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13.4.24

Las cancelaciones de deudas también se producían durante el Jubileo para los cristianos y la Torá para los judíos... el sufrimiento y la parálisis que el sistema de la deuda provoca en nuestra vida cotidiana es que hay baches en las calles, pero no se pueden arreglar porque no hay dinero, la gente no recibe atención médica porque no tiene recursos financieros... la deuda pública italiana, según el análisis de Bersani, no se pagará nunca, por dos razones. La primera se refiere al hecho de que la cifra ha alcanzado una suma exorbitante, que nunca podrá ser reembolsada; la segunda explicita una transformación del crédito en usura... Desde 1992, el superávit primario es positivo, Sin embargo, la deuda sigue creciendo, debido a los intereses que se están pagando, gastos por intereses que en 2022 ascienden a 83.000 millones de euros, cifra que aumentó en 14.000 millones de euros en 2023, debido al aumento de los tipos de interés por parte del BCE. Se calcula que en 2024 los intereses de la deuda superarán los 100.000 millones, cifra cercana al gasto público en sanidad (Eugenio Donnici)

 "La cuestión de la deuda pública y privada, aunque se haya convertido en tabú, pesa como un peñasco en las decisiones de política económica. Las deudas y los créditos son pilares sobre los que descansa el modo de producción capitalista, pero estas relaciones sociales, aunque de forma rudimentaria, influyeron en la vida asociada de los individuos pertenecientes a las ciudades-estado, reinos e imperios del mundo antiguo, cuando sus gobernantes empezaron a acuñar monedas o, mejor dicho, cuando el comercio, mediado por el dinero, sustituyó en cierta medida al trueque.

En las relaciones entre deudores y acreedores, debe quedar claro que para que una deuda sea reembolsada, en primer lugar no debe ser astronómica, pues de lo contrario se vuelve a caer en el círculo vicioso de la usura, al que volveré en el curso del discurso.

 En el mundo antiguo, según fuentes históricas, se produjeron cuatro cancelaciones de deuda durante el reinado de Hammurabi, rey de Babilonia (1792-1750 a.C.), precisamente porque se partía de la base de que los súbditos no podían pagar esas sumas. Las cancelaciones de deudas también se producían durante el Jubileo para los cristianos y la Torá para los judíos. El significado de una oración como el Credo, con la que los creyentes se dirigen a Dios, encierra el concepto de "perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Evidentemente, antes de que se impusiera el modo de producción capitalista, la cancelación de las deudas era más fácil, ya que la suma prestada no generaba intereses, o al menos no se aplicaba la ley del interés compuesto. Con el desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, primero en Inglaterra, como nos recuerda Marx, la deuda pública se convirtió en una de las palancas más enérgicas de la acumulación originaria.

 La emisión de bonos públicos para financiar la infraestructura necesaria para la expansión del capital industrial permite a sus compradores transformar el crédito público en el credo del capital. En el primer libro de El Capital, Marx escribe: "Como por un golpe de varita mágica, (el credo del capital) dota al dinero improductivo de la capacidad de procrear, y lo convierte así en capital sin que tenga que exponerse a los trabajos y riesgos de la inversión industrial e incluso usuraria. (1)

Se forma una especie de "aristocracia financiera", una fracción de la burguesía que suscribe bonos del Estado fácilmente convertibles en dinero y que producen un rendimiento asegurado.

Los que compran bonos del Estado, la llamada clase de los rentistas, ven llover sobre ellos el "maná caído del cielo", pues mientras ellos siguen ociosos, ven cómo su dinero engendra dinero adicional. Ellos, como explica Marx, por un lado erosionan la plusvalía de los capitalistas industriales, y por otro, como acreedores, se llevan un porcentaje de los ingresos fiscales anuales.

 Sí. Los intereses no son neutrales: el devengo de intereses (ingresos) por dinero prestado presupone el devengo de intereses (costes). Los deudores están obligados a devolver más de lo que reciben de sus acreedores. En el caso de la deuda pública, lo que ocurre es que si los ingresos (impuestos) son insuficientes para pagar los intereses y el principal recibidos por los préstamos, entonces se emiten nuevos bonos para hacer frente a las deudas antiguas. Esta "cadena" que une a acreedores y deudores recuerda, en cierto modo, al esquema Ponzi, en el sentido de que para garantizar privilegios financieros a los antiguos inversores es necesario ampliar la base de nuevos bonistas.

Marco Bersani, en 2017, publicó Give us our daily debt today, que es una pedagogía de la financiarización de la economía y, en general, de la nueva estructura que ha asumido el modelo capitalista en los últimos 40 años. Asumiendo que economía real y finanzas están estrechamente entrelazadas, ya desde las formas más crudas de las relaciones mercantiles, aquí trataría de describir las fuertes distorsiones que las burbujas financieras provocan sobre las relaciones sociales en las que estamos inmersos a nivel planetario.

 Bersani, en su obra, señala que la deuda pública mundial es de 44 billones de dólares, si luego añadimos la deuda privada, es decir, la de los ciudadanos, las familias y las empresas, que es de 152 billones, llegamos a un total de casi 200 billones, una cifra estratosférica, que corresponde a tres veces el PIB mundial producido en un año. (2)

La distorsión financiera puede representarse como un gigantesco casino: si el comercio mundial de bienes y servicios entre Estados asciende a 20 billones de dólares en un año, en los mercados financieros esta cifra se mueve en 5 días. Durante 360 días al año, en los mercados financieros se realizan transacciones que no tienen ninguna relación con nada que exista en la realidad.

De cada 100 transacciones en el comercio de grano, dice Bersani, una la hace alguien que produce grano, las otras 99 las hacen personas que no saben nada de la producción de grano, pero determinan el precio del grano.

A las transacciones que tienen lugar en los llamados "mercados regulados", las bolsas como Piazza Affari, la City londinense, etc., prosigue el autor del libro, hay que añadir las de las finanzas en la sombra (los intercambios entre particulares que no se registran) cuya estimación, basada en conjeturas contables, ronda las 12 veces el PIB.

 Las orgías financieras cosmopolitas, celebradas por los rentistas, tras el 18 Brumario de Luis Bonaparte en Francia, sobre las que escribe Marx, se han convertido en orgías intergalácticas en nuestros tiempos.

La mezcla de finanzas y economía real es difícil de desenredar, su grado de rigidez es muy alto, muchas grandes empresas obtienen más beneficios de la negociación de valores en los mercados financiados que de la venta de bienes y servicios. Por estas razones, las relaciones entre acreedores y deudores deben investigarse como lo que son, a saber, relaciones de poder entre quienes poseen dinero y quienes lo necesitan para satisfacer una necesidad, como pedir una hipoteca para comprar una casa.

La deuda y la mistificación de la realidad

No son sólo los Estados, sino también los trabajadores y trabajadoras, las familias y las empresas, los que caen en esta trampa de la deuda desde los años ochenta: la tendencia del endeudamiento total, resultante de la suma de la deuda pública y privada, no ha dejado de aumentar.

En esta coyuntura, Bersani se pregunta: "¿Cómo hemos llegado a este camino?".

 También él, como muchos otros autores, sostiene que el quid de la cuestión se encuentra en la crisis iniciada a principios de los años setenta, aunque pasa por alto las relaciones entre sobreproducción y desempleo, las dificultades del Estado para crear trabajo adicional, las oportunidades de sobrepasar los límites del desarrollo mediado por el Estado del bienestar, etc. La fábula liberalista, a la que alude Bersani, de que el mercado habría garantizado el más alto nivel de vida para toda la población si se le hubiera dejado flotar libremente, es decir, si se le hubiera permitido funcionar sin trabas, sin control estatal, ha cuajado, entre otras cosas porque, en la contradicción entre capital y trabajo, el movimiento obrero no ha conseguido aflojar las "cadenas" del trabajo asalariado.

 Por lo demás, la tesis de Bersani es acertada: la opresiva restricción de la deuda paraliza a toda la sociedad. La derrota del movimiento tiene como consecuencia la restricción de los salarios, de modo que si los salarios no permiten llevar una vida digna, los que viven de su trabajo se ven obligados a endeudarse; asimismo, el endeudamiento del Estado con los particulares implica un aumento de los costes debido a la subida de los tipos de interés y a la reducción del gasto público, es decir, de todos aquellos servicios gratuitos o de precio limitado (transportes, educación, sanidad, bienestar, etc.) que constituyen formas de salario social, para las clases menos pudientes.

Bersani prefiere seguir la pista de la financiarización de las relaciones sociales y no se detiene en la crisis del Estado del bienestar, entendido como modo de producción, que ha impuesto el pleno empleo, la reducción de los beneficios empresariales o más bien su transferencia a los salarios.

 Esto supondría abrir una compleja digresión, mientras que mi intención aquí es comunicar, compartir el sufrimiento y la parálisis que el sistema de la deuda provoca en nuestra vida cotidiana: hay baches en las calles, pero no se pueden arreglar porque no hay dinero, la gente no recibe atención médica porque no tiene recursos financieros, la decadencia invade muchos espacios públicos, pero los administradores de las autoridades locales no tienen fondos para intervenir, etcétera.

Ahora bien, si la ideología de la deuda permite a los "cravats" tensar la cuerda alrededor del cuello del individuo, de la empresa individual, estamos ante una pérfida crueldad, pero si los rentistas consiguen luego enrollar esa cuerda alrededor del cuello de la inmensa mayoría de la comunidad, persuadiéndola de que es toda la nación la que está endeudada, cuando los parásitos de las finanzas se benefician enormemente, entonces estamos ante una mistificación de la realidad.

Legalización de la usura

La deuda pública italiana, que no debe asociarse a la deuda de la nación, sino que, como escribe Roberto Ciccone en su libro electrónico Más allá de la austeridad, consiste en una deuda de una parte de la colectividad hacia la parte restante de la misma colectividad, el endeudamiento hacia sujetos extranjeros es sólo una complicación, pero no introduce cambios sustanciales en lo que se acaba de decir(3); la deuda pública italiana, según el análisis de Bersani, no se pagará nunca, por dos razones.

La primera se refiere al hecho de que la cifra ha alcanzado una suma exorbitante, que nunca podrá ser reembolsada; la segunda explicita una transformación del crédito en usura. En el plano psicológico, el usurero teme dos acontecimientos, que considera catastróficos: la muerte del deudor y la liquidación de la deuda.

Él, en ambos casos, pierde

(a) la extracción periódica de valor, es decir, el pago de intereses;

b) la posibilidad de determinar la energía, el pensamiento, la vida y las posesiones del deudor.

 Figura 1. Historia de la deuda pública italiana desde 1970 - Fondazione Luigi Einaudi

Por último, en la historia contemporánea de la deuda pública italiana, hay dos temas que son ignorados por el pensamiento dominante, en todas las formas en que se transmite:

1. En 1981, el Banco de Italia se divorció del Tesoro y prácticamente dejó de comprar bonos del Estado. A partir de esa fecha, los bonos acabaron, con intereses crecientes, en las fauces de la especulación financiera nacional y extranjera; el recurso al mercado para financiar la emisión de bonos del Estado forma parte de las políticas de privatización de la deuda. Del gráfico de la Figura 1 se desprende que la explosión de la deuda se produjo a partir de 1981. En 1980, a pesar del crecimiento registrado desde 1970, la tasa de endeudamiento se sitúa por debajo del 60%, una tasa de endeudamiento que se ajusta al parámetro - arbitrario - fijado por la Troika y que expresa el "virtuosismo" de algunos países de la UE.

2. Hay otro hecho que pugna por emerger, yace cubierto por un manto de polvo, sin ser percibido por quienes tienen la responsabilidad de contribuir a la libertad de información: se cree que el gasto público se financia con deuda. Eso es mentira. Desde 1992, el superávit primario es positivo, lo que significa que los ingresos monetarios (impuestos) superan a los gastos (gasto público). Sin embargo, la deuda sigue creciendo, debido a los intereses que se están pagando, gastos por intereses que en 2022 ascienden a 83.000 millones de euros, cifra que aumentó en 14.000 millones de euros en 2023, debido al aumento de los tipos de interés por parte del BCE. Se calcula que en 2024 los intereses de la deuda superarán los 100.000 millones, cifra cercana al gasto público en sanidad."

 Note 

1 Marx Karl, Il Capitale, libro I, cap. XXIV, Utet, 2013, p. 942.

2 Dacci oggi il nostro debito quotidiano, 05/06/2017, https://www.youtube.com/watch?v=wHNVpqzcGLk

3 Che cos’è il debito pubblico e perché non è “il” problema, https://keynesblog.com

 (Eugenio Donnici  , Sinistrainrete, 10/04/24, traducción DEEPL)

9.11.23

Michael Roberts: un tribunal de distrito estadounidense accedió a la petición de Sri Lanka de una pausa de seis meses en la demanda de un acreedor contra el país, el Banco de la Reserva de Hamilton... un fondo "buitre", que compra la "deuda en dificultades" de los gobiernos de los países pobres a precios bajísimos y luego exige el reembolso total a la par (el precio original de emisión de los bonos), utilizando el chantaje de negarse a aceptar cualquier "reestructuración"... Aunque se frustre a Hamilton y se llegue a un acuerdo con los acreedores, Sri Lanka seguirá cargando con un enorme pasivo de deuda que sólo podrá "pagarse" mediante recortes en el ya de por sí bajo nivel de vida de 22 millones de ceilandeses. El FMI ya ha indicado que fomentará la austeridad en Sri Lanka, reduciendo el gasto y aumentando los impuestos... ahora es Hamilton o el FMI

 "La semana pasada, un tribunal de distrito estadounidense accedió a la petición de Sri Lanka de una pausa de seis meses en la demanda de un acreedor contra el país.  El Banco de la Reserva de Hamilton posee una gran parte de uno de los bonos de Sri Lanka, ahora impagados, y había demandado su reembolso inmediato.  

El tribunal decidió que debía haber una pausa en la demanda de reembolso inmediato de Hamilton para que Sri Lanka pudiera llegar a un acuerdo con otros acreedores del sector privado y prestamistas bilaterales, así como obtener nuevos fondos del FMI.  El FMI no ha estado dispuesto a soltar dinero mientras consideró que Sri Lanka era incapaz de pagar sus obligaciones de deuda.  Insiste en que todos los acreedores acepten una "reestructuración" de la deuda existente antes de acceder a una nueva financiación del FMI (que también iría acompañada de fuertes "condicionalidades", es decir, austeridad fiscal, privatizaciones, etc.).

El FMI, el Banco Mundial y otros acreedores occidentales han afirmado que lo que frena la reprogramación es China.  A su vez, China se niega a aceptar un acuerdo a menos que todas las demás partes estén de acuerdo con las condiciones, y no le gustan las condiciones propuestas actualmente.

En el caso de Sri Lanka y de muchos otros países periféricos pobres con graves problemas de endeudamiento, se suele argumentar que se encuentran en una "trampa de la deuda" provocada por haber recibido préstamos de China hasta tal punto que no pueden devolverlos y, entonces, China insiste en apoderarse de los activos del país para hacer frente a la factura. De hecho, el Presidente estadounidense Biden reiteró esta acusación esta misma semana en un discurso en el que afirmaba que Occidente estaba dispuesto a ayudar a los países pobres a ampliar sus infraestructuras.

Esta acusación generalizada no se sostiene mucho.  Hace aguas por todas partes.  En primer lugar, China no es un prestamista especialmente importante para países pobres como Sri Lanka en comparación con los acreedores occidentales y las agencias multinacionales.

En el caso de Sri Lanka, Japón y el Banco Mundial seguían siendo prestamistas importantes con un 9-10%, China también tiene un 10% y la proporción del FMI se ha reducido a sólo un 4%, mientras que el Reino Unido y Alemania representan alrededor de un 1% cada uno. Todos estos prestamistas oficiales han sido sustituidos principalmente por prestamistas comerciales, con casi el 50%.

En segundo lugar, el aumento de la carga de la deuda de Sri Lanka no fue el resultado de la trampa de la deuda "imperialista" de China, sino que se debió a la desesperada necesidad del corrupto y autocrático Gobierno de Sri Lanka.  Tras la crisis financiera mundial de 2008, los tipos de interés cayeron en todo el mundo y el gobierno de Sri Lanka recurrió a los bonos soberanos internacionales para seguir financiando el gasto. Pero entonces llegó el COVID-19, que asoló el sector turístico, una de las principales fuentes de ingresos. El COVID-19 exigió un aumento del gasto y de las importaciones de productos sanitarios y de otro tipo, lo que agravó el déficit comercial.  Las reservas de divisas cayeron un 70%, lo que significa menos dólares para comprar importaciones esenciales pero cada vez más caras, como combustible y productos básicos. Para solucionarlo, el gobierno empezó a "imprimir dinero" para cubrir sus déficits. La inflación se disparó hasta el 60% en junio de 2022.  Como muestra el estudio derechista de Chatham House, "la crisis de la deuda de Sri Lanka no se hizo en China, sino en Colombo, y en los mercados financieros internacionales (es decir, dominados por Occidente)."

En 2016, el 61% del déficit presupuestario sostenido del Gobierno se financió con préstamos extranjeros, y la deuda pública total aumentó un 52% entre 2009 y 2016. Tres cuartas partes de la deuda pública externa se debían a instituciones financieras privadas, no a gobiernos extranjeros. A pesar de las numerosas advertencias sobre la economía de Sri Lanka, los acreedores extranjeros siguieron prestando, mientras que el Gobierno se negó a cambiar de rumbo por razones políticas.  Esta era la verdadera naturaleza de la "trampa de la deuda".

Esto nos lleva al proyecto del puerto de Sri Lanka, la cuestión habitual planteada sobre la supuesta "trampa de la deuda" de China.  China no propuso el puerto; el proyecto fue impulsado mayoritariamente por el gobierno de Sri Lanka con el objetivo de reducir los costes comerciales. Citando a Chatham House, "la trampa de la deuda de Sri Lanka se creó, por lo tanto, principalmente como resultado de decisiones de política interna y fue facilitada por los préstamos y la política monetaria occidentales, y no por las políticas del gobierno chino". La ayuda china a Sri Lanka consistió en facilitar la inversión, no en un canje de deuda por activos. La historia del puerto de Hambantota es, en realidad, un relato de incompetencia política y económica, facilitada por una gobernanza laxa y una gestión inadecuada del riesgo por ambas partes".

En 2022, Rajapaksa se vio obligado a abandonar el poder tras grandes protestas populares, pero sólo fue sustituido por su estrecho partidario, Ranil Wickremesinghe, que a pesar de acordar medidas fiscales con el FMI, no ha conseguido su aprobación para liberar fondos mientras no se haya alcanzado el acuerdo de reprogramación de la deuda.

 Y es el oscuro Hamilton Bank el que se opone a cualquier acuerdo y, en su lugar, exige el reembolso total de su tenencia de bonos de Sri Lanka.  Hamilton es lo que se denomina un fondo "buitre", que compra la "deuda en dificultades" de los gobiernos de los países pobres a precios bajísimos y luego exige el reembolso total a la par (el precio original de emisión de los bonos), utilizando el chantaje de negarse a aceptar cualquier "reestructuración".  Estos fondos buitre se especializan en detectar bonos soberanos vulnerables, amasar una participación de bloqueo, esperar pacientemente a que se produzca una reestructuración más amplia y exigir el reembolso total una vez que el país se ha asegurado el alivio de la deuda por parte de otros acreedores. Es lo que se llama ser un "holdout".

El ejemplo más infame y exitoso de esta estrategia fue el de Elliott Management, de Paul Singer, que consiguió sacar 2.400 millones de dólares de Argentina en 2016 del Gobierno derechista de Macri.  Al pagar a Elliott, Macri pudo conseguir el mayor acuerdo de financiación del FMI de la historia, diseñado para garantizar la permanencia del Gobierno en el poder durante mucho tiempo, aunque ese pago se dilapidó y el Gobierno de Macri cayó.   La crisis de la deuda continúa en Argentina.

Hamilton quiere seguir los pasos de Elliott.  En una presentación del banco dice que "demandar a un soberano por impago de deuda puede ser un negocio justificado y lucrativo".  Así que Hamilton es un típico fondo "buitre".  El accionista es una empresa llamada Fintech Holdings con sede en, adivinen dónde, Puerto Rico.  Y detrás de Fintech está un tal Benjamin Wey, chino-estadounidense, que se describe a sí mismo como "filántropo y financiero global".  En 2015, fue detenido por fraude, pero los cargos fueron finalmente retirados en 2017 después de que un juez federal desestimara las pruebas que los fiscales habían obtenido en un registro de su apartamento y su oficina.  El New York Post apodó a Wey el "Horndog CEO" después de que tuviera que pagar 18 millones de dólares a una becaria a la que había acosado sexualmente (posteriormente se redujo a 5,65 millones).

Los directores del Hamilton Bank no son Wey, sino Sir Tony Baldry, ex parlamentario y asesor de Margaret Thatcher, que ahora ocupa la presidencia (¡por mis pecados, yo fui a la universidad con Baldry!).  El director general es Prabhakar Kaza, concejal conservador británico.  Hamilton está registrada en la pequeña isla caribeña de San Cristóbal y Nieves.  Y Hamilton exige al gobierno de Sri Lanka 250 millones de dólares en concepto de devolución de bonos e intereses. El tribunal de EE.UU. ha intervenido en nombre del gobierno de EE.UU. y otros acreedores para impedir que Hamilton obtenga su libra de carne, al menos hasta que haya un acuerdo de reestructuración general que Hamilton se vea obligado a aceptar.

Aunque se frustre a Hamilton y se llegue a un acuerdo con los acreedores, Sri Lanka seguirá cargando con un enorme pasivo de deuda que sólo podrá "pagarse" mediante recortes en el ya de por sí bajo nivel de vida de 22 millones de ceilandeses.  El FMI ya ha indicado que fomentará la austeridad en Sri Lanka, reduciendo el gasto y aumentando los impuestos. Por ese motivo, Sri Lanka no solicitó el alivio de la deuda del FMI en la década de 1990 ni a principios de la de 2000.  Pero ahora es Hamilton o el FMI."     

(Michael Roberts, Brave New Europe, 06/11/23; traducción DEEPL)

8.3.23

La República Federal de Alemania consiguió un descuento de entre 50% hasta 75% en su deuda, puesto que, además de las reducciones directas, no se capitalizaron los intereses vencidos. Hubo una quita sustantiva de casi la mitad de la deuda, con una reducción de un tercio de los intereses. Estos quedaron fijos... la reducción de las tasas de interés fluctuó entre 0% y no más del 5%. Le otorgaron largos períodos de gracia para realizar las amortizaciones, tanto que recién el 3 de octubre de 2010 Alemania terminó de pagar la deuda pendiente. El servicio de la deuda se estableció a partir de la capacidad de pago de su economía... Así, dicho servicio se supeditó a un excedente de exportaciones garantizado por los propios acreedores... Incluso una buena parte de los pagos se pudo hacer en moneda alemana... Los acreedores se propusieron no desequilibrar la situación financiera de la economía alemana ni afectar sus reservas de divisas... Se trató de un arreglo que devolvió la credibilidad económica a Alemania para que vuelva a ser un socio del capitalismo metropolitano fortaleciendo su capacidad económica... Lo que fue bueno para Alemania, por qué no es bueno para el resto

 "(...) la larga historia de “la deuda eterna”[6] de los países del sur global. Se contratan créditos, muchas veces presionados por los acreedores -bancos y/o empresas transnacionales y/o gobiernos-, que lucran de esos empréstitos. Poco más adelante, en vista de que no se ha considerado la real capacidad de pago, normalmente cuando cae la demanda de las materias primas que exporta el país deudor, se suspende el servicio de las deudas. Posteriormente se reestructuran los compromisos imposibles de cumplir consiguiendo nuevos créditos, al tiempo que se ajusta la economía del deudor con recortes del gasto público, privatizaciones, eliminación de subsidios, entrega de yacimientos de minerales o petróleo, entre otras muchas condiciones, que forman parte de estos procesos para asegurar los excedentes que permitan servir la deuda. En algunos casos se reactiva por un tiempo la economía, si mejoran las condiciones internacionales, hasta que se reanuda este ciclo… Y así, una y otra vez, con algunas diferencias menores propias de cada coyuntura, se repite esta historia interminable, en la que el papel cómplice y hasta corrupto de varios actores de los Estados deudores y por cierto también de los acreedores es una constante. La interrelación corrupta entre acreedores y deudores es inocultable: bien sabemos que “el tango se baila entre dos”. 

Los logros concretos de un arreglo envidiable

Este país europeo, destrozado por guerra que desató en 1939, con su industria desmantelada, pero con una base tecnológica superior a lo que actualmente se considera un país de ingresos medios, recibió un tratamiento que ya quisieran obtener otros países con deudas asfixiantes, incluyendo la misma Europa.

En ese contexto arrancó una conferencia en Londres para encontrar una salida definitiva a todas las deudas alemanas. A más de las deudas mencionadas previas a la segunda guerra mundial, se incorporaron las deudas de otras instituciones públicas, incluyendo créditos obtenidos por deudores privados alemanes. Igualmente fueron negociados los prestamos que Alemania había obtenido de quienes le habían derrotado por segunda ocasión, principalmente de Estados Unidos, empeñados en financiar la reconstrucción alemana con el Plan Marshall. Además, se quería que este país pueda acceder lo antes posible a créditos de la banca internacional y así reintegrarse nuevamente al comercio mundial.

Se trabajó a pasos acelerados. Una primera jornada se dio del 28 de febrero al 8 de agosto de 1952,con un único receso de seis semanas, para concluir en la fecha que estamos recordando. Participaron en ella representantes de 22 países acreedores (entre ellos Grecia), otros tres países mandaron observadores, el Banco de Pagos Internacionales (BIZ),como así también representantes de los acreedores privados. Los Estados Unidos, en medio de una “guerra fría” que se calentaba aceleradamente, presionaron para acelerar las negociaciones, las razones geopolíticas eran evidentes.

Cabe destacar que antes del comienzo mismo de las negociaciones, se había logrado un alivio por el lado del interés y sobre todo del interés compuesto acumulados desde la suspensión de pagos en 1932. Con ese antecedente, en Londres se consiguieron condiciones dignas de ser recordadas.

 En realidad no fue un simple alivio temporal, sino una solución duradera. Alemania obtuvo ventajas envidiables. Concretamente, la República Federal de Alemania consiguió un descuento de entre 50% hasta 75% en su deuda, puesto que, además de las reducciones directas, no se capitalizaron los intereses vencidos. Alcanzó una drástica reducción de las tasas de interés, que fluctuaron entre 0% y no más del 5%. Le otorgaron largos períodos de gracia para realizar las amortizaciones, tanto que recién el 3 de octubre de 2010 Alemania terminó de pagar la deuda pendiente. El servicio de la deuda se estableció a partir de la capacidad de pago de su economía, definida en base a informes preparados por el banquero Hermann Joseph Abs, quien presidía la delegación alemana; él fue muy claro cuando afirmó que la solución debía ser “aceptable para los acreedores y pagable para los deudores”.[7]Así, dicho servicio se supeditó a un excedente de exportaciones garantizado por los propios acreedores, permitiendo que Alemania impulse una política industrial de sustitución de importaciones fundamental para su reconstrucción. Así las cosas, la relación servicio-exportaciones, que no podía superar el 5%, alcanzó su valor más alto en 1959 con un 4,2%. Dicho servicio representó el nivel más alto con 4,49% del gasto fiscal alemán en 1953.  Incluso una buena parte de los pagos se pudo hacer en moneda alemana.

Una comparación con lo que consiguen los países del sur marca una envidiable diferencia.

Londres, un arreglo cualitativamente sostenible

Más allá de las impactantes cifras del Acuerdo de Londres, cuentan sus elementos cualitativos, de largo más aleccionadores que los simples números mencionados. No fue un vulgar acuerdo de reestructuración de deudas como los que se dan en el mundo empobrecido como parte de un proceso sin fin de refinanciamientos atados a condicionamientos económicos normalmente imposibles de satisfacer. Se trató de un arreglo que devolvió la credibilidad económica a Alemania para que vuelva a ser un socio del capitalismo metropolitano fortaleciendo su capacidad económica fue un claro objetivo del Acuerdo de Londres. Los acreedores se propusieron no desequilibrar la situación financiera de la economía alemana ni afectar sus reservas de divisas.

Los acreedores asumieron conscientemente pérdidas para viabilizar el acuerdo. Se negoció con todos los actores tanto acreedores como deudores, en una sola operación; de esta manera se evitó, por el lado de los acreedores, que aparezcan los conocidos como “fondos buitre” o “polizones” que buscan lucrar de la moratoria de un país deudor. Hubo una quita sustantiva de casi la mitad de la deuda, con una reducción de un tercio de los intereses. Estos quedaron fijos. Los plazos de pago fueron claros. Con esta negociación, a la postre, los propios acreedores resultaron beneficiados al consolidar la posición de un importante socio comercial.

Inclusive se estableció la posibilidad de suspender los pagos para renegociar los términos pactados si había alguna alteración sustantiva que limitara la disponibilidad de recursos, esto es, se estipularon cláusulas de contingencia. Incluso se definió un sistema de arbitraje independiente, al que, por cierto, nunca fue necesario recurrir gracias a las generosas condiciones acordadas; también en algunas circunstancias potenciales litigios con los acreedores podían ventilarse en los tribunales alemanes.

Un punto clave, la capacidad de pago, definida por los propios alemanes no por los acreedores, se estableció considerando la real situación de la economía; en esta operación no participó el Fondo Monetario Internacional(FMI), que empezó a funcionar a fines del año 1945.[8]Como para completar el arreglo, los mismos acreedores aceptaron introducir una suerte de ajuste en sus economías para asegurar la compra de productos alemanes. En conclusión, Alemania, con el Acuerdo de Londres, encontró un gran impulso para su renombrado “milagro económico”.

No hay duda que este tipo de arreglo resulta apetecible para los países del sur global.  Tan es así que el canciller Helmut Schmidt, en 1983, concluyó que “los países en desarrollo están ahora en una situación similar a la del Estado alemán en la década de 1920; (cuando) Alemania no podía llevar a cabo sus pagos de ´reparación´”.[9] Una aseveración que, sin embargo, no transcendió en acción practica alguna para que los países del sur puedan obtener un tratamiento similar. Es más, en la actualidad, parece que esta experiencia ha sido totalmente olvidada en el mundo de las grandes potencias, incluyendo Alemania.

Es evidente que el acuerdo londinense debe ser ubicado en el entorno geopolítico del momento; un manejo que se ha repetido de alguna manera en otros casos. Así al igual que Alemania, en 1971, Indonesia, con la coordinación del mismo banquero alemán de las renegociaciones de la deuda alemana en 1953, se benefició de un acuerdo similar por el deseo político de las potencias de occidente de apoyar al gobierno que había “alejado la amenaza comunista”, asesinando a más de medio millón de personas. Tratamientos parecidos se repitieron años después con Polonia, para facilitar su recuperación económica luego de concluido el régimen comunista. Más tarde se instrumentó un plan similar con Egipto, para asegurar su lealtad durante la gigantesca operación bélica de Washington y sus aliados en contra del Irak en1991. Y la historia se repitió con Pakistán, a fines del año 2001, en medio de la denominada “guerra contra el terrorismo”, pues los Estados Unidos necesitaban su apoyo para bombardear Afganistán. Y ese sería el camino para facilitar el pago de las deudas y la reconstrucción de Ucrania…

Lo que fue bueno para Alemania, por qué no es bueno para el resto…

Las lecciones que se podrían extraer de esta negociación histórica constituyen un referente para exigir cambios sustantivos en el manejo de la deuda externa. Los acreedores fueron hace 70 años más eficientes en términos económicos y aún más humanos de lo que son hoy. A contrapelo de “tanta generosidad” con una nación doblemente agresora, los países del sur global-países que incluso no han invadido a vecino alguno- están atados a una rueda sin fin de refinanciaciones de sus deudas y de empobrecimiento continuado.

La deuda, como se ha demostrado hasta la saciedad con su largo historial, asoma como un mecanismo de exacción de recursos desde los países pobres y de imposición de políticas desde los países ricos. La deuda, no solo las deudas financieras, normalmente son herramientas que sirven para reafirmar las desigualdades de todo tipo.

Cuando está en el interés político de los acreedores resolver un problema de deuda con medidas integrales, como sucedió con Alemania en 1953, lo hacen. Aparece la voluntad política. En la mayoría de los casos la deuda -lo que engarza con otro axioma que también se podría pedir prestado al mismo Clausewitz- es un acto de poder cuyo objetivo es forzar al país deudor a hacer la voluntad de los acreedores. Y los acreedores, lo sabemos, no están dispuestos a perder su poder.

Esta realidad sostiene lo “eterno” de las deudas de muchos países del sur, inclusive del sur europeo como es el caso de Grecia en la actualidad.[10] Y en este contexto, en pleno siglo XXI, Alemania, la economía más poderosa de Europa, se ha transformado irónicamente en uno de los acreedores más inflexibles.

Desde esa perspectiva, cabe replantear las alternativas reconociendo el carácter político de la deuda, que incluso supone un reto global. No podemos seguir aceptando los acuerdos orquestados por el FMI y el Banco Mundial, que no pasan de ser una suerte de parches financieros al tiempo que son poderosas palancas para seguir profundizando el carácter de economías primario exportadores de los países del sur global, atendiendo siempre los intereses de los acreedores.

 El Acuerdo de Londres nos ofrece un listado de temas a considerar para enfrentar la deuda externa: capacidad de pago, quitas sustantivas de deuda, reducción importante de las tasas de interés, transparencia en las negociaciones para determinar los beneficios de las partes, cláusulas de contingencia, esquemas de manejo de controversias y posibilidad de un arbitraje justo y transparente, entre otras muchas cuestiones brevemente descritas en este texto. Para avanzar en este camino buscando soluciones duraderas son necesarios, aunque no suficientes, aquellos reclamos de condonación y anulación de deudas, las auditorias ciudadanas[11] y las reiteradas denuncias de tantas violencias y corrupciones atadas al endeudamiento externo.

Empero, a más de las soluciones inspiradas en los elementos fundamentales de dicho Acuerdo para muchos países en el mundo, se requieren respuestas globales. Hay que desarmar la posibilidad de que la deuda externa siga siendo esa herramienta del poder imperial de los Estados, de la gran banca, de las grandes empresas transnacionales, que cuentan con la complicidad de muchos actores en los Estados deudores, sean los propios gobiernos, los grandes grupos empresariales, la tecnocracia criolla o los poderosos medios de comunicación.

Hoy más que nunca es el momento de viabilizar un marco jurídico regulador del sistema financiero internacional. Pensemos en un Código Financiero Internacional, pactado, acordado y acogido a nivel mundial, sin excepción, por todos los actores. El objetivo a más corto plazo de este código es servir como instrumento para, dentro de lo posible, aminorar los impactos negativos de las crisis financieras generadas por la evolución cíclica del capitalismo. Con este Código se debería establecer la legalidad y legitimidad de todas las actividades financieras. El servicio de la deuda en ningún caso debería mermar las inversiones sociales y/o forzar a renovados saqueos de la Naturaleza. A partir de ese Código habría que configurar una serie de instancias e instituciones que permitan el flujo indispensable de recursos financieros internacionales en clave con transiciones socio-ecológicas orientadas a la construcción de otros horizontes civilizatorios.[12] Así sería recomendable constituir un Tribunal Internacional de Arbitraje de Inversiones y Finanzas, un Tribunal Internacional de Arbitraje de Deuda Soberana[13],un Banco Central Mundial -sin injerencia del Banco Mundial y del FMI, cuya desaparición es más que recomendable-. (...)"                      (Alberto Acosta , Rebelión, 27/02/2023)

12.12.22

Bruselas acusa a Deutsche Bank de manipular los mercados de deuda durante la crisis del euro y el rescate a España

 "Deutsche Bank, el primer banco alemán y uno de los mayores de Europa, manipuló los mercados de deuda en compañía de una entidad holandesa, Rabobank, entre 2005 y 2016. La Comisión Europea ha llegado a la conclusión “preliminar” de que ambos bancos “infringieron las normas antimonopolio de la UE [...] para falsear la competencia en la negociación de valores denominados en euros” durante los peores años de la crisis financiera, cuando Grecia, Irlanda, Portugal, España y Chipre tuvieron que pedir rescates porque los mercados de bonos soberanos, en los que se centra la investigación, se cerraron para ellos y solo les prestaban dinero a cambio de precios inasumibles, es decir, a unos intereses altísimos.

Justo en los años centrales en los que esta investigación ha hallado connivencia y manipulación del mercado de bonos, estalló en Europa la crisis de deuda. El descubrimiento a comienzos de 2010 de que Grecia, con la ayuda de Goldman Sachs, había maquillado sus cuentas públicas abrió la puerta a ataques en los mercados contra los bonos helenos. Atenas acabó pidiendo un rescate (finalmente fueron tres), pero eso no evitó el contagio a otros países, y estuvo a punto de llevarse al euro por delante. Entre tanto, “los dos bancos, a través de algunos de sus operadores, intercambiaron información comercial sensible y coordinaron sus estrategias cuando negociaban estos bonos en el mercado secundario”, acusa la Comisión.

 El mercado secundario de deuda pública es en el que se fija la prima de riesgo, ese referente financiero que en aquellos años se convirtió en una pesadilla para los Estados que se encontraban en aprietos y, sobre todo, para sus ciudadanos. Cinco de ellos, entre los que está España, tuvieron que pedir entonces la ayuda financiara de sus socios para poder atender a sus obligaciones.

A cambio de aquella asistencia, estos países se comprometieron a hacer recortes y reformas estructurales, que en muchos casos también se traducían en recortes de derechos. Entre los gobiernos europeos que más destacaron a la hora de exigir esos recortes y reformas estuvo el Gobierno alemán de Angela Merkel, a través de su entonces poderoso ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien posteriormente ocupó la presidencia del Parlamento germano. Años después, quien fuera presidente de la Comisión Europea y primer ministro de Luxemburgo durante los años de la crisis, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, vino a pedir disculpas a Grecia, el país que más sufrió aquellas condiciones: “No fuimos solidarios con Grecia, la insultamos”, declaró en 2019 en el Parlamento. (...)

No es esta la primera investigación sobre Deutsche Bank y Rabobank por sospechas de que han quebrado las normas del mercado. De hecho, la historia reciente de la entidad alemana está salpicada de casos de este tipo que emborronan su reputación. En México, por ejemplo, ya tuvo que hacer frente a una sanción junto a otros bancos internacionales por una acción similar con los bonos de deuda del país entre 2010 y 2013. Aunque la mayoría de las investigaciones en las que ha estado involucrada Deutsche Bank versan sobre la inexistencia de filtros para evitar el lavado de dinero. En abril, la Policía alemana registró las oficinas de la sede de Fráncfort de la entidad tras detectarse actividad sospechosa relacionada con el blanqueo de capitales. Antes, en 2019, acordó el pago con la justicia alemana de una multa de 15 millones para cerrar otra investigación por la supuesta ayuda a clientes para establecer empresas en paraísos fiscales.

Deutsche Bank, que atravesó en 2019 una crisis que la llevó al filo de la quiebra —tuvo que lanzar un plan de ahorro que eliminaba 18.000 empleos y su banca de inversión—, también ha estado envuelta en el escándalo de manipulación del índice líbor (el mercado interbancario londinense). El caso acabó con sanciones multimillonarias a un puñado de bancos por llegar a pactos secretos para trastocar los tipos de interés en su beneficio, entre ellos la entidad alemana, que pagó 2.500 millones de dólares en 2015. Además, también formaba parte del grupo que se saltó las regulaciones internacionales y se benefició por el trato de favor que ofrecían a cuestionados magnates del este de Europa, redes criminales y operadores políticos acusados de corrupción. E incluso tuvo que pagar 150 millones de dólares por “fallos significativos” en la supervisión de las cuentas de Jeffrey Epstein —financiero estadounidense acusado de tráfico sexual de menores y quien se suicidó en prisión en 2019—.

También Rabobank ha estado involucrado en escándalos que le han costado alguna que otra multa. Su filial estadounidense fue sancionada con 370 millones de dólares en 2018 por obstruir investigaciones sobre lavado de activos que desarrollaban los reguladores norteamericanos. Esos activos estarían, según admitió el propio banco al declararse culpable, vinculados a narcotraficantes mexicanos.

A partir de ahora se abre el plazo para que las entidades investigadas presentes sus alegaciones por escrito y oralmente. Si pese a esto, las autoridades antimonopolio de la UE consideran que Deutsche Bank y Rabobank son culpables, algo para lo que no hay un plazo establecido, ambos bancos pueden enfrentarse a sendas multas de hasta el 10% de su cifra mundial de negocios. En el caso del alemán, esta llegó a 25.400 millones en 2021; en el del holandés, a 12.169 millones."                (Manuel V. Gómez , Hugo Gutiérrez  , El País, 06/12/22)

19.8.22

Sri Lanka no será el único país en colapsar... la culpa final recae en el sistema neoliberal dominado por Occidente que mantiene a los países en desarrollo en una forma de colonización impulsada por la deuda... El sistema está en crisis, sus cimientos vacilantes quedaron expuestos por las fichas de dominó de la guerra de Ucrania, que derivó en escasez de alimentos y combustible, la pandemia y la insolvencia inminente y el hambre en todo el mundo... Sri Lanka es el primer ejemplo. Alguna vez fuimos una promesa económica, con una población educada y un ingreso medio entre los más altos del sur de Asia. Pero era una ilusión... somos el canario en la mina de carbón... El mundo entero está conectado a este sistema fallido y la agonía será generalizada... La mayor parte de la deuda se debe a instituciones financieras estadounidenses y europeas, o a aliados occidentales como Japón. Sucumbimos en una trampa de deuda en buena medida occidental... Alrededor del 60 por ciento de las naciones de bajos ingresos y el 30 por ciento de los países de ingresos medios están en peligro por la deuda... A medida que las economías colapsen, los préstamos occidentales no se reembolsarán... y los países pobres quedarán fuera del sistema del dólar... Ya comenzó. Sri Lanka empezó a liquidar préstamos en rupias indias

 "Como una persona de Sri Lanka, ver la cobertura de noticias internacionales de la implosión económica y política de mi país es como asistir a tu propio funeral: todos especulan cómo fue que moriste.

 Los medios de Occidente acusan a China de llevarnos a una trampa de deuda. Tucker Carlson dijo que los programas ambientales, sociales y de gobierno corporativo nos ahogaron. Y todos culpan a los Rajapaksa, la dinastía corrupta que nos gobernó hasta que las protestas masivas de esrilanqueses furiosos los expulsaron en julio.

 Pero, desde mi punto de vista, la culpa final recae en el sistema neoliberal dominado por Occidente que mantiene a los países en desarrollo en una forma de colonización impulsada por la deuda. El sistema está en crisis, sus cimientos vacilantes quedaron expuestos por las fichas de dominó de la guerra de Ucrania, que derivó en escasez de alimentos y combustible, la pandemia y la insolvencia inminente y el hambre en todo el mundo.

Sri Lanka es el primer ejemplo. Alguna vez fuimos una promesa económica, con una población educada y un ingreso medio entre los más altos del sur de Asia. Pero era una ilusión. Después de 450 años de colonialismo, 40 años de neoliberalismo y cuatro años del fracaso absoluto de nuestros políticos, Sri Lanka y su pueblo han caído en la ruina.

El expresidente Gotabaya Rajapaksa profundizó nuestros problemas de deuda, pero la economía ha sido estructuralmente inestable en todas las gestiones. En pocas palabras, importamos demasiado, exportamos muy poco y cubrimos la diferencia con deuda. Esta economía insostenible estaba destinada a colapsar.

 Pero somos el canario en la mina de carbón. El mundo entero está conectado a este sistema fallido y la agonía será generalizada.

Los últimos meses se han sentido así.

Tengo un coche, que se convirtió en un pisapapeles gigante. Sri Lanka se quedó, literalmente, sin gasolina, así que mis hijos preguntaron si podían usarlo para jugar. Solo sirve para eso. Para conseguir combustible había que esperar días en filas que demolían el ánimo. Me di por vencido. Empecé a trasladarme en autobús o bicicleta. La mayor parte de la economía se paralizó. Ahora se ha racionado el combustible, pero de manera irracional. Los ricos obtienen suficiente gasolina para sus camionetas de lujo, que consumen bastante, mientras que los taxis no consiguen suficiente y quienes tienen tractores luchan por dar con un poco.

 La rupia ha perdido casi la mitad de su valor desde marzo y muchos productos están agotados. Aprendes a reaccionar a la primera señal de problemas: cuando comenzaron los cortes de energía hace unos meses, mi esposa y yo compramos un costoso ventilador recargable; días después, se agotaron. En cuanto los cortes de combustible se volvieron extremos, compramos bicicletas, y al día siguiente empezaron a costar más. Alimentos básicos como el arroz, las verduras, el pescado y el pollo han subido de precio.

Muchos esrilanqueses comen una vez al día; algunos están muriendo de hambre. Cada semana llega a mi puerta una nueva clase de personas que han tenido que mendigar para sobrevivir.

Como escritor en línea, gano en dólares, así que cuando la rupia se depreció y se devaluó, en la práctica obtuve un aumento. Podemos permitirnos tener energía solar y baterías de respaldo para mantener la energía funcionando. Pero muchos otros están a merced de los apagones. Mucha gente no podía trabajar porque las fábricas y otros lugares de trabajo estaban cerrados y los niños no podían dormir con el calor. Las primeras protestas importantes iniciaron en marzo después de una noche en ese escenario, cuando parecía que todo el país estaba furioso y sin poder dormir.

 El mes pasado, los manifestantes irrumpieron en la residencia presidencial y la oficina del primer ministro (...)

En la oficina del primer ministro, alguien tocaba el piano y un hombre sin camisa, envuelto en una bandera de Sri Lanka, dormía en un sofá. (...)

Era una visión hermosa en un espacio donde antes las élites comían canapés, rodeadas de guardias armados. Me sentía esperanzado.

Pero lo que por un momento se había sentido como una verdadera democracia no duró. El Parlamento sencillamente reemplazó a Rajapaksa con uno de sus cómplices, Ranil Wickremesinghe, quien había sido primer ministro varias veces pero perdió su escaño en 2020. Ordenó a los militares a enfrentar a las personas que protestan y ha arrestado a manifestantes y sindicalistas. Todo ha sido “constitucional”, lo que ha erosionado la esperanza en todo el sistema democrático liberal.

Sri Lanka, como tantos otros países que luchan por la liquidez, sigue siendo una colonia con una administración subcontratada al Fondo Monetario Internacional (FMI). Todavía exportamos mano de obra y recursos baratos e importamos productos terminados caros: el modelo colonial básico. El país aún está dividido y dominado por las élites locales, mientras que el control económico real se mantiene en el exterior. El FMI le ha otorgado préstamos a Sri Lanka 16 veces, siempre con condiciones estrictas. Simplemente nos sigue reestructurando para una mayor explotación por parte de los acreedores.

 Y por mucho que Occidente culpe a los prestamistas depredadores chinos, solo entre el 10 y el 20 por ciento de la deuda externa de Sri Lanka se le debe a China. La mayoría se debe a instituciones financieras estadounidenses y europeas o a aliados occidentales como Japón. Sucumbimos en una trampa de deuda en buena medida occidental.

 Otros países enfrentan el mismo peligro. Alrededor del 60 por ciento de las naciones de bajos ingresos y el 30 por ciento de los países de ingresos medios están en peligro por la deuda o corren un alto riesgo de estarlo. Pakistán, Bangladés, Túnez, Ghana, Sudáfrica, Brasil, Argentina, Sudán: la lista de naciones en aprietos crece con rapidez. Se cree que el 60 por ciento de la fuerza laboral mundial tiene ingresos reales más bajos que antes de la pandemia, y los países ricos ofrecen poca o ninguna ayuda.

Pero las grandes economías también están afectadas. Europa enfrenta incertidumbre energética, los estadounidenses batallan por llenar sus tanques de gasolina, es posible que Estados Unidos ya esté en recesión —su burbuja económica amenaza con estallar— y las familias británicas afrontan inseguridad alimentaria.

Va a empeorar: el FMI acaba de advertir que aumenta la probabilidad de una recesión global. A medida que las economías colapsen, los préstamos occidentales no se reembolsarán y los países pobres quedarán fuera del sistema del dólar que impulsa el estilo de vida occidental. Entonces, incluso los estadounidenses no podrán imprimir dinero para salir del problema. Ya comenzó. Sri Lanka empezó a liquidar préstamos en rupias indias e India está comprando petróleo ruso en rublos. China podría comprar petróleo saudí con yuanes.

El levantamiento en Sri Lanka que expulsó a nuestros líderes se ha llamado aragalaya. Significa “lucha”. Va a ser una lucha prolongada, y se está extendiendo por todo el mundo."          ( , The New York Times, 17/08/22)

25.3.20

Michael Hudson: Un «jubileo» de la deuda es la única manera de evitar la depresión. Es hora de reconocer que la mayoría de las deudas NO pueden ser pagadas. El brote de coronavirus está sirviendo como un ejercicio de apertura mental. Ha llegado el momento de buscar soluciones que antes eran impensables

"Antes de que apareciera el coronavirus, muchas familias estadounidenses tenían serias dificultades para pagar las tarjetas de crédito, los préstamos estudiantiles, los prestamos para comprar automóviles y otros tipos de deudas. La deuda de Estados Unidos estaba poniendo a sus trabajadores fuera del mercado. Una crisis de deuda era inevitable , el COVID-19 sólo la adelantó 


El «distanciamiento social»con la consiguiente pérdida masiva de empleos, la crisis de la Bolsa y los enormes rescates a las corporaciones, ahora amenaza directamente con una fuerte depresión. Pero no tiene por qué ser necesariamente así. 


La historia nos ofrece una alternativa : declarar un «jubileo» de la deuda. En pocas palabras esto significa limpiar la pizarra. Significa reconocer que cuando las deudas crecen demasiado los deudores caen irremediablemente en la pobreza. Y, en estas condiciones la única manera de restaurar los equilibrios económicos es eliminar las deudas incobrables, hacer un «Jubileo de la deuda».


La palabra «Jubileo» viene de la palabra hebrea «yobel» (trompeta) porque según la antigua Ley Mosaica, se tocaban las trompetas cada 50 años para anunciar el Año del Señor, el Año en el que las deudas personales debían ser eliminadas.
La otra opción era que los pequeños propietarios perdieran sus tierras a manos de los acreedores.(...)

Los paralelismos con el momento actual son notables. La economía de los Estados Unidos se ha polarizado fuertemente desde el crack de 2008. Para demasiados, las deudas dejan pocos ingresos disponibles. En una economía en crisis, una nueva ola de deudas absorberán la mayor parte de la riqueza obtenida desde 2008 y dividirá aún más a nuestra sociedad.


Esto ya ha ocurrido en la historia reciente: después de la Primera Guerra Mundial, la carga de las deudas de guerra llevaron a Alemania a la bancarrota, contribuyendo al colapso financiero mundial de 1929-1931. Alemania era insolvente y su política se polarizó. Todos sabemos cómo terminó esa historia .


La quiebra bancaria de Estados Unidos en 2008 ofreció una gran oportunidad para terminar con las hipotecas basura (a menudo fraudulentas) que sigue pesando sobre las familias de bajos ingresos . Pero no se hizo, y millones estadounidenses fueron desalojadas de sus viviendas 


La única forma de restaurar cierto equilibrio social es una reducción drásticas de las deudas. Las con mayor probabilidad de impago son las deudas de los estudiantes, las médicas y las de los consumidores en general. Todas bloquean el gasto en bienes y servicios, reduciendo la economía «real» . Hace una amortización es una acción pragmática, para nada es una «solución moral» a favor de los más necesitados.

De hecho, el llamado «milagro económico alemán» fue un proceso iniciado, en 1948, con la reforma monetaria impulsada por las potencias Aliadas. En ese año se introdujo el Marco Alemán – en reemplazó del Reichsmark – eliminando de esa manera el 90 por ciento de la deuda pública y privada. A partir de ahí Alemania emergió como un país libre de deudas, con bajos costos de producción y con una economía moderna.


El dogma económico dominante sostiene que una medida de este tipo producirá un colapso económico a los acreedores Para solucionarlo el gobierno de Trump ha destinado 4,5 billones de dólares al capital financiero, en vez de absorber las deudas de la impagables producto del desempleo masivo. 


Para la Banca y los prestamistas privados, sólo deben ser eliminados los cargos por mora y las multas. En realidad, estas medidas son una manera de subvencionar los préstamos fallidos y favorecer a los especuladores que los concedieron .


En el pasado, el políticamente poderoso sector financiero ha bloqueado una amnistía que le de un respiro a la gente . Hasta ahora, la ética mayoritaria ha sido que las deudas deben ser pagadas religiosamente . Es hora de reconocer que la mayoría de las deudas NO pueden ser pagadas. Los deudores no tienen ni deben sentir ninguna culpa frente al desastre económico que nos acosa.


El brote de coronavirus está sirviendo como un ejercicio de apertura mental. Ha llegado el momento de buscar soluciones que antes eran impensables. Las deudas que no pueden ser pagadas no se pagarán . Un «jubileo» de deudas es la mejor salida."                    (Michael Hudson, Observatorio de la crisis, 23/03/20)

5.3.20

Argentina puede ingresar en una secuencia que se realimentaría sola -rescate tras rescate tipo Grecia- ya que los acreedores exigirán ajuste sobre ajuste para garantizar sus cobros, lo que profundizaría la recesión... el gobierno debe declarar su propio default... antes de que sean los propios fondos acreedores lo que lo provoquen

"(...) Hoy el país está en default virtual -combina pagos con reperfilamientos- mientras que la deuda está mayoritariamente en carteras de fondos de inversión, que después de la crisis mundial del 2008 se han concentrado y son mucho más poderosos que entonces. 

Coordinados, esto es sumando sus acreencias, tienen la capacidad de hacer caer todo intento de reestructuración, como lo demostraron en el reciente caso de Prov. de Buenos Aires y en el reperfilamiento del bono nacional AF20 –una suerte de casos testigos- ya que tienen la capacidad de impedir se llegue al 75% o más, según los bonos, que exigen las clausulas de acción colectiva.

En este contexto es posible funcione el acuerdo con el FMI –postergación de pagos, equilibrio fiscal por cuatro años y superávit primario del 1% a partir del 2024. Con los bonistas privados tal vez se acuerde un período de gracia de tres años con quitas de capital y postergación del pago de intereses (capitalizables) y tal vez algunos pagos anuales en efectivo. 

 Todo pensado para que a partir del 3er. año el país pueda regresar a los mercados “voluntarios” de crédito, ya que es difícil que el saldo del sector externo genere los dólares necesarios para hacer frente los vencimientos. En síntesis volver a endeudarse para seguir pagando. En este esquema la reducción importante de los intereses y la magnitud de la quita del capital son decisivas para que la economía vuelva a crecer. 

Sin embargo nada garantiza que al cabo de 5 años no tengamos una nueva crisis de deuda, se requeriría un nuevo rescate del Fondo y se corre el riesgo de ingresar en una secuencia que se realimentaría sola -rescate tras rescate, tipo Grecia- ya que los acreedores exigirán ajuste sobre ajuste para garantizar sus cobros, lo que profundizaría la recesión e impediría recuperar la economía. 

Pero podría ser que los poderosos fondos de inversión no acepten una quita mayor al 10%, exijan cobrar algo en efectivo, reducir poco o nada la carga de intereses y conocer el acuerdo con el Fondo antes que firmar su propio acuerdo. En este caso serían los propios fondos los que provocarían el default. 

Si así fuera la economía se dislocaría, el dólar blue estaría por las nubes y el precio de los bonos se derrumbaría, dejando todo a merced de los buitres. Tienen experiencia saben que Argentina es “pagadora serial” y que solo sería cuestión de hacer juicio y esperar…


Pero ¿Qué puede suceder si frente a la intransigencia de los fondos el gobierno tome una acción soberana y declare su propio default? Esto es suspenda unilateralmente los pagos e inicie una investigación integral. Esta salida es la consecuencia lógica y coherente de haber declarado que la deuda es impagable e insostenible.

 Más aún cuando la actual puede ampararse en el Derecho Internacional bajo el concepto jurídico de “deuda odiosa”, esto es aquella que no ha sido contraída a favor de quienes finalmente tienen que hacerse cargo de su repago. No hay correspondencia alguna entre el monto de la deuda de los últimos 4 años y mejoras en la infraestructura o en los servicios básicos, ni en ampliación de la capacidad productiva. Por el contrario hay evidencias de que solo sirvió para fugar recursos escasos, para pagar intereses sobre intereses y deudas sobre deudas, sin beneficio alguno para el pueblo. 


Pero que además está viciada de nulidad. No es legítima, ya que no ha sido autorizada por el Congreso Nacional, con el agravante que no hay ninguna explicación razonable que justifique un bono a 100 años a tasas usurarias o los movimientos que significaron la pérdida de miles de millones de dólares de reservas del Banco Central bajo la presidencias de Sturzenegger y Caputo, o porqué se vulneraron los estatutos del FMI.  (...)"                    (Eduardo Lucita , Rebelión, 05/03/20) 

25.2.20

Argentina: Claves de la renegociación de la deuda después de que el FMI decretara que la deuda no es sostenible y que es necesario que la Argentina renegocie sus pasivos, y que haya “una contribución apreciable de los acreedores privados”... o sea, una 'quita'

"El Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo el miércoles, terminada la misión técnica que estuvo en Buenos Aires desde el 12 hasta el 19 de febrero, lo que el gobierno esperaba: la deuda no es sostenible en la situación actual de las cuentas fiscales y externas del país y con el cronograma de pagos, muy cargado para este año y los que vienen. Por lo tanto, es necesario que la Argentina renegocie sus pasivos, y que haya “una contribución apreciable de los acreedores privados”. 

Esto significa que estos deberían aceptar una pérdida de valor de sus bonos, o sea una quita.

 De esta forma, Alberto Fernández consiguió de la visita del FMI lo mejor que podía esperar. Los tecnócratas del organismos no le pidieron formalmente más ajuste (aunque mientras estaban en el país el gobierno metió la mano en el bolsillo de 2 millones de jubilados y anunció aumentos de tarifas “solidarios”, continuando con lo iniciado en diciembre con la ley de emergencia económica) y le marcaron la cancha a los bonistas. De cara a una dura negociación con los bonistas que se viene, y que según el cronograma de Economía debería cerrarse con el 31 de marzo como fecha límite y en la cual el Estado argentino llega en una posición de gran debilidad, el respaldo del FMI es un contrapeso en la balanza, aunque difícilmente cambie en algo la dureza que preanuncian los bonistas
.
 ¿Qué es lo que se está discutiendo en la negociación de la deuda?
 
La deuda pública total alcanza según los últimos datos informados por la secretaría de Finanzas, los USD 324 mil millones. De toda esa deuda, más de un tercio es intra sector público. O sea, es dinero que el Tesoro le debe a Anses, el Banco Nación, el Banco Central, y otros organismos públicos. Esa deuda no está en discusión, son vencimientos que se patea para adelante de manera permanente (con perjuicio para la operatoria de las entidades en muchos casos, ya que pierden liquidez).

La deuda que se está renegociando es, por un lado, los USD 121 mil millones que están en manos de bonistas privados, y por otro, los USD 44 mil millones desembolsados por el FMI. (...)

La renegociación de la deuda es en realidad tres negociaciones al mismo tiempo:
  • la de la deuda con acreedores privados bajo legislación extranjera, es decir la que fue emitida en Nueva York u otras plazas. Se trata de una deuda que hay que pagar en dólares u otras monedas que no son el peso argentino, y que en caso de incumplimiento habilita a los acreedores a hacer juicio en cortes de otros países, como los buitres de Griesa. En la mayoría de los bonos de esta categoría rigen las Cláusulas de Acción Colectiva, por las cuales si el 75 % de los bonistas o más acepta, se considera lograda la renegociación, y el restante 25 % debe aceptarla. Pero si no se alcanza ese porcentaje, el acuerdo queda bloqueado. En los bonos emitidos en 2005 y 2010 cuando Néstor Kirchner y Cristina Fernández canjearon los bonos del default de 2001, las condiciones son aún más duras: 85 % de los acreedores debe aceptar. El monto de esta deuda es de USD 65 mil millones, y la mitad de la deuda o más está en manos de 10 grandes fondos: Pimco, Templeton, Fidelity, BlackRock y unos 6 más. Si se juntan y unifican posición tienen casi poder de veto;
  • el segundo carril de negociación, es el de los bonos en manos privadas bajo legislación local. Acá hay deuda en pesos (por el equivalente a USD 18 mil millones) y en dólares (USD 44 mil millones), pero a diferencia de la anterior no habilita cortes extranjeras. Aunque la negociación local está subordinada a la de los bonos bajo ley extranjera (Guzmán prometió iguales condiciones para ambos tipos de deuda, aunque los acreedores opinan que la deuda local puede ser más castigada), en realidad la mayor parte de los vencimientos de lo que resta del año son de estos bonos;
  • por último, está la deuda con el FMI, para devolverle los USD 44 mil millones que le prestó a Macri. Hasta el año que viene no hay pagos de capital al FMI, pero en 2022 y 2023 se concentran vencimientos siderales. Por eso, la intención de Guzmán es acordar la postergación de pagos hasta 2024. Es una negociación que no es urgente. Pero tener rubricado un acuerdo con el Fondo sería un gesto para sentarse a la mesa con los acreedores privados. El gobierno está haciendo los deberes por estos días para cumplir de antemano todo lo que podrían exigirle.
Este año los vencimientos totales de deuda bruta (es decir, descontando lo que el Estado le debe al Estado) son de USD 48 mil millones. En dólares son USD 20 mil millones, el resto en pesos. Los dólares del Banco Central disponibles hoy para usar son de USD 14 mil millones según las estimaciones más optimistas. Es decir que no hay plata suficiente para pagar los vencimientos. Está la deuda en pesos, que se podría pagar emitiendo, pero eso significa ponerle presión al tipo de cambio, aumentando la brecha entre el dólar legal y el paralelo, contado con liqui, dólar bolsa, etc.

Los tiempos apremian. Si no hay acuerdo para mayo, podría haber default: hasta ese mes vencen 1 billón y medio de pesos de deuda en moneda local (sumando capital a intereses), y casi USD 18 mil millones de dólares. Es decir, USD 4 mil millones más de lo que tiene el BCRA para usar, si estuviera dispuesto a quemar hasta el último dólar disponible.

¿Esto qué significa? Que el gobierno está yendo a una negociación en condiciones muy débiles. Ya de por sí, no haber entrado en default hace la negociación siempre más trabajosa. Es cierto por un lado que le da al gobierno una arma, que es la amenaza de patear el tablero y dejar de pagar, haciendo que caigan los bonos y los acreedores pierdan todavía más plata, porque hay muchos que compraron bonos cuando valían bastante más de lo que están hoy. 

Pero eso amenaza pierde credibilidad cuando se pone en evidencia que no hay decisión de ir por ese camino, que es lo que confirmó Kicillof en la provincia hace dos semanas. Entonces, querer renegociar sin default ya es una dificultad. Mucho más lo es cuando no se tiene ningún respaldo, que es lo que le está pasando a la Argentina. Y al haber seguido pagando desde el día uno, usando dólares escasos, el gobierno debilitó su posición para la negociación todavía más porque cada vez que paga tiene menos reservas.

Entonces, la posición más fuerte está del otro lado de la mesa, donde se sientan los grandes fondos.

Hay cinco variables que van a determinar cómo resulta la renegociación: 1) la magnitud de la quita de capital; 2) la quita de cupones, es decir el porcentaje que va pagando de intereses el bono a lo largo de su vida; 3) la extensión del plazo de pago de los bonos, 4) el tiempo “de gracia”, es decir sin pagar ni capital ni intereses; y 5) la tasa de retorno del bono reestructurado, lo que la yerga define como “exit yield”. El gobierno define (o propone al menos) las primeras cuatro condiciones, en la oferta que realice a los acreedores. La última variable la definen los mercados: una vez terminada la negociación según la valuación que tenga el bono respecto de su valor nominal, esta “exit yield” va a ser más alta o más baja. Si la tasa es muy alta, la negociación va a arrojar resultados muy precarios.

Los bonistas no miran una de estas variables por sobre la otra con más jerarquía, lo que les importa es el valor presente del conjunto de la oferta.

De todo esto, quita de capital, reducción de intereses, y años de gracia sin pagar nada, son las claves de lo que hasta ahora se dispone a pedir Guzmán. Las señales por el lado de los acreedores fueron más bien hostiles. Se preparan para una dura batalla, que difícilmente concluya antes del 31 de marzo.

(...)  lo “mejor” que puede surgir si el gobierno tiene éxito en la negociación con los bonistas: seguir con un ajuste, que en nada se parece a la propuesta de “poner plata en el bolsillo” realizada durante la campaña electoral. La alternativa, el fracaso y la entrada en default, realizada de manera caótica, impondría por la vía del derrumbe un ajuste todavía peor.
 
La amenaza de esta “catástrofe” como único escenario alternativo, puede ser utilizada por el gobierno para decir que no se puede hacer otra cosa que ceder a las exigencias de los acreedores. Pero es falso que esa sea la única alternativa. También puede encararse un desconocimiento soberano de la deuda odiosa, acompañado de otra serie de medidas de emergencia como la nacionalización de los bancos conformando una banca estatal única y el monopolio estatal del comercio exterior, para que esta vez la crisis la paguen quienes la generaron: los banqueros, especuladores, y grandes empresarios."           (Esteban Mercatante , La Izquierda Diario, 20/02/20) 

31.1.20

Stiglitz: "Es de interés para todos evitar un default"... en Argentina

"Macri apostó la casa y los mercados de capitales quedaron ciegos. Los prestamistas fueron tontos al prestar esa cantidad de dinero. Apostaron de la misma manera que Macri apostaba a que iba a haber una avalancha de inversión extranjera”, afirmó el Premio Nobel en Economía, Joseph Stiglitz.  (...)

“Macri apostaba a que iba a haber una avalancha de inversión extranjera en Argentina que de repente conduciría al crecimiento económico, que le permitiría a Argentina pagar la deuda. No había evidencia, todos seguían ciegamente los discursos de Macri”, afirmó el especialista, considerado un economista de la Nueva Economía Keynesiana. Apuntó además la responsabilidad a los mercados de capitales, a los que acusó de no hacer su trabajo. 

“La función del mercado de deuda es fijar el precio del riesgo y emitir juicios. No deberían haber prestado tanto dinero. Entonces, mi crítica es a los mercados de capitales, no hicieron préstamos prudentes. Y en retrospectiva: ¿fue culpa de Argentina? Yo culpo a los mercados de capitales; no culpo a Argentina”, contestó.  (...)

  “Creo que la mayoría de las personas que han visto los números dicen que hay que hacer algo. No creo que nadie diga: podemos continuar así. Los números son muy claros en que no tienen los dólares para pagar lo que se debe. Es aritmética”, afirmó el docente de la Universidad de Columbia. (...)

Respecto de la negociación, se mostró confiado en la pericia de Guzmán para llegar a un proceso que sea “mejor de lo que lo hizo casi cualquier otro país”. “Creo que tienen una comprensión probablemente insuperable de la macroeconomía y la deuda. 

El ministro de Economía es un excelente economista que ha hecho su carrera estudiando deuda, macroeconomía y reestructuraciones de deuda”, destacó Stiglitz, quien alertó sobre los efectos de un default: “Alrededor del 50 por ciento (de los procesos de canje) termina con una crisis en cinco años. No quieren meterse en eso. Entonces quieren resolverlo. No es una solución temporal, sino una solución real. Y eso requerirá alguna forma de reescribir el contrato para hacerlo sostenible".  

La solución

El Nobel en Economía coincide con la línea programática que planteó Guzmán y que refiere a la necesidad de hacer una negociación integral. En el caso de la deuda con privados, había asegurado días atrás que habría que prepararse a una quita considerable. En la entrevista explica las maneras de conseguir esa reducción. 

“El término quita hay muchas palabras diferentes: reperfilar, reestructurar. Si se trabaja lo suficiente sobre la tasa de interés, que es lo que creo que deberían hacer, entonces no tienes que hacer el capital. Si tienes suficiente flexibilidad en dos de ellos, no tendrás que hacer el tercero”, explicó en referencia a la tríada que suele negociarse en términos técnicos: plazo, tasa de interés y capital (nominal). 

De todos modos, aclaró que algunos organismos, como el Club de París, imponen una tasa de interés –en ese caso es del 9 por ciento anual— y sobre ese número aceptan negociar plazos. “Hay toda una teoría que explica que si cobrás altas tasas de interés, terminarás con una alta probabilidad de incumplimiento”, fue su mensaje a los acreedores. "                (Entrevista a Joseph Stiglitz, cristina Carrillo, Página12, 30/01/20)