"El genocidio
en Gaza radicaliza el proyecto colonial de larga data del sionismo. Pero
el rechazo abierto de los dirigentes israelíes a cualquier posibilidad
futura de un Estado palestino socavó su propia legitimidad
internacional.
Entrevista de Bafta Sarbo
Pasaron tres meses desde que se anunció el alto el fuego en
Palestina, impuesto como consecuencia del llamado plan de paz de Donald
Trump. En noviembre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
ratificó este «plan de paz», destinado a regir la organización y
reconstrucción de la Franja de Gaza. Si bien se establece que debería
existir «un camino creíble hacia la autodeterminación y la estatalidad
palestinas», casi no contiene medidas políticas concretas que garanticen
ese proceso.
Mientras tanto, la destrucción de Gaza continúa. Según la BBC, las
fuerzas israelíes demolieron miles de edificios adicionales desde el
inicio del alto el fuego. Expertos estiman que más del 80 por ciento de
los edificios de Gaza están destruidos o, al menos, gravemente dañados.
Más del 10 por ciento de la población está muerta, herida o
desaparecida.
Debido a la brutalidad de la conducción israelí de la guerra, los
primeros observadores formularon la acusación de genocidio ya el 7 de
octubre de 2023, aunque esa acusación fue y sigue siendo discutida,
especialmente en Alemania. Uno de los primeros en hablar abiertamente de
genocidio fue Avi Shlaim, historiador israelí-británico de origen judío
iraquí. Profesor emérito de relaciones internacionales en la
Universidad de Oxford, integra la nueva generación de historiadores
israelíes que impulsan una historiografía más allá del mito nacional
sionista oficial.
Su libro más reciente, Genocide in Gaza: Israel’s Long War on Palestine [Genocidio
en Gaza: La larga guerra de Israel contra Palestina], publicada cerca
del alto el fuego, recibió una acogida especialmente controvertida en
Alemania. En una entrevista realizada originalmente para la edición
alemana de Jacobin, Shlaim explica hasta qué punto la guerra
reciente y el genocidio en Gaza representaron una continuidad de la
política histórica de Israel.
BS
En tu libro, recientemente publicado, incluiste un prólogo
especial para la edición alemana. En la conferencia de prensa en Berlín,
tu editor Abi Melzer, habló de cómo el título generó un gran revuelo
entre algunos periodistas en Alemania. ¿Podrías explicar por qué
elegiste ese título?
AS
Ninguno de mis libros anteriores se tradujo al alemán, así que estaba
especialmente interesado en llegar a un público alemán. Westend Verlag
se mostró interesado en publicar la edición alemana, pero finalmente se
acobardaron y sugirieron agregar un signo de interrogación, de modo que
el título fuera «¿Genocidio en Gaza?». No acepté agregar un signo de
interrogación porque, para mí, ya no existe ninguna duda de que Israel
es culpable de genocidio. Abi Melzer, un judío alemán y antisionista,
decidió entonces publicarlo con el título original, sin signo de
interrogación.
En el prólogo de la edición alemana dije que no me resultó fácil
acusar a Israel de genocidio. Parecía casi perverso acusar al Estado
judío de cometer genocidio cuando los judíos fueron las principales
víctimas del genocidio nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Además,
hace un par de años publiqué una autobiografía titulada Three Worlds: Memoirs of an Arab Jew [Tres
mundos: Memorias de un judío árabe]. Soy un judío árabe porque nací en
Bagdad y crecí en Israel. Ese libro es una crítica feroz del sionismo y,
en particular, de su trato hacia los judíos de los países árabes. Pero
agregué que, pese a todos sus pecados, Israel nunca había cometido
genocidio.
Esa era mi posición antes del estallido de la guerra en Gaza.
Incluso, al comienzo de la guerra, no me parecía que Israel estuviera
cometiendo genocidio. El punto de inflexión para mí fue cuando Israel
utilizó el hambre como arma de guerra a gran escala. Cuando Israel
suspendió toda la ayuda internacional a Gaza y privó a su población de
agua, alimentos, combustible y suministros médicos, eso me convenció de
que se trataba de un genocidio.
Luego está la definición jurídica de genocidio. En 1948 se concluyó
la «Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio»
con el objetivo de evitar la repetición de lo que les ocurrió a los
judíos bajo la Alemania nazi. El mensaje del Holocausto fue «nunca más»:
nunca más para nadie, no solo para los judíos.
La convención define al genocidio como los actos cometidos con la
intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo étnico,
religioso o racial. Lo que Israel hizo en Gaza fue un intento de
destruir a un grupo étnico entero. La convención enumera cinco
criterios, cinco actos, que constituyen genocidio, e Israel es culpable
de todos ellos.
Uno es matar a miembros del grupo. Israel mató a unas 69.000 personas
en Gaza y dejó heridas a casi 200.000. El segundo es infligir
sufrimiento mental y físico a la población. El tercero es crear
condiciones de vida que hagan muy difícil la supervivencia del grupo.
Israel volvió Gaza inhabitable. El cuarto es impedir los nacimientos
dentro del grupo. Israel hizo eso al atacar todo el sistema de salud,
incluidas las salas de maternidad de los hospitales. El quinto acto es
el traslado de niños del grupo a otro grupo. De eso Israel no es
culpable. Pero lo que Israel hizo es mucho, mucho peor. Israel mató a
más de 20.000 niños en Gaza y dejó huérfanos a 40.000. En un sentido muy
real, se trata de una guerra contra los niños.
Por lo tanto, concluyo que Israel es indiscutiblemente culpable de
genocidio en Gaza. No se trata solo de mi opinión: muchos de los
principales expertos israelíes en el Holocausto, como Omer Bartov, Amos
Goldberg y Raz Segal, concluyeron que este es un caso clásico de
genocidio.
BS
¿Podrías profundizar en cómo este genocidio afecta
especialmente a los niños palestinos? En tu libro escribes que los
hospitales de Gaza tuvieron que introducir un nuevo acrónimo, WCNSF
(niño herido, sin familiares sobrevivientes, por sus siglas en inglés).
También incluiste dibujos y fotografías de niños heridos en Gaza.
AS
El ataque contra los niños es particularmente angustiante, y el
ataque contra la población civil es profundamente condenable, e Israel
hizo ambas cosas. Matar civiles está mal, tanto si lo hace Hamas como si
lo hace Israel; es un acto terrorista. Considero esta guerra y los
siete ataques militares israelíes anteriores contra Gaza como actos de
terrorismo de Estado. La distinción principal que establece el derecho
internacional humanitario es entre combatientes y no combatientes.
Israel borró esa distinción. Por ejemplo, Israel afirmó que, si ordena a
los civiles evacuar y estos se niegan, se convierten en objetivos
militares legítimos. Eso es falso. El desplazamiento forzado de civiles
es en sí mismo un crimen de guerra, y Israel cometió este crimen de
guerra casi a diario durante los últimos dos años.
Algunos civiles fueron desplazados diez veces o incluso más. En
muchos casos, cuando los civiles obedecieron las órdenes de evacuación
de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), luego fueron bombardeados y
asesinados desde el aire. Por lo tanto, no existen zonas seguras en
Gaza. No hay ningún lugar donde los civiles puedan sentirse a salvo.
Más del 70 por ciento de las víctimas de esta guerra fueron mujeres y
niños. El ataque deliberado, el asesinato y la mutilación de niños son
particularmente atroces porque están completamente indefensos. El
presidente Isaac Herzog dijo, al comienzo de la crisis, que no hay
personas inocentes en Gaza. Los 20.000 niños que fueron asesinados en
Gaza, por lo tanto, no serían inocentes según su definición. El ataque
contra los niños estuvo acompañado por declaraciones genocidas de
dirigentes israelíes que decían: maten a las serpientes, porque si los
niños crecen se convertirán en terroristas. Esa es la perversa
justificación moral israelí para matar niños en Gaza.
Por eso, en mi libro hay un énfasis particular en la guerra contra
los niños. Y como señalaste, hay toda una sección de fotografías sobre
los niños durante la guerra en Gaza, con imágenes muy perturbadoras de
crueldad real, incluso de sadismo. Pero las fotografías también
transmiten la resiliencia y el coraje de los niños de Gaza.
BS
Por estos crímenes de guerra existe una orden de arresto
contra Benjamin Netanyahu. En tu libro describís cómo las acciones de
Netanyahu a lo largo de toda su carrera política estuvieron orientadas a
impedir la creación de un Estado palestino. ¿Hasta qué punto dirías que
el rumbo actual es el desenlace lógico de toda su trayectoria política?
AS
Benjamin Netanyahu creció en un hogar sionista muy nacionalista y
siempre estuvo en el ala derecha del movimiento sionista. Encarna
algunos de los aspectos más negativos del sionismo, como el racismo, el
militarismo y la supremacía judía, pero, por sobre todo, la ambición
territorial de la derecha israelí, que es el Gran Israel. Su carrera
política estuvo dedicada a impedir el surgimiento de un Estado palestino
junto al de Israel.
Pero no está solo: el partido Likud nunca aceptó la idea de una
solución de dos Estados. Las directrices políticas del actual gobierno
de Netanyahu afirman que los judíos tienen un derecho exclusivo a la
soberanía sobre toda la Tierra de Israel, lo que para los nacionalistas
incluye Cisjordania o, como prefieren llamarla, Judea y Samaria. Esto
constituye una negación tajante de cualquier derecho nacional palestino
en cualquier punto de la Palestina histórica. La posición del gobierno
de Netanyahu es más extrema que la ley del Estado nación judío de julio
de 2018, que afirmaba que los judíos tienen un derecho único a la
autodeterminación en el Estado de Israel. Aquella ley reclamaba derechos
judíos exclusivos a la estatalidad dentro de las fronteras anteriores a
1967, pero no reclamaba la soberanía judía sobre Cisjordania.
Antes del ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, Netanyahu solía
jactarse de que Israel había ganado, de que los palestinos estaban
derrotados y de que, sin conceder nada a los palestinos, Israel podía
firmar tratados de paz con los Estados árabes. Se refería a los Acuerdos
de Abraham, los acuerdos de paz entre Israel, Emiratos Árabes Unidos,
Bahréin, Marruecos y Sudán, impulsados por Donald Trump durante su
primer mandato como presidente de Estados Unidos en 2020. Para
Netanyahu, esto fue una gran victoria diplomática: paz con Estados
árabes suníes sin hacer concesiones en la cuestión palestina.
Antes existía una posición árabe colectiva sobre la paz con Israel,
plasmada en la Iniciativa de Paz Árabe, adoptada en la cumbre de la Liga
Árabe en Beirut en 2002. Esta iniciativa establecía que Israel podía
tener paz y normalización con los veintidós miembros de la Liga Árabe a
cambio del fin de la ocupación y de un Estado palestino independiente en
Cisjordania y Gaza, con Jerusalén Este como capital. Netanyahu siempre
rechazó esta oferta y reivindicó una soberanía judía exclusiva sobre
todo el territorio, desde el río hasta el mar. El supuesto de esta
política era que Hamas podría gobernar Gaza, contenido dentro de una
prisión a cielo abierto sin amenazar la seguridad de Israel.
Pero el 7 de octubre Hamas lanzó el ataque más devastador contra
israelíes desde 1948, lo que socavó la posición de Netanyahu. El ataque
de Hamas envió un mensaje contundente: los palestinos no serán
marginados; la cuestión palestina seguirá en la agenda internacional; y
la resistencia a la ocupación israelí continuará bajo el liderazgo de
Hamas. Netanyahu entonces cambió su discurso y dio marcha atrás con su
política. Ahora afirmó que Hamas es completamente inaceptable bajo
cualquier forma. Su nuevo objetivo de guerra pasó a ser la erradicación
total de Hamas. Pero eso es imposible, porque mientras haya gente en
Gaza, habrá resistencia. La prueba es que, después de dos años de
bombardeos implacables, Hamas sigue en pie y sigue combatiendo.
El otro objetivo de guerra de Netanyahu es el control militar israelí
permanente sobre Gaza. El objetivo de guerra no declarado es volver
inhabitable a Gaza. Netanyahu avanzó enormemente hacia ese objetivo al
destruir más del 80 por ciento de las viviendas y la infraestructura
civil de Gaza, al destruir el sistema de salud, mediante la destrucción
sistemática del sistema educativo y al reducir drásticamente la
capacidad de los habitantes de Gaza para producir su propio alimento.
Hasta ahora, logró impedir el nacimiento de un Estado palestino.
Me preguntaste si este es el desenlace lógico de la carrera de
Netanyahu. En cierto sentido, lo es, aunque fue demasiado lejos y se
involucró en un genocidio, algo que nunca formó parte de ningún plan
israelí previo. Esto es profundamente dañino a largo plazo, porque
destruyó cualquier pretensión de Israel de ocupar una posición moral
superior. Esto queda encapsulado en la orden de arresto de la Corte
Penal Internacional, porque ahora el primer ministro de Israel es un
criminal de guerra, lo que significa que Israel es un Estado criminal.
Netanyahu infligió un daño permanente a la reputación internacional de
Israel. Dentro de Israel enfrenta un juicio por graves cargos de
corrupción y, además, es un prófugo de la justicia internacional. Y sabe
que, si hay elecciones, su partido perdería, se termniaría su inmunidad
y probablemente acabaría en prisión. La guerra en Gaza fue un desastre
estratégico para Israel, y una de las razones principales para llevarla
adelante fue el deseo de Netanyahu de mantenerse fuera de la cárcel.
BS
¿Podrías explicar cómo, incluso antes de Netanyahu, nunca existió un camino real hacia la estatalidad palestina?
AS
Existe un consenso internacional muy amplio en torno a la solución de
dos Estados. En términos prácticos, esto significa un Estado palestino
independiente en Gaza y Cisjordania, con Jerusalén Este como capital; un
Estado junto a Israel, no en lugar de Israel. En el plano retórico,
algunos dirigentes del Partido Laborista israelí aceptaron la solución
de dos Estados, pero en la práctica no hicieron nada para concretarla.
La prueba es que, tanto bajo gobiernos laboristas como del Likud, desde
1967 se produjo una expansión constante de los asentamientos, lo que
demuestra que no había ninguna disposición a ceder la totalidad de
Cisjordania a un Estado palestino.
Se puso de moda decir que la solución de dos Estados está muerta.
Israel la mató al construir asentamientos, al anexionar Jerusalén Este
en junio de 1967 y al construir la barrera de seguridad en Cisjordania,
que en los hechos anexa alrededor del 10 por ciento del territorio y
separa a Jerusalén del resto de Cisjordania. Lo que queda son enclaves
palestinos aislados en Cisjordania, rodeados por bases militares
israelíes y asentamientos. Eso no es una base para un Estado palestino
viable y territorialmente continuo.
Yo sostendría que la solución de dos Estados no solo está muerta.
Nunca nació, porque ningún gobierno israelí, de ningún signo, desde
1967, ofreció una fórmula concreta de solución de dos Estados que fuera
aceptable siquiera para los dirigentes palestinos más moderados. Esa es
la primera razón. La segunda es que ninguna administración
estadounidense presionó a Israel para alcanzar un acuerdo, por lo que el
statu quo persistió. Hasta ahora, todos los presidentes estadounidenses, excepto Trump, apoyaron la solución de dos Estados.
A políticos occidentales como Joe Biden y Sir Keir Starmer les
resulta conveniente decir que apoyan una solución de dos Estados. Suena
razonable. Pero no hicieron nada para concretarla. Estoy cansado de
repetir que la solución de dos Estados está muerta. Tengo una asistente
de investigación alemana, una exestudiante de posgrado, y le pregunté:
«¿Cómo se dice eso en alemán?». Y ella me respondió: «Die Zwei-Staaten-Lösung ist tot».
BS
Después de que Hamas ganó las elecciones en Gaza en 2006,
Israel, Estados Unidos y la Unión Europea respondieron no con el
reconocimiento, sino con una guerra económica contra Gaza. ¿Podrías
describir las consecuencias de las elecciones de 2006 y cómo Gaza fue
sistemáticamente subdesarrollada en términos económicos y políticos?
AS
Israel y sus aliados sostienen que el ataque de Hamas del 7 de
octubre fue un rayo en cielo despejado y que la historia comienza ese
día. Pero el conflicto empezó, como mínimo, en junio de 1967. En
realidad, no se trata de un conflicto, sino de una ocupación colonial de
tierras palestinas. El verdadero problema es la ocupación militar
israelí. Es la ocupación militar más prolongada y brutal de los tiempos
modernos. Ese es el verdadero trasfondo; el ataque de Hamas del 7 de
octubre es una expresión de la resistencia palestina a la ocupación
israelí. Mucha gente no conoce la historia de este conflicto entre
Israel y Hamas. El pasado es crucial para entender cómo llegamos hasta
acá. Como historiador, mi tarea es situar el comportamiento de Hamas en
su contexto histórico adecuado.
Quisiera señalar algunos puntos de inflexión clave de este conflicto y
comenzar por la victoria de Hamas en las elecciones palestinas de enero
de 2006. Fue una elección libre y justa en todos los territorios
ocupados, y Hamas la ganó. Israel se negó a reconocer al gobierno
democráticamente elegido y recurrió a la guerra económica. Israel
recauda impuestos en nombre de la Autoridad Palestina y siempre puede
retenerlos de manera arbitraria.
Israel hizo todo lo posible para generarle condiciones de
ingoberanbilidad al gobierno electo. Estados Unidos y la Unión Europea,
para su eterno descrédito, se alinearon con Israel al negarse a
reconocer a ese gobierno. Las potencias occidentales dicen que su
objetivo es promover la democracia en Medio Oriente. Y ahí había un
ejemplo luminoso de democracia en acción bajo las condiciones más
difíciles de ocupación militar, pero las potencias occidentales
ignoraron por completo el resultado electoral. En los hechos, lo que
estaban diciendo es que la democracia es una buena idea en teoría, pero
que en este caso la gente votó al grupo equivocado de políticos y, por
lo tanto, no podían aceptarlos como un gobierno legítimo.
Luego se implementaron una serie de medidas económicas y políticas
destinadas a socavar al gobierno de Hamas. En marzo de 2007, Hamas formó
un gobierno de unidad nacional con Fatah y le ofreció a Israel negociar
un alto el fuego de largo plazo, de diez, veinte o treinta años. El
objetivo previo de Hamas había sido un Estado islámico unitario desde el
río hasta el mar, pero una vez en el poder se volvió más pragmático y
estuvo dispuesto a conformarse con un Estado palestino en los
territorios ocupados. Israel se negó a negociar y el gobierno de unidad
nacional colapsó en junio de 2007.
Hoy sabemos, a partir de los Palestine Papers, una colección
de 1.600 documentos del proceso de paz filtrados a Al Jazeera, que
existió un complot contra Hamas cuando estaba en el gobierno. En ese
complot participaron Fatah, Israel, Estados Unidos y los servicios de
inteligencia egipcios. Formaron un comité secreto llamado Comité de
Gaza. El objetivo era aislar, debilitar y, en última instancia, expulsar
a Hamas del poder. Israel y Estados Unidos armaron y alentaron a Fatah
para que diera un golpe contra Hamas. En junio de 2007, Hamas se
adelantó a un golpe de Fatah y tomó el control de Gaza.
Desde entonces, Gaza y Cisjordania quedaron firmemente separadas por
Israel para impedir un movimiento de resistencia unificado. Una vez que
Hamas tomó el poder, Israel impuso el bloqueo a Gaza. Un bloqueo es un
acto de castigo colectivo prohibido por el derecho internacional, y el
bloqueo de Gaza rige desde 2007. Esta historia es fundamental para
entender el contexto del ataque de Hamas contra Israel el 7 de octubre.
La principal experta en Gaza, Sara Roy, es una académica judía de Harvard. El primero de sus cinco libros sobre Gaza se tituló The Gaza Strip: The Political Economy of De-Development [La
Franja de Gaza: La economía política del desdesarrollo]. Su tesis es
que Israel, desde 1967, siguió una política sistemática para impedir que
Gaza desarrollara comercio con el exterior, agricultura e industria
pesquera. Gaza fue explotada como fuente de mano de obra barata y como
mercado para productos israelíes. Gaza no es pobre ni está
subdesarrollada porque su población sea perezosa o incompetente. Es
pobre y está subdesarrollada por una política israelí sistemática de
desdesarrollo. Y la última y más crucial etapa de esta política
coherente es la destrucción física de Gaza que ocurrió en los últimos
dos años.
BS
Volviendo a la separación sistemática entre Cisjordania y
Gaza: mientras la atención del mundo está puesta claramente en Gaza,
¿cuál es la situación en Cisjordania?
AS
El gobierno actual, encabezado por Netanyahu, tiene algunos socios de
coalición extremistas, en particular Bezalel Smotrich, líder del
Sionismo Religioso, e Itamar Ben-Gvir, líder de Poder Judío. Se trata de
partidos abiertamente racistas, de extrema derecha, extremistas,
mesiánicos y sionistas religiosos. Son, ante todo, supremacistas judíos.
La agenda explícita es la anexión eventual y formal de Cisjordania como
parte de la Tierra de Israel, y la vienen impulsando desde que llegaron
al poder en 2022.
En los últimos dos años, la guerra en Gaza concentró la mayor parte
de la atención internacional y desvió la mirada de Cisjordania. Esto fue
aprovechado por los sectores de derecha de este gobierno para expandir
los asentamientos e intensificar la limpieza étnica en Cisjordania, que
viene desarrollándose de manera sostenida desde hace años. En los
últimos dos años vimos una escalada masiva de la violencia de los
colonos contra la población palestina. Y esto ocurre con el aliento del
gobierno y la protección del ejército. Hay que mirar en paralelo lo que
Israel hizo en Gaza y en Cisjordania. En Gaza comenzó con el objetivo de
una limpieza étnica y degeneró en genocidio, y en Cisjordania hubo una
intensificación masiva de la violencia contra la población, con el
objetivo de la limpieza étnica de toda Palestina.
BS
Terminaste de escribir tu libro en octubre de 2024. Pero en
la conferencia de prensa en Berlín hablaste de tu evaluación de cómo
surgió el plan de paz de Trump. ¿Podrías explicar por qué este llamado
plan de paz apareció en ese momento y no antes, cuando Israel atacó a
varios Estados soberanos?
AS
Estados Unidos le da a Israel 3.800 millones de dólares anuales en
ayuda militar y protección diplomática, utilizando su derecho a veto en
el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear cualquier resolución
que no sea del agrado de Israel. El problema del apoyo estadounidense a
Israel es que no está condicionado al respeto del derecho internacional
ni de los derechos humanos palestinos. Joe Biden fue un defensor de esta
política de apoyo incondicional a Israel. Durante la guerra en Gaza, su
administración le dio a Israel 21.700 millones de dólares en ayuda
militar.
Trump continuó esta política hasta que Israel atacó Doha, la capital
de Qatar. Cuando Israel atacó Irán, Estados Unidos terminó interviniendo
y también atacó ilegalmente a Irán. Irán es un enemigo, pero Qatar es
un aliado cercano de Estados Unidos. Qatar venía desempeñando un papel
constructivo en los intentos de mediación para un alto el fuego entre
Israel y Hamas. Los líderes políticos de Hamas tenían su base en Doha, e
Israel intentó asesinar a las personas que estaban negociando un alto
el fuego. La mayor base militar estadounidense en Medio Oriente está en
Qatar. Este ataque no solo asustó a los qataríes, sino a todos los
gobernantes del Golfo, porque Estados Unidos no los protegió. Trump
obligó a Netanyahu a llamar al primer ministro de Qatar para disculparse
por el ataque y luego dio garantías de que no volvería a ocurrir.
Recién después de ese ataque a Doha, Trump ejerció una presión
efectiva sobre Israel para imponer un alto el fuego. Pero el llamado
plan de paz de Trump para Medio Oriente no es un plan de paz.
No quiero minimizar la importancia de este desarrollo. Implicó el fin
de los combates, la reanudación de la ayuda humanitaria a Gaza y un
intercambio de rehenes israelíes por prisioneros palestinos, de modo que
de allí surgieron tres avances muy positivos. El plan es extremadamente
vago en los detalles, pero los pocos que incluye prevén una junta
internacional encabezada por Trump y, por debajo, un comité ejecutivo de
palestinos «no políticos», es decir, personas que no pertenezcan a
Hamas, seleccionadas a dedo y aceptables para Israel, que deberían
administrar Gaza. Los palestinos no tendrían ninguna agencia ni voz en
la conducción de sus propios asuntos. Tampoco hay ningún plan para
elecciones. Lo obvio al final de una guerra sería permitir que la
población que vive allí gobierne sus propios asuntos. Pero se trata de
un proyecto colonial, impuesto por Estados Unidos e Israel sobre los
palestinos. No aborda en absoluto el problema de fondo, que es la
ocupación israelí de Cisjordania y Gaza.
Hay otra dimensión. Israel devastó por completo Gaza, y llevará años
simplemente remover los escombros antes de iniciar cualquier
reconstrucción. El plan de Trump no exige que Israel pague reparaciones a
la población de Gaza, ni Estados Unidos planea aportar fondos para la
reconstrucción. La idea es que paguen los Estados ricos del Golfo. Y
entonces surge la pregunta: ¿por qué algún gobierno árabe debería
aceptar poner dinero en la reconstrucción de Gaza cuando el próximo
ataque israelí puede ocurrir en cualquier momento y volveríamos al punto
de partida? Hay muchas preguntas sin respuesta.
BS
Si este no es un plan de paz viable, ¿cómo podría alcanzarse
una paz duradera? El gobierno israelí de extrema derecha suele ser
criticado internamente. Sin embargo, sus acciones en Gaza gozan de un
amplio apoyo tanto de la oposición política como de la población en
Israel. De hecho, existe una fuerte demanda de un enfoque mucho más duro
hacia Gaza. ¿Ves alguna posibilidad de que Israel impulse cambios
positivos desde adentro?
AS
Esa es exactamente la gran paradoja actual. Netanyahu es muy
impopular en Israel, pero la guerra en Gaza no lo es. Una encuesta de
opinión pública mostró que más del 50 por ciento de los israelíes cree
que las FDI no usaron la suficiente fuerza y que deberían usar más.
Existe un dicho israelí: «Si la fuerza no funciona, usa más fuerza». Es
una noción completamente idiota, porque la fuerza no toca el problema
político de fondo. El problema es la ocupación colonial israelí. Israel
lanzó ocho ataques militares contra Gaza, empezando por la Operación
Plomo Fundido en diciembre de 2008. Los generales israelíes llaman a
estos ataques «cortar el pasto». Cortar el pasto es algo que se hace
mecánicamente cada tanto, pero no impide que el pasto vuelva a crecer,
así que hay que seguir atacando e infligiendo más muerte y devastación
sobre Gaza.
Este gobierno refleja el corrimiento a la derecha de la sociedad
israelí en los últimos veinticinco años, desde la Segunda Intifada.
Representa a la opinión pública israelí y sus posiciones. Por eso, no
veo ninguna perspectiva de reforma desde adentro. No puedo imaginar que
un día la sociedad israelí despierte y entre en razón y diga que estuvo
mal usar la fuerza, que eso no le dio seguridad y que solo condujo a más
violencia y derramamiento de sangre. Si va a haber algún cambio en la
posición de Israel, tendrá que ser como resultado de la presión externa.
Y la presión externa sobre Israel está creciendo; se refleja en el
aumento del número de países que reconocen a Palestina. Fueron
especialmente significativos los reconocimientos de Reino Unido y
Francia. Esto significa que hoy, en el Consejo de Seguridad, cuatro
miembros permanentes —Rusia, China y ahora Reino Unido y Francia—
reconocen a Palestina. Estados Unidos es el único que queda afuera,
todavía ofreciendo protección diplomática a Israel. Pero esto no puede
durar para siempre.
Creo que, con el tiempo, Israel seguirá el mismo camino que
Sudáfrica. Estados Unidos e Israel fueron los últimos apoyos del régimen
del apartheid sudafricano, y Estados Unidos será el último sostén del
régimen de apartheid israelí. Es un proceso de largo plazo, en el que
Israel pierde apoyo internacional y pierde legitimidad.
Mientras tanto, surge la pregunta: ¿cuál es la solución a este
conflicto? Yo apoyé durante mucho tiempo la solución de dos Estados,
hasta que Israel la mató con los asentamientos. Por eso ahora defiendo
un solo Estado desde el río hasta el mar, con igualdad de derechos, con
libertad, dignidad e igualdad para todas las personas que viven en este
espacio. Se puede decir que esto es una fantasía, y no me importa,
porque la verdadera elección hoy no es entre una solución de dos Estados
y una de un solo Estado. La verdadera elección es entre el statu quo,
el colonialismo, el apartheid, la supremacía judía y la fuerza bruta,
algo totalmente inaceptable para mí, y otra solución, que es la del
Estado único, en la que creo. Lo que me importa no es si hay uno o dos
Estados, sino la igualdad. No puede haber democracia si existen dos
clases de ciudadanos. Y desde el río hasta el mar, los palestinos,
incluidos los ciudadanos palestinos del Estado de Israel, son ciudadanos
de segunda clase.
Por eso, lo que quiero ver es igualdad de derechos para todas las
personas que viven en este espacio. Esto implica la liberación no solo
de los territorios palestinos ocupados, sino también del Israel anterior
a 1967."
(Entrevista a Avi Shlaim , historiador israelí, Bafta Sarbo, JACOBINLAT, 18/01/26)