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13.7.26

San Agustín escribió lo siguiente. “Sin la justicia, ¿que serían los reinos sino grandes bandas de ladrones?” O sea, la práctica de la justicia hace que un Estado no sea un mero instrumento depredador... Monseñor Argüello ha evitado cuidadosamente la palabra “justicia” en su cita agustiniana, y es que si hubiese dicho: “Cuando la justicia no funciona bien en un Estado, este se convierte en una banda de ladrones”, hoy tendría un serio problema con el Consejo General del Poder Judicial y con buena parte del sistema de poderes articulado en Madrid... Acabada la visita del Papa a España, apagados los ecos de la misma, el presidente del episcopado ha estimado oportuno tomar posición, acercándose al lenguaje del Partido Popular y Vox, partidos que pueden formar bloque de Gobierno dentro de unos meses. Todo está bastante claro, con el permiso de san Agustín (Enric Juliana)

"León XIV: conciliación; Argüello: “¡Banda de ladrones!”

"Cuando el Estado se olvida de la ética se convierte en una banda de ladrones”. Palabras de Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, un mes después de la visita del Papa a España. El paréntesis apaciguador de aquella visita se ha cerrado. Vuelve el Ruedo Ibérico y el presidente del episcopado se une al combate. Le gusta el Ruedo Ibérico a Argüello, uno de cuyos objetivos pastorales es poder reabrir en Roma la causa para la beatificación de la reina Isabel de Castilla

León XIV viajó a España durante toda una semana (Madrid, Barcelona y Canarias), del 6 al 12 de junio, se cumple ahora un mes, con el manifiesto propósito de atemperar los ánimos y pedir un poco más de concordia en el país con la monarquía católica más antigua de Europa. León XIV pidió serenidad y entendimiento a los españoles y fue aplaudido durante siete minutos en el Congreso de los Diputados por casi todos los grupos. Cuatro semanas después de aquel significativo acontecimiento, el presidente del episcopado local echa leña a la caldera digital con unas declaraciones que todo el mundo ha leído como una invectiva contra el Gobierno: “¡Banda de ladrones!”

La reacción del Ejecutivo ha sido fulminante. El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, una de cuyas funciones es la relación institucional con la Iglesia católica, ha remitido una carta a Argüello preguntándole al presidente del episcopado que le parecería si el Gobierno se refiriese a la Iglesia católica como una “banda de agresores sexuales”. Fogonazo político en un verano tórrido que se está cobrando vidas en incendios infernales, mientras el país disfruta con el Mundial de Fútbol. Hemos regresado, sí,  al Ruedo Ibérico, con el termostato averiado. El incendio de Almería es mal presagio. 

Ante la fuerte reverberación de sus palabras en un coloquio en la sede de la Fundación Pablo VI de Madrid, el arzobispo Argüello ha precisado que se refería al Estado en su conjunto. Y ha añadido con ironía: “Cada uno verá por qué se siente aludido, porque yo no he hablado del Gobierno”. El presidente de la conferencia episcopal ha añadido que se limitó a citar una frase de san Agustín, extraída del libro La ciudad de Dios.

Cada vez más gente cita a san Agustín en el interior de la Iglesia católica. Hay una curiosa fiebre agustiniana. El vicepresidente de Estados Unidos, por ejemplo, no dudó en acudir a san Agustín para criticar al papa Francisco a propósito de la inmigración. Dijo que el orden natural del amor católico empieza con los más cercanos, formando un orden concéntrico, en el que los “extraños” se hallan en el último círculo. JD Vance, que estudió a san Agustín en su periodo de conversión al catolicismo, quiso dar clases de teología al obispo de Roma. El cardenal Robert Francis Prevost, entonces prefecto del Dicasterio de los Obispos, que alguna cosa sabe de san Agustín, le corrigió: “JD Vance se equivoca”, escribió en las redes sociales. Febrero del 2025. 

Muchos citan hoy a san Agustín para situarse bajo la capa de León XIV. Como es bien sabido, el sucesor de Francisco es fraile agustino y ejerció durante doce años como Prior General de la orden de san Agustín. Citar al santo que escribió sobre la Ciudad de Dios se está convirtiendo en una suerte de salvonducto. Los argumentos que incluyen una cita de san Agustín parecen timbrados por el Papa.

En el caso que nos ocupa no es así. Ni siquiera puede afirmarse que monseñor Argüello hay citado literalmente a Agustín de Hipona, padre de la Iglesia, nacido en el siglo V en el norte de África, en una localidad bereber que actualmente pertenece a Argelia, muy cercana a la frontera con Túnez. San Agustín escribió lo siguiente. “Sin la justicia, ¿que serían los reinos sino grandes bandas de ladrones?” El sentido de sus palabras podría ser este: la  práctica de la justicia hace que un reino -un Estado, diríamos hoy- no sea un mero instrumento depredador.

Monseñor Argüello ha evitado cuidadosamente la palabra “justicia” en su cita agustiniana, puesto que este horno no está para bollos en España. Si el presidente del episcopado hubiese dicho: “Cuando la justicia no funciona bien en un Estado, este se convierte en una banda de ladrones”, hoy tendría un serio problema con el Consejo General del Poder Judicial y con buena parte del sistema de poderes articulado en Madrid. Hábil en el manejo de la retórica, Argüello ha adaptado san Agustín a la coyuntura política, ha dicho lo que algunos oídos querían escuchar y ha encendido la polarización que el Papa parecía querer rebajar hace un mes.

León XIV vino a España a intentar apaciguar los ánimos. El presidente del episcopado, por el contrario, está tomando posición en la refriega. Recordemos las palabras del Papa nada más llegar a Madrid, durante su discurso en el Palacio Real, el día 6 de junio: “La Iglesia hoy está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz. Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.

“Apreciación fecunda de la complejidad”. Es impresionante esa afirmación de León XIV. Nadie, o casi nadie, utiliza hoy ese tipo de lenguaje en la arena pública. Es una expresión conmovedora, en la medida que contradice la furia de los tiempos. Las palabras de Luis Argüello, con una creativa adaptación de san Agustin a la coyuntura, difícilmente pueden ser consideradas como una apreciación fecunda de la complejidad, más bien han sido demostración de un hábil sentido de la oportunidad. Y la reacción del Gobierno ha sido exagerada. Hay nervios en el Gobierno.

El presidente del episocopado ha querido cerrar el paréntesis abierto por la visita del papa a España, para ubicarse en las coordenadas del combate político, forzosamente a título personal, puesto que no ha hablado en nombre de todos los obispos. 

Argüello, que no tiene en estos momentos el rango de cardenal, ha querido señalar que la Pax Romana ha finalizado en España. El combate político se acentúa y él se ubica en el mismo. En diciembre del año pasado, Luis Argüello ya sorprendió a muchos pidiendo la convocatoria inmediata de elecciones en una entrevista con La Vanguardia. Estuve presente en aquella entrevista, le hice varias preguntas, y me sorprendió su instinto político; le gusta la política, piensa en términos políticos.

“Mación de censura, moción de confianza o elecciones”, nos dijo en aquella entrevista. Me sorprendió también la soltura con la que proponía una reforma de la Constitución para revisar la actual ordenación territorial española. 

Al arzobispo Argüello no le gusta el término ‘nacionalidades’ incluido en el artículo 2 de la Constitución, cree que debería haber una clarificación al respecto, y también cree necesario reformar la Carta Magna para dejar claro la preminencia de la lengua castellana en todo el territorio español. Argüello tiene un programa y nos lo explicó en diciembre del 2025. Acabada la visita del Papa a España, apagados los ecos de la misma, el presidente del episcopado ha estimado oportuno tomar posición, acercándose al lenguaje del Partido Popular y Vox, partidos que pueden formar bloque de Gobierno dentro de unos meses. Todo está bastante claro, con el permiso de san Agustín.

La Iglesia católica es un organismo muy complejo, con muchas opiniones y miradas en su interior, que deben obediencia al Papa en las cuestiones doctrinales, pero que a la vez pueden expresar posiciones muy diversas sobre la realidad social y política. La Iglesia católica es muy jerárquica y a la vez muy flexible. Dos mil años de historia nos contemplan.  Las palabras del presidente del episcopado llegan en un momento en el que Roma debe decidir el relevo del arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, que ya ha superado con creces el periodo de jubilación. En las actuales circunstancia, el nombre del nuevo arzobispo de Barcelona cobra una singular importancia. ¿Monseñor Argüello ha querido enviar un mensaje cifrado a Roma, o más bien ha calibrado mal el alcance de sus palabras?" 

( , La Vanguardia, 11/07/26) 

 

 "El presidente de los obispos achaca a la falta de ética que el Estado se convierta en “una banda de ladrones”: “A los hechos me remito”.

 El tema de conversación era el “colapso de la democracia”. La primera de las palabras ha asegurado que lo “asusta” el presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, que este jueves ha advertido en una ponencia que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones” parafraseando a Agustín de Hipona. “A los hechos me remito”, ha insistido el prelado en su charla en la Fundación Pablo VI de Madrid, una reflexión sobre cómo regenerar la democracia en la que ha pedido que quienes participan en los sistemas democráticos pongan sobre la mesa su forma de “acoger, aceptar, proponer una referencia ética”. Los católicos españoles, entre ellos.

La intervención de Argüello ha derivado en encontronazo con el Gobierno. El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, le ha replicado por carta este mismo jueves mostrando su “sorpresa” y aludiendo directamente a la expresión “banda de ladrones”. “Para mostrarle que su razonamiento no es solo injusto, sino profundamente contraproducente para la institución que usted preside, permítame hacerle una pregunta”, adelanta el ministro. “¿Qué le parecería si un miembro del Gobierno calificase a la Iglesia entera como ‘banda de agresores sexuales, a las pruebas me remito’? Evidentemente sería falso y profundamente injusto”, le dice. Bolaños ha instado al prelado a que las relaciones de la Conferencia Episcopal con el Gobierno estén “marcadas por la moderación, el respeto y la justicia en lugar de por la exageración y el partidismo en favor de las fuerzas de la derecha y la ultraderecha”, y le ha recordado unas palabras que atribuye a León XIV en su reciente viaje apostólico a España: “Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje”.

En la misma charla en la que ha rescatado a San Agustín (“Si de los Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño?“, afirma el filósofo en La ciudad de Dios), Argüello ha recalcado que esa exigencia ética a los dirigentes políticos tiene que partir del buen ejemplo de los ciudadanos. “Si hemos hecho trampas en el solitario a la hora de hacer la declaración de la renta, porque pensamos que ese es el pan de nuestros hijos, o si pedimos un contrato o mejor una factura en negro, ¡ojo!, porque las referencias éticas son para todos. Porque si no hay un pueblo, un demos, con referencia ética, ¿cómo vas a exigirlo a alguien que sea tu representante?“, se ha preguntado en la clausura de la Escuela de Verano organizada por la Conferencia Episcopal Española, la Universidad Pontificia de Salamanca y la Fundación Pablo VI.

Pero el obispo de Valladolid ha cargado también contra algunas leyes aprobadas por Gobiernos progresistas en los últimos años, que él enmarca en un plan para “deconstruir”. “Basta leer las exposiciones de motivos de las leyes aprobadas en España en los últimos diez años, referidas a las cuestiones de sexo y género, para ver cómo hay un proyecto de deconstrucción antropológica”. Y ahí ha atacado la legislación pro-LGTBI y hasta al Orgullo, porque ese proyecto deconstructor, ha dicho, es de “autonomía para decidir yo mi propio género, despreciando a Dios y cuerpo, como expresión máxima orgullosa —género del orgullo, orgullosa, porque es el pecado de Satanás el orgullo—, para decir: ‘Yo puedo hacer lo que quiera y el cuerpo no es más que un instrumento”.

Argüello ve en esa legislación una falta de “neutralidad”. Es más, detecta incluso una falta de “aconfesionalidad” del Estado. “Nuestras leyes están consolidando en cuestiones que tienen que ver con lo que antes se llamaba disforia de género y hoy se llama territorio del orgullo LGTBIQ+”, ha criticado. “Se prohíben las terapias de conversión y al mismo tiempo que se consolidan las terapias afirmativas”, un concepto este último que parece salir de su cosecha. “En cuestiones que son límites, de la vida y la muerte, cuestiones del aborto, eutanasia, tampoco hay vacío antropológico ni neutralidad del Estado, sino afirmaciones de cuándo empieza la vida, de cuándo termina, de qué criterios morales seguir”, ha señalado en el marco de un curso en el que también ha participado el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.

“Lo peor que podría ocurrir es que, hablando de la democracia y de su crisis, pensáramos, esto no va con nosotros”, ha apelado el obispo, que no es novato en enfrascarse en polémicas. Al estallar los casos de pederastia en la Iglesia, aseguró primero que solo eran “pequeños casos” y que España era una excepción en el mundo católico.

El jefe de los obispos españoles también ha criticado que “las democracias liberales” se hayan “convertido en democracias asistencialistas” en las que se da “una paguita” porque les “interesan ciudadanos pasivos comprados por las subvenciones” y ha subrayado que el Estado no debe “convertirse en una Cáritas laica que da limosnas”. Sin dejar casi ningún gran asunto de actualidad en el tintero, el obispo vallisoletano también ha apelado a los inmigrantes, que “tienen deberes a la hora de su integración porque, si no, aprenden rápido el camino de los derechos”.

No han faltado alusiones a la bajada de la natalidad, habituales en un preboste de la Iglesia. Pero con una llamativa coincidencia que Argüello ha visto entre el capitalismo y la izquierda europea a cuenta de la disminuciónen el número de hijos. “El capitalismo mundial tiene una estrategia, llevada a cabo fundamentalmente por sus grandes fundaciones, que surgen desde laboratorios fundamentalmente estadounidenses, y que luego han tenido en la izquierda europea a sus cómplices, sus sicarios, en el cumplimiento de este proyecto de disminuir los comensales a la mesa”." 

(José Manuel Abad Liñán , El País, 09/07/26)  

12.7.26

El avance del neofundamentalismo evangélico, de América Latina a Madrid... La importancia política de los evangelistas reside en su profunda inserción popular, que está permitiendo un impulso renovado y, sobre todo, la captación de nuevos votantes para los partidos conservadores. De este modo, han logrado disputar a los movimientos de izquierda su tradicional espacio de implantación social como ninguna otra organización conservadora había conseguido hasta ahora... En las décadas de los 60 y 70, la influencia de la teología de la liberación marcó a buena parte de los movimientos populares latinoamericanos. Hoy es la llamada “teología de la prosperidad” la que está ocupando ese espacio en los barrios populares. Mientras la teología de la liberación politizaba y problematizaba la pobreza y las desigualdades, defendiendo el legítimo derecho de los pobres a gozar de una existencia digna pese a su condición, la teología de la prosperidad no solo deja de cuestionar las desigualdades, sino que, en cierta medida, las legitima al presentar el éxito material como una prueba de la elección divina... Al concentrarse en la superación personal mediante una nueva conducta moral, en lugar de trabajar por un cambio estructural, estas iglesias evangelistas disuaden de la acción colectiva y promueven estrategias individuales de movilidad social ascendente. El cambio es radical: de la liberación colectiva al triunfo individual. Una transformación profunda en la mentalidad de los barrios populares latinoamericanos... Las sectas evangélicas aparecen así como auténticos apóstoles del neoliberalismo. La teología de la prosperidad se acopla de tal manera a la lógica neoliberal del “emprendedor” que incluso admite el derecho de los fieles a abrir su propia iglesia: “Esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo; cada uno puede crear su propio business neopentecostal”... Con esta doctrina, pastores y telepredicadores exhiben su riqueza sin complejos como una manifestación de su santidad y del mayor grado de bendición divina recibido... El voto evangélico entre los sectores populares está sirviendo para consolidar relaciones clientelares entre actores políticos y líderes religiosos, así como para incorporar representantes de estas iglesias a las listas electorales en países como Brasil, Perú, El Salvador, Chile, Colombia o Guatemala... La principal novedad no es únicamente el avance político del evangelismo, sino su capacidad para introducir en el debate público cuestiones que han terminado marcando la agenda del conjunto de la derecha latinoamericana... las conexiones políticas de los pentecostales y neopentecostales empiezan también a hacerse visibles en Madrid (Miguel Urbán)

 "De América Latina a Madrid: el avance del neofundamentalismo evangélico.

 La miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso.

La imagen de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de pastores evangélicos dio la vuelta al mundo. “Oramos para que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente (…) Padre, te rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita”. Mientras recitaban estas palabras, los pastores evangélicos posaban sus manos sobre el presidente para darle fuerza en su guerra —ilegal— destinada, supuestamente, a liberar al pueblo iraní de la terrible teocracia de los ayatolás. La imagen no podía ser más icónica del momento histórico en el que nos encontramos, donde el resurgir de los neofundamentalismos religiosos se está convirtiendo en un rasgo común de la ola reaccionaria global.

Un mes después de esta icónica fotografía de los pastores evangélicos arropando a Trump en el Despacho Oval, unas 35.000 personas abarrotaban el estadio Metropolitano durante el evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa. Uno de los momentos más virales fue la aparición del exfutbolista Dani Alves que, tras haber sido condenado por agresión sexual a una mujer en una discoteca y posteriormente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se ha convertido en un conocido telepredicador evangélico. Un estadio abarrotado de vibrantes feligreses resumía bien un fenómeno que lleva años creciendo y que ahora empieza a hacerse visible a gran escala: el auge del evangelismo en Madrid.

A lo largo de los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno relativamente nuevo en Europa, pero de largo recorrido en el continente americano: el impacto electoral del resurgimiento de un ultraconservadurismo cristiano. Mientras que en el continente americano este movimiento está liderado fundamentalmente por las diferentes familias del evangelismo pentecostal y neopentecostal, en Europa son los ultracatólicos quienes marcan la agenda política. Los principios políticos de esta reacción ultraconservadora son los mismos a ambos lados del Atlántico: autoritarismo patriarcal y homófobo, defensa del statu quo y una fuerte vena antisindical y anticomunista clásica, aunque actualizada en las nuevas iglesias con los lenguajes del show business y la agresividad neoliberal. Aunque en Europa las comunidades evangélicas no gozan todavía del apoyo que tienen en el continente americano, este fenómeno va asentándose poco a poco con fuerza en España.

En Estados Unidos, el fundamentalismo cristiano recuperó, a partir de la década de los años 70, una creciente presencia pública. Proliferaron sus iglesias, colegios, publicaciones, editoriales, emisoras de radio y canales de televisión, con el consiguiente auge de la telepredicación y de los telepredicadores. Surgió así la nueva derecha cristiana, los teocons o, simplemente, los fundamentalistas cristianos, convertidos hoy en el movimiento ideológico más específico, coherente y mejor organizado de la política estadounidense. No toda la pluralidad de iglesias de Estados Unidos participa de este movimiento, siendo las evangélicas las que han mostrado un mayor dinamismo y una adhesión más firme a la agenda neoconservadora de la nueva derecha cristiana.

En las elecciones presidenciales de 2016, los evangélicos representaron una quinta parte de los votantes registrados y un tercio de todos los que se identificaban con el Partido Republicano. Parecía difícil que un candidato como Trump —divorciado dos veces y casado en tres ocasiones, con fama de mujeriego, numerosos escándalos sexuales, ostentoso y arrogante— pudiera presentarse como un hombre que guiaba su vida por valores religiosos. No ofrecía el perfil de candidato capaz de atraer al votante conservador de inspiración religiosa. Pese a ello, obtuvo el 81% del voto de los evangelistas blancos, frente al 16% de su contendiente demócrata, Hillary Clinton. Desde entonces, una de las claves del éxito electoral de Trump ha sido su capacidad para cautivar al electorado evangélico.

Así, a pesar de los escándalos, la comunidad evangélica más conservadora ha llegado a justificar su apoyo político a Trump comparándolo con el “Ciro moderno” y presentándolo como el “candidato de Dios para el caos”. Para los evangélicos, “Ciro es el modelo del no creyente al que Dios elige para cumplir con los propósitos de los fieles”. Estos grupos ven con buenos ojos que Trump esté dispuesto a romper las normas democráticas para combatir las amenazas que, según ellos, se ciernen sobre sus valores y su modo de vida, con el objetivo de cumplir “la misión de Dios en la Tierra”. Entienden que Trump es el mandatario más cercano a sus postulados, capaz de impulsar una agenda nacionalista cristiana que represente sus intereses políticos y morales.

Las relaciones entre la Administración Trump y las iglesias evangélicas pentecostales y neopentecostales —fervientemente sionistas— también han contribuido a dar forma a las alianzas internacionales y a la política exterior estadounidense. El apoyo incondicional al Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, simbolizado en el traslado de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén durante el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel, contraviniendo las resoluciones de la ONU, o la reciente agresión militar contra Irán, haciendo caso omiso de las objeciones de parte de su equipo de política exterior y seguridad nacional, son ejemplos notables de la influencia que ha llegado a alcanzar la nueva derecha cristiana en la Administración Trump.

La expansión pentecostal y neopentecostal en América Latina

Quizá sea en América Latina donde —al igual que ocurrió con el catolicismo en décadas anteriores— el fundamentalismo evangelista ha penetrado con mayor intensidad en las esferas políticas para imponer su agenda ultraconservadora. Las iglesias evangélicas, presentes hoy en prácticamente cualquier barrio del continente, están transformando la política como ninguna otra fuerza desde la expansión de la teología de la liberación en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado. Están proporcionando a las causas conservadoras, y especialmente a los partidos políticos, un nuevo impulso y nuevos votantes. Pero, a diferencia de la narrativa más conservadora de la Iglesia católica, los pastores evangelistas están introduciendo en la política una suerte de populismo religioso, más radical y de mayor alcance. Así lo muestran los éxitos electorales de Bolsonaro, Bukele o, más recientemente, el ascenso político de Abelardo de la Espriella.

La importancia política de los evangelistas no reside únicamente en su crecimiento exponencial o en la tupida red de medios de comunicación que controlan, sino también en su profunda inserción popular, que está permitiendo un impulso renovado y, sobre todo, la captación de nuevos votantes para los partidos conservadores. De este modo, han logrado disputar a los movimientos de izquierda su tradicional espacio de implantación social como ninguna otra organización conservadora había conseguido hasta ahora.

La presencia de las iglesias evangélicas en América Latina no es precisamente nueva, pero sí lo es su crecimiento exponencial, especialmente en su vertiente pentecostal y neopentecostal más conservadora. Según Michael Löwy, los protestantes latinoamericanos están profundamente divididos. En su opinión, esta división coincide, hasta cierto punto (aunque no por completo), con la diferencia entre las antiguas Iglesias protestantes y las nuevas Iglesias pentecostales, que se están propagando rápidamente. “El crecimiento extraordinario de las Iglesias evangélicas pentecostales en Latinoamérica —un acontecimiento que los observadores católicos describen muchas veces como la ‘invasión de las sectas protestantes’— es uno de los fenómenos religiosos más importantes de los últimos años en el continente”.

Según diferentes estudios, existen más de 19.000 iglesias pentecostales en el continente latinoamericano, que agrupan a más de cien millones de creyentes. Las iglesias evangélicas, fundamentalmente las más conservadoras, representan prácticamente a uno de cada cinco latinoamericanos, cerca del 20 % de la población.

La teología de la prosperidad

En las décadas de los 60 y 70, la influencia de la teología de la liberación marcó a buena parte de los movimientos populares latinoamericanos. Hoy es la llamada “teología de la prosperidad” la que está ocupando ese espacio en los barrios populares. Mientras la teología de la liberación politizaba y problematizaba la pobreza y las desigualdades, defendiendo el legítimo derecho de los pobres a gozar de una existencia digna pese a su condición, la teología de la prosperidad no solo deja de cuestionar las desigualdades, sino que, en cierta medida, las legitima al presentar el éxito material como una prueba de la elección divina.

El obispo Edir Macedo, fundador de la brasileña Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) y principal impulsor de la teología de la prosperidad, definió así la esencia de su credo: “Nosotros queremos que ese hombre sea rico, que ascienda en la escala social; no queremos un pobre que acepte su pobreza”. Al concentrarse en la superación personal mediante una nueva conducta moral, en lugar de trabajar por un cambio estructural, estas iglesias evangelistas disuaden de la acción colectiva y promueven estrategias individuales de movilidad social ascendente. El cambio es radical: de la liberación colectiva al triunfo individual. Una transformación profunda en la mentalidad de los barrios populares latinoamericanos.

Así, aunque las iglesias pentecostales y neopentecostales desarrollan una intensa actividad “social” y cuentan con numerosos programas asistenciales, lo hacen desde una lógica antagónica a cualquier forma de protagonismo político de los sectores oprimidos. Podemos hablar de una suerte de “comunitarismo individualista”, que absorbe al individuo en todos los aspectos de su vida y que, a cambio, promete hacerlo “exitoso” en el mercado. En cierto modo, la iglesia sustituye al Estado como espacio de comunidad.

Las sectas evangélicas aparecen así como auténticos apóstoles del neoliberalismo: “Hemos aprendido con Weber que el protestantismo tiene un encaje con el capitalismo; el neopentecostalismo va a tenerlo con el neoliberalismo, porque genera un ‘sujeto hecho a sí mismo’, donde el Estado no interviene”. La teología de la prosperidad se acopla de tal manera a la lógica neoliberal del “emprendedor” que incluso admite el derecho de los fieles a abrir su propia iglesia: “Esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo; cada uno puede crear su propio business neopentecostal”.

Con esta doctrina, pastores y telepredicadores exhiben su riqueza sin complejos como una manifestación de su santidad y del mayor grado de bendición divina recibido. Así, las megaiglesias neopentecostales se convierten en auténticos meganegocios dirigidos por pastores que actúan como ejecutivos y se desenvuelven con las habilidades de un showman para entretener a sus fieles. El resultado son verdaderos imperios económicos que buscan ampliar constantemente su poder e influencia en los medios de comunicación y en la política.

Como ya hemos visto, “el evangelismo puede favorecer la adopción de un ethos capitalista de autopromoción individual y, por tanto, alentar el apoyo a las fuerzas políticas comprometidas con ese ethos”. Un buen ejemplo es la IURD, la mayor congregación evangelista de Brasil, que posee un auténtico emporio mediático, entre cuyos activos destaca TV Record, la segunda cadena de televisión del país. Pero también ha dado el salto a la política, consiguiendo la alcaldía de Río de Janeiro en 2016 a través de uno de sus obispos, Marcelo Crivella, conocido entre otras cosas por ser uno de los principales intérpretes del góspel en Brasil, con más de cinco millones de copias vendidas. La victoria en Río de Janeiro fue vista como el precedente de la posterior victoria presidencial de Jair Bolsonaro. El propio obispo Edir Macedo, fundador de la IURD, expresó públicamente su apoyo al candidato ultraderechista después de que este se bautizara en el río Jordán según el rito evangélico, un gesto que le granjeó un respaldo decisivo para alcanzar la presidencia.

Contra la “ideología de género”

El fundamentalismo evangélico se ha convertido en un movimiento emergente no solo por su pujanza económica o su implantación social, sino también porque ha logrado consolidarse como un actor político de primer orden, con una fuerte capacidad de cohesión sobre sus feligreses —y, por extensión, sobre sus votantes—, capaces de desequilibrar elecciones y disputados por prácticamente todas las formaciones políticas. El voto evangélico entre los sectores populares está sirviendo para consolidar relaciones clientelares entre actores políticos y líderes religiosos, así como para incorporar representantes de estas iglesias a las listas electorales en países como Brasil, Perú, El Salvador, Chile, Colombia o Guatemala.

La principal novedad no es únicamente el avance político del evangelismo, sino su capacidad para introducir en el debate público cuestiones que han terminado marcando la agenda del conjunto de la derecha latinoamericana. Se articula así una amplia alianza opositora al matrimonio igualitario, al aborto y a lo que denominan “ideología de género”, sintetizada en una consigna que se ha hecho viral: “Con mis hijos no te metas”. Desde entonces, la llamada “ideología de género” se ha convertido en un cajón de sastre en el que cabe desde el derecho al aborto hasta los supuestos ataques a la familia o al matrimonio entre personas del mismo sexo. En el fondo, se trata de una ofensiva contra el propio derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, que sitúa al movimiento feminista como uno de sus principales enemigos.

Las iglesias evangélicas latinoamericanas han dirigido buena parte de sus ataques contra la educación pública, especialmente contra cualquier contenido relacionado con la educación sexual y reproductiva o con la igualdad de género. Pero este proceso también se ha reproducido en países donde el fundamentalismo evangélico continúa siendo minoritario. Es el caso, por ejemplo, de España, donde Vox asumió buena parte de este repertorio ideológico al popularizar el llamado “pin parental”: la obligación de que madres y padres autoricen previamente y de forma expresa la asistencia de sus hijos a cualquier actividad desarrollada en el centro educativo. De este modo, frente a actividades consideradas inadecuadas por estos sectores —como talleres sobre diversidad afectivo-sexual, feminismo, identidad de género o derechos de la comunidad LGTBI—, los progenitores pueden ejercer su supuesta “objeción de conciencia” e impedir que el alumnado participe en ellas.

En Brasil, la ultraderecha y las iglesias evangélicas impulsaron una campaña contra un programa educativo destinado a prevenir la homofobia en las aulas, al que bautizaron despectivamente como el “kit gay”. Con el objetivo de amedrentar al profesorado, Bolsonaro y sus hijos llegaron a animar a los estudiantes a grabar con sus teléfonos móviles a sus docentes durante las clases y difundir posteriormente esas imágenes en las redes sociales. Finalmente, el proyecto nunca llegó a aprobarse como consecuencia de las presiones ejercidas por estos sectores. Sin embargo, el verdadero “pin parental” brasileño es Escuela sin Partido, una iniciativa presentada en el Congreso en 2014 cuyo objetivo era combatir el supuesto adoctrinamiento ideológico de la izquierda en las escuelas e impedir que cuestiones como el género, la orientación sexual o las preferencias políticas pudieran abordarse en las aulas o aparecer en los materiales didácticos.

El fenómeno llega a Madrid

Un año antes del gran encuentro evangélico celebrado en el estadio Metropolitano, unas diez mil personas llenaron la plaza de toros de Vistalegre para escuchar al predicador brasileño Edir Macedo que, como veíamos anteriormente, es uno de los principales apóstoles latinoamericanos de la teología de la prosperidad. Porque el fenómeno evangélico en Madrid ya no ocupa únicamente bajos comerciales o antiguos garajes de los barrios periféricos. Hoy mueve también cifras de estadio.

El crecimiento del evangelismo en Madrid ha sido discreto, pero cada vez resulta más difícil ignorarlo. España cuenta ya con alrededor de un millón y medio de evangélicos y su crecimiento ha sido sostenido durante las últimas décadas. En 1998 apenas el 0,2 % de la población se identificaba con esta confesión. En 2018, la cifra alcanzaba ya el 2 %, según datos del Observatorio del Pluralismo Religioso. Los evangélicos constituyen hoy la confesión minoritaria más numerosa del país, solo por detrás de la musulmana y por delante de los testigos de Jehová.

El mayor crecimiento se está produciendo en Madrid, donde las iglesias evangélicas han aumentado alrededor de un 30 % durante la última década, pasando de 662 a 855 centros religiosos en la región. Especialmente en distritos como Carabanchel, Usera o Tetuán, favorecidos por la elevada presencia de población latinoamericana fruto de la transformación migratoria de la ciudad. Así, antiguas naves industriales, garajes, locales comerciales o bajos se reconvierten en templos pentecostales o neopentecostales que funcionan como espacios de encuentro, redes de apoyo, comedores improvisados, bolsas de empleo, lugares de ocio o refugios emocionales para miles de personas migrantes.

De hecho, uno de los pastores que aparecían rezando junto a Trump en la Casa Blanca, Franklin Graham —conocido como “el pastor de Donald Trump”—, aterrizó en Madrid pocas semanas después del evento The Change Madrid celebrado en el Metropolitano para participar en el Festival de la Esperanza. Se trata de un encuentro nacido en 1947 en Estados Unidos bajo el nombre de Las Cruzadas de Billy Graham, impulsado por Billy Graham, fundador de la Asociación Evangelística Billy Graham (BGEA), uno de los predicadores evangélicos más influyentes del siglo XX y padre de Franklin Graham. Su hijo rebautizó posteriormente el evento y extendió este tipo de macroencuentros fuera de Estados Unidos, primero hacia América Latina y posteriormente por Europa. La elección de Madrid no es casual. El festival ha contado —según datos de los organizadores— con la participación de más de 850 iglesias de la Comunidad de Madrid, una muestra de músculo que permitió que, durante los dos días del evento, pasaran por él algo más de 20.000 personas.

Un evento que, pese a intentar huir de la etiqueta de ultraderechista o trumpista, estuvo marcado por las arengas ultraconservadoras de sus principales figuras. Entre ellas, el propio Graham, que, ante una Vistalegre abarrotada, afirmó: “Dios creó el sexo. Él quiere que lo uses, pero tiene que ser usado en una relación matrimonial entre un hombre y una mujer”, en un claro mensaje homófobo. Continuó su discurso —Biblia en mano— contra el aborto: “Solo porque algunos políticos digan que el aborto es legal no significa que esté bien delante de Dios”. Macroeventos como el Festival de la Esperanza o The Change Madrid están situando a Madrid como la meca pentecostal y neopentecostal de Europa, una muestra más de la miamización de la capital española.

Al igual que en América Latina o Estados Unidos, las conexiones políticas de los pentecostales y neopentecostales empiezan también a hacerse visibles en Madrid. El auge evangélico no ha pasado inadvertido para el Partido Popular. Ya durante la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas de 2023, varios dirigentes del partido desarrollaron una estrategia deliberada de acercamiento a las iglesias evangélicas para intentar canalizar el apoyo de los fieles de origen migrante y de sus redes comunitarias.

Unos años antes, Isabel Díaz Ayuso había creado expresamente la Secretaría de Nuevos Madrileños y había situado al frente al venezolano Gustavo Eustache, muy bien relacionado con los principales pastores evangélicos de la región. Eustache fue, además, uno de los principales artífices de la organización del mitin “Europa es Hispana” en 2023, apenas dos meses antes de las elecciones autonómicas y municipales. En él participaron Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida junto a predicadoras evangélicas como Yadira Maestre, definida por el vicesecretario electoral del PP madrileño, Jorge Rodrigo, como “la aglutinadora de las iglesias evangélicas de la Comunidad de Madrid”. Un acto tan novedoso como inusual en la política madrileña, que evocaba los grandes mítines estadounidenses dirigidos a seducir el voto latino. Un elemento más de la miamización de Madrid.

De hecho, unos meses antes —en septiembre de 2022— del mitin organizado por el PP madrileño, el número dos de Isabel Díaz Ayuso, Alfonso Serrano, asistió a un macroevento evangélico para más de tres mil personas celebrado en Fuenlabrada bajo el nombre de Invasión Madrid Fest. Allí, la pastora Yadira Maestre entregó un premio a la presidenta madrileña y al alcalde de la capital por su gestión durante la pandemia de la covid19. Una estrategia de acercamiento a las iglesias evangélicas que ha cobrado fuerza desde que Ayuso asumió el liderazgo regional del partido y que tiene como principal objetivo captar el voto de la comunidad latinoamericana. El propio Gustavo Eustache ha pasado de dirigir la Secretaría de Nuevos Madrileños a ocupar un escaño como diputado en la Asamblea de Madrid.

La creciente presencia del evangelismo pentecostal y neopentecostal no se puede desligar de las transformaciones socioeconómicas y demográficas de Madrid. Pero la miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso por la disputa de la construcción del sentido común, la concepción de la familia, el cuerpo de las mujeres, la educación, la sexualidad o la propia idea de democracia entre un sector importante de las clases populares madrileñas. Un fenómeno que hasta ahora parecía exclusivamente americano forma ya parte del paisaje político madrileño, una muestra más del nuevo tiempo en el que nos adentramos." 

( Miguel Urbán Crespo, Other News, 10/07/26)

11.7.26

La Iglesia Católica española se ha apropiado desde 1998 de más de 35.000 bienes que no eran suyos, al amparo del privilegio excepcional que ningún otro individuo ni institución disfrutó y que permitió registrar como propios miles de inmuebles, muchos de ellos de enorme valor histórico y cultural... La Conferencia Episcopal Española guardó un silencio clamoroso mientras destacados dirigentes del Partido Popular eran condenados por corrupción y mientras el propio partido era condenado como partícipe a título lucrativo en la trama Gürtel. Entonces no hubo grandes sermones sobre la degradación moral de la vida pública... Es muy difícil aceptar lecciones de moral de una institución que no es coherente con lo que predica, que aún no ha asumido plenamente sus responsabilidades por los abusos sexuales, que se ha beneficiado de privilegios extraordinarios durante décadas y que rara vez ha levantado la voz con la misma contundencia frente a las grandes injusticias, la desigualdad o la corrupción cuando esta procede de quienes defienden sus intereses y les conceden las prebendas que disfrutan... Tengo la impresión de que, si existiera de verdad el infierno del que tanto hablan, serían esos jerarcas de doble moral quienes lo iban a conocer con más detalle (Juan Torres López)

"La Iglesia Católica española se ha apropiado desde 1998 de más de 35.000 bienes que no eran suyos, al amparo del privilegio excepcional que le otorgó la reforma de la Ley Hipotecaria de aquel año. Un privilegio que ningún otro individuo ni institución disfrutó y que permitió registrar como propios miles de inmuebles, muchos de ellos de enorme valor histórico y cultural.

Decenas de sacerdotes destrozaron la vida de miles de niñas y niños mediante abusos sexuales. Y durante demasiado tiempo su jerarquía hizo cuanto pudo por ocultar esos crímenes, proteger a los responsables y eludir sus responsabilidades hacia las víctimas.

La Iglesia Católica española sigue beneficiándose de un Concordato heredado de la dictadura franquista y de unos privilegios incompatibles con un Estado que se declara no confesional. Durante décadas ha recibido financiación pública, exenciones fiscales y un trato de favor que ninguna otra confesión ni organización disfruta en semejante medida.

La Conferencia Episcopal Española guardó un silencio clamoroso mientras destacados dirigentes del Partido Popular eran condenados por corrupción y mientras el propio partido era condenado como partícipe a título lucrativo en la trama Gürtel. Entonces no hubo grandes sermones sobre la degradación moral de la vida pública.

Ahora, sin embargo, la Conferencia Episcopal Española pretende erigirse en tribunal ético y califica al Gobierno legítimo de España de "banda de ladrones".

No es una casualidad. Una vez más, la jerarquía eclesiástica se sitúa donde ha estado siempre, junto a quienes concentran el poder económico y político y combaten con todos los medios a un gobierno elegido democráticamente. Ahora se une al golpe de Estado en ciernes que se da sin que hagan falta uniformes ni tanques para intentar derribar al gobierno. Basta con la deslegitimación permanente, con intoxicar desde los medios, con el uso partidista de las instituciones y en especial de la judicatura, con el desprecio sistemático a las reglas democráticas por parte de quienes consideran que España les pertenece en exclusiva y que cualquier gobierno que no sea el suyo carece de legitimidad.

Es muy difícil aceptar lecciones de moral de una institución que no es coherente con lo que predica, que aún no ha asumido plenamente sus responsabilidades por los abusos sexuales, que se ha beneficiado de privilegios extraordinarios durante décadas y que rara vez ha levantado la voz con la misma contundencia frente a las grandes injusticias, la desigualdad o la corrupción cuando esta procede de quienes defienden sus intereses y les conceden las prebendas que disfrutan.

Tengo la impresión de que, si existiera de verdad el infierno del que tanto hablan, serían esos jerarcas de doble moral quienes lo iban a conocer con más detalle."

(Juan Torres López, blog, 10/07/26) 

10.5.26

Tras atacar públicamente al Papa León XIV, está claro que, en la cabeza de Trump, ninguna figura mundial, ya sea religiosa o política, debe atreverse a eclipsar su protagonismo hegemónico en la escena pública... Es poco probable que los ataques de Trump al Papa fuesen reacciones impulsivas o arrebatos espontáneos... Al burlarse de los llamamientos a la paz y la moderación, Trump apunta a que la cautela es sinónimo de debilidad y que la fuerza es el verdadero lenguaje del poder. Además, al poner en el punto de mira al líder de la Iglesia católica, saca partido de los antiguos recelos contra Roma en los círculos evangélicos... hay quien diría que el entorno de Trump se inspira en el antiguo modelo imperial en el que la teología y la autoridad se reforzaban mutuamente... Ese simbolismo cala en un pensamiento político evangélico estadounidense que contempla Oriente Medio a través del prisma de la profecía apocalíptica y la dominación estratégica... El resultado es una visión binaria del mundo más cercana en esencia a las divisiones maniqueas que a la complejidad ética del pensamiento cristiano mayoritario... Por el contrario, el Papa León XIV opta por centrarse en la dignidad humana, la protección de los refugiados, el sufrimiento de las víctimas de la guerra, la gestión responsable del medio ambiente y la coexistencia pacífica... el Papa León saca a la luz la brecha que separa la retórica estadounidense de la vivencia real en lugares como Irak, Siria, el Líbano y Tierra Santa. Da voz a una región que ya no confía en el discurso made in America. Si Occidente no es capaz de reconocer la Cristiandad a menos que hable su propio acento, puede llegar el día en el que se percate de que algunas de las voces cristianas más antiguas sobre la faz de la Tierra ya habrán callado para siempre (Ibrahim Al-Marashi, Tanya Goudsouzian, Real Instituto Elcano)

 "En el corazón de la vieja Bagdad se alza orgullosa la iglesia ortodoxa armenia de la Santa Madre de Dios, construida en 1639 en la zona de Al-Midan cerca de la mezquita Al-Muradiyya. Tanto la iglesia como la mezquita fueron erigidas en torno a las mismas fechas, durante la reconstrucción otomana del casco antiguo de Bagdad, mientras se asentaban los cimientos de una vida civil y religiosa estrechamente entrelazadas. Se dice que la iglesia alberga reliquias de los Cuarenta Mártires de Sebaste, soldados romanos brutalmente ejecutados por su fe. Siglos más tarde, desde la propia Roma, un Papa alza ahora la voz por las antiguas comunidades cristianas de lugares como Irak y el resto de Oriente Medio, a las que una gran parte de la derecha afín al movimiento MAGA apenas presta atención.

La comunidad de la zona, que en su día fue un centro próspero de vida cristiana armenia en Mesopotamia, ha pasado a ser un mero vestigio. Los cristianos asirios, caldeos, griegos ortodoxos y melquitas de Irak se enfrentan a un destino similar. Se cuentan entre las comunidades cristianas más antiguas del planeta, pero una gran parte del imaginario político estadounidense ni siquiera las tiene en cuenta. Al otro lado de la frontera, ya en Irán, comunidades cristianas pequeñas, pero con profundas raíces históricas, entre ellas las de los cristianos armenios y caldeo-asirios, siguen menguando en un clima de marginación creciente. Esa circunstancia ayuda a explicar los motivos por los que el último ataque del presidente estadounidense Donald Trump al Papa León XIV no es un mero desaire al Vaticano, sino un guiño dirigido a una base evangélica que la única Cristiandad que reconoce es aquella que refleja su propia imagen y semejanza.

Apenas una semana después de asistir al funeral del Papa Francisco en Roma, Trump publicó una imagen de sí mismo generada por inteligencia artificial (IA) vestido de Papa, tan sólo unos días antes de que se celebrara el cónclave en mayo de 2025. En fechas más recientes, recurrió a la plataforma Truth Social para publicar otra imagen de IA en la que se presentaba con una apariencia similar a la de Cristo, “administrando una luz etérea sobre la cabeza de un hombre afligido, mientras figuras translúcidos descendían de los cielos”. Muchos descartaron estas bravuconadas como una provocación infantil más, pero tras atacar públicamente al Papa León XIV, está claro que, en la cabeza de Trump, ninguna figura mundial, ya sea religiosa o política, debe atreverse a eclipsar su protagonismo hegemónico en la escena pública.

Es muy probable que no haya habido otro momento en la Historia en el que dos estadounidenses hayan tenido tanta capacidad de influir en el mundo. Uno tiene en su mano el poder militar. El otro, la autoridad moral. La ironía evidente es que, cuando el cónclave eligió a un estadounidense, optó básicamente por la antítesis de Trump. El Papa León, oriundo de Chicago, se ha consolidado como un pastor universal al hablar de paz, dignidad y el coste humano de la guerra. En su eucaristía inaugural del 19 de mayo, el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio estuvieron entre la concurrencia en representación de una Casa Blanca cuya política choca de frente con el lenguaje moral del nuevo pontífice. Si las imágenes de los medios de comunicación fuesen un cuadro renacentista, su presencia en aquel momento trascendental quedaría plasmada en un lienzo sorprendente sobre esa nueva realidad en la que otro estadounidense ejerce ahora una influencia mundial desde fuera de Washington.

Es poco probable que los ataques posteriores de Trump al Papa fuesen reacciones impulsivas o arrebatos espontáneos. El presidente, hombre de negocios astuto con perspicacia para interpretar el estado de ánimo y el carácter de la opinión pública, comprende que, dentro de su movimiento político, la confrontación puede convertirse en una fuente de energía. El drama sensacionalista, por muy polémico o irreverente que sea, mantiene la atención puesta en él y transforma cualquier desavenencia en una prueba de lealtad.

Al presentar al Papa León como una figura internacional distante que se entromete en los asuntos mundanos, Trump encasilla al pontífice en una categoría familiar para sus seguidores: la del globalista de élite que sermonea a la gente corriente mientras ignora sus preocupaciones. Al burlarse de los llamamientos a la paz y la moderación, Trump apunta a que la cautela es sinónimo de debilidad y que la fuerza es el verdadero lenguaje del poder. Además, al poner en el punto de mira al líder de la Iglesia católica, saca partido de los antiguos recelos contra Roma en los círculos evangélicos, desde los que se suele mirar a la autoridad papal con desconfianza.

Visto así, el destinatario real de la injuria no era tanto el Vaticano, sino el electorado estadounidense.

El entorno de Trump encarna una forma de política claramente civilizacional en la que la fe, la identidad y el poder se entrelazan sin remedio; hay quien diría que se inspira en el antiguo modelo imperial en el que la teología y la autoridad se reforzaban mutuamente. Baste pensar en la retórica de Marco Rubio, que en ocasiones recurre al discurso del “choque de civilizaciones” o el tatuaje “Deus Vult” de Pete Hegseth, que evoca imágenes de la época de las Cruzadas y se utiliza desde hace tiempo en los discursos antimusulmanes. Ese simbolismo cala en un pensamiento político evangélico estadounidense que contempla Oriente Medio a través del prisma de la profecía apocalíptica y la dominación estratégica, en vez de considerar la coexistencia pluralista. El resultado es una visión binaria del mundo más cercana en esencia a las divisiones maniqueas que a la complejidad ética del pensamiento cristiano mayoritario.

Por el contrario, el Papa León XIV opta por un tono bien distinto, centrado en la dignidad humana, la protección de los refugiados, el sufrimiento de las víctimas de la guerra, la gestión responsable del medio ambiente y la coexistencia pacífica. Además, recoge el testigo de los últimos pontífices que dirigieron la atención a las vicisitudes de los cristianos de Oriente Medio. Al igual que el Papa Francisco, cuya visita a Irak en 2021 durante la pandemia hizo de ese mensaje un eje central, el Papa León no se refiere a estas comunidades como reliquias del pasado, sino como parte integral del futuro plural de la región. La histórica visita del Papa Francisco sirvió de espaldarazo moral para las comunidades cristianas en declive y puso el foco en la preocupación por las minorías cuya supervivencia depende más de la coexistencia que de la mera protección política. Heredó también un papado que, con el Papa Francisco, convirtió Gaza, el desplazamiento y el sufrimiento de la población civil de Oriente Medio en imperativos morales, extendiendo la mirada de la Iglesia mucho más allá de las guerras culturales de la política estadounidense. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre los casi 200 lugares de Gaza dañados o destruidos durante la guerra, se encuentra la iglesia bizantina de Jabaliya, construida en el año 444 y destruida en octubre de 2023.Esa misma preocupación quedó patente en la reunión del Papa Francisco con el gran ayatolá Ali al-Sistani en Náyaf, donde los dos líderes religiosos hicieron gala de una autoridad moral que el fracturado Estado iraquí no ha logrado igualar. La versión de Trump de la geopolítica sólo se pregunta quién gana, mientras que la geoteología del Papa León se cuestiona qué queda de nuestra humanidad común una vez terminada la lucha por el poder.

Para las antiguas comunidades cristianas de Oriente Medio, se trata de una pregunta exenta de polémica. Su mera existencia aporta complejidad al mapa ultrasimplista que sólo divide entre “Oriente” y “Occidente”, y su supervivencia no suele encajar con los relatos o intereses políticos modernos. Mucha de la gente que habla en Estados Unidos (EEUU) de defender la Cristiandad pasa por alto a estos cristianos cuyas raíces en la región datan de varios siglos antes de la propia existencia de EEUU. En el discurso político estadounidense, estas comunidades autóctonas quedan relegadas al olvido cuando se reduce la región a un concepto simplista como “el mundo islámico”. No hablamos de personas recién llegadas a Oriente Medio, sino de poblaciones autóctonas. Viven ahí desde antes de que existiesen las banderas que ahora los gobiernan.

Las sucesivas convulsiones en lugares como Irak han desestabilizado de una manera irreversible la vida cristiana tradicional, sobre todo en los años posteriores a la invasión estadounidense. La violencia confesional, los secuestros, los bombardeos de iglesias y la emigración en masa han ido esquilmando poco a poco la vida de unas comunidades que habían perdurado durante siglos. El auge del denominado Estado Islámico en Mosul y en la llanura de Nínive exacerbó la ruptura al acelerar lo que muchos describen como un desmoronamiento existencial de la presencia comunitaria. Algo que había sobrevivido a imperios, dinastías y siglos de cambios en la región se vio abocado al borde de la desaparición en un lapso sorprendentemente breve. La guerra se vendió a la opinión pública estadounidense con el discurso de la democracia y la liberación, pero para muchos cristianos de la zona trajo consigo desplazamiento, miedo y aniquilación.

En esencia, los ataques de Trump al Papa León representan un encontronazo entre dos formas de entender EEUU. Lo que hace que el discurso del Papa León sea tan chocante para Trump y sus acólitos es su rechazo categórico a ese lenguaje tan característico de la simplificación y la excepcionalidad. Al igual que el niño que se atreve a afirmar que el emperador está desnudo, el Papa León saca a la luz la brecha que separa la retórica estadounidense de la vivencia real en lugares como Irak, Siria, el Líbano y Tierra Santa. Da voz a una región que ya no confía en el discurso made in America. Si Occidente no es capaz de reconocer la Cristiandad a menos que hable su propio acento, puede llegar el día en el que se percate de que algunas de las voces cristianas más antiguas sobre la faz de la Tierra ya habrán callado para siempre." 

( Real Instituto Elcano, 06/05/26)

29.4.26

¿Qué sucede cuando la lógica de la disuasión nuclear deja de ser una fría ecuación militar y se convierte en una cuestión de fe? ¿Cuando el dedo en el gatillo pertenece a quienes se creen instrumentos de un mandato divino irrevocable?... Esto no es un ejercicio de fantasía política. Es la cuestión sin resolver que subyace a la seguridad global... El desarme no ha sido recompensado; la negociación, como ha demostrado el caso libio, puede incluso acelerar su propio fracaso... Un mundo con veinte potencias nucleares, algunas impulsadas por nacionalismos religiosos radicales, otras inmersas en conflictos sin resolver entre sí, y sin mecanismos creíbles de desescalada: esta es quizás la configuración más peligrosa que la historia de la humanidad haya producido jamás... El caso israelí es el más complejo y el más urgente. El concepto de Eretz Israel Hashlemah —la Tierra de Israel en su totalidad, en sus versiones más extensas, desde el Nilo hasta el Éufrates— no es una mera curiosidad teológica, es una categoría política vigente en el actual gobierno israelí... Junto a esto se encuentra el cherem: el mandamiento bíblico del exterminio sagrado de los pueblos de la Tierra Prometida... Es en este contexto que debemos leer la llamada Doctrina Sansón –la doctrina nuclear israelí de último recurso– y la categoría que impone al pensamiento estratégico... Su mensaje es claro: aunque no poseáis la bomba, si nos lleváis al borde de la destrucción, responderemos con armas nucleares contra vuestras ciudades... es creíble no porque se base en la racionalidad instrumental, sino porque se fundamenta en una forma estructurada de irracionalidad... El momento de mayor peligro es la convicción de que las propias acciones son pasos necesarios en un plan que conduce al fin de la historia. En ese momento, la disuasión racional deja de funcionar (Vincenzo Pellegrino)

"DIOS, LA BOMBA ATÓMICA Y EL FIN DE LA DISUASIÓN NUCLEAR RACIONAL

Hay una pregunta que el mundo prefiere no formular, con la misma obstinación con la que evitamos mirar demasiado de cerca un precipicio: ¿qué sucede cuando la lógica de la disuasión nuclear deja de ser una fría ecuación militar y se convierte en una cuestión de fe? ¿Cuando el dedo en el gatillo pertenece a quienes se creen instrumentos de un mandato divino irrevocable?

Esto no es un ejercicio de fantasía política. Es la cuestión sin resolver que subyace a la seguridad global, una cuestión que la arquitectura de paz posterior a 1945 ha optado por ignorar, con la misma sistematicidad con la que ignoró lo más aterrador. Y es en torno a este vértigo que gira «La bomba de Abraham: Armas nucleares a la luz de la revelación bíblica», un dossier editado por el Centro de Estudios Aurora y cuyas líneas esenciales este artículo retoma y desarrolla. Un análisis interdisciplinario que abarca la geopolítica, la teología comparada y la teoría de la disuasión para ofrecer una visión clara de uno de los temas más explosivos —en el sentido más literal del término— de la actualidad: la relación entre las tres grandes tradiciones abrahámicas y las armas nucleares.

Un sistema que se puede desmontar pieza por pieza.

Para comprender nuestra situación actual, debemos analizar la secuencia de los últimos veinte años sin excepciones: Corea del Norte abandona el Tratado de No Proliferación Nuclear en 2004, Estados Unidos se retira del acuerdo nuclear con Irán en 2018, Rusia suspende el Nuevo START en 2023 y el Tratado de Euromisiles queda prácticamente anulado en 2019. Cada episodio, considerado de forma aislada, parecía una crisis manejable, una alteración en el orden establecido. Leídos en secuencia, estos acontecimientos revelan algo mucho más inquietante: el desmantelamiento progresivo del consenso internacional que hacía posible un mundo sin proliferación descontrolada.

La lección que esta secuencia ha dejado a los gobiernos es cruel por su sencillez: quienes poseen la bomba no se ven afectados. Quienes han renunciado a ella —o nunca la desarrollaron— permanecen expuestos. El desarme no ha sido recompensado; la negociación, como ha demostrado el caso libio, puede incluso acelerar su propio fracaso. Esta cruel pedagogía nos empuja inevitablemente hacia un mundo con muchas más potencias nucleares de las que conocemos hoy. Arabia Saudita, Turquía, Corea del Sur y Japón ya están considerando —con creciente seriedad— si el paraguas de otros países sigue siendo fiable.

Es difícil exagerar las implicaciones. Un mundo con veinte potencias nucleares, algunas impulsadas por nacionalismos religiosos radicales, otras inmersas en conflictos sin resolver entre sí, y sin mecanismos creíbles de desescalada: esta es quizás la configuración más peligrosa que la historia de la humanidad haya producido jamás.

El ingrediente que nadie quiere nombrar

Pero la geopolítica por sí sola no basta para llegar al fondo del asunto. Comprender los mecanismos de proliferación es necesario, pero no suficiente. Porque quienes gestionan esos arsenales lo hacen dentro de un horizonte de significado, una cosmovisión que moldea sus percepciones, sus límites de tolerancia y la propia definición de amenaza existencial. Y ese horizonte tiene cada vez más una dimensión religiosa que la ciencia de las relaciones internacionales ha erradicado sistemáticamente de su campo de visión, en una operación que se asemeja más a la represión que al rigor científico.

El caso israelí es el más complejo y el más urgente. El concepto de Eretz Israel Hashlemah —la Tierra de Israel en su totalidad, en sus versiones más extensas, desde el Nilo hasta el Éufrates— no es una mera curiosidad teológica relegada a las yeshivás. Es una categoría política vigente en el actual gobierno israelí, el más derechista de la historia del país, donde figuras destacadas hablan abiertamente de su mandato histórico y espiritual. Más de 700.000 colonos en Cisjordania están produciendo discretamente sobre el terreno, sin el coste político de la anexión formal, lo que la teología promete para la era mesiánica.

Junto a esto se encuentra el cherem: el mandamiento bíblico del exterminio sagrado de los pueblos de la Tierra Prometida, que se halla en el corazón del Deuteronomio. No es un texto vergonzoso que ocultar: es un precepto central, clasificado entre los 613 mandamientos de la tradición halájica. Su fundamento no es el odio étnico, sino la profilaxis espiritual: los pueblos cananeos amenazan la integridad religiosa de Israel, y su eliminación se concibe como un acto sagrado, una ofrenda. Los críticos históricos y arqueológicos tienen buenas razones para dudar de que esta conquista haya ocurrido realmente en la escala que describe el texto. Pero un texto no tiene por qué ser históricamente cierto para tener poder cultural y político: simplemente tiene que ser creído.

La Doctrina de Sansón, o de la asimetría total.

Es en este contexto que debemos leer la llamada Doctrina Sansón –la doctrina nuclear israelí de último recurso– y la categoría que impone al pensamiento estratégico, que hemos designado en el expediente como CNAD: Destrucción Nuclear Convencional Asegurada.

Para comprender su importancia, debemos recordar la lógica subyacente a la disuasión de la Guerra Fría. La Destrucción Mutua Asegurada (MAD) se basaba en una lógica simétrica: si se usaba la bomba, se perdía junto con el enemigo. Funcionaba porque presuponía dos actores racionales, ambos interesados ​​en su propia supervivencia y capaces de un cálculo frío. Un equilibrio de terror, en su geometría casi elegante.

La CNAD es algo radicalmente diferente y mucho más inquietante. Su mensaje no va dirigido a otra potencia nuclear: va dirigido a cualquier adversario, incluso a uno que no posea armas nucleares, que se acerque al umbral de una amenaza existencial.

Su mensaje es claro: aunque no poseáis la bomba, si nos lleváis al borde de la destrucción, responderemos con armas nucleares contra vuestras ciudades. No se trata de simetría, sino de una asimetría total. Y el umbral de activación no es ni objetivo ni verificable desde fuera: es subjetivo, depende de la percepción de quienes gobiernan, una percepción marcada por el recuerdo del Holocausto, el mandato teológico de Eretz Israel y el arquetipo de Sansón abrazando los pilares del templo enemigo, aceptando su propia muerte junto con la de todos los presentes.

La CNAD es creíble no porque se base en la racionalidad instrumental, sino porque se fundamenta en una forma estructurada de irracionalidad. Esto la hace, paradójicamente, más eficaz como elemento disuasorio, e infinitamente más peligrosa como doctrina operativa, en caso de que la disuasión fracase.

Las tres religiones y la tentación de lo sagrado

Sin embargo, sería miope limitar este análisis únicamente a la tradición judía. Las tres grandes religiones abrahámicas contienen, cada una a su manera, poderosos recursos para limitar la violencia, así como mecanismos igualmente poderosos para sacralizarla. La historia del riesgo nuclear es también la historia de cuál de los dos polos prevaleció y por qué.

En el cristianismo evangélico estadounidense, el dispensacionalismo premilenial —la teología que considera los conflictos de Oriente Medio como pasos necesarios hacia el Armagedón y el regreso de Cristo— produce una paradójica indiferencia estructural hacia la prevención de conflictos. Quienes creen que la escalada forma parte del plan divino no tienen ningún incentivo para detenerla. Esta no es una corriente marginal: ha permeado, explícita o indirectamente, décadas de debate sobre la política exterior estadounidense, influyendo en decisiones con consecuencias reales para millones de personas.

En el islam, el fiqh al-harb —las leyes islámicas de la guerra codificadas en el siglo VIII— es, de hecho, uno de los sistemas más sofisticados para limitar la violencia bélica en la historia del pensamiento humano. El Corán prohíbe explícitamente el fasad fil-ard, la corrupción y devastación de la tierra: una prohibición que, aplicada consecuentemente, haría radicalmente ilegítimas las armas nucleares. Sin embargo, el principio de maslaha —el interés público superior que, en circunstancias excepcionales, puede prevalecer sobre las normas ordinarias— se ha invocado para eludir precisamente lo que prohíben dichas normas, generando la paradoja de la llamada «bomba islámica» de Pakistán.

En cada tradición, la selección que realiza el nacionalismo religioso es la misma: enfatiza los recursos que legitiman la violencia, mientras oculta aquellos que la moderan. El mandato territorial del sionismo religioso eclipsa la crítica profética interna de Amós y Jeremías. El dispensacionalismo cristiano eclipsa las Bienaventuranzas. El islamismo político silencia la prohibición coránica de la devastación y la tradición de Sulh al-Hudaybiyyah —la paz aceptada por el Profeta incluso en condiciones de humillación—. A cada tradición se le amputan sus voces más incómodas.

El punto de no retorno

El momento de mayor peligro —cuando la teología y la estrategia nuclear convergen de forma explosiva— se produce cuando un liderazgo empieza a interpretar su situación desde una perspectiva escatológica. No se trata simplemente de creer que el Estado tiene un mandato divino: es la convicción de que las propias acciones son pasos necesarios en un plan que conduce al fin de la historia. En ese momento, la disuasión racional deja de funcionar. No porque los actores sean malvados —ese sería un análisis demasiado simplista—, sino porque su estructura de pensamiento es cerrada, autorreferencial e impermeable a la evidencia en contrario. Esta es la configuración de mayor riesgo que han identificado los analistas de seguridad: no la intención de destruir, sino la imposibilidad de ser disuadidos.

La elección que ninguna doctrina puede hacer por nosotros

Sin embargo, la historia no es una trayectoria predeterminada, y sería deshonesto concluir que lo es. El Tratado de No Proliferación de 1968 parecía imposible hasta la víspera de su firma. El diálogo entre Kennedy y Khrushchev en octubre de 1962 no estaba escrito: fue la decisión personal, difícil y nada obvia de dos hombres de no destruir el mundo. Sudáfrica desmanteló voluntariamente su arsenal. Mandela optó por la reconciliación cuando la venganza habría sido comprensible. Ninguna de estas decisiones fue inevitable: fueron contingentes, costosas, posibles solo porque quienes las tomaron tenían acceso a una visión del mundo en la que el valor de la vida humana prevalecía sobre la lógica de la confrontación.

La pregunta que sigue abierta —y que nos concierne a todos, no solo a los gobiernos— no es si la humanidad es capaz de construir la bomba. Lo ha sido durante ochenta años y siempre lo será. La pregunta es si es capaz de elegir, con los pilares del templo en sus manos, no usarla. ¿Sobre qué fundamento construye esa elección? ¿Y si los libros que considera sagrados la ayudarán o la obstaculizarán?"

(Vincenzo Pellegrino, El Viejo topo, 27/04/26, fuente La Fionda)

28.4.26

Paula White, empleada en la Casa Blanca como asesora principal de la Oficina de la Fe, a vende bendiciones divinas incluso a precios superiores a los 1.000 dólares... me ha sorprendido es que eso haya llamado la atención... Trump lo ha reconocido, que algunos de sus amigos y familiares han ganado miles de millones de dólares utilizando información privilegiada... Paula White no ha inventado nada... Lo escandaloso es que Paula White use como gancho comercial un texto sagrado dedicado, precisamente, a condenar todas aquellas acciones que habitualmente lleva a cabo su jefe... al libro del Éxodo, que dice "No angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto"... Trump ni siquiera sabe distinguir entre el Antiguo y el Nuevo Testamento... Pete Hegseth recitó una frase de la película Pulp Fiction como si fuese de la Biblia... Isabel Díaz Ayuso no sabe ni rezar el Padre Nuestro en los actos religiosos a los que va... Es una obra maestra del cinismo que ponen en práctica los líderes de la extrema derecha... Detrás de esas farsas no hay fe. Es pura escenografía. Es la religión utilizada una vez más como decorado del poder y Dios convertido en logotipo de una estrategia política que oculta su sustancia real: deportaciones masivas, guerra, humillación de los débiles, acumulación desenfrenada, y un desprecio sistemático por todo lo que las tradiciones religiosas han podido tener de bueno durante siglos... La ironía de la historia es que el único dirigente mundial que posiblemente ha censurado sus actos ilegales con más claridad, dignidad, determinación y valentía ha sido un líder religioso, el Papa León XIV (Juan Torres López)

 "Hace unas semanas se destapó un escándalo en ciertos ambientes de Washington. Paula White, telepredicadora evangelista y ahora empleada en la Casa Blanca, exactamente como asesora principal de la Oficina de la Fe, estaba vendiendo bendiciones divinas incluso a precios superiores a los 1.000 dólares.

Lo que a mí me ha sorprendido es que eso haya llamado la atención.

El jefe de White está vendiendo todo lo que tiene a su alcance. Se ha demostrado, y el propio Trump lo ha reconocido, que algunos de sus amigos y familiares han ganado miles de millones de dólares utilizando información privilegiada. Ha prometido construir resorts de lujo en la tierra robada al pueblo palestino, donde Israel, con su ayuda, ha cometido un genocidio. Si en el capitalismo todo puede convertirse en mercancía —la vivienda, la salud, incluso partes del cuerpo humano, o bebés—, lo sorprendente no puede ser que alguien venda bendiciones y otras gracias divinas. Paula White no ha inventado nada. ¿Por qué no podría vender la bendición de Dios que ofrece en la Casa Blanca? Bien mirado, hasta se podría considerar que reclamar unos cientos de dólares por ofrecer la gracia divina es una ganga.

Lo que a mí si me parecería más criticable es que a esta pastora evangélica se le haya escapado un pequeño detalle a la hora de justificar espiritualmente su oferta religioso-comercial.

Para legitimarla, la asesora espiritual de Donald Trump recurrió a pasajes de la Biblia y concretamente al libro del Éxodo que asegura larga vida, abundancia, herencia y un año especial de bendición a quien lleve una ofrenda de Pascua a la casa del Señor.

El pequeño detalle que olvida quien ejerce de guía espiritual de Donald Trump es que en ese libro se establecen igualmente otros preceptos: "No admitirás falso rumor (...) No seguirás a los muchos para hacer mal (...) De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos (...) No angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto".

Lo escandaloso es que Paula White use como gancho comercial un texto sagrado dedicado, precisamente, a condenar todas aquellas acciones que habitualmente lleva a cabo su jefe.

Puro teatro

Lo que estamos viendo en la Casa Blanca de la mano de los predicadores evangelistas multimillonarios no es un ejercicio más de hipocresía ordinaria. Es una obra maestra del cinismo que ponen en práctica los líderes de la extrema derecha en muchos países.

En 2015, cuando Trump ya era candidato presidencial y llevaba semanas proclamando que la Biblia era su libro favorito por encima de todo, un periodista le hizo una pregunta ingenua y sencilla: ¿Cuál es su versículo favorito? No supo responder y ni siquiera distinguir entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Cuando en otra ocasión, quizá ya advertido, se atrevió a citar un versículo eligió el del "ojo por ojo". Justo el que Jesucristo condenó expresamente en el Sermón de la Montaña. Cuando una cadena cristiana le preguntó que quién era Dios para él, Trump le respondió "Dios es lo máximo", y pasó enseguida a contar la forma en que había cerrado un gran acuerdo para construir un campo de golf.

Algo parecido le ocurre a otros altos miembros de su administración. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha protagonizado quizá el momento más ridículo y memorable. Quiso manifestar que impulsa guerra y la violencia por mandato divino y para ello recitó una frase especialmente sanguinaria como si fuese de la Biblia cuando, en realidad, forma parte del guión de la película Pulp Fiction de Quentin Tarantino.

En España tenemos algo parecido. Isabel Díaz Ayuso, se proclamó en su día no creyente, ahora -ya encumbrada como dirigente de la derecha extrema- dice serlo, pero no sabe ni rezar el Padre Nuestro en los actos religiosos a los que va.

Los partidos políticos españoles de derechas presumen de fe y defensa de la religión católica pero, persiguen a los inmigrantes y retiran ayudas a las organizaciones que llevan a cabo una ejemplar labor de ayuda a los empobrecidos. Defienden la privatización sanitaria que abandona a los más vulnerables, desprecian el derecho de asilo y abrazan el individualismo y la falsa meritocracias (el que triunfa es porque trabaja, el que fracasa es porque no se esfuerza) como si fuera un valor evangélico.

Lo que hay detrás

Detrás de todo ello hay algo que va más allá que simple hipocresía individual. Se hace uso político de la religión porque esta puede proporcionar legitimación moral que está por encima de cualquier cuestionamiento humano. Si una política de deportaciones masivas, de guerra, de privatizaciones y abandono de los más débiles responde a la voluntad de Dios o a la defensa de la civilización cristiana, no puede debatirse en términos políticos ordinarios, pues ningún ser justo puede oponerse a su voluntad suprema. Lo que se justifica como mandato divino deja de ser una opción entre otras para convertirse en una verdad de orden superior, ante la que no caben argumentos ni datos.

El negocio de las bendiciones a mil dólares no es una anécdota. Es el modelo en miniatura de toda la operación. En lugar de tomar y seguir los textos que hablan de justicia, de desterrados, de lágrimas sembradas en tierra ajena, de cuidar y proteger a los pobres, se vacía de su contenido ético a los textos sagrados. Se les da la vuelta y se les vende, literalmente hablando, haciendo creer que quien puede pagar, compra la gracia de Dios.

Un presidente que no sabe citar un versículo de la Biblia que dice ser su libro favorito se representa a sí mismo como Jesús. Su secretario de Guerra confunde la Biblia con un guión de Tarantino. La pastora se hace millonaria apoyándose en salmos que, en realidad, piden defender a quien su jefe deporta y asesina. La presidenta madrileña que no sabe ni una sola oración se presenta como abanderada de la civilización cristiana...

Detrás de esas farsas no hay fe. Es pura escenografía. Es la religión utilizada una vez más como decorado del poder y Dios convertido en logotipo de una estrategia política que oculta su sustancia real: deportaciones masivas, guerra, humillación de los débiles, acumulación desenfrenada, y un desprecio sistemático por todo lo que las tradiciones religiosas han podido tener de bueno durante siglos.

La ironía de la historia es que el único dirigente mundial que le ha dicho a Donald Trump que no le tiene miedo, y el que posiblemente ha censurado sus actos ilegales con más claridad, dignidad, determinación y valentía ha sido un líder religioso, el Papa León XIV. Un estadounidense que ha pasado cuatro décadas de su vida trabajando entre los pobres del Perú. No entre los poderosos, ni en los grandes despachos.

Claramente y sin tapujos, ha señalado y denunciado lo que Trump está provocando: "Demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe alzar la voz (...) No tengo miedo a Trump. Seguiré hablando contra la guerra (...) El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos".

Las palabras del Papa reconfortan a las gentes de bien, sea cual sea su credo o ideología, y son muy de agradecer. Ahora hace falta que actúe con semejante decisión y espíritu evangélico para poner orden en el seno de su propia Iglesia. Su larga historia de connivencia con el poder resulta difícil de ignorar porque aún no ha finalizado. La venta de indulgencias —el perdón de los pecados a cambio de dinero— que desencadenó la Reforma protestante en el siglo XVI es el antecedente exacto de lo que ahora hace Paula White. Y multitud de obispos y jerarcas católicos apoyan hoy día con toda naturalidad las políticas de Trump y de la extrema derecha que persiguen y maltratan a los inmigrantes y empobrecidos, recortan derechos sociales y abandonan a las personas y familias más vulnerables, defienden para sí privilegios medievales, o han hecho que la Iglesia se apropie, como en España, de miles de propiedades que no eran suyas."

(Juan Torres López, blog, 25/04/26) 

31.3.26

Antonio De Lauri, Christian Michelsen Institute: Una de las características más preocupantes de la política de la era Trump es que ha normalizado una forma de absolutismo religioso, especialmente en su variante sionista cristiana, como base legítima para la política pública... aunque muchos cristianos estadounidenses rechazan el sionismo cristiano y se oponen a la sacralización de la guerra y la ocupación... a la convergencia del trumpismo, el poder evangélico, el cristianismo militarizado y una agenda pro-Israel incondicional que trata cada vez más la expansión territorial y la dominación permanente como moralmente justas, incluso divinamente sancionadas... El sionismo cristiano no es una característica decorativa del trumpismo; es uno de los lenguajes morales a través del cual el poder se justifica a sí mismo. Santifica la jerarquía, reformula la ocupación como pacto y convierte la guerra en destino... Una vez que las reclamaciones territoriales se vuelven bíblicas y la fuerza militar se envuelve en simbolismo sagrado, el debate político se vuelve más difícil, el compromiso se convierte en pecado y la dominación comienza a disfrazarse de fe. El ritual de la "imposición de manos" en la Oficina Oval el 5 de marzo de 2026, durante el cual destacadas figuras evangélicas se reunieron alrededor de Donald Trump, colocando sus manos sobre sus hombros y brazos mientras oraban por él, personifica esta convergencia. No es simplemente una muestra de devoción personal, sino una representación performativa de la teología política: un momento en el que la autoridad espiritual y el poder ejecutivo se fusionan, reforzando la idea de que el liderazgo político en sí mismo está divinamente sancionado

"Una de las características más preocupantes de la política de la era Trump no es simplemente el nacionalismo, el estilo autoritario o el desprecio por las instituciones. Es la medida en que grandes partes de la administración y su ecosistema circundante han normalizado una forma de absolutismo religioso, especialmente en su variante sionista cristiana, como base legítima para la política pública. Esto es más claramente visible en relación con Israel-Palestina, donde las afirmaciones bíblicas, la imaginación apocalíptica y la retórica civilizacional se filtran cada vez más en el lenguaje estatal, el cabildeo y la diplomacia.

Esta no es una historia sobre la religión en la política en el sentido amplio. La política estadounidense siempre ha estado saturada de religión. Tampoco es una historia sobre los cristianos estadounidenses como tales, muchos de los cuales rechazan el sionismo cristiano y se oponen a la sacralización de la guerra y la ocupación. Es, más bien, una historia sobre una formación ideológica específica: la convergencia del trumpismo, el poder evangélico, el cristianismo militarizado y una agenda pro-Israel incondicional que trata cada vez más la expansión territorial y la dominación permanente como moralmente justas, incluso divinamente sancionadas.

Consideremos a Pete Hegseth, que ahora se desempeña como secretario de defensa de Estados Unidos. Sus tatuajes incluyen tanto "Deus Vult" (el lema medieval de los cruzados que significa "Dios lo quiere") como la Cruz de Jerusalén, un símbolo con una larga historia cristiana que también ha sido adoptado por algunos grupos de extrema derecha como emblema de la lucha por la "civilización occidental". El simbolismo importa, especialmente cuando se alinea con una cosmovisión más amplia. El comentario público de Hegseth ha empleado durante mucho tiempo un lenguaje con tintes de cruzada y ha presentado la política en términos civilizacionales. En un entorno político ya inclinado a enmarcar el conflicto como existencial y redentor, tales imágenes no son meramente ornamentales. Señala un universo moral en el que la fuerza puede ser imaginada como un deber sagrado.

Luego está Paula White-Cain, la asesora espiritual de Trump desde hace mucho tiempo, que ahora se desempeña como asesora principal de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, creada en febrero de 2025. White no es una pastora marginal que ofrece asesoramiento privado; es un actor institucional en el centro del alcance religioso de la administración. Su prominencia ilustra cómo el liderazgo evangélico carismático se ha incorporado directamente al poder ejecutivo. Cualquiera que sea la diversidad interna que exista dentro del evangelicalismo, el papel de White proporciona acceso formal y legitimidad simbólica a un bloque religioso-político que ha hecho del apoyo inquebrantable a Israel un elemento central de su vocabulario moral.

Ese bloque tiene fuerza organizativa. Cristianos Unidos por Israel (CUFI) se describe a sí misma como la organización pro-Israel más grande de los Estados Unidos, con más de 10 millones de miembros. Presenta su misión en términos explícitamente activistas: educar y movilizar a los cristianos "con una sola voz en defensa de Israel y el pueblo judío". CUFI no es simplemente un grupo de electores; es una infraestructura masiva para traducir la creencia profética en presión de cabildeo. Cuando las narrativas bíblicas se convierten en influencia política organizada a esta escala, dan forma al rango de lo que los funcionarios electos pueden decir y hacer.

El Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC) es diferente, pero no menos importante. Es una importante organización de cabildeo pro-Israel que desempeña un papel clave en la configuración de la relación entre Estados Unidos e Israel. Su cosmovisión es más convencionalmente estratégica que teológica. Sin embargo, en la práctica, las agendas de grupos como AIPAC a menudo convergen con las de las redes sionistas cristianas, produciendo un campo político estadounidense en el que los costos de apoyar la ocupación israelí, la expansión de los asentamientos o las reivindicaciones territoriales maximalistas se reducen drásticamente. La teología y el cabildeo no son idénticos, pero son políticamente complementarios.

 La propia arquitectura institucional de la administración refuerza esta tendencia. En febrero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva creando el Grupo de Trabajo para Erradicar el Sesgo Anticristiano, liderado por la Fiscal General Pam Bondi. Sobre el papel, la iniciativa se presenta como una protección a los cristianos contra la discriminación. En la práctica, tales movimientos corren el riesgo de profundizar una política de agravio y excepcionalismo cristianos, presentando al Estado como el guardián de una fe mayoritaria supuestamente asediada justo en el momento en que el lenguaje nacionalista cristiano se está afianzando más en el poder público.

La retórica se vuelve aún más clara en el caso de Elise Stefanik. Durante su audiencia de confirmación de enero de 2025 para el puesto de la ONU, Stefanik respaldó la afirmación de que Israel tiene un "derecho bíblico" a Cisjordania. La importancia no reside solo en la propia observación, sino en lo que revela: una disposición a desplazar el derecho internacional, la diplomacia y los derechos políticos palestinos con una escritura sagrada. Aunque su nominación fue retirada posteriormente, la declaración sigue siendo políticamente reveladora.

Mike Huckabee, ahora embajador de Estados Unidos en Israel, ha encarnado durante mucho tiempo esta misma lógica. Se le describe ampliamente como un firme partidario evangélico de Israel y un defensor de larga data de los asentamientos judíos en Cisjordania ocupada. Su política no es simplemente "pro-Israel"; está arraigada en una lectura teológica de la tierra, la soberanía y la historia que se alinea estrechamente con el sionismo cristiano. Esa cosmovisión reduce el espacio para cualquier política basada en la igualdad, el derecho internacional o la genuina autodeterminación palestina.

Esta alineación se ve claramente reforzada por la relación con el liderazgo político israelí. Si bien Benjamín Netanyahu se ha involucrado estratégicamente con audiencias evangélicas y redes sionistas cristianas, no está solo. Figuras extremistas como Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir se han basado explícitamente en justificaciones religiosas para articular sus reclamos territoriales y deshumanizar a los palestinos. Esto no implica una simple superposición ideológica con el sionismo cristiano estadounidense, sino que destaca una convergencia creciente en la que las narrativas teológicas y los intereses estatales se cruzan, reforzando mutuamente un entorno político donde las ideologías extremistas y las políticas militares adquieren legitimidad tanto estratégica como simbólica.

Crucialmente, este marco ideológico no se limita a Israel-Palestina. Se extiende a imaginarios geopolíticos más amplios, incluyendo la guerra en Irán, donde segmentos del mismo ecosistema evangélico interpretan el conflicto a través de lentes apocalípticos y civilizacionales. En tales narrativas, la confrontación geopolítica no es meramente estratégica, sino parte de una lucha más amplia y divinamente ordenada. El efecto es erosionar aún más el espacio para la diplomacia, replanteando la guerra como destino en lugar de como una elección política contingente y evitable.

En el centro de esta configuración se encuentra el propio Donald Trump. Trump no es un actor religioso convencional, ni articula consistentemente una cosmovisión teológica coherente. Su relación con la religión ha sido en gran medida instrumental y políticamente orientada, más que doctrinal. Es precisamente este pragmatismo lo que ha permitido una alineación particularmente efectiva con los votantes sionistas cristianos. El enfoque de Trump hacia Israel ha combinado el cálculo estratégico con gestos simbólicos que tienen una profunda resonancia teológica para sus partidarios evangélicos. Decisiones como el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, el reconocimiento de la soberanía israelí sobre territorios disputados y la constante evitación de presionar sobre la expansión de los asentamientos no han sido enmarcadas en términos explícitamente religiosos por el propio Trump. Sin embargo, han sido interpretados fácilmente dentro de un marco sionista cristiano como afirmaciones de la promesa bíblica y el cumplimiento profético, en línea con la visión del "Gran Israel". La importancia de Trump reside menos en la creencia personal que en el cálculo político: ha traducido un conjunto de expectativas con tintes religiosos en cambios concretos de política, manteniendo al mismo tiempo la suficiente ambigüedad para que estos compromisos sean legibles tanto como opciones estratégicas como imperativos morales.

 Tomadas en conjunto, estas cifras e instituciones revelan un patrón más profundo. El sionismo cristiano no es una característica decorativa del trumpismo; es uno de los lenguajes morales a través del cual el poder se justifica a sí mismo. Santifica la jerarquía, reformula la ocupación como pacto y convierte la guerra en destino. Su extensión más allá de Israel-Palestina hacia escenarios de conflicto más amplios subraya los riesgos de permitir que el absolutismo teológico moldee la política estatal.

Su peligro reside precisamente en esta fusión de trascendencia y política. Una vez que las reclamaciones territoriales se vuelven bíblicas y la fuerza militar se envuelve en simbolismo sagrado, el debate político se vuelve más difícil, el compromiso se convierte en pecado y la dominación comienza a disfrazarse de fe. El ritual de la "imposición de manos" en la Oficina Oval el 5 de marzo de 2026, durante el cual destacadas figuras evangélicas se reunieron alrededor de Donald Trump, colocando sus manos sobre sus hombros y brazos mientras oraban por él, personifica esta convergencia. No es simplemente una muestra de devoción personal, sino una representación performativa de la teología política: un momento en el que la autoridad espiritual y el poder ejecutivo se fusionan, reforzando la idea de que el liderazgo político en sí mismo está divinamente sancionado y que la acción estatal puede ser dotada de legitimidad sagrada." 

(Antonio De Lauri, focaal blog, 27/03/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

León XIV: "Este es nuestro Dios, Jesús, Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra... No escucha las oraciones de los que hacen la guerra, sino que las rechaza, diciendo: 'Aunque hagan muchas oraciones, no las escucharé: sus manos están llenas de sangre'"... las palabras del Papa León sirven como un crudo recordatorio de que cierta autoridad religiosa y moral puede responsabilizar a los líderes cuando la conveniencia política ignora el costo humano... porque otra corriente más oscura del cristianismo está alimentando activamente las llamas de la guerra. Decenas de comandantes militares estadounidenses supuestamente han enmarcado el ataque de Trump contra Irán como una misión mesiánica, invocando retórica apocalíptica para justificar el derramamiento de sangre... esta teología del fin de los tiempos transforma a los soldados comunes en creyentes en un mandato divino para la violencia, convirtiendo las decisiones estratégicas en ensayos para un final bíblico... mientras una rama del cristianismo predica la paz, otra está utilizando la fe misma como arma para racionalizar la destrucción, un cisma moral que subraya hasta qué punto la política ha distorsionado la religión al servicio de la ambición imperial, ¿qué camino prevalecerá: el mensaje de paz, amor y armonía, o la lógica apocalíptica del fin de los tiempos que parece guiar a nuestros líderes hoy en día? (Joshua Scheer)

 "A medida que aumentan las tensiones con Irán, el Papa León XIV utilizó la misa del Domingo de Ramos de este año para lanzar una aguda reprimenda moral, una que cae directamente en el escenario político. Hablando en la Catedral de San Pancrazio en Albano Laziale, Italia, el Papa dejó claro que Jesús no es una figura que deba ser cooptada para justificar la guerra.

Escribiendo en X.com

"Este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra", declaró el Papa, invocando las Escrituras para condenar la violencia y la manipulación de la fe con fines políticos. "No escucha las oraciones de los que hacen la guerra, sino que las rechaza, diciendo: 'Aunque hagan muchas oraciones, no las escucharé: sus manos están llenas de sangre'" (Is 1:15).

El sermón llega en un momento particularmente explosivo. Mientras el expresidente Donald Trump se prepara para un posible ataque terrestre contra Irán, según informes, los analistas advierten que Estados Unidos se precipita hacia un fracaso predecible, uno que era esperado por todos menos por el idiota, el títere fascista que tenemos actualmente en la Casa Blanca. "El problema de Trump es que, independientemente de las afirmaciones que pueda hacer sobre el daño a la capacidad nuclear y militar de Irán, que es sustancial, el régimen sobrevive, la economía internacional se ha visto gravemente interrumpida y las facturas siguen llegando", dice un experto que sigue la escalada.

El discurso del Domingo de Ramos también señala un rechazo cultural más amplio contra las narrativas belicistas, especialmente aquellas que buscan encubrir políticas violentas con la retórica de la rectitud. Al denunciar la guerra como fundamentalmente incompatible con las enseñanzas de Jesús, el Papa León no solo está desafiando las acciones de un solo líder, sino también los sistemas que permiten ciclos repetidos de conflicto bajo la apariencia de interés nacional.

Para los observadores de la política exterior estadounidense, el sermón del Papa es más que un mensaje espiritual: es un espejo moral que refleja las consecuencias de un camino definido cada vez más por la agresión, la interrupción económica y el compromiso ético.

Los críticos dicen que el sermón destaca una creciente desconexión moral entre la clase política y las normas éticas globales. En un momento en que las acciones militares estadounidenses en el extranjero están bajo un escrutinio cada vez mayor, desde acusaciones de uso de minas terrestres en Irán hasta extralimitación militar interna, las palabras del Papa León sirven como un crudo recordatorio de que cierta autoridad religiosa y moral puede responsabilizar a los líderes cuando la conveniencia política ignora el costo humano.

Porque mientras el Papa León XIV pide la paz, otra corriente más oscura del cristianismo está alimentando activamente las llamas de la guerra. Decenas de comandantes militares estadounidenses supuestamente han enmarcado el ataque de Trump contra Irán como una misión mesiánica, invocando retórica apocalíptica para justificar el derramamiento de sangre. Según las quejas presentadas ante la Fundación para la Libertad Religiosa Militar, a algunos oficiales se les dijo que Trump ha sido "ungido por Jesús para encender la hoguera de señales en Irán, provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra". El secretario de Guerra Pete Hegseth, un nacionalista evangélico declarado, ha remodelado el liderazgo militar para reflejar esta visión del mundo extremista. Los críticos advierten que esta teología del fin de los tiempos transforma a los soldados comunes en creyentes en un mandato divino para la violencia, convirtiendo las decisiones estratégicas en ensayos para un final bíblico. En efecto, mientras una rama del cristianismo predica la paz, otra está utilizando la fe misma como arma para racionalizar la destrucción, un cisma moral que subraya hasta qué punto la política ha distorsionado la religión al servicio de la ambición imperial.

La idea de que Trump de alguna manera está trayendo el Armagedón con esta guerra no es solo un parloteo marginal en las redes sociales, sino que está arraigada en informes serios. Según las quejas presentadas ante la Fundación para la Libertad Religiosa Militar, los comandantes militares supuestamente han dicho a las tropas estadounidenses que "el presidente Trump ha sido ungido por Jesús para encender la hoguera de señales en Irán, provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra". La fundación afirma que más de 200 miembros del servicio de todas las fuerzas armadas informaron de una retórica apocalíptica similar relacionada con la guerra de Irán.

Entonces, ¿qué camino prevalecerá: el mensaje de paz, amor y armonía, o la lógica apocalíptica del fin de los tiempos que parece guiar a nuestros líderes hoy en día? Mientras escribo esto, la elección se siente urgente. Insto a los lectores a conectarse con grupos que ayudan activamente a las personas, a abogar por la rendición de cuentas y a rezar para que los líderes que impulsan esta locura sean removidos del poder, tal vez dejando el verdadero Armagedón reservado para aquellos en la cima."

(Joshua Scheer, Scheer Post, 30/03/26, traducción Quillbot,