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13.12.16

Nelson Mandela, cuando viajó a Cuba: “¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”

"Voice of America: Salim Lamrani, ¿por qué semejante implicación de Cuba en África? ¿Acaso los cubanos buscaban explotar los recursos naturales del continente? 

(...) es un internacionalista que siempre extendió una mano fraterna a los pueblos del Sur y particularmente a los pueblos que luchaban por su emancipación. Ello explica la intervención de Cuba en África. 

Cuba desempeñó un papel fundamental en la liberación del África austral. Conviene recordar lo que dijo Nelson Mandela cuando viajó a Cuba: “¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”. Creo que esta cita de Nelson Mandela responde de alguna forma a su pregunta. 

Contrariamente a las demás naciones que intervinieron en África para saquear las riquezas del continente, el único país que intervino para defender el derecho de los africanos a la autodeterminación, a la dignidad y a la libertad, es la nación cubana, es el pueblo cubano y es Fidel Castro. 

Creo que ello explica la popularidad de este personaje no sólo en África, sino también en América Latina y en Asia. Fidel Castro es visto como el arquetipo del combatiente contra la opresión.  (...)

VOA: Sí, pero es un personaje controvertido, Salim Lamrani –disculpe que lo interrumpa– porque en Occidente muchos se muestran indignados por la lluvia de elogios tras la muerte de Fidel Castro. Para ellos era uno de los últimos dictadores comunistas del planeta que se aferró al poder durante cerca de cincuenta años, un hombre que hizo reinar el terror en su isla y que es acusado de haber sometido a los 11 millones de cubanos a la pobreza colectiva.   

(...) La diplomacia estadounidense instalada en Cuba ha mostrado mucha lucidez al respecto. Me refiero a un memorándum de 2009 que redactó Jonathan Farrar, entonces Jefe de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana, en el cual dice que “ sería un error subestimar el apoyo del cual dispone el Gobierno, particularmente entre las comunidades populares y los estudiantes”. Creo que conviene recordar esta realidad. 

En cuanto a la pobreza –usted habló de pobreza– las instituciones internacionales contradicen su punto de vista. Según la UNICEF, el único país de América Latina y del Tercer Mundo en erradicar la desnutrición infantil es Cuba. 

VOA: Recordamos el apretón de manos histórico entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en diciembre de 2013. Era en Soweto durante la ceremonia de homenaje a Nelson Mandela; una señal de que se escribía otra página. En efecto, un año más tarde, se anunció el acercamiento. Según usted ¿acaso la muerte de Fidel Castro acercará aún más a Cuba y Estados Unidos?
 
SL: En definitiva todo depende de Estados Unidos porque conviene recordar que el conflicto entre Washington y La Habana es asimétrico. Por una parte hay una potencia, Estados Unidos, que impone sanciones a Cuba.

 La agresión y la hostilidad son unilaterales. Es Estados Unidos el que ocupa de modo ilegal e ilegítimo una parte del territorio soberano de Cuba (Guantánamo). Es Estados Unidos el que exige un cambio de régimen. 

Creo que el Presidente Barack Obama hizo una constatación muy lúcida cuando aceptó dialogar con La Habana. Se dio cuenta de que la política de hostilidad era anacrónica pues se remonta a la Guerra Fría. Es cruel, ya que las sanciones económicas afectan a las categorías más vulnerables de la población.

 Además es ineficiente ya que en vez de aislar a Cuba en la escena internacional, ha aislado a Estados Unidos. Incluso los más fieles aliados de Estados Unidos exigen un levantamiento de las sanciones económicas, que constituyen el principal obstáculo al desarrollo del país. 

Entonces creo que habrá que preguntar al próximo presidente de Estados Unidos si desea mantener relaciones cordiales y pacíficas con Cuba o si desea volver a una política de confrontación y hostilidad. 

VOA: Hubo una advertencia de Donald Trump. Amenazó con poner fin al acercamiento histórico con Cuba si La Habana no daba más contrapartidas en términos de derechos humanos y de apertura económica. ¿Cómo va la apertura económica de Cuba?
 
SL: Permítame una palabra sobre la cuestión de los derechos humanos. Creo que el presidente Donald Trump, quien exige cambios a nivel de la situación de los derechos humanos en Cuba debería leer el último informe de Amnistía Internacional sobre Cuba y compararlo con el de Estados Unidos. 

Cuando uno compara los dos informes se da cuenta de que el peor alumno no es quien uno piensa. Donald Trump y Estados Unidos no tienen la legitimidad necesaria para disertar sobre la cuestión de los derechos humanos. (...)

Voice of America, que empezó sus programas en 1942, es un servicio multimedia financiado por el Gobierno de Estados Unidos a través del Broadcasting Board of Governors. VOA difunde alrededor de 1.500 horas de noticias, informaciones, programas culturales y educativos cada semana, para más de 125 millones de auditores, telespectadores y lectores. En esta entrevistacon el académico francés Salim Lamrani, VOA evoca el papel de Cuba en África, el poder de Fidel Castro, la relación con Estados Unidos y la cuestión de los derechos humanos."           (Entrevista a Salim Lamrani, Salim Lamrani. Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Rebelión, 07/12/16)

29.11.16

Después de aguantar cincuenta años Fidel fue el primero en darse cuenta de que lo único que habían hecho en cincuenta años era eso: aguantar. No es poco; y es mucho a 120 millas de Florida y en medio del naufragio del continente

 "(...) Para cualquier americano negro que sepa algo sobre la historia del hemisferio occidental, tanto Cuba como Haití tienen especial significancia. 

Haití, por supuesto, la que expulsó exitosamente a los franceses en 1803 formando la segunda república de las Américas, una república negra. Cuba, por su parte, en 1959 expulsó a los Estados Unidos, a la mafia y a una clase dominante corrupta que había impuesto una opresión racista a la mayoría de los cubanos. 

En los casos de Haití y Cuba, su audacia en las narices de un imperialismo racista incendió la rabia de sus oponentes. ¿Cómo van a osar los cubanos enfrentarse a Estados Unidos? ¿Cómo puede un país de mestizos y negros empeñarse en dirigir su destino? 

Por tanto, Fidel Castro inmediatamente tuvo una especial significancia para innumerables negros estadounidenses. Cuando yo era un jovencito recuerdo a mi padre diciéndome que su cuñado, un profesor de la Universidad Johnson C. Smith, se había sentado a mirar las imágenes en televisión de los exiliados cubanos que llegaban a Estados Unidos luego de las revolución del 59. 

Su comentario a mi padre fue que todos eran cubanos blancos que se bajaban de aviones o botes. No había cubanos ni negros ni morenos. Esto hacía visible la naturaleza de la revolución cubana y de su líder Fidel Castro.(...)

Para muchos de nosotros en la comunidad negra de Estados Unidos, Castro representó la audacia que hemos buscado y deseado frente a la arrogancia racial e imperial. Si bien, es desafortunado que algunos de nosotros se hayan reservado preocupaciones y críticas por el respeto a Castro y a la Revolución Cubana, es comprensible. 

Después de todo, este fue el país que desplegó tropas en Angola y ayudó a aplastar a las tropas del apartheid sudafricano y sus aliados angoleños. Este fue el país que envió doctores a innumerables emergencias, a países que jamás podrían pagar por esa asistencia. 

Este es el país que estudió y que comprendió los huracanes a diferencia de los otros países de esta región de huracanes, tanto que ofreció asistencia a Estados Unidos luego del desastre de Katrina en 2005, una ayuda que la administración Bush rechazaría. "            (Bill Fletcher


"(...) Fidel encabezó una revolución “clásica” del siglo XX y, en las condiciones más adversas, mientras América Latina sucumbía al imperialismo estadounidense y a sus dictaduras ancilares, logró superar invasiones y bloqueos para dejar ahora, 58 años después, una Cuba descascarillada, pero viva, que duda entre el abandono y la revisión de su legado. 

Por el camino han quedado algunas contradicciones económicas y políticas mal resueltas en medio de una historia de dificultades, alivios y tropiezos: el cepo soviético y la crisis de los misiles, el “quinquenio gris” y su represión cultural (1971-1975) , el hundimiento económico del “período especial” (1991-1994), las crisis migratorias, el providencial gobierno de Chávez en Venezuela, la doble moneda, los “lineamientos económicos” que reintrodujeron en 2010 las relaciones de mercado, el retorno de miles de cubanos que habían abandonado el país, las reformas de consecuencias imprevisibles conducidas por la misma clase dirigente que hizo la revolución y a espaldas de esas nuevas generaciones que reclaman protagonismo, el restablecimiento -en fin- de relaciones diplomáticas con EEUU, hito inseparable de muchas promesas y muchas amenazas. 

La gran victoria de Fidel ha sido la supervivencia de Cuba a 58 años de acoso imperialista, una victoria rubricada en la última Asamblea General de las Naciones Unidas, donde por primera vez no hubo un solo voto -ni siquiera el de Washington- a favor del bloqueo. 

Fidel, que sobrevivió a 11 presidentes estadounidenses, ha visto cómo se debilitaba, al mismo tiempo que su salud, la hegemonía mundial del gigante imperialista que ha marcado la vida, en la isla y en Miami, de varias generaciones de cubanos.

El siglo XX acabó ayer y Fidel -junto con Lenin y Churchill– constituye sin duda su figura más señera e influyente. Nunca un país tan pequeño habrá dejado tanta huella en el mundo a través de un solo hombre. Nunca un anciano superviviente en mil refriegas habrá dejado a sus espaldas tanta admiración y tanta nostalgia, como si fuera -en la estela del Che o de Camilo Cienfuegos– un joven héroe precozmente muerto en la batalla. 

El siglo XX de la descolonización, de la dignidad recuperada del llamado Tercer Mundo, de las luchas anti-imperialistas, no puede entenderse sin él. Fidel es para América Latina lo que Mandela para África, lo que Ho Chi Min para Asia, lo que Nasser para el mundo árabe y, si los sobrevivió a todos ellos, su sombra se alarga también más lejos. 

Si miramos hacia atrás desde la exacta y tramposa perspectiva de la hamaca sin tiempo, podemos señalar los errores y las limitaciones, pero nadie con un mínimo de decoro -ese sustantivo tan martiano- podrá negar, repasando algunas acciones decisivas, que esas acciones estuvieron “bien” (como pensó Dios del mundo recién creado) o que, de haber estado vivos y con conciencia en esa época, también nosotros las hubiéramos celebrado, acompañado o apoyado: había que estar en el Moncada, había que estar en Sierra Maestra, había que estar en Playa Girón; y había que estar, luego, en la lucha contra el apartheid en África y en las misiones médicas del Sáhara, de Venezuela o de Pakistán; y había que estar siempre en la resistencia contra el bloqueo y sus crímenes cotidianos; y en la defensa cotidiana de la sanidad y la educación.(...)

La victoria de Fidel, ya imborrable, es la inversión de las proporciones: la hazaña de llegar a ser el más grande representando a los más pequeños, el más duradero representando a los más frágiles. Fidel, sin embargo, también fracasó. 

Su fracaso tiene que ver con la construcción fallida de un “hombre nuevo” que necesitaría dormir y comer tan poco como él, que correría tan deprisa como él y que soportaría, como él, todos los sacrificios. Buena parte del pueblo cubano lo adoraba y lo admiraba -lo adora y lo admira- pero no se parece a él. 

Bajo su mando Cuba construyó, eso sí, una vanguardia admirable de atletas morales -militantes e intelectuales- que, como me decía en una ocasión el gran periodista Enrique Ubieta, habían asumido la tarea “agobiante” de conciliar un “ideal” con la defensa de un Estado “real” siempre en peligro. Esa tensión es admirable, pero imposible en el tiempo, y más en condiciones de subdesarrollo económico y agresión exterior; y de la mano de una burocracia entrometida y “vieja” (en edad y en concepción). 

Fidel fracasó, como no podía ser de otro modo, a la hora de resolver esa paradoja eterna que el helenista marxista Luciano Canfora señalaba en uno de sus libros: “el impulso revolucionario no se transmite, ni por vía genética ni por vía pedagógica. Simplemente se pierde. Ya que la experiencia a lo sumo se puede explicar, pero no transmitir: es individual e irrepetible. 

Cuando obstinadamente se intenta prolongar por vía pedagógica su vitalidad de generación en generación, muy pronto esa pedagogía es percibida como retórica y, por tanto, rechazada”.  (...)

Después de aguantar cincuenta años Fidel fue el primero en darse cuenta de que lo único que habían hecho en cincuenta años era eso: aguantar. No es poco; y es mucho -y hasta una proeza política y moral- a 120 millas de Florida y en medio del naufragio del continente.  (...)"          (Santiago Alba Rico, Cuarto Poder, en Rebelión, 28/11/16)


"(...) El abrazo a Fidel de Mandela, recién liberado de sus 27 años de prisión, simboliza el papel internacional de esta pequeña isla que desde el 59 ha estado presente, material o simbólicamente, en todas las luchas anticoloniales del Tercer Mundo.

No sólo esto: con su ayuda humanitaria y personal sanitario, Cuba ha ejercido su solidaridad en cientos de desastres naturales. Incluso en España, el método de alfabetización cubano “Yo sí puedo” ha combatido el analfabetismo en barrios de Sevilla. Esto, desde una pequeña isla del Caribe sin apenas recursos, no es poco.

Contra todas las dificultades posibles y con el enemigo más poderoso del mundo a 90 millas, encabezó un proyecto colectivo que fue bandera para varias generaciones. Sobrevivió al terrorismo, a la guerra biológica, a numerosos magnicidios y a la caída de la URSS sin perder la atención sanitaria, la educación gratuita a todos los niveles, los derechos de la infancia y la atención a los mayores.

Ha sido probablemente el dirigente contra el que se ha abierto más fuego mediático. Cuando la Revista Forbes le atribuyó una fortuna personal de 900 millones de dólares, Fidel ofreció renunciar a sus cargos si la publicación demostraba personalmente de algún depósito en el extranjero. Forbes reconoció que carecía de pruebas, aunque no quiso desmentirse nunca.  (...)"              (José Sarrión Andaluz. Doctor en Filosofía, responsable federal de formación de Izquierda Unida, Público, 26/11/16)