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9.7.26

La soberanía digital consiste en que la digitalización esté diseñada por defecto para que quienes la usen (las instituciones sí, pero sobre todo las personas) mantengan conocimiento y control sobre sus datos y contenidos. Es decir: puedan acceder a los servidores y analizar el código... Muy pocos países están actuando realmente. A destacar, Francia y Alemania. Estos países han lanzado un consorcio, el EDIC de Digital Commons, que realmente marcará la diferencia en la UE. Es una estructura europea para impulsar infraestructuras digitales soberanas, tecnología abierta y bienes comunes digitales, y… ¡financiarlas! Todavía no hemos conseguido que España se sume al EDIC... El Deutschland-Stack orienta la infraestructura pública hacia tecnologías soberanas, interoperables y conectables a escala europea, con estándares abiertos, reducción del lock-in (clientes cautivos) y uso prioritario de open source o proveedores europeos soberanos... ninguno es de las big tech (no aparecen DOCX, XLSX ni PPTX), todos son estándares abiertos (ODF y PDF/UA)... Y aquí empieza una tremendísima disonancia cognitiva: la UE son una serie de enormes edificios, todos ellos digitalizados en su totalidad con Microsoft... la Comisión ha anunciado que quiere impedir que gobiernos o empresas extranjeras puedan cortar servicios tecnológicos críticos en Europa. No servirá de nada si no podemos auditar las instalaciones... Si los contratos públicos no cambian, la soberanía digital es solo discurso vacío. En Europa, que además sufre un declive industrial desde los años noventa, es absurdo y catastrófico no aprovechar lo que ofrece la era digital (Simona Levi)

"Otra vez: este mes Europa ha lanzado su llamada “estrategia de soberanía tecnológica”. Podemos alegrarnos. Pero no nos engañemos: no es la primera, ni será la última, y sea como sea llegarán tarde. Hay mucho más discurso que acción en una clase política siempre tentada por el canto de sirena de las grandes multinacionales tecnológicas, que les hace creer que pueden resolver todos sus problemas sin necesidad de que los entiendan ni de que tengan que pagar por ello.

Las big tech no son internet. Son una forma concreta de apropiación de internet. Y el problema no son “las pantallas”, ni “los usuarios”, ni “la tecnología”. El problema es el poder: quién controla la infraestructura, quién decide las condiciones de acceso, quién puede apagar un servicio, cambiar unilateralmente las reglas, capturar datos, imponer formatos, bloquear contenidos, condicionar la contratación pública o convertir nuestras comunicaciones en materia prima para su negocio.

Antes de adentrarnos en un mapeo de la situación, quiero advertir de que la soberanía digital de la que yo quiero hablar es la soberanía digital de las personas y de las sociedades. Tal y como pormenorizo en Digitalización Democrática. Soberanía Digital para las Personas, la soberanía no consiste solo en que Europa o un Estado sustituyan proveedores extranjeros por proveedores nacionales, sino en que la digitalización esté diseñada por defecto para que quienes la usen (las instituciones sí, pero sobre todo las personas) mantengan conocimiento y control sobre sus datos y contenidos. Es decir: puedan acceder a los servidores y analizar el código.

Así que veamos cómo está la situación. Muy pocos países están actuando realmente. A destacar, Francia y Alemania, con Países Bajos, aunque estos últimos han quedado algo rezagados tras los últimos dos cambios de gobierno. Estos países han lanzado un consorcio, el EDIC de Digital Commons, que realmente marcará la diferencia en la UE. Es una estructura europea para impulsar infraestructuras digitales soberanas, tecnología abierta y bienes comunes digitales, y… ¡financiarlas! Porque si hablas mucho, pero no financias, la soberanía digital no sucederá. La licitación pública, como veremos, es lo que demuestra si un país de verdad está apostando o no. A pesar de que, como Xnet, llevamos tres años insistiendo, todavía no hemos conseguido que España se sume al EDIC.

Alemania

El Deutschland-Stack orienta la infraestructura pública hacia tecnologías soberanas, interoperables y conectables a escala europea, con estándares abiertos, reducción del lock-in (clientes cautivos) y uso prioritario de open source o proveedores europeos soberanos. El IT-Planungsrat aprobó en marzo de 2026 que los estándares del Deutschland-Stack sean base vinculante para sus soluciones y acto seguido lista lo que ha hecho: ninguno es de las big tech (no aparecen DOCX, XLSX ni PPTX), todos son estándares abiertos (ODF y PDF/UA). Una forma educada para señalar la puerta a los gigantes tecnológicos: está construyendo una arquitectura pública donde Microsoft deja de ser el estándar por defecto. La Sovereign Tech Agency ha financiado Mastodon, es decir, infraestructura social federada y abierta, mientras los servicios de inteligencia alemanes evitan software de Palantir en ámbito militar poniendo su seguridad nacional por delante, cuando España ha adjudicado públicamente a Palantir al menos 16,8 millones de euros para inteligencia militar, mediante dos contratos del Ministerio de Defensa, ambos negociados sin publicidad y con un solo licitador.

Francia

Hace mucho que a Francia le preocupa su soberanía digital. Desde la Loi pour une République numérique de 2016, Francia decidió abrir el código fuente de simuladores usados por la administración para sus cálculos impositivos con el fin de aumentar la transparencia de impuestos y prestaciones. En 2021, el Ministerio de Educación consideró que Office 365 y Google Workspace no debían desplegarse en centros escolares, por su incompatibilidad con el RGPD, Schrems II y la doctrina francesa “Cloud au centre”. En Francia pesan en particular criterios como que las big tech se saltan la licitación pública por ser gratuitas. Actualmente el propio Conseil de l’IA et du numérique francés aplica una fórmula ambiciosa que desde el activismo digital llevamos tiempo defendiendo: la soberanía digital debe organizarse con la cooperación entre lo público, lo privado y los comunes digitales. En general la Administración se está organizando para abandonar Microsoft.

Unión Europea

Y aquí empieza el lío. Tremendísima disonancia cognitiva: por un lado cuento una cosa y, por otro, hago lo contrario. Como pollos sin cabeza, si pensamos en el lugar del que sale el famoso plan de soberanía digital: la UE son una serie de enormes edificios, todos ellos digitalizados en su totalidad con Microsoft.
Se discute EU OS, un sistema operativo basado en Linux y funcionarios europeos están siendo forzados a abandonar WhatsApp para comunicaciones profesionales. Pero aquí aparece la primera trampa: confundir soberanía con sustitución de proveedor. Que el Parlamento Europeo ponga Qwant como buscador por defecto en lugar de Google puede ser un gesto interesante. Pero Qwant no es software libre ni infraestructura común. Es una alternativa europea, y eso puede tener sentido geopolítico, pero no resuelve por sí solo el problema democrático de fondo. Si cambiamos un monopolio estadounidense por un proveedor europeo cerrado, hemos reducido una dependencia, pero no hemos construido soberanía para las personas.

Lo mismo ocurre con los grandes anuncios de contratos y financiación para empresas tecnológicas europeas en cloud, centros de datos, semiconductores e IA. Si esa financiación pública no se condiciona a estándares abiertos, interoperabilidad, auditabilidad, reversibilidad, licencias libres y retorno público de la inversión, estaremos financiando nuevos oligopolios privados con dinero público. Serán más europeos, pero no necesariamente más democráticos.

Incluso en las políticas gubernamentales de los EEUU de Trump, la férrea defensa de las big tech monopolísticas no implica dejar caer el free software; todo lo contrario: lo incorpora como pieza estratégica. La Genesis Mission y el America’s AI Action Plan, los grandes planes gubernamentales para la hegemonía tecnológica estadounidense, reservan un papel explícito a los modelos open source: aceleran la innovación, permiten a startups y universidades no depender completamente de proveedores cerrados, facilitan la investigación reproducible y ofrecen a empresas y administraciones una vía para trabajar con datos sensibles sin entregarlos necesariamente a modelos opacos. El nombramiento como director de Genesis Mission de Darío Gil, que apostó por modelos Granite open source bajo licencia Apache 2.0, refuerza esta lectura. Si incluso una estrategia estadounidense de supremacía tecnológica considera imprescindible el open source, Europa no puede hablar seriamente de soberanía sin situar el software libre y los comunes digitales en el centro. ¿A qué esperamos?

Si un proveedor o gobierno extranjero puede interrumpir servicios esenciales, la soberanía política es una ficción

Hay un elemento más referente a la soberanía de los Estados del que por fin la UE comienza a hablar: “kill switches” o capacidades de interrupción externa –básicamente estadounidense– sobre sistemas críticos europeos, que muestran la dependencia en su forma más brutal. Si un proveedor o gobierno extranjero puede interrumpir servicios esenciales, la soberanía política es una ficción. Por eso la Comisión ha anunciado que quiere impedir que gobiernos o empresas extranjeras puedan cortar servicios tecnológicos críticos en Europa. Bonito es prohibir, solo faltaría que sirviera de algo si no podemos auditar las instalaciones.

El caso de Microsoft y los nombres de funcionarios neerlandeses presuntamente filtrados o transferidos al Gobierno estadounidense lo ilustra bien. Es solo un caso reciente entre infinitos más. Google ha anunciado el fin de funciones que permitían usar Gmail como agregador de cuentas externas mediante POP3. Esto reduce la interoperabilidad. Cada cambio unilateral de plataforma recuerda lo mismo: si dependemos de servicios cerrados, las reglas las cambia otro.

Starlink ha subido sus tarifas en España hasta un 50%. España y Europa tienen proyectos satelitales propios, pero han dejado que Starlink les coma la merienda. Si la conectividad depende de un proveedor privado extranjero, solo necesitamos recordar cuando Elon Muak dejó de apoyar Ucrania y cortó el acceso a Internet a toda la población en medio de una guerra.

Software libre sí, pero no basta por sí solo

El software libre tampoco basta por sí solo. No hay que romantizarlo. Como sabemos, el open source produce un valor económico gigantesco: una inversión relativamente pequeña en software libre genera billones en valor para empresas. Pero ese valor no vuelve proporcionalmente a quienes mantienen la infraestructura. Internet depende de voluntarios quemados, mantenedores agotados y comunidades infrafinanciadas.

El burnout de los desarrolladores open source no es un problema individual: es estructural. Hay herramientas magníficas que no llegan a la gente porque no tienen soporte, diseño, despliegue, formación ni ecosistema. El open source por sí solo no es alternativa al big tech. El código abierto no sustituye automáticamente a una infraestructura operativa global. Hacen falta producto, mantenimiento, soporte, escalabilidad, gobernanza, financiación y contratación pública.

Por eso la contratación pública es el campo de batalla. Las barreras al open source en la contratación europea siguen favoreciendo proveedores cerrados: pliegos hechos a medida de gigantes, requisitos de solvencia que expulsan a comunidades y pymes, miedo administrativo, falta de capacidades internas, ausencia de mantenimiento financiado. Si los contratos públicos no cambian, la soberanía digital es solo discurso vacío. En Europa, que además sufre un declive industrial desde los años noventa, es absurdo y catastrófico no aprovechar lo que ofrece la era digital. Sacudamos nuestra clase política ocupada con sus asuntos: no puede permitirse seguir comprando dependencia con dinero público.

(Simona Levi fundadora de Xnet, autora de Digitalización democrática: soberanía digital para las personas,  CTXT, 07/07/2026 )

20.1.26

India propone interconectar las monedas digitales de los bancos centrales de los países Brics para eludir al dólar... El banco recomienda que este tema sea el central de la próxima cumbre de los Brics, lo que podría marcar la primera vez que una propuesta de este tipo se debata oficialmente a nivel de jefes de estado y de gobierno del bloque... La interconexión permitiría que las monedas digitales emitidas por los bancos centrales de los distintos miembros se comunicaran entre sí, creando así una red de pagos transfronterizos directa... Varios países del bloque ya han logrado avances significativos en el desarrollo de sus propias monedas digitales emitidas por bancos centrales. China lleva varios años experimentando con su yuan digital, mientras que India ha lanzado su rupia digital en fase piloto. Estos experimentos están creando las condiciones técnicas necesarias para considerar la integración regional de los sistemas (mpr21)

 "El Banco de la Reserva de India ha presentado una propuesta al gobierno de Nueva Delhi para vincular las monedas digitales de los bancos centrales de los países Brics, facilitando así las transacciones comerciales y turísticas entre las economías emergentes. La iniciativa, que podría estar en la agenda de la cumbre Brics de este años que se celebrará en India, representa un paso más en la búsqueda del bloque de autonomía financiera respecto del sistema monetario internacional dominado por el dólar.

La propuesta del banco indio llega en un momento en que las tecnologías financieras digitales se están posicionando como alternativas creíbles a los sistemas de pago tradicionales. El banco recomienda que este tema sea el central de la próxima cumbre de los Brics, lo que podría marcar la primera vez que una propuesta de este tipo se debata oficialmente a nivel de jefes de estado y de gobierno del bloque.

La interconexión permitiría que las monedas digitales emitidas por los bancos centrales de los distintos miembros se comunicaran entre sí, creando así una red de pagos transfronterizos directa. Los sectores del comercio bilateral y el turismo se encuentran entre los potenciales beneficiarios inmediatos de este sistema, que elimina las múltiples conversiones de divisas y reduce los costos de transacción para las empresas y los viajeros que se desplazan entre estos países.

La iniciativa forma parte de un movimiento más amplio hacia una mayor independencia de los mecanismos financieros establecidos. Desde su creación, los países miembros del bloque han compartido el deseo común de construir un orden mundial separado, desafiando la hegemonía de las potencias occidentales en los asuntos internacionales. Su objetivo principal es reequilibrar la dinámica de poder dentro de las instituciones financieras mundiales, en particular el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, donde su peso económico y demográfico real no se refleja proporcionalmente en los procesos de toma de decisiones.

Los países del bloque defienden los principios de soberanía y no injerencia, oponiéndose en particular al uso de los sistemas de pago internacionales como instrumentos de presión política. Las sanciones económicas occidentales, que dependen en gran medida del control de los flujos financieros en dólares, han fortalecido la determinación de los Brics de desarrollar su propia infraestructura. La creación del Nuevo Banco de Desarrollo en 2014 ya fue una manifestación concreta de esta estrategia de autonomía financiera, permitiendo a los países emergentes financiar sus proyectos de desarrollo sin depender exclusivamente de instituciones occidentales.

Este tipo de cooperación trasciende las cuestiones puramente monetarias y busca establecer plataformas alternativas para el intercambio económico y político, reduciendo gradualmente la dependencia estructural de las monedas y sistemas de pago tradicionalmente dominantes.

La propuesta india se basa en las conclusiones de la cumbre de los Brics de 2025 en Río de Janeiro, donde los países pidieron explícitamente fortalecer la interoperabilidad entre los sistemas de pago nacionales de los Estados miembros. Esta declaración colectiva sentó las bases para una mayor coordinación en el ámbito de la infraestructura financiera digital, reconociendo el potencial transformador de las tecnologías de las monedas digitales.

Varios países del bloque ya han logrado avances significativos en el desarrollo de sus propias monedas digitales emitidas por bancos centrales. China lleva varios años experimentando con su yuan digital, mientras que India ha lanzado su rupia digital en fase piloto. Estos experimentos están creando las condiciones técnicas necesarias para considerar la integración regional de los sistemas.

El Banco Central de la India ha declarado públicamente que estos esfuerzos no buscan promover la desdolarización del comercio internacional, una declaración muy cautelosa que contrasta con el evidente impacto potencial de dicho sistema en el uso del dólar estadounidense en el comercio entre economías emergentes. Es una estrategia diplomática destinada a evitar un choque directo con Washington."

(mpr21, 20/01/26) 

20.12.25

Brasil y su revolución financiera... Creado en 2020 por el Banco Central, el sistema de pago instantáneo Pix solivianta a la banca privada, pero trae consigo una cascada de beneficios para la economía y la soberanía del país... En Brasil, ningún vendedor de playa, tienda o gran cadena de distribución concibe prescindir de Pix, que se ha propagado a la velocidad del rayo por todo el país... Para efectuar una compra, el consumidor abre en su móvil el espacio Pix dentro de la aplicación de su banco comercial, introduce la clave Pix del vendedor (por ejemplo, su número de teléfono) o escanea un código QR en el terminal de pago... Pix sirve para efectuar cualquier transferencia de moneda de un punto a otro; por ejemplo, entre amigos, sea cual sea la entidad financiera de unos y otros. En todos los casos, las cuentas están debitadas o acreditadas a través de una vía de pago instantáneo (SPI) creada por el BCB. Además, es gratis para las personas físicas o cobra una reducida comisión del 0,2% a las personas jurídicas (Julien Dourgnon)

 "Creado en 2020 por el Banco Central, el sistema de pago instantáneo Pix solivianta a la banca privada, pero trae consigo una cascada de beneficios para la economía y la soberanía del país.

En Brasil, ningún vendedor de playa, tienda o gran cadena de distribución concibe prescindir de Pix. Este sistema de pago instantáneo, ideado, operado y regulado por el Banco Central Brasileño (BCB), lanzado en 2020, se ha propagado a la velocidad del rayo por todo el país.

Para efectuar una compra, el consumidor abre en su móvil el espacio Pix dentro de la aplicación de su banco comercial, introduce la clave Pix del vendedor (por ejemplo, su número de teléfono) o escanea un código QR en el terminal de pago. Es un procedimiento simple y rápido que se aplica a las transacciones efectuadas en un punto de venta físico y en una compra por Internet.

Desde un punto de vista más general, Pix sirve para efectuar cualquier transferencia de moneda de un punto a otro; por ejemplo, entre amigos, sea cual sea la entidad financiera de unos y otros. En todos los casos, las cuentas están debitadas o acreditadas a través de una vía de pago instantáneo (SPI) creada por el BCB. Da igual la hora del día o de la noche, 350 días al año, con total seguridad y en tiempo real (frente a de 2 a 28 días en el caso de las tarjetas bancarias).Además, es gratis para las personas físicas o cobra una reducida comisión del 0,2% a las personas jurídicas. (...)" 

(Julien Dourgnon, attac España, 17/12/25, Publicado en Alternativas Económicas )

17.11.25

El giro de las finanzas digitales en China... Pekín está rediseñando la arquitectura financiera saltándose el desvío de las stablecoins y avanzando directamente hacia una era de moneda digital soberana... según la lógica política de China, las monedas estables no forman parte del diseño a largo plazo... Eran una solución provisional, un puente que solo se utilizaba cuando no existían monedas digitales soberanas... es muy probable que China espere lanzar una moneda digital antes que Estados Unidos, sin adoptar ni depender de un mecanismo de stablecoins. El razonamiento es sencillo: las stablecoins en dólares ya son fuertes y Estados Unidos puede controlarlas de manera efectiva... Si China copiara el modelo de las monedas estables y emitiera una moneda estable en yuanes chinos (CNY), podría acabar perdiendo el tiempo, incapaz de competir con las monedas estables en dólares... Por su parte, Estados Unidos no tiene prisa por lanzar un dólar digital precisamente porque las stablecoins en dólares ya se han convertido en un instrumento muy útil... China no necesita ese puente. Cuando un país pasa directamente del dinero físico a una moneda digital del banco central, y tiene la capacidad de construir toda la estructura de pagos, liquidación, identidad, cumplimiento y coordinación transfronteriza, el desvío a través de las monedas estables privadas se vuelve redundante... el vicegobernador del Banco Popular de China, Lu Lei, describió un sistema de «doble plataforma y doble motor»: uno basado en el yuan digital y otro en activos fiables en cadena. El primero abarca los pagos, la liquidación, la inclusión financiera y la infraestructura de cuentas; el segundo apoya la tokenización de activos, el comercio, la integración de activos del mundo real y la migración en cadena de los factores de producción. Ambos no compiten entre sí, sino que se complementan... la arquitectura financiera digital de China está tomando forma... Para los particulares, es un entorno financiero digital más seguro, más transparente y más estable... De esta arquitectura surgirán de forma natural nuevas formas de activos, nuevas aplicaciones y nuevos comportamientos financieros... el camino que le espera a la Web3 será más brillante, más amplio y mucho más regulado (Jeffrey Sze , Asia Times)

 "El banco central de China acaba de esbozar los contornos de su estrategia financiera digital para los próximos cinco años. La secuencia es inequívoca: primero despejar el terreno y luego reconstruir el sistema. El ritmo ha sido inusualmente coherente.

El 27 de octubre, en el Foro de la Calle Financiera de Pekín, el gobernador del Banco Popular de China, Pan Gongsheng, dio el primer golpe decisivo: una «limpieza del mercado» sin ambigüedades. Días más tarde, en la Semana de la Tecnología Financiera de Hong Kong y en la Cumbre Internacional de Líderes Financieros e Inversores (3-4 de noviembre), el vicegobernador del Banco Popular de China, Lu Lei, proporcionó la arquitectura institucional. En conjunto, el mensaje no es un endurecimiento de la regulación, sino un reajuste estructural.

Las declaraciones de Pan en Pekín fueron inusualmente directas. El Banco Popular de China, dijo, seguirá colaborando con los organismos encargados de hacer cumplir la ley para «tomar medidas enérgicas contra las operaciones y la especulación con monedas virtuales nacionales», al tiempo que «supervisará de cerca el desarrollo de las monedas estables en el extranjero y evaluará dinámicamente su posible impacto en la estabilidad financiera».

No se trataba de cerrar puertas, sino de establecer una línea de base. Y lo que es más importante, señalaba algo más profundo: según la lógica política de China, las monedas estables no forman parte del diseño a largo plazo.

 La razón es muy sencilla.

Las stablecoins se crearon como una solución provisional: instrumentos privados diseñados para proporcionar una «unidad de cuenta estable» en un mercado dominado por criptoactivos altamente volátiles. La mayoría se basa en reservas en dólares, papel comercial o bonos del Tesoro a corto plazo.

Pero los riesgos estructurales son inherentes: respaldo opaco, capacidad de reembolso no verificable, puntos ciegos en el cumplimiento transfronterizo de las normas contra el blanqueo de capitales (AML) y de conocimiento del cliente (KYC), y asimetría en la gobernanza.

Las stablecoins nunca fueron el objetivo final. Eran una solución provisional, un puente que solo se utilizaba cuando no existían monedas digitales soberanas.

Dada la situación actual, es muy probable que China espere lanzar una moneda digital antes que Estados Unidos, sin adoptar ni depender de un mecanismo de stablecoins. El razonamiento es sencillo: las stablecoins en dólares ya son fuertes y Estados Unidos puede controlarlas de manera efectiva.

 Las monedas estables US Dollar Coin (USDC) y Tether (USDT) se han convertido esencialmente en los dólares digitales paralelos de Estados Unidos. Si China copiara el modelo de las monedas estables y emitiera una moneda estable en yuanes chinos (CNY), podría acabar perdiendo el tiempo, incapaz de competir con las monedas estables en dólares o de captar una cuota de mercado significativa, e incluso podría reforzar aún más el impulso de las monedas estables en dólares.

Por su parte, Estados Unidos no tiene prisa por lanzar un dólar digital precisamente porque las stablecoins en dólares ya se han convertido en un instrumento muy útil. Desde la perspectiva de China, pasar directamente a un yuan digital completo puede ofrecer una vía de desarrollo más ventajosa.

China no necesita ese puente. Cuando un país pasa directamente del dinero físico a una moneda digital del banco central, y tiene la capacidad de construir toda la estructura de pagos, liquidación, identidad, cumplimiento y coordinación transfronteriza, el desvío a través de las monedas estables privadas se vuelve redundante.

China no está suprimiendo las monedas estables; simplemente no las necesita. No se requiere ningún token privado para sustituir al dinero estatal. No es necesario realizar ensayos y errores sistémicos para descubrir qué modelos fracasan. En un sistema soberano, las monedas estables desaparecen naturalmente hasta quedar relegadas a un segundo plano.

 El verdadero punto de inflexión vino con el discurso de Lu Lei en Hong Kong. Describió un sistema de «doble plataforma y doble motor»: uno basado en el yuan digital y otro en activos fiables en cadena. El primero abarca los pagos, la liquidación, la inclusión financiera y la infraestructura de cuentas; el segundo apoya la tokenización de activos, el comercio, la integración de activos del mundo real y la migración en cadena de los factores de producción.

Ambos no compiten entre sí, sino que se complementan. Es la primera vez que el Banco Popular de China utiliza un lenguaje institucional, en lugar de jerga técnica, para articular su visión de la Web3. La implicación es clara: la futura Web3 de China no será un mosaico de experimentos espontáneos, sino una infraestructura nacional.

El discurso de Pan en Pekín añadió el andamiaje institucional para el yuan digital. El Banco Popular de China «optimizará aún más el marco de gestión del renminbi digital, aclarará su posición en la jerarquía monetaria y apoyará que más bancos comerciales se conviertan en instituciones operativas».

Igualmente importante es la finalización del «diseño de CBDC de doble centro»: Shanghái alberga ahora el Centro Internacional de Operaciones del Yuan Digital, centrado en la cooperación transfronteriza y los escenarios de aplicación; Pekín alberga el Centro de Gestión de Operaciones del Yuan Digital, responsable del desarrollo, el funcionamiento y el mantenimiento del sistema. Como dijo Pan, «Shanghái lidera la internacionalización; Pekín afianza el sistema fundamental». Es una declaración no solo de función, sino también de soberanía.

 En cuanto a las finanzas transfronterizas, Lu fue aún más explícito. La plataforma mBridge, en la que participan varios bancos centrales, no es un escaparate tecnológico, sino un cambio en las normas que permite la liquidación «directa, instantánea y definitiva» entre jurisdicciones sin pasar por las redes centralizadas tradicionales. Por primera vez, la liquidación regional podría pasar de la dependencia de la trayectoria a la autonomía institucional. Es muy posible que, a partir de ahora, las estructuras financieras de Asia den un giro radical.

Desde esta perspectiva, la denominada «rectificación» adquiere su contexto adecuado. No se trata de una contracción, sino de una reconstrucción; no se trata de obstaculizar la innovación, sino de despejar el espacio para la innovación institucionalizada. Cuando la capa de pagos, la capa de activos y la capa transfronteriza se actualizan simultáneamente, el sistema necesita una base limpia, sin ambigüedades. La secuencia —primero el riesgo, luego las plataformas y por último la arquitectura— es precisamente la forma en que China construye tradicionalmente la gobernanza financiera.

 En conjunto, estas señales convergen en una única conclusión: la arquitectura financiera digital de China está tomando forma. El cambio consiste en pasar de la gestión de existencias a la construcción incremental, de la adaptación pasiva al diseño proactivo, de la exploración fragmentada a la integración a nivel de sistema.

Para la industria, la pregunta ya no es «¿qué está permitido?», sino «¿cómo podemos construir de forma conforme que se conecte a la infraestructura a nivel nacional?». La próxima ola de oportunidades no se encuentra en las zonas grises de la regulación ni en el arbitraje. Se encuentra en las nuevas posiciones estructurales que se están creando: pagos, identidad, liquidación, tokenización de activos del mundo real (RWA), financiación de la cadena de suministro e interoperabilidad transfronteriza.

Para los particulares, la experiencia a corto plazo es de adaptación. La ganancia a largo plazo es un entorno financiero digital más seguro, más transparente y más estable desde el punto de vista estructural. De esta arquitectura surgirán de forma natural nuevas formas de activos, nuevas aplicaciones y nuevos comportamientos financieros.

Por lo tanto, la conclusión es muy sencilla: no se trata de una retirada, sino de un cambio de carril. No es un cierre, sino un reordenamiento.

Y el camino que le espera a la Web3 será más brillante, más amplio y mucho más regulado." 

(

23.10.25

¿Podemos arreglar internet? Tim Berners-Lee apuesta por un «pod» universal de datos al que ha contribuido a desarrollar y que se llama ‘Solid’ (abreviatura de «social linked data»)... El sistema, desarrollado originalmente en el MIT, ofrecería un sitio central donde las personas podrían gestionar datos que van desde información de tarjetas de crédito hasta historiales médicos o comentarios en redes sociales. «En lugar de tener toda esta información compartida entre distintos proveedores en la web, podrías almacenar todo tu rastro digital en un único repositorio privado»... Otorgar mayor control a los usuarios y permitirles ver «qué datos se están generando sobre ellos» suena como una propuesta tentadora... Con Solid, todo, desde los registros de vacunación hasta las transacciones con tarjeta de crédito, podría mantenerse dentro de esa bóveda digital e integrarse en distintas aplicaciones. Berners-Lee cree que la inteligencia artificial también podría ayudar a las personas a aprovechar mejor esos datos, por ejemplo, vinculando planes de comidas con los gastos en supermercados. Aunque se muestra optimista sobre cómo la IA y Solid podrían coordinarse para mejorar la vida de los usuarios, no lo es tanto en cuanto a cómo garantizar que los chatbots gestionen esos datos personales de forma sensible y segura (Nathan Smith, MIT)

 "De algoritmos adictivos a prácticas abusivas por parte de las aplicaciones, y pasando por la minería de datos y la desinformación: internet puede ser un lugar peligroso actualmente. Tres figuras influyentes, el intelectual detrás de la «neutralidad de la red», una exdirectiva de Meta y el propio inventor de la web, han propuesto una serie de enfoques un tanto radicales para arreglar el problema. La pregunta reside en si estas son las personas adecuadas para este trabajo. Aunque cada una muestra convicción, e incluso en ocasiones ingenio, las soluciones que presentan tienen algunos puntos ciegos.

En The Age of Extraction: How Tech Platforms Conquered the Economy and Threaten Our Future Prosperity, Tim Wu sostiene que unas pocas empresas tecnológicas concentran demasiado poder y por ello deben ser desmanteladas. Wu, un destacado profesor de la Universidad de Columbia (Nueva York, EE UU) que popularizó el principio de que un internet libre requiere que todo el tráfico en línea sea tratado por igual. Además, cree que los mecanismos legales existentes, especialmente las leyes antimonopolio, ofrecen la mejor vía para lograr este objetivo.

Combinando teoría económica con historia digital reciente, Wu muestra cómo las tecnológicas han pasado de dar a los usuarios a extraer de ellos. Argumenta que nuestra incapacidad para comprender su poder no ha hecho más que alentarlas a crecer, desplazando a competidores en el camino. Afirma que el hecho de que estas herramientas sean tan útiles y convenientes es la baza que estas empresas usan para mantener atrapados a los usuarios. «El deseo humano de evitar un dolor e incomodidad innecesarios», escribe, puede ser «la fuerza más poderosa que existe».

Cita los «ecosistemas» de Google y Apple como ejemplos, mostrando cómo los usuarios pueden volverse dependientes de estos servicios debido a su integración total y sin fisuras. Para Wu, esto en sí mismo no es malo. La facilidad de usar Amazon para ver contenido en streaming, hacer compras online o ayudar a organizar la vida cotidiana tiene claras ventajas. Pero cuando empresas poderosas como Amazon, Apple y Alphabet ganan la batalla con tantos usuarios, sin permitir que entren competidores al mercado, el resultado es una «dominación industrial» que ahora debe ser reevaluada.

Las medidas que Wu defiende, que a su vez son las que parecen más prácticas al basarse en marcos legales y políticas económicas ya existentes, son leyes federales antimonopolio, límites de utilidad que restringen cuánto pueden cobrar las empresas a los consumidores por sus servicios, y restricciones por área de negocio, que prohíben a las compañías operar en ciertos sectores.

Las disposiciones antimonopolio y las leyes de competencia son las armas más eficaces con las que contamos en nuestro arsenal, sostiene Wu, señalando que han sido utilizadas con éxito contra empresas tecnológicas en el pasado y cita dos casos conocidos. El primero es el caso antimonopolio de los años sesenta presentado por el gobierno de EE UU contra IBM, que ayudó a crear competencia en el mercado de software informático y permitió el surgimiento de empresas como Apple y Microsoft. El caso de AT&T en 1982, por su parte, desmanteló el conglomerado telefónico en varias compañías más pequeñas. En ambos casos, el público se benefició de la separación entre hardware, software y otros servicios, lo que llevó a una mayor competencia y opciones en el mercado tecnológico.

La cuestión está en si servirán estos casos de precedente para predecir el futuro. Aún no está claro si estas leyes pueden tener éxito en la era de las tecnológicas. El caso antimonopolio de 2025 contra Google en el que un juez dictaminó que la empresa no tenía que desprenderse de su navegador Chrome, como proponía el Departamento de Justicia de EE UU, revela cuáles son los límites de la ley para ir en contra de las tecnológicas. El caso antimonopolio de 2001 contra Microsoft tampoco logró separar a la compañía de su navegador web y mantuvo gran parte de su conglomerado intacto. Wu evita descaradamente hablar del caso de Microsoft para defender la acción antimonopolio en la actualidad.

Nick Clegg, hasta hace poco presidente de asuntos globales de Meta y ex viceprimer ministro del Reino Unido, adopta una postura muy distinta a la de Wu: considera que intentar desmantelar las grandes empresas tecnológicas es un error y que ello perjudicaría la experiencia de los usuarios en internet.

En How to Save the Internet: The Threat to Global Connection in the Age of AI and Political Conflict, Clegg reconoce el monopolio que ejercen las grandes tecnológicas sobre la web. Sin embargo, cree que las medidas legales punitivas, como las leyes antimonopolio, son improductivas y pueden evitarse mediante regulación, como normas sobre qué contenido pueden o no publicar las redes sociales. Cabe señalar que Meta se enfrenta a su propio caso antimonopolio, relacionado con si debió permitirse la adquisición de Instagram y WhatsApp.

Clegg también cree que Silicon Valley debería tomar la iniciativa para transformarse. Argumenta que fomentar «abrir los libros» en las redes sociales y ser transparentes reconociendo su poder de decisión con los usuarios tiene más probabilidades de devolver cierto equilibrio que contemplar acciones legales como primera opción.

No obstante, algunos podrían mostrarse escépticos ante un exdirectivo de Meta y político que trabajó estrechamente con Mark Zuckerberg y que, aun así, no logró impulsar tales cambios en las redes sociales mientras trabajaba en una de ellas. A este escepticismo se le suma el que creará la historia en la que Clegg reconoce brevemente algunos escándalos dentro de su libro, como el relacionado con la extracción de datos de usuarios de Facebook por parte de Cambridge Analytica en 2016, pero se niega a abordar otros igualmente relevantes. Por ejemplo, Clegg lamenta la naturaleza «fragmentada» del internet global actual, pero no reconoce el papel de Facebook en esa fragmentación.

Desmantelar a las grandes tecnológicas mediante leyes antimonopolio pondría trabas a la innovación, afirma Clegg, argumentando que esa idea «ignora por completo los beneficios que los usuarios obtienen de las redes». Los usuarios se mantienen en estos canales con ingente cantidad de contenido porque pueden encontrar «la mayoría de las cosas que buscan», escribe, como pueden ser amigos, contenido en redes sociales o productos baratos en Amazon e eBay.

Wu podría ceder en este punto, pero discreparía de las afirmaciones de Clegg de que mantener el status quo beneficia a los usuarios. «La lógica tradicional de la ley antimonopolio no funciona», insiste Clegg. Cree que una regulación menos drástica puede ayudar a que las grandes tecnológicas sean menos peligrosas, al tiempo que garantiza una mejor experiencia para el usuario.

Clegg ha visto ambos lados de la moneda: trabajó en el gobierno de David Cameron aprobando leyes nacionales que las empresas tecnológicas debían cumplir, y luego se trasladó a Meta para ayudar a la compañía a aplicar ese tipo de obligaciones específicas de cada país. Lamenta las molestias y la complejidad que enfrenta Silicon Valley al intentar cumplir con normativas distintas en todo el mundo, algunas establecidas por «agencias federales estadounidenses» y otras por «nacionalistas indios».

Con la cantidad de recursos que manejan estas empresas, uno se plantea si no deberían estar más que preparadas para afrontarlo. Dado que Meta ha interferido anteriormente en el acceso a internet (como en India, donde el regulador de telecomunicaciones bloqueó su servicio Free Basics por violar las normas de neutralidad de la red), esta queja es algo sospechosa viniendo de Clegg. Lo que debería ser la verdadera prioridad, argumenta, no son nuevas leyes nacionales, sino un «tratado global que proteja el libre flujo de datos entre los países firmantes».

Clegg cree que estas obligaciones tecnológicas específicas de cada país, como la reciente prohibición en Australia del uso de redes sociales para menores de 16 años, suelen ser el reflejo de mitos sobre el impacto de la tecnología en los humanos, un tema que puede estar cargado de ansiedad. Estas leyes han demostrado ser ineficaces y tienden a distorsionar la comprensión pública de las redes sociales, afirma. Hay algo de verdad en su argumento, pero leer un libro en el que un exdirectivo de Facebook rechaza el determinismo tecnológico, es decir, la idea de que la tecnología hace que las personas piensen o actúen de determinada manera, puede resultar poco creíble para quienes han visto el daño que la tecnología puede llegar a causar.

En cualquier caso, la actitud defensiva de Clegg respecto a las redes sociales puede no ganarse el favor de los propios usuarios. Subraya la necesidad de una mayor responsabilidad personal, argumentando que Meta no pretende que los usuarios permanezcan indefinidamente en Facebook o Instagram: «El tiempo que pasas en la aplicación en una sola sesión no es ni de lejos tan importante como conseguir que vuelvas una y otra vez«. Las empresas de redes sociales quieren ofrecerte contenido que sea «significativo para ti», afirma, y no «darte simplemente un subidón momentáneo de dopamina». Todo esto, sin embargo, resulta bastante poco creíble.

Lo que Clegg defiende no es el desmantelamiento de las grandes tecnológicas, sino un impulso para que estas se vuelvan «totalmente transparentes», ya sea por iniciativa propia o, si es necesario, con la ayuda de legisladores federales. También quiere que las plataformas involucren más a los usuarios en sus procesos de gobernanza utilizando, por ejemplo, el modelo de foros comunitarios de Facebook para mejorar sus aplicaciones y productos. Por último, Clegg también desea que las grandes tecnológicas otorguen a los usuarios un control más significativo de sus datos y conocimiento sobre cómo empresas como Meta pueden utilizarlos.

Clegg coincide con el inventor de la web, Tim Berners-Lee, que plantea una reforma técnica específica para lograr precisamente eso. En su libro de memorias y manifiesto This Is for Everyone: The Unfinished Story of the World Wide Web, Berners-Lee reconoce que su visión inicial, una tecnología que esperaba que se mantuviera de código abierto, colaborativa y completamente descentralizada, dista mucho de la web que conocemos hoy.

Si algo queda vivo de ese proyecto original, dice, es Wikipedia, que sigue siendo «probablemente el mejor ejemplo de lo que quería que fuera la web». Su mejor idea para trasladar el poder de las plataformas de Silicon Valley a manos de los usuarios es darles más control sobre sus datos. Él apuesta por un «pod» universal de datos al que ha contribuido a desarrollar y que se llama ‘Solid’ (abreviatura de «social linked data»).

El sistema, desarrollado originalmente en el MIT, ofrecería un sitio central donde las personas podrían gestionar datos que van desde información de tarjetas de crédito hasta historiales médicos o comentarios en redes sociales. «En lugar de tener toda esta información compartida entre distintos proveedores en la web, podrías almacenar todo tu rastro digital en un único repositorio privado», escribe Berners-Lee.

El producto Solid puede parecer una especie de solución mágica en una era en la que el tráfico de datos es habitual y las brechas de seguridad diarias. Otorgar mayor control a los usuarios y permitirles ver «qué datos se están generando sobre ellos» suena como una propuesta tentadora.

Pero algunas personas pueden tener reservas, por ejemplo, sobre la idea de fusionar sus historiales médicos confidenciales con datos de dispositivos personales (como puede ser la información de ritmo cardíaco de un reloj inteligente). Por mucho control y descentralización que prometa Berners-Lee, los escándalos recientes relacionados con datos, como aquel en que una aplicación de seguimiento menstrual hizo un uso indebido de los datos de sus usuarias, pueden retumbar en la mente de muchos.

Berners-Lee cree que centralizar los datos de los usuarios en un producto como Solid podría ahorrar tiempo y mejorar la vida cotidiana en internet. «Un alienígena que llegara a la Tierra pensaría que es muy extraño que tenga que decirle a mi teléfono las mismas cosas una y otra vez», ha expresado, sobre la experiencia de búsqueda de un vuelo en distintas aerolíneas.

Con Solid, todo, desde los registros de vacunación hasta las transacciones con tarjeta de crédito, podría mantenerse dentro de esa bóveda digital e integrarse en distintas aplicaciones. Berners-Lee cree que la inteligencia artificial también podría ayudar a las personas a aprovechar mejor esos datos, por ejemplo, vinculando planes de comidas con los gastos en supermercados. Aunque se muestra optimista sobre cómo la IA y Solid podrían coordinarse para mejorar la vida de los usuarios, no lo es tanto en cuanto a cómo garantizar que los chatbots gestionen esos datos personales de forma sensible y segura.

Berners-Lee se opone en general a la regulación de la web, excepto en el caso de los adolescentes y los algoritmos de redes sociales, donde sí ve una necesidad real. Cree en el derecho individual de los usuarios de internet a controlar sus propios datos y confía en que un producto como Solid podría «reorientar» la web desde su actual rumbo «explotador» y extractivo.

De los tres enfoques propuestos para transformar internet, el de Wu es el que ha mostrado cierta eficacia recientemente. Empresas como Google se han visto obligadas a compartir datos con competidores y ahora enfrentan límites sobre cómo pueden utilizar sus sistemas en nuevos productos y tecnologías. Pero, en el actual clima político de EE UU cabe plantearse si se seguirán aplicando las leyes antimonopolio contra las grandes tecnológicas.

Clegg podría salirse con la suya en un aspecto: limitar las nuevas leyes nacionales. El presidente Donald Trump ha confirmado que utilizará aranceles para penalizar a los países que aprueben leyes nacionales dirigidas contra empresas tecnológicas estadounidenses. Además, dada la postura del presidente de EE UU, no parece probable que las grandes tecnológicas tengan que enfrentarse a más regulación en el país. De hecho, las redes sociales parecen haberse envalentonado (Meta, por ejemplo, eliminó a los verificadores de hechos y relajó las normas de moderación de contenido tras la victoria electoral de Trump). En cualquier caso, EE UU no ha aprobado una legislación federal importante sobre internet desde 1996.

Si no es posible utilizar las leyes antimonopolio a través de los tribunales, la apuesta de Clegg por un acuerdo general liderado por EE UU, que establezca normas consensuadas sobre datos y estándares aceptables de derechos humanos a nivel global, podría ser la única forma de lograr mejoras más inmediatas.

Al final, no existe una única solución para los males que acechan a internet hoy. Pero las ideas en las que coinciden los tres autores: mayor control para los usuarios, más privacidad de datos y una mayor rendición de cuentas por parte de Silicon Valley, son, sin duda, los objetivos por los que todos deberíamos luchar." 

( , MIT, 16/10/25)

25.5.25

Mariana Mazzucato: La agenda de Draghi es bastante ambiciosa... Una parte fundamental del informe se centra en las implicaciones de un nuevo modelo de crecimiento y seguridad de la UE para el área de las tecnologías digitales, en particular la inteligencia artificial... China ha conseguido ponerse a la par de Estados Unidos en el área digital con inversiones a gran escala en tecnologías digitales, IA, infraestructura digital y atracción de expertos de todo el mundo. Si Europa quiere cerrar la brecha digital, debe hacer algo parecido... Las megatecnológicas estadounidenses han podido cosechar datos y beneficios monopólicos en casi todas las economías excepto China, que les impidió el acceso y alentó el crecimiento de megatecnológicas propias... ¿Puede la UE crear un cortafuegos para dar acceso preferencial a sus propias empresas? ¿Puede cambiar el statu quo, en el que compañías estadounidenses dominan casi toda la recopilación de datos y su almacenamiento, por otro en el que los datos de los europeos estén en la órbita de empresas europeas? Para no reproducir el feudalismo digital estadounidense, el modelo europeo debe reforzar la defensa de la competencia e impedir la compra extranjera de empresas digitales europeas prometedoras. Además, los europeos deben imponer la transferencia tecnológica como requisito para las megatecnológicas extranjeras que quieran acceder a los mercados de la UE. Por ejemplo, podría darse a empresas como Google, Facebook (Meta), OpenAI, Microsoft, Apple y Amazon un plazo de uno o dos años para asociarse con una empresa europea, que en forma gradual se hará cargo del manejo diario de los servicios, de los datos y del almacenamiento. A cambio, las tecnológicas estadounidenses mantendrán el acceso a uno de los mayores mercados del mundo... la seguridad y la soberanía europeas dependen de la capacidad de Europa para desarrollar un sector digital propio. Aunque el Informe Draghi ofrece recomendaciones para lograrlo, una estrategia centrada en la desregulación y el aumento de la inversión no está a la altura del desafío

 "A pocos dirigentes nacionales se les da una ocasión para salvar a la sociedad que lideran; menos aún dos. Charles de Gaulle las tuvo, primero como líder de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, y después cuando puso fin a la Guerra de Argelia y creó la Quinta República que hoy conocemos. El año pasado Mario Draghi tuvo una oportunidad para hacer lo mismo.

El primer momento heroico de Draghi fue en plena crisis del euro en 2012, cuando como presidente del Banco Central Europeo, declaró que este haría «todo lo necesario» para evitar un colapso financiero. Después, la Comisión Europea le entregó las llaves del futuro de Europa una vez más. En septiembre del año pasado, publicó un importante informe sobre la competitividad europea, cuyo mensaje central se ha vuelto más relevante que nunca.

El Informe Draghi muestra que desde la crisis financiera global de 2008, el ingreso per cápita de los Estados Unidos creció más que el de Europa, que además se ha quedado rezagada respecto de Estados Unidos (y China) en el plano tecnológico. Puesto que esta divergencia de productividad nace de la subinversión crónica (sólo en 2021 las empresas de la Unión Europea gastaron 270 000 millones de euros/305 000 millones de dólares menos en investigación y desarrollo que las estadounidenses), Draghi recomienda para Europa un aumento de inversión del orden de los 750 000 a 800 000 millones de euros al año (entre el 4,4 y el 4,7% del PIB).

Pero invertir por invertir no es suficiente; Europa necesita invertir en misiones económicas. Si el objetivo es crecimiento sostenible, inclusivo e innovador, no basta corregir fallos del mercado, el Estado debe ser formador de mercados. Con un «Estado emprendedor», el sector público puede maximizar la creación de valor público mediante la adopción de un enfoque orientado a resultados que permita dirigir la inversión hacia objetivos claros. En vez de ser sólo prestamista de última instancia, el Estado debe invertir en sectores estratégicos en sus primeras etapas.

Draghi también sostiene que la regulación en Europa es excesiva, y pide por consiguiente crear un cargo de nivel vicepresidencial que supervise una «simplificación». Obviamente, la comunidad empresarial recibió esta recomendación con agrado. Pero aquí también la propuesta es desacertada, ya que la regulación bien diseñada puede estimular la innovación.

En tanto, el Informe Draghi dice poco sobre la creación de las capacidades del sector público necesarias para poner en práctica los cambios que recomienda. Pero la capacidad estatal es un requisito obvio para que Europa logre crecimiento y estabilidad a largo plazo (por no hablar de la gestión de crisis más inmediatas). Las capacidades del sector público dependen de la inversión acumulada del Estado a lo largo del tiempo. Los europeos deben buscar todo lo contrario a lo que Elon Musk y su «Departamento de Eficiencia Gubernamental» están promoviendo en los Estados Unidos.

Una parte fundamental del informe se centra en las implicaciones de un nuevo modelo de crecimiento y seguridad de la UE para el área de las tecnologías digitales, en particular la inteligencia artificial. ¿Cómo puede Europa desarrollar un sector digital alineado con los principios europeos? Son preguntas cada vez más urgentes. Estados Unidos y China ya han reconocido que las tecnologías autónomas serán cruciales para la seguridad económica, política y militar en los años venideros.

La mayor debilidad de Europa es su falta de grandes empresas que compitan con nombres como Alphabet (Google), Amazon y Microsoft. Más del 80% de la infraestructura y de las tecnologías digitales de Europa son importadas, y un 70% de los modelos de IA fundacionales se desarrolla en Estados Unidos. Felizmente, modelos como la iniciativa EuroStack pueden transformar el ecosistema digital europeo y restablecer la soberanía de Europa sobre su infraestructura digital.

China ha conseguido ponerse a la par de Estados Unidos en el área digital con inversiones a gran escala en tecnologías digitales, IA, infraestructura digital y atracción de expertos de todo el mundo. Si Europa quiere cerrar la brecha digital, debe hacer algo parecido. En ese sentido, EuroStack propone una inversión de 300 000 millones de euros a lo largo de la próxima década.

Pero Europa también necesita un «cortafuegos», para evitar que los beneficios del aumento de inversión en infraestructura digital terminen en grandes empresas tecnológicas extranjeras. Las megatecnológicas estadounidenses han podido cosechar datos y beneficios monopólicos en casi todas las economías excepto China, que les impidió el acceso y alentó el crecimiento de megatecnológicas propias (Baidu, Alibaba, Tencent, Huawei). ¿Puede la UE crear un cortafuegos para dar acceso preferencial a sus propias empresas? ¿Puede cambiar el statu quo, en el que compañías estadounidenses dominan casi toda la recopilación de datos y su almacenamiento, por otro en el que los datos de los europeos estén en la órbita de empresas europeas?

Europa ya tiene una sólida posición industrial en áreas como las máquinas litográficas que se usan para la fabricación de chips (ASML), la IA (Mistral) y los servicios en la nube (SAP); y cuenta con una sólida base científica a partir de la cual desarrollar nuevas tecnologías e innovaciones. Pero para no reproducir el feudalismo digital estadounidense, el modelo europeo debe reforzar la defensa de la competencia e impedir la compra extranjera de empresas digitales europeas prometedoras.

Además, los europeos deben imponer la transferencia tecnológica como requisito para las megatecnológicas extranjeras que quieran acceder a los mercados de la UE. Por ejemplo, podría darse a empresas como Google, Facebook (Meta), OpenAI, Microsoft, Apple y Amazon un plazo de uno o dos años para asociarse con una empresa europea, que en forma gradual se hará cargo del manejo diario de los servicios, de los datos y del almacenamiento. A cambio, las tecnológicas estadounidenses mantendrán el acceso a uno de los mayores mercados del mundo.

En última instancia, la seguridad y la soberanía europeas dependen de la capacidad de Europa para desarrollar un sector digital propio. Aunque el Informe Draghi ofrece recomendaciones para lograrlo, una estrategia centrada en la desregulación y el aumento de la inversión no está a la altura del desafío."

( Mariana Mazzucato, Revista de prensa, 24/05/25, fuente Project Syndicate )

25.4.25

Inteligencia Artificial y economía solidaria: ¿posibles aliadas? Grupos cooperativos manifiestan que las tecnologías nuevas son nuevas oportunidades, “y lo importante es apropiárselas y decidir nosotras para qué las queremos y cómo las queremos utilizar”... puede tener impacto positivo en el día a día de las organizaciones porque permite ganar en eficiencia y ayuda a poner los esfuerzos en las tareas de mayor valor... “Mediante las tecnologías de traducción automática o de accesibilidad digital, basadas en lenguajes que entiendan nuestras organizaciones y alimentadas con nuestros datos, podríamos llegar a una audiencia más diversa, incluyendo personas con discapacidades o de diferentes idiomas y culturas”... “Nuestra IA de código abierto se sostendrá en infraestructuras públicas, tendiendo a construir un futuro común digital”... “El conocimiento es el primer paso, el segundo es apostar colectivamente por construir herramientas tecnológicas que den respuesta a las preguntas que se formulan en la sociedad actual. Y, por supuesto, mancomunar recursos para dar una respuesta colectiva” (Carla Liébana)

 "Una nueva polémica se ha desatado en las redes durante las últimas semanas por la proliferación de dibujos generados con Inteligencia Artificial (IA) siguiendo el estilo de Studio Ghibli, un estudio de animación japonés considerado de los mejores del mundo. Según datos proporcionados por el mismo CHatGPT, se calcula que se han usado 216 millones de litros de agua en una semana para poder refrigerar sus servidores (se estima que una sola interacción necesita de 0,5 a 2 litros de agua) a una temperatura segura mientras se generaban millones de este tipo de imágenes. Más allá del debate sobre los derechos de autor y el reconocimiento a la creatividad, la IA abre en nuestro día a día un sinfín de interrogantes sobre los límites de su uso que desde la economía social y solidaria (ESS) están empezando a abordar.

Al margen de los defensores a ultranza de las nuevas tecnologías, el boom de la IA está dando pie un conjunto de actitudes distópicas que predicen un futuro en el que los humanos ya no servirán para nada porque serán sustituidos por robots. La alarma se ha disparado con la irrupción de chatGPT que, junto con DALL·E o Midjourney, son herramientas de IA generativa, es decir, que tienen la capacidad de crear contenidos nuevos, ya sean textos, imágenes o música. Sin embargo, hay que tener en cuenta que hay muchas otras herramientas de IA que hace más de 20 años que se están utilizando, como los programas de análisis de datos basados en algoritmos de clasificación.

Para Judith Membrives, investigadora en IA y derechos humanos, es importante alejarse de las visiones tecnofóbicas y tecnoutópicas de la IA y promover un análisis crítico del fenómeno, como se hace con el consumo de cualquier otra cosa, ya sea de ropa o de alimentación. “Tal como se está introduciendo en el mercado, la IA responde a la ideología neoliberal turbocapitalista que pretende convertir todos los aspectos de la actividad humana en algo eficiente, incluso el arte y la creación, con la intención de precarizar más la experiencia humana en general. Y no me refiero solo al ámbito laboral, ya que también precariza la capacidad de pensar y de salir de los imaginarios más comunes”, opina. Y continúa: “Esta precarización implica que debamos plantearnos lo que validamos como saber y lo que no, puesto que lo que no está codificado deja de tener valor o genera la obligación moral de codificarlo, independientemente de que los colectivos implicados quieran o no”. “Se trata de una dinámica que tiene como consecuencia la homogeneización propia de la ideología occidental: de nuevo, es la idea del hombre blanco que nos evangeliza con las maravillas de la tecnología”, agrega.

Por todo ello, tiene claro que las economías transformadoras tienen la responsabilidad de plantearse la introducción de esta tecnología bajo nuevas premisas que permitan ponerla al servicio del bien común, desde valores como la interdependencia, la mancomunación de recursos, la cooperación o la perspectiva feminista, antirracista y decolonial. “¿Y si pusiéramos la IA a trabajar para adaptarnos a la transición eco-social?”, propone Membrives.

Precisamente para pasar de la mirada a la acción crítica, el grupo cooperativo Tangente –con la participación especial de Otro tiempo– y la asociación Trastería de ideas han desarrollado el proyecto Realidad aumentada e Inteligencia artificial contra las violencias machistas. El equipo implicado indica que el objetivo básico del proyecto es apropiarse de las tecnologías con mirada de género y a la vez “estar en el lugar en el que no se nos espera, huir de la estrategia del avestruz que a menudo seguimos cuando algo nos da miedo o no lo terminamos de entender, y no dejar que se nos pase el tren de las tecnologías sin enterarnos”. Quieren plantear la IA como herramienta de empoderamiento y ver todas las posibilidades que ofrecen en la lucha contra las violencias machistas, de la mano de tecnólogas con mirada de género y ESS.

En este aspecto, también coincide la cooperativa tecnológica Colectic. Núria Alonso, una de sus miembros, apunta: “Entendemos la IA como una herramienta potentísima que permite generar grandes avances y cambios. Como sociedad, tenemos el reto de que estos cambios no sirvan para aumentar las desigualdades que atraviesa nuestro planeta, sino que sirvan para garantizar el bien común siguiendo los valores de la ESS”.

La IA en el día a día cooperativo

Miembros del grupo cooperativo Tangente manifiestan que las tecnologías nuevas son nuevas oportunidades, “y lo importante es apropiárselas y decidir nosotras para qué las queremos y cómo las queremos utilizar”. Aunque actualmente hay variedad de usos y posiciones entre las 13 cooperativas del grupo, han organizado un laboratorio como punto de encuentro para compartir inquietudes con profesionales de la comunicación y de la sensibilización utilizando herramientas de IA generativa. “Cuando empezamos el acercamiento a la IA tenía más que ver con la curiosidad; ahora empezamos a hacer un uso más profesional y lo vemos como una herramienta de apoyo en los trabajos, por ejemplo, en perfiles de comunicación o en la redacción de proyectos”, explican. A pesar de que ya se está usando, reconocen que no han tenido un diálogo interno sobre en qué términos, para que sí y para que no, y cómo reconocer al exterior cuando lo usan.

Pero, ¿puede ser la IA una amenaza para el mercado social? ¿Es compatible que la IA ayude a des-precarizar la ESS facilitando algunas tareas habituales en las organizaciones y a la vez genere más precarización en algunos sectores al prescindir de profesionales de determinados ámbitos? En Tangente, son categóricas: “Preferimos las personas a las máquinas, aunque nos gusten las máquinas y sean muy útiles”. Prosiguen: “En nuestra experiencia, su uso puede ser útil como herramienta de apoyo, si sabes de lo que hablas, pero si no conoces bien el tema y no sabes discriminar, no es una herramienta fina, ya que le falta profundidad y se basa en estereotipos”. Por su parte, Membrives añade que, aunque le cuesta poner el foco en el uso individual, cree que también hay un posicionamiento político en las tareas que se le piden a una IA: “Una cosa es utilizarla para agilizar tu trabajo y otra es usarla para ahorrarnos pagar una profesional. Yo creo en la redistribución, así que rechazo ese tipo de usos”.

Uno de los aprendizajes clave del laboratorio organizado por Tangente, en palabras de la ingeniera informática y activista por el software libre Margarita Padilla, es que la IA no es una herramienta de conocimiento sino de reproducción de patrones y aprendizajes, y que se está usando un modelo de lenguaje como si fuera un modelo de conocimiento. “Cuando entendemos que la IA es una distribución de palabras probables, podemos dejar de otorgarle el poder genuino del conocimiento”, reflexiona el equipo de Tangente.

Joan Caballero, referente del equipo de sistemas de la cooperativa de telefonía ética SomConnexió, sostiene que la IA puede tener impacto positivo en el día a día de las organizaciones porque permite ganar en eficiencia y ayuda a poner los esfuerzos en las tareas de mayor valor. Y sigue: “Es más gratificante para una persona de nuestro equipo de atención a las usuarias y más útil para nuestras consumidoras que podamos dedicar 20 minutos al teléfono para ayudar a una persona mayor a configurar sus servicios, que haciendo clics pegando información de un sistema a otro. Gracias a la automatización de procesos nos podemos dedicar más tiempo a ofrecer una gestión de los servicios desde los cuidados, hacia dentro y hacia fuera, poniendo el bienestar de las personas en el centro”. De hecho, en SomConnexió ya utilizan algunas herramientas IA ­–algunas, desde hace años– como soporte a los programadores informáticos para buscar soluciones a problemas técnicos, o para clasificar automáticamente las peticiones de servicios que les llegan.

En Colectic, también creen que la IA puede ser una oportunidad para las organizaciones de ESS, especialmente para las más pequeñas, ya que podría usarse para automatizar procesos de tareas administrativas, contabilidad, gestión de proyectos o seguimiento de donaciones. Según Alonso, se liberaría tiempo de las personas para concentrarse en actividades más estratégicas o directamente relacionadas con los objetivos solidarios de las organizaciones. También podría tener un impacto muy positivo en términos de inclusividad: “Mediante las tecnologías de traducción automática o de accesibilidad digital, basadas en lenguajes que entiendan nuestras organizaciones y alimentadas con nuestros datos, podríamos llegar a una audiencia más diversa, incluyendo personas con discapacidades o de diferentes idiomas y culturas”.

La Red de Economía Alternativa y Solidaria REAS - Red de Redes se sitúa en los mismos parámetros. “Hay que provechar las oportunidades que pueden abrirse para que las entidades tengan mayor incidencia económica y social gracias a ciertas herramientas, pero sin perder de vista el impacto ambiental y en materia de Derechos Humanos detrás de estos procesos”, señala Blanca Crespo, responsable de comunicación. Por ello, recuerda que en el marco de este movimiento, especialmente en ComunESS (espacio de encuentro entre personas y entidades de la comunicación en la ESS), hay abierto un debate hace años –abordado en encuentros como éste con ponencias específicas sobre IA­– que enfatiza la importancia de aplicar también aquí criterios de consumo responsable así como de democratizar estas nuevas tecnologías, el poder y el rédito asociado.

¿Una IA ética?

Uno de los grandes contras de la IA es su sostenibilidad ambiental, especialmente su gran coste energético para entrenar al ordenador. Además, según la Agencia Internacional de la Energía, el mantenimiento de los centros de datos consume alrededor del 1,5% de la energía global y el uso de grandes cantidades de agua para refrigerarlos, y su predicción es que en los próximos 5 años la demanda se duplicará, alcanzando una cifra de 945 teravatios hora. De hecho, confirma la tendencia ya anunciada en el Informe sobre la Economía Digital publicado por la ONU en 2024, que se señalaba que el consumo de electricidad de los principales operadores de centros de datos se había más que duplicado entre 2018 y 2022 por la expansión de los nuevos servicios tecnológicos, entre ellos los que tienen de base la IA, con empresas como Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta entre los mayores contribuyentes.

Todo esto sin tener en cuenta todas las vulneraciones que se dan en la primera etapa de la cadena de subministro tecnológica: el extractivismo que impacta terriblemente en las comunidades ricas en minerales, degradando suelos, contaminando aguas y contribuyendo al cambio climático, la explotación laboral en las minas que emplean a menudo niños y las mafias que se alimentan con este negocio.

Ante este panorama de devastación ambiental, ¿hasta qué punto es viable imaginar una IA ética? Membrives afirma: “Hay que desmantelar la creencia de que necesitamos una IA generativa que nos ayude a todo y pensar en aplicaciones con objetivos concretos y funcionalidades focalizadas ­–algo que ya está empezando a pasar incluso en el sector más comercial, que puedan impulsarse en un escenario de escasez de recursos y pensando en la sostenibilidad”. Alonso lo define como modelos que no impliquen contradicción con la mirada eco-social: “más pequeños, entrenados con fuentes de datos próximas y que den respuesta a nuestro contexto cultural”.

Para no bajar la guardia, Membrives plantea algunos interrogantes sobre la posibilidad de impulsar una IA basada en los principios de la ESS, ya que “a menudo reproducimos modelos de Silicon Valley basados en la idea de innovación o progreso y el replanteamiento debería ser más radical”. La investigadora observa: “Las que venimos del mundo del software libre debemos cuestionar si sus valores sirven o no para afrontar la IA generativa: la esencia de su funcionamiento (la cantidad de datos que necesita, el impacto ambiental...), por mucho que sea de código abierto, no nos exime de otras lógicas capitalistas”.

Asimismo, Alonso declara que pensar en una IA que responda a la lógica del software libre implica transformar muchos de los procesos que hacen posible una IA generativa. “Primero, entender el código con el que está escrita: que sea consultable a través de repositorios públicos, que los algoritmos que la hacen posible sean reutilizables. Pero la IA no es solo el software, también los datos con los que se ha entrenado: ¿de quién son? ¿tenemos derecho a usarlos para entrenar una IA? ¿Tenemos a nuestro alcance bases de datos de licencias abiertas para su reutilización?”. Además, Alonso insiste en la importancia de la infraestructura técnica para hacer funcionar esta IA, ya que de poco servirá que sea ética si se almacena en los centros de datos de las grandes empresas: “Nuestra IA de código abierto se sostendrá en infraestructuras públicas, tendiendo a construir un futuro común digital”, presagia.

Para Caballero, es evidente que ahora no existe la capacidad para desarrollar IA desde la ESS, por lo tanto, cree que lo importante es poner el foco en cómo se ha generado cada una de ellas y “reclamar transparencia para conocer cómo se han entrenado, qué procesos han usado, qué refinamiento, cómo de abierto es el código y las herramientas usadas, etc”. También Membrives insiste en que a lo que debemos plantar cara es a la oligarquía que se está construyendo alrededor de esta tecnología, y exigir una regulación mucho más restrictiva en términos de transparencia.

En este sentido, hay que destacar que en 2021 se aprobó la normativa de la Unión Europea para regular el uso de la IA, prevenir los riesgos e intentar actuar sobre este fenómeno con el objetivo de garantizar la seguridad de los usuarios. “Pensamos que la legislación europea va por buen camino y desde la ESS creemos que podemos aportar esta consciencia, hacer de lobby y estar presentes en estas regulaciones para poder marcar qué usos son socialmente inaceptables, como la clasificación de patrones o de personas según su rastro en internet”, valora Alonso.

Frente común desde la ESS

Como en cualquier sector de la ESS, cooperar y tejer red será también la manera de hacer frente a la IA. En Tangente, admiten que hacer frente a la IA es necesario, pero “genera un marco de amenaza y una respuesta de autodefensa, cuando la idea es ir más allá y pasar a la creación, a la reapropiación”. Para empezar, creen que hay que tener un conocimiento muy claro de lo que son las tecnologías de inteligencia artificial. “Así como mucha gente identifica el navegador con el buscador de Google, o internet con las redes sociales, ahora identificamos inteligencia artificial con unos pocos productos de inteligencias artificiales generativas”, constatan.

Para avanzar colectivamente, ya se han dado los primeros pasos. Como ejemplo, el laboratorio y sus frutos, que han sido de gran ayuda para Tangente: “Hemos aprendido que chatGPT no es un modelo de conocimiento sino un modelo de lenguaje; que es chaquetero; que no tiene opinión propia (¿o sí?); que reproduce la hegemonía a cultural y al funcionar por repetición los conocimientos menos normativos son más difíciles de encontrar; cómo son sus sesgos y estereotipos patriarcales, coloniales y racistas; con qué fuentes trabaja y cómo se apropia del conocimiento de otras. Incluso hemos aprendido que la gente joven lo utiliza como si fuera su psicóloga particular, para no sentirse tan sola”, cuentan. Conscientes de que con la IA generativa están en juego cuáles son los marcos de pensamiento, qué se convierte en verdad social y qué es invisible, recomiendan tener una actitud de curiosidad crítica para no perderse su impacto social y poder generar espacios de oportunidad a través de ella, aunque “aún está por ver cómo se van a concretizar esos espacios de oportunidad”, confiesan.

Otra gran iniciativa colectiva que suma esfuerzos alrededor de la tecnología, IA incluida, es Som IT Cooperatiu, una cooperativa de segundo grado creada por Som Connexió, Som Mobilitat y la Fundación de Fiare. Su objetivo es generar sinergias, asegurando la mirada colectiva mediante el trabajo de cooperativas tecnológicas expertas o que puedan seguir aumentando su conocimiento y compartiéndolo con varios proyectos, y fortaleciendo al conjunto de la ESS.

En definitiva, las expertas tecnológicas del movimiento de la ESS están alineadas con su propuesta de acercamiento crítico a la IA y animan a las entidades a utilizarla responsablemente para cuestionarla y, a partir de ahí, crear alternativas coherentes con sus valores y con la situación eco-social. “El conocimiento es el primer paso, el segundo es apostar colectivamente por construir herramientas tecnológicas que den respuesta a las preguntas que se formulan en la sociedad actual. Y, por supuesto, mancomunar recursos para dar una respuesta colectiva”, concluye Alonso."    (Carla Liébana , El Salto, 19/04/25)

28.8.24

Sobre el arresto político de Pavel Durov... la detención de Durov recuerda en muchos aspectos a la de Meng Wanzhou, que tuvo lugar en Canadá en 2018 en el marco de la guerra lanzada por Estados Unidos contra la empresa china de telecomunicaciones Huawei... «Fue un país occidental, aliado de la administración Biden y miembro entusiasta de la OTAN, el que lo puso entre rejas. Pavel Durov se encuentra esta noche en una prisión francesa, una advertencia en vida para cualquier propietario de una plataforma que se niegue a censurar la verdad a petición de gobiernos y agencias de inteligencia. La oscuridad está descendiendo rápidamente sobre el mundo que una vez fue libre», escribió el conocido periodista estadounidense Tucker Carlson... y Snowden dijo: «La detención de Durov es un ataque a los derechos humanos fundamentales de libertad de expresión y asociación. Me sorprende y entristece profundamente que Macron haya descendido al nivel de la toma de rehenes como medio para acceder a comunicaciones privadas. Esto denigra no solo a Francia, sino al mundo entero»

"La detención de Pavel Durov en Francia está suscitando una tormenta de polémica internacional, con numerosas voces que denuncian el carácter político del caso. Entre acusaciones de censura y ataques a la libertad de expresión, el episodio representa un nuevo capítulo de la compleja guerra mundial de la información.

Nuevo capítulo de la guerra híbrida lanzada por Occidente contra Rusia, la detención de Pavel Durov en Francia ocupa las portadas de los periódicos de todo el mundo. Sin embargo, como de costumbre, la prensa occidental está haciendo todo lo posible para ofrecer una versión sesgada de los hechos, en un intento de ocultar la naturaleza puramente política de la detención del joven empresario ruso, que también tiene la ciudadanía francesa.

Incluso el presidente francés, Emmanuel Macron, tomó la palabra para tratar de negar el carácter político de la detención: «La detención del presidente de Telegram en suelo francés se produjo en el marco de una investigación judicial en curso. No se trata en ningún caso de una decisión política. Corresponde a los jueces pronunciarse al respecto», escribió el dirigente francés en su página X. «Francia está profundamente comprometida con la libertad de expresión y comunicación, la innovación y el espíritu emprendedor», afirmó. «En un Estado de derecho, las libertades están protegidas dentro de un marco legal, tanto en las redes sociales como en la vida real, para proteger a los ciudadanos y respetar sus derechos fundamentales», añadió Macron.

Sin embargo, el mero hecho de que Macron se viera obligado a intervenir para negar la naturaleza política de la detención de Durov parece casi una confirmación de lo acertado de esta teoría, en desafío a la libertad de expresión con la que les gusta llenarse la boca a los autodenominados líderes «democráticos» occidentales. De hecho, la detención de Durov recuerda en muchos aspectos a la de Meng Wanzhou, que tuvo lugar en Canadá en 2018 en el marco de la guerra lanzada por Estados Unidos contra la empresa china de telecomunicaciones Huawei.

La detención de Durov ha desatado una ola de protestas y polémica no sólo en Rusia, cuyas autoridades han exigido la liberación inmediata del detenido, sino también por parte de muchos occidentales que no se tragan la propaganda oficial de los medios de comunicación. «Fue un país occidental, aliado de la administración Biden y miembro entusiasta de la OTAN, el que lo puso entre rejas. Pavel Durov se encuentra esta noche en una prisión francesa, una advertencia en vida para cualquier propietario de una plataforma que se niegue a censurar la verdad a petición de gobiernos y agencias de inteligencia. La oscuridad está descendiendo rápidamente sobre el mundo que una vez fue libre», escribió el conocido periodista estadounidense Tucker Carlson en su página X.  

Posteriormente, Carlson retomó el tema en una entrevista que mantuvo con Robert Kennedy Jr. y afirmó que la detención de Durov no representa más que un «sello de la dictadura». «La administración Biden animó al presidente francés Macron a detener al propietario y fundador de Telegram, Pavel Durov, que actualmente se encuentra en una prisión francesa. Esto parece, quiero decir, el sello distintivo de la dictadura, en mi opinión», fueron las palabras del periodista, que se dio a conocer internacionalmente por ser el primer occidental en entrevistar a Vladímir Putin desde el inicio de la operación militar especial de Rusia en Ucrania.

Edward Snowden, antiguo miembro de los servicios de inteligencia estadounidenses y famoso por filtrar documentos secretos que demostraban la existencia de un programa de vigilancia global por parte de Washington, también calificó la detención de Durov de ataque a la libertad de expresión y de vergüenza para Francia y el mundo: «La detención de Durov es un ataque a los derechos humanos fundamentales de libertad de expresión y asociación. Me sorprende y entristece profundamente que Macron haya descendido al nivel de la toma de rehenes como medio para acceder a comunicaciones privadas. Esto denigra no solo a Francia, sino al mundo entero», escribió en su página X.

Sevim Dagdelen, diputado alemán de izquierdas, declaró a su vez que «la detención de Pavel Durov en Francia, que al parecer se debe a su negativa a conceder a los servicios de inteligencia occidentales acceso a los datos de los usuarios, es un ataque flagrante a la libertad de expresión y de palabra». Incluso en la propia Francia no faltaron voces críticas con la detención de Durov, como la de Florian Philippot, ex eurodiputado y líder del partido derechista Les Patriotes. Según Philippot, se trata de «una guerra contra la libertad de expresión en general».

Tras los numerosos casos del pasado, como el de Julian Assange, víctima de años de persecución, y los ya mencionados de Edward Snowden -obligado a solicitar la ciudadanía rusa- y Meng Wanzhou, la detención de Pavel Durov representa un caso más de flagrante violación de los derechos humanos por parte de las potencias occidentales, que siguen aplicando su propio doble rasero según el cual las violaciones son solo las cometidas por terceros. Los mismos que lloriqueaban por la detención del neonazi Aleksej Naval'nyj, aplauden ahora el arresto de Durov, culpable de no vender los datos de sus usuarios, como le gusta hacer a Mark Zuckerberg.

Según el senador ruso Vladimir Džabarov, Estados Unidos ideó el plan de la detención de Durov no sólo para atacar al fundador de Telegram, sino sobre todo para apoderarse de la propia plataforma de mensajería instantánea y hacerse con información relativa a los ciudadanos y las tropas de la Federación Rusa. «Creo que aquí hay algo más en juego, la operación militar especial. Mientras que muchos dicen que Telegram es seguro para su uso, los estadounidenses no [...] tienen acceso a esta red social, por lo que tratarán de establecer un control sobre esta plataforma para utilizar la información contra las tropas rusas. Creo que deberíamos tener esto en cuenta», declaró el senador en una entrevista a la cadena de televisión Rossija-24.

Como muchos otros, Džabarov afirma que Washington está detrás de la detención de Durov por las autoridades francesas. «Creo que los estadounidenses intentarán examinar cada uno de los mensajes de Telegram. No se limitarán a decir, señor Durov, dénos información sobre esta persona concreta de la que sospechamos que es terrorista. Por supuesto que no, lo leerán todo», dijo el senador. Además, según Džabarov, las agencias de inteligencia estadounidenses podrían intentar obtener la cooperación de Durov. Creo que probablemente intentarán doblegarle, como hicieron con Zuckerberg. Sabes que hablaba de independencia, pero todas sus redes acabaron [...] cooperando muy bien con los servicios de inteligencia. Y WhatsApp está bajo el control total de los estadounidenses. Creo que intentarán hacer lo mismo con Telegram', dijo. Si no, lo dejarán encarcelado hasta que ceda», concluyó." 

(Giulio Chinappi , Marx21, 28/08/24, traducción DEEPL, enlaces en el original) 

24.7.24

Martín Urriza: Robots, IA, digitalización y una energía renovable gratuita, limpia y almacenable nos librarán en breve del trabajo peligroso, repetitivo y monótono. Esto disparará la productividad y tendremos que repartirla entre todos... ¿Cómo? Duplicando el salario/hora, recortando la jornada laboral primero a 32 horas semanales y después a 20 horas... Esto no es nuevo ya nos ha pasado antes. Nos pasó con la introducción de la máquina de vapor y la electricidad que terminaron con el trabajo penoso y elevaron el nivel de vida de la población... Esto ya lo avanzó Keynes en su conferencia de 1930, “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” donde predijo que en 100 años el problema económico de acumulación de capital para atender las necesidades básicas se habría resuelto y solo quedaría hacer un buen reparto... Hoy el reparto de la renta y la riqueza es excesivamente desigual... Como ya sucedió en el s.XIX con la superación de los regímenes absolutistas, saltar a esta nueva pantalla de desarrollo no será un proceso pacífico pues requerirá hacer la democracia más ancha mientras los enemigos del progreso intentarán estrecharla y suspenderla

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

(1/5) Robots, IA, digitalización y una energía renovable gratuita, limpia y almacenable nos librarán en breve del trabajo peligroso, repetitivo y monótono. Esto disparará la productividad y tendremos que repartirla entre todos

(2/5) ¿Cómo? Duplicando el salario/hora, recortando la jornada laboral primero a 32 horas semanales y después a 20 horas e introduciendo una renta universal que permita atender las necesidades básicas; que serán baratas gracias al uso de la IA en su producción y abastecimiento

 (3/5) Esto no es nuevo ya nos ha pasado antes. Nos pasó con la introducción de la máquina de vapor y la electricidad que terminaron con el trabajo penoso y elevaron el nivel de vida de la población. También con el descubrimiento del fuego, la agricultura, navegación, …

 (4/5) Liberados de la maldición del trabajo para poder vivir. Nos podremos dedicar solo a trabajos creativos, las bellas artes y el ocio. Habremos superado el problema económico de tener que dedicar largas jornadas a trabajos tediosos para cubrir nuestras necesidades básicas

 (5/5) Esto ya lo avanzó Keynes en su conferencia de 1930, “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” donde predijo que en 100 años el problema económico de acumulación de capital para atender las necesidades básicas se habría resuelto y solo quedaría hacer un buen reparto

 (6/6) Keynes tenía razón. Hoy el reparto de la renta y la riqueza es excesivamente desigual. El 10% más rico se queda con el 52% de la renta mundial y el 76% de la riqueza. En España con el 25% y el 54% respectivamente. Esta concentración crecerá con la revolución digital.

 (7/7) El acierto de Keynes sobre una acumulación de capital suficiente es doble porque ahora también sabemos que la acumulación tiene límites si no queremos desequilibrar el planeta en términos ecológicos y climáticos.

 (8/8) Como ya sucedió en el s.XIX con la superación de los regímenes absolutistas, saltar a esta nueva pantalla de desarrollo no será un proceso pacífico pues requerirá hacer la democracia más ancha mientras los enemigos del progreso intentarán estrecharla y suspenderla

De publico.es

7:25 p. m. · 7 jul. 2024 13,6 mil Reproducciones

18.7.24

¿Es un euro digital... un euro? ¿Es una nueva forma de moneda, una «nueva moneda» o simplemente un medio de pago? Debe considerarse como la representación digital de un billete de banco (Hubert de Vauplane)

 "Los atributos de la moneda 

La próxima —y probable— llegada del euro digital plantea interrogantes sobre su naturaleza. En un momento en el que se multiplican las unidades monetarias de todo tipo —monedas locales, criptomonedas, monedas digitales de bancos centrales, stablecoins…— y en el que el dinero en efectivo tiende a convertirse (o a ser) marginado (al menos en los países occidentales), para responder a la pregunta de qué representa el euro digital, primero debemos examinar los elementos que caracterizan jurídicamente a una moneda.

1 — Privilegio de emisión

La primera característica jurídica de la moneda de curso legal es que es emitida por un banco central, es decir, una institución pública encargada de emitirla en todas sus formas, en particular como billetes y monedas metálicas —el dinero escritural también puede ser emitido por los bancos—. Es lo que se conoce como «privilegio de emisión». Pero no siempre ha sido así, ni mucho menos. De hecho, el concepto de banco central es relativamente reciente. Aunque algunos existen desde el siglo XVII —el banco central más antiguo es el Banco de Suecia, fundado en 1656, seguido de cerca por la «Old Lady», el Banco de Inglaterra, nacido en 1694, y el Banco de Francia data sólo de 1800—, la mayoría de los bancos centrales actuales son posteriores a la década de 1950. De hecho, el número de bancos centrales ha aumentado con la creación de nuevos Estados, ya sea a raíz del Tratado de Versalles, de la descolonización o, más recientemente, de la desintegración de algunos países.

El poder de «acuñar moneda» es uno de los atributos esenciales del Príncipe; la doctrina jurídica lo reconoce desde hace mucho tiempo: «La moneda es uno de los derechos de soberanía», como ya afirmaba Bodin, aunque no fue hasta el siglo XX cuando la jurisprudencia internacional consagró el principio de soberanía monetaria.

2 — Curso legal 

La segunda característica de una moneda legal es lo que se conoce como «curso legal», que se aplica tanto a los billetes como a las monedas metálicas. Esto significa que deben ser aceptados para todos los pagos. El concepto de curso legal «es una característica definitoria de la moneda de banco central», como subraya el proyecto de reglamento europeo sobre la introducción del euro digital1

Históricamente, el curso legal sólo se aplicaba a los billetes, que podían convertirse en cualquier momento en monedas metálicas, acuñadas en un metal precioso y, por tanto, con valor intrínseco. Pero no siempre fue así. Hoy, sólo los billetes y monedas en euros tienen curso legal en el territorio nacional.  

El curso legal de los billetes y monedas metálicas significa que no pueden ser rechazados en el pago de una deuda: su aceptación como medio de pago es obligatoria. Como se indica en el proyecto de reglamento sobre el euro digital, «la noción de “curso legal” de un medio de pago denominado en una unidad monetaria significa, en su acepción actual, que este medio de pago no puede, en general, ser rechazado en pago de una deuda denominada en la misma unidad monetaria, a su valor nominal, con pleno efecto liberatorio»2.

Negarse a aceptar monedas o billetes de curso legal en Francia se castiga con una multa en virtud del artículo R. 642.3 del Código Penal3

El curso legal de los billetes de euro se rige por el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE). El Reglamento 974/98 del Consejo, de 3 de mayo de 1998, sobre la introducción del euro, define el curso legal de los billetes y monedas en euros, pero no establece una definición única a escala europea. El mismo texto establece que las partes pueden establecer excepciones a esta obligación mediante acuerdo. Para aclarar este concepto, la Comisión Europea adoptó el 22 de marzo de 2010 una recomendación sobre el alcance y los efectos del curso legal de los billetes y monedas en euros. En el marco del proyecto de euro digital, un proyecto de reglamento prevé «normas detalladas sobre el alcance, los efectos y el acceso al curso legal de los billetes y monedas en euros (…), con el fin de garantizar el uso efectivo del euro como moneda única»4.

3 — Convertibilidad

La convertibilidad de una moneda no es un atributo legal de la misma, sino un grado de apertura al comercio con el exterior: una moneda de curso legal puede no ser convertible en absoluto. Definida como la capacidad de una moneda nacional para ser cambiada libremente, la convertibilidad se alcanza, según los periodos, bien contra el oro del país de emisión —o la plata en ciertos países—, bien contra monedas extranjeras.

El grado de convertibilidad de una moneda se mide por el grado de libertad para utilizar o intercambiar cualquier activo en esa moneda a un tipo de cambio determinado. Una moneda puede ser convertible de iure o de facto. De iure, una moneda se convierte en convertible cuando el Estado emisor lo notifica oficialmente al FMI. De facto, una moneda se convierte en convertible cuando no existen obstáculos para su cambio frente a otras monedas, en particular a través de regulaciones cambiarias. Existen varios grados de convertibilidad, en función del grado de restricción de las transacciones en divisas.

Además, algunas monedas pueden estar sujetas a lo que se conoce como régimen de cambio forzoso, que exige que una divisa circule a su valor nominal, sin relación alguna con su valor metálico —o, más generalmente, con el valor del activo que se supone que sirve de referencia: una divisa, por ejemplo—. El sistema de cambio forzoso consiste en la imposición simultánea de un sistema de inconvertibilidad y de curso legal. Es el caso, en particular, de los billetes convertibles en metales preciosos. En una economía monetaria en la que la cantidad de billetes en circulación está desvinculada de cualquier referencia a un activo de reserva, la noción de tipo de cambio forzoso ya no tiene mucho sentido.

4 — Fungibilidad 

A menudo se dice que la moneda es fungible. Lo que queda por acordar es el significado de la expresión —que no es exactamente el mismo para los economistas que para los juristas—. Para los economistas, es el carácter intercambiable de los instrumentos monetarios lo que los hace fungibles. Para estos últimos, la fungibilidad se refiere a cosas «de la misma especie y de la misma cantidad», es decir, cosas equivalentes que se utilizan indistintamente como pago. Para la doctrina jurídica clásica, la moneda es el único bien «absolutamente fungible», porque es convertible o intercambiable en cualquier otro bien.  En otras palabras, es la relación de equivalencia absoluta lo que hace que la moneda sea fungible. En cuanto a su consumibilidad, deriva este atributo de su naturaleza alienable: no es que se destruya naturalmente por el consumo que se hace de ella, sino por su gasto cuando se utiliza. 

Ahora que hemos aclarado las características de la moneda de curso legal, ¿qué ocurre con el euro digital? 

¿Cuáles son los atributos del euro digital? 

¿Es una nueva forma de moneda, una «nueva moneda» o simplemente un medio de pago5

Evidentemente, el plan europeo para el euro digital no lo describe como una nueva moneda. En otras palabras, no es un euro de menor calidad o valor: el euro digital es un euro. Por lo tanto, no presenta ninguna diferencia de valor ni de naturaleza. 

Sin embargo, para tener en cuenta su naturaleza digital, la Comisión Europea prevé regular el euro digital mediante tres proyectos de reglamento: uno sobre la creación del euro digital6, otro sobre la definición en derecho europeo del concepto de moneda de curso legal7, y el último tiene por objeto permitir a los proveedores de servicios de pago de los países cuya moneda no es el euro estar en condiciones de distribuir esta nueva forma del euro.

El primero de estos reglamentos es muy interesante porque su objetivo no es «crear» el euro digital o «introducir» el euro digital —lo que sugeriría que se trata de una nueva moneda— sino «establecer» el euro digital de forma que «complemente los billetes y monedas de euro»8. Así expresado, el euro digital es claramente un euro. 

Pero, ¿de qué tipo de moneda estamos hablando? ¿Se trata de billetes y monedas, de moneda fiduciaria, o de una nueva forma digital de moneda junto a las dos primeras? Sabemos que la primera se compone de billetes y monedas y es emitida exclusivamente por un banco central —o en nombre de un banco central—, mientras que la segunda representa esencialmente depósitos y préstamos bancarios.

En el proyecto de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, el euro digital es a la vez una nueva representación de la moneda de curso legal (el euro) y una forma digital de la moneda fiduciaria. Como dice el proyecto de reglamento sobre el euro digital, es la «(…) forma de la moneda única de curso legal en la zona del euro»9 o «la forma digital de la moneda única»10.

Pero, ¿es lo mismo el euro digital que un billete o una moneda de euro? La cuestión no es neutra, dadas las competencias en la materia: mientras que sólo el BCE está facultado «para autorizar la emisión de billetes de banco en euros en la Unión»11, son los Estados miembros los que «pueden emitir monedas en euros, previa aprobación por el Banco Central Europeo del volumen de emisión»12. En consecuencia, sólo «los billetes emitidos por el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales [tienen] curso legal en la Unión»13. Lo mismo ocurre con las monedas en euros14.

Evidentemente, el TFUE no menciona el euro digital, que no existía cuando se adoptó. Ni siquiera menciona otras posibles formas de representación del euro. Por tanto, para dar curso legal al euro digital en el marco del Tratado actual, la única posibilidad es que el TFUE lo asimile a un billete o moneda de euro.

Esta asimilación a un billete o moneda dista mucho de ser neutra.

Al diseñar el euro digital se optó por que fuera la forma digital de un billete en euros15 —no de una moneda en euros— para preservar la competencia exclusiva del BCE. Podría haber sido de otro modo, pero no parece que haya habido ningún debate al respecto, sobre todo teniendo en cuenta que la emisión del euro forma parte de la política monetaria, que no es una competencia compartida con los Estados miembros, sino una competencia exclusiva de la Unión16.  

Teniendo esto en cuenta, y sin modificar el TFUE, el proyecto de Reglamento sobre el euro digital establece un paralelismo con la moneda metálica al afirmar que «el Banco Central Europeo tendrá el derecho exclusivo de autorizar la emisión del euro digital, y el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales podrán emitir el euro digital»17

Además de esta «ventaja», la asimilación de un euro digital a un billete en euros evita al BCE otros dos escollos. 

El primero es el de tener que modificar los tratados europeos para incluir el euro digital como una nueva forma del euro sobre la que el BCE tiene competencia exclusiva. Las competencias del BCE sobre el euro están estrictamente definidas y limitadas por el Tratado de Lisboa18, y volver a estos textos para modificarlos es una opción descartada por el excesivo riesgo político de una negativa a ratificarlos. La solución adoptada ha sido entonces considerar el euro digital como una representación digital de un billete.

El segundo escollo consiste en convertir al Consejo y al Parlamento Europeo —y no a los Estados miembros— en los únicos responsables de la toma de decisiones sobre la cuestión del euro digital. Para ello se recurre al artículo 133 del TFUE, que establece que «sin perjuicio de las competencias del Banco Central Europeo, el Parlamento Europeo y el Consejo adoptarán, con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, las medidas necesarias para la utilización del euro como moneda única. Dichas medidas se adoptarán previa consulta al Banco Central Europeo». Gracias a esta disposición, los parlamentos nacionales quedan excluidos del proceso legislativo sobre el euro digital. Pueden elaborar informes y emitir dictámenes, pero no tendrán voz en la decisión de lanzar o no el euro digital. Esta ausencia de papel de los representantes nacionales es criticable si se tiene en cuenta que el euro digital no es sólo un elemento de política monetaria, sino que también puede tener un impacto sobre la solidez financiera de los bancos en términos de sus ratios prudenciales19, que en este caso es una competencia compartida entre la Unión y sus Estados miembros en el marco del mercado interior. La opción eminentemente política adoptada consiste en considerar el euro digital como un elemento más de la política monetaria.

Así, gracias a la utilización del artículo 133 del TFUE —una suerte de artículo mágico— no es necesario modificar el Tratado para autorizar la emisión de un euro digital. El proyecto de reglamento europeo sobre el establecimiento del euro digital se basa en esta disposición del Tratado de Lisboa como fundamento de su competencia, y este mismo proyecto de reglamento establece lógicamente que «el Banco Central Europeo debería (…) poder decidir si, cuándo y en qué cantidad emitir el euro digital además de billetes y monedas, y adoptar otras medidas específicas intrínsecamente vinculadas a su emisión»20.

En nuestra opinión, esto requiere una interpretación muy amplia de esta disposición —porque no estaba prevista cuando se redactó el Tratado de Lisboa—: considerar que la creación del euro digital constituye «medidas necesarias para la utilización del euro como moneda única» no es una cuestión de sentido común evidente —porque equivale a considerar que la forma digital o física de una cosa son equivalentes y sin efecto—, sino de razonamiento jurídico atrevido. Buscamos la manera de vincular la digitalización de la moneda a una medida de su uso. Menos que un «uso», se trata más bien de un cambio profundo en la relación con la moneda que se está produciendo21. A menos que consideremos justamente el euro digital como una nueva representación ficticia de un billete de euro. En ese sentido, el euro digital sería simplemente una variación del billete en euros y no una nueva forma de representar el dinero junto a los billetes.

De ahí la cuestión de la legalidad de esta disposición como base para establecer el euro digital22. A este respecto, no es improbable que esta base jurídica del artículo 133 del TFUE sea impugnada ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pero es igualmente posible —e incluso probable— que el mismo TJUE rechace esta petición, como ha hecho hasta la fecha en todos los asuntos relativos a la política monetaria. La base del Tribunal de Justicia será probablemente equiparar el euro digital a la aplicación de la política monetaria, como el Tribunal indicó recientemente al establecer un vínculo entre la política monetaria y la emisión de billetes por el BCE23.

¿Qué podemos aprender de todo esto? El euro digital, en definitiva, es un euro «verdadero» —pero debe considerarse, por ficción, como la representación digital de un billete de banco—."

(Hubert de Vauplane , El Grand Continent, 17/07/24)