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6.8.26

"Miraron hacia otro lado": el demoledor informe del senador demócrata Ron Wyden, que destapa cómo los bancos de Wall Street blindaron a Epstein... la pregunta central en torno a sus actividades no sólo ha sido quiénes formaban parte de su red de contactos y quién abusó gracias a él de chicas menores de edad, sino cómo logró sostener una compleja estructura económica global para financiar sus delitos... ahora una exhaustiva investigación del Senado de los Estados Unidos, liderado por el senador demócrata Ron Wyden, sostiene que altos ejecutivos bancarios ignoraron o encubrieron las maniobras de Epstein... los bancos más grandes de Wall Street (Bank of America, Deutsche Bank, JPMorgan Chase), eligieron ignorar pruebas claras de tráfico sexual y blanqueo de capitales solo para mantener a un cliente rico en sus libros (HuffPost)

 "Durante años, la pregunta central en torno a las actividades ilícitas del financiero estadounidense Jeffrey Epstein no sólo ha sido quiénes formaban parte de su red de contactos y quién abusó gracias a él de chicas menores de edad, sino cómo logró sostener una compleja estructura económica global para financiar sus delitos. Ahora, una exhaustiva investigación del Senado de los Estados Unidos publicada esta semana ofrece respuestas contundentes sobre el papel jugado por varias de las mayores instituciones financieras de Wall Street.

El dossier, titulado reveladoramente Looking the Other Way ("Mirar hacia otro lado") y liderado por el senador demócrata Ron Wyden -el miembro de mayor rango en el Comité de Finanzas del Senado-, sostiene que altos ejecutivos bancarios ignoraron o encubrieron las maniobras de Epstein. Según el documento, las entidades prefirieron mantener los depósitos del magnate y conservar el acceso a su red de clientes multimillonarios antes que cumplir con sus obligaciones legales de prevención del lavado de dinero.

"Dijimos desde el principio que para llegar al fondo del encubrimiento de Jeffrey Epstein había que seguir la pista del dinero. Los registros bancarios detallan un patrón impactante: los bancos más grandes de Wall Street eligieron ignorar pruebas claras de tráfico sexual y blanqueo de capitales solo para mantener a un cliente rico en sus libros", afirmó el senador Wyden al presentar las conclusiones.

Cientos de millones bajo sospecha

El reporte da cierre a un proceso de indagación iniciado en 2022 que incluyó la revisión de miles de páginas de Reportes de Actividad Sospechosa (SAR, por sus siglas en inglés), archivos de demandas judiciales e información interna facilitada por el Departamento del Tesoro.

Entre los hallazgos principales destaca la actuación de Bank of America, entidad a la que el informe acusa de haber "violado probablemente" las leyes federales contra el blanqueo de capitales al omitir notificar a tiempo transferencias por un valor acumulado de 170 millones de dólares procedentes del magnate inversor Leon Black hacia cuentas vinculadas a Epstein.

Respecto a JPMorgan Chase, la investigación revela cómo algunos de sus ejecutivos presuntamente asesoraron a Epstein sobre cómo retirar elevadas sumas de dinero en efectivo a través de empresas pantalla. Esta táctica habría permitido al magnate ocultar el destino del capital tanto a los departamentos de cumplimiento normativo del propio banco como a los reguladores federales.

Por su parte, Deutsche Bank es señalado por haber presentado avisos de actividad sospechosa únicamente después de la muerte de Epstein en una prisión de Nueva York en 2019, omitiendo las alertas durante los años en que el financista canalizaba fondos de forma activa.

Principales infracciones

Entre los principales movimientos sospechosos que ha detectado el Comité de Finanzas del Senado está el retraso en los avisos obligatorios: los bancos tardaron meses o años en notificar las operaciones irregulares al gobierno federal, en presunta violación de las normas antiblanqueo.

Además, queda acreditada la financiación de la red de abusos, porque la disponibilidad constante de dinero en efectivo facilito la captación, traslado y permanencia de las víctimas de la red de tráfico sexual. También se ve a las claras la priorización de clientes VIP, toda vez que las entidades antepusieron sus relaciones comerciales con multimillonarios asociados a Epstein por encima de las alertas de cumplimiento interno.

No sólo facilitaron las cosas, sino que bloquearon la supervisión de lo que estaba pasando. Wyden criticó a agencias federales y a previas administraciones (sin hacer sangre en colores políticos porque a todos salpica) por entorpecer el acceso completo a los expedientes del caso.

El informe presentado por el demócrata no se limita a detallar las irregularidades, sino que se plantea como una "hoja de ruta" dirigida a fiscales e investigadores federales para exigir responsabilidades judiciales a las élites financieras involucradas.

Asimismo, el senador Wyden ha planteado un paquete de reformas legislativas para endurecer la supervisión sobre el sector bancario. La primera sería la firma personal de ejecutivos, esto es, la exigencia de que los banqueros certifiquen individualmente haber realizado la debida diligencia sobre cuentas pertenecientes a clientes de muy alto patrimonio.

Además, reclama sanciones más severas, como incrementar las penas civiles y penales para entidades y directivos que incurran en negligencia continuada ante operaciones sospechosas, y requerir que los bancos informen de inmediato al Departamento del Tesoro cuando decidan cancelar la cuenta de un cliente por sospechas de tráfico de personas o blanqueo de capitales.

Las reacciones

Tras la publicación del documento, las entidades bancarias señaladas emitieron comunicados reafirmando su compromiso normativo o recordando los acuerdos alcanzados anteriormente. No ha habido grandes peticiones de perdón o disculpa, como era de esperar, pero alguna ha dejado entrever su vergüenza por lo ocurrido, aunque no haya más consecuencias por ahora. 

Un portavoz de Bank of America aseguró que la institución toma con "total seriedad" sus obligaciones legales y reglamentarias, señalando que "como se ha dicho anteriormente, el banco no facilitó ninguna actividad ilícita".

Por su parte, un representante de Deutsche Bank expresó el pesar de la entidad por su vínculo pasado con el financista: "Lamentamos nuestra conexión histórica con Jeffrey Epstein. Hemos cooperado plenamente con las agencias reguladoras y policiales en sus investigaciones y hemos realizado inversiones significativas para reforzar nuestros sistemas de control interno".

JPMorgan Chase, entidad que en 2023 alcanzó un acuerdo extrajudicial multimillonario con víctimas de Epstein sin admitir responsabilidad legal, no hizo comentarios inmediatos tras la difusión de este nuevo reporte. 

Su divulgación se produce en un ambiente de elevada tensión política en Washington, a pocos meses de las elecciones legislativas de medio término (midterms) fijadas para noviembre de 2026, en las que los demócratas podrían arrebatar a los republicanos el control de la Cámara de Representantes o del Senado, ambas en manos conservadoras y facilitadoras, pues, de las políticas del presidente, Donald Trump, cuyo papel en el caso Epstein, del que fue un gran amigo, sigue sin aclararse." 

( Huffpost, 05/08/26)

23.7.26

J.D. Vance, Epstein, la CIA y el Mossad... Está causando un gran revuelo la entrevista concedida por el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance en la que lanzó una serie de duras acusaciones contra Israel. No hay nada nuevo en lo que ha dicho, pero la novedad radica más bien en el hecho de que sea él quien diga estas cosas... Afirmó que Epstein estaba en contacto con los altos mandos de la CIA y del Mossad, y que Israel ha orquestado una campaña para sabotear las negociaciones entre EEUU e Irán... Son cosas que se llevan diciendo desde hace tiempo en Estados Unidos, pero que, al salir de la boca del número dos de la Casa Blanca, cobran un peso muy diferente... es posible que la esta salida de Vance sirva para poner en aprietos al bloque sionista, con el fin de que la Casa Blanca pueda recuperar una mayor libertad de acción. Al fin y al cabo, Trump —que tiene olfato para estas cosas— sabe bien que la popularidad de Israel en EEUU está por los suelos y que, por lo tanto, un ataque frontal de este tipo obligará a Netanyahu y a sus grupos de presión a ponerse a la defensiva... Para salir de la trampa de Ormuz, debe escapar de las garras de Israel (Enrico Tomaselli)

"J.D. Vance, Epstein, la CIA y el Mossad.

Está causando un gran revuelo la entrevista concedida por el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, al podcast de Joe Rogan, en la que lanzó una serie de duras acusaciones contra Israel. No hay nada nuevo en lo que ha dicho, pero la novedad radica más bien en el hecho de que sea él quien diga estas cosas.

Afirmó que Epstein estaba en contacto con los altos mandos de la CIA y del Mossad, que Israel ha orquestado una campaña para sabotear las negociaciones entre EEUU e Irán, y precisó que «algunos miembros» del Gobierno israelí actúan en ese sentido, porque su objetivo es continuar la campaña militar (…) no con un objetivo específico, sino simplemente de forma indefinida».

Son cosas que se llevan diciendo desde hace tiempo en Estados Unidos, por ejemplo por parte de Tucker Carlson, pero que, al salir de la boca del número dos de la Casa Blanca, cobran un peso muy diferente. Por el momento, no hay comentarios, ni por parte de Israel ni de la propia Casa Blanca. Y será interesante ver si deciden decir algo, cuándo y qué. Pero, ¿cómo se puede interpretar esta singular declaración de Vance?

En los últimos días, se había conocido la noticia de que la delegación negociadora iraní había hecho llegar precisamente a Vance, a través de un intermediario, un mensaje en el que se denunciaban los numerosos sabotajes llevados a cabo por el dúo Witkoff-Kushner, hombres de confianza de Trump, acusados de ser mentirosos, incompetentes y aprovechados. Ambos son sionistas, y el yerno del presidente —Jared Kushner— está muy vinculado a Netanyahu.

El hecho de que los negociadores iraníes hayan considerado oportuno enviar este mensaje y hayan identificado a Vance como el destinatario adecuado merece, a su vez, una reflexión. Durante las negociaciones en Pakistán, de hecho, el vicepresidente se mostró totalmente incapaz de gestionar la situación y sometido a un estricto control precisamente por parte de los dos enviados de Trump. Araghchi y Qalibaf, evidentemente, debieron de percibir cierto malestar en Vance y consideraron oportuno aprovecharlo, subrayando —y documentando— el papel nefasto de ambos.

Además, sabemos que Vance siempre se ha mostrado, como mínimo, escéptico respecto a la agresión contra Irán, aunque luego se viera obligado a alinearse con las posiciones oficiales.

Todo ello podría llevar a pensar que, al final, ha encontrado el valor para salir a la luz, para desahogarse y, sobre todo, para distanciarse del trumpismo, quizá con vistas a la carrera por la sucesión. Pero, francamente, esta hipótesis no resulta muy convincente. En primer lugar, este hombre no destaca precisamente por su valentía ni por su espíritu de iniciativa. Y su principal patrocinador —Peter Thiel, de Palantir— no está precisamente interesado en ponerse en contra del Gobierno de Estados Unidos.

Por lo tanto, si descartamos la hipótesis de una iniciativa personal, que lo expondría a la hostilidad de los lobbies sionistas estadounidenses, debemos concluir que está actuando por encargo. ¿Y de quién, si no es del presidente?

Trump se encuentra entre la espada y la pared, tanto por sus históricos y estrechos vínculos con Netanyahu como por su dependencia del apoyo de los citados lobbies (la super sionista Miriam Adelson se encuentra entre sus principales donantes). Se ve, por tanto, atado a este bloque de poder interno-externo, independientemente de si puede ser chantajeado o no por sus conexiones con Epstein.

Pero, al mismo tiempo, es consciente de que, en esta fase, los intereses estratégicos estadounidenses y los israelíes coinciden muy poco, y probablemente también de que lo están manipulando —algo que, a una persona egocéntrica y narcisista, desde luego no le hace ninguna gracia—.

Por lo tanto, es posible que la salida de Vance sirva para poner en aprietos al bloque sionista, con el fin de que la Casa Blanca pueda recuperar una mayor libertad de acción. Al fin y al cabo, Trump —que tiene olfato para estas cosas— sabe bien que la popularidad de Israel en EEUU está por los suelos y que, por lo tanto, un ataque frontal de este tipo, aunque sea llevado a cabo con guantes de terciopelo, obligará a Netanyahu y a sus grupos de presión a ponerse a la defensiva.

Para salir de la trampa de Ormuz, debe escapar de las garras de Israel." 

(Enrico Tomaselli, Jaque al neoliberalismo, 21/07/26, fuente Arianna Editrice )  

16.7.26

El financiero pedófilo Jeffrey Epstein estaba conectado con los más altos niveles de la inteligencia estadounidense e israelí, declaró JD Vance... Los archivos de Epstein documentan la financiación que el financiero proporcionó a grupos israelíes, así como sus vínculos con miembros de los servicios de inteligencia israelíes en el extranjero... La idea de que Donald Trump esté siendo chantajeado me parece una locura», dijo, cuando Rogan le preguntó si Israel estaba utilizando los archivos de Epstein —o alguna otra información comprometedora— para obligar a Trump a hacer lo que quería... El vicepresidente de Estados Unidos le cuenta al presentador de podcasts Joe Rogan sobre una campaña vinculada a Israel, con un financiamiento extraordinario, para descarrilar las conversaciones con Irán... El vicepresidente añadió que hay personas «extremistamente belicistas dentro del sistema estadounidense que han atacado el acuerdo y, francamente, en cierto modo han intentado sabotearlo». Y lo que siempre les digo a esas personas es: ¿Cuál es su propuesta?... Y «sé sin lugar a dudas que hay personas dentro del gobierno israelí que intentan desviarnos de esa política [las negociaciones con Irán] porque quieren continuar la campaña militar», también afirmó Vance (Oscar Rickett)

"JD Vance afirma que Epstein tenía conexiones con la CIA y el Mossad. El vicepresidente de Estados Unidos le cuenta al presentador de podcasts Joe Rogan sobre una campaña vinculada a Israel, con un financiamiento extraordinario, para descarrilar las conversaciones con Irán

 El financiero pedófilo Jeffrey Epstein estaba conectado con los más altos niveles de la inteligencia estadounidense e israelí, declaró JD Vance el lunes.

"Claramente tenía conexiones con los niveles más altos de la inteligencia estadounidense", dijo el vicepresidente de Estados Unidos al presentador de podcasts Joe Rogan, en relación con Epstein. "Claramente tenía conexiones con los más altos niveles de la inteligencia israelí".

Cuando Rogan le comentó que "la mayoría de la gente piensa que era del Mossad", la agencia de inteligencia exterior de Israel, Vance respondió: "Del Mossad, de la CIA o de algún otro Estado profundo, ya sea en Estados Unidos, Israel o algún otro país... o en ambos".

El vicepresidente, quien se describe a sí mismo como "un teórico de la conspiración Epstein de la vieja escuela", afirmó que las conexiones de Epstein eran con "elementos del Estado profundo israelí de centroizquierda", en particular con el ex primer ministro israelí Ehud Barak.

Se ha especulado mucho sobre si Epstein trabajaba para la inteligencia israelí, estadounidense o incluso rusa.

El condenado por delitos sexuales, que acogió a numerosas personas ricas y poderosas en su isla privada y estaba relacionado con el expresidente estadounidense Bill Clinton, el multimillonario proisraelí Les Wexner, el político británico Peter Mandelson y el hijo de la reina Isabel, Andrew Mountbatten-Windsor, parecía haber acumulado una gran cantidad de información comprometedora durante muchos años.

A principios de este año, al preguntársele si consideraban que Epstein era un agente del Mossad, un asesor del gobierno indio declaró a Middle East Eye: «Sin duda alguna».

Sin embargo, no existe prueba categórica de que Epstein trabajara activamente para una agencia de inteligencia.

Los archivos de Epstein documentan, sin embargo, la financiación que el financiero proporcionó a grupos israelíes, incluyendo Amigos de las Fuerzas de Defensa de Israel y la organización de colonos Fondo Nacional Judío, así como sus vínculos con miembros de los servicios de inteligencia israelíes en el extranjero.

Un memorando del FBI, elaborado por la oficina de Los Ángeles en octubre de 2020, informaba que una de sus fuentes había llegado a creer que Epstein “era un agente del Mossad cooptado”.

Según el documento, el pedófilo caído en desgracia fue descrito como alguien “entrenado como espía” para el servicio de inteligencia israelí.

Campaña respaldada por Israel para descarrilar el acuerdo entre EE. UU. e Irán

En su entrevista con Rogan, Vance —quien parecía estar posicionándose como sucesor de Donald Trump y candidato presidencial para 2028— describió una “campaña muy discreta y extremadamente bien financiada para intentar descarrilar la negociación y el acuerdo” con Irán.

Vance lideró las negociaciones con Irán, que culminaron con la firma del memorando de entendimiento entre ambos países el mes pasado. El acuerdo fracasó y Estados Unidos e Irán volvieron a intercambiar ataques.

«Hay ciertos influyentes en Estados Unidos que reciben dinero para atacar el acuerdo», afirmó, mencionando la financiación proveniente de Israel.

El vicepresidente hizo referencia a un artículo de la revista Time publicado esta semana que detalla una «operación de influencia israelí dirigida a la base de seguidores de Trump». Según informes, Brad Parscale, asesor digital de la campaña presidencial de Donald Trump en 2020, recibe 1,5 millones de dólares mensuales por dirigir esta operación.

Según Vance, el artículo de Time «enumera a varias personas que, literalmente, han sido pagadas por un exmiembro de la campaña de Trump, quien a su vez recibe dinero de ciertos sectores del gobierno israelí, y esas personas me están atacando con mucha virulencia».

«Sé sin lugar a dudas que hay personas dentro del gobierno israelí que intentan, de hecho, desviarnos de esa política [las negociaciones con Irán] porque quieren continuar la campaña militar», afirmó Vance.

El vicepresidente añadió que hay personas «extremistamente belicistas dentro del sistema estadounidense que han atacado el acuerdo y, francamente, en cierto modo han intentado sabotearlo». Y lo que siempre les digo a esas personas es: ¿Cuál es su propuesta?

Vance se describió a sí mismo como «el moderado razonable» en «este debate masivo entre proisraelíes y antiisraelíes en los Estados Unidos de América». Dijo que había sido ampliamente acusado de antisemita, «lo cual es una locura».

Cuando se le preguntó si creía que Estados Unidos habría participado en la guerra más reciente con Irán de no ser por la influencia israelí, Vance respondió: «Sí, sí lo creo».

«Creo que el presidente, independientemente de cualquier influencia de Israel, cree firmemente, y estoy de acuerdo con esto, que Irán no debería tener armas nucleares», dijo Vance.

«La idea de que Donald Trump esté siendo chantajeado me parece una locura», dijo, cuando Rogan le preguntó si Israel estaba utilizando los archivos de Epstein —o alguna otra información comprometedora— para obligar a Trump a hacer lo que quería."
 

(Oscar Rickett , Middle East Eye, 16/07/26, traducción google, enlaces en el original)  

6.6.26

La realidad que la Iglesia española sigue escondiendo: siete cardenales y 61 obispos españoles señalados por encubrir a pederastas durante décadas... Un obispo que protegió a un cura tras un asesinato, en proceso de beatificación (Julio Núñez)

 "La Iglesia española se resiste a pronunciar una palabra y sigue escondiendo una realidad: el encubrimiento durante décadas de los casos de pederastia. Asumido el escándalo tras años de negación, el gran tabú que queda pendiente de derribar para saber toda la verdad es reconocer, investigar y aclarar la responsabilidad de quienes protegieron a los agresores. El encubrimiento estaba ausente en el único y fallido intento de estudio interno de la Conferencia Episcopal (CEE), el informe Para dar luz, de 2023, y la Iglesia se niega a dar datos sobre ello. Pero los hay. Un análisis de este periódico de los 1.622 casos de abusos que han salido a la luz hasta ahora en España, en procedimientos judiciales, investigaciones periodísticas y sentencias canónicas, señala que en las últimas décadas 94 altos cargos eclesiásticos han tapado denuncias, encubierto a clérigos o silenciado a víctimas. De ellos, 7 son cardenales, 61 son obispos y 26, superiores de órdenes religiosas.

Ante la llegada del papa León XIV este sábado, este dato resume la total pasividad tanto en España como en el Vaticano ante el escándalo y todo lo que queda por hacer. Además, la realidad del encubrimiento cuadra con otra, la opacidad de la Iglesia. Este periódico ha preguntado por correo electrónico sobre los casos que conocen a 211 instituciones eclesiásticas —las 70 diócesis y 141 órdenes religiosas— que ya cuentan con acusaciones de pederastia. Más de un mes después, solo tres han respondido a todas las preguntas. Tras ocho años del inicio de la investigación de EL PAÍS, en 2018, con una ronda de consultas similar que puso en evidencia un muro de silencio, la situación no ha cambiado.

El análisis de los casos conocidos hasta ahora señala a 94 altos cargos acusados y sospechosos de encubrimiento. En la lista figuran siete cardenales (Vicente Enrique y Tarancón, Antonio María Rouco, Narcis Jubany, Ricard Maria Carles, Lluís Martínez i Sistach, Carlos Osoro y Juan José Omella). Algunos de ellos, junto a otros obispos, ocuparon puestos de poder en la CEE: hay cuatro presidentes (Casimiro Morcillo, Tarancón, Rouco y Omella), dos secretarios generales (Juan José Asenjo y José Guerra Campos) y dos vicepresidentes (Carles y Osoro).

Los casos más antiguos señalan a Rafael Álvarez Lara, obispo de Guadix, acusado entre 1952 y 1956; Juan Pedro Zarranz y Pueyo, obispo de Plasencia, en 1964; y el de Jaén, Félix Romero Menjíbar, una acusación de 1969.

Un obispo que protegió a un cura tras un asesinato, en proceso de beatificación

Otros dos casos son especialmente llamativos porque los acusados están incluso en proceso de beatificación. Uno es José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia en los años setenta, implicado en el encubrimiento de uno de los casos más graves de pederastia de la Iglesia española, encubierto en el franquismo: el del cura José Prat, que violó y asesinó a un niño de nueve años en 1971, con 47 puñaladas, en el Puerto de Sagunto. El sacerdote fue condenado a 17 años de cárcel, que no cumplió, y este arzobispo lo trasladó a Lleida, donde ejerció como vicario. Otros dos obispos colaboraron: Ramón Malla, de Lleida, y Miguel Roca, arzobispo de Valencia. El segundo obispo en curso de beatificación es Josep Maria Cases, obispo de Segorbe-Castellón, acusado de encubrir y trasladar en 1984 a un cura que abusó de un menor en Artana.

En la lista destaca el actual arzobispo de Barcelona y uno de los anfitriones de la visita de León XIV a España, Juan José Omella, anterior presidente de la CEE. El prelado fue alertado en 2022 de un caso de abusos cometidos por el sacerdote Jorge Alexander Patiño Morales, párroco de Mare de Déu de Montserrat. Omella ha admitido a este periódico que recibió la noticia, pero no alertó a las autoridades ni abrió un proceso canónico. El cura luego fue arrestado.

En Barcelona hay otros casos sospechosos y uno de los más asombrosos es el de Jordi Senabre, un cura acusado de pederastia al que el arzobispado ayudó a huir de la justicia en 1990, enviándolo de misionero y sin revelar su paradero. Hasta que EL PAÍS lo encontró en Ecuador en 2018. Tres obispos de la ciudad supieron todos esos años dónde estaba, todos cardenales: Ricard Maria Carles, Lluís Martínez i Sistach y Juan José Omella.

Otro de los nombres más conocidos es el cardenal emérito de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Está acusado de encubrir y silenciar al menos cuatro casos. Uno es la denuncia de unos catequistas de abusos en 2000. Otro es en Alcalá de Henares, donde un cura fue condenado a 10 años de cárcel en 2003, y la familia y la acusación particular le acusaron de haber ignorado las denuncias de la madre. También está bajo sospecha el traslado del sacerdote M. L. Q., que abusó de un menor en 1975 y fue denunciado al obispado en 2006. Del mismo modo, se le acusa de esconder en los años 2000 en el seminario Redemptoris Mater de Madrid durante unos meses a un sacerdote denunciado por abusos a menores y trasladarlo a Perú.

La mayoría de estos casos han visto la luz en reportajes de este diario a lo largo de los años. Como la historia de las víctimas F. J. O. y V. C., que escribieron al arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, para denunciar cada uno a su agresor, dos sacerdotes que aún seguían en activo. Sanz se reunió con una de ellas para decirle que no podía hacer nada y a la otra la dejó plantada a las puertas del obispado. De todo ello hay constancia documental, pero la diócesis lo niega.

Tanto la CEE como el Vaticano tienen conocimiento de estas acusaciones, ya que están recogidas en los seis informes que este periódico les ha entregado desde 2021, y que suman 841 testimonios en más de 1.800 páginas. Sin embargo, no los investiga canónicamente. O eso es lo que repite siempre el secretario general de los obispos, César García Magán, cuando se le pregunta en ruedas de prensa: “No hay ningún obispo encausado, ni civil, ni penalmente ni por la vía canónica”.

Otros casos afectan a superiores y provinciales de órdenes y congregaciones religiosas. Uno de los más conocidos es el de la Abadía de Montserrat, que el Papa visitará el próximo miércoles, donde tres de sus abades taparon denuncias de pederastia de varios clérigos de 1968 a 2019. Todo salió a la luz después de que una víctima, Miguel Hurtado, contara en EL PAÍS los abusos que sufrió y cómo la orden intentó comprar su silencio. La Abadía acabó admitiendo el encubrimiento poco después.

De la Compañía de Jesús, aparecen en la lista 10 provinciales españoles acusados (tres de ellos, como altos cargos en Bolivia) y también el que fuera general de la orden, Peter-Hans Kolvenbach. La congregación del papa Francisco es la que tiene más casos contabilizados en España: 188 acusados y al menos 523 víctimas. En muchas ocasiones, varios superiores colaboraron para proteger a pederastas trasladándoles a otra ciudad o a otro país.

Un ejemplo es el caso de Luis Tó, condenado en 1992 por abusar de una niña en un colegio jesuita de Barcelona. Para tapar el escándalo, el provincial catalán Jesús Renau escribió a su paisano Luis Palomera, provincial en Bolivia, para que acogiera a Tó. Todo bajo el consentimiento de Kolvenbach. EL PAÍS accedió a documentación interna de la orden gracias a que la policía boliviana incautó parte de los archivos en 2023, en el marco de una investigación por otra investigación de este periódico: el diario del jesuita español Alfonso Pedrajas, que admitió haber abusado de al menos 85 niños y cómo sus superiores (tanto en Bolivia como en España) le protegieron.

En esa documentación aparecían cruces de cartas donde se detallaba cómo la orden en España trasladó a Tó, pero también cómo desde Roma se enviaba a todos los países cartas confidenciales sobre cómo proceder ante las denuncias: tapar y trasladar al acusado. Este método fue repetido por la mayoría de las congregaciones y diócesis. En ocasiones, obispos y provinciales participaron de estos traslados. Un caso destacado es el del jesuita y famoso escritor José Luis Martín Vigil, encubierto por la Compañía de Jesús y luego por el conocido cardenal y presidente de la CEE Vicente Enrique y Tarancón, icono de la Transición, cuando era arzobispo de Oviedo.

También está bajo sospecha la gestión de Tarancón cuando era arzobispo de Madrid en el caso de Cesáreo Gabaráin, el célebre sacerdote compositor de canciones de misa, como Pescador de hombres y Juntos como hermanos. Gabaráin fue acusado de abusos por alumnos del colegio marista de Chamberí, en Madrid, donde ejercía de capellán, y expulsado del centro a finales de 1978. Sin embargo, a los dos meses fue nombrado prelado de Su Santidad por Juan Pablo II, trasladado a otro colegio de Madrid, el de San Fernando, y destinado a una parroquia de la ciudad, en el barrio de Mirasierra, donde fue vicario hasta su fallecimiento en 1991.

Uno de cada 10 casos fue encubierto

Estos son solo los casos en los que se ha podido identificar el nombre responsable. En total, este periódico ha recopilado que la Iglesia (altos cargos, directores de colegio, rectores de seminario, superiores religiosos, etc.) encubrió, protegió o silenció denuncias internas contra 159 pederastas. Lo que significa que, según los datos disponibles, uno de cada 10 casos fue encubierto.

Un ejemplo claro es del hermano marista Marino González, que durante 62 años pasó por al menos siete colegios de toda España donde abusó de al menos 17 niños identificados, aunque las víctimas señalan que pudieron ser “cientos”. Su primera denuncia fue en 1959 y la última, ante comisaría, en 2021. Fue trasladado de colegio en colegio durante décadas. La congregación solo admite siete víctimas y se niega a dar información.

La opacidad no solo ha sido una constante en la gestión de la Iglesia ante el escándalo, sino que se ha agravado en los últimos años. EL PAÍS comenzó su investigación de la pederastia en la Iglesia española en 2018 con el envío de una batería de preguntas a las 70 diócesis. Entonces constató el muro de silencio sobre el escándalo: solo respondieron 18, y únicamente nueve dieron detalles. Cinco dijeron que no les constaba ningún caso y otras cuatro (Oviedo, Plasencia, Guadix y Vic) admitieron al menos uno.

Ocho años después, y tras el fracaso del estudio interno Para dar luz encargado por la CEE en 2023, el escenario ha empeorado. Este periódico ha preguntado no solo a todas las diócesis españolas, sino también a 141 órdenes religiosas españolas, cuál ha sido el resultado de las investigaciones canónicas de los testimonios remitidos por EL PAÍS en estos años, el número total de casos que tienen registrados, cuántas denuncias han recibido en el último año y cuántas indemnizaciones han pagado hasta ahora. La respuesta ha sido el silencio: solo han contestado a todas las preguntas una diócesis (Ávila) y dos órdenes religiosas (las Hijas de la Caridad y los Legionarios de Cristo).

Este periódico envió el correo hace más de un mes a 211 entidades (diócesis, órdenes y congregaciones religiosas) en las que constan casos. De todas ellas, solo han respondido al mail 42 (17 diócesis y 25 órdenes), pero la mayoría se ha negado a dar información. Solo tres han contestado a todas las cuestiones que se les ha solicitado y solo nueve lo han hecho parcialmente.

Las que han contestado parcialmente se han limitado a informar de los casos nuevos que han remitido a la CEE: Salesianos (10 casos), Claretianos (uno), Misioneros de Sagrados Corazones (uno), Agustinos (uno), Marianistas (uno) y la diócesis de Vic (uno recibido en 2026 a través de una investigación de EL PAÍS). Otras órdenes, como el Opus Dei, solo informan de la gestión de los casos destapados por este periódico, y otras (Trinitarios, Amigonianos, Carmelitas, Dominicos, Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca) se limitan a afirmar que en 2025 no han recibido ninguna denuncia.

“Ni ha habido ni hay casos al respecto”

Otras entidades no solo no han contestado, sino que caen en evidentes contradicciones. Es el caso de la diócesis de Jaca, que afirma: “En esta diócesis ni ha habido ni hay casos al respecto”. Lo cierto es que cuenta con al menos dos casos, uno destapado por este periódico en 2022, que se remonta a 1959 y fue remitido en su segundo informe, y otro que aparece registrado en el informe del Defensor del Pueblo, publicado en 2023 y del que apenas hay más información.

El obispo que está al frente de esta diócesis es Pedro Aguado. Antes de ocupar esta sede episcopal, fue superior de los escolapios y está acusado de encubrir durante nueve años, desde 2010, los abusos sexuales cometidos por un escolapio, José Miguel Flores Martínez, en Ciudad de México.

Otra diócesis que se contradice es la de Oviedo, que afirma que no puede investigar porque no ha tenido acceso a los datos de las personas que se han puesto en contacto con EL PAÍS para contar su caso. Lo cierto es que una de ellas llamó a la diócesis gracias a la intervención de este periódico y denunció su caso canónicamente.

Hay órdenes (jesuitas) y diócesis (Bilbao o Madrid) que no han respondido al formulario de EL PAÍS, pero que periódicamente publican memorias con las denuncias que han recibido.

La treintena de órdenes y diócesis que han respondido al formulario de EL PAÍS han negado la información con un mensaje muy similar en el que señalan como responsable de la gestión a la Conferencia Episcopal: “La información que solicita en relación a los testimonios, se envía al Servicio de Protección de Menores de la CEE que es a quien hemos confiado dar la información anual del trabajo de la Oficina”. La CEE nunca ha dado información sobre el escándalo." 

(Julio Núñez , Íñigo Domínguez  , El País, 05/06/26) 

21.4.26

Trump, el Dios... La forma en que Trump se presenta a sí mismo como Jesús, o como alguien ungido por Jesús, es típica de los líderes de sectas... Todas las sectas son cultos a la personalidad. Son extensiones de los prejuicios, la visión del mundo, el estilo personal y las ideas del líder de la secta. Trump, con su falso «escudo de Trump», se deleita en un kitsch de mal gusto inspirado en Luis XVI, inundado de oro rococó y candelabros resplandecientes. Las mujeres de la corte de Trump tienen «rostros de Mar-a-Lago»... Los hombres de Trump, que a sus ojos deben ser telegénicos y parecer salidos de «Central Casting», visten como ejecutivos publicitarios de los años 50. Lucen zapatos negros Florsheim regalados por Trump... Las sectas se caracterizan por la pedofilia y el abuso sexual. Aquellos, incluido Trump, que se movían con frecuencia en el entorno del pedófilo Jeffrey Epstein, replicaron el abuso endémico en las sectas... Trump desestima la crisis climática como un engaño. Se retira unilateralmente de los acuerdos y tratados sobre armas nucleares. Se enfrenta a potencias nucleares, como Rusia y China. Inicia guerras de forma impetuosa. Alienaba e insulta a los aliados de EE. UU. Sueña con anexionar Groenlandia y Cuba. Aboga por una cruzada santa contra los musulmanes. Ataca a sus oponentes políticos tildándolos de enemigos y traidores, menospreciándolos con insultos groseros. Recorta los programas sociales diseñados para sostener a los más vulnerables. Amplía un aparato de seguridad interna —los matones enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)— para aterrorizar al público. Las sectas no nutren ni protegen. Subyugan, aniquilan y destruyen... No importa cuántas mentiras pronunciadas por Trump estén meticulosamente documentadas. No importa que Trump haya utilizado la presidencia para enriquecerse en unos 1.400 millones de dólares durante el último año, según Forbes. No importa que sea inepto, perezoso e ignorante. No importa que vaya dando tumbos de un desastre a otro, desde los aranceles hasta la guerra contra Irán... No hay salida a esta disfunción política a menos que surjan movimientos populares que paralicen la maquinaria del gobierno y el comercio en nombre de un público traicionado. Pero el tiempo se agota. Trump y sus secuaces se toman en serio la invalidación o la cancelación de las elecciones de mitad de mandato si perciben una derrota. Si eso ocurre, el culto a Trump será inexpugnable (Chris Hedges)

"Durante los dos años que pasé escribiendo «Fascistas estadounidenses: la derecha cristiana y la guerra contra Estados Unidos», me topé con numerosos mini-Trumps. Estos autoproclamados pastores —muy pocos tenían formación religiosa formal— se aprovechaban de la desesperación de sus feligreses. Estaban rodeados de aduladores y no se les podía cuestionar. Mezclaban realidad y ficción, propagaban el pensamiento mágico y se enriquecían a costa de sus seguidores. Afirmaban que su riqueza y su ostentoso estilo de vida, incluidas mansiones y jets privados, eran una señal de haber sido bendecidos. Insistían en que estaban inspirados divinamente y ungidos por Dios. Dentro de los círculos herméticos de sus megaiglesias, eran omnipotentes.

Estos pastores de sectas prometían utilizar su omnipotencia para aplastar las fuerzas demoníacas que habían causado miseria en las vidas de sus seguidores: desempleo y subempleo, desahucios, quiebras, pobreza, adicción, abuso sexual y doméstico, y una desesperación paralizante. Cuanto más poder poseen los líderes de las sectas —según sus seguidores—, más seguro es el paraíso prometido. Los líderes de las sectas están por encima de la ley. Aquellos que depositan desesperadamente su fe en ellos quieren que estén por encima de la ley.

Los líderes de las sectas son narcisistas. Exigen una adulación servil y una obediencia total. La afirmación del secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., de que Donald Trump es capaz de trazar un «mapa perfecto» de Oriente Medio, o la declaración de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, de que Trump es siempre «la persona más culta de la sala», son dos de los innumerables ejemplos de la servilismo abyecto que se exige a quienes forman parte del círculo íntimo de un líder de secta. La lealtad ciega importa más que la competencia.

Los líderes de sectas son inmunes a las críticas racionales y basadas en hechos por parte de quienes depositan su esperanza en ellos. Por eso los seguidores acérrimos de Trump no le han abandonado y no le abandonarán. Todo el parloteo sobre fisuras en el universo MAGA malinterpreta a los seguidores de la secta de Trump.

Todas las sectas son cultos a la personalidad. Son extensiones de los prejuicios, la visión del mundo, el estilo personal y las ideas del líder de la secta. Trump, con su falso «escudo de Trump», se deleita en un kitsch de mal gusto inspirado en Luis XVI, inundado de oro rococó y candelabros resplandecientes. Las mujeres de la corte de Trump tienen «rostros de Mar-a-Lago»: labios excesivamente inflados, piel tensa y sin arrugas, implantes mamarios rellenos de gel de silicona y pómulos marcados, rematados con montones de maquillaje. Llevan tacones de aguja y atuendos llamativos que a Trump le resultan atractivos. Los hombres de Trump, que a sus ojos deben ser telegénicos y parecer salidos de «Central Casting», visten como ejecutivos publicitarios de los años 50. Lucen zapatos negros Florsheim regalados por Trump, concretamente unos Oxfords Lexington Cap Toe de 145 dólares.

Las sectas imponen códigos de vestimenta que reflejan el estilo y el gusto del líder de la secta.

Los seguidores del gurú indio Bhagwan Shree Rajneesh, también conocido como Osho, vestían túnicas rojas y naranjas, a menudo combinadas con un jersey de cuello alto y collares de cuentas. Los miembros de Heaven’s Gate llevaban zapatillas Nike Decade y pantalones de chándal negros. Los hombres de la Iglesia de la Unificación, conocidos como «Moonies», vestían camisas blancas impecables y pantalones planchados. Las mujeres llevaban vestidos. Parecían como si se dirigieran a la escuela dominical.

Al igual que Jim Jones, quien convenció u obligó a más de 900 de sus seguidores —entre ellos 304 niños de 17 años o menos— a morir ingiriendo una bebida mezclada con cianuro, Trump está cortejando agresivamente nuestro suicidio colectivo.

Trump desestima la crisis climática como un engaño. Se retira unilateralmente de los acuerdos y tratados sobre armas nucleares. Se enfrenta a potencias nucleares, como Rusia y China. Inicia guerras de forma impetuosa. Alienaba e insulta a los aliados de EE. UU. Sueña con anexionar Groenlandia y Cuba. Aboga por una cruzada santa contra los musulmanes. Ataca a sus oponentes políticos tildándolos de enemigos y traidores, menospreciándolos con insultos groseros. Recorta los programas sociales diseñados para sostener a los más vulnerables. Amplía un aparato de seguridad interna —los matones enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)— para aterrorizar al público. Las sectas no nutren ni protegen. Subyugan, aniquilan y destruyen.

Trump emplea al ejército estadounidense sin supervisión ni restricciones. Por esta razón, preside lo que el psiquiatra Robert Jay Lifton denominó una «secta destructora del mundo». Lifton enumera ocho características de las «sectas destructoras del mundo» que implantan lo que él denomina «entornos totalitarios».

Estas ocho características son:

1. Control del entorno. El control total de la comunicación dentro del grupo.

2. Carga del lenguaje. El uso de un «lenguaje de grupo» para censurar, editar y acallar las críticas o las ideas contrarias. Los seguidores deben repetir los clichés sin sentido aprobados por Trump y la jerga de la secta.

3. Exigencia de pureza. Una visión del mundo basada en «nosotros contra ellos». Quienes se oponen al grupo están equivocados, son ignorantes y malvados. Son irremediables. Son contaminantes. Deben ser erradicados. Cualquier acción está justificada para proteger esta pureza. El objetivo de todos los líderes de sectas es ampliar y hacer irreconciliables las divisiones sociales.

4. Confesión: La confesión pública de errores pasados. En el caso de los partidarios de Trump, esto incluye el rechazo, como han hecho el vicepresidente de EE. UU. JD Vance y otros, de las críticas pasadas a Trump, con la admisión pública de su anterior pensamiento erróneo.

5. Manipulación mística. La creencia de que los miembros del grupo han sido elegidos especialmente para un propósito superior. Quienes se mueven en el entorno de Trump actúan como si fueran elegidos por la divinidad. Se convencen a sí mismos de que no se ven obligados a aceptar las mentiras y vulgaridades de Trump —o a repetir la jerga de la secta—, sino que lo hacen voluntariamente.

6. La doctrina por encima de la persona. La reescritura y la fabricación de la historia personal para ajustarse a la interpretación de la realidad de Trump.

7. Ciencia sagrada. Las absurdidades de Trump —que las temperaturas globales están descendiendo en lugar de subir, que el ruido de las turbinas eólicas provoca cáncer y que ingerir desinfectantes como el Lysol es un tratamiento eficaz contra el coronavirus— se presentan como basadas en la ciencia. Esta pátina científica implica que las ideas de Trump se aplican a todo el mundo. Quienes no están de acuerdo carecen de rigor científico.

8. La concesión de la existencia. Los no miembros son «seres inferiores o indignos». Una existencia significativa implica formar parte de la secta de Trump. Quienes están fuera de la secta carecen de valor. No merecen consideración moral.

Trump no difiere de los líderes de sectas del pasado, entre ellos Marshall Herff Applewhite y Bonnie Lu Nettles —los fundadores de la secta Heaven’s Gate—, el reverendo Sun Myung Moon —quien dirigió la Iglesia de la Unificación—, Credonia Mwerinde —quien dirigió el Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios en Uganda — Li Hongzhi —fundador de Falun Gong— y David Koresh, quien dirigió la secta de los Davidianos en Waco, Texas.

Los líderes de las sectas son profundamente inseguros, razón por la cual arremeten con furia ante la más mínima crítica. Enmascaran esta inseguridad con crueldad, hipermasculinidad y grandiosidad pomposa. Son paranoicos, amorales, emocionalmente lisiados y físicamente abusivos. Ellos, incluidos los niños, son objetos que deben ser manipulados para su enriquecimiento, disfrute y, a menudo, entretenimiento sádico.

Las sectas se caracterizan por la pedofilia y el abuso sexual. Aquellos, incluido Trump, que se movían con frecuencia en el entorno del pedófilo Jeffrey Epstein, replicaron el abuso endémico en las sectas.

«Los niños del Templo del Pueblo sufrían abusos sexuales con frecuencia», escribe Margaret Singer en «Cults In Our Midst: The Continuing Fight Against Their Hidden Menace». «Mientras el grupo aún se encontraba en California, chicas adolescentes de tan solo quince años tenían que mantener relaciones sexuales con personas influyentes a las que Jones cortejaba. Un supervisor de niños en Jonestown tenía antecedentes de abuso sexual infantil, y el propio Jones agredió a algunos de los niños. Si se sorprendía a maridos y mujeres hablando en privado durante una reunión, se obligaba a sus hijas a masturbarse en público o a mantener relaciones sexuales con alguien que no gustaba a la familia ante toda la población de Jonestown, tanto niños como adultos. »

Las sectas, escribe Singer, son «un espejo de lo que hay dentro del líder de la secta».

«No tiene ningún tipo de restricción», escribe sobre el líder de la secta:

Puede hacer realidad sus fantasías y deseos en el mundo que crea a su alrededor. Puede llevar a la gente a cumplir sus órdenes. Puede convertir el mundo que le rodea en su mundo. Lo que la mayoría de los líderes de sectas logran es similar a las fantasías de un niño que juega, creando un mundo con juguetes y utensilios. En ese mundo de juego, el niño se siente omnipotente y crea un reino propio durante unos minutos o unas horas. Mueve las muñecas de juguete. Ellos hacen lo que él les ordena. Le repiten sus propias palabras. Él las castiga como le plazca. Es todopoderoso y da vida a su fantasía. Cuando veo las mesas de arena y las colecciones de juguetes que algunos terapeutas infantiles tienen en sus consultorios, pienso que un líder de secta debe mirar a su alrededor y situar a las personas en el mundo que ha creado, de la misma manera que el niño crea en la mesa de arena un mundo que refleja sus deseos y fantasías. La diferencia es que el líder de secta cuenta con seres humanos reales que cumplen sus órdenes mientras construye a su alrededor un mundo que surge de su propia mente.

El lenguaje del líder de la secta se basa en la confusión verbal. Mentiras, teorías de la conspiración, ideas extravagantes y declaraciones contradictorias, a menudo expresadas en la misma frase o con solo unos minutos de diferencia, que paralizan a quienes intentan interpretar al líder de la secta de forma racional. El absurdo es el objetivo. El líder de la secta no se toma en serio sus propias declaraciones. A menudo niega haberlas hecho, aunque estén documentadas. Las mentiras y la verdad son irrelevantes. El líder de la secta no busca transmitir información ni la verdad. El líder de la secta busca apelar a las necesidades emocionales de los miembros de la secta.

«Hitler mantuvo a sus enemigos en un estado de confusión constante y agitación diplomática», escribió Joost A.M. Meerloo en «La violación de la mente: la psicología del control del pensamiento y el menticidio». «Nunca sabían qué iba a hacer a continuación ese loco impredecible. Hitler nunca fue lógico, porque sabía que eso era lo que se esperaba de él. A la lógica se le puede hacer frente con lógica, mientras que a la ilógica no: confunde a quienes piensan con claridad. La Gran Mentira y las tonterías repetidas monótonamente tienen más atractivo emocional en una guerra fría que la lógica y la razón. Mientras el enemigo sigue buscando un contraargumento razonable a la primera mentira, los totalitarios pueden atacarlo con otra».

No importa cuántas mentiras pronunciadas por Trump estén meticulosamente documentadas. No importa que Trump haya utilizado la presidencia para enriquecerse en unos 1.400 millones de dólares durante el último año, según Forbes. No importa que sea inepto, perezoso e ignorante. No importa que vaya dando tumbos de un desastre a otro, desde los aranceles hasta la guerra contra Irán.

El establishment tradicional, cuya credibilidad ha quedado destruida debido a su traición a la clase trabajadora y a su sumisión a la clase multimillonaria y a las grandes corporaciones, tiene poco poder sobre los seguidores de Trump. Su virulencia no hace más que aumentar su popularidad. Los cultos políticos son los hijos bastardos de un liberalismo fallido. La popularidad de Trump puede rondar el 40 %, a fecha de 20 de abril —según una media de múltiples encuestas recopiladas por The New York Times—, pero su base sigue siendo inquebrantable.

El Partido Demócrata, en lugar de dar un giro para abordar la desigualdad social y el abandono de la clase trabajadora —que él mismo ayudó a orquestar—, ha recurrido a los recortes fiscales como vía para recuperar el poder. Una vez más, reducirá nuestra crisis social, económica y política a la personalidad de Trump. No ofrecerá reformas para rectificar nuestra democracia fallida. Esto es un regalo para Trump y sus seguidores. Al negarse a reconocer la responsabilidad por la desigualdad y proponer programas para paliar el sufrimiento que ha causado, los demócratas caen en el mismo tipo de pensamiento mágico que los seguidores de Trump.

No hay salida a esta disfunción política a menos que surjan movimientos populares que paralicen la maquinaria del gobierno y el comercio en nombre de un público traicionado. Pero el tiempo se agota. Trump y sus secuaces se toman en serio la invalidación o la cancelación de las elecciones de mitad de mandato si perciben una derrota. Si eso ocurre, el culto a Trump será inexpugnable."

(Chris Hedges , blog, 20/04/26, traducción DEEPL) 

12.3.26

La desigualdad extrema creó el mundo que Jeffrey Epstein explotó... Las revelaciones sobre Epstein son síntomas de una crisis más profunda: una economía política que prioriza la extracción sobre la creación y concentra el poder en cada vez menos manos, ¿por qué tantos ricos y poderosos se vieron envueltos con Epstein, incluso después de que fuera condenado? Cuando la riqueza y el poder se concentran en tan pocas manos, las distancias sociales y psicológicas entre las élites y el resto de nosotros se vuelven enormes... la «amenaza de la evaluación social» lleva incluso a los fabulosamente ricos a «mejorarse a sí mismos», haciendo alarde de su supuesto valor a través del consumo conspicuo y la proximidad al poder. El mundo de Epstein era la máxima manifestación de este consumo de estatus, marcador de una identidad de primera clase que supuestamente los aislaba de la realidad de segunda clase que soportábamos el resto de nosotros... Este entrelazamiento de las élites políticas y financieras apunta a un malestar más profundo: el cambio de la creación de riqueza a lo que los economistas denominan extracción de riqueza o capitalismo rentista. En lugar de crear empresas que sirvan al bien común, se han convertido en expertos en manipular el entorno social o político para aumentar sus propios activos sin crear ningún valor nuevo para la sociedad. Esta es la red que crea y mantiene la desigualdad que sustenta nuestra disfunción social... Muchos de nosotros pensábamos que veríamos un cambio transformador tras la crisis financiera mundial, el Covid o el cambio climático, pero no fue así... Si nuestro sistema político es incapaz de hacer frente a la manipulación y la corrupción de la élite, ¿cuál es la solución? Necesitamos redistribuir el poder tanto como necesitamos redistribuir la riqueza y los ingresos. Todas las formas de democracia deliberativa pueden ayudarnos a revitalizar nuestra sociedad civil y a alejar la agencia y la dirección política de los intereses creados y los privilegios. Las asambleas ciudadanas, compuestas por personas seleccionadas al azar para aprender de los expertos, examinar las pruebas y debatir cuestiones espinosas, ofrecen una revolución silenciosa que puede disipar nuestro malestar democrático y conducir a un cambio profundo (Kate Pickett)

 "Mientras observamos cómo la oleada de revelaciones de los archivos de Epstein envuelve nuestra política y a los poderosos, derrocando a la realeza y otras élites de sus exaltadas posiciones, una pregunta sigue surgiendo: ¿por qué tantos ricos y poderosos se vieron envueltos con Epstein, incluso después de que fuera condenado por solicitar los servicios sexuales de una menor y estuviera a la espera de juicio por tráfico sexual? Esto nos recuerda la icónica pregunta de la cómica Mrs Merton a la artista Debbie McGee: «¿Qué fue lo primero que te atrajo del millonario Paul Daniels?».

Epstein claramente quería estar cerca del estatus y el poder y estaba dispuesto a pagar por ese acceso. Los que estaban en el poder claramente querían aún más dinero del que ya tenían y formar parte del glamuroso mundo de Epstein, con islas privadas, lujosas casas adosadas, jets privados y fastuosas fiestas. «Realmente fantaseo con la isla caribeña», escribió el renombrado académico y lingüista Noam Chomsky en un correo electrónico a Epstein. Quizás no debería sorprendernos. Después de todo, nos hemos acostumbrado a que los políticos abusen vulgarmente de su cargo para obtener todo lo que puedan: basta con ver cómo el ex primer ministro británico Boris Johnson consiguió una extravagante reforma de su piso de Downing Street pagada por un rico donante, y el escándalo de los gastos de los diputados de 2009, tras el cual se ordenó a 392 políticos británicos que devolvieran 1,3 millones de libras esterlinas en concepto de gastos indebidamente reclamados, entre los que se incluían el mantenimiento de fincas rurales, hipotecas fantasma y estancias en hoteles de lujo.

 Estos escándalos no son meros errores de juicio por parte de unas pocas «manzanas podridas». Son los síntomas previsibles de una sociedad en la que la desigualdad extrema ha llegado a un punto de ruptura. Cuando la riqueza y el poder se concentran en tan pocas manos, las distancias sociales y psicológicas entre las élites y el resto de nosotros se vuelven enormes. En este ambiente enrarecido, la «amenaza de la evaluación social» —esa ansiedad constante por el estatus que azota a las sociedades más desiguales— lleva incluso a los fabulosamente ricos a «mejorarse a sí mismos», haciendo alarde de su supuesto valor a través del consumo conspicuo y la proximidad al poder.

El mundo de Epstein era la máxima manifestación de este consumo de estatus. Para las élites que orbitaban a su alrededor, los jets privados y las islas del Caribe eran más que lujos; eran marcadores de una identidad de primera clase que supuestamente los aislaba de la realidad de segunda clase que soportábamos el resto de nosotros.

 La arquitectura de la extracción

Este entrelazamiento de las élites políticas y financieras apunta a un malestar más profundo: el cambio de la creación de riqueza a lo que los economistas denominan extracción de riqueza o capitalismo rentista. En lugar de crear empresas que sirvan al bien común, demasiados de los que ocupan los puestos más altos se han convertido en expertos en manipular el entorno social o político para aumentar sus propios activos sin crear ningún valor nuevo para la sociedad.

Esta es la red que crea y mantiene la desigualdad que sustenta nuestra disfunción social. En mi nuevo libro, The Good Society: And How We Make It, describo en detalle cómo la desigualdad actúa como un importante obstáculo para el bienestar y la prosperidad sostenible. Fomenta un entorno en el que quienes dirigen entidades legítimas las utilizan como armas para defraudar al público, ya sea mediante trucos contables, paraísos fiscales o presiones políticas. Para solucionar esto, necesitamos algo más que una mejor supervisión; necesitamos un cambio radical en nuestra economía política —la forma en que nuestras leyes e instituciones gobiernan la economía— y solo podremos lograrlo si tenemos una visión positiva de dónde queremos estar y una hoja de ruta sobre cómo llegar.

 Muchos de nosotros pensábamos que veríamos un cambio transformador tras la crisis financiera mundial, pero no fue así. La pandemia mundial de COVID-19 parecía otro momento que podría conducir a un reinicio de nuestras ambiciones y estructuras sociales, pero tampoco fue así. Nos enfrentamos a una crisis medioambiental existencial, pero no estamos haciendo nada parecido a lo que deberíamos hacer para sobrevivir. Con estos antecedentes, es difícil imaginar que el escándalo de Epstein provoque el cambio que necesitamos. Si ni siquiera somos capaces de gestionar a las personas problemáticas, ¿qué esperanza nos queda?

Las propias palabras del político caído en desgracia Peter Mandelson deberían haber servido de advertencia cuando, en los primeros años del gobierno del Nuevo Laborismo, dijo: «Nos parece muy bien que la gente se haga inmensamente rica, siempre y cuando pague sus impuestos». Él mismo estaba claramente empeñado en hacerse inmensamente rico, de ahí su escandaloso historial de préstamos no declarados, la solicitud de una indemnización de 547 000 libras esterlinas (que habría sido el resto de su salario de cuatro años) cuando fue destituido como embajador en Estados Unidos, la presión indebida sobre funcionarios del Gobierno, los conflictos de intereses y el cabildeo, por no hablar de su desagradable apoyo a Epstein.

 El 23 de febrero, Mandelson fue detenido por presunta conducta indebida en el ejercicio de un cargo público durante esta amistad. Sin embargo, fue reincorporado en repetidas ocasiones al seno del Gobierno y la política, donde pudo seguir enriqueciéndose impunemente. Si nuestro sistema político es incapaz de hacer frente a la manipulación y la corrupción de la élite, ¿cuál es la solución?

Ciudadanos, uníos

Necesitamos redistribuir el poder tanto como necesitamos redistribuir la riqueza y los ingresos. Todas las formas de democracia deliberativa pueden ayudarnos a revitalizar nuestra sociedad civil y a alejar la agencia y la dirección política de los intereses creados y los privilegios. Las asambleas ciudadanas, compuestas por personas seleccionadas al azar para aprender de los expertos, examinar las pruebas y debatir cuestiones espinosas, ofrecen una revolución silenciosa que puede disipar nuestro malestar democrático y conducir a un cambio profundo. Estas asambleas, y otras formas de democracia deliberativa como los presupuestos participativos, pueden empoderar a los ciudadanos de a pie para encontrar soluciones prácticas y no ideológicas para una buena sociedad que funcione para todos nosotros. Solo dos ejemplos de éxitos en Irlanda, sobre la reforma del aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, demuestran que cuando confiamos en el público con información de calidad y tiempo para el diálogo, este se muestra mucho más progresista y ambicioso en cuanto al cambio de lo que permiten nuestras estructuras políticas actuales.

 Como dijo Marcel Proust, estamos «demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas». Los archivos de Epstein y el escándalo de Mandelson nos recuerdan que el estado actual de las cosas es simplemente inaceptable. Es posible construir una sociedad mejor, pero solo si somos lo suficientemente valientes como para abordar la desigualdad que actualmente ata nuestra política, nuestra economía y nuestra cultura a los intereses de unos pocos." 

( , U. York, Social Europe, 12/03/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)  

26.2.26

Los archivos de Epstein relacionados con Trump se están ocultando al público... Algunos de estos archivos están relacionados con acusaciones de que Trump abusó sexualmente de una menor. Incluyen más de 50 páginas de una entrevista del FBI con una mujer que acusó a Trump de abusar sexualmente de ella, hace décadas, cuando era menor de edad... Según el congresista Jamie Raskin (demócrata por Maryland), que tuvo acceso a los archivos sin censurar a principios de este mes, el nombre de Trump aparece “más de un millón de veces”. Esa afirmación, junto con el hecho de que el Departamento de Justicia ha dificultado a los legisladores la búsqueda de los archivos, es “lo que se conoce como un encubrimiento” (Chris Walker)

 "Los archivos relacionados con las acusaciones de abuso sexual contra el presidente Donald Trump están siendo retenidos o eliminados de la base de datos publicada por el Departamento de Justicia estadounidense en relación con Jeffrey Epstein y su red de explotación sexual de niñas y mujeres.

Algunos de estos archivos están relacionados con acusaciones de que Trump abusó sexualmente de una menor. Incluyen más de 50 páginas de una entrevista del FBI con una mujer que acusó a Trump de abusar sexualmente de ella, hace décadas, cuando era menor de edad. Según una investigación de NPR, la radio pública de Estados Unidos, el Departamento de Justicia está ocultando esos archivos, y otros que incluyen el nombre de Trump, de la base de datos consultable de los archivos de Epstein.

Algunos de estos archivos están relacionados con acusaciones de que Trump abusó sexualmente de una menor

Algunos archivos fueron eliminados de la base de datos y volvieron a ponerse en línea durante el mes de febrero. Sin embargo, otros fueron retirados y aún no han sido devueltos. Muchos otros nunca se compartieron con el público, según el análisis de NPR de los números de serie de los archivos.

Entre los archivos que se eliminaron de la base de datos pública se encuentra una entrevista separada a una mujer que testificó en el juicio penal contra Ghislaine Maxwell, pareja y cómplice de Epstein. Maxwell ha solicitado un indulto a Trump.

Cuando NPR preguntó a la portavoz de la Casa Blanca, Abigail Jackson, por qué el Departamento de Justicia había eliminado archivos de la base de datos, mientras que otros parecen haber desaparecido por completo, esta ignoró la pregunta y afirmó que “Trump ha hecho más por las víctimas de Epstein que nadie antes que él”.

Jackson también alegó que Trump, que fue amigo íntimo de Epstein, ha sido “totalmente exonerado de cualquier cosa relacionada con Epstein”. Sin embargo, Trump no se ha enfrentado a ningún cargo penal o civil derivado del caso Epstein, lo que significa que, por el momento, no tiene nada de lo que reclamar exoneración.

Trump se ha beneficiado políticamente de los archivos de Epstein. Durante su campaña presidencial, aprovechó las teorías conspirativas relacionadas con Epstein, populares entre sus bases, y dijo a sus seguidores que estaba dispuesto a hacer públicos los archivos.

Sin embargo, desde que volvió al cargo, el presidente ha incumplido esa promesa. De hecho, ha afirmado en varias ocasiones que los archivos son un “bulo” político contra él y ha tratado de minimizar su importancia para las víctimas y el pueblo estadounidense en general.

El presidente solo cedió a la publicación de los archivos cuando quedó claro que en diciembre se aprobaría un proyecto de ley que exigía su divulgación. Incluso después de publicar los archivos, de los que la Administración solo ha divulgado una parte, ha tratado de dejar de lado el tema y ha atacado a quienes apuestan por seguir debatiéndolo.

“Creo que ya es hora de que el país pase a otra cosa”, dijo Trump a los periodistas a principios de este mes. También la fiscal general, Pam Bondi, y el fiscal general adjunto, Todd Blanche, ambos antiguos abogados personales de Trump, afirmaron que no se estaba ocultando ni censurando ningún documento “por motivos de vergüenza, daño a la reputación o sensibilidad política, ni siquiera en el caso de ningún funcionario del Gobierno, figura pública o dignatario extranjero”. Esta afirmación se hizo en una carta dirigida al Congreso el 14 de febrero.

La censura, eliminación u ocultación de archivos con el fin de arruinar la reputación de una persona está expresamente prohibida en la Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein, firmada por Trump.

Es probable que haya más archivos ocultos al público que incluyan el nombre de Trump. Según el congresista Jamie Raskin (demócrata por Maryland), que tuvo acceso a los archivos sin censurar a principios de este mes, el nombre de Trump aparece “más de un millón de veces”. Esa afirmación, junto con el hecho de que el Departamento de Justicia ha dificultado a los legisladores la búsqueda de los archivos, es “lo que se conoce como un encubrimiento”, dijo también Raskin.

Este informe de NPR salió a la luz mientras Trump se preparaba para el discurso sobre el estado de la Unión. Varias encuestas ya muestran que Trump se enfrenta a algunos de los peores índices de aprobación que ha tenido nunca, incluido un índice de desaprobación del 63 % en una encuesta de SSRS recientemente publicada por CNN.

Una encuesta de Data for Progress recientemente publicada también revela que la mayoría de los votantes, el 55 %, cree que Trump está siendo deshonesto en lo que respecta a los archivos de Epstein. Esa encuesta también reveló que uno de cada dos votantes cree que Trump debería ser sometido a un juicio político por sus pasadas relaciones con Epstein y su gestión actual de los archivos." 

(Chris Walker (Truthout) , CTXT, 26/02/2026)

25.2.26

Expertos de la ONU: Los "Archivos Epstein" sugieren la existencia de una empresa criminal global... "Tan grave es la escala, la naturaleza, el carácter sistemático y el alcance transnacional de estas atrocidades contra mujeres y niñas, que varias de ellas podrían razonablemente cumplir el umbral legal de crímenes contra la humanidad"... Los expertos advirtieron que los componentes reportados pueden cumplir con este umbral y que estos crímenes deben ser procesados en todos los tribunales nacionales e internacionales competentes... "Estos crímenes se cometieron en un contexto de creencias supremacistas, racismo, corrupción, misoginia extrema y la mercantilización y deshumanización de mujeres y niñas de diferentes partes del mundo"... "Todas las acusaciones contenidas en los 'Archivos Epstein' son atroces por naturaleza y requieren una investigación independiente, exhaustiva e imparcial, así como indagaciones para determinar cómo tales crímenes pudieron haber ocurrido durante tanto tiempo"... La rendición de cuentas ha sido limitada, con solo un asociado cercano bajo investigación. Según el derecho internacional de los derechos humanos, los Estados están obligados a prevenir, investigar y castigar la violencia contra las mujeres y las niñas, incluidos los actos cometidos por actores privados... Los expertos instaron a las autoridades estadounidenses a remediar urgentemente estas deficiencias, garantizar la divulgación completa para comprender los métodos de la empresa criminal, la reparación y compensación total para las víctimas por todos los daños sufridos, y poner fin a la impunidad de los perpetradores. Deben levantarse los estatutos de limitaciones que impiden el procesamiento de crímenes graves atribuidos a la empresa criminal de Epstein... "Las dimisiones de las personas implicadas por sí solas no son un sustituto adecuado de la responsabilidad penal"... "La falta de investigación y enjuiciamiento efectivos por parte de los gobiernos de los responsables de estos crímenes, incluida la complicidad o aquiescencia, donde exista jurisdicción, corre el riesgo de socavar los marcos legales destinados a prevenir y responder a la violencia contra las mujeres y las niñas"

 "GINEBRA – Los llamados "Archivos Epstein" contienen pruebas inquietantes y creíbles de abuso sexual sistemático y a gran escala, trata y explotación de mujeres y niñas, dijeron hoy expertos de la ONU*.

Según los expertos, estos actos podrían constituir esclavitud sexual, violencia reproductiva, desaparición forzada, tortura, trato inhumano y degradante, y feminicidio.

"Estos crímenes se cometieron en un contexto de creencias supremacistas, racismo, corrupción, misoginia extrema y la mercantilización y deshumanización de mujeres y niñas de diferentes partes del mundo", dijeron los expertos.

Los "Archivos Epstein", que sugieren la existencia de una empresa criminal global, han conmocionado la conciencia de la humanidad y planteado implicaciones aterradoras sobre el nivel de impunidad para tales crímenes.

"Tan grave es la escala, la naturaleza, el carácter sistemático y el alcance transnacional de estas atrocidades contra mujeres y niñas, que varias de ellas podrían razonablemente cumplir el umbral legal de crímenes contra la humanidad", dijeron.

Según el derecho penal internacional, los crímenes de lesa humanidad se producen cuando actos como la esclavitud sexual, la violación, la prostitución forzada, la trata de personas, la persecución, la tortura o el asesinato se cometen como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, con conocimiento del ataque. Los expertos advirtieron que los componentes reportados pueden cumplir con este umbral y que estos crímenes deben ser procesados en todos los tribunales nacionales e internacionales competentes.

"Todas las acusaciones contenidas en los 'Archivos Epstein' son atroces por naturaleza y requieren una investigación independiente, exhaustiva e imparcial, así como indagaciones para determinar cómo tales crímenes pudieron haber ocurrido durante tanto tiempo", dijeron.

El proceso de divulgación se está llevando a cabo bajo la Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein, promulgada el 19 de noviembre de 2025. El 30 de enero de 2026, después de retrasos, el Departamento de Justicia publicó una gran cantidad de material, incluyendo más de 3 millones de páginas, 2.000 videos y 180.000 imágenes.

A pesar de la magnitud de las divulgaciones, los expertos advirtieron sobre graves fallas de cumplimiento y redacciones defectuosas que expusieron información sensible de las víctimas, y los daños a menudo ocurrieron antes de que se retiraran los registros. La rendición de cuentas ha sido limitada, con solo un asociado cercano bajo investigación. Según el derecho internacional de los derechos humanos, los Estados están obligados a prevenir, investigar y castigar la violencia contra las mujeres y las niñas, incluidos los actos cometidos por actores privados.

"Los graves errores en el proceso de divulgación subrayan la urgente necesidad de procedimientos operativos estándar centrados en las víctimas para la divulgación y la redacción, de modo que ninguna víctima sufra más daños", dijeron.

Los expertos elogiaron el coraje y la resiliencia de las víctimas al buscar rendición de cuentas a un costo personal significativo. Un grupo de estos supervivientes se reunió recientemente con la Relatora Especial de la ONU sobre la violencia contra las mujeres y las niñas.

La falta de protección de su privacidad los expone al riesgo de represalias y estigmatización. La reticencia a revelar información por completo o a ampliar las investigaciones ha dejado a muchos supervivientes sintiéndose retraumatizados y sometidos a lo que describen como "gaslighting institucional".

Los expertos instaron a las autoridades estadounidenses a remediar urgentemente estas deficiencias, garantizar la divulgación completa para comprender los métodos de la empresa criminal, la reparación y compensación total para las víctimas por todos los daños sufridos, y poner fin a la impunidad de los perpetradores. Deben levantarse los estatutos de limitaciones que impiden el procesamiento de crímenes graves atribuidos a la empresa criminal de Epstein.

Cualquier sugerencia de que es hora de dejar atrás los "archivos de Epstein" es inaceptable. "Representa un fracaso de responsabilidad hacia las víctimas", dijeron.

"Las dimisiones de las personas implicadas por sí solas no son un sustituto adecuado de la responsabilidad penal", dijeron los expertos. Saludaron las medidas adoptadas por algunos gobiernos para investigar a funcionarios actuales y anteriores, así como a particulares nombrados en los archivos. Llamaron a otros estados a hacer lo mismo.

"La falta de investigación y enjuiciamiento efectivos por parte de los gobiernos de los responsables de estos crímenes, incluida la complicidad o aquiescencia, donde exista jurisdicción, corre el riesgo de socavar los marcos legales destinados a prevenir y responder a la violencia contra las mujeres y las niñas", advirtieron.

"Es imperativo que los gobiernos actúen con decisión para responsabilizar a los perpetradores", dijeron los expertos. Nadie es demasiado rico o poderoso para estar por encima de la ley.

 *The experts:

(ONU, 16/02/26, traducción Quillbot)

17.2.26

Reducir el caso Epstein a una mera distracción sería subestimar grotescamente la ingeniería en juego. Los hilos no conectan solo a políticos en apuros; tejen una red que une la perversión privada con el complejo militar-industrial, la banca de alto nivel y los servicios de inteligencia. Los documentos desclasificados han realizado un trabajo crucial. Han elevado la vaga teoría conspirativa de «Epstein trabajaba para el Mossad-CIA- MI6» al estatus de hipótesis de trabajo documentada, con nodos, flujos de dinero y contratos específicos. El contrato de 25 millones de dólares firmado el 5 de octubre de 2015 entre Jeffrey Epstein (en su rol como presidente de Southern Trust Company Inc.) y el grupo Rothschild es la piedra de este sistema. No se trataba de una asesoría financiera convencional, era la llave maestra de un esquema de «doble uso». Los fondos Rothschild, canalizados a través de Epstein, sirvieron para inyectar capital en empresas israelíes de ciberinteligencia y vigilancias fundadas por exmiembros de la Unidad 8200, la célebre unidad de inteligencia de señales del ejército israelí. ¿Y si los algoritmos de «análisis de riesgo» por los que Rothschild pagó 25 millones a Epstein no eran para predecir fluctuaciones de mercado, sino vulnerabilidades humanas? La hipótesis cobra fuerza cuando se introduce a un tercer actor fundamental: Peter Thiel y su empresa Palantir... la tecnología de Palantir pudo haber sido la plataforma donde se integraron esos «algoritmos de análisis de riesgo» de Epstein. El resultado no sería un modelo financiero, sino un perfilador de extorsión predictiva. Cruzar datos financieros ocultos, historiales médicos secretos, preferencias sexuales recopiladas de darknets y comportamientos en línea para identificar, antes de siquiera conocerlos personalmente, los puntos de presión de un magnate, un político o un heredero real. La isla privada y las propiedades de Epstein no serían entonces solo lugares de depravación, sino laboratorios de campo para validar y refinar estos modelos, obteniendo la confirmación empírica última del perfil creado... Son servicios subcontratados a redes privadas, financiadas por capital opaco, que operan en la intersección entre la alta finanza, el espionaje y el crimen organizado de lujo... El horror no es que estas personas existan; es que son ellas, cuyos nombres pueblan las páginas de los expedientes, las que toman decisiones sobre sanciones económicas que matan de hambre a poblaciones enteras, sobre intervenciones militares que destrozan países, sobre políticas migratorias que condenan a millones a la desesperación... Y lo hacen, aparentemente, después de participar en lo que cualquier marco moral ordinario calificaría como los actos más viles imaginables (Alejandro Marcó del Pont)

 " (...) Sin embargo, reducir esto a una mera distracción sería subestimar grotescamente la ingeniería en juego. Los hilos no conectan solo a políticos en apuros; tejen una red que une la perversión privada con el complejo militar-industrial, la banca de alto nivel y los servicios de inteligencia. Los documentos desclasificados han realizado un trabajo crucial. Han elevado la vaga teoría conspirativa de «Epstein trabajaba para el Mossad-CIA- MI6» al estatus de hipótesis de trabajo documentada, con nodos, flujos de dinero y contratos específicos.     

El contrato de 25 millones de dólares firmado el 5 de octubre de 2015 entre Jeffrey Epstein (en su rol como presidente de Southern Trust Company Inc.) y el grupo Rothschild es la piedra de este sistema. No se trataba de una asesoría financiera convencional, era la llave maestra de un esquema de «doble uso». Los fondos Rothschild, canalizados a través de Epstein, sirvieron para inyectar capital en empresas israelíes de ciberinteligencia y vigilancias fundadas por exmiembros de la Unidad 8200, la célebre unidad de inteligencia de señales del ejército israelí.

El dinero no se quedó en abstracto. Los correos electrónicos muestran su rastro concreto. Epstein utilizó estos canales para financiar a Ehud Barak, el ex primer ministro y ministro de defensa israelí, en la creación de Carbyne. La empresa se vende como una plataforma de servicios de emergencia de última generación, pero su tecnología tiene una capacidad intrínseca y aterradora. Puede acceder de forma remota a la cámara, el micrófono y los datos de localización de cualquier smartphone que tenga instalada su aplicación, a menudo integrada a nivel de sistema operativo por acuerdos con gobiernos. Aquí es donde la especulación de los analistas se funde con la lógica revelada por los documentos: ¿y si los algoritmos de «análisis de riesgo» por los que Rothschild pagó 25 millones a Epstein no eran para predecir fluctuaciones de mercado, sino vulnerabilidades humanas? La hipótesis cobra fuerza cuando se introduce a un tercer actor fundamental: Peter Thiel y su empresa Palantir.

Thiel es el filósofo-rey del capitalismo de vigilancia aplicado a la seguridad nacional. Palantir, su criatura, no es una empresa de software cualquiera; es el sistema nervioso central de la vigilancia digital moderna. Proporciona la infraestructura de inteligencia artificial que el Ministerio de Defensa israelí utiliza, por ejemplo, en Gaza, con sistemas como «Lavender» para la identificación masiva de blancos. La especulación, basada en la convergencia de intereses y capacidades, es que la tecnología de Palantir pudo haber sido la plataforma donde se integraron esos «algoritmos de análisis de riesgo» de Epstein.

El resultado no sería un modelo financiero, sino un perfilador de extorsión predictiva. Cruzar datos financieros ocultos, historiales médicos secretos, preferencias sexuales recopiladas de darknets y comportamientos en línea para identificar, antes de siquiera conocerlos personalmente, los puntos de presión de un magnate, un político o un heredero real. La isla privada y las propiedades de Epstein no serían entonces solo lugares de depravación, sino laboratorios de campo para validar y refinar estos modelos, obteniendo la confirmación empírica última del perfil creado. El cliente—ya sea una agencia de inteligencia, un primer ministro, un actor privado o un conglomerado financiero—recibiría un dossier no solo con los pecados cometidos, sino con una predicción de los que el sujeto estaría dispuesto a cometer. Es la extorsión elevada a ciencia.

Esta convergencia explica por qué un conflicto con Irán no es solo una distracción conveniente, sino un objetivo estratégico y económico para esta red. Para Peter Thiel y Palantir, una guerra a gran escala con Irán es el killer app, la aplicación final que justificaría inversiones billonarias. Sería la prueba de concepto definitiva para una guerra gestionada por IA, donde los «blancos generados por algoritmos» sustituyen la deliberación humana, acelerando los ciclos de decisión hasta hacer irrelevantes las consideraciones éticas o políticas.

Los contratos se multiplicarían, los beneficios –ya triplicados en 2025 gracias a la colaboración con Israel– se dispararían. Para las empresas de defensa israelíes como Elbit Systems o Israel Aerospace Industries (IAI), implicadas en la producción de sistemas de misiles como el Arrow, sería un boom económico sin precedentes. Para los servicios de inteligencia, un conflicto de esta magnitud permite justificar presupuestos negros astronómicos, reorganizar prioridades y, crucialmente, silenciar cualquier investigación interna o externa sobre su posible participación en la red de Epstein bajo el argumento incuestionable de la «prioridad bélica». La guerra, en este cálculo deshumanizado, es el negocio perfecto y la cortina de humo definitiva.

Por debajo de toda esta maquinaria fría –los algoritmos, los contratos, las estrategias geopolíticas– late una patología humana que los analistas de la psicología del poder han comenzado a diseccionar a la luz de estos archivos. No se trata de unos pocos «malos manzanas». Los estudios, como los citados en los círculos especializados en psicopatología política desde 2026, indican una sobrerrepresentación significativa de rasgos narcisistas, maquiavélicos y psicopáticos en las élites del poder global, particularmente en finanzas y política de alto vuelo. Para estos individuos, la teoría del «objeto de uso» no es una metáfora; es un manual operativo. Los demás seres humanos son piezas en un tablero, fuentes de placer, de utilidad o de explotación.

Los testimonios más extremos que emergen de los archivos –las referencias a rituales, a tortura, a un «goce perverso» que va más allá del mero abuso– encajan en la estructura clínica de la perversión en su sentido más estricto, la negación total de la subjetividad del otro, su reducción a un objeto para la gratificación de una fantasía de omnipotencia.

El horror no es que estas personas existan; es que son ellas, cuyos nombres pueblan las páginas de los expedientes, las que toman decisiones sobre sanciones económicas que matan de hambre a poblaciones enteras, sobre intervenciones militares que destrozan países, sobre políticas migratorias que condenan a millones a la desesperación. Deciden qué es un gobierno «democrático» y qué es un «régimen canalla». Y lo hacen, aparentemente, después de participar en lo que cualquier marco moral ordinario calificaría como los actos más viles imaginables. La disociación no es un síntoma de su patología; es su herramienta de trabajo principal.

Al final, esta no es una historia sobre un pederasta rico. Es la historia del instrumento que construyó y que le sobrevivió. Los Archivos Epstein son el símbolo más tangible de una mutación en el ejercicio del poder: la privatización y externalización de las funciones más oscuras del Estado profundo (Deep State). La recolección de material comprometedor, la extorsión, la coerción psicológica, ya no son operaciones clandestinas llevadas a cabo únicamente por agencias estatales con sellos oficiales. Son servicios subcontratados a redes privadas, financiadas por capital opaco, que operan en la intersección entre la alta finanza, el espionaje y el crimen organizado de lujo.

La película de bajo presupuesto con la que comenzamos este relato se revela, así, como el documental más caro y peligroso jamás producido. Sus productores son anónimos, su presupuesto es incalculable, y sus ganancias no se miden en dólares, sino en grados de control sobre el futuro de las naciones. El sheriff, el pederasta y la bomba iraní no son elementos inconexos; son engranajes de la misma máquina. Una máquina que convierte la vergüenza en poder, el sexo en arma y la guerra en espectáculo redentor. Nosotros, el público, hemos sido reducidos a espectadores aturdidos, incapaces de distinguir si lo que vemos es ficción o la nueva y aterradora normalidad." 

 (Alejandro Marcó del Pont, blog,  04/02/26)

16.2.26

Un sheriff estadounidense acorralado por acusaciones de pederastia, un financiero muerto cuyos archivos siguen hablando, y una nación, Irán, en la mira de una guerra que muchos temen pero que a unos pocos podría salvarles el pellejo. Es el thriller geopolítico de bajo presupuesto que define nuestro presente... El núcleo de este universo paralelo lo constituyen, irrevocablemente, los Archivos Epstein... Lo que hemos visto – los correos electrónicos crudos, las agendas, los vuelos – es la carnada, la narrativa permitida. El verdadero poder, la esencia del chantaje puro, permanece bajo custodia... son los vídeos, la pornografía explícita, el registro visual del abuso físico. Esta es la mecánica del control en el siglo XXI... Se libera información textual, para «quemar» objetivos políticos, pero se retiene la evidencia multimedia incontrovertible, la que no admite interpretación ni giros mediático... Quien posee esos videos, y los analistas con mayor credibilidad, apuntan a que son «sectores de inteligencia con una agenda transadministrativa», no posee meramente un secreto, posee un interruptor de obediencia perpetua... Puede, con una filtración calculada, decapitar una carrera, derrocar a un primer ministro o inclinar la balanza en una votación crítica en el Congreso. Los archivos no son un registro del pasado; son un arma cargada y activa, que apunta al futuro... Donald Trump se erige como el personaje trágico y a la vez emblemático de esta dinámica. El cazador convertido en presa. El hombre que, durante su ascenso y presidencia, instrumentalizó el espectro de Epstein y Clinton como un arma retórica, se encuentra ahora encadenado a las mismas páginas que una vez agitó. Los correos de 2019, confirmado por los últimos documentos, son inequívocos. Epstein, en su jerga cifrada pero elocuente, afirmaba que Trump «sabía de las chicas»... Un conflicto con Irán representa, en este cálculo cínico, el cortafuegos definitivo. Un bombardeo, justificado bajo la bandera de una «emergencia nuclear existencial», tiene el poder alquímico de transmutar un escándalo de pederastia y espionaje en un asunto de «seguridad nacional» (Alejandro Marcó del Pont)

"Si la realidad pierde su densidad humana, el sufrimiento ajeno se convierte en contenido, un producto más en el flujo infinito de las redes sociales. Gaza no fue solo un conflicto; fue la bisagra que dobló para siempre el concepto de compasión global, transformando la dignidad humana en un metraje descargable, su valor medido en likes. Esta desensibilización digital no es un fenómeno accidental, sino el caldo de cultivo necesario para que las atrocidades más sórdidas, cuando ocurren en los salones del poder, sean percibidas como meros giros argumentales de una trama demasiado extravagante para ser cierta.

La tecnología, en esta ecuación, abandona su promesa de progreso para convertirse en el instrumento perfecto de una barbarie limpia, abstracta y, sobre todo, rentable. Es en este mundo disociado donde la historia que estamos a punto de desentrañar deja de ser una conspiración y se revela como el manual de operaciones no escrito de nuestra época, un entramado donde la pederastia, el chantaje institucionalizado y la ingeniería geopolítica se fusionan, utilizando a los servicios de inteligencia no como vigilantes, sino como arquitectos y beneficiarios finales.

Umberto Eco, como recuerda Antonio De Almeida Castro, nos advirtió, el fascismo del siglo XXI no vendrá con botas y discursos grandilocuentes. Vendrá disfrazado de libertad. Y quizás, también, como una película de serie B cuyo guion, inverosímil y sórdido, estamos obligados a creer porque sus actores son demasiado poderosos para ser ficticios. Imagine el reparto: un sheriff estadounidense acorralado por acusaciones de pederastia, un financiero muerto cuyos archivos siguen hablando, y una nación, Irán, en la mira de una guerra que muchos temen pero que a unos pocos podría salvarles el pellejo. Es el thriller geopolítico de bajo presupuesto que define nuestro presente

El núcleo de este universo paralelo lo constituyen, irrevocablemente, los Archivos Epstein. La segunda liberación de documentos, aquella de finales de 2025 y enero de 2026, no fue una mera filtración, fue un evento tectónico que arrojó tres millones de páginas, 2.000 videos y 180.000 fotografías a la conciencia pública. Pero su poder, hay que entenderlo con claridad, no radica en el volumen, sino en la asimetría. Lo que hemos visto – los correos electrónicos crudos, las agendas, los vuelos – es la carnada, la narrativa permitida. El verdadero poder, la esencia del chantaje puro, permanece bajo custodia en las bóvedas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

Los vídeos, la pornografía explícita, el registro visual del abuso físico. Esta es la mecánica del control en el siglo XXI. Se libera información textual, para «quemar» objetivos políticos, pero se retiene la evidencia multimedia incontrovertible, la que no admite interpretación ni giros mediático. Quien posee esos videos, y los analistas con mayor credibilidad, apuntan a que son «sectores de inteligencia con una agenda transadministrativa», no posee meramente un secreto, posee un interruptor de obediencia perpetua. Puede, con una filtración calculada, decapitar una carrera, derrocar a un primer ministro o inclinar la balanza en una votación crítica en el Congreso. Los archivos no son un registro del pasado; son un arma cargada y activa, que apunta al futuro.

Donald Trump se erige como el personaje trágico y a la vez emblemático de esta dinámica. El cazador convertido en presa. El hombre que, durante su ascenso y presidencia, instrumentalizó el espectro de Epstein y Clinton como un arma retórica, se encuentra ahora encadenado a las mismas páginas que una vez agitó. Los correos de 2019, confirmado por los últimos documentos, son inequívocos. Epstein, en su jerga cifrada pero elocuente, afirmaba que Trump «sabía de las chicas». La metáfora que emplea es la de un «perro que no ha ladrado».

Es aquí donde el guion da su giro más peligroso y lógico, transitando de los dormitorios privados a los campos de batalla globales. La teoría de la «cortina de humo» – crear una guerra para distraer la atención doméstica – deja de ser una metáfora cinematográfica para convertirse en un manual de supervivencia política de alto riesgo. Un conflicto con Irán representa, en este cálculo cínico, el cortafuegos definitivo. Un bombardeo, justificado bajo la bandera de una «emergencia nuclear existencial», tiene el poder alquímico de transmutar un escándalo de pederastia y espionaje en un asunto de «seguridad nacional».

La prensa se alinea, la oposición se acalla, el ciclo de noticias se monopoliza. Para Trump, sería la salvación: enterrar las revelaciones de Epstein bajo el manto sagrado del patriotismo en tiempos de guerra. Para Benjamin Netanyahu, otro líder atenazado por procesos judiciales masivos y una protesta social feroz, un conflicto abierto con la República Islámica es el elixir que lo transforma de acusado en un imprescindible «líder de guerra». La crisis, así, se convierte en la oportunidad perfecta para dos figuras cuyas fortunas políticas parecían en declive terminal. La lógica es perversa, pero impecable, cuando tu casa arde por un escándalo de corrupción, prendes fuego al continente entero para que todos miren hacia otro lado. (...)" 

(Alejandro Marcó del Pont, blog,  04/02/26)