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27.6.22

Daniel Bernabé: buscando las causas de que en Andalucía, el mismo partido que comulga firmemente con la doctrina económica que causó la Gran Recesión llegue de nuevo al poder con mayoría absoluta... en el 2008, en el 2010, la gente sufrió, sufrió lo indecible, pero la gran mayoría no se acabó enterando de nada... por todo el mundo crecieron, regados por el miedo, el descontento, la inestabilidad y la ignorancia... y la ultraderecha... Su táctica es siempre la misma, enfrentar a los últimos contra los penúltimos, porque saben que siempre es más fácil odiar a un moro que a Goldman Sachs... llegó un virus y no hubo tiempo ni de echar la vista atrás aunque, seguramente, sin el virus tampoco hubiéramos recordado y aprendido... que todo nuestro sistema descansa sobre la falla tectónica del absurdo y la avidez

 "La ultraderecha es el chantaje democrático para que los defensores radicales de un neoliberalismo en decadencia nos parezcan deseables, útiles y moderados. Así de sencillo. 

Esa es la conclusión que se puede sacar del ambiente tras el resultado de las elecciones andaluzas, donde se experimentó un cierto alivio al ver que la mayoría absoluta de Moreno Bonilla impedía a Vox entrar en el Gobierno regional. Antes de seguir, una apreciación: eso de que los votantes toman decisiones en masa, en este caso votar al PP para frenar a la ultraderecha, no es cierto

 A mí también me gustaría creer en la fábula de que existen conciencias colectivas, pero me puede el materialismo. Salvo en contadas ocasiones en las que la clase trabajadora ha tomado a la historia por los cuernos, las elecciones se deciden por un abanico de aspiraciones y necesidades desde el ámbito individual. De ahí que la izquierda lo tenga siempre tan difícil.

(...) Por si no recuerdan lo que sucedió, (...) en la primera década de este siglo, el sistema financiero era lo más parecido a un tipo puesto hasta arriba de anfetaminas bailando techno sin beber una gota de agua. Hasta que colapsó

 En Estados Unidos, el fin de la separación entre la banca de ahorro y de inversión resultó fatal, porque permitió extender una serie de prácticas de casino a toda la población en aspectos esenciales como la vivienda. Pero antes de eso las cosas funcionaban de otra manera. En la segunda mitad del siglo XX, alguien con trabajo y una cierta estabilidad, que en los momentos de alza del capitalismo de posguerra llegó a ser una parte importante de la población, quería comprar una casa. 

Para eso el banco le prestaba el dinero tomando en prenda la vivienda. Ese dinero se devolvía a lo largo de unos años cobrando un interés. Los bancos ganaban dinero con las hipotecas. Ganaban, de hecho, mucho dinero. Pero quisieron ganar más. 

 Y ahí fue, a finales de los noventa, cuando empezaron a agrupar esas hipotecas en paquetes que se convertían en un producto financiero en el que se invertía, alcanzando un valor propio. Tanto que los bancos empezaron a ganar más dinero con estos productos que con las propias hipotecas en sí mismas. 

La cuestión fue que en unos años las hipotecas confiables, el mercado inmobiliario convencional, se empezó a agotar, no daba más de sí para crear nuevos paquetes con los que seguir ganando dinero. Quizá la opción más lógica hubiera sido parar y seguir obteniendo unos increíbles beneficios. Pero lo lógico nunca tiene cabida en la mente de un banquero con el apetito desatado.

 Lo que hicieron fue, sencillamente, apartar la lógica y fomentar la concesión de nuevas hipotecas en condiciones suicidas. De esta forma, empezaron a existir paquetes de hipotecas con diferente nota, diferente riesgo y diferentes rentabilidades, que eran categorizados por agencias de calificación privadas, en teoría, de gran profesionalidad.

Como la avaricia es una enfermedad que a menudo resulta cercana a la locura, si no era suficiente con ganar dinero con las hipotecas, con ganar aún más dinero con los paquetes financieros de hipotecas, buenas y malas, se crearon nuevos productos para apostar sobre esos paquetes. Así, se podía invertir en otros títulos que, sin comprar ni siquiera participación en estos paquetes, apostaban a futuro si iban a bajar o subir de precio. 

Apostar si, en último término, la precaria Mary MacDonald, y millones de norteamericanos como ella, con un crédito pendiente de miles de dólares con el que pagó sus estudios universitarios, iban a poder hacer frente a la letra de su hipoteca. Como la vivienda se consideraba un valor seguro, que siempre subía de precio, nadie consideró que hubiera peligro en tan demente forma de proceder. 

Salvo por el pequeño detalle de que ese mercado de la vivienda era seguro tan sólo cuando se dedicaba a construir las casas necesarias, no muchas más de las que se necesitaban para abastecer el perturbado negocio financiero. 

 El despropósito fue tal que un puñado de profesionales de las finanzas, los protagonistas de la película, se dieron cuenta de que se podía ganar aún más dinero si se apostaba a futuro contra esos paquetes hipotecarios, por la sencilla razón de que existía una enorme burbuja inmobiliaria, necesaria para mantener el horno encendido de la gran estafa. 

Estafa, sin paliativos, porque las agencias de calificación, en connivencia con los bancos de inversión, pusieron notas de alto valor a paquetes hipotecarios basura. De hecho, en los últimos años del disparate, ya se mezclaban los paquetes, de alta y baja confiabilidad, para crear nuevos productos con los que seguir engordando la saca. 

Especulación, poner un objeto entre dos espejos para multiplicarlo artificialmente mediante su infinito reflejo. Tienes el mismo objeto, pero comercias con su fantasmagoría como si fuera una realidad.

 Y en el año 2007, sucedió. La gente poco a poco dejó de pagar aquellas hipotecas repartidas como caramelos. La estafa aguantó unos meses más, mientras que bancos y agencias de calificación mantenían el engaño, como una tómbola que intenta vender los últimos cupones a los más incautos, sabiendo que se les han acabado los premios, para preparar la huida antes de que se descubra el pastel. Para 2008 todo reventó con gran estruendo

El agujero que aquella brutal engañifa había dejado era de tal magnitud que no sólo hizo entrar en una inédita recesión a la economía estadounidense, sino a todo el planeta, por donde los tentáculos y el veneno de estos productos financieros se habían extendido. Millones de parados, millones de desahuciados, millones de nuevos pobres. Millones de personas sufriendo por la vulgar codicia de cuatro delincuentes con traje y corbata.

 Faltaba aún otra crisis, la del 2010, cuando esos mismos bancos de inversión y esas mismas agencias de calificación decidieron recuperar parte del dinero apostando contra la deuda de los países del sur de Europa, entre ellos el nuestro. 

Desde la UE, antes de decidirse a actuar, nos dijeron que para calmarles teníamos que gastar menos, ser confiables, y recortar nuestra educación, sanidad y demás servicios públicos. La otra parte del dinero estaba garantizada. Nunca les dejamos hundirse del todo, salvo a varias entidades irrecuperables.

 El Estado, o sea, todos, esa misma maquinaria que los teóricos de este pufo habían calificado de inservible, puso el dinero para rescatarlos. Siempre supieron que si se reservaban en exclusiva el manejo de la pasta nunca les dejarían caer. Tocaron las palmas y allí que fuimos, a recoger los platos rotos del gran festín.

 Había otras opciones, unas incluían guillotinas, las otras el control y la nacionalización del sistema financiero, no sólo para evitar que el desastre volviera a suceder, sino para racionalizar la economía y ponerla al servicio de la democracia. Algo se avanzó. En algunos países las fuerzas políticas que apostaban por este control crecieron pero, por lo general, se prefirió atacarlas sin descanso antes que desenmascarar a los artífices de la crisis.

 La gente sufrió, sufrió lo indecible, pero la gran mayoría no se acabó enterando de nada. De hecho, en el mismo país responsable de esta inmundicia económico-moral ganó las elecciones, unos años después, un señor de piel naranja que decía que la culpa de todo la tenían los mexicanos, que venían a quitarles el trabajo. Quiso hasta construir un muro. No fue el único

Por todo el mundo crecieron, regados por el miedo, el descontento, la inestabilidad y la ignorancia, los ultraderechistas. Su táctica es siempre la misma, enfrentar a los últimos contra los penúltimos, porque saben que siempre es más fácil odiar a un moro que a Goldman Sachs.

Y así llegamos al domingo, a Andalucía, donde el mismo partido que comulga firmemente con la doctrina económica que causó la Gran Recesión llega de nuevo al poder con mayoría absoluta. Y los que somos de izquierdas, realmente cualquiera con dos dedos de frente, casi respiramos aliviados porque, al menos, los ultras no han tocado Gobierno esta vez. Se empieza a cerrar el círculo, uno que promete volver a meternos a todos dentro. 

Por eso algunos escribimos, en la medida de nuestras posibilidades, para que nadie olvidara las dos primeras décadas del siglo XXI. Pero llegó un virus y no hubo tiempo ni de echar la vista atrás aunque, seguramente, sin el virus tampoco hubiéramos recordado y aprendido. 

Es más fácil y cómodo pensar que de vez en cuando la cosa se estropea, que de vez en cuando aparecen malos gestores, que asumir que todo nuestro sistema descansa sobre la falla tectónica del absurdo y la avidez. Y que nadie, si los banqueros deciden volver a hacerlo, les va a detener.

Jode y descorazona, ya lo sé. Pero alguien tenía que recordárselo."            (Daniel Bernabé , Info Libre, 21 de junio de 2022)

25.8.20

La Gran Recesión de 2008, una crisis cuya factura estamos pagando todavía. En España, la precarización laboral, la bajada de los salarios y el aumento del paro llevaron a unas políticas de austeridad y recortes palpables en la actualidad

"2008 fue el inicio de la gran crisis económica de este siglo, que se originó en Estados Unidos, pero tuvo un alcance mundial. En España, la precarización laboral, la bajada de los salarios y el aumento del paro llevaron a unas políticas de austeridad y recortes cuyas consecuencias aún son palpables en la actualidad.

¿Qué pasó?

En septiembre del año 2008 quebró el banco Lehman Brothers, la cuarta entidad financiera más importante de Estados Unidos. Era el comienzo de una crisis económica mundial que empezó al otro lado del Atlántico y se extendió por el planeta como la pólvora. La especulación con las denominadas hipotecas basura había llevado a los bancos a situaciones de verdadero riesgo y terminaron por colapsar cuando los beneficiarios de esos préstamos fueron incapaces de hacer frente a los pagos. Cada vez con menos solvencia, los bancos se mostraban recelosos de prestarse dinero entre sí o a otras empresas o particulares por miedo a que la situación se repitiera.

Explotó la burbuja inmobiliaria, creció la tasa del paro y aumentaron las hipotecas. El sistema económico global entró en recesión y se multiplicaron los rescates bancarios. En España se alcanzó un máximo histórico de más de cinco millones de parados en 2013, especialmente población migrante y jóvenes, y las arcas públicas aún tienen que hacer frente a una deuda europea de más de 42.000 millones de euros. Una situación que no se ha conseguir paliar del todo en los últimos 12 años y que la crisis sanitaria del coronavirus amenaza con convertir en una nueva catástrofe económica.

¿Cómo se desarrolló la crisis?

Economistas e historiadores se remontan a principios del actual siglo para encontrar los orígenes de la crisis económica. Los atentados del 11S en 2001, que activaron un periodo de terror y xenofobia en Estados Unidos, seguido del control fronterizo es uno de esos posibles puntos de origen. También afectó de forma notable la excesiva liquidez con que se encontraron los bancos en 2003, después de que una estrategia de deflación —bajada de precios— impulsada por Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal estadounidense hasta 2006, les permitiera darse a las hipotecas y préstamos subprime. La banca sentía tanta holgura y comodidad que se permitió conceder este tipo de préstamos a personas con historial de morosidad, empleos inestables o, simplemente, sin garantías de poder devolverlos.

Las hipotecas subprime o hipotecas basura se emitieron en unos años en que los intereses se encontraban en mínimos históricos, lo que permitía el optimismo generalizado. A las hipotecas se añadían otro tipo de productos, como coches o reformas, que permitía a los usuarios disfrutar de una cantidad de dinero que difícilmente podrían devolver cuando los intereses empezaron a subir. Esta práctica no era exclusiva de Estados Unidos, sino que se extendió por otras partes del mundo y, por supuesto, también por España.

Los bancos empezaron a especular con sus activos hipotecarios. Los vendieron en forma de bonos, lo que les permitió omitirlos de sus balances al tiempo que los utilizaban como aval para los préstamos que se concedían entre diferentes entidades. Además, entraron en los llamados hedge funds, es decir, fondos de inversión de alto riesgo que no cuentan apenas con regularización. Es decir, se dedicaban a la compraventa de bonos hipotecarios mientras utilizaban esos mismos bonos como garantía.

Esta especulación era especialmente peligrosa teniendo en cuenta que su red de salvamento eran las hipotecas basura concedidas a personas que, en cuanto aumentaron los tipos de interés, no pudieron pagar sus cuotas. Era 2006 y los efectos de estos arriesgados movimientos financieros empezaron a sufrir las consecuencias.

El 15 de septiembre de 2008 el banco Lehman Brothers se declaró en quiebra, con una deuda que superaba los 600.000 millones de dólares. Fue la primera señal de lo que se avecinaba. Lehman Brothers era la cuarta entidad financiera más importante de Estados Unidos y la incertidumbre sobre el futuro de sus competidores llevó a una espectacular caída en bolsa de otras entidades financieras (hasta un 46% en pocos días). Se estaba empezando a gestar un clima de desconfianza en el que los bancos se mostraban más recelosos que nunca a la hora de prestar dinero por si el beneficiario escondía problemas de solvencia. Donde antes no se atendía a riesgos, ahora se avanzaba con pies de plomo y, entre otras consecuencias, provocó una formidable subida de las hipotecas.

El día 1 de octubre, Bush recibió el visto bueno para llevar a cabo su plan anticrisis, que consistía, entre otras cosas, en una intervención única en su historia. Invirtió 700.000 millones de dólares en comprar activos hipotecarios a la banca. Este rescate financiero pretendía frenar la quiebra de las entidades bancarias por la incapacidad de pago de los beneficiarios de las hipotecas subprime, y fue todo un hito en el país, firme defensor de la libre regularización del mercado. No solo la intervención era inaudita, también la cantidad de dinero que se destinó a ello: el diario The New York Times comparó este presupuesto con el coste de la guerra de Irak; Bush defendió la medida: "Es una solución grande para un gran problema". España imitó la táctica estadounidense, aunque en menor proporción. Ese mismo mes de octubre, se creó un fondo de 30.000 millones de euros para comprar activos hipotecarios a los bancos.

Como consecuencia de todo ello, el 10 de octubre se produce la mayor caída histórica del Ibex 35. Dos días después, la Unión Europea anuncia un paquete de medidas para permitir la intervención estatal en los capitales bancarios y agilizar los préstamos entre entidades bancarias. Como consecuencia, al día siguiente el Ibex vuelve a fluctuar; esta vez, se ocasiona una subida histórica. Pero no frenó la crisis que estaba por llegar.

La situación de Lehman Brothers no tardó en repercutir a sus antecesoras en la lista de entidades financieras más importantes de Estados Unidos. La tercera, Merrill Lynch, se vendió al Banco de America por un precio irrisorio, mientras que las dos primeras, Goldman Sachs y Morgan Stanley, tuvieron que convertirse en bancos comerciales para hacer frente al embiste de la crisis. Las piezas del dominó se empujaban unas a otras en lo que parecía un derrumbe incesante e infinito que ponía en tela de juicio la fiabilidad del sistema económico global. "Es el fin de la ideología de que los mercados libres y desregulados funcionan siempre", decía en 2008 el Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

¿Cómo se informó de ello?

Uno de los retos a los que se enfrentó el periodismo fue el desconocimiento generalizado de la población sobre tecnicismos propios de la economía. En la actualidad, está más extendido el uso de palabras como prima de riesgo, pero en 2008 había que preparar a los lectores para saber qué estaba ocurriendo exactamente, qué significaba que la burbuja inmobiliaria hubiera estallado y por qué los bancos ya no concedían préstamos.

Los medios de comunicación se lanzaron entonces a la tarea de la divulgación económica. Para ello, se adoptó una medida común basada en el acercamiento de los conocimientos técnicos a las vivencias cotidianas de los lectores. Así lo explica un estudio de 2014 de la Universidad del País Vasco que señala la necesidad de una "reelaboración y selección léxica que haga factible el uso de un vocabulario que permita anclajes cognitivos más amplios", es decir, una suerte de traducción que aproximara las nociones económicas al lenguaje popular. Como es obvio, no todos los términos —muchos de ellos neologismos y anglicismos— se adaptaron, también se explicaron y repitieron en la prensa hasta que se convirtieron en términos habituales: lobby, trust y low cost son algunos ejemplos.

Pero los medios tampoco se libraron de las consecuencias nefastas de la crisis económica, por lo que toda esta labor de divulgación se llevó a cabo, en muchos casos, en condiciones precarias de empleo. El 78% de los periodistas encuestados en una investigación de 2013 sobre este tema afirman que los cambios laborales introducidos entre 2008 y 2012 afectaron "a la calidad de la información y al bienestar laboral de una forma determinante".

¿Qué consecuencias tuvo?

El estallido de la burbuja inmobiliaria, los bancos al borde de la quiebra, la falta de liquidez de las empresas y la incapacidad de los usuarios de hacer frente a las deudas derivó en una crisis económica generalizada que afectó enormemente a España. Entre los datos más devastadores se encuentra la tasa del paro.

El número de desempleados comenzó a aumentar en el verano de 2008 y alcanzó un máximo histórico en 2013, con más de cinco millones de parados. Los números comenzaron a bajar desde entonces y solo se han vuelto a acercar con la actual crisis del coronavirus que ha obligado a muchas empresas a despedir o ir a los ERTE —según los datos de agosto, hay 3,7 millones de parados en España—. No obstante, la situación laboral no ha vuelto aún a estatus anterior a la hecatombe económica.

Si separamos estos datos en diferentes estratos demográficos, se observa un impacto mucho mayor en la población inmigrante, en las mujeres y en los jóvenes. Los menores de 30 años llegaron a sufrir una tasa del 53.2% de desempleo, mucho mayor a los datos que aportaba de media el resto de países europeos, más cercanos al 15% de destrucción de empleo juvenil. Sin poder acceder al mercado laboral, muchos jóvenes optaron por seguir estudiando, lo que elevó las solicitudes de acceso a la universidad al tiempo que los presupuestos designados a la educación bajaban. Se atrasaba su entrada al mercado laboral y se precarizaban los empleos disponibles; la bajada de salarios hizo que ser mileurista dejara de ser causa de mofa para convertirse en una aspiración.

En cuanto a los mayores de 50, si bien conservaron sus puestos de trabajo en mayor medida, fueron más vulnerables a permanecer en el paro por largos periodos de tiempo. Los empleadores eran recelosos a la hora de contratar a personas de esa edad o sobrecualificadas, como indican los estudios al respecto, por lo que muchos trabajadores con largas carreras profesionales se vieron abocados a jubilaciones tempranas o largas esperas hasta que se les agotaran las prestaciones por desempleo.

Uno de los sectores laborales más afectados fue el de la construcción, en el que se destruyó casi un 50% el empleo. El turismo y los pequeños comercios corrieron la misma suerte. Todo ello llevó a un desequilibrio de la economía nacional, fuertemente dependiente del sector servicios y de la construcción. Una vez más, se ponía de manifiesto la necesidad de una remodelación generalizada en este aspecto, como se demanda ahora con la crisis derivada del covid-19.

Las palabras "recortes" y "austeridad" fueron las protagonistas absolutas de la crisis económica. Las restricciones presupuestarias en sanidad que propiciaron el crecimiento de la salud privada —y que tanto han tenido que ver en el colapso sanitario de los meses pasados—, así como la precarización del trabajo de los docentes en las escuelas públicas —que se manifestaron durante años en una Marea Verde y que siguen exigiendo cambios en la actualidad— son dos de los factores que más se han acusado en los últimos diez años como consecuencia de la crisis iniciada en 2008.

Por otro lado, España tuvo que recurrir en 2012 al rescate bancario europeo para poder abordar la parte más aguda de la crisis. Un rescate que ha costado al país más de 42.000 millones de euros, según los cálculos del pasado mes de noviembre, y del que solo se han recuperado unos 10.000 millones. Además, en pleno mes de agosto de 2011 se aprobó una reforma constitucional en la que se introdujo el término “estabilidad presupuestaria” con la que se priorizaba el pago de la deuda sobre cualquier otro gasto en la elaboración de los presupuestos generales del Estado.

¿Qué aprendimos?

El índice del Ibex 35 no había sufrido una caída semejante a la de octubre de 2008 hasta la salida de Reino Unido de la Unión Europea, en el conocido Brexit. La incertidumbre sobre las consecuencias de este hecho histórico volvieron a pintar un panorama que apuntaba a la recesión económica. Anteriormente, el Fondo Monetario Internacional ya advertía de las posibles repercusiones del aumento de la deuda global, que estimaba en torno a los 157 billones de euros.

La crisis del coronavirus ha agravado la situación financiera en todos los aspectos y los meses de paralización económica derivados de la cuarentena sanitaria no han ayudado a que mejore la situación. 12 años después de la recesión que puso en jaque a la economía mundial, el futuro no se vislumbra mucho más halagüeño." (Ana Pastor Bermejo, eldiario.es, 25/08/20)

12.9.18

"¿La Globalización? Una mierda"; "Una multinacional que quiera cerrar la fábrica, cierra"; "Cerrarán por mucho que te llames Macron, Le Pen o Perico de los Palotes"... dice Chantrelle, del sindicato CFDT. Trump supo vincular los agravios de millones de votantes blancos de clase trabajadora por la deslocalización industrial, con el fantasma de llegada de millones de inmigrantes que amenazaban la identidad estadounidense

 "(...) En mismo aparcamiento y en el mismo lugar donde estas personas almuerzan, los dos bandos de la batalla ideológica que llevaba años gestándose —batalla que se aceleró con la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008 y la posterior crisis económica y financiera— acabaron colisionando en la mañana del 26 de abril de 2017. 

Francia estaba en campaña electoral. En un espacio de menos de dos horas, sin coincidir cara a cara en ningún momento, los dos candidatos a presidir Francia confrontaron sus visiones antagónicas sobre Francia, Europa y el mundo.  (...)

Que algunos sindicalistas aplaudiesen a Le Pen y muchos más abucheasen a Macron era un signo. Los moderados habían perdido desde hacía tiempo a la clase trabajadora: en Estados Unidos, en Reino Unido, en Italia o en Francia, los extremos —la ultraderecha aderezada con los hábitos de un nuevo populismo antielitista, antieuropeo, antinmigrantes y antiglobalización— avanzaban posiciones, ganaban elecciones. 

El Frente Nacional de Le Pen se proclamaban "el primer partido obrero de Francia". (...)

Mudde distingue entre los populismos de izquierdas, en los que el nacionalismo y el racismo no tiene ningún papel y entre los que cita al partido español Podemos y al griego Syriza, del nacionalismo de la derecha radical, "que combina nativismo, autoritarismo y populismo". 

 "Para estos, el factor cultural es más importante que la ansiedad económica", dice. Es decir, las victorias de Trump en 2016 o del Brexit —la salida de Reino Unido de la Unión Europea, decidida en un referéndum el mismo año— se explicarían más por el miedo identitario —el miedo al inmigrante, el miedo de la mayoría a dejar de serlo, a la decadencia de la propia cultura— que por la crisis económica.

En la campaña electoral, Trump supo vincular los agravios de millones de votantes blancos de clase trabajadora por la deslocalización industrial, con el fantasma de llegada de millones de inmigrantes que amenazaban la identidad estadounidense. 

La nostalgia de un pasado idealizado y puro es el refugio ante un presente de desigualdades crecientes y estancamiento del poder adquisitivo. En realidad, subraya Mudde, "muchas personas combinan los argumentos económicos e identitarios en sus sentimientos antinmigrantes".

El politólogo Dominique Reynié, director general del laboratorio de ideas Fondapol, en París, habla de "populismo patrimonial". Este populismo alimenta del temor de los votantes a perder el patrimonio material (los ahorros, la protección del estado del bienestar) y el patrimonio cultural (la identidad, la nación). 

Reynié se remonta a los años noventa, tras la caída del bloque soviético y la aceleración de la globalización, como primer momento de este populismo moderno, que se refuerza tras los atentados de 2001 y a lo largo de eta década.(...)"                  (Marc Bassets, El País, 09/09/18)


 "(...) François Heisbourg, presidente del laboratorio de ideas Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, ve un impacto directo y otro indirecto de a crisis de 2008 en las relaciones internacionales. 

El impacto directo es la aceleración del acenso de China como potencia económica y geopolítica.

El impacto indirecto, añade Heisbourg, es "el enfrentamiento de la opinión pública, en los países afectados por la crisis, contra las élites económicas y políticas", y esto altera el orden internacional. "Las élites se identificaban con la mundialización occidental y con el multilateralismo estratégico que giraba en torno a Occidente. 

Y es contra todo esto contra lo que se vuelve el populismo, y se acerca a quienes pretenden, en Rusia o en China, presentar un contramodelo", explica. "La consecuencia es la deriva unilateralistas y, en cierta medida, aislacionista de Estados Unidos". El mundo post-crisis es menos occidental que el anterior y los modelos autoritarios —a fin de cuentas fueron las democracias las que fallaron con la crisis y sus partidos tradicionales, socialdemócratas y democristianos, hoy en declive en muchos países— han recobrado prestigio.

 "No se trata sólo la aparición de China como rival estratégico de Estados Unidos", concluye Heisbourg, "sino de la transformación de la manera como el mundo funciona estratégicamente"..(...)"         (Marc Bassets, El País, 09/09/18)


"(...) ¿La globalización? En la antigua fábrica de Whirlpool, los veteranos trabajadores Frédéric Chantrelle y François Gorlia, ofrecen una respuesta tenebrista. 

"Una mierda", dice Chantrelle, del sindicato CFDT, y ambos se ríen. "Cuando vemos las fábricas que han cerrado, esto es el desierto". "Antes, esto era una zona industrial", lamenta Gorlia, de la CGT. "Un día habrá una revolución...", continúa Chantrelle.

 ¿Y la UE? "Estamos asqueados de ver cómo grandes empresas se largan a otros países europeos para obtener beneficios, cuando podían hacerlos en Amiens", responde Chantrelle. El 31 de mayo Whirlpool cerró. Chantrelle y Gorlia cuentan que, durante el verano, los camiones se llevaron a Lodz la maquinaria para fabricar secadoras.

 De los 287 despedidos, la nueva propietaria, la empresa local WN, ha vuelto a contratar a 170. En los buenos tiempos, Whirlpool llegó a tener 1.200 trabajadores en Amiens.

Ambos sindicalistas estaban en la fábrica el día que Macron y Le Pen. Ni uno ni el otro votaron. Dicen que no creen en los políticos. Y esta es otra consecuencia de la Gran Recesión: la desconfianza en la capacidad de los poderes públicos para resolver los problemas de los ciudadanos. "Una multinacional que quiera cerrar la fábrica, cierra", dice Chantrelle. "Cerrarán por mucho que te llames Macron, Le Pen o Perico de los Palotes".                  (Marc Bassets, El País, 09/09/18)


"(...) El boom de la vivienda en EE UU comenzó a mediados de los años 1990. 

Los requisitos para obtener una hipoteca era muy bajos y emergieron productos financieros que permitían conceder créditos a personas que no tenían los ingresos suficientes para devolver los préstamos.Inicialmente se les cargaba un tipo de interés muy bajo. Esa demanda contribuyó a elevar el precio de los inmuebles.

Las firmas hipotecarias buscando liquidez para alimentar la compra de vivienda, vendieron esos préstamos a los bancos de inversión. Estas firmas mezclaron la deuda solvente e insolvente en paquetes que se ofrecieron a los inversores con la máxima nota crediticia, cuando no debían tenerla. Para protegerse de futuras pérdidas, se crearon seguros para esas inversiones. Nadie esperaba que la fiesta terminara.

Hasta que los primeros compradores empezaron a faltar en masa a sus obligaciones y las aseguradoras como AIG quedaron al descubierto. Solo dos días después de la quiebra de Lehman, se produjo su rescate para evitar que todo el sistema cayera por el precipicio, Merrill Lynch fue vendido a Bank of America y Goldman Sachs y Morgan Stanley pasaron a ser bancos comerciales para recibir la asistencia de la Fed.

La cascada que comenzó en EE UU metió a los bancos centrales y gobiernos de todo el mundo en una carrera a la desesperada por rescatar a los grandes titanes de la industria. Se improvisaron sobre la marcha nuevas herramientas a ambos lados del Atlántico para sostener a la industria y sanear sus balances.  (...)

 La industria financiera fue sancionada con 321.000 millones de dólares por los abusos que llevaron a la crisis. En paralelo se adoptaron nuevas normas para contener el poder de Wall Street. Pese a ello, el sistema sigue estando controlado por un pequeño grupo de bancos de inversión que lideran JPMorgan, Citigroup, Goldman Sachs y Morgan Stanley. (...)"             (Sandro Pozzi, El País, 09/09/18)

6.7.17

Las cajas quebraron exactamente por los mismos motivos y debido al mismo modelo bancario que llevó a la quiebra a Lehman Brothers y al interminable rosario de bancos privados rescatados durante la crisis

"La semana pasada nos atragantamos con una noticia: el Banco de España admitía que se han perdido 60.000 millones de euros en los rescates y la reestructuración de las cajas de ahorro. Nada, una ganga. (...)

Pues bien, estas abismales perdidas por la operación de rescate de las cajas ni siquiera han garantizado la estabilidad del sistema financiero. Hace una semana quebró el Banco Popular. La venta del mismo al Santander se hizo a coste cero, sin olvidar el detalle –también feo– de que el tinglado de Ana Patricia se lo va a cobrar en exenciones fiscales.

 En Europa, donde también se temía que una quiebra provocada por los balances de las cajas españolas contagiase a todo el sistema financiero, se acaba de rescatar el banco de Monte dei Paschi italiano, de nuevo con la intervención de Bruselas. En general, y a pesar de las enormes cantidades destinadas al rescate bancario en estos años, se está más cerca de una nueva crisis financiera que de haber superado la crisis. 

Como se sabe, en la era de la financiarización, la contabilidad es mas parecida a una operación de marketing que a un cálculo exacto. En realidad, cada presentación pública de cuentas es una especie de proceso experimental, que juega con una enorme cantidad de posibilidades y formas de valorar el debe y el haber. Se explica así que el Banco Popular pasase con nota los llamados test de estrés del Banco Central Europeo, para sólo unas semanas después conocer su quiebra.

 En la inmensa mayoría de los casos, las cuentas están tuneadas a fin de tranquilizar o atraer a los inversores, a los agentes financieros y a los medios de comunicación. Estamos, además, seguros de que la cifra “60.000 millones” es el cálculo mas conservador de las pérdidas que los rescates han ocasionado. Aquí un único dato de que la cifra final debe ser mucho mayor: la desvalorización de los activos del Banco Malo, la SAREB, no está computada en esta operación.

(...) Valga decir que si de algo era ejemplo la burbuja española, envidia del mundo capitalista entero, fue del uso de hasta la última capacidad institucional del Estado, incluyendo administraciones autonómicas y locales, así como el impulso de la Unión Europea, para extender al máximo la potencia y capilarización de la burbuja. La burbuja fue un modelo sistémico.

 En éste estaban incluidos desde los beneficios de bancos y grandes empresas, hasta los niveles de consumo de las clases medias a través del crédito y el ascenso de los precios de los activos patrimoniales. 

En un marco en el que Estado y finanzas van de la mano, decir que “había políticos” en los consejos de administración de las cajas de ahorro sería una trivialidad irrelevante, de no ser porque esta interpretación abre la puerta a la incomprensión de los determinantes sistémicos de la economía española y a su repetición en términos ligeramente diferentes.

Recordemos lo que hacían las cajas durante los años de la burbuja: ofrecer hipotecas en masa, comprar suelo y extender créditos al promotor inmobiliario. Todo ello a rentabilidad de dos dígitos en los buenos tiempos y cada vez más dudosa a medida que avanzaba el ciclo. 

Esos préstamos se titulizaban, se convertían en títulos negociables y se vendían en los mercados globales. Exactamente lo mismo, tanto en lo que se refiere a la multiplicación del crédito como a su financiación, que hacia toda la banca estadounidense y europea.

 La única diferencia entre lo que hicieron las entidades privadas americanas, con las hipotecas subprime, y lo que hicieron las cajas es que, por ley, el 50% de los riesgos de las titulizaciones era retenido por la caja emisora, mientras en EEUU la entidad emisora se desprendía del 100% del préstamo. Ese 50% es el agujero de las cajas.

Las cajas quebraron exactamente por los mismos motivos y debido al mismo modelo bancario que llevó a la quiebra a Lehman Brothers y al interminable rosario de bancos privados rescatados durante la crisis. Si BBVA y Santander se libraron fue porque su posición neocolonial en los mercados latinoamericanos les permitía mantener más depósitos que préstamos. Es decir, dinerito contante y sonante frente a títulos respaldados por hipotecas incobrables.

Ni por un segundo se puede sostener que el rescate de las cajas ofrece argumentos en contra de la banca pública, tampoco a favor. Simplemente no tiene nada que ver. La función de la banca pública es financiar proyectos económicos estratégicos de utilidad social. Cabalgar hasta la agonía las burbujas inmobiliarias no es exactamente eso. 

Viene al caso aquí recordar una vieja, e importante, distinción de origen marxista entre la “propiedad formal” y la “propiedad real”. Las cajas eran formalmente organismos semipúblicos, pero en términos reales operaban como bancos privados con ciertas restricciones. Las cajas estaban más relacionadas con la posición subalterna de la economía española que con su régimen formal de propiedad semi pública.

Pero si las cajas no eran exactamente banca pública, cabe preguntarse en qué consistiría una banca pública hoy. Como sucede con cualquier otra dimensión de la propiedad pública, una banca pública difícilmente debería escapar a alguna forma de paso de lo público a lo común o, dicho de otro modo, a alguna forma de control democrático que ejerza de contrapeso al control del Estado por las finanzas. 

Sea como sea, en la reforma de las cajas —la de los 60.000 milloncejos perdidos— lo que se ha hecho es eliminar cualquier posibilidad de que las cajas sean banca pública. El proceso de reestructuración bancaria es una privatización como las de la sanidad o la educación. Hemos perdido unas instituciones que tenían la posibilidad de funcionar de otra manera y encima a un coste exorbitante."                (Isidro López, Emmanuel Rodríguez, CTXT, 21/06/17)

17.3.17

Afirma usted que la complicidad negligente de notarios y auditores con la banca privada fué el lubricante ideal que propició que la “fiesta” continuara hasta el colapso de la burbuja? Sí, y los notarios dieron su beneplácito a todo tipo de cláusulas abusivas en lugar de velar por los intereses del cliente... y se forraron (10% de los gastos de formalización de la hipoteca) dando fe de contratos fraudulentos

"Cuestionario contestado por Alfredo Apilánez el 11 de marzo en el marco de la tercera sesión del “Proceso a la banca española".  (...)

1) ¿Podríamos elegir la fecha de 1992 como momento simbólico del inicio de la explosión del crecimiento de la deuda privada creada por la banca española y de la monumental burbuja inmobiliaria que colapsó estrepitosamente en 2007? 

Si, efectivamente, así es. 

2) ¿Cuáles son los elementos de los que parte para hacer esa afirmación? 

En realidad, el origen de la explosión de la deuda privada es global. Se enmarca dentro del proceso de financiarización que arranca en los años 70 al desarrollarse espectacularmente el sector financiero para sostener la menguante rentabilidad del capitalismo en tiempos de crisis adoptando las innovaciones creadas por los magos de Wall Street. (...)

En este contexto, un país recién desindustrializado,con una economía estancada, altamente dependiente del capital extranjero y adicto crónico al monocultivo del ladrillo era el candidato perfecto para servir de cobaya del experimento financiarizador.

 En el caso español, el año 92 es relevante por dos motivos. El inicio de la titulización hipotecaria con la Ley 19/1992 y la firma del Tratado de Maastricht. Desde un punto de vista legal, la titulización hipotecaria española tiene su origen en la Ley sobre Régimen de Sociedades y Fondos de Inversión Inmobiliaria y sobre Fondos de Titulización Hipotecaria. 

En el preámbulo de dicha ley, el legislador reconocía que contribuir a abaratar la financiación para la adquisición de vivienda y facilitar la “movilidad” en la concesión de préstamos eran los objetivos perseguidos al conferir un marco normativo específico a la titulización en España. 

En el Tratado de Maastricht se abre el proceso de creación de la unión monetaria propulsando la liberalización de los flujos financieros en la zona euro sin la restricción del tipo de cambio que posibilitará la financiación masiva de la burbuja inmobiliaria española por parte de la banca centroeuropea. 

3) Ciertamente, a partir de esa fecha, los datos sobre endeudamiento privado no financiero (de hogares y empresas) y financiero (de la banca española con la extranjera) en España se disparan exponencialmente al tiempo que la actividad prestamista se enfoca principalmente hacia el sector inmobiliario. ¿Podría explicar los motivos por los que afirma que la titulización propulsó la voraz concesión de hipotecas y precisar cuál fue la responsabilidad de la banca privada en la omisión de información pública que le permitió aparecer como acreedor de hipotecas de las que no era titular mientras inflaba la cartera? 

La clave reside en la expresión coloquial en el sector financiero acerca de la titulización: “hacer hueco” en el balance. Titulizar permitía vender hipotecas como churros transmitiendo el riesgo a los inversores y despreocupándose totalmente de la solvencia del deudor. (...)

En este contexto, un país recién desindustrializado,con una economía estancada, altamente dependiente del capital extranjero y adicto crónico al monocultivo del ladrillo era el candidato perfecto para servir de cobaya del experimento financiarizador. En el caso español, el año 92 es relevante por dos motivos.

 El inicio de la titulización hipotecaria con la Ley 19/1992 y la firma del Tratado de Maastricht. Desde un punto de vista legal, la titulización hipotecaria española tiene su origen en la Ley sobre Régimen de Sociedades y Fondos de Inversión Inmobiliaria y sobre Fondos de Titulización Hipotecaria.

 En el preámbulo de dicha ley, el legislador reconocía que contribuir a abaratar la financiación para la adquisición de vivienda y facilitar la “movilidad” en la concesión de préstamos eran los objetivos perseguidos al conferir un marco normativo específico a la titulización en España.


En el Tratado de Maastricht se abre el proceso de creación de la unión monetaria propulsando la liberalización de los flujos financieros en la zona euro sin la restricción del tipo de cambio que posibilitará la financiación masiva de la burbuja inmobiliaria española por parte de la banca centroeuropea. 

3) Ciertamente, a partir de esa fecha, los datos sobre endeudamiento privado no financiero (de hogares y empresas) y financiero (de la banca española con la extranjera) en España se disparan exponencialmente al tiempo que la actividad prestamista se enfoca principalmente hacia el sector inmobiliario. ¿Podría explicar los motivos por los que afirma que la titulización propulsó la voraz concesión de hipotecas y precisar cuál fue la responsabilidad de la banca privada en la omisión de información pública que le permitió aparecer como acreedor de hipotecas de las que no era titular mientras inflaba la cartera? 

La clave reside en la expresión coloquial en el sector financiero acerca de la titulización: “hacer hueco” en el balance. Titulizar permitía vender hipotecas como churros transmitiendo el riesgo a los inversores y despreocupándose totalmente de la solvencia del deudor.  (...)

4) La entrada en el euro propulsó el endeudamiento del sistema financiero español gracias a la financiación a espuertas recibida de los bancos de los países con excesode ahorro (alemanes y franceses). ¿Cree usted que esa deuda contraída con la banca centroeuropea fue causa principal del “sobrecalentamiento” del sistema financiero español y que el principal objetivo del colosal rescate posterior sufragado con fondos públicos fue “liquidar” esos pagos? 

Desde luego. Se trata del perverso cepo en el que los llamados PIGS (Portugal, Irlanda, España y Grecia) hemos quedado atrapados con el otrora milagroso euro. Los grandes bancos de las economías del Centro –principalmente Alemania con su enorme supéravit comercial-financiaron masivamente la burbuja inmobiliaria española. 

La existencia de una moneda única, el euro, alentó este flujo, dado que ya no existía el peligro de una devaluación que agravara el riesgo de impago en caso de crisis en algún país de la periferia. Esto originó una enorme burbuja del crédito privado, principalmente en el sector inmobiliario (recordemos que en la “piel de toro” se construía más que en Alemania, Italia y Francia juntas) aunque también en el consumo. Según el último informe del Banco Internacional de Pagos, la banca española debe todavía más de un billón de dólares a la banca extranjera. 

Cuando se produjo el colapso del sistema financiero internacional, la prioridad de la gran banca europea –aliada con el BCE- era evitar las consecuencias sistémicas de un impago generalizado causado por la quiebra de las cajas y bancos españoles. 

El famoso rescate de 2012 a cuenta de la ciudadanía –“apertura de una línea de crédito” según don Mariano- y toda la política monetaria del BCE vinieron al salvamento de la banca europea y estadounidense atiborrada de paquetes de deuda hipotecaria tóxica incobrable de los bancos y cajas patrios. 

5) Afirma usted que los poderes públicos, usando su potestad legislativa de forma torticera, practicaron la connivencia más flagrante con los abusos y latrocinios cometidos por los prebostes de la gran banca privada. ¿Podría precisar esta acusación? 

Desgraciadamente, los poderes públicos fueron meros comparsas que bailaban al son de la banca y del bloque del ladrillo. Habría que destacar la vista gorda cuando no complicidad absoluta del Banco de España y la CNMV supuestamente “independientes” en la dejación dolosa de su función de control y supervisión del sistema financiero hasta que le estalló la bomba de relojería en las narices. (...)

Las instituciones soberanas pusieron el BOE al servicio del bloque del ladrillo a través de todo tipo de reformas legislativas –ley Boyer, ley del suelo, la citada desregulación de la titulización y todo tipo de facilidades y deducciones fiscales a favor de la compra en detrimento del alquiler-. 

Por no mencionar la casi desconocida pero neurálgica complicidad en la renuncia a la soberanía monetaria (Maastricht) al dejar la financiación de la deuda pública en manos de la banca privada. Todo ello para favorecer al que Zapatero calificaba de “sistema financiero más sólido de la comunidad internacional”. 

6) Conceder crédito a los promotores a nivel estratosférico significa proporcionar la materia prima de la especulación con el suelo que fue la base -junto con el crédito a espuertas de la banca privada- de la colosal burbuja inmobiliaria. ¿Cree que hubo connivencia por parte del gobierno? 

Desde luego. Como hemos dicho, la incestuosa relación entre grandes inmobiliarias, cajas de ahorros y ayuntamientos alcanza el nivel legislativo. La Ley del suelo de 1998 tuvo como uno de sus principales objetivos el aumento de suelo urbanizable –barra libre para las recalificaciones y la vorágine constructora que desembocó en la súper burbuja inmobiliaria-, en el razonamiento supuestamente liberalizador y profético de que si se ponía en el mercado más suelo de tal naturaleza, descendería el precio del suelo y, en consecuencia, de la vivienda. 

Con dicha Ley se daba un importante cambio de rumbo en la clasificación de suelo, por cuanto hasta ese momento se entendía que el suelo no urbanizable era el mayoritario por su carácter residual. Sin embargo, con la Ley de 1998, todo el suelo que no ostentara el carácter de urbano, ni debiera estar protegido y preservado como no urbanizable, pasaría a ser urbanizable con el consiguiente aumento descomunal del festín especulativo. 

Asimismo, las administraciones hicieron uso de las semipúblicas Cajas de ahorros como propulsoras de todo el proceso especulativo –en gran parte basado en la masiva y corrupta financiación de promociones urbanísticas faraónicas que acabaron resultando ruinosas- jugando un papel esencial en el crédito a los promotores hasta llevarlas a la ruina ante el derrumbe del castillo de naipes.

 Eran el núcleo de la podredumbre del monocultivo ladrillil al servir de nexo financiero entre promotores y constructoras por un lado y las venales administraciones públicas por otro. Tenemos como símbolo destacado de esta connivencia incestuosa –para no incidir más en un tema archiconocido- el caso Bankia como símbolo del destrozo. 

7) Afirma usted que la complicidad negligente entre los supuestos vigilantes del cumplimiento de la legalidad -notarios, auditores- con la banca privada y la intervención fraudulenta de las calificadoras de riesgo inflando las calificaciones de las entidades y sus emisiones de títulos de deuda para optimizar su salida al mercado fueron el lubricante ideal que propició que la “fiesta” continuara sin molestas interrupciones ni señales de alarma hasta el colapso. ¿Podría precisar algo más su afirmación? 

La relación entre la banca y los supuestos vigilantes del sector encargados del cumplimiento de la normativa es un caso flagrante de conflicto de intereses y una pantomima descarada. El descontrol en la asunción de riesgos y la manipulación de las cuentas por parte de las entidades financieras, que financiaban hasta el 100% de la vivienda (muy por encima del 80% establecido legalmente como tope) -incluyendo el coche, el reloj y lo que hiciera falta y partiendo de tasaciones temerarias –fue perpetrado con la complicidad total de auditores y calificadoras de riesgos. (...)

Los notarios dieron su beneplácito a todo tipo de cláusulas abusivas: productos complejos como las cláusulas suelo, comisiones sangrantes, etc. ocultas en la intrincada letra pequeña y omitieron su obligación de asegurarse del entendimiento del contrato por parte del deudor e informarle de las cargas y responsabilidades asumidas.

 En lugar de velar por los intereses del cliente , al comprobar la legalidad del contrato o explicar las cláusulas que se firman, entre otras labores, se forraron (10% de los gastos de formalización de la hipoteca) dando fe de contratos fraudulentos. 

¿Y qué decir de los “vigilantes del mercado”: las calificadoras de riesgos? Un dato bastará también para mostrar su papel de pirómanos de la explosión crediticia. En el caso concreto de la titulización española, el 87% de los valores emitidos entre 1993 y 2007 obtuvieron la máxima calificación crediticia (la famosa AAA) en el momento de su creación, un porcentaje que destaca si se compara con el de otros mercados desarrollados. 

8) Para ir concluyendo con este punto ¿Podría decirnos qué otras prácticas predatorias integraron el saqueo perpetrado en el “esquema ponzi” de los años de vino y rosas?

Es imposible consignarlas todas aquí. La banca recurrió a todo tipo de prácticas comerciales predatorias: manejaban a su antojo los índices de referencia –ahí están los fraudes en el Libor y Euríbor, con márgenes a todas luces abusivos- incluían la abusiva cláusula del vencimiento anticipado que autoriza al banco a ejecutar la hipoteca y el desahucio en subasta notarial si se produce el impago de dos o tres cuotas –incluso no siendo ya el acreedor legítimo por haber empaquetado y titulizado el préstamo-, cobraban comisiones leoninas (más que en cualquier otro lugar de Europa) por cualquier cosa, imponían la obligación de contratar seguros de vida con la aseguradora del banco al contratar la hipoteca y un infinito listado de malas prácticas que han recopilado las asociaciones de usuarios.  (...)"              (Alfredo Apilánez , Rebelión, 16/03/17)

7.11.13

Las hipotecas basura del Banco de Santander

"(...) El Banco Santander a través de su filial la financiera Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI) captó a miles de familias a través de inmobiliarias y promotores que a pie de obra les ofrecían un subproducto de hipoteca que el banco de Emilio Botín no se atrevía a comercializar en sus oficinas por la toxicidad del producto ya que ni tan siquiera se le puede calificar de sucedáneo. 

Las oficinas del Santander solo sirven para que los hipotecados abran una cuenta donde depositar las cuotas mensuales ya que UCI no está autorizada a recibir depósitos de su clientela. Pregunta: ¿Si la financiera no tiene depósitos de sus clientes, de donde salen los miles de millones de euros que lleva prestados en hipotecas? Respuesta: del mercado financiero. 

La financiera UCI esta autorizada por el Banco de España para que titularice los préstamos hipotecarios que ha otorgado, los “empaqueta” y emite series de cédulas hipotecarias, de ahí sale el dinero: de un carrusel de cédulas que son bendecidas por una sociedad de rating, que cobra del emisor, que las califica como “buenas, bonitas y baratas” a pesar que son cédulas basura.

  La operación se repite una y otra vez. Consecuentemente, si las hipotecas son basura las cédulas hipotecarias que se camuflan en el mercado financiero también lo son.

 En los EE.UU. este tipo de préstamos con garantía hipotecaria fueron conocidos como “hipotecas subprime” que en el momento álgido de expansión de crédito se le concedía al primero que pasara por la calle sin tener en cuenta los requisitos básicos de una elemental solvencia.

 Los bancos que otorgaban este tipo de hipotecas las dirigieron a los clientes con menos garantía de devolver lo prestado, se centraron en emigrantes, empleados con una nomina a precario y dejaron a un lado el requisito antes exigido de que los ingresos destinados al pago de la hipoteca no excediera del 33% por lo que alargaron los años de vigencia. Para tratar de cubrir estas deficiencias les zumbaron un tipo de interés elevado y los cargaron de condiciones dinerarias imposibles de cumplir.

 La ganancia para las entidades financieras que se lanzaron a “fabricar hipotecas basura” estaba en su propia expansión, el hipotecado sería un cliente atrapado al que se le colocaría, forzando las condiciones, un seguro de vida y de hogar vinculado a la hipoteca con la obligatoriedad de domiciliar la nomina.

 La razón suprema, para los bancos, estaba en el propio sistema de la titulación al “empaquetar” las hipotecas en series que contuviera una variedad entre buenas, regulares y malas respecto a su solvencia, pero en subproductos como la UCI la mayoría, por no decir la totalidad, llevan el marchamo de malas al carecer el deudor de solvencia.  

Solo faltó la llegada de la crisis para que el castillo de naipes se viniera a bajo. La cadena de hipotecas se rompió por el eslabón más débil y con peores condiciones contractuales. La “fabricación de hipotecas basura” se sustentaba en que rápidamente se iban a vender el en mercado financiero y poco importaba si el producto estaba contaminado por la carencia de solvencia del deudor.

 El mercado internacional se ha infectado de deuda (de la peor calidad) que se vende y revende y es causa del derrumbe de los principios básicos de la emisión de dinero. (...)"                     (Ataque al poder, 06/11/2013)

15.7.13

... se empezaron a emitir cada vez más activos compuestos con los famosos NINJA (No Income, No Job and Assets)

" (...) Mark Blyth en Austerity: the History of a dangerous idea nos cuenta cómo justo antes de que las bolsas y activos entraran en la burbuja de las “punto com” a finales de los 90, los inversores buscaron activos “no correlacionados”, esto es activos cuya evolución no estuviera relacionada con la evolución bursátil. 

Se dirigieron de forma masiva al sector inmobiliario para asegurar sus inversiones en bolsa, de forma que si el valor de éstas últimas caía sería compensado por las otras. En el proceso los precios en el sector inmobiliario incrementaron de manera espectacular, 70% en EEUU, y 170% en Irlanda por ejemplo. 

El sector inmobiliario se entendía no solo no correlacionado con la evolución de los valores bursátiles, sino no correlacionado dentro del sector mismo, de forma que el precio de las casas de una región no tenía por qué estar relacionado los precios en otra región.

Por si esto fuera poco, además se utilizó de forma masiva la colateralización, esto es, trocear los títulos y juntar pequeños trozos de hipotecas de Colorado, con pequeños trozos de hipotecas en el estado de Nebraska. 

De esta forma se pagaba a los que poseían estos títulos compuestos con diferentes tipos de interés en función del mayor o menor riesgo del tramo que hubieran suscrito. Parecía que efectivamente si ya de por sí los precios del sector inmobiliario no estaban correlacionados, trocearlos y mezclaros entre sí reduciría todavía más su correlación. 

A mediados de los años 2000, había escasez de este tipo de activos pues debido a los intereses que pagaban y a la supuesta seguridad que ofrecían, la demanda había sido muy grande.

 Para superar esta situación se empezaron a emitir cada vez más activos compuestos con los famosos NINJA (No Income, No Job and Assets), hipotecas colateralizadas con las ganancias de eBay, con las propinas de los camareros o simplemente con activos prefrabricados a escala masiva de forma incontrolada.

Las ganancias que se generaron durante este periodo por parte de los directivos, CEOs, de estas compañías fueron cifras récord. Por ejemplo en 2008 se estimó que las cinco mayores compañías financieras estadounidenses  estaban pagando 39.000 millones de dólares en bonus en 2007 mientras algunas de ellas, como Merrill Lynch, perdían 7.800 millones. 

O el caso de AIG que recibió 180.000 millones de dólares en un plan de rescate, mientras por otro lado pretendía repartir 165 millones de dólares a los gestores de su departamento financiero con más problemas

 Parece entonces que lo que el eminente economista conservador apunta, no se cumple en el sector financiero, pues esas cifras récord se dieron en un sector que ha causado la mayor crisis de la historia del capitalismo con unos costes financieros y sociales incalculables.

En realidad trocear diferentes activos y unirlos en uno, lejos de reducir el riesgo lo aumenta porque aquellos activos cuya evolución no tenía relación, al juntarlos en un solo título, los correlaciona automáticamente.

 Si la retribución estuviera en relación con el talento, se esperaría que éste estuviera relacionado con el éxito. Sin embargo, dada la evolución del sector, este flagrante error de interpretación debería haberse traducido en salarios negativos, es decir, los CEOs de las empresas financieras hubieran tenido que pagar miles de millones por ello.

 El resultado es justamente el contrario, al sector financiero le han sido otorgados miles de millones para sanear sus errores. (...)"       ( Ivan H. Ayala,  Blog de Econonuestra en Publico.es, Economía Crítica y Crítica de la Economía,  27/06/2013)

7.9.11

EE UU presenta una demanda masiva contra la banca por ¿negligencia?... o sea, por descuidados... pues vaya con la demanda

"La batalla para exigir responsabilidades a Wall Street por el fiasco de las hipotecas basura cobró ayer nueva dimensión.

La Agencia Federal de la Vivienda (FHFA, en sus siglas en inglés) presentó ayer una demanda multimillonaria en la que acusa a Bank of America, JP Morgan Chase, Deutsche Bank, HSBC, Barclays, Citigroup, Nomura y otros grandes grupos financieros de provocar pérdidas de 41.000 millones de dólares (unos 28.000 millones de euros) a las dos entidades prestamistas públicas Freddie Mac y Fannie Mae tras venderles hipotecas de dudosa calidad por valor de 179.000 millones (unos 123.000 millones de euros al cambio actual). (...)

En total, son 17 entidades las demandadas por negligencia. El caso más llamativo es el de JP Morgan Chase, acusada de vender préstamos por valor de 33.000 millones de dólares (más de 23.000 millones de euros).

Le sigue Bank of America y su filial Merrill Lynch, por 30.850 millones. La demanda también cita a Deutsche Bank (14.200 millones), HSBC (6.200 millones), Barclays (4.900 millones), Citigroup (3.500 millones) y Nomura (2.000 millones) junto a Goldman Sachs. (...)

La titulización de hipotecas está en el corazón del colapso financiero. La agencia considera que los bancos faltaron a su obligación de comprobar la calidad de los activos que colocaban en el mercado y fallaron al ver que los hipotecados estaban aportando pruebas falsas o exageraron sus ingresos para hacerse con los préstamos.

Eso provocó que la deuda vinculada a las hipotecas perdiera más rápido su valor cuando se retrasaron en los pagos. El argumento para el ataque legal es conocido, y es quizás la única vía por la que el regulador puede exigir algún tipo de responsabilidad a Wall Street por los excesos durante los años del boom inmobiliario.

Washington busca un reembolso para limitar las pérdidas al contribuyente con la depreciación de esos activos. Es algo que intentan también inversores privados." (El País, ed. Galicia, 03/09/2011, p. 24)

27.6.11

Gracias a la alta calificación que otorgaban las agencias se pudieron colocar las hipotecas basuran en el mercado. Son culpables

"Según The Wall Street Journal, los supervisores de la Comisión del Mercado de Valores de EE UU (la SEC, por sus siglas en inglés) estarían valorando ya las opciones que tienen sobre la mesa para atacar con éxito a estas firmas en los tribunales, tras haber realizado una larga investigación sobre el papel que desempeñaron en el proceso de empaquetado y venta de deuda vinculada a hipotecas de alto riesgo.

Ahí es donde está el epicentro del terremoto que derrumbó hace tres años a Bear Stearns y después a su rival Lehman Brothers.

Entre las firmas que podrían ser objeto de esta acción legal en fase de consideración, el diario financiero cita a Standard & Poor's. Eso provocó que las acciones de McGraw-Hill, su matriz, cayeran más de un 4% a media sesión en Wall Street. (...)

Hasta ahora, el dedo acusador por parte de los reguladores y de las investigaciones llevadas a cabo en el Congreso de EE UU se limitó a lanzar reprimendas más bien de tipo moral contra los grandes titanes de Wall Street. Una de las dificultades con las que se ha topado la SEC es que le ha sido muy difícil probar que hubo una actuación irregular o fraudulenta.

Las agencias de calificación crediticia fueron un eslabón importante en la cadena de titulización de hipotecas. Fueron ellas las que pusieron nota a los paquetes de deuda que iban estructurando los bancos. Y gracias a la alta calificación que le otorgaban, las entidades pudieron colocarlas sin mayores problemas en el mercado. Hasta que estalló la burbuja inmobiliaria y ese papel quedó sin valor.

Hasta ahora, las agencias de calificación estuvieron resolviendo las demandas privadas una a una, por la vía extrajudicial. Es la misma estrategia que están siguiendo los grandes bancos, que vuelve a sentir la presión de los supervisores. Pero de acuerdo con el Journal, la SEC quiere atacarles cuestionando si hicieron su trabajo de forma correcta al poner nota a estos activos. (...)

La comisión del Congreso que investigó la crisis concluyó que "los fallos de las agencias de calificación crediticia fueron engranajes esenciales en la maquinaria de la destrucción financiera. Las tres agencias fueron herramientas clave del caos financiero.

Los valores relacionados con hipotecas en el corazón de la crisis no se habrían comercializado y vendido sin su sello de aprobación". (El País, 18/06/2011, p. 29)

1.4.09

La titulación es lo que ha quebrado

"Después de 1980, por supuesto, surgió un sistema financiero muy diferente. En la era liberalizadora de Reagan, la banca a la vieja usanza fue sustituyéndose progresivamente por los tejemanejes a gran escala. El nuevo sistema era mucho mayor que el antiguo régimen: en vísperas de la actual crisis, las finanzas y los seguros equivalían al 8% del PIB, más del doble de su porcentaje en la década de 1960.

A principios del año pasado, el Dow incluía cinco compañías financieras: gigantes como AIG, Citigroup y Bank of America. Y las finanzas se volvieron cualquier cosa menos aburridas. Atrajeron a muchas de nuestras mentes más agudas y enriquecieron inmensamente a unos pocos selectos.

Tras el glamuroso nuevo mundo de las finanzas se ocultaba el proceso de titulización. Los préstamos ya no se los quedaba el prestamista. Por el contrario, se vendían a otros, que cortaban, troceaban y licuaban las deudas individuales para sintetizar nuevos activos. Hipotecas subprime, deudas de tarjetas de crédito, préstamos para automóviles, todo iba a parar a la licuadora del sistema financiero. Por el otro extremo, supuestamente, salían inversiones edulcoradas de primera categoría. Y los magos financieros recibían generosas retribuciones por supervisar el procedimiento.

Pero los magos eran fraudes, lo supieran o no, y su magia resultó no ser más que una colección de trucos baratos. Sobre todo, la promesa clave de la titulización -que fortalecería el sistema financiero al repartir más el riesgo- resultó que era mentira. Los bancos usaron la titulización para ampliar su riesgo, no para reducirlo, y de paso hicieron que la economía se volviera más, no menos, vulnerable a los vaivenes financieros.

Antes o después las cosas tenían que agriarse, y al final lo hicieron. (...)

No creo que esto sea simplemente un pánico financiero; pienso que representa el fracaso de todo un modelo de banca, de un sector financiero demasiado grande, que hizo más daño que beneficio." (Paul Krugman: La mística del mercado. El País, ed. Galicia, Economía, 28/03/2009, p. 26)