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17.7.23

¿Por qué la Iglesia silencia a las víctimas? El Consejo Arzobispal de la Iglesia de Inglaterra disuelve la Junta Independiente de Salvaguarda de la Iglesia, y despide a sus miembros. Se trata del organismo encargado, entre otras cosas, de investigar los abusos del clero y de apoyar a las víctimas... La Iglesia está en crisis total, derrotada por un gerencialismo defensivo y un clericalismo aislado

 "Mis hijos pequeños, que hablan hebreo, me llaman abba. De origen arameo, la lengua del Padrenuestro - "Padre nuestro, que estás en los cielos"-, abba es más suave, más íntimo que el "padre" inglés. Quizá un poco más cercano a "papá", aunque menos infantil, menos sentimental. Llamar a Dios "abba" es hablar de Dios como una presencia amorosa, no como un déspota austero.

Así que en esa sola palabra se derrumba un montón de cosas muy profundas: nuestra relación con la naturaleza última de las cosas, nuestra relación con la religión, nuestra relación con nuestros propios padres. No hace falta ser Freud para no sorprenderse de que Stephen Cottrell, arzobispo de York, tocara un nervio muy sensible cuando se preocupó en voz alta de que pudiera haber un problema con "Nuestro padre".

 Muchos comentaristas gimieron interiormente, al ver otro deprimente ataque de palabrería de la Iglesia de Inglaterra. Y sí, el arzobispo ensayó inevitablemente la idea de que Dios es el depredador supremo del patriarcado. Pero en realidad, lo que dijo fue peor que eso. Mucho peor.

 Esto es exactamente lo que dijo: "Sí, sé que la palabra 'Padre' es problemática para aquellos cuya experiencia de Padres terrenales ha sido destructiva y abusiva". Y está claro que tiene razón en que si tu padre te pegaba o abusaba de ti de niño, entonces la palabra "padre" tendrá connotaciones perturbadoras. Pero lo que la prensa no captó fue el hecho de que "padre" es también la forma en que muchos clérigos se definen a sí mismos. Y si el Padre Fulano abusó de ti cuando eras niño del coro, entonces sí: "Padre Nuestro" puede ser un problema.

En realidad, las cosas ya eran difíciles para el arzobispo y la Iglesia que dirige. La actual reunión del Sínodo General en York ha sido testigo de una crisis para la Iglesia de Inglaterra a una escala casi inimaginable: un descenso total a la acritud y el caos, del que tardará una generación en recuperarse. "La Iglesia a menudo hace el trabajo de Satanás", escribió un sacerdote tras presenciar los acontecimientos del domingo.

Se refería a la decisión del Consejo Arzobispal de disolver la Junta Independiente de Salvaguarda de la Iglesia y despedir a sus miembros. Se trata del organismo encargado, entre otras cosas, de investigar los abusos del clero y de apoyar a las víctimas. Se supone que es independiente porque la Iglesia de Inglaterra tiene un largo historial de encubrir sus propios desaguisados. Pero resulta que cuando sus miembros dicen cosas que no gustan al Consejo de Arzobispos, pueden ser despedidos y la junta clausurada.

 Como dijo el obispo de Birkenhead, responsable adjunto de la Iglesia para la salvaguardia: "Hoy la Iglesia es menos responsable. Destituir, con tan poca antelación, a las voces independientes más firmes que piden cuentas a la CofE por sus fallos en materia de salvaguardia nos hace parecer resistentes a un escrutinio y un desafío sólidos, algo que, por supuesto, somos". Cuando los funcionarios despedidos de Salvaguardia pudieron finalmente hablar -después de muchas discusiones sobre si se les debía permitir hacerlo- dijeron al Sínodo que habían sido "silenciados". Esto es extraordinario. Si la Iglesia puede silenciar a su propio órgano de protección, ¿qué esperanza tienen los supervivientes?

 Incluso bajo los focos del escrutinio sinodal, era difícil obtener una respuesta directa. Al arzobispo de Canterbury, Justin Welby, se le preguntó directamente si había votado personalmente a favor de disolver el Organismo Independiente de Salvaguardia. Su respuesta indicó claramente que ha pasado mucho tiempo rodeado de políticos (compañeros de Old Etonians, quizás). "Ambos arzobispos deseaban esperar un poco", dijo, lo que da la fuerte impresión de que él y el arzobispo de York habían votado en contra de la disolución. Más tarde, bajo más presión, la Iglesia admitió que ambos habían votado a favor. Si se hubiera hecho en la Cámara de los Comunes, Welby podría haberse enfrentado a acusaciones de engañar a la Cámara.

 Con todo esto en mente, volvamos al pequeño inciso de Cottrell sobre "Padre nuestro". Resulta que a ambos nos llaman Padre personas con las que no tenemos ninguna relación de parentesco biológico. Me ha costado muchos años adaptarme a ello. Los niños de la escuela dominical, en una de mis primeras parroquias en el País Negro, solían pensar que sonaba graciosamente como Farmer Giles. A mí no.

Pero la razón principal por la que me resulta incómodo es que huele demasiado a lo que quizá sea el pecado más profundo de la Iglesia: el clericalismo. El padre sabe más. En la época de la Reforma, el clero era conocido como "Señor". En este país, hasta finales del siglo XIX no se generalizó la forma de dirigirse al clero católico como "Padre". Es una especie de afectación moderna. Para personas como el cardenal Manning, que lo promovió, Padre indicaba una especie de estatus espiritual exultante, una alineación especial con el Padre supremo, Dios.

 Resulta extraño cuando se piensa en ello. Al ser célibes, los clérigos católicos no tienen hijos, al menos se supone que no. En su lugar, Padre indica un tipo de responsabilidad espiritual, parecida a la paternidad, pero no igual. Sin embargo, en algunos contextos, ser llamado Padre se convirtió, con demasiada facilidad, en una marca de pertenencia a un club, un club al que muchos hombres solitarios y sin familia acudían en busca de compañía, whisky y buenos cotilleos. Personalmente, me encanta pertenecer a este club. Pero hay un lado oscuro en su exclusividad, que, para ser claros, no tiene nada que ver con su campechanía. Uno para todos y todos para uno puede inculcar una cierta omertà, una sensación de que nos cuidamos los unos a los otros en las buenas y en las malas, incluso cuando el clero falla.

Por supuesto, no sólo católicos y anglocatólicos abusan de quienes están a su cargo. Entre los presuntos autores de abusos hay 242 clérigos, 53 funcionarios eclesiásticos y 41 voluntarios que trabajan con niños. Pastores espeluznantes y carismáticos que mantenían "combates de lucha libre" secretos con jóvenes, o evangélicos autoritarios que propinaban palizas desnudos a adultos vulnerables: muchos de ellos eran personas muy bien conectadas, con amistades al más alto nivel.

 Lo que resultaba tan deprimente del "Padre Nuestro" aparte no era que se despertara, sino que era absolutamente cierto. Las víctimas de abusos no pueden confiar en la Iglesia. ¿Y cuál ha sido la respuesta oficial a todo esto? Se ha pedido otro informe. "Se han cometido errores", admitió el arzobispo de York, "y tenemos que revisarlo y aprender de ellos". Mientras hablaba, los supervivientes colocaban lazos y carteles en la valla exterior, para recordar a las víctimas. Al día siguiente, esta pequeña protesta había desaparecido.

La Iglesia está en crisis total, derrotada por un gerencialismo defensivo y un clericalismo a la defensiva. El domingo por la tarde, muchos estaban hartos. El Director de Comunicaciones de la Comunión Anglicana, Gavin Drake, dimitió del Sínodo. "Me uní al Sínodo para hacer de la Iglesia de Inglaterra un lugar más seguro. He fracasado, porque la maquinaria central de la Iglesia de Inglaterra utilizará todo su poder para impedir que el Sínodo haga aquello para lo que existe". Muchos en la Iglesia están perdiendo rápidamente la confianza en nuestro liderazgo. Porque son nuestros padres espirituales los que son el problema - no nuestro celestial."                

(Giles Fraser es periodista, y vicario de St Anne's, Kew. UnzHerd, 11/07/23; traductor DEEPL)

8.4.10

El abuso y el celibato

"Una respuesta seria exige que se tome en serio la correlación entre el abuso y el celibato, en lugar de negarla. Así en sus estudios de 25 años de duración -Knowledge of sexual activity and abuse within the clerical system of the Roman Catholic Church, 2004- el psicoterapeuta Richard Sipe deja clarolo siguiente: el estilo de vida célibe, sobre todo el que conlleva este tipo de socialización (a menudo internado, después seminario sacerdotal) puede alimentar una inclinación pedófila. Sipe constata una inhibición del desarrollo psicosexual que se manifiesta más a menudo en célibes que en el resto de la población media. Pero a menudo los déficits en el desarrollo psicológico y las inclinaciones sexuales se hacen conscientes después de la ordenación." (HANS KÜNG: La responsabilidad de Ratzinger. El País, ed. Galicia, opinión, 30/03/2010, p. 27)

¿Es insano el celibato?... Sí

"Los escándalos de abusos sexuales en la Iglesia católica han reabierto el debate acerca de si hay en esa institución -y, concretamente, en el voto de castidad que se exige a sus miembros- algún factor que haga que sacerdotes u otros religiosos sean más proclives a la pederastia. O si, por el contrario, la amplia dedicación a la docencia de la Iglesia y el tratarse de una institución cerrada y protectora con sus miembros la convierte en un refugio preferido para quienes la ven como un medio para estar más cerca de sus víctimas. (...)

Todos los expertos consultados coinciden en negar cualquier relación directa entre celibato y pederastia. "¿Ser sacerdote o célibe te inclina hacia la pederastia? Clara y rotundamente no. ¿Ser pederasta te inclina hacia el sacerdocio? Sí, porque la Iglesia actúa de elemento protector, de paraguas, ya que el pederasta siempre piensa que es mejor caer en manos del obispo que del fiscal". Quien así habla es Pere Font, director del Instituto de Estudios de la Sexualidad y la Pareja de Barcelona (...)

Font coincide en su análisis con Francisco Alonso Fernández, presidente del Instituto de Psiquiatras de Lengua Española. "Indudablemente, entre celibato y paidofilia [el término que él prefiere] hay un doble lazo estadístico, un doble vínculo causal". Centrándose en lo que define como paidofilia primaria (la que no obedece a una situación transitoria en el desarrollo de la persona o a los efectos de un trastorno mental), señala que las personas que sienten una atracción por los niños "eligen profesiones" que les permitan estar en contacto con ellos. "Los estudios mencionan a los monitores, los entrenadores deportivos, los curas y frailes y los conductores de autobús escolar", afirma. Escogen estas profesiones "para enmascarar su paidofilia" añade. "No encontrarás muchos pederastas trabajando en geriátricos", abunda Pere Font.

Y, a la vez, centrándose en el caso de los religiosos, Francisco Alonso apunta que el celibato "puede activar la tendencia hacia los muchachos". "Es lógico que una persona que no es capaz de tener una relación con un adulto busque refugio en un grupo que le obliga a mantenerse casto", señala. Pero no tarda en recalcar que este tipo de comportamientos se da "en todos los contextos sociales, culturales y religiosos, y no sólo en los católicos". Y los datos de este catedrático emérito de la Universidad Complutense lo avalan: "En tres de cada cuatro casos de pedofilia ya existía una relación anterior entre el niño y el adulto; el 15% de las veces este era un profesor".

En la misma línea, el vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Legal, Alfredo Calcedo, apunta a que "está demostrado que la gente con inclinaciones pedófilas busca trabajos en los que estén en contacto con niños". (...)

El coordinador del Grupo de Andrología de la Asociación Española de Urología, Ignacio Moncada, no duda en cargar las tintas en que "el celibato y la abstinencia sexual es algo antinatural". "No hay nada demostrado desde el punto de vista fisiológico de que la abstinencia conduzca a una mayor atracción por niños", apunta, pero "el reprimir el instinto sexual no deja de poner a la persona en una situación de estrés psicológico". "Como no es algo normal, conduce a una frustración del individuo". (...)

"La propia Organización Mundial de la Salud realiza una definición de salud sexual que forma parte del concepto más amplio de salud", comenta Pere Font. Este psicólogo se formula la siguiente pregunta: "¿La sexualidad es una opción o una necesidad?". Y se responde: "Cuando tenemos sed, podemos tardar más o menos en beber, pero al final tomamos líquido. Lo mismo con la comida. Por tanto, también la sexualidad tiene un componente fisiológico importante y es una necesidad más que una opción". Y apunta que carecer de una vida sexual saludable nos vuelve más quisquillosos, irascibles, irritables e inquietos. "El sexo es una fuerza de la naturaleza imparable, no es domesticable. Como mucho acomodable. No tenemos un interruptor con un off con el que podamos apagar nuestro deseo sexual", agrega." (El País, ed. Galicia, sociedad, 29/03/2010, p. 24/5)

16.3.10

El celibato es un ade las causa de la pederastia en la Iglesia Católica

"Abuso sexual masivo de niños y adolescentes por parte de clérigos católicos desde Estados Unidos hasta Alemania, pasando por Irlanda: se trata de una enorme pérdida de imagen por parte de la Iglesia católica, pero también es una revelación de la profunda crisis por la que atraviesa. (...)

Primera afirmación: el abuso sexual por parte de clérigos no tiene nada que ver con el celibato. ¡Protesto! Es indiscutible, sin duda, que este tipo de abusos ocurre también en familias, colegios, asociaciones y también en iglesias en las que no rige la ley del celibato. ¿Pero por qué de manera masiva en la Iglesia católica, dirigida por célibes?

Evidentemente, el celibato no es la única razón que explica estos errores. Pero es la expresión estructural más importante de una postura tensa de la Iglesia católica respecto a la sexualidad, que se refleja también en el tema de los anticonceptivos.

Sin embargo un vistazo al Nuevo Testamento muestra que Jesús y san Pablo vivieron ejemplarmente sus respectivas solterías para volcarse en su servicio a la humanidad, pero dejando a cada cual plena libertad respecto a esta cuestión.

En lo que al Evangelio se refiere, la soltería sólo puede comprenderse como una vocación adoptada libremente (una cuestión de carisma) y no como una ley vinculante general. San Pablo se oponía rotundamente a los que, ya entonces, defendían la opinión de que "bueno es para el hombre no tocar mujer": "No obstante, por razón de las inmoralidades, que cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido" (1 Corintios, 7, 1-14). Según el Nuevo Testamento en la Primera Carta a Timoteo "el obispo debe ser hombre de una (¡y no ninguna!) sola mujer" (3, 2).

San Pedro y el resto de los apóstoles estaban casados con sus ocupaciones. Para obispos y presbíteros esto quedó, durante siglos, como algo que se daba por supuesto e incluso prevaleció hasta el día de hoy, al menos para los sacerdotes, tanto en oriente como en las iglesias ligadas a Roma, así como en toda la ortodoxia. Sin embargo, la ley romana del celibato contradice el Evangelio y la antigua tradición católica. Merece ser abolida.Segunda afirmación: es "totalmente erróneo" achacar los casos de abuso a fallos en el sistema de la Iglesia. ¡Protesto! La ley del celibato no existía aún en el primer milenio. En el siglo XI, en Occidente, esta ley se impuso por influencia de monjes (que viven en celibato por decisión propia) y, sobre todo, del papa Gregorio VII de Canossa, en contra de la clara oposición del clero italiano y más todavía del alemán, donde sólo tres obispos se atrevieron a promulgar el decreto. Miles de sacerdotes protestaron contra la nueva ley.

En un memorial, el clero alemán alegaba: "¿Acaso el Papa no conoce la palabra de Dios: 'El que pueda con esto, que lo haga' (Mt 19, 12)?". En esta única declaración sobre la soltería, Jesús aboga por optar libremente por este modo de vida.

De esta manera, la ley del celibato -junto con el absolutismo papal y el clericalismo forzado- se convierte en uno de los pilares fundamentales del "sistema romano". Al contrario que en la Iglesia oriental, el celibato del clero occidental parece sobre todo distinguirse del pueblo cristiano por su soltería: un dominante estado social propio fundamentalmente superior al estado laico, pero totalmente subordinado al Papa de Roma." (HANS KÜNG: ¡Abolid la ley del celibato!. (El País, ed. Galicia, opinión, 13/031/2010, p. 33)

12.3.10

Pederastia, biología y celibato...

"Los casos de los curas pederastas me inspiran una particular compasión. Ser pederasta es un grave problema; pero añadir la observancia de dios y de la regla al asunto debe de ser una tragedia morbosa poco comparable. (...)

Por eso comprendo al portavoz vaticano cuando dice que acusar específicamente a la iglesia de pederastia es falsear la realidad: la pederastia se da con la misma intensidad (leve intensidad, valga la precisión) en otros ámbitos sociales.

El problema que tiene el portavoz vaticano es otro. Y lo refleja empíricamente un canónico estudio (1996) de Philip Jenkins: de la conducta de 2.200 sacerdotes se dedujo que alrededor de 40, menos de un 2%, había cometido algún tipo de abuso sexual; pero sólo uno de los 2.200 fue clasificado como pedófilo. El diccionario español distingue entre pedofilia (atracción sexual por menores) y pederastia (consumación de la atracción). Y al parecer también lo hace el estudio de la Universidad de Pensilvania: un «ser» pedófilo por 40 actos pederastas. Ignoro hasta qué punto es una distinción que todas las escuelas psiquiátricas aprobarían. Pero tiene al menos dos serios fundamentos: la convicción creciente de la influencia biológica en la atracción sexual por los niños y la evidencia de que ambientes clausurados (internados, cuarteles o conventos) facilitan conductas sexuales que en circunstancias abiertas no se producirían.

El problema del portavoz vaticano está en el ambiente. En el celibato obligatorio que desde Letrán, y sobre todo desde Trento, aflige al clero latino. Es plausible que la pedofilia no sea un rasgo de la personalidad más extendido en el clero que en otros colectivos; pero en ese caso la hipótesis razonable sobre el origen de la conducta pederasta (la mortificación de los sentidos que impone el celibato) afectaría al Vaticano con una problemática contundencia. Si la violencia del celibato engendra la violencia pederasta, la Iglesia afronta una grave elección moral. De la que también podemos pedirle cuentas los infieles. Porque suyas son sus castidades, pero de todos sus víctimas." (Diarios de Arcadi Espada, 10/03/2010)