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4.5.23

¿Se acerca una crisis crediticia? La caída en la demanda de préstamos, en algunos casos hasta los niveles más bajos de los últimos años, se viene produciendo en EE. UU., en Europa y en España, lo que expresa que se trata de un fenómeno generalizado. A mi juicio, ni es casual ni momentáneo, sino que refleja una perturbación profunda del sistema financiero... El crédito es una especie de savia para la economía, es la sangre que permite llevar a cabo inversiones y sostener el consumo de bienes duraderos de modo que, si resulta inaccesible para las empresas y los hogares, puede llegar a producirse una crisis que paralice la economía... Lo que está ocurriendo es que la banca está dejando de ser lo que se supone que debe ser, un intermediario financiero entre el ahorro y la inversión, para convertirse en un fondo de inversión más... Los últimos datos pueden estar mostrando que nos encontramos a las puertas de un nuevo shock. Si las autoridades no están dispuestas a prohibir que los bancos operen sin cesar en el casino financiero con el dinero de sus clientes (por cierto, sin que estos lo sepan)... mientras que hogares y empresas carecen de financiación, una nueva crisis crediticia está asegurada (Juan Torres)

 "La Reserva Federal de Estados Unidos publicó la semana pasada el llamado Libro Beige, en el que se analizan las condiciones financieras en que se encuentran sus doce distritos territoriales. Las conclusiones a las que llega son claras y quizá preocupantes.

El libro señala que las condiciones financieras "se deterioraron drásticamente" como consecuencia del estrés bancario que se produjo en las últimas semanas y que sus tres distritos más importantes (Nueva York, San Francisco y Dallas) tienen un mismo problema: la caída de la demanda de créditos.

En Nueva York cayó en todos los segmentos de préstamos, al mismo tiempo que se endurecieron notablemente los estándares crediticios para todos ellos y bajaron también los márgenes. En San Francisco, además de todo ello, "varias instituciones de depósito optaron por reducir los volúmenes de préstamos, especialmente para nuevos clientes, a pesar de reportar una amplia liquidez". En Dallas se produce la misma caída en la demanda de préstamos, pero debido a la disminución de la actividad comercial y de la demanda de los destinados al consumo. La Reserva Federal de este último distrito espera que se registre un aumento en el número de préstamos morosos en los próximos meses.

Esas apreciaciones coinciden con los últimos datos que viene proporcionando la propia FED y otras investigaciones sobre la evolución de los préstamos en todo el sector bancario. Sólo en las dos últimas semanas de marzo se registró una caída por valor de 125.000 millones de dólares, la mayor desde los años setenta del siglo pasado.

La caída en la demanda de préstamos, en algunos casos hasta los niveles más bajos de los últimos años, se viene produciendo también en Europa y en España lo que expresa que se trata de un fenómeno generalizado. A mi juicio, ni es casual ni momentáneo, sino que refleja una perturbación profunda del sistema financiero de la que no se habla demasiado, a pesar de que puede llegar a ser muy peligrosa.

El crédito es una especie de savia para la economía, es la sangre que permite llevar a cabo inversiones y sostener el consumo de bienes duraderos de modo que, si resulta inaccesible para las empresas y los hogares, puede llegar a producirse una crisis que paralice la economía. Fue lo ocurrido a gran escala cuando los bancos comenzaron a quebrar debido a su enorme exposición a las hipotecas basura en la crisis que empezó en 2007.

La subida de tipos de interés por parte de los bancos centrales puede estar siendo una causa de la caída en la demanda de préstamos, pero no puede creerse que sea la única. Sobre todo, si se tiene en cuenta que esta menor demanda no se está produciendo de manera proporcionada a la evolución general de la economía y, además, porque está yendo de la mano de otro fenómeno singular: los depósitos en los bancos están registrando también la mayor caída de las últimas décadas.

Lo que está ocurriendo en realidad es que la banca está dejando de ser lo que se supone que debe ser, un intermediario financiero entre el ahorro y la inversión, para convertirse en un fondo de inversión más.

Después de la gran crisis de 1929, los gobiernos comenzaron a exigir que los bancos fueran de un tipo u otro. Es decir, o comerciales (dedicados a financiar a empresas y hogares) o de inversión (colocando directamente los fondos depositados por sus clientes). Sin embargo, en los últimos años del siglo pasado se diluyó esta diferencia y los bancos se dedican preferentemente a invertir los depósitos, de modo que el crédito se resiente, así como su solvencia, aunque haya aumentado mucho más su rentabilidad.

Muchos economistas venimos reclamando que debe volverse a diferenciar la actividad bancaria, para asegurar que el crédito fluya adecuadamente para financiar la actividad productiva y para disminuir el riesgo de crisis financieras. Mientras eso no ocurra, los bloqueos seguirán produciéndose, el crédito será mucho más inaccesible y caro y la actividad bancaria seguirá produciendo las periódicas crisis que le cuestan billones a los gobiernos.

Los últimos datos pueden estar mostrando que nos encontramos a las puertas de un nuevo shock. Si las autoridades no aprenden la lección y no están dispuestas a ponerle el cascabel al gato, prohibiendo que los bancos operen sin cesar en el casino financiero con el dinero de sus clientes (por cierto, sin que estos lo sepan) mientras que hogares y empresas carecen de suficiente financiación, una nueva crisis crediticia está asegurada.  Y ahora es posible que sea todavía más grave porque se están combinando más factores de detonación: a la avaricia bancaria se unen la incompetencia de los bancos centrales subiendo tipos de interés inadecuadamente, y la mayor perspicacia de los ahorradores que no se fían y retiran sus depósitos. Un cóctel realmente explosivo."                 (JUan Torres, Público, 28/04/23)

6.5.22

El aspecto clave de la desaceleración en curso son los efectos perversos de una financiarización extrema, que no ha hecho otra cosa que hundir al factor trabajo y al factor capital a favor de los beneficios puros, o rentistas... Las consecuencias: hundimiento de la productividad y del bienestar de la inmensa mayoría de la ciudadanía, exceptuando los rentistas, que a modo de vampiros, succionan la sangre del resto de la población... El actual brote de desaceleración es el resultado de una mezcla de burbujas financieras y una serie de shocks de oferta agregada negativos que han recortado la producción y aumentado los costes... hay un factor escondido, a modo de cisne negro, que actuaría como la traca final de una pirotecnia diseñada por un diablillo cojuelo: la deuda privada... ahora que las moratorias de emergencia se han terminado en muchos países, los hogares y empresas vulnerables, particularmente las pequeñas y medianas empresas, enfrentan pagos de préstamos que ya no pueden afrontar... Una crisis crediticia no sólo agudizaría la desaceleración económica; también exacerbaría la desigualdad al afectar desproporcionadamente el crédito a comunidades de bajos ingresos y empresas más pequeñas... es hora de reconocer y abordar esta crisis oculta

 "Los datos de crecimiento económico del primer trimestre publicados en España, Estados Unidos y la zona euro han sido decepcionantes, mucho peor de lo esperado. Si bien los problemas derivados de la aplicación de políticas ortodoxas liberales se han ido gestando en los últimos años, la invasión de Ucrania ha acelerado sus efectos, y puede transformarlos en permanentes. 

Además hay un factor escondido, a modo de cisne negro, que actuaría como la traca final de una pirotecnia diseñada por un diablillo cojuelo. Nos referimos a la deuda privada, esa que la ortodoxia ignoró en su momento por que, según ellos, era neutra, un equilibrio entre ahorradores y deudores, asumida racionalmente por los agentes privados. (...)

Mienten quienes afirman que Europa puede desprenderse del gas ruso, salvo que quieran hundir la economía de sus respectivos países. Son los mismos que previeron que el rublo se depreciaría y provocaría poco menos que levantamientos en Moscú. Obviamente de economía financiera no tienen ni idea. Rusia tiene un superávit por cuenta corriente descomunal donde lo anormal era que su divisa se depreciara. El rublo está en máximos de los dos últimos años. El problema es que los rusos tenían sed de activos en dólares y ahora destinarán esos superávits a la compra de recursos, minas incluidas, por África, Latinoamérica y Asia. Pero si fueran racionales deberían incentivar, en aras de su propia prosperidad, la demanda interna, privada y pública.

 El aspecto clave de la desaceleración en curso son los efectos perversos de una financiarización extrema, que constituye el rasgo principal en el que ha desembocado la política neoliberal diseñada en las últimas décadas, junto a una globalización que, dominada por dicha financiarización, no ha hecho otra cosa que hundir al factor trabajo y al factor capital a favor de los beneficios puros, o rentistas (muy recomendable el artículo académico “Declining Labor and Capital Shares” de Simcha Barkai, publicado en la revista académica The Journal of Finance).

 Las consecuencias, hundimiento de la productividad y del bienestar de la inmensa mayoría de la ciudadanía, exceptuando los rentistas, que a modo de vampiros, succionan la sangre del resto de la población. Como corolario, pobreza y desigualdad.

 El actual brote de desaceleración es el resultado de una mezcla de burbujas financieras y una serie de shocks de oferta agregada negativos que han recortado la producción y aumentado los costes. La desregulación de los mercados derivados se ha traducido en burbujas en los precios de energía y alimentos no elaborados, provocando la inflación actual. La pandemia obligó a muchos sectores a cerrar, alterando las cadenas de suministro globales y produciendo una reducción persistente de la oferta laboral. 

La globalización, en busca de ahorros en costes, favoreció la concentración empresarial, también en las cadenas de suministro. Luego vino la invasión rusa de Ucrania, que ha hecho subir todavía más los precios de la energía, de los metales industriales, de los alimentos y de los fertilizantes. Y para rematar al tuerto, China ha ordenado confinamientos draconianos por el covid en los principales ejes económicos como Shanghái, causando alteraciones adicionales en las cadenas de suministro y cuellos de botella en el transporte.

 La invasión de Ucrania, por otro lado, ha alentado a los rivales de Occidente a diversificar sus reservas de moneda extranjera más allá de los activos denominados en dólares o euros. Con el tiempo, este proceso debilitará tanto al euro como al dólar, favoreciendo la creación de sistemas monetarios regionales, balcanizando el comercio y las finanzas globales.

El cisne negro olvidado

Pero hay un aspecto que se suele ignorar en los análisis de la mayor parte de los economistas, el papel de la deuda privada. Desde estas líneas siempre hemos sido muy claros, la deuda privada importa y mucho. En esta misma línea, en un blog muy reciente, de hace solo unos días, “Private-Debt Risks Are Hiding in Plain Sight”, las economistas estadounidenses Carmen Reinhart y Leola Klapper nos recordaban los riesgos de impago de la deuda privada a nivel global.

 A comienzos de la pandemia, muchos países introdujeron moratorias de deuda, para darles a los hogares y a las empresas un respiro en un momento en que muchos enfrentaban una marcada caída de ingresos que les dificultaba cumplir con sus obligaciones. Las moratorias muchas veces estuvieron acompañadas por políticas que les dieron a los bancos la flexibilidad regulatoria como para no reclasificar los préstamos afectados en una categoría de riesgo más alta, como se exige normalmente, permitiéndoles así a los bancos evitar la mayor provisión de capital que conllevaría una reclasificación. Los responsables de las políticas esperaban que los bancos usaran la liquidez disponible para seguir prestando.

 Sin embargo, ahora que las moratorias de emergencia se han terminado en muchos países, los hogares y empresas vulnerables, particularmente las pequeñas y medianas empresas, enfrentan pagos de préstamos que ya no pueden afrontar. Ello derivaría en una ola de incumplimientos de pago, con implicaciones de amplio alcance para la recuperación económica, especialmente en países de bajos y medianos ingresos que ya enfrentan dificultades para reactivar el crecimiento. La Encuesta de percepción empresarial del Banco Mundial, que cubre 24 países de bajos y medianos ingresos, presenta un panorama problemático. En tanto más gobiernos desarticulen las moratorias de deuda, los riesgos no harán más que aumentar.

 Si el pasado sirve de guía, los préstamos morosos en alza conducirán a menos préstamos nuevos, ya que las instituciones financieras intentarán no exceder sus límites de provisión de capital y volverse más adversas al riesgo. Una crisis crediticia no sólo agudizaría la desaceleración económica; también exacerbaría la desigualdad al afectar desproporcionadamente el crédito a comunidades de bajos ingresos y empresas más pequeñas. Como señalan Carmen Reinhart y Leola Klapper “es hora de reconocer y abordar esta crisis oculta”.            (Juan Laborda, Vox Populi, 05/05/22)