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1.5.26

Impacto petrolero inminente... no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración... En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas... en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%... si la situación bélica se recrudece,Irán podría poner fuera de línea toda la producción de la región... si la situación se «normalizase», habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%... en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929... En España, en unos 3 meses, es decir, a finales de julio, las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas... España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia... eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación... no será de extrañar que, en medio del marasmo actual, se le pida a España un esfuerzo extra... Si España comienza a compartir con Europa sus productos refinados, significaría que se tendrían que implementar de manera inmediata medidas restrictivas en España (Antonio Turiel)

"Queridos lectores:

Anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas es una tarea harto difícil. Sin embargo, dada la acumulación de riesgos y la evolución de los diversos factores que afectan a la actual situación geopolítica, no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración.

No voy a entretenerme a valorar la inmensa cantidad de efectos y correlaciones que hay entre la infinidad de variables que están en juego. Me voy a fijar en unos pocos aspectos que ahora mismo están bastante claros, para transmitir una idea que es bastante sencilla: de manera inevitable, en el curso de las próximas semanas vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas. Todo va a depender de la evolución de ciertos factores ahora mismo imponderables pero que tienen un curso muy negativo.

Vamos a ir a lo más básico: de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en el momento actual se ha detenido la extracción de unos 13 millones de barriles (Mb/d) de petróleo diarios en la zona del Golfo Pérsico, fruto de la incapacidad de darle salida a ese petróleo. Eso supone la desaparición del 13% de los aproximadamente 100 Mb/d que se producen en el mundo. Encima, la detención de la extracción de esos pozos, en campos ya muy maduros, va a implicar la pérdida definitiva de 1 ó 2 Mb/d para siempre debido a los procesos de compactación y cierre de la roca cuando se deja de inyectar agua a presión, y eso ya supone una pérdida muy significativa, en torno al 1-2% de la producción mundial. Además, los daños causados en terminales de carga, refinerías, oleoductos, gasoductos e inclusive algunos yacimientos van a suponer una ralentización del flujo de hidrocarburos durante años, que podrían suponer una pérdida adicional comparable durante ese período. Por tanto, incluso en el mejor de los casos nos enfrentamos quizá a una pérdida del 4% de la producción mundial durante años. Conviene recordar además que, como los países productores consumen ellos mismos un poco más de la mitad del petróleo que extraen, en términos del petróleo disponible a la venta (lo que es lo más importante para países netamente importadores como es España) esos porcentajes se tienen que multiplicar por 2. Por tanto, la interrupción de la extracción en la zona supone el 26% del petróleo exportado en el mundo, y de manera más o menos definitiva habremos perdido entre el 4 y el 8% del total de petróleo a la venta. Esos números nos pueden dar una idea de cómo de apurada es la situación de países importadores como el nuestro.

Pero la situación tiene el potencial de volverse mucho peor. EE.UU. está bloqueando el paso de petroleros iraníes, habiendo ya capturado algunos. Irán exporta 2 Mb/d, lo cual implica añadir otro 4% del petróleo exportado que faltaría, y ya llegamos al 30%. Además, si la situación bélica se recrudece, Irán puede atacar los oleoductos con los que Arabia Saudita y Kuwait están esquivando el Golfo Pérsico, lo cual retiraría hasta otros 7 Mb/d del mercado, o lo que es lo mismo, otro 14% menos. Eso sin contar con que, si EE.UU. lanza la ofensiva terrestre, la destrucción que puede generar Irán en la zona podría poner fuera de línea toda la producción de la región, que es de unos 27 Mb/d. Para más inri, estos países exportan la mayoría de su petróleo, unos 20 Mb/d, la mayoría de los cuales pasaban antes por el estrecho de Ormuz  aunque actualmente unos 7 Mb/d se desvían por oleoductos que hemos comentado. En ese caso, faltaría hasta el 40% del petróleo disponible a la venta (y por no hablar de que si esos países se quedan sin petróleo para producir y traer alimentos, conseguir agua o usar el aire acondicionado en verano, la expresión «catástrofe humanitaria» se va a quedar cortísima).

En resumen: en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%, e incluso si la guerra se detuviera ya y la situación se «normalizase», habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%.

Es decir: en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929.

¿En qué situación se encuentra España?

De acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), España está consiguiendo comprar aproximadamente el 85% del petróleo que consume. Eso hace que el 15% que falta lo esté sacando de sus reservas, principalmente las comerciales. Antes de la guerra de Irán, España contaba con unas reservas estratégicas (del Estado) equivalentes a 30 días de consumo nacional, en tanto que las comerciales (de las compañías) equivalían a 65 días. En total, todas las reservas representaban 95 días de consumo nacional. En la actualidad, las reservas representan unos 83 días, y perdemos el equivalente a 0,15 días de consumo nacional cada día que pasa. Esto es, perdemos aproximadamente un día de reservas cada semana que pasa. Si no hay cambio de la situación, en unas 13 semanas (3 meses, es decir, a finales de julio) las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas.

España tiene una situación mejor que la de otros países europeos, porque aquí se han mantenido en funcionamiento 8 refinerías de las que había, y solo ha cerrado una, en Canarias. De ese modo, España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia y otros lugares, y eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación, ya que en los mercados de la gasolina, el diésel y el queroseno hay mayor competencia entre la demanda, en tanto que los clientes del petróleo crudo son menos, ya que se necesita tener refinerías y éstas son instalaciones muy caras que no todos los países se pueden permitir tener.

El escenario que se dibuja no es excesivamente favorable para España, pero no se anticipa una disrupción inminente. Hay sin embargo ciertos riesgos que invitan extremar la cautela en las próximas semanas, y que probablemente van a provocar que se tomen medidas restrictivas e inclusive racionamientos más pronto de lo que se podría pensar.

  • Precio del petróleo: Durante el mes de abril, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. ha manipulado las referencias que se toman como «precios del petróleo», a saber, los contratos de compra a futuro en el mes de junio tanto del petróleo Brent como el West Texas Intermediate. El volumen físico realmente extraído de estos dos tipos de petróleo es muy pequeño, apenas unos cientos de miles de barriles diarios, y por eso es un mercado más fácilmente manipulable. Se han comprado opciones de compra de petróleo en junio a un precio más caro y luego se han revendido a un precio más barato con el objetivo de conseguir contener el precio; primero se fijó un nivel de 90$ por barril y más tarde, cuando se vio que ésa era una referencia difícil de mantener, se tomó la de 100$/barril. Todo este «petróleo de papel» no deja de ser un mero instrumento especulativo sin conexión directa con el petróleo físico real que se comercia en los puertos, pero en general el precio de los futuros a 3 meses y el precio del petróleo en venta inmediata suelen ser muy parecidos, con unos pocos dólares por barril de diferencia. Hasta este mes de abril, claro.

  • Lo que hemos observado es que la separación entre el precio del petróleo físico y los futuros ha llegado a ser de más de 30 dólares por barril, fruto de esta manipulación por parte del Tesoro estadounidense. La razón de esta manipulación, que obviamente le ha costado cientos de millones de dólares al Departamento del Tesoro americano, es que lo que los noticiarios refieren como «precio del petróleo» es el del mercado de futuros, no el de venta inmediata, entre otras cosas porque el valor de este últimos es más difícil de conocer, ya que depende del país, puerto y entrega, y se tendría que registrar todos esos valores y hacer una media ponderada. Como esos «precios del petróleo» se utilizan como índices para muchos ajustes bursátiles, con esta maniobra el gobierno de los EE.UU. ha ganado tiempo para evitar el pánico de la bolsa. Pero el tiempo se acaba. Mañana, 30 de abril, se tienen que liquidar los contratos a futuro del Brent con entrega en junio. Por ese motivo, querido lector, habrá observado que desde que empezó esta semana el precio del petróleo (es decir, de los contratos de futuros a junio) ha ido subiendo progresivamente, siendo en el momento que esto escribo ya de 118$/barril. Entre hoy y mañana el precio tendrá que dispararse hasta que el precio de entrega inmediata y el del futuro se igualen prácticamente, porque si no lo hicieran alguien podría comprarlo para revenderlo inmediatamente más caro y ganar la diferencia. La huida hacia adelante que ha supuesto esta manipulación contable llega por tanto a su fin. Cuando acabe la jornada de mañana sabremos dónde se queda el Brent (para el WTI aún tendremos que esperar al 19 de mayo), pero no se extrañen si aterriza en los 140 ó 150$ por barril. Ese precio refleja la escasez real del petróleo físico en Europa, y lo peor es que ni siquiera es el techo, lo más probable es que acabe derivando, con el paso de las semanas, hacia los 200$ o más. En todo caso, con 150$/barril de Brent, espérense que lleguemos a precios del diésel ya cercanos a los 3 euros por litro.

  • Destrucción de la demanda: Éste es el único factor que puede servir para aliviar la actual situación de escasez. Con el precio de las gasolina y el diésel disparado, muchos negocios van a tener que cerrar, y eso implicará una caída de la demanda. El problema es que esperar que este mecanismo cierre una brecha en demanda del 15% del petróleo es prácticamente asumir un descenso de actividad industrial en un porcentaje similar, y por rebote y dependencias mutuas, un descenso del PIB que fácilmente superaría el 5% y hasta el 10%. Eso sería una verdadera debacle económica, así que lo más probable es que el Gobierno tome medidas inmediatas para contener la demanda de los particulares, que es lo que menos daño causa a la actividad económica. Por tanto, no sería en absoluto descartable que en las próximas semanas se tomen ya medidas restrictivas. El problema es que con esas medidas es dudoso que se consiga cerrar la brecha del 15% entre demanda y disponibilidad de petróleo en más de un 5% del total, y aún quedaría un 10% por cubrir. En tanto que no se cierre ese brecha, es inevitable que el precio suba, dado que lo que empuja el precio al alza es la incapacidad de cubrir toda la demanda.
  • Hundimiento económico de los países del Golfo: La actual estrategia americana de bloquear la salida de barcos iraníes (o de quién les haya pagado tributo) tiene como objetivo deteriorar la ya muy debilitada economía iraní, provocar protestas y revueltas internas y conseguir un cambio de régimen. Desgraciadamente para los americanos, el régimen iraní está demostrando ser muy resiliente y estar muy bien atrincherado, y más ahora que su ejército, la Guardia Revolucionaria, parece haberse hecho de facto con el control político del país. Sin embargo, la resiliencia del resto de países del golfo Pérsico, que son aliados de los EE.UU., es mucho más cuestionable. Ellos también están sufriendo económicamente por la guerra y el bloqueo de Ormuz. Es en este contexto que debe entenderse el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP pasado mañana, cuando la guerra no se ha acabado y el cierre del estrecho de Ormuz aún impide la salida de la mayoría de su petróleo. Emiratos es el único país que cuenta con una capacidad ociosa significativa, y cree que podría pasar de los 3 Mb/d de producción actual que le fija la cuota de la OPEP hasta los 5 Mb/d, es decir, 2 Mb/d más, un incremento del 66%. EAU está pensando que, en cuanto se desbloquee la situación actual, debe vender petróleo a la máxima velocidad posible para enjugar sus cuentas públicas. La situación de los EAU es un síntoma del problema de todos estos petroestados, que tienen sistemas políticos autoritarios y represivos, sin más políticas redistributivas que las que permitían los excedentes del petróleo. Un bloqueo prolongado de la situación actual puede acabar llevando a revueltas y levantamientos, y eventualmente a la caída de alguno de estos países, lo cual agravaría toda la situación a más largo plazo: simplemente, piensen en las consecuencias de una guerra civil en Arabia Saudita…
  • La poca fiabilidad del socio americano: Gracias a su política exterior agresiva y al aislamiento de Rusia respecto a Europa, EE.UU. ha conseguido incrementar hasta extremos inimaginables la cantidad de petróleo y gas natural que le vende a Europa. En realidad, EE.UU. nunca fue autosuficiente en petróleo, pero produce demasiado petróleo ligero mientras importa petróleo medio y pesado, y es en Asia y en Europa donde coloca sus excedentes del ligero. En cuanto el gas, EE.UU. sí que extrae más del que consume y es un verdadero exportador neto, aunque su exportación hacia Europa se tiene que hacer por buque metanero, lo cual encarece el producto final. En cualquier caso, como EE.UU. aún importa el equivalente al 40% de su consumo de petróleo, están igual de expuestos a la subida de precio del mismo que el resto del mismo. A medida que la situación en EE.UU. se vaya haciendo insostenible, es muy probable (yo diría que es prácticamente seguro) que la administración Trump decida primero limitar y después prohibir las exportaciones de gas y de petróleo. Recordemos que todo apunta a que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya ha tocado máximos y empezará a caer con fuerza en los próximos años, y seguramente el gas natural seguirá sus pasos en breve; todo lo cual incrementa los incentivos de EE.UU para cortar en seco sus exportaciones. En el caso del petróleo, España actualmente importa el 14% del petróleo que consume de los EE.UU., lo cual prácticamente duplicaría la actual brecha entre suministro y demanda que tenemos aquí, y sin posibilidades reales de cerrarla: el resto de Europa estaría igual, y el ajuste que nos aplicaría el amigo americano nos acercaría a la media de 30% menos de petróleo disponible en el comercio mundial. En el caso del gas natural, el cierre de Ormuz prácticamente no ha afectado al suministro de España (de Catar, España obtenía menos del 2% de su suministro), pero el cierre del grifo americano sería demoledor, ya que importamos el 30% de nuestro consumo de allá. Por tanto, cuando EE.UU. empiece a aplicar restricciones a las exportaciones de hidrocarburos, la crisis va a tomar una dimensión completamente diferente en Europa y en España. Una en la que por primera vez vamos a ver lo que es estar en la media mundial: ni siquiera en lo peor, solamente en la media. Si llegamos a este punto (y no me parece para nada descartable, si la guerra no acaba), no sé qué va a ser de Europa…
  • La solidaridad europea: Desde la aprobación de la directiva RepowerEU en 2022, justo después del arranque de la guerra de Ucrania, se estableció un mecanismo de solidaridad entre los países europeos que tiene como finalidad compensar los déficits de combustibles de algunos socios con la ayuda de los otros socios. Aunque el mecanismo de solidaridad está más bien pensado para hacer compras conjuntas, no será de extrañar que, en medio del marasmo actual, se le pida a España un esfuerzo extra dado que España puede cubrir bien durante bastantes meses sus necesidades de gasolina y diésel, y parcialmente las de queroseno, gracias a sus 9 refinerías y sus reservas. De hecho, ya se ha ofrecido que España compense parte de los faltantes europeos de queroseno. Habrá que ver qué sucede cuando lo que falte sea la gasolina y el diésel – que ya empiezan a faltar en países como Irlanda, Francia o Eslovenia. Si España comienza a compartir con Europa sus productos refinados, dado que las refinerías españolas no pueden aumentar mucho más su capacidad de producción, significaría que se tendrían que implementar de manera inmediata medidas restrictivas en España. Se tiene que hacer notar, además, que las paradas de mantenimiento programadas para las refinerías españolas se han aplazo sine die, dada la situación actual, lo cual incrementa el riesgo de averías críticas y tiempo sin funcionamiento en el futuro.

Por terminar, cabe recordar que el cierre del estrecho de Ormuz está afectando también al tráfico de otras materias primas, como el gas natural, los fertilizantes nitrogenados, el azufre, el helio o el aluminio, todo lo cual tendrá también mucho impacto sobre la actividad económica mundial y española en particular.

¿Qué podemos hacer en este escenario? Recordémoslo: No Normal. Ahora es el tiempo de actuar. Contacte con la comunidad que se está organizando cerca de Vd., y prepárese. Porque esto no es un simulacro.

Prepárense para el impacto.

Salu2.

AMT"                                  (Antonio Turiel, blog, 29/04/26) 

29.12.24

Lo que fue el año 2024... Las generaciones futuras, estoy seguro, estarán ocupadas debatiendo lo que ha ocurrido en la década de 2020 en general y en 2024 en particular... Empecemos por lo básico que impulsa toda esta agitación en el mundo: la energía... vivimos en un paradigma económico que se autodestruye, en el que todas nuestras tecnologías esenciales se basan exclusivamente en combustibles de alta densidad de carbono... ninguna de las alternativas propuestas hasta ahora ha demostrado tener el potencial para ocupar su lugar lo suficientemente pronto y a una escala adecuada para evitar un colapso económico y ecológico... el petróleo se ha vuelto poco a poco demasiado caro para los clientes y, al mismo tiempo, demasiado barato para justificar la extracción de más. Bienvenidos al fin de la era del petróleo y, con ella, al lento declive de la civilización industrial... En todo el mundo, la deuda - y la deuda pública en particular - está creciendo a un ritmo tan insostenible que conducirá inexorablemente a la monetización («impresión») de la deuda, y a una precipitada caída del poder adquisitivo del dinero... La gran crisis financiera fue, pues, un mero presagio de lo que está por venir... nosotros (especialmente en Occidente) ya hemos pasado nuestro punto álgido y debemos afrontar un largo declive... Visto en el contexto del sobregiro y la insostenibilidad absoluta de la civilización industrial, la década de 2020 fue sólo el comienzo de la gran desintegración... será interesante aprender y hablar de estos acontecimientos alrededor de la hoguera mientras se contemplan las ruinas de los rascacielos iluminadas por la luna, pero en el gran esquema de las cosas no importará... convertirnos en cazadores-recolectores (de nuevo) en los siglos / milenios venideros sería en realidad el mejor resultado posible. De hecho, lograrlo sería toda una hazaña, incluso mientras el nivel del mar sube, los bosques arden, las especies se extinguen y la contaminación reina (The Honest Sorcerer, ingeniero)

 "Llega el final del año y es hora de echar la vista atrás para ver qué ha ocurrido a lo largo de 2024. No se trata en absoluto de un análisis exhaustivo, aunque me encantaría que lo fuera. Han sucedido tantas cosas que es casi imposible resumirlas en un artículo, pero aquí estoy, tratando de trazar un panorama general de los acontecimientos mundiales. Las generaciones futuras, estoy seguro, estarán ocupadas debatiendo lo que ha ocurrido en la década de 2020 en general y en 2024 en particular. Sin embargo, en lugar de citar a Lenin (una atribución errónea, por cierto), permítanme citar las palabras del autor de fantasía David Eddings para ilustrar lo que estamos viviendo:

    «Pasan siglos en los que no ocurre nada, y luego, en pocos años, tienen lugar acontecimientos de tal importancia que el mundo nunca vuelve a ser el mismo».

Primero, algunos antecedentes

 Empecemos por lo básico que impulsa toda esta agitación en el mundo: la energía. La industria, la (geo)política y la economía dependen de una energía asequible, y eso significa prácticamente combustibles fósiles. Nos guste o no, vivimos en un paradigma económico que se autodestruye, en el que todas nuestras tecnologías esenciales -desde el hormigón hasta el hierro y el acero, o desde los fertilizantes hasta el plástico y los combustibles para el transporte- se basan exclusivamente en combustibles de alta densidad de carbono. A pesar de causar un caos climático y ecológico -además de ser muy finitos-, la civilización industrial sigue dependiendo irremediablemente de ellos. La mala noticia es que ninguna de las alternativas propuestas hasta ahora ha demostrado tener el potencial para ocupar su lugar lo suficientemente pronto y a una escala adecuada para evitar un colapso económico y ecológico.

 En pocas palabras: la «transición energética» no existe. Es un mito. Todas las propuestas, desde la eólica y la solar hasta el hidrógeno, dependen de minerales extraídos, suministrados y refinados mediante el uso de estos combustibles contaminantes en cantidades copiosas. En cuanto empiece a disminuir la extracción de combustibles fósiles, puede apostar a que la producción de paneles solares y turbinas eólicas acabará haciendo lo mismo. Y como el gasóleo también se utiliza para cultivar y distribuir cosechas, la cuestión de si quemarlo para extraer minerales para las baterías de los vehículos eléctricos o utilizarlo para cultivar alimentos para evitar el hambre se resolverá por sí sola con bastante rapidez. Y sólo cuando se añade nuestra propensión a la guerra cada vez que escasean los recursos, se empieza a apreciar realmente la relativa paz y tranquilidad que tenemos hoy en día. (...)

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La producción mundial de petróleo se encuentra en una meseta alta y accidentada desde 2015, con la mayor producción diaria de crudo de la historia alcanzada en noviembre de 2018. Atrás quedaron los días de crecimiento anual del 7%, que hicieron posible el milagro económico de las décadas de 1950 y 1960. Atrás quedaron también los días de crecimiento del 1,4%, que hicieron posible la expansión impulsada por el crédito de los años 80 y 90. Para bien o para mal, tampoco podemos esperar ver el regreso del crecimiento de la producción de petróleo el año que viene... De hecho, lo más probable es que sigamos en este altiplano petrolífero durante unos cuantos años más, y luego, a medida que el coste energético de la producción de petróleo siga aumentando, y a medida que cada vez más yacimientos petrolíferos dejen de funcionar, cabe esperar que se produzca un declive lento pero acelerado.

El petróleo, y la producción de combustibles fósiles en general, está experimentando una crisis de asequibilidad provocada por el incesante aumento de los costes de la oferta (causado por el agotamiento de los yacimientos baratos y de fácil acceso) y la creciente incapacidad de la gente para comprar más cosas a costa de los productos petrolíferos. En resumen: el petróleo se ha vuelto poco a poco demasiado caro para los clientes y, al mismo tiempo, demasiado barato para justificar la extracción de más. Bienvenidos al fin de la era del petróleo y, con ella, al lento declive de la civilización industrial. Sé que es muy difícil de creer, pero el punto de inflexión de siglos de crecimiento a la contracción permanente podría haber llegado al alcanzar este punto de inflexión civilizacional.

 Como los lectores veteranos ya saben de memoria: la energía es la economía. Sin energía, no hay economía. Sin economía, no hay poder político ni militar. Así de sencillo. Por eso Luxemburgo no es la capital de Europa, pese a tener el mayor PIB per cápita (más del doble que Alemania). Contrariamente a lo que se suele pensar, el PIB no es una medida de la producción económica. Es una medida de la actividad transaccional financiera: salarios pagados, inversiones realizadas, servicios financieros, de gestión, sanitarios, etc. De ahí las escandalosas cifras del PIB de Luxemburgo, paraíso de los banqueros en Europa. El PIB también se distorsiona fácilmente al endeudarse, como señala Tim Morgan en cada uno de sus artículos. Imprimir dinero, sin embargo, es un pobre sustituto de fabricar bienes y cultivar alimentos. Como él mismo explica:

    «Quienes entiendan el concepto de importancia crítica de las dos economías reconocerán este proceso como una rápida divergencia entre la economía «real» (de productos materiales y servicios) y la economía «financiera» paralela (de dinero, transacciones y crédito).

    Ahora estamos muy cerca del punto en el que este autoengaño deja de convencer. En todo el mundo, la deuda - y la deuda pública en particular - está creciendo a un ritmo tan insostenible que conducirá inexorablemente a la monetización («impresión») de la deuda, y a una precipitada caída del poder adquisitivo del dinero.

   La realidad de una inflación superior a la declarada ha irrumpido como la «crisis del coste de la vida», que sigue socavando la cohesión política en todo el mundo.

    Esta tendencia inflacionista se concentra en el coste de los productos de primera necesidad, por lo que ha tenido un efecto especialmente adverso en las personas situadas en el extremo inferior de la escala de ingresos, que tienen que gastar una gran proporción de sus ingresos en productos de primera necesidad.

    Al mismo tiempo, los tipos ultrabajos necesarios para apuntalar la ilusión de continuidad han inflado espectacularmente los precios de los activos, en beneficio desproporcionado de una minoría ya adinerada».

 La crisis financiera de 2008 no fue una excepción, y sus causas profundas tampoco han desaparecido. La burbuja inmobiliaria, de deuda y bursátil no ha dejado de crecer y crecer desde entonces. Muchos bancos están sentados sobre un montón de pérdidas no realizadas y luchan por mantenerse solventes. La gran crisis financiera fue, pues, un mero presagio de lo que está por venir: un colapso financiero aún más grave y drástico, una bomba de relojería que nadie sabe cuándo explotará. ¿Quizá el año que viene? ¿O al año siguiente? ¿O en 2030? Una cosa es segura: estamos en un camino acelerado hacia una caída repentina -un verdadero precipicio de Séneca- con el potencial de acabar con la civilización global tal y como la conocemos en cuestión de décadas. Por supuesto, muchas cosas son posibles en el futuro, y éste es sólo el peor escenario posible. Una cosa es segura: nosotros (especialmente en Occidente) ya hemos pasado nuestro punto álgido y debemos afrontar un largo declive. El crecimiento ya no es una opción.

Implicaciones políticas

 Cada vez me resulta más difícil hablar de las implicaciones reales del agotamiento de la energía y los recursos sin abordar el lío que la gente llama «política». Sin embargo, hay que tener en cuenta que los asuntos de Estado no son más que teatro, una montaña rusa emocional diseñada para fabricar el consentimiento para más guerras y para desviar la atención de los obscenos niveles de desigualdad social y los aterradores niveles de destrucción ecológica. ¿Y qué ha hecho nuestra élite corporativa-oligárquica -infestando ambos lados de la división política- mientras tú no mirabas? Han demolido lo poco que quedaba de nuestras instituciones democráticas, y han utilizado su aparato mediático para hipernormalizar hasta las cosas más raras que ocurren (o simplemente enterrarlas bajo un montón de estiércol irrelevante).

Sin embargo, nada de esto será terriblemente relevante para las generaciones posteriores. Claro que será interesante aprender y hablar de estos acontecimientos alrededor de la hoguera mientras se contemplan las ruinas de los rascacielos iluminadas por la luna, pero en el gran esquema de las cosas no importará.

 La humanidad está en sobregiro: consume muchos más recursos minerales y naturales de los que podría regenerar normalmente, al tiempo que libera mucha más contaminación de la que podría absorber con seguridad. Y a medida que el principal recurso energético (el petróleo) que lo alimenta todo se acerque a su límite de asequibilidad, la empresa humana sucumbirá a las crecientes presiones ecológicas que amenazan con devolvernos al equilibrio por la fuerza. La falta de agua dulce, el agotamiento de los recursos pesqueros, el agotamiento de las tierras agrícolas, el cambio climático, las sustancias químicas que provocan el colapso de la natalidad, las enfermedades incurables, la extinción masiva de especies y muchas otras cosas han quedado ocultas hasta ahora por la tecnología y los enormes aumentos de productividad que ofrecía. Sin embargo, sin combustibles y minerales baratos, ya no será posible ocultar la nefasta realidad de nuestra frágil existencia. De hecho, tras examinar nuestras realidades biofísicas, debemos decir: convertirnos en cazadores-recolectores (de nuevo) en los siglos / milenios venideros sería en realidad el mejor resultado posible. De hecho, lograrlo sería toda una hazaña, incluso mientras el nivel del mar sube, los bosques arden, las especies se extinguen y la contaminación reina suprema.

 Visto en el contexto del sobregiro y la insostenibilidad absoluta de la civilización industrial, la década de 2020 fue sólo el comienzo de la gran desintegración, causada por los últimos estragos del virus de la mente: Wetiko. Para cuando el polvo se asiente, muchas décadas en el futuro, la civilización de la alta tecnología habrá desaparecido para siempre y no importará quién ganó qué batalla y dónde. Esta no es una historia en la que un bando gana, el otro pierde y la gente vive feliz después. La vida va a ser extremadamente dura sin tanta tecnología y, en última instancia, no importará a qué equipo apoyaste (si es que apoyaste a alguno). Así que trata la siguiente lista de eventos a la ligera, y ten siempre en mente el contexto más amplio:

    Trump ganó las elecciones tras múltiples atentados contra su vida (uno de los cuales casi lo consigue).

    Los gobiernos de las dos mayores economías de la UE cayeron en rápida sucesión: primero en Francia, luego en Alemania. En ambos casos (más allá del teatro político habitual) se puede encontrar el gasto deficitario y el colapso de la economía real como causas fundamentales de su malestar.

    En Rumanía se anularon las elecciones por motivos dudosos; pero no independientemente del hecho de que un candidato alternativo tuviera muchas posibilidades de ganarlas. Demasiado para la democracia.

   Moldavia y Georgia, dos países fuera de la UE (y con un número significativo de residentes rusos, así como de expatriados que viven en Rusia), experimentaron una campaña de presión masiva por parte de la UE para elegir a un líder prooccidental. En el caso de Moldavia, tuvieron éxito, y no siguieron protestas, sabotajes ni nada parecido. En el caso de Georgia, tras unas elecciones en las que hasta ahora no se ha demostrado ninguna injerencia exterior y que ganó un partido independentista por un enorme margen, se organizaron revueltas «espontáneas», el presidente de origen francés no dimitió pacíficamente y el país se vio afectado por sanciones.

    El Estado sirio se hundió en una insurgencia dirigida por «rebeldes moderados» respaldados por Occidente. Con él también ha llegado a su fin el Eje de la Resistencia liderado por Irán, al que probablemente seguirá la presencia militar rusa en el país.

    El presidente surcoreano ha dado un golpe de Estado fallido contra su propio parlamento y ha planeado iniciar una guerra limitada con Corea del Norte (junto con el envío de aún más armas y tropas a Ucrania para luchar allí contra supuestos soldados norcoreanos).

    Después de cruzar todas las líneas rojas posibles, el territorio ruso (en Kursk de todos los lugares) fue invadido por una fuerza entrenada, armada y dirigida por la OTAN (que contenía elementos franceses, polacos, ingleses y rumanos) presumiblemente para capturar la planta de energía nuclear allí. Unos meses más tarde, se lanzaron misiles de largo alcance sobre territorio ruso, basándose en información de satélites occidentales y con la ayuda de personal de la OTAN que programaba los datos de puntería de estos armamentos (1).

    En respuesta a estos acontecimientos, la fábrica de misiles Yuzhmash y el centro de mantenimiento de vehículos blindados de Dnipro (Ucrania) fueron alcanzados por un arma hipersónica totalmente nueva, el Oreshnik (un sistema de cohetes móviles de carretera con un alcance de 5500 km y una velocidad de 10-12 Mach).

    Tanto Rusia como Europa, a raíz de estas escaladas, advirtieron a sus ciudadanos que se prepararan para una guerra caliente en los próximos años.

    La semana pasada fue asesinado un general de alto rango en Moscú. Quien, por cierto, estaba recopilando pruebas contundentes sobre la implicación militar occidental en laboratorios y actividades de guerra biológica y química desde Siria hasta Ucrania.

    El presidente entrante de EE.UU. ha amenazado a Groenlandia, Panamá y México con tomar el control de sus territorios / activos, y ha llamado a Canadá el estado 51.

Visto en el contexto más amplio del agotamiento de la energía y los recursos, lo que tenemos aquí no es una guerra aislada en Europa u Oriente Medio entre un país y sus vecinos, o algunos acontecimientos políticos aleatorios en todo el mundo, sino una guerra global entre potencias occidentales y euroasiáticas librada en muchos frentes. Todos los Estados mencionados están directamente en primera línea o apoyan estrechamente a las partes beligerantes en una lucha mundial por el dominio y, en última instancia, por el control de recursos finitos y rutas marítimas críticas. Cualquiera que intente explicar cualquiera de estos acontecimientos como una obra de moralidad con personajes buenos y malos, o como un país invadiendo a otro, claramente no sabe de lo que está hablando.

El agotamiento de los recursos y de la energía ha empezado a afectar gravemente a la economía mundial. Sin embargo, sus efectos no se distribuyeron uniformemente. Los países importadores, como los europeos, fueron los más perjudicados, ya que los exportadores tendían a dar prioridad a sus propios mercados. Y como Europa y Norteamérica fueron las primeras en industrializarse, también fueron las primeras en consumir todos sus recursos nacionales, fáciles de obtener. Dos guerras mundiales y un milagro económico alimentado por el petróleo después, todas estas naciones antaño ricas en recursos se han topado con sus respectivos límites de crecimiento. A medida que la producción de carbón, primero, y de petróleo, después, empezó a mostrar signos de debilidad en la década de 1970, la desindustrialización comenzó en todo Occidente, la dependencia de las importaciones empezó a crecer y la deuda y la burbuja bursátil empezaron a inflarse.

La revolución industrial nunca fue más que un destello en la sartén, algo que no está resultando bien para su lugar de origen.

Con el tiempo, estos procesos de varias décadas de duración han creado una enorme vulnerabilidad para las economías occidentales. Ahora, se está produciendo una lucha desesperada por conseguir más activos físicos que respalden la inmensa cantidad de demandas monetarias (representadas por acciones y bonos) hechas sobre la producción futura de bienes y servicios; ninguna de las cuales podría honrarse en una economía en rápida caída que se está quedando sin combustibles fósiles. De ahí la lucha mundial por los derechos mineros, las parcelas de petróleo y gas, los canales de navegación, las tierras agrícolas, o la presión para eliminar cualquier burocracia o reparo moral que impida a los inversores explotar estas riquezas.

Mientras tanto, en casa, el descontento con la élite gobernante crece cada vez más, culminando en las reacciones al asesinato del consejero delegado de la sanidad. Sin embargo, ningún partido político está dispuesto (o es capaz) de explotar este descontento sin arriesgarse a que la clase oligárquica propietaria (a la que pertenecía el director general antes mencionado) lo prohíba o le impida tomar el poder. En lugar de ello, los políticos occidentales siguen ocupados en luchas internas entre ellos, incitando a la violencia política (que se traduce, entre otras cosas, en intentos de asesinato). Preocupadas por la lucha por el poder en casa y la lucha por la garantía en el extranjero, las élites occidentales siguen ciegas ante los riesgos de la creciente desigualdad en casa y los límites de su poder. Como observó Peter Turchin en su libro End Times:

    «Cuando el equilibrio entre las élites gobernantes y la mayoría se inclina demasiado a favor de las élites, la inestabilidad política es prácticamente inevitable».

Esto no quiere decir que todo vaya bien en Eurasia. Sus economías, al igual que las occidentales, también funcionan con recursos finitos, cuya producción podría haber alcanzado ya su punto máximo (carbón en China y petróleo en Rusia). Su población, al igual que la de los países occidentales, también ha empezado a disminuir. Y aunque sus economías siguen creciendo, experimentarán inevitablemente el estancamiento y el declive en los próximos años y décadas. No hay crecimiento infinito en un planeta finito, vivas donde vivas. Sin embargo, hay un mundo de diferencia entre un país orientado a la exportación (como China), que puede producir más que suficiente para satisfacer sus necesidades (y que puede comerciar con otros para obtener lo que no tiene), y un grupo masivamente dependiente de las importaciones, sobrefinanciado y fuertemente endeudado, como las naciones del G7. No es de extrañar que haya una sensación palpable de desesperación.

Con el fin de evitar su pérdida de influencia en los asuntos mundiales, los Estados occidentales han comenzado a presionar demasiado, en demasiados lugares, todo a la vez; con la esperanza de que puedan encontrar un punto débil (de nuevo, basta con mirar la lista anterior). Y aunque a veces encuentran uno (como en el caso de Siria, que cayó sorprendentemente rápido), explotarlo inevitablemente empeorará las cosas: arrastrando potencialmente a Estados Unidos y a sus aliados a otra gran guerra, sobreextendiéndolos aún más. No se equivoquen, podría haber sido posible llevar esto a cabo hace treinta o cincuenta años, pero en su actual estado (avanzado) de declive económico, moral, social y político -en última instancia impulsado por la constante erosión de los recursos energéticos de bajo coste turboalimentado con la codicia corporativa- esta política pronto resultará imposible de continuar.

Contrariamente a los hechos sobre el terreno, Occidente sigue siendo completamente incapaz de comprender que ha perdido irremediablemente el dominio sobre el resto del mundo. El resto del mundo, por su parte, sigue resistiéndose a reconocer que son los siguientes en la guillotina a medida que la energía barata y los recursos se agotan... De nuevo, no es nada personal. Así es como se ve el colapso de la civilización industrial, y tenía que empezar en alguna parte. De nuevo, negar que nos estamos quedando sin energía y recursos asequibles -o que estamos en sobregiro- no hará que estas cosas desaparezcan. Sólo la cooperación mundial podría evitar los peores resultados, pero en nuestro actual estado de polarización, líderes populistas apareciendo por todas partes, y oligarcas cada vez más imprudentes que nunca, dudo que estemos ante una transición pacífica hacia una economía localizada y regenerativa.

Entonces, ¿qué nos espera en 2025, basándonos en todo esto? Bueno, ese será el tema de la segunda parte de este ensayo.


Hasta la próxima,"

(The Honest Sorcerer , ingeniero, blog, 29/12/24, traducción DEEPL, enlaces y gráficos en el original)

10.5.22

El problema energético ha empezado ya y lo vamos a sentir más violentamente a final de año y en los próximos años... es el alto consumo de combustibles el que nos está llevando al abismo... No hay nada, absolutamente nada, que no se haga, en alguno de sus procesos, con petróleo. Lo único que podemos hacer en esta sociedad sin utilizarlo es caminar desnudos por la playa o por el bosque. Hasta para comer lo usamos, y esta es la parte que me preocupa más. El sistema agroalimentario es una máquina que toma calorías del petróleo y del gas y las transforma en calorías alimenticias; es un sistema que colapsa sin hidrocarburos... Hay que empezar, por ejemplo, por desmantelar la industria automovilística, sacar a todos sus empleados, que son unos cuatro millones en todo el planeta, e introducirlos en nuevos sistemas laborales.

 "El mexicano Edgar Ocampo Téllez dio sus primeros pasos en el campo de la energía a finales de los 90, ligado a la petrolera estatal Pemex. El tema lo atrapó tanto que lleva más de dos décadas dedicado a ello, como consultor independiente. No pone paños calientes a la situación, habla de colapso sin pelos en la lengua y repasa críticamente el desarrollo de las renovables.

Vivimos en una sociedad que no podemos imaginar sin hidrocarburos. Los necesitamos hasta para comer. ¿Podemos prescindir de ellos?

Tras la Segunda Guerra Mundial, la sociedad le confió todo al petróleo. No hay nada, absolutamente nada, que no se haga, en alguno de sus procesos, con petróleo. Lo único que podemos hacer en esta sociedad sin utilizarlo es caminar desnudos por la playa o por el bosque. Hasta para comer lo usamos, y esta es la parte que me preocupa más. El sistema agroalimentario es una máquina que toma calorías del petróleo y del gas y las transforma en calorías alimenticias; es un sistema que colapsa sin hidrocarburos.

Como si no fuera suficiente con la crisis climática, nos llega la energética.

Desde mi perspectiva, el tema de la energía está por encima del tema climático. Va a detener la sociedad, es lo que va a provocar que no causemos tantas emisiones de gases invernadero, que no dañemos el planeta.

¿Qué ha pasado para llegar a esta crisis?

Quien no perdió el trabajo en los últimos dos años, tiene recursos para gastar, y como salimos de la pandemia con singular alegría, el consumo se ha disparado, la demanda de energéticos está siendo bestial. Al otro lado, el sistema global de servicios energéticos se durmió con la pandemia. Se dejó de invertir, está totalmente acalambrado. Digamos que la humanidad dice ‘ya me voy de viaje, échele gasolina, vámonos’; y el sistema responde: ‘pues espérense, porque hay una fila de 100 vehículos, y además estoy sirviendo 10 litros por carro’.

 ¿Por qué dice que el sistema se durmió?

El problema de los hidrocarburos es que es una industria intensiva en recursos financieros. Se venía a un ritmo de 700.000 millones de dólares anuales de inversión para poder sacar 100 millones de barriles al día, que es el consumo mundial en la actualidad. En 2014, el fracking estadounidense empieza a tener una producción fenomenal, y como ese tipo de explotación no se puede detener ni regular, ese petróleo inundó los mercados internacionales y el precio se desplomó. El barril estaba por los 100 dólares y cayó hasta los 20-30.

Arabia Saudí contraatacó manteniendo el precio del petróleo muy bajo, apostaron a quebrar financieramente el fracking. En realidad no era necesario hacerlo, porque el fracking no da dinero, es una maquina de quemar billetes y que ahora ha creado una burbuja a punto de estallar.

El caso es que el bajo precio del petróleo ocasionó una bajada de inversiones global. En los últimos años, el ritmo de inversión había bajado a 500.000 millones de dólares, y con la pandemia, la inversión ha bajado hasta los 200.000 millones, cuando el nivel de inversión requerido para poner esos 100 millones de barriles diarios encima de la mesa está entre los 700.000 y los 800.000 millones anuales.

La guerra de Ucrania no ayuda.

Desde mi perspectiva, Putin está jugando la carta geopolítica del gas natural, para ver hasta dónde puede llegar con los europeos. Es una guerra un poco ridícula, porque todo el mundo quiere ponerle una tonelada de sanciones a Rusia, pero le siguen comprando energéticos de manera desesperada. Y eso que el gas vale oro en este momento. Generar electricidad con gas es quemar millones y millones de euros a lo bestia.

Ahora que la electricidad está tan cara, la carpeta nuclear se ha puesto de nuevo encima de la mesa. ¿Es una alternativa?

El futuro iban a ser los reactores EPR de Flammanville y Finlandia. Arrancaron la construcción en 2007 y el francés no genera todavía un solo MW. Más de 15 años para acabar un reactor, y con unos sobrecostes monumentales. En el campo de la nuclear podría llegar algo en los años 2030-2032, pero ya es demasiado tarde, el problema energético ha empezado ya y lo vamos a sentir más violentamente a final de año y en los próximos años. La nuclear no va a llegar a tiempo, y además, solo ofrece electricidad.

A veces parece que el sector eléctrico es el que nos está causando todos los problemas ahora, pero no estamos entendiendo que el problema es general, que es el alto consumo de combustibles el que nos está llevando al abismo.

¿Veremos un incremento de la lucha por unos recursos cada vez más limitados?

Ya ha ocurrido, la empresa petrolera italiana ENI dejó sin gas natural a Pakistán, pese a tener contratos firmados a largo plazo. Los barcos que iban hacia allí dieron un giro de 180º y regresaron a Europa, porque pese a las penalidades, el europeo les era un mercado mucho más rentable. Estamos en los últimos estertores de una sociedad moderna necia y adicta a los combustibles fósiles.

La época de los hidrocarburos baratos y abundantes se acabó.

Para que te hagas una idea, los pozos del siglo pasado producían durante 10, 15 y hasta 30 años. En México tuvimos un pozo, el Cerro Azul 4, que fue perforado en 1916, llegó a generar 260.000 barriles diarios y no se cerró hasta hace unos siete años. Produjo de media entre 30.000 y 40.000 barriles diarios. Por contra, los pozos del fracking se mueren al año y medio o dos años. Empiezan produciendo 900 barriles al día y al año ya están produciendo 100.

El petróleo que queda requiere inversiones tres o cuatro veces mayores que las de hace unas décadas, y soluciones tecnológicas como las aguas profundas o el mismo fracking son un fiasco. Tras inversiones millonarias cubren poco más del 20% de la demanda global.

El problema es sistémico, no coyuntural. Los costes de extracción siguen y seguirán incrementándose, pero llevamos ocho años de descenso de las inversiones. Las consecuencias ya están aquí, y van a ir empeorando, lo están avisando varias agencias de energía importantes, incluida la estúpida Agencia Internacional de la Energía.

¿Por qué califica de estúpida a la AIE?

Son unos brutos. Jamás advirtieron con suficiente antelación de este problema, han estado negando el fenómeno del peak oil durante años y años, cuando venimos avisando desde los años 2000-2003. Vamos a un caos energético que va a seguir la senda de lo ocurrido con Pakistán, y es de prever que empiecen los conflictos sociales, porque a la gente no se le ha informado de que va a haber una escasez, se le ha prometido crecimiento y se le han hecho promesas que no se van a poder cumplir.

¿Algo se podrá hacer?

Nosotros teníamos un indicador: cuando los financieros y los economistas empezaran a poner el tema en los medios, es que ya estaba aquí, ya era demasiado tarde para hacer algo. Y en ese momento estamos. Vamos a colapsar.

Insisto, por muy tarde que sea, ¿algo se podrá hacer?

Cuando me lo preguntan, yo contesto: ¿Estás dispuesto a tomarte la amarga medicina que se requiere? La solución pasa por cultivar nuestros propios alimentos de forma agroecológica y practicar la permacultura. Ese sería el objetivo final, pero tenemos una sociedad demasiado elevada, demasiado tecnológica, y necesita ser desmantelada de forma cuidadosa.

Hay que empezar, por ejemplo, por desmantelar la industria automovilística, sacar a todos sus empleados, que son unos cuatro millones en todo el planeta, e introducirlos en nuevos sistemas laborales. Y eso también habría que hacerlo poco a poco, deberíamos pasar antes a automóviles más pequeños, de dos personas, y prohibir los grandes recorridos y los vehículos de gran consumo; solo con eso se reduciría la demanda en unos 15 millones de barriles diarios. También habría que empezar a reducir los recorridos de las personas a sus lugares de trabajo, y comenzar a implementar sistemas de producción agroecológica en las áreas periféricas de las ciudades.

Es muy crítico con el modelo seguido con las renovables.

Desde finales de los 90 nos han querido hacer creer que las renovables son la solución. Estamos metidos en una locura de montar turbinas eólicas y solares, y no va a funcionar.

¿Por qué?

El problema de las renovables es que requiere instalar demasiada potencia, mucha más de la que se demanda. Alemania es el ejemplo. Consume 60.000 MW en tiempo real. Tienen un parque de 220.000 MW, casi cuadruplican la demanda, y más de la mitad es renovable. Cuando toda la renovable está funcionando, puede producir el doble de lo que necesitan, es una aberración y genera varios problemas. Para financiar la introducción de renovables, el Gobierno firmó contratos de compra obligatoria, es decir, está obligada a comprar la renovable se use o no se use. Y cuando tiene sobrantes, pasa la pelota a Polonia o Austria.

Y como en esos casos, las centrales convencionales de gas, de carbón y de energía nuclear deben parar para no producir más, se les paga para no funcionar, porque de lo contrario serían inviables, y son necesarias porque las renovables no siempre producen lo necesario. Una central de gas debe funcionar 18-20 horas al día para ser rentable, en la actualidad están funcionando 8-10 horas. Sin ayudas, quebrarían.

Todo esto ha hecho que la electricidad más cara del mundo esté en Alemania, un país con más de 120.000 MW de renovables. Y cuando el gas está por las nubes, la alternativa sigue siendo el carbón. Es una aberración, diseñaron el sistema con los pies."                 

(Entrevista a Edgar Ocampo Téllez. Consultor y analista en materia energética, Beñat Zaldua, Naiz, 01/05/22)

29.3.22

Yolanda Díaz: ha sido un alivio escucharla hablar. Decir que estamos jodidas, más jodidas que antes del confinamiento, y que, o tomamos medidas o nos vamos al carallo, es lo más estimulante que hemos escuchado en las últimas horas... nos enfrentamos a una situación sin precedentes, peor que en la pandemia. Los recursos utilizados para que ésta no se llevara por delante empleos, salarios y dignidad son válidos para ahora, pero no solo. "La gente que gana mil euros -ha dicho Díaz- ya no tiene nada más que dar", así que toca ir a por los beneficios de cotizadas y otras absolutamente fuera de la realidad, no solo las empresas energéticas. Yolanda Díaz fue meridiana este jueves en su realismo, y sí, necesitamos realismo, porque la vida diaria es jodidamente dura y la gente no puede más

 "Este jueves por la noche estuvo la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, con Aimar Bretos en la Ser. "Hay desesperación", reconocía la dirigente gallega al hablar de la situación de la flota pesquera (parada hasta hace unas horas) en Galicia, y no solo. Es un alivio, a la par que una inquietud, oír hablar así a un miembro del Gobierno. Estamos exactamente en el carallo, el colmo de lo que sea. Chegamos. (...)

Lo que Díaz admitió ayer es que, al margen de ideologías y protestas más o menos hiperventiladas, estamos jodidas todas. Admitió "más incertidumbre" y "más pobreza" a partir de ya; consintió en decir, incluso, que la acumulación de crisis y malos datos nos hace más vulnerables que en la pandemia. (...)

 Tras escuchar a Joe Biden lanzando misiles de testosterona militar a Vladímir Putin en territorio europeo -que a EE.UU. no le roce la cosita nuclear, qué cachondo...- y a Pedro Sánchez sugerir que es mejor ceder el Sáhara a Mohamed VI que batallar por nuestros valores democráticos, que la vicepresidenta segunda nos diga que la mejor salida para estas crisis acumuladas es una solución "justa" y no unilateral es un soplo de aire fresco y cristalino. Fíjense con que poco nos conformamos; y además, las recetas son tan simples de enumerar como complejas de aplicar en virtud (un decir) de la avaricia de los de siempre y de la cobardía de los inanes.

 Aquí nos enfrentamos, vino a decir Díaz, a una situación sin precedentes, peor que en la pandemia. Los recursos utilizados para que ésta no se llevara por delante empleos, salarios y dignidad son válidos para ahora, pero no solo. "La gente que gana mil euros -ha dicho Díaz- ya no tiene nada más que dar", así que toca ir a por los beneficios de cotizadas y otras absolutamente fuera de la realidad, no solo las empresas energéticas.

Yolanda Díaz fue meridiana este jueves en su realismo, y sí, necesitamos realismo. Ni realpolitik de salón, ni diplomacia de ballet, ni susurros de cristal. La vida en la calle, la vida diaria, es mucho más dura que todo esto; es jodidamente dura y la gente no puede más: problemas estructurales, coyunturales y de valores democráticos se juntan en un cóctel explosivo para reventar en la cara de nuestros gobiernos liberales y a favor de los autoritarios. Ustedes verán, porque vamos al abismo. Y eso sí es política real, concretamente, el carallo."                  (Ana Pardo de Vera, Público, 25/03/22)

16.5.16

El pico de la demanda mundial total de petróleo podría alcanzarse ya en 2020... para comenzar a descender inexorablemente

"(...)  A principios de siglo, muchos analistas de la energía estaban convencidos de que estábamos al borde de la llegada del “pico del petróleo”; es decir, un pico en la producción de petróleo en el que las reservas planetarias se iban a agotar mucho antes de que desapareciera la demanda de petróleo, desencadenando una crisis económica global. 

Sin embargo, como consecuencia de los avances de la tecnología de las perforaciones, la oferta de petróleo ha seguido creciendo, mientras la demanda ha empezado inesperadamente a estancarse. Esto puede constatarse tanto en la deceleración del crecimiento económico a nivel global, como en la acelerada “revolución verde” en la que el planeta hará la transición hacia fuentes de combustible que no sean a base de carbono. 

Con la mayoría de las naciones ahora comprometidas con las medidas que persiguen reducir las emisiones de gases invernadero bajo el recién firmado Acuerdo del Clima de París, es probable que la demanda de petróleo experimente importantes disminuciones en años venideros. 

En otras palabras, la demanda mundial de petróleo llegará a su máximo mucho antes de que la oferta empiece a reducirse, creando un inmenso desafío para los países productores de petróleo.

No se trata de una construcción teórica. Es la realidad misma. El consumo neto de petróleo en las naciones industrialmente avanzadas ha disminuido ya de 50 millones de barriles al día en 2005 a 45 millones de barriles en 2014. Nuevos descensos están al caer en cuanto los niveles de eficiencia del combustible para la producción de nuevos vehículos y otras medidas relacionadas con el clima se lleven a efecto, el precio de la energía solar y eólica siga rebajándose y otras fuentes alternativas de energía entren en funcionamiento. 

Aunque la demanda de petróleo continúe aumentando en el mundo en desarrollo, incluso allí no está aumentando al ritmo que se daba por sentado anteriormente. Con esos países empezando también a imponer más duras restricciones a las emisiones de carbono, se espera que el consumo global alcance un pico y empiece un inexorable descenso. Según los expertos Thijs Van de Graaf y Aviel Verbruggen, el pico de la demanda mundial total podría alcanzarse ya en 2020.

En un mundo así, los productores de petróleo a precios altos serán expulsados del mercado y los beneficios –aunque no sean muchos- se los llevarán los que resulten menos costosos. Los países que dependen de las exportaciones de petróleo para obtener gran parte de sus ingresos se verán sometidos a crecientes presiones para que se alejen de esa dependencia excesiva del petróleo. 

Esta puede haber sido otra de las consideraciones de la decisión saudí en Doha. En los meses anteriores a la reunión de abril, los altos funcionarios saudíes dejaron caer insinuaciones de que estaban empezando a hacer planes para una era pospetróleo y que el príncipe heredero sustituto bin Salman jugaría un papel clave supervisando la transición. (...)"                    (Michael T. Klare  , TomDispatch, en Rebelión, 06/05/16)

2.12.14

La caída del 35% en el precio del petróleo en los últimos 5 meses presagia la deflación mundial

"La caída del 35 por ciento en el precio del petróleo en los últimos cinco meses es, sin duda, el mejor regalo navideño para muchos habitantes del planeta. Sin embargo, lo que oculta la caída en el precio del petróleo no es motivo de regocijo. 

Este descenso nos muestra la velocidad en que el gasto del consumidor está cayendo, con el tsunami financiero que conlleva la escalada de liquidaciones así como la desesperada situación de los países productores de crudo que ven cómo un tercio de su principal fuente de ingresos se ha desvanecido. (...)

Ahora comenzamos a ver el duro golpe que ha provocado el desvanecimiento del milagro exportador chino y cómo el descenso de su demanda de recursos retroalimenta el ciclo recesivo. 

Al mismo tiempo, este año y merced a los caprichos del fracking, Estados Unidos ha llegado a su mínimo en 30 años de las importaciones de petróleo de la OPEP. La asfixia se hace sentir de lleno en las redes del sistema financiero que sufre la amenaza de un desplome sin control del esquema ponzi de los precios futuros.

Bajo el cáncer de la deflación

No existe un ciclo de sobreinversión tan prolongado que amenace la estabilidad financiera como la contracción que hoy sufre el precio del petróleo. Préstamos que ya son incobrables se hacen aún más incobrables con el verdadero cáncer de la deflación. Las consecuencias más graves llegan a los países productores de petróleo cuya estabilidad presupuestaria depende de los ingresos procedentes de sus exportaciones de crudo. 

El rublo ruso ha perdido un 27 por ciento de su valor desde junio, la corona noruega ha perdido un 12 por ciento mientras el naira nigeriano está en un mínimo histórico. (...)

 Las pérdidas también ponen a la banca bajo presión y Barclays, Wells y UBS han comenzado a vender sus participaciones accionarias a 60 centavos por dólar asumiendo una pérdida del 40 por ciento. Aún así se estima que la banca no podrá reliquidar todos sus activos y deberá absorber pérdidas cuantiosas sobre montos de varios miles de millones de dólares. 

El esquema ponzi de los precios futuros que apostó siempre por el consumo creciente de petróleo que ayuidaría a mantener los precios elevados, choca hoy con la brutal realidad y abre un nuevo foco de conflicto en la mayor crisis económica de los últimos cien años."         (, El blog salmón, 28/11/2014)

9.10.13

El “pico” mundial de petróleo convencional se produjo en 2006... A partir de ahí, un progresivo desmoronamiento de las finanzas mundiales

"(...)¿Y qué factores deben darse para que este proceso se reproduzca? 

Necesitamos, como condición sine qua non , una fuente de energía abundante, continua y barata de la que cada vez disponemos menos. Así, desde 2004 la oferta mundial de petróleo convencional es prácticamente inelástica, lo que significa que solo responde a los incrementos de demanda con aumentos de precio, porque ya no podemos producir mayor cantidad de petróleo convencional a nivel mundial. Incluso la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) ha reconocido que el “pico” mundial de petróleo convencional se produjo en 2006. 

A partir de ahí, ya hemos visto lo que ha ocurrido, un progresivo desmoronamiento de las finanzas mundiales, desde las hipotecas subprime y otros tipos de derivados financieros a la deuda soberana, pasando por el crédito en todos sus formas; una progresiva devaluación de los salarios en todo el mundo, particularmente en Europa y Estados Unidos ; y una progresiva presión del capital sobre los gobiernos de todo el mundo para privatizar los servicios públicos, últimos reductos de “mercados cautivos”, en los términos mercantilistas del sistema, pues de una forma o de otra, antes o después, tod@s necesitamos educarnos y formarnos, tod@s vamos a tener circunstancias de salud, y a tod@s nos va llegar un día en que no podamos seguir trabajando y necesitemos de ciertos ahorros para acabar la vida de manera digna.

 Esto ya está aquí; si es futuro o no, es una cuestión que deberemos decidir entre tod@s, por acción o por omisión. 

Afirmas que el decrecimiento se inició ya en los años 70 del siglo XX. 

No; si hubiese sido así, muy probablemente otro gallo nos cantaría a estas alturas. Lo que afirmo reiteradamente es que en los años 70 del siglo pasado, hace 40 años (es que si no parece que hablemos de una época distante, cuando en realidad fue anteayer), la ciencia evidenció y constató con mayor certeza que nunca anteriormente que estábamos cada vez más peligrosamente cerca de los límites ecológicos y físicos de nuestro planeta azul.

 Hace 40 años se cumplieron las previsiones de Marion King Hubbert sobre el “pico” petrolero de Estados Unidos, que se produjo alrededor de 1973; se produjo la primera gran crisis del petróleo mundial (en parte como consecuencia de la guerra del Yom Kipur); se publicó el informe del MIT (Massachusetts Institute of Technology) sobre The limits to growth encargado por el Club de Roma; se establecieron las bases y el paradigma de la Economía Ecológica por figuras como Kenneth Boulding y Nicholas Georgescu-Roegen, entre otros; y cobró fuerza el movimiento ecologista mundial.

 En las mismas fechas, Estados Unidos, Richard Nixon, acuciado por una descomunal e impagable deuda pública, en parte engrosada por la enquistada contienda en Vietnam, decide unilateralmente la abolición definitiva del Patrón Oro y el establecimiento de un sistema mundial de cambios flotantes; a la vez, se inicia, desde el corazón del american way of life , un proceso mundial de desregulación financiera en todos los órdenes avalado por una vuelta a la doctrina liberal previa a la 1ª Guerra Mundial, abanderado por la Escuela de Chicago y la pseudoteoría de la Escuela Austríaca, y los experimentos del Chile de Pinochet, del reino Unido de Tatcher y de la Reaganomics posterior; y, por supuesto, desde esas fechas, se trata de esconder en “el baúl de los recuerdos” todo vestigio de Economía Ecológica o límites al crecimiento. 

No fue casualidad; además del cúmulo de circunstancias y procesos que desembocaron en ese nuevo orden que hemos denominado Globalización, una vez conscientes de la proximidad de los límites del crecimiento, las élites prefirieron apostar por la economía de casino, la ganancia especulativa y el expolio de las rentas del trabajo , toda vez que el crecimiento productivo, real, empezaba a contar con menores grados de libertad.(...)

 En realidad, el “pico” o cénit del petróleo crudo convencional no está directamente relacionado con el consumo de petróleo, la demanda, sino con su producción, con la oferta . El cénit del petróleo crudo convencional, reconocido incluso por la IEA en 2006, como he señalado antes, es el momento en el cual se alcanza la tasa máxima de extracción global de petróleo y tras el cual la tasa de producción entra en un declive terminal. 

En otras palabras, en la litosfera muy probablemente queden reservas de petróleo para varios siglos; el problema es que la tecnología actual solo permite extraerlo en cantidades cada vez menores y de formas más costosas. 

¿Por qué? Porque en realidad, la extracción de petróleo depende de la energía requerida en el proceso y no de su coste económico. Esto es lo que se conoce como Tasa de Rentabilidad Energética, o TRE, o el cociente entre la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear o aportar para explotar ese recurso energético; y su límite físico, marcado por la termodinámica, es 1, o sea, el momento a partir del cual hemos de invertir en el proceso de producción o extracción más energía que la que obtenemos mediante dicho proceso. 

Cuanto más cerca de ese límite, y a partir del mismo en el extremo, da igual la cantidad de dinero que se pueda invertir en la extracción, así fuere infinito, la muerte física, real, del sistema está asegurada, pues la cantidad de energía necesaria para producir energía supera a la cantidad de energía producida. (...)

Claro, en los yacimientos que todavía no hemos explotado, por su dificultad y coste debidos a su ubicación en aguas profundas o zonas remotas y con condiciones climatológicas extremas, la TRE se desmorona, precisamente debido a las ingentes cantidades de energía necesaria para lograr su dificultosa extracción, eso sin valorar sus elevados riesgos medioambientales, como hemos tenido ocasión de comprobar en numerosas ocasiones, y baste recordar el desastre en el Golfo de México provocado por la Deep Water Horizon de BP. 

Y, ¿sucede algo parecido con el fracking ? 

En el caso del tan laureado fracking , como dato, la TRE del shale gas , o gas de esquistos de pizarra, no llega a 3:1 en el mejor de los casos; ocurre que el proceso de extracción costosísimo en términos energéticos se junta con una calidad energética de risa del gas en cuestión y con un declive aceleradísimo de los pozos, eso sin considerar los impactos ambientales catastróficos, fundamentalmente en acuíferos y niveles freáticos, tal como estamos viendo en Colorado estos días tras la devastación de los huracanes. 

Con todo, si cada vez demandamos más petróleo a nivel mundial, pero cada vez podemos extraer menos, parece que tenemos un serio problema; además, por desgracia de la física y la entropía, ninguna de la fuentes energéticas renovables goza de una TRE ni de lejos parecida a la del crudo convencional , con lo que ninguna de ellas, ni incluso cualquier mix de ellas, es sustitutiva de la energía neta que actualmente aun nos proporciona el crudo convencional.

 Y todas requieren de grandes cantidades de energía fósil para su escalamiento e industrialización… En resumen, la energía neta mundial disponible está en un claro declive irremediable (la propia IEA ofrece una estimación de alrededor de entre un 3% y un 5% de descenso anual de la productividad de los yacimientos convencionales), sin solución a la vista que permita sustentar un sistema económico industrial creado alrededor de un petróleo de calidad y abundante que ya es historia. 

¿Es el fin del mundo? No, es el fin del sistema socioeconómico industrial tal como lo hemos vivido y pensábamos que sería siempre.(...)"                 (Entrevisa a Tasio Urra, Alicia Coscollano, La Calamanda, Rebelión, 02/10/2013)

28.2.11

"España no puede soportar un barril de petróleo a 100 dólares"... Pero Florentino sí... así que lo soportaremos...

"R. Nuestra factura energética es una barbaridad, unos 25.000 millones de déficit en petróleo. En la OCDE la subida del crudo ha supuesto 700.000 millones extra en 2009 y 2010, lo mismo que costó el plan de rescate de la banca de Barack Obama.

Los cinco países en los que la deuda externa creció más en esos años son los más dependientes del petróleo: Irlanda, Grecia, España, Portugal e Italia.

En España, el 50% de la energía son derivados del petróleo, mientras que en la UE la media es del 37%. El Gobierno dice que cada 10% de aumento del precio nos cuesta 6.000 millones. Ojo, que eso equivale a todo el presupuesto de I+D.

Son cantidades con enormes repercusiones en inflación, turismo..." (El País, 26/02/2011, p. 12)

22.1.10

El petróleo se va acabar sobre el 2.030... después... la bicicleta... o desarrollamos sustitutos...

"Durante los primeros 11 meses del año pasado, y en una coyuntura de profunda crisis económica, la producción mundial de petróleo promedió 84,9 millones de barriles diarios (Mbd), lo que equivale a más de 156.000 litros por segundo. Un flujo difícil de imaginar y que, sin embargo, debería incrementarse en las dos próximas décadas en más de 20 Mbd para satisfacer las previsiones de demanda creciente de las grandes demografías emergentes. Y eso sin contar con que la producción de los campos actualmente en explotación en el mundo está cayendo a un ritmo cercano al 6,7% anual. (...)

¿Podrá la industria del petróleo hacer frente a este desafío? (...)

Desde 1980, por cada incremento del 1% del PIB mundial, la demanda de petróleo ha aumentado un 0,3%, de modo que la posible existencia de futuras limitaciones en el suministro podría cuestionar la vigencia del actual paradigma socioeconómico, basado en el crecimiento exponencial continuado.

Las cifras publicadas hasta la fecha sobre la disponibilidad de recursos y reservas de petróleo son muy dispares y no existe consenso al respecto. Pero lo fundamental no es determinar los recursos y reservas con precisión, sino saber si su transformación en flujos productivos se realizará a la velocidad necesaria para cubrir la demanda proyectada. Visto así el problema, el National Petroleum Council advierte de una realidad preocupante: "El mundo no se está quedando sin recursos fósiles, pero el aumento continuado de la extracción de petróleo a partir de fuentes convencionales presenta cada vez más riesgos y éstos constituyen un serio obstáculo para asegurar la demanda a medio plazo".

Algunos de estos riesgos son de naturaleza técnica... Además de estos problemas técnicos, existen otros de claro matiz e implicaciones geopolíticas... Y por si fuera poco, a todo ello hay que añadir las incertidumbres existentes en torno a la concreción de las imprescindibles inversiones para aumentar la producción. (...)

A más largo plazo, existen diversas proyecciones sobre el futuro del suministro global de petróleo, resultado de diferentes modelos basados en aproximaciones metodológicas y datos de partida distintos. Tales proyecciones muestran una marcada dicotomía. Por un lado, tenemos las que no ven dificultades insuperables en el horizonte del 2030 y, por otro, hay pronósticos más pesimistas que advierten que el mundo está ya muy cerca del cenit de la producción de petróleo convencional (peak oil), o que lo alcanzará en algún momento de las próximas dos décadas, por lo que resultaría urgente reducir la demanda y propiciar un desarrollo rápido de sustitutos. (...)

Un número especial de la revista Science, editado con motivo de su 125 aniversario bajo el título de ¿Qué es lo que no sabemos?, incluía en la lista de las 25 cuestiones de mayor impacto para el futuro inmediato de la humanidad, la pregunta: ¿qué puede reemplazar al petróleo barato y cuándo? Se trata sin duda de uno de los mayores interrogantes sobre nuestro futuro y los datos que acabamos de exponer parecen justificar plenamente la preparación y aplicación de medidas preventivas y correctivas.

Ciento cincuenta años después del nacimiento de la industria del petróleo, ha llegado el momento de aplicarse urgentemente a la tarea de reemplazar un combustible del que depende cerca del 95% del transporte global y que, además, constituye la base de nuestro desarrollo socioeconómico. Una tarea que requiere el despliegue de un ambicioso plan de choque que combine medidas de gestión de la demanda con una decidida apuesta por la investigación y el desarrollo." (MARIANO MARZO: La segunda mitad de la era del petróleo. El País, ed. Galicia, opinión, 21/01/2010, p. 33 )

9.7.08

Ahora, sí... la especulación es la más culpable de la crisis del petróleo

“En contra de muchos de sus colegas petroleros, Gabrielli admite que la especulación explica en buena medida la escalada de precios del petróleo. (…)

P. Usted ha pronosticado que tendremos precios altos en el petróleo durante los próximos cinco años... ¿Por qué cinco y no tres o diez?

R. Los cinco años se refieren a un horizonte de corto plazo para la industria. Porque no creo que sea posible cambiar las condiciones de oferta en los próximos cinco años. Pero en cinco años tenemos nuevas inversiones, nuevas áreas de producción, nuevas capacidades de recuperación secundarias.

P. El nivel de precios actual, por encima de los 140 dólares, ¿cómo lo calificaría?

R. La situación de una industria que tiene que planear inversiones a 30 años, con unos precios que cambian cada 10 minutos, no es sostenible. Pero creo que hay una combinación clara de situaciones fundamentales del mercado, con la demanda creciendo más rápido que la oferta, junto con un movimiento de capitales especulativos de corto plazo que incrementan la volatilidad y que la amplían y maximizan. Los fundamentos no explican por qué el precio del barril varía seis dólares al día. Solamente los contratos especulativos explican esas oscilaciones intensas cada día.

P. Se aparta usted de la mayor parte de sus colegas en las grandes compañías, que niegan que la especulación dispare los precios.

R. Yo pienso que la especulación amplía el rango de la variación de los precios, aunque la tendencia es fundamental.

P. Coincide, en cierta manera, con las tesis que ha expuesto el ministro de Industria español, que sí hace hincapié en los efectos de la especulación.

R. No hay contradicción en mi tesis. La especulación es una cuestión de impacto en el cortísimo plazo. Los fundamentos son más una cuestión de medio plazo.

P. La supervisión de los mercados en general y de los contratos de futuros en particular, ¿le parecen suficientes?

R. Los mercados de futuros están muy poco regulados. Es una cosa muy difícil. No son mercados perfectos. Pero no es un reto fácil de acometer.”

(JOSÉ SERGIO GABRIELLI: "No se pueden planear inversiones con precios que cambian cada diez minutos". El País, ed. Galicia, Economía, 06/07/2008, p. 36)

8.7.08

Causas de la crisis del petróleo: todas. Consecuencias: barril a 175 dólares

“Cualquier explicación de la tendencia alcista en el mercado del petróleo requiere considerar variables fundamentales, es decir, condiciones de oferta y de demanda física del petróleo, y también variables financieras. Las variables explicativas son conocidas: en primer lugar, la solidez de la demanda en entornos de precios altos; en segundo lugar, la falta de respuesta de la oferta, en términos de aumentos de producción, tanto en el corto como en el medio plazo; y en tercer lugar, los problemas de producción y de capacidad de la OPEP. El cuarto factor es el nuevo papel de la inversión financiera en la determinación del precio de las materias primas, especialmente el del petróleo.

En lo que se refiere a la solidez de la demanda, se habla desde hace años de un cambio estructural que implica que incluso en entornos de precios altos la demanda no se contrae como lo hizo, por ejemplo, en 1974, cuando cayó un 1,6% frente a un crecimiento del 8% en 1973. La explicación a esta resistencia se debe, fundamentalmente, al mayor peso del transporte en la demanda final de los países OCDE y al creciente papel de la demanda de los países emergentes. (…)

En lo que a respuesta de la oferta se refiere, continúan las sorpresas negativas en los países no pertenecientes a la OPEP: a la caída de 450.000 barriles diarios en la producción de México se le une el descenso en la producción en el Mar del Norte y, sobre todo, la de Rusia, país que aportó los aumentos de crudo entre los años 2000 y 2006. Teniendo en cuenta las tres zonas mencionadas, la producción media del primer trimestre de 2008 cayó en 710.000 barriles / día respecto a la de igual periodo del año anterior. No sólo no aumenta la producción de crudo convencional en la región no OPEP sino que, los nuevos descubrimientos de reservas probadas continúan siendo inferiores a la producción y al consumo anual. Esto significa que para el futuro no se está reponiendo el petróleo que consumimos. (…)

Pero es que, además, la inversión financiera está jugando un papel cada vez más importante en el juego de los precios. Desde julio de 2007 ha descendido la rentabilidad de las inversiones reales y financieras tradicionales, ha crecido la percepción de los riesgos inflacionistas y el crédito ha sufrido una restricción drástica. Esto se ha traducido en que, según algunas estimaciones, durante el primer trimestre de 2008 el aumento de la inversión financiera en materias primas haya crecido tanto como en todo el año 2007. Hay cálculos que apuntan a que los fondos invertidos en contratos de futuros de materias primas han pasado desde los 75 millones de dólares en 2006 a unos 250.000 millones en 2008. (…)

el precio del crudo estará en tendencia alcista mientras que la demanda crezca más que la oferta. Dado que la producción no OPEP en el último período no ha aumentado más de 500.000 barriles / día y la demanda crece a un ritmo de un millón de barriles / día, incluso con precios de 100 dólares o más por barril, se necesitan precios aún más altos para que se modere la demanda.

Existen cálculos según los cuales para que los aumentos de demanda no sobrepasen la barrera de los 500.000 barriles / día serían necesarios precios claramente por encima de los actuales y muy próximos a los 175 dólares por barril. “ (PEDRO ANTONIO MERINO GARCÍA: Un mundo sediento de petróleo. El País, ed. Galicia, Opinión, 02/07/2008, p. 29)

2.7.08

Causas y consecuencias de la crisis del petróleo. Breve y claro

“La tercera gran crisis del petróleo tiene personalidad propia… La crisis actual es otra cosa.

"Es una crisis de demanda por el gran crecimiento de los países en desarrollo, que después se ha complicado por la crisis financiera y la especulación. Y lo probable es que sea más duradera", resume el consultor Antonio Canseco. Para Mariano Marzo, catedrático de la Universidad de Barcelona, "se trata de una crisis de nuevo cuño, ante la que quedan muchos menos recursos para responder -han pasado más de 25 años desde la última crisis y se han consumido millones de litros de crudo- y con una situación geopolítica muy distinta. Occidente no tiene hoy la hegemonía de entonces y las posibles salidas no son sencillas".

Hay quien piensa que la crisis se debe principalmente a los especuladores y que la salida será rápida, cuando se ajuste la regulación y los especuladores miren hacia otros mercados. Marzo es escéptico. "Los especuladores juegan un papel, es evidente, pero apuestan a caballo ganador: la oferta actual no puede seguir a la demanda china e india porque en los últimos años apenas se ha invertido nada en la industria. Costará hacer casar otra vez oferta y demanda a precios razonables", dice. De momento, los países ricos se han puesto manos a la obra para reducir el consumo. "Pero Rusia vende más coches que nunca, y China crece al 10% y no va a dejar de consumir porque tiene precios subsidiados, al igual que los países del golfo Pérsico, cuyos precios se benefician de enormes subvenciones y cuyo gran consumo va en detrimento de las exportaciones", apunta.

Las consecuencias de la tercera gran crisis del petróleo sí se parecen a las de las dos primeras. El peligro que sobrevuela la economía mundial se denomina estanflación: estancamiento económico con inflación. El consumo de petróleo incide sobre toda la economía. El 50% se destina al transporte; el 35% a uso industrial y doméstico, y el 15% restante a la manufactura de más de 3.000 productos de uso cotidiano: medicinas, plásticos, textiles... "No hay producto en el que no se vayan a dejar sentir estas cotizaciones estratosféricas", explica Canseco.” (C. PÉREZ: Una crisis con personalidad propia. El País, Negocios, 29/06/2008, p. 6)

19.6.08

Cosas del EROI

“El hecho de que para obtener energía útil sea preciso invertir antes una cierta cantidad de energía es extensible a todas las fuentes primarias, e incluso a la energía contenida en los alimentos y utilizada para mantener la actividad biológica de los organismos. A veces se cuantifica esta relación mediante un parámetro, EROI (de Energy Return On Investment), que no es otra cosa que el cociente entre la energía obtenida y la que es necesario gastar previamente para obtenerla. Va de suyo que para que una fuente de energía lo sea realmente, ese cociente debe ser mayor que 1 y que cuanto mayor sea más calidad tendrá, en el sentido de que mayor será la fracción de energía neta que podemos aplicar a otros usos (así, para el petróleo, dicho indicador ha pasado de un valor de 100 a otro de 10 o menos en unos 60 años). (…)

En lo que se refiere al petróleo, es claro que en los primeros tiempos de su uso masivo el EROI era excepcionalmente alto, contribuyendo así a un rápido desarrollo de las tecnologías basadas en su uso, incluyendo el transporte y también fertilizantes y plaguicidas para la agricultura, así como al cambio en los hábitos de vida asociados a estas tecnologías. Una parte importante del sostenido crecimiento económico durante la segunda mitad del siglo XX se debe al uso intensivo de esta fuente de energía de alta calidad. Hoy, el EROI de los nuevos yacimientos es más bajo y lo más probable es que siga disminuyendo. (…)

Las energías renovables, viento y sol principalmente, presentan un buen balance energético y el aumento de su contribución a la producción de energía es un objetivo estratégico. Sus principales inconvenientes son, además del precio, la exigencia de grandes extensiones de territorio debido a su carácter difuso, y la intermitencia, que podrá resolverse con dispositivos de almacenamiento de energía, sector éste que está recibiendo una gran atención en la comunidad de científicos y tecnólogos.

La energía nuclear presenta también un buen EROI pero genera residuos peligrosos de larga vida, que son su principal inconveniente, aunque es verosímil que se encuentre un tratamiento adecuado para los mismos en el próximo futuro.

En todo caso, las renovables y la energía nuclear, ambas imprescindibles, en mi opinión, para aliviar los problemas asociados al suministro de energía y al cambio climático, tienen un balance energético claramente menos favorable que el que ha caracterizado históricamente al petróleo. Los avances en investigación y desarrollo podrán mejorar la situación pero en ningún caso invertir una tendencia que nace de las características físicas de las fuentes de energía disponibles. Lo que, si tienen razón los expertos que han estudiado la historia económica desde una perspectiva energética o biofísica, indicaría que tendríamos que enfrentar en breve plazo una situación en la que las limitaciones energéticas podrían constituirse en una de las más serias restricciones para el crecimiento económico tal y como lo hemos concebido en una época de energía de gran calidad, abundante y barata.” (CAYETANO LÓPEZ: El coste energético de la producción de energía. El País, ed. Galicia, Opinión, 18/06/2008, p. 35)

16.6.08

Lo que se juega en Irak y con el petróleo es la supremacía económica occidental

“(…) --Solemos optar por la vía rápida. ¿Prevé guerras por los recursos?

--No. Hemos aprendido la lección de Irak. EEUU sabía lo que se nos venía encima y trató de asegurar el control de las fuentes y rutas del crudo mientras preparaba la transición a otras energías. Le salió mal. Y ahora Bush hace un discurso de ni los verdes. ¿Sabe por qué?

--No.

--Porque la transferencia de capital que se hace a los países del Golfo es de tal magnitud que pueden comprar empresas donde quieran. ¡Occidente debe acabar con la dependencia del petróleo, porque se juega la supremacía económica!

--¿Cómo hacerlo?

--Acabando con el fenómeno Nimby ("Not in my backyard", o sea "no en mi patio trasero"). No debemos frenar la instalación de molinos de viento, antenas de alta tensión, nucleares, almacenes subterráneos de gas, incineradoras de residuos, porque nos parezcan molestos. Estamos actuando como niños mimados que creen poder tenerlo todo sin renunciar a absolutamente nada.

--Un remedio de urgencia.

--Eficiencia y ahorro. Hacer lo mismo o más con menos. Hay que ver de qué podemos prescindir. ¿Necesitamos tanto aire acondicionado? ¿Es vital ir todos los fines de semana a la Cerdanya?” (Fuente: tres monos sabios: comentarios al blog de Guillermo Fernández Vara, del 13/06/2008. Entrevista a MARIANO MARZO: "Lo peor llegará en el 2011". El Periódico, 13/6/2008)