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8.8.26

Los sucesos acaecidos en Ceuta han sido un arma utilizada contra España por distintas potencias internacionales... Se giraron facturas desde distintos lugares, pero no todo puede explicarse desde esa perspectiva... la Casa Blanca, ha obligado a la UE a tomar nuevos rumbos. De momento, la tendencia más frecuente ha sido que cada Estado haya mirado por sí mismo. Los pilares comunes se debilitan y los proyectos en términos nacionales se multiplican. Friedrich Merz sugirió a Donald Trump que hiciese de Alemania "su socio principal" en Europa, ya que no encontraba la afinidad suficiente en el conjunto de Europa. Las medidas tomadas por Merz van en una dirección que se integra en la visión del actual Gobierno estadounidense en lo que se refiere a inversión en defensa, posición frente a la inmigración, conexión energética y vinculación financiera... Francia ve con enorme preocupación la deriva germana, y buena parte de las posibilidades electorales de Le Pen pasan por reunir el malestar de su población contra una Europa dirigida por Alemania... en Italia, los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni, tiene temas muy relevantes la posibilidad abierta de sumarse a la fabricación de armamento... Queda España. Sánchez aboga por una mayor integración europea, se ha mostrado reacio a gastar el 5% en defensa, se ha posicionado a favor de Palestina, rechaza la austeridad como programa de futuro, es proinmigración, tiene buenas relaciones con China y rechaza la visión trumpista. Nada de este programa encaja con los propósitos germanos... así, el programa de Merz es mucho más fácil de conseguir de la mano de las derechas que con ejecutivos socialistas... y la nueva entente alemana prefiere a Marruecos como socio (Esteban Hernández)

 "Más allá de los hechos en sí, del papel de Marruecos en la instigación o en la falta de control de las masas que se dirigieron a la ciudad española, de si los servicios de seguridad españoles estaban o no alertados, de hasta qué punto el Gobierno confió ciegamente en que Marruecos detendría la invasión, de los menores que aún quedan en la ciudad o de si se deben reforzar y cómo los controles de frontera, lo cierto es que los sucesos acaecidos en Ceuta han sido un arma utilizada contra España por distintas potencias internacionales.

Meloni, y después casi toda Europa, culpó al Gobierno español de diseñar políticas que generaban efecto llamada: había que cerrar el espacio Schengen y hacer cortafuegos respecto de los problemas que causaban las medidas torpes e ideológicas de Pedro Sánchez (una medida de control fronterizo a la que ayer mismo respondió el Gobierno español imponiendo restricciones similares a los vuelos y rutas marítimas procedentes de Italia). EEUU no se limitó solo a eso, sino que insistió en que las políticas coloniales de España debían terminar. Israel y el Mossad promovieron una acción de inteligencia destinada a desestabilizar a España, asegura El Mundo, citando fuentes chinas. Por si fuera poco, la relación entre España y Argelia está de fondo.

No solo fue el sector MAGA; también Manfred Weber, el presidente del PPE, participó de las recriminaciones a España

Buena parte de estas tensiones han sido interpretadas desde posiciones ideológicas: las políticas españolas sobre inmigración, la OTAN o Gaza generaron mucha animadversión entre las derechas globales, y la invasión de Ceuta fue el momento adecuado para cobrar las deudas pendientes. No solo fue el sector MAGA; también Manfred Weber, el presidente del PPE, participó de las recriminaciones a España. Se giraron facturas desde distintos lugares, pero no todo puede explicarse desde esa perspectiva.

Berlín y la UE

El aspecto más llamativo es la soledad de Pedro Sánchez frente a la mayoría de las capitales europeas, y lo es porque revela los movimientos tectónicos que están teniendo lugar en la UE. La ruptura de las bases de la alianza con EEUU, que tomó cuerpo definitivo con el segundo mandato de Trump, aunque llevaba tiempo tambaleándose, también con Biden en la Casa Blanca, ha obligado a la UE a tomar nuevos rumbos. De momento, la tendencia más frecuente ha sido que cada Estado haya mirado por sí mismo. Los pilares comunes se debilitan y los proyectos en términos nacionales se multiplican.

Europa tenía dos opciones. Situada como está en la esfera estadounidense, no podía desafiar directamente a EEUU, ni siquiera bajo las condiciones de presión de Trump, pero sí buscar un margen mayor de acción que el que Washington pretendía. Se llamó autonomía estratégica. Hubo un instante en que la expresión se hizo popular, solo para ir decayendo conforme avanzaban los meses. La otra opción era ceder a la agenda de EEUU e ir incorporando poco a poco sus diferentes demandas.

En Washington, Friedrich Merz sugirió a Donald Trump que hiciese de Alemania "su socio principal" en Europa

El momento presente, con la fragmentación y las tensiones entre distintos países, ofrece una imagen nítida de la situación europea. El punto de partida fue la reacción alemana. El Gobierno germano decidió invertir grandes cantidades de capital para mejorar su competitividad y sus infraestructuras y para crear un ejército poderoso, al mismo tiempo que promovía políticas de ajuste presupuestario. Abogó por firmar acuerdos de libre comercio, como Mercosur, a pesar de las resistencias francesas, y cedió ante las exigencias arancelarias estadounidenses.

Fueron políticas nacionales que no se quedaron en Alemania, sino que trataron de ampliarse al conjunto de países que componen la UE. Excepto en un punto, la inversión. Berlín se ha negado repetidamente a ampliar sus políticas fiscales al conjunto de la Unión. Alemania tenía recursos, ya que sus superávits comerciales recurrentes le han permitido un endeudamiento bajo, con lo que posee margen de maniobra del que intenta sacar partido, pero únicamente en provecho propio. Las iniciativas para dar pasos adelante hacia una Unión Europea más firme han decaído y los programas de las capitales toman mayor peso.

En ese escenario, la decisión alemana la subrayó Merz en una visita a Washington en diciembre pasado, donde le sugirió a Trump, ya que no encontraba la afinidad suficiente en el conjunto de Europa, que hiciese de Alemania "su socio principal". Las medidas tomadas por Merz van en una dirección que se integra en la visión del actual Gobierno estadounidense en lo que se refiere a inversión en defensa, posición frente a la inmigración, conexión energética y vinculación financiera.

Las tres piezas

Hay quienes insisten en que la brecha norte-sur define Europa, del mismo modo que la definió durante la crisis de los años 2010, en la era de los PIGS. Ahora vuelven a recurrir a la geografía y a los intereses diferentes a los que obliga. Hay mucha verdad en ello, pero no es toda la historia. Una vez que decayó la voluntad de salir de este mal momento unidos, la hoja de ruta pasa por las alianzas entre distintos países de la Unión para propósitos concretos. Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia se unen a Alemania para promover la austeridad presupuestaria; Polonia, Finlandia, Suecia y Dinamarca, además de los países bálticos, se alían con Alemania para promover la inversión en defensa. Berlín intenta cumplir su programa aunando fuerzas diversas.

Con Italia, la alianza se ha hecho más sólida a partir de los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni

En ese marco de alianzas quedan tres piezas importantes por encajar, los tres países más relevantes de la UE en población y recursos, exceptuando Alemania: Francia, Italia y España. Los galos ven con enorme preocupación la deriva germana, y buena parte de las posibilidades electorales de Le Pen pasan por reunir el malestar de su población contra una Europa dirigida por Alemania. Francia desconfía enormemente del papel principal que Berlín quiere atribuirse en defensa, ya que supone una pérdida de poder significativa para los franceses, y tampoco se siente cómoda con los tratados de libre comercio.

Con Italia, la alianza se ha hecho más sólida a partir de los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni, con temas muy relevantes para los transalpinos, como la competitividad de su industria y la posibilidad abierta de sumarse a la fabricación de armamento. También hay muchos puntos en común en el programa para poner freno a la inmigración. Ambos países se sitúan firmemente en la órbita atlántica.

Hay partidos europeos que estarían de acuerdo con el programa de Sánchez, pero no son muchos y no están en el poder

Queda España. Sánchez aboga por una mayor integración europea, se ha mostrado reacio a gastar el 5% en defensa, se ha posicionado a favor de Palestina, rechaza la austeridad como programa de futuro, es proinmigración, tiene buenas relaciones con China y rechaza la visión trumpista. Nada de este programa encaja con los propósitos germanos. Meloni fue la primera que se lanzó contra Sánchez. Hay partidos europeos que estarían de acuerdo con este programa, pero no son muchos y no están en el poder. La soledad de Sánchez es grande en nuestro continente.

Ceuta y el "Orbán rojo"

Lo ocurrido en Ceuta debe afrontarse teniendo en cuenta varios planos. El primero de ellos, el pragmático, es el referido a la forma en que España debe actuar con Marruecos, la necesidad o no de reforzar los controles fronterizos, el destino de los jóvenes inmigrantes y demás asuntos que deben afrontarse. El segundo plano es el ideológico, ya que la soledad de Sánchez en la UE proviene de una intención expresa de que Europa tome nuevos rumbos. Lo avisaba el diputado danés del PPE que llamó a Sánchez el "Orbán rojo": los populares europeos deberían entenderse con partidos como AfD. El programa de Merz es mucho más fácil de conseguir de la mano de esas derechas que con ejecutivos socialistas. Incluso el mismo Merz es cuestionado, y existen rumores cada vez más vivos sobre su pronta salida del Gobierno. Esa situación abriría una brecha en los conservadores alemanes por la que podría penetrar la alianza con la AfD.

El tercer plano es el de los intereses. Más allá del actual Gobierno español, el instante geopolítico dicta que cada país está intentando reforzar sus capacidades y su influencia, en general a costa del resto. La nueva entente prefiere a Marruecos como socio. Tiene Tánger Med, ha firmado acuerdos que le dan acceso a la Unión Europea, posee fosfatos, sus amistades son poderosas y sus costas dan al Estrecho de Gibraltar. Pero, para que este último punto tenga peso, necesita Ceuta. Las presiones están sobre la mesa."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 08/08/26) 

4.8.26

"Las secuelas de la crisis fronteriza de Ceuta de la semana pasada no tiene precedentes en la Unión Europea, a juzgar por el juego de culpas que estalla en el continente" (bloomberg)... La reacción de gran parte de Europa ante lo ocurrido en Ceuta fue, en efecto, bastante decepcionante, lo que sugiere que hay poca solidaridad en la UE. Con tensiones y presiones comerciales que probablemente se intensifiquen, esto no augura nada bueno para la UE... Funcionarios de la UE han expresado una gran frustración por lo que percibían como una casi alegre falta de cooperación española en cuestiones de comercio e industrialización, por no hablar de las militares... les recuerdo que la respuesta de países como Alemania a la crisis de 2008-09 en Europa tampoco dejó una impresión especialmente buena en países como España... no hay escasez de agravios que los miembros de la UE pueden usar para justificar sus propios rechazos particulares a la solidaridad de la UE... pero en un sistema comercial global cada vez más polarizado, no será bueno para los miembros de la UE pertenecer a la única gran economía que es incapaz de tomar medidas similares (Michael Pettis)

Michael Pettis @michaelxpettis

1/6 Bloomberg: "Las secuelas de la crisis fronteriza de Ceuta de la semana pasada también pueden no tener precedentes, a juzgar por el juego de culpas que estalla en un continente donde los partidos de extrema derecha están en auge y varios países clave están entrando en temporada electoral."
@LionelRALaurent

 2/6 La reacción de gran parte de Europa ante lo ocurrido en Ceuta fue, en efecto, bastante decepcionante, lo que sugiere que, pese a todo el discurso, hay poca solidaridad en la UE. En un mundo en el que las tensiones y presiones comerciales probablemente se intensifiquen, esto no augura nada bueno para la UE.

 3/6 Quizás no sea exactamente una sorpresa. Los funcionarios de la UE con los que he hablado en el último año han expresado una gran frustración por lo que percibían como una casi alegre falta de cooperación española en cuestiones de comercio e industrialización, por no hablar de las militares...

 4/6 problemas, aunque a veces les recuerdo que la respuesta de países como Alemania a la crisis de 2008-09 en Europa –especialmente dada su responsabilidad en la creación de los desequilibrios que llevaron a la crisis– tampoco dejó una impresión especialmente buena en países como España.

 5/6 El punto es que no hay escasez de agravios que los miembros de la UE pueden usar para justificar sus propios rechazos particulares a la solidaridad de la UE, pero en un sistema comercial global cada vez más polarizado, y uno en el que EE. UU., China, Japón, India y el Reino Unido son capaces de – y...

 6/6 casi con seguridad lo hará – tomar los pasos necesarios para desviar los costos de lo que probablemente será una reestructuración difícil de la economía global, no será bueno para los miembros de la UE pertenecer a la única gran economía que es incapaz de tomar medidas similares.

De bloomberg.com

 (traducción google)

9:40 a. m. · 4 ago. 2026 ·7.069 Visualizaciones

23.7.26

Alemania está ahora en crisis porque cuatro de los pilares de su modelo económico se hallan en situación de fragilidad: el precio de la energía, la industria del automóvil, el comercio con China y la calidad de sus infraestructuras... Han roto con Rusia, las relaciones comerciales con China son cada vez más tensas, su industria automovilística presenta serios problemas estructurales y el Gobierno de los Estados Unidos se inmiscuye en sus procesos electorales... con la invasión rusa de Ucrania, Alemania se vio bruscamente obligada a renunciar al gas ruso... La energía que ahora consume la industria alemana es más cara... La crisis de empleo que se cierne sobre el grupo automovilístico Volkswagen pone los pelos de punta... China está inundando Europa de productos a muy buen precio (coches, eléctricos, acero, manufacturas, bienes de consumo), que perjudican a las exportaciones alemanas. En lugar de vender más automóviles alemanes en China, son las ágiles empresas automovilísticas chinas las que están conquistando el mercado europeo... sus infraestructuras (vías férreas, carreteras, puentes, conexión a internet) están quedando atrasadas. Alemania tiene menos red de fibra óptica que España... El actual gobierno alemán está intentando reaccionar con una inversión masiva en infraestructuras y el rearme... y acaba de anunciar un plan de reconsideración de las pensiones (Enric Juliana)

"Pensión Alemania

Alemania está en crisis. No es una crisis como la que sufrimos los países del sur de Europa a partir del año 2008, a medida que los activos tóxicos del mercado financiero estadounidense fueron impactando en las finanzas europeas, y el gobierno de Angela Merkel decidió bajar un telón cortafuegos para proteger a su banca, a su industria, a sus ahorradores y a su consenso político interno. Ese telón cortafuegos recibió el nombre de Política de Austeridad y los países del sur fueron cariñosamente bautizados como PIGS. Cortesía de la prensa económica anglosajona, a la que le brillaban los ojos ante la posibilidad de que el euro entrase en colapso.

Alemania está ahora en crisis porque cuatro de los pilares de su modelo económico se hallan en situación de fragilidad: el precio de la energía, la industria del automóvil, el comercio con China y la calidad de sus infraestructuras. Esos cuatro pilares han entrado en estrés en el breve plazo de cuatro años. Podríamos decir que todo empezó con la invasión rusa de Ucrania en febrero del 2022. Alemania se vio bruscamente obligada a renunciar al gas ruso, combustible que había empezado a adquirir a buen precio en 1973 en el marco de la gran crisis del petróleo y de la Ostpolitik del canciller socialdemócrata Willy Brandt. Ostpolitik, el acercamiento al Este que tantos recelos provocaba a Henry Kissinger, el poderoso secretario de Estado de Richard Nixon. Medio siglo después, la conexión gasista Rusia-Alemania contaba con dos grandes autopistas bajo el mar Báltico, los gasoductos Nord Stream, que un día de septiembre del 2022 estallaron por efecto de sendas cargas de explosivo plástico, colocadas por expertos submarinistas. La energía que ahora consume la industria alemana es más cara. 

Las relaciones comerciales con China también se han complicado. China está inundando Europa de productos a muy buen precio (coches, eléctricos, acero, manufacturas, bienes de consumo), que perjudican a las exportaciones alemanas. En lugar de vender más automóviles alemanes en China, son las ágiles empresas automovilísticas chinas las que están conquistando el mercado europeo con coches eléctricos de menor coste para clientes que hace quince años aprendieron la dura lección de la austeridad. La crisis de empleo que se cierne sobre el grupo automovilístico Volkswagen pone los pelos de punta. Por primera vez, el Gobierno alemán acusa a la República Popular China de alterar el mercado con productos fuertemente subsidiados. Alemania, finalmente, ha comprobado que muchas de sus infraestructuras (vías férreas, carreteras, puentes, conexión a internet) están quedando atrasadas y necesitan renovarse. Alemania, por ejemplo, tiene menos red de fibra óptica que España, país muy avanzado en ese ámbito, con una cobertura que alcanza casi al 96% de los hogares. 

Han roto con Rusia, las relaciones comerciales con China son cada vez más tensas, su industria automovilística presenta serios problemas estructurales y el Gobierno de los Estados Unidos se inmiscuye en sus procesos electorales para favorecer a Alternativa para Alemania, pujante formación de extrema derecha que este año puede empezar a ganar elecciones regionales. El canciller alemán Friedrich Merz, miembro de la CDU, partido conservador de histórica filiación democristiana, ha pedido formalmente a Washington que no interfiera en las elecciones territoriales alemanas, tras conocer que el Departamento de Estado norteamericano ha creado un fondo de cinco millones de dólares para financiar a grupos civiles y centros de pensamiento afines al trumpismo en diversos lugares del mundo. Atención a las elecciones en el lander de Sajonia-Anhalt, antigua Alemania del Este, previstas para el 6 de septiembre. 

El actual gobierno federal alemán está intentando reaccionar con una inversión masiva en infraestructuras (500.000 millones de euros en una década) y una fuerte apuesta por el rearme como palanca tecnológica. Rearme alemán. Eso son palabras mayores. Alemania también parece decidida a aceptar el paraguas nuclear francés, si Francia se lo sigue ofreciendo el año que viene. 2027: elecciones presidenciales en Francia, y legislativas en Italia, Polonia y España.

Alemania se rearma, mientras en Polonia, Finlandia y las repúblicas bálticas se extiende el miedo a sufrir un ataque militar de Rusia en los próximos dos años, según cómo evolucione la guerra de Ucrania. Se está acumulando mucha tensión en el cuadrante geográfico que delimitan Berlín, Varsovia, Vilna, Riga, Tallin, Helsinki, San Petersburgo, Minsk, Moscú y Kyiv. España se halla lejos de ese cuadrante, pero es conveniente visualizarlo para entender algunas de las cosas que están pasando actualmente en Europa. 

En este contexto, el gobierno alemán acaba de anunciar un plan de reconsideración de las pensiones. El gobierno de coalición formado por la CDU-CSU y el SPD (conservadores y socialdemócratas) encargó a un grupo de expertos que estudiara fórmulas para garantizar la sostenibilidad del sistema, y estos acaban de entregar sus conclusiones. La primera propuesta es crear un sistema de capitalización privada, obligatorio y complementario al sistema público: trabajadores y empresas deberán destinar hasta el 2% del salario anual a esta pensión. Además, se seguirá retrasando la edad de jubilación, que en 2031 alcanzará los 67 años, y se vinculará a la esperanza de vida. La perspectiva es llegar a los 70 años. Pensiones a la baja en un país en el que solo el 51% de los jubilados son propietarios de su vivienda. En España, la tasa de propiedad de la vivienda entre los mayores de 65 años se eleva al 85%. 

Hay nervios y en Alemania se empieza a hablar de las pensiones en España, ese simpático país que acaba de ganar el Mundial de Fútbol, dando una lección de trabajo en equipo, compenetración y estilo. Ese país que regulariza inmigrantes –que en su mayoría hablan la lengua castellana desde su infancia– y se niega a pagar más del 2% de su riqueza en gastos militares. Un país cuyo PIB sigue creciendo por encima del 2%, mientras el crecimiento de Alemania no llega al 0,5%. Una España que ha establecido relaciones especiales con China en los últimos tiempos. Una soleada y ardiente España que este año volverá a batir récords de afluencia turística y en el que aumentan los inversores extranjeros en busca de segunda residencia, por lo que pueda pasar en sus países. Los inversores polacos, por ejemplo, ya figuran entre los principales compradores. España, tranquilo país de retaguardia. Un país seguro, de gente sosegada, con una política muy tensa, muy tensa, muy tensa, especialmente en el horno de Madrid, que es un mundo en sí mismo. “Sánchez, hijo de puta”. “Feijóo, que no te enteras”. Un país cuyas pensiones se revalorizan cada año según la inflación.

“Las contribuciones alemanas a la UE deben reducirse drásticamente. No podemos seguir permitiendo que nuestro dinero, ganado con tanto esfuerzo, desaparezca en los presupuestos de asistencia social europeos mientras las infraestructuras se desmoronan en Alemania, la industria se traslada y las pequeñas y medianas empresas sufren las consecuencias de los altos costes energéticos. El presupuesto federal no debe seguir siendo utilizado como un derroche personal de Bruselas”. Este reciente texto de la AfD refleja una idea muy extendida en Alemania, Holanda y otros países del norte de Europa sobre los estados del bienestar de España, Italia, Grecia y, en buena medida, también Francia, Creen que son demasiado generosos. ¿Es realmente así? La propiedad de la vivienda nos dice algo al respecto.

CaixaBank Research publicó recientemente un análisis sobre la riqueza de las familias europeas, a partir de las sucesivas olas de la Encuesta de Finanzas y Consumo de los Hogares del Banco Central Europeo. Merece la pena detenerse en la comparación entre España y Alemania. En Alemania, solo el 49% de los hogares tiene vivienda en propiedad, mientras que en España esa cifra supera el 75%. En los tramos de renta más bajos, apenas el 26% de los alemanes es propietario de su vivienda, frente a una media europea del 50%. En el sur de Europa el panorama es muy distinto: 75% en Italia y casi un 80% en España. 54% en Francia.

Todavía más reveladora es la comparación de los regímenes de propiedad entre los mayores de 65 años. A partir de datos del Banco de España, CaixaBank Research estima que el 85% de los mayores de 65 son propietarios de su vivienda en España. En Alemania, también con datos oficiales, el Pestel Institut sitúa ese porcentaje en el 51,3%. Una diferencia de 33 puntos.

Un dato poco conocido: pese a que la renta per cápita española sigue siendo muy inferior a la alemana, la riqueza neta mediana de los hogares españoles (196.365 € en el segundo trimestre de 2024) es muy cercana a la alemana y supera a la francesa (171.000 €). Esta paradoja se explica por la vivienda: su precio ha subido en España con mucha más intensidad que en Alemania desde 2014, y ya representa el 64,2% de la riqueza neta total de los hogares españoles, frente a solo el 52,1% en Alemania. 

El estudio del Instituto Pestel fue encargado por la patronal alemana del comercio de materiales de construcción, y parte de una tesis central: la vivienda en propiedad es un instrumento clave contra la pobreza en la vejez.

¿Son sostenibles las pensiones en España? La relevancia de las pensiones en las relaciones entre la Comisión Europea y el gobierno de España se hizo evidente durante la negociación del Plan de Recuperación. Recordemos, España recibiría de la UE 80.000 millones de euros en subvenciones que no debía devolver, pero para ello debía acometer reformas estructurales. Ese era el principio básico de los fondos Next Generation EU, un principio que con frecuencia se olvida.

El plan incorporó más de cien reformas, pero la Comisión exigió especial ambición en tres: mercado de trabajo, reforma fiscal y pensiones. En el caso del mercado de trabajo, el objetivo era reducir la temporalidad; la reforma fiscal debía incrementar la recaudación tributaria para acercarla a la media comunitaria, y en el caso de las pensiones se debía garantizar la sostenibilidad del sistema a largo plazo. El Gobierno decidió no afrontar una reforma fiscal en profundidad, no quiso tocar ese avispero, y sí aprobó, por los pelos, una reforma laboral que hoy casi todo el mundo considera exitosa en la medida en que ha reducido la temporalidad del empleo. 

La discusión sobre las pensiones fue tremenda. La apuesta inicial de la Comisión era imponer recortes, pero el Gobierno apostó por todo lo contrario: garantizar la subida de las pensiones de acuerdo al IPC. El punto de encuentro no fue fácil. En vez de reducir gastos con recortes, se apostó por incrementar los ingresos. Para ello se abordaron reformas estructurales que acercasen la edad de jubilación real a la prevista, limitando las prejubilaciones, se incorporó a los autónomos al sistema general y se facilitó una transición más flexible entre trabajo y jubilación, haciendo viable compatibilizar el cobro de una parte de la pensión y el trabajo.

Con el objetivo de incrementar los ingresos, se crearon dos instrumentos. El Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), una nueva cotización adicional que pagan todos los trabajadores y empresas, que comenzó en el 0,6% en 2023 y subirá gradualmente hasta el 1,2% en 2050. Adicionalmente, se ha puesto en marcha la denominada cuota de solidaridad, que solo pagan los salarios más altos. Es una cotización adicional, empezando en el 1% en 2025, que subirá gradualmente hasta el 6% en 2045. Pagar esta cuota no genera derecho a una pensión mayor: es puramente solidaria, entra en el sistema, pero no se traduce en más prestación para quien la paga. 

La Comisión dudaba de la previsión de ingresos defendida por el equipo del entonces ministro José Luis Escrivá, actual gobernador del Banco de España, y exigió disponer de un mecanismo de control automático, por encima de las mayorías parlamentarias. Se estableció como barrera infranqueable que el gasto neto en pensiones no supere, en promedio, el 13,3% del PIB para el periodo que va hasta 2050. Cada dos años, la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) debe revisar la viabilidad del sistema. Si faltan ingresos, se debe corregir. La ley contempla una subida automática de las cotizaciones sociales si no hay acuerdo en el Congreso. La Comisión Europea se garantiza, por tanto, un mecanismo de control del gasto en pensiones del Reino de España. No es poco.

En plena crisis de perspectiva histórica, Alemania reformula sus pensiones. El mejor país de la retaguardia europea las protege. Los españoles se hallan lejos del frente del Este. No se imaginan en guerra dentro de dos años. Son gente tranquila, tienen una selección de fútbol que invita a seguir creyendo en el trabajo en equipo, su atmósfera política es insufrible, pero en sus ardientes debates apenas se discute estos meses sobre economía. Nadie habla de las pensiones, aunque ya ha empezado en España un masaje psicológico para querer presentar a los jubilados como unos gorrones que viven como marajás. El 42% de la población española tiene más de 50 años. El 54% del censo electoral español ya ha cumplido medio siglo de vida. ​Y crece en todo el país la brecha entre propietarios de vivienda y un joven inquilinato precario.


(Enric Juliana, La Vanguardia, 22/07/26, en esta entrega ha colaborado el geógrafo Santiago Fernández Muñoz, experto en geopolítica y políticas públicas, socio de SILO)

28.5.26

La dependencia de la industria alemana de China ha crecido en algunos de los sectores industriales más críticos: baterías de automóviles, paneles solares y antibióticos... La pregunta a plantearse es si las empresas pueden encontrar proveedores alternativos. En muchas de esas áreas de productos, esto simplemente no es posible a corto plazo... Por eso nos oponemos con tanta fuerza a la idea de una guerra comercial con China... Alemania se enfrenta al dilema de que la industria necesita protección del país del que depende para sus suministros. El panorama general de la desindustrialización alemana no está relacionado con China. La causa principal es la falta de inversión, la falta de innovación y la falta de diversificación... Una guerra comercial con China sería el equivalente moderno de la Carga de la Brigada Ligera. La UE, y Alemania en particular, tendrían que reducir primero su dependencia de China... La ministra de Economía de Alemania, Katherina Reiche, está visitando China actualmente, tratando de impulsar una dirección muy diferente: conseguir que China invierta más en Alemania. Eso nos parece una estrategia más sensata que golpear a China con aranceles (Eurointelligence)

"Lucharemos contra los chinos. Oh, espera...

Uno de los temas de nuestra sesión informativa de hoy es el mal consejo que los europeos están recibiendo del extranjero. La más peligrosa de todas es la idea de que deberíamos imponer aranceles a China.

Ayer se publicó un estudio oportuno que muestra por qué es así: la dependencia de la industria alemana de China ha crecido en algunos de los sectores industriales más críticos: baterías de automóviles, paneles solares y antibióticos. Según citó el FAZ de un estudio de la Fundación Friedrich Naumann, alrededor de dos tercios de las importaciones directas de baterías de iones de litio provinieron de China el año pasado. Dos años antes, la cifra era poco menos de la mitad. Para los paneles solares, la cuota aumentó de alrededor del 89% al 93%, y para los antibióticos del 65% al 73%. Los hallazgos se basan en datos oficiales de la Oficina Federal de Estadística.

Lo que este estudio demuestra es que Alemania, y por extensión la UE, no se está diversificando. Durante la pandemia, los líderes de la industria dijeron que lo harían. Pero nunca sucedió. La Ley de Materias Primas Críticas de la UE de 2024 también buscó lograr una mayor diversificación – de nuevo sin éxito, como señaló el Tribunal de Cuentas Europeo en un informe de abril.

El problema se extiende más allá de estas tres importantes categorías de productos. La cuota de importación de China también aumentó para metales como el magnesio, el galio y el germanio. El país es el único proveedor de ciertas tierras raras como el praseodimio, el neodimio y el samario. Aunque la cuota general de China en las importaciones a Alemania ha disminuido, el valor de las importaciones ha aumentado. La verdadera dependencia no se expresa con esos números. Es un efecto de red. La pregunta a plantearse es si las empresas pueden encontrar proveedores alternativos. En muchas de esas áreas de productos, esto simplemente no es posible a corto plazo.

Por eso nos oponemos con tanta fuerza a la idea de una guerra comercial con China, una que va más allá de las medidas clásicas de política comercial que la UE adopta legítimamente para defenderse de los subsidios injustos y las estrategias de dumping.

Un problema particular para la UE es que Alemania, y las industrias controladas por Alemania, representan una proporción mucho mayor en la UE que el peso de Alemania en el PIB. Por eso es tan importante la relación comercial entre Alemania y China. China es el mayor socio comercial de Alemania, con un aumento de las importaciones y una disminución de las exportaciones. El superávit comercial de China con la UE aumentó un 26% en los primeros cuatro meses de este año, en comparación con el mismo período de 2025.

Alemania se enfrenta al dilema de que la industria necesita protección del país del que depende para sus suministros. El panorama general de la desindustrialización alemana no está relacionado con China. La causa principal es la falta de inversión, la falta de innovación y la falta de diversificación. La resistencia de Alemania a un sistema financiero basado en el mercado de capitales ha contribuido a las tres.

Una guerra comercial no logrará su propósito previsto, ya que la dependencia de materias primas críticas exacerbaría el problema de competitividad. Como informamos ayer, la UE se vio obligada a levantar las sanciones contra un fabricante chino de semiconductores, tras las quejas de la industria automotriz de que se estaba quedando sin semiconductores. Una guerra comercial con China sería el equivalente moderno de la Carga de la Brigada Ligera. La UE, y Alemania en particular, tendrían que reducir primero su dependencia de China.

La ministra de Economía de Alemania, Katherina Reiche, está visitando China actualmente, tratando de impulsar una dirección muy diferente: conseguir que China invierta más en Alemania. Eso nos parece una estrategia más sensata que golpear a China con aranceles. Deberíamos preguntarnos por qué los economistas, que criticaron rotundamente los aranceles de Donald Trump, tienen una visión más positiva sobre los aranceles de la UE. Esto es especialmente cierto dado que Estados Unidos tiene un déficit comercial con el resto del mundo, mientras que la UE tiene un superávit estructural." 

(eurointelligence, 27/05/26 )

24.5.26

El Ministerio Federal de Defensa alemán publicó su primera estrategia militar oficial. Su objetivo es transformar la Bundeswehr en el ejército convencional más poderoso de Europa para 2035 y en una fuerza tecnológicamente superior para 2039, con Alemania como la principal potencia militar del continente y socio primordial de sus aliados europeos... contempla un rearme masivo con un amplio despliegue de inteligencia artificial, automatización y sistemas autónomos, y un total de 460.000 soldados, incluidas las reservas. La reserva indica una intención de militarización social más amplia... pero el rearme de Alemania no busca aumentar su soberanía militar, sino consolidar su papel como principal vasallo dentro de la estructura de mando de la OTAN, controlada por Estados Unidos. El propio documento lo deja claro... En otras palabras: Alemania debe rearmarse para sostener la hegemonía estadounidense en el continente... Washington «está desplazando cada vez más su enfoque estratégico hacia el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico». En este contexto, Alemania debe convertirse en «un aliado militar aún más fuerte para Estados Unidos» precisamente porque este último se está reposicionando en otros lugares... Europa tendría que asumir la responsabilidad de «gestionar su propia seguridad», es decir, mantener la presión sobre Rusia a través de Ucrania... En este contexto, Alemania debe entenderse como el pilar de un nuevo núcleo duro de la OTAN europeizado, integrado por Alemania, Francia, el Reino Unido y la propia Ucrania (aunque formalmente fuera de la alianza)... El rearme alemán y europeo, en el contexto de la OTAN, no fortalece la autonomía europea, sino que la erosiona aún más. Convierte a Europa en cómplice de las aventuras militares cada vez más temerarias de Washington, y empuja al continente hacia una confrontación potencialmente catastrófica con Rusia. Moscú observa y responde en consecuencia (Thomas Fazi)

"Trump ha vuelto a generar revuelo en Europa al anunciar la retirada de unos 5.000 soldados de Alemania, como parte de una decisión del Pentágono motivada por su disputa pública con el canciller alemán Friedrich Merz sobre la guerra con Irán. El recorte representa aproximadamente el 14% de los cerca de 35.000 a 36.000 soldados estadounidenses actualmente estacionados en Alemania y se espera que se implemente en un plazo de seis a doce meses, devolviendo así a las fuerzas estadounidenses los niveles previos a la invasión rusa de Ucrania en 2022. Trump ha insinuado que podrían producirse más recortes. Ha presentado la medida como un «castigo» por las críticas de Merz a la gestión de Washington en la guerra con Irán, incluyendo la afirmación de Merz de que Irán había «humillado» a Estados Unidos.

Trump estaba particularmente indignado. «El canciller de Alemania, Friedrich Merz, cree que está bien que Irán tenga un arma nuclear. ¡No sabe de lo que habla!», escribió en una publicación en redes sociales , y añadió, para colmo: «¡No me extraña que a Alemania le vaya tan mal, tanto económicamente como en otros aspectos!».

Esto forma parte de una ofensiva más amplia que Trump ha estado librando contra los aliados de la OTAN en las últimas semanas por su negativa a enviar fuerzas navales para ayudar a abrir el estrecho de Ormuz. Les dijo a los miembros de la OTAN que “tendrán que empezar a aprender a luchar por sí mismos” porque “EE. UU. ya no estará ahí para ayudarlos, al igual que ustedes no estuvieron ahí para nosotros”. Trump también ha amenazado con retirar tropas de Italia y España, y ha vuelto a plantear la posibilidad de que Estados Unidos abandone la OTAN por completo. Cuando se le preguntó en una entrevista reciente si reconsideraría la membresía de Estados Unidos en la Alianza, Trump respondió: “Oh, sí, diría que [es] irrevocable”.

Como de costumbre, esto ha provocado una ola de alarma entre los diplomáticos europeos, muchos de los cuales afirman que esto no deja a Europa otra opción que acelerar su propio rearme y reducir su dependencia de Washington.

En este contexto, el ambicioso programa de rearme de Alemania se presenta a menudo como un paso positivo en la dirección correcta: Europa finalmente toma las riendas de su propia seguridad. Pero, ¿es válida esta narrativa? ¿Y hasta qué punto debemos tomar en serio la amenaza de Estados Unidos de abandonar la OTAN? Un análisis más detenido revela una realidad muy diferente.

El mes pasado, el Ministerio Federal de Defensa alemán publicó su primera estrategia militar oficial, presentada por el ministro de Defensa, Boris Pistorius. Su principal objetivo es transformar la Bundeswehr en el ejército convencional más poderoso de Europa para 2035 y en una fuerza tecnológicamente superior para 2039, con Alemania como la principal potencia militar del continente y socio primordial de sus aliados europeos. Para lograrlo, la estrategia contempla un rearme masivo con armas de largo alcance, un amplio despliegue de inteligencia artificial, automatización y sistemas autónomos, y un total de 460.000 soldados —incluidas las reservas—. La reserva se concibe explícitamente como un puente hacia la sociedad civil, lo que indica una intención de militarización social más amplia.

La estrategia ha suscitado reacciones muy divergentes. Algunos la consideran un paso largamente esperado hacia la liberación de Alemania —y, por extensión, de Europa— de la tutela militar estadounidense, dada la aparente «desconexión» de Estados Unidos con la OTAN. Otros la ven como un peligroso resurgimiento del nacionalismo militar alemán, que evoca el capítulo más oscuro de la historia europea del siglo XX. Ambas interpretaciones son erróneas. El rearme de Alemania no busca aumentar su soberanía militar —para bien o para mal—, sino consolidar su papel como principal vasallo dentro de la estructura de mando de la OTAN, controlada por Estados Unidos.

El propio documento lo deja claro. Una de sus frases clave reza: «La OTAN debe volverse más europea para mantener su carácter transatlántico». El papel de Alemania se concibe no solo como el de un actor militar de primera línea, sino como el centro logístico y estratégico de la OTAN: el nodo que une Europa del Este, Central y Occidental, manteniendo al mismo tiempo la conexión transatlántica con Norteamérica. En otras palabras: Alemania debe rearmarse para sostener la hegemonía estadounidense en el continente. Parafraseando una famosa frase de la novela italiana El Gatopardo : «Todo tiene que cambiar para que todo siga igual».

Esto quedó explícito en una publicación reciente en X de Elbridge Colby, Subsecretario de Defensa para Políticas. Colby celebró la nueva estrategia militar de Alemania como una reivindicación de la presión ejercida por Trump sobre los aliados europeos para que se rearmen, enmarcándola como un paso hacia lo que él denomina «OTAN 3.0». Su argumento central es que Europa, liderada por Alemania, debe ahora convertir los Compromisos de La Haya —en los que los europeos se comprometieron a una histórica inversión en defensa, con el objetivo de destinar el 5% de su PIB a la defensa para 2035— en capacidades militares concretas. Citó con aprobación al Secretario General de la OTAN, Rutte: «Sistemas de defensa aérea, drones, municiones, radares, capacidades espaciales: eso es lo que nos mantendrá a salvo». En lo que respecta a Alemania en concreto, Colby presentó la nueva estrategia militar como prueba de que Berlín finalmente estaba dando un paso al frente tras «años de desarme», señalando que el Departamento de Defensa ya estaba colaborando estrechamente con los alemanes para acelerar la transición. Citó directamente el prólogo del general Breuer a la nueva estrategia militar: «Alemania debe y asumirá un papel de liderazgo dentro de la OTAN, también a nivel militar. Representa un cambio de paradigma».

La estrategia en sí, tal como la citó Colby, reconoce que Washington «está desplazando cada vez más su enfoque estratégico hacia el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico» y exige a sus aliados «intensificar sus esfuerzos para salvaguardar su propia seguridad». En este contexto, Alemania debe convertirse en «un aliado militar aún más fuerte para Estados Unidos» precisamente porque este último se está reposicionando en otros lugares.

Esto no es más que una reiteración de la «división del trabajo» que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, anunció al inicio de la administración Trump. Dejó claro que Estados Unidos debía reorientar su estrategia hacia otros frentes —ahora sabemos que se refería a Irán y, en última instancia, a China— y que, por lo tanto, Europa tendría que asumir la responsabilidad de «gestionar su propia seguridad», es decir, mantener la presión sobre Rusia a través de Ucrania. Europa cumplió con creces: aumentó su gasto en defensa y redobló su apoyo a Kiev, incluso mediante el préstamo de 90.000 millones de euros recientemente aprobado. Ahora observamos la consecuencia lógica de esta estrategia, a medida que Europa se involucra directamente en la guerra indirecta contra Rusia.

En resumen, Estados Unidos no se está «desvinculando de Europa»; simplemente exige que Europa contribuya más a la OTAN, sin dejar de estar firmemente integrada en la estructura de mando de la Alianza; en definitiva, que pague más por su propia subordinación.

Esto exige una reevaluación de la estrategia general de Trump hacia Rusia. Si bien se le acusa habitualmente de «apaciguar a Putin» —citando la suspensión de la financiación estadounidense a Ucrania y sus intentos (fallidos) de negociar un acuerdo de paz—, la realidad es más compleja. Desde una perspectiva histórica más amplia, uno de los objetivos centrales de Washington al avivar este conflicto —al respaldar el derrocamiento del gobierno democráticamente electo de Ucrania en 2014 e incorporar firmemente a Ucrania a la órbita informal de la OTAN— era obligar a Europa a desvincularse del gas ruso y sustituirlo por gas natural licuado (GNL) estadounidense. El atentado contra el gasoducto Nord Stream debe entenderse siempre como parte de esta estrategia. Esto se hace aún más evidente a la luz de la última Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada en noviembre de 2025, que designa el «dominio energético estadounidense» en petróleo, gas, carbón y energía nuclear como una prioridad estratégica máxima, enmarcando explícitamente la expansión de las exportaciones energéticas estadounidenses como un medio para «proyectar poder».

Esta lógica no solo explica las campañas militares de Estados Unidos contra Venezuela e Irán, sino también por qué, para mantener a Europa dependiente de la energía estadounidense y aislada de los suministros rusos, Washington tiene un interés estructural en continuar la guerra indirecta. Por lo tanto, es fácil concluir que Estados Unidos nunca fue sincero en sus intenciones de hacer la paz con Rusia. La única diferencia hoy es que la guerra contra Rusia se libra ahora no solo a través de Ucrania, sino a través de la propia Europa.

En este contexto, las supuestas «amenazas» estadounidenses de abandonar la OTAN —y el programa de rearme de la élite europea, sobre todo el de Alemania— se revelan como parte de una misma estrategia: mantener a Europa subordinada a las prioridades geopolíticas estadounidenses. La nueva estrategia militar alemana no es más que Alemania cumpliendo el papel que Washington le ha asignado: contener a Rusia mientras Estados Unidos se centra en el Indo-Pacífico y el hemisferio occidental. Esto no es nacionalismo, militar o de cualquier otro tipo, sino todo lo contrario: el debilitamiento de los intereses fundamentales alemanes y europeos a manos de una élite globalista transnacionalizada —Merz es, al fin y al cabo, un antiguo ejecutivo de BlackRock— que considera la guerra permanente y la militarización como una forma de afianzar su riqueza y poder a costa de la prosperidad y la seguridad europeas.

En este contexto, Alemania debe entenderse como el pilar de un nuevo núcleo duro de la OTAN europeizado, integrado por Alemania, Francia, el Reino Unido y la propia Ucrania (aunque formalmente fuera de la alianza). Esto también refleja un plan estadounidense de larga data. En su libro de 1997 , El gran tablero de ajedrez , el influyente diplomático polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinski predijo que «la colaboración política franco-alemana-polaca-ucraniana… podría evolucionar hacia una asociación que reforzara la profundidad geoestratégica de Europa», y añadió que «el objetivo geoestratégico central de Estados Unidos en Europa se puede resumir de forma muy sencilla: consolidar, mediante una asociación transatlántica más auténtica, la cabeza de puente estadounidense en el continente euroasiático».

Esto debería disipar cualquier idea que aún persista de que lo que estamos presenciando equivale a un avance hacia la autonomía estratégica alemana o europea. No es casualidad que la nueva estrategia militar de Alemania identifique a Rusia como «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea, una afirmación que forma parte de una narrativa europea más amplia que advierte de una guerra inevitable con Moscú en los próximos años. A primera vista, esta postura antirrusia podría parecer reflejar una posición claramente «europea», aparentemente contraria a la postura pública de Washington. Pero esto es en gran medida una ilusión óptica. No solo la élite transatlántica europea ha interiorizado por completo las prioridades estratégicas de Estados Unidos, sino que la jerarquía de mando de la OTAN deja clara la verdadera cadena de mando.

El control operativo real de la guerra indirecta contra Rusia permanece firmemente en manos angloamericanas. A la cabeza se encuentra el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa (SHAPE), con sede en Mons, Bélgica, que traduce las decisiones políticas en objetivos militares. El Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR), siempre un general estadounidense, que también ostenta el cargo de comandante del Comando Europeo de los Estados Unidos, lo dirige junto con un adjunto británico. Un general alemán coordina el trabajo del Estado Mayor como Jefe de Estado Mayor, pero la toma de decisiones efectiva recae en los dos máximos responsables.

Por debajo de SHAPE, el mando operacional se divide en dos ramas: tres Mandos de Fuerzas Conjuntas (JFC), los verdaderos comandantes de teatro de operaciones para operaciones a gran escala, y tres Mandos de Componente que abarcan el espacio aéreo (Ramstein, Alemania), el espacio terrestre (Izmir, Turquía) y el espacio marítimo (Northwood, Reino Unido). MARCOM ha estado tradicionalmente bajo el mando del Reino Unido, pero Estados Unidos asumió recientemente su control, colocando los tres Mandos de Componente bajo mando estadounidense, una consolidación significativa que ha pasado prácticamente desapercibida. Incluso cuando un oficial europeo comanda un JFC, como ocurrió recientemente con el mando del JFC Nápoles, que pasó de Estados Unidos a Italia, la dirección estratégica general permanece bajo control estadounidense, ya que los comandantes de los JFC implementan los objetivos establecidos por SHAPE.

Dos dependencias estructurales adicionales refuerzan el dominio estadounidense. La primera es el concepto C4ISR (Mando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento): los aliados europeos dependen casi por completo de las plataformas satelitales, aéreas y marítimas estadounidenses para obtener inteligencia, vigilancia y designación de objetivos en tiempo real, la columna vertebral de la capacidad bélica de la OTAN. De hecho, incluso el Wall Street Journal ha reconocido que las operaciones de ataque profundo de Ucrania dentro de Rusia —incluidas, recientemente, contra varias instalaciones de producción de petróleo— no podrían haberse llevado a cabo sin las capacidades satelitales y de inteligencia estadounidenses. La segunda dependencia, menos visible en el debate público pero potencialmente más trascendental, es la densa presencia de oficiales estadounidenses integrados en toda la estructura de mando de la OTAN en todos los niveles de la jerarquía, lo que otorga a Washington un control institucional que ningún cambio en los títulos de mando puede desplazar fácilmente.

Todo esto debería disipar cualquier idea de que Estados Unidos no esté profundamente involucrado en la guerra de Ucrania, o de que pretenda abandonar la OTAN y desvincularse por completo de Europa. Más allá de la estructura de mando, Estados Unidos opera numerosas bases e instalaciones militares en todo el continente, tanto dentro del marco de la OTAN como bajo control estadounidense exclusivo, indispensables para su proyección de poder global. La base aérea de Ramstein, en Alemania, que alberga a unos 16 000 soldados, funciona como centro neurálgico para el control del tráfico de drones militares a escala mundial, a la vez que coordina las operaciones aéreas estadounidenses en Europa, África y Oriente Medio.

Una reciente investigación del Wall Street Journal confirmó que, a pesar de las protestas públicas de los líderes europeos, las bases estadounidenses en todo el continente han funcionado como la infraestructura esencial para la guerra de Estados Unidos contra Irán. Como señala el artículo, «Europa sigue siendo la base de la proyección de poder de Estados Unidos en el mundo». Incluso el secretario general de la OTAN, Rutte, describió recientemente el propósito de la OTAN como una «plataforma de proyección de poder para Estados Unidos».

Otro elemento es lo que los analistas denominan los “dividendos ocultos” de la OTAN: contratos y pedidos para la industria de defensa estadounidense. La red de 1300 acuerdos entre los 32 estados miembros que establecen estándares para las armas y el equipo de la OTAN —que abarcan desde los calibres de las municiones hasta los diámetros de los tanques de combustible— fue impuesta originalmente por Washington y favorece abrumadoramente al complejo militar-industrial estadounidense.

El rearme alemán y europeo, en el contexto de una OTAN supuestamente más «europea», no fortalece la autonomía europea, sino que la erosiona aún más. No solo convierte a Europa en cómplice de las aventuras militares cada vez más temerarias de Washington, como demuestra la guerra de Irán, sino que, aún más grave, empuja al continente hacia una confrontación potencialmente catastrófica con Rusia. Moscú observa y responde en consecuencia. En un discurso reciente , el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, declaró abiertamente: «Se ha declarado abiertamente la guerra contra nosotros. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todos saben que esta punta es inutilizable sin el suministro occidental de armas, datos de inteligencia, sistemas satelitales, entrenamiento de personal militar y mucho más». Añadió que los líderes occidentales están preparando activamente a sus poblaciones para la guerra con Rusia —utilizando Ucrania para ganar tiempo— y que Rusia actuará en consecuencia. No se puede exagerar el peligro del camino que estamos siguiendo.

Una última observación es pertinente. El historiador francés Emmanuel Todd ha argumentado que gran parte de lo que hoy se considera nacionalismo en Occidente —desde Alemania hasta Japón— es, de hecho, una forma de nacionalismo «imaginario»: un vasallaje hacia Estados Unidos disfrazado de soberanía. Contrasta esto con el nacionalismo «real», una política genuinamente orientada a la soberanía, hoy en día prácticamente ausente. El neomilitarismo alemán, como se argumenta aquí, se enmarca claramente en la primera categoría. Pero esto no significa que un nacionalismo alemán «auténtico» —con sus consiguientes aspiraciones a la hegemonía continental— no pueda resurgir. La militarización de la sociedad alemana y el endurecimiento del sentimiento antirruso son fenómenos reales y cada vez más profundos. Al fin y al cabo, existe un precedente histórico. Hace un siglo, la élite angloamericana desempeñó un papel fundamental al permitir el rearme militar nazi como baluarte antisoviético, solo para que el monstruo alemán finalmente se liberara de sus ataduras. El contexto interno alemán actual es obviamente muy diferente —y, por supuesto, se podría argumentar, y esperar, que un nacionalismo alemán «auténtico» reconocería que los verdaderos intereses de Alemania residen en la paz y no en la guerra—, pero los paralelismos son imposibles de ignorar."

(Thomas Fazi, Revista de prensa, 23/05/26, fuente The Delphi Initiative)

5.3.26

La guerra de Ucrania es aún más importante para Estados Unidos que para Europa: la derrota de Estados Unidos revela la debilidad de su sistema. En Ucrania, libra una guerra contra su enemigo histórico desde 1945. Perderla es inimaginable... Creo que Putin va a anexionar una parte de Ucrania a Rusia. Después, los rusos pondrán fin a la guerra. La conquista de Europa es simplemente imposible, y Putin no está interesado en ella, pero Merz quiere el ejército más poderoso de Europa. Esto despierta malos recuerdos, y no solo en Francia... La guerra en Ucrania está desembocando en un conflicto mundial entre las antiguas colonias y Occidente, que las explotó. Y en un Occidente en descomposición, resurgen los conflictos del pasado... Alemania vuelve a ser una potencia dominante y segura de sí misma, con el ejército más fuerte de todo el continente. ¿Quién se verá entonces amenazado? La élite alemana se está familiarizando con la idea de una guerra. ¿Qué pasará si la AfD y la CDU se alían? ¿Se unirán entonces el nacionalismo alemán y el militarismo alemán? ¿Está Alemania volviendo a ser una sociedad autoritaria porque eso se corresponde con su temperamento? Creer que este rearme solo apunta a Rusia es, en realidad, un error ingenuo... Solo puedo explicar esta locura por la crisis que atraviesa la UE. Se encuentra en un callejón sin salida... Occidente no está en absoluto en vías de recuperar su unidad perdida (Emmanuel Todd)

"El comienzo de una guerra mundial

El imperio estadounidense se derrumba como la Unión Soviética, afirma Emmanuel Todd. En 1976, el demógrafo predijo la caída de la superpotencia comunista basándose en datos sobre la mortalidad infantil. Hoy en día, ve en las estadísticas demográficas el signo del declive de Estados Unidos. Y advierte contra una Alemania rearmada.

La guerra en Ucrania concierne a Alemania, declaró el demógrafo, historiador y exitoso autor francés en la revista Weltwoche en la primavera de 2023. Poco después, Emmanuel Todd dedicó un libro a este país, en el que el nihilismo de la civilización occidental ocupa un lugar importante: «La derrota de Occidente», publicado en 2024. En la primavera de 2025, se celebró otra entrevista con la revista Weltwoche. Todd declaró entonces: «Rusia ha ganado la guerra». Una opinión que ahora comparten expertos de renombre como el coronel estadounidense Douglas Macgregor.

Todd, un joven investigador, se dio a conocer en 1976 al predecir el colapso de la Unión Soviética. Justificó esta predicción por la elevada tasa de mortalidad infantil en el imperio comunista. Más tarde, cuando criticó la introducción del euro, exigida por Francia a cambio de la reunificación alemana, fue muy solicitado para entrevistas en Alemania. Todd atribuía a la élite de su propio país una «neurosis alemana». Presintió que la moneda única también ayudaría a Alemania a afianzar su supremacía política en Europa.

Su libro «Après l’Empire» (Después del Imperio), publicado en 2002, se convirtió en un éxito de ventas internacional. Nos concedió una tercera entrevista desde el comienzo de la guerra en Ucrania, en la que establece paralelismos entre el declive de Estados Unidos y el colapso de la Unión Soviética. Y plantea la siguiente pregunta: ¿qué hará Alemania cuando termine la guerra?

Weltwoche: Señor Todd, la guerra en Ucrania entra en su quinto año. En retrospectiva, ¿hay algún aspecto que haya evaluado mal?

Emmanuel Todd: Siempre tengo escrúpulos y dudas. La previsión era correcta: Occidente perdió esta guerra hace mucho tiempo. Si los estadounidenses la hubieran ganado, Joe Biden habría sido reelegido. Donald Trump es el presidente de la derrota. Hoy hay que añadir a esto que la consecuencia de la derrota es el declive de Occidente. Se puede comparar este colapso de una civilización —la civilización occidental— con el fin del comunismo y de la Unión Soviética. Todavía es difícil hacerse una idea precisa de su evolución. Su síntoma más espectacular es la pérdida de la realidad.

Weltwoche: ¿Cuándo se dio cuenta de la magnitud de la guerra en Ucrania?

Todd: Cuando logré determinar el número de ingenieros en Estados Unidos y Rusia. La población estadounidense es dos veces y media mayor que la población rusa, pero Estados Unidos forma menos ingenieros. John Mearsheimer, a quien admiro, considera que Ucrania tiene una importancia existencial para Rusia. Sin duda es cierto. Pero, a diferencia de Mearsheimer, estoy convencido de que Ucrania es aún más importante para Estados Unidos: la derrota de Estados Unidos revela la debilidad de su sistema. Tiene un significado completamente diferente al de las derrotas en Vietnam, Irak y Afganistán. Estados Unidos pierde, deja el caos a su paso y se retira. En Ucrania, libra una guerra contra su enemigo histórico desde 1945. Perderla es inimaginable.

Weltwoche: Donald Trump quería ponerle fin en 24 horas.

Todd: Era su sincera intención. La vulgaridad y la amoralidad de Trump son insoportables para un burgués europeo como yo. Pero también defiende causas muy razonables. El proyecto MAGA, «Make America Great Again», consiste en representar los intereses de la nación. Después de un año, Trump tuvo que admitir que, a pesar del proteccionismo y los altos aranceles, la reindustrialización no funcionaba. Faltan ingenieros, técnicos y trabajadores cualificados. La proporción de analfabetos entre los jóvenes de 16 a 24 años ha pasado del 17 % al 25 % en los últimos diez años. Estados Unidos depende de las importaciones, no puede prescindir de ellas. Como primera potencia mundial, deslocalizar la industria a China fue una locura. Incluso en el ámbito de la agricultura, la balanza comercial es deficitaria. Los aranceles se han convertido en una amenaza para el dólar. Es el arma del imperio que vive a crédito del trabajo de otros países. El desastroso estado de la sociedad estadounidense hace imposible la aplicación del MAGA. Falta el dinamismo económico e intelectual necesario.

Weltwoche: ¿Y por eso Trump tiene que librar guerras a su pesar?

Todd: Ese es su dilema. Se ha visto envuelto en la vorágine de la política exterior estadounidense de las últimas décadas. Estados Unidos buscaba expandir y reforzar su imperio. Trump no frenó esta evolución, sino que la aceleró. Joe Biden ha compensado el declive del imperio con la guerra en Ucrania. Trump multiplica los teatros de operaciones. Ha intentado medir su fuerza con la de China, que lo ha puesto de rodillas con su embargo de tierras raras. Amenaza a Canadá y a Cuba. Quiere Groenlandia y humilla a los europeos. En Venezuela, el imperialismo de un imperio en fase terminal se ha manifestado en forma de secuestro y saqueo. Su política aduanera es una forma de chantaje. En prácticamente todos los ámbitos, ha conseguido el efecto contrario al esperado.

Weltwoche: ¿Y todo esto porque Estados Unidos ya no puede ganar la guerra en Ucrania?

Todd: Son maniobras de distracción. Con la consecuencia de que sus enemigos se alían: Irán, Rusia, China. Trump no ha reducido el compromiso militar de Estados Unidos, sino que lo ha multiplicado de forma espectacular. Con sus gritos de guerra y su hostilidad hacia Rusia, los europeos son corresponsables de esta evolución.

Weltwoche: Tras las negociaciones en Alaska, en las que Trump trató a los jefes de Estado europeos como a escolares, Emmanuel Macron calificó a Putin de «ogro» y «bestia a la que hay que alimentar» en una entrevista aterradora.

Todd: Trump se aprovecha de ello. Estados Unidos —el Gobierno de Biden— es responsable de la guerra en Ucrania, pero Trump ha podido presentarse como un negociador moderado y pacífico. Los medios de comunicación lo presentan como un soberano todopoderoso sobre el mundo, que lo reorganiza según su voluntad y sus delirios. Y esto justo cuando Estados Unidos sufre su primer fracaso estratégico frente a Rusia. Venezuela, Cuba, Groenlandia… no son más que maniobras de distracción. Se trata siempre de desviar la atención de Ucrania hacia otros teatros de operaciones. Esa es también la intención que hay detrás de las negociaciones. Solo sirven para ganar tiempo a todas las partes implicadas. La decisión se tomará en el campo de batalla, y Trump ha comprendido que no puede impedir la victoria de Putin. Ucrania está al borde del colapso de todo su sistema, por muy trágico y triste que sea para los ucranianos.

Weltwoche: ¿Es Irán también una maniobra de distracción?

Todd: Sí. Y ya ha comenzado con el ataque a Israel. Para mí, Israel no es un país autónomo que incita a Estados Unidos a intervenir en Oriente Medio. Israel es un satélite de Estados Unidos. Al igual que Ucrania. Israel hace lo que Trump le permite hacer. Cuando quiso un alto el fuego en Gaza, lo consiguió inmediatamente. Fue Israel quien le pidió permiso para poner fin a la guerra de los Doce Días. Netanyahu tuvo que rendirse a la evidencia de que el adversario era capaz de producir muchos más cohetes de lo previsto.

Weltwoche: Usted ha calificado la guerra en Ucrania como el comienzo de una tercera guerra mundial.

Todd: La guerra en Ucrania es el comienzo de una guerra mundial. Una de las razones de la victoria de los rusos es el apoyo que les brindan China y la India. Los países del BRICS se comprometen junto a los rusos contra Occidente.

Weltwoche: ¿Y ahora vamos a asistir a una guerra mundial entre los estadounidenses y Rusia y sus aliados, Irán, China e India?

Todd: Rusia, China e Irán están adoptando una actitud defensiva. Por ahora, se trata de un ataque estadounidense contra Teherán. Nadie sabe lo que va a desencadenar. ¿Cómo reaccionarán el régimen, China y Rusia?

Weltwoche: Pero en la Tercera Guerra Mundial, ¿serán aliados contra Estados Unidos?

Todd: Durante la Segunda Guerra Mundial, tuvimos al Tercer Reich atacando a todo el mundo. Hoy en día, los ataques provienen de Estados Unidos. Todos los aliados son regímenes autoritarios amenazados por el imperio estadounidense en declive.

Weltwoche: ¿Qué papel desempeñan los europeos? En una de nuestras conversaciones anteriores, usted afirmó que los estadounidenses estaban librando en realidad una guerra contra Alemania.

Todd: Lo que estamos viviendo actualmente solo suele ocurrir en las novelas de ciencia ficción. El sistema mediático occidental se ha convertido en un imperio de la mentira, incapaz de describir la realidad. Su axioma es el siguiente: Rusia amenaza a Europa. Me parece absurdo. Creo que Putin va a anexionar una parte de Ucrania a Rusia. Después, los rusos pondrán fin a la guerra. La conquista de Europa es simplemente imposible, y Putin no está interesado en ella. En mi libro, trato en detalle el nihilismo estadounidense, el declive de las iglesias y los valores morales. Hoy me doy cuenta de que subestimé el nihilismo europeo. Europa ya no es una unión de Estados iguales. Está dominada por Alemania. Me parecía razonable la prudente política de Olaf Schulz. La elección de Friedrich Merz como canciller lo cambió todo. Incitó a Estados Unidos a reanudar la guerra contra Rusia. La CDU es el partido de los estadounidenses, Merz ha avivado la rusofobia de los alemanes. El canciller crea una síntesis perversa entre la rusofobia y la crisis económica causada por la guerra. Quiere superar la crisis militarizando la industria. Esa es la nueva doctrina alemana para Europa. Y los servicios secretos publican advertencias sobre un ataque de Putin contra Alemania.

Weltwoche: Merz quiere el ejército más poderoso de Europa. Esto despierta malos recuerdos, y no solo en Francia.

Todd: Creer que este rearme solo apunta a Rusia es, en realidad, un error ingenuo. Para Rusia, representa una seria amenaza; para los estadounidenses, es una bendición. Solo puedo explicar esta locura por la crisis que atraviesa la UE. Se encuentra en un callejón sin salida y ha sustituido sus ideales originales por la imagen hostil de Putin. Occidente no está en absoluto en vías de recuperar su unidad perdida. El retorno a la nación predomina en Estados Unidos y en Europa. En Alemania, el renacimiento de la conciencia nacional es menos pronunciado que en los demás Estados miembros de la UE: ha tomado el control de Europa. Tengo que recurrir de nuevo a la ciencia ficción: la guerra en Ucrania ha terminado, Rusia ha alcanzado su objetivo. En este mundo sin amenaza rusa, las naciones regresan y Alemania vuelve a ser una potencia dominante y segura de sí misma, con el ejército más fuerte de todo el continente. ¿Quién se verá entonces amenazado?

Weltwoche: ¿Como durante la Segunda Guerra Mundial: toda Europa, incluida Rusia, y en particular Francia, el enemigo hereditario?

Todd: Para Canadá, no son los rusos quienes representan una amenaza, sino los Estados Unidos. Sí, y para Francia, es Alemania. Los políticos franceses carecen de conciencia histórica. Las relaciones entre Francia y Alemania se han relajado porque nosotros, los franceses, ya no teníamos que temer a Alemania.

Weltwoche: Con motivo de la reunificación, que Francia quería impedir, volvió a hacerse patente.

Todd: Hay motivos para preocuparse. El colapso de Occidente va acompañado de un retorno a la brutalidad y la jerarquización: nos sometemos al más fuerte y atacamos a los más débiles. Eso es lo que hacen los estadounidenses con los europeos, y los alemanes lo han aceptado al elegir a Friedrich Merz. Necesitan un chivo expiatorio. Por ahora, sigue siendo Putin. Pero las relaciones franco-alemanas se están deteriorando.

Weltwoche: ¿El deseo de Macron de compartir la fuerza de ataque nuclear con Alemania es una muestra de sumisión?

Todd: Merz hace declaraciones muy desagradables sobre Francia. La guerra en Ucrania está desembocando en un conflicto mundial entre las antiguas colonias y Occidente, que las explotó. Y en un Occidente en descomposición, resurgen los conflictos del pasado. Pase lo que pase en Irán, la derrota de Occidente y su civilización es inevitable. Trump no puede detener su implosión, la está acelerando. Los chinos y los rusos arman a los mulás, los estadounidenses han tenido que reconocer que un portaaviones no era suficiente. Y dos tampoco. El régimen de Teherán no puede ceder y Trump no puede renunciar a un ataque, porque entonces perdería realmente la cara, después de haber prometido su ayuda a los insurgentes.

Weltwoche: Ha dado marcha atrás en Groenlandia.

Todd: Era teatro, no va a desencadenar una guerra contra Dinamarca. Desde Dinamarca, la NSA vigila toda Europa. Groenlandia es un escenario secundario del fin del mundo.

Weltwoche: Usted lo ha comparado con el colapso de la Unión Soviética.

Todd: En aquel momento no se disparó ni un solo tiro, los rusos aceptaron el fin de su imperio con mucha dignidad.

Weltwoche: Ucrania obtuvo su independencia.

Todd: Los rusos le dieron la espalda al comunismo con mucha elegancia. Su imperio no se basaba en la explotación de sus satélites, se habían torturado a sí mismos con el estalinismo. El período que siguió al colapso fue extremadamente difícil, sobre todo porque los rusos tenían a sus espaldas siglos de régimen totalitario. En comparación con Rusia, Estados Unidos y Europa son malos perdedores. En particular los estadounidenses, cuya historia hasta entonces había estado coronada por el éxito.

Weltwoche: En la Tercera Guerra Mundial, ¿ve a los estadounidenses en el papel del Tercer Reich?

Todd: Desconfío de las comparaciones con los años 30. La situación es diferente. Pero, por supuesto, hay similitudes. Para Trump, la diplomacia consiste en difundir mentiras. Cuando habla de negociaciones, podemos estar seguros de que habrá guerra. Eso también era así en el caso de Hitler.

Weltwoche: Trump aún no ha desencadenado ninguna guerra.

Todd: No ha enviado tropas terrestres porque no tiene poder para hacerlo: la sociedad no acepta las muertes, y eso suele ser así en Occidente. A nadie le gusta la guerra, ni siquiera a Rusia. Incluso Putin gestiona sus recursos humanos con prudencia, no ha arrastrado a su población a una guerra total. Trump tampoco enviará tropas terrestres a Irán. Todavía estamos en la fase de la retórica y los ataques aéreos. El régimen de los mulás se ha visto debilitado por la revuelta. Los bombardeos intensivos podrían desencadenar una guerra civil. Provocar el caos, desencadenar luchas internas. La guerra en Ucrania me parece ahora una guerra civil desencadenada por los estadounidenses. Un cambio de régimen en Irán no les interesa en absoluto. Los mulás son un régimen terrible, pero las mezquitas están vacías. Un gobierno nacionalista apoyado por la población no sería mucho menos hostil hacia Estados Unidos. Al igual que en la década de 1930, hoy en día nos falta imaginación. El Holocausto fue posible porque nadie podía imaginar Auschwitz. La realidad supera nuestra imaginación.

Weltwoche: Probablemente tenga razón, y deberíamos leer más novelas de ciencia ficción para comprender el presente. La política se contenta con aprender de las lecciones del pasado.

Todd: Más que el pasado, deberíamos interesarnos por lo que podría suceder y por lo que no podemos imaginar en absoluto. La pregunta central que casi me obsesiona es la siguiente: ¿qué está pasando con los alemanes? Los estadounidenses quieren ser estadounidenses y los rusos quieren seguir siendo rusos. La AfD no es comparable al Rassemblement National. Es un partido cuya agresividad da miedo. Al mismo tiempo, la élite alemana se está familiarizando con la idea de una guerra. ¿Qué pasará si la AfD y la CDU se alían? ¿Se unirán entonces el nacionalismo alemán y el militarismo alemán? ¿Está Alemania volviendo a ser una sociedad autoritaria porque eso se corresponde con su temperamento? Es una cuestión sobre la que hay que reflexionar hoy.

Weltwoche: ¿Hay algún esbozo de respuesta?

Todd: Todas mis predicciones erróneas se referían a Alemania: porque pensaba, equivocadamente, que los alemanes podrían ser como los franceses. Cuando Schröder y Chirac protestaron junto con Putin contra la guerra de Irak, lo vi como un acercamiento alentador y pensé que París debería compartir su puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con Berlín. Veía a Alemania como el líder de una Europa soberana. Mis esperanzas se vieron frustradas. Alemania comenzó inmediatamente a imponer sus decisiones unilaterales sin consultar a sus socios: desde la salida de la energía nuclear hasta la acogida de refugiados. Alemania es corresponsable del Maidan, ya que puso a Ucrania ante una disyuntiva: Rusia o Europa. Incluso en mi libro sobre Ucrania, en el que critico duramente a Gran Bretaña, perdono a Alemania, porque estaba muy de acuerdo con Olaf Scholz.

Weltwoche: ¿Por qué los alemanes no pueden convertirse en franceses?

Todd: Como demógrafo, me interesé por las estructuras familiares de la sociedad campesina. Estas siguen influyendo en la cultura política. En los países donde los hermanos tenían los mismos derechos, se impuso la idea de la igualdad entre los hombres. Esta fue la condición previa para las revoluciones universalistas, como las que tuvieron lugar en Francia y Rusia. Rusia instauró el comunismo, que se aplicaba a todos. En Alemania, la revolución no tenía ninguna posibilidad, ya que los hermanos no tenían los mismos derechos. Esto explica su inclinación por el autoritarismo. En Alemania prevalece la idea de la desigualdad entre los hombres y los pueblos y, a diferencia de Rusia y China, no se puede imaginar un orden mundial multipolar. Esto plantea inmediatamente la pregunta de por qué Francia, con su tradición de igualdad, no se pone del lado de los rusos: porque se somete a la hegemonía alemana. La voluntad de Macron de compartir la bomba atómica debilita la soberanía nacional. Para Alemania, solo son posibles las relaciones jerárquicas. Los alemanes quieren dominar Europa, porque eso se ajusta a su temperamento. Además, vuelven a ser la potencia más fuerte.

Weltwoche: ¿Una vez nazi, siempre nazi? Se le acusará de hostilidad sistémica hacia Alemania.

Todd: No es la primera vez. Mi valoración no es una crítica, sino una constatación. Admiro y reconozco la superioridad de los alemanes en muchos ámbitos culturales.

Weltwoche: Usted argumenta como antropólogo. ¿Existe en el inconsciente alemán un deseo nostálgico de victoria sobre Rusia, de revancha por la Segunda Guerra Mundial?

Todd: Yo no hablaría de revancha. Después de la guerra y tras la reunificación, nadie podía imaginar la rapidez con la que Alemania iba a superar los retos a los que se enfrentaba. Es un cumplido. Este país es diferente, tiene un enorme potencial. Pero, por supuesto, los alemanes saben quién derrotó a la Wehrmacht. El discurso agresivo de los rusos da la impresión de que se les ha privado de su victoria. Negarse a reconocer la victoria rusa equivale a negar la derrota alemana.

Weltwoche: Tras la reunificación, también se presentó la caída de la Unión Soviética como una victoria de Occidente y se negó a los rusos el reconocimiento de que ellos mismos se habían liberado del comunismo, algo que los alemanes no habían logrado hacer con Hitler.

Todd: La derrota de 1945 se considera cosa del pasado, como si nunca hubiera existido, al igual que el nacionalsocialismo.

Weltwoche: Al mismo tiempo, el pasado nazi está omnipresente como obsesión alemana, y se combate a la AfD como si se tratara de resistir a los nazis. En casa contra Hitler, en Europa contra Putin.

Todd: ¿Están los alemanes realmente tan obsesionados con Hitler? Si es así, hay algo en su subconsciente que no he visto. Y eso significaría que los riesgos son mucho mayores de lo que jamás había imaginado. Realmente estamos en una novela de ciencia ficción. Las élites ya no tienen explicaciones ni proyectos. Se remiten a la UE, que imposibilita cualquier decisión y cuya percepción de la realidad está distorsionada. Alemania reina sobre Europa, pero no hay que decirlo. Tenemos una visión completamente deformada del pasado, que guía nuestro presente, y no podemos imaginar el futuro. Y cuando no se sabe adónde se va, al menos se puede recurrir a la rusofobia.

Weltwoche: La rusofobia derivada del antifascismo, con Putin en el papel de Hitler. Hay esfuerzos para prohibir la AfD.

Todd: No conozco Alemania lo suficientemente bien como para pronunciarme sobre esta cuestión. A veces cuento un chiste y no tiene gracia. No lo sé, no estoy seguro… Sí, tal vez sea realmente así: Alemania da rienda suelta a su temperamento autoritario. Se compara a la AfD con el Rassemblement National, a Marine Le Pen con Meloni y Putin, y a Meloni con Trump. Estas comparaciones dan vueltas en círculo. Lo que todos los países tienen en común es el retorno a la nación. Los alemanes también quieren volver a ser alemanes. Esta dinámica se ha extendido a todos los partidos, el SPD, la CDU, la AfD. Las diferencias entre las ideologías posnacionales se están difuminando. En Estados Unidos se observa un acercamiento entre los neoconservadores, que defendían la guerra como medio para imponer la democracia, y el movimiento Maga, que quería ponerle fin. En Alemania, es posible una fusión entre la CDU y la AfD. Y es concebible que el retorno a la nación autoritaria se presente esta vez como una lucha por la libertad y la democracia.

Weltwoche: ¿Cómo evalúa la evolución en Francia, cuya política lleva mucho tiempo marcada por la lucha contra los populistas y los neofascistas y donde la radicalización de la izquierda hace temer una guerra civil entre «antifascistas» y «fascistas»? Jean-Luc Mélenchon, del partido «La France insoumise», ha calificado las elecciones que designarán al sucesor de Macron el año que viene como «la última batalla».

Todd: Esta oposición paraliza a Francia. Ningún partido quiere abolir el euro ni salir de la UE. Solo un levantamiento radical puede acabar con la impotencia política. Necesitamos un movimiento que reconozca nuestros intereses colectivos y deje atrás las ideologías posnacionales. No hay ninguno a la vista.

Weltwoche: ¿Quién será el próximo presidente?

Todd: No lo sé, no soy profeta. Aunque tenga esa reputación.

Weltwoche: Fue Osama bin Laden, el autor intelectual de los atentados contra las Torres Gemelas, quien la difundió por todo el mundo. Mientras huía de los estadounidenses, le citó como profeta a principios del milenio: tras el fin de la Unión Soviética, vendría la caída del imperio estadounidense. ¿A quién va a votar?

Todd: No tengo ni idea.

Weltwoche: ¿A Dominique de Villepin, que, como ministro de Asuntos Exteriores de Jacques Chirac, lideró la campaña contra la invasión estadounidense de Irak?

Todd: Es el único político que puede contar con mi simpatía, al menos.

Weltwoche: Quería contar un chiste.

Todd: Se trata de la historia de un campo de concentración para judíos, que son encarcelados y exterminados por ser antisemitas.

Weltwoche: Esta idea no me parece en absoluto irrealista, teniendo en cuenta la confusión mental y la retórica dominante que usted describe. Pero quedémonos en el ámbito de la ciencia ficción: ¿no es Rusia a quien va a atacar «el ejército más poderoso de Europa», sino Francia?

Todd: No, no lo creo, al menos a medio plazo. Alemania no es capaz de hacerlo, tenemos la bomba atómica. Los periodistas y los políticos han olvidado que De Gaulle la construyó para protegernos de los alemanes. Si siguen atacando aún más a Rusia, eso podría obligar a Putin a utilizar armas nucleares tácticas. Solo puedo esperar que los misiles rusos no apunten a Dassault, sino a las fábricas de Rheinmetall." 

(Emmanuel Todd, blog, 04/03/26) 

31.1.26

El motor industrial de Alemania se tambalea tras el despido de 20.000 empleos por parte de Bosch... 50,000 puestos de trabajo en la industria automotriz fueron eliminados en Alemania solo el año pasado... y la tasa de desempleo en Alemania, sin ajustar por factores estacionales, ascendió al 6,6 %, el nivel más alto en doce años... mientras las dudas se extienden en el país y en toda Europa sobre la capacidad del país para seguir siendo una potencia económica (Milena Wälde)

 "El gigante industrial alemán Bosch confirmó el viernes sus planes de recortar 20,000 empleos después de que las ganancias casi se redujeran a la mitad el año pasado, subrayando la creciente presión sobre el sector manufacturero, que alguna vez fue dominante en Alemania, y aumentando la presión sobre los políticos en Berlín para encontrar una solución.

Los datos oficiales publicados el viernes también mostraron que la tasa de desempleo de Alemania, sin ajustar por factores estacionales, aumentó al 6.6 por ciento, el nivel más alto en doce años. El número de personas desempleadas superó los tres millones en enero.

"La realidad económica también se refleja en nuestros resultados," dijo el CEO de Bosch, Stefan Hartung, describiendo 2025 como "un año difícil y, en algunos casos, doloroso" para la empresa, que es un proveedor líder de piezas para automóviles.

La medida llega en medio de una profunda recesión en la industria automotriz del país, que ha sido durante mucho tiempo la columna vertebral de la manufactura alemana. El sector ha estado eliminando empleos rápidamente: Un estudio de EY de 2025 encontró que más de 50,000 puestos de trabajo en la industria automotriz fueron eliminados en Alemania solo el año pasado.

La caída de la industria automotriz en Alemania se ha convertido en una prueba política más amplia para el gobierno en Berlín y para Europa en general. Una vez la joya de la corona de la economía, la industria ahora se enfrenta a los desafíos de la política actual sobre vehículos eléctricos, los costos de energía y la competencia agresiva de los fabricantes chinos.

A medida que los proveedores se debilitan, el riesgo está pasando de menores ganancias a una pérdida duradera de competitividad. Con el aumento de despidos y el retraso en las decisiones de inversión, el gobierno del canciller Friedrich Merz está bajo una creciente presión por parte de trabajadores, sindicatos y líderes de la industria para repensar la estrategia industrial de Alemania, mientras las dudas se extienden en el país y en toda Europa sobre la capacidad del país para seguir siendo una potencia económica." 

(Milena Wälde  , POLITICO, 30/01/26, traducción Quillbot)  

15.1.26

¿Para qué sirve Europa? Europa nació como un bastión frente a la guerra. Europa nació como una ilusión. Como una promesa de paz. Como la idea de que era posible construir un espacio político nuevo; no basado en la fuerza, sino en el derecho... Pero poco a poco, Europa renunció a ese ideal y dejó de pertenecer a sus pueblos. Fue siendo capturada por las grandes corporaciones, por los bancos, por los lobbies empresariales, y por una clase política que adquirió privilegios extraordinarios hasta convertirse en una burocracia que se reproduce a sí misma... El Acta Única Europea de 1986 -que marcó el giro decisivo del proyecto- fue una copia casi totalmente literal de un documento previo elaborado por la European Round Table of Industrialists, un lobby de las mayores multinacionales europeas... Desde entonces, Europa dejó de ser un proyecto de ciudadanía para convertirse en un espacio para la mercancía. El Tratado de Maastricht y los que vinieron después no han sido otra cosa que las piezas jurídicas de un proyecto neoliberal que ha frenado la integración entre los pueblos, ha debilitado el Estado social y ha impedido que el bienestar se convierta en el eje real de la construcción europea... La unión monetaria y el euro fueron diseñados mal a conciencia, no para ser un instrumento de integración solidaria, sino un mecanismo que beneficiara estructuralmente a los grandes exportadores, a los países más fuertes y al capital financiero. Sin unión fiscal ni hacienda europea, sin presupuesto común relevante, sin mutualización de deuda, sin banco central al servicio del empleo y el bienestar, el euro no une, separa... Lo datos lo dejan claro: desde la creación del euro, las divergencias productivas entre el centro y la periferia no han disminuido, han aumentado. La brecha entre Alemania y el sur de Europa es hoy mayor que en los años noventa... El órgano con más poder -la Comisión Europea- no es elegido por la ciudadanía. El Banco Central Europeo, que decide sobre millones de vidas, no responde ante ningún parlamento. El Eurogrupo ni siquiera existe jurídicamente, pero impone políticas que afectan a todos. Y cuando los pueblos votan “mal”, se les corrige... En los últimos años todo esto se ha agravado. Las élites europeas han optado claramente por subordinarse a Estados Unidos justo cuando Estados Unidos ha mostrado menos lealtad, menos respeto y más desprecio hacia Europa. Desde Trump, además, con amenazas abiertas, imposiciones comerciales, chantajes militares y una lógica imperial sin disimulo. Con desprecios y hasta insultos... Europa está sirviendo para muy poco… O incluso peor, para lo contrario de aquello para lo que fue creada... Europa está sirviendo más para facilitar guerras, sostener un modelo destructivo, debilitar la democracia y violar derechos humanos que para proteger a sus pueblos (Juan Torres López)

 "Europa nació como un bastión frente a la guerra. Nació del horror. Nació para que las tragedias que se habían sucedido -dos guerras mundiales, decenas de millones de muertos, el exterminio industrializado, el hundimiento moral del continente- no pudieran repetirse jamás.

Nació como un proyecto de paz, de democracia, de derechos humanos, de cooperación entre pueblos que habían aprendido por las malas que la violencia y el nacionalismo agresivo no conducen más que a la destrucción.

Europa nació como una ilusión. Como una promesa de paz. Como la idea de que era posible construir un espacio político nuevo; no basado en la fuerza, sino en el derecho; no en la dominación, sino en el acuerdo; no en la lógica del imperio, sino en la lógica de la convivencia.

Pero poco a poco, Europa renunció a ese ideal y dejó de pertenecer a sus pueblos.

Fue siendo capturada por las grandes corporaciones, por los bancos, por los lobbies empresariales, y por una clase política que adquirió privilegios extraordinarios hasta convertirse en una burocracia que se reproduce a sí misma, que no responde ante la ciudadanía y que vive cada vez más lejos de los problemas reales de la gente.

Europa fue renunciando a ser un proyecto político y social para convertirse en un espacio de mercaderes.

No es una metáfora: es literal.

El Acta Única Europea de 1986 -que marcó el giro decisivo del proyecto- fue una copia casi totalmente literal de un documento previo elaborado por la European Round Table of Industrialists, un lobby de las mayores multinacionales europeas (Volvo, Nestlé, Siemens… encabezados por el entonces director ejecutivo de Phillips, Wisse Dekker). Así lo reconoció este ultimo años más tarde y ninguno de ellos ocultó que su objetivo era simplemente el de eliminar obstáculos políticos, sociales y laborales a la libre circulación de capitales.

Desde entonces, Europa dejó de ser un proyecto de ciudadanía para convertirse en un espacio para la mercancía.

El Tratado de Maastricht y los que vinieron después no han sido otra cosa que las piezas jurídicas de un proyecto neoliberal que ha frenado la integración entre los pueblos, ha debilitado el Estado social y ha impedido que el bienestar se convierta en el eje real de la construcción europea.

Se integraron los mercados. No se integraron los derechos. Se unificaron las finanzas. No se unificaron los sistemas fiscales, ni los salarios, ni la protección social.

Y así es imposible construir una ciudadanía europea real.

La unión monetaria y el euro fueron diseñados mal a conciencia. Sin respetar los criterios imprescindibles para que sea eficiente que se estudian en tercero de Económicas, para responder exactamente a esa misma lógica. No para ser un instrumento de integración solidaria, sino un mecanismo que beneficiara estructuralmente a los grandes exportadores, a los países más fuertes y al capital financiero. Sin unión fiscal ni hacienda europea, sin presupuesto común relevante, sin mutualización de deuda, sin banco central al servicio del empleo y el bienestar, el euro no une, separa. No converge, diverge.

Lo datos lo dejan claro: desde la creación del euro, las divergencias productivas entre el centro y la periferia no han disminuido, han aumentado. La brecha entre Alemania y el sur de Europa es hoy mayor que en los años noventa.

Para hacer eso posible, Europa, además, se ha convertido en un entramado institucional profundamente poco democrático.

Exige condiciones democráticas a los países que quieren entrar, pero ella misma no las cumple.

El órgano con más poder -la Comisión Europea- no es elegido por la ciudadanía.

El Banco Central Europeo, que decide sobre millones de vidas, no responde ante ningún parlamento.

El Eurogrupo ni siquiera existe jurídicamente, pero impone políticas que afectan a todos.

Y cuando los pueblos votan “mal”, se les corrige.

Pasó en Grecia en 2015: un referéndum rechazó la austeridad, y Europa respondió imponiéndola con más dureza.

Pasó en Francia y Países Bajos cuando rechazaron el tratado constitucional: se cambió de nombre y se aprobó igual.

La democracia en la Unión Europea es bienvenida… siempre que no moleste.

En los últimos años todo esto se ha agravado.

Las élites europeas han optado claramente por subordinarse a Estados Unidos justo cuando Estados Unidos ha mostrado menos lealtad, menos respeto y más desprecio hacia Europa. Desde Trump, además, con amenazas abiertas, imposiciones comerciales, chantajes militares y una lógica imperial sin disimulo. Con desprecios y hasta insultos.

Europa ha impuesto y aceptado sanciones que dañan más a su propia economía que a la estadounidense.

Ha aceptado depender energéticamente en condiciones peores.

Ha aceptado perder autonomía industrial y tecnológica.

Ha aceptado actuar como satélite cuando podría ser actor.

Y todo esto mientras crece dentro un malestar social profundo.

Ha provocado una crisis de vivienda que expulsa a millones de personas de sus ciudades al permitir que los grandes fondos de inversión se apropien de millones de ellas.

Ha generado una precarización laboral que se cronifica a causa de sus políticas de flexibilización.

Ha aumentado la desigualdad que rompe la cohesión social con sus políticas promercado.

Ha empeorado la situación climática al someterse a las grandes corporaciones que la producen

Ha hecho que brote un sentimiento de abandono, de soledad, de desprotección entre los pueblos que ven su verdadera cara.

Europa ayuda con enorme generosidad al gran capital -rescates bancarios, subvenciones industriales, ventajas fiscales- y es tacaña, lenta y humillante con la gente que sufre.

Europa calla ante el genocidio del pueblo palestino. Pero defiende sin matices a Ucrania y persigue, reprime y criminaliza a quienes protestan contra esa doble vara de medir.

Y luego se sorprende de que la gente huya hacia opciones antieuropeas.

Es normal que la gente se pregunte: ¿para qué sirve Europa?

Y la respuesta que hoy se impone es incómoda: Europa está sirviendo más para facilitar guerras, sostener un modelo destructivo, debilitar la democracia y violar derechos humanos que para proteger a sus pueblos.

Nada de esto es inexorable.

No ocurre porque “no haya alternativas”.

Ocurre porque las alternativas han sido sistemáticamente bloqueadas.

Sabemos perfectamente qué tendría que ser Europa para merecer la pena:

– Una auténtica unión política, con poder democrático real.

– Una unión fiscal y social, no solo monetaria.

– Una política industrial, energética y climática propia.

– Una política social al servicio del bienestar.

– Una política exterior y una estrategia de seguridad autónomas basadas en la paz y el derecho internacional.

– Un proyecto centrado en la vida, no en los balances de las grandes empresas.

Europa no nos traiciona porque sea imposible hacerla de otro modo.

Nos traiciona porque ha sido capturada por incompetentes, por dirigentes al servicio de grandes corporaciones y por una clase política cobarde y servil frente a Estados Unidos.

Es por eso que ahora, incluso quienes sabemos que Europa es necesaria, nos preguntamos con angustia para qué sirve.

Y solo podemos responder, con tristeza y con rabia, que está sirviendo para muy poco… O incluso peor, para lo contrario de aquello para lo que fue creada." 

(Juan Torres López, blog, 11/01/26) 

15.12.25

China es grande, Alemania es pequeña... el superávit comercial de China ha alcanzado un récord de 1 billón de dólares... Macron, durante una visita a China, les dijo a los chinos que su superávit comercial era insostenible y los amenazó con restricciones comerciales europeas... el superávit comercial es de alrededor del 5.2 por ciento del PIB de China... El superávit comercial de Alemania en 2024 fue de alrededor de 260 mil millones de dólares, lo que representó casi el 5.8 por ciento... Es una cifra que es al menos tan digna de crítica como la china... ¿Por qué Macron no dice nada sobre Alemania? Sobre el papel, la Unión Monetaria Europea tiene regulaciones estrictas diseñadas para evitar que los países individuales mantengan permanentemente altos superávits en la cuenta corriente. ¿Por qué Macron no está haciendo nada para asegurar que se implementen estas reglas? Nadie menciona el enorme lastre que el llamado mercado interior arrastra desde que Alemania explotó sin vergüenza la unión monetaria para obtener enormes ventajas absolutas mediante la reducción de salarios... Durante muchas décadas, también fue indiscutible que otros países tenían el derecho natural de defenderse contra tales ventajas artificiales y de proteger a sus empresas de las desventajas asociadas. Por lo tanto, es permisible (también de acuerdo con las normas de la Organización Mundial del Comercio) introducir aranceles, devaluar la propia moneda o iniciar procedimientos antidumping contra los países que apoyan a sus empresas nacionale... En tratados razonablemente construidos, los socios comerciales podrían introducir aranceles de importación a Alemania para compensar el dumping alemán. Sin embargo, los tratados europeos no están razonablemente construidos, porque si un país favorece a todas sus empresas mediante recortes fiscales o presión salarial, esto entra en la categoría de "competencia entre naciones" o "soberanía fiscal nacional" y la Comisión no hace nada... el estado no debe otorgar a sus empresas una ventaja general en el comercio internacional al reducir los costos. Si lo hace, los demás estados deben poder defenderse de ello con medios que estén completamente bajo su control (Heiner Flassbeck)

 "Cualquiera que trate con cifras absolutas debe tener siempre cuidado. En todo el país llegan informes de que el superávit comercial de China ha alcanzado un récord de 1 billón de dólares. Muchos medios consideran esto como una gran noticia (aquí), y el presidente francés Macron, durante una visita a China, les dijo a los chinos que su superávit comercial era insostenible y los amenazó con restricciones comerciales europeas.

1 billón de dólares estadounidenses realmente suena como mucho. Pero, ¿cuál es el tamaño del producto interno bruto de China? En 2025, se espera que sea alrededor de 19,200 millones de dólares (si extrapolamos la cifra de 2024 con un crecimiento del 5 por ciento y asumimos prácticamente ninguna inflación). En consecuencia, el superávit comercial (no estoy hablando aquí del saldo de la cuenta corriente, por una vez) es de alrededor del 5.2 por ciento del PIB de China. Eso no es insignificante.

¿Pero qué pasa con el vecino favorito de Francia? El año pasado, Alemania tenía un PIB de alrededor de 4,500 mil millones de dólares estadounidenses. Extrapolando con una inflación del 2 por ciento, eso equivale a alrededor de 4,600 este año, sin un crecimiento real. El superávit comercial de Alemania en 2024 fue de alrededor de 230 mil millones de euros, o alrededor de 260 mil millones de dólares, lo que representó casi el 5.8 por ciento.

Este año, el superávit alemán probablemente será ligeramente menor porque las exportaciones a Estados Unidos están cayendo debido a las políticas de Trump, pero estimo que aún será de 220 mil millones de dólares. 220 mil millones de dólares estadounidenses serían el 4.8 por ciento del PIB. Eso es ligeramente inferior a la cifra china, pero aún así muy alto. Es una cifra que es al menos tan digna de crítica como la china, porque dadas las incertidumbres en las cifras utilizadas aquí, los decimales son realmente irrelevantes.

¿Por qué Macron no dice nada sobre Alemania? ¿A quién o a qué se queja cuando en la Unión Monetaria Europea y en el mercado único europeo un país grande y varios pequeños del norte pueden obtener ventajas competitivas injustificadas y mantener durante décadas un alto superávit comercial y de cuenta corriente? Sobre el papel, la Unión Monetaria Europea tiene regulaciones estrictas diseñadas para evitar que los países individuales mantengan permanentemente altos superávits en la cuenta corriente. ¿Por qué Macron no está haciendo nada para asegurar que se implementen estas reglas?

En Alemania se habla mucho del mercado único porque, en la desesperación por la mala situación económica, se imagina que el crecimiento se puede estimular, por ejemplo, creando reglas europeas uniformes para los panaderos. Pero nadie menciona el enorme lastre que el llamado mercado interior arrastra desde que Alemania explotó sin vergüenza la unión monetaria para obtener enormes ventajas absolutas mediante la reducción de salarios.

En 2015 escribí un artículo en alemán (con Friederike Spiecker) que explica en detalle por qué el dumping salarial alemán practicado bajo la coalición Rojo-Verde a principios de siglo es una violación tan flagrante de la razón y la decencia en una unión monetaria que también se supone que debe tener un mercado común funcional. Estoy reimprimiendo el artículo aquí en inglés:

Tipos de cambio fijos y promesas firmes – o cómo lidiar con las promesas incumplidas (2015)

Debido a que la conexión entre los superávits de la cuenta corriente de Alemania y los problemas en la Unión Monetaria Europea aún se entiende tan poco, queremos intentar abordar este tema de una manera más fundamental de lo que podríamos hacer de otra manera. Hubo un tiempo en que tales conexiones simples se daban por sentadas y se respetaban en la economía, pero esto, como tantas otras cosas, aparentemente se ha perdido en el tumulto de la construcción de modelos y la manía metodológica en las universidades.

Lo que difícilmente se puede discutir es el hecho de que la idea de competencia normalmente se refiere a la competencia entre empresas. Ahí es donde pertenece. Las empresas deben demostrar su valía en la competencia, y se debe permitir que la mejor empresa prevalezca y tenga éxito en condiciones de igualdad (lo que incluye el pago igual por trabajo igual en primer lugar) mediante esfuerzos para mejorar la productividad en los procesos de producción o en los bienes y servicios producidos.

Si un país entero tiene ventajas competitivas sobre otro país por razones que no tienen nada que ver con empresas individuales pero benefician a todas las empresas de un país, esto es problemático en cualquier caso. Esto se debe a que la competencia entre las empresas de ambos países se ve distorsionada. La naturaleza de estas ventajas no es particularmente relevante. Ya sea que el país imponga aranceles a las importaciones, reduzca los impuestos para sus empresas de manera particularmente drástica o proporcione a sus empresas altos subsidios, ya sea que la moneda de un país esté subvaluada o que la política del país en un sistema de tipos de cambio fijos (o una unión monetaria) haya contribuido a que los salarios de todas las empresas (en relación con la productividad) aumenten menos que en los países con los que se ha acordado el tipo de cambio fijo, siempre hay una ventaja para todas las empresas de un país, que perjudica sistemáticamente a las empresas de los países socios (independientemente de si las empresas allí son fuertes o débiles en términos de competencia).

Durante muchas décadas, también fue indiscutible que otros países tenían el derecho natural de defenderse contra tales ventajas artificiales y de proteger a sus empresas de las desventajas asociadas. Por lo tanto, es permisible (también de acuerdo con las normas de la Organización Mundial del Comercio) introducir aranceles, devaluar la propia moneda o iniciar procedimientos antidumping contra los países que apoyan a sus empresas nacionales. La presión política sobre los salarios nacionales para compensar la ventaja salarial extranjera en los sistemas de tipo de cambio fijo también es una opción. En el pasado, la devaluación era a menudo el medio más sencillo para lograrlo. Si un país se encontraba en una crisis de balanza de pagos, es decir, en peligro de no poder financiar sus propias importaciones sin pagar altas primas de interés en el mercado de capitales, la solución generalmente se buscaba en la devaluación, tanto con tipos de cambio flexibles y adaptables (como en el sistema de Bretton Woods o el Sistema Monetario Europeo EMS). Esto reducía las importaciones, fortalecía las exportaciones y, por lo tanto, disminuía la dependencia del mercado de capitales.

Las tasas de cambio fijas son, por así decirlo, una promesa de los socios comerciales de no socavarse mutuamente de ninguna manera, de modo que la opción de cambiar las tasas de cambio no sea necesaria. Cuanto más fuerte sea el vínculo entre los tipos de cambio, más fuerte debe ser, por supuesto, la promesa de no socavarse por parte de los socios comerciales para que el sistema se mantenga. En la Unión Monetaria Europea, Alemania ha elegido la forma mercantilista de socavar, a saber, apretándose el cinturón. Esto rompe la promesa subyacente al acuerdo de entrar en una unión monetaria. En tratados razonablemente construidos, por lo tanto, los socios comerciales ya no tendrían que adherirse al requisito de libre comercio, sino que podrían introducir aranceles de importación a Alemania para compensar el dumping alemán.

Sin embargo, los tratados europeos no están razonablemente construidos, como se puede demostrar fácilmente. La Comisión actúa de forma masiva y seria, incluso llevando casos ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, contra los Estados que favorecen a determinadas empresas. Así que si Volkswagen, como en un caso famoso, recibe una subvención del estado, ya sea en forma de terrenos baratos o una garantía estatal de supervivencia debido a la participación directa del estado en la propiedad de la empresa, la Comisión sospecha una distorsión de la competencia en detrimento de otras empresas de la UE y exige compensación o la cesación de la subvención.

Sin embargo, si un país favorece a todas sus empresas mediante recortes fiscales o presión salarial, esto entra en la categoría de "competencia entre naciones" o "soberanía fiscal nacional" y la Comisión no hace nada. Pero tal subsidio general en Alemania puede distorsionar la situación de una empresa en Francia frente a su competidor alemán de la misma manera que una subvención individual. En general, sin embargo, el daño es mucho mayor que en el caso de una subvención individual, porque todas las empresas de Francia sufren ahora el dumping. Sin los tratados europeos, Francia podría haber denunciado a Alemania ante la OMC por dumping, con muchas posibilidades de éxito, o bien estaría en un sistema monetario con Alemania que le permitiría devaluar el franco sin grandes trastornos.

Este argumento muestra que no importa si una nación es eficiente o productiva. Cada nación tiene derecho a ser tan productiva como pueda. Sin embargo, ninguna nación tiene permitido vivir deliberadamente por debajo de sus posibilidades (es decir, por debajo de las posibilidades creadas por su productividad) durante un largo período de tiempo, porque de lo contrario priva a otras naciones de la oportunidad de adaptarse a sus propias circunstancias, es decir, de disfrutar de los frutos de su propia productividad. Dado que sería extremadamente tonto que todas las naciones intentaran vivir por debajo de sus posibilidades solo porque una nación lo haga, deben existir mecanismos compensatorios del tipo descrito anteriormente (es decir, aranceles, devaluaciones monetarias o procedimientos penales contra el desviado).

Pero algunos argumentarán que la competencia entre naciones no puede simplemente ser descartada. Sí, debe, porque no es competencia en el buen sentido de una economía de mercado. La idea de la "competencia entre naciones" es sin duda una de las ideas más absurdas de todos los tiempos, porque las naciones no hacen lo que se esperaría de empresas que compiten entre sí. Consideramos que la competencia entre empresas es sensata porque las empresas, o más bien las personas detrás de ellas, son más inventivas e innovadoras en una economía de mercado cuando no tienen la oportunidad de superar a sus competidores con trucos ilegales, evasión de impuestos, sobornos o chantajes primitivos a sus propios empleados. Aquellos que no hacen nada de esto y aún así tienen éxito porque hacen un nuevo descubrimiento o desarrollan un nuevo producto son lo que llamamos grandes emprendedores. Imitarles en casa y en el extranjero promueve la productividad y, por ende, la prosperidad tanto en casa como en el extranjero. Precisamente aquí radica la fuerza de la economía de mercado, con su mecanismo de descubrimiento y recompensa de "mercado y beneficio".

Sin embargo, no es innovador que un país baje los impuestos y obligue a todos los demás países a hacer lo mismo. Es solo uno de esos trucos baratos que condenamos con razón como abuso de la competencia en los negocios. La presión del Estado sobre los sindicatos para que firmen convenios de salarios bajos no es más innovadora a nivel estatal que a nivel empresarial. Las naciones no inventan nada. No tienen ideas, no son capaces de desarrollar nuevos productos ni de implementar nuevos procesos de producción.

Precisamente porque queremos dejar esto a las empresas en una economía de mercado, el estado no debe otorgar a sus empresas una ventaja general en el comercio internacional al reducir los costos. Si lo hace, los demás estados deben poder defenderse de ello con medios que estén completamente bajo su control. A diferencia de las empresas fracasadas, que desaparecen del mercado y cuyos empleados pueden trasladarse a empresas exitosas, los estados no pueden (y no deben) desaparecer del mapa con sus ciudadanos, al menos mientras prevalezcan la paz y la democracia.

La opción de emigrar a un país "más exitoso" es, sin duda, indeseable tanto para el país que pierde en la "competencia entre naciones" y cuyos ciudadanos empiezan a marcharse, como para el país que tiene que lidiar con la inmigración masiva y justificarlo ante sus propios ciudadanos. Por regla general, no están particularmente interesados en aumentar la competencia por los puestos de trabajo, especialmente porque ya han tenido que sufrir en la "competencia entre naciones" (por ejemplo, en forma de una provisión insuficiente de bienes públicos debido a recortes fiscales o en forma de salarios que se quedan atrás en relación con la productividad).

Por cierto, los empresarios y empleados en este "país exitoso" no están en absoluto de acuerdo en este punto. A los empresarios les resulta bastante atractivo cuando inmigrantes bien educados ingresan al mercado laboral nacional, compitiendo con los locales bien educados por los salarios y llenando los vacíos dejados por los recortes fiscales en el área de educación y niveles de formación entre la fuerza laboral. Los empresarios entonces se presentan como cosmopolitas y favorables a la inmigración. Las trabajadoras domésticas, por otro lado, que se sienten presionadas por los inmigrantes debido a la devaluación de sus inversiones educativas o que ya tienen dificultades en el mercado laboral nacional debido a la falta de una inversión pública razonable en educación, rápidamente se encuentran en terreno xenófobo.

La otra posibilidad, en la que un estado vende su capital público, incluyendo sus tierras, a países extranjeros "exitosos", también es claramente inaceptable. No se trata solo de "orgullo nacional", etc., sino sobre todo porque significa la reintroducción de estructuras medievales de señorío (aunque en manos extranjeras).

Estos principios simples, que garantizan una competencia que beneficia a todas las sociedades, han sido arrojados por la borda en la UE a raíz de la revolución neoliberal. Esto era más o menos aceptable mientras sólo los pequeños estados como los Países Bajos, Finlandia o Irlanda violaban estos principios, porque los efectos sobre el resto de la comunidad de estados no eran muy graves. Sin embargo, la ignorancia de las instituciones sobre este tema ahora está pasando factura, con el estado más grande de la comunidad haciendo lo que antes hacían los pequeños. Ahora ya no se puede ignorar, porque el impacto económico en los países vecinos del mercantilista es enorme.

Pero en lugar de al menos ahora llamar a las cosas por su nombre, la Comisión Europea se esconde detrás del mercantilismo y llama a todos los demás a seguir su ejemplo. Esto no puede acabar bien, y no está acabando bien. La deflación y la recesión son pruebas claras de esto. La promesa incumplida de abstenerse de socavar la competencia entre las naciones participantes en una unión monetaria ahora exige tipos de cambio flexibles o el fin del libre comercio. Mantener los tipos de cambio fijos, defender el libre comercio e ignorar la promesa rota no es más que mantener la mecha encendida bajo el barril de pólvora hasta que explote." 

(Heiner Flassbeck, Flassbeck Economics, 11/12/25, traducción Quillbot)