su experiencia vital. Y hay preocupaciones muy grandes en torno por ejemplo al agua. ¿Qué va a ocurrir en torno al agua dulce? Hay países que no van a tener agua, lo que va a provocar grandes migraciones. Si el cambio climático provoca migraciones en África del Norte, las migraciones van a venir para Europa. Este fenómeno se sumará a la desaparición de las clases medias y a cómo esta desaparición alimenta el ascenso de la extrema derecha. Lo que está pasando con Vinicius en este momento muestra que el racismo es un tema de actualidad en España. Y no es anecdótico que ocurra en el fútbol. (...)

El panorama que dibuja es oscuro. ¿No intuye luces en el horizonte?

Sí, por supuesto. La primera, nuestra capacidad de entender. Todos y todas estamos preocupados por entender este nuevo mundo. Que es reciente, acaba de ocurrir. La guerra de Ucrania empezó hace un año. Se tardó mucho tiempo en entender cómo funcionaba la Guerra Fría, cómo funcionaba la descolonización... Por otra parte, las sociedades están cada día más alerta sobre estos peligros. El cambio climático es un peligro, pero no ha destruido aún el planeta ni la humanidad. La humanidad se está organizando. Para cada una de estas crisis tenemos no solo advertencias, sino movimientos a la vez de resistencia y de explicación. Esto es lo más esperanzador"                  (Entrevista a Ignacio Ramonet, Daniel Salgado, 26/05/23)

6.12.22

Branko Milanovic: Los nuevos datos sobre desigualdad muestran probablemente la mayor reorganización de los ingresos mundiales desde la revolución industrial... ya que durante los dos últimos siglos los habitantes de los países occidentales y Japón "controlaban" casi totalmente el quintil superior mundial. Este "control" ya se ha debilitado con la entrada de China en ese círculo y, si continúan los diferenciales en las tasas de crecimiento entre Asia "emergente" y Occidente, se debilitará aún más... ahora que China es un país de renta media-alta, matemáticamente su mayor crecimiento ya no reduce la desigualdad mundial. De hecho, podría empezar a aumentar la desigualdad mundial, a medida que crece la distancia en ingresos entre China y los muy poblados países africanos... Así, mientras que en la próxima fase de la globalización cabe esperar un mayor fortalecimiento de la "clase media" mundial, lo que ocurra con la desigualdad mundial dependerá crucialmente del crecimiento de la India y de los populosos países africanos: Nigeria, Egipto, Etiopía, Tanzania, Congo. Nuestra atención debe dirigirse hacia África


  "La distribución mundial de la renta ha ido cambiando sin que nos diéramos mucha cuenta.

El periodo de "alta globalización", que abarcó desde el final del comunismo a finales de los años ochenta hasta lo que se conoció como la crisis financiera mundial de 2008, quizá se describa mejor con el llamado gráfico del elefante (la curva azul de la figura siguiente), elaborado por Christoph Lakner y yo mismo. Muestra un aumento muy elevado de los ingresos durante estas dos décadas en torno a la mitad de la distribución mundial, el punto A (denominado "efecto China"), un crecimiento muy modesto o cercano a cero en torno al percentil 80 de la distribución, el punto B (donde se encuentran las clases medias bajas de los países ricos), y un fuerte aumento entre el 1% más rico mundial, el punto C.
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La popularidad del "gráfico del elefante" se debió a su confirmación empírica de lo que muchos pensaban. El rápido aumento de los ingresos en Asia coincidió -y tal vez estuvo relacionado causalmente- con el declive de las clases medias occidentales, así como con el ascenso del 1% mundial.

Sin embargo, este patrón de crecimiento de los ingresos no se mantuvo sin cambios durante la década 2008-18, que terminó justo antes de la pandemia. Los nuevos datos muestran tanto continuidad como cambio (el gráfico naranja). La continuidad está representada por un crecimiento elevado, incluso acelerado, de los ingresos reales en Asia; el cambio está representado por una desaceleración significativa del crecimiento en la parte superior de la distribución mundial.

 Desaceleración occidental

Para entender ambas cosas, hay que remontarse a los efectos de la crisis de 2008. En realidad, fue una crisis norteatlántica. Mientras que el crecimiento de los países ricos de Europa y Norteamérica se desaceleró o incluso se volvió negativo (para el conjunto de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico fue negativo tanto en 2008 como en 2009), el crecimiento en Asia, y especialmente en China, prácticamente no se vio afectado.

La ralentización occidental, debida a la naturaleza financiera de la crisis, perjudicó a los grupos de renta más ricos. Lo ocurrido en Estados Unidos es lo más instructivo, además de lo más importante, porque los ciudadanos estadounidenses representan casi la mitad del 1% más rico del mundo.

Según las encuestas de renta estadounidenses (armonizadas posteriormente por el Estudio de Renta de Luxemburgo), el 5% de la población estadounidense más rica perdió alrededor de un 10% en términos reales entre 2008 y 2010, y el 1% más rico vio cómo sus ingresos se reducían en casi una quinta parte. En los años siguientes se recuperaron, pero no alcanzaron el nivel de 2007 hasta 2015. Para los más ricos de Estados Unidos, y por extensión para los ricos de todo el mundo, se "perdió" casi una década completa. Esto explica por qué la trompa del "elefante" (que representa el crecimiento de los ingresos de los globalmente ricos) se redujo en comparación con el periodo de alta globalización.

Por cierto, y yendo más allá del límite temporal de nuestro análisis (2008-18), los años más recientes muestran una continuación de esta tendencia en el caso de Estados Unidos. El amplísimo programa de ayudas de la Ley de Ayuda, Socorro y Seguridad Económica (CARES) promulgada en 2020 se tradujo en una disminución sustancial de la desigualdad de ingresos después de transferencias e impuestos. El coeficiente de Gini -que oscila entre una desigualdad completa de cero y una desigualdad infinita de 100- para EE.UU. disminuyó en más de un punto, la mayor caída en medio siglo. Una de las ironías es que este gran descenso se produjo durante el último año de la presidencia de Donald Trump.

 Continuación del crecimiento en Asia

Volviendo a lo ocurrido entre 2008 y 2018, observamos la continuación del rápido crecimiento chino e indio. En términos de producto interior bruto per cápita, China creció un 7,5% anual, India un 6%. Este crecimiento se refleja también en sus encuestas de hogares. Por ejemplo, tanto para la China urbana como para la rural, las encuestas dan un crecimiento medio anual per cápita de alrededor del 10%, para la India urbana del 8% y para la India rural justo por debajo del 5%.

Este crecimiento continuado en Asia transformó fundamentalmente la distribución mundial de la renta de dos maneras. Aumentó el tamaño de la clase "media" mundial y produjo una reorganización de las posiciones de la renta mundial. Lo primero significa que el "grosor" de la parte media de la distribución mundial es ahora mayor. Lo segundo significa que, a medida que crecían los ingresos asiáticos, la gente de Asia desplazaba en la clasificación mundial a mucha gente de las partes bajas de las distribuciones de los países ricos.

Este efecto puede ilustrarse mejor con el caso de Italia, que no creció en más de dos décadas. El decil más bajo de italianos se situaba en 1988 en el percentil 73 mundial; 20 años más tarde, a medida que crecían los ingresos asiáticos y que grandes grupos de la China urbana lograban ingresos superiores a los italianos, estos italianos de ingresos más bajos descendieron en la jerarquía mundial hasta el percentil 56 mundial. Un movimiento descendente similar, aunque menos drástico, afectó al tercio inferior de las poblaciones alemana y estadounidense.

Este movimiento descendente es "posicional": no tiene por qué implicar una disminución de los ingresos reales y, en muchos casos, los ingresos reales no disminuyeron. Sin embargo, lo que sí implica es un crecimiento más lento de los ingresos entre los deciles de los países ricos "dentro del rango" de los crecientes ingresos chinos.

Nueva dinámica mundial

La reestructuración actual representa probablemente la mayor desde la revolución industrial. Introduce una dinámica mundial totalmente nueva, ya que durante los dos últimos siglos los habitantes de los países occidentales y Japón "controlaban" casi totalmente el quintil superior mundial. (Por supuesto, muchas personas de otros países también estaban en el quintil superior, pero no eran millones). Este "control" ya se ha debilitado con la entrada de China en ese círculo y, si continúan los diferenciales en las tasas de crecimiento entre Asia "emergente" y Occidente, se debilitará aún más.

La reorganización de las posiciones no implica por sí misma una reducción de la desigualdad mundial. Desde el comienzo de la actual era de la globalización, la desigualdad se ha reducido casi por completo gracias al rápido crecimiento chino. Pero ahora que China es un país de renta media-alta, matemáticamente su mayor crecimiento ya no reduce la desigualdad mundial. De hecho, podría empezar a aumentar la desigualdad mundial, a medida que crece la distancia en ingresos entre China y los muy poblados países africanos.

 Así, mientras que en la próxima fase de la globalización cabe esperar un mayor fortalecimiento de la "clase media" mundial, lo que ocurra con la desigualdad mundial dependerá crucialmente del crecimiento de la India y de los populosos países africanos: Nigeria, Egipto, Etiopía, Tanzania, Congo. Nuestra atención debe dirigirse hacia África."                (, Social Europe, 05/12/22)

14.12.21

La indignación de clases medias (40%) se dirige contra el 50% más pobre, dejando al margen al 10% más rico... La política se resigna a intervenir en los “ajustes” entre el 40% del medio y el 50% más pobre. De ahí quizás nace la desafección... la desigualdad no es una maldición bíblica. Es la consecuencia de un capitalismo que es una fábrica de generar desigualdades y de la voluntad (o no) política

J.Coscu @jcoscu

 1/3 Los datos de evolución desigualdad #WorldInequalityLab que dirige
@PikettyLeMonde apuntan algunas explicaciones de las tendencias políticas de los últimos años. La indignación de clases medias (40%) se dirige contra el 50% más pobre, dejando al margen al 10% más rico (hilo)

2/3 La política local aparece “impotente” para reducir la gran desigualdad de renta y riqueza a nivel global y su acumulación en el 10% más rico. La política se resigna a intervenir en los “ajustes” entre el 40% del medio y el 50% más pobre. De ahí quizás nace la desafección.

3/3 Las grandes diferencias entre zonas del mundo (Europa es menos desigual) y su evolución desde 1980 confirman que la desigualdad no es una maldición bíblica. Es la consecuencia de un capitalismo que es una fábrica de generar desigualdades y de la voluntad (o no) política

8:20 a. m. · 8 dic. 2021
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1.12.21

Las clases medias afrontan asustadas la realidad... se camina hacia una creciente atracción por los gobiernos no democráticos en el caso de que estos logren resolver los problemas de la gente... causa: la “democracia capturada” por unas élites que son incapaces de incluir en sus iniciativas las demandas de la sociedad

 "¿En qué momento de la historia el futuro olvidó el “principio esperanza” y se apuntaló en el temor y en la incertidumbre de la gente? Como consecuencia de esta sorprendente transformación, las clases medias afrontan asustadas la realidad. La vaguedad con la que se utiliza el concepto de “clases medias”, en las que figuran todos los que no pertenecen a los dos extremos sociales, sirve para que la mayoría siga considerándose parte de ellas pese a los estragos causados por las últimas crisis.

Estas reflexiones se sustentan en el análisis de dos sondeos recientes sobre la situación actual de América Latina (AL). En el primero (Latin American Public Opinion Project), de la Universidad de Vanderbilt, se afirma que una cuarta parte de los latinoamericanos no está de acuerdo con la afirmación de que la democracia es mejor sistema que cualquier otra forma de gobierno. El resto de los ciudadanos (el 75%) respalda aún la democracia pero su entusiasmo es descendente y el desencanto avanza en todos los países. 

Del Latinobarómetro 2021 se desprende más indiferencia que simpatía al autoritarismo, aunque se camina hacia una creciente atracción por los gobiernos no democráticos en el caso de que estos logren resolver los problemas de la gente. Esto significa un apoyo instrumental, no finalista, a la democracia. Otro rasgo subrayable es el de “democracia capturada” por unas élites que son incapaces de incluir en sus iniciativas las demandas de la sociedad, de tal modo que no sirven para mejorar el día a día de la mayoría.

Hablando de AL en un acto organizado por la Fundación Felipe González y EsadeEcPol, el profesor chileno de la London School of Economics Andrés Velasco afirmó que, dejando de lado la época de las dictaduras militares, es difícil encontrar otro momento distinto del actual en el que la política haya funcionado peor en la región; que las izquierdas y las derechas que compiten electoralmente no son las tradicionales sino que, para recuperar la complicidad de unos ciudadanos cada vez más desconectados de esa política, recurren a fórmulas populistas (Velasco llegó a decir que la segunda vuelta de las elecciones chilenas, que disputarán el pinochetista José Antonio Kast y el izquierdista Gabriel Boric, es un remake de la película Godzilla vs. Kong); y que hay un colapso en la confianza en todas las instituciones (partidos políticos, cámaras de representantes, justicia, etcétera).

 Los focos de frustración y de enojo ciudadano se concentran ante todo en unas clases medias que cada vez se sienten más vulnerables, y que entienden que pueden descender un peldaño en la escalera social en cuanto sufran algún imprevisto (una enfermedad, un despido…), porque no hay Estado de bienestar que les proteja o porque si lo hay no funciona con eficacia.

Algunos de los presentes plantearon la siguiente cuestión: sustituyan en el análisis el nombre de América Latina por el de cualquier otra zona geográfica o país, y pregúntense: ¿no se dan parecidas características acerca del deterioro de la democracia?, ¿no se multiplican las protestas masivas en las que junto a los derechos civiles y políticos se reivindican, con creciente intensidad, los derechos económicos y sociales haciendo hincapié en la desigualdad? La paradoja es que, al contrario que en otros momentos de la historia, las principales dificultades de las democracias no las causan sus enemigos, los Putin, Xi Jinping, Erdogan…, sino que se desarrollan y multiplican en el interior de ellas. Incluso Maduro o Daniel Ortega hablan de democracia y organizan procesos electorales.

No es difícil recordar en esta coyuntura a Hannah Arendt. En su libro Hombres en tiempos de oscuridad (Gedisa), la filósofa alemana dice que el mundo se vuelve oscuro cuando los ciudadanos dejan de compartir sentimientos de responsabilidad colectiva y solo se preocupan por sus intereses individuales; cuando pierden por completo la confianza en la política y vuelven la espalda a todo lo relativo a la esfera pública; cuando la población manifiesta su recelo en las instituciones democráticas y el individualismo alcanza cotas sin precedentes."                 (Joaquín Estefanía, El País, 28/11/21)

7.10.21

El ayusismo... el verdadero hecho diferencial que cabe observar en España se llama Madrid. Y cuando un lugar se torna muy distinto, su política, más pronto o más tarde, también acaba deviniendo muy distinta... Madrid es hoy la gran incubadora peninsular de las nuevas clases medias emergentes... El Madrid de las piscinas, las hipotecas a 30 años, los colegios concertados para los niños y los seguros sanitarios privados para la familia toda se entusiasma con Ayuso porque le toca pagar a escote un Estado del bienestar cuyos servicios universales ya no consume... por eso Ayuso solo puede ser Madrid

 "Ayuso, ese verso suelto que arrasa en las urnas del Distrito Federal, se parece cada vez menos al PP de Génova no porque solo ella en el cercado de la derecha ose dar la célebre batalla ideológica, asunto que nadie sabe muy bien en qué consiste más allá de alumbrar tuits algo provocadores con juvenil desparpajo y lanzar al aire ingeniosas puyas retóricas contra el flanco izquierdo del escenario.

 Esa apisonadora electoral, Ayuso, se parece cada vez menos al PP nacional por una razón bien distinta, a saber: porque Madrid, su hábitat natural, se parece cada vez menos a España. Y el PP, agrade o no a su muy madrileña facción liberal libertaria, no puede dejar de ser un partido español. Al cabo, Madrid se puede entender perfectamente sin Ayuso, pero Ayuso no se entiende sin Madrid. Dos simples datos estadísticos resultan más que suficientes para captar los rasgos tan excéntricos que retratan al vivero sociológico que hay detrás del imparable ciclón Ayuso.

Porque, y del cambio de siglo a esta parte, Madrid ha empezado a salirse cada vez más de las clasificaciones socioeconómicas nacionales por todas partes, tanto por arriba como por abajo. Esa novísima extravagancia solipsista del centro geográfico peninsular en relación a las periferias es lo que, a la postre, lleva a entender la enorme popularidad entre los suyos de la presidenta madrileña. Madrid, sí, se sale por arriba. Los salarios en la capital y su gran corona metropolitana ya son ahora mismo superiores en un 30% no a la media española, que queda mucho más distante aún, sino a las retribuciones promedio que se dan en Valencia y Sevilla, dos de las capitales más grandes del país. Pero es que Madrid también se sale por abajo. Según todas las mediciones al respecto, la desigualdad de rentas en Madrid resulta ser notablemente superior a la que se observa en el resto de España. Tantos lustros dándole vueltas y más vueltas a la noria del hecho diferencial catalán para terminar descubriendo, y no sin alguna perplejidad, que el verdadero hecho diferencial que cabe observar a estas horas en España se llama Madrid. Y cuando un lugar se torna muy distinto, su política, más pronto o más tarde, también acaba deviniendo muy distinta.

Madrid es hoy la gran incubadora peninsular de las nuevas clases medias emergentes, las insertadas laboralmente en los sectores económicos de alto valor añadido que, al igual que viene ocurriendo en el resto del mundo desarrollado, tienden a aglomerarse, y de modo exclusivo y excluyente, en las grandes capitales, con preferencia en las más emparentadas con los centros de decisión política nacionales. Pero esa tendencia hoy universal también se manifiesta en Dinamarca, Suecia o Noruega. Sin embargo, nada remotamente parecido al huracán Ayuso ha hecho acto de presencia en ninguno de los centros políticos y económicos de referencia de esos tres iconos canónicos del Estado del bienestar. Bien al contrario, el equivalente sociológico nórdico al Madrid de las piscinas, que diría Jorge Dioni, sigue votando con disciplina militante a la vieja socialdemocracia clásica de toda la vida.

Allí, en el norte rico, deciden la partida por norma unas clases medias y medias altas dispuestas a alinearse con partidos de izquierda que les prometen impuestos también altos. Y aquí, en el sur recién salido de los braseros, los sillones de skai y las máquinas de coser Singer, idéntica cohorte sociológica haciendo de Ayuso su particular Agustina de Aragón en la guerra contra la progresividad de los tributos estatales. Por lo demás, no resulta tan difícil entender esa asimetría, en apariencia chocante si se repara en que quien paga aquí, en España, el grueso de los servicios públicos del Estado del bienestar es la clase media. Y ello porque, a diferencia de lo que sucede en Suecia o Noruega, países donde los asalariados pobres constituyen una minoría de la población, en territorios como Madrid se da una enorme abundancia de trabajadores con bajos salarios, los mileuristas y menos que mileuristas, que no ingresan lo suficiente como para siquiera tener que pagar impuestos. El Madrid de las piscinas, las hipotecas a 30 años, los colegios concertados para los niños y los seguros sanitarios privados para la familia toda se entusiasma con Ayuso porque le toca pagar a escote un Estado del bienestar cuyos servicios universales ya no consume en gran medida. Y entender eso también es entender que su sitio, el de Ayuso, solo puede ser Madrid."                   (José García Domínguez , The Objetive, 04/10/21)

25.5.21

Los neoliberales apostaron por el reconocimiento de la diferencia como piedra angular de su sociedad... Los estilos de vida colonizaron la sociedad, que aunque no se pudiera llevar los más lujosos sí podía imitarse para acercarse al deslumbrante brillo del triunfo... la izquierda no entendió el cambio de la desigualdad a la diferencia, la derecha descubrió lo aspiracional: sólo hacía falta proporcionar la ilusión de que se podía conseguir. Lo aspiracional es eso, no el lícito deseo de querer vivir mejor, sino pensar que se puede vivir mejor desde lo individual asumiendo como propios los estilos de vida de la clase media

 "(...) En política, lo normal, lo esperable, es que la derecha gane elecciones por la sencilla razón de que se dirige a una sociedad construida estas últimas cuatro décadas a su imagen y semejanza. 

Cuando algo es el centro de gravedad las ideas que defiende, o dice defender, constituyen la base de muchos sentidos comunes, creencias compartidas, por lo que le resulta fácil colocar a su adversario como la opción extramuros, como lo ajeno que viene a perturbar el buen funcionamiento de las cosas. Si no siempre sucede así es porque la cultura, entendida como el sustrato donde el poder hunde sus raíces, no lo es todo: la percepción de la vida cotidiana también importa, los cambios históricos que influyen sobre ella, aun habiendo sucedido muchas décadas atrás, aún se dejan sentir.  

Conviene recordar, ante tanto fanático culturalista, que las ideas no van por ahí flotando como burbujas en el éter, sino que se crean y se transmiten de cerebro a cerebro, a veces mediando algún artefacto, también humano, como la letra o la voz o imagen grabada. Es decir, que las ideas no son nada sin personas, o cómo necesitan de un grupo sustancial de gente para tomar cuerpo y capacidad de transformación. En política, concretamente, se necesita que ese grupo sea o muy numeroso o muy influyente. Y para la derecha no es suficiente tan sólo con los ricos, los ricos de verdad, esos a los que rara vez ponemos rostro. (...)

No, no somos el 99%, entendiendo la primera persona del plural como los perdedores en el juego económico, productores de la riqueza pero ausentes en la decisión de cómo se distribuye esa riqueza, porque existe algo bien numeroso y real llamado clase media. Un estrato social compuesto por personas de altos ingresos, propietarios de pequeñas empresas, directivos en las grandes, mandos intermedios incluso, profesionales liberales y, en general, cualquiera que tenga un cierto control sobre su itinerario profesional y por tanto su vida. La clase media suele ser la guardia pretoriana de lo establecido, por tanto conservadora, porque siempre siente que tiene más que perder que ganar con los cambios. (...)

Esa generación de clase media sesentayochista, en los 80, estaba ya integrada profesionalmente en la sociedad y de aquella revolución ya no quedaban las ganas de cambiar el mundo, sí de ser diferentes, libres, no convencionales: un enfrentamiento cultural con la América paterna de los años 50. 

¿Quién advirtió que esta nueva clase media se identificaba más con jugar al squash o comer sushi que con comprar una vivienda de portada de Casa y Jardín? Los publicistas, apostando por colocar sus productos para que tuvieran no un estatus conservador sino como reflejo de los nuevos modos de vida. Los lifestyles pasaron a ser la guía definitiva para los hippies que se habían transformado en yuppies.

Pero, además de los publicistas, los neoliberales se dieron cuenta que debían encarnar esa imagen de modernidad para congraciarse con su nueva guardia pretoriana. De ahí que apostaran por el reconocimiento de la diferencia como piedra angular de su sociedad, una diferencia que encubría la desigualdad estructural pero que valía como coartada moral para la meritocracia: si quieres, puedes en vez de si puedes probablemente quieras. La guerra fría se decantó del lado norteamericano por muchas cuestiones, pero entre ellas porque muchos empezaron a pensar que era más fácil ser Tom Cruise en Risky Bussines que los obreros victoriosos de Eisenstein.

Y eso tampoco pasó desapercibido para los arquitectos de emociones que, sobre decirlo, son casi todos de clase media. Esos estilos de vida colonizaron al resto de la sociedad, que aunque no los pudiera llevar en sus aspectos más lujosos sí podía imitarlos para acercarse al deslumbrante brillo del triunfo. Así las vacaciones en las Seychelles quedan sólo en la sección de vida y estilo de los dominicales para la mayoría, pero la mayoría se podía asemejar a los corredores de bolsa con gomina, squash y batidos de zanahoria. Si la izquierda no entendió el cambio de la desigualdad a la diferencia, quedando entrampada, la derecha descubrió el reverso tenebroso de lo aspiracional: ya no hacía falta proporcionar sino la ilusión de que se podía conseguir.

Lo aspiracional es justo eso, no el lícito deseo de querer vivir mejor, sino pensar que se puede vivir mejor desde lo individual asumiendo como propios los estilos de vida de la clase media. Describir lo aspiracional no es una crítica moral ascética, sino señalar que aunque los problemas reales siguen existiendo, una gran mayoría piensa que los puede sortear asemejándose a la clase media real. 

El problema no es tanto lo que se consume, sino el efecto que deja lo consumido, un estupefaciente que funcionó, además de por un sistema cultural que machacó la idea, por unos cambios en la estructura productiva que tendieron a la atomización del trabajo. O ejemplificando, a lo Pantomima Full, el problema no es tanto la ginebra rosa con cosas premium flotando, sino que ese mejunje tenga la capacidad de hacer creer a un mileurista que está a pocos pasos de conseguir triunfar en la vida.

Así todos nos convertimos en clase media. Los ricos, los de verdad, llevando vidas presuntamente frugales trazadas por sus departamentos de imagen. Así la clase media real lo continuó siendo. Así la clase trabajadora pasó primero a ser clase media, media baja, para, ya en nuestros días, ser clase media aspiracional, premium, es decir, la imitación en plástico barato de los reflejos de una vida que nunca podrán llevar. La clase media aspiracional son las rebajas del capitalismo postindustrial, aquello que queda cuando el ascensor social se ha roto y la ensoñación del crédito se vaporizó en la Gran Recesión de 2008.

La clase media aspiracional es un paquete vacacional de fin de semana para vivir la experiencia de lo que para otros es lo cotidiano. Un todoterreno de gama baja que nos deja atrapados en su primera salida campestre. El club elitista al que entra todo el mundo pero donde todo vale diez veces más. La decepción ludópata que devuelve el escaso rendimiento de ese producto bancario que te vendieron, susurrando, cómo especial. El chaqué de alquiler para una boda con pretensiones cutres entre lo que se pretende ser y lo que el capitalismo puede ofrecer a la mayoría. Aun acabando en divorcio."          (Daniel Bernabé, Público, 17/05/21)

29.3.21

En las elecciones del primer semestre de 2019, la mayoría de los barrios de calles rectas con piscinas, tanto de urbanizaciones como de chalets, votaron a Ciudadanos. En las siguientes, el voto se dividió entre el PP (urbanizaciones), Vox (unifamiliares) y, sobre todo, la abstención... Si alguna de las dos formaciones piensa que heredará los votos de Ciudadanos deberían darse una vuelta por allí... Las opciones de Más Madrid pasan por esa hiperexcitación de la derecha y el miedo a los ultras

 "(...) En las elecciones celebradas en el primer semestre de 2019, la mayoría de esos barrios de calles rectas con piscinas, tanto los de urbanizaciones como los de chalets, votaron a Ciudadanos. Sucedió en toda España, pero Madrid fue una de las autonomías donde se produjo con más claridad. 

El discurso de regeneración y consenso, derecha económica y progresismo social era defendido por rostros que encajaban en ese estilo de vida. Era gente que los 'pauers' se podían encontrar en el gimnasio o su lugar de trabajo. 

 La cosa salió mal. Un partido que defendía la estabilidad y la renovación provocó nuevas elecciones generales y sostuvo a gobiernos que llevaban medio siglo. Moncloa intentó una opa, pero falló. Probablemente, el PSOE no solo es un partido viejo en un mundo nuevo sino que los discursos sobre lo común o la igualdad de oportunidades se reciben peor cuando el formato del relato social es la competición y uno cree que tiene cierta ventaja sobre los demás. 

Si alguien cree que esa operación sigue siendo posible con leyes económicas de centroderecha cabe recomendarle que apague el ordenador, salga del despacho y visite el territorio donde se encuentran los votos que quiere disputar. La vecindad ideológica en ciertos aspectos contradice los estilos de vida concretos.

 El voto se dividió entre el PP (urbanizaciones), Vox (unifamiliares) y, sobre todo, la abstención. Si alguna de las dos formaciones piensa que heredará automáticamente los votos de Ciudadanos también debería darle una vuelta. La defensa de la propiedad o la seguridad encajan bien, pero las guerras culturales contra el feminismo o las diversas opciones sexuales no. Los discursos tabernarios de apostólicos y espadones galdosianos todavía menos. 

Las opciones del PSOE, o de un partido con menos tradición ideológica como Más Madrid, pasan por esa hiperexcitación de la derecha y el miedo a los ultras, además de por un programa concreto de dotaciones y mantenimiento. El hecho de que la gente lleve a sus hijos a un concertado religioso no significa que lo sea. Solo es un signo de distinción. La derecha importa ideas de Estados Unidos sin tener en cuenta que aquí no tenemos el tejido asociativo que allí respalda a la coalición cristiana, ni que esta es mayoritariamente protestante y España es un país católico.

Es complicado saber lo que va a pasar, salvo que la dispersión urbana seguirá creciendo y, con ella, la segregación o la desconexión social. En los próximos años se completarán los desarrollos del este de Madrid, donde probablemente habrá conflictividad por los realojos de la Cañada Real. 

 También hay desarrollos previstos en decenas de localidades, siempre con el mismo formato: rotondas que llevan a calles amplias y rectas donde hay edificios con una piscina. Cómo se va a regular el alquiler si volveremos a tener decenas de miles de viviendas para vender. España es un país adicto a la construcción. Si alguien tiene un proyecto renovador en los próximos años no tiene que disputar las banderas, sino los planes de urbanismo."                   (Jorge Dioni López  , El Confidencial, 27/03/21)

10.9.20

Branko Milanovic: El mundo se está volviendo más igualitario. Incluso cuando la globalización daña a los occidentales de clase media

 "Los oponentes de la globalización económica a menudo señalan las formas en que ha ampliado la desigualdad dentro de las naciones en las últimas décadas. En los Estados Unidos, por ejemplo, los salarios se han mantenido bastante estancados desde 1980, mientras que los estadounidenses más ricos se han llevado a casa una parte cada vez mayor de los ingresos. 

Pero la globalización ha tenido otro efecto importante: ha reducido la desigualdad global. Cientos de millones de personas han salido de la pobreza en las últimas décadas. El mundo se volvió más igualitario entre el final de la Guerra Fría y la crisis financiera mundial de 2008, un período al que a menudo se hace referencia como "alta globalización". (...)

El economista Christoph Lakner y yo destilamos esta tendencia en un diagrama publicado en 2013. El diagrama mostraba las tasas de crecimiento del ingreso per cápita entre 1988 y 2008 en la distribución mundial del ingreso. (El eje horizontal tiene a las personas más pobres a la izquierda y a las más ricas a la derecha). El gráfico atrajo mucha atención porque resumía las características básicas de las últimas décadas de globalización y se ganó el apodo de "el gráfico del elefante" porque su la forma parecía la de un elefante con una trompa elevada. (...)

Los resultados destacaron dos divisiones importantes: una entre los asiáticos de clase media y los occidentales de clase media y otra entre los occidentales de clase media y sus compatriotas más ricos. En ambas comparaciones, la clase media occidental estaba perdiendo. 

Los occidentales de clase media vieron un menor crecimiento de los ingresos que los asiáticos (comparativamente más pobres), lo que proporciona una prueba más de una de las dinámicas definitorias de la globalización: en los últimos 40 años, muchos empleos en Europa y América del Norte se subcontrataron a Asia o se eliminaron como resultado. de competencia con las industrias chinas. Esta fue la primera tensión de la globalización: el crecimiento asiático parece tener lugar sobre las espaldas de la clase media occidental.

Otro abismo se abrió entre los occidentales de clase media y sus compatriotas adinerados. Aquí también la clase media perdió terreno. Parecía que las personas más ricas de los países ricos y casi todo el mundo en Asia se beneficiaron de la globalización, mientras que sólo la clase media del mundo rico perdió en términos relativos. Estos hechos respaldaron la idea de que el surgimiento de líderes y partidos políticos "populistas" en Occidente se debió al desencanto de la clase media. Nuestro gráfico se volvió emblemático no solo de los efectos económicos de la globalización, sino también de sus consecuencias políticas.

NUEVOS DESARROLLOS, VIEJAS TENDENCIAS

En un nuevo artículo, vuelvo a esta pregunta y pregunto si los mismos o similares desarrollos continuaron entre 2008 y 2013-14, años para los que están disponibles los últimos datos globales del Banco Mundial, el Estudio de Ingresos de Luxemburgo y otras fuentes. Son datos más refinados de los que podíamos acceder en el pasado. Incluyen más de 130 países con información detallada a nivel de hogares sobre ingresos. Los resultados del gráfico siguiente muestran de hecho la continuación de lo que llamé la primera tensión de la globalización: el crecimiento de los ingresos de la clase media no occidental supera con creces al de la clase media occidental.

 De hecho, la brecha de crecimiento entre los dos grupos ha aumentado. Por ejemplo, el ingreso medio de EE. UU. En 2013 fue apenas un cuatro por ciento más alto que en 2008; mientras tanto, los ingresos medios de China y Vietnam aumentaron a más del doble, mientras que los ingresos medios de Tailandia aumentaron en un 85 por ciento y los de India en un 60 por ciento. Esta disparidad muestra cómo la crisis financiera mundial, especialmente la conmoción inicial que se revela en estos datos, golpeó a Occidente con mucha más severidad que a Asia.

 Pero la segunda tensión, la creciente brecha entre las élites y las clases medias en los países occidentales, es mucho menos notoria en este período más reciente. La crisis financiera redujo la tasa de crecimiento de los ingresos (y en algunos casos redujo los ingresos) de los ricos de los países occidentales, que constituyen la mayor parte del uno por ciento más rico del mundo. 

Esta desaceleración se refleja también en el hecho de que la desigualdad de ingresos en muchos países ricos no aumentó. Pero si la recesión interrumpió el crecimiento de los ingresos de los ricos, es posible que no lo haya hecho por mucho tiempo. Aún no se dispone de datos globales detallados más recientes, pero algunas estimaciones preliminares indican que en los años posteriores a nuestro período de estudio, el uno por ciento superior reanudó su patrón de crecimiento anterior.

 Con la excepción de la desaceleración del crecimiento de los ingresos de los ricos después de 2008, la globalización en este nuevo período siguió produciendo muchos de los mismos resultados que antes, incluida la reducción de la desigualdad mundial. Medido por el coeficiente de Gini, que va de cero (una situación hipotética en la que todas las personas tienen el mismo ingreso) a uno (una situación hipotética en la que una persona recibe todos los ingresos), la desigualdad global cayó de 0,70 en 1988 a 0,67 en 2008 y luego más allá de 0,62 en 2013. (...)

Pero si la desigualdad global continuó con una tendencia a la baja durante el nuevo período de estudio, los datos revelan que lo hizo por un nuevo conjunto de razones. China, desde el comienzo de sus reformas de mercado a fines de la década de 1970, ha desempeñado un papel enorme en la reducción de la desigualdad mundial.

 El crecimiento económico de su población de 1.400 millones de personas ha reformado la distribución de la riqueza en todo el mundo. Pero ahora China se ha vuelto lo suficientemente rica como para que su continuo crecimiento ya no juegue un papel tan importante en la reducción de la desigualdad global. En 2008, el ingreso medio chino era apenas un poco más alto que el ingreso medio mundial; cinco años después, el ingreso medio de China era un 50 por ciento más alto que el del mundo, y probablemente sea incluso más alto ahora. 

El alto crecimiento en China, en términos globales, está dejando de ser una fuerza igualadora. Pronto, contribuirá al aumento de la desigualdad mundial. Pero India, con una población que pronto superará a la de China y todavía es relativamente pobre, ahora juega un papel importante en hacer que el mundo sea más igualitario. En los últimos 20 años, China e India han impulsado la reducción de la desigualdad global. A partir de ahora, solo el crecimiento indio desempeñará esa misma función. África, que cuenta con las tasas de crecimiento demográfico más altas del mundo, será cada vez más importante. Pero si los países africanos más grandes continúan detrás de los gigantes asiáticos, la desigualdad global aumentará.

 DESIGUALDAD EN LA ÉPOCA DEL COVID-19

La pandemia de COVID-19 hasta ahora no ha interrumpido estas tendencias y, de hecho, podría conducir a su intensificación. La notable desaceleración del crecimiento global resultante del nuevo coronavirus no será uniforme. El crecimiento económico chino, aunque mucho más bajo ahora que en cualquier otro año desde la década de 1980, seguirá superando al crecimiento económico en Occidente. Esto acelerará el cierre de la brecha de ingresos entre Asia y el mundo occidental.

 Si el crecimiento de China sigue superando el crecimiento de los países occidentales en dos o tres puntos porcentuales al año, en la próxima década muchos chinos de clase media se volverán más ricos que sus contrapartes de clase media en Occidente. Por primera vez en dos siglos, los occidentales con ingresos medios dentro de sus propias naciones ya no serán parte de la élite global, es decir, en el quintil superior (20 por ciento) de los ingresos globales. Este será un desarrollo verdaderamente notable. (...)

Si China sigue superando a Estados Unidos en aproximadamente dos o tres puntos porcentuales de crecimiento del ingreso per cápita cada año, la brecha de ingreso promedio entre los dos países aún tardará unas dos generaciones en cerrarse.

 A largo plazo, el escenario más optimista vería tasas de crecimiento altas y continuas en Asia y una aceleración del crecimiento económico en África, junto con una reducción de las diferencias de ingresos dentro de los países ricos y pobres a través de políticas sociales más activas (impuestos más altos a los ricos , mejor educación pública y mayor igualdad de oportunidades). Algunos economistas, desde Adam Smith en adelante, esperaban que este escenario optimista de creciente igualdad global se derivara de la difusión uniforme del progreso tecnológico en todo el mundo y la implementación cada vez más racional de las políticas nacionales.

 Desafortunadamente, los pronósticos mucho más pesimistas parecen más plausibles. La guerra comercial y tecnológica entre China y Estados Unidos, aunque tal vez sea comprensible desde un estrecho punto de vista estratégico estadounidense, es fundamentalmente perniciosa desde el punto de vista global. Evitará la difusión de la tecnología y obstaculizará las mejoras en los niveles de vida en grandes zonas del mundo. La desaceleración del crecimiento dificultará la erradicación de la pobreza y probablemente preservará los niveles actuales de desigualdad global.

 En otras palabras, podría llegar a ser algo así como lo opuesto a la dinámica inicial de la globalización: la brecha entre las clases medias estadounidenses y chinas puede mantenerse, pero a costa de un crecimiento más lento (o negativo) del ingreso tanto en Estados Unidos como en China. China. Se sacrificarían las mejoras en el ingreso real para congelar el orden jerárquico de la distribución mundial del ingreso. La ganancia neta de ingresos reales para todos los interesados ​​sería cero.

 (Branko Milanovic, Foreing Affairs, 28/08/20; traducción google)

7.11.19

El preocupante adelgazamiento de la clase media española y europea

Nota: En cada país, la clase media incluye a las personas en hogares cuya renta disponible se encuentre entre 75% y el 200% de la mediana. Los países están ordenados de mayor a menor tamaño de la clase media. Fuente: EU-SILC, último año disponible (2016). 


"(...) La clase media es claramente la mayoritaria en todos los países de la Unión Europea (UE). (...)

España es el tercer país donde esta clase es más pequeña (54%), solo por delante de Lituania y Bulgaria. Ello se debe a que en España hay una notable desigualdad en las rentas disponibles de los hogares, con muchos hogares alejados de las rentas medias donde se suelen concentrar más hogares, lo que explica que las clases de rentas más altas y más bajas tengan un peso relativamente grande (11% y 34%, respectivamente).    (...)

La reciente contracción de las clases medias 


La crisis económica ha causado un adelgazamiento de este grupo en la mayoría de los países de la UE y muy notablemente en España. El gráfico 2 muestra la evolución del tamaño de la clase media durante la última década en los países europeos más grandes y también para la media de la UE. Dos hechos claros emergen.


En primer lugar, la crisis marca un punto de inflexión. Como refleja la evolución para la media de la UE, estas clases se estaban expandiendo en la mayoría de países europeos hasta el año 2009 coincidiendo con los años de bonanza económica. En cambio, los efectos de la crisis cambiaron la dinámica y ocasionaron una pérdida de su tamaño en casi la totalidad de los países de la UE. 
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Fuente: EU-SILC.

En segundo lugar, la crisis y sus efectos sobre este segmento social han sido más duros y duraderos en España que en otros países. Los datos para el conjunto de la UE muestran que el tamaño de este grupo empieza a remontar a partir del 2014 (y antes en Francia y el Reino Unido), mientras que su adelgazamiento ha sido muy notable en el caso de España y además todavía no se observa una recuperación clara con los datos disponibles (algo que también ocurre en Italia y Alemania, además durante el conjunto del periodo). 


Los cambios en el tamaño de este grupo se deben sobre todo a la evolución de las rentas del trabajo, que son su principal fuente de ingresos. Es por ello que el gran aumento del desempleo durante los años de la crisis económica es el principal factor que explica su reciente adelgazamiento en Europa, algo que ha ocurrido con especial intensidad en aquellos países que han sufrido una mayor destrucción de empleo como España. 

El incremento de las desigualdades ha ido de la mano de la erosión de las clases medias, lo que se ha traducido en un aumento del tamaño de la clase alta y, en mayor medida, de la baja. (...)

Es vital recordar que la fortaleza de las clases medias es una característica esencial de nuestras sociedades y que ha emergido como consecuencia no solo de décadas de desarrollo económico sino también de políticas públicas de redistribución de rentas entre diferentes sectores de la sociedad. 

Este bucle negativo que estamos experimentando actualmente, donde una fuerte crisis económica desencadena posteriormente una crisis política y social, donde un aumento de las desigualdades genera un cuestionamiento de las instituciones, ya se ha observado en el pasado. Y sabemos que una reducción de las desigualdades y la fortaleza de la clase media será clave para superarlo, por lo que es esencial que los poderes públicos tomen las medidas adecuadas para ayudar a su recuperación tras los efectos de la reciente crisis." 

(Carlos Vacas Soriano es investigador de la Fundación europea para la mejora de las condiciones de vida y trabajo (Eurofound), CTXT, 30/10/19)

18.10.19

La radicalización de la clase media representa un grave peligro para Europa... ¿Se inclinará hacia la extrema derecha? La historia nos enseña que cuando el fascismo asciende y la clase media se radicaliza ya es demasiado tarde...

"Thomas Ostermeier es un gigante rubio de un metro noventa y, sobre todo, uno de los mejores directores de escena europeos. (...)

Pero ahora ha sido el libro Regreso a Reims,de Didier Eribon, el que ha situado su trabajo bajo los focos. La obra del filósofo francés describe cómo el fracaso de la izquierda ha empujado a los obreros y a la clase media a los brazos de la extrema derecha. De regreso en Reims tras la muerte de un padre al que odiaba, Eribon descubre que todos sus familiares, tradicionalmente comunistas, se han convertido en fervientes votantes del Frente Nacional.  (...)

Durante nuestra entrevista en Milán, Ostermeier nos explica: “A finales de los años ochenta, yo era okupa y combatía a los fascistas en la calle. No son nuevos para mí. Pero el monstruo vuelve a asomar: estaba medio oculto y hace unos años volvió a salir a la luz”.  (...)

La gran diferencia entre Eribon y su adaptador teatral es que este último no se encontró sorpresas al regresar a casa. “En mi familia no hubo cambios. Siempre supe cómo eran”. Un padre militar, un abuelo prisionero en Siberia hasta 1956 y una familia paterna vinculada al régimen nazi que no se avergonzó tras la Segunda Guerra Mundial. El ascenso de la AfD no lo cogió por sorpresa.

 “Siempre he sabido que seguían ahí. Por las conversaciones con mi familia, o en la escuela, o con otras familias de nuestro entorno”. ¿La explicación? “Está la capa social que propone Eribon, pero también otra que no solo existe en Alemania, o eso me temo, sino también en Flandes, Italia, Francia y la España posfranquista”. 

¿Nacida de frustraciones y humillaciones? “No, en absoluto. Sentirte frustrado puede llevarte a la izquierda o a la derecha. Cuando veo las imágenes de los disturbios de Chemnitz, pienso que, en el fondo, el 20% de la sociedad alemana es xenófoba, homófoba, misógina, violenta, peligrosa y fascista. También tiene que ver con ciertas reminiscencias del Tercer Reich que llevaban mucho tiempo soterradas y ahora vuelven a la superficie. No tiene nada de sorprendente”.

Luego cita al filósofo Max Horkheimer: “El que no quiera hablar del capitalismo tampoco debería hablar del fascismo”, y añade: “Creo que ambos están relacionados”. Nosotros dejamos responder a Thomas Pikkety, que recientemente declaraba en Le Soir: “La lucha de clases está bien, pero la lucha de ideas es más importante”... Ostermeier asiente. “Como escribe Eribon, hay que elaborar una teoría de la clase obrera sin ensalzarla, sin ignorar que puede ser racista, homófoba y misógina. Es el deber de la izquierda. 

La extrema derecha ha comprendido perfectamente a Piketty. Sabe muy bien que para conseguir que la sociedad dé un vuelco a la derecha, debe cambiar el pensamiento de la gente. Y lo está consiguiendo. Su estrategia es muy intelectual y académica. Y, más que en su presencia en los Parlamentos, su gran victoria radica en el hecho de que nuestro discurso se desliza hacia la derecha”.

La obsesión del director de escena es seguir conectado a la clase media, que es mayoritariamente la que llena los teatros. “Ella es el mayor peligro para nuestras sociedades. ¿Se inclinará hacia la extrema derecha?, ¿ya lo está haciendo?, ¿o hacia la socialdemocracia? La historia nos enseña que cuando el fascismo asciende y la clase media se radicaliza ya es demasiado tarde”.

¿Y qué hacer para que la clase media no se deslice hacia el fascismo? “No dar cuerda a la extrema derecha, no imitarla. Esta era en todo caso la opinión de un hombre que experimentó la idea como presidente de la República francesa. Lo explicaba recientemente el ensayista y periodista francés Jean-François Kahn en una crónica publicada en Le Soir: 

“En 2002, Jacques Chirac derrotó a Jean-Marie Le Pen con un 82% de los votos. Pero sus electores fueron mayoritariamente de izquierdas. Era una ocasión de oro para superar las lógicas partidistas y las divisiones tradicionales. En vez de eso, formó un Gobierno UMP-UMP, con Sarkozy como ministro de Interior.

 Qué gran oportunidad perdida. Fue uno de sus peores errores en tres décadas de carrera y así me lo reconoció”. ¿Por qué mencionar todo esto? Porque la semejanza entre aquellos acontecimientos y los programas de gobierno y las estrategias políticas de las últimas semanas no parece estrictamente fortuita."           (Beatrice Delvaux es redactora sénior de Le Soir. El País, 14/10/19)

29.4.19

La mitad de la juventud en España... fuera de la clase media

"Vivir mejor, o al menos de forma parecida, que nuestros padres. Una máxima del Estado de bienestar apoyada en la igualdad de oportunidades y el ascensor social. O así era, al menos, hasta la recesión de 2008. 

Hoy, entre las discusiones sobre los decimales en el crecimiento económico y las tasas de beneficio, apenas la mitad de los jóvenes pueden acceder a la clase media en España. Son muchos menos de los que lo conseguían en las generaciones anteriores, según datos que acaba de publicar la OCDE en un estudio titulado Under Pressure: The Squeezed Middle Class, donde se estudia el empeoramiento de las condiciones de vida de la población desde el inicio de la crisis.

El informe es también una fotografía de la degradación, prolongada, de los Estados sociales en los países desarrollados a los largo de las últimas décadas. Desde mediados de los años ochenta, en el conjunto de países de la organización, los hogares de clase media han pasado de representar el 64% a poco más del 60%.

En el caso concreto de España, apunta el organismo, la brecha generacional en el nivel de oportunidades es todavía más amplia. Entre los nacidos entre 1942 y 1964, seis de cada diez jóvenes conseguían acceder a la clase media. Para la siguiente generación, aquellos que crecieron entre 1965 y 1982, el porcentaje se redujo ligeramente, hasta el 58%. 

Y entre los conocidos como generación millenial, nacidos a partir del año 1985, las consecuencias de la crisis y la desigualdad han terminado por expulsar a muchos de ellos del modelo de bienestar: solo la mitad de los jóvenes ha conseguido acceder a la clase media tras cumplir los 20 años. Son diez y ocho puntos menos que en las generaciones precedentes.  (...)

Según el organismo internacional, uno de los principales detonantes de esta situación ha sido la congelación de los salarios y las rentas de la población durante las últimas décadas, al mismo tiempo que aumentaban los costes de vida en ámbitos básicos como la salud, la educación o la vivienda. 

Para paliar esta situación y acabar con el estrangulamiento de la clase media, las recomendaciones del organismo son tremendamente ambiciosas: es necesario que los gobiernos acaben con la precariedad laboral, mejoren los servicios y la protección pública o ajusten su modelo fiscal para lograr un redistribución más justa.  (...)"                   (CTXT, Observatorio social de La Caixa, 16/04/19)

15.4.19

La OCDE advierte sobre el declive de la “exprimida” clase media... está menguando debido al estancamiento de su nivel de vida, mientras que el de las rentas más altas mejora...

"No hay economista que no defienda que un país es más próspero cuanto más amplia y estable sea su clase media. Pero, ¿cómo se puede definir a ese colectivo? 

En el informe difundido ayer Bajo Presión: la clase media exprimida, la OCDE recuerda que para muchas generaciones significaba vivir en una casa cómoda con un estilo de vida gratificante y un trabajo estable con oportunidades de carrera.

 “Era una base desde la cual las familias aspiraban a un futuro mejor para sus hijos”, recalca el estudio. Pero esa clase social cada vez tiene más dificultades, según la OCDE. La reciente crisis financiera se ha encargado de darle una buena dentellada y enturbiar su futuro. “La influencia de este colectivo también ha caído de forma drástica”, señala el organismo.  (...)

La institución integrada por los países más desarrollados del mundo recurre a una definición más empírica para acotar qué es la clase media: aquellos cuyos ingresos están entre el 75% y el 200% de la renta mediana nacional. 

El organismo con sede en París avisa de que cada vez hay menos ciudadanos en esa horquilla y pide a los Gobiernos que hagan más esfuerzos para apoyarlos. Avisa de que este colectivo acumula dificultades para mantener su peso económico y estilo de vida, debido a que el estancamiento de sus salarios no les permite mantener el ritmo de aumento de los costes de la vivienda, la educación y otros gastos, según la OCDE.

La proporción de familias que se considera en ese grupo social se redujo en tres décadas del 64% al 61%, según el estudio. Desde mediados de los ochenta hasta mediados de esta década también se debilitó su influencia como “centro gravitacional” de la economía. Si en 1980 la renta conjunta de este sector cuadruplicaba la de los más pudientes, actualmente representa solo menos de tres veces.

“La OCDE constata que en las últimas décadas la clase media ha visto cómo su nivel de vida se estanca o disminuye, mientras que los grupos con rentas más altas continúan concentrando riqueza”, señala Gabriela Ramos, directora de la OCDE, en el preámbulo del informe, donde recuerda que los análisis actuales revelan que el 10% de las rentas superiores acumulan casi la mitad de la riqueza, mientras que el 40% de las rentas más bajas ostenta solo el 3%.

El documento trata de poner negro sobre blanco los crecientes problemas de desigualdad en el mundo. Y argumenta con datos cómo el grupo que integra la clase media encoge con cada generación.

 La OCDE señala que el 70% de los baby boomers —los nacidos con la explosión demográfica a mediados de los sesenta— formó parte de esta clase social cuando tenía 20 años. En los millennials—los nacidos a partir de los ochenta—, ese porcentaje baja hasta el 60%. “La generación anterior disfrutó de empleos más estables que las generaciones más jóvenes”, apunta el informe. Los salarios apenas han cambiado tanto en términos relativos como absolutos.

La renta de un hogar considerado de clase media varía de país a otro. En España, para entrar en ese nivel, una persona que viva sola necesitaría ingresar entre 12.910 y 34.430 dólares al año (entre 11.448 y 30.531 euros al cambio actual), según el baremo de la OCDE. (...)

La crisis de 2008 ha hecho mella en este colectivo. Una de las secuelas de la recesión es el empeoramiento de sus perspectivas. Eso explica, en parte, la aparición de populismos y fenómenos políticos y sociales como los chalecos amarillos en Francia

Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, emplaza a los Gobiernos a actuar para ayudar a una clase media que suma dificultades. “Tienen que escuchar las preocupaciones de la gente y proteger y promover el nivel de vida de la clase media”, reclamó. “Esto ayudará a impulsar el crecimiento económico y a crear un tejido social más cohesionado y estable”, concluyó.  (...)

La OCDE señala que una de cada tres personas es “económicamente vulnerable”. Y entre los hogares de clase media, uno de cada siete podría salir del grupo. España es de los países donde el riesgo de descenso es más alto. La clase media también envejece más rápido que el resto de la población. (...)

La percepción de los ciudadanos ante esta disparidad es que el sistema económico actual es “injusto” y que la clase media no se beneficia del crecimiento de la misma manera con la que contribuye. La OCDE también señala que el coste de la vida va en aumento para la clase media, porque gastos como el de la vivienda crecen más rápido que los ingresos y la inflación. “Más de uno de cada cinco hogares gasta más de lo que gana”, revela el estudio al citar el endeudamiento: “parece cada vez más, como un barco navegando por aguas turbulentas”.

La movilidad social también se reduce, porque las perspectivas del mercado laboral son cada vez más inciertas por la transformación derivada de fenómenos como la digitalización o la automatización. La OCDE señala que uno de cada seis empleados que reciben un salario medio podrían ver cómo sus empleos son sustituidos por máquinas en un futuro cada vez más próximo. (...)

En el informe de la OCDE sobre el declive de la clase media en los 36 países más desarrollados del mundo que pertenecen al organismo hay apartados especiales para los países. La clase media española es algo más pequeña que el promedio. En España representa alrededor del 58% frente al 61% de la media de los países más industrializados del mundo. 

El estudio revela que los millennials españoles también son menos propensos a estar en la clase media que los baby boomers.Así lo revela el porcentaje de la población en hogares de ingresos medios de los veinteañeros en las distintas generaciones. Solo la mitad de los jóvenes que nacieron entre 1983 y 2002 eran con 20 años clase media, 10 puntos menos que los nacidos entre los cuarenta y los sesenta.

El apartado de España también muestra que los gastos en vivienda absorben una mayor proporción de los presupuestos de la clase media que en el resto de países de la OCDE. Además, los trabajadores con ingresos medios tienen empleos con un mayor riesgo de automatización en España que en el resto de países del organismo."                    (Sandro Pozzi, El País, 11/04/19)

22.2.19

España, el país más afectado por la reducción de la clase media europea... “Los políticos no han establecido medidas para que los que estamos en el medio podamos recuperarnos y somos un grupo cuantioso... Lo que me sucedió le ha sucedido a mucha gente que conozco... Cuando nos reunimos, nos llamamos los Invisibles. Somos los olvidados”

"Raquel Navarro bebió su café de la mañana, se despidió de su marido con un beso y salió corriendo de su casa de ladrillos, ubicada en un suburbio al norte de la capital española. 

El exitoso negocio de organización de eventos que tuvo durante una década se desmoronó cuando la crisis financiera azotó Europa. Navarro, después de dejar a sus dos hijos en la escuela, abordó el metro para llegar a su nuevo trabajo, de secretaria, el cual necesita con desesperación y desempeña por un sueldo apenas superior al salario mínimo.

Momentos más tarde que ella, su marido, José Enrique Álvarez, salió por la puerta de su casa para dirigirse a una charcutería donde trabaja. Álvarez, de 56 años, alguna vez fue el director de recursos humanos en un vivero español; lo despidieron, junto con la mitad de los trescientos trabajadores de la empresa, por recortes de personal.

Después de décadas de vivir con las comodidades en la clase media alta de España, la pareja se enfrenta a una decaída. La economía de España, como la del resto de Europa, está creciendo más rápido que antes de la crisis financiera de 2008 y se están generando empleos. Sin embargo, el sueldo de los trabajos que Navarro y Álvarez pudieron conseguir es una fracción del ingreso anual combinado de 80.000 euros que alguna vez ganaron.

Creen que para mediados del año ya no podrán pagar su hipoteca.

“Somos gente que había trabajado para llegar más alto y ahora nos estamos colapsando”, comentó Navarro, mientras comenzaba a llorar. “Parece que la economía está mejorando, pero no para nuestro beneficio”.

Es una situación precaria que están sintiendo millones de europeos.

Desde la recesión de finales de la década de 2000, la clase media se ha reducido en más de dos terceras partes de la Unión Europea, un declive similar al de Estados Unidos y el cual está echando para atrás dos décadas de expansión. Hay más familias de clase media en Europa que en Estados Unidos y enfrentan niveles de vulnerabilidad sin precedentes.

Las personas de clase media, según la definición de economistas, ganan entre dos terceras partes y el doble del ingreso medio de su país. Para ellas, el riesgo de caer de estrato es mayor que la probabilidad de ascender.

“El progreso de la clase media se ha detenido en la mayoría de los países europeos”, dijo Daniel Vaughan-Whitehead, economista sénior de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ubicada en Ginebra. “Su situación se ha vuelto más inestable y, si algo sucede en la familia, es más probable que caigan y se queden abajo”.

Los obstáculos que enfrentan para poder mantener su estatus, o para recuperar el terreno perdido, son más grandes debido a la dinámica laboral posrecesión. La pérdida de empleos con ingresos medios, el debilitamiento de las protecciones sociales y la disparidad del puesto con las habilidades de quien lo realiza han reducido la movilidad económica y han agravado la desigualdad de ingresos. La automatización y la globalización están ahondando las divisiones.

Tradicionalmente, las redes de seguridad social en Europa han ofrecido protección, pero estas se han desgastado por las políticas de reducción del déficit de la Unión Europea. El descontento populista de Europa se explica, en parte, por el desmoronamiento de esas redes.

“Los políticos no han establecido medidas para que los que estamos en el medio podamos recuperarnos y somos un grupo cuantioso”, dijo Navarro.

“Lo que me sucedió le ha sucedido a mucha gente que conozco”, comentó, y citó a amigos y vecinos. “Cuando nos reunimos, nos llamamos los Invisibles. Somos los olvidados”.  (...)

No parece que la brecha entre la gente que está cayendo y los que siguen en la cima vaya a reducirse pronto. La desigualdad de riquezas entre las familias de ingresos bajos y medios y las de ingresos altos están en un nivel máximo histórico, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El ingreso medio de las familias de la clase media también cayó, en especial en el sur de Europa, lo cual afectó el poder adquisitivo y aumentó el descontento que ha generado protestas populistas, como el movimiento de los chalecos amarillos en Francia. En España, la polarización política está creciendo y, hace poco, Vox, un partido nacionalista de ultraderecha, ganó escaños parlamentarios en Andalucía, la región más grande del país. (...)

“Podrían encontrar un peor tipo de empleo y entonces quedarse sin dinero en el bolsillo debido a los ingresos reducidos”, comentó Stefano Scarpetta, el director de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la OCDE. “Se ha vuelto mucho más difícil ser parte de la clase media”.

Los jóvenes enfrentan todavía más obstáculos. La actual generación de europeos jóvenes no tiene cómo contemplar vivir como lo hacían sus padres de clase media debido a la escasez de empleos estables y la creciente prevalencia de contratos temporales o de medio tiempo que dividen la paga según semanas, días u horas.

Esos contratos estaban pensados para generar experiencia, pero muchas compañías las usan para evitar darles más prestaciones a ciertos empleados. Tan solo en España, el 90 por ciento de los nuevos empleos creados en 2017 fueron temporales; de acuerdo con la organización Caritas, un tercio de esos trabajos tenían una duración menor a una semana."                 (